AGLI

Recortes de Prensa    Martes 3 Marzo 2009

Ha resultado decisivo el valor demostrado por el PP a la hora de enfrentarse con la campaña de aniquilación lanzada desde el PSOE
Conclusiones sobre el 1-M
César VIDAL La Razón 3 Marzo 2009

Las últimas elecciones gallegas y vascas han supuesto un cambio importante y la apertura de la puerta a otro de aún mayor relevancia. El importante es que el gobierno nacional-socialista de Galicia no se haya podido mantener tras verse anegado por las noticias de corrupción, despilfarro, ineficacia y sectarismo. El de relevancia aún mayor es que en las Vascongadas, Patxi López tenga la posibilidad de desplazar del poder al PNV acabando con tres décadas de régimen nacionalista. Sin embargo, las conclusiones más relevantes sobre el 1-M no giran en torno a esos dos hechos y, a decir verdad, resulta obligado realizar algunas reflexiones por su enorme relevancia para el desarrollo futuro de la política nacional.

Si el PP -contra el que desencadenó el juez Garzón toda una ofensiva judicial que hubiera podido tener efectos fatales en el curso de la campaña- ha logrado retomar el gobierno de Galicia y conseguir que el desplome vasco tras la salida de María San Gil fuera menor se ha debido a tres factores.

En primer lugar, ha estado la decisión del PP de enfrentarse de manera resuelta y frontal con el nacionalismo.

Si en el caso de las Vascongadas eso ha evitado una calamidad de consideración, en el caso de Galicia, donde se han formulado votos expresos de acabar con el modelo lingüístico impuesto por el gobierno nacional-socialista, ha sido decisivo.

Esta circunstancia debe ser más que tomada en cuenta en lugares como Cataluña, Valencia o Andalucía, ya que el votante medio del PP no desea que este partido pacte con los nacionalistas o asimile su punto de vista sino que se oponga decisivamente a sus expolios.

En segundo lugar, ha tenido un efecto muy relevante en el resultado la decisión del PP de acabar la luna de miel vivida al lado del grupo PRISA y concluir también con el distanciamiento de los medios de comunicación situados más hacia el centro y la derecha. El oyente medio de la SER nunca se extasió con Rajoy, pero el presidente del PP sí consiguió exasperar a millones de sus votantes con esa conducta. Sin duda, el cambio de esa política mediática en los últimos tiempos ha tenido repercusiones que no cabe pasar por alto.

Finalmente, también ha resultado decisivo el valor demostrado por el PP a la hora de enfrentarse con la campaña de aniquilación lanzada desde el PSOE y sostenida por grupos mediáticos aledaños negándose, por ejemplo, a reunirse con Bermejo o querellándose con Garzón. Al comportarse de esa manera, el PP ha dejado de manifiesto que los principios están por delante de los intereses de partido, que no puede preferirse a la prensa progre sin perder votantes o que para que éstos se sientan protegidos hay que ser combativo frente a los ataques de la izquierda y de los nacionalistas.

No tengo dudas de que ha sido ese conjunto de cambios el que ha permitido al PP ganar en Galicia y no perder demasiado en Vascongadas. En la medida en que siga en esa línea, contará con posibilidades de vencer a ZP, pero en la medida en que vuelva a la trayectoria previa se -y nos- estará condenando a perder las elecciones y perpetuar el desgobierno de ZP. Ésas son, desde mi punto de vista, las conclusiones más importantes a las que hay que llegar tras el 1-M.

De Patxi López depende la derrota de ETA
Alfredo Casquero elsemanaldigital  3 Marzo 2009

Histórico. No hay otro calificativo para definir lo que ayer ocurrió en la Comunidad Autónoma vasca. La pérdida de dos escaños del PP no es suficiente para evitar un cambio en el Gobierno vasco. El enorme éxito de Rosa Díez y de UPyD, la convierte en la auténtica llave de un gobierno no nacionalista. El PNV, protector en muchas ocasiones de ETA, ambiguo hasta náusea con el entorno etarra puede pasar a la oposición después de haber convertido la tierra vasca en un coto privado, en donde doscientos cincuenta mil vascos se han exiliado y han sido proscritos por este partido en virtud de una reforma electoral que les impidió para siempre votar de la tierra que fueron expulsados.

La aritmética electoral vasca se plantea complicada. Hay en juego no sólo el régimen impregnado en cada poro de la piel vasca, en sus instituciones, en su entramado social, en la empresa, en la universidad, sino que está en juego nada menos que la derrota de ETA. Siempre he mantenido que si el Partido nacionalista abandonara el Gobierno, sería más fácil derrotar a ETA que si los nacionalistas no mandaban sobre la policía vasca, ésta se vería más libre para perseguir a los asesinos y a sus cómplices.

No sé cuál será el resultado de las negociaciones para conformar el Gobierno. Pero de lo que no me cabe duda es que la sombra de política nacional será determinante en su resultado. Se puede decir sin ninguna duda, a pesar del evidente fracaso del PP en la comunidad vasca, que quien ha perdido las elecciones en términos nacionales ha sido Zapatero. Rajoy se ha batido el cobre en Galicia y ha ganado. Ha ganado Feijoo, pero ha ganado el presidente nacional del PP que se multiplicó por mil y que se volcó de lleno en la campaña gallega.

Así, en las sedes nacionales de los grandes partidos, tienen la oportunidad de hacer un servicio fundamental a España. En el gobierno vasco pueden cambiar las cosas. Pueden cambiar mucho. De la noche al día. De la cortesía con ETA a su derrota. Del mirar al otro lado, o mirar de frente. De jugar al tute, o de aplastar a ETA.

No desearía estar en la piel de Zapatero. Derrotado en Galicia y con la posibilidad de perder el apoyo del PNV en el Parlamento Nacional, si deja libre a Patxi López en su promesa electoral de presentarse a lendakari. El coste electoral que puede tener para el PSOE que finalmente gobierne Ibarretxe, o lo haga con apoyo del PSE, sería difícilmente asumible.

No confío en Zapatero. Sin embargo, quiero creer en la palabra de López, (después de hacer un gran esfuerzo) y confiar en que quiere liderar un proyecto de cambio en la tierra vasca. El cambio pasa por que el PNV vaya a la oposición, se democratice, se aleje de ETA, y vuelva del monte a la pradera, para convivir con los que creen en la libertad, con los que desean vivir sin escolta, con los que no son nacionalistas.

De Patxi López, del PP, y de UPyD, depende la derrota de ETA, porque de ellos depende, si se ponen de acuerdo, que el PNV, su régimen y su miseria moral, pasen por primera vez al frío y desapacible escaño de la oposición.

La derrota de los sátrapas
Francisco Rubiales Periodista Digital 3 Marzo 2009

Aunque la jornada electoral demostró que los borregos siguen creyendo en los políticos y apostando por un bipartidismo vergonzante, también ofrecio cierta dignidad y esperanza al castigar a los sátrapas en Galicia y al hacer posible un gobierno constitucional en el País Vasco. El pueblo sigue sometido, pero se le nota cabreado y comienza ya a castigar el descaro y la arrogancia corrupta.

Touriño, dimitido tras la derrota, no podrá disfrutar de su flamante vehículo acorazado y el nacionalista Quintana tendrá que bajarse del yate y regresar al tren del odio, alimentando con victimismo la caldera nacionalista. El descaro, la arrogancia corrupta y la mentira han sido golpeadas por un electorado que se siente a disgusto en la pocilga que le ofrecen los políticos.

El gran derrotado es Zapatero (dijo en el mitin final que votar a Touriño era lo mismo que votarle a él), que pierde Galicia y alcanza una victoria muy limitada en el País Vasco, donde tendrá que demostrar ahora si el socialismo vasco prefiere un gobierno que recupere la Constitución y los derechos humanos o si apuntala de nuevo al nacionalismo, como ya hizo en un pasado plagado de vergüenza.

Rajoy consigue una prórroga de su liderazgo débil en la derecha española, pero tiene ahora la oportunidad de conectar con la sociedad apostando por la regeneración de la democracia, aunque esperar regeneración del actual PP, el partido que más a gusto se siente en la pocilga bipartidista, es una utopia demente.

Debería celebrar Rajoy su victoria en Galicia homenajeando públicamente al juez Baltasar Garzón, uno de los artífices de su resurrección y del triunfo de su partido en la jornada de ayer. Cuando Garzón cometió el indecente error de irse de cacería con el ministro de Justicia y el jefe de la policía judicial, mientras también cazaba a presuntos corruptos del PP, generó una indignación tan grande en la opinión pública que se manifestó en la dimisión forzosa del ministro Bermejo y en un notable aumento de las posibilidades electorales de la derecha en Galicia y el País Vasco.

Otro dato hermoso de ayer fue la consecución de un escaño en el Parlamento Vasco y el avance general de UPyD, el único partido que propone la regeneración democrática y la reforma de la Constitución y de la nefasta Ley Electoral española.

Si Zapatero y Rajoy fueran inteligentes y se despojaran de su soberbia de "elegidos", aprenderían mucho de las urnas, que ayer hablaron claro. Zapatero descubriría que su estilo mentiroso, manipulador y arrogante no sirve y que su capacidad de fascinar pierde fuerza, lo que le obliga a rectificar y a apostar por la democracia y por los ciudadanos, que son los grandes ausentes de su gobierno. Rajoy, por su parte, debería aprender que los españoles le quieren ver alejado de la corrupción, que es demasiado evidente en su partido, reconvertido en demócrata y haciendo una oposición implacable, marcando y vigilando a un gobierno de ZP enfermo de ineficacia, arrogancia y corrupción, que necesita más control y fiscalización que cualquier otro del pasado.

Lo mejor de la jornada fue el retroceso general del nacionalismo, al que los ciudadanos empiezan a no perdonarle sus abusos de poder y su victimismo irredento. Muchos votantes miran ya a los nacionalistas como lo que son: enemigos de la convivencia pacífica y alentadores del enfrentamiento social y cultural en un país donde el riesgo de enfrentamiento serio es cada día mayor.

