AGLI

Recortes de Prensa    Sábado 3 Enero 2009

¿Libertad o coacción?
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 3 Enero 2009

El que envía estas reflexiones es un español que nació en Asturias y que por motivos profesionales y también culturales, habla correctamente y escribe en francés, inglés, portugués y español y como pueblerino el "bable" de mi tierra, de lo cual no presumo.

Me siento español y defiendo mi nacionalidad, como defiendo a mi madre; admito el bilingüismo que estimo es natural con la tierra que te vio nacer, pero rechazo con todas mis fuerzas el que una "lengua natal o un dialecto" lleven a un separatismo de la NACIÓN que te hizo persona y te dio una cultura.

La fundación FAES ha publicado el libro "¿Libertad o coacción? Políticas lingüísticas y nacionalismos en España", que recoge la opinión de nueve expertos en esta materia.

No voy a resumir las 300 páginas ni intento que esto sea un reflejo de su contenido, pero me parece interesante extraer algunas frases que reflejan su opinión.

En el apartado INTRODUCCIÓN (por Xavier Pericay):

España es el único país del mundo donde no existe una sola política lingüística sino varias, que han sido dejadas en manos de los gobiernos autónomos.

El español ha desaparecido de la vida institucional en las comunidades bilingües.

Cataluña inventó los conceptos de “lengua propia” y “normalización”, aproximadamente en 1933.

La población hispanohablante no goza de ningún derecho colectivo que la ampare. La catalanohablante, sí.

A los usuarios del español se les reconoce el derecho individual en su relación con la Administración de ser atendidos en español, siempre que sufran la molestia y la humillación de solicitarlo.

Los gobiernos autonómicos se han adentrado con políticas lingüísticas en el campo socioeconómico, sin que ningún poder central les haya parado los pies.

Las lenguas muy parecidas se convierten en un “falso amigo”. Entenderlas es fácil pero hablarlas no, por temor a cometer incorrecciones que conllevan burla.

En el apartado LENGUAS HISPÁNICAS (Jon Juaristi):

Hasta la aparición de los nacionalismos secesionistas, en el siglo XX, la existencia de lenguas regionales fue vista en España como un dato curioso, molesto o simpático pero sin mayor trascendencia ya que serian arrumbadas por el progreso en un plazo más o menos breve.

En el apartado CATALUÑA. LA LENGUA DEL PODER (Xavier Pericay):

La presión institucional refuerza la idea de que el catalán es la única lengua propia.

La exclusión del español a nivel institucional y muy especialmente de la enseñanza primaria ha supuesto la renuncia a un patrimonio cultural extraordinario.

La actuación de los distintos gobiernos habidos en Cataluña ha demostrado que solo el Estado puede solucionar el tema lingüístico.

Como dijo Maragall: "Con la aprobación del nuevo Estatut, la presencia del Estado en Cataluña se convierte en residual".

La “diglosia” se define como la convivencia en un mismo territorio de dos lenguas, una de las cuales recibe un trato preferente por parte de los hablantes o de las instituciones políticas, lo cual produce -en opinión de los expertos lingüísticos- graves trastornos sicológicos en los individuos que no pueden hacer uso habitual de su lengua materna.

La diglosia forzosa no es admisible desde el punto de vista de los derechos y las libertades.

En el apartado ISLAS BALEARES. EL DIFÍCIL BILINGÜISMO (Eduardo Jordá):

La sociedad se adapta a esta situación de “injusticia lingüística”, con una mezcla de fatalismo y oportunismo pragmático.

Durante dos siglos el catalán era el idioma hablado mientras que el español era el idioma escrito.

En los últimos años del franquismo, algunos intelectuales importaron de Cataluña el catalanismo político y los conceptos de “lengua propia” y “normalización” hasta entonces inexistentes.

En Baleares se esta “reinventando” el idioma escrito así como el sentimiento de “comunidad”. Se autodenominan mallorquín o ibicenco pero nunca “balear”.

La enseñanza de la lengua catalana incurre a menudo en lo que podría considerarse “formación del espíritu nacional”. Conseguir inculcar en el alumno una determinada identidad lingüística, cultural o histórica se plantea como un objetivo más de la enseñanza.

En el apartado EPISODIOS DE ENTENDIMIENTO (Valentí Puig):

La enmienda 6.1 propuso plantear que las lenguas propias de Cataluña son el catalán y el español para reflejar la realidad de que la sociedad catalana no es bilingüe desde hace más de 500 años”: La realidad es que conviven las dos lenguas.

La defensa del uso de la lengua catalana se basó en tiempos del franquismo en la declaración de la UNESCO reconociendo el derecho a la lengua materna.

En el apartado NAVARRA. UN EJEMPLO A MEDIAS (Aurelio Arteta):

No existe derecho alguno para decretar el deber universal de los ciudadanos de Cataluña de aprender el catalán.

La Carta Europea de las lenguas regionales, que con notable desvergüenza esgrimen los defensores de las políticas nacionalistas sobre la lengua, es la que les priva de la mayor parte de sus razones.

En el apartado CONCLUSIONES (Xavier Pericay):

La Ingeniería política solo logra modificar comportamientos allí donde puede imponer la coacción.

Entre las falacias de las políticas lingüísticas están la de asociar el español al franquismo o atribuir derechos lingüísticos a un territorio y negando esos derechos a sus habitantes.

Los nacionalismos nunca cejaran en su empeño de arrinconar al español. La lengua se ha convertido en el único estandarte de los nacionalismos.

El nacionalismo solo se da en las comunidades bilingües.

Sin lengua distinta no hay “identidad” distinta y sin esta, pueden acabar sobrando ellos mismos del mapa político.

El fracaso de su imposición en la calle les llevará forzar más su imposición por lo que los ciudadanos necesitan el auxilio del Estado.

El Estado debería recuperar competencias en campo educativo reimplantando el sistema de enseñanza estatal en español.

Hasta aquí las frases contenidas en el libro de "¿Libertad o coacción?".

