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Recortes de Prensa    Domingo 15 Marzo 2009

 

BNG, cuando los excesos y abusos se pagan con el fracaso
Editorial La Razon 15 Marzo 2009

La dimisión de Anxo Quintana y de la ejecutiva en pleno del BNG es la constatación de un fracaso y un engaño político que no se podía sostener por más tiempo y que fue castigado severamente en las urnas en las recientes elecciones autonómicas. Llegaron al poder en Galicia de la mano de los socialistas y de un nacionalismo ficticio, apuntalado en un galleguismo radical y artificial, que se posicionó de espaldas a la Galicia real. Ya en el Gobierno, su labor fue un desgobierno, puesto que se dedicaron a crear conflictos, más que a solucionar problemas. Así, crearon unas fricciones sociales innecesarias y gravosas para el erario público.

El pueblo gallego, sabio y sensato, se hastió de las falsas polémicas sobre la imposición del gallego y la exclusión del castellano en una sociedad donde jamás hubo conflicto lingüístico. Ahora, esos políticos irresponsables tienen la justa recompensa, que se traduce en la pérdida de su ya escaso peso electoral. Le han hecho un flaco favor a Galicia, que precisa, y así lo han hecho saber los gallegos en las urnas, políticos serios, sensatos y entregados al servicio público, no profetas de medio pelo. La lección también es aplicable al partido que le dió cobijo y alas, es decir, al PSOE gallego, que en su afán de gobernar a toda costa se entregó en brazos de unos nacionalistas radicales y fuera de la realidad.

El ridículo nacionalista
M. MARTÍN FERRAND ABC 15 Marzo 2009

LOS nacionalismos, tanto más cuanto más a la izquierda se pretenden, tienden al ridículo. En un mundo globalizado y en una Europa con pretensiones de bienestar ciudadano tiene poco sentido, si es que tiene alguno, la prédica anacrónica y ombliguista de quienes quieren organizar el ritmo de la Historia con epicentro en Betanzos o en Mataró. Los nacionalismos de derechas son otra cosa. Algo no menos inquietante para quienes valoramos el rigor del Estado, la solidaridad de la Nación y el sentido de la Patria; pero más respetable y coherente. Cuando, hace noventa años, Vicente Risco, uno de los padres del nacionalismo gallego, pronunció su primer discurso público en la lengua de Rosalía lo hizo, precisamente, para sumarse a un homenaje a Francesc Cambó.

Si prescindimos de los nacionalistas vascos de izquierdas, ya que unos usan pistola y a los otros no les parece mal que así sea, las dos cabezas simbólicas del nacionalismo social y centrífugo español son Anxo Quintana y Josep Lluís Carod-Rovira. Dos personajes afortunadamente irrepetibles que le aportan variedad a la fauna política y, aunque no se les conoce ninguna iniciativa conducente al bien común, contribuyen al indispensable «más difícil todavía» del circo autonómico nacional. Puestos a buscar diferencias entre ambos, tarea harta de dificultades, podríamos llegar a la conclusión provisional de que Quintana resulta ridículo mientras que Carod es patentemente risible.

Carod, gran coleccionistas de instantes gloriosos, ocupó ayer espacio gráfico en todos los diarios españoles. Arrebatado por su apostólica pasión bilingüe recibió una lanza como señal de agradecimiento de los indios shaur por el millón de euros que el líder de ERC les llevó hasta Ecuador para mejor difundir la lengua catalana. Algún mérito tendrá la cosa puesto que unos cuantos millares de ciudadanos le respaldan con su voto; pero la estampa, insisto, es risible.

El sanitario Quintana es menos sutil. Ayer presentó su dimisión, y la de la Ejecutiva del BNG, como consecuencia del retroceso experimentado por el Bloque en las últimas elecciones. Así lo había pedido su antecesor, Xosé Manuel Beiras. Es un eslabón más en la cadena de un partido de génesis artificial y forzada, nada concordante con los precedentes nacionalistas de Galicia, y cuyo único contenido mensurable es el odio al PP. Una triste manera de vivir.

