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Recortes de Prensa    Lunes 27 Julio 2009

 

Réquiem por el sistema que nunca existió
JOSÉ MARÍA RUIZ SOROA El País 27 Julio 2009

Forzoso es reconocer que lo que pomposamente se denomina nuevo sistema de financiación autonómica es cualquier cosa menos un sistema o modelo. Aunque probablemente nunca lo ha sido. Los hacendistas dicen que la financiación autonómica se basa en España en el reparto inicial y contingente de recursos que se efectuó al ir transfiriendo las competencias y los medios anejos a ellas. Es de esa asignación inicial de la que se ha partido en todos los subsiguientes intentos para reordenar el asunto, respetando siempre la regla básica de las burocracias de dar por consolidado lo existente ad aeternum, y pelear siempre por la mejora del trozo de tarta propio. Cuando se habla de esos índices que sustentarían el sistema (población, envejecimiento, dispersión, insularidad...), se oculta al público que tienen nombre y apellido detrás. Vamos, que cuando se necesita por razones políticas aumentar los recursos de Ruritania, lo que se hace es introducir una modulación en el índice de población basada en la densidad de zuecos por hectárea partido por el número de vacas, justamente, ¡oh casualidad!, lo que conviene a los ruritanos.

Lo que se ha hecho ahora, aunque con más oscurantismo del acostumbrado, es arrancar de un a priori político: el de que Cataluña debía recibir una financiación superior a la que tenía, colocándola por encima de la media nacional. Lo cual era en sí mismo, y si lo tomamos aisladamente, bastante razonable, pues la permutación del orden de colocación entre comunidades que se producía hasta ahora a través de la nivelación redistributiva no era equitativa: no era justo que un extremeño gozara de unos recursos públicos de financiación superiores a los de un catalán, cuando éste contribuía más a la generación de esos recursos (principio de ordinalidad). Y una vez establecido que el resultado final tenía que colocar a Cataluña en mejor situación, se han diseñado unas reglas que lo aseguren y que, al tiempo, no provoquen la rebelión abierta de otras autonomías, aunque los resultados sean ahora injustos para otros ciudadanos no catalanes, como los madrileños o valencianos, que, partiendo de una aportación similar a la catalana, reciben mucho menos. Defectuoso antes, defectuoso ahora. Con el agravante de que se institucionaliza y consolida la práctica de financiar gastos corrientes con déficit público.

Es una pérdida de tiempo analizar lo decidido desde los parámetros de la equidad o la racionalidad ideales. Se trata de una decisión política que sólo puede entenderse desde las constricciones de la propia política. Lo que hay que preguntarse son dos cosas: ¿cuál era el problema? y ¿sirve lo que se ha hecho para solucionarlo?

La necesidad de privilegiar a Cataluña (como antes a Euskadi y Navarra) obedece a razones políticas de dos clases: las coyunturales del gobierno de turno, y las de longue durée de intentar asegurar la integridad nacional. El pacto de Aznar en el hotel Majestic en 1996 es un ejemplo perfecto de las coyunturales. En el caso del Partido Socialista, la coyuntura es palmaria si llevamos a cabo un experimento mental: el de la no-Cataluña y no-Euskadi. Supriman por un momento de España esas dos comunidades y repartan los votos y escaños para el Congreso sólo en el resto de la nación en las elecciones generales de 2008. El cálculo lo ha hecho algún politólogo: el Partido Popular tendría mayoría absoluta en las cámaras.

Si vamos a las razones políticas de fondo, la cuestión se plantearía así: como Estado de inspiración federal, España tiene problemas de integración (la voluntad de mantenerse juntos) y de articulación (el diseño e implementación de la arquitectura federal). Ambos son de naturaleza diversa; además, los de integración afectan sólo a Cataluña y Euskadi, mientras que la articulación afecta a todos. Sin embargo, hemos caído desde el principio en la tentación de intentar resolver las deficiencias de integración mediante la manipulación de los esquemas de articulación.