Finalmente, se me ocurren algunas conclusiones:

Solamente puede ser achacable a la incompetencia o la corrupción de la clase política que nos ha gobernado desde 1978, que 45 millones de españoles estemos siendo perjudicados diariamente por algo como el nacionalismo, inventado el siglo pasado y basado en falacias y derechos predemocráticos.

Solamente una sociedad muy alienada por el entorno nacionalista puede ver con normalidad que sus hijos estén siendo adoctrinados políticamente e los colegios hacia el nacionalismo estudiando una Historia falseada.

Solamente la crueldad, la ignorancia o el hecho de no verse afectados por el problema, pueden reducir la importancia del tema lingüístico al aspecto gramatical, ignorando que la diglosia, afecta gravemente en Cataluña a cientos de miles de personas en su vida cotidiana, a otros les impide venir y a otros cientos de miles les ha obligado a marcharse.

Félix Fernández

EL LIBRO:
¿Libertad o coacción? Políticas lingüísticas y nacionalismos en España
http://documentos.fundacionfaes.info/es/documentos/libros/show/00496-00

EL LIBRO:
¿Libertad o coacción? Políticas lingüísticas y nacionalismos en España
Varios Autores

Capítulos
* Introducción
Autor: Xavier Pericay
* Lenguas hispánicas: una mitología de la diferencia
Autor: Jon Juaristi
* Cataluña. La lengua del poder
Autor: Xavier Pericay
* Islas Baleares. El difícil bilingüismo
Autor: Eduardo Jordá
* Comunidad Valenciana. Un modelo de enseñanza bilingüe
Autor: Agustí Pérez Folqués
* Episodios de entendimiento
Autor: Valentí Puig
* País Vasco. Lengua propia y subvencionada
Autor: Santiago González
* Navarra. Un ejemplo... a medias
Autor: Aurelio Arteta
* Galicia. Una normalidad incompleta
Autor: Xosé María Dobarro
* Sobre la validez de las encuestas lingüísticas
Autor: Amando de Miguel
* Conclusiones
Autor: Xavier Pericay

Memoria histórica
¡Estatuas fuera!
Derriban las estatuas de un dictador de derechas porque fue de derechas con el pretexto de que fue un antidemócrata. Su sectarismo lo delata el que no tienen mientras tanto empacho en honrar a los muchos antidemócratas de izquierdas.
Emilio Campmany Libertad Digital 3 Enero 2009

Durante la Transición, los nacionalistas vascos y catalanes se reconciliaron con la boca pequeña, simulando que lo hacían a la espera de que llegara el momento, hoy muy próximo, de lograr la independencia. Pero creía que las izquierdas, representadas entonces por el PCE y el PSOE, fueron sinceras en su deseo de colaborar en la creación de una España democrática, europea, occidental y monárquica. Me pareció entonces que para ellos aceptar la Monarquía fue el mejor modo de liberarse del lastre de la II Republica y la Guerra Civil, dos negros episodios de los que los dos partidos fueron en parte responsables. De hecho, la reconciliación de la Transición se basó en que izquierda y derecha se perdonaran mutuamente los excesos que ambas cometieron en aquella época.

Así que en 1978 lo mejor que se dijo de nuestra Constitución fue que era heredera de la de 1876, la de la Restauración, lo que a su vez le atribuyó al régimen de Juan Carlos I el mérito de ser continuador del de su bisabuelo Alfonso XII. Por lo tanto, la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil y el régimen de Franco fueron considerados, aparentemente por todos, como un doloroso y larguísimo paréntesis que, gracias a Dios, concluyó en 1975.

Es verdad que se recordó poco a Cánovas y a Sagasta y se levantaron estatuas a personajes de la índole de Indalecio Prieto y Largo Caballero, pero aquello podía entenderse como un modo de compensar las muchas que había en honor de Franco.

Pues bien, resulta que no. Que no hay reconciliación que valga, que los socialistas no tienen nada de lo que arrepentirse y la derecha sí tiene mucho de lo que hacerse perdonar. Sobre todo, el haber interrumpido la progresión que la República inició tras las elecciones de febrero de 1936, algo así como una supuesta democratización radical que la derecha interrumpió con violencia.

Nos ocultan que, en febrero de 1936, lo que hizo el Frente Popular fue convertir a la República en un régimen revolucionario. No nos dicen que Largo Caballero, Prieto y la mayoría de los líderes izquierdistas de aquel tiempo eran tan poco demócratas como Franco, Calvo Sotelo o José Antonio. Presentan a los socialistas y comunistas españoles de la época como si hubieran sido unos apacibles socialdemócratas que nada tenían que ver con el estalinismo que admiraban y les financiaba. Y le quitan importancia a que Largo Caballero se hiciera llamar el Lenin español como si aquello no fuera más que una chiquillada.

De modo que, coherentes con todo ello, quitan las estatuas de Franco mientras sobreviven impávidos en sus negras piedras Largo Caballero y Prieto. Y lo hacen aparentando seguir una política consistente en retirar los monumentos de los fascistas mientras se respetan los de los demócratas. Mentira. Derriban las estatuas de un dictador de derechas porque fue de derechas con el pretexto de que fue un antidemócrata. Su sectarismo lo delata el que no tienen mientras tanto empacho en honrar a los muchos antidemócratas de izquierdas que en nuestra historia hemos padecido.

Si han de arrancarse todas las estatuas que se han levantado a antidemócratas españoles del siglo XX y es por eso por lo que se arrancan las de Franco, que retiren también las de Largo Caballero e Indalecio Prieto. Lo peor no será que los socialistas no lo hagan. Lo peor será que los del PP no lo exijan.

Financiación autonómica
Mi tía está preocupadísima
¿Por qué sólo se habla de lo que unos y otras van a recibir de más y no de los estrictísimos controles que van a soportar a cambio? ¿Se va a crear un fondo de corrección por el despilfarro acreditado?
Maite Nolla Libertad Digital 3 Enero 2009

La primera vez que yo hice campaña política por algo, o mejor dicho, en contra de algo, fue en el verano de 2006 cuando se convocó el referéndum sobre el nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña. En compañía de otras personas de lo que entonces ni siquiera era un partido político, conocí Granollers, Manresa, Sabadell, Castelldefels y varios barrios de Barcelona. El caso es que a la mayoría de los que nos juntamos en ese momento y por esa causa, la política nos ha costado dinero, pero eso se lo contaré en otra ocasión.

