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Recortes de Prensa    Sábado 4 Abril 2009

 

Zapatero: socialdemocracia y depresión
EDITORIAL Libertad Digital 4 Abril 2009

De la crisis que jamás tenía que llegar, pasamos al bache que se superaría a finales de 2008 y del bache no superado a las serias dificultades que comenzarían a reducirse a partir de marzo o abril. Una tras otra, las predicciones de Zapatero –por no tildarlas de lo que realmente son: humo con los que pretende ocultar su pésima gestión económica– se han ido revelando falsas. Y una vez tras otra, el presidente del Gobierno las ha ido modificando sin despeinarse, como si jamás hubiese errado en sus pronósticos.

Tras la deplorable cumbre del G-20 en Londres, parece que ya se ha tocado fondo y que a partir del segundo semestre de este año volveremos a crecer y a crear empleo. Será que con la acordada desaparición de los tenebrosos paraísos fiscales y la regulación de los malévolos hedge funds, ya se ha puesto punto final a todos los problemas que padece la economía mundial.

Sólo así se explicaría que España, el país de Europa con más desempleados, se vanagloriara en Londres de haber liderado la cruzada contra la codicia, la fiscalidad opaca y los fondos de inversión privados el mismo día en que se conocía que el paro aumentaba hasta los 3,6 millones de ciudadanos. Ni una idea, ni una propuesta, ni una medida para impulsar la creación de empleo; sólo recortes en nuestras libertades y un billón de dólares despilfarrado en crear menos de la mitad de riqueza de la que se destruyó.

Desde luego, las perspectivas de la economía mundial no van a mejorar por el hecho de que el G-20 se reúna periódicamente y decida de qué modo expoliar a sus ciudadanos. Si acaso, lo hará muy a su pesar. En España, sin embargo, la recuperación no se adivina, no sólo por la gravedad de nuestros desajustes internos, sino sobre todo porque el Ejecutivo de Zapatero reúne, corregidos y aumentados, todos los vicios del resto de sus homólogos: es uno de los Gobiernos más manirrotos y liberticidas del mundo. Y eso, claro, se nota.

Los propios analistas del Gobierno, agrupados en torno al Banco de España, sólo son capaces de dibujar unas negras nubes en nuestro horizonte. De acuerdo con su boletín mensual, la tasa de paro llegará al 19,4% en 2010 (unos 4,6 millones de desempleados, cifra que superaría, y con creces, la funesta marca que Solbes y Corbacho al alimón juraron que no alcanzaríamos jamás) y la economía seguirá decreciendo a tasas del 3% y del 1% durante los dos próximos ejercicios.

Estos datos deberían invitar al PSOE a replantearse su deficiente política económica, dando marcha atrás en todas y cada una de las decisiones que ha adoptado: reducir drásticamente impuestos, gasto y endeudamiento público; liberalizar mercados tan esenciales como el laboral, el energético, el comercial o el de infraestructuras; y dejar de rescatar a las empresas insolventes. Pero, por desgracia, no se adivina ningún cambio en la cerrilidad socialista, empeñada en arrastrarnos hacia el abismo para no renunciar a ninguno de sus dogmas: ya sabe, la gestión económica del PSOE entre 2004 y 2008 no tiene ninguna tacha, la crisis proviene de Estados Unidos y la socialdemocracia es la respuesta adecuada frente a las crisis capitalistas.

Con todo, por muy malas que sean las cifras del Banco de España, deberíamos empezar a plantearnos seriamente que, con mucha probabilidad, sean resultado del sesgo de optimismo antropológico zapateril. No sólo porque en relación con la crisis española llevamos dos años en los que las nuevas cifras mensuales enmiendan a peor las predicciones del mes anterior, sino porque no resulta muy verosímil que España vaya a decrecer en 2009 sólo un 3%, como asegura el organismo regulador.

La mayoría de analistas ya habla hoy de una recesión superior al 5% y ello sin contar con las crecientes dificultades que experimentarán las cajas españolas; una circunstancia que incluso los políticos españoles (del PP y del PSOE) ya reconocen abiertamente.

¿Qué futuro tiene una economía esclerotizada por su Gobierno y que se dirige hacia el hundimiento de su sistema financiero y hacia una destrucción masiva de empleo? Las referencias en la historia económica reciente son dos: para los países serios, Japón, para los irresponsables, Argentina. No será necesario recordar la complicidad de Kirchner y Zapatero para que todos intuyamos hacia dónde nos dirigimos.

G-20
Un paso en la dirección contraria
GEES Libertad Digital 4 Abril 2009

No podéis crear prosperidad penalizando el ahorro. No podéis dar fuerzas al débil, debilitando al fuerte. No podéis ayudar al asalariado, perjudicando al empresario... No podéis auxiliar al pobre arruinando al rico
Lincoln, 1860

Tras la cumbre del G-20, lo que se percibe mayoritariamente en los medios de comunicación de nuestro país es una mezcla de triunfalismo y cursilería. Es una sensación de victoria y de regocijo por parte de aquellos que se derriten eufóricos simplemente con ver una reunión que recuerda más bien a las fiestas de famosos de las revistas del corazón; de hecho, en los medios españoles, periodistas de todo signo celebran el encuentro como un momento histórico que significará la solución a todos los males que aquejan a la economía. O sea, básicamente que los gobiernos –y los políticos que los dirigen– se gastarán un billón de dólares para no se sabe muy bien qué ni se sabe muy bien cómo. Pero celebrémoslo, pues Obama ha venido a Europa y ha saludado a Zapatero. Ellos seguro que saben lo que hacen.

Parece algo incoherente que una crisis que se ha motivado básicamente por un exceso del crédito, es decir, por un endeudamiento desproporcionado, se intente solucionar generando una mayor deuda: esta vez nada más y nada menos que un billón de dólares sin que se haya previsto nada concreto ni que se explique cómo se van a solucionar los problemas actuales.

La primera cuestión que surge es precisamente si lo que eufemísticamente se llama "inyección masiva de liquidez" –y que en realidad se trata de imprimir más dinero– será suficiente para restablecer la confianza de los agentes económicos. En este sentido, hubiese sido bueno que Japón hubiese mostrado su experiencia en los últimos 20 años, o que el célebre helicóptero de Friedman volara por las calles de Tokio para ver los resultados. En una situación como la actual, el exceso de liquidez incrementa la desconfianza y, precisamente por ello, el ahorro aumenta frenando el consumo. En Japón, con tipos de interés prácticamente nulos y con una laxa política monetaria, ha habido deflación.

En segundo lugar, hay que plantearse de dónde procede esa inyección de liquidez, es decir, ¿quién va a pagar ese billón de dólares? Está claro que todos nosotros, pero ¿cómo? ¿Será con deuda pública? No parece plausible, pues no hay nadie que la financie. ¿Será con mayor impresión de dinero como han realizado ya Reino Unido y Estados Unidos? Es lo más probable, y la consecuencia directa es que el dinero perderá su valor y todos seremos más pobres. Se robará a los ciudadanos sin que puedan hacer nada al respecto.

