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Recortes de Prensa    Domingo 3 Mayo 2009

 

Cómo sacar a España de la crisis
CONTENCIÓN DEL GASTO, rebajas de impuestos, privatizaciones y una profunda reforma laboral. Sólo con estas recetas, algunas de ellas amargas, saldrá España de la crisis, según sostiene el ex presidente Aznar en su último libro, editado por Planeta, que saldrá a la venta el próximo jueves.
José María AZNAR La Razón 3 Mayo 2009

Para superar la crisis económica, es imprescindible arrancar con un diagnóstico adecuado de los males de la economía española. Si se diagnostica mal la enfermedad, la terapia puede no sólo no curar al enfermo –la economía española–, sino que incluso puede agravar su salud.

Los socialistas, además de culpar inicialmente a Estados Unidos y más tarde a los bancos y banqueros, creen que los problemas de la economía española se limitan al sector de la construcción y a una caída del gasto privado, sobre todo, el consumo de las familias. Y pretenden hacer creer a los ciudadanos españoles que todo se arreglará cuando mejore la economía internacional, pero que, mientras, la solución pasa por el denominado «plan E», un plan de obras municipales que tiene como presupuesto el 0,8 por ciento del PIB español.

Un baño de realismo
Los socialistas recibieron en marzo de 2009 un insoportable baño de realismo cuando su gurú favorito, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, calificó de «aterrador» el actual panorama económico español y afirmó que la crisis será para la sociedad española «muy dolorosa» si la economía internacional va bien a partir de 2010, y «tremendamente dolorosa» si no es así.

Krugman, como la OCDE, el FMI y tantos otros analistas de prestigio, coinciden en subrayar el grave error de diagnóstico en que incurre el Gobierno. Todos ellos coinciden en que el problema económico español no está en la construcción ni en el consumo de las familias, sino que se llama falta de competitividad.

El principal problema económico español es que muchos productos españoles ya no pueden colocarse, a los precios actuales, no ya en el resto del mundo, sino en los propios mercados españoles. En buena medida, los consumidores españoles y extranjeros prefieren productos extranjeros antes que los españoles. Y no lo hacen porque sean antipatriotas, sino que, simplemente, a igualdad de precio, muchos productos extranjeros son de mayor calidad o, a igualdad de calidad, muchos productos españoles son más caros, por lo que no se venden.

Un elevado déficit exterior
Hay un dato significativo: España gasta un 10 por ciento más de lo que produce. Esto es lo que significa que nuestro déficit exterior sea del 10 por ciento del PIB. Y un déficit tan alto, que significa que pedimos dinero prestado cada año al resto del mundo por importe del 10 por ciento de nuestra renta, no se puede mantener.

Muchos analistas lo advirtieron. Argumentaron que el déficit exterior español era insostenible. Alertaron sobre la pérdida de competitividad, que acabaría por conducirnos a una grave crisis económica. Avisaron, mucho antes del estallido de la crisis financiera internacional, de que el vertiginoso crecimiento del déficit exterior auguraba muchos años de bajo crecimiento, o incluso de recesión (...).

Con el diagnóstico acertado sobre las causas de la crisis económica española, la única vía posible pasa por una agenda de reformas estructurales muy ambiciosa. Sin embargo, no es la vía elegida por el Gobierno, que ha optado por el camino equivocado. Ésta es, quizás, la razón de que el más profundo pesimismo se haya adueñado de los analistas más prestigiosos. Son conscientes de que el conjunto de iniciativas que podrían ayudar a España a salir de la crisis no está, en modo alguno, en la agenda política del Ejecutivo. La aguda desconfianza en la capacidad del Gobierno para sacar a España de la crisis se ha extendido de forma muy amplia y profunda, en España y en el extranjero.

La promesa del pleno empleo
La razón está fundada en los hechos. El Gobierno ha optado por una irresponsable huida hacia delante a partir de su errado diagnóstico, condicionado a su vez por la estrategia política con la que concurrió a los comicios de 2008, consistente en negar la crisis y prometer cuatro años de crecimiento y creación de empleo, hasta alcanzar el pleno empleo. Y es que conviene recordar que «Por el pleno empleo» fue justamente uno de los principales eslóganes electorales del PSOE en las elecciones generales celebradas en marzo de 2008, muchos meses después de que estallara la crisis financiera internacional. Los socialistas han decidido que su política será la de siempre: más gasto público, rechazo a la bajada de impuestos y rechazo frontal a las reformas. Todas estas políticas sólo servirán para agudizar la crisis.