Como les decía, pedimos el voto en contra del asunto al que habíamos sido llamados por un motivo muy concreto: el nuevo Estatuto era innecesario. Luego, se añadían otras consideraciones, como su flagrante inconstitucionalidad o incluso su pésima redacción, pero la cuestión principal es que Cataluña ya disponía de una norma que cumplía estupendamente las funciones que le encomienda la Constitución, incluso desde el punto de vista del nacionalismo o del independentismo. Es más, aunque parezca otra cosa, la política lingüística o la diplomacia paralela no se ponen en marcha a raíz del nuevo estatuto, sino por el rodillo nacionalista, que trabaja, normalmente, al margen de la legalidad. Por no hablar de los políticos que nos embocaron el artilugio -como el maíz a los patos para el foie– que estaban fuera de la realidad como Maragall, o son personajes de tercera, como el resto de implicados.

Luego PP y PSOE han reformado los Estatutos de casi todas las demás autonomías, siendo dichas reformas, igualmente, innecesarias. Como dice Carlos Herrera a propósito del Estatuto de Andalucía, la gente en la cola del súper sólo habla de la reforma estatutaria. Frente al ridículo del referéndum andaluz, algunas pedimos el "No" para aquello también.

A día de hoy, sobre el nuevo modelo de financiación autonómica yo objeto, con "migo misma" que diría alguna famosa, que es una reforma inoportuna e innecesaria. El debate ficticio del nacionalismo catalán se traslada al resto de España: los políticos crean un problema que no existe y luego lo solucionan.

Pero bueno, pongamos que no toca otra, que la financiación autonómica es algo inaplazable y que pasa por delante de todos los demás asuntos de lo que queda de España, en esta época de bonanza económica; ¿por qué sólo se habla de lo que unos y otras van a recibir de más y no de los estrictísimos controles que van a soportar a cambio? ¿Se va a crear un fondo de corrección por el despilfarro acreditado? Pongamos, es un suponer, que una autonomía, llamémosle "equis", destina millones de euros a mítines independentistas presuntamente deportivos. O que crea una red de embajadas y embajadillas por todo el globo. O que beneficia a los periódicos dirigidos por sus hermanos con suculentas subvenciones. O que contrata amiguetes del partido para hacer el trabajo de los funcionarios, digamos que externalizando los servicios. ¿Y bien?

Ya sé que les dije que no me iba a meter más con el PP, pero Rajoy o alguno de sus múltiples secretarios, vicealgos o adjuntos a los anteriores, podían haberse reunido, yo que sé, antes del puente de la Inmaculada, y haber fijado una posición común. Por un lado, el pobre señor Montoro con lo más parecido a un discurso serio y coherente; por otro, los presidentes y presidentas favorecidos. En una esquina, los perjudicados y libre como el viento, Alicia Sánchez-Camacho, que por ser Navidad, aceptamos su discurso como posición política.

Cierto es que el PP aun no ha cruzado la línea de los líderes socialistas catalanes, que siendo en su mayoría de origen andaluz y extremeño –Montilla, Chacón o Corbacho– llaman a Andalucía y a Extremadura "regiones pobres", pero todo es ponerse.

Cuba y Hamas
Ilusiones
Cuando la izquierda niega a Israel el derecho a defenderse en nombre de los derechos del pueblo palestino, lo que está insinuando es que nosotros mismos, en Occidente, no tenemos derecho a defendernos en caso de ser atacados por esos mismos terroristas.
José María Marco Libertad Digital 3 Enero 2009

El 50 aniversario de la monstruosa revolución comunista cubana coincide con la campaña defensiva de Israel en Gaza, y las dos plantean el problema de la relación de la izquierda occidental con los ideales que la sustentan.

El imaginario izquierdista no consigue romper con la revolución comunista cubana como en su tiempo rompió con el comunismo soviético. Esta lealtad empeñada en ignorar todos los datos que se conocen sobre Cuba, y de la que es un ejemplo inmejorable el PSOE, tiene que deberse a algo más que puro voluntarismo. Probablemente esté también detrás la necesidad de levantar la bandera de la utopía, como si esa izquierda no quisiera romper del todo con la única revolución socialista que todavía no ha pasado a la historia, aunque ya tenga un puesto eminente en la historia de las muchas aberraciones humanas.

Estaríamos, por tanto, ante un gesto de supervivencia de una identidad ideológica confusa, sostenido en una fantasía emancipatoria y que hace de ese supuesto idealismo un refugio ante las adversidades a las que se enfrenta en la realidad.

Algo parecido ocurre con el apoyo a la causa palestina. Como en el caso de Cuba, incluso las palabras están corrompidas. Así como se habla de "revolución cubana" o "castrista" y no de "revolución comunista cubana", aquí tampoco se habla de "movimiento terrorista islamista", sino de "los palestinos" o de la "causa del pueblo palestino", como si la causa de Hamas, organización islámica que busca destruir por la violencia el Estado de Israel para dotar de base territorial a la yihad, la guerra santa islamista, tuviera algo que ver con los intereses de los palestinos.

Ahora bien, ahí, justamente, reside la diferencia. La debacle cubana les sale gratis a nuestros izquierdistas. Latinoamérica, esa invención progresista, sufre todos los desastres originados en las fantasías liberadoras occidentales, que los propios latinoamericanos han recreado y hecho suyas en la mitología del "realismo mágico" y otras "señas de identidad" parecidas. Mientras Occidente, con un océano por medio, contempla de lejos, encantado, los resultados siniestros de sus ensoñaciones.