Otro punto de la cumbre que es digno de ser reseñado es la decisión de poner en marcha un mayor control, regulación y supervisión de los mercados financieros. Se trata de un grave error. El desarrollo de mercados líquidos, transparentes y sin barreras de acceso ha sido un hito histórico que ha permitido una asignación de recursos de manera eficiente y que crea riqueza. Impedir o intervenir en ello sólo provocará lo contrario. Los mercados precisan una regulación, por supuesto, pero esa regulación no puede perjudicar la libertad –por ejemplo la prohibición de operaciones de posiciones cortas– porque dañarán irremisiblemente el mecanismo de formación de precios y producirán una mayor desconfianza.

La cumbre debería haberse centrado en cómo corregir los excesos recientes. Debería haber abogado por proteger al ahorrador y no devaluar sus recursos, por incentivar la inversión y, en especial, por un nuevo modelo financiero mundial donde, por ejemplo, los bancos centrales tengan una menor capacidad de influencia mediante la política monetaria.

Lo acordado va en la dirección contraria. Esta vez burócratas y políticos saldrán reforzados, con mucho más poder y recursos a costa de consumidores y agentes sociales. Políticos que, como en España, anunciarán políticas demagógicas basadas en la confusión permanente; por ejemplo afirmando que el gasto público crea trabajo sin explicar que los impuestos para recaudar esos recursos destruyen muchos más empleos que lo que se pueden crear. Se intentará distribuir una riqueza que cada vez será más difícil de crear.

Es una pena, es una tragedia, que en esta cumbre llamada a ser histórica, nadie haya abanderado la causa de la economía real basada en el esfuerzo y en la innovación. Será un error del que todo el mundo tardará en recuperarse. Obama, tan admirador de Lincoln en algunos temas, debería haber tomado nota de su histórico discurso de 1860 ante el Congreso:

No podéis crear prosperidad penalizando el ahorro. No podéis dar fuerzas al débil, debilitando al fuerte. No podéis ayudar al asalariado, perjudicando al empresario. No podéis favorecer la fraternidad humana incitando a la lucha de clases. No podéis auxiliar al pobre arruinando al rico. No podéis evitar contratiempos gastando más de lo que ganáis. No podéis promover el carácter y el valor desincentivando la iniciativa y la independencia. No podéis ayudar continuamente a los hombres haciendo en su lugar lo que ellos deberían hacer por sí mismos.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

G-20
Infiernos fiscales
Pablo Molina Libertad Digital 4 Abril 2009

Entre las medidas adoptadas en la cumbre de Londres para luchar contra la crisis, unas ineficaces y otras directamente contraproducentes, llama la atención la aprobación popular que ha suscitado la decisión de acabar con los paraísos fiscales. El Príncipe Rainiero solía replicar cuando le preguntaban al respecto que no existen paraísos, sino infiernos fiscales, definición que me parece muy ajustada a la realidad dada la voracidad estatal de los países socialdemócratas.

Salvo que el dinero provenga de la comisión de un delito, no hay ninguna razón para perseguir a los que quieran poner su patrimonio a salvo del Fisco de su país de origen. Pero es que la cumbre del G-20 no quiere acabar con los paraísos para evitar el lavado de dinero del tráfico de drogas o de armas, sino para que los políticos puedan controlar exhaustivamente todos los flujos financieros que se generan en sus territorios. Denunciar a los países que respetan la privacidad de los depositantes extranjeros por la posibilidad de que sean delincuentes, es tanto como prohibir las comunicaciones telefónicas privadas para acabar con las estafas de algunas líneas de pago: un despropósito y un ataque injustificable a la libertad individual, que sin embargo la masa adocenada aplaude, espoleada por la envidia igualitaria que la socialdemocracia estimula con todos los medios a su alcance.

Personalmente lamento no disponer de una paletada de millones con los que crear una sociedad opaca en cualquier paraíso fiscal de los que salpican el mapamundi. Algunas de estas reservas libertarias tienen unos nombres tan sugestivos (Vírgenes Británicas, Monserrat, Aruba, Dominica, Seychelles, Maldivas o Marianas del Norte) que intentar acabar con ellos resulta hasta un acto de mal gusto.
Los líderes mundiales quieren que todo el planeta sea un infierno fiscal, como lo definió Rainiero, motivo suficiente para que la gente decente sospeche de sus verdaderas motivaciones. No les basta con acelerar la máquina de producir dinero y multiplicar exponencialmente el gasto público –la mejor receta para que las crisis se reproduzcan cíclicamente– sino que quieren acabar con los únicos reductos de privacidad que todavía escapan a sus manejos. Son el rostro siniestro de la nueva Inquisición, aunque se oculten tras la tersura de ébano y el encanto cosmopolita de la espléndida Michelle.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

Más dinero
José Antonio VERA La Razón 4 Abril 2009

Menos mal que el G-20 ha decretado el fin de la crisis económica mundial. Han salido exultantes los egregios líderes del orbe con la idea en la cabeza de que la recesión no llegará a depresión, porque a fin de cuentas todo se arregla con dinero.

Más dinero para el FMI, más dinero para el sector financiero, más dinero para el Banco Mundial, más dinero para rescatar a los países del este de Europa. Más dinero. Parece algo nuevo, pero en realidad es lo único que vienen haciendo los Estados y los bancos centrales desde que estalló la crisis subprime: poner más y más dinero. Lo hizo Bush con su reserva federal, y la UE con el BCE, y el Reino Unido para nacionalizar su banca, y los demás en mayor o menor medida. Aquí parece que todo se arregla con dinero, aunque lo único que sabemos de verdad es que ha sido la falta de rigor en el control del dinero lo que nos ha conducido a la actual situación. Se pone el acento en la necesidad de potenciar a los bancos y a los organismos reguladores, pero no de pedir responsabilidades a los que permitieron que las cosas llegaran al extremo actual. Sólo se habla de dar más dinero.

Desgraciadamente, ese dinero que se viene poniendo en circulación a toneladas desde el verano de 2007, no ha servido para arreglar las cosas. El peligro que se corre con esta borrachera de dinero público es que no sólo colapsen algunos bancos e instituciones o países, sino que al final pete el sistema entero si ese torrente monetario no vale para frenar la caída de la actividad económica. ¿Cuánto dinero pueden inyectar los estados sin ponerse ellos mismos en riesgo? ¿Hay respaldo real para esa emisión indefinida de papel moneda o pueden correr peligro los que se dedican a darle a la máquina de hacer billetes sin controlar cuánto deben fabricar?

