AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 18 Enero 2009

Rosa Díez, sin ser parte del problema, no es la solución
UPyD se va a consolidar como partido. Nacido de la izquierda, con líderes e ideas que sin Zapatero estarían en el PSOE, se va a nutrir de votos conservadores. Es un síntoma, pero no su cura.
Pascual Tamburri elsemanaldigital  18 Enero 2009

A nadie se le oculta que el centroderecha español tiene problemas. El mayor de ellos es que ha perdido dos elecciones generales consecutivas, y no sirve de consuelo saber que las de 2004 quedarán marcadas en la historia por un misterioso atentado terrorista y por la actuación indecisa y tibia de un Gobierno que por lo demás ha sido el mejor de la democracia. Tampoco es mucho consuelo recordar que en marzo de 2008 Zapatero volvió a ganar mintiendo sobre una crisis que pocos meses después dejó de negar. El hecho es que Mariano Rajoy no ganó ninguna de las dos veces, y eso es un problema.

Ahora bien, como ha recordado perfectamente Jaime Mayor Oreja, ese problema está dentro del PP y sólo puede resolverse en su seno. Buscar una solución a los problemas del centroderecha huyendo de él en cualquiera de las direcciones, posibles o imposibles, sólo agravará la situación. Y en este sentido hay que considerar las posibles respuestas al reto de Rosa Díez.

Rosa Díez es una alternativa legal y legítima, pero no una solución para la derecha
"En tiempo de zozobra no hacer mudanza", nos decían los viejos jesuitas. Era verdad. Quizás el mayor problema de la derecha española sea que su raíz ignaciana se ha debilitado mucho, y falta sutileza en el pensar, prudencia en el decir y osadía en el obrar. Quizá por eso la actual derecha vive en la desesperanza y se dispersa en la búsqueda ansiosa de respuestas dispares. Mientras unos, en Navarra pero no sólo, se cobijan en la cálida caverna del pequeño y miope poder local, otros piden el voto o lo dan a una mujer con grandes virtudes pero que no representa y jamás podrá defender los principios permanentes de la derecha social española.

Es de normalidad democrática que en un país moderno las grandes fuerzas políticas compartan un modelo de Estado y unas políticas permanentes, y que disientan en otros asuntos. La izquierda española sólo está dispuesta a llamar consenso a la aceptación de sus políticas, y así Zapatero ha llevado al PSOE y quiere llevar al PP a aceptar un radicalismo social, una rendición ante los independentismos y una negociación con el terrorismo que en ningún país de nuestro entorno es de recibo. No lo es ni siquiera en el seno de las izquierdas, pero el PSOE está ya completamente domesticado.

UPyD es una sana reacción de la izquierda rebelde al modelo Zapatero. Como tal es un gesto de salud democrática. Y será bueno que tenga un futuro de victorias contra este Gobierno. Pero Rosa Díez preocupa mucho más al PP que al PSOE, y eso sí que es una completa anormalidad.

Las razones de un éxito asimétrico
Creo, como el profesor Luis Miguez ha señalado en El Semanal Digital, que "UPyD es un partido de izquierda, que tiene el mérito de recuperar un discurso nacional que la izquierda española había perdido es difícil saber desde cuándo" y que por lo tanto "su terreno electoral debería estar en los votantes del PSOE descontentos con la política autonómica de Rodríguez Zapatero, pero que se sienten tan de izquierda que no contemplan la posibilidad de votar al PP". En consecuencia, "el PP no debe perder ni un minuto en combatir a Rosa Díez, sino que ha de centrar todos sus esfuerzos en desgastar al Gobierno planteando una alternativa de centroderecha creíble y asumible por la mayoría de los ciudadanos".

Una derecha social plural tiene espacio para muchas cosas distintas, pero no para Rosa Díez. Un votante católico, español, conservador o liberal, con los matices y variantes que se quieran añadir, puede estar descontento por lo que hace o lo que deja ver de sí el PP, pero sólo engañado con la realidad puede votar a UPyD salvo que cambie de principios. UPyD haría un gran bien a la democracia española llevando al PSOE el sentido nacional que perdió si alguna vez tuvo. Si su crecimiento se hace a costa del PP, por complejas razones personales y mediáticas más que ideológicas, los derrotados serán todos aquellos que quieran ver a Zapatero fuera de La Moncloa.

UPyD es una brillante y fulgurante improvisación, con algunas personas notables como el catedrático de la Universidad de León Francisco Sosa Wagner y el de la Universidad del País Vasco Aurelio Arteta; personas que podrían tener su espacio tanto en una derecha nacional como en una izquierda nacional, pero que no caben en este PSOE y que van a tener sus dificultades en un partido neonato con una visión del mundo en su respetable fundadora y otra bien diferente en sus votantes.