Todos los gobiernos han aceptado la premisa implícita de que dándoles más autogobierno (en competencias, en fondos o en procesos de decisión política) a Cataluña o Euskadi, éstas se integrarían por fin en un proyecto superior compartido. La realidad, sin embargo, ha demostrado más bien lo contrario: el independentismo ha crecido en ambas sociedades y sus clases políticas. Lo cual es lógico, pues el sentimiento nacionalista percibe y asimila lo que es una concesión como el pago de una deuda (Montilla dixit) o un derecho histórico (Gernika proclama), lo que anula su efecto atractivo. Al final, sin ganancia para la integración (la añorada bundestreue) y a golpe de manipulación de la ingeniería federal, hemos dejado el Estado con un inequívoco aire chapucero.

Quienes entienden pronostican que en dos años Cataluña impugnará de nuevo el estatus de financiación alcanzado hoy. Resultará insuficiente para ella, como resulta políticamente insuficiente para el nacionalismo vasco el esquema del Concierto Económico más Cupo, y eso que produce una financiación pública por habitante superior en 60 puntos a la media nacional (mientras que Cataluña no logrará superarla ahora ni en 10 puntos). Al final, la falta de imaginación y voluntad de la clase política española para abordar los déficits de integración no se remedia con las manipulaciones del esquema de articulación. Con éstas sólo se consigue comprar tiempo y desarticular un sistema que, si bien se mira, nunca llegó a existir como tal.

José María Ruiz Soroa es abogado.

Héroes de nuestro tiempo
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 27 Julio 2009

LO que nos faltaba: tras culpar a los empresarios de la ruptura del diálogo social, Zapatero «espera poder lograr rédito político por frenar a la organización empresarial», según «El País». Dispónganse, por tanto, a escuchar en las próximas semanas y meses al gobierno y sus terminales mediáticas que los empresarios son los culpables de que la crisis se agrave, el paro aumente y la economía empeore. Para ello, el presidente echa mano de su arma favorita y puede que única: la mentira. «Quieren el despido libre», clama. Cuando los empresarios no quieren el despido libre, quieren una reforma laboral, que ponga nuestra legislación a tono con el mundo en que vivimos, única forma de sobrevivir. Y no sólo lo piden ellos, lo piden todas las entidades económicas responsables, empezando por el Fondo Monetario Internacional y terminando por la Comunidad Europea. Sin olvidar al propio Banco de España. Pero ¿qué le importa a un hombre que ha hecho de la irresponsabilidad el eje de su política?

De cuantos errores ha cometido Zapatero, y miren que los ha hecho, éste de convertir a los empresarios en los culpables de nuestras desgracias es el mayor de todos. Más que la desafortunada negociación con ETA, más que la infausta reforma estatutaria, más que la cínica financiación autonómica, ya que esta vez se ataca al motor de nuestro tejido productivo. Este hombre, que no ha ganado en su vida un céntimo compitiendo en la economía real, no se ha enterado de que los empresarios son los héroes de nuestra época, los que hacen avanzar la sociedad y fomentan la riqueza de las naciones. Los que crean puestos de trabajo y elevan el nivel de vida de los pueblos. Los que arriesgan, innovan, avanzan y descubren. Y no lo hacen por dinero. Si lo que buscasen fuera dinero, se dedicarían a la especulación inmobiliaria o financiera. O a la política, que es donde se gana hoy el dinero más fácil y más rápido. Si el empresario quiere dinero es para invertirlo en su empresa, ya que el sueño de todo empresario es tener la empresa más grande de su país y, a ser posible, del mundo. En lo que muchos de ellos se arruinan personalmente. Pero por el camino han creado cientos, miles de puestos de trabajo, han generado impuestos y han contribuido a elevar el nivel técnico y económico de su nación.

