AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 21  Junio 2009

 

Concentraciones contra ETA: anatomía de otro instante
Roberto Blanco Valdés La Voz 21 Junio 2009

Llevo años asistiendo puntualmente a las concentraciones contra ETA que tienen lugar después de cada atentado de la banda terrorista. Tanto tiempo que ha llegado a hastiarme el mecánico desarrollo de un ceremonial tan hueco como enfático cuyo objetivo principal, cuando no único, parece ser el de dar a los políticos presentes una nueva ocasión de lucimiento.

No se entiende, de otro modo, que, más allá del puñado de ciudadanos de a pie que solemos vernos en los actos de protesta una y otra vez, la lista de asistentes, reducida a la de los cargos públicos presentes, vaya cambiando al mismo ritmo con el que aquellos cargos se renuevan. Pues si es lógico, sin duda, que quien representa a un colectivo asista en su condición oficial al acto de condena, no lo es que, una vez destituido en el cargo, a aquel que lo ostentaba no se le vuelva a ver el pelo, ya como simple ciudadano.

Dado que, con honrosísimas pero muy pocas excepciones, eso es exactamente lo que suele acontecer, cabe extraer de esa forma de actuar una dura pero evidente conclusión: que el convencimiento de que hay que dar público testimonio de rechazo a los crímenes de ETA dura tanto como el desempeño del cargo que se ocupa. A confirmar esa desesperanzadora deducción contribuye también la realidad de que a la inmensa mayoría de los que se estrenan, como cargos políticos, en las citadas concentraciones antiterroristas, no se les había visto nunca antes por allí.

En todo caso, en tales concentraciones no solo llama la atención la forma poco edificante en que oscila la lista de altas y de bajas, sino también su idéntica liturgia: de un lado, los representantes oficiales ocupando un escenario virtual, frente a los medios de comunicación; de otro, el público (pues ese es el trato que a la postre se le da) viendo cómo los periodistas dejan constancia de que allí estaba fulano y perengano, que luego saldrán en los telediarios de la tarde y de la noche y al día siguiente en las portadas de todos los periódicos. En ninguna ocasión -y en mi caso han sido muchas- he visto a los políticos hacer un gesto de cercanía hacia la gente, ni estar preocupados de otra cosa que de saludarse entre sí y salir bien en las fotos.

Es solo un instante lo que duran esas concentraciones de repulsa, pero de su desarrollo podrían sacarse conclusiones que nos ayudarían a entender por qué llevamos padeciendo la brutalidad etarra desde hace tantos años. Y es que, como ha mostrado Javier Cercas en su interesantísimo Anatomía de un instante, algunos gestos -como el de Suárez no echándose al suelo en el Congreso el 23-F- valen más que mil palabras. Los millones de palabras pronunciadas contra ETA suenan, de hecho, cada vez más vacías de sentido.

Nuestra camorra
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 21 Junio 2009

¿SIGUEN diciendo que el problema vasco es un problema político? ¿Siguen propugnando una solución negociada? Pues quien lo siga diciendo -no importa que sea político, clérigo, empresario, administrativo o Perico de los Palotes-, lo que en realidad defiende es el derecho de los terroristas a matar a su antojo y la obligación de las personas decentes de dejarse matar como corderos. Hablando en plata: están defendiendo la forma más artera el terrorismo.

No hacía falta el asesinato del inspector de Policía Eduardo Puelles para confirmarlo. Lo sabíamos de sobra, aunque ETA tiene que confirmárnoslo de tanto en tanto con su macabra procesión de muerte. No quieren, no pueden, no saben hacer otra cosa, tras tantos años haciendo lo mismo. Con ETA sólo cabe una «política»: derrotarla, palabra que siguen sin pronunciar algunos allá arriba, como si les costara articular la doble erre, pese a la rotundidad de la lengua vasca, por lo que se buscan eufemismos, como «acabar con», último de la serie, que se acerca a derrotar, sin serlo exactamente.

Pero no sólo hay que derrotar a ETA. Hay que derrotar también al entorno de ETA, esa red mafiosa de complicidades que permite a los asesinos asesinar, que les transmite los datos para cometer sus asesinatos y les proporciona cobertura para escapar de la escena del crimen. O sea, que sigue habiendo cómplices de los asesinos, tan asesinos como ellos, disfrazados de ciudadanos honorables.

Esa es la mala noticia. La buena, que las cosas empiezan a cambiar en el País Vasco. Por lo pronto, hay nuevo gobierno y la Ertzaintza ya no recibe órdenes de hacer la vista gorda con los etarras, pese a haber recibido también de tanto en tanto sus zarpazos. Luego, en el Parlamento vasco ya no hay votos negativos y abstenciones a la hora de condenar un atentado. Por último, los contertulios del asesinado no han seguido la partida de mus tras el crimen, sino que han salido a manifestarse. En cualquier país regido por la libertad y el derecho, esos tres supuestos se darían por sobreentendidos. Pero en el País Vasco, donde la libertad ha sido ahogada por el miedo y los derechos más elementales, empezando por el de la vida, vienen siendo pisoteados a diario, son pasos de gigante.

ETA puede seguir matando -¡es tan fácil matar a una persona decente!-, pero quienes recogen los frutos de sus asesinatos ya no están donde estaban para recogerlos. Por otra parte, la banda criminal ya no lucha con un adversario con un brazo atado, sino que sus víctimas están dispuestas a defenderse. Y si algo ha quedado demostrado es que los etarras, aparte de unos asesinos, son unos cobardes, que sólo matan cuando tienen aseguradas la huida y la impunidad. Ahora saben que van a ir a buscarlos a las madrigueras de donde partieron, para ponerlos entre rejas, donde pertenecen como alimañas.

¡Todos contra ETA!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 21 Junio 2009

No hace mucho tiempo que el mismo que hoy habla de “firmeza inquebrantable” en la lucha antiterrorista contra ETA, llamaba a Otegi y de Juana Chaos “Hombres de paz” y abogaba por el diálogo. Entonces ¿a quién hemos de creer?¿ A aquél que desoyendo cualquier advertencia sobre comportamientos pasados y la falta de credibilidad en las falsas treguas se obcecaba en querer pasar a la historia como “el gran pacificador de Euskadi? ¿O debemos ahora creer a este nuevo adalid de la lucha anti terrorista, que incluso cuando el atentado de la terminal del aeropuerto T4 de Barajas se escondió de la opinión pública para no ceder en su “plan de paz”?

ETA sigue matando y lo hace a traición y cuando puede. Usa la bomba lapa, el coche bomba o el tiro en la nuca por detrás, como cualquier cobarde asesino. ETA sigue activa a pesar de que una y otra vez se detiene a sus cabecillas o capos, porque hay una parte de la sociedad vasca, que está manchada con la sangre de los inocentes que ETA asesina. ETA sigue porque hay un grupo de nacionalistas que aunque dicen constantemente que debe desaparecer, durante los 25 años que han estado en el poder no han movido ni un dedo para que fuera realidad. ETA sigue activa porque los papeles de la mezquindad y de la hipocresía de unos políticos están repartidos. Unos hablan de paz, mientras otros ponen las bombas.Unos mueven el árbol y otros recogen las nueces.

Y en este escenario es cuando ahora se quieren poner al frente de la lucha el Sr. Zapatero y el Sr. López del PSE. Nunca es tarde si al final podemos entre todos los demócratas acabar con esta lacra de la sociedad española y, como ha dicho el nuevo Lehendakari, que estos terroristas acaben conociendo el camino de la cárcel. Mientras tanto, seguiremos en pie soportando nuestro duelo por otra víctima inocente caída por la barbarie terrorista, resuelta a imponer su ideología y sus pretensiones secesionistas por la fuerza bruta y no por las vías democráticas.

Muchos han muerto ya y otros han querido silenciar las justas reivindicaciones de Justicia de las víctimas del terrorismo etarra. De ser abanderados de su plataforma e incuestionables defensores, han pasado a considerarles como molestos compañeros y relegarles al olvido e incluso a la expulsión, como fue con Dª María San Gil. Así que ahora, de poco valen las adhesiones y las grandes frases de apoyo, cuando los hechos lo desmienten y dejan entrever la hipocresía y la demagogia de su discurso.

Hoy es hora de hacer el duelo, pero también de mirar con decisión al futuro y para eso, la sociedad española no necesita de intermediarios que le tomen la palabra y se apropien de sus sentimientos. Igual que pasó aquél julio de 1997 tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, ahora los ciudadanos deben tomar las calles y pintarse otra vez las manos de blanco para mostrar a ETA y sus secuaces que le apoyan que no nos vamos a rendir y que aquí estamos para ser su diana. Aunque deben tener en cuenta que ellos son también la diana de la sociedad española y al final terminarán abatidos y derrotados.

Propongo que se movilice la ciudadanía española y dé una respuesta contundente a este nuevo ataque al pueblo español. Propongo que se les aísle y se les haga sentir en sus nucas el miedo y el terror que ellos levan infligiendo a la sociedad durante tantos años. ¡Todos a la calle contra ETA!

Un acuerdo de Estado
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO, Rector de la Universidad Rey Juan Carlos ABC

ESTOY convencido de que no existe ámbito más necesitado de un Pacto de Estado, y además urgente, que el relativo a la educación. Una materia desde donde hace demasiados años, quizá desde el mismísimo momento de la elaboración de la Constitución de 1978, la falta de responsabilidad institucional, la bandería ideológica, el sectarismo de facción, la ausencia de generosidad de miras y una falta de respeto a padres y alumnos han situado la educación en el furgón de cola de los Estados de nuestro entorno social, económico y político, con quienes nos miramos y debemos competir. Los recurrentes datos brindados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) no dejan lugar a dudas: más del treinta por ciento de los alumnos no finaliza sus estudios de bachillerato (frente al 15 por ciento en la Unión Europea), muchos de nuestros estudiantes no alcanzan un empleo vinculado a su formación universitaria y estable, al tiempo que nuestro gasto en educación -a pesar de los incrementos- dista de asemejarse al de nuestros vecinos. A lo que se suma un inaceptable índice de abandono escolar, una deficitaria política de becas, unas retribuciones insuficientes del profesorado, un desafortunado fraccionamiento del mapa nacional, etc., que nos alejan de los objetivos fijados en Lisboa para 2010. El Presidente del Banco Santander, Emilio Botín, dentro de la Junta General de Universia, ratificaba el diagnóstico: «Hay que afrontar una reforma urgente, eficiente y consensuada del sistema educativo». El reto es gigantesco: erigir un modelo de sociedad construida, precisamente, sobre el conocimiento.

Hay muchas causas y de variada naturaleza para explicar tan sonoro fracaso, pero ahora deseo resaltar una por encima de todas. Me estoy refiriendo a la imposibilidad de nuestra clase política, ¡en más de treinta años!, de suscribir un Pacto de Estado, una política de Estado en materia educativa. Una política sin embargo vertebral y vertebradora en un Estado moderno y cohesionado. Desde que nuestros constituyentes se pusieron de acuerdo en cerrar los contenidos del artículo 27 de la Constitución, que fue capaz de encontrar un equilibrio entre el derecho a la educación -irrenunciable competencia del Estado- y la libertad de enseñanza -la garantía de que los padres puedan escoger la formación que estimen más conveniente para sus hijos- (las dos caras de Jano de la cuestión), el compromiso ha sido imposible. La razón de la frustración no es difícil de atisbar. François Mitterand, quien fuera presidente de la V República francesa, lo avezó con clarividencia: «Hoy para cambiar la sociedad no es necesario tomar el Cuartel de Invierno, basta con tomar la escuela».