Valga un ejemplo. Rosa Díez pidió el pasado diciembre al Gobierno en el Congreso de los Diputados que se modificase la Ley de Enjuiciamiento Criminal. ¿Para qué? Para que sea posible una condena por homicidio sin cadáver, en caso de destrucción del mismo. ¿Buena idea? Como explicaba el otro día Francisco Pérez-Abellán en La Razón, cambiar la Ley tiene muchos riesgos, no el menor que buscando asesinos sin cadáver terminen abundando los condenados sin crimen (como así fue en el llamado Crimen de Cuenca hace casi un siglo). La solución para tener una oposición activa y alternativa no es el hiperactivismo de una sola diputada de izquierdas, sino la movilización del PP, que no en vano es el grupo de oposición más numeroso y con más medios y cerebros de toda la historia parlamentaria española.

Un camino sin salida, aunque a algunos interese
UPyD dice ser "un partido político sin planteamientos sectarios que no analiza las cosas en función de quién las propone, sino de su contenido". Yo les creo y les respeto, y creo que insultarles es una necedad. UPyD es exactamente lo que dice ser, y no se les puede acusar de engañar a nadie (por desgracia es diferente la situación de UPN en Navarra), aunque sí estén sirviendo como instrumento de lucha en una batalla que no es la suya.

Hace un tiempo aquí se decía que "Díez defiende ahora ideas que tras el cambio de rumbo del PSOE vasco no puede seguir defendiendo cómodamente desde esas siglas; ideas que ya tenía antes y que nunca ha ocultado. Así que no ha engañado a nadie, y más bien habría que ver cuándo y por qué el PSOE oscila cerca o lejos del nacionalismo. Díez no es desde luego traidora al programa de unidad constitucional española que hizo suyo durante su última etapa en el PSOE, y si hay traición a esos principios no es la suya". Sigue siendo así.

"Si uno lee lo que esta mujer ha dicho y escrito, o simplemente ve su pinta, cuesta imaginársela como una malvada reaccionaria: es anticlerical, progre, me temo que abortista, empapada de ideología de género y demás requisitos del perfecto izquierdista moderno. Defiende esa cosa tan complicada que llaman "ciudadanía", y no sencillamente el patriotismo español. De hecho va de la mano de Fernando Savater, el hombre que entra y sale de La Moncloa y al que España "se la suda". No, no, esta gente será lo que sea pero ni son de derechas ni la coincidencia en enfrentarse con ZP debe llevar a nadie a apoyarles o votarles desde la derecha". El PP debe ser exquisitamente educado y respetuoso con UPyD, pero debe explicar a sus votantes, con hechos y con palabras, por qué votar a este pequeño partido de izquierdas va a salvarnos de los desastres de Zapatero. Explíquenme qué términos de la ecuación han cambiado para que tenga que retirar estas palabras.

Solbes en el lado oscuro
IGNACIO CAMACHO ABC 18 Enero 2009

AHORA tendría que dimitir, como Ramón Calderón. Y por los mismos motivos: por embustero o por incompetente, por mentir o por no enterarse, por tramposo o por ingenuo, por sus propias culpas o por asumir las ajenas. Después del desolador panorama que pintó el viernes, tras un año y medio de enconadas negativas de la evidencia -¿hace falta recordar su debate preelectoral con Pizarro, sus engoladas proclamas de que la crisis hipotecaria americana no afectaría a España?-, a Solbes sólo le queda la salida de la renuncia. Porque si no vio venir la catástrofe no merece seguir al frente de la economía española, y si la ocultó, aunque fuese por mandato de su jefe, tampoco puede permanecer en el Gobierno.

Quizá este abrupto reconocimiento de un horizonte pavoroso de recesión, déficit y paro sea el triste testamento del vicepresidente antes de retirarse o ser desplazado de un cargo cuya renovación no debió aceptar. Pudo haberse ido con decoro antes de que se hiciera patente el descalabro, cerrando su currículum con una legislatura próspera, y ahora aunque se vaya dejará una hoja de servicios capicúa, abrochada con el mismo horizonte de devastación social que dejó en el último mandato gonzalista. Con una tasa de desocupación creciente y un déficit casi similar al de entonces, pues no es difícil imaginar que ese 5,8 por 100 que admite para 2009 -el doble del máximo autorizado por el mortecino plan de estabilidad de la UE- acabará disparándose hasta cerca de un 7 si la destrucción de empleo supera las ya demoledoras previsiones finalmente reconocidas.

Probablemente Solbes lo sabía, o lo intuía, porque tiene el conocimiento suficiente para no despreciar los pronósticos unánimes y reiterados que vaticinaban lo que inevitablemente ha ocurrido. Calló acaso por un equívoco sentido de la lealtad política o por una pereza acomodaticia. Se plegó al optimismo trivial y forzoso del presidente, y aceptó a regañadientes la irresponsabilidad de sus designios dispendiosos: aquellos cuatrocientos euros de regalía inútil que devoraron el superávit, o este reciente maná autonómico de imposible cuadratura. Resignó su criterio y su función a los de un simple contable que se limita a advertir en privado los riesgos de operaciones temerarias, y ha acabado por apechar con el papel de cenizo obligado a dar cuenta a la nación de la tardía perspectiva de sangre, sudor y lágrimas que jamás asumirá en persona Zapatero.

