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Recortes de Prensa    Domingo 26 Julio 2009

 

El Estado en la centrifugadora
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 26 Julio 2009

El nuevo modelo de financiación autonómica sólo puede tener cabida en el mundo de Rodríguez Zapatero, el mundo de la matemática posmoderna en el que todas las comunidades autónomas quedan por encima de la media, el mundo de esta extraña socialdemocracia para la que el sistema de reparto de los recursos se hace más justo cuanto más se reduce la capacidad redistributiva del Estado. Es el mismo mundo de adanismo arrogante que le lleva a creer al presidente del Gobierno que, una vez más, inaugura la Historia hasta el punto de afirmar sin sonrojo que es ahora con ese nuevo sistema de financiación cuando se establece el verdadero Estado de las Autonomías.

La aseveración presidencial merece preguntarse qué creerá Rodríguez Zapatero que es el Estado de las Autonomías. Su trayectoria como gobernante ofrece una respuesta bastante aproximada: el 'verdadero' Estado autonómico es para Rodríguez Zapatero lo que en cada momento convenga a la coyuntura política en que ande metido.

Para ello, el presidente del Gobierno no sólo necesita esa matemática líquida en la que la suma nunca es cien. Hace falta una Constitución que ha perdido su condición normativa para transformarse -en una metamorfosis también muy posmoderna- en un repertorio de posibles 'lecturas', incluida una que abra la posibilidad de su propia volatilización. A esa concepción de la Constitución responde el abandono del Tribunal Constitucional de su responsabilidad de depurar el ordenamiento de leyes contrarias a la norma fundamental, eludiendo esa tarea, enojosa pero imprescindible, mediante el recurso abusivo a declaraciones interpretativas o a la pura y simple dejación de su obligación institucional hasta extremos de escándalo como es el caso del Estatuto catalán, todavía pendiente de sentencia.

El presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla, se ha revelado como un magnífico intérprete de esta situación. Hombre de sagacidad improbable, Montilla, sin embargo, la ha sintetizado en dos afirmaciones contenidas en una amplia entrevista realizada después de aprobado el nuevo modelo de financiación. Por un lado, sentenciaba Montilla, «España ha saldado una deuda con Cataluña»; por otro, «el Estatuto (de Cataluña) es un pacto político y eso los tribunales no lo pueden tumbar».

Éste es el marco argumental que remite a un Estado que ha dejado de ser reconocible en el modelo autonómico promovido por la Constitución y que ha mutado hacia un esquema confederal basado en una precaria composición de intereses y reivindicaciones identitarias.

Sólo en este esquema de tinte confederal se puede entender la inversión del concepto de solidaridad y los mecanismos para hacerla efectiva que subyacen en la negociación bilateral de la financiación autonómica sobre la base del agravio exhibido por Cataluña. En un brillante artículo publicado en este periódico, Ignacio Marco-Gardoqui reproducía en términos literales lo que ha constituido el principio negociador del tripartito catalán: «Es necesario acotar la labor redistribuidora del Estado para no penalizar a las comunidades con mayor capacidad fiscal y económicamente más dinámicas». Así ha ocurrido y mucho más allá y con mucha mayor gravedad de lo que sugiere el eufemismo de la formulación.

En idéntico sentido, sólo en esta deriva de desagregación del modelo de Estado se entiende la pretensión de blindar el Estatuto del examen constitucional. Es sintomático que al referirse a este tema en las declaraciones aludidas, Montilla, dando por hecho que el Estatuto es constitucional -lo cual es todavía una presunción-, añadía que «además de una ley orgánica es un pacto político y los pactos políticos no los pueden tumbar los tribunales». Hasta ahora, para «exigir el cumplimiento del Estatuto», el orden del razonamiento era el inverso; lo importante era invocar la condición de ley orgánica de aquél para justificar su fuerza normativa vinculante, más allá de su valor político. Para Montilla -y tantos otros- la condición normativa, su valor jurídico-constitucional es secundario; lo concluyente ahora es que se trata de un pacto político inmune al análisis constitucional.

Dos observaciones podrían ser pertinentes. La primera es el coste de este modelo hacia el que se desplaza la organización territorial del Estado. Un coste derivado directamente del sistema de financiación que se ha presentado como la llegada de los Reyes Magos fuera de temporada en un país que en un año ha pasado del superávit al 10% de déficit, y subiendo, y que en ese periodo ha pasado del 36% de deuda sobre el PIB a terminar el año con más de un 90%, de acuerdo con las previsiones de la Secretaría de Estado de Hacienda. Pero también un coste añadido de la generalización de barreras económicas internas, del debilitamiento de la capacidad regulatoria del Estado y de la afectación inevitable e injusta de este modelo sobre las condiciones de cohesión e igualdad entre los ciudadanos.

La otra observación que puede hacerse tiene en cuenta la precariedad en la que ha entrado el modelo de organización territorial. Recuérdese que no hay fórmulas confederales que hayan vivido para contarlo: o se han disuelto o se han integrado en Estados federales.

La transformación que el modelo de Estado está sufriendo no tiene nada que ver con las transformaciones que han experimentado los modelos federales ni con los debates políticos y constitucionales que se han producido en aquéllos. Nada indica que la dinámica centrífuga que se esté impulsando vaya a estabilizarse. ¿Por qué habría de detenerse esa dinámica precisamente cuando se dan menos factores de equilibrio? El Estado ha entrado en un terreno transitorio con un horizonte inquietante si no media una reforma constitucional basada en la recuperación de un consenso verdaderamente constituyente entre PSOE y PP. Pero ese consenso ni lo hay, ni se puede esperar cuando el Gobierno y el Partido Socialista vuelve a someter a su estrecha conveniencia y al beneficio de minorías radicales lo que deberían ser -y de hecho lo han sido- grandes acuerdos de Estado.

El búnker
IGNACIO CAMACHO ABC 26 Julio 2009

LOS pactos sociales nunca están de más, son muy necesarios y benéficos, pero en una democracia representativa lo que importa son los pactos políticos. Los españoles -ni siquiera los empresarios- no votan a la CEOE, que no deja de ser un lobby, y la representatividad real de los sindicatos dista mucho de ser satisfactoria por más legitimidad abstracta que les otorgue la Constitución. En situación de una emergencia nacional como la que plantea la crisis, con su 18 por ciento de paro, lo que hace falta es un acuerdo político de gran alcance; tratar de eludirlo sustituyéndolo por un arreglo con las centrales y la patronal representa una maniobra de cierto tufillo verticalista. Pactar siempre está muy bien, y el Gobierno debe buscar conciertos con toda clase de agentes de la sociedad civil, pero no es lo mismo hacerlo con la oposición que con las cofradías.

Además, el supuesto carácter tripartito del llamado acuerdo social es una farsa; esa mesa no tiene tres patas, sino dos, porque el Gobierno y los sindicatos hablan con una sola voz y actúan en comandita. El zapaterismo se ha plegado desde el principio a las exigencias sindicales hasta el punto de fundir con ellas su agenda socioeconómica, por lo que la negociación a tres bandas no es más que el camuflaje de una alianza cuasiperonista a la que han tratado de arrimar al empresariado para deslegitimar al PP. Zapatero no está ni por asomo dispuesto a discutir una reforma de fondo y lo que busca es la manera de maquillar su autosuficiencia con una foto para la galería; quería comprar la aquiescencia de la CEOE con baratijas y tráfico de favores. Como por las razones que sean -entre ellas la presión del propio PP sobre la cúpula de los empresarios- Ferrán le ha dado calabazas al manejo, el presidente ha anunciado muy solemnemente su intención de ponerse a gobernar como si no tuviese más remedio. Pues es lo que llevamos un año esperando: que tome medidas. Lo malo es que no se le ocurre ninguna de relieve.

Desmontado el sainete del pacto social, lo que queda es la persistente negativa del presidente a su obligación moral de llamar a la oposición para negociar sin condiciones previas un marco común contra la recesión, el desempleo y la quiebra. No quiere porque no está dispuesto a ceder en lo que considera premisas ideológicas intocables, y desea situar también la crisis en el eje de una confrontación electoral y política. Si se abriese a ciertas reformas estructurales y de mercado quizás obtuviese más respaldo del que imagina, pero se ha aferrado a un dogmatismo populista de déficit y gasto público. Sumada a su pródiga complacencia con la voracidad de las autonomías, esa actitud puede llevar al país a la bancarrota. Pero si quería un retrato ya lo tiene: es el de un gobernante sin ideas atrincherado en un búnker de pasividad junto a unos sindicatos inmovilistas.

¡Más dinero, es la crisis!
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 26 Julio 2009

CONOCEMOS el bálsamo de Fierabrás de Zapatero para la crisis: más dinero. ¿Acaso el dinero no cura todos los males? «Así cualquiera -dirán ustedes-. ¿Pero de dónde se saca, cuando la crisis es precisamente la falta de dinero?» Groserías para un hombre tan espiritual como el presidente. Si no hay dinero, se inventa, y se lo ha dado a bancos, a Autonomías, a ayuntamientos, con todos encantados. Pero los empresarios le han dicho que no, que el dinero que les ofrecía -medio punto menos en la cotización social, otro medio el año que viene- es pan para hoy y hambre para mañana. Que para sacar adelante sus empresas necesitan rebajar aún más esas cuotas y, sobre todo, una reforma laboral a fondo. Él ha montado en cólera, les ha llamado de todo y anuncia que pagará 420 euros mensuales a los parados que hayan agotado su seguro de desempleo. Es decir, más dinero. O sea, más deuda. Y más crisis. Zapatero en estado puro, él que negaba la crisis y, en cierto modo, sigue negándola, pues lo único que hace es ponerle parches, en espera que otros salgan a flote y tiren de nosotros. En esta situación puede ocurrirnos lo que a aquél que esperaba a Godot, y se murió esperándole.