Desconfío de esta euforia repentina del G-20 tras anunciar que van a seguir haciendo lo mismo que hasta ahora. O sea, inocular multimillonarias aportaciones de fondos para que el FMI y otros organismos internacionales que no supieron parar la crisis, tengan una nueva oportunidad de hacerlo, eso sí, con muchos más recursos monetarios de los que han dispuesto hasta hoy.

Parece que es el sino de los tiempos. Dinero para que no quiebren los bancos, para reflotar la construcción, para salvar a las empresas del sector de la automoción, para las aseguradoras que no pueden pagar sus compromisos con tantas sociedades en bancarrota, para hacer frente a los crecientes subsidios derivados del aumento del desempleo, las pensiones por jubilaciones anticipadas, las subvenciones a una prensa tocada por la crisis, etcétera. También para la defensa, ya que hay que reactivar la Otan, regenerarla, reimpulsarla, dotarla de nuevas estructuras más modernas con más fondos, y además, meter todos más dinero y más soldados en la guerra de Afganistán, que corre el riesgo de enquistarse y suponer una sangría de recursos para los países occidentales.

Dinero para eso y para más. Pero, ¿hay en realidad recursos para tanto? El peligro está en que con esta alegría monetaria estemos alimentando una nueva pompa de jabón: la del dinero público fácil de conseguir y de repartir. Con el agravante de que puede ser la última burbuja que nos quede. Porque, si ésta pincha, ¿quién va a poner entonces el dinero?

GLOBALIZACIÓN
Cumbre del G-20: los pirómanos quieren ser ahora los bomberos
Eduardo Arroy elsemanaldigital 4 Abril 2009

Los mismos que han ido con la lata de gasolina y la cerilla son los que pretenden apagar el incendio. Pocos lo recuerdan, más interesados en las chorradas protocolarias de Obama y señora.

Si no fuera trágico sería para morirse de risa. Aunque en nada compartimos sus soluciones, consideramos bastante acertado citar a Thomas Woods Jr. en su libro Fusión (Meltdown: A Free-Market Look at Why the Stock Market Collapsed, the Economy Tanked, and Government Bailouts Will Make Things Worse, Regnery Publishing Inc., Washington, 2009). Woods dice "las mismas personas que diseñaron las políticas que originaron el caos son las mismas que ahora se presentan como sabios servidores públicos que nos muestran la salida". Efectivamente, el asunto no deja de tener gracia si se repara en las cabriolas dialécticas y los embustes de nuestros políticos y dirigentes para adoptar medidas que conduzcan a que todo siga igual o incluso peor.

La reciente cumbre del G-20 ha sido precisamente eso. La revista Businessweek publica un artículo de Kerry Capell y Stanley Reed, G-20: un trillón de dólares y un plan (G-20: $1 Trillion and a plan) donde se subraya que los grandes triunfadores de la cumbre no son otros que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Según el texto, ambos salen reforzados de la cumbre por tres motivos esenciales: primero, por disponer de todo el dinero que necesitan prestar. Según explica Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, 1,1 billones de dólares "es aproximadamente el volumen de dinero que el mundo necesita".

En segundo lugar, ambas instituciones, al incluir con voz propia a las "economías emergentes", serán más globales y dejarán de considerarse instrumentos de las políticas de los países occidentales y del Japón. Por último, tanto el FMI como el BM tendrán una evidente capacidad coercitiva, ya que, según explican Capell y Reed, el comunicado de los líderes del G-20 contempla "sanciones" contra las "jurisdicciones no cooperantes". Es difícil de precisar qué significa esto, del mismo modo que es difícil precisar qué es lo que el comunicado entiende por "mayor regulación", pero lo cierto es que antiguos "paraísos fiscales" como Andorra, Liechtestein o Suiza se hallan ahora a la defensiva.

Estos tres aspectos suponen en definitiva una nueva vuelta de tuerca del proceso globalizador del capitalismo transnacional. Y es que la política de los líderes del G-20, con su famoso "estímulo financiero", no deja de ser más de lo mismo: por un lado, la economía real, la de las pequeñas y medianas empresas, la de los negocios emergentes y la de los ciudadanos que necesitan financiación simplemente para vivir, lo tiene mucho más difícil ahora que hace dos o tres años. El dinero no llega a los que verdaderamente producen, pese a que los altos directivos y los bancos aumentan vertiginosamente sus beneficios, y todos experimentamos la negativa tajante de los bancos a financiar lo que antes financiaban con los ojos cerrados. No es de extrañar, por tanto, que el "estímulo" sea para salvar al sistema financiero, más que para salvar a la gente. Las personas se ven obligadas a trabajar más por menos y a ser más "competitivos".

Contemplando las cosas con una cierta perspectiva, por un lado tenemos unas instancias internacionales, antes desprestigiadas, que han recuperado parte del esplendor perdido y que han dejado de ser propiamente internacionales para ser globales. Esas instituciones han salido reforzadas principalmente gracias al respaldo de los líderes del G-20. Según el economista jefe de Goldman Sachs en Londres, Jim O´Neill, "lo más destacable de la reunión del G-20 es el acuerdo para impulsar los recursos y la estructura del FMI. Eso permite una mayor gobernabilidad efectiva de la economía mundial".

Así las cosas, instituciones como el FMI o el BM toman distancia de los mecanismos democráticos de control, a los que se apela constantemente para salvaguardar la "democracia". Paradójicamente, lo que se impone como necesario para elegir el "delegado" de una clase universitaria, el secretario de un comité sindical o el presidente de una asamblea de vecinos –no digamos ya al presidente del gobierno- se escamotea rápidamente a la hora de decidir quiénes van a gobernar instancias con capacidad de "sancionar" a "jurisdicciones no cooperantes"; es decir, a naciones enteras.

Por otro lado, los dirigentes mundiales siguen en la línea de antes de la presente crisis: José Manuel Durao Barroso, según anunciaba la Agencia Efe el pasado 26 de marzo, ha declarado que el G-20 no ha de replegar la globalización y "desglobalizar", sino "hacer que la globalización funcione mejor" y ha invitado a luchar contra el "proteccionismo". De hecho, el G-20 en pleno –no solo Barroso- ha acordado en la reciente cumbre combatir el "proteccionismo" y desterrarlo como arma contra la crisis económica global. Los partidos de izquierda europeos, por su parte, montan plataformas "anticapitalistas", empecinados en sus ridículas recetas, mientras ocultan el papel de la inmigración como herramienta del capital global para demoler los derechos de los trabajadores. El papel de los sindicatos de izquierda, en calidad de mamporreros del capitalismo, desvía la atención del problema inmigratorio mediante el demonio del "racismo" y la cantinela pseudo-humanitaria de la "integración", y sirve a las mil maravillas para realizar el trabajo sucio que las elites financieras deploran.

