AGLI

Recortes de Prensa    Viernes 3 Abril 2009

 

De qué se esconden
IGNACIO CAMACHO ABC 3 Abril 2009

TODA la sórdida anormalidad de la vida política en el País Vasco late en el modo vergonzante, casi avergonzado, en que se ha hecho público el acuerdo entre socialistas y populares para emprender una tarea tan elemental como la de devolverle la libertad a un territorio que carece de ella. El cierre de esa alianza ciertamente histórica, fruto de un largo sufrimiento común capaz de cohesionar a dos partidos antagónicos, ha sido despachado a cencerros tapados con una foto de dirigentes secundarios y la mínima alharaca posible, como si fuese una cosilla urdida por «aparatchiks» y subalternos, un pactito de carácter burocrático para solventar un expediente institucional, y no un acontecimiento decisivo en la restauración democrática de una comunidad dominada por un régimen de exclusión étnica y violencia totalitaria.

Este modo de entrar por la gatera a un poder legítimamente conquistado en las urnas revela hasta qué punto la excepcionalidad vasca ha acabado calando en sus propias víctimas, que se sienten impelidas a unirse en un clima aún regido por los tics de clandestinidad a la que se han acostumbrado. Las pocas sedes del PSE y del PP que existen en el País Vasco carecen de letreros y puertas a la calle, se hallan escondidas de la vista pública y blindadas contra balas y explosivos, y sus dirigentes y cargos electos viven una vida secuestrada por un cinturón de guardaespaldas en la que apenas sí resultan posibles actos tan cotidianos como bajar la basura a la calle o salir a comprar el pan y los periódicos. Cuando esa opresión cuaja al fin, después de muchos años de rabia y miedo, en una silenciosa rebeldía que otorga una mayoría electoral, los representantes de esa doble corriente de libertad sienten reparo de celebrar su victoria para no despertar al monstruo de la intolerancia, y se alían sin ruido y casi a escondidas temerosos de levantar sospechas de «frentismo»; como si no hubiesen soportado durante décadas un frente nacionalista constituido para hacerles imposible la existencia, incluso en el sentido más literal y físico de la expresión.

Claro que ni siquiera esta apocada estrategia aplaca el furor de quienes consideran la hegemonía del poder un derecho exclusivo de su pernada histórica. Así, mientras López y Basagoiti rehúyen la foto que se han ganado tras un acercamiento tan anhelado como hasta hace bien poco inimaginable, los nacionalistas se preparan para recibir el cambio de gobierno con una huelga general indefinida que ni siquiera fueron capaces de sostener contra la dictadura de Franco. Porque por mucho que los sufridos constitucionalistas vascos traten de hacerse perdonar su triunfo, los verdaderos frentistas no están dispuestos a conceder un mínimo espacio de disimulo.

G-20
Menos libertad contra la crisis
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 3 Abril 2009

Poco o nada suele parirse en estas reuniones de pastores que son las cumbres internacionales de políticos. Si acaso, tras la de Londres, cada mandamás podrá seguir haciendo con más autonomía lo que ya venía haciendo: despilfarrar la riqueza de los ciudadanos en su particular proyecto mesiánico por rescatar una economía que sería capaz de rescatarse a sí misma si no se lo estuvieran impidiendo.

Dado que todos dentro del G-20 piensan volverse aún más manirrotos y depredadores con sus ciudadanos, nadie quiere sobresalir por el ala siniestra. El pacto y el diálogo les permite que los claroscuros se vuelvan monocolor: la austeridad parece haber sido la palabra proscrita en estas timbas periódicas en las que se decide la profundidad del hundimiento de las finanzas mundiales. O peor o mucho peor; nuestros políticos sólo tienen dos envites posibles.

Al margen de las desmesuras cada vez más desmesuradas de los programas de gasto público –ya vamos por cinco billones de dólares, cinco veces el PIB español–, la cumbre sí ha sido propicia para triturar los últimos resquicios de libertad que quedaban en los mercados internacionales. Aprovechando que el Támesis pasa por Londres, no sólo se ha acordado poner fin a los paraísos fiscales –traducción deliberadamente incorrecta del inglés "tax haven", es decir, "refugio fiscal"– sino también incrementar la regulación de las finanzas mundiales.

La idea es tan sencilla como errónea: la crisis económica actual se ha producido porque la pasividad pública permitió que los altos ejecutivos, movidos por su irrefrenable codicia, invirtieran en productos extremadamente arriesgados y complejos que, de manera inevitable, terminaron colapsando. Por eso, en las conclusiones de la Cumbre se ha acordado incrementar las regulaciones sobre las instituciones financieras, sobre las agencias de rating y, por primera vez, sobre los hedge funds, esos fondos de inversión privados tan demonizados durante la última década precisamente por ser de "inversión" y, sobre todo, por ser "privados".

Pero la hiperregulación no es la respuesta; de hecho, en muchos casos como en el de las agencias de rating, la auténtica desregulación debería ser el camino a seguir. Recordemos que Caja Castilla-La Mancha (y todas las que vendrán detrás) ni quebró por falta de superversión y regulación ni sus créditos impagados se debían a la codicia capitalista (salvo que ensanchemos tanto el término capitalismo como para incluir al latrocinio político).

Es cierto que las instituciones financieras sí necesitan de una mejor regulación que defienda realmente los derechos de propiedad, pero esto dista mucho de que los políticos deban y puedan meter las narices en todos los patrimonios privados. El punto de llegada debería ser una progresiva abolición de los bancos centrales y de los privilegios con los que vienen operando los bancos privados especialmente desde hace un siglo. Sin embargo, el documento de la Cumbre ni siquiera mienta a los bancos centrales –culpables últimos de la crisis– y en cambio se deshace en invectivas contra la inexistente desregulación.

En definitiva, la Cumbre ha sido un fiasco destinado a bendecir la expansión descontrolada del gasto público por parte de cada Gobierno y para avanzar hacia un sistema financiero prostrado, aún más, a los intereses del Estado. Pero precisamente por conservar la malformación básica del negocio bancario (la insostenible estrategia de endeudarse a corto plazo e invertir a largo con la asistencia inflacionaria de los bancos centrales), estas medidas sólo servirán para asfixiar nuestra libertad y bienestar y no para poner fin a las recurrentes crisis económicas.