La nota negativa de la jornada es que los borregos siguen a gusto en la manada y regodeándose en su esclavitud política. Con su voto, apuntalaron no una democracia española que no existe, sino una partitocracia que se regenera y legitima cada vez que abren las urnas y recibe votos del borreguismo narcotizado. Mientras que el rebaño siga apoyando a los lobos, la democracia en España seguirá siendo únicamente la gran estafa del poder y el sueño imposible de unos pocos ilusos.

La intromisión e insumisión del Sr. Montilla
Vicente A. C. M. Periodista Digital 3 Marzo 2009

¿Cómo calificar las palabras del President de la Generalitat el Sr. Montilla? Sin duda de amenazas de insumisión nada menos que ante una posible sentencia del Tribunal Constitucional. Las palabras son de por sí censurables en un representante por delegación del Gobierno de España. No se olvide que las Autonomías son eso, delegaciones y descentralización del poder legislativo, representado por el Congreso de los diputados y el Gobierno de España. Así que cuando el Sr. Montilla dice que “su País” no aceptará intromisiones del exterior en su modelo de convivencia pacífica, está diciendo dos mentiras, ni Cataluña es un País independiente, ni España es un país extranjero que impone nada.

Resulta ridículo y patético que además aduzca como defensa el totalitarismo que desde hace 25 años lleva imponiendo el nacionalismo independentista, ayudado en las últimas legislaturas por la federación catalana del PSOE, el PSC. El Sr. Montilla, natural de Iznajar, Córdoba, Andalucía, que ni sabe hablar a duras penas su idioma adoptivo, se atreve a amenazar al Tribunal Constitucional y, como cuando ocurrió en el Parlamento Vasco, a incumplir una posible sentencia que solo intentaría devolver los derechos a los ciudadanos españoles, que no otra cosa son los ciudadanos que residen en la Comunidad Autónoma de Cataluña.

Por otra parte, ya he recordado en varias ocasiones la excesiva laxitud del Tribunal Constitucional a la hora de resolver los recursos de inconstitucionalidad presentados ya hace varios años contra el Estatuto de Cataluña. Es por ello que la responsabilidad de que se avance en el camino del desarrollo de un Estatuto insolidario, inconstitucional y con tintes separatistas, recae de forma exclusiva en el Tribunal Constitucional. Así que no es de extrañar que ante la falta de una respuesta firme y en Justicia sobre ese infame texto, haya declaraciones tan chulescas e intimidatorias como las que ha realizado el socialista Sr. Montilla.

Es exigible que el Tribunal Constitucional sentencie de una vez y sea capaz de argumentar esa sentencia y explicarla a los ciudadanos. Mientras, esos ciudadanos seguirán sufriendo el acoso y la exclusión social de una casta política fanática y beligerante con el resto de España. No es admisible más demora en sentenciar. No hacerlo sería un signo de dejación de funciones y de una abstención voluntaria para admitir las reformas como hechos consumados y sin posibilidad real de su anulación. No hay excusas para dar una respuesta basada en la letra y el espíritu de la Constitución de España, a las graves afirmaciones y desafíos que contiene el Estatuto de Cataluña y las leyes que la Generalitat ha desarrollado bajo su amparo.

Alguien que es capaz de negar su procedencia, su pasado y su propia lengua, desde luego no merece ser llamado español. No sé si el Sr. Montilla si volviera a su lugar de nacimiento podría pasear por la calle con la frente alta, sin esperar que sus conciudadanos le dieran la espalda o le abuchearan y le mostrasen su desprecio, ytanto como el que él parece sentir sobre su orígen. Cuando el Sr. Montilla habla cínicamente de convivencia pacífica, olvida actuaciones de auténtica xenofobia y nazismo, como es multar por el simple hecho de no haber rotulado en catalán, o impedir que niños españoles puedan estudiar en su lengua materna. Olvida también la violencia de grupos radicales del entorno de ERC, herederos de aquellos terroristas de Terra Lliure.

Nadie va a cuestionar, aunque nunca entenderá ni justificará, que un ciudadano que vive en Cataluña, odie a lo que significa España y lo intente imponer por todos los medios al resto de sus conciudadanos. Menos aún es entendible en alguien que ni siquiera ha nacido allí y es un ”charnego” según el ideario nacionalista. El victimismo no vale cuando es toda España la que está siendo víctima de la insolidaridad, de la deslealtad y del rechazo de una sociedad manipulada y adoctrinada. ¿De qué convivencia pacífica está hablando usted Sr. Montilla? No intente seguir engañando D. Josep.

Touriño pierde una minucia y dimite, ZP una colosalidad y sigue.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 3 Marzo 2009

La coherencia no conjuga con la demagogia y como muestra valga el botón de la dimisión de Touriño. A este hombre lo han dimitido por perder en Galicia 26.000 votos en relación con los que tuvo en 2005, echando mano de la hoja de cálculo sabemos que el gran hombre con un coche grande y carísimo ha sido botado por perder 500 votos al mes, pero ahí tienen a Zapatero que ha perdido este mes 154.058 empleos y sigue tan pancho.

El objetivo que se marcó y que la marcaron a Touriño era seguir a los mandos del Audi gallego, no lo ha conseguido y por eso le han ordenado hacerse el seppuku político y lo ha ejecutado con gran valentía ante las cámaras. El objetivo que se marcó Zapatero para esta legislatura era crear un mogollón de cientos de miles de empleos, alcanzar el pleno empleo en este país y sin embargo va camino de conseguir el pleno desempleo y nadie lo bota.

El gran prometedor que prometió pleno empleo en esta legislatura y que luego dijo que no había prometido lo que había prometido, nos va a prometer ahora que no llegaremos a los 12 millones de parados y eso seguro que sí que lo va a cumplir. Esta es una idea que le dio uno de sus 674 asesores para no volver a meter el zancarrón hasta las cencerretas con lo del paro.

¿Qué es más importante, perder 500 votos al mes durante 4 años o perder decenas y decenas de miles de empleos al mes durante muchos meses?, ¿por qué dimite el que pierde una minucia en votos y no dimiten al que pierde una colosalidad en empleos?, ¿cuántos empleos debe conseguir ZP que se pierdan para que le organicen la mitad de manifas que se organizaron por la pérdida de los percebes con el Prestige?, ¿por qué valoramos más la pérdida de un percebe que la de un millón o dos de puestos de trabajo?.

Cuando hablaba de la conjugación de coherencia y demagogia me refería a la coherencia de ZP y a mi demagogia, no me dirán que no es bonito eso de decir que al Aznar le montaron cientos de pifostios, manifas, protestas, vituperaciones y denostaciones por mentir con las armas de destrucción masiva, y a ZP por mentir con el pleno empleo y en su lugar armar una masiva destrucción de puestos de trabajo, todo lo más una mani con 4 gatos, pero con pedigrí y un par, que montó Izquierda Unida el otro día en algunos lugares de España. Y digo lo de pedigrí y un par no porque estuviese yo en una, sino por la singularidad del hecho.

Es un consuelo oír a muchas personas decir que votarán de nuevo a Zapatero porque están seguros de que si con él se llega a los 5 millones de parados con el Aznar o el Rajoy llegaríamos al doble.

Anoche, en una sesión onírica de espiritismo, contacté con el espíritu del gran poeta del siglo XX El Tío Sentao, que por cierto se me apareció de pié y me escribió esto para esta cosa:

La pérdida de un percebe
provocó un cataclismo,
hoy el paro a nadie mueve,
provoca solo mutismo.
(El Tío Sentao en espíritu)

Oportunidad histórica para hacer retroceder a los nacionalismos
Redacción Minuto Digital  3 Marzo 2009

Desde la transición los nacionalismos han representado el principal problema de fondo en la política española debido a las tensiones y conflictos que provocan sus proyectos separatistas y sus políticas de construcción nacional, que ponen en cuestión el orden constitucional vigente y la misma subsistencia de España.

Un peso excesivo en la política nacional propiciado por el sistema electoral les ha convertido en árbitros del antagonismo entre los dos grandes partidos españoles, lo que unido a la falta de grandeza de miras en PP y PSOE, ha inducido no pocas cesiones y abdicaciones contrarias a la cohesión nacional, igualdad entre españoles, solidaridad territorial e incluso libertad.

La deriva autonómica y la perpetuación de estos partidos nacionalistas en el poder en Cataluña y País Vasco ha creado un clima social ominoso, donde la acentuación de la diferencia en clave separatista y la persecución de la homogeneidad con el resto de España preside y se antepone a cualquier otro principio político.

Sin embargo los resultados en Galicia y Vascongadas parecen apuntar al cansancio entre el electorado, que en plena crisis económica, a lo mejor está más preocupado por la resolución de problemas reales en vez de construir quiméricas naciones o llorar por tan grandilocuentes como disparatadas independencias perdidas en el mito celta de Breogan o de la vasconia prerromana. Seguramente a los vascos y a los gallegos les preocupa bastante más conservar el empleo, que resarcir las supuestas afrentas medievales del castellano contra el vasco o el gallego.

El PP tiene en sus manos en Galicia hacer una política que arrebate la iniciativa cultural al nacionalismo/izquierdismo y promueva un galleguismo español que inmunice para el futuro a la sociedad contra las patrañas nacionalistas. La responsabilidad es plena y sin disculpas para Feijoo y el PPdG que debe cumplir con el electorado que le ha dado la victoria.

En el País Vasco se abre la oportunidad de terminar con lustros de poder nacionalista y abrir una ventana por la que entren aires nuevos de libertad y renovación, que pueden además -por fin- encauzar el fin del terrorismo terminando de una vez por todas con los apoyos sociales, culturales y financieros a ETA. La responsabilidad en este caso es de Patxi López, que puede optar por gobernar apoyándose en el PP o impedir el cambio manteniendo al PNV en el poder.

Ambos partidos, PP y PSOE deben demostrar que son capaces de anteponer los intereses de España a cualquier apetencia electoralista o de poder. ¿Estarán a la altura de las circunstancias?

Réplica a Vilches
Los rasgos de la II Restauración
Pío Moa Libertad Digital 3 Marzo 2009

Dice Jorge Vilches (que probablemente refleja la actual ideología del PP): "El régimen de la Constitución de 1978, que no la Monarquía en la persona de D. Juan Carlos, es mucho más de lo que pensó y hubiera aceptado Franco". Ciertamente la Restauración actual procede claramente del franquismo, aunque Franco no habría aceptado los artículos contradictorios de la Constitución que permiten vaciar de competencias al Estado a favor de unas autonomías que, por eso mismo, se convierten en mucho más que autonomías. Ni Franco ni muchas otras personas, entre ellas Julián Marías, que advirtieron claramente de las probables consecuencias de tal desafuero, máxime con una clase política de tan poca valía como la que ha resultado.

