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Recortes de Prensa    Miércoles 7 Enero 2009

Los Reyes Magos no hablan catalán
ANTONIO BURGOS ABC 7 Enero 2009

TENÍA entendido que entre los muchos gastos superfluos, suntuarios y suprimibles de los que se han subido al carro del que tenemos que tirar todos se encontraban las ingentes cantidades derrochadas en el montaje de las embajadas (de la Señorita Pepis) de Cataluña en el exterior. Embajadas que me extraña que no hayan sido objeto de trato y chalaneo en las conversaciones entre ZP y los presidentes autonómicos. Si Cataluña tiene embajadas en el exterior, ¿por qué no ha de tenerlas La Rioja? ¿Será por embajadas?

Esas conversaciones son la versión 2009 del famoso «Café para todos» de Clavero cuando se empezaba a armar este rompecabezas que ahora comprobamos fue locura, el llamado Estado de las Autonomías. Entonces todo el mundo se pedía un territorio, una bandera, un gobierno, un parlamento, unas transferencias, unos funcionarios para atenderlas y unos presupuestos para pagarlas. Ahora, todo el mundo se pide un fondo especial. Los fondos especiales, con su proliferación, han dejado de serlo. Como habrá un fondo para las regiones que han crecido muchos habitantes, para que las otras no sean menos, ZP dispone un fondo para las que han perdido población. Como habrá un fondo para las regiones más ricas, para que las pobres no sean menos, habrá un fondo especial para las autonomías tiesas como una mojama de Ayamonte. Y así sucesivamente. No pierdo la esperanza de que, puestos así, ZP nos conceda un fondo especial a los bajitos, que nos compense de que nunca podamos ser fichados por la Liga ACB o por la NBA.

En el caso de las embajadas catalanas que refiero, la festividad de los Reyes Magos de Oriente me ha deparado el conocimiento de su necesidad, con un caso real como la vida misma. Me lo cuenta un lector andaluz, con hijo emigrante, para que luego digan que los emigrantes son ya todos sudacas y que nosotros no vamos a Cataluña a buscar el currelo. Este lector me cuenta esta verídica historia sobre la fiesta de Reyes Magos que acaba de pasar:

«Tengo un hijo que trabaja en un hotel de postín en Barcelona. Tan caro es que allí no van catalanes, que como usted sabe son bastante aficionados a no gastarse un duro, por el supremo principio nacional de «la pela es la pela». Días atrás, la dirección del hotel propició una entrega de juguetes por los Reyes Magos para los niños de los empleados. Mi hijo se ofreció para representar a Melchor; un compañero alemán hizo de Gaspar; y un turco morenito que también trabaja en el hotel, de Baltasar. En el salón preparado «ad hoc» había lo menos cien niños que, con ojos como tazones, se iban acercando, acompañados de sus padres, al estrado donde los esperaban los Reyes Magos con los regalos. Según el protocolo, los monarcas, lejos de inspirar excesivo respeto, debían mostrarse cercanos a los pequeños, coger a los niños, tomarlos sobre sus rodillas, besarlos y dirigirles palabras cariñosas. Pronto observaron que los niños no respondían a las amables preguntas de los Reyes:

-Oye, Yordi, ¿has sido bueno en el colegio?
Silencio. Yordi no decía ni pío.
-Ruser, linda, ¿te has portado bien con tus papás y te has llevado bien con tu hermanito?
Y la Ruser, de Belinda. En éstas, una madre, con un deje de un si es no es reprimenda, le soltó al Rey Melchor:
-¿No podría hablarles en catalán? Es que el noi no entiende castellano.

Melchor, ingenioso y rápido de reflejos como buen andaluz, tuvo la feliz respuesta que nos explica muchas cosas. Le dijo a la madre de la criaturita víctima de la prohibición de aprender la constitucional lengua española en las escuelas de una parte de un territorio nacional:

-Mire señora: nosotros venimos de Oriente y en Oriente no se habla catalán.
Ni Dios lo permita, que habría añadido Lola Flores».

En Oriente no se hablaba catalán hasta ahora. En cuantito que el nacionalismo catalán repare en esta carencia inadmisible de los Reyes Magos, seguro que montan una embajada en Oriente para que Melchor, Gaspar y Baltasar aprendan la lengua del imperio. Y para que de paso se coloque allí con un sueldazo un hermano de Carod Rovira, claro.

2008: el año de las patrañas (The bah-humbug year)
Francisco Rubiales Periodista Digital 7 Enero 2009

El año 2008 ha muerto dejando una herencia amarga y de fracaso a un país que, víctima del mal gobierno y de la crisis, retrocede y se hunde. Ha habido errores, pero´, sobre todo, mentiras. Para España, el 2008 ha sido "el año de las patrañas".