Lo que necesitan los parados no son más subsidios de paro. Son puestos de trabajo. Y todas las medidas tomadas por Zapatero -desde aquella lejana de los 400 euros a cada contribuyente- no han logrado detener el aumento del desempleo. En cambio, ha vaciado las arcas del Estado hasta el punto de que esos 420 euros que promete a los parados de larga duración espera pagarlos con unos fondos europeos que ni siquiera han sido aprobados en Bruselas. Pero esas son pequeñeces en Moncloa.

Todos los expertos coinciden en que la única salida de la crisis es el aumento de la competitividad y productividad, con la advertencia específica a España de que necesita reformar su mercado laboral. De eso no dice nada el presidente. Él se limita a echar más dinero al horno de la crisis, incluso cuando ya no lo hay. Así no se va a ninguna parte, a no ser que se viva en un mundo feliz, donde basta desear algo para que se cumpla. Los sindicatos, encantados, a fin de cuentas, han vuelto a ser funcionarios, con empleo y sueldo garantizado. Pero los empresarios le han dicho que si quiere que no sigan cerrando empresas y produciéndose expedientes de regulación de empleo, lo primero que tiene que hacer es reformar un mercado laboral franquista, que se ha quedado totalmente anticuado en el mundo globalizado que vivimos. Pero que José LuIs Rodríguez Zapatero, uniendo una vez más ignorancia y vacuidad, defiende como si fuera suyo.

Aquí, el único listo fue Solbes, que salió huyendo de la quema y se prepara un puesto en Bruselas. Pero los demás, ¿adónde vamos?

El estado y sus modelos
XAVIER PERICAY ABC 26 Julio 2009

Si, tal como declaró el pasado lunes María Dolores de Cospedal, el nuevo modelo de financiación autonómica «es un mal modelo», ¿por qué los representantes del Partido Popular en el Consejo de Política Fiscal y Financiera decidieron abstenerse el martes anterior? En otras palabras, ¿por qué los consejeros de las Comunidades gobernadas por el PP no votaron en contra del modelo? La propia secretaria general respondió: porque, al no conocerse en aquel momento las cifras definitivas, parecía prudente no pronunciarse todavía.

Sin duda. Pero el verdadero motivo de la abstención -bien lo sabe la secretaria general- no era este. Aunque abstenerse signifique no pronunciarse, también significa -dado el carácter dinámico del proceso- dejar abierta la puerta a la posibilidad de optar finalmente por un sí o por un no. O sea, permitir que uno acabe pronunciándose en un sentido u otro. Y aquí el «uno» ya no alude al conjunto de las Comunidades gobernadas por el PP, sino a cada una de ellas. O, para no mezclar gobiernos y territorios -ese vicio tan arraigado en España, por obra y gracia del nacionalismo-, a cada uno de los gobiernos que las representan.

Porque si de algo no carece José Luis Rodríguez Zapatero es de astucia. Y esa astucia, aunque le toque aplicarla a la vicepresidenta Salgado, consiste en dividir al adversario para hacer bueno el dicho. No de otra forma puede entenderse la inclusión en el sistema de cálculo del criterio de dispersión de la población, tan beneficioso para una Comunidad de las características de Castilla y León. Eso sin contar, claro, con la dificultad para cualquier gobierno regional de oponerse a una medida que, quieras que no, siempre va a incrementar las arcas que ese mismo gobierno administra.

Por si no bastara con lo anterior, luego viene la refriega, en la que los socialistas son unos verdaderos maestros. Piénsese, por ejemplo, en la acusación de catalanofobia lanzada por el vicepresidente Chaves a quienes osan criticar el modelo con el argumento de que favorece a Cataluña, y en el rédito que semejante descalificación suele proporcionar al partido en el Gobierno. O en las declaraciones de Leire Pajín, espetándole a Esperanza Aguirre que, si no le gusta lo que le ofrecen, pues nada, que renuncie a ello -lo cual, por cierto, constituye un argumento incontestable-.

Pero la señal definitiva de que la división popular es un hecho y el consiguiente triunfo socialista una realidad, la ha dado Alicia Sánchez-Camacho, la presidenta del PP catalán, al confesar que ya ha advertido a sus correligionarios gallegos y madrileños -los más críticos con el nuevo modelo de financiación- de que hay que evitar por todos los medios que la catalanofobia progrese.

Cuando se empieza asumiendo el lenguaje del adversario, se acaba por asumir su doctrina misma. Suponiendo, claro, que las cosas no hayan ido al revés. Sea como sea, la culpa no es de Sánchez-Camacho. Ella, al fin y al cabo, no es sino una víctima más de un modelo de Estado que no parece tener otro fin que la liquidación del propio Estado.

A corregir la Historia
José María Ruiz Soroa, REVISTA DE LIBROS 26 Julio 2009

(Tomado de FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD - 17/07/2009)

No puede existir algo como la justicia o la injusticia para con las lenguas; no son seres con relevancia moral. Por tanto, tampoco puede corregirse injusticia alguna reestableciendo a la lengua en el vigor y extensión que poseyó en un territorio o grupo. Los únicos sujetos que cuentan son los seres locuaces, las personas; sólo sus derechos pueden justificar una determinada política lingüística.

CRÍTICA DEL LIBRO
Título: El nacionalismo lingüístico. Una ideología destructiva.
Autor: Juan C. Moreno Cabrera.
Ediciones Península, 2008.
223 páginas.

El mensaje explícito que el profesor Moreno Cabrera envía al lector de este libro reza más o menos así: la historia de la evolución de las lenguas, tanto en general en el mundo como en la península ibérica muy en particular, es la historia de una destrucción injusta que sólo merece condena. Más aún, precisamente porque es fruto de una injusticia, los modernos gobiernos autonómicos están, no sólo legitimados para, sino realmente obligados a reequilibrar sus resultados. Por tanto, el presente mapa de las lenguas en España puede y debe ser corregido por vía coactiva a fin de restaurar un pasado de feliz plurilingüismo que sólo el abuso de los poderosos pudo borrar.

Este resumen pone inmediatamente de manifiesto el peculiar desenfoque analítico en que incurre este libro, un desenfoque que radica en último término en tomar a la lengua como sujeto, de tal forma que puedan aplicarse criterios ético-normativos a la historia de sus cambios. Pero es bastante evidente que en la evolución de las lenguas humanas (como en la de las cordilleras, los continentes o los mares) no puede existir tal cosa como la justicia o la injusticia para con ellas, puesto que las lenguas no son seres con relevancia moral alguna. Ninguna lengua posee un “derecho” a sus hablantes, de forma tal que el que éstos disminuyan pueda ser calificado como un atentado injusto. Y tampoco, por tanto, puede corregirse injusticia alguna reestableciendo a la lengua en el pretérito vigor y extensión que poseyó en un territorio o grupo poblacional concreto. Los únicos sujetos que cuentan desde el punto de vista de la justicia son los seres locuaces, las personas, y sólo sus derechos pueden justificar o no una determinada política lingüística. El error del libro radica, precisamente, en confundir entre objetos y sujetos o, de otro modo, en no distinguir entre la lingüística y la política lingüística. La una trata de las lenguas, la otra de las personas de carne u hueso.

Pero vayamos por partes.

A) LA CRÍTICA AL NACIONALISMO LINGÜÍSTICO (ESPAÑOL)
El profesor Moreno Cabrera critica acerbamente dos de los presupuestos teóricos que más frecuentemente ha utilizado el nacionalismo español en materia lingüística. Por un lado, el de asumir un peculiar darwinismo lingüístico, en el sentido de creer que la difusión de una determinada lengua está asociada a su mayor perfección, en concreto, que el castellano es una lengua superior a otras peninsulares por ser más capaz de expresar con plenitud las creaciones de la mente humana. Hace ya tiempo que la antropología lingüística concluyó que no existen lenguas superiores e inferiores, que todas están perfectamente adaptadas a las necesidades de las poblaciones que las usan y que todas pueden evolucionar cuanto sea necesario para reflejar mundos modernos o cambiantes. Si algunas de ellas han llegado a poseer una difusión muy superior a otras ello no se debe a su calidad intrínseca, sino a factores sociales, económicos y políticos de naturaleza exógena. La difusión universal del castellano en España no puede ser explicada en términos de una mítica superioridad intrínseca.

Por otro lado, es también acertada la crítica al nacionalismo “implícito” de quienes defienden que la lengua común española sería algo así como una lengua no étnica, una lengua poco menos que “neutral” frente a las demás peninsulares, éstas sí teñidas de etnicismo. Y es que existe un nacionalismo peculiar, el propio de las naciones que han visto satisfecho hace tiempo su demanda de estatalidad, que consiste precisamente en no reconocerse a sí mismo como nacionalismo. Los marcadores de identidad de la nación española tienden a percibirse como algo poco menos que neutral o natural, carentes de connotaciones étnicas. El nacionalismo sería algo que les pasa a los otros, nosotros seríamos todos liberales cívicos sin adscripción identitaria alguna, vienen a creer muchos sedicentes patriotas constitucionales. Y esto mismo, como subraya el profesor Moreno Cabrera, sucede también en el terreno lingüístico: muchos e importantes lingüistas españoles han dejado páginas imborrables en que presentan la lengua común española como algo sospechosamente natural y carente de entronque étnico particular.