Sólo una nota saludable parece derivarse de las conclusiones del G-20: una crítica abierta e indubitada contra el proteccionismo comercial que convertiría esta crisis en una severa depresión. Sin embargo, tantos aspavientos en la buena dirección sólo parecen ir destinados a reimplantar las barreras arancelarias al grito de "¡Libre Comercio!". ¿Cómo van estos estadistas –Zapatero, Lula, Kirchner, Brown, Obama, Sarkozy o Berlusconi– a renunciar al librecambismo después de comprometerse como se han comprometido a defenderlo con uñas y dientes? Pues haciéndolo. Obras son amores y no buenas razones; las consignas, que ya se repitieron hasta la saciedad en la Cumbre de Washington, no se han compadecido con los hechos. Y es que de Londres no ha salido una defensa real del libre comercio, sino de los intercambios controlados, subsidiados y teledirigidos por los Gobiernos a través de la burocracia internacional.

Si acaso, por consiguiente, podemos celebrar que nuestros políticos no hayan optado de manera explícita por la vía socialista revolucionaria. Pero poco a poco, crisis tras crisis, Leviatán sigue engordando.

No deberíamos depositar nuestras esperanzas en estas meriendas de contribuyentes, sino más bien en que los individuos –usted también– seamos lo suficientemente perspicaces como para salir de la crisis antes de que el G-20 nos hunda definitivamente en ella. Si esperaba algo de esta reunión, espero que sólo fueran calamidades, ya que en caso contrario habrá quedado decepcionado.

Juan Ramón Rallo es director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado.

Gobierno y nación
El error Zapatero
GEES Libertad Digital 3 Abril 2009

Muchas veces se considera la política exterior como la guinda o la culminación de la política nacional, allí donde ésta se muestra y se pone en juego en el gran tablero mundial. La diplomacia personifica al Estado; sus intereses, sus necesidades, su fortaleza, sus ambiciones y sus debilidades. En las cumbres un país muestra su verdadera cara, aquella por la que es juzgado por los demás.

Por eso resulta doloroso observar al presidente de todos los españoles deambular por Londres, despistado, con una actitud que roza el provincianismo, saludando con los ojos como platos a los poderosos del mundo, entusiasmándose cada vez que el americano, el francés o el alemán le dan la mano. E incrédulo cuando se ve compartiendo la misma mesa que todos aquellos líderes de los que antes sólo tenía noticia cuando, en su escaño, ojeaba por encima las fotos en las páginas de internacional del diario El País.

Jamás como en esta semana de cumbres Zapatero podrá llegar más alto, y la diplomacia española deambular más bajo, sin rumbo ni destino. La política exterior del Gobierno del PSOE es la encarnación de su incapacidad manifiesta para hacerse cargo de las necesidades estratégico-diplomáticos del país. Aquí es donde residen los problemas. A estas alturas, resulta evidente que el Ejecutivo actual es sin duda alguna uno de los peores gobiernos de la historia de España. Tanto por la trayectoria intelectual y política de sus miembros como por su pasado profesional, la comparación con cualquier otro Gobierno español resulta escandalosa. Es difícil encontrar todos los siglos de nuestro pasado un conjunto de gobernantes con peor trayectoria, menos currículum y peor aportación a la sociedad civil que el de estos ministros. La gran mayoría de ellos se caracterizan por una absoluta incapacidad para afrontar las responsabilidades que les corresponden

La quiniela montada por Libertad Digital tiene la dificultad de que sólo se pueden elegir cinco candidatos, pero ¡hay tantos que marcar urgentemente! Aído, De la Vega, Chacón, Moratinos... Incluso Rubalcaba ha perdido sus facultades, y muestra como balance de gestión un aumento de la delincuencia y unas fuerzas de seguridad que lo consideran su peor enemigo. De Rodríguez Zapatero, lo peor que podemos decir es que suscita continuamente la pregunta acerca de cómo ha podido llegar a ocupar el palacio de La Moncloa, dado un pasado profesional y político de perfil fantasmal.

Pero la culpa no es sólo suya. Su Gobierno es la encarnación institucional de una profundísima crisis nacional; moral, cívica, cultural. Ésta es la que hay que afrontar. El día que el centro derecha vuelva al Gobierno, –si quiere hacer algo más que heredarlo– deberá afrontar este problema, que es mucho más importante que el de la crisis económica o el deambular de ZP de estos días por Europa. Desde hace décadas, el rechazo a los valores morales y religiosos españoles, a la tradición cultural y cívica de nuestro país, la sustitución del orgullo español por la burla y el odio, la introducción de la dictadura del relativismo, del laicismo y del nihilismo ético en las élites intelectuales y políticas, han lastrado el funcionamiento de las instituciones democráticas. Y han catapultado al poder personalidades y caracteres. Zapatero no es más que la encarnación sonriente de este enorme problema.

Al respecto, el proceso regeneracionista de 1996 funcionó, pero no lo suficiente. Aznar sacó a las instituciones democráticas del fango de corrupción en que el PSOE las dejó después de 14 de años de gobiernos de Felipe González. Dio algo más de aliento a la sociedad civil española, asfixiada económicamente por el intervencionismo y la corrupción moral y económica socialista. Sacó la lucha antiterrorista del pozo de crimen y robo en que se había convertido, y tímidamente en la primera legislatura y con más decisión en la segunda, se buscó recuperar el sentido de unidad entre los españoles.

En términos de regeneración moral y cívica no se avanzó lo suficiente, o mejor, no se pudo llegar a revertir la degeneración de la educación, la cultura y la moral. Frenó el proceso, pero ni lo paró ni lo invirtió. El comportamiento del electorado en 2004 primero, y en 2008 después, muestra hasta qué punto el despiste moral y cívico de gran parte de los españoles, abandonados al relativismo, a la pereza moral y al pasotismo nacional e institucional, conducidos por unas elites radicales tiene consecuencias. Las que hoy estamos viviendo, entre crisis y crisis, en nuestro país.

En esta misma columna, ya citamos dos de las conclusiones que el Partido Popular debiera sacar de algunos acontecimientos de la política nacional: la necesidad de garantizar sin medias tintas y sin complejo alguno la independencia de la justicia, y la necesidad de plantar cara de una vez por todas a la poderosa izquierda mediática y cultural. Hoy establecemos otra necesidad nacional de primera magnitud, que la derecha debe hacer suya cuanto antes: la de elevar el espíritu cultural, cívico y moral de la nación española. Si la izquierda sigue empeñada en destruir la tradición nacional, la moral humanista, el pasado histórico y las creencias religiosas de los españoles, la derecha debe restituirlas con igual empeño, porque además los españoles están más cerca de estos valores que de los que encarna la izquierda nihilista que nos gobierna, y porque además sin ellos la nación española se resiente cada vez más.