Las patrañas las ha dicho el rey en su discurso de Navidad, hablando de pamplinas mientras olvidaba los dramas que acosan a los españoles, desde la pobreza que galopa hasta el déficit democrático, sin olvidar la corrupción y los abusos del nacionalismo mimado por el gobierno. También han dicho patrañas casi todos los ministros del gobierno, con Solbes, Bermejo y Magdalena Álvarez en dura competencia por el liderazgo. Las ha dicho la oposición y miles de politicuchos de todos los rangos desde cualquier rincón de España, pero las ha dicho, sobre todo, el presidente Zapatero, campeón absoluto de la disciplina del engaño, que más que un fiel seguidor de la moderna doctrina del "storytelling" (contador de historias), gobierna como un "lietelling" (contador de mentiras).

La confianza de los españoles se ha ido en 2008 por las cañerías, huyendo de una manada de dirigentes engañabobos que no han tenido escrúpulos al utilizar la mentira para gobernar y mantener su dominio. Nos dijeron que serían austeros, pero han comprado demasiados coches de lujo, se han subido los sueldos demasiadas veces y han multiplicado el número de asesores y enchufados en la nómina del Estado; nos dijeron que no subirían los impuestos, pero no sólo los suben sino que han disparado el despilfarro y no les ha temblado el pulso a la hora de endeudar a las tres próximas generaciones de españoles; nos dijeron que la economía española era más fuerte que las demás, que la crisis viene de Estados Unidos, que garantizarían nuestros ahorros, que en el 2009 comenzará la recuperación, que los bancos españoles no tienen problemas y que, aunque aumente el desempleo, el Estado nos cuidará.

Patrañas...
El ciudadano español ha sido en este año aciago el sufrido receptor de las patrañas del poder y la mayor víctima del pésimo liderazgo político, mentiras y engaños avalados y repetidos hasta la saciedad por la prensa sometida al poder.

Pero la verdadera víctima del peor año desde la muerte de Franco ha sido España, una nación vapuleada por sus políticos hasta hacerla retroceder en el tiempo, a la que han arrebatado la democracia que creía poseer, la convivencia que quería construir y gran parte de los valores que sostenían su estructura como proyecto común.

A España, sus políticos le han arrebatado durante 2008 valores y logros que garantizaba la Constitución, como la unidad nacional, que se ha resquebrajado, la cohesión, llena de grietas, la igualdad, martilleada por prácticas demenciales de gobierno, leyes y estatutos, como el de Cataluña, paradigma de la asimetría y de los privilegios para las regiones ricas, la Justicia, politizada y manoseada por los políticos y sus partidos y el mismo concepto de la democracia, prostituida por una partitocracia que, a traición y con alevosía, la ha transformado en una oligocracia de partidos plagada de privilegios, despilfarro y corrupciones.

Nuestros políticos nos han mentido hasta humillarnos y lo han hecho sin pudor, únicamente para ganar votos y poder. De manera inmoral, amparándose en la autoridad y capacidad prescriptora que posee el poder, han negado la existencia de la crisis, incluso cuando sus estragos ya eran visibles. Millones de españoles mentalmente débiles, manipulados y adormecidos, han creído las mentiras de los políticos, incluso cuando han pasado a engrosar las filas del desempleo y la pobreza.

La oposición no ha sido mucho mejor que el gobierno porque ha cambiado y traicionado los postulados y principios con los que se presentó a las elecciones. Para parecerse más al PSOE, ha relegado o tirado por la borda a sus dirigentes más íntegros y a valores que defendió siempre, mientras elevaba al máximo rango a perdedores contumaces, con el propio Mariano Rajoy al frente. La estrategia nueva es esperar, sin hacer ruido, a que el gobierno se desgaste y les toque mandar a ellos. Más que una estrategia es una estafa a ciudadanos que esperan de la oposición un programa distinto y capacidad para convocar la ilusión, el esfuerzo colectivo, la moralidad, la verdad y la dignidad, valores escasos en el torcido mundo de Zapatero.

El fin del 2008 ha sorprendido a España con la conciencia sucia, con una masa creciente de ciudadanos plenamente conscientes ya de que su democracia es una cloaca y que su país está gobernado por una partitocracia cuyas injusticias y abusos quedan sin castigar porque la ley actual, en muchos casos arbitraria y antidemocrática, está hecha y funciona para beneficiar al poder.

Quizás lo mejor del año que hemos enterrado haya sido su poder terapéutico, el haber enseñado a muchos ciudadanos, a través de decepciones, frustraciones y desilusiones, que España no es una democracia, ni nada que se le parezca, sino un sistema oligárquico monopolizado por unos partidos y unos políticos que anteponen sus intereses y privilegios al bien común. Aunque lenta y penosamente, los españoles empezamos a comprender que las patrañas de nuestra clase política nos llevan directamente al retroceso, al derrumbe de la convivencia, a la ruina de los viejos valores y a los comedores de Cáritas.

