AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 4 Enero 2009

Las lenguas como arma política
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 4 Enero 2009

DALMACIO NEGRO: El vasco, en realidad batúa, un lenguaje artificial, el catalán y el gallego, del que también se quiere hacer una lengua artificial aportuguesándalo, junto con el bable, el balear o el valenciano, y poco a poco, a medida que progresa la “profundización” del llamado Estado de las Autonomías, otras modalidades dialectales, están siendo utilizados por las oligarquías locales como armas políticas. Así caminan, lamentablemente, hacia su extinción. No por lo que dicen los nacionalistas, sino precisamente por utilizarlas como arma política a fin de justificar o legitimar los intereses oligárquicos. La posible independencia de alguna o algunas de esas regiones acabaría con ellas en seguida. La gente afectada se daría cuenta de que el rey está desnudo. Si esas lenguas o idiomas han persistido hasta ahora, ha sido en el seno de la común Nación española. Sin la Nación española desaparecerían rápidamente, pues, aunque los oligarcas fuesen capaces de eliminar el español, tendrían que sustituirlo, por ejemplo, por el inglés (en realidad ya lo hacen). Y así como en Filipinas el inglés sustituyó al español, aquí sustituiría al catalán, al vasco, al gallego, al bable o al panocho, a menos que se prefiriese sustituir el español por el chino, que está de moda, el ruso por antinorteamericanismo o el árabe, en previsión de la sustitución del cristianismo tradicional por el islam, que es más progresista.

La lengua únicamente puede utilizarse como arma política, igual que todas las armas políticas, cuando corresponde a la fortaleza y vitalidad de una Nación. Quizá por eso, el absurdo Partido Popular, el del patriotismo constitucional, en vista de que la Nación española ha llegado a estar tan desvitalizada, desmoralizada, bajo la Monarquía juancarlista, propone demagógicamente implantar como segunda lengua el inglés; hacer de España una colonia cultural del mundo anglosajón, más exactamente, de Norteamérica. ¿Piensa –es un decir- este partido que da así una réplica a los nacionalistas desnacionalizando España? La diferencia consiste en que el español es una de las lenguas universales y por eso se puede permitir el lujo –es otra manera de decir- de no tener una segunda lengua casi obligatoria. De hecho, la lengua que corre peligro en el mundo hispánico es el portugués. Pues en Brasil –uno de los ocho o nueve Grandes Espacios que se prevén hacia 2020, en torno a los cuales girará la constelación política mundial- el español prospera rápidamente, con lo que podría ocurrir que el portugués –que procede del gallego- quedase circunscrito a Portugal.

La política lingüística de las oligarquías locales amparadas por el poder central es suicida. En lugar de hacer atractivas sus respectivas lenguas minoritarias en el conjunto de la Nación mimándolas, se empeñan en imponerlas como instrumento de dominación, lo que, a medio plazo, acabará seguramente provocando el rechazo de los naturales. Se puede engañar al pueblo durante algún tiempo. Pero la superchería acaba cansando y con el aburrimiento de la propaganda se descubre el engaño, aunque se cuente con el apoyo del poder central.

Dalmacio Negro
MCRC

Federales
JON JUARISTI ABCl 4 Enero 2009

EN El País, Fernando Vallespín exige que se llame a las cosas por su nombre y se reconozca de una vez que España es un Estado federal. El corolario contradice la exigencia, porque resulta que España no es un Estado federal, por más que la fórmula de Solbes para resolver la financiación de las comunidades autónomas haya sido menos propia de un gobierno responsable que de un partido federalista. No estaríamos, entonces, ante un Estado federal demediado o incompleto, como quiere Vallespín, sino ante un Estado de las Autonomías disfuncional, como se demuestra en un montón de aspectos, desde la política hidráulica a la lingüística, por no hablar ya de los residuos estructurales -y constitucionalizados- del Antiguo Régimen, que se plasman por ejemplo, en cinco Haciendas diferentes con sus regímenes fiscales privativos.

