AGLI

Recortes de Prensa    Martes 6 Enero 2009

ENCUESTA EL MUNDO-SIGMA DOS (V)
Hasta un 87% reclama ya una ley que garantice estudiar en español
PALOMA DIAZ SOTERO El Mundo 6 Enero 2009

MADRID.- Pocas competencias transferidas a las comunidades autónomas son tan cuestionadas por la ciudadanía como la de Educación. Así lo vuelve a poner de manifiesto la encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, según la cual el 79% de los españoles es partidario de que el Estado recupere capacidad normativa en materia educativa.

Del sondeo se desprende también que el 87,4% de la ciudadanía cree que debería aprobarse una ley que garantizase la enseñanza en castellano en todas las comunidades autónomas.

La respuesta de los españoles a la encuesta no implica necesariamente la centralización de la política educativa ni una censura a la transferencia de la gestión, pero sí la recuperación de una potestad y una autoridad perdidas y la crítica a la consolidación de 17 sistemas diferentes.

Curiosamente, el porcentaje del 79% que es partidario de que el Estado recupere capacidades en la legislación educativa, se eleva al 82% en el caso de la población más joven, entre 18 y 44 años, que corresponde a las generaciones que han vivido como normal que la gestión de la educación dependa de su comunidad autónoma.

Si examinamos la respuesta de los encuestados en función de su voto político, encontramos que los alineados con el PSOE y con el PP se alinean también, en una proporción del 81%, con esta reivindicación.

Aunque Cataluña va por delante en su sistema de inmersión lingüística y está acostumbrada a ser objeto de suspicacias, ya no está sola como comunidad que aúna el concepto de ciudadanía con el conocimiento de la denominada 'lengua propia'.

Bien es cierto que Baleares ha tenido una evolución similar a la de Cataluña, aunque más inadvertida, tal vez, porque se consolidó bajo gobiernos del PP y no de partidos nacionalistas (hasta hace dos años).

Junto a estas dos autonomías, Galicia, Comunidad Valenciana y País Vasco han ido subiendo peldaños con más lentitud y menos ruido, aunque en los últimos años han puesto velocidad de crucero.

El pueblo contra la Constitución
La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut plantea un problema de difícil conciliación entre la decisión judicial y la voluntad popular. La soberanía multipolar es un camino para superar este conflicto
JOSÉ MARÍA RUIZ SOROA El País 6 Enero 2009

El hecho de que el próximo juicio de constitucionalidad se vea sobre un Estatuto de Autonomía que fue refrendado por el pueblo de Cataluña ha suscitado una nutrida opinión contraria a tal posibilidad. Se dice, en este sentido, que el aval popular emitido en una consulta directa otorga al Estatuto un marchamo que lo coloca más allá del control del Tribunal Constitucional o que, por lo menos, constituye un argumento muy fuerte en contra de su hipotética revisión judicial. Nada menos que el pueblo soberano, ese que posee la última palabra, se habría pronunciado ya. Se apela incluso, como última salida, a la prudencia de los miembros del Tribunal para no generar un conflicto entre pueblo catalán y sistema constitucional, una prudencia de la que curiosamente nadie se acordó cuando se aprobó con un consenso político claramente insuficiente.

Estamos ante un asunto que, si bien puede examinarse desde la perspectiva particular de la Constitución española, nos remite en última instancia a uno de los mayores problemas de la teoría democrática. Pone de manifiesto, en concreto, la pugna o tensión terrible que existe entre los dos polos que organizan nuestros sistemas políticos: por un lado, el polo democrático en virtud del cual es el pueblo, o sus representantes electos, quienes toman las decisiones en cada momento histórico concreto. Por otro, el polo constitucional, en cuya virtud ciertas decisiones están sustraidas al poder de ese pueblo (derechos fundamentales) o, en todo caso, están sometidas a un rígido esquema de control y validación gestionado en exclusiva por un colegio judicial elitista.

Desde el punto de vista interno, llama la atención que quienes ahora se alarman o sorprenden ante la posibilidad de que el Tribunal Constitucional enmiende la plana nada menos que al pueblo catalán aceptaran con toda naturalidad, sin embargo, que ese mismo Tribunal prohibiese al pueblo vasco manifestarse sobre cuestiones similares. Hay en ello una notable incoherencia, puesto que en ambos casos se trataba de lo mismo: de cuál de ambos poderes debe prevalecer, el pueblo o los jueces constitucionales. Podría alegarse, ciertamente, que en un caso (el catalán) el pueblo se ha pronunciado con respeto escrupuloso al trámite legalmente establecido para ello, mientras que en el otro (el vasco) el pronunciamiento se planteaba al margen de la legalidad constitucional. Pero la diferencia pierde toda fuerza argumental cuando se constata que, en último término, lo que está en cuestión en ambos casos es precisamente si la legalidad constitucional puede funcionar como límite a la voluntad popular. Lo mismo es preguntarse si puede esta legalidad sobreponerse a lo que ha dicho ya el pueblo catalán, que si debe esta legalidad impedir anticipadamente la manifestación de voluntad del pueblo vasco. El problema es, en el fondo y en ambos casos, la relación conflictiva entre la voluntad del pueblo y la norma constitucional que la limita, y el papel de último árbitro que asumen 12 magistrados.

También es cierto que el problema concreto español puede encontrar una sencilla salida contextual si se repara en que, en los casos que comentamos, se está manejando el concepto de pueblo soberano con una manifiesta ambigüedad. No se distingue, en efecto, entre dos realidades jurídico-políticas muy diversas: el pueblo y una fracción de ese pueblo. Porque el pueblo que puede decidir sobre la Constitución es el pueblo español, mientras que las decisiones refrendadas (o propuestas) las suscribe una fracción de ese pueblo, el catalán o vasco. Y una fracción no puede adoptar decisiones que corresponden al sujeto único de la soberanía, como sería la de reformar el sistema constitucional. De ahí la plena justificación del control de adecuación constitucional del Estatut. En este sentido, nunca está de más recordar que el pueblo español titular de la soberanía al que se refiere el texto constitucional no es un pueblo compuesto, ni un agregado de pueblos diversos, sino un pueblo único y políticamente homogéneo al que sólo representan la totalidad de los ciudadanos existentes.

En cualquier caso, y como desde un inicio he anunciado, la cuestión que se plantea tiene más alcance y enjundia que la puramente contextual. De lo que se trata, en el fondo, es de la sempiterna dificultad de conciliar el principio democrático con el principio constitucional. De lo que se trata es de explicar cómo puede suceder que el pueblo titular de la soberanía no pueda, sin embargo, adoptar ciertas decisiones porque, según se dice, ciertos temas son un coto vedado para su capacidad de intervención, son indecidibles para la mayoría. Así sucede en el caso de los derechos básicos de los ciudadanos. Se trata también de entender cómo puede suceder que un texto constitucional establecido hace una o varias generaciones se imponga como una rígida carcasa a los deseos del pueblo hoy existente y que, si bien puede modificarlo, encuentra dificultades enormes para ello. No parece sino que el pueblo actual es tratado como un peculiar soberano demediado, sospechoso de cometer extravíos fácilmente, al que por eso le controla desde el pasado otro pueblo soberano que supuestamente fue sobrio y previsor. De forma que el poder real y verdadero estaría en quien estableció la cláusula de reforma de la propia Constitución. De lo que se trata, finalmente, es de comprender cómo un colegio elitista de unos pocos jueces puede controlar y cercenar las iniciativas del pueblo o de sus representantes legítimos, sobreponiendo su interpretación a la voluntad democrática de los ciudadanos.

Pues bien, si algo se repite una y otra vez es que nos hallamos ante una aporía política, ante un problema de imposible conciliación; uno de esos en los que la democracia y el constitucionalismo no encuentran sino un inestable y conflictivo equilibrio. Porque es cierto que, como escribe Toni Negri, el constitucionalismo se inventó en su día para encarcelar al poder constituyente, al pueblo. Pero no es menos cierto que es precisamente gracias a eso que la democracia liberal es un régimen que realmente funciona. ¿Hay que conformarse, entonces, con la contradicción?

Pierre Rosanvallon ha propuesto recientemente algunas nuevas perspectivas que permitirían superar esta aporía, siempre que se esté dispuesto a modificar los conceptos políticos más tradicionales (y más mágicos), y en primer lugar el de "pueblo". Se trata de superar la noción monista de la soberanía popular y, en su lugar, trabajar con la idea de una soberanía compleja o diluida. El pueblo es un ente imposible de hallar en sujeto o lugar alguno (le peuple introuvable), y lo que realmente existe es su manifestación fragmentada y variada a través de una serie de expedientes varios: la consulta popular o el voto de los ciudadanos manifiestan la voluntad popular, desde luego, pero también la manifiestan las instituciones, la opinión pública o los jueces constitucionales. El pueblo no puede ser reducido a un único sujeto concreto capaz de una voluntad directa, sino que es tan sólo un principio que actúa a través de todo un complejo sistema institucional. En esta visión, también el Tribunal Constitucional es pueblo.