El error Zapatero no debiera volver a repetirse en España. Una nación orgullosa de sí misma, con valores fuertes, con conciencia de sí misma y de su valor, decidida a jugar fuerte en el exterior, haría imposible la visión de ZP deambulando de cumbre en cumbre. Para ello hará falta en la derecha al menos dos cosas; en primer lugar una capacidad de liderazgo capaz de llevar a cabo una regeneración, no de las instituciones sin más, sino de la nación española, sin complejos centristas ni miedo al qué dirán. Y en segundo lugar, una visión histórica capaz de ver que España avanzará o retrocederá más allá de la próxima crisis económica, de las próximas elecciones o de las próximas encuestas. Si la izquierda y parte de la derecha nos han hecho llegar al error Zapatero, ¿por qué no vamos en el futuro a intentar enmendar sus causas?
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Nacionalismo sin frontera
MANUEL MONTERO El Correo 3 Abril 2009

«Cuando pase a la oposición, al nacionalismo -dice el autor- se le cambiarán las tornas. Veremos por vez primera en una democracia cómo actúa el nacionalismo sin el poder». «Puede aferrarse -añade- a sus obsesiones identitarias o realizar alguna evolución ideológica que se adapte a los cambios que se han producido, pues esta sociedad ya no es la de finales del franquismo»

Las dificultades por las que atraviesa el PNV para entender la lógica electoral de su pérdida del Gobierno -en particular esa repetición monomaníaca de que los vascos le han otorgado el liderazgo y la idea de que seguirán gobernando desde la oposición- resultan pintorescas, pero no parecen figuras retóricas, sino expresión sincera de su perplejidad política. Para comprender estas reacciones tan raras -¿cómo puede creer que la sociedad le ha nominado líder si no consigue los votos de los representantes de la sociedad?, ¿desde cuándo la oposición gobierna?, ¿se cree el PNV con alguna legitimidad extraelectoral?- conviene repasar algunas circunstancias características de la doctrina nacionalista.

Primer dato a tener en cuenta: en el nacionalismo vasco subsiste el entramado ideológico con el que salió del franquismo. A quienes crean en la inmovilidad de las doctrinas esto les parecerá loable y normal, pero, sin entrar en lo primero, lo cierto es que constituye una anomalía histórica. Todos los demás movimientos políticos han modulado su ideario en estos treinta años, han evolucionado con la sociedad, han cambiado con ella. Todos menos el nacionalismo vasco, pues sus actuales propuestas se las encontramos tal cual en 1976-77. Las diferencias entre una dictadura y una democracia o la enorme evolución de la sociedad vasca no le han hecho mella. Tampoco el ejercicio del poder. Es una ideología autorreferencial, que se explica a sí misma y que se mueve al margen del movimiento social. O sea, que no se mueve. Quiere adaptar la sociedad a la doctrina que elaboraron los doctrinarios-visionarios durante el sueño de la noche del franquismo.

De ahí que se produjese una anomalía, ya en la Transición, y que subsiste. El nacionalismo vasco fue la única opción que en España mantuvo sus maximalismos de fines del franquismo. Unos abandonaron el marxismo, otros el leninismo, el centro impulsó la Transición, la derecha abandonó sus conceptos autoritarios. Todos cambiaron. Se acomodaron a las condiciones propias de los regímenes democráticos plurales, en los que los principios ideológicos suelen adecuarse a las aspiraciones ciudadanas y a las necesidades de la convivencia entre diferentes. Todos abandonaron sus utopías. Con lo cual ganaron mucho, dicho sea de paso.

El nacionalismo vasco no. No cambió nada. Se atuvo a sus tesis identitarias, formuladas ya en 1976-77, a la idea de que el nacionalismo constituye la ideología natural del pueblo vasco, la única, la legítima. Su asunción del pluralismo siempre fue renuente, una adaptación a las circunstancias, que en sí mismas consideraba inconvenientes.

En consecuencia, durante los casi treinta años en los que ha gestionado el País Vasco, el nacionalismo ha querido cambiar tales circunstancias, que tenían que ver con la diversidad. No por la vía de modernizar sus propuestas y formular alternativas atractivas, que sedujeran a la gente. Esta posibilidad le trajo al pairo. Basó su desarrollo -el del 'Pueblo vasco'- en conseguir una transformación identitaria de la sociedad vasca. La génesis de este planteamiento brutal, en las antípodas de la voluntad de convivencia, cabe entenderla en el contexto del franquismo, cuando los distintos idearios elaboraron alternativas rotundas, de quienes se sentían en posesión de toda la verdad. Había quienes aspiraban a socializar los medios de producción, otros más o menos a la dictadura del proletariado, por no citar otras ideas sui generis. Todo sin tasa ni medida democrática. Se atemperó luego. Sólo el nacionalismo vasco sostuvo proyectos de serias mutaciones sociales a instancias de parte, elaborados por su vanguardia dirigente.

Seguramente entendía que a medida que se propagasen el euskera y alguna que otra seña de identidad (la liquidación de símbolos alternativos, por ejemplo) se produciría la conversión vasca al nacionalismo, circunstancia que en su concepto justificaría, por ejemplo, las vías soberanistas. Ha sido un nacionalismo que no ha puesto límites ni fronteras a sus ilusiones doctrinales.

Las previsiones le fallaron -ni ha construido una sociedad con identidad nacionalista ni mejorado sus apoyos: sólo ha creado disensiones sociales-, pero cabe preguntarse por la razón de la excepcionalidad, por qué el nacionalismo ha permanecido aferrado a los esquemas que elaboró durante el periodo franquista, cuando los demás movimientos los abandonaron enseguida. Una respuesta: los resultados electorales de la Transición y su desarrollo político parecían confirmar la imagen de los nacionalistas en 1976-77, según la cual eran la representación auténtica del pueblo vasco. No obtuvo, ni entonces ni después, grandes mayorías, pero diversas circunstancias -la fragmentación de los no nacionalistas, las deficientes alternativas, los efectos del terrorismo...- le permitieron consolidar la idea de que el nacionalismo no constituía propiamente una opción, sino la única alternativa para un pueblo en marcha hacia la construcción nacional. Al menos, hubo datos para que lo creyeran los nacionalistas, que nunca se sintieron una de las ofertas que ante sí tenía el pueblo vasco, sino la única verdaderamente posible.