La corrupción son siempre los otros
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 15 Marzo 2009

Se acusan los partidos políticos de corrupciones, corruptelas y choriceos varios. Y tienen toda la razón. Pero la tienen todos y todos la tienen perdida. Pues afean al contrario de lo mismo que practican. La casta política, pues esa es la verdadera definición de quienes han hecho profesión de la presunta ideología encuadrados en partidos donde quien no lame no mama, es clónica , independientemente de siglas, y para demostrarlo ya está el Audi. Si se abrieran las faldas de un Vesubio y esto fuera una Pompeya a ver quien era el arqueólogo que sabia distinguir entre la momia de un taifas de estos o de un alto cargo de los otros.

Es la casta y el sistema quien abre las veredas de “correas” o “calayos”, de “mortadelos” y “sastres”. Y en todos los sitios cuecen habas y en todos pretenden retirarlas de la misma manera de la lumbre cuando se socarran. Con una comisión de investigación a medida de los investigados que concluye que los culpables son las victimas. Pongamos de hablo de espías en Madrid. Una pantomima como aquella del incendio de Guadalajara y que se reabrirá de idéntica manera. Lo que voten las siglas políticas ya lo rebotarán los tribunales.

Esa es otra. También son las siglas políticas quienes votan en los tribunales. Y pongamos que hablo ahora de Garzón. Pero , aunque no tan “monos” mediáticos, con la sigla como máximo principio jurídico votan en los más altos tribunales, empezando por el Constitucional, capaz de declarar ajustado a ley que , por ejemplo, el sexo exige desigualdad legal, o en ese Consejo General donde ya ni siquiera se disimula que quien propone manda.

Pero no es solo cosa de palacios de califas moros o reyes cristianos restaurados para deleite de los nuevos emires y señores, ni de corredores donde roza el terciopelo. Habas se cuecen también en las cabañas. Y no digamos ya en los sindicatos. Le llaman responsabilidad a seguir en la teta liberada y se van en manifestación a dar vivas al gobierno que ya va por los tres millones y medio de parados.

Por donde mas borboteaba el caldero era por el ladrillo, donde se prendía la candela con mazos de billetes de 500. Allí era el aquelarre, el baile que recorría toda la geografía entera, de corruptos y corruptores saltando borrachos de poder e impunidad a la luz de las hogueras, exhibiendo yates y aviones o recibiendo en las comuniones cheques del “Padrino” . Corruptos o corruptores, es lo mismo, la corrupción es cosa de todos.

Y de todo ello debía de dar cuenta y relato el periodismo. Pero resulta que el relato es una parte más de la tramoya y los medios de comunicación la polea de transmisión de los feriantes anteriormente señalados. Polea cuando no motor, infantería cuando no generalato , que hay quien ya aspira, porque ha probado, a ser entrenador, delantero centro y presidente de la bandería de los verdes o de la “contrade” de los morados.

La corrupción somos todos. No es cosa sólo de políticos. Es cosa de una sociedad que ha vivido y medrado en ella. Es una forma de vida y trinque que parece haberse anclado en el alma colectiva, que quien no corrompe 1.000 millones es porque se tiene con corromper una pensión falseada, un salario trampeado o un subsidio mentiroso. Aquí el que no trinca un “jaguar” se lleva al menos una manta.

Y no hay cura. No puede haberla. Porque todos nos hemos puesto de acuerdo tan sólo en una cosa: corruptos son siempre los otros.Y no. La corrupción somos todos.

¿Quién teme a la Justicia internacional?
JESÚS GARCÍA-LUENGOS El Correo 15 Marzo 2009

RESPONSABLE ÁREA DE ASISTENCIA TÉCNICA Y EVALUACIÓN IECAH

O mar al Bashir, presidente de Sudán desde hace 20 años, es el primer jefe de Estado en funciones procesado -a instancias del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU)- por la Corte Penal Internacional (CPI). Los cargos que se le imputan son, entre otros, los de crímenes de guerra y contra la Humanidad en Darfur, donde desde 2003 han muerto unas 300.000 personas y 2,7 millones han perdido sus hogares. La CPI posee pruebas suficientes del control de Al Bashir sobre las milicias árabes 'janjawid', principales ejecutoras, además del Ejército sudanés y de varios grupos rebeldes, de las atrocidades cometidas en Darfur.