Por eso ya no le queda más salida que marcharse. Este Solbes finalmente instalado en el lado oscuro ha proclamado una realidad mucho más cruda que aquella por la que otros fueron desaprensivamente tachados de antipatriotas. Que todos fuésemos conscientes del engaño no invalida la voluntad del fraude. Y aunque se sepa de quién es la responsabilidad de la voluntaria ceguera o del embuste masivo, los tragaculpas que han avalado su estrategia ya no pueden quedarse al margen. En su doble etapa de Gobierno, el vicepresidente económico pasará a la historia como el tipo al que se le hundió dos veces el país. He aquí un hombre para confiarle los ahorros.

Pizarro tenía razón
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 18 Enero 2009

¿SE imaginan ustedes la que se hubiera armado de haber sido un dirigente del PP quien hubiera salido con las últimas predicciones de Solbes? Lo menos que le hubiesen llamado sería derrotista, agorero, antipatriota, «ya que el pesimismo no crea empleo». Pero resulta que quien las hizo fue, nada más y nada menos, que el ministro de Economía, el mismo que en el debate con Manuel Pizarro tachó a éste de alarmista por decir algo parecido. ¡Y luego nos reímos de Magdalena Álvarez! Al menos ella es siempre la misma, mientras Solbes dice hoy lo contrario que hace un año. El Solbes arrogante, displicente, prepotente de entonces se ha convertido en el hombre apocado, encogido, balbuceante de nuestros días. No por humildad, virtud que desconoce el equipo de gobierno, sino porque no tiene otro lugar donde esconderse. Falsa humildad, por tanto, último refugio de los cuentistas, engañabobos y troleros. Y digo falsa porque de ser verdadera, lo primero que hubiera hecho Solbes, y no ha hecho, sería pedir disculpas a Pizarro, que fue quien acertó en aquel debate, y al pueblo español, por habernos presentado unos presupuestos más falsos que las cuentas, no ya del Gran Capitán, sino de Madoff, el financiero neoyorquino que estafó 50.000 millones de dólares: mentiras, disimulos, camuflajes, hasta que la realidad se las ha llevado por delante. Y, encima, esos falsos presupuestos nos han costado un ojo de la cara para comprar los votos de los nacionalistas vascos y gallegos.

Siento curiosidad por saber si el presidente, su gobierno y su entorno mediático seguirán con su optimismo «antropológico» o se pasarán en bloque al pesimismo de la oposición. No me extrañaría. Lo han hecho con la negociación con ETA, que ahora persiguen, y pueden volver a hacerlo con la economía. Recordarán que hace un año, Zapatero nos aseguraba que no había crisis, y que si la había, teníamos reservas, instituciones financieras y capacidad sobrada para que no nos afectase.

¿Sigue pensando lo mismo? ¿Sigue creyendo que la recuperación vendrá en el otoño, como nos decía hace poco, o se une a su ministro, que la deja para el año que viene? ¿Y qué van a decir ambos si el año que viene no llega, como predice la mayoría de los expertos? ¿Volverán a autocorregirse? ¡Qué más da! A estas alturas, lo único real de Zapatero son las cejas, y de Solbes, la ronquera. El resto es funambulismo, farsa, enredo, superchería, en lo que, eso sí, son maestros. Pero como a los falsos magos a los que se les han acabado los trucos, lo único que les queda es ponerse al frente de la manifestación, con gesto compungido, para proclamar lo contrario de lo que venían proclamando.

De ahí que lo que digan ellos ya importe poco, podemos suponerlo. Lo que importa es si los españoles seguiremos considerando a nuestro presidente el mejor de nuestros políticos. Pues en ese caso, o somos masoquistas o el resto de nuestros políticos son rematadamente malos. Elijan ustedes mismos.

Me resulta intolerable que, con el dinero de nuestros bolsillos, se vaya a Nueva York a la inauguración de una embajada catalana
Maragall, la plaga que no cesa
César VIDAL La Razón 18 Enero 2009

Hay personajes cuya salida de la política parece una muestra de misericordia del Altísimo. Es el caso de Pascual Maragall, algo que exige unas dotes especiales porque nunca pasó de ser un personaje de ámbito regional. Maragall es, por ejemplo, el único político que se ha querellado con un humorista por unos versos que ni siquiera se referían a él, pero que llevarán al autor a sentarse en el banquillo dentro de unos meses. Maragall, en compañía de Carod-Rovira, se burló de manera grosera de la corona de espinas a unos pasos del Santo Sepulcro.

A Maragall le debemos el haber escuchado que los nacionalistas catalanes cobraban una comisión del tres por ciento. A Maragall hay que atribuirle que el aserto nunca se investigara y que el único perjudicado fuera un constructor que señaló que la comisión que le habían exigido era muy superior. Hasta donde yo sé, el constructor está procesado y los ciudadanos seguimos sin saber a ciencia cierta si la mordida en Cataluña es, caso de existir, superior a la que cobra la Cosa Nostra en Sicilia ya que los mafiosos, según cuenta Andrea Camilleri, sólo exigen el dos por ciento.

