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Recortes de Prensa    Domingo 1 Febrero 2009

Falta de liderazgo + depresión = desguace de la nación
José Luis Barceló elsemanaldigital 1 Febrero 2009

No es un título pesimista, es la constatación de una cadena de hechos que conducen a una única salida, salvo una urgente intervención. Uno de los mejores artículos que he leído recientemente sobre la situación que vive España en el contexto de la crisis mundial se debe a Roberto Centeno, catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM. Según su más reciente teoría, España va de cabeza hacia una depresión, que él diagnostica como "un largo periodo -diez años o más- caracterizado por un bajo nivel de producción, consumo e inversión, con quiebras masivas de empresas, un elevado nivel de paro, un descenso de los precios, y destrucción de la riqueza de las familias".

Coincide ello con que recientemente he releído un artículo que escribí en agosto de 2008 para esta misma columna en el que ponía a disposición de los lectores datos suficientes para estimar que nuestro país cerraría el año en "crecimiento cero", lo que, desgraciadamente se ha cumplido.

Centeno argumenta que España está, por una serie de hechos y datos, a punto de entrar en un periodo depresivo y concluye que este acontecimiento socioeconómico desembocará necesariamente en el "desguace" de España como nación. Coincido plenamente con él, salvo, claro está, que se intervenga antes. Simultáneamente a la crisis mundial –de la que nadie va a salir indemne-, sobresalen en nuestro país tres hechos consustanciales a nuestro ser: primero, el colapso estructural de nuestra crecimiento económico que Centeno tacha de "tercermundista", basado el crecimientos espumosos y puntuales de sectores críticos como el inmobiliario, mientras se iba destruyendo la industria o la agricultura; segundo, la ineficacia encadenada de nuestro Gobierno, actualmente incapacitado para conducir la crisis; tercero, nuestro modelo de Estado ha basado su crecimiento en el despilfarro, la ineficiencia y la corrupción.

Situación ideal siempre aprovechada por los enemigos de la unidad de España, fuerzas centrípetas que históricamente tienden a fortalecerse en la medida que el respeto y prestigio del Estado disminuye. Harán ahora su caldo gordo.

En cuanto a los datos, Centeno abunda en la dramática situación de nuestra Economía, aún sin desvelar de forma objetiva, puesto que las altas instituciones del Estado, como el INI o el Banco de España, falsean las cifras y datos en función del partido que gobierna, con lo que nunca se dispone de los datos reales. Efectivamente, durante el último trimestre de 2008 el PIB ha caído en un 2%. Para Centeno, "aquí y ahora la economía está cayendo al -8% en tasa anual". Extrapolando a 2009 este ritmo, ya que no hay razón alguna para vislumbrar un cambio de tendencia, se superará a finales de año el -10%. Para Centeno esto es estar en un estado de depresión.

Pero hay más cifras y datos. Centeno abunda en el hecho de que no todos los parados están inscritos en las listas de desempleo, siendo dramática la situación de las tasas de desempleo para menores de 25 años –con las cifras "oficiales"-, de casi un 30% frente a la media UE en torno al 16,4%. Siguiendo con la destrucción de empleo actual, es bastante probable que cuando llegue el verano –mitad de Ejercicio-, España ronde los 3,8 millones de parados "oficiales", que pueden ser en torno a 5 millones reales.

Por otra parte, al descender drásticamente el consumo familiar –que es el que sostiene la economía real de cualquier país-, los precios de han desinflado poniendo los precios al borde de la deflación, un caso insólito e inédito. Los precios se han derrumbado del 5,3% en julio al 1,5% en diciembre, argumentando el Gobierno que es por la caída del precio del crudo. No hay que ver más que el IPC y la cesta de la compra para ver de donde viene el descenso. Y lo que el Estado se ahorra en actualizaciones de salarios y pensiones con este mismo argumento.

Otros datos terribles apuntados por Centeno son el crecimiento desmesurado del déficit de las administraciones públicas –incluyendo ministerios, gobiernos autónomos, diputaciones y ayuntamientos-, con una caída vertical de la recaudación, de en torno al 12% para finales de este ejercicio. Aunque es cierto que nuestro nivel de deuda pública es inferior a la media europea, esto va a cambiar radicalmente por la disparatada política de gasto y avales al sistema financiero, alcanzando nuestro sistema de emisiones de deuda pública 100 puntos básicos por encima de las de Alemania, como si fuéramos un país capitalizado industrialmente cuando todo el mundo sabe que es justamente lo contrario. Se apunta a la quiebra inminente de la Seguridad Social para el año 2014, con la única solución de equilibrar el sistema de recaudación reduciendo las prestaciones en torno a un 30% -jubilaciones y subsidios- y aumentando otro 30% las debilitadas cotizaciones.

El sistema financiero está técnicamente quebrado, sobre todo las Cajas, altamente politizadas. España cuenta actualmente con la cifra más elevada de endeudamiento de todo el planeta, en torno a 900.000 millones de euros. Para evitar la inevitable quiebra a nuestro Gobierno solamente se le ha ocurrido disponer 200.000 millones de euros a disposición de bancos y cajas, "sin la menor obligación de fijar un calendario de repago de la deuda", según Centeno, quien afirma contundentemente que "todas las crisis crediticias han terminado en un colapso financiero y en una depresión". Según Centeno los 200.000 millones de euros deberían haber servido para avalar créditos a familias y empresas, y no para financiar los repartos de dividendos, que, encima, han sido autorizados.

Para este profesor, con quien coincido plenamente, solamente cabe adoptar dos medidas, muy parecidas a las propuestas por Barea:

1. Reducir la presión fiscal para restablecer el poder de compra de familias y empresas, incidiendo fundamentalmente en dar marcha atrás a la barbarie de Estado Autonómico.

2. Canalizar los avales financieros para salvar el poder adquisitivo de familias y empresas, asignando los 200.000 millones de euros justo a estos fines y no a otros. Única medida que puede evitar temporalmente la destrucción del consumo y la capacidad productiva del país, ya que el resto de las medidas adoptadas por el gobierno se han manifestado absolutamente inútiles.

En 12-18 meses asistiremos a la entrada inevitable de España en un estado de depresión económica para el que hay que estar preparado, y estaremos en la antesala de las reclamaciones para la liquidación de España como nación, a poco de que se convoquen nuevamente Elecciones Municipales y Autonómicas para 2011.

El PSOE no ve recambio
Editorial ABC 1 Febrero 2009

CON una ambigüedad perfectamente calculada, Rodríguez Zapatero deja caer de vez en cuando una supuesta duda sobre su continuidad como candidato a la presidencia del Gobierno al terminar la presente legislatura. La insinuación siempre discreta del líder provoca -como es natural- un inmediato cierre de filas en el aparato del partido, con evidentes matices entre la apología y la resignación, según el mayor o menor grado de proximidad al jefe.

Por un procedimiento más o menos sutil, estamos muy posiblemente en presencia del viejo truco del dirigente que hace un amago de retirada para buscar el apoyo de los suyos en circunstancias difíciles. Rodríguez Zapatero sabe que la crisis económica pasa factura y que no se puede vivir siempre a base de lanzar cortinas de humo y promesas sin contenido o de tender trampas al adversario para aprovechar las debilidades ajenas.