En el caso de Hamas la situación es distinta. Ya no somos espectadores más o menos cínicos, sino actores del drama. ¿En qué categoría? En la de víctimas. Cuando la izquierda, como ha hecho estos días, niega a Israel el derecho a defenderse en nombre de los derechos del pueblo palestino, lo que está insinuando es que nosotros mismos, en Occidente, no tenemos derecho a defendernos en caso de ser atacados por esos mismos terroristas o por otros, es decir por los terroristas nacionalistas.
En el caso de la revolución comunista cubana, hay un diletantismo sentimental envuelto en la nostalgia de las ilusiones perdidas. En el de Hamas hay voluntad de suicidio. A lo que se nos invita, cuando se nos dice que Israel no tiene derecho a defenderse, es a rendirnos ante el terror y someternos al islamismo o, en su caso, al nacionalismo.

EL DIRECTOR DE CINE, CON "UN EXILIADO, UN VOTO"
Arteta: "Muchos se marchan ante el miedo de quedarse solos en su propia sociedad"
Iñaki Arteta también se adhiere a "Un exiliado, un voto". En declaraciones a LD, retrata como el nacionalismo asfixia a aquellos que piensan diferente: "son tomados como una especie de disidencia que conviene aislar e incluso señalar".
Pablo Montesinos Libertad Digital 3 Enero 2009

Retrató en su última película como treinta personas tuvieron que abandonar el País Vasco para "alcanzar la felicidad" y hoy se adhiere a la iniciativa "Un exiliado, un voto" impulsada por César Velasco y la fundación DENAES. El director de cine Iñaki Arteta pide a los lectores de Libertad Digital que se imaginen lo difícil que tiene que ser para una persona abandonar su tierra por cuestiones tales como el hostigamiento de ETA o la incomprensión nacionalista.

"Es el miedo a quedarte solo en tu propia sociedad", explica Iñaki Arteta, que centra sus críticas en el nacionalismo excluyente: "Se extiende a lo social, cultural o lingüístico y afecta a todos los ambientes". Así, "la mera crítica a esas políticas es tomada como una especie de disidencia que conviene aislar e incluso señalar con el dedo".

Arteta, que en "El Infierno vasco" retrata este drama, añade que el mensaje excluyente del Gobierno de Ibarretxe "está calando en la sociedad" y esto provoca "la incomodidad de parte de la sociedad, que acaba optando por marcharse, y hace que no te sientas libre". "Es o callarte o marcharte", sentencia.

El director de cine apunta a que este éxodo ha provocado "una alteración del censo electoral" que afecta, en su mayoría, a los partidos constitucionalistas. "La prueba de algodón es que el nacionalismo no ha parado esta fuga, y no la ha parado porque no les interesa", añade. Por el contrario, "cada año hay decenas de iniciativas y ayudas para los presos de ETA".

No sabe si el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero respaldará la iniciativa pero no esconde sus dudas y recuerda "su actitud poco presentable en todo estos años". Lo bueno, añade, es que de nuevo "haya una preocupación por este colectivo tan importante" que ha sido ignorado "por todos los presidentes del gobierno".

Iñaki Arteta se suma así a la lista cada vez más abultada de personalidades del mundo de la vida política y social que empiezan a sumarse a la iniciativa de Velasco y DENAES. En declaraciones a este periódico, la ex dirigente socialista Gotzone Mora retrató como su familia es un vivo ejemplo del exilio: su marido sigue viviendo en el País Vasco, ella trabaja en Valencia y sus hijos ni tan siquiera están ya empadronados en Guecho, de dónde fue concejal.

Las víctimas del terrorismo también se han adherido a "Un exiliado, un voto". Francisco José Alcaraz asegura que no haciéndolo se estaría "rentabilizando la muerte y la persecución que lleva a cabo ETA". Santiago Abascal, Regina Otaola o Pilar Elías también han mostrado su apoyo.


****************** Sección "bilingüe" ***********************

El cambio tiene fecha
Editorial ABC 3 Enero 2009

LA decisión del lendakari Juan José Ibarreche de convocar las elecciones vascas el 1 de marzo ha sido valorada de forma general como un intento de complicar la campaña electoral de los socialistas, que se verán obligados a duplicar esfuerzos en el País Vasco y en Galicia, donde también se celebrarán comicios autonómicos el mismo día. La coincidencia premeditada no pasa de ser una treta porque la maquinaria electoral socialista puede afrontar ambos retos, pero sí puede forzar esas contradicciones en los discursos a las que ayer se refería el portavoz del PP, Esteban González Pons. En principio, los socialistas gallegos tienen que defender su gestión de cogobierno con los nacionalistas radicales del Bloque Nacionalista Gallego, mientras en el País Vasco se supone que los socialistas de Patxi López aspiran a desbancar a Ibarreche. No es una baza en la que los populares debieran confiar especialmente porque el PSOE ha demostrado que su electorado tiene aprendida la lección de las incoherencias y ha asumido que el socialismo que compite con el nacionalismo no suele representar, en sentido estricto, un proyecto nacional para esa comunidad, sino una mutación de las demandas nacionalistas más extremistas. Los casos de Galicia y Cataluña son paradigmáticos de esta conversión neonacionalista del socialismo.

Tanto PP como PSOE tienen mucho en juego en ambas elecciones, aunque las vascas representan una especial posibilidad histórica de cambio si los partidos nacionalistas, y su apéndice de Izquierda Unida, no consiguen mayoría absoluta en el Parlamento de Vitoria. Habrá dos factores decisivos para el resultado. Por un lado, la extensión del voto útil entre los electores no nacionalistas, que les haga optar por Patxi López como mal menor frente al PNV. Los socialistas se harían receptores del hastío causado por el nacionalismo, pero para lograr este objetivo deberán disipar las innumerables incógnitas que provoca su doble juego de apoyo y crítica al gobierno de Ibarreche. Por otro, el temor de la izquierda abertzale a una posible victoria no nacionalista, suficiente para estimular un llamamiento «fraternal» entre las familias del nacionalismo, contraponiendo su propio voto útil al de los no nacionalistas. No hay que olvidar que los planes soberanistas del lendakari Ibarreche -quien explotará el victimismo por su juicio penal por un delito de desobediencia- siempre han contado con el apoyo de la izquierda proetarra. La ilegalización de los grupos de la izquierda agrupada en ETA deberá ser esta vez absoluta, a tiempo y sin las arbitrariedades cometidas en 2005, cuando, en plena negociación política con los terroristas, el Gobierno permitió la concurrencia del Partido Comunista de las Tierras Vascas.