La educación habría de ser siempre una política de Estado por dos motivaciones. La primera, por su incuestionable trascendencia; estamos ante una política estructural, como lo son también las políticas en materia territorial, internacional, inmigración, etc. La segunda, porque requeriría al menos -por más que sea un convencido de instar el mayor acuerdo posible entre las fuerzas políticas y sociales- del consuno de los dos grandes partidos nacionales; de no ser así, la normativa aprobada exclusivamente por quien detenta hoy el Poder será inmediatamente revisada cuando quien se halla en la Oposición -que no fue consultada en su momento- alcance el Gobierno. Si no es así se pierde una de las características de toda política de Estado: la perdurabilidad. La educación no puede ser moneda de transacción política. Vean si no el despropósito de estos últimos treinta años.

Así, en un primer instante, se aprobaba la Ley Orgánica del Estatuto de Centros Escolares (LOECE) de 1980, en tiempos de UCD. En un segundo momento, y ya durante los inmediatos Ejecutivos del PSOE, se promulgaban la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) de 1985, la Ley Orgánica de Reforma Universitaria de 1983 y la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) de 1990. Después llegarían, en tiempos del PP, las leyes orgánicas de Universidades (LOU) de 2001 y de Calidad de la Educación (LOCE) de 2002. Y ahora, con el actual gobierno del PSOE ¡el fatalismo pendular!, la Ley de Reforma de la Ley Orgánica de Universidades de 2007. Más de media docena de leyes en treinta años, haciendo y deshaciendo suicidamente lo realizado, como dilapidadoras Penélopes, muy lejos pues del anhelado consenso y de una irrenunciable estabilidad.

De aquí el acierto de Ángel Gabilondo, ministro de Educación, y antes excelente rector de la Universidad Autónoma de Madrid, de auspiciar, desde las páginas de este periódico, un gran Pacto Educativo. Nunca, sin duda, más necesario. Una llamada al acuerdo entre formaciones políticas, asociaciones de padres, alumnos, centros escolares y universidades, patronales de la enseñanza privada-concertada, agentes sociales y empresariales, Estado central y Comunidades Autónomas. Un acierto, señor ministro, que desde aquí deseo resaltar, y al que me sumo. Al efecto, la constitución de tres mesas de diálogo (con los Grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados, a través de la Comisión de Educación, en la Conferencia Sectorial de las Comunidades Autónomas y con los agentes sociales y organizaciones interesadas) puede ser un buen instrumento de diálogo. Dicho esto, ¿cuáles habrían de ser sus contenidos específicos? Muchos, y además problemáticos. Les voy a apuntar, no obstante, lo que podría ser un prioritario, ineludible e inmediato Decálogo educativo.

Primero: la fijación de unas materias comunes, que no quiere decir un régimen uniformizador, pero sí homogéneo, en el territorio nacional. Nada hay más perverso que la fragmentación de conocimientos -exaltadora de lo particular y nimio- con tal de que sea diferenciador o excluyente, cuando no la reescritura falsaria de la historia. Un adecuado además instrumento de cohesión interterritorial. Una actuación que obligaría a la asunción de una postura proactiva por parte del Estado, sin desconocer, de ser requerido, el papel de su Alta Inspección. Segundo: la pertinente socialización de la enseñanza, que ha permitido el acceso a la educación de la ciudadanía, con independencia de la condición social y económica, no puede hacerse a costa de la preservación de la calidad y la excelencia; de otra forma, se deteriora la educación y se atenta contra el principio de igualdad. Tercero: el restablecimiento de la autoridad y la disciplina de los directores, responsables y profesores. Cuarto: la dignificación del profesorado y la mejora de sus condiciones laborales. Quinto: poner fin a las tensiones en la ordenación de las relaciones con la enseñanza privada y concertada. Sexto: un esfuerzo económico añadido. Un compromiso explicitable en los Presupuestos del Estado y de las Comunidades Autónomas. Séptimo: la reivindicación de una menospreciada formación profesional. Octavo: la modernización de las técnicas de estudio y el impulso de las nuevas tecnologías. Noveno: la atención a conocimientos básicos, como lengua -¡ojo con la política lingüística!-, historia, matemáticas y ciencias naturales. Décimo: la sintonía, cada uno dentro de su independencia, entre Universidad y Empresa.

De no ser así, seguirán resonando para nuestro escarnio las palabras de Giner de los Ríos (La Universidad española) en el ya lejano año de 1916: «en esta falta de concurso de todos géneros, material y moral, donde el valor de la educación es tan secundario, y el amor a las cosas científicas uno de los últimos; donde la escasa cultura de nuestras clases acomodadas no les permite interesarse por saber cómo son esas cosas, ni siquiera porque otros lo averigüen, y donde hasta el hombre opulento y piadoso, cuando se resuelve servir a la religión con su fortuna, le da al convento antes que al seminario, no es maravilla que el nivel medio de nuestra enseñanza no pueda ser muy elevado». El futuro está en nuestras manos.

¿Qué modelo de sociedad están construyendo los nacionalistas?
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 21 Junio 2009

El nacionalismo pseudodemocrático siempre ha colaborado, de una manera u otra, con los terroristas y los violentos. Son conocidas de todos las reuniones de Arzallus con la banda nacionalista y terrorista ETA gracias a los documentos incautados a ésta. La colaboración entre el nacionalismo pseudodemocrático y el nacionalismo violento en el País Vasco ha quedado patente en el libre "El árbol y las nueces" de Carmen Gurruchaga e Isabel San Sebastián. Arzallus no ha podido querellarse contra José Días Herrera e Isabel Durán por su libro "Arzalluz. La dictadura del miedo", pues la documentación y las pruebas aportadas por ambos periodistas es abrumadora y muy difícil de negar.

Aplausos de etarras en París por el asesinato de Eduardo Puelles
El viernes pasado, varios etarras sentados en el banquillo del Tribunal de lo Criminal en París aplaudieron durante unos segundos cuando se hizo alusión al atentado en el que perdió la vida Eduardo Puelles García en Arrigorriaga. Eran ocho miembros de la banda nacionalista y terrorista ETA. Después de que Laurent Hury, capitán de la subdirección antiterrorista, repasara las fechas claves de la banda nacionalista y terrorista y añadiera que "esta mañana un funcionario de policía ha muerto en la periferia de Bilbao", los terroristas rompieron a aplaudir por el brutal crimen en pleno juicio. El ex jefe etarra Félix Ignacio Esparza Luri y tres subalternos suyos –José Ceberio Ayerbe, Jon Kepa Preciado Izarra y Jon González González- lanzaron aplausos y vítores sin que nadie en la sala lo evitara.

El fiscal Christophe Teissier reaccionó rápidamente y pidió al presidente del tribunal, Didier Wacogne, que hiciera cesar "ese tipo de manifestaciones", pero la demostración de fanatismo y deshumanización de los nacionalistas violentos quedó bien patente a los ojos de todos.

Amenazas de muerte a Albert Rivera
Recordemos que hace pocos días fueron condenados a prisión los miembros de las Juventudes de ERC que amenazaron de muerte a Albert Rivera. Los miembros de las Juventudes de Esquerra Republicana de Cataluña (JERC) acusados por haber amenazado de muerte en septiembre de 2007 al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, han sido juzgados y condenados a un año y 10 meses de cárcel por delito de amenazas, con el agravante de motivos ideológicos, y al pago de 2.500 euros por daños morales, más las costas del juicio. Pero, curiosamente, los acusados todavía no han sido expulsados aún de la formación catalanista.

Los hechos ocurrieron el 19 de septiembre de 2007 cuando Josep Maria E.V. y Jordi G.F., que entonces tenían 18 años, amenazaron de muerte al líder de Ciudadanos enviándole a su casa de La Garriga (Barcelona) una carta intimidatoria y una foto suya pintada de rojo con un cartucho de bala en la frente, todo firmado por la organización Segadors Catalans, en realidad miembros de las juventudes del partido del sonriente Carod Rovira.

En su carta, los jóvenes “invitaban” a Rivera y a Ciudadanos a abandonar Cataluña o, si no cesaban en dos meses su “política incoherente” y “anticatalanista”, sería “expulsado por la fuerza o enterrado para siempre”. También mentaban que “no querían utilizar la bala” que le habían mandado.

Albert Rivera, a la salida de la Audiencia Provincial de Barcelona, ha dado las gracias a los compañeros, a los abogados del partido y a todos los ciudadanos anónimos que le han apoyado en todo momento y ha puesto el dedo en la llaga al preguntar: “¿Qué modelo de sociedad están construyendo los que gobiernan? Algo se está haciendo mal cuando el totalitarismo y la amenaza son la forma de entender la política de algunos radicales”. […] “Los nacionalismos son perjudiciales porque imponen modelos de pensamiento único y debemos trabajar por una sociedad que base su futuro en todo lo contrario: la pluralidad y la democracia”.

Con la cantidad de dinero que recibirá Rivera por los daños morales hará una donación a las asociaciones de víctimas del terrorismo, las cuales, según Rivera, “saben lo que es este sufrimiento”.

Sigamos recordando
Poco antes de que la noticia saliera publicada en la prensa el día 12-06-2009, dos erchainas afirmaban que el Gobierno del PNV les había ordenado no actuar contra ETA.

Así se publicó la noticia en ABC.es: Un suboficial y un agente de la Erchaincha entrevistados por Antena 3 aseguran que durante el Gobierno del PNV existía una predisposición política a no detener a los miembros de la izquierda aberchale. «Hemos recibido órdenes directas de superiores para no actuar contra ETA y su entorno», aseguraron en un vídeo los dos erchainas.

En una entrevista exclusiva, concedida a Daniel Samperio y Alberto Fernández, los dos miembros de la policía autonómica vasca se muestran esperanzados con el cambio político y esperan relanzar ahora su imagen, desprestigiada por la casi nula acción contra los terroristas y su entorno durante la etapa anterior.

«Es mi mayor ilusión -reconoce uno de los erchainas- poder leer en la prensa que por fin hemos cogido a un comando de ETA desde la investigación, y no desde la casualidad».

Reconocen, sin embargo, que no será tarea fácil. Aseguran que existe dentro del cuerpo un complot contra el Ejecutivo de Pachi López. «Hay bastantes altos mandos que están en la órbita del PNV», por lo que, aseguran «habrá que mirar con lupa a mucha gente».

Saquen ustedes sus propias conclusiones.

El manto de Emilia Casas
M. MARTÍN FERRAND ABC 21 Junio 2009

PENÉLOPE de Ítaca, pobrecita, tardó veinte años en tejer el manto con el que preservó su fidelidad a Ulises. No le va a la zaga María Emilia Casas, que ya lleva más de tres tratando de atisbar algún indicio de inconstitucionalidad en el Estatuto de Cataluña. Penélope defendía su propia virtud y Casas, se supone, trata de preservar lo que le queda de prestigio, que no es mucho, al Tribunal Constitucional que preside. Tarea imposible hasta para una crónica de Homero porque, además de ser una institución innecesaria, ha hecho tan mal uso de sus prerrogativas que no alcanza los niveles de respeto ciudadano al que debe aspirar una institución tan rimbombante.

El manto de Penélope era suyo, de ella misma. No así la Constitución del 78, que no es de Casas. Es de todos. Incluso de los catalanes, que ya llevan tres años de vigencia y aplicación de un Estatut que, en escasa sintonía con el espíritu del Título VIII, es un elemento de distorsión en el entendimiento nacional español y puede serlo más todavía, tanto si la sentencia del TC lo ratificara como si lo limitase. El tiempo agranda cualquier problema político y entra en la responsabilidad de quienes lo administran en su aplicación pública tratar de reducirlo y no alargarlo como si una conjunción astral más propicia pudieran ejercer sobre los problemas un efecto taumatúrgico.