La orden de arresto internacional contra Al Bashir es, a todas luces, un hito en materia de lucha contra la impunidad pero, al mismo tiempo, cabe verla como el detonante de una gran polémica internacional que se ha ido gestando en los últimos meses, y en la que diversos actores tienen percepciones muy dispares. Si bien la única teoría válida, como señala Human Rights Watch, es que ante estos crímenes la justicia no es negociable, en la práctica, sin embargo -y desde el origen mismo de una justicia universal asociada permanentemente al factor geopolítico-, las cosas son más complicadas.

Sobre todo si el 'frasco de las esencias' se abre en un país como Sudán, con el conflicto de Darfur en curso; varios frentes regionales abiertos por el régimen represor de Jartún; un Acuerdo de Paz Global entre éste y el Gobierno de la zona Sur (donde se encuentra la mayor parte de los yacimientos petrolíferos), que hace aguas por todos los lados; y un enfrentamiento abierto con el Gobierno de Chad. Los temores de que dicha orden de arresto provoquen más inestabilidad, violencia y sufrimiento para la población sudanesa están, por tanto, justificados. Prueba de ello es que una de las primeras reacciones de Al Bashir ha sido la expulsión del país de una decena de organizaciones de ayuda humanitaria con proyectos en Darfur.

Este argumento es el que esgrimen, o aprovechan, países como Rusia y China (que no han ratificado los estatutos de la CPI), los miembros de la Liga Árabe (tampoco, salvo Jordania) y los de la Unión Africana (sólo una treintena lo han hecho), para criticar la orden, cerrar filas con el presidente sudanés o, como China (valedor del régimen de Jartún y con grandes intereses petrolíferos en el país), abogar por que el CSNU suspenda durante un año la orden de arresto. Frente a ellos, una serie de países, liderados por EE UU, Francia y el Reino Unido, son firmes partidarios de que se haga justicia y, al menos por el momento, piden que se mantenga la orden de arresto. No deja de ser chocante esa postura de Washington -dada su inclinación a enfocar estas cuestiones de manera muy selectiva y su rechazo a la existencia de la CPI-, y sólo cabe desear que el nuevo Gobierno sea mucho más coherente a partir de ahora.

En todo caso, que el escenario sea muy complicado, y, para algunos, interesadamente confuso no debería impedir, en primer lugar, la claridad de ideas y, en segundo, una estrategia internacional que permita inclinar la balanza hacia nuevas dinámicas de paz. La Justicia penal internacional aplicada en contextos de conflicto siempre será un arma potencialmente de doble filo, susceptible de provocar daños y beneficios. En este sentido, procesamientos como el de El Bashir (o el de Joseph Kony, líder ugandés del Ejército de Resistencia del Señor) implican nuevos retos y, por tanto, nuevas estrategias multilaterales de resolución de conflictos. Eso sí, con las víctimas y sus derechos en primer plano, junto a la prioridad absoluta de hacer justicia. O, lo que es lo mismo, que el destino de El Bashir sea, en dos meses o en dos años, sentarse delante de los jueces, tal y como señalaba el fiscal Ocampo.

También parece cada vez más apremiante decir alto y claro que la Justicia penal internacional y la CPI juegan un papel cada vez más vital en el mundo en que vivimos, y que hay que reforzar sus medios y capacidades. Desmontando, de paso, los argumentos de una corriente cada vez más crítica con dicho tribunal por parte, entre otros, de numerosos dirigente africanos y, a raíz del caso El-Bashir, de buena parte del mundo árabe.

Las acusaciones de parcialidad y neocolonialismo -por el hecho de que todos los procesamientos hasta la fecha hayan recaído sobre territorio africano- no tienen ningún crédito, cuando de forma fundamentada se persiguen las violaciones masivas de derechos humanos, por mucho que dicho órgano haya sido propulsado y diseñado en buena parte desde Occidente; que determinadas potencias occidentales puedan prevalerse de su actuación (cuestión distinta es exigir que éstas rindan cuentas); que existan otros dirigentes en otras latitudes con 'méritos' suficientes para ser inculpados, o incluso dentro del mismo país (como en el caso de Bemba, en Republica Democrática del Congo). Lo que no es óbice para exigir que la CPI tenga miras más amplias. De no hacerlo así -como en el caso de Israel y los últimos ataques en Gaza-, su credibilidad se verá seriamente minada.