El PP vasco medirá la percepción por el electorado del cambio de su liderazgo, tras la salida de María San Gil, y el tiempo de confusión que se vivió tras el Congreso de Valencia sobre la relación con el PNV. El tiempo ha despejado las dudas y el PP sigue manteniendo un discurso nítido y claro, sin contemporizaciones con los nacionalistas y claramente volcado con el cambio de gobierno, lo que ha llevado a los populares a anunciar su apoyo a Patxi López si este fuera el candidato a la presidencia. Este objetivo tiene sus condiciones. El PP necesita mantener su fuerza parlamentaria y ser decisivo en la investidura, principal mensaje para aquellos de sus electores que están tentados de votar al PSE, sin garantías de que los socialistas quieran realmente invertir el curso histórico del País Vasco. Aun cuando López presidiera el gobierno vasco, una coalición con el PNV mantendría las principales directrices del estatu quo actual. La crisis económica será también un elemento de debate, pero quizá no tan relevante como lo puede ser en las elecciones europeas, más propicias para un voto de castigo que unos comicios autonómicos que examinarán a partidos nacionales y nacionalistas con el rasero de unos años convulsos para la estabilidad constitucional por causa de la política territorial del Gobierno socialista.

La profundidad del agujero
JOSEBA ARREGI El Correo 3 Enero 2009

Hace tiempo que ETA nos ha enseñado que no debemos entrar a buscarle demasiadas razones a lo que hace. ETA dice lo que piensa y hace lo que dice. Asesina para meter miedo, y mete miedo pensando que así alguien -el Gobierno, los partidos políticos españoles, el Estado, la sociedad en su conjunto-, al final cederá y ETA se acercará al cumplimiento de sus propósitos. Punto. El resto es accidental. Menos la elección de los objetivos: representantes de la estatalidad y de la españolidad, y asimilados, según su lógica excluyente.

Tampoco esta vez es cuestión de hacerle el trabajo teórico a ETA. Lo cual no es óbice para que hagamos un esfuerzo de reflexión. No para hacerle el trabajo a ETA, sino para defender a la sociedad, nuestro derecho de ciudadanía. La primera reflexión es la que nos obliga a pensar que si ETA cree que tiene que matar es porque no ve otro camino para conseguir sus fines. Sin violencia, sin asesinatos, no hay ni autodeterminación, ni territorialidad. Por esta razón tan sencilla, el destinatario de todos los mensajes mortales de ETA es el resto del nacionalismo vasco: ETA trata de hacerle ver que no hay otro camino hacia lo libertad del pueblo vasco que el de la violencia. Ni el Estado va a ceder en otro caso, ni la sociedad vasca en su conjunto va a estar por la labor.

La segunda reflexión es una obligada para ese resto del nacionalismo vasco que no es ETA. Éste sigue sin salir de un laberinto peligroso: demasiado tiempo ha pasado afirmando que el terrorismo de ETA se debía a la existencia del conflicto vasco. Sólo en los últimos tiempos ha intentado decir que ETA debe desaparecer para poder conseguir lo mismo que quiere ella misma. Algo que ETA no parece dispuesta a creer. Pero es que lo que a veces pretende ser el plan Ibarretxe como alternativa a ETA otras veces es la condición para que desaparezca ETA: si a ETA se le da lo que pretende, no tiene razón de existir, cosa que ETA ha sabido siempre, y nos podíamos haber ahorrado todos los asesinatos.

Existe una tercera reflexión obligada: ¿Cuándo se va a decidir el llamado nacionalismo democrático a formular su proyecto político de forma independiente de ETA, en todo, sin miramientos, asumiendo lo que de boca tantas veces afirma haber entendido, que la sociedad vasca es compleja y plural, y que por eso el proyecto de ETA, y todos los sustitutos propuestos por Ibarretxe, no tienen cabida alguna en la sociedad vasca?

Una cuarta reflexión que afecta a muchos opinadores e intelectuales españoles, y sobre todo al PSOE y al Gobierno central: ¿Qué significa que se podrá hablar con ETA, pero sólo cuando ETA haya puesto de manifiesto su voluntad acreditada de haber abandonado la opción de la violencia y el terror? En el momento en que ETA dé ese paso, ha dejado de existir. Y si ha dejado de existir, ¿de qué hay que hablar, y con quién? Sería mejor para todos si el Gobierno central dijera simplemente que lo que persigue es la derrota de ETA. Si llegado el momento hay algo de qué hablar no se sabe bien con quién, ya se dirá. Pero es preciso evitar cualquier sensación de que ETA va a conseguir algo.

De paso: un acuerdo entre los dos grandes partidos españoles sobre una reforma constitucional que cerrara el proceso autonómico definitivamente también haría ver a ETA que no hay esperanza alguna de lecturas suicidas de la Constitución española.

Alguna vez, el lehendakari Ibarretxe afirmó que todos podíamos hacer más en la lucha contra ETA. Es difícil no estar de acuerdo. Siempre que seamos capaces de ponernos de acuerdo sobre en qué consiste luchar contra ETA. Desde la perspectiva de algunos, desde luego desde la mía, él, como representante máximo de la sociedad vasca, puede hacer mucho más: decirle a ETA que sus fines no son alcanzables ni con violencia ni sin ella. Porque la sociedad vasca es plural y compleja, y por eso no permite una definición clara del 'autos' que se quisiera determinar a sí misma. De no hacerlo, aunque sin quererlo, está dando oxígeno a ETA, porque ésta seguirá pensando que hay comunidad de fines entre todos los nacionalistas.