Ha dicho Casas, que a diferencia con Penélope trabaja arropada por otros magistrados como ella y cientos de letrados, ayudantes y auxiliares, que actúa sin atender «la agenda política». ¿Sí? ¿Puede haber algo más político que un Tribunal Constitucional? Hasta en el franquismo, cuando la política partidista emitía vapores sulfurosos y se entendía como génesis de todos los males de España, a lo que hoy llamamos Derecho Constitucional se le decía, creo que con mayor propiedad, Derecho Político. ¿Puede ser eso algo que no discurra por las coordenadas del tiempo y del interés cívico?

Los hechos y el paso de los días van asentando en Cataluña el Nou Estatut, resulte o no constitucional. Quizás el PP no andaba errado cuando, hace tres años, pretendió recusar, sin éxito, a la presidenta Casas a la vista de que su marido, Jesús Leguina, había participado en un dictamen sobre el particular por encargo de la Generalitat. El tiempo no es nunca un factor inocente en el desarrollo de los acontecimiento. No es neutral

De la lengua española
Francisco Vázquez Embajador de España cerca de la Santa Sede La Voz 21 Junio 2009

Se podría afirmar que la ceremonia de presentación en sociedad de la lengua española tuvo lugar en Roma con ocasión del discurso que el emperador Carlos V pronunció en la corte pontificia un 17 de abril de 1536 ante el papa Pablo III Farnesio, y en presencia de los embajadores y los miembros del colegio cardenalicio.

Venía el emperador de haber triunfado en su campaña de Argelia frente a los piratas berberiscos y, con ocasión de su victoria, había descubierto las pruebas de la alianza que su gran rival, Francisco I, rey de Francia, mantenía con el turco Barbarroja. Indignado por esa traición a los intereses de la cristiandad, Carlos V se desplazó a Roma para denunciar ante el Pontífice las arteras maniobras del rey francés.

Era costumbre en aquella época que los discursos se pronunciaran en latín o en su caso en la lengua francesa, que ya por entonces estaba considerada como el idioma diplomático por excelencia. Pero nuestro rey-emperador se arrancó con un enérgico discurso en lengua española que duró más de hora y media, en el que recogió los agravios recibidos y reflejó su compromiso con la paz.

Estaba presente el obispo de Maçon, por entonces embajador francés, el cual interrumpió la intervención real protestando porque fuera pronunciada en español. Carlos V, sin perder la tranquilidad, pronunció una frase que ha pasado a la historia: «Señor obispo, entiéndame si quiera y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida por toda la gente cristiana».

De esta manera, en Roma, cuna del latín, Carlos V convirtió lo que hasta entonces se consideraba una fabla nacional, en idioma diplomático y universal, con el mérito añadido de no ser el español su lengua materna ya que, por su origen borgoñón, no lo aprendió hasta bien entrado en años, habiendo sido curiosamente uno de sus primeros discursos en español el que pronunció en 1520 ante las Cortes reunidas en la ciudad de La Coruña, donde, para subrayar su compromiso con España, dijo: «He aprendido nuestra lengua».

La importancia del español se vio reforzada en Roma por la presencia posterior de dos de nuestros más universales creadores. En efecto, en Roma estuvo entre 1569 y 1570 Cervantes, que viajó como camarero del cardenal Giuliano Acquaviva, que lo había tomado a su servicio. En una de sus Novelas Ejemplares, El licenciado Vidriera , Cervantes describe su admiración por la urbe, que define como «la reina de las ciudades y la señora del mundo», aunque es sabido que sus preferencias se inclinaban por Nápoles, a la que consideraba «la mejor ciudad de Europa y aún de todo el mundo».

Precisamente desde Nápoles, en 1617 viajó Quevedo a Roma, posiblemente acompañado de su amigo el capitán Alatriste. Venía como enviado de su protector el duque de Osuna, virrey de Nápoles, para llevar a cabo una misión diplomática ante el papa Pablo V Borghese. En Roma Quevedo tuvo la oportunidad de presenciar el juicio de Galileo, pero el impacto más profundo de su estancia se lo produjo la visión de la propia Ciudad Eterna, hasta el punto que le inspiró la creación de varias poesías. Decía Quevedo en una hermosa silva: «Esta que miras grande Roma agora ya del mundo la ves reina y señora». En otros preciosos versos definía perfectamente el espíritu papal de la antigua ciudad imperial escribiendo: «Con los sumos pontífices, gobierno de la Iglesia, te viste en un solo día reina del mundo y del cielo y del infierno».

No es de extrañar con estos ilustres antecedentes la importancia que hoy en día tiene en el Estado Vaticano nuestra lengua. En la Iglesia universal el italiano va paulatinamente ocupando el espacio antiguo del latín, pero a continuación el idioma más hablado y desde luego más conocido por todos, incluido el santo padre, es el español, muy por encima del francés y a gran distancia del inglés. No en vano el español es la lengua más hablada por los católicos de todo el mundo, debido al peso que tienen los países hispanoamericanos, que representan, aproximadamente, el 50% del total de los bautizados a nivel universal, además de los casi cincuenta millones de hispanos residentes en Estados Unidos.

El español, lengua oficial y común de todos los españoles, como reza la Constitución, es hoy hablado en el mundo por más de 400 millones de personas, siendo el idioma oficial de 21 países. Es la tercera lengua más hablada y el segundo idioma más estudiado. Su importancia es tal que incluso puede medirse económicamente ya que su uso representa el 15% del producto interior bruto de España.

Sirvan como ejemplo de su difusión y su importancia a nivel internacional los datos oficiales ofrecidos por el Instituto Cervantes, que señalan que en el conjunto de sus centros en el extranjero, en el último año, se efectuaron cien matrículas para conocer el euskera, otras cien para aprender el gallego, novecientas para cursar el catalán y nada menos que 172.000 para estudiar el español.

Como para casi todo, los antiguos romanos ya tenían respuesta cuando decían: «Intelligenti pauca», que, traducido libremente, viene a decir «al buen entendedor pocas razones bastan».

LAS ELECCIONES EUROPEAS Y LA CRISIS DE LIDERAZGO DEL PPSOE.
www.tercerarepublica.org 21 Junio 2009

Los resultados de esas elecciones no deberían constituir un motivo de alarma para el régimen. El PPSOE ha concentrado más del 80% de los votos y el 88% de los escaños. Pero esto no es suficiente. La cúpula del régimen y su clase social hegemónica saben perfectamente de la gravedad de la situación. Así, es preciso que suenen todos los timbales de la “unidad”.

Por ello ven con buenos ojos la cooperación del PSOE y el PP en el rescate de los bancos y cajas, de los gerifaltes del ladrillo y de las multinacionales del motor. También se congratulan de los proyectos de nuevos Estatutos “nacionales” que ambos se disponen a impulsar en Vascongadas y en Galicia. Igualmente ven con agrado sus esfuerzos conjuntos por seguir tapando la verdad del 11-M que, maldita sea, no se deja enterrar. Y, en fin, se congratulan del papel subordinado del Tribunal Constitucional en los guiños a la ETA “buena” cuando autoriza la participación del los filoetarras de Iniciativa Internacionalista en los comicios.

El rey –quien departe semanalmente con los responsables de los servicios de inteligencia– y los capos de la banca y del capital oligopolista saben perfectamente dónde estamos. Saben que vamos por la senda de la deflación, del incremento del paro, del crecimiento del gasto público financiado con deuda pública y del descenso de calidad de la misma… hacia un probable colapso financiero general. Son conscientes de que los ataques al pueblo trabajador apenas están en sus inicios. Para ellos sobran empleos, sobran salarios, sobran “rigideces” en la contratación laboral y en el despido, sobran servicios sociales… Desde su posición se impone un cierre de filas del conjunto de la partitocracia que prepare la purga de la crisis con todas sus consecuencias. Incluso puede hacerse necesario un gobierno de gran coalición.

Pero las cumbres del régimen advierten, con nerviosismo, que los intereses particulares de las dos grandes facciones políticas dificultan el inicio de esa vía. Felipe González se ha hecho el mejor intérprete de esas preocupaciones. De entrada, señala la necesidad de acuerdos para afrontar la crisis. Y no se está refiriendo a unos acuerdos sólo con los sindicatos. «Un Gobierno solo, en cualquier país europeo o de cualquier parte del mundo, no es capaz de enfrentar la crisis si no tiene consenso, pacto, acuerdo o diálogo con interlocutores económicos, sociales y políticos». González, que ya se ha pronunciado abiertamente a favor de la reforma del mercado laboral, acusa ahora abiertamente al gobierno de Zapatero de estar perdiendo un «tiempo precioso» al no adoptar medidas de reforma necesarias con el «pretexto» de consensuarlas con los sindicatos. El gobierno, además de proponer reformas a los interlocutores sociales, está facultado para llevarlas al Parlamento y una vez allí, afirma, «que cada uno asuma la responsabilidad de negarse a apoyar eso». Los resultados electorales impiden que estas recomendaciones de González puedan ser aceptadas en lo inmediato.

Zapatero, de cara a las próximas elecciones generales, necesita no sólo recuperar a los votantes tradicionales del PSOE sino además atraer a votantes nacionalistas antiespañoles y de izquierdas que con ocasión de las elecciones europeas o bien han vuelto a sus partidos de origen o bien se han abstenido. Sin un importante trasvase de votos procedentes de IU, y sobre todo, de las formaciones antiespañolas, Zapatero no puede aspirar a perpetuarse en el gobierno. Para ello, al PSOE le conviene ahora más que nunca “que haya tensión”. Probablemente asistiremos a una radicalización de su discurso que le ayude a fagocitar estas formaciones. Esto significa: mantenimiento del pacto de hierro con las grandes burocracias sindicales, avance de la ley del aborto, recuperación del eje de la eutanasia, apoyo a nuevas iniciativas de erradicación de la lengua española, financiación privilegiada a las taifas catalana y andaluza… y unión de Cebrián y Roures, para concentrar un omnímodo aparato de agitación y propaganda.

El PP se ha reafirmado en su estrategia de perfil bajo, de “liberalismo amable”, que persigue una baja participación que evite que el PSOE sea «el refugio de los recelos que causa el PP» en el electorado antiespañol radical, al tiempo que tiende puentes al más moderado con vistas a posibles apoyos parlamentarios futuros. Rajoy quiere concentrarse en la economía pero sin mentar reformas impopulares. En el fondo, pretende que el INEM le haga las campañas electorales. Si Zapatero llegó al gobierno por accidente (ferroviario) Rajoy sólo puede llegar por defecto.

En suma, un Zapatero lanzado a tensionar y un Rajoy impotente para sustituirlo en medio de un desplome económico y del creciente descrédito de toda la clase política. Descrédito trocado en hostilidad de unas minorías que se ha expresado a través del sector activo y militante del abstencionismo y del voto en blanco. No haremos cábalas sobre la desembocadura de todo esto. No depende de nosotros. Lo que sí depende es el avance en la construcción de un partido vinculado a la preparación e impulso de la acción directa de masas, siendo conscientes que ésta tendrá dos grandes enemigos: el cretinismo electoralista que se sucederá sin tregua en los próximos años y la acción antisocial de las burocracias sindicales.

Secretaría General del Partido Nacional Republicano
Junio 2009
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De cómo arruinar el mundo dos veces
La crisis de 1929 y la actual comparten una característica: ambas fueron causadas por los errores de políticos y banqueros centrales. Para salir se necesita liderazgo. Pero la socialdemocracia europea no logra encontrarlo
POR JAVIER MORENO El País 21 Junio 2009

Pocos líderes de la socialdemocracia europea, y aun de entre los conservadores del Viejo Continente, discreparán del análisis que Barack Obama ofreció el miércoles pasado en Washington. La crisis que azota el mundo desde el verano de 2007 no es resultado de un fallo del capitalismo en sí, según explicó el presidente norteamericano, sino el producto de una cascada de errores humanos, de oportunidades perdidas y de una cierta cultura de la irresponsabilidad que resulta ahora de todo punto inaceptable.