Por otro lado, se trata de incorporar a la democracia la noción de temporalidad, de comprender las instituciones en sus muy diversos ritmos. Y así, existen instituciones diseñadas para incorporar decisiones populares de longue durée, mientras que otras son fruto de la voluntad inmediata de los ciudadanos. Y ambas son plenamente válidas y democráticas, siempre que seamos capaces de comprender y respetar su tempo diverso. Tal sería el caso de la decisión constitucional pasada y de la decisión del voto actual: ambas son compatibles porque, sencillamente, están en tiempos distintos.

Se trata de superar el juego de suma cero a que conduce la oposición binaria entre democracia y constitución, entre pueblo y juez constitucional. Lo cual exige replantear críticamente el mito de la democracia directa e instantánea protagonizada por el pueblo, poniendo en su lugar la soberanía multipolar de unas instituciones que interactúan y se controlan mutuamente a lo largo de tiempos distintos. El sistema democrático es una especie de cámara de espejos que se reflejan y controlan unos a otros, y el pueblo no es sino la atmósfera que habita entre ellos.

José María Ruiz Soroa es abogado.

DESCUADRAR EL CÍRCULO AUTONÓMICO
Antonio MARTIN BEAUMONT La Razon 6 Enero 2009

El Título VIII de la Constitución fue el más debatido en 1978 y ha sido cuestionado desde entonces. España se constituyó en Estado autonómico pero se dejaron abiertos los límites de la autonomía y no se definió quién pagaría los gastos. 30 años después, Zapatero promete a los presidentes autonómicos todo lo que piden ante la reforma de las Haciendas autonómicas. Qué pena. Es, sencillamente, imposible. Si se atiende al aumento de la población no se puede tener en cuenta de igual forma la extensión de la autonomía; si se considera la superficie no se puede vincular la financiación a la renta per cápita. No hay vuelta de hoja, porque otra cosa sería la cuadratura del círculo: si se sigue un criterio nuevo se descartarán otros y habrá ganadores y perdedores. Siempre. Otra cosa es que las voces afines a Zapatero lo disimulen. Sin embargo, los presidentes autonómicos han salido sonrientes de La Moncloa. ¿Cómo ha logrado Zapatero el milagro? Diciendo a cada uno lo que quería oír. Ya. Y si sabemos que no se pueden aplicar a la vez criterios incompatibles, ¿es que el presidente ha mentido? No le ha hecho falta: su plan de financiación autonómica se basa en dar a las comunidades, con diferentes excusas, lo que piden ahora, a cargo de deuda pública futura. Los andaluces no pagarán en 2009 los gastos catalanes ni los madrileños los murcianos, pero dejarán la cuenta para las generaciones futuras. Los Presupuestos de Solbes no prevén nada de todo esto. Por el camino, Zapatero ha renunciado a la viabilidad del Estado, pensando sólo en las próximas elecciones. El precio de esta deuda repartida con alegría es el descrédito del sistema autonómico entre los españoles que tendrán que pagar mañana.

La proporcionalidad está en el lado de Israel
Zapatero, como no podía ser de otro modo, ha pedido el alto el fuego en la franja de Gaza, lo que equivale a que Israel deje de combatir a los terroristas y a que éstos sigan teniendo carta blanca para bombardear con sus misiles a la población israelí.
EDITORIAL Libertad Digital 6 Enero 2009

Tardaba en aparecer, pero finalmente lo ha hecho. Más de una semana después de que se iniciara la ofensiva israelí contra los terroristas de Hamás en Gaza, el presidente del Gobierno español ha expresado su opinión. El mismo que nombró como ministro de Exteriores a un tipo que trató de sacar a Hamás de la lista de grupos terroristas de la UE, ha intentado dar muestras de equidistancia y de mediación entre civilizaciones. Ha fracasado, como no podía ser de otro modo. Primero, porque calificar de mera "conducta irresponsable" el lanzamiento de más de 6.000 misiles contra Israel recuerda demasiado a su referencia a los atentados de ETA como "accidentes". Y segundo, porque aunque hubiera estado mínimamente ecuánime, la democracia liberal israelí no es equiparable a la incivilidad caudillista de Hamás, ni tampoco es posible que quienes no reconocen la existencia de Israel puedan sentarse a "dialogar" con aquellos a quienes quieren ver muertos.

Zapatero, como no podía ser de otro modo, ha pedido el alto el fuego en la franja de Gaza, lo que equivale a que Israel deje de combatir a los terroristas y a que éstos sigan teniendo carta blanca internacional para bombardear con sus misiles Qassam a la población israelí. Lo ha hecho aludiendo, por un lado, a que la incursión de Israel para destruir la infraestructura de Hamás no contribuirá a la paz en la región y a que, por otro, esta respuesta está siendo desproporcionada.

Sobre lo primero poco puede decirse. Si Zapatero no entiende que la mejor manera de prevenir los ataques terroristas es desarmándoles y disuadiéndoles de que continúen con sus crímenes, más valdría que no abriera la boca al respecto. Y si lo entiende, tanto peor, porque significaría que está pidiendo a Israel que acepte pasivamente la sangría de su población civil a manos de los islamistas para contentar el antisemitismo campante en la comunidad internacional.

Sobre lo segundo, sí puede señalarse algo más. Efectivamente, la opinión pública está tentada a pensar que la respuesta israelí a los reiterados ataques de Hamás es desproporcionada; sólo hace falta contemplar la diferencia de medios y de resultados entre ambos. Sin embargo, justamente ahí reside la diferencia crucial que permite la subsistencia de Israel en un territorio tan hostil como es Oriente Medio. El Estado hebreo tiene un ejército profesional, bien organizado y con excelente material bélico; por decirlo brevemente, Israel tiene una defensa eficaz. Hamás no puede compararse en capacidades y logística con Israel, de ahí que su estrategia bélica pase necesariamente por utilizar a los medios de comunicación y a los Estados europeos como escudo frente a las legítimas represalias de los israelíes.

Para que la guerra entre Israel y Hamás fuera proporcional en cuanto a resultados materiales habría que entrenar a los terroristas de Hamás y, sobre todo, dotarles de un costosísimo material bélico que les permitiera, tal y como ambicionan, destruir Israel. Y he aquí el segundo abuso que se produce en torno al concepto de la "proporcionalidad": Israel tiene capacidad militar para arrasar y exterminar a los palestinos, pero ni es su objetivo ni está dispuesto a aceptarlo como un daño colateral para su finalidad. Si tuviéramos que imponer, como sugiere Zapatero, la proporcionalidad a Israel y a Hamás en cuanto a sus metas militares, el Estado democrático se dedicaría a bombardear indiscriminada y masivamente la franja de Gaza, sin importarle –o mejor dicho, buscando deliberadamente– las bajas civiles.

El único concepto sensato de proporcionalidad que cabe aplicar a este conflicto es el de exigirle a Israel que no cause más daños de los imprescindibles para lograr sus objetivos militares, algo que, de momento, no parece que esté haciendo. El objetivo militar más inmediato de los ataques es detener los bombardeos terroristas sobre territorio israelí y, por desgracia, eso es algo que todavía no se ha logrado. Dicho de otra manera, Israel está utilizando menos fuerza de la que la operación requiere y lo está haciendo para minimizar las víctimas civiles palestinas. Sólo en este sentido cabe tildar su actuación de desproporcionada, aunque sería más preciso calificarla de infraproporcionada.

No en vano, en un territorio tan densamente poblado como es Gaza (en la ciudad de Gaza viven casi 9.000 personas por kilómetro cuadrado frente a los 5.200 de, por ejemplo, Madrid), apenas ha habido, tras diez días de ataques, 550 víctimas palestinas, el 80% de las cuales eran terroristas de Hamás.

Por supuesto, lo deseable sería evitar cualquier víctima civil, pero ninguna guerra en la historia de la humanidad se ha librado bajo restricciones tan estrictas que impidan a los militares desplegar una estrategia mínimamente eficaz. A diferencia de lo que puedan pensar muchos utópicos, la guerra no es una invención del hombre moderno, sino que forma parte de su naturaleza. Podemos crear instituciones que restrinjan el lado más salvaje, brutal y destructor de las guerras, pero que nadie se equivoque. Esas instituciones, en este conflicto, sólo las tiene Israel. Pretender que la democracia y el Estado de derecho se limiten tanto frente al terrorismo como para impedir su derrota no significa apostar por la paz, sino por el salvajismo tribal más primario que representa Hamás.

Gaza
El maestrillo ZP da lecciones a Israel
Quienes atacan a civiles con la intención de matarlos y tienen por objetivo declarado destruir a Israel vienen a ser, para Zapatero, unos menores de edad que se han pasado un poco en la travesura de lanzar cohetes contra sus vecinos.
Cristina Losada Libertad Digital 6 Enero 2009

El presidente, así dicen portavoces oficiosos, ha suspendido su viaje a Siria y Líbano para no verse obligado a realizar declaraciones anti-israelíes. Mal se sostiene la excusa. Tales declaraciones acaba de hacerlas aquí. El presidente se debe a su electorado y su electorado pide estos días a gritos, estimulado por informaciones capciosas, condenas a Israel y llamamientos a la paz. Sólo se llama a la paz cuando Israel se defiende de los ataques terroristas. Nunca cuando los terroristas atacan a Israel. En tiempos del Imperio soviético, la paz era el embeleco que escondía la voluntad belicosa de acabar con las democracias. Ahora, sirve de parapeto al propósito de aniquilar a los judíos.