Mientras las multinacionales multiplican sus beneficios despidiendo a miles de trabajadores, la precariedad se instala en el corazón mismo de las clases medias –y, por supuesto, de las clases trabajadoras-, el fanatismo liberal se empeña en unas formas histriónicas, radicales solo en su aptitud, para convencernos de que lo que nos ha traído hasta aquí es exactamente el remedio a nuestros males. Al final, menos regulación del capitalismo, más debilidad del Estado, mayor deslocalización de puestos de trabajo y de trabajadores, parece que no tienen nada que ver con la destrucción de las condiciones de trabajo dignas y el empobrecimiento de las naciones.

Como estrategia propagandística, todos esos supuestos "remedios" se aducen como "solución" esgrimiendo la caricatura aberrante de la planificación estatal soviética o socialista. La "cruzada" anti-Estado del liberalismo alcanza cotas de cinismo estratosféricas al criticar por sistema la más nimia intervención del Estado en la economía, al tiempo que se permanece completamente ciego a la manipulación de la economía por parte de "trust" mastodónticos, cuyo fin exclusivo es el lucro pese a quién pese y caiga quién caiga.

Por desgracia, en la periferia del "sistema", único lugar donde se respira el espíritu crítico y la audacia intelectual suficiente como para pergeñar soluciones, tampoco siempre se sabe muy bien a qué atenerse. En las últimas elecciones norteamericanas Ron Paul abogaba por el retorno al patrón oro –como dice el Quijote, "donosa majadería"- y Alain de Benoist, en un artículo publicado recientemente, hace un guiño a la "austeridad", al retorno al patrón oro y a la lucha contra el déficit. Acierta, sin embargo y gracias a Dios, en atacar la estrategia anti-"proteccionista" del G-20.

Nadie basa claramente su alternativa cuestiones verdaderamente diferentes: soberanía monetaria al servicio del crecimiento y del pleno empleo, sistema financiero subordinado a los intereses nacionales antes que mero negocio, financiación barata y abundante para todos o sometimiento absoluto de los intereses comerciales y financieros a los designios políticos de la comunidad nacional. Puede que la obligada brevedad de un artículo como éste haga aparecer lo que no es si no un programa verdaderamente rupturista como unas simples propuestas algo vagas.

Pero sin duda hay quien sabe ver por donde van los tiros. Por lo pronto, el maestro Alberto Buela ha señalado algunas claves de enorme interés en su artículo "el imperialismo internacional del dinero", donde arrebata a la izquierda marxista la hegemonía teórica de la lucha contra el imperialismo, y devuelve a lo nacional la preeminencia en el combate por la libertad. Como en el principio siempre está el "logos", cabe pensar que ni mucho menos está todo perdido.

Hasta la última gota de sangre
JUAN MANUEL DE PRADA ABC 4 Abril 2009

AHORA resulta que los tipos que nos han llevado al pozo sin fondo de la crisis se reúnen en Londres y aparecen como nuestros salvadores, exhortándonos a tener confianza en sus enjuagues. Me han recordado, en su risueño cinismo, al ciego cabrón del Lazarillo, que después de descalabrar al protagonista estampándole una jarra de vino se burla de él, aplicándole vino en las heridas y diciéndole con sorna: «¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud». Y lo más estremecedor del asunto es que la pobre gente engañada cree que, en efecto, esos tipos que nos han arrojado al abismo van ahora a rescatarnos milagrosamente. ¿Cómo han logrado semejante taumaturgia?

En las Escrituras nunca se habla de ateísmo, sino de idolatría. Y es que el hombre tiene una vocación sobrenatural irrefrenable: cuando se aparta de Dios, necesita llenar ese hueco con un sucedáneo de apariencia cuasirreligiosa. Y si la fe religiosa nos permite creer en lo que no vemos, la fe idolátrica nos exige, mediante la acción de sus taumaturgias, creer en los espejismos o trampantojos con los que suplanta la cruda realidad. Sólo así se explica que los taumaturgos reunidos en Londres nos digan que van a reactivar la economía mediante la «inyección» de un billón de dólares y respiremos aliviados, como si ese billón de dólares fuese un maná salvífico caído del cielo y no una cantidad que previamente han arrebatado sin miramientos, con exacciones y despojos, a la pobre gente engañada. También así se explica que nos digan que castigarán los llamados «paraísos fiscales» y asintamos satisfechos, como si los llamados «paraísos fiscales» fuesen geografías que hasta hoy han escapado al control de los taumaturgos, como si el «paraíso» gibraltareño pudiera existir sin el beneplácito de Gran Bretaña o el «paraíso» andorrano sin el beneplácito de Francia y España. Y, en fin, sólo así se explica que los taumaturgos reunidos en Londres nos anuncien que crearán un servicio de «gendarmería financiera» y aplaudamos alborozados, como si las operaciones bancarias que hasta hoy se han realizado no hubiesen sido alentadas, protegidas e incluso ordenadas por los mismos taumaturgos. Y la pirueta final de estos taumaturgos consiste en reclamarnos «confianza», asegurándonos con risueño cinismo que serán ellos, los mismos que nos enfermaron, los que ahora nos sanarán. Y la pobre gente engañada se lo cree a pies juntillas, crédula y obediente.

¿Y cómo ha podido llegar la pobre gente engañada a este extremo de sometimiento ciego? Pues ha llegado porque la nueva idolatría que encarnan los taumaturgos reunidos en Londres es muy astutamente amable y sutil, a diferencia de los totalitarismos de antaño, aquellas idolatrías que mostraban su apetito voraz a plena luz del día, expoliando a sus súbditos sin rebozo. La nueva idolatría primero nos convierte en una piara de bestias que hozan en el lodazal de sus apetitos, borrando de nuestro horizonte cualquier esperanza que no se refugie en la posesión de cierto grado de bienestar material. Y, cuando ese bienestar se desvanece, cuando la pobre gente engañada y sin esperanza no tiene cobijo alguno en el que resguardarse, los taumaturgos de la idolatría aparecen como falsos mesías, dispuestos a salvarnos mediante milagrosas operaciones que no son sino enjuagues desaprensivos.

Así consiguen instaurar una suerte de totalitarismo amable, sin brutalidades, en el que la pobre gente engañada, reducida a piara, acepta que le chupen hasta la última gota de sangre. Que en eso consiste, en fin, esa «inyección» de un billón de dólares con la que se proponen «reactivar la economía»: en chuparnos hasta la última gota de sangre, antes de pegarnos el tiro de gracia.
www.juanmanueldeprada.com

Estamos trabajando para usted
Vicente A. C. M. Periodista Digital 4 Abril 2009

Personalmente creo que el Sr. Zapatero y sobre todo, sus asesores de imagen, no hacen nada sin haber evaluado bien el rédito o el coste electoral, bien sea por una foto, por un encuentro “sorpresa”, o por la toma de medidas impactantes como el “cheque bebé y el “regalo” de los 400€ en el IRPF, que ahora toca devolver con intereses. Esta reunión del Consejo de Ministros el próximo miércoles Santo, en la mitad del acueducto de Semana Santa, tiene el objetivo claro de transmitir aquello de “Estamos trabajando para usted, aunque nos cause molestias”. Desde luego no deja de ser chocante con aquella otra imagen de desidia que ha transmitido en los cinco años que lleva de Presidente, en los que nada ni nadie era capaz de sacarle de sus merecidas vacaciones en Doñana o de paréntesis de descanso para evitar asistir a encuentros internacionales.