Casi todo lo demás que con ocasión de este último atentado de ETA se pueda decir está más bien de sobra. ETA está cavando su propia fosa. Desde el principio. Pero hemos tardado en darnos cuenta. Algunos al menos. Porque ETA parecía contar con una varita mágica para condicionarnos indefinidamente. Pero, desde hace algunos años, quien quiera verlo lo puede ver: ETA camina, haciendo el mayor daño posible, a su suicidio, ahondando su propio agujero. Al menos por interés propio, el nacionalismo debiera percatarse de que, si no corta amarras radicalmente con ETA, la acompañará en el hundimiento.

El lehendakari convoca las elecciones para el 1 de marzo
Una década de espiral soberanista
Ibarretxe cumple diez años como lehendakari, marcados por el fracaso de sus planes, la sima abierta con PSE y PP, y su mutación de gestor a líder
OLATZ BARRIUSO BILBAO El Correo 3 Enero 2009

Euskadi, hoy. Juan José Ibarretxe sigue siendo, según las encuestas, el candidato a lehendakari preferido por una mayoría de vascos, pero, paradójicamente, los resultados que arrojen las urnas el 1 de marzo pueden impedirle arrancar la que sería su cuarta legislatura como inquilino de Ajuria Enea. El empate técnico entre PNV y PSE que pronostican los sondeos hace prever un cuerpo a cuerpo encarnizado entre el político de Llodio y su rival socialista, Patxi López. Aunque es también mayoritario el porcentaje de ciudadanos que juzga conveniente un pacto entre las dos principales sensibilidades políticas del país, no hay una sola voz que crea factible el acuerdo si Ibarretxe continúa en activo.

Es en este punto donde conviene echar mano de la hemeroteca para desentrañar el presente: la absoluta desconfianza que preside sus relaciones con los socialistas, su inverosímil defensa del tripartito PNV-EA-EB incluso cuando los propios socios lo han hecho saltar por los aires y hasta la pátina de líder que conserva contra viento y marea encuentran explicación en los diez años transcurridos desde que el Parlamento vasco eligió por primera vez, a finales de 1998, a Juan José Ibarretxe Markuartu como lehendakari de Euskadi. Ayer se cumplió exactamente una década desde que juró por primera vez su cargo en la Casa de Juntas de Gernika. Una década en la espiral soberanista -sucesivos intentos de superar el marco estatutario condenados al fracaso- propiciada por un hombre a quien sus coetáneos veían en sus inicios como un gestor sin especial ambición política y que acabó por revelar su madera de líder -tenaz para unos, mesiánico para otros- y se hizo con las riendas del nacionalismo incluso por encima de su propio partido.

LA ENTRADA EN ESCENA
El político que aún no lo parecía
«No le veíamos como un político, sino como un gestor incómodo incluso con el pacto de legislatura con EH que le llegaba impuesto por Arzalluz, Egibar y por el acuerdo de Lizarra. Pero nos equivocábamos». Así recuerda al primer Ibarretxe un miembro del actual tripartito que le ha tratado desde que se instaló en la Lehendakaritza, precedido por una fama de eficaz tecnócrata y «hombre de números» ganada durante sus años como vicelehendakari. Especialmente por su decisivo papel en la renegociación del Concierto Económico con Rato y Rajoy, en la etapa dulce de las relaciones PNV-PP tras la llegada de Aznar al poder. Todo había comenzado a gestarse cuando el propio lehendakari Ardanza comunica por carta a Arzalluz en 1994 su decisión de batirse en retirada a cuatro años vista. Ambos ven en el ex alcalde de Llodio y ex presidente de las Juntas Generales de Álava el candidato idóneo para tomar el relevo, en un contexto apacible en lo económico y también en lo político. La unidad contra ETA estaba garantizada en la Mesa de Ajuria Enea y el pacto con los socialistas y EA procuraba estabilidad al Ejecutivo.

Ibarretxe se resiste pero acepta finalmente el reto. Acelera sus estudios de euskera y gana las elecciones en octubre de 1998: el pacto de Ajuria Enea ya se había roto y las negociaciones secretas de los nacionalistas con ETA y Batasuna durante el verano habían alumbrado, primero, la tregua decretada por los terroristas y, poco después, el pacto de Lizarra, el germen de la estrategia de acumulación de fuerzas abertzales que partiría al país en dos bloques enfrentados. La llegada del lehendakari coincidió con el final de la entente institucional de una década con el PSE y, en consecuencia, marcaría también para siempre con la huella del recelo las relaciones entre ambos. En eso tuvo mucho que ver, como recuerdan quienes vivieron en primera persona aquella etapa, la «pantomima» de negociación con los socialistas para formar gobierno, que le valió una durísima réplica de Jesús Egiguren durante la investidura. El PSE se sentía engañado. La vía transversal había quedado abortada. El lehendakari bautizó a la recién nacida legislatura como «la de la paz» y, en su nombre, formó un Ejecutivo minoritario nacionalista -PNV-EA- con el apoyo explícito de la izquierda radical.

LOS PRIMEROS AÑOS
La huella del asesinato de Buesa
Lo que ocurrió inmediatamente después «forjó su carácter». Más bien, le marcó para siempre y contribuyó a profundizar uno de los rasgos de su personalidad política que suelen reprocharle sus adversarios: la renuencia a labrar acuerdos fuera de su órbita ideológica. La ruptura de la tregua de ETA a finales de 1999 comienza a ahondar la sima. Ibarretxe tarda en reaccionar y se resiste a dar carpetazo a su pacto con Otegi; incluso aprueba los Presupuestos de 2000 gracias a EH.