El PNV obtuvo el poder autonómico a la primera tacada y lo retuvo después. Las tesis identitarias no tenían que ser retocadas, pues bastaba el toque al rebato de la identidad para congregar el voto. El nacionalismo buscaba cambiar profundamente la sociedad vasca -construirla nacionalmente-. Eso no requería una reelaboración doctrinal ni el esfuerzo por gestar una ideología moderna y adaptada a los nuevos tiempos. Fue el único movimiento político que siguió viviendo con los parámetros del periodo franquista, con los mismos esquemas argumentales y doctrinales de aquella época.

Con esas premisas se mantuvo en el poder. Ha sido el único partido-movimiento que en España lo ha mantenido siempre, desde la Transición hasta la fecha. Nunca tuvo que competir desde la oposición. Nunca tuvo que ganarse a un electorado desde fuera del poder. No cambió sus presupuestos del último franquismo, para qué. Podía vivir al margen de las transformaciones de la sociedad vasca. El mantenimiento de las ideas iniciales parecía suficiente.

De ahí que subsistan las nociones que se asombran por que pueda existir una alternativa vasca al nacionalismo. O que el PNV se sienta como gobernante -¿del pueblo vasco, de la comunidad nacionalista vasca?-, incluso desde la oposición. Son los planteamientos maximalistas de otras épocas. Nacidos en un periodo predemocrático.

Cuando pase a la oposición, al nacionalismo se le cambiarán las tornas. Veremos por vez primera en una democracia cómo actúa el nacionalismo sin el poder -se les hará rarísimo-. Puede aferrarse a sus obsesiones identitarias, sostenella y no enmendalla, o realizar alguna evolución ideológica que se adapte a los cambios que se han producido, pues esta sociedad ya no es la de finales del franquismo. Ha llovido mucho. Por fortuna.

Manoliño Rivas nos llama "perturbados mentales"
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 3 Abril 2009

CRISTINA LOSADA FERNÁNDEZ: El escritor Manuel Rivas afirmaba, en una entrevista con Faro de Vigo, el día 30 de marzo, que hablar de imposición lingüística en Galicia es una “gran trola” y una “de las mayores mentiras de la historia reciente”. Ya nos dirá el afamado literato cómo se define una política que excluye el idioma español, que es tan nuestro como el gallego (lo dijo el señor Touriño en campaña electoral), de la enseñanza, de la Administración, de la Sanidad y de todos los sectores públicos, y que también ha tratado de desterrarlo de las empresas y el comercio.

Decía asimismo Rivas que “hay una perturbación mental en quienes les resulta incómoda la lengua”, refiriéndose al gallego. Pero en Galicia sólo hay un tipo de gente a la que incomoda una lengua. Son aquellos a los que molesta que se emplee el español. En cualquier caso, yo no llamaría nunca enfermos mentales a quienes se oponen a que se enseñe, escriba y hable en español, pues tratar de perturbados a los que piensan diferente es propio de una actitud totalitaria. Recordará el escritor que en la época final de la Unión Soviética los disidentes ya no eran enviados al GULAG, sino al psiquiátrico. Su oposición al dogma dominante era, para el sistema, indicio de desorden mental. En fin, lo único que nos incomoda a quienes estamos en contra de la imposición lingüística es la falta de libertad y el atropello de derechos.

Rivas afirmaba, además, que si se deroga el decreto de “galleguización” de la enseñanza “volveríamos a una situación preconstitucional”. Entonces, ¿estaba Galicia fuera del marco constitucional antes de que se promulgara ese polémico decreto? Con exageraciones de ese calibre, los argumentos pierden credibilidad, lo mismo que sus autores. El caso es que la Constitución no legitima que para promover un idioma se prive de derechos a los hablantes de otro, y eso es precisamente lo que aquí se estaba haciendo. Cuando se derogue el decreto, la situación será más constitucional.

Cristina Losada Fernández
Presidenta de "Vigueses por la Libertad"
Carta al Director del Faro de Vigo
Vigo, 1 de abril de 2009

OTRAS NOTICIAS:
* “La reunión con la ministra ha sido un paripé, un medio de propaganda para dar la impresión de que escucha a la sociedad”, ha denunciado la doctora Gádor Joya, Portavoz de Derecho a Vivir, tras su encuentro con la ministra de Igualdad.

* Aído afirma que el aborto no puede someterse a criterios religiosos. Alicia Latorre, presidenta de la Federación de Asociaciones Provida, pidió a la ministra que analizase sus argumentos «sin prejuicios», porque el derecho a la vida «no depende ni de credos religiosos ni de posturas políticas. Es una cuestión de derechos humanos».

* El nuevo Gobierno de Feijoo asumirá las riendas de la Xunta a partir del día 20. Esperamos que Alberto Núñez Feijoo cumpla con todas sus promesas electorales y no defraude a sus votantes.

* PRISA prepara el despido de 2.000 trabajadores, el 15% de la plantilla que ahora mismo cuenta con 13.000 empleados en Europa y América.

* Los médicos de Baleares están en pie de guerra contra la imposición del catalán. El Gobierno murciano ha ofrecido trabajo a los médicos que renuncien por no estar de acuerdo con el decreto del catalán. ¡¡¡Bien por los murcianos!!!

* Los asesinos de Miguel Ángel Blanco se echan unos polvetes a cargo de todos los contribuyentes. Txapote y su pareja cumplen mañana tres semanas juntos en el penal de Teixeiro, donde ya tuvieron cuatro encuentros. Antes del día 14 tendrán un vis a vis. Txapote y Amaia tienen derecho a siete citas al mes.

* Galicia retrocede 12 años al alcanzar los 211.484 parados.

* Al contrario que en Cataluña, el Partido Socialista sí permitirá elegir la lengua vehicular escolar en el País Vasco. ¡Qué cosas!

* Enlázate a la vida: http://www.tiempodepoesia.org/tiempo/cuando/cuando.html

* El socialista y cazador Mariano Fernández Bermejo ha abandonado ya el ático que le fue asignado durante su mandato frente a la cartera de Justicia. Lo ha hecho con 37 días de retraso y el mismo día que se hacía pública la información de que aún ocupaba dicha vivienda.