Claro que todo esto resulta un asunto menor cuando se recuerda que Maragall es el gran impulsor de ese nuevo Estatuto de Cataluña que amenaza con convertirse en el tiro de gracia de la actual democracia siquiera porque implica tal drenaje de recursos nacionales que convierte en imposible la supervivencia no sólo del estado del bienestar sino del mismo orden constitucional.

Con esos antecedentes, confieso que sentí un gran alivio cuando supe que Maragall se retiraba de la política e incluso hasta experimenté algo de ternura al escucharle confesar que el estatuto impulsado por él era anticonstitucional. En mi ingenuidad, hasta creí que podía hallarse cerca de ese arrepentimiento que resulta indispensable para recibir el perdón de los pecados.

Tiempo y ocasión no me han faltado para comprobar lo apresurado de mi apreciación. Paso por alto que hace unas semanas prologara una edición de «El Capital» para un periódico de izquierdas. No puedo aceptar que una conocida editorial arrancara docenas de páginas de su biografía autorizada simplemente porque el producto terminado no era lo suficientemente jabonoso y proporcionaba incómodas revelaciones sobre Maragall padre.

Me resulta intolerable que dentro de unos días, con el dinero de nuestros bolsillos, se vaya a Nueva York a la inauguración de una embajada de Cataluña. En una época en que cada día seis mil personas pierden su empleo y en la que en octubre de 2008, ZP ya se había gastado el dinero de los parados hasta finales de año, el invento de las embajadas catalanas resulta una indecencia política y moral cuya gravedad no disminuye porque haya servido para darle un empleo en París a un hermano de Carod-Rovira. Pues allí va Maragall, el que lleva años persiguiendo a un humorista, el que nunca nos aclaró lo del tres por ciento, el que reconocía que había impulsado un estatuto que se da de bofetones con nuestra Constitución. Por más vueltas que le doy no puedo evitar tener la sensación de que si Dios hubiera enviado a Maragall ante el faraón para que dejara salir al pueblo de Israel, seguramente hubiera tenido éxito. Y es que, en términos políticos, Maragall es una verdadera plaga bíblica.

¿Y la moda del pañuelo palestino?

ANTONIO BURGOS ABC 18 Enero 2009

¿LOS venden en Zara o es en oportunidades del Cortinglés? ¿O son los manteros de los discos falsificados los que los venden por las esquinas? En algún sitio los tienen que vender. O quizá los regalan. Hablo de los pañuelos palestinos. De la ridícula moda de ponerse al cuello un pañuelo palestino, para ser más progre y más antisemita que la leche que mamó Yasser Arafat.

En España hay mucha libertad. Por las que hilan. Tú vas por la calle con tu pañuelo palestino, al modo de bufanda del Real Madrid pero sin dimisión de Calderón, y nadie te dice nada. Quedas como lo más progre. Como el plenario del Sindicato de la Ceja. Hay tanta libertad en España y somos todos tan progres, que las ciudades se llenan de gente con el pañuelo palestino, y en Málaga hasta se los ponen en un partido de baloncesto para protestar contra el Maccabi de Tel Aviv, que jugaba contra el Unicaja. Pero si quieren medir la libertad que de verdad hay, salgan a la calle llevando en el cogote el gorrete judío al que me parece que llaman kipá. Si se atreven. O salgan con esa especie de bufanda blanca que se ve en las bodas judías de las películas americanas. ¿Se imaginan la que pueden liarle a usted esos amantes de la libertad (tururú) que pululan por ahí con su cufiya, disfrazados de palestinos? Si le ven con un símbolo judío, de momento le llamarán asesino, después genocida y al final, ya veremos. ¿Pero no quedamos en que el genocidio era el que había perpetrado Hitler contra el pueblo judío? No, eso era antes, usted ve poco el telediario de La 1. Ahora no hay más genocidio oficial que el de la franja de Gaza.

¿Qué pensaríamos si la gente, para dárselas de progre, saliera a la calle luciendo una chapela sobre el pasamontañas de los terroristas encapuchados de la ETA? Esto de los pañuelitos dichosos es aproximadamente así. Los chavales llevan la misma prenda del uniforme oficial de los terroristas islamistas de Hamás, como solidarizándose con ellos frente a los judíos. Si les valiera, volvían a expulsar a los judíos de España. Sin caer en la cuenta de su enorme contradicción: piden lo mismo que los Reyes Católicos, pero desde su empacho de progresía. Como no pueden expulsar a todos los judíos, se conforman con pedir que echen al embajador de Israel. Se las dan de progres, pero caen en la tradición más rancia. Mucho pañuelo absurdo palestino y mucha gaita, pero vuelven a despertar el viejo antijudaísmo de la Inquisición española. Para éstos los judíos son los que entonces mataron al Señor y ahora bombardean Gaza. Si por ellos fuera, en los pasos de Semana Santa pondrían a los judíos con mayor cara de mala leche todavía que la que lucen desde tiempo inmemorial.

Y más contradicciones. Mucho pañuelito palestino, pero estos progres de mierda me recuerdan muchísimo a Franco, que le echaba la culpa de todo a la conspiración del judaísmo internacional. Paradójicamente, satanizan al sionismo justo desde el mismo bando que Franco: desde «nuestra tradicional amistad con los países árabes».