El asesinato en enero del teniente coronel Pedro Antonio Blanco, el primero desde el final del alto el fuego, tampoco basta para que el lehendakari rompa definitivamente con los radicales: el acuerdo parlamentario queda únicamente suspendido. Ibarretxe no cortó amarras con la izquierda abertzale hasta febrero, arrastrado por el impacto del asesinato de Fernando Buesa. El atentado que acabó con la vida del dirigente del PSE y de su escolta, Jorge Díez, marcó «un antes y un después» en su trayectoria, según coinciden todas las fuentes consultadas. El lehendakari, una vez más, mostró cierta lentitud de reflejos: ETA asesinó al portavoz socialista a pocos metros de Lehendakaritza pero Ibarretxe no se acercó al lugar del atentado ni llamó a la familia inmediatamente y tardó horas en hacer pública la condena de su Ejecutivo. Los ánimos se caldearon en extremo y la tensión contenida estalló a la salida del funeral en la catedral de Vitoria. Los no nacionalistas increparon a Ibarretxe. La manifestación de repulsa arrojó la lacerante fotografía de un país dividido en dos mitades irreconciliables y derivó en lo que Nicolás Redondo definió como «un Alderdi Eguna en día de luto». El presidente vasco, jaleado por los suyos, abandonó la marcha antes de que socialistas y populares llegasen a la Virgen Blanca, donde se pudo escuchar el angustioso grito del hoy presidente del Senado, Javier Rojo: «¿Dónde está el lehendakari?».

Los analistas que han seguido al milímetro los pasos de Ibarretxe están convencidos de que el abismo que le separaba de los no abertzales se ensanchó en aquellas jornadas aciagas sin posibilidad de vuelta atrás. «Está rompiendo lazos políticos y afectos humanos de años», sentenció entonces el socialista Ramón Jáuregui. Las mociones de censura que PSE y PP presentaron contra él en 2000 acrecentaron la división y le reafirmaron en su estrategia. Para unos, el lehendakari decidió entonces «que no quería saber nada más» con los no nacionalistas. Para otros, el «vía crucis» despertó al animal político y empezó a moldear al líder. «Esos dos años, hasta el adelanto electoral de 2001, se los pasó resistiendo. Ahí se consolidó su carisma».

EL TRIUNFO DE 2001
Nace el líder
El marchamo de faro indiscutible del nacionalismo democrático se lo debe, a partes iguales, a las urnas y al entonces presidente de su partido, Xabier Arzalluz. La victoria incontestable en los comicios de mayo de 2001 frente al tándem Jaime Mayor Oreja-Nicolás Redondo -la coalición PNV-EA logra más de 600.000 votos, 25.000 más que el entonces llamado bloque constitucionalista, y 33 parlamentarios- encumbra a Ibarretxe, que resulta vencedor en un cuerpo a cuerpo entendido más como un duelo entre dos concepciones distintas de país que como una cita electoral al uso. El triunfo se tiñe con connotaciones épicas y contribuye a hacer brillar el aura de Ibarretxe como guía ideológico del nacionalismo. Su indiscutible ascendiente entre la base social del PNV y su arraigo en los batzokis frente a dirigentes más pragmáticos -una aureola que explica su proclamación por cuarta vez como candidato a pesar del desgaste- hunde sus raíces en esta etapa. No en vano, tan solo una semana después de los comicios, Arzalluz proclama que el nacionalismo ha encontrado ya a su «líder» y anuncia su progresiva retirada del primer plano político.

El lehendakari interpreta el triunfo como un espaldarazo a sus planteamientos y toma la iniciativa. De estas fechas data su primera alusión a la necesidad, para él insoslayable, de consultar a los vascos sobre la vigencia del marco estatutario. Ha invertido siete años en el empeño.

LOS PLANES Y SUS EFECTOS
«¿Qué hay de malo en ello?»
Las dos últimas legislaturas de Ibarretxe tienen en común su insistencia en abanderar un nuevo estatus vasco que reconozca el derecho de autodeterminación y permita inaugurar una nueva relación «amable» con España y la identificación de los anhelos del tripartito con los del conjunto de la sociedad, con frecuentes apelaciones al pedigrí democrático de sus iniciativas. No se ha cansado de repetirlo: «¿Qué hay de malo en ello?». El apoyo que le ha prestado en ese empeño la izquierda radical también ha sido una constante. En diciembre de 2004, casi un año después de la designación de Imaz como sucesor de Arzalluz, le prestó tres votos, imprescindibles para aprobar el plan Ibarretxe, rechazado después en Madrid. Tras las comicios de 2005, el respaldo de los radicales propició su reelección.

El último regalo envenenado de la izquierda abertzale lo recibió el verano pasado: un voto para aprobar la ley de consulta y remover las aguas internas en el PNV.

El proyecto conocido por su nombre ocupa, durante años, el primer plano de la actualidad política, contribuye a tensar la cuerda con PSE y PP y a cohesionar al tripartito, al que Ibarretxe demuestra fidelidad inquebrantable por encima incluso de su partido. Todavía hoy, con un Gobierno herido, Ibarretxe sigue defendiéndolo como «cauce central». La tradicional bicefalia del PNV se reescribe durante el mandato de Ibarretxe. El lehendakari se hace con las riendas y el mando empieza a bascular desde Sabin Etxea hacia Ajuria Enea.

Los recelos no tardan en asomar: la pugna interna esconde el intento del lehendakari por mantener las riendas, hasta que a Imaz no le queda más opción que salir de escena para no provocar un nuevo trauma en el PNV. Ibarretxe ha mantenido el liderazgo hasta que la anulación de la consulta prevista para el 25 de octubre certificó el segundo fracaso de sus planes. El soberanismo ha quedado aparcado, por ahora. Pero nadie duda, tampoco en su partido, de que florecerá de nuevo en campaña.

El quiste
XAVIER PERICAY ABC 3 Enero 2009

Aunque sólo fuera para empezar el año en consonancia, uno habría querido escribir hoy de algo nuevo. Pero la crisis es la crisis, y ni siquiera los columnistas y sus columnas se libran de ella. Al igual que en el sector de la automoción, lo que se lleva en este oficio es el reciclaje. Así pues, y a la espera de tiempos mejores, vamos a desempolvar un viejo asunto. Tan viejo, tan viejo, que, más que un asunto, parece ya un quiste.