Pues a estos hombres y mujeres -hay también mujeres empresarias- quiere hacerlos el presidente de gobierno los cabezas de turco de una crisis que empezó negando, siguió ignorando y a estas alturas se le ha ido por completo de las manos, ya que las medidas que ha tomado, en vez de atajarla, la agravan. No digo que sea una vergüenza para él, que ha demostrado tener muy poca. Pero es una vergüenza para los que siguen apoyándole, conscientes de la ruina a que nos lleva.

Lucha de clases
José María MARCO La Razón 27 Julio 2009

En mayo del 68, los estudiantes con vocación de estalinistas (luego se convertirían al maoísmo, al trotskismo y a toda clase de totalitarismos con nombre de tebeo) creyeron que se podía hacer una revolución vanguardista y libertaria, con la felicidad como objetivo político y los derechos como chantaje al resto de la sociedad. No por eso perdieron su apego al marxismo. Renegaron, por razones estéticas, de las estantiguas soviéticas, pero no criticaron nunca el estalinismo caribeño y mágico, a lo García Márquez, del castrismo. Fueron los pioneros de lo que iba a ocurrir en el país occidental que entonces parecía más atrasado y ahora encarna la vanguardia más rabiosa. El vodevil, o encerrona, de la cena en Moncloa con sindicatos y patronal lo ha confirmado definitivamente.

Hasta ahora, la política del Gobierno socialista se había movido en los símbolos culturales, como la falsificación de la historia o el laicismo; en una nueva configuración postnacional de España, y en los llamados derechos sociales, traducidos en los 4.137.500 desempleados de los que anda tan ufano Celestino Corbacho, de profesión ministro del Paro. Desde la encerrona de la Moncloa, hemos vuelto a tiempos pretéritos, de antes del Congreso socialista, donde Felipe González decretó el fin del marxismo.

Ha vuelto la lucha de clases. A falta de tomar el Palacio de Invierno, quiero decir de Oriente, algo que se antoja desorbitado incluso en la España de hoy, esta nueva trinchera traerá consecuencias previsibles. Los empresarios se cansarán de sufragar la interminable ristra de derechos otorgada por los sesentayochistas neomarxistas y no intentarán ya crear empleo. Que lo cree la alianza de Gobierno y sindicatos, ese nuevo Frente Popular que da voz al sufrido proletariado. La lucha de clases cambia los papeles. Ahora habrán de ser empresarios los representantes de los explotados. Pues bien, éstos jamás han sido capaces de generar un solo puesto de trabajo. Y si lo hacen es a costa del empobrecimiento de todos.

La irresponsable pasividad del PP
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 27 Julio 2009

"Ahora podemos vivir sin brujos,
dentro de unos años
sabremos hacerlo sin políticos"
(Fernando Fernán-Gómez)

Serán pocos los españoles, incluso devotos del socialismo, dispuestos a admitir a José Luis Rodríguez Zapatero como un gobernante entregado a los intereses de la Nación y el bienestar de los ciudadanos. Zapatero, el de las ocurrencias, es un líder mediocre, fruto de una circunstancia adversa en el seno del PSOE y que siempre parece dispuesto a anteponer su continuidad en la Moncloa al bien común. Esconde una soberbia patológica bajo un manto de talante bondadoso que, llegadas las ocasiones, se sublima y desaparece. Es un sectario, incapaz de sentirse responsable de un Gobierno para todos los españoles y que, en una pirueta propia para el análisis psiquiátrico, pretende en el siglo XXI que su abuelo gane la guerra que perdió cuando el XX no había cruzado su ecuador. Armado con una piqueta federal, tiene lo obsesión de una España confederal y, en aras de una mal entendida "memoria histórica", quiere darle la vuelta a una tortilla que ya ni siquiera está en el fuego.

Señalo lo de más arriba para poner en evidencia la irresponsable pasividad con la que, ensimismados en sus problemas internos, los líderes del PP se enfrentan al papel que les toca interpretar.