Pero también pocos de entre ellos, por no decir ninguno, aceptarían el corolario que se deriva de sus palabras: que la notable derrota que los socialistas de todo el continente hubieron de encajar en las recientes elecciones al Parlamento Europeo, y que amenaza con su extinción política como alternativa a corto plazo, no es sólo el fruto de su manifiesta impotencia para articular un programa ante la crisis; también, ciertamente, de la percepción de los ciudadanos de que la izquierda asumió durante los años de boom y excesos, en parte por molicie y en parte por conveniencia, el discurso que viene ahora en denunciar Obama.

Las palabras del presidente norteamericano enmarcaron la presentación de la mayor reforma del sistema financiero de EE UU desde la Gran Depresión. Y cuando, sin citar a nadie por su nombre, Obama atribuyó las culpas del desastre a personas concretas antes que a entes abstractos o la fatalidad del destino, cuyos vagos perfiles suelen convenir a los gobernantes más desvergonzados con la historia, nadie en Washington dejó de pensar en dos hombres: el anterior presidente, George W. Bush, y el antiguo jefe del banco central, Alan Greenspan.

Conviene quizá por tanto recordar ahora que también en 1929 cinco hombres, cuyas decisiones fueron clave entre 1920 y 1933, contribuyeron probablemente más que nadie a arruinar el mundo en aquella ocasión: los banqueros centrales de Estados Unidos (Benjamin Strong), Reino Unido (Montagu Norman), Francia (Émile Moreau) y Alemania (Hjalmar Schacht) a los que hay que sumar el presidente Herbert Hoo-ver, que elevó la inactividad a la categoría de arte en política. Debo esta idea a un libro de reciente aparición en EE UU (Lords of Finance. The bankers that broke the World, de Liaquat Ahamed) cuya tesis central, sin ser estrictamente una novedad, resulta lo suficientemente interesante para merecer cierta atención precisamente este año que tantos paralelismos, atinados o exagerados, está dibujando con 1929.

El libro relata con detalle la fe en el dogma del patrón-oro de todos ellos, sus desvaríos sobre el funcionamiento real de la economía (que hoy provocarían hilaridad entre los estudiantes de primer curso de cualquier universidad), su triste falibilidad, que es la del ser humano, y finalmente las terribles consecuencias que sus erradas decisiones infligieron a la mayoría de sus conciudadanos.

Más allá de las disquisiciones sobre si la crisis actual es o será igual, menor o mayor que la que asoló el mundo a partir de 1929, creo que ése constituye el principal paralelismo que con seguridad se puede trazar ya entre ambos eventos, y que Obama vino a subrayar el otro día: un grupo reducido de altos cargos y sus políticas ocasionaron y eventualmente agravaron dos cataclismos como los de 1929 y 2007-2008.

La mayoría de especialistas coincide ahora, efectivamente, en que el derrumbe de Lehman Brothers en septiembre del año pasado puso durante unas semanas al sistema financiero mundial al borde del colapso. La caída del venerable banco de inversión fue en realidad el último, o fue el penúltimo como se verá luego, de una serie de errores que los responsables políticos y monetarios de Estados Unidos habían comenzado a cometer a partir del año 2000 y que se multiplicaron tras los atentados del 11 de septiembre del año siguiente. Algunos de ellos fueron técnicos, o al menos fueron técnicos para la generalidad de los ciudadanos, como la decisión de situar el precio del dinero a un nivel extraordinariamente bajo durante un periodo extraordinariamente prolongado. Otros, sin embargo, fueron políticos. Y entre ellos destaca la decisión de no mirar a fondo (o no mirar en absoluto) a qué se dedicaban los bancos de inversión.

El responsable de la política monetaria durante aquellos años fue Alan Greenspan. El de todo lo demás, George Bush. Naturalmente, Bush nunca decidió qué normas de contabilidad había que aprobar, cuáles derogar o cuáles otras modificar. Bush, como he escrito en un artículo reciente, simplemente encarnó la figura política necesaria, como presidente de la primera potencia mundial, que otorgó legitimidad y discurso a todas aquellas prácticas. Bush, en breve, las bendijo.

La mayoría de economistas coincide pues en que las causas del desastre actual se reducen a dos: demasiados años de desregulación interesada de los mercados por parte de los hombres de Bush y especulación alimentada por el crédito barato de Greenspan. Muchos de esos economistas creen, por tanto, que Bush, Greenspan y los neocon, por tomar prestado el título del libro de Ahamed, arruinaron el mundo a finales de 2008. Para mayor escarnio, es probable que cuando acabó su mandato, el presidente Bush no supiese mucha más economía que cuando llegó a la Casa Blanca ocho años antes. Y es muy probable también que cuando llegó a la Casa Blanca ocho antes no supiese nada en absoluto.

El último gran error (de momento) de esta desgraciada sucesión de acontecimientos se produjo en las semanas posteriores al derrumbe de Lehman, cuando las vacilaciones, la indecisión y, de nuevo, el desconocimiento profundo de lo que estaba sucediendo llevó a lo que quedaba de la Administración Bush a agravar aún más si cabe la situación, según establece convincentemente otro librito aparecido hace apenas dos meses (Getting off track, de John B. Taylor, Hoover Institution Press). Taylor retrotrae esta incomprensión profunda al momento del primer fogonazo de la crisis en agosto de 2007, lo que provocó que durante más de un año se ensayasen una tras otra recetas perfectamente inútiles que no hicieron más que agravar el estado de los mercados y la economía en general. Otro tanto podría predicarse con similar certidumbre del Banco Central Europeo.

¿Cabe extrañarse pues de que la desconfianza de los ciudadanos de todo el mundo en sus gobernantes haya sufrido un grave retroceso? El último Eurobarómetro muestra un desplome de la confianza en todas las instituciones, especialmente la del Banco Central Europeo, pero también en otras, como la Comisión Europea, lo que demuestra que los ciudadanos esperan de sus gobernantes lo que éstos no han sabido proporcionales desde el estallido de esta crisis: esencialmente, protección frente a la inmensa destrucción de riqueza que ha golpeado a los europeos de todos los niveles sociales y a las terribles consecuencias de una exclusión social creciente que amenaza con diezmar a las clases medias y abocar a la miseria a las más modestas; y esencialmente también, confianza. La socialdemocracia europea necesita por ello repensar con urgencia su tarea y las herramientas con las que culminarla con éxito, so pena de ver el continente arrastrado por una deriva populista que la excluya del mapa político.

Siendo general en toda Europa la pérdida de confianza en los Gobiernos, en ningún otro país resulta esta afirmación más evidente que en España, cuyo Ejecutivo ha hecho ciertamente esfuerzos por arruinar la mucha o poca que los españoles pudieran haber tenido en sus capacidades; desde negar durante meses las evidencias de una crisis cuyas consecuencias amenazan con ser devastadoras para la mayoría, hasta el empecinamiento del ministro de Trabajo en desmentir que el paro alcanzaría los cuatro millones de trabajadores quince minutos antes de que se anunciase oficialmente tan triste récord, o los continuos retrasos del plan de salvamento de cajas y bancos, que a fecha de hoy sigue sin estar listo.

El resultado está a la vista. El 65% de la población, según una encuesta del CIS de mayo, confía poco o nada de las capacidades de gobernación del presidente del Gobierno, especialmente en el terreno económico. Y pese a ello, los socialistas perdieron las elecciones europeas frente a un partido de cuyo líder desconfía ni más ni menos que el 80% de los ciudadanos, según la misma encuesta. Rajoy y el PP, por cierto, formaron parte con entusiasmo de la avanzadilla ideológica de Bush en todas sus variantes, desde la guerra de Irak hasta la milagrería económica que ahora se ha revelado falsa, sin que hayamos escuchado de momento el menor propósito de enmienda y sin que sus propuestas económicas pasen de meros balbuceos inconsistentes.

Entretanto, ninguno de los dos partidos ha sido capaz, ni ha querido tampoco, elevar el debate sobre la crisis por encima del nivel sonrojante en el que está entrando de un tiempo acá la política española, como demuestra que el asunto estrella de la pasada campaña consistiese en averiguar si el presidente puede o no desplazarse a los mítines en un avión oficial. España no se merece la clase política que la gobierna, y harán mal los partidos en ignorar los signos crecientes de hartazgo y de desafección de los ciudadanos en un momento en el que el país se dispone a atravesar uno de los periodos de mayor tensión social de su historia reciente por el aumento del desempleo y el desplome de la actividad económica. De nuevo, es a la izquierda a quién más perjudica esta deriva. Como se ha visto, cinco hombres arruinaron el mundo en 1929. Dos, más un puñado de ideólogos neocon, fueron los responsables principales del desastre en 2008. Así que nada indica que no baste con otros dos para arruinar un país. Y aun uno solo.

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La verdad desnuda
LOURDES PÉREZ El Correo 21 Junio 2009 21 Junio 2009

En un país donde tantas veces se ha pervertido el sentido de las palabras, la conmovedora intervención de la viuda de Eduardo Puelles al finalizar la manifestación contra el asesinato de su marido tuvo el valor de despojar de cualquier significado añadido, de cualquier interpretación elaborada sobre lo que pretende ETA cada vez que mata, a lo que sólo ha sido un crimen despreciable. Otras mujeres han relatado antes que ella y desde su inagotable dolor la verdad desnuda por la que los terroristas son tan sólo asesinos impermeables a la piedad. Pero que Paqui Hernández prometiera ayer ante la ciudadanía que la escuchaba en las calles de Bilbao que no piensa rendirse en su sufrimiento y que no va a permitir que quienes han destrozado su vida y la de sus dos hijos la vean llorar constituye un gesto de rebeldía tan esencial que no sólo compromete a aquellos que ayer acudieron a la manifestación convocada por el Gobierno de López. Contenía un llamamiento implícito a los vascos que dan ya por amortizado el problema de la violencia y que aguardan a que acabe sin haberse sentido nunca interpelados a contribuir, de una manera u otra, a ese final.

La desaparición definitiva de la organización terrorista no sólo tropieza con su obcecación en continuar asesinando. También con la indiferencia difusa de todos aquellos ciudadanos que, sin compartir y rechazando la violencia de ETA, siguen contemplando su espiral de muerte desde la lejanía del que no lo siente como algo propio; como algo fundamentalmente suyo, de todos. Que el lehendakari López haya identificado a Eduardo Puelles como «uno de los nuestros» no debería aceptarse simplemente como una reivindicación de la condición de vasco del agente frente a quienes, desde su fanatismo irreductible, sólo son capaces de verlo como un enemigo exterminado más. Interiorizar que todas las víctimas son nuestras exige asumir que no es posible permanecer impasible o distante hacia su sufrimiento, hacia la verdad desnuda que ayer gritó la viuda de Puelles. Pero implica asumir, asimismo, que los asesinos son también vascos como nosotros, que ellos y sus cómplices forman parte del tejido social común. Que ETA, en definitiva, supone una tragedia colectiva que no es posible sortear ya como si se tratara de una maldición irremediable que sólo sobrecoge cuando asesina. ETA está aunque no mate. Por eso Paqui Hernández no quiere darles la victoria de que la vean llorar.