Más que una reunión del Gabinete de crisis, debería ser una reunión de Gabinete para hacer crisis de Gobierno. Esta es evidente en muchos de los actuales Ministerios, incluidas las vicepresidencias de la Sra. De la Vega y del Sr. Solbes o de la Ministra de Igualdad o la de Defensa o la de Fomento, creadoras de conflictos de alto desgaste para ese Gobierno. Esa crisis iniciada con el cese fulminante del impresentable ex Ministro de justicia Sr. Bermejo, debe tener una continuidad para intentar salvar la cara a un Gobierno acosado por la crisis, desbordado por su pasividad y su falta de ideas y en la desidia y cansancio funcional de sus integrantes, como el Sr. Solbes, un septuagenario que se confiesa sin motivación y sin soluciones.

Desde luego no tengo ninguna esperanza de que ese cambio se produzca y que todo se limite a otra foto de familia y el eslogan que he mencionado antes. Debemos estar agradecidos de que este Gobierno sea inasequible al desaliento y se sacrifique en el bien común haciendo su trabajo, incluso con horas extraordinarias.” El primero en arrimar el hombro, el Sr. Zapatero”. Sin embargo, ese espíritu de sacrificio personal, no parece haberse contagiado al Cuerpo Legislativo, a Sus Señorías los Señores Diputados del Congreso. Estos, tras unas largas vacaciones de Navidad, ahora se aprestan a estar otras tres semanas de asueto pagadas a costa del contribuyente.

Así que allí en vez del “Estamos trabajando para usted”, deberían poner el letrero de “Cerrado por vacaciones, disculpen las molestias”. Es posible que no haya mucho que legislar, porque lo poco que hay viene por “decretazo” y es mejor dejar hacer a las Comunidades Autónomas. Eso sí lo del aumento del paro y el grave problema del futuro de las pensiones no les afecta, porque Sus Señorías están económicamente bien blindados, tanto como los Consejeros y Presidentes de las Cajas de Ahorro que están en quiebra.

Cada pueblo tiene el Gobierno que se merece. Eso dijo el Sr. Rubalcaba en la noche del 13M del 2004. Ahora, efectivamente, tenemos el Gobierno que nos merecemos por nuestra pusilanimidad y nuestra apatía ante la situación que atraviesa España. No es concebible que con cuatro millones reales de parados más un millón de inmigrantes descontrolados, los trabajadores se dejen adormecer y dominar por unos sindicatos que le dan al Sr. Zapatero todo el cariño y comprensión que pide. No es concebible que los ciudadanos ante las repetidas pruebas de las mentiras del Sr. Zapatero y sus Ministros y voceros, se queden impasibles y estáticos sin mostrar su rechazo y pedir responsabilidades.

Preferiría que fueran los ciudadanos los que pensaran en trabajar para reconstruir este País y en exigir a sus gobernantes soluciones o al menos voluntad y ejemplo. Nadie nos sacará de la crisis sino nosotros mismos con nuestro esfuerzo. Nosotros, los ciudadanos somos los que estamos trabajando para usted, Sr. Zapatero y para todos los políticos como usted.

PPC
Cospedal no se entera
Maite Nolla Libertad Digital 4 Abril 2009

Lamentable intervención de la secretaria general del Partido Popular en TV3. María Dolores de Cospedal ha picado como una bendita y ha hecho como la mayoría de líderes políticos, que cuando acuden a determinados medios prefieren caer simpáticos al interlocutor que al votante.

Yo critiqué –y mucho– a Josep Piqué. Creo que su política de acercamiento progresivo a CiU fue una de las causas decisivas para que Ciudadanos de Cataluña obtuviera tres diputados de la nada. Pero Josep Piqué es un gran político, fue un gran ministro y es una persona de gran valía; su problema fue equivocarse de estrategia política, pero, al menos, tenía una estrategia. Él pensaba que el futuro del PP de Cataluña pasaba por Unió y por Convergencia, en lugar de hacer campaña en los feudos del socialismo, que es lo que debió hacer, en mi opinión.

El problema actual es que no existe un plan. La nueva dirección no tiene ninguna estrategia. No se sabe que quieren hacer y lo que se advierte, como en el Parlament o en el Ayuntamiento de Barcelona, es casi peor. Siempre he dicho que Alberto Fernández ha sido la única oposición en el Ayuntamiento de Barcelona, pero yo prefiero que siga siendo oposición a que haga alcalde al moderadísimo Trias, pionero en el cierre de emisoras.

Creo que les he aburrido ya en exceso sobre el desastre que ha supuesto el cambio de dirección en el PPC y es que, como dice su secretaria general, al fin y al cabo, es lo que decidió el partido democráticamente. Lo que no resulta aceptable es que la señora De Cospedal no se entere. Dice de la nueva presidenta que cada día lo está haciendo mejor, con lo que viene a reconocer que alguna cosa ha hecho mal, y en eso estamos de acuerdo. Lo de parecer mejor o peor es subjetivo y allá cada una con sus gustos. Lo que es objetivo, y es por lo que yo vengo criticándoles desde el nefasto congreso de verano, es que la señora Sánchez actúa en contra de su partido.

Vamos a ver si la secretaria general se entera; en materia de financiación, el PP tiene recurrido el nuevo estatuto de autonomía de Cataluña. Pues bien, la nueva presidenta quiere que se aplique la financiación que el PP tiene impugnada y que consta en el Estatut, haciendo frente común con los partidos nacionalistas. Ha llegado a pedir a Zapatero que cumpla el Estatut.

El PP ha impugnado el nuevo estatuto por la distribución de competencias entre el defensor del pueblo y el síndic de greuges; el PPC ha votado a favor de expulsar al defensor del pueblo de Cataluña, en contra de lo que han impugnado ante el Tribunal Constitucional.

Se ha negado a firmar el manifiesto en defensa de la lengua común, al que su partido, de Mariano para abajo, se adhirió en masa, porque "no era necesario". De verdad, no se entera. Sin contar con que se ha cargado de un plumazo a Sirera, a García Albiol y a Carina Mejías, es decir, a lo mejor y nada dudoso que tenía el PPC y con que ha perdido el apoyo de personas como Carmelo González.