Acabamos de asistir a la ruptura del "diálogo social" con el que el Gobierno de Zapatero, una vez más, trataba de distanciarse de su responsabilidad. Lejos de crear un marco para la salida de la crisis, el de León confiaba en que los "agentes sociales" dejaran de defender sus intereses. Y, para mayor perversidad y juego sucio, en ese "dialogo" el Gobierno ha formado pandilla con las fuerzas sindicales, especialmente con UGT, sin ejercer la función arbitral que le sería exigible en perjuicio de la CEOE. ¿Cuál ha sido la postura de Mariano Rajoy, monopolista de la oposición?

El PP, atribulado por el 'caso Gürtel' y sus concomitantes, se limita a contemplar su propio ombligo y a dolerse de sus cuitas. Mientras Zapatero atribuye a los empresarios el fracaso de su proyecto -tan ridículo, tan inconsistente-, Rajoy y sus barones económicos guardan silencio. Parecen tener más prisa que el mismísimo Gobierno en irse de vacaciones y esperar que el verano, con la calor, ejerza como bálsamo desmemoriado.

¿Cómo es posible, desde un partido que se postula como alternativa, que un bolso de Rita Barberá o unos trajes de Francisco Camps consigan desviar la atención de los asuntos fundamentales? En un momento en el que más de un millón cien mil familias padecen el paro de todos sus integrantes, dentro de un marco apocalíptico del dieciocho por ciento de parados, el PP no desempeña el papel que le corresponde. Cuando menos, el pataleo. Que conste y se evidencie la incapacidad gubernamental.

Las mañas de la propaganda socialista están consiguiendo que la ciudadanía no advierta los errores, las dejaciones y el matonismo grandón del Gobierno; pero ello no sería posible si en el PP alguien supiera lo que hay que hacer y pusiera manos a la obra. Si el magistrado Francisco Monterde, en cuyas manos está el 'caso Gürtel', deja pendiente el asunto para después de las vacaciones y no archiva el caso o solicita del Senado el suplicatorio del todavía tesorero del partido, Luis Bárcenas, cabe temer que Rajoy y su equipo continúen inmovilizados. O no saben qué hacer o, peor, lo saben y no pueden hacerlo.

Malo es para la Nación un Gobierno incapaz de fajarse con los problemas reales y buscarle soluciones pragmáticas, no doctrinarias; pero es peor todavía, y tiene más alcance de futuro, una oposición dubitativa, indecisa, atomizada e incapaz de reaccionar ante los desmanes de quienes sólo parecen buscar su perpetuidad en el poder.

El momento, sin paliativos, es catastrófico. El Gobierno no actúa como debiera, con decisiva responsabilidad y con coartadas ideológicas, y el PP, la única oposición fáctica, no quiere darse cuenta. ¡Socorro! A la vuelta de las vacaciones -otro gesto más de irresponsabilidad compartida por unos y otros-, la situación será más desesperada. Con el PSOE no cabe la esperanza, ¿habrá reaccionado para entonces el PP de Mariano Rajoy?

Montesquieu está muerto
GABRIEL ALBIAC ABC 27 Julio 2009

¿TE acuerdas? Lo leíste tal vez demasiado pronto para comprenderlo. Pero no lo olvidaste. Tal vez porque, de la dictadura, sólo leer cosas como aquella te ponía al abrigo. Y, sí, tal vez era demasiado pronto para saber que ni aun después te iba a gustar demasiado vivir en esta tierra. Pero no lo olvidaste. Lo has comentado demasiadas veces en clase par necesitar siquiera buscar el libro: «Es necesario que, por la disposición de las cosas, el poder contrarreste al poder». Lo más probable es que tus alumnos nunca entiendan por qué esa nadería te conmueve más que otros resonantes manifiestos. Pero, a partir de cierta edad, sólo conmueve aquello que tiende al postulado matemático. Como esa fórmula glacial del Montesquieu al cual en vano comentas en clase; del cual, aún más en vano, has hecho el machacón uso de esos desesperados que se aferran a la bella precisión de las palabras allá donde las realidad niega consuelo. Sí, Montesquieu está muerto y enterrado. La democracia, también. Nosotros.