Deber de unidad
EDITORIAL El Correo 21 Junio 2009

La masiva manifestación que recorrió las calles de Bilbao en repulsa por el asesinato de Eduardo Puelles y la unanimidad mostrada por el conjunto de las fuerzas parlamentarias frente a ETA se convirtieron en el único consuelo que la sociedad puede ofrecer a la viuda del inspector de Policía, a sus dos hijos y a sus seres más queridos, que ayer recibieron las condolencias de los Príncipes de Asturias. Es el mínimo consuelo que durante décadas han esperado todas las víctimas del terrorismo, que han visto cómo los gestos unitarios frente a la barbarie se convertían en abiertas desavenencias al poco tiempo de celebrarse cada una de las exequias. Después de tanta decepción provocada por el desencuentro entre las formaciones democráticas como consecuencia de la utilización del problema con intenciones partidistas; después de las dificultades que han mostrado las organizaciones nacionalistas para identificarse con las fuerzas políticas cuyos integrantes han sido y siguen siendo objetivo prioritario de ETA, es necesario que las imágenes unitarias de ayer perduren en el tiempo como la verdadera faz de una sociedad y unas instituciones comprometidas en acabar cuanto antes con la lacra terrorista.

Porque hace ya demasiado tiempo que la persistencia del terror en Euskadi constituye un tormento que padecen a diario miles de personas y, en especial, quienes han perdido a uno de los suyos a manos de la banda asesina. Un calvario que la viuda de Eduardo Puelles tuvo el coraje de transformar en una proclama contra los liberticidas, que interpela a la sociedad vasca a asumir la responsabilidad colectiva y el deber moral a los que llamó Patxi López para deslegitimar definitivamente a quienes matan y a quienes les apoyan.

El lehendakari tiene ante sí el crucial desafío de liderar la unidad democrática contra el terrorismo y contra toda justificación o cobertura del mismo. Fue ésta una tarea que el anterior presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, eludió afrontar porque, con expresiones más o menos equívocas, llegó a concebir el logro de la paz como consecuencia de los cambios políticos que él mismo propugnaba para las relaciones entre Euskadi y el Estado constitucional. Por si cupiera alguna duda, la ruptura de la última tregua por parte de la banda terrorista acabó demostrando que la estrategia democrática contra ETA ha de basarse en la negativa sin paliativos a admitir cualquier trueque de orden político a cambio de la paz. Sencillamente porque basta sugerir tal posibilidad para que la renuncia a la violencia vuelva a posponerse en la mente de quienes aún hoy no han contemplado, ni siquiera como hipótesis, esa eventualidad. Es comprensible que la razonable certeza de que los días de ETA van acabándose sin remisión lleve al actual lehendakari a suponer que su desaparición podría darse durante su mandato. Pero de sus comprometidas palabras de ayer cabe deducir que ello en ningún caso le llevará a ensayar atajos que acaban alargando el camino hacia el final.

Alfonso USSÍA La Razon 21 Junio 2009
Hoy por hoy, en aquella zona prodigiosa de España, el dolor por la muerte de un hombre inocente se supera en medio segundo
Sin ilusiones


La estética ante el horror de un hombre bueno calcinado por una bomba etarra ha sido luminosa. Las banderas, con la Bandera en el centro, ondeando a media asta. El Presidente del Gobierno y el líder de la Oposición acudiendo juntos al velatorio. Las palabras claras de un «Lehendakari» que sentía lo que decía -olvidemos malos pasos borrados por la esperanza-, y la condena unánime del Parlamento vasco. El féretro que contenía las cenizas, que ya lo eran, de don Eduardo Puelles, vasco, policía nacional, hermano de un «ertzaina» y luchador incansable contra el terrorismo, lo llevaron sobre sus hombros guardias civiles, policías nacionales y «ertzainas». Un mínimo paso dado entre el gran dolor que, de haber gobernado el PNV no se hubiera producido. Por la capilla ardiente desfilaron ex-gobernantes nacionalistas que impidieron, durante años, que la Policía autonómica vasca persiguiera y detuviera a los terroristas. Por la capilla ardiente de don Eduardo Puelles pasó, meditó y rezó mucha gente con la tristeza honda de la verdad, y otra gente con la simple obligación del compromiso político. Millones de personas estuvimos allí con el pensamiento y el alma, y unos cuantos centenares de miles, celebraron con alegría el asesinato cruel del defensor del Estado de Derecho. No se oyó la voz de Alfonso Sastre, ni la de Doris Benegas, ni la de su socio Arnaldo Otegui. En nombre del PNV habló Joseba Eguíbar, que vino a decir que ya era hora de que los etarras pensaran un poco y no cometieran gamberradas. Dureza, la mínima y bien medida, como siempre. No me hago ilusiones. La estética, el cumplimiento de las normas, la aparente estabilidad institucional, algo consuelan. Pero el poder de los que creen que la tierra vasca es suya y que sólo ellos están legitimados para gobernarla, es todavía inmenso. Porque a su poder hay que añadir a los que matan y no se les detenía, a los que hieren y no se les detenía, a los que chantajean y no se les detenía, y a los que coaccionan y no se les detenía. Sumados unos y otros nos topamos con el árbol frutal en su apogeo. El tronco, las ramas y todas las nueces. Se engañan los que piensan que la solemne consternación de algunos ex-dirigentes del PNV ante las cenizas, que ya lo eran, de don Eduardo Puelles, era una consternación sincera. Se oirá pronto, en los próximos días, la voz del Obispo de San Sebastián. Les adelanto el mensaje: «Este asesinato ignominioso no debe entorpecer el diálogo en busca de la paz. Y con el mismo afecto cristiano que enviamos nuestro sentido pésame a los familiares de la última víctima de la ETA, recordamos a los actuales gobernantes de nuestra ¿Euskadi¿ el sufrimiento que padecen los familiares de los presos». Más o menos así. De ahí que las ilusiones se desvanezcan. Porque la sociedad vasca lo que sufre es un episodio cancerígeno con metástasis en la mitad de su estructura. Bien es cierto que la enfermedad no ha superado nunca, a pesar del miedo y la sangre, ese pavoroso porcentaje. Pero la ilusión no puede fundamentarse en la realidad mientras permanezca el cáncer de la brutalidad, del crimen, de la estupidez, de la manipulación, del cinismo, de la maldad disfrazada de pastorales, de sacristías etarras y de forajidos que se presentan a las elecciones desde el odio. Sólo cuando disminuya la extensión del cáncer, la ilusión no será una utopía. Hoy por hoy, en aquella zona prodigiosa de España, el dolor por la muerte de un hombre inocente se supera en medio segundo.





El lendakari López lidera el cambio de estilo del Gobierno vasco de enfrentarse a ETA
«Vamos a acabar con ellos»
Editorial La Razon 21 Junio 2009

Por primera vez en treinta años de democracia, un lendakari dijo ayer en voz alta y clara lo que sus predecesores nacionalistas envolvían en ambigüedad y retórica vacía: que va a acabar con ETA y que meterá en la cárcel a los terroristas. En medio del dolor y de la indignación que ha causado el asesinato del policía Eduardo Puelles, resultan reconfortantes algunas reacciones inéditas en el País Vasco. Además del categórico «vamos a acabar con ellos» de Patxi López, todo el Parlamento vasco, con la popular Arantza Quiroga a la cabeza, condenó el atentado de forma unánime, sin excepciones cómplices con los asesinos porque los batasunos ya no están en la Cámara. Ahora se ve que con el cambio en las instituciones también ha llegado una nueva forma pública de enfrentarse a ETA: con contundencia, sin circunloquios y sin doble lenguaje.

Todos sabíamos que era cuestión de tiempo que los pistoleros cumplieran su amenaza sangrienta contra el gobierno de Patxi López, hecha horas después de que fuera investido lendakari. Pese a la eficiente actuación policial de los últimos meses, que ha descabezado a la banda en tres ocasiones consecutivas, es evidente que ETA mantiene los medios necesarios para seguir matando con cierta capacidad selectiva. Salvo mejor opinión, no parece que la elección de la víctima de ayer fuera fruto del azar. Eduardo Puelles era un veterano experto en la lucha antiterrorista, un bilbaíno profundamente incardinado en la sociedad vasca y hermano de un ertzaina. Es decir, era un especialista con el conocimiento, la experiencia y la seguridad necesarios para salir airoso de cualquier celada. Su asesinato revela que los etarras estarán diezmados, pero no vencidos.

Por eso es más necesario que nunca intensificar la lucha contra la banda terrorista en los frentes consabidos: el policial, que ahora contará con la decidida y valiosa cooperación de la Ertzaintza; el judicial, con la estricta aplicación de la ley; el social, con la deslegitimación ciudadana de los guetos batasunos que justifican y aplauden los asesinatos; y el el político, con la unidad de todos los partidos, como ayer se escenificó de modo ejemplar. No estaría de más, sin embargo, que el Gobierno retomara la ilegalización de Iniciativa Internacionalista, el partido tras el que se escondió el brazo político de ETA en las elecciones europeas. A pesar de que el Tribunal Constitucional enmendó al Supremo y sancionó su legalidad, de entonces para acá se han conocido nuevas pruebas que demuestran no sólo su vinculación con los terroristas, sino también el fraude de ley que cometieron sus dirigentes.

Tampoco estaría de más que la maquinaria judicial acelerara asuntos pendientes, como la extradición de De Juana Chaos, la detención de Josu Ternera o los procesos abiertos a Otegi, personaje este último que en estos días ha merecido la atención de dos televisiones: la vasca, de la que el PNV se despidió dándole una entrevista; y la Cuatro, cuyo espacio de «El follonero» se permitió invitarlo para hacer chistes y bromitas. La lucha policial y judicial, con ser básica para «acabar con ellos», no es suficiente; debe ir acompañada de la deslegitimación social, tarea en la que los medios de comunicación tienen no poca responsabilidad. El lendakari López ha convocado a la sociedad vasca a salir hoy a la calle, primero para guardar unos minutos de silencio a la puerta de las instituciones y, por la tarde, para manifestarse en el centro de Bilbao. No cabe duda de que el resto de España estará con el corazón en esa demostración popular de repulsa. Pero es a los vascos a los que corresponde, antes que a nadie, poner en su sitio a los terroristas, obligación cívica y moral que exige recuperar la voz en la calle.

Por la libertad, contra el miedo
Editorial La Razon 21 Junio 2009

La multitudinaria manifestación de Bilbao ilustra el cambio de ciclo en el País Vasco

El funeral por el policía Eduardo Puelles, presidido ayer por los Príncipes de Asturias en Bilbao, fue mucho más que una dolorosa despedida a un servidor de la comunidad asesinado por ETA, con toda justicia calificado de héroe por su hermano. Por primera vez se han visto gestos y señales que nunca antes se habían dado. Como, por ejemplo, que el féretro, cubierto con la bandera de España, fuera portado por miembros de los distintos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad: Guardia Civil, Policía Nacional, Policía Local de Bilbao y Ertzaintza. Pocas imágenes como ésta son capaces de transmitir con tanta nitidez la unidad de todos contra ETA. Imagen que sumada a la del Parlamento de Vitoria, también inédita, condenando de forma unánime el asesinato, atestigua un cambio esencial en el País Vasco.

Tampoco pasó desapercibido que un ertzaina retirara de la plaza de Arrigorriaga, en medio del aplauso de los congregados, el retrato de un preso etarra; ni que la bandera nacional y la ikurriña ondearan juntas a media asta en la fachada de la Cámara vasca, lo que nunca antes había ocurrido. El cambio de Gobierno en el País Vasco, después de treinta años de asfixia nacionalista, está propiciando que los ciudadanos se sacudan el miedo, levanten la cabeza y planten cara a los matones.