El presidente del Gobierno es un profesional de la política que conoce bien los entresijos de su partido y maneja con habilidad los circuitos internos. Su pésima trayectoria como gobernante y su escasa firmeza en el terreno de los principios tienen como contrapartida la capacidad para las tácticas y maniobras a corto plazo. No hay ningún motivo objetivo para dudar de que, después de algunos amagos de cara a la galería, será de nuevo candidato en 2012, si es que las graves circunstancias que vive la sociedad española no le obligan a un improbable adelanto electoral.

Contando con que la crisis no será eterna y con la ventaja que otorga el manejo de los resortes del poder, es muy probable que el actual presidente pueda competir con posibilidades para gobernar durante una tercera legislatura. Vistos los precedentes, las consecuencias serían muy perjudiciales para el interés general de España como nación, como estado y también como sociedad moderna y dinámica.

Por eso resulta urgente que el PP supere los conflictos internos, muchas veces artificiales, para ponerse a trabajar en lo que les importa a los ciudadanos: una alternativa eficaz, construida sobre la suma de esfuerzos y a partir de una firmeza ideológica que debe ser perfectamente compatible con la habilidad estratégica. Al margen de las opciones electorales, la experiencia demuestra que cuando el liderazgo en el seno de un partido se prolonga más de lo conveniente, la organización queda resentida hasta el punto de que la situación desemboca en una etapa traumática. Lo saben muy bien en el PSOE, porque a partir de su tercera victoria en las urnas, Felipe González comenzó un proceso irreversible de decadencia. Líderes carismáticos como José María Aznar y Jordi Pujol marcaron intensamente la vida de sus formaciones respectivas, dejando tras de sí una herencia difícil de gestionar para los sucesores. Rodríguez Zapatero dista mucho de ser un personaje político de alto nivel, pero con el paso del tiempo su estilo de hacer política marca una pauta en el PSOE que -si se prolonga más allá de los ocho años- puede provocar unas grietas internas que tardarán mucho tiempo en recuperarse.

Cuanto más se deja querer para que su gente le aclame, más se percibe la fragilidad de un líder poco fiable que siempre busca una ventaja inmediata sin reparar en las consecuencias. Sin embargo, el hecho de que la maniobra sea burda y previsible, no impide que sea eficaz para los fines que persigue. Tal vez el presidente del Gobierno sabe que su aparente estado de gracia con los ciudadanos pertenece ya al pasado y, en este sentido, es muy significativa la incomodidad y la falta de sintonía con la gente que demostró en su reciente comparecencia en televisión. Aunque sea de forma artificial, necesita por ello reforzar el impulso político dentro de su propio partido. Por tanto, no son inocentes en modo alguno estas aparentes dudas sobre su candidatura futura. Si alguien quiere abandonar de verdad la política, una vez cumplido su plazo, nadie le impide hacerlo, como demuestra el ejemplo de Aznar. Lo demás, son juegos artificiales para ver si alguien pica en el anzuelo.

La feria de los derrochesto
IGNACIO CAMACHO ABC 1 Febrero 2009

CIRCULA por internet un mensaje en cadena que pondera con ironía, comparando nuestra estructura de gasto público con la de Estados Unidos, lo ricos que debemos de ser los españoles para costear tantas administraciones y tantos funcionarios y para pagar tantos impuestos y derrocharlos luego con generosidad de contribuyentes alegres y dispendiosos. Es una reflexión llena de mala leche que deja el sabor agridulce del ingenio atinado; provoca al tiempo la sonrisa del sarcasmo y el reconcomio de la razón que lleva al describirnos como un país disipado que malgasta sus recursos con estúpida prodigalidad descontrolada. Nada que no se sepa, pero que resulta especialmente hiriente en una coyuntura de crisis, cuando esos recursos dilapidados contrastan con la creciente angustia de tantos ciudadanos abocados al desempleo, a la devaluación de su patrimonio y a la degradación de los servicios públicos.

Cuando ese planfletillo fue redactado aún no se había hecho pública la cifra de tres millones de funcionarios que pueblan el mapa hipertrofiado de cinco administraciones superpuestas —local, provincial, autonómica, estatal y europea— capaces de competir entre sí en la dudosa función de desorganizar nuestras vidas en un caos de competencias. Y tampoco se había celebrado la anual cita de Fitur, en la que cientos de cargos públicos de todos los partidos e ideologías se desplazan a Madrid —por supuesto a cargo del dinero de sus administrados— con la teórica misión de promocionar el turismo de sus respectivos territorios, cometido a menudo disperso entre varios patronatos y organismos de diferente ámbito competencial para un mismo destino. En cualquier organización de eficiencia discreta, para esa tarea bastaría la iniciativa privada o, a lo sumo, el concurso de un grupo de empleados competentes seleccionados entre el ejército burocrático de la tupida malla institucional. Pues no. Una pléyade de concejales, alcaldes, diputados, consejeros y asesores varios confluye de golpe en el machadiano rompeolas de las Españas para pasarse unos días a mesa, mantel, fiesta, estancia y viaje pagados, acompañados de una prensa local invitada con la misión de dar a conocer la fatua expedición de la que los desahogados viajeros deberían avergonzarse desde un mínimo sentido de ética social. Y sin que nadie pida cuentas, ni reclame austeridad, ni examine resultados ni exija detalles de tan superfluo excursionismo.

Más bien se contempla con indiferente naturalidad. Como los cientos de coches oficiales tuneados o sin tunear, los organismos inútiles en sedes fastuosas, el fárrago de cargos sin cometido o los millones evaporados cada año en protocolo y demás parafernalia suntuaria. Todo ese magma de derroche lo asimilamos con conformismo acrítico mientras el Estado acude al déficit para apuntalar el creciente gasto social exigido por la recesión. Ciertamente debemos de ser un país muy rico y muy sobrado para soportar toda esa prodigalidad con que una casta de supuestos servidores públicos se da la gran vida, gratis total, ajena por completo a los apuros de quienes les pagamos las facturas sin el mínimo atisbo de protesta.

Los abusos del poder
M. MARTÍN FERRAND ABC 1 Febrero 2009

ENTRA en el catálogo de lo posible, no en el de lo probable, que algún día España sea una democracia verdadera en la que luzca, por su evidencia, la separación entre los poderes del Estado y en la que, superada la esclavitud partitocrática, el Parlamento —recuperado como centro de la vida y el debate políticos— llegue a ser representativo. Lo que ya es más difícil, y debe apuntarse en la lista de los imposibles metafísicos, es que nuestro país, impregnado del respeto que los gobernantes le deben a los gobernados, ejerza como modelo de austeridad en el gasto público y el despilfarro, con corrupción o sin ella, deje de ser una prerrogativa al alcance de cualquiera de los figurones electos.