Y 2008 nos trajo también algunas esperanzas, pequeñas pero con una luz brillante que concitan la ilusión: aumentan la conciencia ciudadana, el ansia de libertad, el deseo de limpieza y el desprecio al mal gobierno y a los malos políticos: , nacen y crecen algunos partidos políticos nuevos, como UPyD y Ciudadanos, empeñados en ser honrados y fieles a la democracia y decididos a no parecerse en nada a los dos monstruos que nos empujan hacia el pozo: el PSOE y el PP.

F. Rubiales
Voto en Blanco

¿Exiliados en España?
Germán Yanke Estrella Digital 7 Enero 2009

Las citas electorales del próximo 1º de marzo son importantes no sólo para los ciudadanos de las dos comunidades autonómicas que celebran comicios, sino para el conjunto de los españoles. Nadie es ajeno a lo que ocurre en su vecindario. Creo no exagerar si afirmo que todos nos jugamos más en el País Vasco, en donde es más que posible que ocurra lo que no ha sucedido desde el comienzo de la Transición, que los nacionalistas vascos tengan que abandonar el poder obligados por las urnas.

En ese contexto reaparece de nuevo la iniciativa que pretende que puedan votar los ciudadanos que hayan tenido que abandonar el País Vasco por lo que se ha dado en llamar "violencia de persecución" y que, como todo el mundo sabe, adquiere variadas formas. Son muchos los que se han marchado por motivos políticos y seguramente la inmensa mayoría de ellos no son votantes nacionalistas. Este año puede ser posible que el PNV no logre formar Gobierno con los aliados que hasta ahora ha tenido y que, por el contrario, los números faciliten una alternancia no nacionalista encabezada por Patxi López. Pero también es verdad que lo probable no es seguro y que en anteriores convocatorias electorales la diferencia de votos a favor de los nacionalistas ha sido bastante reducida. Se entiende, por tanto, que el voto de esos ciudadanos que se han marchado obligados de uno u otro modo podría ser decisivo.

Hubo técnicos del último Gobierno de Aznar que estudiaron el asunto buscando alguna reforma legal que hiciera posible ese voto. Luego lo propuso el Foro de Ermua. Ahora, de nuevo, algunas asociaciones, incluida la de Víctimas del Terrorismo, se suman a una iniciativa particular en el mismo sentido. El planteamiento, sin embargo, se basa en una equivocación semántica y, como las palabras son las que reflejan las ideas, en un error de fondo. Se dice, formal y materialmente, que deben poder votar en el País Vasco los "exiliados" que han tenido que huir a otros lugares de España, pero los ciudadanos con vecindad administrativa en aquella comunidad autónoma que ahora viven en el resto de España no son ni pueden ser de ninguna manera "exiliados". Viven en su país, comparten iniciativas con sus conciudadanos, votan en su país. Nada más pernicioso que el hecho de que, del modo que sea, sean tratados con una suerte de compasión por los extranjeros que sufren persecución.

Lo que se debería pedir es el compromiso de todos ellos para seguir empadronados en el País Vasco y poder votar en esa Comunidad y participar así del futuro de sus instituciones. Ése es el requerimiento que se puede hacer a todos ellos. Y al Estado y su Gobierno no hay que exigirle que modifique las leyes para que voten allí de cualquier manera, sino su obligación de garantizar que ningún ciudadano español, viva en el País Vasco o no, sufra esa "violencia de persecución". Pedir la reforma de la ley electoral para no exigir al Estado el cumplimiento firme y enérgico de sus obligaciones es un contrasentido y una suerte de pésimo sucedáneo de lo que debería hacerse.

Reyes Magos de América
Manuel Molares do Val Periodista Digital 7 Enero 2009

Un llamativo titular del diario “La Prensa” de Nueva York decía el domingo, 4 de enero: “Los Reyes Magos toman la Gran Manzana”, y algo similar aparecía en nueve de los principales periódicos hispanos de EE.UU., incluyendo “La Raza” de San Francisco y “La Opinión” de Los Ángeles.

Hay algo además del idioma que quedó de España en toda América: la festividad de los tres Reyes Magos, que estaba desapareciendo en la tripa de Santa Claus, pero que ha renacido con creciente fuerza entre los niños de familia hispana.

Emoción y rito que en España compite también contra Santa, y ahora contra rivales sacados de un folclore reinventado en regiones con nacionalistas que quieren erradicar toda tradición ensambladora de la nación.

Los Reyes tienen fuerza renovada en distintos países latinoamericanos, lo que podría atribuirse a la buena imagen en ellos de la monarquía española. Ahora los niños latinos tienen las dos fiestas y dobles regalos con Santa, que en España es Papá Noel, y los Reyes

Pero lo sorprendente es el caso de EE.UU., donde la presencia de los Magos se ha generalizado entre latinos, en parte debida a la reciente alianza de los principales medios escritos hispanos, antes rivales, en un proyecto común llamado Impre (impre.com).