A mí, esta situación no me recuerda ni de lejos la de un federalismo, aunque Vallespín pretenda que creamos lo contrario. La veo más semejante a la del Estado isabelino, anterior a la primera tentativa histórica de federalización. Es decir, a un Estado condescendiente hasta el extremo con las prerrogativas que arbitrariamente se atribuían las elites provinciales. Hay un personaje de Míster Witt en el Cantón, la gran novela de Ramón J. Sender sobre la insurrección federalista de Cartagena, en el que se transparenta esta distinción. El maquinista Vila, de la fragata Numancia, exige una y otra vez a los sublevados, que quieren atraerlo a su campo, que digan si la República federal irá contra los fueros, porque, de ser así, no tendría inconveniente en pasarse a su bando.

Lo insostenible del moderantismo isabelino fue precisamente la contemporización tácita de los gobiernos de la reina castiza con los privilegios adquiridos por las castas políticas locales y la consiguiente reducción del Estado a un contubernio de señoritos que se hacían retratar al óleo disfrazados de maragatos o baturros, para exasperación de los muchos Vila que habían creído en la nación liberal. O no se ha avanzado mucho desde entonces, o si se avanzó, se ha retrocedido. La diferencia está en que los Vila del presente ya no quieren quitar los fueros sino bailar el aurresku, como Joselito en La vida nueva de Pedrito de Andía (1965), película de Rafael Gil, sobre novela de Sánchez Mazas, que probó que cualquier valenciano puede bailar lo que le echen. Los Vila de hoy intuyen acertadamente que el aurresku y la sardana tienen una oscura pero íntima relación con el privilegio y reclaman el mismo trato para la jota y el pericón, pero esto tiene menos que ver con el federalismo que con los Coros y Danzas.

Vallespín cree que el Estado federal supuestamente existente necesitaría equilibrar los altos niveles de autogobierno de las comunidades autónomas (y supongo que la generosa financiación de las mismas en detrimento de una Administración central) con una lealtad general al centro, pero incurre en una petición de principio, porque la lealtad al Estado disminuye en la misma medida que la perspicuidad de éste. Nadie siente la necesidad de ser leal a un centro que se desvanece. A mayor nivel de autogobierno, menor lealtad a un Estado común. La dinámica del Estado de las Autonomías que describe Vallespín no es federalizante. Si acaso, avanza hacia una confederación, peligro que ya detectó Aznar, y de ahí su insistencia en el cierre del proceso autonómico, que Rodríguez desechó en aras de la alianza sagrada de la izquierda con los nacionalismos.

Con todo, el problema fundamental es que un Estado federal necesita federalistas convencidos. Los nacionalistas no lo son; la derecha, tampoco. La pulsión federalista en España es exclusiva de la izquierda, pero no de toda. En el PSOE, por ejemplo, dista de ser unánime (una cosa es la estructura del partido y otra la idea de Estado de sus votantes). Da la impresión, en fin, que algunos tratan de vender como federal una reforma socialista del Estado que nos lleva, a paso de cangrejo, hacia los viejos y buenos tiempos de Isabel II. Llamemos a las cosas por su nombre.

Los costes de aquella tregua
Editorial ABC  4 Enero 2009

NUNCA antes como en la negociación entre el Gobierno de Rodríguez Zapatero y ETA se separaron tanto los caminos de la Justicia y la política. La excarcelación ignominiosa de Juan Ignacio de Juana Chaos o la inmunidad prestada a Arnaldo Otegi en sus juicios por enaltecer a ETA no fueron los únicos casos de arbitrariedad a cargo del Gobierno y la Fiscalía. Como informa hoy ABC, en septiembre de 2005, el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz dictó auto de procesamiento contra José Antonio Urruticoechea Bengoechea, «Josu Ternera», como responsable del asesinato de Luis María Hergueta Guinea, directivo de la empresa Michelin, muerto a tiros por etarras el 25 de junio de 1980. Además de procesarlo, el juez Pedraz dictó contra «Josu Ternera» orden de ingreso en prisión y su detención inmediata, remitida a todas las autoridades europeas. Por aquel entonces, Urruticoechea era el interlocutor del Gobierno socialista para preparar la tregua que ETA anunciaría en 2006.