Por otra parte, el procesamiento de El Bashir supone una nueva prueba de fuego para los líderes de la Unión Africana (UA), algunos de los cuales se sienten directamente amenazados por el caso en cuestión. Su alineamiento con el dirigente sudanés supone la negación de los principios fundacionales de la UA en materia de paz y seguridad, y un nuevo desvío (como en el caso de la crisis en Zimbabue) del camino emprendido tras su creación. En este sentido, figuras emblemáticas como el presidente senegales Abdoulaye Wade deberían dar más ejemplo, juzgando a Hissène Habré (el ex dictador de Chad), como le pidió en su día la UA, en lugar de criticar a la CPI y sugerir que si hubiese sabido que iba a ser tan parcial no habría ratificado su estatuto.

Si algo debería quedar claro de todo lo anterior, es la importancia de exigir más consideración con las víctimas, más Justicia penal internacional (también desde España), más inteligencia y firmeza política internacional, y menos rasgarse las vestiduras. Igualmente, el procesamiento de Bashir debería marcar el paso para posteriores actuaciones de la CPI contra otros dirigentes.

Gasto en tiempos de crisis
Más de 1.200 cargos autonómicos utilizan coche oficial con chófer
Marisa Recuero | Fernando Lázaro Madrid El Mundo  15 Marzo 2009

En plena recesión, el despilfarro parece el lema de las comunidades autónomas, sobre todo cuando sus principales responsables se desplazan en coche. Los representantes de los ciudadanos, en lugar de recurrir a un austero turismo, optan por marcas millonarias. Entre los 17 gobiernos autonómicos que componen el mapa de España suman, al menos, 1.220 coches para altos cargos.

O lo que es peor, superan el número de vehículos que conforma el parque móvil del Estado, constituido por 1.100, y donde se incluye desde una furgoneta hasta los tres Audi 8 y el Mercedes que posee el presidente del Gobierno.

Los presidentes lucen flamantes modelos Audi A8, salvo en el caso de Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla y León y Madrid —Esperanza Aguirre optó por un A6—. Los dirigentes de esas comunidades prefieren circular en Volvo S-80, BMW 735, Peugeot 607 y Renault Vel Satis, respectivamente.

Galicia, Andalucía, Comunidad Valenciana y Castilla y León lideran la lista de autonomías con más coches oficiales.

En los ayuntamientos también hay casos que llaman la atención, como el de Alberto Ruiz-Gallardón, cuyo Audi A8 rompe cualquier presupuesto destinado a comprar coches oficiales. El alcalde de Madrid dio luz verde el año pasado a una inversión de 591.624 euros para arrendar un vehículo blindado, en calidad de 'renting', que deberá abonar en cinco años, hasta 2012, con cargo al erario municipal.

Rita Barberá es otra de las responsables municipales que circula en A8. La alcaldesa de Valencia dispone de un automóvil valorado en 267.336 euros, además de otro A8 por el que el Ayuntamiento debe pagar al mes 2.000 euros.


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Carod-Rovira contra el español
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 15 Marzo 2009

NO sólo tratan de acabar con el español en Cataluña, sino que intentan desterrarlo de los países donde se habla. El millón de euros que la Generalitat catalana acaba de destinar a «promover el bilingüismo de Ecuador» no es otra cosa que un intento de que los ecuatorianos vuelvan a su lengua nativa en detrimento del español. Ya me dirán ustedes de qué va a servirles el quechua cuando salgan de su país en busca de trabajo, a España, por ejemplo, donde forman una de las colonias más importantes de trabajadores extranjeros.

El intento sería cómico si no anduviesen por medio cuestiones tan serias como el bienestar de las personas. Ese millón de euros, unido a los otros muchos millones que la Generalitat destina a proyectos «culturales, educativos y productivos», estarían mucho mejor empleados en sanidad, alimentos, vivienda y formación profesional, en vez de en una lengua indígena que, o ya saben, o de muy poco va a servirles. Pero el fanatismo, la petulancia, osadía y estrechez de miras de personajes como Carod-Rovira, que es quien está detrás de los proyectos, lleva a tales disparates. Con el colofón grotesco de que para entenderse con las autoridades ecuatorianas con quienes ha firmado el acuerdo no ha tenido más remedio que hablar en español. Que es la lengua con la que se han abierto paso en el mundo los muchos catalanes que han triunfado en él.