No se conoce que el Gobierno Zapatero haya presionado alguna vez a los terroristas de Hamás –ni a otros– para que cesaran sus ataques contra la población civil israelí. Se sabe, en cambio, que hace unos años, su ministro de Exteriores hizo gestiones para que la Unión Europa borrara a Hamás de su lista de organizaciones terroristas. En línea con estas credenciales y otras del mismo tenor, ZP ha acusado a Israel de "reacciones absolutamente desproporcionadas y contrarias al derecho internacional humanitario" y se ha limitado a tildar de "irresponsable" la conducta de Hamás. Quienes atacan a civiles con la intención de matarlos y tienen por objetivo declarado destruir a Israel vienen a ser, para Zapatero, unos menores de edad que se han pasado un poco en la travesura de lanzar cohetes contra sus vecinos.

Podía y debía haberse callado el presidente, como ha hecho su ídolo Obama, o limitarse a los tópicos diplomáticos de rigor, pero no se ha resistido a dar lecciones a los israelíes sobre cómo lidiar con quienes quieren liquidarlos. "No hay solución militar a la crisis", sermonea ZP, maestro en tratar con terroristas, como si fuera Israel quien cree tal cosa. Pues no. Son los terroristas quienes están convencidos de que sus ataques resultan fructíferos. La violencia, contra lo que dicta el lugar político común, no es estéril para ellos. Como no lo ha sido para ETA. La larga era del terrorismo palestino, el reconocimiento internacional que ha conseguido, la simpatía que despierta son las pruebas de que funciona y los réditos que aseguran su continuidad.

Ahí está, como prueba adicional, la reacción del propio Zapatero, aunque resulte irrelevante para el devenir de la "crisis": ligera colleja a los terroristas, por aquello de la equidistancia, y fuerte varapalo a Israel por tratar de defenderse de ellos. Sólo le falta aconsejar a los judíos que acepten su sacrificio y se dejen matar, como hizo su admirado Gandhi en la época del Tercer Reich.

Polos y bloques
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 6 Enero 2009

La disolución del Parlamento vasco y la convocatoria de las próximas elecciones autonómicas sorprenden a la izquierda abertzale predicando sobre la necesidad de constituir un bloque independentista fuerte, pero sin saber si serán capaces de presentar listas en los comicios del 1 de marzo.

Hace unas semanas se especulaba con la posibilidad de que se constituyera un polo soberanista que agrupara a la izquierda abertzale, a EA o a personas vinculadas al sindicato ELA, pero la iniciativa tenía más de especulación política que de movimiento real de los posibles protagonistas de ese polo. Cualquier operación que insinúe la constitución de un tercer espacio sin la presencia de ETA cuenta de entrada con el rechazo de la organización terrorista. En uno de los documentos sometidos al debate de los miembros de ETA en los meses pasados se advertía que este tipo de iniciativas «deben neutralizarse sin que lleguen a engordar».

Los últimos atentados de ETA -el asesinato del empresario Inaxio Uria, los cinco coches bomba que han estallado en los últimos tres meses, la presión terrorista al PNV- han servido para evidenciar la imposibilidad de que la izquierda abertzale participe en una operación política con otros sectores del nacionalismo ante su incapacidad de desmarcarse de los crímenes etarras. Quizás nadie pensaba en serio en realizar operaciones para crear terceros espacios, pero ETA sabe cómo impedirlas por si la idea le había pasado a alguien por la cabeza.

La doctrina oficial de la izquierda abertzale en este momento es que debe liderar la creación de un bloque independentista que sea una alternativa al reformismo del PNV, un bloque capaz de impedir una eventual reforma del Estatuto de Gernika en la que, según denuncian, estarían involucrados el partido de Iñigo Urkullu y los socialistas. Mientras los portavoces civiles teorizan sobre la creación de una alternativa independentista frente al PNV, ETA atenta contra los flancos sociales de este partido. En el debate de ETA de 2003 la banda decidió que había caducado «la protección del carné de afiliado del PNV». En el de 2007 repitió que «por tener carné del PNV» no se estaba a salvo y ha decidido demostrar que es cierto.

Tanto ETA como su entorno político tienen claro que deben esforzarse para frenar lo que llaman «la involución abertzale del PNV», pero no saben como resolver el problema de la comparecencia electoral. Arnaldo Otegi, en sus últimas declaraciones públicas efectuadas hace poco más de un mes, defendía con vehemencia la necesidad de que la izquierda abertzale hiciera un esfuerzo para estar presente en las elecciones y en las instituciones, pero no parece que estén dispuestos a realizar el único esfuerzo que les garantizaría poder volver a la legalidad: desmarcarse del terrorismo.

¿Qué significa "desproporcionada"?
ANDRÉ GLUCKSMANN El País 6 Enero 2009

Ante un conflicto, la opinión se divide entre los incondicionales, que ya han decidido quién tiene y quién no tiene razón, y los circunspectos, que consideran ésta o aquella acción como oportuna o inoportuna en función de las circunstancias, sin perjuicio de mantener cierta reserva hasta estar más informados.

El enfrentamiento en Gaza, por sangriento y terrible que sea, deja asomar, sin embargo, una luz de esperanza que las imágenes dramáticas muchas veces ocultan. Por primera vez en el conflicto de Oriente Próximo, el fanatismo de los incondicionales parece minoritario. El debate entre los israelíes (¿es el momento?, ¿hasta dónde?, ¿hasta cuándo?) se desarrolla como es habitual en una democracia. Lo sorprendente es que hay un debate similar a micrófono abierto entre los palestinos y sus partidarios, hasta el punto de que, incluso después de que comenzaran las operaciones israelíes de castigo, Mahmud Abbas, jefe de la Autoridad Palestina, tuvo el valor de achacar a Hamás la responsabilidad inicial del sufrimiento de la población civil en Gaza, por haber roto la tregua.

Por desgracia, las reacciones de la opinión pública mundial -medios de comunicación, diplomáticos, autoridades morales y políticas- parecen ir con retraso respecto a la evolución de los directamente afectados.

Es obligatorio destacar la palabra que triunfa y cimienta un tercer tipo de incondicionalidad, que condena urbi et orbi la actuación de Jerusalén por considerarla "desproporcionada". A las imágenes de Gaza bajo las bombas se añade, por consenso universal e inmediato, el subtítulo de que Israel actúa de manera desproporcionada. A veces, los reportajes y comentarios añaden palabras como "matanzas" y "guerra total". Afortunadamente, hasta ahora se ha evitado el vocablo "genocidio". ¿Será tal vez que el recuerdo del "genocidio de Yenín" (60 muertos), repetido machaconamente y después olvidado, paraliza el exceso de excesos? No obstante, la avalancha de opiniones se rige por la condena incondicional, a priori, de la desmesura judía.

Consultemos el primer diccionario a mano: desproporcionado es lo que está fuera de proporción, bien porque la proporción no existe, bien porque se ha roto, se ha transgredido. Esta segunda acepción es la que se utiliza para fustigar las represalias israelíes, que se consideran excesivas, incongruentes, discordantes, que superan los límites y las normas. El sobrentendido es quizá que existe un estado normal en el conflicto entre Israel y Hamás y que el belicismo de Tsahal (el Ejército israelí) lo desequilibra, como si el conflicto no fuera -como todo conflicto serio- desproporcionado desde su propio origen.

¿Cuál es la proporción justa que hay que respetar para que Israel cuente con unas opiniones favorables? ¿Que el Ejército israelí no utilice su superioridad técnica y se limite a emplear las mismas armas que Hamás, es decir, la guerra de los imprecisos misiles Grad, las piedras, la estrategia de los atentados suicidas a discreción, las bombas humanas y la selección deliberada de las poblaciones civiles como objetivos? O, mejor aún, ¿convendría que Israel espere pacientemente a que Hamás, gracias a Irán y Siria, "equilibre" su potencia de fuego?

A no ser que se trate de equilibrar no sólo los medios militares, sino los fines que se persiguen. Ya que Hamás -en contra de la Autoridad Palestina- se obstina en no reconocer el derecho de existir del Estado judío y sueña con la aniquilación de sus ciudadanos, ¿querríamos que Israel imite ese radicalismo y proceda a una gigantesca limpieza étnica? ¿De verdad queremos que Israel refleje "de forma proporcional" los deseos exterminadores de Hamás?

Cuando ahondamos en los sobrentendidos del reproche biempensante sobre la "reacción desproporcionada", descubrimos que Pascal tiene razón y que "quien quiere pasar por ángel, se vuelve una bestia". Todos los conflictos, ya estén latentes o en ebullición, son por naturaleza "desproporcionados". Si los adversarios llegaran a un acuerdo sobre el uso de sus medios y los fines que reivindican, dejarían de ser adversarios. Donde hay un conflicto, hay una falta de entendimiento, por lo que cada bando se esfuerza en utilizar sus ventajas y explotar las debilidades del contrario. Tsahal no renuncia a ello y "se aprovecha" de su superioridad técnica para escoger sus objetivos. Y Hamás tampoco, porque utiliza a la población de Gaza como escudos humanos sin tener en cuenta los escrúpulos morales ni las obligaciones diplomáticas de su adversario.