Añade: "Es más, poco tiene que ver con la Restauración de Alfonso XII, o con la Segunda República, a la que algunos señalan como precedente de nuestro sistema". Por supuesto, difiere de la Segunda República en que es (ha sido hasta ahora) mucho más democrática y liberal; y tampoco es un calco de la I Restauración. Pero las dos restauraciones tienen en común el ser una vuelta a la monarquía siguiendo la herencia borbónica, y constituir un régimen de libertades, si bien, nuevamente, mucho más democrático el actual que el de Cánovas. Tienen también en común el enfrentarse a los mesianismos de izquierda y separatistas, y a un terrorismo que arruinó al primero y va camino de arruinar al segundo. Son semejanzas importantes.

Y afirma el señor Vilches la probabilidad del "planteamiento confederal y asimétrico de los nacionalistas, en un marco heterogéneo cuyo nexo de unión fuera la Monarquía", suceso poco traumático a su entender, porque "es el camino por el que vamos". ¿Por el que vamos o por el que intentan llevarnos algunos, incluido el PP? La idea es bastante fantástica porque ese nexo monárquico, aparte de devolvernos a la Edad Media y hacer inútil todo el proceso histórico posterior, carece hoy día de la menor fuerza "nexal": se volvería superfluo de inmediato. Los nacionalistas no tienen nada de monárquicos y sólo ven ese cuento del nexo como un truco para alarmar un poco menos a la gente y avanzar hacia sus objetivos secesionistas, ya que tampoco aprecian en absoluto a España y su unidad.

Pero no tiene interés discutir sobre el futuro, en torno al cual la divagación es libre porque nadie lo conoce, fuera de Rajoy y los suyos. Sí tiene sustancia en cambio el análisis del presente y del pasado. Y ese análisis nos dice que esa evolución que el señor Vilches parece ver como el camino más probable y menos traumático es un camino muy aceptable para la ETA y querido por quienes se proclaman sin tapujos enemigos de España, por quienes han arruinado la democracia en las Vascongadas y en gran medida también en Cataluña o en Andalucía y la están corrompiendo en toda España. Una democracia nacida de los avances sociales y económicos del franquismo y conseguida por reforma, no por ruptura, de aquel régimen. Y en la que nada tuvo que ver la oposición a él –al contrario– ni los nacionalistas –secesionistas realmente– ni los terroristas, que son quienes ahora marcan la pauta y están destruyendo el mejor legado de la transición. La solución del "nexo monárquico", si llegara a darse, sería el triunfo de todos ellos. Con apoyo del PP futurista.

América en la lengua española Otrosidigo

CELSO FERREIRO La Opinión 3 Marzo 2009

Acaba de ser presentado en Madrid el V Congreso Internacional de la Lengua Española, que se desarrollará el año próximo en Valparaíso (Chile). El anterior, celebrado en Rosario, fue financiado, como se sabe, a instancias compulsivas del gobierno argentino, por las empresas españolas radicadas en aquel país hermano. Zapatero, con este motivo ha expresado la necesidad de impulsar una mayor presencia del español en la Red. Curiosa iniciativa, que debiera complementarse aquí, evitando que los nacionalismos pugnen por pervertir la realidad idiomática.

Mitterrand, en su último discurso ante el Parlamento Europeo, señaló rotundamente: "Sólo dos lenguas cuentan en el mundo occidental: la inglesa y la española". En nuestro país, sin embargo, nos distraemos en esbozar programas como el académico-político-sociológico, con puntos de irradiación en Venezuela y México, que no se han cumplido, o perdemos el oremos con una pretendida ciudadanía iberoamericana, como si la cuestión identitaria pueda otorgarse por ley, como si se tratara de una expresión política, no de un sentimiento.

Con tantas utopías, no es de extrañar que la política española haya perdido liderazgo en América, porque tampoco hemos sabido asumir la capitalidad del mundo al que pertenecemos, y nos hemos plegado a los gobernantes locales. Las cumbres Iberoamericanas no tienen eficacia. Nos cuestan un riñón y sólo sirven para engordar a los cancilleres. Nuestra lengua, el arma más poderosa, no la consideramos en casa. América nos mira desconcertada, condenada al malentendido, porque nuestra política exterior se pierde en la manigua de las dictaduras y en el populismo de regímenes limosneros, donde predomina la prédica del avocastro venezolano. Cuidemos domésticamente el idioma español, lengua oficial en más de 20 países, que en los Estados Unidos alcanzará, a mediados de siglo, a los 130 millones de personas. Recordemos a Ortega y Unamuno que coincidían "El tuétano de la lengua es difícilmente traducible".

La Feria Internacional del Libro de Argentina seguirá al V Congreso Internacional de la Lengua Española. Por deseo de su presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se apoyará en las figuras de Evita, Gardel, Che Guevara y Maradona. Cosas de la populista e impuntual dirigente. Ya lo dijo Borges: "La mejor tradición de mi país es superar lo argentino".

"CON LA LENGUA NO SE JUEGA"
Montilla no aceptará una sentencia del TC contra la imposición del catalán
El cordobés José Montilla ha desafiado al Tribunal Constitucional al decir que la Generalidad no acepatará "de ninguna manera" una sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto en la que se garantice la libertad lingüística de los ciudadanos que viven en Cataluña.
Agencias Libertad Digital 3 Marzo 2009

José Montilla ha tratado de presionar al Tribunal Constitucional pare que no reconozca el derecho de los ciudadanos residentes en Cataluña a elegir entre catalán y castellano en la enseñanza o las relaciones con las administraciones públicas.

El político andaluz, que preside la Generalidad de Cataluña, defendió el modelo totalitario que impone el catalán para "preservar la convivencia" en Cataluña y no ceder ante lo que llamó "intereses partidistas" que persiguen, según dijo en su pobre catalán, "desautorizar el modelo lingüístico" que funciona en esta región desde hace más de veinticinco años, cuando Pujol llegó al Gobierno regional.

Montilla ha pronunciado la conferencia inaugural del ciclo "25 años de la Ley de normalización lingüística", organizado por el Instituto de Estudios Catalanes, en la que se ha referido a la "preocupación" que suscita en su Gobierno la posibilidad de que el Constitucional, en su sentencia sobre el nuevo Estatuto, recorte el modelo lingüístico de imposición totalitaria del catalán "atendiendo parcial o totalmente" los recursos del PP y del Defensor del Pueblo.

"Creo que es mi deber como presidente de la Generalidad recordar que una hipotética desautorización constitucional del modelo lingüístico que ha funcionado durante veinticinco años sería también una descalificación del modelo de convivencia que la sociedad catalana se ha dado a sí misma, de manera prácticamente unánime", dijo Montilla.

En un claro desafío al Tribunal Constitucional, y por tanto al Estado de Derecho, el político cordobés dijo que "con la convivencia civil, con la lengua, no se puede jugar", al tiempo que ha asegurado que "nuestro país no aceptará de ninguna de las maneras que se le imponga, desde fuera, una confrontación lingüística".

El PP y el Defensor del Pueblo plantearon ante el TC diversos recursos en contra del nuevo Estatuto catalán, concretamente de cuestiones como que los ciudadanos de Cataluña tienen el deber de conocer el catalán y que esta lengua debe ser la vehicular y de aprendizaje en la enseñanza.

Presentación del libro
"La España raptada. La formación del espíritu nacionalista"
Pedro Antonio Heras 3 Marzo 200

El Presidente de Convivencia Cívica Catalana tiene el placer de invitarle a la presentación del libro "La España raptada. La formación del espíritu nacionalista, de Pedro Antonio Heras, que tendrá lugar el día 4 de marzo, a las 19:30 h. en el Hotel St. Gervasi, calle Sant Gervasi de Cassoles, 26, de Barcelona, y que contará con la presencia del autor, Pedro Antonio Heras y que será presentado por Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Juan Carlos Girauta y Francisco Caja


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¿La hora de España?
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 3 Marzo 2009

Lo tenían todo preparado -puestos, perros, escopetas, ojeadores- para cobrarse a Rajoy, y a quien se han cobrado es a Zapatero. Los cazadores cazados. Pero más importante que los hombres y los nombres, son las naciones y las nacionalidades. El nacionalismo de vía estrecha ha sido derrotado, lo que significa una victoria de España. En la noche del domingo se pronunció más su nombre que en toda la campaña. ¿Suena la hora de España? Dependerá de cómo sabe administrar el PP su victoria, y el PSOE, su derrota.

En cualquier caso, los cambios son amplios, profundos, espectaculares incluso, y si el adjetivo histórico no estuviera tan gastado, lo usaríamos: ETA ya no estará en el parlamento de Vitoria. Las fuerzas constitucionales tienen en él, por primera vez, la mayoría. Los nacionalistas gallegos han sido derrotados, y, sobre todo, la política de Zapatero de establecer un cordón sanitario en torno al PP a base de coaliciones con los nacionalistas ha fracasado. En Galicia, estrepitosamente. En el País Vasco, indirectamente. El PNV se mantiene como partido más votado gracias a la ilegalización de cuantas formaciones abertzales intentaron presentarse, ilegalización a la que el PNV se oponía.

Paradoja de paradojas, que deja al descubierto el substrato común de todos los nacionalismos cualquiera que sea su disfraz. Es como ir a misa y repicando, a lo que son tan aficionados los peneuvistas, aunque esta vez las cuentas no les salen, pues incluso reuniendo todos los escaños de su ámbito no pueden gobernar. En este sentido, el perdedor de las elecciones vascas es Ibarretxe, que tiene muy difícil seguir gobernando, incluso si aparca su plan soberanista, como ya hizo, muy cuco, a lo largo de toda la campaña.