Todo ello aparte del aspecto económico del asunto. En medio de la mayor crisis desde la del 29, con todos los indicadores advirtiendo que las cosas irán a peor, que conviene aquilatar gastos y apretarse el cinturón, la Generalitat catalana sigue invirtiendo millones y millones en pseudoembajadas, informes, escuelas, exposiciones, selecciones deportivas, viajes oficiales -ABC informaba ayer de que Carod ha realizado 25 en la segunda etapa del tripartito, con su correspondiente séquito, claro está-, todo ello destinado a negar el carácter español de lo catalán. Aunque España sea el mayor mercado de sus productos. Que se lo pregunte a sus fabricantes. Pero ¿qué les importa a los nacionalistas el bienestar de sus fabricantes y trabajadores, sean locales o extranjeros?

El estrambote del caso lo pone ese tripartito -presidido, no lo olvidemos, por un socialista- quejándose de no tener dinero. ¿Cómo va a tenerlo, si se lo gasta en estas memeces? Y, para colmo, pide más al Estado español. Es el esperpento a que nos ha llevado dar carta blanca a unos nacionalistas que constituyen un peligro, no ya para España, sino para los habitantes de sus comunidades y, como acabamos de ver, de algunos otros países.

Por cierto, ¿en qué idioma hablaron en Perpiñán Carod y los terroristas de ETA? Pues no creo que él sepa vasco, ni ellos, catalán.

Alternancias
JON JUARISTI ABC 15 Marzo 2009

ENTIENDO la desolación del PNV ante la perspectiva de perder el Gobierno vasco. Téngase en cuenta que ningún otro partido ha dado tanto a una comunidad autónoma. De entrada, le ha dado el nombre, la bandera, el himno y el ser. Nada hay, en efecto, en la identidad vasca contemporánea que no venga del PNV, una fuerza con algo más de un siglo de existencia a la que se concedió la posibilidad, bien aprovechada por su parte, de diseñar una porción de España a su imagen y semejanza. Si, por ejemplo, se hubiese entregado Ciudad Real a los comunistas para que montasen una Cuba manchega, más de uno se habría irritado por la insensatez del experimento, pero en el País Vasco no chistó nadie ante algo perfectamente equiparable, ni la izquierda ni la derecha. Lo que no deja de ser lógico: antes del PNV no había vascos, es decir, sujetos que se definiesen como tal por llevar tales o cuales apellidos o por la circunstancia de que sus abuelos fueran oriundos de Motrico, pongamos por caso, aunque ellos mismos hubieran nacido y residieran en Majadahonda o en Cochabamba. O pertenecientes a otra categoría, sin apellidos ni abuelos, a los que se permitiese ostentar el título por los servicios prestados a Euskadi (léase, al nacionalismo). Es cierto que, en el vigente Estatuto de Autonomía, se hace derivar la identidad de un criterio administrativo, el avecindamiento, pero eso nunca ha funcionado, como es sabido, e incluso los aspirantes no nacionalistas a la presidencia de la comunidad se sienten obligados a reclamar su inclusión en uno de los dos tipos de pertenencia socialmente admitidos.

Resulta curioso, en tal sentido, el entusiasmo con que los socialistas coreaban lo de Patxi Lehendakari, la noche del 1 de marzo. Lehendakari es un término calcado sobre los vocablos fascistas de los años treinta que se referían al caudillaje de masas, como Führer, Duce, Conducator y, por supuesto, Caudillo, de los que es estrictamente sinónimo. No se tome como una crítica al PSE (de haber estado el PP vasco en su situación, habríamos oído lo mismo de Basagoiti). Son detalles que hoy no parecen tener importancia, aunque bajo la Segunda República y aún en la guerra civil constituyeran indicios reveladores de los gustos e inclinaciones de un partido -el PNV, por supuesto- que incluso sus aliados de izquierda consideraban afín a la extrema derecha. Ahora sólo indican (lo que ya es bastante) la dificultad de rebasar el imaginario nacionalista, aún con el PNV en la oposición.