De hoz y coz, ZP ha colocado oficialmente a España frente a Israel y al lado de los terroristas palestinos. Olvidando que unos como éstos fueron los del 11-M. Para mí que la causa es que ZP, de niño, se hartó de ver judíos en los pasos de Semana Santa de su León natal. Y allí, como en Zamora o en Sevilla, los judíos de los pasos son los que tienen la cara de más mala leche del mundo. Ahora, que si en vez de judíos fueran palestinos, prontito iban a consentir que siguieran con esos caretos en los pasos.

Entre una democracia como el Estado Israel y unos terroristas zarrapastrosos, aquí nos ponemos del lado de los terroristas y además adoptamos su pañuelo como uniforme oficial del Gremio de la Progresía. No importa que ese pañuelo sea el símbolo del fundamentalismo islamista que se pasa los derechos humanos por el forro de la chilaba. Los progres lo pasean como si fuera un pañuelo de Hermés, como la última moda. Hasta los telediarios de la TV pública española están hechos con pañuelito palestino. Presentar a los terroristas como unos héroes es llevar el pañuelo dentro de las armas de destrucción masiva de la verdad, en la manipulación contra el democrático Estado de Israel.

Gaza
JON JUARISTI ABC 18 Enero 2009

ES posible que, para cuando esta columna se publique, Israel haya declarado un alto el fuego unilateral en Gaza, confiando en que los Estados Unidos emprendan ciertos movimientos diplomáticos de envergadura. En cualquier caso, si existiera en este país una escurridora de discursos sociales, no sólo informativos, habría obtenido, durante las últimas semanas, cantidades ingentes de antisemitismo en estado de gran pureza, y el panorama empieza a adquirir tonalidades muy preocupantes. España se está poniendo en el grupo de cabeza de la nueva judeofobia, del bracete con ciertos países que no son, ciertamente, la compañía más recomendable para los difíciles tiempos que vivimos, y es lástima que el partido del Gobierno se haya hecho un lío, mezclando humanitarismo y atavismos delirantes en un guisote indistinguible.

Rodríguez Zapatero se ha alineado con los palestinos, e Israel ha tomado nota. Es evidente que el Estado de Israel no tiene el peso de los Estados Unidos, y que a nuestro Presidente le saldrá más barata esta operación de imagen ante sus huestes que el desaire a la bandera americana, pero eso no suprime la certeza de que Israel devolverá tarde o temprano la cortesía. De momento, está claro que España no podrá jugar papel alguno en la pacificación de la zona. Rodríguez Zapatero, como es sabido, selecciona los procesos de paz que le interesa apoyar o, incluso, poner en marcha, siguiendo unos criterios bastante curiosos, pero qué se le va a hacer. Conociendo el percal, dudo que a nadie se le haya ocurrido que pudiera haber actuado de modo diferente, no digo que apoyando a Israel o reconociéndole un mínimo derecho a defenderse, sino manteniendo una neutralidad prudente y discreta. Habría sido deseable que, al menos, hubiera aclarado un poco más su posición. O sea, que nos hubiera dicho con qué palestinos se hace solidario, con Hamas o con la Autoridad Palestina. Porque hay palestinos de vario pelaje y enfrentados entre sí. En vez de ello, se ha definido como cualquier ONG de izquierdas: a favor de todos los palestinos y contra todos los israelíes. Una finura para los matices digna de cualquier político de su talla.

Resulta muy tentador, por lo fácil y lo bien que queda uno, pretender que Hamas es el accidente y los palestinos, la esencia. Eso te permite hacer como que Hamas no existiera y sostener que ésta ha sido una guerra entre los desalmados israelíes y la indefensa población de Gaza. Será inútil recordar, supongo, que Hamas es una organización terrorista que persigue la destrucción de Israel y cuyos dirigentes han llamado al asesinato de judíos en todo el mundo, empezando por los niños, pero quizá no esté de más insistir en que la mayoría de la población de Gaza decidió entregar el gobierno de la franja a Hamas, una decisión trágica que, de entrada, desembocó en una guerra civil entre nacionalistas de la OLP e islamistas, todos ellos palestinos. En la medida en que los palestinos de Gaza secundaron a los líderes por ellos elegidos contra la Autoridad Palestina, se hicieron responsables de las consecuencias de la expulsión de esta última; es decir, del control del territorio por una organización terrorista que no ocultaba sus intenciones de utilizarlo como base para atacar a Israel.

Es muy legítimo compadecerse de la población de Gaza e instar (aunque no sólo a Israel, eso es jugar sucio) a una tregua que le ahorre sufrimientos, pero parece sencillamente estúpido concederle una inocencia que se niega, y con razón, al vecindario de cuarenta y dos municipios vascos. Los palestinos de Gaza confiaron la administración del territorio a una organización terrorista y se pusieron voluntariamente bajo la protección de unas milicias que ahora se escudan tras sus cuerpos y los de sus hijos. Ocultar estos hechos y presentar el conflicto como una agresión israelí contra pobres palestinos desarmados implica otorgar a Hamas y a sus seguidores la representación de la Humanidad y excluir de la misma a Israel (y, de rebote, a todos los judíos), lo que no es más que pura obscenidad antisemita.