Dicho lo anterior, hay que subrayar también que el tratamiento del nacionalismo lingüístico por parte del libro adolece de una acusada unilateralidad, en tanto en cuanto sólo aborda el nacionalismo español, mientras que omite cualquier atisbo de crítica para con los demás nacionalismos. En realidad, el subtítulo de la obra preconfigura esta unilateralidad, porque trata del nacionalismo como una “ideología destructiva” y para el autor esta condición sólo la cumple el español. Los demás nacionalismos no son destructivos, sino constructivos. Están más que justificados y disculpados porque son sólo defensivos, son unos nacionalismos de supervivencia lingüística ante el imperialista, agresivo y antidemocrático español (sería un caso de “legítima defensa de la lengua” como ha teorizado George P. Fletcher recientemente). De esta forma, la curiosa conclusión a que se llega es la de que el imponer una lengua a las personas desde las instancias de poder es algo sumamente negativo cuando lo hacen unos, pero constituye una virtud cuando otros. Siglos de agresión lingüística por parte del nacionalismo centralista español justifican hoy un poco de intervencionismo lingüístico coactivo de los poderes locales. Al fin y al cabo, y comparada con la inmersión escolar obligatoria en castellano practicada desde el siglo XIII (sic), lo de hoy en día en Cataluña o Euskadi no es sino una anécdota, nos dice el autor.

Lo que no aparece en lugar alguno en este relato del juego de lenguas que se traerían los poderes territoriales desde hace siglos son las personas o sus derechos. Las personas serían, más bien, las pelotas con las que juegan los nacionalismos.

B) LA EVOLUCIÓN ARTIFICIAL Y DISEÑADA DE LAS LENGUAS
A fuerza de criticar al nacionalismo, el profesor Moreno Cabrera cae en un exceso comprensivo típico: el de no ver sino nacionalistas por todas partes (todos seríamos nacionalistas de algo) y, sobre todo, el de atribuir al nacionalismo la condición de agente causal único y omniexplicativo de la historia. Todos los cambios lingüísticos sobrevenidos en un país o región del mundo son fruto de un designio nacionalista planificado y dirigido desde antiguo. Incluso desde antes de que existiera la nación como entidad político simbólica capaz de dotar de legitimación a los nacientes Estados europeos. Pues ya en la Baja Edad Media existía, según él, un designio deliberado de convertir al castellano en lengua común obligatoria de la península y de desplazar a todas las demás.

Y quien habla del nacionalismo en España, habla del colonialismo en el mundo. Pues es la globalización capitalista la que obliga a los colonizados a adquirir la lengua del colonizador para así convertir al indígena en proletario del nuevo orden mundial.

La tesis de fondo es simple: la lengua de los grupos dominantes (clases, estamentos, reyes, oligarcas o multinacionales) se convierte coactivamente en la lengua de los dominados. Un principio tan simple como aquel marxista acerca de las ideas que todos aprendimos en nuestra juventud. La tesis, no es casi necesario ni decirlo, se refuta a sí misma con carácter general. A lo largo de la historia los grupos dominantes en una sociedad han tendido, cuando poseían una lengua propia, no a generalizarla entre los dominados, sino a guardarla como marcador de exclusión para los pocos que monopolizaban el poder. La diglosia ha sido una fiel acompañante de los fenómenos políticos de exclusión. Sin ir más lejos, en mi nativa Vizcaya la posesión del castellano se utilizó por los grupos oligarcas para excluir al común de vecinos de los órganos de poder forales y municipales desde el siglo XV al XIX: quien no hablase y escribiera castellano no era elegible para juntas o ayuntamientos. Nada más lejos de la generalización impositiva en la que cree el libro comentado: la lengua del poder ha sido, cuando ello era posible, una lengua secreta.

En realidad, parece bastante claro para la historiografía actual (Charles Tilly, Ernest Gellner, Eric Hobswaum) que la homogeneización lingüística de las poblaciones no comenzó en Europa sino en el siglo XIX, y fue una precondición necesaria del desarrollo, tanto del Estado nacional como burocracia de poder inmediato y directo sobre las poblaciones, como del mercado interior unificado necesario para una economía capitalista. Sólo utilizando las externalidades de red que generan en una sociedad las lenguas ampliamente difundidas fue posible impulsar unas economías nacionales capitalistas. De otra forma nunca se hubiera producido el despegue del crecimiento económico autosostenido en que se basa nuestra existencia actual. Mucho más que un diseño inteligente, lo que hay tras la homogeneización lingüística moderna es una precondición objetiva del mercado y del Estado, cuyo éxito inicial la retroalimenta sin cesar.

Condenar como injusta, abusiva y destructiva la homogeneización lingüística decimonónica es tanto como admitir que las cosas pudieron ser de otra manera. Es decir, que el desarrollo del capitalismo y de las burocracias estatales modernas pudieron realmente haber surgido sin producir interferencias lingüísticas, sin homogeneizar a las poblaciones afectadas mediante una lengua común ampliamente generalizada. Arriesgado contrafáctico el de suponer como posibles cientos de diminutos Estados europeos. A este respecto es curioso subrayar un dato que nos ofrece la lingüística comparada: Europa es la parte del mundo donde mayor y más intensa ha sido la reducción de la variación lingüística, mientras que las partes más subdesarrolladas del mundo son las que mayor número de lenguas conservan (sólo el 3,4% de las lenguas del mundo actual son europeas, mientras que el 32% son de Asia y el 30% de Africa) (para más datos, nos remitimos al trabajo del profesor Manuel Toscano en “Claves de Razón Práctica” 160, Marzo 2006). Es de sospechar que entre ambos hechos existe una correlación de tipo causal, de forma que la conservación de la plurivariación lingüística es incompatible con el despegue del primer capitalismo.

Pero es que hay más: como el lingüista Salikoko Mufwene ha observado, “los lingüistas, de forma típica, han lamentado la pérdida de la diversidad lingüística, pero pocas veces se han fijado en los hablantes mismos en términos de sus motivaciones y de los costos y los beneficios que les supone abandonar sus lenguas”. En efecto, se censura moralmente el hecho de la pérdida de las lenguas sin tener en cuenta que la supervivencia de ellas podría haber implicado para sus hablantes la imposibilidad de adaptarse a nuevas ecologías o de acceder a un desarrollo humano más completo. El paradigma dominante desde el que se juzga (el de la conservación del “patrimonio cultural” como imperativo ético absoluto) impide ver a la humanidad real apresada en ese patrimonio. Cuando se lee que en un país como Indonesia existen hoy 694 lenguas, de las cuales una elevada proporción son habladas por menos de diez mil personas, ¿alguien podría mantener que no es obligación del Estado respectivo el aculturizar a los hablantes correspondientes en una lengua franca, aunque ello cause la “muerte” de muchas lenguas?

C) ¿ES LÍCITO CORREGIR EL PASADO?
Ahora bien, y volviendo a nuestro país, incluso si aceptamos como válida y verídica esta descripción que nos propone el profesor Moreno Cabrera del pasado lingüístico como una constante injusticia, ¿se derivaría de ella la licitud de las hodiernas políticas recuperadoras, que intervienen coactivamente sobre las personas para forzarles a readquirir el lenguaje que sus antepasados abandonaron? ¿Legitimarían esos “siglos de inmersión lingüística coactiva en castellano” de que nos habla el lingüista unos “pocos años de inmersión lingüística obligatoria en catalán o vascuence”? Si tomamos como sujetos a las lenguas la respuesta es afirmativa, claro está: la discriminación abusiva pasada se corrige con una discriminación “positiva” actual. Pero resulta que los sujetos de derechos son las personas, no las lenguas, y que no son las mismas personas las que en el pasado sufrieron una discriminación lingüística y las que ahora van a experimentar otra. El profesor Ovejero Lucas lo ha expresado en forma lapidaria: “Una injusticia sobre un muerto no se arregla añadiendo una injusticia sobre un vivo”. Si como consecuencia de las acciones políticas de hoy en la comunidad donde se hablaba mayoritariamente “X” se acaba por hablar “Y”, cualquier intento de retornar a “X” supondrá una injusticia con los habitantes vivos, como lo fue antes con los que padecieron el tránsito anterior.

Es decir, que sólo cuando partimos de una concepción holista y distorsionada de los sujetos de derecho, y tomamos por tal a las lenguas o las colectividades, a las que podemos dotar imaginariamente de una continuidad en un tiempo eterno, tiene algún sentido el argumento de reequilibrar la historia y corregir su injusticia. Pero cuando tratamos de personas reales de carne y hueso el argumento es estéril: no son las mismas personas las de una época y las de otra.