Unos son de origen puertorriqueño y centroamericano en Nueva York, cubano en Florida o mexicano, en Texas y California. Hace pocos años mantenían una fría relación por la rivalidad de sus respectivos orígenes nacionales.

Pero los ha cohesionado el dinero de la publicidad, asociada para un mercado que camina hacia los cincuenta millones de consumidores crecientemente bilingües.

Y todos, a diferencia de España, buscan lo que articula su carácter e intereses comunes, no lo que los separa.

Y aquí están los Magos, que hasta presentan recetas unificadas para el roscón de Reyes, un placer bucal para quienes hablan español exportable para los hablantes de inglés. Roscón bilingüe.

Hamás provoca, Israel responde
Una vez más los titulares no dejan ver la verdadera naturaleza del campo de batalla. Hamás provoca, Israel responde y los civiles se inmolan involuntariamente en el altar del fanatismo de los ayatolás palestinos.
EDITORIAL Libertad Digital 7 Enero 2009

El patrón es siempre el mismo, tanto en el conjunto de la guerra como en cada uno de sus episodios aislados. Los terroristas de Hamás provocan el enfrentamiento, se parapetan detrás de la población civil e Israel termina respondiendo. El grave conflicto armado que en estos días castiga la Franja de Gaza es responsabilidad única de la organización terrorista Hamás, que, desde hace varios años, busca la guerra abierta con Israel a sabiendas de que las víctimas van a ser en su mayoría civiles palestinos.

Son esos inocentes, niños, mujeres y ancianos convertidos en escudos humanos por los que dicen liberarlos de una inexistente opresión israelí, el verdadero combustible de esta guerra. Hamás lo sabe, conoce el poder de convocatoria de su causa en Occidente y lo persuasivas que pueden llegar a ser en las conciencias europeas las imágenes de niños moribundos y cadáveres de civiles apilados en una improvisada morgue. El valor de un niño palestino se cifra en lo útil que pueda ser su muerte para la propaganda exterior, la que, izquierda europea mediante, permita a los mandamases de Hamás perpetuar sine die la guerra sin cuartel contra Israel.

El último capítulo de este sinsentido es el ataque sobre dos escuelas que habían dejado de serlo y que los terroristas utilizaban como polvorines. No contentos con ello, con poner en riesgo la vida de un sinnúmero de inocentes, y con idea de incitar a los blindados israelíes a disparar sobre los edificios, emprendieron el ataque desde las escuelas esperando respuesta. La operación, suicida y abyecta donde las haya, se ha saldado con 43 muertos y decenas de heridos, entre los que se encuentran multitud de civiles cuya desgracia está ya siendo utilizada ignominiosamente por Hamás en los medios de comunicación de todo el mundo.

Ante semejante panorama de devastación sin paliativos sólo cabe preguntarse con honestidad quién es más bárbaro, ¿el que ataca a un edificio que era una escuela o el que convierte la escuela en un polvorín, la llena de rehenes y convierte el lugar en primera línea de frente exponiendo a los rehenes a una muerte segura? Indudablemente el segundo. El ejército israelí, a pesar de la campaña intensiva de desprestigio internacional que está sufriendo, hace todo lo posible por minimizar el número de bajas civiles en este conflicto. Avisó con antelación por correo a los pobladores de Gaza instándoles a abandonar las casas donde hubiese armas, pues éstas serían objeto preferente de los ataques. Ha puesto toda su tecnología bélica al servicio de la precisión y prefiere no atacar, sino es en defensa propia, ante la duda de matar a los rehenes civiles que Hamás utiliza con profusión.

Los terroristas palestinos actúan de un modo totalmente inverso. Tratan por todos los medios de maximizar las víctimas civiles, las de ambos lados de la frontera. Llevan más de tres años lanzando cohetes y secuestrando civiles en territorio israelí, a pesar de que Israel abandonó en 2005 la Franja de Gaza dejando a sus habitantes libres de formar su propio estado. Una vez el conflicto ha pasado de un lado al otro de la valla, la obsesión de Hamás es que mueran cuantos más palestinos mejor para explotar más eficazmente el odio antijudío en la Franja y, sobre todo, para obtener los jugosos réditos que le ofrece la prensa europea. Una vez más los titulares no dejan ver la verdadera naturaleza del campo de batalla. Hamás provoca, Israel responde y los civiles se inmolan involuntariamente en el altar del fanatismo de los ayatolás palestinos.

Israel
El odio en el tiempo
La democracia donde encontraron cobijo los supervivientes del Holocausto sobrevive hasta hoy, pero tal supervivencia está condicionada: debe ganar todas las guerras que se le declaran. Y también las que no se le declaran, como la del terrorismo.
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 7 Enero 2009

No lo reconocerán, pero un tufo racial impregna el leve análisis, el borroso esbozo de relato que se entrevé en los titulares de la prensa española cuando trata los acontecimientos de Gaza. Transmitido el mensaje, transmitido el prejuicio. Con asombrosa facilidad, el progre reproduce los viejos clichés del judío como financiero sin escrúpulos, del judío como conspirador, controlador de hilos invisibles, miembro de un grupo de intereses ajenos u opuestos al de la sociedad.