No creo que ETA sea una maldición endémica y fatal en la vida española, pero es difícil que se extinga si el nacionalismo vasco, y el PNV en particular, no renuncia de una vez por todas al horizonte del secesionismo. No hay visos de que se avendría a ello si conservara el gobierno, pero, apartado del mismo, es previsible que todo el campo abertzale se radicalice en una dirección frentista, y así cabe interpretar la declaración de Ibarretxe sobre un PNV gobernando en la sombra. Un hipotético gobierno de López con el apoyo del PP se enfrentaría a una fronda municipalista y a un incremento simultáneo del terrorismo y de la violencia callejera. La opción, muy tentadora, de mantener las formas de un nacionalismo moderado y razonable (como el que el candidato socialista no dejó de escenificar durante la campaña, con su invocación a la figura de José Antonio Aguirre, primer lehendakari nacionalista) no impresionaría en absoluto a un PNV victimista, que vería en ello una usurpación insultante de sus propios símbolos. No está el patio, en fin, como para jugar a Michael Collins.

Vender la piel del oso antes de cazarlo
Vicente A. C. M. Periodista Digital 15 Marzo 2009

Dice un refrán que no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo. En este caso, el PSE da por hecho algo que solo está, por ahora, en un acuerdo de principios pero que no se ha concretado. Es más que evidente la voluntad que tiene el PP de que exista un cambio en El País Vasco y apoyar la candidatura del Patxi López a Lehendakari. Pero como bien dicen, no hay nada gratis total, que es lo que pretende el PSE y el PSOE. Como siempre, sacar solo su propio beneficio sin dar nada a cambio, salvo vagas promesas. No es cuestión de aparentar pactos para luego incumplirlos y hacerlos realmente con el PNV.

En este caso es cuestión de confianza y el PSE y Patxi López en particular con su equipo, han dado sobradas muestras de no ser personas en las que pueda uno confiar. Su descaro en las conversaciones con ETA,sus ataques al PPV y su despego de las víctimas, incluidas las de su propio Partido, no crean el ambiente necesario para creer solo en las palabras y en las buenas intenciones. Así que éstas han de ir necesariamente acompañadas de un plan de cambio que acabe con el totalitarismo impuesto por el nacionalismo separatista del PNV.

Es un momento histórico el que tras más de 25 años, exista una verdadera oportunidad de devolver a la normalidad a una sociedad secuestrada y amedrentada por ese nacionalismo y el terrorismo. Es una oportunidad de acabar con la impunidad del mundo “abertzale” y la connivencia de un Ejecutivo nacionalista que se ha caracterizado por “recoger las nueces”. Es una oportunidad de acabar con el fariseísmo de clamar por la disolución del terrorismo de ETA, mientras se daba apoyo explícito a sus cómplices. Es una oportunidad para acabar con la vergüenza de ver exaltados a los terroristas y su actitud chulesca y provocadora, para devolver la dignidad a las víctimas y a una sociedad vasca callada y resignada.

No está todo atado y bien atado Sr. López. Se tiene a tiro, ya que parece que el tema de la cacería está de moda, pero aún la pieza no ha sido cazada, ni su piel extraída. La prudencia es algo muy útil en cualquier tema de la vida y lo es más en política, donde expresiones extemporáneas y actitudes triunfalistas y orgullosas, pueden acabar con las posibilidades de acuerdos y de apoyos, lo cual sería un fracaso injustificable para los ciudadanos. Prudencia, transparencia y sinceridad. No es demasiado pedir para tender unos puentes sólidos entre opciones políticas enfrentadas en casi todo.

El PSE necesita contar ineludiblemente con el apoyo del PP para conseguir su objetivo. Para ello deberá dar avales suficientes y una hoja de ruta. Hay mucho que hacer en una Comunidad donde el PNV ha sido dueño y señor de todos los resortes del poder y los ha usado para su objetivo independentista. Hay mucho trabajo y reformas estructurales de las Administraciones del Gobierno. La más importante, la de evitar que el PNV boicotee cada una de las reformas que se planteen. Porque si hay algo claro es lo que dijo el Sr. Ibarretxe que el PNV seguiría “gobernando” Euskadi desde donde sea. Eso es una amenaza de enfrentamiento y un desafío de insumisión.