Aquí nadie quiere hablar de la contención del gasto que, inversiones estructurales y servicios sociales aparte, es una de las vías convenientes, incluso exigibles, para atajar en algo las crisis —la global y la específicamente nacional— que nos tienen a mal traer. Tanto es así que, de espaldas a la moderación, el Estado, en sus distintas Administraciones, ha superado ya la marca de los tres millones de funcionarios y empleados públicos. ¡Un millón más que hace una década! Donde más se advierte el exceso es en Cataluña. José Montilla y su disparatado tripartito centrífugo son autores y testigos del salto cuantitativo del personal que sirve a la Generalitat. ¡55.000 personas más que hace tres años! Un total de 220.000 funcionarios y contratados.

Esa dolosa superpoblación de la nómina pública, con cuanto acarrea de nepotismo, clientelismo y abuso de poder, no le parece grave al insigne Montilla que, ante la escandalosa contratación de informes externos que, por valor de 30 millones de euros, ha denunciado el sindicato de funcionarios Manos Limpias, los ha justificado por el inabarcable volumen de trabajo que padecen, pobrecitos, quienes abultan la nómina estable de las distintas dependencias de la Generalitat. Los informes, cuyos encargos claman al cielo, exigen una enérgica actuación del Tribunal de Cuentas del Estado, de la Sindicatura de Cuentas de Cataluña y de la Fiscalía o, en su caso, una decidida contestación ciudadana, cursan bajo epígrafes como «el grado de hibridación entre la codorniz común y la codorniz japonesa» o buscan el «diseño de una parchís puzle».

Estamos tan acostumbrados, durante siglos, a que los poderes, todos ellos, abusen de nuestra buena fe ciudadana y se aproveche de nuestro colectivo mal entendimiento de la resignación como virtud que ya empezamos a asumir como normal que nos metan la mano en la cartera. La justificación del bien común o la invocación del interés social han servido de bálsamo para el procedimiento; pero ya se han sobrepasado, y con escarnio, los límites de la paciencia. Por mucho menos han comenzado algunas revoluciones.

Nobleza obliga, Sra. Pajin.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 1 Febrero 2009

La falta de memoria de los dirigentes del PSOE es realmente preocupante. Su incompetencia manifiesta para aportar soluciones a la crisis y la tremenda recesión que nos aplasta, se quiere disimular mediante el uso de cortinas de humo y atacar al PP con lo primero que les viene a mano. Bien es cierto que el PP facilita mucho las cosas al no responder con contundencia a las injurias y acusaciones sin pruebas que lanzan desde sus medios. Además, tienen la desfachatez de exigir sobre esas mentiras que el PP dé unas explicaciones. El que quiera respuestas que aporte las pruebas para formular las preguntas. Si no será como siempre, demagogia de las más baja estopa, muy lejos de la “nobleza política” de la que alardea Dª Leire Pajin.

No es el PSOE el partido más apropiado para dar lecciones de “honestidad” o de “nobleza política”. Pronto se han olvidado de los casos como el GAL, la expropiación de RUMASA, las financiaciones irregulares del partido, la condonación de las deudas, las escuchas telefónicas del CSI, la negación de la negociación con ETA, la negación de la crisis económica, la creación del “cordón sanitario” contra el PP. No, desde luego no parece que la Sra. Pajin pueda mostrarse orgullosa del pasado de su partido, ni del presente, donde se da pábulo a las mentiras divulgadas por los medios afines.

Creo que el tema de los espionajes debe ser ya cortado de una vez y no dejar que cualquiera del PSOE siga lanzando infundios y sospechas sobre una gran mentira. La mejor forma es responder no solo políticamente, sino también en los juzgados, con la misma chulería que los socialistas no dudan en mostrar con frases como las pronunciadas del tipo “eso que me dice usted aquí, no se atreverá a decirlo ahí fuera, porque sabe que le pondría una demanda por difamación”. Pues habrá que pagar con la misma moneda y no admitir ni una sola palabra de más sobre este asunto.

Lo que debe hacer este “noble “PSOE” y su equipo en el Gobierno es empezar a acudir a dar explicaciones al Congreso de los Diputados. Debe dejar de esconderse y refugiarse en las sedes de sus medios de opinión y cumplir con su deber de rendir cuentas de sus actos en la sede de la Soberanía popular. Lo que debe hacer el Sr. Zapatero y toda su cohorte de voceros desparramadores de rumores, es dejar de entorpecer sistemáticamente la esencia del sistema democrático y no seguir aplicando ese “cordón sanitario” a todas las peticiones de comparecencia que le exige el PP.

Así que Sra. Pajín menos “escándalos” y más dedicarse a su trabajo, a ser posible sin acudir a la propagación de falsedades sin pruebas. A ser posible explicando con luz y taquígrafos, es decir en el Congreso de los Diputados las medidas extraordinarias multimillonarias, hasta ahora tan opacas como erráticas. Sean más transparentes y así los ciudadanos intentarán recuperar algo de confianza, porque actualmente es inexistente.

Antes de que el Supremo adoptara una decisión sobre la objeción frente a Ciudadanía, la ministra conocía el resultado y además grabó un video
El retorno de los brujos
César VIDAL La Razón 1 Febrero 2009

Comencé a temerme lo peor al escuchar las declaraciones de Magdalena Álvarez sobre las causas de la nevada que paralizó media España. La culpa esta vez no la tenían ni Bush, ni Aznar ni siquiera el cardenal Rouco. No. ¡Qué va! El responsable era un representante de Caja Madrid que estaba en el consejo de Iberia. Lo repito. Me quedé absolutamente abrumado ante la información proporcionada por la ministra de Fomento. ¡Un sujeto anónimo había provocado aquel desastre! Pero ¿qué poderes ocultos -verdaderos arcanos de la magia- podía poseer aquel hombre para desarticular de tal manera nuestros dispositivos contra las catástrofes naturales?

Durante un par de días anduve dándole vueltas a la cabeza hasta que la suma de desastres cotidianos me arrancó aquella inquietud. Y entonces, cuando había recuperado la calma, apareció la ministra Cabrera. Sé que la esposa del inefable Arenillas está llevando a cabo una gestión de Educación capaz de quitarle el sueño a cualquiera, pero no hubiera yo sospechado que pudiera estar dotada de poderes paranormales. Resulta que dos días antes de que el Tribunal Supremo adoptara una decisión sobre el tema de la objeción frente a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la ministra conocía el resultado y además grabó un video para Youtube en que lo comentaba. La noticia saltó a los medios cuando cuarenta y ocho horas después el Tribunal Supremo emitió la resolución y se descubrió todo.

Naturalmente, la ministra Cabrera se apresuró a negar lo sucedido (¡mentirosilla!), pero como en Youtube queda reflejado no sólo el día sino hasta la hora al segundo, finalmente, ha quedado claro que todo era cierto. Sé que algunos malintencionados -en España no faltan- han apuntado a que todo el episodio demuestra la colusión entre el Tribunal Supremo y el Gobierno de ZP. No puede ser. Insisto: no puede ser. Tampoco creo yo que el Altísimo -a pesar de que en su día hiciera hablar a la burra de Balaam- fuera el que soplara a la ministra Cabrera el contenido de la sentencia con dos días de antelación. Más bien, nos encontramos con una nueva manifestación de lo paranormal a la vez que con una explicación del raquitismo curricular de la ministra. Dedicada al cultivo de las ciencias ocultas, apenas ha tenido tiempo para dedicarse a investigar o a escribir. Sé que a muchos esto les inquietara porque no es cuestión de estar en manos de hechiceros y aprendices de brujo, pero quizá aquí resida la clave para salir de la recesión que sufrimos.