Actualmente, la lucha contra ETA ha recuperado su eficacia policial y judicial. Rodríguez Zapatero ha descartado nuevas negociaciones y las ilegalizaciones de ANV y el Partido Comunista de las Tierras Vascas, aunque tarde, mal e ineficazmente, han devuelto a la democracia parte de la dignidad perdida en los tratos ocultos del Gobierno con ETA. La coincidencia del procesamiento de «Josu Ternera» con sus encuentros con representantes del Gobierno puede considerarse un hecho ya pasado, pero sus lecciones y sus consecuencias no han caducado. En primer lugar, porque demuestra que el Gobierno propició la tregua con negociaciones políticas impulsadas al unísono con Batasuna y luego con ETA. Nada de esto sucedió con la tregua que ETA anunció en 1998, tras pactar con el PNV, no con el Gobierno de Aznar.

En segundo lugar, el diálogo político con asesinos tiene un coste ético inasumible, porque los legitima en una condición, la de interlocutores, que la democracia nunca debe concederles. Además, asienta el precedente de que es posible negociar objetivos políticos tanto por matar como por dejar de matar. Y los terroristas nunca olvidan las debilidades del Estado al que pretenden derrotar.

Por otro lado, las víctimas del terrorismo no tienen sitio en una negociación que habilita a los terroristas para fijar, mano a mano con el Gobierno, las condiciones del cese de la violencia, porque la justicia y la reparación quedan fuera del precio que tienen que pagar los asesinos por sus crímenes. La experiencia del proceso de paz en Irlanda del Norte demuestra que no es posible conciliar la dignidad de las víctimas con una paz negociada con los terroristas. El brutal atentado de Omagh, diez años después, es un paradigma de impunidad. Esta evidente colisión entre «política» y justicia -un juez procesa a un asesino que negocia con el Gobierno- es también una prueba del oscurantismo aplicado por el Ejecutivo a sus negociaciones con ETA.

Nada se sabe oficialmente de quiénes negociaron contrapartidas políticas a los terroristas, dónde se celebraron las reuniones, qué organismos internacionales mediaron en los contactos y desde cuándo comenzaron las gestiones. Se tienen muchos datos no desmentidos, pero así como los Gobiernos de Felipe González y José María Aznar informaron acerca de quiénes y de qué hablaron con ETA, Rodríguez Zapatero no ha hecho este elemental ejercicio de transparencia. Si se ha negociado con intereses nacionales, el Gobierno no tiene derecho a mantener a los españoles al margen. Esto es pasado, pero no es agua pasada. Hay daños aún vivos causados por una estrategia implacable del PSOE contra el Partido Popular -confirmado por los hechos en todas sus críticas al Gobierno-, las víctimas y la Justicia, cuyo fin era proteger la primera negociación política con los terroristas. Mientras el Gobierno pida apoyo para acabar con ETA sin condiciones, debe recibirlo incondicionalmente, pero la experiencia traumática de la última tregua no debe producirse nunca más.

Un deseo
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 4 Enero 2009

Pocas cosas han hecho más daño a España que la insensata división del agua. La violación, porque lo fue, de una convicción esencial de la inmensa mayoría de los ciudadanos de que el agua era de todos, patrimonio de todos los españoles llevoa este absoluto engendro de peleas tribales y territoriales donde se pretende el uno quedar con un río y el otro justo con el de más abajo. El interés nacional ha quedado destruido y anegado por los interés particulares , regionales o autonómicos. Política de aldea, campanario, demagogia y griterio que lo único que hace es enfrentar a ciudadanos, pueblos y comunidades.

A finales del pasado año , algo se movió, algo pareció cambiar y hacia la buena dirección. Recuperar el principio esencial y a partir de ahí buscar los acuerdos y cubrir las necesidades de todos por la vía más racional, mas científica, técnicamente mejor y económicamente mas viable. O sea, establecer un dialogo nacional sobre el agua lejos de las ansiedades de taifas pero si atendiendo a las necesidades de los territorios y sus habitantes.