Y no sólo carece de sentido, sino que es contradictorio consigo mismo. Y para demostrarlo, puedo tomarme a mí mismo como ejemplo: en efecto, recuerdo bien que algunos de mis abuelos hablaban euskera; de alguno puedo decir cariñosamente que sólo chapurreaba castellano; pero no transmitieron a mis padres el vascuence. Sin duda, según el moderno canon historiográfico, ello se debió a la presión y el abuso de la clase dominante castellana que discriminó a mis antepasados para privarles de su idioma. Nunca me lo comentaron, pero sin duda fue así, pace Moreno Cabrera. Por el contrario, los antepasados de otros ciudadanos vascos que han conservado el idioma vernáculo hasta hoy se supone que no fueron discriminados tanto. Pues bien, así las cosas, ¿a quién se discrimina hoy limitando sus posibilidades de acceso a la función pública o a la enseñanza, a quién se le exige un esfuerzo adicional en su lengua? Curioso, se me discrimina a mí, el descendiente de los discriminados, y se premia a los descendientes de los favorecidos, a los bilingües. Parece un caso de aplicación de la abstrusa máxima evangélica de que “a quien tiene se le dará y le sobrará, pero a quien no tiene se le quitará más aún” (Mateo 13, 12). Una consecuencia chocante, pero consecuente con el error de tomar como sujeto de discriminación a un objeto atemporal, la lengua, en lugar de a los seres reales auténticos.

D) ¿PERO DE VERDAD SE PRODUCE ASÍ EL INTERCAMBIO LINGÜÍSTICO?
Llegados a este punto es lícito cuestionarse sobre la corrección de esta historia que se nos relata de imposición lineal y simple ¿Son realmente el nacionalismo y el colonialismo agresivos los que dirigen coactivamente los cambios lingüísticos de los hablantes? ¿No existen factores intrínsecos al contacto interhumano que guían estos cambios? La verdad es que sí, y que la moderna sociología lingüística ha llegado incluso a determinar los patrones de intercambio entre lenguas, unos patrones que se muestran con bastante claridad cuando se contemplan las lenguas como redes de comunicación para sus hablantes. Así contempladas, las lenguas presentan propiedades muy estudiadas ya, tales como las externalidades de red, economías de escala, efectos de masa crítica y demás mecanismos de refuerzo positivo, como las preferencias adaptativas. El tamaño de la red es un factor básico: cuanto más gente usa una lengua más atractiva resulta.

Abram de Swaan (“Words of the World”, Cambridge, 2.001) y Louis-Jean Calvet (“Pour une ecologie des langues du monde”, Paris, 1.999) han estudiado cómo las personas aumentan su repertorio lingüístico para maximizar sus oportunidades de comunicación, por lo que, cuando actúan libremente, eligen lenguas con mayor “potencial lingüístico”: el cual, a su vez, no es sino el producto de dos factores: el número de hablantes de una determinada lengua en la zona de interés y el número de quienes la poseen como “segunda lengua” (su “centralidad”). Aplicado a nuestro caso, eso significa que la lengua “común” de una demarcación tiene siempre una capacidad atractiva que es independiente de cualquier designio nacionalista que exista detrás de ella. El simple hecho de constituir una red más amplia la dota con una atracción irresistible. Lo ha sido el español o castellano en nuestro país, lo está siendo el inglés en el mundo actual. Y este fenómeno no obedece a una planificación nacionalista o colonialista, sino al libre comportamiento de unos seres autoguiados por su interés, que es el de acceder a redes más amplias y eficaces.

Cuando las elecciones lingüísticas de los individuos están guiadas por el potencial comunicativo de cada lengua, entonces las relaciones entre las lenguas son fuertemente asimétricas, nos guste o no. Y de poco sirve la retórica sobre la “igualdad de las lenguas”, tan confusa como errónea. Una lengua común, o una lengua franca, no son iguales a una lengua local.

Permítaseme volver la vista a mi familia, a aquella mi abuela paterna Francisca Bravo que chapurreaba el castellano en los lluviosos domingos del Bilbao de los cincuenta. Resulta que, como averigüé más tarde, la familia Bravo se instaló en una pequeña aldea vizcaína, en Berriz, en 1762. Procedía de Mecereyes, un orgulloso pueblo de Burgos, y tuvo que traer su cédula probatoria de limpieza de sangre, como exigían las leyes del Señorío de Vizcaya (por eso la familia ha conservado su memoria precisa). Pues bien, cuando los Bravo se sumergieron en la ruralidad vasca en el siglo XVIII, adoptaron el euskera y perdieron el castellano. Dos siglos después, cuando reaparecen en Bilbao en las personas de mi abuela y mi padre, pierden el euskera y se pasan al castellano. Todo ello es congruente con la lógica utilitaria de las redes humanas y económicas en que se encontraron en cada momento. Muy lejos de la historia de abuso e imposición que hoy se nos narra.

Aunque el libro que comentamos no se haga eco de estos patrones normales de intercambio, sí es consciente de ellos. Y es consciente de que destruyen el valor de su tesis descriptiva de la realidad actual como fruto exclusivo de la injusticia. Por eso, dedica muchas páginas a atacar la idea misma de la “lengua común”, y a calificarla como una mera ficción cargada de contenido ideológico. No existen realmente las lenguas comunes, como el español o el inglés, nos dice. Son cánones abstractos que nadie habla en la realidad. Lo que en realidad existen son 38 variedades lingüísticas del español, y más de 50 del inglés. Pero esta descripción, por mucho que pueda ser correcta desde la ciencia lingüística, es una pura distorsión de la realidad operativa desde la perspectiva de los hablantes: igual que existe en la realidad sociohistórica que vivimos la lengua inglesa, existe una lengua común en España que todos hablamos y en la que todos nos entendemos. Decir que esa lengua es una pura ficción ideológica que no tiene existencia para la ciencia, y decirlo en esa lengua precisamente, para que todos lo entendamos, es una pirueta cientifista no muy seria.

En este combate con la realidad de la lengua común, el libro comentado llega a asociar, abusivamente, la idea de lengua común con la de lengua presuntamente superior, para meter así en el mismo saco de condena a una doctrina, la nacionalista, y a un hecho lingüístico; lo que no parece un proceder muy honesto. Y tampoco lo es el invertir, como deliberadamente hace, la dirección del proceso de intercambio entre lenguas, proponiendo como plan de actuación obligatorio para los gobiernos regionales el de ampliar coactivamente el conocimiento y el uso de las lenguas vernáculas para así hacerlas más ampliamente conocidas y usadas y, por tanto, atraer a los hablantes a su red. Es decir, crear mediante ingeniería lingüística y coacción lo que la evolución propia de los locuaces habitantes de España no ha creado. Invertir el proceso y corregir la historia, esa es la propuesta.

E) ¿Y LAS PERSONAS?
Congruentemente con su enfoque colectivista, el libro plantea como objetivo legítimo de la acción de gobierno (objetivo “obligado”, llega a decir) el conseguir que todos los habitantes de un territorio conozcan y hablen su lengua “nativa”. Cómo podría suceder que muchas personas no hablen una lengua que, sin embargo, es definida como “nativa” de ellos es un pequeño misterio que no se nos explica. Al igual que no se explica por qué sería necesario obligar a nadie a hablar su lengua nativa, que se supone que es la que habla según la propia definición de lo que se entiende por nativo. La explicación del galimatías reside, como es obvio, en la transposición de sujetos. ¿Quién es el nativo de que hablamos? Para el libro que criticamos, los nativos son los territorios, las lenguas o los pueblos. Para otros, entre los que me cuento, los nativos son las personas, puesto que sólo ellas nacen y mueren. Lo demás, me temo, son metáforas inadecuadas en un discurso que se pretende científico pero que no lo es.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El paseo
Alfonso USSÍA La Razón 26 Julio 2009

En unos años, si los nacionalistas no lo remedian, Bilbao y Santander estarán unidos por un tren de alta velocidad que cubrirá la distancia entre las dos ciudades en veinte minutos. Como Madrid y Toledo, como ejemplo a mirar. Ese proyecto protagonizó el primer encuentro de un «Lehendakari» vasco y un Presidente de Cantabria. Territorios tan unidos y hasta ahora, tan lejanos. Pachi López y Miguel Ángel Revilla celebraron la esperanza regalándose anchoas, quesos y pimientos, y me parece muy bien. El sueño lo merece.

No lo tendrán fácil. Desde las tierras vascas, que son de todos, los que se creen propietarios de ellas intentarán obstaculizar el proyecto. El nacionalismo no sobrevive si se supera la aldea. Los atentados contra la línea de alta velocidad Madrid-Bilbao y Madrid-San Sebastián, con paso obligado por Vitoria, se interpreta en el nacionalismo como un peligro. Es cierto que algunos dirigentes del PNV no se han opuesto frontalmente a su construcción, que ya ha costado algunas vidas inocentes, pero me quedo con la sincera expresión de angustia de un relevante dirigente en situación de supuesto retiro. «Los vamos a tener hasta en la sopa». ¿A quiénes van a tener hasta en la sopa? A los de fuera, a los maquetos, a los que niegan los inventados «derechos históricos» de los vascos, a los invasores de Madrid.

Cantabria y Madrid representan lo mismo. Unión y España. También la vecindad territorial. Decenas de miles de vascos tienen su segunda casa en La Montaña. En Castro, Noja y Laredo viven numerosos «ertzainas», que han elegido para sus familias la tranquilidad que no pueden disfrutar en determinadas localidades amenazantes. Los montañeses, en su mayoría, no ven con buenos ojos la progresiva instalación de vascos en Cantabria, pero esa perspectiva cambiará radicalmente cuando se aperciban de que la gente buena, la normal y pacífica, es tan vasca como montañesa, y que Cantabria necesita de esa normalidad tanto como el País Vasco para escapar de su actual situación. Un buen vasco es siempre un buen vecino.