Me refiero al retorno de los brujos. Porque con el cambio, no perderíamos. Por ejemplo, ¿si Rappel se incorporara al gabinete de ZP, gastaría en fondo de armario lo que se ha fundido la vicepresidenta de la Vega? O, sinceramente hablando, ¿sería posible que Octavio Aceves fallara más en sus predicciones que Solbes o el mismísimo presidente del Gobierno a la hora de anunciar que en esta legislatura tendríamos pleno empleo? Con el corazón en la mano, me atrevo a señalar que no. Naturalmente, también me apresuro a decir que lo que aquí formulo no supera el terreno de la conjetura, pero, por esta vez, desearía estar en lo cierto. ¡Qué inmenso alivio sería el contemplar cómo algunas ministras se suben a su escoba y se largan de una vez por todas a su casa!

Nada tengo contra el honesto funcionariado público, pero no consigo comprender la necesidad de esta abundancia. Manía muy socialista
Funcionarios
Alfonso USSÍA La Razón 1 Febrero 2009

Se atribuye a Ramón Gómez de la Serna y a Catarineu. Suena más divertido con el primero y más verídico con el segundo. También los escritores y poetas de la posguerra querían ser funcionarios del Estado, un seguro de sueldo para toda la vida. En el siglo XIX, el mejor poeta satírico español, Manuel del Palacio, también alcanzó el sosiego del funcionariado en el ministerio de Ultramar, en el que no ponía un pie.

El cambio de ministro destrozó sus planes. Fue nombrado ministro de Ultramar don Juan Manuel Sánchez Gutiérrez de Castro, duque de Almodóvar del Río, Grande de España y muy bajo de estatura física, amén de gruñón y cascarrabias.

Enterado el ministro de la nula labor que ofrecía al ministerio Manuel del Palacio, le dio boleta. Y don Manuel se vengó con unos versos precisos. «¿No lo conoces aún?/ Pues lo mismo que otros cien,/ no pasa de lo común./ Entre cursi y parisién,/ trucha con algo de atún./ Parece grande y es chico,/ fue ministro porque sí;/ y en cuatro meses y pico,/ perdió a Cuba, a Puerto Rico,/a Filipinas¿ y a mí». Vuelta a Gómez de la Serna o Catarineu. Son funcionarios enchufados. Tampoco acuden al Ministerio. Y un Jefe de Sección les urge a presentar un informe acerca de su negociado. La respuesta no se hace esperar, pero los conduce directamente a la calle. «La Sección está al corriente,/ y los papeles en regla./ Nada tenemos pendiente/ salvo el bolo que me cuelga».

En la España de Zapatero la cifra de tres millones vuela de un lado a otro. Se han alcanzado los tres millones de parados, y simultáneamente, los tres millones de funcionarios. Mientras un millón y medio de asalariados perdían su trabajo, el monstruo público ha contratado a ciento veinte mil funcionarios más. Muchos de ellos, parientes de los que mandan. Nada tengo contra el imprescindible y honesto funcionariado público, pero no consigo comprender la necesidad de esta abundancia.

Manía muy socialista. Contratar, enchufar, colocar y pagar a los allegados con el dinero de los contribuyentes. Antaño se hacía con los cuñados, pero no hay tantos cuñados para ocupar ciento veinte mil plazas nuevas. Don Juan March rogó vivamente al ministro Gual Villalbí un puesto de funcionario para el hijo de un íntimo amigo de su infancia mallorquina. A March no se le negaban las cosas, y el chico ingresó en el ministerio una semana más tarde, sin exámenes, oposiciones ni trámite selectivo alguno. Meses más tarde, y a punto de ser cesado -«Con Gual o sin Gual¿/ es igual»-, Gual Villalbí se sinceró con March. «Su recomendado, don Juan, y lamento mucho decírselo, no vale para nada. ¿Por qué no lo ha colocado usted en alguna de sus empresas?»; «Porque, como usted bien ha dicho, señor ministro, no vale para nada, y para trabajar en mi grupo, hay que valer».

España, que como Estado ha cedido muy numerosas competencias a las autonomías, se ha convertido en un Estado limitado con diecisiete Estados sin límites que se creen que todo es jauja. De seguir así, cuando el Gobierno de Zapatero produzca cuatro millones de parados, el funcionariado público ascenderá hasta la misma cifra. Aquí termina de funcionaria hasta Pilar Bardem, si no lo es ya.

Objeción
JON JUARISTI ABC 1 Febrero 2009

VAMOS a ver si lo he entendido. ¿Prohíbe el Tribunal Supremo la objeción de conciencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía? Si así fuera, el Tribunal Supremo resultaría mucho más objetable que la asignatura mencionada. La objeción de conciencia pertenece a lo que en otros tiempos se llamaba fuero interno de la persona, algo en lo que no se metían los tribunales ni Tomás de Aquino, santo que tocaba cuando escribí este artículo, aunque no por ello deba achacársele la responsabilidad de haberlo inspirado (o quizá sí). La objeción de conciencia consiste en el desacuerdo, expreso o tácito, con una ley que repugna a las convicciones o principios éticos o religiosos del sujeto. Generalmente, la objeción de conciencia suele llevar aparejada la voluntad de no acatar la ley en cuestión. La puesta en práctica de tal voluntad, el paso al acto, se llama desobediencia civil, sobre lo que escribió páginas muy sensatas Henry David Thoreau, un anarquista. Thoreau, como se recordará, afirmaba que el Estado no puede enfrentarse a la razón moral o intelectual de un individuo, sino sólo a su cuerpo, porque el Estado es físicamente más fuerte que cualquier ciudadano, pero no superior en inteligencia ni en moralidad (de ahí que, como educador moral, el Estado tenga la misma legitimidad que un burdel).

Thoreau era de izquierdas, pero de una izquierda que por aquí no se lleva. Como no le iba el gregarismo, jamás se propuso crear un partido, sindicato ni cosa parecida. Tampoco pretendía destruir violentamente el Estado. Recomendaba irse al bosque y vivir lo más lejos posible del control estatal de los cuerpos y del control visual de cualquier vecino. En el caso de no poder hacerlo, la única salida decente estaría en la desobediencia civil, porque no hay mejor lugar que la cárcel bajo un Estado inicuo. Thoreau escribió su ensayo sobre la desobediencia civil en 1849, y el Estado que denostaba era el de los Estados Unidos. A Thoreau le parecían suficientes pruebas de la maldad de dicho Estado la guerra contra Méjico y el mantenimiento de la esclavitud de los negros, pero no le metieron en la cárcel por pensar de este modo ni por publicar lo que pensaba. En los Estados Unidos la libertad de conciencia y el derecho a objetar y disentir son sagrados. Lo encarcelaron por desobedecer a las leyes. Thoreau sabía, por otra parte, que el precio de la desobediencia civil suele ser la cárcel y estaba dispuesto a pagarlo. Como anarquista, exageró quizá la perversidad del Estado, pero está en la raíz de la gran revolución democrática americana del siglo XX (me refiero a la de Martin Luther King y el Movimiento por los Derechos Civiles), en la que Obama dice inspirarse.