Son estos los días de los buenos deseos y de las propuestas positivas. En un año que se perfila negro en tantas cosas si fuéramos capaces de afrontar unidos y con sentido de Estado y de solidaridad ciudadana este problema y darle una solución global y conjunta habría valido la pena hasta aguantar una crisis. Porque el agua es y será aún más el problema estratégico de España. Y cada vez más

Aquí, el poder engorda
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABCl 4 Enero 2009

NO debe de extrañar que el PSOE siga aventajando al PP en las encuestas ni que Zapatero continúe siendo el líder más valorado, no importa su ristra de fracasos, que en cualquier país de nuestro entorno le hubiera enterrado, como a Bush, en las sentinas de la historia. Pero hay dos tipos de países: aquellos donde el poder desgasta y aquellos en los que desgasta la oposición. En las democracias desarrolladas, incluso los mejores políticos acaban quemados, como ocurrió a Churchill, a Truman, a De Gaulle y a Adenauer. En las democracias que conservan todavía los tics autoritarios y el poder mantiene su prestigio, en cambio, se desgastan los que no tocan bola. Según este baremo, nuestra democracia está aún muy verde. En España, la oposición nunca consiguió ganar el poder. Fue siempre el gobierno quien lo perdió. El franquismo desapareció al hacerse el harakiri. UCD perdió las elecciones por descomposición interna. El PSOE, por sus escándalos y el PP, por la forma desastrosa de llevar el 11-M. De no haberse producido esas autoinmolaciones, todos ellos seguirían contando con el apoyo popular, no importan las razones que tuviera la oposición. Lo que nos lleva a la no muy agradable conclusión de que el PP nunca logrará por si solo desplazar a Zapatero del poder. Tendrá que ser éste el que se despeñe. Y nos despeñe.

¿A qué se debe esta docilidad del pueblo español ante el poder, que contradice su fama de ingobernable? Lo atribuyo a dos causas. De entrada, somos incapaces de reconocer que nos hemos equivocado, la culpa es siempre de los demás, y echar al gobierno que hemos elegido es reconocer un error. Luego, democracia significa, tanto o más que libertad, responsabilidad, algo a lo que somos alérgicos. Preferimos dejarla en manos de otros, los jefes, los directivos, el gobierno, aunque nos hartemos de criticarles. De boquilla, claro, pues de hecho, muy poco, a no ser que su gestión se convierta en autodestructiva y nos afecte personalmente.

Entonces, sí, entonces nos vamos al otro extremo y no queremos saber nada de él, situación que a todas luces aún no hemos alcanzado con Zapatero.

Para resumir: en España, la democracia adelgaza y el poder engorda, ¿no han visto ustedes lo lustrosos que se ponen en cuanto pisan moqueta y se montan en coche oficial, con el respaldo tácito de una mayoría que renuncia a su papel de ciudadanía consciente de sus derechos y deberes, es decir, de pensar y decidir por su cuenta. Mientras en las democracias maduras, sus ciudadanos saben que el poder no sólo desgasta, sino también corrompe, por simple entropía o degeneración de la energía al ejercitarse. De ahí que la mayoría de ellos haya puesto límite a los mandatos, y que casos como el de Chaves serían inimaginables. Ya sé que es muy duro lo que digo. Pero más duro es lo que hay, y no parece que, de momento, estemos dispuestos a cambiarlo.
P.D. a T. Cuesta: Tomás: no les des ideas, que son capaces de sacar a nuestro señor Rubén con la ceja. Gracias y Abzs.

Azaña dio muestras de un talante profundamente anti-democrático que no encaja en absoluto con las hagiografías actuales
Lo que contó Alcalá-Zamora (III)
César VIDAL La Razon 4 Enero 2009

A finales de 1933, las derechas, organizadas por primera vez desde el derrocamiento de la monarquía parlamentaria, ganaron las elecciones. La victoria estaba vinculada a la CEDA, una coalición católica que constituía un anticipo de lo que sería la democracia cristiana de posguerra. Como era de esperar, las izquierdas - que habían diseñado un sistema que les permitiera mantenerse en el poder de manera indefinida - dejaron de manifiesto desde el principio que no iban a aceptar el resultado de las urnas. Alcalá-Zamora recibió visitas de distintos dirigentes, entre ellos Azaña, que le presionaron para que no encargara la formación de gobierno a los vencedores. Consideraban las izquierdas que la derecha carecía de legitimidad para gobernar aunque las urnas se hubieran inclinado clamorosamente a favor suyo.