Para trabajar a favor de la paz en Oriente Próximo, es necesario huir de las tentaciones de la incondicionalidad, que persiguen no sólo a los fanáticos dispuestos a todo, sino también a las almas angélicas que sueñan con una sacrosanta "proporción" que equilibre de manera providencial los conflictos asesinos.

En Oriente Próximo, no se lucha sólo para hacer respetar unas reglas del juego, sino para establecerlas. Está bien debatir libremente sobre la oportunidad de ésta o aquella iniciativa militar o diplomática, pero sin considerar que el problema está resuelto de antemano por la mano invisible de la buena conciencia mundial. Querer sobrevivir no es desproporcionado.

André Glucksmann es filósofo francés. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Gaza-Líbano
FLORENTINO PORTERO ABC 6 Enero 2009

Hamás inició el conflicto porque calculó que podía ganarlo. Al igual que Hizbolá, vencedora en su guerra privada con Israel a pesar de haber sufrido un mayor castigo, los islamistas palestinos están dispuestos a sacrificar vidas y haciendas a cambio de mostrar al mundo que ellos también pueden resistir al Ejército israelí.

Para el Gobierno de Jerusalén no había opción. El riesgo de intervenir era repetir los mismos errores que en Líbano y acabar potenciando al enemigo, de ahí el cuidado con el que se ha diseñado la operación. Desde el cielo se ha preparado el camino y ahora toca ocupar cada centímetro de terreno, eliminando las capacidades de Hamás hasta que deje de ser una amenaza inmediata y para que en el futuro cualquier islamista se lo piense dos veces. El mensaje no sólo va dirigido a Hamás.

Hamás está esperando a los soldados israelíes. Es posible que no previeran una acción aérea tan contundente, pero están preparados para el combate cuerpo a cuerpo y para intentar preservar parte de sus capacidades militares. Las bajas serán cuantiosas, aunque no podemos saber cuál será la proporción. Si la acción militar no es letal, si Hamás no sufre una derrota clara estará en condiciones de trasformar el resultado en victoria.

Cuanto más tiempo pase mayor será la cobertura mediática y mayor la movilización de la calle árabe en favor de los islamistas y contra los gobiernos moderados. Ese era uno de los objetivos de Hamás, como previamente lo fue de Hizbolá, y el éxito está asegurado.

En Gaza se juegan su prestigio tanto Irán como su agente Hizbolá. La reapertura de las hostilidades en la frontera norte en caso de una derrota islamista en la franja no puede descartarse, complicando la situación.

Tanto Israel como los gobiernos árabes no islamistas necesitan una derrota clara y rápida de Hamás, de ahí la contundencia de la operación y la negativa a conceder un alto el fuego. Otro fracaso daría a los islamistas un poder incontrolable en toda la región.

Sobre la guerra
Daniel Martín Estrella Digital 6 Enero 2009

"¿Qué será de la humanidad, de la humildad, de la beneficencia, de la modestia, de la templanza, de la dulzura, de la sabiduría, de la piedad, y qué me importa, mientras que media libra de plomo disparada a más de seiscientos pasos me destroce el cuerpo y muera a los veinte años en medio de tormentos inexpresables entre cinco o seis mil moribundos, mientras que mis ojos, que se abren por última vez, ven la ciudad en que nací destruida a hierro y fuego, y que los últimos sonidos que oyen mis oídos son los gritos de las mujeres y de los niños expirando bajo las ruinas, y sólo por unos pretendidos intereses de un hombre que no conocemos?".

Valgan estas frases de Voltaire sobre la guerra para describir un sentimiento compartido por media Humanidad. La Segunda Guerra Mundial, la mayor matanza de la Historia, no ha servido de ejemplo y aún abundan las guerras -todas ellas, digan lo que digan, injustas-. Existen y existirán, y los inocentes seguirán pagando los platos rotos en unos conflictos de causas ignotas que suelen esconder oscuros intereses.

Voltaire escribió lo anterior en pleno siglo XVIII, cuando las guerras eran fruto de la voluntad de un solo hombre. El genial escritor francés, enemigo de la superstición y del Vaticano, creyente en un dios lejano, defensor a ultranza de la tolerancia, contradictorio hasta el extremo, hoy en día sería incapaz de entender que las guerras, lejos de defender "los pretendidos intereses de un hombre", responden a la voluntad de un conjunto de hombres que, elegidos democráticamente o no, deciden que hay que matar al "otro" por los más dispares y peregrinos motivos.

Nos encontramos de nuevo a Israel en guerra. De una manera desproporcionada. Pero imaginemos un supuesto: día tras días, hora tras hora, un niño de diez años viene y nos pega una bofetada; los primeros días nos aguantamos y esperamos que sus padres o alguien le pare los pies; pasan los días y nada ocurre; entonces un día nos enfadamos y devolvemos la bofetada al niño; pensamos que todo se acaba ahí; pero, ¿qué pasa si el niño vuelve una y otra vez a pegarnos sin importarle si nos defendemos?, ¿y si el niño se esconde detrás de sus hermanas de dos y tres años?

Evidentemente, estas preguntas son de difícil respuesta. Nadie en su sano juicio pegaría a niños, y este supuesto parece de difícil existencia. Sin embargo, en el mundo hemos entrado en una espiral de sinrazón que lleva a la realidad a cotas incomprensibles. Hamas, el niño, azuzado por su padre, Irán, pega bofetadas al vecino rival -¿un okupa?-, Israel, que se defiende atacando el bloque residencial, Gaza, donde vive ese niño junto a sus hermanas y muchos otros. Israel tiene tanques y los fundamentalistas islámicos no; para contrarrestar la superioridad enemiga y agigantar el victimismo, Hamas no duda en utilizar un macabro escudo de inocentes. ¿Qué hacer?

Kapuscinski escribió que uno de los principales peligros del siglo XXI iba a ser el fundamentalismo religioso. Soy de los que opinan que islam y cristianismo son incompatibles. En Occidente nos hemos liberado, casi del todo, del poder del dios de la religión organizada. Al islam le queda mucho para liberarse de Alá. En cuanto a Israel, es un Estado democrático pero confesional. Es el Estado judío, aún más incompatible con los musulmanes que los cristianos. Quizás podamos elaborar complejas teorías sobre que la convivencia pacífica es posible, pero la realidad siempre nos tapará la boca. Los conflictos en Próximo Oriente no terminarán nunca.

¿Por qué? Los pretendidos intereses a los que aludía Voltaire son en este caso tan confusos como numerosos. Además hay que añadir que muchos palestinos -el pueblo realmente azotado por la barbarie y por el egoísmo de todos sus vecinos, incluidos los de su misma religión- están dispuestos a inmolarse en nombre de su dios. La pobreza, suma, la ignorancia, enorme, y el odio, eterno, confluyen para añadir un "interés" más al conflicto de Oriente Medio.

En cualquier caso, con tamaña acumulación de motivos económicos, religiosos, históricos, territoriales, nacionalistas, racistas y fanáticos, es imposible dar respuesta o solución a lo que no las tiene. Pero, en ningún caso, si queremos considerarnos parte del mismo planeta, de la misma Humanidad, deberíamos seguir permitiendo que, en cualquier guerra, las principales víctimas sean los que no tienen culpa ninguna, los inocentes, los seres que tan sólo quieren vivir, en Palestina sobrevivir.

Sé que es consustancial a cualquier guerra el ser completamente demoledora. Pero el espectáculo de niños, mujeres, ancianos, jóvenes, seres humanos muriendo por vete a saber qué dios, qué moneda o qué mierda es realmente inconcebible. La idolatrada razón es incapaz de comprender el lado inhumano, diabólico, irracional del hombre. Pero ésa es la tiranía a la que estamos sometidos en este mundo informatizado donde las noticias, imágenes y catástrofes corren más que los sentimientos de compasión, piedad y humanidad.

dmago2003@yahoo.es

La entrada israelí en Gaza era inevitable para desmantelar las bases de los islamistas
Ofensiva contra los terroristas
Editorial La Razon 6 Enero 2009

La entrada del Ejército israelí en la franja de Gaza, una semana después de que inciara los bombardeos contra las bases terroristas de Hamas, no ha cogido a nadie por sorpresa, aunque la comunidad internacional albergaba la esperanza de que podría evitarse. Nada hubiera sido más deseable, como querían los israelíes, que un apaciguamiento del conflicto, pero los dirigentes radicales islamistas que controlan este territorio han seguido lanzando misiles contra la población civil israelí, causa y origen de la intervención militar ordenada por el Gobierno de Olmert. Dicho de otro modo, la entrada de las tropas israelíes en Gaza no sólo era inevitable desde el punto de vista militar, sino también deseable para evitar un mayor número de víctimas inocentes causadas por los bombardeos aéreos.

En efecto, las tácticas suicidas que preconizan los líderes de Hamas no sólo consisten en enviar a sus militantes al martirio cargados de explosivos, sino también en utilizar a la población civil como escudos humanos y a sus cadáveres como carne de propaganda, sobre todo cuando las víctimas son niños y mujeres. De ahí que, sin escrúpulo alguno, empleen mezquitas, hospitales, escuelas y otros edificios públicos como depósitos de armas, centros de adiestramiento terrorista e, incluso, como lugares desde el que se disparan los misiles «Qasam», quinientos de los cuales han sido lanzados en los últimos meses. Si a esta abominable práctica se añade que Hamas burla los controles fronterizos con Egipto a través de una extensa red de túneles subterráneos por los que introduce armas y misiles procedentes de Irán y Siria, se concluye que al Ejército israelí no le quedaba otra alternativa que actuar directamente sobre el terreno para desmantelar los arsenales e infraestructuras de Hamas, cortar sus vías de suministro y limitar sus movimientos.