Con Santander a veinte minutos de Bilbao se nublan muchos horizontes nacionalistas. Pierde sentido la obsesión de la diferencia. Los paisajes son similares, los valles parecidos, las costumbres semejantes, y la integración de unos y de otros, fuera de la coacción, la violencia y sobre todo del terrorismo, está asegurada. No hay dinero en el mundo que pueda impedir la culminación de la normalidad. Para ir y venir de Santander a Bilbao y viceversa, se invertirá el mismo tiempo que en recorrer en coche el tramo de la madrileña calle de Serrano que va desde Juan Bravo a la plaza de la Independencia. No puede existir un sentido nacionalista ante una realidad como ésta. Los vecinos de la Puerta de Alcalá nunca se han considerado independientes de los que viven en la calle de Juan Bravo. Veinte minutos es lo que se tarda, una tarde de fútbol de domingo, desde Cibeles al Estadio Bernabéu. Y a esto hay que añadir todas las ventajas económicas, sociales y turísticas que se producirían con la empresa culminada.

En treinta años no se le había ocurrido a ningún dirigente nacionalista que Santander puede estar a veinte minutos de Bilbao. Es lo que distingue a unos y a otros. Que vuelvan Pachi López y Revilla a regalarse anchoas, quesos y pimientos, y adelante con la esperanza.

Etas
JON JUARISTI ABC 26 Julio 2009

ESTA próxima semana, el día 31 de julio, festividad de San Ignacio de Loyola, ETA cumplirá cincuenta años, un aniversario que ha coincidido con la definitiva ilegalización de una de sus organizaciones subalternas, Acción Nacionalista Vasca, fundada en 1930 por disidentes del PNV y republicanos federalistas. Bajo la II República, ANV fue un partido democrático y un tanto ambiguo en su definición (algunos de sus dirigentes se proclamaban independentistas y otros soñaban con una república federal española), que hasta 1936 no comenzaría a mostrar inclinaciones izquierdistas. En los años sesenta, la ANV del exilio fue infiltrada por militantes de ETA y se sumó a la estrategia de frente nacional auspiciada desde esta última organización, rompiendo así con la línea de apoyo al gobierno republicano que había mantenido desde su integración en el Frente Popular (entre 1938 y 1946, ANV estuvo representada en los sucesivos gabinetes de Negrín por un ministro sin cartera, el arquitecto Tomás Bilbao).

No deja de resultar significativo, sin embargo, que uno de los fundadores de ETA, precisamente el que dio nombre a la criatura, Julen Madariaga Aguirre, fuera hijo de uno de los fundadores de ANV, Nicolás de Madariaga Astigarraga, y éste, a su vez, del dirigente histórico de los republicanos federales bilbaínos, Ramón de Madariaga Azcuénaga. El lema original de ETA, «Patria y libertad», sobre el que se acuñó su nombre eusquérico, Euskadi ta askatasuna, es el mismo que adoptó ANV, tomándolo de los federalistas vascos de la Restauración, que, por su parte, se lo habían copiado a Rizal y a los insurgentes filipinos.

No todo era, por tanto, original en la ETA de 1959. En un aspecto, al menos, representaba la continuidad de un vasquismo republicano, democrático y laicista, con raíces históricas en un federalismo español del que había sido un destacado exponente, en el ámbito vasco, el joven Miguel de Unamuno. No pocos miembros de la primera generación de ETA se formaron en la lectura voraz de la obra unamuniana y publicaron ensayos sobre la misma. Una revisión de la ETA de los primeros años depararía, en tal sentido, bastantes sorpresas. Por ejemplo, el marxismo y el culto a la violencia no aparecen por parte alguna. Sus fundadores se consideraban cristianos, existencialistas e incluso seguidores de Ghandi. El único elemento que marcaba una diferencia clara entre ellos y los militantes del Felipe, por ejemplo, era el nacionalismo, pero esta diferencia llegaría a hacerse decisiva, arrastrando a los de ETA hacia el terrorismo. No sin resistencias internas, que originaron convulsiones y fracturas a lo largo de su primera década de existencia. En vísperas del consejo de guerra de Burgos (diciembre de 1970), la mayor parte de los militantes de ETA se había deslizado hacia posiciones muy afines a las de los procedentes del Felipe y de la generación española del 68, de la que, evidentemente, formaban parte.

Otros grupúsculos del franquismo tardío produjeron fenómenos aislados de violencia terrorista, como los de la ETA de los últimos años sesenta, pero no un terrorismo sistemático. Ni siquiera el GRAPO alcanzó ese nivel. Si ETA derivó, ya en los setenta, hacia la práctica continua y creciente del terror, no fue sólo por su evolución ideológica hacia el leninismo, sino por simbiosis social con una comunidad nacionalista que había resurgido al conjuro de sus primeros atentados. A la extrema izquierda o a la extrema derecha les faltó un apoyo social que ETA tuvo en forma de permisividad o de complicidad activa del nacionalismo vasco en su conjunto.

Los 100 días de Gobierno de Alberto Núñez Feijóo
Despegue con retoques y promesas aplazadas
SELINA OTERO | VIGO La Opinión 26 Julio 2009

La derogación del decreto del gallego o las rebajas fiscales rentas bajas, principales promesas de Feijóo, aún no se han cumplido

En el primer balance del trabajo de un presidente, tras un periodo de tres meses, es tradición política pasar revista a las promesas electorales cumplidas, a las palabras que se llevó el viento durante la campaña y a los proyectos cuya urgencia anunciada no era tal. Núñez Feijóo ha logrado en poco tiempo aplicar el plan de austeridad, reduciendo consellerías y número de altos cargos. También ha puesto en venta los coches de alta gama tan criticados en periodo preelectoral. La comunidad cuenta ya con un borrador de la nueva ley del suelo y ha paralizado la ley de pesca para elaborar una más innovadora "y respetuosa con el sector". No obstante, en la balanza también pesan las promesas no alcanzadas en el tiempo previsto. El nuevo decreto del gallego se hará esperar, así como las adjudicaciones para parques eólicos, la puesta en marcha de piscifactorías o el plan del litoral

"Desde la toma de posesión no he tenido ninguna jornada de descanso. De noche estoy cansado. Pero cada mañana al despertarme y ver la catedral siento un orgullo inmenso por ser el presidente de Galicia". Los primeros pasos del Ejecutivo de Núñez Feijóo no han sido del todo amables. En la puesta en marcha de todo el equipo del nuevo Ejecutivo, se produjo algún que otro tropezón con titulares que dejaban entrever correcciones y "marchas atrás" por imprudencias o prisas por parte de algunas consellerías en dar respuestas inmediatas. Ocurrió con las ayudas al autómovil, con la posibilidad de segregar alumnos por aulas en función del idioma, con las funciones de las "superdelegaciones" de Vigo y Pontevedra, con la elección del director de la Crtvg sin el consenso requerido... Transcurridos tres meses de toma de contacto, los 100 días de cortesía, llega el momento del primer balance de Gobierno. ¿Se han cumplido las promesas que Feijóo anunció en campaña y reiteró en su investidura? En reducción de altos cargos y consellerías, sí. También en la venta de los coches de alta gama, la derogación de la Ley de Pesca, la elaboración del borrador de la nueva ley del Suelo o el pacto para el AVE en 2015. No obstante, hay fuertes compromisos que se resisten: la derogación del decreto del gallego, las rebajas fiscales del IRPF, el concurso eólico, el veto a la construcción en la costa o la revisión del plan de acuicultura

Austeridad
Con el aterrizaje en San Caetano, Feijóo logró reducir de 13 a 10 las consellerías y los delegados provinciales de 52 a tan sólo cinco, lo que supone un ahorro de 40 millones de euros en nóminas de altos cargos. La figura de los superdelegados provocó algún que otro desencuentro entre Vigo y Pontevedra. La solución fue dividir competencias sin olvidar que el mayor peso es para la capital de provincia. El nuevo Gobierno del PP acató a raja tabla el plan de austeridad anunciado en campaña, una decisión política derivada de la crisis actual. "Hemos ahorrado 144 millones de euros y tenemos 1.300 millones en presupuesto; un presupuesto que debemos reordenar", aclaró el presidente en la entrevista emitida el viernes en la TVG. Por otra parte, Presidencia puso en venta 23 coches de alta gama del parque móvil de San Caetano, una de las claves de la campaña del PP que caló en la opinión pública.

Decreto del gallego
La derogación del decreto puesto en marcha por el bipartito (que fijó 50% de asignaturas en castellano y 50% en gallego) supuso para el nuevo Gobierno un auténtico quebradero de cabeza desde la llegada a San Caetano. La derogación no ha podido ser inmediata, pese a las presiones ejercidas desde la etapa preelectoral por el movimiento Galicia Bilingüe. Feijóo insiste en que protegerá el gallego pero no lo impondrá. El cambio de normativa tendrá que esperar hasta el próximo año. De momento, queda descartada la segregación por aulas en función del idioma, así lo aclaró el presidente, y los padres han cubierto una encuesta para expresar en qué lengua desean que sean educados sus hijos. La nueva normativa sobre gallego, castellano e inglés no será fácil de desarrollar teniendo en cuenta las posturas enfrentadas entre colectivos implicados y la propia sociedad. Se perciben dudas. Por un lado, el secretario elegido por Feijóo para el área de Política Lingüística, Anxo Lourenzo, causó sorpresa (por su perfil y trayectoria en defensa de la normalización lingüística) y, por otro lado, se ha suprimido la prueba obligatoria en gallego de las oposiciones.