La prohibición de la objeción de conciencia por parte del Tribunal Supremo sería un crimen. La de la desobediencia civil, una estupidez, porque, por definición, la desobediencia civil está siempre prohibida. Pero el problema no es el Tribunal Supremo, que se ha limitado a sancionar con una lamentable sentencia la obligatoriedad de una asignatura, sino los que aplauden el supuesto avasallamiento jurídico de la objeción de conciencia. Que sean los mismos que propugnan la Educación para la Ciudadanía no tiene nada de extraño. Tal materia es un instrumento para la nivelación totalitaria y, a partir de ahora, como ha quedado claro, incluirá la condena de la objeción de conciencia, lo que es infinitamente más grave que la incitación a la sodomía escolar.

Queda a discreción de los movimientos que se han opuesto a dicha asignatura, cuando se agoten las pocas vías jurídicas que les dejan, emprender o no campañas de desobediencia civil. Thoreau lo habría aconsejado sin esperar a que tomara la iniciativa organización alguna, porque habría intuido en los jubilosos titulares de algunos periódicos de gran tirada, el jueves pasado, una amenaza inminente para la libertad. Pero no estamos en los Estados Unidos, una nación creada por objetores de conciencia, sino en un país de progresismo pecuario al que terminarán rebautizando como Cabrera o cosa parecida.

Cuba: demasiados años, demasiados cómplices
La engañosa prosperidad de los año 70 y 80 del siglo pasado fue un espejismo creado por los subsidios soviéticos, puntualmente pagados con la vida de los miles de cubanos que Fidel Castro envió a los mataderos de Angola, Zaire y Etiopía.
EDITORIAL Libertad Digital 1 Febrero 2009

El domingo se celebran, a las 12 en Madrid y a las 12:30 en Barcelona, sendas manifestaciones a favor de la libertad y la democracia en Cuba, una nación que sufre desde hace 50 años una dictadura que ha convertido un país próspero y con excelentes expectativas de futuro en un amasijo de escombros, o como dice Vladimiro Roca, líder del Partido Socialdemócrata de Cuba, "una ciudad bombardeada".

Ninguna de las promesas que Fidel Castro hizo a su pueblo se ha cumplido. La población cubana es hoy no sólo menos libre y más pobre que entonces, sino además más inculta e incluso menos sana, sobre todo si la comparamos con los países cuyos niveles de desarrollo allá por 1959 eran similares al de Cuba. A lo anterior hay que añadir el racismo, el machismo y la homofobia institucionalizados y la persecución religiosa, lacras que han sumido al país en un atraso social y una degradación moral sin precedentes. La engañosa prosperidad de los año 70 y 80 del siglo pasado fue un espejismo creado por los subsidios soviéticos, puntualmente pagados con la vida de los miles de cubanos que Fidel Castro envió a los mataderos de Angola, Zaire y Etiopía.

Lavado de dinero, tráfico de drogas, prostitución generalizada e involuntaria, exportación masiva de represores a Venezuela, Bolivia y Ecuador y oscuros tratos con otras dictaduras son los medios que la familia Castro usa para perpetuarse en el poder a costa de un pueblo extenuado, buena parte del cual sobrevive gracias a lo que en ese doble lenguaje que imponen las dictaduras denominan FE: Familia en el Extranjero. La desaparición de las infraestructuras de transporte, el desempleo, la proliferación de asentamientos chabolistas, el desmoronamiento de escuelas y hospitales, el aumento espectacular de la población carcelaria y las cientos de miles de peticiones de emigración configuran un paisaje devastador que por desgracia buena parte de la izquierda española contempla con una mezcla de impasibilidad y complacencia.

A pesar del estrepitoso fracaso del socialismo cubano, no faltan los políticos que a día de hoy lo siguen apoyando y justificando. El castrismo es un ejemplo para formaciones políticas como el Partido Comunista de España y la coalición Izquierda Unida, cuyos líderes alaban la tiranía cubana siempre que tienen ocasión. Asimismo, un importante número de intelectuales y artistas occidentales continúan transmitiendo una imagen falsa del régimen mientras peregrinan a la isla para participar en sus certámenes culturales y rendir culto a asesinos en serie como Ernesto "Che" Guevara. Ante las mentiras sobre la presunta bondad de la dictadura cubana, Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, lamenta las cosas que se oyen desde Europa, "sobre todo desde España, sobre el cambio en Cuba", y pide al Gobierno que no se deje engañar por Raúl Castro.

Sin embargo, no parece que estos llamados vayan a ser escuchados por quienes el sábado asistieron a las manifestaciones a favor de Fidel Castro organizadas en diversos puntos de la geografía española bajo el lema "Cuba, no estás sola". Estas personas son buenos ejemplos de los denominados e-revolucionarios por nuestro colaborador Antonio José Chinchetru, ciegos voluntarios cuya actitud "totalmente racista y supremacista" los lleva a pensar que "el cubano, por el mero hecho de serlo, no tiene los mismos derechos que reclaman para ellos como europeos". De forma similar se expresa Oswaldo Payá, del Movimiento Cristiano de Liberación, quien denuncia la postura reaccionaria de los que piensan que "el pueblo de Cuba eligió vivir sin derechos". O como acusa Zoé Valdés, encargada de leer el manifiesto de la manifestación en Madrid, en su último libro, "los fascistas son ellos, que apoyan las condenas a poetas y escritores y aplauden el fusilamiento a jóvenes negros".

Así pues, lejos de ser un acto hostil a Cuba, las manifestaciones del domingo constituyen un reclamo de vida, que como señaló Reinaldo Arenas es el peor enemigo de cualquier régimen dogmático. A nigún demócrata le debería resultad indiferente el sufrimiento de esos 11 millones de seres humanos, como recuerda Víctor Llano. Desde Libertad Digital nos sumamos a los deseos de paz y libertad para todos los cubanos y exigimos al Gobierno de España que ponga fin a la política de comprensión hacia el castrismo. A menudo, la indiferencia es el mayor cómplice de la injusticia.

Izquierda y Cuba
Como progres en Semana Santa
"Socialismo para los cubanos y libertad para mí" es su divisa.
Pablo Molina Libertad Digital 1 Febrero 2009

La izquierda selecciona cuidadosamente las causas a las que presta su apoyo, lo que no impide que, cuando se pone a denunciar, acuse de los más graves pecados sectarios a los que no se suman a sus algaradas. Ya vimos el calificativo que merecían a una escritora señera todos aquellos que no acudimos a gritar asesino a Aznar, un exabrupto zafio que retrata muy bien la tolerancia que suele utilizar la izquierda en sus debates filosóficos.