Ayer se pudo observar a través de la televisión vasca, que retransmitió en directo una manifestación contra ETA, que la resignación y la congoja del llanto, que tanto han pesado en otras concentraciones, están cediendo a actitudes más activas y a la determinación de «acabar con ellos». Ha sido la viuda de Eduardo Puelles la que, con una entereza sobrecogedora, sintetizó el espíritu que presidió la multitudinaria manifestación de ayer en Bilbao: «Si creen que pueden con mi marido, se equivocan, porque como mi marido hay otros muchos policías». Ese valor, esa resolución inquebrantable y esa fe en que los asesinos serán borrados del mapa y se pudrirán en la cárcel han empezado a aflorar sin complejos ni temores en las calles vascas. En la capital bilbaína se hicieron realidad ayer los populares versos del guipuzcoano Gabriel Celaya, «¡a la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo!».

El lendakari López, apoyado por un PP que lidera con gran altura de miras Antonio Basagoiti, está llamado a catalizar esa reacción general contra los asesinos, su brazo político y sus cómplices sociales que justifican la limpieza étnica e ideológica. Es deseable que a esa reacción de coraje cívico se sumen los nacionalistas del PNV, cuyo concurso es fundamental para desligitimar a los independentistas del coche bomba y el tiro en la nuca. Sería muy lamentable que, tras su higiénica salida de Ajuria Enea, no revisaran sus postulados morales y políticos, y persistieran en esa equidistancia entre víctimas y verdugos que han mantenido durante tres décadas y casi mil muertos.

Desde luego, no fue ése el mensaje que las decenas de miles de personas transmitieron en Bilbao, agrupadas tras una pancarta con el lema adecuado: «Por la libertad». No cabe duda de que ha empezado una nueva etapa en el País Vasco con la certeza de que la derrota de los terroristas está más cerca y es mucho más clara. En medio del dolor, aparecen signos de esperanza; en la hora del adiós al último caído, héroe y víctima, se oye de nuevo el clamor de la calle; pese al brutal asesinato, se abre paso la liertad y retrocede el miedo. Aunque no conviene alimentar idílicas expectativas ni resultados inmediatos, una cosa es clara: se está en el buen camino para «acabar con ellos».

Mandato contra ETA
Editorial ABC 21 Junio 2009

EL escalofriante testimonio que ayer ofreció la viuda de Eduardo Puelles al término de la multitudinaria manifestación de repulsa por el último asesinato de ETA demuestra que algo está cambiando a mejor en la respuesta social y política contra el terrorismo en el País Vasco. La valentía de su demoledor mensaje a los terroristas y la demostración de su coraje serán sin duda un revulsivo contra la cobardía de unos y el silencio cómplice de otros en una sociedad, la vasca, durante demasiado tiempo anestesiada por el nacionalismo y sojuzgada por ETA. Los criminales han aprovechado durante mucho tiempo la creencia generalizada de que su principal apoyo era el número de votos que obtenían Batasuna o sus franquicias, cuando en realidad la base que ha permitido a ETA sobrevivir a todos los golpes ha sido el silencio de la mayoría y la pasividad acomodaticia de quienes han propiciado la impunidad de los verdugos y los dividendos políticos que otros se cobraban a cuenta de la violencia. Sin embargo, las palabras desgarradoras de la viuda de Puelles están llamadas a ser un conmovedor estímulo para remover los cimientos de tantos y tantos silencios, de tanta equidistancia en la sociedad vasca cuando de implicarse activamente contra ETA se ha tratado en el pasado.

También el mensaje del lendakari, Patxi López, resultó al fin nítido. Pasó la época en que el PNV, al frente del Ejecutivo de Vitoria, practicaba la ambigüedad contra ETA. Esta vez nadie tiene dudas acerca de la postura del lendakari, y de ahí la capacidad de movilización reflejada en la manifestación para condenar el cruel asesinato de Puelles. Las escenas de unidad entre los demócratas fueron sinceras y sin dobles lenguajes, como se demostró también en el funeral presidido por los Príncipes de Asturias. Muchas organizaciones cívicas que antes -por razones éticas y lógicas- no se sumaban a las manifestaciones convocadas por el Ejecutivo nacionalista lo hacen ahora con la convicción de que se trata de un dolor sincero y compartido. El último crimen de ETA ha recibido así en toda España la respuesta firme y sin rodeos de toda la gente de bien, unida bajo los principios democráticos y al margen de cualquier oportunismo partidista. Es, por supuesto,un paso adelante que demuestra la realidad del cambio que supone el pacto PSE-PP, gracias al cual gobierna el primer lendakari no nacionalista.

Sin embargo, no basta con expresar sentimientos de repulsa, ni con proclamar la evidente superioridad moral del constitucionalismo frente a los asesinos. Nadie pone en duda que la dignidad de la persona está por encima del crimen organizado a través del tiro en la nuca o la bomba en el coche de un servidor del Estado. La respuesta de los ciudadanos incorpora en esta ocasión un llamamiento al Ejecutivo vasco -y, por supuesto, al Gobierno de España- para que se adopten todas las medidas jurídicas y políticas que sean precisas para acabar con ETA y sus secuaces. Lo ocurrido ayer en Bilbao fue mucho más que una sincera demostración de indignación y rabia. Incluso, mucho más que un grito en favor de la libertad amenazada o una reivindicación de los derechos más elementales. Fue un llamamiento unánime a derrotar a ETA para siempre, sin concesiones y abandonando cualquier tentación de recuperar demoledoras experiencias como la irresponsable negociación de la pasada legislatura.

Es la libertad, lendakari
IGNACIO CAMACHO ABC 21 Junio 2009

TANTO en lo que ha dicho como en lo que no, hay una profunda, esperanzadora diferencia con su antecesor en la reacción de Patxi López ante el último atentado de ETA: Ibarretxe jamás habría sido capaz de considerar «uno de los nuestros» a un policía antiterrorista. Esa clase de consideraciones las reservaba para las -escasas- víctimas de su propia tribu. Y, sobre todo, el nuevo lendakari nos ha ahorrado el discurso de ambigüedad moral que solía soltar el antiguo en ocasiones así, toda esa equidistante milonga del «conflicto» y de «la voluntad de los vascos» con que el líder nacionalista envolvía su sencilla obligación de condenar el crimen. Cuando López señala a los terroristas «el camino de la cárcel» está dando un enorme salto cualitativo frente a las vagas invocaciones a la autodisolución etarra que adornaban los forzados discursos de su predecesor en Ajuriaenea; es una señal importante de que las cosas han cambiado y, sobre todo, de que pueden cambiar mucho más.

El viejo orden vasco, permeabilizado por la contemplatividad del PNV, ha impedido todavía que la manifestación de ayer llevase en su pancarta, junto a la palabra «libertad», el rotundo lema de «Contra ETA», inédito en el lenguaje oficial de Euskadi. Para sumar fuerzas, en un complaciente esfuerzo de integración, los organizadores optaron al final por un genérico «ETA no» que aún sugiere de alguna manera el impulso subconsciente de esperar la autodisolución del terrorismo. Pero al menos ha habido, en ese incomprensible pulso soterrado de casuismos y matices que domina la política vasca, suficientes reflejos de evitar el ambiguo «por la paz», inicialmente barajado, que inevitablemente remitía a la etérea «pazzzzzzz» de ida y vuelta del desdichado Proceso zapaterista. En abstracto, la paz es un concepto que podrían asumir incluso los asesinos de Eduardo Puelles. De hecho, ése es el argumento que los alienta, el de considerarse «gudaris» que luchan a su pesar por una causa patriótica sintiéndose capaces de poner fin unilateral al sufrimiento. Pero el Estado no puede admitir, en este combate declarado por una minoría de asesinos y cómplices, otra salida honorable que la de la victoria.

No se trata de convencerlos, como predicaba la retórica ventajista de Ibarretxe, sino de derrotarlos. Y para ello tiene que desaparecer todo atisbo de legitimación política del terrorismo y de sus cómplices. El policía Eduardo Puelles, cuya viuda sacudió ayer los cimientos emocionales de la sociedad vasca con un alegato de rabia y coraje, lo sabía. Y sabía que cuando detuvo a más de setenta terroristas estaba, él sí, luchando por la libertad. Ha habido demasiados titubeos, demasiadas manos tendidas, demasiadas falsas esperanzas para no desterrar ya toda posible ingenuidad al respecto. La libertad en Euskadi no tiene más que un camino. Y este lendakari lo es porque ha prometido recorrerlo.

Del lamento a la acción
GERMÁN YANKE ABC 21 Junio 2009

Si uno se pone a pensarlo no podría hacerlo sin sentir, desde el primer momento, una dolorosa mezcla de rabia y espanto: en el País Vasco hay quienes, para salirse con la suya, que no es otra cosa que la imposición del totalitarismo, asesinan. Están operativamente limitados por la acción del Estado de Derecho, en el que las fuerzas de seguridad ejercen una labor impagable, pero pueden seguir matando, como ocurrió el viernes con el vil asesinato del policía nacional Eduardo Puelles tras una vida dedicada a defender los derechos de sus conciudadanos. Si tras tanta barbarie terrorista no se produce la enérgica reacción (activa y pública) de la ciudadanía es, seguramente, porque no lo pensamos como debiéramos. La movilización social no puede depender de un estado emocional, que se ha dado en ocasiones y especialmente en el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, sino del convencimiento de que entre nuestras responsabilidades está la defensa de la vida y de la libertad. No sólo del Estado de Derecho que las protege, con el que ETA ni puede ni podrá, sino la vida y la libertad de cada ser humano, conocido o anónimo, cercano o no.

Cuando la banda asesinó a Joseba Pagazaurtundua, policía local en Andoain y militante por la libertad y la Constitución, el entonces lendakari Ibarretxe dijo, con el punto de cinismo de quien mirando de reojo al muerto contempla sus intereses, que los criminales serían detenidos, para añadir a continuación -en plena promoción de su plan soberanista- una pregunta sobre lo que pasaría después, es decir, para plantear las cesiones políticas como el único medio para que ETA dejara de matar. Si se piensa, con la rabia y el espanto que producen los asesinatos terroristas, que en el País Vasco se haya podido durante tanto tiempo, y se intente de nuevo, contemporizar, proteger e incluso buscar un pacto político con los que colaboran o directamente dependen de ETA no cabe sino la vergüenza. Pero la vergüenza no basta sola.

En el acuerdo suscrito entre el PSOE y el PP para el apoyo a la candidatura a lehendakari de Patxi López, cuyos objetivos comienzan con la expresión del anterior pacto «en defensa de las libertades y contra el terrorismo» se alude, además de a las lógicas medidas políticas y policiales, a la necesidad de movilizar a la sociedad mediante todo tipo de acciones en contra de la violencia y a favor de la deslegitimación política y social del terrorismo y de los que lo amparan. El nuevo lendakari ha prodigado palabras y gestos contra ETA y a favor de sus víctimas; la nueva dirección de la Policía Autónoma trabaja ya para la persecución eficaz de los criminales y la coordinación con otras fuerzas de seguridad, y Patxi López ha señalado el camino de la cárcel para los asesinos sin las reservas de su antecesor, porque ahora las instituciones vascas están donde y con quien deben estar.

Serán detenidos, sin duda, y el panorama será, en la lucha antiterrorista, cada día mejor. Pero compete a los partidos y a las instituciones, como a todos los que tienen alguna incidencia en la opinión pública, remover los resortes morales de una sociedad que no puede mirar desde el tendido, aunque sea con dolor, rabia y vergüenza, esta continuada barbarie. Compete al lendakari, que ha sido generosa y lógicamente respetuoso con el PNV, conseguir que cambie de rumbo y se coloque, claramente, enfrente de ETA, que no es sólo condenar la violencia sino terminar con ella y sus secuaces. Compete al Gobierno vasco, y al PP que le apoya, convertir en realidad legal y social lo que el pacto que firmaron propone. Y también ayudar y reactivar las asociaciones cívicas que el Gobierno del PNV proscribió. No menos importante es tomarse con seriedad la acción exterior del ejecutivo vasco que hasta ahora no sólo no había reaccionado a las campañas de propaganda de los violentos y sus colaboradores, sino que en ocasiones las había amparado.