Todo apunta a que la operación militar será larga y dura. Sin embargo, debería darse la bienvenida a las iniciativas y a los esfuerzos diplomáticos para que no se prolongue el conflicto y para que, como pidió ayer el Papa Benedicto XVI, se ponga fin a esta trágica situación. El fracaso de instituciones como la ONU o como la propia UE en este asunto es muy frustrante para la comunidad internacional. Sin embargo, no debe olvidarse cuál es la naturaleza de Hamas, organización que ha sido declarada terrorista por la UE, EE UU, Japón y Australia, es decir, por todo el mundo democrático. En consecuencia, no es aceptable que se ponga en un mismo plano de igualdad a un Estado de Derecho y a su Gobierno demócrático, como es el caso de Israel, con una organización radical que rechaza los principios democráticos, no respeta los derechos humanos y aspira a instaurar un régimen islamista y teocrático. Equiparar a ambas partes supondría algo peor que un error: ignorar que en este conflicto lo que está en juego es la libertad y la democracia, el respeto a la pluralidad y la lucha contra las dictaduras islámicas, ya sea en Oriente Medio, en Irak o en Afganistán.

Además, conviene recordar que con su decisión de plantarle cara a Hamas, el Gobierno de Israel enmienda el fracaso de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) de Abu Mazen, que intentó neutralizar si éxito a sus oponentes radicales, pero acabó siendo expulsada de Gaza. ¿Cuántos de los que se manifiestan estos días a favor de «los palestinos» no recuerdan que Hamas ha detenido, torturado, expulsado y asesinado a decenas de palestinos moderados que vivían en Gaza por no doblegarse a sus designios? El pueblo palestino se desangra en una guerra civil y su causa no es Israel, sino Hamas.

Israel se defiende
Germán Yanke Estrella Digital 6 Enero 2009

Una guerra es una guerra, no hay duda, y sus efectos desgraciados son inevitables cuando se toma la decisión de iniciarla. Está también la cuestión de dilucidar si una intervención militar como la del ejército de Israel en Gaza es la solución para los problemas de la zona. Se ha apuntado que si Israel no consigue el fin de Hamas tendrá que volver a negociar y, tras la guerra, la negociación será aún más difícil. Pero se puede dar la vuelta a este planteamiento y preguntar si había otra opción para defender a los ciudadanos de ese Estado de los ataques constantes, de la inutilidad de las treguas, como la gestionada por Egipto el pasado año, de la falta de reacción internacional ante una organización totalitaria, que eso es Hamas, que, además de cargarse el futuro de la Autoridad Palestina (antes, desde luego, de esta guerra), quería y sigue queriendo la destrucción de Israel. Tiempo, dicen algunos, la opción es tiempo, esperar, no actuar todavía. Pero ¿esperar qué?, ¿que siguiera todo como hasta ahora?, ¿que por arte de magia Hamas no contara con el apoyo de Siria e Irán?, ¿que cesaran los bombardeos contra el territorio de Israel por inspiración divina?

Dijo Obama que si se estuviera atacando con misiles la zona en que vive su familia haría todo lo posible por evitarlo. Quien piense que hacer todo lo posible era esperar, o llamar a Sarkozy para que siguiera presentándose como representante de la Unión Europea después de terminar la presidencia francesa, o pedir a Rodríguez Zapatero que invite a Madrid a Abu Mazen es un ingenuo. Nada de esto sirve para evitarlo, nada de lo que se ha hecho en la escena internacional ha servido para ello. Si el presidente español tiene que suspender ahora su viaje a Siria y Líbano es porque en Siria apoyan a Hamas y protegen a sus belicosos y totalitarios líderes. Y en Líbano no pueden, a pesar de tanta teórica ayuda internacional, con Hezbolá que, tan totalitaria como ella, también está del lado de Hamas. Ésa es la realidad.

Ahora asistimos a los tremendos efectos de la guerra, a las muertes, los edificios destrozados, las familias rotas. Ahora se pide en manifestaciones y foros que Israel se detenga. Pero hemos asistido a los bombardeos constantes, al fin de la tregua inútil, que también ha producido muertes, destrozos y daños y, en vez de exigir que Hamas se detenga, se pedía lo mismo que ahora: que Israel se detenga, que siguiera detenida. La única presencia de Israel en Gaza era entonces un soldado secuestrado, pero debía estarse quieta, callar, aguantar. Tenía razón Obama: cuando bombardean constante e impunemente el lugar en el que vive tu familia hay que hacer todo lo posible para que eso termine. Los que ahora piden que no se haga eso deberían preguntarse por qué no hicieron nada entonces, qué paradójica hipocresía está detrás de este imperante pacifismo a la carta.

Esos pañuelitos, en Gaza. Aquí son necios instrumentos de vaciedad y esnobismo progre
Pañuelitos
Alfonso Ussía La Razon 6 Enero 2009

Cuando anda de por medio el horror de la guerra y de la muerte, se nublan hasta las causas, los orígenes y la interpretación de sus espantos. Se mide todo desde la distancia, y la verdad de cada uno demanda la valentía de ser ofrecida sin prudencias ni cautelas. Ya lo he escrito, recientemente. En el permanente pulso político y enfrentamiento bélico entre el terrorismo palestino y el Estado libre y democrático de Israel, estoy y estaré siempre del lado de la libertad y la democracia, es decir, de Israel. A pesar de su dureza, a pesar de sus extralimitaciones, a pesar de su aparente frialdad, creo en su razón, en sus necesidades de defenderse y en la realidad incuestionable de una causa común que compromete a la civilización occidental. Ellos, los israelitas, son el tapón, limpio o sucio, que impide la expansión del medievalismo brutal del terrorismo religioso del Islam. Pero siempre, ante la visión de la masacre, el pensamiento duda hasta que la visión del ridículo ampara la fortaleza del pensamiento. Días atrás, un deleznable consejero del Gobierno vasco, siempre atacado por un frenesí comprensivo en favor de los familiares de los terroristas etarras, acudía al Parlamento de Vitoria con un pañuelo palestino anudado a su orondo cuello. Me refiero a Javier Madrazo, tan cercano a los batasunos.

En una manifestación de las muchas que se convocan en las provincias vascongadas, dos días atrás, el ex-etarra y dirigente batasuno Arnaldo Otegui presidía la línea del pancarterío con un pañuelo palestino anudado a su cuello, también orondo y pochomaduro. Ayer, la indescriptible progresista de Visa Platino Pilar Bardem, su hijo, el inconmensurable rojo de Hollywood con Visa Oro Javier Bardem y unos cuantos más desmenuzados estéticamente, con su pañuelo palestino, llamaban «asesinos» a los israelitas y no reparaban en la realidad del terrorismo de Hamas.

Gracias a Madrazo, a Otegui y a los Bardem y compañeros estéticamente desmenuzados, he comprendido que la razón está -no por mis convicciones-, sino por la simple decencia política, del lado del Estado de Israel. Madrazo ha despreciado con distancia cobarde a las víctimas del terrorismo etarra. Otegui ha sido un terrorista etarra reconvertido en portavoz del terrorismo desde la plataforma de Batasuna. Y los Bardem, tan bien recibidos en las alfombras coloradas de Hollywood y del festival de cine de San Sebastián, jamás han protestado allí -en San Sebastián- ni con pegatinas, ni con pancartas ni con palabras, contra el terrorismo de la ETA.

Es más, Pilar Bardem tuvo la ocurrencia de regalar un ramo de rosas blancas a Jone Goricelaya, abogada de la ETA y distinguida dirigente de Batasuna. No se trata de una cuestión anecdótica, sino de una constatación irrebatible. Nos falta la solidaridad con Hamas del cineasta porteño Luppi, que se pondrá el pañuelo palestino -junto a Maradona- en Madrid o Buenos Aires, nunca en Gaza, que eso queda lejano y es más peligroso. Llamar «asesino» al único Estado democrático del Oriente Próximo traduce el sentido de la libertad que tienen los del pañuelito. Y nos reafirma, a los que desde la duda y el estupor que siempre produce una guerra odiamos la muerte de los inocentes, la firmeza legítima de la defensa de la libertad. Esos pañuelitos, en Gaza. Aquí son necios instrumentos de vaciedad y esnobismo progre.

Misión de la UE en Gaza
FIAMMA NIRESTEIN ABC 6 Enero 2009

Europa se puede permitir, o al menos eso cree, ser irresponsable y al mismo tiempo un referente moral. Frente a la invasión de Gaza, Europa ha formulado una propuesta de tregua humanitaria acuñada por el ministro de Exteriores francés, Bernard Kouchner, que ha optado rápidamente por la más fácil de las posturas. A la tregua le seguiría un acuerdo para el despliegue de observadores internacionales.