A mí que a la señora De Cospedal le guste o no lo que hace la nueva dirección, me da igual; pasaré por alto, incluso, que siga sin conocer el concepto ciudadanos de Cataluña. Pero no se entera de que están actuando contra su propio partido. Si quieren reconocer errores y rectificar, empiecen por lo que hicieron este verano, no hace falta ir más allá.

Zapatero el deslenguado
TOMÁS CUESTA ABC 4 Abril 2009

DESPUÉS del decretazo —más bien el lengüetazo— que establece que los médicos de las Baleares tienen que conocer el catalán de la misma manera que saben, por ejemplo, dónde se encuentra el páncreas, es una aberración que Zapatero vaya por esos mundos con un inglés de boina y alpargata. Diagnosticar un «constipat» en vez de un constipado es algo que reviste, al parecer, una importancia extraordinaria. A nadie le preocupa, sin embargo, que el presidente del Gobierno, en uno de sus alardes de supina ignorancia, llegue a estrecharle el jamón a Ángela Merkel en lugar de la mano. Si bien es verdad que «ham» y «hand», fonéticamente, pueden prestarse a engaño, diplomáticamente, el error no admite un pase. Porque una cosa es que en España las jamonas no hayan estado nunca mal consideradas y otra explicárselo —¿en qué idioma?— a una cancillera de estirpe puritana.

Manda huevos (es decir, «te collons», cumpliendo la normativa a rajatabla) que a los facultativos de Pollensa, de Mahón, de Santa Eulalia (de Pollença, de Maó, de Santa Eulària) se les obligue a venerar a Ramón Llull en el templo de Esculapio, mientras que a Zapatero se le consiente todo en materia idiomática. Cuando llegó al Gobierno, aún podía excusarse en que la lengua del Imperio se sustanciaba en una palabra mágica: «Peace», que se pronuncia «Pis» y significa «Paz», hablando en laico. (El optimista antropológico jamás habla en cristiano). Es de justicia, empero, reconocer que nuestro héroe supo sacarle rendimiento a tan pobre bagaje y, gracias su infinita ansia de «pis», llegó a ser un icono de la modernidad prostática. Luego, empezó a soltarse y alcanzó a enjaretar algunas frases dignas de perpetuarse en mármol. «It's a beautiful day», sin ir más allá de Irlanda. O la sublime «Every where bonsáis», sin moverse de casa.

De entonces a acá han trascurrido cinco años y estamos peor que estábamos. El problema lingüístico, lejos de remitir, se ha envenenado hasta el extremo de que son los políticos quienes ejercen de filólogos y ponen al día el diccionario de la infamia. Al paso que vamos (y vamos al abismo a paso de carga), Rodríguez Zapatero acabará llevando a gala ser uno de los pocos españoles que emplea el español —o castellano— en cualquier circunstancia. Descartado el patriotismo como móvil, nos encontramos ante un caso de lesa ineptitud o de descomunal vagancia. Si para dominar la economía —Jordi Sevilla «dixit», con perdón de Carmen Calvo— basta un fin de semana, manejar el inglés a nivel de usuario exige más esfuerzo, «of course», pero no es un objetivo inalcanzable. Aznar lo consiguió dándole a la gramática con idéntico empeño que a los abdominales. Zapatero, por contra, no ha dado un palo al agua. Está, todavía, en «My tailor is rich» y, de no ser por Camps, se habría olvidado hasta del sastre.

Tras la sonrisa de muñeco de ventrílocuo que prodiga en los foros internacionales se esconde un presidente deslenguado. Es una especie de barco derrelicto que cabecea entre los gobelinos y la plata. Es, en definitiva, un personaje de alquiler, igual que esos esmóquines que se devuelven a la tienda en lugar de al armario. Claro que tanto da si el señor Zapatero espiquinglis o farfulla el tagalo. Lo prioritario es que en los hospitales de «ses Illes» el dolor de cabeza ha sido erradicado. Ahora hay que aliviar el «mal de cap» y recetar las aspirinas en vernáculo. «But this is another history…». Vamos, la historia interminable.

Tengo envidia como catalana
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 4 Abril 2009

Sr. Director:
Lo reconozco. Tengo envidia como catalana. En Galicia y el País Vasco sus próximos presidentes ya han anunciado el fin de las políticas de imposición lingüística.

Ya no habrá multas lingüísticas a los comerciantes gallegos y vascos, que podrán rotular sus tiendas en la lengua que deseen. Y en ambas comunidades los padres también podrán elegir con libertad entre varias opciones lingüísticas aquella que prefieran para sus hijos.

¡Qué envidia desde Cataluña!
Aquí seguimos con la política lingüística de la imposición y la sanción. La semana pasada el Gobierno catalán anunció más multas lingüísticas a comerciantes y en las escuelas nos imponen por decreto la lengua docente sin que los padres podamos decir nada. En fin, ojalá un día no muy lejano el aire fresco de la libertad lingüística que corre por el norte llegue también a Cataluña.

Vicenta Arnau
vicentaarnau@yahoo.es
Cartas al Director
Hispanidad, 01 de abril de 2009

Mil recetas para el catalán en Baleares
Un órgano asesor del Gobierno lanza un plan para potenciar la lengua cooficial y el "marco simbólico propio"
ANDREU MANRESA - Palma de Mallorca El País 4 Abril 2009

Medicamentos con envases y prospectos en catalán, al igual que las leyendas de los billetes y monedas, la lotería, los sellos o los cheques. Las máquinas expendedoras en ámbitos oficiales deberán articular automáticamente la lengua cooficial de Baleares. El catalán deberá ser "lengua habitual" en el deporte y en la megafonía de los geriátricos. Éstas son algunas de casi 1.000 ideas y objetivos de la propuesta del Consejo Social de la Lengua Catalana para reforzar la presencia del catalán en la sociedad y la Administración. El consejo es un organismo asesor del Gobierno de Baleares.

El Plan de Normalización Lingüística no es una norma oficial, es un manual para el "fomento e impulso" del catalán desde las instituciones a las empresas, con acento especial en la educación y los medios de comunicación.

60 representantes institucionales y de colectivos sociales avalaron el miércoles el exhaustivo "programa de máximos e ideal", con la oposición del PP. El proyecto puede tardar años en traducirse en acciones prácticas. "Es un plan abierto, sin medidas coercitivas, impositivas", dijeron la consejera de Educación, Bàrbara Galmés, del PSOE, y la directora de Política Lingüística, Margalida Tous, nacionalista del Bloc. "No tiene plazos", agregaron.

Simón Gornés, diputado popular, enmendó a la totalidad la propuesta porque su partido "no quiere que se elimine el castellano, que sea demonizado" y porque el plan es "intrusivo, coercitivo y excluyente". El PP asegura estar a favor de la normalización del catalán en una sociedad bilingüe.