Proporción y asimetría
CARLOS ALBERTO MONTANER ABC 18 Enero 2009

Acusan a los israelíes de tener pocos muertos y heridos en el enfrentamiento con Hamás. Quienes así razonan utilizan las palabras «desproporción» o «asimetría» en tono indignado. Mientras un millar de palestinos han perecido o resultado lesionados por los bombardeos, las bajas israelíes son apenas una docena. Los críticos de Tel Aviv -entre los que muchas veces se percibe un tufo antisemita- no aclaran si Israel debe aumentar su cuota de cadáveres, o si debe reducir la de los árabes para encontrar una proporción razonable de sangre.

Esta demanda de «proporcionalidad» no deja de sorprender. Hasta el surgimiento de este conflicto los libros de historia nacional siempre habían mostrado gran satisfacción y cierto orgullo chovinista cuando el ejército propio infligía al enemigo un alto número de bajas frente al escaso precio pagado por «los nuestros».

Israel es el único país del que se espera un comportamiento diferente y, en efecto, lo tiene: no conozco otra nación que avise dónde y cuándo va a bombardear para que los civiles evacúen el territorio. Conducta en la que también actúa asimétricamente, pues los terroristas de Hamás nunca avisan cuándo o dónde van a lanzar sus cohetes contra las poblaciones judías.

Israel, en cambio, no tiene interés en causar víctimas. Todo lo que pretende es frenar los ataques de Hamás de la única manera a su alcance: eliminando a los terroristas y destruyendo los arsenales que poseen. No hay otra forma de enfrentarlos. Hamás no es una organización política con la que es factible llegar a acuerdos, sino una banda fanática decidida a erradicar del mapa a Israel.

Hay otra asimetría muy importante. Los judíos construyen refugios bajo tierra en todas las casas cercanas a las fronteras, cierran las escuelas y esconden a los niños ante el menor peligro, viven como una tragedia nacional la muerte de un solo soldado, hacen todo lo posible por rescatar a sus prisioneros y protegen a la población de la guerra. Las autoridades de Gaza, a contrario sensu, no vacilan en montar sus cuarteles u ocultar sus armas en escuelas, mezquitas y hospitales, utilizan escudos humanos para protegerse, recurren a terroristas suicidas y premian con dinero a las familias de estos «mártires».
En los segmentos más fanáticos del mundo árabe la guerra contra el infiel es un deber, el martirologio es un honor. Por eso no ponen el menor empeño en proteger a la sociedad de los rigores de la guerra, ni les importa el dolor que pueden causar cuando un terrorista se inmola dentro de un autobús escolar lleno de niños judíos. Para ellos la vida no vale nada.

Punto y seguido en Gaza
Barack Obama y su secretaria de Estado deben exigir a Europa que sus tropas desplegadas en el Líbano tomen las medidas necesarias para impedir que Hezbolá protagonice una nueva agresión contra Israel.
EDITORIAL Libertad Digital 18 Enero 2009

Casi al mismo tiempo que el primer ministro israelí anunciaba un alto el fuego unilateral en Gaza, un alto funcionario del Gobierno americano hacía público en Pekín que, según el Gobierno de Corea del Norte, este país posee en la actualidad la capacidad para armar cuatro o cinco bombas nucleares. De esta forma el dictador Kim Jong II rompe el acuerdo con los Estados Unidos y renuncia a la desnuclearización, paso previo requerido por Washington y Tokio para la normalización de relaciones diplomáticas.

A pocos días de la toma de posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos, la diplomacia norteamericana se enfrenta a dos tareas inmediatas que pondrán a prueba la pericia y el liderazgo de la nueva administración: la gestión de la situación creada en los territorios árabes palestinos tras la derrota de Hamas y la respuesta al enésimo desafío lanzado por Corea del Norte. Ambos casos, que evidencian el fracaso del apaciguamiento a la hora de ofrecer soluciones a las amenazas a la paz y la seguridad, requieren una respuesta clara que evite el envalentonamiento de los regímenes políticos que basan su permanencia en el poder en el chantaje y la amenaza.

No faltan quienes en los últimos días han aconsejado al presidente electo Obama presionar a Israel para que haga nuevas concesiones a los árabes, de forma que el éxito de la operación anti-terrorista sea compensado por una reducción del apoyo estadounidense al Gobierno de Tel Aviv. Sin embargo, nada sería peor para la estabilidad de Oriente Medio que una nueva situación de tablas que permita el rearme de los terroristas mientras Israel es conminada a la impotencia y la inseguridad. Más que protagonizar algún inútil gesto de cara a una galería, Barack Obama y su secretaria de Estado deben exigir a Europa que sus tropas desplegadas en el Líbano tomen las medidas necesarias para impedir que Hezbolá protagonice una nueva agresión contra Israel, esta vez desde el norte.