Como el ministro italiano Frattini ha señalado, es necesario plasmar que Hamás es el responsable de la guerra con el lanzamiento de sus cohetes sobre poblaciones israelíes, y quien se ha negado a prorrogar la tregua vigente hasta hace unas semanas. Hamás, dice Frattini, está en la lista de organizaciones terroristas de la UE y hay que tratarla en consecuencia.

Kouchner se ha centrado en la crisis humanitaria, haciendo oídos sordos a la naturaleza del feroz grupo islamista que todavía se promete la victoria total a la vez que reclama la tregua. Tzipi Livni, la ministra de Exteriores israelí, aseguró en París que la crisis humanitaria es una excusa, y que si el objetivo es detener la lluvia de proyectiles, que hasta la intervención por tierra era densa, una tregua serviría a Hamás para recuperarse.

Miremos al pasado: cuando Israel abandonó Gaza, se desplegó en Rafah el «puesto de monitorización» de la UE como garantía contra la entrada de armas y explosivos desde Egipto. Corría entonces el 26 de noviembre de 2005. La misión EUBAM encontró dificultades desde el principio, aun con Al Fatah y Abu Mazen al mando en Gaza. Pero todo se fue al traste con la llegada de Hamás, y la EUBAM sencillamente fue expulsada en junio de 2007.

A duras penas serviría de algo una nueva EUBAM si esta fuerza de interposición y vigilancia europea no cuenta con un mandato claro que le autorice a emplear las armas para detener a Hamás.

También Europa tiene deberes para con la población israelí acosada por los cohetes, 800.000 personas. Y tiene obligaciones para con la paz que Hamás no quiere. Es necesaria una tregua que ayude a Israel, y a todos nosotros.
Profesora de la Universidad de Roma

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ANTE EL JUICIO CONTRA IBARRETXE Y PATXI LÓPEZ
Guía para perplejos
J. M. RUIZ SOROA El Correo 6 Enero 2009

Reconozco, ya de entrada, que estas líneas están escritas para pocos, para aquellos escasos ciudadanos que no poseen ya una opinión clara y rotunda sobre el juicio que el Tribunal Superior de Justicia abrirá el próximo jueves contra varios miembros de Batasuna, contra el presidente Ibarretxe y contra dos directivos del Partido Socialista de Euskadi. La mayor parte de la opinión sentenció hace tiempo que éste es un juicio en el que se persigue a unos políticos tan sólo por conversar sobre la posibilidad de la paz, promovido por un reducto de magistrados vengativos que se saltaron la ley a la torera con tal de sentar en el banquillo al lehendakari. Una opinión tan simple como contundente, lo que le garantiza una indudable ventaja. Y es que a la hora de explicar la realidad no hay nada más atractivo que una teoría conspiratoria, sobre todo si viene adobada con ingredientes de garantizado impacto en cualquier buen relato: la piña de unos pocos y oscuros malvados en su torre poderosa, el noble político perseguido por su altruismo en hacer lo que debía, el juicio como una ordalía pública, un aroma de barricadas en la defensa de la libertad, y el triunfo final de los héroes. Difícil luchar contra tan sugestivas imágenes e introducir un poco de análisis racional en el caso. Para aquéllos que quieran hacerlo, proponemos a continuación una especie de guía de lectura e interpretación del proceso penal, escrita mucho más desde la duda que desde la convicción. Esta guía no es tanto una receta ideológica como una serie de puntos de vista (susceptibles de crítica y mejora, sin duda) para ayudar a los perplejos a 'leer' el juicio de estas próximas semanas.

1. Estamos ante un caso 'border line' entre el Derecho y la política. El juicio se mueve entre dos perspectivas en conflicto: una es la jurídica fundada en una interpretación estricta de las normas vigentes, unas normas que prohibían a Batasuna como partido político disuelto por orden judicial realizar cualquier actividad política desde el momento mismo de su disolución. Otra es la política, que reclama la posibilidad de que en tiempos excepcionales se trate y se negocie con quien sea necesario, incluso con el mismo demonio. Y lo malo, como sucede en cualquier conflicto de valores, es que ambas perspectivas tienen poderosos argumentos en su favor. Porque tiene sentido afirmar que las normas jurídicas están para ser cumplidas mientras no sean derogadas o modificadas por el Parlamento, pero también lo tiene la correlativa afirmación de que un político debe, en ciertas ocasiones, ir más allá de la estricta legalidad si puede con ello lograr bienes superiores para la comunidad a la que sirve. Lo que sucede es que se trata de un terreno borroso en el que no resulta fácil moverse con seguridad. El Derecho dice, con toda razón, 'fiat iustitia ne pereat mundus' (la justicia debe hacerse, precisamente, para que no perezca la sociedad). Pero la realidad reclama, a veces, que se olvide la justicia en aras de la paz, porque sin paz no hay sociedad donde hacer justicia. Y, no le den más vueltas, así están las cosas. Estamos ante un conflicto irresoluble entre valores, precisamente el tipo de conflicto que el ciudadano impecable de nuestro tiempo no soporta, porque es un ciudadano que ama la tranquilidad que otorga una buena conciencia.

2. ¿Qué se enjuicia en este proceso? Lo que se juzga por la Sala del Tribunal Superior en los próximos días no es esencialmente si el lehendakari y los dirigentes socialistas delinquieron al hablar con Batasuna. Ésa es una lectura sesgada del juicio. Lo que se juzga es si los dirigentes de Batasuna cometieron un delito de desobediencia al celebrar una actividad pública tan típica de un partido, como es la de reunirse con el Gobierno vasco o con el Partido Socialista, a pesar de que el partido radical estaba disuelto por orden judicial (sentencia del Tribunal Supremo de 27-03-2003). Esta sentencia ordenaba expresamente al partido disuelto cesar de inmediato en todas sus actividades, de acuerdo con el texto del art. 12-1-a) de la Ley de Partidos 6/2002, que dice que tras la notificación de la sentencia de disolución procederá el cese inmediato de toda la actividad del partido disuelto, y que el incumplimiento de esa disposición dará lugar a responsabilidad penal. Hay varios argumentos de defensa contra la acusación de desobediencia, y todos serán sin duda esgrimidos en el juicio. El primero, alegar que los dirigentes de Batasuna no actuaban como tales, sino como meras personas particulares en pleno uso de sus derechos. El segundo, basado en la teoría 'ad hoc' que creó el juez Garzón durante la tregua, es el de que en aquellas reuniones no estaban los representantes de Batasuna propiamente dicha, sino de una vaga 'izquierda abertzale' que no se identifica con aquel partido. El tercero, que no existió orden expresa y concreta de no celebrar las reuniones por parte de una autoridad legítima y que sin tal mandato expreso no puede haber delito de desobediencia. Creo que cualquiera puede fácilmente formarse una opinión sobre el peso de estos argumentos.

3. ¿Por qué se juzga entonces a Ibarretxe, López y Ares? Se les juzga porque el juez instructor consideró que eran cooperadores necesarios del delito de desobediencia cometido por los representantes de Batasuna, desde el momento en que sin su colaboración para reunirse públicamente con ésta no se habría podido producir la reunión misma y, por tanto, no habría existido delito de desobediencia. Y la cooperación necesaria a un delito se considera por el art. 28 del Código Penal como un supuesto de autoría del delito mismo. Éste es, probablemente, el punto más discutible y frágil de la acusación, puesto que si bien podría afirmarse en pura teoría que, efectivamente, sin interlocutor con quien hablar no habría habido reunión ilegal, también es cierto que resulta extremoso extender el delito de desobediencia (que requiere una intención específica de desatender un mandato expreso) a quienes no están afectados por ese mandato. Esto es, en el fondo, lo que opinó el Tribunal Supremo en su Auto de 13-11-2006 al rechazar la admisión de una querella del grupo Manos Limpias contra el Gobierno español por haber autorizado la reunión de López y Ares con Batasuna: que no existía ningún mandato expreso al Gobierno o a los dirigentes socialistas prohibiéndoles hacerlo.

4. ¿Y cómo puede entonces el Tribunal Superior juzgar algo que el Tribunal Supremo consideró lícito? Se trata de uno de los puntos peor explicados a la opinión pública, a la que se le suele proporcionar una visión jerárquica de la organización judicial tal que resulta incomprensible que un tribunal inferior pueda sostener un criterio diverso del mantenido por el Tribunal Supremo. Y las cosas no son así en nuestro Derecho, sino que cada tribunal es libre de interpretar y aplicar la ley como considere más razonable y correcto. Sólo la ley es 'fuente de derecho' en nuestro sistema, la jurisprudencia del Tribunal Supremo es sólo un criterio adicional para interpretarla, provisto sin duda de cierto valor para los tribunales inferiores, pero nunca un criterio obligatorio o vinculante. Menos aún cuando, como es el caso, no se trata de una doctrina repetida establecida en sentencias firmes (a eso se llama jurisprudencia), sino una resolución adoptada en un simple auto de inadmisión de una concreta querella. El Tribunal Supremo, sin lugar a dudas, marcó en ese auto un criterio favorable a 'dejar sitio a la política' en materias 'border line' como las que nos ocupan y habría sido prudente que el Tribunal Superior lo acogiese como propio. Pero no estaba obligado a hacerlo.