Pero a pesar de la farfolla argumental con que adorna su discurso, la izquierda no se ha manifestado jamás contra la injusticia, la opresión o la tiranía como fenómenos intrínsecamente nocivos para la convivencia. Lo ha hecho, lo hace y lo hará, únicamente, si los autores de la villanía están incluidos en su catálogo particular de enemigos de la humanidad, a saber: el capitalismo, Norteamérica o Israel. Fuera de este trinomio el progresismo no se considera interpelado a pronunciarse.

En el caso concreto de la dictadura cubana, los progres no sólo no protestan contra la vileza de un régimen que mantiene en la miseria a todo un país y a miles de ciudadanos sufriendo tortura y cárcel por manifestar sus discrepancias contra el partido comunista, sino que les parece muy bien este estado de cosas a juzgar por el entusiasmo con que tratan la figura de Fidel Castro. Hombre, a veces introducen algún matiz en sus felaciones intelectuales pidiendo un poquito de democracia y tal, pero el último documento del expediente es una condena absoluta a los Estados Unidos de Norteamérica como causantes de la miseria cubana. Es decir, que los cientos de presos políticos de la isla por el hecho de tener un fax clandestino lo son por culpa de Bush, y si usted opina algo distinto es porque es un fanático protofascista intoxicado por los medios de la derecha.

Este domingo se retratarán todos ellos de nuevo con su ausencia institucional en la concentración a favor de la libertad para Cuba en el cincuenta aniversario de la implantación de la tiranía familiar de los Castro. No es descartable que algunos destacados progresistas aparezcan por la Puerta del Sol para cubrir una cuota exótica de pluralidad. Pero no se engañen. Entre la libertad y el socialismo todos y cada uno de ellos defenderán lo segundo. "Socialismo para los cubanos y libertad para mí" es su divisa. Y capitalismo, todo el que pueda y un poco más. Quien acepte lecciones de moral de estos personajes debería hacérselo mirar por un buen psiquiatra.

El escandaloso doble rasero de la izquierda con Castro
EDITORIAL El Mundo 1 Febrero 2009

LA MANIFESTACION a favor del régimen cubano celebrada ayer en Madrid con el apoyo de IU, el PCE y CCOO cubre de oprobio a una izquierda que se dice demócrata, que se llena una y otra vez la boca con las palabras «derechos humanos», pero que a la hora de la verdad es incapaz de denunciar los atropellos de una dictadura.

El acto de ayer fue tramposo de principio a fin. En primer lugar, la fecha se escogió con el propósito de contraprogramar la concentración anunciada previamente para hoy en la que se denunciará la falta de libertades en la isla.

El propio lema de la convocatoria, Cuba no está sola, es un fraude.Los convocantes no apoyan con este tipo de movilizaciones a los cubanos, sino al régimen; no a Cuba, sino a Fidel Castro. Si de verdad pretendieran lo mejor para los cubanos reclamarían para ellos los derechos y libertades exigibles para cualquier persona, empezando por el ejercicio del voto y la libertad de expresión.

El colmo es que haya sido precisamente la secretaría de Derechos Humanos de IU uno de los encargados de llamar a la movilización, despreciando así los informes de Amnistía Internacional que año tras año denuncian al régimen castrista por conculcar las libertades fundamentales. Mientras esta izquierda mira con desvergüenza para otra parte, en Cuba se sigue encarcelando sin cargos y sin juicio a las personas, se hostiga a los disidentes y a los activistas de los derechos humanos, continúa habiendo presos políticos y sigue vigente la pena de muerte.

En esta ceremonia de manipulación, los organizadores de la esperpéntica manifestación de ayer criticaron dos cosas: el «bloqueo criminal» que, aseguran, EEUU mantiene sobre la isla, y la «grosera injerencia» en los asuntos internos cubanos de Esperanza Aguirre.

A lo primero cabe responder que Cuba no está sometida a ningún bloqueo, sino a un embargo, y que éste afecta sólo a determinados sectores. De hecho, EEUU es hoy el primer exportador de productos agrícolas a Cuba. Tan es así, que hay analistas de política internacional que advierten en el sorprendente ataque de Fidel Castro al nuevo presidente de EEUU de esta semana un intento desesperado por evitar que Obama elimine definitivamente el embargo, lo que dejaría al régimen sin la posibilidad de seguir utilizando a Washington como la excusa de todos sus males. No es el embargo sino la incapacidad del régimen lo que impide que los cubanos tengan más alimentos y mejores servicios básicos.

Las acusaciones a la presidenta de la Comunidad de Madrid por haber dado 500.000 euros (80 millones de pesetas) a asociaciones del exilio cubano se contestan por sí solas, aunque ahí puede estar el quid de la movilización de ayer. Probablemente los organizadores han querido utilizar también a Cuba como tambor contra Aguirre, su verdadero y obsesivo objetivo político.

En fin, la izquierda que ayer se manifestó en Madrid a favor de una dictadura, la misma que se desgañita contra Israel en una clara ideologización de los derechos humanos, es un bochorno para la democracia. Sólo podemos confiar en que lo que quieren para los cubanos no lo consigan aquí para los españoles. El país ya ha pasado por eso y prefiere vivir en un Estado de Derecho.

¿Un declive del Estado en el futuro?
Francisco Rubiales Periodista Digital 1 Febrero 2009

Ante la publicación en Voto en Blanco del artículo Lo que hay que refundar es la democracia y el liderazgo, un colaborador del blog disiente del vaticinio de que el socialismo light y el intervencionismo de los estados fortalecidos sean una de las claves del futuro mundial, proponiendo como tesis más creible y plausible un "declive de los estados".

"En el futuro --afirma el lector-colaborador Javierito-- es más plausible un declive de los Estados, ya que estos tienden al gigantismo (caso particular de España), a la ineficiencia, al despilfarro, al favoritismo, a la pésima gestión, al uso de recursos valiosísimos en chorradas (pinturitas de cúpulas, subvenciones de cine que nadie quiere ver, compra de votos). Los grandes triunfadores de esta crisis serán las grandes empresas que sepan moverse en esta depresión. Ellas serán las que marquen los nuevos tiempos, ante el declive de los estados. El futuro está en la privatización de muchísimas funciones que desarrollan los estados."

Y explica su tesis con los argumentos siguientes:

No estoy de acuerdo de que tarde o temprano vayamos a un modelo socialista más o menos blando. Todo lo contrario. Para que eso suceda se necesita que los estados tengan recursos y casi todos están endeudados o se están endeudando hasta las cejas. El Estado no es más que una correa de transmisión de la capacidad y recursos que tienen las empresas y familias, una vez que estas han sido expoliadas mediante impuestos. En estos momentos las familias y empresas están endeudadas en cantidades astronómicas (en España deben casi 2 billones de euros) y por lo tanto, el Estado, es decir, los políticos, no tienen dónde meter mano, por lo que están recurriendo al aumento de impuestos y a la emisión de deuda, aunque cada día encuentran más dificultades para colocar dicha deuda en forma de Bonos y Letras del Tesoro, por lo que no quedará otro remedio que ofrecer una mayor rentabilidad.