De igual forma, la provocación gratuita del Gobierno de Corea del Norte pasa necesariamente por una reafirmación del compromiso de los Estados Unidos con la seguridad y la integridad territorial de Corea del Sur. Por otra parte, la nueva administración debe exigir a China el fin de la complacencia con la dictadura norcoreana y al mismo tiempo garantizar a Japón los medios que aseguren su capacidad de respuesta ante cualquier ataque.

No es descartable que en las próximas fechas algunos aprovechen la retórica conciliadora del nuevo presidente norteamericano para lanzar sus órdagos particulares a fin de sacar partido de un discurso ambiguo y no pocas veces confuso. A este respecto, cualquier signo de indecisión o tibieza será inmediatamente interpretado como un signo de debilidad de consecuencias impredecibles. El probable cese de hostilidades en Gaza no es sin un punto y seguido en el largo y arduo camino hacia la paz en Oriente Medio. El reto planteado por Corea del Norte abre un nuevo capítulo de incertidumbre que debe ser resuelto con decisión y firmeza. Con frecuencia un buen comienzo es la mitad del todo. A veces incluso más.

LA COMISIÓN EUROPEA DENUNCIA AL GOBIERNO DE ZAPATERO
España, único país que no cumple la norma contra la financiación del terrorismo
La UE decidió poner en marcha tras el 11-S y el 11-M una normativa, de obligada aplicación, para luchar contra la financiación del terrorismo. Sorprendentemente, el único país que no la cumple es España. La Comisión Europea ha decidido denunciar al Gobierno de Zapatero.
Libertad Digital 18 Enero 2009

En 2005 los países europeos decidieron poner en marcha unas iniciativas cuyo objetivo era luchar contra la financiación del terrorismo. Sólo un país se ha desmarcado: España.

Es por ello que, según informa Fernando Lázaro en El Mundo, la UE ha denunciado a España ante el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas por no haber "adoptado las disposiciones legales, reglamentarias y administrativas para ajustarse a la directiva 2005/60 CE del Parlamento Europeo y del Consejo, del 26 de octubre de 2005, relativa a la prevención de la utilización del sistema financiero para el blanqueo de capitales y para la financiación de terrorismo".

Y es que esta normativa trata que desde los distintos ámbitos financieros, públicos o privados, se advierta de cualquier movimiento sospechoso que pueda tener que ver con la financiación de las tramas terroristas. Se comenzó a elaborar después del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, pero la masacre del 11 de marzo de 2004 en Madrid aceleró los trámites.

España debería haber adaptado su legislación a esta directiva en diciembre de 2007. Más de un año después de que venciera el plazo legal para hacerlo, no había avanzado en sus modificaciones legales para acoplar las directrices encaminadas a detectar y perseguir cualquier movimiento económico importante que pueda ser manejado por terroristas. Así pues, la Comisión Europea ha decidido denunciar al Gobierno de Zapatero.

Identidad lingüística: La imagen de las hablas andaluzas fuera de la comunidad
La guasa con el andaluz

MANUEL RAMOS - EUROPASUR.ES  18 Enero 2009

Los reproches de la parlamentaria del PP Montserrat Nebrera al acento de la ministra de Fomento Magdalena Álvarez reabren el debate sobre la consideración del español hablado en Andalucía

"Los tópicos no sirven sino para enturbiar las aguas", escribió el filólogo Manuel Alvar en su artículo La lengua como libertad. Un tópico, el del andaluz mal hablado, -vociferado por la parlamentaria catalana del PP Montserrat Nebrera en una tertulia radiofónica para criticar a la ministra de Fomento, la malagueña Magdalena Álvarez- reabrió esta semana el debate sobre la consideración social del habla andaluza. "De chiste" le parece el acento andaluz a la diputada catalana, de abuelos jiennenses y expedientada por su partido por estas declaraciones. Unas palabra que retornan a la polémica una idea estereotipada que se creía superada.

"Este tópico del andaluz como el que habla mal español conlleva el razonamiento de que quien habla mal piensa mal y, por tanto, es un incapaz", reflexiona el sociolingüista Pedro Carbonero, catedrático de la Universidad de Sevilla. Esta idea que se ha ido forjando desde que en los siglos XVI y XVII cobraran fuerza los rasgos diferenciadores del castellano que se habla en Andalucía. "Una modalidad siempre disidente con la oficialidad y que ha llevado a asociarla a un uso incorrecto", argumenta Carbonero.

Críticas de las que ni se libró Antonio de Nebrija cuando en 1492 escribió la primera gramática española, ya que el humanista Juan de Valdés le acusó ser de Andalucía "donde la lengua no es muy pura". Pero también son numerosos los textos que loan el habla de los de aquí. Manuel Machado consideró que "el mejor castellano, el más rico y sabroso castellano del mundo se habla en Andalucía". Y para regodeo de los chovinistas, el gallego Gonzalo Torrente Ballester dijo que en el sur "se habla el mejor castellano, con independencia de su pronunciación".