Más gasto público
El socialismo nunca ha visto con buenos ojos la austeridad en el gasto público. Sobre todo en España. Esta nueva crisis no constituye una excepción. Quiero subrayar que cuando critico el incremento excesivo del gasto público no pretendo criticar las políticas presupuestarias contracíclicas normales. No se trata, por ejemplo, de recortar las inversiones productivas por parte del sector público precisamente en periodos de contracción del gasto privado. Uno de los errores de los socialistas ha sido precisamente haber incrementado mucho el gasto público en momentos en los que el gasto de las familias y empresas españolas crecía mucho, lo que es un grave error.

El Gobierno defendía teóricamente el equilibrio presupuestario a lo largo del ciclo económico, pero en la realidad lo que han hecho es incrementar de forma excesiva el gasto público cuando se incrementaban mucho los ingresos públicos, lo que supone una clara contradicción con lo que dicen defender.

En otras palabras, lo que a mí me preocupa no es tanto que en momentos de crisis el gasto público compense en parte la caída de gasto privado, sino otras tres cuestiones. La primera, que ese incremento del gasto público no sea temporal sino permanente, y que se «enquiste en el presupuesto». La segunda, que el mayor gasto público no se concentre en infraestructuras y otras inversiones productivas de futuro, sino en gasto público improductivo. La tercera, que ese incremento del gasto público sea excesivo e insostenible.

Un aumento sin control
Pondré un ejemplo: incrementar los salarios de los funcionarios públicos muy por encima de la inflación en un año en el que se destruirán más de un millón de empleos y el déficit público puede superar el 6 por ciento del Producto Interior Bruto.
La realidad es que el gasto público crece sin control, el déficit público se ha disparado y, lo que es aún peor, el discurso político no concede la menor importancia a la sostenibilidad de las cuentas públicas. Detrás de esa insostenible política de gasto está la pérdida del máximo rating de la deuda pública que ha provocado la política económica socialista, y que se transmite al conjunto de la economía. Las familias y las empresas españolas se ven perjudicadas por este deterioro del rating de la deuda pública española al ver racionado el crédito y tener, además, que pagar mayores tipos de interés.
Esta política socialista de seguir apostando por el incremento sin control del gasto público y del déficit público no hace sino agudizar la crisis.

Más funcionarios
El Gobierno ha rechazado la posibilidad de aplicar amplios recortes en las ofertas de empleo público. España tiene ya más de 3 millones de empleados públicos, y lo que ahora necesita no es incrementar el número de funcionarios, sino incrementar el empleo en el sector privado. Seguir incrementando el empleo público no hará sino contribuir a agudizar la crisis.
Las dos Comunidades Autónomas españolas con mayores tasas de desempleo son justamente aquéllas en las que más años lleva gobernando el socialismo (...).

He mencionado ya los perniciosos efectos sobre la economía y el empleo de parcelar el mercado nacional en mercados regionales mediante normas autonómicas que impiden la libre circulación de bienes, servicios y trabajadores. Y también los efectos negativos de las normas autonómicas que obligan a una empresa española a establecerse en una determinada Comunidad para poder trabajar en ella o para poder contratar con la Administración regional.

Sin embargo, el Gobierno parece decidido a avanzar por este camino equivocado, que inició con una errada política de impulso a las reformas de los Estatutos de Autonomía. Por este camino se agudizarán los efectos de la crisis.

A los socialistas les gusta subir los salarios a golpe de decreto. Especialmente el salario mínimo interprofesional. Es, para ellos, prueba inequívoca del carácter «social» de un Gobierno. ¡Y es tan fácil! Basta con que el Gobierno lo apruebe. Naturalmente, no son los socialistas, ni siquiera el Estado, quienes pagan esos incrementos del salario mínimo. Corren a cargo de los empresarios, normalmente dueños de Pymes y autónomos y finalmente de los trabajadores menos cualificados y experimentados que quedan excluidos de la posibilidad de conseguir un empleo.

La errada política territorial
La tentación del Gobierno en el presente es seguir por el mismo camino que en el periodo 2004-2009, es decir, seguir subiendo el salario mínimo muy por encima de la inflación. Y es un error. Porque una fuerte subida del salario mínimo por encima de la inflación inevitablemente condena al paro a miles de trabajadores, especialmente los menos cualificados de todos, porque para muchos empresarios deja de ser rentable su contratación.

La consecuencia de seguir incrementando el salario mínimo por encima del IPC será más paro, sobre todo entre los trabajadores menos cualificados.