La línea de fractura en el voto del CGPJ sobre la Ley Aído se ajustó milimétricamente a la raya que demarca a sus magistrados en función del partido que propuso su nombramiento. Es lo más importante de lo que sucedió en la votación del jueves. Fue el verdadero entierro de Montesquieu, que una complacida barbarie anunciara, desde el gobierno GAL-González, en el inicio de los años ochenta. Y eso no escandalizó a nadie; lo cual es todavía más trágico. El jueves por la noche, yo escuchaba a una vocal del gobierno de los jueces dar por sentado que todos y cada uno de sus colegas se habían atenido religiosamente a la «disciplina de voto», a la cual el origen partidista de su nombramiento los ligaba. Lo extraordinario era que exponía eso con la placidez de quien exhibe un mérito. Para nada la desasosegaba la constancia de que un poder judicial cuyos miembros actúan como representantes de partidos políticos, sean éstos cuales fueren, ha dejado de ser un poder judicial, para transformarse en otra cosa: una instancia judicial de los partidos. Y que, conforme al aserto que todos los constitucionalistas juzgan su piedra fundacional, una sociedad en la cual la completa independencia y contraposición de poderes no está garantizada, «ha dejado de tener Constitución». No ésta o la otra. Constitución, en el rigor primordial del término. Porque Constitución e independencia de poderes contrapuestos son lo mismo; y todo lo demás -las precisiones históricamente determinadas de su funcionamiento- es efímero por accesorio.

Yo permanezco en este país, ya lo he escrito, porque he sido lo bastante gilipollas para llegar a la sesentena pobre. Pero sé -desgraciadamente no soy lo bastante gilipollas para no saberlo- que la ausencia de independencia judicial -esto es, de Constitución material- nada tiene de un riesgo abstracto o lejano. Es cada ciudadano en cada instante de su vida el que queda afectado por la falta de un Poder Judicial independiente. Porque es esa independencia, bellísimamente expuesta por el Abad de Siey_s en agosto de 1789 ante la Constituyente, la que garantiza al más indefenso, al más débil de los ciudadanos un respaldo legal más poderoso que el que pueda poseer el más fuerte de los individuos o de las instituciones. Cuando -como sucede en España- los partidos políticos nombran a los miembros del gobierno de los jueces, están erigiéndose a sí mismos en impunes: quien nombra, manda. Y la ley deja de ser igual para todos: los jueces han pasado a convertirse en jueces a la medida. No hay poder judicial autónomo aquí. No hay Constitución. Nadie es legalmente igual a nadie.

Sindicatos
Cuestión de luces
José Vilas Nogueira Libertad Digital 27 Julio 2009

No anda muy sobrado de luces el presidente Zapatero. El innoble déspota no tiene otro objetivo que perpetuarse en el poder, para lo que compra a cualquiera que se le opone. Pero, aunque la oposición parlamentaria colabora mayormente gratis, como los recursos son escasos, las mercedes presidenciales son más bien aparentes. Lo más curioso es que tal disposición despótica se asienta sobre unos rudimentos ideológicos arcaicos, cerrados a toda evolución e impermeables a cualquier lección de la experiencia, ofreciendo así un paradigma de un progresismo abstracto, enteramente reaccionario. Tal es la cerrazón presidencial a cualquier cambio, que hasta el líder del aparato burocrático, esencialmente retardatario, del sindicato de Comisiones Obreras tiene un discurso más aperturista.