Como alternativa, le proponían una dictadura de izquierdas que, supuestamente, defendiera la legalidad republicana, ésa misma que deseaban violentar. Al respecto, Azaña dio muestras de un talante profundamente anti-democrático que no encaja en absoluto con las hagiografías actuales del personaje. Alcalá-Zamora optó entonces por una solución salomónica y, desde luego, discutible. En lugar de encargar la formación de gobierno a la CEDA que era el grupo mayoritario, el presidente de la república encomendó la tarea al partido radical de Lerroux, el de Clara Campoamor, un grupo de centro-derecha que había estado en las conjuras republicanas de la época de la monarquía, pero que se había moderado a la vista del comportamiento de las izquierdas.

La CEDA, de manera bien significativa, se plegó a la decisión de Alcalá-Zamora porque deseaba dar la imagen de una fuerza que no tenía nada contra el nuevo régimen y que aspiraba a gobernar por su moderación. Sin embargo, ni el PSOE ni los nacionalistas catalanes ni los republicanos de izquierdas estaban dispuestos a tolerar la situación por muy moderada que resultara. Durante todo 1934, los socialistas estuvieron reuniendo alijos de armas con la intención de alzarse en armas contra el gobierno legítimo de la República.

Ya durante el verano, caldearon la situación utilizando el arma revolucionaria por excelencia en opinión de Guesde, el inspirador francés de Pablo Iglesias. Se trataba de la huelga revolucionaria que se transformaría en insurrección armada a finales de año. Tras establecer contactos con la masonería y con el ejército para conseguir su colaboración, a inicios de octubre de 1934, socialistas, republicanos y nacionalistas catalanes se alzaron en armas pretextando la entrada de algunos miembros de la CEDA - todos muy moderados - en el Gobierno.

Los documentos de Alcalá-Zamora - incluido un relato detallado y diario de lo acontecido en Asturias- permiten reconstruir el desarrollo de aquel episodio y comprender que, como señalaban sus proclamas, las izquierdas habían desencadenado una guerra civil que debía concluir con la implantación de la dictadura del proletariado. Al respecto, las proclamas de Largo Caballero y de Indalecio Prieto no dejan lugar a dudas. Al final, sin embargo, con el asesoramiento del general Franco y la intervención de militares como el capitán Lozano, abuelo de ZP, el gobierno republicano sofocó la sublevación del PSOE y la ERC, y permitió un regreso a la legalidad. Sin embargo, a esas alturas resultaba más que obvio que fracasado el intento de implantar un PRI en España, las izquierdas habían entrado de lleno en una dialéctica guerracivilista que sólo tendría una conclusión posible.

La izquierda y los bárbaros
La izquierda europea, a la que intelectuales como Bernard-Henri Lévy describen como cadáver chirriante, convierte la razón en magia y reniega de la inteligencia, trocando el análisis de la realidad por burdas teorías conspirativas.
EDITORIAL Libertad Digital 4 Enero 2009

Una de las mayores lacras de la izquierda actual es la contradicción existente entre su discurso, aparentemente humanitario y compasivo, y su disposición a sacrificar la defensa de los derechos humanos en aras del antiamericanismo más infantil y el antisemitismo clásico disfrazado de anti-imperialismo.

La manifestación celebrada el sábado en Madrid es la penúltima muestra de esta forma de barbarismo, consistente en organizar actos que se convierten en muestras de apoyo al totalitarismo mientras un grupo de artistas e intelectuales aparentemente bienpensantes se dedica a estigmatizar a Israel, país al que califican de terrorista precisamente por luchar contra el terrorismo. De esta forma, la izquierda europea, a la que intelectuales como Bernard-Henri Lévy describen como cadáver chirriante, convierte la razón en magia y reniega de la inteligencia, trocando el análisis de la realidad por burdas teorías conspirativas.

No es la primera vez que algo así sucede en España. En julio de 2006, Pedro Zerolo, secretario de Movimientos Sociales del PSOE, encabezó una marcha contra Israel en la que muchos de sus participantes portaron banderas de grupos terroristas. El silencio de los socialistas ante este acto de brutalidad avalado por las juventudes de su partido no deja lugar a dudas sobre el estado de postración moral de buena parte del llamado progresismo español. Las protestas realizadas en Madrid y en Ceuta, donde los convocados por el partido islamista Unión Demócrata Ceutí, que en las últimas elecciones generales pidió el voto para el PSOE, quemaron banderas de Israel y lanzaron insultos contra los judíos, merecen la condena sin paliativos de cualquier defensor de la libertad, la democracia y los derechos humanos. Sin embargo, mucho nos tememos que una vez más la izquierda española opte por el silencio ante actos que constituyen una peligrosa incitación al odio y a la violencia.