Galescolas
El presidente de la Xunta prometió tumbar el modelo "identitario" de las galescolas, uno de los proyectos estrella de Anxo Quintana durante el Bipartito. El PP las ha rebautizado con el nombre genérico de Escuelas Infantiles, no obstante, los directores y directoras de estos centros todavía no han recibido directrices por parte de la Administración autonómica para cambiar la programación o redirigir la estrategia lingüística. Quizás haya que esperar a la elaboración del nuevo decreto para que el ciclo de 0 a 3 años, que ha pasado a depender de la Consellería de Educación, se normalice......

Euskera al sol
JULIO ARRIETA. BILBAO. El Correo 26 Julio 2009

Mientras la mayoría se va a la playa, ellos pasan parte de sus vacaciones en los cursos intensivos de los barnetegis
Seis alumnos explican qué les lleva a dedicar al euskera parte de sus vacaciones de verano

Las vacaciones no sólo sirven para divertirse. Durante el verano se pueden hacer muchas cosas, entre ellas ir a un barnetegi a aprender o perfeccionar el euskera. El de Amorebieta, perteneciente a la fundación Aurten Bai (http://www.aurtenbai.com/), tiene capacidad para acoger a unos 90 alumnos que asisten a cursos intensivos en régimen de internado o de media pensión. En verano recibe a personas de todas las edades que buscan pulir su conocimiento de la lengua vasca, prepararse para el examen para obtener el Certificado de Conocimiento del Euskera (EGA) o simplemente mantener el nivel de lo aprendido a lo largo del curso.

«Yo estoy aquí porque necesito el EGA para trabajar», explica Patricia Paz, baracaldesa, profesora de educación física y educación infantil. «He estado haciendo sustituciones y los niños me gustan, y si quiero trabajar aquí en la enseñanza necesito el título. O lo sacas o lo sacas. No hay alternativa». Paz ha afrontado el examen sin éxito en un par de ocasiones y ahora lo intentará en septiembre. «No le coges manía a la lengua, al euskera, que me gusta -aclara-. Lo que te fastidia es la situación». Ha estado interna todo el año y acaba de pasar en este barnetegi la primera quincena de julio. Ahora se tomará un respiro, «voy a estar al sol un mes y luego vuelvo para preparar el examen de septiembre».

Convivencia
La ventaja de los barnetegis es que las clases se complementan con la convivencia que se desarrolla también en euskera. «No sales de clase y te pones a charlar en castellano, sino que automáticamente lo sigues haciendo en euskera, lo que te da soltura», detalla la joven profesora. «Además, en verano el ambiente es diferente, más distendido, bajas al pueblo a tomar algo, se hacen actividades fuera del barnetegi y vas a la playa o al monte».

Los alumnos que repiten la experiencia hacen amistad «o forman cuadrilla». Paz ha coincidido y ha hecho migas con un colega, otro joven profesor de educación física, Gaizka Lambarri. Es de Orduña y en cuanto al objetivo de sacarse el EGA, «estoy en ello. Este es mi tercer verano en el barnetegi», detalla. La 'historia lingüística' de Lambarri es muy común. Necesita aprender euskera, quiere hablarlo, le gusta, pero en su localidad no tiene con quién: «Mi entorno no es euskaldun.

En Orduña no se habla por la calle. La gente de mi edad lo domina más o menos, pero no lo habla». Para mantener la fluidez y sobre todo no olvidar lo que se ha aprendido durante el curso, «tienes que venirte a un barnetegi en verano, porque te lo tomas de otra forma. Siguen siendo un montón de horas de clase -ocho diarias, se empieza a las 8.30 de la mañana- pero te organizas para que no te resulte tan duro como durante el resto del año». No se trata de unas vacaciones, «pero te lo pasas bien, sobre todo si sabes que al volver te vas a encontrar con amigos».

Eneko Astola es uno de ellos. De hecho, su amistad es anterior al barnetegi, porque Lambarri y él estudiaron juntos. También profesor de educación física, este joven de Loiu pasa su primer verano en el barnetegi de Amorebieta, en el que estudia desde octubre. El entorno de Astola sí es euskaldun, «todos mis amigos en Loiu lo son. Sin embargo yo fui a un colegio de modelo A». Así que su vida social siempre ha sido en castellano. Hasta que necesitó el euskera para poder trabajar.

Empezó a ir de un euskaltegi a otro. «Pero vi que no era suficiente. Lo que no aprendes en dos años en un euskaltegi lo aprendes en 9 meses en el barnetegi». En estos centros se vive y sobre todo se convive en euskera, además de estudiarlo, «mientras que en el euskaltegi la gente pasa de hablarlo entre clase y clase, y cuando te vas a casa te olvidas porque desconectas». Pasar quince días de verano en el barnetegi es el extremo opuesto. «Yo es que esto no lo veo como estar estudiando -asegura Astola-, pasas unos días aquí hablando en euskera. Así que salgo de aquí y hablo en euskera en cualquier sitio». También con sus amigos: «En mi cuadrilla les hace gracia, porque yo hablo en 'batua' y ellos lo hacen en 'bizkaieraz'».

Fluidez
La necesidad de contar con el EGA para poder trabajar también ha traído a Lucía Bengoechea al Zorno-tzako Barnetegia. Ella no se dedica a la enseñanza, sino que trabaja en el Departamento de Sanidad. «Si he venido este verano ha sido sólo para hablar, porque me cuesta muchísimo», comenta. Una de las tres pruebas de las que consta el examen del EGA es oral y Bengoechea quiere mejorar su fluidez para presentarse en septiembre. «En verano esto es como parte de mis vacaciones. Si vienes a un barnetegi el resto del año hay más presión, porque se te apelotona todo: la familia, el trabajo y el euskera». En julio organizarse es más fácil. «Hay menos presión, además de que te olvidas del trabajo. Tengo dos hijos -explica-, ella de 12 y él de 10, y estos días los tengo colocados. Un día están en un campamento, otro con la abuela, otro con su padre». Los chavales son sus profesores particulares. «Estudian en euskera 'batua' y nos entendemos perfectamente». Y encima la corrigen: «'Berriro erratu zara, ama' (te has equivocado de nuevo, ama) es la frase más oída en mi casa» (ríe).
Alberto Calderón también tiene quien le corrija en casa: su hijo mayor, «de cinco años y medio. Tenemos otro recién nacido». Este bermeano nacido en Cáceres se dedicaba a la construcción, pero «debido a la falta de trabajo» quiere volver a estudiar. Él no necesita el EGA. De hecho, ya lo tiene.

«Esta es la quinta vez que vengo, siempre en verano. Suelo pasar aquí una quincena». Calderón empezó a estudiar euskera tras el nacimiento de su primer hijo. «Me di cuenta de que en Bermeo sólo existe el modelo D. Así que decidí aprender euskera para hablar con él y poder ayudarle cuando estudie». Empezó a estudiar y acabó comiéndole el gusanillo. «Yo estoy encantado con el euskera. Y lo mejor es que ya lo hablo con mi hijo. Yo le hablo en 'batua' y él me responde en vizcaíno de Bermeo». Los niños «lo atrapan todo y te corrigen. El mío, cuando cometo un error, también salta 'aita, hori ez da horrela!' (¡aita, eso no es así!)». Sin ningún examen temible por delante, ve la estancia en el barnetegi como un complemento de las vacaciones: «Estudiar no significa que no te puedas divertir. No es que salgamos todos los días, pero los fines de semana aprovechas, bajas al pueblo, tomas un par de cervezas... El ambiente es muy bueno, porque nos ayudamos unos a otros y eso hace que surja un vínculo entre nosotros».

Muy amigas
Susana Bernas, profesora bilbaína de Secundaria, también tiene el EGA desde hace tres años. «Desde que lo saqué he venido los tres veranos. En Bilbao no tengo entorno euskaldun y necesito hablar en euskera con alguien, para mejorar la fluidez y no perder vocabulario». El verano es la mejor época para conseguir esos objetivos: «Todo el mundo está más relajado y además tienes tiempo libre. Durante el curso aquí hay mucho estrés y ahora hay tranquilidad». Los meses anteriores a obtener el EGA eran bien diferentes: «Aquello fue espantoso ¡Menudos nervios! No tenía nada que ver con esto». Bernas pasó tres años en este barnetegi y tiene «amigas muy amigas que conocí aquí». Así que este mes de julio se ha traído a su hijo de 18 años. Como profesora, «estoy encantada de ver sufriendo ahí delante a un 'profe' que no soy yo» (ríe).
Uno de los 'profes' de Zornotzako Barnetegia es Jesús Arbaiza. Corrobora la impresión general de que un barnetegi es muy diferente en verano que durante el curso. «Ahora, en julio, es más relajado tanto para alumnos como para profesores.