Tras la votación, Gornés se marchó del consejo, en el Parlamento balear, en la que tomaron parte desde directivas de colegios religiosos hasta presidentes de federaciones deportivas. Los debates fueron a puerta cerrada. Según diferentes fuentes, no se suscitaron polémicas.

En la educación, será "un derecho y garantía" que el catalán sea "la lengua propia del sistema educativo, tanto como lengua vehicular habitual en la docencia como en las actividades no docentes, extraescolares y complementarias", así como de acogida para inmigrantes. La enseñanza se efectuará "en un contexto educativo arraigado en el país (Baleares)".

Cualquier docente "debería poder usar la lengua catalana en cualquier instancia y nivel educativo". Para la universidad pide que "el conocimiento de la lengua catalana figure entre los requisitos lingüísticos del profesorado". Y reclama que "la alfabetización de adultos sea en catalán". La megafonía de los geriátricos debe ser en catalán. Entre los objetivos marcados está "aumentar el uso del catalán y de los referentes simbólicos propios en todos los medios de comunicación" y "concretar mecanismos de control entre los medios patrocinados" por las instituciones.

El plan tiene visos de catecismo y lenguaje doctrinario porque busca que las agencias de los llamados países catalanes "interpreten la realidad a partir del marco referencial simbólico propio". Se "establecerán los criterios editoriales" para los medios públicos que deberán funcionar con un "marco de información autocentrado que tenga en cuenta el conjunto de la comunidad lingüística". Se habla igualmente de la "asesoría y sensibilización" a los periodistas para que "contribuyan a transmitir una idea de nuestra comunidad lingüística positiva y ajustada a sus dimensiones y vitalidad reales".

Los expertos y analistas que opinen en los medios serán objeto de "concienciación y estímulo" para que usen el catalán. Una de las propuestas contempladas es contactar con articulistas y periodistas de prestigio que sean cómplices de la normalización en el ámbito español. Se velará por "la corrección lingüística, la profesionalidad y la sensibilidad cultural de los programas" de los medios. Publicar y emitir en catalán será un requisito para recibir subvenciones públicas y, en general, las ayudas institucionales -desde el deporte a las entidades sociales- quedarán condicionadas por el uso de la lengua en las relaciones, actos y ediciones de medios.

El consejero de Presidencia, Albert Moragues, del PSOE, afirmó que el plan que estudiará el Gobierno no establece plazos para el conocimiento del catalán y que es un camino que se debe transitar.

Entre las 1.000 ideas y objetivos está lograr que todo el personal de la Administración que trabaje cara al público "tenga el conocimiento suficiente de las dos lenguas y use normalmente el catalán como lengua de trabajo". El manual no estipula sanciones pero habla del "seguimiento y evaluación del cumplimento de la normativa de normalización lingüística en los centros públicos, concertados y privados (de enseñanza), y adopción de las medidas pertinentes para enmendar las deficiencias".

El pleno del debate de las 1.000 ideas coincidió con la aprobación de un decreto autonómico que fija, como requisito, para todos los nuevos funcionarios del sector sanitario un conocimiento elemental oral y escrito de la lengua catalana, el nivel B. De inmediato se dictó una moratoria de hasta tres años para quienes obtengan alguna de las 4.000 plazas futuras. Dos sindicatos de médicos y enfermeros convocaron el miércoles manifestaciones de protesta, a las que acudieron 1.500 personas.

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PSOE
En precario
Clemente Polo Libertad Digital 4 Abril 2009

El Gobierno de España se ha metido en un avispero. La voluntad del Partido Socialista de Euskadi de desalojar al PNV del Gobierno vasco ha puesto a los nacionalistas en pie de guerra y ha dejado al PSOE sin el único soporte con el que contaba para sacar adelante los proyectos de ley en el Congreso. El Sr. Erkoreka, portavoz del PNV en la Cámara Baja y hasta ayer aliado circunstancial del Sr. Rodríguez Zapatero, se ha erigido en la voz más crítica del Ejecutivo y éste se ha visto en varias ocasiones obligado a cambiar el sentido de su voto para no perder una votación o aceptar tramitar como proyecto de ley el último decreto de medidas urgentes. Según informaciones publicadas, hay catorce proyectos de ley hibernando en la cámara refrigerada esperando la llegada de mejores tiempos, pero la situación se hará insostenible cuando se tramiten los presupuestos de 2010 cuya aprobación no admite espera.

El cambio de escenario propiciado por los resultados de las elecciones vascas ha sacado de su sopor a los partidos que gozaron del privilegio de ser socios imprescindibles del Gobierno en la pasada legislatura, los nacionalistas catalanes, cuya cotización ha subido muchos enteros en las últimas semanas. En seguida –¡siempre tan laboriosos ellos!–, se han aprestado a tender sus redes en las revueltas aguas para sacar el mayor provecho posible del último naufragio. Con su zafiedad habitual, el Sr. Puigcercós, secretario general de Esquerra Republicana de Catalunya, lo ha dejado bien claro: "Cataluña puede obtener un buen financiamiento si aprovecha que Zapatero está en precario" (El Periódico, 29 de marzo de 2009). Esta es la lógica del buen nacionalista. En la pasada legislatura lo que cayó en las redes fue nada menos que el nuevo Estatut de Cataluña, todavía pendiente de un recurso ante el Tribunal Constitucional. Ahora se trata de sacar la mayor tajada posible para "Cataluña", ese eufemismo con el que los nacionalistas catalanes encubren sus deseos de aumentar los recursos controlados por la Generalitat, importándoles un bledo si la distribución final entre todos los ciudadanos españoles es más o menos justa. (He mentado al diablo, ¿verdad?).

Lo malo de la situación presente no es que el Sr. Rodríguez Zapatero y su Gabinete estén en precario, sino que lo estén los intereses generales que representan las Cortes y el Gobierno de España. La situación no es nueva, pues en circunstancias similares se encontraron ya el Sr. González en 1993 y el Sr. Aznar en 1996 con resultados muy parecidos a los que se pueden pronosticar ahora: más recursos y nuevas transferencias de competencias para Cataluña. Desde una óptica estrictamente partidista, el ver al Sr. Rodríguez Zapatero pasando apuros en el Congreso, puede resultar jocoso y hasta reconfortante para quienes profesan un odio manifiesto a su persona y al PSOE. Pueden incluso estar en lo cierto quienes consideran que la precariedad del Gobierno mina su credibilidad y favorece las expectativas electorales del principal partido de la oposición. Sin duda. Pero lo cierto –¡seamos por una vez serios!–, lo terriblemente cierto es que la situación sería muy similar y sus consecuencias para el Estado muy parecidas, si fuera el PP el partido que dispusiera de una mayoría relativa en el Congreso y ostentara el Gobierno de España. Cambiar un partido por otro no resuelve nada. Esta es la tragedia que ha propiciado la deriva autonomista iniciada en 1993 y que alcanzó su aquelarre al aprobarse los nuevos estatutos de autonomía a la carta durante la pasada legislatura.