5. ¿Y para qué tantos testigos y declarantes? Llama la atención del público la amplitud de la prueba que se va a practicar en este juicio, con declaraciones testificales de otros políticos (incluido el presidente y ex presidente del Gobierno español) y de conocidos 'pacifistas profesionales'. ¿Era necesaria? En puridad, la respuesta es sencilla: casi toda la prueba que se va a practicar sobra. Estamos ante un caso en que los hechos son extraordinariamente claros y sencillos y el único problema es su encaje jurídico: en una mañana podría llevarse a cabo toda la prueba pertinente al caso. Lo que sucede es que las defensas de algunos imputados han optado por organizar un típico 'juicio político', con todo tipo de actores de relieve y resonancia mediáticas, para ver de convertir su caso en uno de persecución rabiosa contra la paz y la libertad. Y el tribunal que les juzga, usando de un criterio amplio y garantista, les ha permitido esa exhibición de fuegos fatuos de cara a la galería. Bien está, pero conviene no dejarse deslumbrar por su fulgor: lo que pueda testificar un personaje como Cossiga en este juicio pesa tanto como la opinión de este artículo que están leyendo; es decir, nada.

6. ¿Y qué pasará? Lo más probable, desde el punto de vista jurídico estricto, es la absolución de los políticos institucionales imputados, por lo menos desde mi punto de vista. Aunque la especialidad de los abogados es la de equivocarnos en nuestras predicciones, conviene no olvidarlo. ¿Significará tal absolución que la Sala que instruyó el caso actuó irrazonablemente al imputarles el delito de desobediencia como cooperadores necesarios? Sería una deducción simplista y bastante impropia de un jurista, puesto que es forzoso reconocer que existe un margen de duda y discusión sobre la calificación penal de los hechos que permitía, aplicando criterios exigentes, remitir el caso a su enjuiciamiento público. Dicho de otra forma, no creo que la probable absolución de Ibarretxe, López y Ares conlleve la descalificación automática de los instructores del sumario.

7. ¿Y políticamente? Este juicio público podría haber sido una bomba política, pero diversas circunstancias han hecho que quede desactivado y que, pese a su espectacularidad, no vaya a dejar huella sensible en el devenir de la política española o vasca. En primer lugar, el hecho de que el proceso de final negociado del terrorismo se fuera al traste hace un par de años despojó a este proceso judicial de su principal carga explosiva. En efecto, imaginen lo que habría significado este juicio si el proceso de paz hubiera salido adelante y estuviésemos en este momento en una situación posterrorista: habría sido un verdadero galimatías de contradicciones insalvables, en la que los héroes políticos eran juzgados por haber hecho la paz. Pero como el proceso fracasó, la contradicción puede ser absorbida sin dificultad ni costes especiales por el sistema político en su conjunto, como una especie de daño colateral de un proceso que fue tan poco reflexionado como cargado de voluntarismo y que, en cualquier caso, ya es historia. Se puede asumir como un tributo por lo mal que se hicieron las cosas, cuando se intentó alegremente hacer convivir una política de negociación con un marco legal muy rígido. En segundo lugar, la circunstancia de que figuren como imputados tanto Ibarretxe como López despoja al juicio de la carga victimista que de otra forma lo cargaría de pólvora.

Para el nacionalismo vasco resulta imposible convertir el juicio en la crucifixión de su lehendakari a manos de los sayones del poder español cuando a su lado son también crucificados López y Ares. En esto hemos tenido suerte los ciudadanos, no cabe duda. Y, en tercer lugar, la proximidad de unos comicios en que las formaciones políticas implicadas desean, sobre todo y ante todo, mantener una figura de bajo nivel histriónico y alta seriedad hace que el juicio no sea munición aprovechable para ninguno. Así que, finalmente, este juicio pasará sin pena ni gloria. Que es lo mejor que le puede pasar a la justicia en general: que se note lo menos posible.
«La circunstancia de que figuren como imputados tanto Ibarretxe como López despoja de su carga victimista» al juicio que se inicia el jueves en el Tribunal Superior, sostiene el autor

Arzallus y cierra Euskadi
Pedro de Hoyos Periodista Digital 6 Enero 2009

Yo lamenté profundamente el día en que se jubiló Xavier Arzallus. Hay algunos políticos a los que los columnistas debemos estar profundamente reconocidos porque siempre han sido fuente inagotable de inspiración. Arzallus, Fraga, Fidel Castro… deben figurar eternamente en nuestra agradecida memoria. A medida que su actividad se va apagando todos debemos estar un poco más tristes. Menos mal que Arzallus ha vuelto.

Arzallus es de los políticos con más estrella que en España han sido. Lo que el votante le ha perdonado no está en los escritos, es de los políticos que debe estar más agradecido a la mala memoria del ciudadano. Sólo es comparable a la manga ancha que los ciudadanos tienen con los políticos de izquierdas, a los que se les permite disimuladamente cualquier fechoría verbal sin que nadie se decida a ajustar cuentas con ellos. A Arzallus ni siquiera se le tiene en cuenta uno de los peores pecados que un político puede tener: Ser de derechas, que se lo pregunten a Izquierda Unida, a los que no les importa pactar con la “abominable” derecha… si es la de Arzallus, si es nacionalista.

Al jefe más sectario de todos los políticos españoles, y mira que es difícil esta disputa, sus votantes nacionalistas le disculparon aquella barbaridad del árbol y las nueces. Como le perdonaron aquello tan racista del Rh negativo. O no sé qué otras historias acerca del cráneo vasco. Tamañas barbaridades sólo las puede disculpar un electorado fiel hasta la desmemoria, afecto a la causa nacionalista hasta la falta de iniciativa mental propia. Y entregado a sus líderes cueste lo que cueste, aunque cueste la capacidad hilvanar algún que otro pensamiento crítico.

Vuelve el señor Arzallus, para solaz de los columnistas, a desvariar por donde solía. Nunca ningún hombre dedicado a la política fue tan comprendido por sus electores, ¿por qué a Arzallus se le permite todo? ¿Por qué puede caer en los más abyectos disparates sin que a sus electores les parezca mal? ¿Por qué algunos políticos tienen bula especial? ¿Por qué son tan acríticos sus votantes? ¿Disculparían la misma payasada fascista dicha por otro?

Ahora Arzallus quiere ayudar a pagar la multa al nacionalista que pateó los testículos a un destacado militante del Foro de Ermua. Como semejante pecado lo hubiera cometido un asqueroso españolista íbamos listos… lo que le iba a caer encima a él y a toda España, la de mierda que iba a llover sobre los compañeros de partido del culpable… Ah, pero como el autor es nacionalista vasco todo se le perdona también y hasta Arzallus, sectario donde los haya, tan acrítico con los suyos como hipercrítico con los ajenos, colabora en apoyar la agresión violenta, colabora en defender la violencia como arma política. ¿A qué otro se le perdonaría? ¿Qué otros votantes lo apoyarían? Solo ellos, claro.

Visite aquí mis cuentos y leyendas de la vida cotidiana
http://www.pedrodeh.blogspot.com/

ESPAÑA
Los nacionalistas tantean un nuevo “frente catalán”
A. Fernández. El Confidencial 6 Enero 2009

Algo se mueve en el tablero nacionalista. Especialmente, en el tablero nacionalista catalán. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) quiere consolidar un espacio propio como aglutinante del “voto útil” catalán ante el empuje y la tendencia al alza que tiene Convergència i Unió (CiU). El presidente republicano, Joan Puigcercós, lanzó ayer de nuevo la oferta de una lista unitaria para las europeas, que ya había sido rechazada hace algunos días tanto por los convergentes como por ICV.

CiU e ICV son totalmente “incompatibles”, según afirman dirigentes de ambas formaciones. Algunos incluso subrayan que son “como el agua y el aceite”. Por tanto, la lista quedaría ya limitada a CiU y ERC. En las últimas semanas, según reconocieron diferentes fuentes a El Confidencial, ha habido contactos entre dirigentes de ambas formaciones para discutir sus respectivas posturas y “buscar puntos de encuentro más que divergencias”.

Pero no es el único problema: el secretario general adjunto de Convergència, Felip Puig, puso como condición, también, que Esquerra rompiese amarras con los socialistas, cosa improbable porque la sala de máquinas del gobierno tripartito (PSC, ERC e ICV) funciona meridianamente bien y nadie tiene intención de cambiar el estatus.

La propuesta de CiU
En esta coyuntura, el dirigente convergente Francesc Homs reclamó de nuevo ayer que CiU entre a formar parte de la Comisión Mixta de Asuntos Económicos y Fiscales Estado-Generalitat. En esta comisión, se ventilan los asuntos que afectan a ambas administraciones. Entre otras cosas, se discuten cuestiones sobre la financiación autonómica, lo que daría a los convergentes una cuota de poder de la que carecen en la actualidad, ya que no tienen poder de decisión ni en Madrid ni en Cataluña. La propuesta significa la revitalización del “frente catalán” que intentó hacerse hace unos meses entre el tripartido y CiU, pero que hizo aguas después del verano porque el Gobierno autonómico acaparó todo protagonismo privando a los convergentes de cualquier iniciativa política. Todas las fotos se centraron en el presidente de la Generalitat, José Montilla, o en su representante en las negociaciones, el consejero de Economía, Antoni Castells.