Es decir, el tipo de clichés creados por la propaganda zarista hace más de un siglo para legitimar los pogromos, paradójica e inquietantemente retomados por Lenin en su análisis del imperialismo y catastróficamente reactivados por el nazismo tras pasar por el filtro esotérico, deformación y excrecencia post romántica.

El progre ignora, claro, las fuentes envenenadas de donde bebe porque la ignorancia (y el prejuicio, y el sentimentalismo) lo definen. Curioso espécimen de ignaro resabiado, de zafio envanecido, rebosante de indignación moral, presto a la simplificación de lo complejo, a la búsqueda compulsiva de buenos y malos. Y al encaje de estos últimos, ay, en el mismo espacio del estigma donde colocaron al judío, por ceñirnos sólo a la época moderna y contemporánea, las masacres de mediados del siglo XVII, de finales del XIX y de mediados del XX.

Desde su Declaración de Independencia de 14 de mayo de 1948, basada en resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas, Israel pudo haber convivido en paz con un segundo estado árabe de nueva creación. Pero los vecinos no aceptaron la existencia de Israel, y la misma noche del día 14 empezó el ataque aéreo desde Egipto. A las pocas horas, todos sus vecinos lo invadieron. "Esta será una guerra de exterminio y una masacre impetuosa", proclamó el secretario general de la Liga Árabe.

La democracia donde encontraron cobijo los supervivientes del Holocausto sobrevive hasta hoy, pero tal supervivencia está condicionada: debe ganar todas las guerras que se le declaran. Y también las que no se le declaran, como la guerra sin normas del terrorismo, la misma lacra que amenaza la pervivencia del Occidente libre beneficiándose de esa insufrible estupidez europea que insta a tratar al terrorista –infinitamente peor que un soldado enemigo– de forma infinitamente mejor que a un soldado enemigo: sin usar el ejército.

Último capítulo, por ahora, de un estigma trazado sobre un prejuicio estrictamente racista que aún remueve las más destructivas inclinaciones de nuestra civilización. La única civilización. Aquella a la que Egipto, Jordania o la Autoridad Nacional Palestina quisieran pertenecer. No así el lado salvaje de Occidente, cuya reciclada bilis centenaria la prensa insiste en complacer.

Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Defensa de Israel
Combatientes en Gaza
Un edificio que almacena armamento, donde se preparan ataques y desde el que se lanzan cohetes y morteros contra el enemigo es una instalación militar, por mucho que un letrero en la puerta diga "escuela".
GEES Libertad Digital 7 Enero 2009

Si existe un deber moral y político de todo Gobierno en guerra es el de mantener a sus ciudadanos lo más lejos posible del conflicto militar. Y ello por una cuestión básica: la única justificación de la guerra es la defensa de los propios y ésta empieza por mantenerlos a salvo de los choques militares. Por eso un Ejecutivo cuya prioridad durante un enfrentamiento militar no sea mantener a sus mujeres y niños alejados, cuanto más mejor, del combate, es un Gobierno inmoral e ilegítimo.

La distinción combatiente-civil se marca primero en el propio bando. Por eso, las naciones civilizadas señalan con claridad los lugares inequívocamente civiles, hospitales o campos de refugiados, y por eso el clásico derecho de guerra los consideraba intocables y veía cómo la peor aberración posible era la utilización de éstos con fines militares. Un país en guerra siempre debe procurar el máximo refugio posible a sus civiles, porque a ellos se debe.

El carácter militar o civil de una persona o lugar estriba en su finalidad. Una persona cuyo objetivo es hacer la guerra es un combatiente; una instalación cuya finalidad sea hacer la guerra es una instalación militar. A Hamás no se le puede exigir que evite las bajas entre sus civiles. Pero sí se le debe exigir que haga todo lo posible por evitarlas. Evidentemente no es así, y a nosotros no nos coge de sorpresa, aunque algunos fingen indignación. En Gaza, un médico que esconde bajo las camas de su hospital un arsenal no es un civil, es un combatiente disfrazado de civil, que es algo muy distinto y bastante más repugnante; y un maestro que utiliza las aulas con fines militares es un combatiente. Que utilice mujeres y niños –con o sin su consentimiento o conocimiento– no lo hace un civil, sino un combatiente que utiliza a los suyos militarmente involucrándolos en el conflicto y haciéndolos parte de él.