EL DRAMA DE SER MÉDICO EN BALEARES
"Mi bisturí no entiende de lenguas"
Los pacientes también rechazan el decretazo de Antich. Así lo entiende el cirujano Isidro Torres, secretario general de SIMEBAL, que asegura que el interés de los enfermos es "que les diagnostiquen". "Mi bisturí no entiende de lenguas", sentencia.
Pablo Montesinos Libertad Digital 3 Abril 2009

Diferentes ejemplos pero el mismo mensaje. El sector sanitario de las Islas Baleares no deja de mostrar su "decepción y frustración" ante el decretazo del Gobierno Autonómico. En una entrevista concedida a Libertad Digital, el secretario general del Sindicato Médico Balear (SIMEBAL), el cirujano Isidro Torres, denuncia el discurso inmovilista del Ejecutivo socialista y la indefensión de los profesionales.

"Queremos que el catalán sea un mérito y no un requisito" porque "es lo que se ha hecho hasta ahora y no ha habido ningún tipo de problema", argumenta el doctor Torres, que insiste en que, hasta hoy, no ha existido "ningún tipo de problema con la lengua" con los pacientes.

Según Isidro Torres, los motivos que esgrime el Gobierno balear para imponer el catalán caen por su propio peso yendo a un centro hospitalario cualquiera. "Lo que nos piden los enfermos es que les diagnostiquemos, que le digamos qué es lo que les pasa y que lo hagamos lo antes posible", argumenta. Una frase resumen su sentir: "Mi bisturí no entiende de lenguas".

Lo importante, en su opinión, es "que tengamos conocimientos, que sepamos hacer bien nuestro trabajo".

Alarma sanitaria
Por el contrario, los efectos negativos que ya está provocando el decretazo se multiplican. Explica este facultativo que muchos de sus compañeros han dejado de formarse, ya sea a través de cursos o estudios, para empezar a dar clases de catalán. Sin embargo, "el colmo de los despropósitos es que ya no quedan plazas".

A esto se suma que muchos profesionales, indignados por la medida, optarán por marcharse. "Es una pena que perdamos especialistas que llevan tanto tiempo trabajando aquí", recalca Torres, que ve lógica la oferta laboral del Gobierno murciano a los médicos de Ibiza que ya han anunciado su intención de abandonar la isla.

Una situación que empieza a preocupar a los pacientes: "a la gente de la calle le empieza a preocupar que vayan a faltar médicos y que sus problemas no se solucionen". Por ello, reclama al consejero de Sanidad, Vicenc Thomás, que reaccione y abandone el discurso inmovilista.

El Gobierno regional: "no hay problema con la lengua"
Mientras tanto, el Gobierno de Antich sigue negando la mayor. En declaraciones a la prensa, el consejero Thomás ha reiterado que en Baleares no hay ningún problema con la lengua y ha acusado al PP de ser quien lo genera sacando a los médicos "a la calle".

"La sociedad de estas Isla no tiene ningún conflicto con la lengua", dijo Thomás el jueves, quien añadió que "en la calle no hay ningún problema con la lengua y es el PP el que tiene el conflicto y ha decidido sacarlo a la calle", en relación a la presencia de miembros del partido de la oposición en la movilización.

La esquizofrenia lingüística del PSOE
 Periodista Digital 3 Abril 2009

En las "bases para el cambio democrático al servicio de la sociedad vasca" tanto el PSOE como el PP han pactado "la garantía de la libre elección de lengua vehicular por los padres en la enseñanza de sus hijos". En Cataluña, Islas Baleares y en la Galicia de Touriño el PSOE muestra su otra cara imponiendo con mano de hierro la "inmersión lingüística" para evitar que se eduque en español. Y si cabe más incoherencia, mientras varios socialistas reconocían que el conflicto lingüístico les pasó factura en Galicia, en Estrasburgo, no dudaban en aliarse a los nacionalistas para enterrar al castellano. El PSOE da muestra así de sus endebles convicciones en el tema de derechos y libertades. ¿No es esto esquizofrenia?

La política lingüistica llevada a cabo en Cataluña y Baleares -y durante los años que los socialistas han gobernado en Galicia-, los escolares son sometidos a un proceso que denominan de "inmersión lingüística", que consiste en obligar a los educandos a estudiar en la lengua cooficial de cada una de estas regiones, en detrimento siempre del español.

Pese a que en la Comunidad Autónoma Vasca el gobierno nacionalista de Ibarretxe todavía no había llegado a los límites de otras regiones donde gobiernan los socialistas, el PNV había hecho también de la cuestión lingüística una guerra.

En el acuerdo de gobierno entre el PSE y el Partido Popular del País Vasco, por el que Patxi López tomará las riendas de la Comunidad Autónoma, se ha pactado poner fin a esta agresión a los derechos lingüísticos de los vascos. Se va a potenciar "la garantía de la libre elección de lengua vehicular por los padres en la enseñanza de sus hijos", aseguran.

Pero, ¿y qué pasa con Cataluña y Baleares, donde gobierna el mismo Partido Socialista? ¿No tienen derecho los ciudadanos de estas regiones a ejercer esa libertad de elección?

RESOLUCIÓN EUROPEA A FAVOR DE "LA INMERSIÓN"
La esquizofrenia del PSOE también se ha evidenciado en las instituciones europeas. El PP puso en un brete al Partido Socialista con un informe del Parlamento Europeo relativo a la situación de las lenguas en el ámbito educativo en España. Se solicitaba que se garantizara legalmente “el derecho de los padres a elegir la lengua de educación de los hijos”.

El Parlamento Europeo rechazó el informe de los populares y, por contra, aprobó uno alternativo presentado por PNV, EA, CIU, ICV y el PSOE.

Este informe alternativo al que el PSOE dio el visto bueno defiende la política de "inmersión lingüística" porque "es esencial salvaguardar el multilingüismo en los países o regiones en que coexistan dos o más lenguas oficiales".

¿Por qué, entonces, se posiciona así el PSOE vasco? En Cataluña y Baleares una posición -también en el Parlamento Europeo- y en el País Vasco otra.

¿Va a convertir el PSOE el País Vasco en un islote lingüistico donde se respetan los derechos fundamentales? ¿Y van a castigar al resto?

Profesionalizar y despolitizar los Ayuntamientos
Proyecto Cívico El Confidencial 3 Abril 2009

La ciudadanía en general opina que los Ayuntamientos son ineficaces, corruptos y caóticos. E identifican esos defectos con el componente político de los mismos, no con el administrativo. Es un foco de crítica permanente por parte de la población y una de las razones que más perjudican la imagen de nuestro país en el exterior ya que se identifican con la comisión de prácticas reprobables, cuando no ilícitas. El epíteto municipal va constantemente asociado al sustantivo corrupción en los últimos meses. Y pese a todo han sido los agentes económicos elegidos por la Administración Central para hacer obra pública menor que permita generar empleo.