Pero, ¿es incorrecto aspirar la s implosiva, sesear o cecear o realizar una pronunciación más suave de la jota? Cualquier filólogo respondería que no, otra cosa es el valor que la sociedad le dé a esa pronunciación. "La culpa fundamental es de los propios andaluces, que hablamos en andaluz para el chiste y para decir algo serio cuidamos tanto la dicción que nos pasamos a la norma del norte. Sólo tiene que ver la televisión pública andaluza, donde se exagera el acento en un programa de chistes y luego en el informativo se intenta disimular", afirma José María Vaz de Soto. Este escritor y filólogo, uno de los abanderados en la defensa del prestigio del habla andaluza, considera "un auténtico disparate, un tópico del tópico" decir que las distintas modalidades del español hablado en Andalucía no se entienden fuera de la comunidad. Todos los filólogos coinciden, además, que en caso de incomprensión más responsabilidad habría que achacar al que escucha que al que habla.

Lengua es identidad y el cómo se ven a los andaluces fuera de la comunidad, y cómo se valoran ellos mismos, tiene mucho que ver con cómo se aprecia su acento. Y los españoles consideran a los andaluces alegres, graciosos, juerguistas, charlatanes y hospitalarios, según un estudio sobre estereotipos regionales elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Pero es que los andaluces coinciden en los mismos calificativos para describirse. "Sobre el andaluz hay tal cantidad de estereotipos que son casi imposibles de desarraigar", dice Antonio Narbona, catedrático de Lengua Española de la Universidad de Sevilla y correspondiente en Andalucía de la Real Academia. Narbona recuerda, además, que los tópicos "nacen fuera, pero se alimentan dentro".

"El habla andaluza sólo se dignificará cuando se utilice en las tribunas públicas", defiende Vaz de Soto. El catedrático Pedro Carbonero reconoce que no será fácil conseguir un cambio rápido en la percepción social del español hablado por los andaluces, aunque empieza a percibir cambios: "Vivimos en un momento de respeto a la identidad, también la lingüística; además, tengo la sensación de que hay mucha más sensibilidad social en Andalucía, ya la gente defiende su modo de hablar como algo digno de todo respeto".

En cualquier caso, los catedráticos coinciden que el desprestigio no está en el andaluz, sino en un determinado modo de hablar en Andalucía por personas con un bajo nivel de instrucción y competencia oral y escrita. "Lo que tiene poca consideración es una forma de hablar de un grupo de andaluces que, por desgracia, son también los más desafortunados, no sólo idiomáticamente", sostiene Narbona, que preside el Seminario Permanente del Estudio del Habla Andaluza y que acaba de concluir para el Centro de Estudios Andaluces el libro La identidad lingüística de Andalucía. "¿Qué determinados rasgos de pronunciación no gozan de prestigio? Sí, pero así es aquí y en otras regiones. El mal llamado complejo de inferioridad no es exclusivo de esta comunidad", mantiene el profesor que recuerda que hace un siglo el 70% de la población andaluza era analfabeta.

Al arrancar el siglo XXI la situación es completamente distinta. El analfabetismo prácticamente ha desaparecido, las hablas andaluzas gozan de reconocimiento en el Estatuto de Autonomía -"aunque mal redactado en su articulado", matiza Narbona- y la Real Academia de la Lengua recoge la riqueza del léxico de la comunidad. Su diccionario incluye 900 palabras de origen andaluz, tantas como las que provienen de Colombia, con cinco veces más población. Y mientras en la Península renacen "rifirrafes sin trascendencia", como califica Narbona lo ocurrido esta semana con el andaluz, el centro del español está ya en América con casi 500 millones de hablantes.

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Una doble moral
Pilar FERRER La Razón 18 Enero 2009

Mes y medio después del asesinato del empresario Iñaki Uría, perpetrado por ETA en la localidad guipuzcoana de Azpeitia, el PNV ha consumado su deseo: desalojar al alcalde de Acción Nacionalista Vasca, que no condenó el atentado, con la ayuda de un edil de Eusko Alkartasuna. Refleja sus diferentes varas de medir. Similares conductas se producen en otros feudos abertzales, como Hernani o Mondragón. El viernes mismo, la alcaldesa de ANV se negó a condenar las «bombas trampa», y lo mismo hizo el edil de Mondragón tras el asesinato del socialista Isaías Carrasco. Alejado del victimismo que le habría proporcionado el juicio por su diálogo con Batasuna, el lendakari Ibarretxe y su partido practican la ambigüedad de siempre. Una mano en contra y otra inerme. En Azpeitia gobernó siempre el PNV, hasta que en las últimas elecciones municipales se produjo un pacto entre EA y Aralar. Estas formaciones lo quebraron al no condenar los concejales abertzales el asesinato de Iñaki Uría. Ello permite ahora el cambio de rumbo y, de nuevo, un alcalde nacionalista. En este arranque de la campaña vasca, amenazada por los golpes de ETA y la polémica sobre las «listas blancas» de los proetarras, sería deseable una posición mucho más clara y contundente del PNV, que impidiera la presencia de ediles abertzales en todos los consistorios que dominan. Pero la gran impronta del nacionalismo vasco tiene un nombre: doble moral.

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