La Asociación Hispanomusulmana Jerusalén y el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, una organización caracterizada por su apoyo a grupos como los talibán y al fallecido Sadam Hussein, han organizado una manifestación en Madrid el día 17 de enero para protestar contra lo que han dado en llamar "el genocidio en Gaza". Lejos de distanciarse de la convocatoria, UGT, CC.OO, IU y el PSOE, cuya portavoz de Relaciones Internacionales no ha dudado en echar leña al fuego denunciando la supuesta "violencia indiscriminada de Israel contra la población civil", han unido sus fuerzas a las de los militantes islamistas y sus compañeros de viaje para proclamar su antipatía hacia Israel.

En los últimos días, Rodríguez Zapatero y distintos miembros del Gobierno han manifestado su deseo de mejorar las relaciones con los EE.UU. y ayudar a las autoridades de ese país a luchar contra el terrorismo. Manifestarse al lado de quienes justifican el terror en Oriente Medio no es precisamente la mejor prueba de compromiso con la paz, sino más bien todo lo contrario. Por sus obras los conoceréis.

Dad a Israel una oportunidad
...Hamás ha sido una desgracia para los palestinos, es el verdadero obstáculo para alcanzar una solución razonable del proceso de paz, y es una pieza más tanto del islamismo radical como de Irán, que juega con sus peones al norte y sur de Israel en su estrategia de hegemonía en el Levante. No hay que pedir contención a Israel, hay que promover que persiga la eliminación militar y política de Hamás...
RAFAEL L. BARDAJÍ ABC  4 Enero 2009

NINGUNA nación sobre la Tierra aceptaría ser bombardeada permanentemente desde un territorio vecino y permanecer impasible. La actuación de castigo israelí contra Hamás en Gaza no debería ser, pues, una sorpresa. Lo verdaderamente sorprendente es que no hubiera sucedido mucho antes. Israel ha aguantado lo inaguantable: más de cuatro mil cohetes palestinos que si no han causado más muertes es en buena medida debido al inmenso esfuerzo realizado en la protección pasiva -en forma de bunkers- de las poblaciones del sur de Israel. Exigir un alto en sus operaciones militares a Israel es una inmoralidad así como una gravísimo error estratégico. El objetivo político de la UE y de la comunidad internacional no debe ser un alto el fuego sin más, sino un alto al terrorismo desde Gaza.

La manipulación mediática a la que nos tienen acostumbrados las facciones palestinas, terroristas o no, de nuevo está en marcha, ofreciendo por doquier las imágenes del sufrimiento de sus gentes, desgraciadamente inevitable en cualquier confrontación bélica. Es tan hábil que hace olvidar el sufrimiento al que los terroristas palestinos tienen sometido a una buena parte de la población israelí. Hasta la retirada completa por parte de Israel de Gaza en 2005, Hamás justificaba los ataques suicidas y por otros medios como un instrumento necesario para luchar «contra la ocupación israelí». Pues bien, desde que Sharon decidiera dejar Gaza a los palestinos, el único israelí en la Franja ha sido el desgraciado soldado Gilad Shalit, secuestrado hace dos años por milicianos de Gaza. Sin embargo, que Israel no fuera ya una «fuerza ocupante» no ha disminuido el ansia de violencia por parte de Hamás y de otros grupos palestinos en Gaza. Por una razón muy sencilla: lo que Hamás quiere no es la solución de dos estados conviviendo pacíficamente uno junto al otro. A lo que aspira el islamismo palestino es a un único estado en la zona, palestino e islamista. Por eso ni quiere ni puede renunciar a su objetivo de eliminar a Israel. Y por eso Israel se ve forzado a defenderse. Si no lo hiciera dejaría de existir simplemente.