Los Ayuntamientos no solo tienen un problema de modelo de gestión, sino que la legislación que los regula es confusa lo que favorece una innegable falta de control, cuestiones todas ellas que aconsejan acometer su reforma en profundidad, en una doble dirección: profesionalización y despolitización de los mismos.

Antes se requiere un paso previo. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España existen 8.112 municipios. Pues bien, de los propios datos se desprende la necesidad de establecer una distribución territorial más racional que permita cobijar, al amparo de los Ayuntamientos más grandes, otros de menor tamaño. Así, con más de 30.000 habitantes., hay tan sólo 384 municipios, menos del 5% del total. Entre 2.000 y 30.000 convecinos existen 1.931municipios, otro 23%. El resto son poblaciones menores sujetas, en muchos casos, a un continuo proceso de pérdida de habitantes.

¿Podemos seguir con este modelo de 80.000 concejales, con sueldos , dietas, gastos, teléfonos, vehículos, o hay otras alternativas? Desde Proyecto Cívico creemos que caben alternativas. El modelo inglés se resume en poco más de 400 municipios profesionalizados y controlados. Y si funciona en Inglaterra, no habría por qué aceptar que somos distintos y no podemos llevar a cabo una racionalización de la Administración Local a través de la oportuna reducción del número de Ayuntamientos y personal a su cargo.

¿Sería tan irracional volver a un concepto parecido al de cabeza de partido judicial , con 463 municipios y simples delegados en el resto? Abrimos este debate y de sus conclusiones elaboraremos una propuesta de Proyecto Cívico sobre el tema Municipal en España.

Por más que diga, ya nadie le cree Sr. Zapatero
Vicente A. C. M. Periodista Digital 3 Abril 2009

No se empeñe Sr. Zapatero, nadie le cree. Puede usted agotarse en declaraciones triunfalistas, pero nadie le escuchará. Es imposible que usted transmita esperanza y credibilidad, porque hasta ahora, su negación de asumir la situación ha sido la constante de su mensaje. Ahora no venga con que “viene el lobo”. Lo único cierto es que España, por su exclusivo comportamiento sectario y obcecado, se está hundiendo en las arenas movedizas del endeudamiento y terminará por ahogarse.

Su afán de querer aparentar, de querer hacerse pasar por lo que no es, ni nunca llegará a ser en el concierto internacional, no solo provocan la jocosidad y burla del resto, sino que causan vergüenza ajena. España, por desgracia, sigue siendo parte del grupo de los PIGS y nos miran con la certeza de quien observa a un perdedor que irremisiblemente bajará de división y dejará de estar en el selecto club de los países más desarrollados. España ha sido un espejismo de crecimiento basado en unas bases débiles que han terminado por ceder y hundir el edificio.

Así que Sr. Zapatero, no venga usted ahora con la monserga de sus vaticinios de recuperación. Si hubiéramos de creerle, en este mes estaríamos viendo ya la recuperación del empleo y hemos ido a un incremento del paro en más de 123.000 personas. Si hubiéramos de creerle, estaríamos en el punto de inflexión de la crisis y empezando a crecer, cuando el Banco de España ha vaticinado que ni siquiera para final del 2009 se espera ver el fondo del pozo de la crisis. No se esfuerce Sr. Zapatero, su palabra vale menos que cero, es decir vale lo mismo que la deflación, que es su aportación en la gestión de Gobierno.

Una cosa es la propaganda, la agitpro que el PSOE y este Gobierno practican con maestría y otra cosa es querer burlar a los ciudadanos con las mentiras tácticas cortoplacistas y dirigidas a obtener un apoyo electoral en las elecciones al Parlamento Europeo. De tanto mentir, ya nadie les puede creer y es inútil malgastar ni el tiempo, ni el dinero de los contribuyentes. ¡Dejen de una vez de endeudar a España y a los españoles! Ya que no saben ni tienen ideas para solucionar la crisis, al menos no despilfarren lo poco que queda, ni empeñen el futuro de las próximas generaciones de ciudadanos.

España necesita un Gobierno que tenga como objetivo la recuperación del País. España necesita un Gobierno con personas competentes y con ideas innovadoras que no duden en aplicar medidas correctoras para la modernización de las relaciones laborales, para el control efectivo de las entidades financieras, para la concienciación de los trabajadores y de los sacrificios que todos hemos de hacer, para dar ejemplo de austeridad y de seriedad en el gasto público, para liderar la activación económica con la propuesta de estructuras de vertebración y no de disgregación. Un Gobierno que sea de todos y para todos los españoles y que imponga en todo el territorio nacional el respeto a los derechos constitucionales.

Ese Gobierno no lo representa actualmente ni el Sr. Zapatero, ni su equipo de Gobierno, ni el PSOE, cuya obsesión se centra en la división de la sociedad, en la crispación y en el enfrentamiento mediante la promulgación de leyes y Estatutos insolidarios. Ese Gobierno es incapaz de ofrecer nada salvo un camino sin futuro. Si queremos tener alguna posibilidad, debemos exigir la retirada inmediata de este Gobierno. ¡Elecciones Generales, ya.!


****************** Sección "bilingüe" ***********************

Izquierda liberal
Acoso cultural al inmigrante
Antonio Robles Libertad Digital 3 Abril 2009

Parece como si, a la larga, el empeño democrático por construir identidades colectivas fuertes acabase siempre por encontrar sus víctimas, es decir, acabase por minar los principios esenciales de la propia democracia. Es como si, a la hora de la verdad, llegados al momento del conflicto de valores, se hiciera imposible conciliar la construcción de naciones con la libertad, la tolerancia y, sobre todo, con el respeto a la diferencia. Es aquello de no poder estar en misa y repicando: o me dedico a cimentar identidades colectivas o, por el contrario, a salvaguardar la libertad innegociable de cada ser humano.

Lo propio de las democracias desarrolladas, como la nuestra, es mantener estos conflictos en el plano de la pura teoría y situar el debate político en terrenos donde la desavenencia no se haga visible. No estaría nada bien visto. El nacionalismo catalán ha sido siempre nominalmente muy cuidadoso en sus formulaciones expresas, permitiéndose tan sólo deslices moderados. Moderados en las formas, incontables en el número. Uno de los últimos, el acaecido en la ponencia parlamentaria del proyecto de ley de educación de Cataluña donde se ha colado este sorprendente objetivo pedagógico: "cultivar el sentimiento de pertenencia como miembros de la nación catalana". Es tan rancio y sectario como la Formación del Espíritu Nacional (FEN) de la escuela franquista, pero la cuelan y se digiere formalmente como si fuera una necesidad pedagógica de cohesión social. Las cosas del nacionalismo y sus efluvios. Pasa desapercibida, mientras tanto, la obviedad de que el ciudadano "no pertenece" a la nación, sino que "la constituye", como muy bien ha apuntado José Antonio Marina.