Pero esa derrota de Ibarretxe es peccata minuta comparada con la de Zapatero, que ha perdido, en Galicia, la montura, y en el País Vasco, la armadura. Con esa frívola arrogancia que le caracteriza, incluso en las cuestiones más trascendentes, nos anunció que Paxti López sería el próximo lehendakari. Pero si Patxi López quiere ser el próximo lehendakari -y por lo que dijo anoche, lo quiere-, tendrá que pactar con el PP y con la UPyD de Rosa Díez. El mismo PP que Zapatero viene intentando expulsar de la escena política nacional y la misma Rosa Díez que abandonó el PSOE por disconformidad con la línea que le había marcado Zapatero. O sea, que éste tendrá que cambiar de discurso, de aliados y de talante si quiere salvar los muebles del naufragio de estas elecciones y evitar que su derrota no sea total. ¿Puede hacerlo? Sin duda. Los personajes sin principios y sin escrúpulos no tienen inconveniente en dar triples saltos mortales para mantenerse vivos y en hacer de la necesidad, virtud. Pero antes de hacerlo, buscará todas las argucias para evitarlo, empezando por una alianza del PSE con un PNV sin Ibarretxe, un «PNV moderado», como si la moderación no fuera para los nacionalistas otra cosa que una táctica y una máscara para alcanzar sus objetivos. Es ahí precisamente donde Patxi López va a darnos su verdadera talla y demostrarnos si es un personaje político con entidad propia o un mero muñeco de su jefe. Mientras éste ha perdido el aura de imbatibilidad que le envolvía y le hacía invulnerable a los ataques, tanto desde dentro como desde fuera de su partido. Como ha descubierto su equipo favorito, el Barça, la primera derrota suele venir seguida de otra. Y de otra. En cuanto los demás te pierden el respeto. Y a él, se lo han perdido.

Ha venido a perderlo en el lugar más insospechado. En Galicia. Zapatero engañó a los catalanes, engañó a los vascos, engañó al resto de los españoles con sus carantoñas al nacionalismo, que alcanzaron desde la negociación con ETA a concesiones estatutarias que posiblemente desbordan el marco constitucional. Pero no ha engañado a los gallegos. Los gallegos han comprobado que dar un amplio espacio de poder a sus nacionalistas no resolvía sus problemas. Al revés, en muchos aspectos los aumentaban y en uno clave, lo envenenaban.

La barra libre que los socialistas habían concedido a los nacionalistas en la cuestión de las lenguas iba en detrimento del español, tan necesario para andar por el mundo. Y esto, tan simple, que catalanes y vascos no vieron, lo han visto los gallegos, pueblo andariego por excelencia. Como que esos despilfarros lingüísticos no les traían el AVE que les habían prometido, ni las inversiones que necesita su comunidad, mientras los dispendios de la Xunta más que de socialistas y nacionalistas, parecían de magnates del petróleo. Así que, a la primera ocasión que se les ha presentado, les han mandado a su casa, para que comprueben cómo vive el pueblo fuera de los coches, mansiones y yates suntuosos. Aunque, conociéndoles, ya verán ustedes como se las arreglan para no dejar los coches, los despachos e incluso los yates, pues esta gente, tras probar el lujo, le ha cogido gusto, y siempre habrá personajes dispuestos a proporcionárselo, a cambio de algo, desde luego. De ahí que lo más importante fuera alejarles de la pomada. Mejor dicho, lo verdaderamente importante era detener el plan Zapatero de que el futuro de España se basaba en la alianza con los nacionalistas, otra mentira suya, posiblemente, la mayor de todas: con los nacionalistas no se va al futuro, sino a la liquidación de España. Hay que aceptarles porque, mucho les pese, son españoles. Pero la única política con ellos es, a los violentos, derrotarlos, y a los que se representan como moderados, no hacerles la menor concesión, ya que, en vez de agradecerlas, lo tomarán como un derecho que les asiste y pedirán más, y más, y más, hasta acabar con España. Finalmente, en una de las esquinas más hermosas, humildes y trabajadoras de España les han dado el alto.

Era hora más que sobrada pues nuestra deriva no podía ser más inquietante, con una confrontación creciente, una falta absoluta de criterios y un abandono suicida de los problemas más urgentes, que han sido las características de los cinco últimos años. Más, cuando la crisis económica exige una coordinación de esfuerzos, una escala rigurosa de prioridades y una estrategia tan pensada como eficaz. Algo de ello vimos ya en la noche del domingo, tras conocerse los resultados electorales. La aceptación de la derrota por parte de Touriño y su disposición a trabajar con el vencedor, así como la promesa de éste de gobernar para todos los gallegos tuvo ecos del «efecto Obama», pero esperemos que sea algo más que eso. Mientras el anuncio de Patxi López de que no renuncia a presentar su candidatura a lehendakari con un programa de cambio, para el que recabará los apoyos necesarios, es una bocanada de aire fresco en la empantanada atmósfera vasca y de todo el país. Una sacudida gozosa ha estremecido éste al comprobar que el nacionalismo no es imbatible y que no estamos condenados a someternos a su chantaje y a su matraca. Ahora, sólo falta que los españoles creamos en nosotros mismos, como han creído los gallegos.

Los gallegos no somos tontos
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 3 Marzo 2009

En contra de todas las previsiones, el Titanic se hundió y el capitán del buque, Emilio Pérez Touriño, ha presentado su dimisión como secretario general del PSdeG-PSOE antes de que pasaran 24 horas después de las elecciones del 1-M. Aunque no soy analista político, quisiera ofrecer mi versión de los hechos enumerándolos sin preocuparme demasiado de su orden de importancia ni de la cronología exacta de los mismos. Ese trabajo se lo dejo para ustedes:

1º Núñez Feijoo no despertaba grandes simpatías entre el electorado gallego por tratarse de un político con un currículum prácticamente desconocido y sin un especial carisma personal, es decir, su imagen era la de una persona un tanto gris y con muy pocas tablas. Por otra parte, su pertenencia a un partido en plena crisis interna y muy desacreditado entre los no nacionalistas por ser el impulsor de la Ley de la Ignominia de 1983, lo convertían en un más que probable perdedor.

2º El bipartito parecía tenerlo todo atado y bien atado, controlando absolutamente todos los resortes del poder, desde unas increíbles posibilidades de financiación de sus respectivas campañas electorales con un dinero cuya procedencia habría que investigar, hasta el control de los principales medios de comunicación tanto gallegos como nacionales así como la creación, a última hora, de un Xornal de Galicia fabricado a la medida de las aspiraciones secesionistas del ahora destronado Caudillo de Allariz.

3º Sin embargo, el bipartito no supo valorar debidamente el hartazgo de la población ante tanta movida esperpéntica del Bloque con sus galescolas, sus bonecas faladoras, sus intentos de cambio de uso horario, su obsesión por convertir la romana Gallaecia en Galiza y plantando zetas como geranios allí donde se les antojaba: grazas, prezos, espazos, nazón, etc., vamos, lo nunca visto por la población galegofalante. A eso hay que añadir las continuas fanfarronadas y salidas de tono de Bieito Lobeira en el Parlamento Gallego así como las desafortunadas acciones intimidatorias de la asociación presidida por Carlos Callón, actuando por su propia cuenta y riesgo, como una especie de Gestapo Lingüística bien untada con considerables y generosísimas aportaciones de dinero público.

4º El bipartito tampoco supo valorar el altísimo nivel de descontento de profesores y padres y madres de alumnos obligados a dar sus clases los primeros y a ayudar hacer los deberes los segundos a los chavales en una neolengua plagada de neologismos recién inventados, tan extraña para galegofalantes como para hispanohablantes a veces excelentes conocedores de la lengua gallega. A eso hay que sumar la prohibición de estudiar y examinarse en la lengua materna, como si hacerlo fuese un delito de lesa humanidad o un "genocidio cultural" como prefieren denominarlo los nazionalistas.

5º El capítulo de lujos y despilfarros de los social-nazionalistas en plena crisis económica, fue la gota que colmó el vaso. Eso les dio a entender a todos los que todavía no lo sabían que "izquierda" hoy ya no quiere decir nada, que es una palabra vacía de contenido y que un ciudadano de "izquierdas" puede ser más burgués e insolidario que el facha más facha de todos los fachas. Ahí está la colección de Audis blindados y de lujo de Touriño, los paseos en yate del Caudillo de Allariz, así como sus paletas exhibiciones de nuevo rico como la del día que llegó a Monforte de Lemos en su coche oficial escoltado por otros cuatro coches con los cristales tintados de los que descendieron numerosos y fornidos guardaespaldas provistos de gafas negras, previo impresionante despliegue policial y desalojo de las terrazas de las cafeterías próximas al local donde el Caudillo había quedado para exhibir su poderío tomándose un vino con sus amigos en plan presidente de los Estados Unidos. De esto último conozco testigos presenciales expulsados de las terrazas a la fuerza que quedarán traumatizados para toda la vida.

6º No voy a olvidar, por supuesto, el papel decisivo en el despertar de la opinión pública debido a la reciente aparición de varias asociaciones cívicas para la defensa de las libertades y derechos de los ciudadanos frente a un poder autonómico y estatal cada vez más intervencionista. Estas asociaciones, aunque muy pobres en medios, están muy bien organizadas, son impecablemente democráticas y constituyen el primer intento serio de construir una sociedad civil en Galicia que sirva de freno a los excesos del poder, sean cuales sean sus siglas, ideología, mitología o discurso. Estas asociaciones -y de un modo muy especial Galicia Bilingüe- fueron presentadas por el bipartito y sus numerosos grupos afines, algunos de ellos ultraviolentos, como "enemigas del gallego", claramente fascistas y directamente responsables del deterioro de la convivencia entre los gallegos por sacarse de la manga un conflicto lingüístico según nuestros gobernantes totalmente inexistente.

7º La tan pregonada y temida abstención que, según el bipartito, le daría la victoria al PP, se convirtió en todo lo contrario. Del 63% de participación en las elecciones del 2005 se pasó al 70% en el 2009, porcentaje altísimo para los gallegos que no parecemos sentir una especial querencia por las urnas. Y esos votos con los que no contaban los "especialistas" no fueron precisamente a la "izquierda", sino a la "derecha".

En fin, que vayan tomando nota los nuevos gobernantes. Así que, Sr. Feijoo, no nos defraude que estamos en la era de Internet, aquí se sabe todo y los gallegos no somos tan incautos y fáciles de engañar como los vascos y los catalanes.
 