No va a ser fácil gobernar en esas condiciones, sobre todo si las medidas que se adopten son contra el espíritu nacionalista separatista inculcado a la sociedad vasca por ese PNV y el mundo etarra. Ese nacionalismo no es solo una oposición, sino una fuerza que no admite su derrota, que considera una usurpación del poder y que luchará con todas las armas para echar abajo el pacto ese que dice el PSE que ya tiene en la mano con el PP. ¿Será capaz el PSE de convencer al PP de que se mantendrá firme y no cederá a las presiones nacionalistas? Lo dudo mucho y por eso, me parece prematuro e irresponsable adelantar acontecimientos estando en fase de negociación.

No ocultó que su victoria racial y nacionalista, nacionalista y racial sólo podría producirse con el aniquilamiento de España
Recordemos a Sabino Arana
César VIDAL La Razon 15 Marzo 2009

Hace apenas unos días que el PNV se percató de que puede no gobernar en esta Legislatura y sus dirigentes están que echan las muelas. El lehendakari Ibarreche, ejemplo palmario del desprecio peneuvista hacia la legalidad, se ha permitido incluso afirmar que el PNV gobernará «este país¿ sea como sea». Para algunos, se trata simplemente de la rabieta de aquellos que pueden haber perdido el poder. En realidad, en ese comportamiento se agazapa mucho más. Simplemente, el PNV muestra su verdadero espíritu, el que le insufló su fundador Sabino Arana. Fue precisamente él quien escribió aquello de que «El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad. Y muerto y descompuesto así el carácter moral de nuestro pueblo, ¿qué le importa ya de sus caracteres físicos y políticos?...».

Estaba muy preocupado Arana por preservar lo que denominó la «pureza de la raza vasca» y no ocultó que su victoria racial y nacionalista, nacionalista y racial sólo podría producirse con el aniquilamiento de España. Al respecto, escribiría «Si a esa nación latina la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas, como agobia y aflige al ánimo del náufrago el no divisar en el horizonte ni costa ni embarcación, el que España prosperara y se engrandeciera¿ Etnográficamente hay diferencia sustancial entre ser español y ser euskeriano, porque la raza euskeriana es sustancialmente distinta de la raza española... Tanto nosotros podemos esperar más de cerca nuestro triunfo, cuanto España se encuentre postrada y arruinada...». No hablaba por hablar. Como se apresuró a consignar por escrito, hasta el declive moral de los vascos se debía, supuestamente, a la presencia de los españoles. Así señaló: «Si es cierto que las costumbres de nuestro Pueblo han degenerado notablemente en esta época, débese sin duda alguna a la espantosa invasión de los maketos, que traen consigo la blasfemia y la inmoralidad... Es preciso apartarse de los maketos en todos los órdenes de la vida... ». Cuando uno tiene presente el pensamiento - por llamarlo de alguna manera- de Sabino Arana y cómo sus descendientes peneuvistas lo siguen honrando se comprende todo.

Se comprende la manera en que el PNV traicionó al Frente Popular hasta el punto de entregar al ejército de Franco los planos de las ofensivas republicanas o cómo abandonó a las fuerzas del Ejército popular tras pactar con los fascistas italianos en Santoña. Se comprende por qué, como ha demostrado Mikel Buesa, ha estado financiando durante años a sus camaradas raciales de ETA. Se comprende por qué concluyó con la banda terrorista el pacto de Estella para expulsar de la política al PP y al PSOE. Se comprende por qué nunca ha lamentado que durante su gobierno se haya exiliado el diez por ciento de los vascos. Se comprende, por supuesto, por qué Ibarreche y Urkullu y tantos otros no logran encajar la derrota. Creen, siguiendo a Arana, que forman parte de una raza superior que se contamina con el simple roce con los maketos. Por eso, son los únicos legitimados para gobernar. Al recordar a Arana y sus escritos, se comprende. Todo.
 

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