Pero en algunas ocasiones toda la crueldad de la contradicción salta a la luz de manera súbita e imprevista. Olvidado el juego de sutilezas, se intuye fugazmente la mirada turbia de aquella bestia devoradora de diferencias que entre todos hemos ido alimentando. Sucedió en un artículo de Toni Cruanyes, en el Avui del pasado 9 de marzo. Sus palabras parecen sutiles, aparentan la mejor intención, como toda la liturgia cínica y falsa del nacionalismo catalán. Pero la impostura se filtra por las grietas de su hipocresía a poco que nos fijemos. Y nos fijamos. La columna defiende las excelencias del modelo de inmersión lingüística catalán para ayudar a los inmigrantes a integrarse y sostiene la necesidad de adaptarlo –intensificándolo– a estos nuevos tiempos. Normal e, incluso, dotado de aquel característico sosiego de lo cotidiano. Nadie en su sano juicio hubiera esperado otra posición de un artículo sobre la cuestión en el periódico nacionalista: es una de las cuestiones en las que no se admite discrepancia. Pero al final del artículo, cualquier vestigio de placidez estalla en mil pedazos:

El catalán también pertenece a los recién llegados. Es su mejor oportunidad para hacerse respetar, para demostrar que quieren formar parte de su nuevo país. No les negamos el derecho a aprender catalán. No los condenamos a vivir al margen.

Pasmoso. Impúdico striptease mental de los amos de la masía. Foto inconsciente y transparente del tufillo pestilente a racismo cultural. Espero que no sean muchos los inmigrantes que hayan reparado en la chocolatina envenenada. No merecen una humillación de tal calibre. ¡Dios mío! "El catalán es su mejor oportunidad de hacerse respetar". Los implícitos de la afirmación son escalofriantes: los inmigrantes no son merecedores de respeto, es algo que deben ganarse aprendiendo nuestro idioma. No les corresponde per se. A medida que vayan progresando, irán adquiriendo una dignidad personal de la que, en su ignorancia lingüística, carecían. Si yo le digo a alguien que el catalán es su oportunidad para hacerse respetar, le estoy dejando claro que, mientras no lo practique, es natural que nadie le respete. Que no merece mi respeto. Parece increíble en pleno siglo XXI, pero lo que le estoy diciendo es que, aquí, la consideración de su dignidad no proviene de su pertenencia –como nosotros– a la especie humana, sino del dominio dels pronoms febles.

¡Qué obscena exclusión poner condiciones al respeto! Si hablas el mismo idioma que el mío te respetaré infinitamente, en caso contrario, sintiéndolo mucho, te "condenamos a vivir al margen". No se me ocurre mayor fobia a la diferencia. Desde la autosuficiencia de los nuevos caciques se decretan las condiciones que deben cumplir todos aquellos desgraciados de allá abajo para merecer el respeto narcisista y benestant de la élite nacionalista.

Aquel famoso energúmeno del tren de cercanías, antes de emprenderla a golpes con la niña ecuatoriana, debería haberse preocupado de comprobar su desconocimiento lingüístico.

Señor Toni Cruanyes, entiéndame, me permito preguntarle qué hubiera usted pensado si, cuarenta años atrás, en un periódico de Barcelona, alguien hubiera escrito, dirigiéndose a usted, que su mejor oportunidad para hacerse respetar era el castellano. ¿No se hubiera sentido ni un poquito humillado?
antoniorobles1789@hotmail.com

POLÍTICA
El alambique catalán
Las elecciones autonómicas de 2011 impiden a CiU pactar con Zapatero y a éste desairar al PSC
KEPA AULESTIA El Correo 3 Abril 2009

La retirada del apoyo que el PNV venía prestando al Gobierno de Rodríguez Zapatero hizo que éste dirigiese una mirada insegura hacia Cataluña a la búsqueda de un socio alternativo. Al PSOE le resultará imposible recuperar el favor del nacionalismo vasco en las Cortes mientras el PSE-EE mantenga al PNV fuera del gobierno de las instituciones autonómicas vascas. Pero la eventual alianza con CiU se presenta más que incierta. En Euskadi sólo tendría que cambiar a su socio preferente, el PP, por el PNV. Hoy esto resulta impensable; aunque las piezas a mover serían menos que las que precisaría cambiar de sitio en el caso catalán. Sin embargo, Rodríguez Zapatero tiene una apreciable ventaja con los convergentes. Su oposición siempre será constructiva y dispuesta al acuerdo puntual; mientras que, fuera del Ejecutivo vasco, el PNV radicalizará su contestación al Gobierno de Madrid.

La agenda electoral, con la convocatoria de las europeas el próximo junio, las catalanas en 2010, las municipales en 2011 y las generales al año siguiente, hace imposible que el Gabinete socialista se dote de una alianza estable que le asegure la mayoría absoluta. Es más lógico pensar que transitará por la legislatura economizando iniciativas para evitar reveses parlamentarios, sorteando los compromisos ineludibles a base de fugaces coincidencias.

La gran paradoja a la que se enfrenta Rodríguez Zapatero es que la estabilidad de su gobierno y, en cierto modo, la continuidad del poder socialista, depende de la sintonía que mantenga con los nacionalismos vasco y catalán. La pretensión de auparse sobre un PSE-EE y un PSC que renuncien a sus aspiraciones de gobierno para así contar con el voto de Durán y Erkoreka resulta sencillamente inútil. La llegada del PSC a la presidencia de la Generalitat se situó en la antesala de la de Rodríguez Zapatero a La Moncloa. Pero la permanencia de Montilla en el Ejecutivo catalán y el acceso de Patxi López a Ajuria Enea constituyen sendos obstáculos para la estabilidad del Gabinete del PSOE en Madrid. Llegado el caso los socialistas vascos quizá podrían mostrarse dispuestos a sacrificar su posición en aras a la continuidad del proyecto de Zapatero para España. Pero más dudoso resulta que, por la misma razón, el PSC de Montilla acabase cediendo la presidencia de la Generalitat a CiU.