El caso de Hamás es de una aberración inhumana. Desde hace veinte años se marca como objetivo el asesinato de israelíes de toda condición, militares o civiles. No sólo no tiene interés en diferenciar entre combatientes y no combatientes, sino que siendo éstos últimos un blanco más fácil, no duda en dirigir sus ataques contra ellos. Pero lo malo no es que Hamás busque aniquilar a los civiles que considera sus enemigos. Lo malo es que busca deliberadamente borrar esta distinción entre los propios palestinos, entre aquellos que están a su cargo, lo que constituye un crimen de lesa humanidad.

Un edificio que almacena armamento, donde se preparan ataques y desde el que se lanzan cohetes y morteros contra el enemigo es una instalación militar, por mucho que un letrero en la puerta diga "escuela". Lo mismo puede decirse de viviendas, hospitales y mezquitas. Un edificio cuya finalidad es rezar es una mezquita; un edificio cuya finalidad es curar enfermos es un hospital; un edificio cuya finalidad es albergar a una familia es una vivienda. Deben ser intocables. Pero un edificio utilizado para lanzar cohetes, preparar ataques y almacenar armas es una instalación militar, aunque en la puerta cuelgue el letrero de "mezquita", "hospital" o "vivienda". Lo civil no es lo que uno dice que es civil, sino lo que es ajeno a lo militar, que es bien distinto. Un cuartel militar pintado de rosa no deja de ser un cuartel militar.

Durante años, la democracia israelí ha protegido a los civiles de los miles de cohetes yihadistas, desarrollando sistemas de protección para los suyos, con la finalidad de salvar sus vidas. Mientras, Hamás –movimiento totalitario– ha hecho justo lo contrario: militarizar la sociedad palestina, mezclando lo civil y lo militar hasta límites que podemos llamar estrictamente belicistas, convirtiendo la sociedad palestina en parte de la estrategia de guerra de aniquilación contra Israel. Resulta absurdo decir una y otra vez que no está militarizado lo que Hamás ha militarizado y dice que ha militarizado.

Y hoy, conforme la ofensiva israelí avanza, todo parece indicar que esta actitud se intensificará. Cada vez más, los no-combatientes serán fagocitados por Hamás en el conflicto. Mientras el Gobierno de Hamás los coloca en línea de tiro, son los israelíes los que más empeño están poniendo en evitar la muerte de civiles palestinos. Conforme las hostilidades avanzan, queda más claro que Israel representa el bando de la moral y la humanidad en la guerra, y Hamás el de la inmoralidad de la guerra total. Por ello debemos desear que la victoria israelí sea clara y rotunda. Las dificultades son muchas. Veamos si lo pueden conseguir.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Críticas de Zapatero
El demagogo desproporcionado
Zapatero es el paradigma del demagogo político contemporáneo, porque esgrime el concepto de desproporcionalidad allí donde no puede utilizarse sin riego de ser tildado de loco, o peor, de un mal gobernante que ha renunciado a su sagrada obligación.
Agapito Maestre Libertad Digital 7 Enero 2009

Hoy no hallo fácilmente la expresión para juzgar las declaraciones de Zapatero sobre el conflicto en la Franja de Gaza. Podría eludirse el problema desconsiderando esas declaraciones por analfabetas y atrabiliarias. Pero, desgraciadamente, creo que hay algo más que estulticia y maldad en sus palabras. Están llenas de locura. De resentimiento de mal gobernante. No se me ocurre el término exacto para nombres y especies, voces y gestos, discursos y rumores, que surgen del Gobierno de España sobre ese trágico conflicto de Medio Oriente. A falta de mejor expresión, me atrevería a decir que hay un abandono absoluto de la principal obligación de todo gobernante, a saber, distinguir entre un estado de guerra y otro que no lo es.

Quien no sabe reconocer una situación de guerra, sencillamente, vive instalado en la locura. Cualquier cosa puede esperarse de un hombre de este jaez moral. Nada es previsible. Quien no es capaz de distinguir, como dice Maquiavelo, entre el que es guerrero y el que no lo es, en mi opinión, no sólo es un mal gobernante sino que está incapacitado para cualquier tarea de Gobierno. Sería necesario que hubiera alguna ley, procedimiento jurídico o similar, que permitiera a los gobernados internar y alejar del cargo a los políticos que renuncian a su principal obligación. El uso que ha hecho Zapatero del término "desproporcionado" para criminalizar a Israel daría para más de un argumento a favor de mi tesis.

Aunque la escrupulosidad es rara en el periodismo, creo que ha habido suficientes análisis inteligentes en la prensa española sobre las palabras de Zapatero como para tomarse en serio a alguien que hace de la locura una situación de normalidad. El editorial de ayer de este periódico es un ejemplo de lo que digo, al convertir el vocablo "desproporcionado" –utilizado por Zapatero para comparar las acciones terroristas de Hamas con la acción de guerra de Israel en la franja de Gaza– en objeto de un serio análisis político sobre el destrabado "discurso" del presidente del Gobierno acerca del conflicto árabe-israelí.