En el marco de su desacertada política territorial, los actuales dirigentes socialistas decidieron abrir el melón de la financiación autonómica, a pesar de que en 2001 el Gobierno del Partido Popular acordó de forma unánime con todas las Comunidades Autónomas un modelo de financiación autonómica que tenía vigencia indefinida y resultó satisfactorio para todos.

El problema hoy es que el Gobierno persevera en una dirección que no es otra que la de incrementar las transferencias a las Comunidades Autónomas a costa de adelgazar aún más al Estado y de elevar –aún más– el déficit público, la Deuda Pública y los impuestos que pagarán mañana todos los españoles. Ni siquiera se plantea la pregunta de si ese dinero adicional, extraído del bolsillo del contribuyente, lo gastarán bien o mal las Comunidades Autónomas.
Es evidente que la consecuencia de todo esto es un deterioro de las expectativas de empresarios y familias, que saben que se incrementará su carga futura de impuestos. Esto no hace sino acentuar la crisis.
José María AZNAR

Ficha
- Título: «España puede salir de la crisis».
- Autor: José María Aznar.
- Edita: Planeta.
- Publicación: 7 de mayo.
- Sinopsis: El ex presidente del Gobierno enumera todos los errores cometidos por el Gobierno de Zapatero desde que estalló la crisis, que sólo han contribuido a agravarla, y defiende que únicamente con medidas valientes, como el recorte en el gasto público, las privatizaciones o una reforma laboral, se podrá salir a flote.
 

Cuando de la lengua se hace ideología
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 3 Mayo 2009

JOSÉ MORALES MARTÍN: La realidad lingüística de nuestro país es plural, fenómeno que supone una riqueza. Durante décadas esa pluralidad lingüística se pretendió silenciar y privatizar. Pienso que la utilización del idioma español como instrumento de uniformidad ideológica fue un tremendo error que hizo un flaco favor a un idioma que está entre los cuatro más usado en el mundo.

Pero eso es un fenómeno del pasado y sin embargo el uso ideológico del catalán, del gallego y del eusquera es cada vez más frecuente y sofocante. La grandeza de una cultura particular es su capacidad de abrirse a lo universal y eso es justo lo que están impidiendo los nacionalismos en España. El español es el segundo idioma que más se estudia en el mundo, cuenta con 14 millones de estudiantes en 90 países. En muchos ámbitos de Estados Unidos se ha convertido en la primera lengua.

Personalmente considero que no es la política adecuada, que cuando buena parte de la que va a ser la élite cultural de Occidente, intenta con esfuerzo utilizar la lengua de Cervantes, a los niños que la tienen como lengua materna no se les permita aprenderla correctamente. El mundo intenta aprender español y algunas Comunidades Autónomas pretenden convertirla en una lengua doméstica, marginal y de tradición oral. Es el absurdo de la ideologización. No tiene sentido que partidos con “visión universal” no acepten una ley que exige una tercera hora en la segunda lengua más leída y, a cambio, estén dispuestos aprobar otra que priva de libertades a los padres.

José Morales Martín
DNI: 71.246.596

AZNAR PROPONE UN GRAN ACUERDO NACIONAL PSOE-PP PARA SALIR DE LA CRISIS
Una coherente receta para la recuperación
Impresiones El Mundo 3 Mayo 2009

JOSE MARIA AZNAR publica esta semana España puede salir de la crisis, un ensayo que comprende a su vez un programa político y económico con el que el ex presidente pretende lanzar «un mensaje de confianza» poniendo negro sobre blanco sus propuestas para tomar la senda de la recuperación. En la extensa entrevista con Raúl del Pozo que hoy publicamos en Crónica, Aznar explica las razones que le han llevado a escribir este libro, descarta cualquier posibilidad de volver a la primera línea política y reflexiona sobre la crisis, el Gobierno, Rajoy, Obama y la situación política del país, además de desvelar su receta económica. Se puede coincidir o no con el análisis del ex presidente, pero resulta imposible no subrayar la coherencia y audacia de sus declaraciones.

El mismo político al que la prensa internacional atribuyó el denominado «milagro español» -en referencia al espectacular desarrollo de nuestra economía entre 1996 y 2004-, advierte de que «en épocas de crisis surgen los estadistas pero también los ratoncitos políticos», en clara alusión a Zapatero. Además, acusa al Gobierno de incrementar irresponsablemente el gasto público y el endeudamiento exterior, de dañar «las bases de la Transición» y de dilapidar los éxitos económicos logrados durante su mandato. Por todo ello, considera que este Gobierno «debería terminar cuanto antes» y, yendo más allá de lo recorrido por su partido, reclama «un gran acuerdo nacional» entre el PSOE y el PP. Entiende que, ambos, pueden establecer un diagnóstico correcto y acometer las decisiones oportunas, porque ante el deterioro económico «las cuestiones ideológicas no deben primar». Las políticas que propone Aznar serán discutibles, pero apoyamos -como hemos venido haciendo- la necesidad de un Pacto de Estado para afrontar la crisis y lanzar un mensaje de confianza.