Una encuesta reciente señala que, especialmente frente a los avatares de la crisis económica, el 70% de los catalanes aboga por la entrada de Artur Mas en el gobierno que preside José Montilla. Un deseo que contrasta con el pulso que mantienen convergentes y socialistas, que les condena a perpetuar la disputa hasta que llegue el día en que unos y otros no tengan más remedio que rendirse a la 'sociovergencia'. Los actuales dirigentes del socialismo catalán interpretan dicha liza entre izquierda y derecha como la continuidad de un pulso que ni siquiera el fin de la historia podría soslayar. A no ser que la amenaza del entendimiento entre CiU y ERC les obligase a evitar el desalojo completo de la Generalitat pactando con Mas.
Por su parte, los herederos de Pujol han visto cómo dos victorias consecutivas en las autonómicas -en 2003 y en 2006- fueron despreciadas por los socialistas que se han hecho cargo del Gobierno de Cataluña gracias a la apuesta que ERC hizo por un Ejecutivo de izquierdas frente a un posible acercamiento a los convergentes. El horizonte de las próximas elecciones autonómicas, previstas para 2010 si las periódicas crisis en el tripartito no aconsejan a Montilla su adelanto, impiden a CiU pactar abiertamente con Rodríguez Zapatero y a éste desairar al PSC.

Pero aunque el laberinto partidario catalán se lo permitiera, Zapatero tampoco podría mover ficha con anterioridad a los comicios europeos de junio. El pulso en estos momentos se presenta tan igualado en relación al PP que el presidente no puede más que mantener el timón de las alianzas en posición estática. Además, gane o pierda la lista encabezada por López Aguilar frente a Mayor Oreja, el PSOE tampoco contará con un margen amplio de maniobra. De hecho, el contenido de la sentencia que dicte el Tribunal Constitucional tras los citados comicios marcará la pauta. Si sale interpretativa, Zapatero podrá atreverse a manipular el alambique catalán con las cautelas señaladas anteriormente. Pero si el TC se inclina por dictar la inconstitucionalidad de los aspectos más críticos del texto estatutario -bilateralidad, Hacienda, reparto competencial y deber de conocer el catalán- podría encontrarse con un clima especialmente levantisco; sobre todo si, mientras tanto, el Gobierno no ha dado una solución satisfactoria a las demandas de financiación de Cataluña y opta, en palabras de Pedro Solbes, por una solución que incomode razonablemente a todas las autonomías.

Aunque salvase el obstáculo estatutario y financiero, Zapatero se enfrentaría a la contradicción final. La aproximación del PSC hacia CiU depende, en última instancia, de la probable simplificación del panorama político en Cataluña; porque del ascenso de ERC y del apreciable respaldo obtenido por ICV no sería extraño que se pasase a un fenómeno parecido a lo acontecido con los socios de Ibarretxe. En ese caso también podría quedar en entredicho la victoria socialista en las generales de 2012. Además, la coalición entre el PSE-EE y el PP puede devolver a la normalidad el entendimiento que en su día mantuvieron el partido de Pujol y el de Aznar. No hay que olvidar que la coincidencia entre Mas y Rajoy posibilitaría a CiU el gobierno de las principales instituciones de Cataluña, incluido el Ayuntamiento de Barcelona.

Una equivocada Ley de Cine catalana
XAVIER MERCE El Mundo 3 Abril 2009

La GENERALITAT de Cataluña debe desarrollar políticas para promover el uso del catalán. El conflicto aparece cuando la lengua se prioriza frente a los problemas particulares de cada sector.No es de extrañar que la propuesta de creación de una Ley de Cine en Cataluña sea polémica, dado que su objetivo es incrementar la presencia del catalán en los cines de la comunidad y no incentivar su demanda.

Lo primero que cabe preguntarse es si tiene sentido una Ley de Cine en Cataluña, ya que la producción cinematográfica cada día tiene mayores componentes supranacionales, su distribución es global y su financiación tiene un marco normativo estatal y europeo.Además, la ley española de cine del 2007 desarrolla un marco específico, y bastante generoso, para las lenguas minoritarias del Estado.

Es evidente que Cataluña tiene un sistema cultural propio, aunque si ello constituye materia suficiente para justificar una ley de cine es opinable. El problema es que se trata de un proyecto que no pone el énfasis en la producción de cine, sino en los mecanismos de distribución y exhibición lingüística. No hay que ningunear la importancia de la distribución, que es esencial, sino orientarla a los escenarios digitales y a internet. Y en ambos casos, la importancia de la lengua es decreciente, especialmente en su vertiente doblada.

La ayuda pública al cine catalán proviene de la Generalitat y de TV3, y las subvenciones están financiadas por el Institut Catalá de Finances. Estas aportaciones complementan los fondos que destina al cine el ICAA (por cierto, mayoritarios). Este modelo ahora no es cuestionable, aunque podría ser objeto de un marco normativo algo más preciso. Pero no hace falta una ley para eso. Otra cosa sería regular las ayudas públicas para evitar mantener eternamente aquella parte del sector que es poco eficaz y altamente refractaria a la innovación y a la entrada de nuevo talento. Pero no parece que éste sea el objetivo que se persigue.

El problema del cine catalán, y del cine español (suponiendo que sean cosas distintas) es que se ha convertido en un modo de producción rutinario en el que sólo una parte de la producción lucha objetivamente por entrar en el mercado real. Regularlo y mejorarlo sí sería el objeto de una ley legitima porque, al fin y al cabo, la existencia del cine depende de las políticas públicas. Pero aprobar una norma para condicionar y tasar únicamente la circulación del cine estadounidense es pueril.

Para mejorar la posición de nuestro cine en el mercado local hay que ampliar el poder de nuestras distribuidoras, lo que es imposible si las televisiones públicas y privadas compran directamente a las majors y no lo programan en prime time. Una ley que afecta a un sector tan intervenido como el cine no puede culpar de sus fracasos a los intermediarios privados, sin hacer, en paralelo, una mínima autocrítica.

También hay que decir que una película en versión original catalana tiene un mercado más difícil , pero eso no significa que sea más cara de producir. En igualdad de condiciones, a menudo es más barata porque no requiere de un casting internacional. Es importante no confundir las dificultades de exhibición y los costes de producción, si queremos evitar que la ley legitime a una serie de autores por una elección lingüística y no por su valía artística, o a una serie de productoras por su posición ideológica y no por su capacidad de penetración en los mercados cinematográficos.

Xavier Mercé es vicepresidente del Grupo Focus.

Recortes de Prensa   Página Inicial