Homs también propuso que el Gobierno catalán “asuma alguna responsabilidad o, como mínimo, un punto de autocrítica”, que se negocie la financiación en base al Estatuto catalán y que “si hemos de recuperar la unidad. nos hemos d ecomprometer a que lo que se vote en Cataluña, se vote en Madrid”.

“Ni está ni se le espera”
Tras la reclamación de Homs, Puigcercós fue claro y aseguró que no es “descartable” que CiU entre en la Comisión Mixta siempre y cuando su actitud sea correcta hacia el tripartito. Es decir, que si se porta bien y deja de criticar toda negociación, puede contar con una mano de los republicanos en este sentido. En las filas socialistas, el comentario de Puigcercós suena a chino. “Ni está ni se le espera”, aseguró un dirigente socialista a El Confidencial respecto a la participción de CiU en la Comisión. Esta misma fuente añade que “la Comisión Mixta está formada por miembros del gobierno central y el autonómico y CiU no es miembro de ninguno de los dos. Por tanto, no es un lugar que le corresponda”.

A pesar de ello, el gobierno autonómico necesita aglutinar en torno suyo el máximo de apoyos posibles y, en este sentido, el brazo de CiU en la negociación de la financiación sería una gran ayuda. Puigcercós criticó ayer el “baile de cifras” que pone CiU sobre la mesa y pidió a la federación nacionalista lealtad, responsabilidad y patriotismo. Los socialistas son más exigentes: que los convergentes reconozcan la autoridad de José Montilla, como presidente de Cataluña, a la hora de negociar con Madrid y acaten su estrategia. A partir de ahí, empezarían a negociar cesiones de responsabilidades a CiU “en comisiones mixtas o incluso en otros ámbitos administrativos”.

La reedición del “frente catalán” no es fácil, pero en la actual tesitura interesa a todos empujar en esta dirección. La negociación de la financiación ha logrado acercar las posturas de ERC y de CiU, que rechazan de plano la oferta de Pedro Solbes. Aunque por motivos distintos, ICV también la rechaza. Y Montilla, como cabeza del Gobierno catalán, ya ha dicho que tal y como está formulada, dicha propuesta no se puede aceptar.

“No podemos decir que el rechazo a la financiación de Solbes nos une. Lo que sabemos es que Montilla está supeditado al PSOE y acabará acatando lo que diga el Gobierno central”, afirma una fuente de CiU. Y concluye: “Hasta ahora, el presidente de la Generalitat no ha conseguido nada y nosotros hemos sido muy pacientes. Nuestra reivindicación pasa por ajustar la financiación a lo que dice el Estatuto, es decir, que se nos dé lo que dice la ley, pero ésa no parece ser la labor del Gobierno catalán, que sólo intentará salvar la cara delante de la opinión pública y que mientras en Cataluña dice una cosa, en Madrid vota otra. Que Montilla haga autocrítica y que escuche nuestras propuestas sería positivo, porque han de cambiar muchas cosas para que a Cataluña se la escuche en Madrid”.
 

Las ayudas del Gobierno vasco superarán los 53,5 millones de euros en 2009
Ibarretxe destina al euskera lo que cuestan diez centros de salud

J. G. La Razon 6 Enero 2009

SAN SEBASTIÁN- El presupuesto de la convocatoria general de subvenciones al euskera realizado por el Gobierno vasco superará en 2009 los 13 millones de euros, que, sumados a otro tipo de fondos, como los concedidos por HABE (euskaldunización de adultos) o los convenios con universidades, elevan el total de las ayudas a los 53 millones y medio de euros, lo mismo que costaría la construcción y puesta en marcha de diez centros de salud. Este presupuesto supone un incremento del 60 por ciento con respecto a la anterior legislatura, según informó ayer el viceconsejero de Política Lingüística del Ejecutivo vasco, Patxi Baztarrika, quien manifestó que los objetivos que persiguen estas ayudas son «fortalecer e incrementar el uso del euskera en la vida diaria e impulsar su normalización».

La parte más importante de las ayudas irá destinada a las empresas privadas propietarias de medios de comunicación, con especial consideración a los medios en euskera. Además, las ayudas para los proyectos del ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación, así como los socioeconómicos y laborales, también ven incrementado significativamente su porcentaje de inversión, informa Vasco Press. Baztarrika insistió en que el 80 por ciento de las ayudas para la promoción del euskera en las administraciones públicas proviene del Gobierno Vasco. Pero estas cifras no se quedan ahí. Como ya adelantó LA RAZÓN, la mitad de la partida total destinada a Cultura se dedica a la radio y televisión vasca (317 millones). Destinarán 11 millones a consolidar dos nuevos canales, apesar de que se prevé un descenso de la publicidad de un 12 por ciento.

Cultura extiende las exigencias éticas a todas las ayudas al euskera
El requisito de no justificar la violencia u ofender se aplicaba a los 'euskaltegis'
V. MONTERO - San Sebastián El Correo 6 Enero 2009

Empezó el pasado año por los euskaltegis y ahora la Viceconsejería de Política Lingüística ha extendido a todos sus programas de ayudas para promocionar el conocimiento y uso del euskera el requisito de que los proyectos subvencionados no incorporen elementos "ofensivos" para los ciudadanos o elementos que sugieran "justificación de la violencia", según confirmó ayer su titular, Patxi Baztarrika.

Ya desde este curso 2008-2009, las ayudas que la Viceconsejería de Política Lingüística concede a través de HABE (Instituto de Alfabetización y Reeuskaldunización de Adultos) tanto a los euskaltegis públicos como privados están sujetas al cumplimiento de este precepto, que dice textualmente: "Las entidades beneficiarias deberán respetar los derechos humanos y los valores de la convivencia entre las personas y, en consecuencia, no podrán tener expuestos al público símbolos o elementos que, en relación a los mismos, puedan resultar ofensivos para los ciudadanos, vulneren la dignidad de los usuarios o sugieran justificación de la violencia".

Las ayudas a los euskaltegis para el presente curso ascienden a 31,6 millones de euros, a repartir entre los algo más de cien centros de la comunidad autónoma. Durante el próximo curso 2009-2010, el montante subirá hasta los 35,4 millones de euros.

La Viceconsejería de Política Lingüística ha dado un paso más y ha extendido sus exigencias éticas a los programas de ayudas con los que pretende potenciar el uso del euskera en todos los ámbitos diarios de la vida, desde el social y laboral, hasta el de las nuevas tecnologías. Las subvenciones previstas en este caso para este año alcanzan los 13,1 millones de euros y su convocatoria se publicó el pasado 26 de diciembre. La lista de potenciales beneficiarios es amplia: asociaciones, medios de comunicación, portales web, ayuntamientos, empresas..., que deberán cumplir el nuevo requisito en los proyectos que presenten.

Pese a este amplio abanico, que, en principio, podría abrir las posibilidades de que surgiera algún conflicto, Baztarrika se mostró ayer convencido de que, por este nuevo requisito para percibir ayudas, no se va a quedar fuera de las subvenciones ningún proyecto que hasta ahora recibía financiación. "Estoy seguro de que no", afirmó.

El nuevo requisito, en cualquier caso, sólo se ha introducido en los programas de ayudas de la Viceconsejería de Política Lingüística, y no en las que concede la Viceconsejería de Cultura. Por ejemplo, no figura siquiera en la convocatoria de subvenciones hecha en diciembre para el desarrollo entre los jóvenes de "programas y actividades de educación y cultura de paz". Cada viceconsejería diseña sus programas de ayudas, aunque siempre en coordinación y con el visto bueno de la consejera, Miren Azkarate, quien es en última instancia la que firma las órdenes de convocatorias de subvenciones, según precisó Baztarrika. Quiso dejar así claro que no existen contradicciones dentro del departamento.

"Nosotros diseñamos nuestros programas de ayudas y hemos incluido este requisito porque entendemos que era de interés hacerlo. Sin más", insistió el viceconsejero.

Además de las subvenciones a los euskaltegis y de la convocatoria general de ayudas, Política Lingüística contempla otras vías para fortalecer el uso del euskera, que es su objetivo último. Firmará convenios por un valor total de 4,1 millones de euros con entidades diversas, como Euskaltzaindia, la ONCE y Eudel. Rubricará también convenios con universidades por un montante de 355.500 euros para consolidar el programa de lectores Euskera y cultura vasca. Y destinará 600.000 euros a ayudar al gran comercio a adaptarse al nuevo decreto de derechos lingüísticos de los consumidores. En total, 53,6 millones de euros.

Convocatoria de 13,1 millones
- La convocatoria de ayudas por valor de 13,1 millones de euros se repartirá en cinco programas:
- Las asociaciones que lleven a cabo actividades para potenciar el uso del euskera en la vida social podrán optar a ayudas por un valor total de 1,3 millones de euros.
- Las subvenciones para medios de comunicación privados en euskera ascienden a 5,7 millones.
- Las ayudas a aplicaciones en euskera para las TIC suman 1,6 millones.
- El desarrollo de planes generales de promoción del uso del euskera en ayuntamientos y organismos municipales se beneficiará de 1,7 millones.
- Las empresas privadas que promocionen el euskera en su ámbito socioeconómico y laboral podrán acceder a 2,7 millones.

 

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