A todas luces, según el análisis del editorialista, la torpeza y maldad de las palabras de Zapatero le impide mediar, como él por otro lado demanda, entre palestinos e israelíes. Poco más puedo decir yo a esa contundente conclusión, excepto que quizá podría añadirse una nota más, la de la demagogia, a la crítica de la "desproporcionalidad" de la que habla Zapatero. En efecto, quien habla de desproporcionalidad es, generalmente, un demagogo que desconoce que es la "proporción". Demagogo es el hombre que compara lo incomparable; el demagogo es un individuo que está a un paso de la perversión, por ejemplo, la mayoría de quienes comparan al criminal con la victima lo hacen, casi siempre, para ocultar su asesinato. Demagogo es el político que compara un asunto de simple orden público con una acción de guerra. Demagogo es, por lo tanto, Rodríguez Zapatero, porque pretende hacernos creer que los misiles que lanzan los terroristas palestinos de Hamas contra los ciudadanos de Israel son poco menos que un juego de niños contra los ataques del ejército israelí contra la banda de Gaza.

Pero, sobre todo, Rodríguez Zapatero es el paradigma del demagogo político contemporáneo, porque esgrime el concepto de desproporcionalidad allí donde no puede utilizarse sin riego de ser tildado de loco, o peor, de un mal gobernante que ha renunciado a su sagrada obligación, a saber, reconocer el ámbito de la guerra. Y de la paz. Quien no es capaz de sentir ni de concebir que la política limita a un lado con la guerra y a otro con la paz, sin duda alguna, puede llamarse "loco" o infame. Hace siglos, Nicolás Maquiavelo nos los enseñó de modo preciso:

Entre las demás raíces del mal que te acaecerá, si por ti mismo no ejerces el oficio de las armas, debes contar con el menosprecio que habrán concebido para con tu persona, lo que es una de aquellas infamias de que el príncipe debe preservarse. Entre el que es guerrero y el que no lo es no hay ninguna proporción.

****************** Sección "bilingüe" ***********************

Todas las lenguas del presidente

Roberto Blanco Valdés La Voz 7 Enero 2009

Aprovechando la firma del decreto de convocatoria de las próximas elecciones autonómicas, Emilio Pérez Touriño ha vuelto a demostrar que, si se le da la oportunidad, nunca pierde la ocasión de equivocarse. Y así, confundiendo una vez más su posición como presidente de la Xunta y como líder socialista, Touriño ha dirigido al país una supuesta declaración institucional que tiene mucho más en realidad de oportunista mensaje de partido.

Aunque en él se contienen varias afirmaciones de una autocomplacencia fabulosa -como la relativa a la pretendida transparencia de la Administración del bipartito «libre de aquelas zonas escuras onde sabíamos que algo ocorría, pero case ninguén sabía que ocorría», afirmación que juzgada a la luz de lo que acaba de suceder, por ejemplo, con el concurso eólico, resulta grotesca- hay una parte de la declaración presidencial que deja al lector auténticamente estupefacto.

Proclama Touriño que «Galicia tiña que afirmar [...] a riqueza lingüística que fai que as nosas dúas linguas, o galego e o castelán, sexan instrumentos de convivencia e non de división». Y lo proclama tan tranquilo, ahora que la cercanía de las elecciones exige cambiar el tono del previo discurso identitario, después de haber dirigido -o, al menos, tolerado- una política de monolingüismo vernáculo que está en contradicción con los hábitos lingüísticos de la práctica totalidad de los miembros socialistas de la Xunta, nada tiene que ver con la tradición histórica del socialismo gallego, y es incoherente, en fin, con nuestra realidad sociolingüística.

Y es que al presidente de la Xunta prácticamente nunca se le ha visto expresarse en público en Galicia en otra lengua que el gallego. Es más, cuando en alguna rarísima ocasión lo ha hecho de milagro, enseguida ha habido algún miembro de su partido presto a disculpar el nefando desliz presidencial.

Es curioso, por eso, que reconociendo ahora el presidente que en Galicia se hablan dos lenguas, haya actuado durante sus cuatro años de Gobierno como si tal cosa fuera una invención de aquel españolismo que, según anunciaba Touriño no hace tanto, había organizado una campaña para acabar con el gallego.

El BNG practica una política monolingüista que parte del supuesto de que en Galicia hay una lengua propia y otra ajena. Discrepo totalmente de esa visión, pero la posición nacionalista me merece el respeto que se le debe siempre en democracia a las actitudes políticamente coherentes. No lo es en absoluto la del presidente de la Xunta, que, en materia lingüística dice una cosa u otra en función de la coyuntura electoral, y ha demostrado durante cuatro años ser capaz de impulsar una política lingüística en la que no creen ni él ni su partido.