Posibilidades limitadas
Editorial El Correoo 3 Marzo 2009

Las formaciones políticas que el domingo obtuvieron representación en el Parlamento vasco están inmersas en el análisis de las causas y consecuencias de los resultados antes de dar inicio a las conversaciones para la elección de la Mesa de la Cámara primero y del lehendakari después. Los partidos que han sufrido algún revés electoral o político han optado por escudarse en exceso en factores ajenos a su responsabilidad o, en todo caso, a desaciertos en la comunicación de sus mensajes, huyendo de toda crítica a la acción realizada por cada cual. Es ésta una práctica tan habitual como estéril, pues si bien la autocrítica desmedida puede debilitar la función representativa de una determinada sigla, su ausencia ofende en ocasiones la inteligencia y la dignidad de los electores, empezando por los propios. En este sentido, la celeridad con la que Unai Ziarreta ha reaccionado dimitiendo y dando paso a un urgente proceso congresual en el seno de EA ha contrastado con la evasiva parsimonia con la que parece conducirse Javier Madrazo tras un descalabro similar para EB. En otro plano, la inapelable victoria cosechada por el PNV no es argumento suficiente para que el partido de Urkullu e Ibarretxe evite afrontar la otra cara de su resultado electoral: el hecho de que la debacle de sus aliados de las tres últimas legislaturas no le permite dar continuidad a su estrategia de años, obligándole a replantearse sus postulados soberanistas y su querencia por la acumulación de fuerzas nacionalistas antes de comenzar el diálogo con los demás partidos.

Es lógico que el PNV trate de salvar al máximo los réditos de una trayectoria encarnada fundamentalmente por el lehendakari Ibarretxe. Pero sería pretencioso por su parte insistir en la reivindicación de tan discutible legado político como punto de partida para el entendimiento con aquellas formaciones del arco parlamentario que más lejos se encuentran de tales postulados. Por su parte, la formación que lidera el otro aspirante a la Lehendakaritza, el PSE-EE, corre el riesgo de confundir la oportunidad que le brinda el hecho de que el constitucionalismo represente la mayoría absoluta de la Cámara vasca con sus propios resultados electorales que, aun siendo meritorios, se situaron a alguna distancia de las expectativas que acariciaban los socialistas. Patxi López está en su derecho e incluso en la obligación de concurrir a la prueba final que representa el pleno de investidura. Pero es indudable que su aspiración habría sido otra, más inapelable, de haber logrado el primer puesto en la liza del domingo, o de haber reducido la distancia con respecto a los peneuvistas. Ni las formaciones que han sufrido la derrota en las urnas deberían disimular lo evidente, ni las demás eludir el reconocimiento de los límites desde los que afrontan su eventual participación en el gobierno de Euskadi.

Nunca máis
Cristina Losada Libertad Digital 3 Marzo 2009

Puestos a especular sobre los resultados de las elecciones en Galicia, no hay que descartar de antemano las hipótesis más temerarias, esto es, aquellas que parten de la premisa de que en ellas se dirimía el gobierno autonómico gallego y no otra cosa, y que la mayoría del electorado votó desde ese presupuesto. Así visto, el triunfo del Partido Popular guarda especial relación con el amplio e intenso deseo de poner fin a las aventuras del dúo Quintana-Touriño, que en tres años y unos meses ha demostrado con creces hasta dónde podía llegar si se le daba juego. Pues es posible que no se sepa con certeza si un gallego sube o baja de una escalera, pero cuando alguien se encuentra en la escalerilla del yate de un constructor millonario, todo el mundo sabe qué hace y hacia dónde se dirige.

Un acabado Touriño atribuye su debacle a los periódicos que difundieron tales compañías y cuales despilfarros. Como si pudiera haber sido muy otra su suerte en el caso de que toda la prensa hubiera silenciado esos abusos. Pero los Audis y los despachos, los secuestros de jubilados y las excursiones en velero sólo han puesto la guinda a un pastel que ha resultado indigerible en Galicia. El experimento de ingeniería política y social forzado por el bipartito, a imitación de sus mayores en Cataluña y el País Vasco, ha topado con una sociedad que se resiste a ser laboratorio y se niega a macerarse en el victimismo. Del mismo modo que rechaza una política de imposiciones que atropella derechos, reduce oportunidades y alimenta a la kale borroka que se desató en Compostela contra una manifestación de Galicia Bilingüe. Allí quedó retratado el nacionalismo, pero también un socialismo entregado a sus delirios.

Va a resultar, entonces, que Galicia sí es un sitio distinto. Que Betanzos no es Vic ni Lugo es Mondragón ni Vigo es Cornellá ni Palas de Rei es Hollywood. Lo cual nos conduce hasta el muñidor de la campaña socialista y feliz propietario de un ático, don José Blanco, quien tuvo el detalle de desaparecer justo a tiempo para ahorrarse la asistencia al entierro político del candidato de Zapatero. No está claro de quién fue la idea de imprimir en el imaginario electoral que votar a Touriño era votar a Rodríguez, pero es evidente que según esa cartesiana lógica la derrota de "o presidente" ha sido el fracaso del jefe del Gobierno. Si el de Palas fue el cerebro de la contienda, el resto de las vísceras no se lucieron menos. Y se supone que esos son los órganos que han de reflexionar ahora sobre los costes del matrimonio con el nacionalismo.

Antes de que empiecen a brotar de nuevo, en el campo del sedicente progresismo, los viejos lugares comunes sobre Galicia y su resistencia a las bondades del "cambio" bajo la dirección de los ungidos, conviene tomar nota del final de un cliché que ha arraigado a derecha e izquierda. El que sostiene que la abstención beneficia al PP. Pues bien, las elecciones gallegas han desmentido a los sociólogos de guardia de Ferraz y Génova. La gente se echó a las urnas para despedir al bigobierno y hasta podía escucharse un murmullo de "nunca máis" el día del finiquito.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

De oportunidades y miedos
JOSEBA ARREGI El Correo 3 Marzo 2009

Más de uno puede tener la sensación, tras los resultados electorales, de que se puede iniciar un tiempo nuevo. Y más de uno puede tener la sensación de miedo por lo que pueda ocurrir. Y al referirme a la oportunidad y al miedo no me refiero sólo a la oportunidad que algunos verán de poder ocupar cargos políticos, ni al miedo que otros puedan tener de perderlos. Se trata de algo más profundo y amplio que la posición personal de unos y de otros.

El mapa que han dejado las elecciones autonómicas es un mapa que permite abrir las puertas a una nueva oportunidad. O mejor dicho: a nuevas oportunidades. Es posible una mayoría parlamentaria sin nacionalistas. Es posible un lehendakari que no sea nacionalista. Es posible un gobierno cuya marca característica no sea el nacionalismo. Y todo ello supone una novedad en Euskadi. Y de la mano de la novedad podrían venir cambios profundos en la forma de entender la política. Una de las oportunidades es la que va ligada a esos cambios, cuya característica fundamental debiera residir en considerar a los vascos en función de su condición estricta de ciudadanía, y no en función de su identidad, de su sentimiento de pertenencia, de su identificación sentimental.

Pero hay además otras oportunidades: por ejemplo la de que el PNV recupere un discurso que, si no ha estado perdido, ha estado al menos fuertemente difuminado durante demasiado tiempo. Existe la oportunidad de que la sociedad vasca recupere un nacionalismo que se esfuerce por ser un nacionalismo cívico, un nacionalismo que sea capaz de extraer seriamente todas las consecuencias de la realidad estructural plural y compleja de la sociedad vasca. El discurso del presidente del PNV en la noche electoral es motivo de esperanza.

También el resultado de Aralar puede ser considerado como una oportunidad: porque deja de manifiesto que en la España constitucional ni se ilegalizan ideas, ni se impide defender dentro de la legalidad posiciones que a algunos les pueden parecer difícilmente compatibles con la pluralidad de la sociedad vasca, y por tanto difícilmente compatibles con la democracia. Independientemente del cálculo probablemente demasiado fácil vinculando directamente lo perdido por la opción del voto nulo -50.000 votos- con lo ganado por Aralar, la consolidación de esta fuerza es un motivo de esperanza para la sociedad vasca.

También es una oportunidad el que el PP se haya mantenido con dignidad, sin ocultar las pérdidas. Los cambios producidos en su dirección -en el PP vasco- habían sido bastante traumáticos, traumas vinculados a cuestiones tan peliagudas siempre como el liderazgo personal y las posiciones éticas. Es un motivo de esperanza que el PP vasco haya recuperado la capacidad de hacer política. Es una oportunidad para la normalidad vasca que el PP vasco tenga que ser tenido en cuenta a la hora de proyectar el futuro político vasco, pues era difícilmente entendible que se pudiera estar de brazos abiertos hacia quienes no condenan el terror de ETA mientras se trazaba una especie de muro invisible en torno al PP vasco. Existe la oportunidad de dar un paso hacia la normalización de la política vasca.

El descenso de 50.000 votos de la opción del mundo de ETA-Batasuna es también una oportunidad y un motivo de esperanza. Es cierto que, aunque ilegalizados, siguen existiendo. Pero su capacidad conjunta, entre ETA y Batasuna, de condicionar y/o chantajear el conjunto de la política vasca se va reduciendo. Es conocida la capacidad de resistencia de ese mundo. Pero la resistencia será cada vez menor, la competencia a ese mundo desde la izquierda nacionalista, a la que Aralar pertenece con el mismo derecho que ETA/Batasuna, será cada vez mayor, la normalidad desde la que se viva la política vasca será cada vez mayor.

Pero también es cierto que a las oportunidades y a los motivos de esperanza van unidos miedos. Miedo a perder el poder. Miedo a competir en la oposición -no desde el poder- con el nacionalismo radical al que se ha estado mirando siempre de reojo. Miedo a la tarea de renovar los fundamentos doctrinales. Miedo de la sociedad, o de parte de la sociedad, incluso fuera de Euskadi, pues a no pocos se les hace difícil imaginarse una Euskadi sin el nacionalismo en el gobierno, pues a no pocos se les hace difícil imaginarse un lehendakari no nacionalista.