Como en toda guerra no han faltado los corifeos clamando al cielo por la desproporción de la respuesta militar israelí. No sabemos qué propondrían como alternativa, pero lo que sí sabemos es que no sólo la actuación de las fuerzas armadas de Israel, la IDF, está siendo escrupulosa con el derecho de la guerra, sino que, además, está siendo altamente eficaz en la discriminación de sus blancos. Cierto, en toda acción bélica está el riesgo de causar bajas civiles inocentes, pero a tenor de lo que cuentan los observadores sobre el terreno y la sacrosanta institución de las Naciones Unidas, tal vez menos del 10 por ciento de las víctimas podrían ser consideradas como víctimas inocentes. El resto, el 90 por ciento, serían cuadros y milicianos de Hamás. Lo cual quiere decir, entre otra serie de cosas, que la ejecución de los ataques israelíes está mejor preparada que lo que la OTAN hace en Afganistán, por ejemplo, donde la proporción de muertes por error es bastante más alta.

En suma, a Israel le asiste el derecho para defenderse y lo está haciendo de la mejor forma posible, con justicia, legitimidad y proporción. Mientras que lucha contra los terroristas de Gaza, permite que la ayuda humanitaria fluya hacia los palestinos de la zona. Y hay que recordar que si Gaza es hoy un erial, se debe a la pésima gestión de los líderes de Hamás, mucho más interesados en aterrorizar a los israelíes que en crear oportunidades para sus votantes.
¿Por qué sería un error estratégico presionar a Israel para que pare su ofensiva ahora? Por una razón muy sencilla: porque acabar con los arsenales y los cohetes de Hamás no es suficiente y es eso lo que han estado haciendo hasta ahora los bombardeos de la IDF. Fue Douglas MaCarthur quien dijo que «en la guerra no hay sustituto para la victoria». Con la excepción de la derrota, claro. Y si hay una lección que debimos aprender de conflictos inacabados o mal acabados, como la guerra de Israel contra Hizbolá en el verano de 2006, es que la ausencia de una clara, rotunda y visible victoria, esto es, la ausencia de una victoria decisiva, se vuelve rápidamente en una derrota. La supervivencia de Hizbolá entonces se vivió por los suyos y buena parte del mundo árabe como una derrota israelí. Cierto o no es lo de menos. Es la imagen lo que importa.

Por eso, acabar con los cohetes de Hamás no es suficiente. Hay que sustraerle por completo el sentimiento de victoria y para eso hay que conseguir doblegar su voluntad. Si la comunidad internacional le da esperanzas a los dirigentes de Hamás de que si aguantan un poco, se va a obligar a Israel a parar sus acciones, lo único que se estará haciendo es alimentar su sentimiento de vencedor. Aún peor, se estará patrocinando directamente a los palestinos radicales frente a los moderados, esos con los que sí se puede hablar de una solución pacífica para todos. Si Hamás no sale derrotado políticamente, quien sí lo estará será la Autoridad Palestina, su presidente Abbas y el gobierno de Salam Fayyad. Una no derrota de Hamás le daría alas para intentar en Cisjordania un golpe similar al del 2007 con el que se hicieron con el poder en Gaza. Y eso sí que sería el final de todo proceso de paz. Por el contrario, si Hamás sale claramente derrotado, se abre una nueva oportunidad para que la Autoridad Palestina recobre su papel en la Franja de Gaza, hoy por hoy, de hecho, un estado palestino separado.

Por último, no podemos olvidar que si bien Israel está luchando para defender la tranquilidad de las poblaciones vecinas a Gaza, la derrota de Hamás no sólo traería nuevas oportunidades para una paz estable en la zona, sino que representaría un grave revés para los designios de Irán en la zona. En ese sentido no podemos olvidar que Israel no sólo está luchando por su seguridad, sino que también lo está haciendo por la nuestra, europeos y occidentales. Pararle los pies a un Irán cada día más crecido, irresponsable, provocador y a las puertas de convertirse en potencia atómica sólo puede ir en beneficio de la paz internacional. Es decir, de nuestra paz y seguridad.

Por todo ello, la mejor contribución que la UE y la ONU pueden hacer a la paz y la estabilidad en la zona es dejar que Israel alcance sus objetivos. Y eso es tan sencillo y fácil como no buscar y presionar para un alto el fuego prematuro, tal y como se hizo en 2006.
La presión internacional debe dirigirse en contra de nuestros enemigos, en este caso Hamás, no de nuestros amigos o salvadores. Israel debe sentir nuestro apoyo para que Hamás sienta su aislamiento y se sepa al alcance de los soldados israelíes. Hamás ha sido una desgracia para los palestinos, es el verdadero obstáculo para alcanzar una solución razonable del proceso de paz, y es una pieza más tanto del islamismo radical como de Irán, que juega con sus peones al norte y sur de Israel en su estrategia de hegemonía en el Levante. No hay que pedir contención a Israel, hay que promover que persiga la eliminación militar y política de Hamás. Menos que eso significaría postponer un conflicto de mayores proporciones.