Esto hará que sea más cara la financiación, y con las cantidades gigantescas que están ofreciendo para salvar todo el tinglado nos arriesgamos a que los estados entren en suspensión de pagos. Ya ha sucedido con Islandia, país riquísimo, en teoría, y puede suceder con los mismísimos Estados Unidos, aunque antes hay otros en la lista como Argentina, Venezuela (ambos de corte socialista, es decir, expertos en el saqueo de gente emprendedora, trabajadora y productiva), Egipto, Indonesia, Rusia, Turquía, Bulgaria, Hungría, Ucrania, etc. Una vez que no obtengan suficiente dinero con la Deuda, el siguiente paso será monetizar esa Deuda, vamos que habrá que darle a la maquinita de hacer billetes con alegría. Por papelitos que no sea.

Parece que por desconocimiento o por propaganda, el ciudadano está convencido que el Estado es una especie de dios que es capaz de garantizar o estabilizar todo el sistema. Parece que el aval del Estado es capaz de tranquilizar y dar seguridad a todo, cuando la realidad es que está expuesto a parecidos riesgos de una empresa. Si fallan los impuestos y la Deuda, es decir, si fallan los ciudadanos capaces de generar riqueza y no se consigue crédito, no hay otra salida que la suspensión de pagos. Son los Estados, de mano de sus políticos, los que han montado el tinglado que nos está llevando al desplome. Son los Estados los que tienen el MONOPOLIO de la emisión de moneda y los que fijan los tipos de interés. Es decir, los que han propiciado la expansión crediticia que está produciendo esta crisis. Ahora hay que pagar la factura y resulta que no hay dinero, solo deudas. Y pretender que los causantes del desastre presente y el que está por venir, serán los que nos salven ... es para alucinar.

Y los políticos poco pueden hacer en estas circunstancias, sus recursos son limitados. El problema subyacente es una hiper-mega-deuda que no hace más que aumentar, producto de una expansión crediticia demencial, típica del dinero creado de la nada, el dinero fíat. Si no se aumenta el crédito no se crece, y si se aumenta, las deudas acaban por ahogarnos. Con el dinero fíat no hacemos más que perder poder adquisitivo y contraer cada día más deudas. Es muy fácil saber la inflación real que tenemos, en lugar de ese engañabobos que es el IPC. Se coge el incremento de la masa monetaria anual (en los últimos años una media del 10-12%) y se le resta el PIB. Ya tenemos la inflación real, no la del IPC. Es fácil deducir que en los últimos años hemos tenido una inflación real del 7- 9 % anual.

La derecha y la cultura
BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 1 Febrero 2009

COMO siempre, hablo de «derecha» y de «izquierda» en sentido convencional. Es muy impreciso, pero ustedes me entienden sin problema. En este contexto, «cultura» significa cualquier forma de producción de ideas o manifestaciones artísticas susceptibles de influir en el comportamiento del público -ilustrado a medias- que produce la sociedad de masas. A partir de tales premisas, como si fuera un manual anglosajón de filosofía analítica, la tesis es la siguiente: la derecha necesita con urgencia plantear y ganar la batalla ideológica y recuperar el terreno perdido -absurdamente- en el ámbito cultural. El fenómeno, casi universal, multiplica sus efectos en España. Para traducir en prosa las consecuencias electorales, recuerden cuántos años han gobernado los socialistas y cuántos los populares en el último cuarto de siglo. Las ideas, aquí y ahora, son pocas y malas.

La izquierda opta por la indiferencia permisiva, de vaga raíz posmoderna. La derecha, por un realismo versátil que conduce a esa inútil «escuela del desaliento», como la llama lord Byron: no hay nada que hacer en este campo sembrado de minas. No sirve de consuelo, al menos no debe servir, la sonrisa escéptica del ejecutivo arrogante y poco dispuesto a perder su valioso tiempo con esta monserga. Para citar a uno de los nuestros, Mariano José de Larra: «¿Letras? Las de cambio. Todo lo demás es broma...»

La izquierda juega con ventaja, al menos eso parece. Cuando hace falta, siempre en el momento preciso, despliega su poder mediático y académico mientras el adversario se bate en retirada. Si me lo permiten, recupero algunas ideas de mi primera Tercera de ABC. Era el 28 de agosto de 1998, allá por el siglo pasado. Esas activas minorías que dominan el debate cultural nos imponen qué literatura, qué arte, qué política debemos consumir para ser «libres» a su modo y manera. Configuran así una rechazable tiranía de la opinión pública ante el escándalo de los liberales genuinos. No cabe recurso de ningún tipo contra su dictamen implacable, que conlleva la condena -a través de la hoguera o del silencio más espeso- para quienes no encajan en esa poderosa corriente y en los círculos que la sustentan. Nos exigen que utilicemos un lenguaje edulcorado («género», «progreso», «solidaridad») y que ensalcemos a los aburridos genios posmodernos. Tal vez lo principal: es obligado adoptar en tiempo y forma sus expresiones artísticas o literarias y, por supuesto, adquirir y pagar el producto en el lugar oportuno. La derecha calla y otorga. La izquierda se acomoda en el triunfo. El debate casi no existe. La buena gente hace lo que le mandan. La vida pública pierde calidad. Ganan los mediocres. Perdemos todos. A muchos, tampoco les importa.

¿Acaso no hay pensadores y creadores ajenos al tópico progresista? Me resisto a poner ejemplos, para no confundir anécdotas con categorías. Les garantizo que, desde Homero en adelante, podemos llenar las mil doscientas palabras que contiene este artículo con nombres y apellidos del más alto rango universal. La clave está en disputar con éxito la herencia del humanismo y de la Ilustración. Fuera del mundo moderno sólo hay sitio para el rincón de la nostalgia. Gritar a la defensiva con tono de apocalipsis es una fórmula infalible para perder la batalla. La sociedad de masas es así, y con ella su forma de gobierno, la democracia mediática. Es urgente construir un mensaje atractivo en dura lucha contra el desconcierto general.

No nos engañemos: mucha gente honrada compra recetas de moral evasiva con la única finalidad de sobrevivir en la oscura vida cotidiana. Se palpa una angustia latente en el centro comercial y en otros «no lugares» (la expresión, ya saben, procede de Marc Augé), esos espacios imposibles para el auténtico «vivere civile». ¿Soluciones? Ninguna es mágica, pero casi todas están inventadas. Libertad y responsabilidad. Imperio de la ley. Educación, respeto, civismo. Familia y principios éticos. Rigor, austeridad, honradez. Carácter instrumental de los bienes materiales. Excelencia, calidad, valor de la obra bien hecha. Reconocer el mérito: el triunfo de los mejores es bueno para todos. Espíritu abierto al mundo. Patriotismo sensato, lejos del localismo ridículo y estrecho. Ideas claras y rechazo del pensamiento débil y confuso. Perseverancia e ilusión renovada frente al ambiente apático y hedonista... Rajoy apeló hace poco a estos valores positivos, pero los oyentes sólo pensaban en películas de espías. Son las viejas virtudes liberales, de honda raíz humanista. Nada nuevo, si se fijan: Atenas, Roma, Jerusalén, Europa moderna, América contemporánea...