Procuras preparar un programa con cosas que a ti te gustan y que sabes que al alumno le van a gustar». En agosto el ambiente cambiará, con los alumnos preparándose para el examen del EGA en septiembre. «Aquí la convivencia es muy estrecha, los alumnos pasan aquí más horas que en ninguna otra parte y los nervios se contagian con facilidad. ¿Qué le vas a decir a una persona que se ha presentado cuatro veces y no ha aprobado?». El aprobado da lugar «a unas alegrías increíbles. Pero siempre hay quien se queda en el camino. Me alegro por los que aprueban, pero es más fuerte la pena que sientes por los que no lo hacen».

Homenajes impunes a etarras
ALBERTO LARDIÉS ABC 26 Julio 2009

PAMPLONA. Para escarnio de las víctimas de ETA, siguen en marcha los homenajes a etarras en las fiestas de dos pueblos de Guipúzcoa y en ciudades como Vitoria. Anteayer fue en Ordizia, ayer en la capital alavesa y hoy toca en Villabona. En la plaza, los cómplices de los terroristas exaltan el recuerdo de los asesinos encarcelados, a los que tachan de «represaliados», «presos políticos» o «refugiados» y para los que piden «libertad» o «amnistía», mientras los familiares de los asesinados deben correr la cortina para no sufrir todavía más. Víctimas y verdugos con los papeles intercambiados, por enésima vez. «Dignidad y Justicia» solicita la prohibición de los eventos, pero los jueces no le dan la razón.

Tal y como lleva denunciando ABC las últimas semanas, los jueces de la Audiencia Nacional están permitiendo las celebraciones por no hallar suficientes pruebas de enaltecimiento del terrorismo y considerar que se trata de actos en contra de la dispersión de los presos etarras, pese a las evidencias aportadas por la citada asociación en sentido contrario.
Si la semana pasada fue un homenaje en Santurce nada menos que a dieciocho etarras, ahora toca en los pueblos nombrados. En medio de un ambiente festivo, cinco actos: dos en Ordizia y tres en Villabona. Otros 15 asesinos honrados. ¿Dónde serán los próximos?

El primero de ellos se celebró el viernes en Ordizia, donde una manifestación recordó a los etarras. «Jaietan ere presoak kalera» (En fiestas también los presos a la calle) rezaba la pancarta tras la que marchaban los asistentes, algunos de ellos con fotos de reclusos de ETA, como mandan las costumbres proetarras. Hoy toca el turno al «Acto contra la dispersión», con una cena en la plaza de la Verdura de Villabona a las nueve de la noche. En esta misma localidad, donde por cierto ETA perpetró hace 41 años su primer asesinato, el del agente Pardines de la Guardia Civil, se celebra el viernes 31, a las ocho de la tarde, en el cine de verano, la «Enkartelada ixila» (Encartelada de presos), bajo el lema: «Dispersioari Stop!».
Para empezar la semana, mañana, a las 12, se celebra de nuevo en Ordizia la concentración en favor de los presos de ETA. Las camisetas con las fotos de los etarras del lugar constituyen otro de los reclamos de las fiestas.

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz cree que los actos de Ordizia y Villabona no son un homenaje. Para justificarlo alega que los lemas previstos no evidenciabann una conducta delictiva «en sí misma, sino que sólo se reclaman que (los presos) no estén dispersos».

A pesar de las bofetadas judiciales, la asociación que dirige Daniel Portero no se rinde. El viernes presentó un recurso de apelación tras el auto de Pedraz que permitía estos actos. Y piensa seguir persiguiendo todo este tipo de comportamientos favorables a la banda asesina y sus miembros. El pasado año, durante las fiestas de Bilbao, Portero denunció haber sido amenazado de muerte por parte de individuos que asistían a un homenaje a etarras de la comparsa «Kaskagorri».

Otros actos recientes
Los homenajes a etarras en las fiestas de los pueblos forman parte de la cotidianidad del País Vasco y algunos puntos de Navarra. Hace un mes tuvieron lugar las fiestas de San Juan en el municipio guipuzcoano de Hernani. El día 24 tocó el típico homenaje en la plaza del pueblo. Y el día 26 estuvo dedicado íntegramente a los «represaliados». Víctimas y verdugos confundidos, como siempre en los reductos de los proetarras.


Cómo sobrevivir a la gripe A
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Cómo sobrevivir a la gripe A
REUTERS | Muchos adoptan ya precauciones con el uso de mascarillas
Dos adolescentes madrileños, contagiados de gripe A en Gerona
«El virus H1N1 desplaza a la gripe común»
La gripe A se cobra 800 vidas, un centenar más que hace tres días
Viaje al interior del virus H1N1
Un hombre de 45 años en Alicante, quinto muerto por gripe A en España
Sanidad presentará un plan para contener la expansión de la gripe A en las empresas
Sanidad compra 5 millones más de antivirales para la gripe A
Decálogo de la enfermedad
1 Los síntomas de la gripe A aparecen entre uno y cinco días después de penetrar el virus en el organismo. Además de fiebre alta, tos, congestión nasal, estornudos, dolores musculares y malestar general, hay personas que también sufren vómitos y diarrea. Ante las primeras sospechas hay que llamar a los servicios sanitarios.
2 Los grupos de riesgo que deben vacunarse no están perfilados de forma oficial. Sin embargo, los expertos señalan algunos colectivos más vulnerables: niños menores de cinco años, embarazadas y adultos con patologías crónicas (enfermedades respiratorias, inmunodepresión...). Aunque los mayores de 60 años se infectan menos, si se contagian tienen más riesgo de que surjan complicaciones.
3 El contagio se produce no sólo por el aire, lo más frecuente es que sea de forma indirecta, cuando una persona se toca los ojos, nariz o boca después de haber tocado microgotas que contienen el virus y que han quedado depositadas en las manos y otras superficies.
4 Lavarse las manos con agua y jabón de forma frecuente es la principal medida de prevención para evitar el contagio y la propagación de la pandemia. Sobre todo, después de viajar en transporte público, al regresar a casa, antes y después de comer... Hay otras reglas de oro: no tocarse la boca, nariz ni ojos; taparse la boca y la nariz con un pañuelo desechable al toser o estornudar y evitar el contacto con afectados de nueva gripe.
5 El enfermo debe quedarse siete días en casa y no recibir visitas. Por tanto, no irá a trabajar ni a clase. Tendrá que estar en una habitación separada y cerrada. Su cuidador deberá utilizar una mascarilla quirúrgica cuando le atienda y extremar las medidas higiénicas.
6 No todos los enfermos necesitan antivirales. El médico decidirá en qué casos administrarlos. Para que sean efectivos deben tomarse en las primeras 48 horas tras aparecer los síntomas. Además, se utilizan analgésicos y antitérmicos para aliviar los síntomas. Hay que beber mucho líquido y hacer reposo.
7En España, se desarrollarán dos campañas de vacunación: una de la gripe común y otra de la gripe A. Aunque las farmacéuticas no tendrán listo el fármaco del nuevo virus hasta el otoño. El Gobierno ya ha encargado 37 millones de vacunas para inmunizar al 40% de la población. Serán dos dosis por persona.
8El Gobierno publicará una guía para que las empresas disminuyan el impacto de la gripe A en sus plantillas. Las funciones esenciales siempre estarán cubiertas. Hay que facilitar las medidas higiénicas a los empleados. Y crear un comité de crisis que siga la situación.
9 Los organismos internacionales no han recomendado el cierre de guarderías, colegios, institutos y universidades.
10No existe ninguna restricción a los viajes. En los aviones hay un protocolo de actuación en el caso de que se detecte una persona con gripe A entre el pasaje.
TELÉFONOS
El Ministerio de Sanidad ofrece un teléfono de información y atención al ciudadano: 901 400 100.

Para contactar con los servicios sanitarios de las Comunidades Autónomas hay que llamar al 112 excepto en las siguientes regiones:
- Andalucía: 902 505 060.
- Aragón: 112 y 061.
- Baleares: 061.
- Canarias: 012.
- Cantabria: 942 35 74 18.
- Cataluña: «Sanidad responde» 902 111 444.
- Galicia: 061.
- Comunidad Valenciana: 900 161 161.