ETA puede matar. Era evidente y ahora es nuevamente doloroso. No ganará, y el futuro de sus criminales es la cárcel. Pero el futuro del País Vasco precisa, si lo queremos libre, no conformarse con ello, ni con la rabia y la vergüenza. La enfermedad social que supone la pasividad cotidiana debe terminar también.


El paraguas de ETA
ANTONIO ELORZA CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 21 Junio 2009

«La deriva hacia el soberanismo lleva al País Vasco hacia la desestabilización», dice el autor, para el que la presencia de la izquierda abertzale en las europeas por «la ceguera del Constitucional ha abierto una nueva fase en la evolución de los problemas políticos en Euskadi»

La ceguera del Tribunal Constitucional inauguró una nueva fase en la evolución de los problemas políticos en Euskadi, haciéndonos recordar que la ceguera de la Justicia concierne al rechazo de cualquier influencia externa, no al reconocimiento de la realidad. Era evidente que en unas elecciones europeas, por debajo de los dos o tres primeros nombres, podía rellenarse la lista con toda suerte de ciudadanos no implicados, que era en el vértice donde había que buscar las conexiones requeridas en la Ley de Partidos. Y con su encomiable lealtad de más de treinta años al mundo de la izquierda abertzale, sus escritos en pro de no condenar a ETA y su reciente presencia en una candidatura de ANV, Alfonso Sastre no ofrecía la menor duda. El hecho será sobre todo importante de cara a los recursos presentados por Batasuna en Estrasburgo, ya que al representante jurídico del Estado español le será difícil explicar por qué unas veces A es B y otras A no es B. Ahora bien, no es éste el único efecto de la participación de los inter-nacionalistas. Los buenos resultados de esta Neobatasuna coinciden con el frenazo al despegue de Aralar y el retroceso sensible del hasta ahora partido del eterno gobierno. El mapa del nacionalismo se está modificando, en consecuencia, y no precisamente en el sentido de una normalización política del país.

Porque una vez más ha quedado de manifiesto la cohesión de ese electorado que se mantiene vinculado simbólicamente a ETA, y que ve en la organización terrorista el guía para alcanzar el objetivo fundamental: la independencia de Euskal Herria, o cuando menos de las cuatro 'provincias del Sur'. Las elecciones autonómicas de marzo hicieron nacer la esperanza de que el espacio independentista, con una visión del país y una composición social similares, la vocación de hacerle la vida imposible al PSOE (apoyo a la huelga general) y una voluntad de equidistancia entre los dos 'sufrimientos' -el de las víctimas y el de sus causantes-, pero con un rechazo claro de 'la violencia', fuera ocupado por Aralar. Un tercio de los potenciales votantes de Batasuna respondió a la convocatoria y pudo esperarse una evolución progresiva en ese sentido, acorde con el distanciamiento de ETA que parecía observarse en las encuestas. Ahora, como en el canto de Beotibar, las aguas han vuelto a su cauce y la hegemonía del colectivo-Batasuna quedó más que comprobada. Incluso en Navarra, si bien aquí el hecho de estar Nafarroa Bai envuelta en una candidatura plural donde el eurodiputado iba a ser de Esquerra favoreció sin duda la rotunda victoria relativa de los falsos 'internacionalistas' al aparecer como única candidatura explícita de izquierda abertzale.

«La tropa está encantada», me decía en Euskal Telebista un contertulio procedente del campo batasuno. Tiene razones para ello, al igual que los demás tienen razones para preocuparse. Aralar encarnaba el ideario de izquierda abertzale en todos sus aspectos, pero desvinculado de la organización terrorista. Batasuna y sus cien máscaras encarnan la pretensión de operar con una autonomía de superficie en el campo político democrático, aspirando a ser consideradas organizaciones legales, pero manteniendo un inequívoco enlace con ETA, simbólico hacia el exterior y efectivo en la esfera interna. Curiosamente, para alcanzar el óptimo técnico en esta situación, logrado en las europeas, vino de perlas que ETA por un tiempo no matase. Cobraba así forma una imagen positiva de la banda que, para los seguidores de Batasuna, si no mataba era por su buena voluntad: quiere realmente la paz en el país y busca una nueva negociación donde sus objetivos 'democráticos' se vean realizados. Pero tampoco debía desaparecer, ya que suyo ha sido el protagonismo del proceso que debe ahora seguir y que estuvo a punto de triunfar en las conversaciones de Loyola. Lógicamente, si cometía algún atentado o alentaba la conflictividad en la calle era porque 'el enemigo' se mantiene en su perversa actitud de perpetuar 'el conflicto', y conviene recordarle en todo momento que 'el pueblo' seguirá luchando. Avalado por la confirmación de la hegemonía del referente ETA entre la izquierda abertzale en las elecciones, el atentado criminal de Arrigorriaga ha supuesto así así la puesta a prueba desde el Gran Hermano de la lealtad de Batasuna. Y si todo sale como se espera, si la ideología sigue atenazando las conciencias -como acaba de suceder-, visto bueno para seguir asesinando en la medida que los recursos lo hagan posible. Así las cosas, la figura de Otegi, con sus falsas palabras de cambio, señuelo para el 'polo soberanista', adquiere los rasgos de un payaso trágico.

Mientras no hubo muertes, resurgieron las voces de fuera, los antiguos defensores de la equidistancia y del 'diálogo', para asimilar la comprensión de que la base política de Batasuna se mantiene -'siguen ahí'- con la imperativa necesidad de que 'en Madrid' entiendan que hay que darle un cauce legal, esto es, que hay que reintroducir a ETA en el sistema político del cual fue excluida trabajosamente gracias a la Ley de Partidos. Y olvidando lo que ya está comprobado: es ETA la que sitúa la partida en el tablero de la muerte.

La confirmación electoral de una fuerte izquierda abertzale colocada bajo el paraguas de ETA tampoco fue una buena noticia para el PNV. Si en capitales como San Sebastián y Vitoria se confirma el predominio de PSOE y PP, e incluso en Bilbao la votación lograda por el PSOE roza una mayoría conservada a duras penas, en las zonas rurales los neobatasunos amenazan directamente al PNV como primer partido, cuando no lo desplazan lisa y llanamente. Un mal presagio de cara a las futuras elecciones locales. El mapa de un 'polo soberanista' va cobrando forma, desde la Navarra atlántica a los epicentros del nacionalismo radical en Guipúzcoa, aunque Vizcaya y Álava sigan resistiendo a la penetración radical. No obstante, aun desde su posición minoritaria, los verdaderos abertzales seguirán presionando pueblo a pueblo sobre un nacionalismo democrático que ya no cuenta con la justificación de que gracias a su pragmatismo los patriotas gobiernan en Euskadi. El desgaste experimentado por los antiguos jelkides en las europeas resulta bien elocuente.

Por otra parte, ha sido el PNV de Ibarretxe el que ha construido su propia trampa, al insistir una y otra vez, con planes y consultas frustrados, que precisamente al tropezar con el obstáculo de la legalidad española venían a confirmar la aparente necesidad de la otra vía, basada de un modo u otro en la violencia. Al apuntar hacia el independentismo, el PNV trazaba una línea convergente con Batasuna y ETA; al mantenerse en la esfera legal erosionaba su propia hegemonía en el campo abertzale. La estéril insistencia en la descalificación del Gobierno López desde las elecciones no sirvió a otro propósito: no ha movilizado a su propio electorado y proporciona argumentos a sus competidores. Mientras conservó la Lehendakaritza y la mayoría parlamentaria (con el tripartito), tales oscilaciones le permitían jugar a dos bandas, incluso a pactar con el Gobierno Zapatero en Madrid. Ahora el PNV se ve obligado a elegir, y no vendría mal que lo hiciera tras una profunda reflexión, dado el papel axial que sigue desempeñando en la política vasca. Un razonable regreso a un autonomismo reivindicativo tropezará con la presión de los radicales en ascenso, que buscan presentarse en las próximas elecciones como los auténticos patriotas vascos. La deriva hacia el soberanismo lleva a Euskadi hacia la desestabilización. De momento, la sucesión de obstáculos puestos a todos los niveles ante el Gobierno de Patxi López sólo puede acarrear para el PNV la pérdida de Álava. Al viejo partido le llega el momento de hacer política, y ante el primer reto sólo ha mostrado su incapacidad: como tantas veces en el pasado, Urkullu se limita a condenar el crimen de Arrigorriaga por razones humanas, negándose a dar a la condena dimensión política alguna. Muestra que su posición se caracteriza hoy por la inseguridad, a diferencia de la que tienen aquéllos que permanecen bajo el paraguas simbólico de ETA, sin importarles que una vez más se encuentre teñido de sangre.

Arrigorriaga
JON JUARISTI ABC 21 Junio 2009

ARRIGORRIAGA: el pedregal rojo. Por «peña viciada de sangre» lo traducía el cronista vizcaíno Lope García de Salazar, a finales del siglo XV. Una estupenda metonimia para eso que Sabino Arana Goiri bautizó como Euskadi. Es más, no sé cómo no se le ocurrió poner directamente a su proyecto político aquel nombrecito, Arrigorriaga, que le cuadra como ninguno. En Arrigorriaga, según una tradición medieval apócrifa, se dio una batalla entre los vizcaínos y unos invasores leoneses, que terminó con la victoria de los primeros. La sangre derramada en la gesta fue tanta, que tiñó de rojo las piedras, y el lugar, que antes se conocía como Padura («marisma»), vino a llamarse desde entonces Arrigorriaga. Cualquier alumno de ikastola se sabe de corrido esta patraña, casi siempre en la versión de Sabino Arana, que la convirtió en el arquetipo de todas las guerras o de la guerra única e infinita entre vascos y españoles. Arrigorriaga, en efecto, es el título del texto fundacional del nacionalismo vasco: un relato literario bastante cutre, con pretensiones insensatas de rigor histórico, publicado por Arana en 1892, tres años antes de la creación del PNV.

La leyenda medieval de Arrigorriaga surgió en el siglo XIV, sobre el modelo de la batalla de Saxa Rubra (año 312), junto a Roma, en la que Constantino derrotó a su rival Magencio. La batalla en cuestión es más conocida en la Historia por Puente Milvio, y está vinculada a dos episodios igualmente improbables: la visión que dijo haber tenido Constantino, la víspera del combate, de una cruz perfilándose en el cielo de la tarde, mientras oía (o leía) las palabras in hoc signo vinces («con este signo vencerás»), y el cambio del color del paisaje al rojo intenso, como consecuencia de la cantidad de sangre vertida en la lucha. Saxa Rubra significa lo mismo que Arrigorriaga. O al revés. Como sabíamos los escolares de hace medio siglo, Constantino mandó poner la cruz en sus banderas o lábaros. Agradecido por la victoria, hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio, en virtud del famoso edicto de Milán, y regaló al Papa una extensión de la Italia central que tenía el tamaño aproximado de Euskadi. Cuando la revolución liberal arrebató al papado los Estados Pontificios, el padre de Sabino Arana y otros próceres carlistas se apresuraron a ofrecer a Pío IX las provincias vascas, como compensación.