Miedo a la novedad. Miedo a que aparezcan fantasmas que no seamos capaces de controlar. Miedo a la confrontación. Pero conviene analizar con tranquilidad estos miedos. Porque, en primer lugar, nadie está poniendo en duda el valor del Estatuto, y con él el valor del autogobierno definido entre todos: la tan cacareada falta de transferencia de competencias se debe a la falta de acuerdo en la interpretación de cuál es el contenido de las competencias pendientes de transferir, casi todas ellas vinculadas a la Seguridad Social. No va a haber, no puede haber novedad en lo que se refiere a la defensa del autogobierno estatutario, al valor del Concierto Económico, sabiendo que el cupo habrá que negociarlo cada vez con más transparencia. En este sentido es inútil tener miedo al cambio, porque no lo va a haber. Va a haber continuidad y mejora en la defensa de lo que constituye el Estatuto y su espíritu de pacto.

Tampoco tiene demasiado sentido el miedo ante la nueva oportunidad si se argumenta diciendo que la no presencia del nacionalismo en el gobierno significaría gobernar de manera frentista, que era de lo que se acusaba a los gobiernos de Ibarretxe. Pero a los gobiernos de Ibarretxe no se les ha acusado de frentistas por estar compuestos por miembros de partidos nacionalistas -Madrazo tendrá tiempo ahora para decidir si EB/IU es o no es, y hasta qué punto, nacionalista-, sino por hacer de un proyecto estricta y radicalmente nacionalista el eje de su actuación de gobierno. Que el gobierno no esté compuesto por nacionalistas no quiere decir que se vaya a gobernar como si en Euskadi no hubiera nacionalistas. Incluso se podrá gobernar sabiendo que en Euskadi hay diversas formas y grados de ser nacionalista, y actuando en consecuencia.

Si el miedo fuera la única guía de la actuación humana a lo largo de la Historia, ésta no habría cambiado nunca. Si los cambios hubieran sido radicales en algún momento de la Historia, en el sentido de absolutos, de cortar de raíz con todo lo precedente, tampoco habría habido cambio alguno en la historia humana -es una variación de una idea de Kolakowski-. Se le pueda dar una oportunidad al cambio, con precaución, para avanzar, para que mejoremos todos.

ELECCIONES PAIS VASCO
Buenas noticias para la libertadJ
OSEBA ARREGI El Mundo 3 Marzo 2009

LA sociedad vasca ha hablado. Ha enviado al Parlamento vasco los 75 miembros que la van a representar los próximos cuatro años.De ese Parlamento saldrá elegido el presidente del Gobierno vasco, el lehendakari, que a su vez designará los consejeros que le ayuden en las gestiones de gobierno. Desde que el año 80 se conformó el primer Gobierno vasco después de la aprobación de la Constitución española y del Estatuto de Gernika, los nacionalistas siempre han estado en el Gobierno. Todos los presidentes del Ejecutivo vasco han sido nacionalistas. A lo largo de casi tres legislaturas los nacionalistas gobernaron con los socialistas. El resto del tiempo han gobernado en minoría.

Por primera vez en la historia autonómica -y fuera de la historia autonómica nunca ha existido sujeto político vasco unificado-, el Parlamento vasco no posee una mayoría nacionalista. El PNV ha cosechado un estupendo resultado, ha concentrado casi todo el voto nacionalista. Pero entre PSE -que terminará con 25 escaños- y PP suman 38 escaños. La mayoría. El escaño de UPyD eleva esa mayoría a 39.

Se abren nuevos tiempos. No es necesario que el lehendakari sea nacionalista. No es necesario que sea el nacionalismo el que lleve el peso del Gobierno vasco. Aunque para muchos lehendakari y nacionalista sean sinónimos. Aunque para muchos autonomía y nacionalismo sean sinónimos. Dentro de unas semanas se podrá tocar otra melodía. Se podrá proceder a ampliar la mente de los vascos y de muchos españoles. Se podrán añadir otros lenguajes a la narrativa de la autonomía vasca.

Lo importante de este nuevo tiempo es que implica cambio, un cambio necesario e importante. Pero, al mismo tiempo, implica conservación. E implica conservación en el mejor sentido de la palabra. Porque se trata de poner en valor de nuevo el Estatuto de Gernika. No de renegar de él. Se trata de completarlo, para lo cual es preciso recuperar el espíritu de pacto entre vascos en la interpretación de lo que falta por transferir. No se trata, pues, de romper con el pasado en cuanto a los fundamentos que nos constituyen como sociedad política, Constitución y Estatuto, sino de darles continuidad en el mejor espíritu pactista que caracteriza la historia vasca.

El resultado electoral conlleva la posibilidad de un cambio profundo que implica la recuperación del espíritu estatutario. Cambiar para recordar que los vascos nos dimos un marco de convivencia sobre el que se debe asentar nuestra convivencia. No para ponerla permanentemente en duda. Cambiar para recuperar el espíritu de pacto: para recordar que somos en la medida en que pactamos entre nosotros. Y que dejamos de ser, políticamente hablando, en cuanto alguna de las visiones de la sociedad vasca pretende ser la única válida.

El resultado electoral implica que hablemos de ciudadanos y de sus derechos, y no de identidades, de sentimientos de pertenencia, de identificaciones grupales. El resultado electoral significa que el nacionalismo vasco tiene una buena oportunidad para recuperar su discurso de nacionalismo cívico, dejando atrás las formulaciones esencialistas. El resultado electoral significa que, por primera vez, el sector de la sociedad representado por el Partido Popular puede jugar un papel activo en la política vasca, reventando el muro que le separaba del resto de formaciones políticas y le estigmatizaba como cuerpo extraño.

Son buenas noticias para la libertad en la sociedad vasca. Podemos dejar atrás todos estos años en los que algunos trataban de definir de forma obligatoria para todos en qué consiste ser buen vasco.Podemos optar por ser vascos como a cada uno nos de la real gana sin que ello tenga consecuencias en nuestros derechos ciudadanos.Son buenas noticias para poder acercarnos a la convivencia de las dos lenguas oficiales sin imposiciones, desde la libertad de los hablantes, desde la voluntad de comunicación.

Habiendo quedado fuera por primera vez la opción de ETA-Batasuna, los partidos democráticos vascos tienen la tarea pendiente de reconocerse legitimidad mutuamente. Sin extraños vetos ni estigmatizaciones.Cualquiera debería poder pactar con cualquiera, y cualquier fórmula de gobierno debería ser considerada democráticamente legítima.Es una gran oportunidad para que todos los partidos representados en el Parlamento vasco se unan en la lucha contra ETA y hagan verdad la exigencia de deslegitimación radical de la banda terrorista: cultural, social y política.

Dentro de las buenas noticias y dentro de las oportunidades que se abren, seguimos cargando con lastres del pasado. Uno de esos lastres es el que va unido al término transversalidad. La sociedad vasca es una sociedad tremendamente compleja dentro de su pequeñez.En ella se dan la derecha y la izquierda, el centro y todas su variaciones; en ella se dan creyentes y no creyentes, y creyentes y no creyentes de todo tipo. Pero, además, en ella se dan distintas identidades lingüísticas, culturales de tradición, distintos y complejos sentimientos de pertenencia.

De esa realidad compleja muchos han extraído la necesidad de la transversalidad como característica fundamental que debe adornar la política vasca. Pero conviene colocar cada cosa en su sitio.Todas las sociedades modernas son complejas, y todas ellas están necesitadas de transversalidad en la definición política de ellas mismas. Pero a partir de esa definición compartida transversalmente, la política -y los respectivos gobiernos- pueden ser monocolores, bicolores, tripartitos, cuatripartitos, de gran coalición, y de cualquier otra modalidad. A partir de la definición política compartida de la sociedad, puede funcionar el principio de mayoría, pero no sin ella.

En Euskadi se ha querido suplir la falta de transversalidad del marco definitorio, mejor dicho, que algunos se hayan querido evadir de la definición pactada y de las responsabilidades resultantes, con el parche de gobiernos transversales. Es probablemente el argumento que ahora va a utilizar el propio PNV, que no pocas veces ha ridiculizado el término mismo, para asegurarse su participación en el Gobierno y su derecho a la presidencia del Gobierno vasco.Es también el argumento que muchos analistas utilizan desde fuera de Euskadi para que no haya un Gobierno sin nacionalistas, sea del PSE en solitario, sea de coalición con el PP.

pero ese argumento es una trampa: significa poner un parche y con ello ocultar las responsabilidades de quienes se han alejado del pacto estatutario. Es preciso, ahora que la mayoría parlamentaria ha cambiado, reclamar el pacto estatutario, reclamar las responsabilidades que se derivan de haberlo asumido. Es preciso reclamar lealtad al pacto, a las instituciones surgidas del pacto, al marco de convivencia sustentado en el pacto. Y reclamar que las exigencias de cumplimiento de las transferencias se deriven de una lectura y de una interpretación pactadas de lo que prevé el Estatuto, no de una lectura nacionalista unilateral.

Muchas veces es necesario recordar de dónde se viene para poder avanzar hacia el futuro. Fue precisamente el error cometido por el nacionalismo de Ibarretxe, creer que podía dejar el pasado tras de sí para dar un salto en el vacío hacia la conquista de un futuro incondicionado. Ahora tenemos que recordar de dónde venimos, tenemos que recordar el pacto que nos constituye, tenemos que recordar el pacto estatutario y la Constitución que lo posibilita.

Y aunque parezca soñar, Euskadi puede, a partir de la oportunidad que abre la nueva mayoría parlamentaria, ser un ejemplo de recuperación del espíritu pactista que acompaña a todas las constituciones.Puede ser un ejemplo para el conjunto de España, para la política española, enzarzada en una demonización permanente de los socialistas por un lado, y en una execración permanente de la derecha por otro. Sin pacto constituyente no hay democracia: la verdad siempre puede estar en el otro. Por eso hay que respetarle. Nosotros, los vascos, lo estamos aprendiendo por la vía dura. En España se puede aprender la lección sin tener que llegar tan lejos como nosotros. Ojalá sean estos resultados electorales también buenas noticias para el conjunto de España.

Joseba Arregi es ex consejero del Gobierno vasco y presidente de la plataforma cívica Aldaketa. Es autor de numerosos ensayos sobre el País Vasco, como Ser nacionalista y La nación vasca posible.