A través de las páginas web de varios organismos internacionales se pueden obtener más datos sobre la evolución de la enfermedad y también consejos para evitar la propagación. Estas son algunas:
- OMS (www.who.int/es, en español).
- CDC americano (www.cdc.gov/spanish, en español).
- Ministerio de Sanidad de España (www.msc.es).
M. J. PÉREZ-BARCO/RUTH PILAR ESPINOSA | MADRID ABC

Con la cercanía del otoño, medio mundo se prepara para hacer frente a una probable y rápida propagación de la nueva gripe, mientras observa cómo el virus H1N1 ha desplazado a la gripe común durante el invierno que vive el hemisferio sur. Un escenario que podría trasladarse a los países europeos. Aunque las autoridades sanitarias internacionales y nacionales envían mensajes de calma a la población, nunca está de más conocer lo que quizá llegue en los próximos meses.
Periodo de incubación: Entre uno y cinco días
Desde que el virus H1N1 penetra en el organismo hasta que aparecen los primeros síntomas de la enfermedad pueden transcurrir entre uno y cinco días. En el caso de la gripe común el período de incubación es de veinticuatro a cuarenta y ocho horas.
Punto crítico de la pandemia: Llegará con el frío
La bajada de las temperaturas y las condiciones meteorológicas del invierno favorecen la propagación de este tipo de virus. Lo más probable es que se empiece a extender desde noviembre hasta febrero, que suele ser también la época de la gripe común.
Cómo se produce el contagio: Por contacto
El virus H1N1 se transmite de persona a persona cuando alguien que tiene la enfermedad expulsa gotitas de saliva o secreciones nasales al toser, hablar o estornudar. Estas se desplazan por el aire y pueden entrar en contacto, o introducirse en la boca o la nariz, de personas cercanas.
También se produce el contagio indirecto, más frecuente, por tocarse los ojos, la nariz o la boca después de haber tocado las microgotas que han quedado depositadas en manos y otras superficies.
Los enfermos de gripe A transmiten el virus desde un día antes de empezar a manifestar los síntomas hasta siete días después.
Síntomas: Fiebre alta de repente
Son muy similares a la gripe estacional: fiebre de más de 38º que aparece de repente, tos, congestión y secreción nasal, estornudos, dolores musculares y de garganta , escalofríos, fatiga y malestar general. En muchas personas también han aparecido vómitos y diarrea.
A veces se producen infecciones bacterianas al mismo tiempo que se desarrolla la enfermedad o después de que esta haya pasado, lo que puede dar lugar a neumonías, infecciones de oído o sinusitis.
Si la gripe A se vuelve más agresiva será necesario una atención médica inmediata. Algunos síntomas nos alertarán de ello: dificultad para respirar, dolor o presión en el pecho o abdomen, mareo repentino, confusión, vómitos constantes, labios de coloración morada o azulosa, signos de deshidratación, convulsiones y somnolencia.
Ante la primera sospecha: Contactar con los servicios sanitarios
Ante el primer síntoma, el Ministerio de Sanidad recomienda contactar por teléfono con los servicios sanitarios de cada comunidad autónoma. A través de diferentes preguntas evalúan al paciente y su nivel de riesgo. Algunas regiones han habilitado teléfonos dedicados sólo a la gripe A. Sólo los casos graves deben ir al hospital. Hay que evitar colapsar las urgencias.
Grupos de riesgo: Aún por definir
Los organismos internacionales todavía no han perfilado cuáles serán los colectivos de riesgo que deberán ser vacunados de la gripe A. No obstante, los expertos apuntan ya los grupos más vulnerables: niños menores de cinco años, mujeres embarazadas y adultos con enfermedades crónicas (respiratorias, cardiovasculares, inmunodepresión, diabetes...).
Se considera que la enfermedad puede resultar más agresiva en mayores de 60 años, aunque no son los que más se infectan, sí son los pacientes con más peligro de presentar complicaciones al contraer el virus.
Duración de la enfermedad: Lo peor, durante cuatro días
Lo habitual es que la gripe evolucione favorablemente en dos o cuatro días a partir de los primeros síntomas, aunque se puede continuar con tos durante una semana y con la sensación de cansancio durante varias semanas más.
Medidas preventivas: Lavarse las manos
Si hay un consejo esencial de prevención es lavarse las manos a menudo con agua y jabón, durante un minuto, y secárselas con papel desechable que habrá que tirar a la basura. Esta medida higiénica resulta fundamental siempre, pero sobre todo después de toser, estornudar, viajar en transporte público, volver de la calle, tocar objetos... También sirven unas toallitas que contengan alcohol.
No hay que tocarse la boca, la nariz o los ojos con las manos. Y tendremos que taparnos boca y nariz al estornudar o toser con un pañuelo desechable, que luego se tirará a la basura. Y después lavarnos las manos.
Se recomienda evitar el contacto con enfermos y no frecuentar lugares multitudinarios. En Estados Unidos, incluso, se aconseja prepararse para la enfermedad: hacer acopio de suministros para quedarse en casa una semana (alimentos, desinfectantes,pañuelos desechables).
El enfermo en casa: Siete días de reposo
Además de extremar las medidas higiénicas anteriores, la persona que contraiga el virus H1N1 debe aislarse en su hogar durante una semana y no recibir visitas. Por tanto, no irá a trabajar ni a clases. Si se ve obligado a salir, por ejemplo para ir al médico, debe utilizar mascarilla quirúrgica, al igual que cuando comparta las zonas comunes de la casa. Tendrá que estar en una habitación separada y cerrada. Y si es posible usar un baño aparte, que será desinfectado todos los días.
Hay que mantener desinfectadas las superficies de muebles, baños, cocinas... y ventilar diariamente las zonas comunes. La ropa de cama, toallas y utensilios de comida del enfermo no es preciso que se laven por separado, pero nadie debe usarlos si no se lavan primero con el detergente o lavavajillas habitual. Quien se ocupe de la colada, debe evitar ponerla encima de su cuerpo para no contaminarse. Se pueden adquirir toallas de papel o asignar una toalla de tela a cada miembro de la familia.
Los que viven con un enfermo deben preguntar al médico si es necesario seguir algún tipo de tratamiento. Son convenientes otras normas: no colocarse frente al afectado ni a menos de un metro de distancia de él. Utilice mascarilla cuando esté cerca y cuando salga de casa. Una vez usada hay que tirarla a la basura y lavarse las manos. Cuando lleve a un bebé enfermo en sus brazos, la barbilla del niño tiene que mirar hacia el hombro para evitar que le tosa directamente a la cara.
Tratamiento: Antivirales
No todos los enfermos de gripe A necesitan antivirales. Por el contrario, la mayoría no precisa estos fármacos. El médico deberá decidir en qué casos se administran. En España, una vez que se haya abastecido el sistema sanitario, se dispensarán con receta médica en las farmacias. El Gobierno distribuirá 15,4 millones de tratamientos.
El tratamiento contra la gripe A está dirigido a reducir los síntomas y la infección. Se utilizan dos principios activos: oseltamivir (Tamiflu) y zanamivir (Relenza), que se deben administrar en las primeras 48 horas. Existen otros medicamentos que sirven para aliviar el malestar general: analgésicos y antitérmicos como paracetamol e ibuprofeno. Hay médicos que también prescriben descongestionantes nasales y antitusivos contra la tos.
Los procesos gripales pueden ir acompañados de infecciones bacterianas. Por lo tanto, algunas personas necesitarán tomar además antibióticos. Hay que sospechar cuando la enfermedad es más grave o prolongada o parece mejorar pero luego empeora.
El CDC americano recomienda no administrar aspirina (ácido acetilsalicílico) a los niños y adolescentes porque puede causarles una enfermedad rara pero grave llamada síndrome de Reye.
Aparte de los fármacos, hay que beber mucho líquido para evitar la deshidratación (zumos con vitamina C, bebidas energéticas, agua, caldos) y hacer reposo. Y un principio fundamental: no tomar medicamentos sin prescripción médica.
Colegios: Seguirán abiertos
Por ahora, los organismos internacionales no recomiendan el cierre de guarderías, colegios, institutos y universidades. Unas directrices que sigue nuestro Gobierno.
Empresas: Reducir el impacto
El Ministerio de Sanidad presentará en los próximos días una guía para que las empresas prevean cómo minimizar el impacto de la gripe A en su plantilla. No obstante, ya hay informes con algunas recomendaciones. Las funciones esenciales siempre quedarán cubiertas, bien formando trabajadores en tareas que no desempeñan a diario, bien ofreciendo apoyo familiar a los empleados imprescindibles, por ejemplo, para cuidar de sus hijos.
Algunos consejos son muy prácticos: nunca puede faltar jabón en los baños, instalar productos con base de alcohol en zonas de paso, proporcionar toallitas desinfectantes para que los empleados puedan adecentar las superficies de sus elementos de trabajo y que no falten papeleras (con tapa mejor).
Un comité de crisis seguirá la situación y adoptará decisiones como mandar a casa de forma preventiva a los profesionales expuestos al virus o distribuir las mesas de la oficina a un metro de distancia. Los empleados estarán informados sobre qué hacer: por ejemplo, no compartir artículos de oficina. Reuniones y viajes pueden reducirse o sustituirse con videoconferencias o teletrabajo.
Vacunas: Llegarán en otoño
El Ministerio de Sanidad llevará a cabo dos campañas de vacunación: una para la gripe común y otra para la gripe A. No se descarta que algunas personas tengan que vacunarse de ambos virus.
Aún está por ultimar el calendario (puede ser que se adelante) y los grupos de riesgo que deberán ser inmunizados contra la gripe estacional. Pero todo parece indicar que será como otros años: durante el otoño.
Sin embargo, existen más incógnitas sobre la vacuna de la nueva gripe. Por un lado, las farmacéuticas creen que estará disponible en otoño, pero no conocen la fecha exacta. Por otra parte, los organismos internacionales no han definido aún a qué colectivos vulnerables deberán ser administradas.
España ha adquirido 37 millones de vacunas para cubrir al 40% de la población. Se deben administrar dos dosis por persona.
Transporte aéreo: Viajes sin restricciones
Los organismos internacionales no han impuesto ninguna restricción a los viajes. No obstante, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha establecido una guía de actuación a bordo de las aeronaves si se detecta algún caso de gripe A entre los pasajeros. Desde aislar al enfermo (y su equipaje de mano) hasta qué hacer una vez que se llegue al destino.
Alimentación: No hay peligro con el cerdo
Ni la carne de cerdo ni sus derivados pueden transmitir el virus H1N1, siempre que se hayan manipulado y cocinado de manera adecuada. Tampoco el agua potable presenta riesgos.
 


 

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