En la Arrigorriaga histórica sólo hubo, que sepamos, una batalla. En mayo de 1872, algunas partidas carlistas pusieron en fuga a los carabineros y miqueletes que habían salido de Bilbao para dispersarlas. Fue una simple escaramuza, pero dio comienzo a la última guerra civil del XIX, y su recuerdo contribuye a que Arrigorriaga permanezca en el imaginario nacionalista estrechamente unida a la humillación del Estado. Los etarras ya han planteado con anterioridad otros desafíos a la democracia española desde esa población vizcaína. En 1997, pocos días después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, consiguieron invalidar en su ayuntamiento el pacto para el aislamiento político de Herri Batasuna, poniendo los cimientos del acuerdo frentista de Estella. El asesinato de Eduardo Puelles, el viernes pasado, tiene una dimensión simbólica del mismo tipo y trata de sacar partido de la caracterización unánime que los nacionalistas vascos de toda laya han hecho de la presidencia de Pachi López como usurpación. Estamos, en fin, ante la enésima tentativa de relanzar un frente nacionalista por parte de ETA, y la coyuntura le será propicia mientras el PNV se empeñe en deslegitimar el gobierno de los socialistas vascos.

La innecesaria consulta a las familias
JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA La Opinión 21 Junio 2009

En la democracia directa hay identidad de sujetos, quien decide soporta las consecuencias de su propia decisión. En la democracia representativa los ciudadanos soportamos lo que depare la decisión ajena, la de los representantes. Con sus defectos, la democracia representativa es la única forma posible de gobernar ordenada y regularmente las sociedades actuales. Aunque la democracia directa no es apta para eso, hay democracias representativas, Suiza, Italia, Estados Unidos, en las que algunas decisiones políticas importantes se sustraen a los políticos profesionales y se toman por los ciudadanos directamente, mediante referéndum. En España, los partidos restringieron esta práctica ya en la Constitución porque había que legitimar socialmente al gobierno, a las Cortes y a los propios partidos evitando, entre otras cosas, que sus decisiones y sus leyes pudieran confrontarse con la voluntad popular directamente expresada. Hoy podría suavizarse aquella restricción porque los partidos se han hecho con el monopolio del poder de decidir sobre lo humano y lo divino, y porque la ciudadanía tiene un criterio mejor informado y maduro sobre bastantes asuntos.

La Consellería de Educación ha hecho una consulta clara sobre un asunto importante y la ciudadanía tiene un criterio al respecto, satisfaciéndose, así, las dos exigencias que la convierten en una iniciativa razonable, y positiva en términos de calidad democrática. La Xunta, que legítimamente podría haber decidido sin necesidad de consultar, ha preferido hacerlo. Una iniciativa, en principio, irreprochable.

Sin embargo, y exigencias de seguridad jurídica al margen, la iniciativa tiene, a mi juicio, dos deficiencias muy serias que impiden aplaudirla. No se entiende, en primer lugar, que el Gobierno y su partido silencien y no defiendan su posición, pretendiéndose neutrales. Si hay un proyecto de decreto, lo contrario sería ridículo, debió defenderse. En segundo lugar, la consulta sobre un asunto de interés general, no particular, debe hacerse a toda la sociedad, no a una parte de ella seleccionada con un criterio arbitrario a más no poder: sólo las familias que hoy tienen hijos en edad escolar. La fragmentación del sujeto consultado invita a una cascada indeseable de fragmentaciones que pueden llevar a que cada padre o grupo de padres se crea, como sujeto soberano e independiente, con derecho a decidir para su ciudad, su barrio o su centro, sobre la educación de su hijo como si de un asunto privado y particular se tratara. Decidir sobre la lengua en la educación no es decidir el destino de una excursión.

Ambas carencias llevan a pensar que la Consellería marea la perdiz con las cuatro preguntas. Dos de ellas, sobre troncales y libros, ofrecen cinco respuestas: dos excluyentes, sólo en gallego, sólo en castellano; dos semimoderadas, mayoritariamente en gallego o en castellano, y una de integración, unas en gallego y otras en castellano. La tercera, sobre el idioma en que prefiere que su hijo realice las pruebas orales y escritas, ofrece dos respuestas excluyentes, en gallego o en castellano, y una de integración, indistintamente. La cuarta pregunta, sobre el inglés, sobra. La Consellería espera que ganen las respuestas integradoras, lo que equivale a un rechazo del decreto del bipartito que imponía el cincuenta por ciento, al menos, de las clases en gallego, entre ellas la mayor parte de las troncales. Si las excluyentes empatan y suman más que las integradoras, habría que ir a la segregación en galescolas y castellanoescuelas, pero Feijóo no asumirá el resultado. Ni tampoco la victoria de los partidarios del decreto del bipartito que prometió derogar si llegaba al poder. La consulta no ha sido una muestra seria de democracia directa, no traerá el consenso y, encima, era innecesaria. Para este viaje no tenía sentido prescindir de la democracia representativa.

Arrigorriaga o el calculado equilibrio entre las víctimas y sus verdugos
El alcalde, del PNV, pugnó hasta el final para dejar la placa de un etarra en una plaza
A. L. ARRIGORRIAGA ABC 21 Junio 2009

La elección de Arrigorriaga por parte de los terroristas tiene una especial significación. No en vano, esta localidad es una de las «cuatro glorias patrias» que narra en su primer libro Sabino Arana. Un lugar simbólico para el nacionalismo donde, según las tesis delirantes de ETA y sus cómplices, no deberían vivir personas como el agente Puelles.

Feudo inquebrantable del PNV, Arrigorriaga linda con el barrio bilbaíno de La Peña. Pese al presunto «pedigrí» nacionalista de la zona, la realidad es que, como en el conjunto del País Vasco, existe una fuerte mezcla sociológica, con gentes de toda condición social y de toda ideología. Quizás por ello, ETA insiste en atentar allí para expulsar a los que no considera vascos, es decir, a los no nacionalistas. El atentado con bomba de anteayer es el segundo en Arrigorriaga en apenas 14 meses. El 30 de abril de 2008, el ataque fue contra el edificio del Ministerio de Trabajo en la localidad.

A ello hay que sumar otras dos víctimas mortales en la localidad y un rosario de atentados en el barrio vecino, como la bomba que hirió a siete ertzainas en un ataque contra la sede del PSE también en abril de 2008. Esa insistencia de los etarras y sus secuaces causa un profundo hartazgo en la gran mayoría de los vecinos. Tras el brutal asesinato, sus testimonios se centraban en criticar lo habitual de este tipo de ataques. Otros muchos destacaban ante las cámaras la integración y el buen hacer de Puelles. Y algunos se mordían la lengua, sabedores de que es peligroso censurar a ETA en un lugar donde varios centenares de vecinos simpatizan con la banda asesina.

¿Quién pasó la información sobre las rutinas de Puelles a los terroristas? ¿Quiénes fueron los «soplones»? Parece evidente que los «chivatos» serán algunos de los 571 «fieles» que el pasado 7 de junio introdujeron en las urnas la papeleta de Iniciativa Internacionalista. Los mismos sujetos que no fallan en ninguna de las concentraciones habituales de la mal llamada «izquierda abertzale» a favor de los presos o contra la ley de partidos pero que ayer no salieron a las calles de Bilbao a gritar contra los terroristas. No obstante, el apoyo al universo batasuno en Arrigorriaga ha ido decreciendo comicio tras comicio, al mismo ritmo que crece la opción socialista.

Placas y homenajes
Como buen feudo nacionalista, Arrigorriaga es el perfecto ejemplo de la calculada equidistancia de los nacionalistas «moderados» respecto a víctimas y verdugos. La plaza principal de Arrigorriaga se llamaba «Argala», apodo del etarra José Miguel Beñarán, muerto en 1978 al estallar una bomba. Gracias a las denuncias de «Dignidad y Justicia», la Justicia actuó por la vía contencioso administrativa, de modo que en febrero el alcalde, del PNV, se vio obligado a retirar la placa con el nombre del etarra. Eso sí, el primer edil, Alberto Ruiz de Azua, pugnó con los tribunales para impedir la retirada. Incluso, hace un año insistió ante el juez en que había que honrar a «las víctimas de los dos lados».

La Irmandade Xurídica entregó las togas y las insignias a los nuevos miembros
El Fiscal Superior de Galicia insta a la Xunta a poner en marcha medidas para situar el gallego "en pé de igualdade" con el castellano
SANTIAGO. MÓNICA NIETO/AGN El Ideal Gallego 21 Junio 2009

El Fiscal Superior de Galicia, Carlos Varela García, instó a la Administración autonómica a poner en marcha medidas "legais" que sitúen el idioma gallego "en pé de igualdade" con el castellano. Así lo expuso en el trascurso del acto anual de la Irmandade Xurídica Galega, celebrado hoy en el Pazo de Fonseca de Santiago, en el que varios majistrados recibieron la "toga da galeguidade" al entrar a formar parte del órgano. Por otra parte, un grupo de secretarios y funcionarios judiciales recibieron las insignias de la entidad.

Varela apeló al principio jurídico de la discriminación positiva, que favorece a la lengua en inferioridad de condiciones, para que el principio de cooficialidad lingüística sea "real" y "efectivo", alegando que, de no ser así, "o principio de igualdade establecido pola Constitución española "non será tal". Por ello pide al Gobierno gallego que adopte acciones "correctoras" para que el gallego "non estea en inferioridade de condicións".

Por otra parte, tal y como acordaron en el acto fundacional de la Irmandade celebrado hace un año en Celanova, la entidad transladó a la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) la necesidad de promover una nueva asamblea de concellos gallegos para "correxir algunhas carencias" que, aseguraró Varela, han observado en el "escaso" uso de la lengua gallega por parte de las asesorías jurídicas y las policías locales.

El Fiscal Superior afirmó que también pretenden trasmitir este proceso "regaleguizador" a los directivos de las Escuelas de Prácticas Jurídicas y a las facultades de derecho de las universidades de la comunidad, para que incorporen en los programas académicos cursos, materiales y medidas de "fomento" del uso del gallego "entre os xuristas que se están a formar".

Carlos Varela tachó de "imprescindible" el diálogo abierto con las asesorías jurídicas de las centrales sindicales que todavía no optaron por el empleo de la lengua gallega en el ámbito laboral, y animó a los miembros de la Irmandade a llevar el discurso de la normalización lingüística "ao extremo do exemplo" en su trabajo "para que se difunda e espalle", concluyó.

IMPOSICION DE TOGAS E INSIGNIAS En el acto recibieron la insignia de la entidad varios funcionarios judiciales que entraron hoy a formar parte de la Irmandade Xurídica Galega. Son tres empleados de los Juzgados del municipio lucense de A Fonsagrada, Antonio López Valledor, María Xosé Besteiro Ares y María Luisa Fernández Camiña; el secretario del Juzgado de Paz de Vilanova de Arousa, Xesús María González Dominguez; la miembro del cuerpo de auxilio social Mercedes Sampaio Fernández; y el funcionario judicial de Cambados, Xoaquín Charlín González; Además, recibieron las "togas da galeguidade" como elemento que acredita su entrada en la entidad el magistrado de la Audiencia Provincial de Pontevedra Xoán Alfaya Ocampo; el magistrado del Juzgado de Cangas Alejandro Couselo Barrio; el magistrado del Tribunal Supremo Luciano Varel Castro; el catedrático de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela Xosé Antonio Gomez Segade; la magistrada del Juzgado de Santiago, Ana López-Suevos Fraguela; y la abogada Elva Campos Rodríguez.

Todos ellos recogieron un diploma acreditativo de manos de Carlos Varela. Además, cada majistrado se comprometió a potenciar el uso del gallego en su actividad profesional.

En el transcurso del acto también se presentó el libro 'Daniel García Ramos. A reafirmación en nós mesmos', con el que quisieron rendir homenaje al que fuera magistrado del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia en el décimo aniversario de su fallecimiento. El evento se completó con la imposición de la insignia de oro de la Irmandade al notario Victorino Gutiérrez Aller por su contribución a la normalización lingüística de los protocolos notariales.

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