El fin de ETA
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 3 Marzo 2009

En política, como en la economía y en la meteorología, hacer predicciones, es siempre azaroso. Sin embargo, me voy a aventurar a formular un vaticinio, que no hace sino corroborar lo que ya he escrito varias veces desde hace años en este periódico.

Siempre he mantenido que para que desapareciese ETA, se tendrían que dar varias circunstancias, pero la primera de ellas, la más importante, consistía en desalojar al PNV del poder, en el que lleva asentado 30 años. Ahora puede ocurrir esto si los dirigentes de los tres partidos nacionales tienen sensatez política y se ponen de acuerdo, para que gobierne Patxi López, porque además también concurren las otras circunstancias que he mencionado y que paso a describir.

Por fin, el PNV, el partido hegemónico que ha estado presente en todos los Gobiernos vascos, algunas veces en coalición y otras en solitario, dejará de aprovecharse en su constante chantaje frente a Madrid, exigiendo mayor autogobierno, de los réditos políticos de los atentados de ETA.

Recordemos ahora, lo que dijo Arzallus de forma tan cínica, como clarividente: "Unos zarandean las ramas del árbol y otros recogemos las nueces". Las nueces se pueden acabar ya, y el País Vasco puede entrar en una normalidad democrática, que le convertirá en una región de Europa como las demás.

Pero evidentemente, habrá que desmontar el régimen que durante 30 años han construido, con el fin, aunque se hayan hecho también cosas buenas, de mantener la supremacía de la mitad de los vascos que son nacionalistas, porque el régimen peneuvista no ha gobernado para todos. Ahora la Erzaintza también puede convertirse en la policía que defienda los derechos de todos los vascos y deje de mirar para otro lado cuando los radicales cometen sus locuras. Y, dentro de poco, podrían volver a su tierra los más de 200.000 vascos desterrados.

Para que esto pueda ocurrir se dan también ya otras circunstancias más, que lo favorecen. Por primera vez, en treinta años, ya no estarán en el Parlamento vasco representantes radicales, que, de una forma u otra, estaban unidos a ETA con un cordón umbilical. Lo cual significa especialmente dos cosas, por un lado, que ya no cobrarán los sueldos y las subvenciones, que les suministraba el hecho de tener parlamentarios y, por otra, que tampoco dispondrán del altavoz que representaba para sus fines propagandísticos estar en el Parlamento vasco.

Ciertamente, el partido que dirige Patxi Zabaleta, Aralar, ha incrementado sus escaños gracias a los votos de muchos nacionalistas radicales, pero eso no puede significar que su dirigente se deje arrastrar por los mandatos de los violentos. Porque precisamente la creación de este partido se debió a no compartir los métodos terroristas, las muertes, los atentados y el desprecio a la vida, que han sido las credenciales de ETA y Batasuna.

Si Zabaleta quiere crear, como dice, "la izquierda nacionalista del futuro", tiene que desechar toda veleidad del uso de la violencia. Contamos también para acabar con ETA con el apoyo decisivo de la Francia de Sarkozy, porque sin su colaboración, dejando de ser el antiguo santuario de los etarras, no resultaría posible erradicar esta plaga que opera fuera de tiempo y que es herencia del franquismo. Además, la Iglesia vasca, que tiene algo que ver con todo lo que ha pasado con los excesos nacionalistas, no cuenta ya con el silencio cómplice de la Conferencia Episcopal española, lo que es también muy importante.

Y, por último, algo está cambiando igualmente en la juventud vasca, que no está dispuesta a utilizar la violencia para conseguir un fin cada vez más problemático, ni a malgastar su vida entre rejas. Que esto es así, se comprueba por las dificultades que tiene ETA para enrolar nuevos elementos en su organización.

El País Vasco, gracias a la tecnología, como España en general, se abre cada vez más al mundo, a Europa, por lo que las fronteras cada vez significan menos. En resumidas cuentas, estamos en una situación en la que las circunstancias son muy favorables para acabar de una vez con el terrorismo y llevar al País Vasco a la normalidad. Pero, por supuesto, no va a ser fácil.

El PNV ya ha dicho chulescamente que desalojarle del poder es una "agresión política", porque desconoce que en un régimen parlamentario no gobierna el que tiene más votos, sino el que cuenta con más escaños. Y, por otro lado, el Presidente del Gobierno tendrá que elegir entre sanear el País Vasco, algo que le consagraría históricamente, o renunciar a los apoyos de nacionalistas vascos y gallegos para poder gobernar. Pero hay también otras vías para legislar, si se tiene imaginación, porque si no el pasado se hará presente, antes de que llegue el futuro.

Los tres últimos atentados de ETA, en las localidades de Mondragón, Azpeitia y Legutiano, han quitado apoyos al mundo abertzale ¿ El PNV sufre un duro correctivo y el PSE mejora resultados

Frentismo o cambio
PEDRO LARREA El Correo 3 Marzo 2009

En una sociedad conservadora y compleja, como la vasca, acabamos de celebrar unas elecciones cuya campaña ha estado centrada en el cambio y polarizada en torno a dos bloques. Una doble contradicción que anticipa una resolución delicada, para la que se van a necesitar grandes dosis de voluntad e inteligencia.

Euskadi es una sociedad donde los cambios políticos poseen un ritmo parsimonioso. No es casual que los dos partidos más votados sean los más viejos de España; o que seamos el último reducto de la violencia terrorista en la Europa democrática y del bienestar; o que el sindicato mayoritario sea el único nacido con una mera vocación reformista; o que una misma formación política haya liderado, salvo el breve paréntesis preautonómico, los sucesivos gobiernos vascos que van desde el 36 y el exilio hasta la actual era política que nace con la Constitución de 1978 y el Estatuto de Gernika.

'Haz que suceda', rezaba el eslogan socialista; es decir, 'haz el cambio'. En efecto, el cambio ha sido el 'leitmotiv' de la campaña, el argumento-fuerza, la imagen recurrente que, con más o menos claridad y brillo, ha desplegado la oposición para llegar al electorado. ¿Cambiar qué? No las políticas económicas y sociales: no hemos asistido a una confrontación convencional derecha/izquierda, ni son tantos los márgenes de maniobra de que goza una modesta autonomía frente a la espantosa crisis que nos aqueja. Tampoco el modelo de autogobierno, concitador de variadas y enfrentadas posiciones (desde la apertura de un proceso de contradescentralización hasta el puro soberanismo independentista), ha merecido el lugar estelar que cabía esperar. Más aún, hasta el lacerante asunto de la violencia terrorista (el final de ETA, la discutida validez del diálogo como vía para alcanzarlo, el reconocimiento y papel de las víctimas o la ilegalización de las organizaciones batasunas) ha pasado de puntillas por la campaña.

Llevados a un segundo plano la economía, el autogobierno y la violencia, ¿qué era, entonces, lo que reclamaba ser cambiado? Para empezar, la praxis política de las últimas legislaturas, propia de un ejercicio del poder enquistado en un escenario de bloques. De ahí que el discurso del cambio apelara al consenso entre diferentes frente a la imposición, la pluralidad de señas culturales frente a cualquier reduccionismo identitario, o la convivencia de ciudadanos iguales frente a situaciones de exclusión y privilegio. En el fondo, los mensajes del bloque opositor transmitían nítidamente el hartazgo de una parte importante del pueblo vasco que se siente excluida del proyecto de construcción nacional retomado por el régimen democrático sucesor de la dictadura franquista. Era la rebelión ante el monopolio nacionalista ostentado hasta el día de hoy, en la magna tarea de vertebrar política y culturalmente una sociedad en la que coexiste una pluralidad de sensibilidades ideológicas e identitarias. Y finalmente, y como última ratio democrática, más allá del deseo racionalizado de romper la estrategia de bloques y el hegemonismo nacionalista, ambos fenómenos íntimamente entrelazados, muchos electores han sido seducidos por la simple propuesta del cambio por el cambio (fuera apoltronamientos y viva la alternancia), palpando que la posibilidad de 'hacer' el cambio estaba al alcance de su mano.

Precisamente la percepción de que la alternancia era factible, la gravedad de los valores en juego, tanto tangibles como simbólicos, y las propias exigencias de un cambio tan radical han provocado una polarización electoral extrema. Se ha tenido la impresión de que se trataba de una pelea a dos, el PSE como paladín del cambio y el PNV como garante del mantenimiento del 'estatu quo', mientras que el resto de los partidos era pura comparsería. Pero semejante polarización retrata infielmente la complejidad de una sociedad que algunos se empeñan en contemplar escindida en dos bloques irreconciliables. En el bando del 'cambio', por ejemplo, la propuesta inclusiva del PSE poco tiene que ver con las manifestaciones revanchistas de los demás; y en el lado nacionalista, amalgamado alrededor de la herencia de Lizarra, hoy llamada consulta y derecho a decidir, coinciden independentistas, autonomistas y simplemente federalistas. ¿Es seguro que las afinidades del PSE con el PP y UPD son más sólidas que con el PNV y EB? Somos un electorado compuesto de una multiplicidad de fragmentos políticos, cada uno con su propio perfil ideológico, no siempre homogéneo, y que difícilmente cuadra con un esquema de bandos bipolar.

Los datos del día 1 han arrojado el resultado paradójico que cabía esperar de un planteamiento alterado por la polarización, al quedar revestidos los candidatos de las dos formaciones protagonistas de un liderazgo añadido, el liderazgo de su bloque respectivo. Por una perversión de la lógica electoral, que él mismo contribuyó a crear, el PNV ha ganado unas elecciones que, al mismo tiempo, ha perdido, al ser insuficientes sus 30 escaños para configurar un bloque ganador. Y, al revés, el PSE queda en segunda posición, pero comandando un grupo de formaciones políticas que suman, en conjunto, la mayoría absoluta. Varias lecciones políticas parecen evidentes: primera, los movimientos sociológicos de fondo siguen sin mostrar signos de ruptura; segunda, el recuento de escaños determina que ha ganado el cambio; tercera, la aritmética convierte al socialismo vasco en el árbitro de la situación; cuarta, la dificultad política de cualquier solución imaginable va a someter a dura prueba la calidad de nuestros dirigentes.