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Rufianismo lingüístico
Teresa Puerto Ferre Minuto Digital 4 Enero 2009

Haciendo paralelismos históricos , cada vez entendemos mejor la violación de la legalidad republicana que hizo la izquierda española y el nazionalismo catalán , con su Revolución subversiva de Octubre de 1934 , y su talante antidemocrático . Su innata genética golpista le aflora a borbotones : es intemporal y constante.

El antidemocrático desprecio por la Sentencia del Supremo manifestado ahora por el Tripartito Catalán que le obliga a “respetar el derecho de los niños a recibir enseñanza en su lengua habitual” y que “no van a cumplir” , ese desprecio ejemplifica, una vez más, la “genética golpista” de la izquierda española y certifica cúan lejos están sus partidos de querer aceptar, en nuestro maltrecho país, una democracia a la europea.

Y, de nuevo, me viene a la memoria la filosofía popular que se escondía detrás de aquel conocido graffiti que leí escrito en una de las calles de Barcelona : “Los nuestros en inglés y castellano; los vuestros, en catalán . Así, el día de mañana, los nuestros mandarán sobre los vuestros. Firmado : els poliquets del Tripartit Catalá” ….
La filosofia de“ aquests politiquets” no es otra que la de crear una gran masa de pobres desheredados , emburrecidos en la inmersión didáctica del “infame e infecto dialecto barceloní “ e incapaces d e comunicarse con el exterior internacional porque “els politiquets catalanescs” les han negado la libertad de elegir en qué lengua quieren recibir su educación básica …..

Los efectos devastadores de la totalitaria política del MONOLINGÜISMO-fascista en Cataluña queda traducida en ese 60% del fracaso escolar concentrado en el llamado “cinturón rojo” de la Barcelona-inmigrante y en ese 40% de chavales barcelonís que, según “Escuela Española”, ni siquiera obtienen el certificado de la ESO.

Fracaso ,casualmente , localizado en los barrios donde se concentran esos casi tres millones de charnegos y maquetos andaluces, extremeños y murcianos que tienen el español por lengua materna y para quienes la imposición del dialecto barceloní (=neo_catalaní) en su aprendizaje es una pesada losa que los lleva al mundo del trabajo con una baja cualificación y les condena al analfabetismo más sectario .

Y mientras tanto …. , como reza ese luminoso graffiti, los hijos de esa izquierdona-rockefeller catalaní irán formándose en inglés y en español para descollar como casta dirigente que tendrá a los otros, a los incultos y fracasados charnegos , como ciudadanos tercerones .

En esta sub-categoría de súbditos charnegos, analfabetizados en el “infame e infecto dialecto barceloní”, quedamos también englobados los ciudadanos del Regne, los valencianos, gracias al antidemocrático talante de nuestros traidores políticos que decidieron un día hacer entreguismo cobarde creando un engendro totalitario , la AVL (Akademia antiValenciana de la Lengua panocha) que multiplicará por cientos y miles esos “catalencianos de 4ª”, emburrecidos en un “infame dialecte” , que irá matando , año a año, nuestra histórica LENGUA VALENCIANA ….

La mono-bloc “normalització lingüística” , impuesta por el espadón y por la bota a los escolares catalanes es una antidemocrática anormalidad, desde cualquier punto de vista jurídico. Pero en el caso valenciano la situación es DOBLEMENTE GRAVE porque se pretende “uniformitzar” a nuestros pobres chavales según el hipotecado diseño ideológico y alienígena de unos “politiquets” travestidos , que los quieren súbditos serviles de una mente autoritaria y perversa : la que les niega la capacidad de elegir su LENGUA MATERNA VALENCIANA y, encima, los instruye en un “infame e infecte dialecte: el barceloní (=neo_catalaní)” .

Puro rufianismo lingüístico, puro golpismo anticonstitucional.

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