Dos cuestiones merecen ser consideradas. Primera: ¿por qué el Sr. Rodríguez Zapatero se ha puesto en una posición tan delicada en lugar de aceptar la oferta del PNV de compartir Gobierno en el País Vasco? Segunda, ¿por qué el acuerdo alcanzado entre socialistas y populares en el País Vasco no se puede extender al Congreso? En cuanto a la primera, estoy convencido de que los enemigos del Sr. Rodríguez Zapatero lo achacarán a su proverbial incompetencia o a alguna finalidad inconfesable y malévola. Más probable resulta, sin embargo, atribuirla al convencimiento del Sr. Rodríguez Zapatero de que hacía falta desalojar al PNV de las instituciones para intentar poner fin al desbarre independentista –Plan Ibarretxe– impulsado desde el mismísimo Gobierno vasco y potenciar la lucha de la Ertzaintza contra ETA. En cuanto a la segunda, el PP se ha mostrado generoso en el País Vasco porque no tenía ninguna posibilidad de gobernar y los nacionalistas son mucho más peligrosos para ellos que el PSE, pero su generosidad no es trasladable al Congreso porque tener al Gobierno enmarañado en las redes de los nacionalistas refuerza sus expectativas de ganar las próximas elecciones. A lo mejor, eso sí, en precario, con mayoría relativa ... y de nuevo vuelta a empezar entre las tenaces redes de los nacionalistas.

¿Alguna vez el PSOE y el PP serán capaces de poner los intereses generales por encima de sus intereses partidistas? ¿Por qué resulta más fácil pactar con los nacionalistas los Presupuestos Generales del Estado que con el principal partido de la oposición? Que tomen ejemplo de los Estados Unidos ahora que el presidente Obama parece ser un referente para ambos.
Clemente Polo es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Barcelona

Todos con todos
El cambio político que se inició ayer con la elección de Arantza Quiroga puede inaugurar también un nuevo tiempo que modifique el modo de entender la política en Euskadi
KEPA AULESTIA El Correo 4 Abril 2009

El cambio político que ayer se inició con la elección de Arantza Quiroga como presidenta del Parlamento vasco variará sustancialmente la composición de la mayoría que gobierne las instituciones autonómicas durante esta legislatura, con la importancia que ello tiene. Pero puede inaugurar también un nuevo tiempo que modifique más profundamente el modo de entender la política en Euskadi, de manera que las alianzas se presenten abiertas a cualquier acuerdo que ofrezca estabilidad, y las coincidencias puntuales no sean denostadas a causa de supuestas incompatibilidades ideológicas. Si la alternancia acaba entendiéndose únicamente como relevo entre nacionalismo y no nacionalismo, se producirán correcciones hoy que mañana pueden ser revisadas por una mayoría de signo contrario, y vuelta a empezar. Si eso ocurre, será por el vértigo que sienten los partidos vascos con sólo pensar que el flujo de votos de una elección a otra puede echar abajo los muros de contención entre siglas y los que distancian al mundo nacionalista del no nacionalista.

El interrogante no es tanto cuál va a ser la solidez y cohesión del pacto alcanzado entre socialistas y populares como cuáles serán los efectos que tendrá en el PNV su paso a la oposición. Si reforzará a los sectores más soberanistas, partidarios de la acumulación de fuerzas nacionalistas, o si desplazará el centro de gravedad jeltzale hacia el pragmatismo. Una segunda parte de este mismo interrogante es si las consecuencias que la pérdida del gobierno tenga en el PNV van a dar lugar a una apuesta política que sea duradera en el tiempo, o si la vigencia de lo que pasado mañana decida el EBB es meramente coyuntural. La respuesta a ambas preguntas dependerá de numerosos factores, incluida la continuidad o no de Ibarretxe en el Parlamento.

Pero lo más probable es que en el seno del PNV se imponga la tendencia común a mantener el equilibrio interno; a dejar que el péndulo patriótico siga oscilando de manera más o menos ostensible. Ésta sería su inclinación natural. El anuncio de que no darán «ni agua» ni le concederán cien días de margen al gobierno de Patxi López no es, necesariamente, sinónimo de radicalización. La inmediata réplica que el PNV dio a la convocatoria de huelga general para el 21 de mayo, tachándola de irresponsable, atestigua que evitará coincidencias con quienes podrían extremar su respuesta al nuevo Ejecutivo. El impacto de la crisis constituye, por otra parte, una razón disuasoria para que las instituciones que controla eludan la necesaria cooperación con el Gobierno de Vitoria.

En buena parte de la opinión informada se ha asentado la percepción del acuerdo suscrito entre PSE-EE y PP como si se tratase de un pacto transitorio. Como si supusiera el inevitable castigo que momentáneamente situaría al PNV en la oposición parlamentaria para, si acaso, devolverlo al gobierno autonómico una vez purgue su pena y se avenga de buen grado a la transversalidad. No es una hipótesis a descartar. Pero del peso que la misma adquiera en la conciencia de los principales actores políticos -nacionalistas, populares y socialistas- dependerá que el país avance hacia un tiempo nuevo o retroceda a situaciones ya conocidas. La única manera que el PSE-EE tendría de convencer al PNV de que nos encontramos ante un cambio de ciclo es que sus resultados en las elecciones locales y forales de 2011 se sitúen a la altura de lo que cabría esperar de un partido que ostente la lehendakaritza. De lo contrario, el PNV se sentirá castigado, pero por ello mismo conjurado en una política implacable de regreso a Ajuria-Enea. Porque, siguiendo con las hipótesis, tampoco sería descartable que PSE y PP se vieran obligados a continuar entendiéndose mientras representen la mayoría absoluta. A no ser que en cuatro años el juego de las alianzas se abra a la eventualidad de un acuerdo entre PNV y PP, como ya ocurriera en 1990.

En un horizonte más remoto asoma el ineludible regreso de la izquierda abertzale a la legalidad y, por tanto, a la vida institucional. La duda está en el cuándo y el cómo se producirá. De no darse a lo largo de la legislatura que comienza, habría que concluir que la trama etarra será incapaz de rectificar alguna vez; lo cual convertiría a Aralar en la desembocadura natural para su crisis. Pero la duda se refiere también a las consecuencias que la legalización de la izquierda abertzale o su agrupamiento en el partido de Zabaleta y Ezenarro podría tener en el juego de las alianzas. Durante la última tregua se especuló -como se vio, sin ningún fundamento- sobre la eventualidad de que una izquierda abertzale desarmada pudiera dar la espalda al PNV para ensayar un acuerdo a la catalana con los socialistas y los demás grupos de la izquierda parlamentaria. Es ésta una eventualidad más remota que el propio desarme. Pero la verdadera normalidad llegará a Euskadi cuando puedan abrirse paso los acuerdos de todos con todos.

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