Al final, sólo caben dos vías de solución: o se continúa con la actual estrategia frentista, intercambiando los papeles, o se termina con la política de bloques y se forman gobiernos que, dentro de una línea de trabajo coherente, demuestren más vocación de integrar que de enfrentar; o gana el frentismo o gana el cambio. Sin embargo, la tentación de persistir para cambiar es una constante universal que acecha al poderoso: siempre hay una última guerra, justamente para traer la paz; o una última dictadura, para dar paso a la verdadera democracia, o una última 'vuelta de tuerca' violenta para destruir la violencia. ¿Por qué no un último frente de fuerzas políticas para hacer el cambio definitivo, esto es, acabar de una vez por todas con el frentismo vasco que ha empobrecido el país durante más de una década?

Para el autor, tras los resultados del domingo, la disyuntiva es clara: «o se continúa con la actual estrategia frentista, intercambiando los papeles, o se termina con la política de bloques y se forman gobiernos que, dentro de una línea de trabajo coherente, demuestren más vocación de integrar que de enfrentar; o gana el frentismo o gana el cambio»

ELECCIONES VASCAS
Luna nueva y llena en la política vasca
MAITE PAGAZAURTUNDÚA El Correo 3 Marzo 2009

La campaña se desarrolló sin asesinatos. Esa breve frase encierra el alivio humano de cientos de miles de electores vascos y, por supuesto, de los poderes públicos. La frase encierra, al tiempo, la persistencia decadente de un universo de fanatismo que anida y se desarrolla todavía en el interior de la sociedad vasca y a la que el nuevo gobierno puede hacer frente con un liderazgo inequívoco, claro, transparente, que enseñe a los ciudadanos de forma progresiva a superar cada pequeño gesto de tolerancia pasiva con respecto a la coacción que se manifiesta en miles de momentos y gestos cotidianos en los espacios sociales vascos.

Es posible la alternancia política después de tantos años. Casi nos parece mentira. Más allá de cómo se desarrolle la política de alianzas, de los consejeros y sus programas, la sociedad puede experimentar la ruptura de diversos tabúes comunitarios y eso puede llegar a liberar muchas energías reprimidas, mucha creatividad, nuevas caras, nuevas formas de articulación sociopolítica.

Los dos grandes polos de articulación política en el País Vasco (nacionalista y constitucionalista) han quedado una vez más en evidencia tras la votación del pasado domingo. Esta es precisamente la constatación más objetiva de que resulta imposible el afán buscado a sangre y fuego por ETA de una «Euskal Herria independiente y socialista». Itziar Aizpurua sabe que la sangre y el fuego les convierte en únicos. Cree que eso es lo que «va a valer para el futuro» y cada día que pasa resulta ser un intento más fuera del tiempo. Resultaba extraña incluso su foto de grupo, envejecidos los gestos, como en una caricatura de su propio pasado. Se equivoca cuando advierte a Aralar de que están intentando coger un voto que no es suyo. Se equivoca. Nos puede gustar o no, pero el voto es de cada cual y cada cual tiene el derecho a cambiarlo. Y Aralar ha empezado a cuajar su espacio, como lo está haciendo el recién nacido UPD.

Los seguidores de los fanáticos de la identidad nacionalista vasca se han quedado fuera del Parlamento vasco y me parece percibir que la ilegalización de las distintas marcas que dan todo el apoyo moral, económico y organizativo a ETA ejerce un mayor papel de pedagogía democrática en ese mundo. Les marca límites. No lo pueden poder todo. La tolerancia cero con los intolerantes sirve para hacer declinar esa manera cruel y narcisista de intentar alcanzar objetivos políticos. La frustración política es, seguramente, la primera asignatura que se aprende en el trabajo político de una sociedad democrática, pues no es otra cosa aprender a convivir con personas que ven la realidad de forma distinta con las que resulta preciso articular normas y políticas comunes.

Incluso el partido de Ibarretxe, el del frustrado Pacto de Lizarra, ha tenido que digerir el pasado domingo que Euskadi no es sólo nacionalista. Diez años más tarde del experimento de ingeniería política que pretendió dejar en la sombra institucional para siempre a los no nacionalistas, pueden prepararse desde ahora para trastear en la otra cara de la luna política: la oposición. Y la sociedad vasca, aliviarse de cargas clientelares acumuladas en 29 años continuados de gobierno.

Quienes fueron unos auténticos expertos en la propaganda en favor de sus propios intereses, en elegir y desechar alianzas durante sus primeros 19 años en Ajuria Enea, no tienen margen. Los que hace una década avanzaron un juego destinado a convertir a los no nacionalistas en parias políticos en su tierra pueden tener que empezar a asumir que no se rompen las relaciones con los agentes políticos constitucionalistas durante tanto tiempo sin consecuencias inmediatas en la política de alianzas.

Políticos belgas confiesan su «impresión» al ver a «gente sencilla» escoltada en Euskadi
FERNANDO PESCADOR CORRESPONSAL. BRUSELAS El Correo 3 Marzo 2009

«La primera impresión no puede ser mejor: el País Vasco es un lugar de una gran belleza y parece acogedor. Pero a poco que entras en él percibes enseguida la losa de plomo que pesa sobre la gente. No se puede hablar de ciertas cosas en la calle. Simples concejales tienen que andar con escolta y sus hijos no pueden jugar con otros niños del pueblo en la calle. No sabíamos que en esta Europa del siglo XXI, a apenas un millar de kilómetros de aquí, se estuvieran viviendo vulneraciones tan graves de los derechos humanos. Estamos todos muy impresionados».

Los seis políticos belgas que, a iniciativa de una periodista local y con la colaboración de miembros de Bakeaz, giraron visita el pasado febrero a cargos electos del PSE y del PP en Euskadi, convocaron ayer una rueda de prensa en el Parlamento europeo para «dar testimonio, porque así nos lo han pedido allí», de lo que está pasando en la comunidad autónoma vasca. El testimonio en cuestión no pudo ser más descarnado. Los hombres y mujeres de la delegación, representantes de familias políticas tan diferentes como la socialista, la liberal, la ecologista o la socialcristiana, se confesaban duramente afectados, como demócratas, por una situación «que no podíamos ni imaginar».

«¿Una Cuba en Europa?»
«A todos nosotros -expresó Isabelle Durant, ex ministra federal de Transportes de Bélgica y miembro de Ecolo- nos llegaban periódicamente las imágenes de los atentados, pero no podíamos ni remotamente sospechar lo que había detrás: gente sencilla protegida por escoltas durante largo tiempo. ¡Hasta 15 años! Esa violencia contra las víctimas del terrorismo, los graffitti contra ellas que llenan las fachadas, la dificultad para encontrar trabajo, las fotos de los asesinos terroristas exhibidas en el Ayuntamiento de Mondragón. Y esto en la Europa de 2009».

Christinne Defraigne, liberal, se preguntaba por lo que quieren los nacionalistas radicales. «¿Una Cuba en el corazón de Europa? La autonomía de la que disfruta el País Vasco la envidiarían los autonomistas flamencos. Está claro que allí el nacionalismo explota algunos sentimientos irracionales. Se nos ha llegado a decir que el euskera no es un idioma indoeuropeo, sino la lengua que hablaban Adán y Eva. La explotación del mito, de la irracionalidad. Eso ya lo hemos visto antes».

La misma Defraigne se preguntaba si «desde una mayoría política culturalmente minoritaria no se está condenando a las generaciones futuras con la imposición del euskera y el olvido del castellano».

La sangre cambia los votos
Históricamente, en las tres localidades ha ganado el PNV y le ha seguido el partido heredero de HB.
J. Brandoli La Razón 3 Marzo 2009

MADRID- Un voto menos en algunos casos; varios, en otros: los de los muertos, los de sus familias. Ése es el primer y más importante rastro de las últimas acciones terroristas en el País Vasco. El segundo: los atentados etarras dejan huella en las urnas para los intereses abertzales y para los de los nacionalistas democráticos. La desaparición del Partido Comunista de las Tierras Vascas ha hecho que su fuerza se mida en papeletas nulas (única forma que han tenido los terroristas de calibrar sus fuerzas). Se han quedado en el entorno del diez por ciento. Antes, en 2005, eran la segunda fuerza más votada en las tres poblaciones y se acercaban al 16 por ciento. Un resultado que la propaganda terrorista achacará al débil nacionalismo vasco. Los feudos ensangrentados no han olvidado el ruido de las pistolas.

Ha habido castigo, duro, para el PNV, que aunque es la fuerza más votada en las tres últimas localidades donde ha golpeado ETA, Mondragón y Azpeitia, en Guipuzcoa, y Legutiano, en Álava, ha perdido apoyos. Significativo es el caso de Azpeitia, en donde los terroristas asesinaron al empresario «peneuvista» Ignacio Uría. Allí los de Ibarretxe, pese a arropar en masa a la familia y condenar enérgicamente el atentado, se han dejado más de mil votos respecto al anterior encuentro en las urnas. En Mondragón, la fuga es de casi 1.300; en Legutiano, 128 (en porcentaje casi un 25 por ciento).

Los socialistas, por su parte, han mejorado el resultado de los anteriores comicios autonómicos. Especialmente en Mondragón, donde ETA acabó el pasado marzo con la vida del ex concejal del PSOE, Isaías Carrasco. De los 2.599 votos de 2005 ha pasado a los 3.028 de 2009. El pueblo, una parte, ha querido lanzar un mensaje a los que deciden cuando se acaba con la vida de alguien. El mismo resultado, mejora, han cosechado los socialistas en Legutiano, donde han pasado de 120 a 144 votos, y en Azpeitia, de 429 sufragios a 581.

Los populares, por su parte, han obtenido un resultado parecido al del resto del territorio vasco. Han perdido votos que, en parte, han pasado al PSOE y a UPD (el partido de Rosa Díez). El PP se ha dejado importantes apoyos en las tres localidades. Parece que el bipartidismo del final de la campaña le ha afectado a sus intereses.

Por último, quizá el ruido terrorista haya conseguido un último propósito. Callar manos. En las tres localidades la participación ha rondado el 65%. La media del País Vasco ha sido de un 70%. Algunas conciencias descansaron.

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