Me refiero, claro, a la reciente sentencia del Tribunal Supremo avalando una sentencia anterior del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) que obligaba a la Generalitat a incluir en el impreso oficial de preinscripción de los colegios de educación infantil y primaria sostenidos con fondos públicos una casilla en la que los padres pudieran indicar cuál era la lengua habitual de sus hijos o, lo que es lo mismo -está visto que el mito de la leche materna no prescribe-, en qué idioma deseaban escolarizarlos. Una sentencia, la del TSJC, hecha pública en 2004 y que la Generalitat se ha pasado, como todas las que la han precedido, por donde no digo. Aunque ahora el Departamento de Educación alegue que en 2005 ya modificó el impreso, la modificación en cuestión, relegada a la letra pequeña y convertida en una suerte de recurso de amparo ante la dirección del centro escolar una vez formalizada la matrícula, nada tiene que ver con lo que el TSJC exigía un año antes en su sentencia.

De ahí que no quepa esperar gran cosa del futuro, por más que Convivencia Cívica Catalana -la asociación responsable de cuantos recursos se han interpuesto contra la resolución del Departamento relativa a las normas de preinscripción y matriculación- haya manifestado, por boca de su presidente, que está dispuesta a llegar -y bien está que lo esté, por supuesto- a las últimas consecuencias; esto es, a pedir la inhabilitación del consejero de Educación del Gobierno catalán por negarse a cumplir la sentencia del tribunal y, en definitiva, la ley. Y digo que no cabe esperar gran cosa, porque el problema de la lengua, o de los derechos relacionados con su uso y disfrute, se ha vuelto ya, como indicaba al principio, un verdadero quiste.

Pero no un quiste lingüístico, sino un quiste social. Existe desde hace tiempo entre los ciudadanos de Cataluña la percepción de que estamos ante un problema sin solución posible, ante algo que no puede sino conllevarse. Y esta percepción lleva derecho a la inacción. Sí, ya sé que en los últimos tiempos ha habido grandes noticias, como la entrada de Ciutadans en el Parlamento autonómico. Y esperanzadoras iniciativas populares, como la de la propia Convivencia Cívica llevando al mismo Parlamento la voz de 50.000 ciudadanos a favor de un modelo educativo bilingüe. E incluso movilizaciones ilusionantes, como la del pasado 28 de septiembre en Barcelona. Y que no decaiga. Pero todo esto no impide que el quiste siga allí.

Dos por una
SANTIAGO GONZÁLEZ  EL MUNDO  3 Enero 2009

Resulta raro ver a un Gobierno tras el lema 'Porque somos trabajadores y abertzales. No estamos de acuerdo', levísima forma de disentimiento que parece buscar la complicidad de LAB y el ilegalizado PCTV. "Suavemente me mata con su canción, contando mi vida entera con sus palabras", cantaba Roberta Flack, sin saber que describía la historia de este amor entre abertzales resuelto en maltrato doméstico.

El lehendakari reunió ayer a su Gobierno para tomar la decisión que dio a conocer al mediodía: convocar elecciones para el próximo 1 de marzo. No le hacía falta; disolver el Parlamento y convocar elecciones es algo que, al revés que la convocatoria de referendos, sí está dentro de sus exclusivas competencias.

Quizá por eso, los miembros del Gobierno vasco se repartieron la tarea: una parte se quedó para disolver y la otra fue a concentrarse ante la sede de EiTB para protestar por el atentado. El populismo, signo de los tiempos, llevó a los gobernantes a secundar un llamamiento del sindicato ELA, en lo que la portavoz Azkarate considera «la mejor respuesta que se le puede dar a ETA tras el atentado», como si manifestarse disfrazados de pueblo llano fuera más pertinente que investirse de gobernantes para detener a los terroristas y perseguir a sus cómplices.

Produce un efecto raro ver a un Gobierno tras el lema: «Porque somos trabajadores y abertzales. No estamos de acuerdo», levísima forma de disentimiento que parece buscar la complicidad de LAB y el ilegalizado partido de las nekanes. Killing me softly with his song, telling my whole life with his words (Suavemente me mata con su canción, contando mi vida entera con sus palabras), cantaba Roberta Flack en los años 70, sin saber que estaba describiendo la historia de este amor entre abertzales resuelto en maltrato doméstico.

El caso es que Ibarretxe ha convocado para el mismo día en que se van a celebrar las autonómicas gallegas. Dos elecciones por una es oferta razonable para una peña en tiempo de rebajas. Puede parecer sorprendente que sigamos la estela de lo que Arzalluz llamó «las autonomías de la envidia», pero hay razones para ello. La primera es la coincidencia en el tiempo de la campaña con el juicio al lehendakari. Es verdad que también está procesado su principal contrincante, pero éste todavía está un poco verde en la práctica del victimismo.

La segunda es que los apoyos exteriores del PSE van a tener que repartirse entre respaldar a López (Alvarez) y defender a Pérez (Touriño). Esto puede llevar a cierto estrés al presidente Zapatero, además de obligarle a practicar un discurso esquizofrénico, elogiando la colaboración con el nacionalismo en Galicia y reclamando sustituirle en Euskadi. Este argumento no tiene mucho peso, la verdad. Los nacionalistas no se han dado cuenta de que no tienen nada que enseñar al presidente del Gobierno en el arte de sostener una cosa y su contraria al mismo tiempo.

La tercera es que el Gobierno vasco ha copiado la estrategia de Zapatero frente a la crisis: primero negarla, decir después que a nosotros no nos afecta, que nuestra economía es muy sólida, etcétera. Qué gran frase la de la vicelehendakari Zenarruzabeitia, al adornar hace 20 días sus dotes predictivas con su exquisita sintaxis: «La economía vasca ni está decreciendo ni mucho menos en recesión, ni lo va estar». El 1 de marzo votaremos sin conocer los datos económicos de febrero, mucho menos aún el terrorífico balance del primer trimestre; hasta el momento del cierre de campaña se van a poder incorporar algunas fantasías al discurso. Como la de Ibarretxe en su comparecencia de ayer: «Nadie va a parar a este país. Ni ETA, ni los atentados, ni la crisis económica». Se nota que no es partidario de ninguna de las dos (ni ETA, ni la crisis), pero eso no debería impedirle percibir la diferencia política y moral entre un Expediente de Regulación de Empleo y un coche bomba. ¿No comprende, lehendakari, que la misma comparanza jode?
 

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