La fuente clásica sigue siendo el discurso de Pericles, piedra angular de la teoría política en Occidente. Es fácil percibir ecos lejanos incluso en el mensaje presidencial de Barack Obama. Una copia menor, sin duda: es muy difícil pasar a la historia en el capítulo reservado a los gigantes. Por supuesto, cualquier comparación le favorece cuando miramos a nuestro alrededor. Elogio brillante de los Padres Fundadores y sus principios ilustrados, con la excepción significativa del libre comercio. Un socialdemócrata «muy puro», según Zapatero. El historiador de las ideas no sabe si reír o llorar. El analista de la vida española descubre la maniobra de siempre. El objetivo es desplazar a la derecha hasta el pelotón de los torpes.

Un día sí, y el otro también. El sectarismo nubla el intelecto y anula la racionalidad. Si la izquierda dice «buenos días», algún coro responde indignado: mentira, porque yo digo «buenas noches». La trampa funciona. Gente decente, conservadores o incluso liberales, terminan recluidos en el infierno dialéctico: les obligan a defender lo indefendible o, cuando menos, quedan al margen de cualquier novedad cultural que pueda calar en la mentalidad posmoderna, frágil por naturaleza pero influyente como ninguna. Algunas veces, el Partido Popular disfraza sus conflictos internos bajo un sedicente barniz ideológico. Es imprescindible apagar un fuego que amenaza incendio. En todos los partidos del mundo civilizado conviven dos o tres «almas». En los americanos, por cierto, al menos quince o veinte. El mensaje sigue siendo el medio. Es una buena idea abrir el campo político a las tecnologías de la sociedad de la información. Ahora hace falta transmitir virtudes liberales vía «tuenti» o «facebook» o algún «blog» atractivo para ganar la confianza de tantos jóvenes renuentes. Caso práctico sobre control ideológico. El «foro abierto» organizado por los populares merece el elogio sincero de los teóricos de la democracia participativa y deliberativa. No lo tendrá, naturalmente, porque todos esos teóricos son de izquierdas...

Las elecciones se ganan y se pierden en el estrato más profundo de la mentalidad colectiva. Los seres humanos no sólo queremos conseguir la victoria y llevarnos el premio. También queremos tener razón y disfrutar del reconocimiento ajeno. Por algo inventamos las ideologías, complemento racional -a veces- de las pasiones irracionales. Desde la izquierda más culta, el malogrado Rafael del Águila escribió con frecuencia sobre la «sobredosis» de creencias que inunda el mundo actual. Incluso el nihilismo -real o imaginario- funciona como un impulso para la voluntad de poder. No sé qué pensarán de nosotros las generaciones futuras... Volvamos al asunto: aquí y ahora, es preciso disputar y ganar el debate ideológico y cultural por parte de una derecha indolente en exceso. Por cierto, tal y como están las cosas: ¿es buen momento para hablar de las virtudes liberales? Me temo que tiene razón el personaje de Balzac: «ciertas sensaciones incomprendidas hay que reservarlas para uno mismo».

****************** Sección "bilingüe" ***********************

El Gobierno avala la inmersión, pero exige al tripartito la tercera hora de castellano
I. ANGUERA – ABC  1 Febrero 2009

BARCELONA. Sólo ha hecho falta que el PP llevara al Congreso una propuesta para reformar la actual Ley Orgánica de Educación -con el objetivo de garantizar la educación en castellano en toda España, incluidas las comunidades bilingües- para que la ministra de Educación, Política Social y Deporte, Mercedes Cabrera, tienda puentes a la Generalitat en este terreno. Cabrera se estrenó en la pasada legislatura poniendo en serios aprietos al Gobierno catalán con su Decreto de enseñanzas mínimas, en el que se incluía la obligatoriedad de «al menos» tres horas semanales de clase de castellano. Decreto que ha sido recurrido por la Generalitat y que el tripartito catalán se ha negado hasta ahora a aplicar.

Sin embargo, ayer la ministra cambió de tercio para expresar su apoyo al modelo educativo catalán, esto es, al sistema de inmersión lingüística que convierte al catalán no sólo en lengua vehicular sino en casi única de los primeros cursos, para garantizar el aprendizaje de esta lengua, especialmente entre los niños que no la tienen como lengua materna. Cabrera hizo esta «cesión» en una entrevista a la cadena autonómica TV3, en la que también exigió, sin embargo, que la Generalitat cumpla con la tercera hora de castellano que el tripartito, por boca de ERC, rechaza frontalmente.

«No tengo ningún dato que me diga que ahora mismo los estudiantes catalanes tienen un nivel de conocimiento del castellano más bajo que los de otras comunidades autónomas» aseguró la ministra para explicar su apoyo a la inmersión lingüística.

Sin embargo, los puentes tendidos ayer por la ministra no parece que vayan a tener demasiada incidencia en un Gobierno tripartito que se niega en rotundo a aplicar la tercera hora, considerada en primer lugar como una invasión competencial y, sobre todo, como un ataque a la línea de flotación de esa inmersión lingüística que Cabrera asegura defender. Aunque el conseller de Enseñanza, Ernest Maragall, jugó en un principio con la posibilidad de aplicar el decreto, la oposición frontal de Esquerra, avalada en este caso por el president Montilla, le hizo desistir del intento.

De hecho, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ordenó el pasado julio a la Generalitat la aplicación «estricta» del decreto a partir de este curso, mandato que la Generalitat ha incumplido de nuevo, a la espera de aprobar este año la Ley de Educación catalana, en la que ya se ha introducido el blindaje competencial necesario para evitar el mandato gubernamental.

El decreto obliga a dar al menos tres horas lectivas de castellano en los dos primeros cursos de Primaria. Sin embargo, la tónica es que los centros públicos catalanes impartan únicamente 140 horas de Lengua Castellana, lo que no permite cubrir la tercera hora semanal. Así lo constató el propio TSJC en su resolución del pasado mes de julio.
La propuesta del PP

La presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, aseguró que la propuesta educativa de su formación «es un proyecto basado en la calidad y en la libertad» y añadió que su partido quiere «que los padres y las madres sean los verdaderos protagonistas de la educación de sus hijos», garantizando su derecho a escoger la lengua de primera escolarización, así como el centro escolar y una educación «adecuada a sus convicciones morales».

Sánchez-Camacho consideró fundamental el derecho de elección del centro y recalcó que el PPC no desea «que se hagan trampas de falsos empadronamientos» y que para ello proponen que «Cataluña se convierta en zona única». La presidenta del PPC, que ayer presentó la propuesta educativa de su partido, explicó que este texto alternativo a la Ley de Educación del Govern quiere recuperar el papel del profesor «reconociendo el rango de autoridad pública y dándole capacidad para imponer orden en la aula».

Subrayó además la necesidad de recuperar el valor del mérito y el esfuerzo: «Queremos ayudar a los alumnos que no puedan llegar al nivel exigido, pero sin ceder en la exigencia de unos estándares de calidad». En este sentido, recordó que la tasa de fracaso escolar catalana ya supera la media española y concluyó que «un tripartito que no sabe gobernar, es imposible que sepa educar».
 

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