Aznar reclama un «gran pacto entre los españoles» para abordar profundas reformas
Recetas para salir de la crisis
Editorial La Razón 3 Mayo 2009

Esta misma semana, la vicepresidenta Fernández de la Vega reclamó al principal partido de la oposición más propuestas concretas contra la crisis y menos críticas. La vicepresidenta se quejaba de que el PP instrumentalizaba la situación de adversidad para obtener un rendimiento político, pero que era incapaz de poner sobre la mesa sus propias fórmulas para afrontar un escenario tan complicado. Ese mismo día, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anunciaba un paquete de iniciativas para estimular la actividad, que fundamentalmente giraban en torno a la bajada de los impuestos y a un ahorro de gasto público con un nuevo adelgazamiento de la estructura del Gobierno regional. Las medidas de Esperanza Aguirre eran una continuación de las propuestas que Mariano Rajoy había presentado hacía unas semanas y que el Gobierno había despachado con una displicencia impropia.

Obviamente, las censuras del Ejecutivo al PP eran un recurso político que no iba a ninguna parte, porque los populares han planteado numerosas recetas financieras desde el comienzo de la crisis. En esta línea, el ex presidente del Gobierno José María Aznar ha reunido también sus planteamientos en esta materia con la pretensión de fortalecer ese discurso económico propio del centro-derecha español.

Aznar ha planteado su visión de la situación en un intenso libro titulado «España puede salir de la crisis». Para quienes desde posiciones de la izquierda, especialmente el Gobierno y el PSOE, trasladan a la opinión pública que la única política económica posible es la propia y que poco más se puede hacer más que aguardar a que el temporal amaine, Aznar responde con una batería de soluciones factibles pegadas a la durísima realidad que no esconde ni matiza en momento alguno de su análisis. Más allá del interés intrínseco de sus ideas para superar la recesión, Aznar tiene la autoridad moral y política del líder que se encontró en 1996, cuando llegó al Gobierno, una tasa de paro en España del 22,2% y la dejó en la mitad, que aumentó la tasa de actividad del 51% al 56% y que durante su mandato generó cerca de 5 millones de empleos, muchos de ellos para mujeres. Bajo su gestión, igualmente, la renta per cápita pasó de 13.300 euros en 1996 a 21.800 en 2004 y se redujo el déficit público español desde el 6,6% del PIB hasta alcanzar el superávit en 2004.

Todo ello favoreció la igualdad de oportunidades, el bienestar social, la estabilidad institucional, la entrada de España en el euro y el reconocimiento internacional. Ahora, Aznar reclama un «gran pacto entre los españoles» para emprender reformas tan profundas como necesarias, muchas de ellas, admite, «recetas que no son divertidas», pero que se dirigen al corazón de nuestros problemas.

En ese amplísimo catálogo de soluciones para afrontar el momento, se contemplan, entre otras, la contención en el gasto, las rebajas de impuestos, privatizaciones, una profunda reforma laboral, modificaciones para asegurar la sostenibilidad de las pensiones, reformas para mejorar la calidad de los servicios del Estado como supervisor o reformas en la regulación financiera para reforzar la transparencia y penalizar la falta de honradez empresarial. El ex presidente defiende con tino que «el problema de España no está en la construcción ni en el consumo, sino en una falta de competitividad», lo que es literalmente cierto. Estos cambios son los que el Gobierno prefiere ignorar, mientras responde con una demagógica pose sobre las maldades del liberalismo. Las recetas socialistas han multiplicado los números rojos y los parados. Cuanto más se demore la puesta en marcha de esta catarsis estructural, las complicaciones aumentarán. El pacto que defiende Aznar es una urgencia nacional.

El arte de la mentira
GERMÁN YANKE ABC 3 Mayo 2009

El presidente Rodríguez Zapatero anda metido en esa batalla de los análisis. A veces le parecen catastrofistas como antes le parecieron antipatriotas. En otras ocasiones dictamina que los informes, las declaraciones o las propuestas sólo consiguen un efecto nocivo, la preocupación de los ciudadanos, la alarma. Y con ese bagaje, que no es otra que tratar de poner muros de contención a lo que se le va de las manos, se llena su tiempo.