Seis de cada diez escolares hablan gallego frente a sólo un tercio de los universitarios
La mayoría de las clases de la universidad se imparten en castellano . Educación Primaria es la etapa en la que los estudiantes emplean en mayor medida la lengua de la comunidad autónoma
PAULA PÉREZ | SANTIAGO La Opinión 7 Enero 2009

El uso del gallego pierde fuelle entre los alumnos a medida que se hacen mayores. Cuando están en el colegio seis de cada diez escolares utilizan esta lengua para comunicarse dentro del aula. Sin embargo, al llegar a la universidad la utilización de este idioma se convierte en minoritaria: sólo un tercio de los universitarios habla gallego. Así lo revela el Observatorio da Lingua Galega, creado por la Secretaría Xeral de Política Lingüística, en un informe correspondiente al año 2008.

Los esfuerzos de normalización lingüística de la Xunta se han concentrado hasta ahora en las etapas de la educación obligatoria y han dejado de lado el sistema universitario y eso se refleja en las aulas. En las universidades el gallego es la lengua más utilizada en las comunicaciones institucionales y los escritos oficiales. Sin embargo, dentro de la clase es el castellano el idioma que predomina tanto entre los profesores como entre los estudiantes.

Sólo un 24% de los docentes del sistema universitario imparte sus clases en gallego. Los exámenes que redactan también están mayoritariamente en castellano (un 74%) y ésta es la lengua que emplean además en las conversaciones informales que mantienen con el alumnado fuera del aula.

Este predominio del castellano entre el profesorado tiene su correspondencia en los alumnos. Sólo el 28% usa el gallego en sus comunicaciones orales o escritas dentro de las clases.

Esta lengua, sin embargo, es mayoritaria entre los escolares. La obligatoriedad de dar la mitad de las clases en gallego es un factor determinante en la utilización del gallego en estas etapas educativas. Aún así, según la encuesta realizada por Política Lingüística, el porcentaje de alumnos que habla este idioma en el aula supera el mínimo del 50% que regula el decreto sobre el gallego en la enseñanza. Sólo en Educación Primaria alcanza el 63%. En los cursos de Infantil hay un 56,7% de estudiantes que emplean el gallego y en Secundaria son un 57,8%.

El uso de esta lengua desciende ya un poco al llegar a Bachillerato y Formación Profesional, donde el porcentaje de empleo del gallego en las clases por parte de los alumnos baja del 52%. Es en los ciclos formativos, de hecho, donde más castellano se habla. El entorno es fundamental en la elección del idioma y así lo demuestra el estudio de la Xunta. Así, por ejemplo, en el rural el 66% de los escolares de Primaria usa el gallego en el aula, frente a sólo el 28% de los que habitan en las grandes ciudades.

Entre los profesores de las enseñanzas no universitarias, predomina el uso del gallego en el aula. De hecho, en los seis cursos de Educación Primaria sólo el 23% de los docentes habla la lengua castellana.

La Policía Nacional, Hacienda y Justicia, los ámbitos con menos normalización lingüística
La Policía Nacional y la Justicia son los ámbitos donde menos se habla gallego, según constató la Secretaría Xeral de Política Lingüística, que pasó revista a todas las administraciones asentadas en la comunidad autónoma. En la Xunta la utilización de este idioma, tanto oral como escrita, es del 78%. Sin embargo, el informe del Gobierno gallego advierte de que cuatro de cada diez funcionarios utilizan el castellano para atender a los usuarios.

Aunque no todos los empleados de la Administración autonómica se dirigen en gallego al público, este idioma si es prácticamente mayoritario en la documentación y escritos que salen de la Xunta -siempre por encima del 95 -. Únicamente en los correos electrónicos este procentaje baja al 81 de uso de la lengua gallega.

No es la Administración autonómica, sin embargo, la que saca mejor nota en el examen de normalización lingüística. Son los ayuntamientos, las entidades más próximas a la ciudadanía, las que obtienen unos índices más elevados de uso del gallego. De hecho, el 83% del personal que trabaja para los consistorios de la comunidad utiliza este lengua para atender al público, por encima del 60% de funcionarios de la Xunta.

En el extremo contrario está la Policía Nacional. Al responder por teléfono, el personal que trabaja para este organismo atiende en el 57% de los casos en castellano y en las conversaciones con el público el gallego se reduce al 49%. Peor está el idioma en las comunicaciones escritas, donde el gallego es la lengua preferida (87%).

Lo mismo ocurre con la Agencia Tributaria, donde sólo el 9% de los escritos que salen de esta administración emplean el gallego. En las conversaciones con el público se usa más la lengua propia de Galicia (un 45%) pero sigue predominando el castellano.

En la Administración de Justicia el gallego todavía es minoritario tanto en las comunicaciones orales como escritas. El 66% de los jueces y funcionarios de los juzgados hablan en castellano con el público y el 86% de los documentos que se redactan también están en este idioma.

Otras instituciones como la Guardia Civil aprueban el examen, al menos el oral. El 64% de los guardias hablan gallego, aunque prácticamente la totalidad, el 97%, escribe en castellano.

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