No todo, porque, cuando cae el PIB en barrena, dice que lo peor de la crisis ha pasado. Y cuando se descalabra el superávit de la Seguridad Social, que todo está controlado y se mantendrán y aumentarán las pensiones. El desastre de las previsiones económicas del Gobierno es ya una constante que comienza mucho antes de que la crisis se hiciera evidente, como si tanto alto e inteligente funcionario no dispusiera de las herramientas y los datos de los demás que, a izquierda y derecha, en casa y en el extranjero, iban encendiendo las luces de alarma y señalando nuestras deficiencias. Pero eso, al parecer, intranquiliza y la misión del presidente es, ante todo, calmar los ánimos. Como sea, con otros datos, con largas disquisiciones sobre el progreso de España a lo largo de los siglos, con la promesa de la protección social, que resulta ser el único recurso propagandístico y de imagen. Nadie puede reprocharle este objetivo pero, como dicta el sentido común, no Rajoy ni Fernández Ordoñez ni un señor de derechas de Cuenca, sino el ex presidente González decía claramente hace unos días que sin crecimiento económico no hay incremento posible ni seguramente subsistencia del Estado del Bienestar.

En 1773, el agitador y panfletista Jonathan Swift publicó El arte de la mentira política como avance y anuncio de un futuro libro, que ha sido publicado ahora en la colección de pequeñas joyas bibliográficas de la editorial Sequitur. No es precisamente una diatriba contra la mentira, sino una suerte de irónico manual para hacerla eficaz bajo una premisa a la que parece haberse abonado el presidente del Gobierno: el pueblo, que tiene derecho a la mentira para cargarse a los políticos que no le gustan, no tiene derecho a la verdad. Hay falsedades «saludables», que evitan problemas y sirven a los intereses políticos. Si el primer lector del opúsculo traducido por Francisco Ochoa ha sido el presidente Rodríguez Zapatero se me escapa, pero parece convencido de que la verdad sobre la economía es nociva y hay que restringirla o velarla para que nadie se desmande, se renueve la confianza y se acepten las decisiones o la falta de ellas en algunas materias del Gobierno.
Protestan los grupos de la Oposición en el Congreso, que ya son una mayoría, y exageran: se responde con nuestra hipotética resistencia y con alguna «mentira profética» sobre el fin de la crisis.

La dificultad del presidente es que, como ya no se puede callar y desacreditar a todo el mundo, el desengaño avanza a tal velocidad que pronto rebasará a las «mentiras saludables» y que, además, en este último escenario, si se quiere mantener la coherencia, es imposible poner en marcha las medidas y reformas necesarias. Zapatero debe dar un giro al timón. Si la mentira política es necesaria para algunos objetivos cuando se despacha en exceso pierde sus efectos. Swift propone una cura para recuperar el crédito: no decir, durante tres meses, nada que no sea verdadero. ¿Será posible aquí?

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Un grupo de encapuchados ataca en Bilbao tres sucursales bancarias
R. N. La Razón 3 Mayo 2009

BILBAO- Los violentos volvieron ayer a hacer acto de presencia por las calles de Bilbao. En esta ocasión, un grupo de encapuchados atacó a primera hora de la tarde diferentes sucursales bancarias ubicadas en la calle Sombrerería del Casco Viejo bilbaíno, en donde también quemaron dos contenedores, tal y como informaron fuentes de la Ertzaintza. Según explicaron, los distintos ataques callejeros tuvieron lugar aproximadamente a las 13:50 horas, cuando los autores rompieron uno de los cristales de una sucursal del Banco Popular, causaron destrozos en un cajero automático de Ipar Kutxa y, poco después, apedrearon otro cajero del Banco Santander. Sin embargo, no se detuvieron ahí y, tras ello, también prendieron fuego a dos contenedores de basura cercanos, que tuvieron que ser apagados por los Bomberos, informa Ep. En ninguno de los incidentes se registraron heridos y, al cierre de esta edición, no se había detenido a ninguna persona por estos hechos.

También en Vitoria Pero estos no han sido los únicos actos de violencia callejera registrados en el País Vasco. Así, esta misma semana varias personas destrozaron también otras tres sucursales bancarias de La Caixa, Caja Laboral y Caja Vital en la ciudad de Vitoria. Además, según informaron desde el Departamento vasco de Interior, el mismo grupo de radicales destrozó una cabina de la ONCE y quemó varios contenedores situados en la zona de la calle Fundadores de la capital alavesa. Todos estos ataques se producen a pocos días de que el candidato socialista Patxi López sea investido como nuevo lendakari vasco, acto que tendrá lugar el próximo martes en el Parlamento de Vitoria.
 

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