Efectivamente, en un debate periodístico, subsiguiente al fracaso del intento de "diálogo" social promovido por el Gobierno con la organización patronal y los dos sindicatos más importantes, Fernández Toxo se ha permitido aconsejar a Zapatero que olvide el "cortoplacismo" y ponga "las luces largas". ¿Pero sabe el déspota que el vehículo que conduce dispone de tal invento? A juzgar por su actitud, nadie lo diría. Como no ve bien a distancia, lo único que se le ocurre es reducir la velocidad de su cacharro. Con el voluntarismo típico de la autodenominada izquierda, la frustración de sus irrealizables deseos siempre encuentra un chivo expiatorio, un enemigo a quien responsabilizar del fracaso. En este caso lo han encontrado en el presidente de la patronal, a quien el déspota monclovita dedicó gruesas y amenazantes palabras, bien lejos del "talante" inicial. No se quedaron atrás en el mismo propósito los líderes sindicales, tanto el citado de CCOO como el de la UGT. El primero pide llevar el consenso "al terreno de la política", donde todos ellos juegan en casa.

Pero ¿cómo se van a adoptar medidas a largo plazo sin la concurrencia de la patronal? En el terreno de las metáforas de las luces de un automóvil, elegido por Toxo, ¿de qué sirve poner las luces largas, si están fundidas? Lo cierto es que cualquier reforma de la penosa situación actual pasa necesariamente por la liberalización del mercado de trabajo, con el consiguiente abaratamiento del despido. Si no se adoptan como mínimo medidas conducentes a ello, de nada van a servir consensos, si es

que se logran, políticos. Hay que cambiar la situación actual, heredada del régimen franquista. Hay que terminar con el escandaloso gigantismo de la burocracia sindical, ejército de parásitos con más efectivos que el de EEUU. No se puede prorrogar la situación actual de que el acceso a un puesto de trabajo sea una especie de privilegio, que garantiza, salvo crisis de la empresa, un cómodo desempeño, mientras a otros muchos trabajadores se les cierran las puertas del empleo. Hoy no podemos siquiera acudir a la emigración, como en las décadas de los 50 y siguientes del siglo pasado. Por el contrario, los inmigrantes procedentes del Tercer Mundo llegan continuamente a nuestras puertas.
José Vilas Nogueira es profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela

Amenazas
Israel con Irán al fondo
GEES Libertad Digital 27 Julio 2009

Lo único cierto con respecto al futuro es que siempre surgen imprevistos e imprevisibles, que no es exactamente lo mismo, lo cual dice mucho acerca de nuestra pobre capacidad de prever. No sabemos cuántas crisis agitarán el panorama internacional antes de que Israel bombardee las instalaciones nucleares iraníes, ni siquiera si esto último llegará a suceder, por más que haya que clasificarlo entre lo previsible, aunque a muchos pueda sorprenderles como imprevisto. Pero si el hecho ocurre conmocionará al mundo y en el curso de su desarrollo y entre sus consecuencias se producirán imprevistos, por más que la acción haya sido exhaustivamente planificada durante años y todas las variantes de sus implicaciones minuciosamente estudiadas.

El tema ocupa indiscutiblemente el puesto número uno entre las preocupaciones públicas de Israel, muy por delante de la eterna cuestión palestina, de la que las conexiones entre Hamás e Irán son vistas como el aspecto más grave, y suscita un alto grado de consenso, aunque no unanimidad, situación ajena a un país tan plural y democrático. Para una gran mayoría de israelíes se trata de ser o no ser. El consenso decrece respecto a las consecuencias. No todos están seguros de que los enormes peligros de la acción vayan a compensar, con un cierto grado de seguridad, los inmensos riesgos de la pasividad. En un tema tan extraordinariamente delicado y brutalmente explosivo todo se analiza, todas las posibilidades se exploran, todo se tiene en cuenta. Los iraníes están en el mismo negocio y tienen gente ocupándose con la misma intensidad no sólo de desbaratar la iniciativa israelí sino de darle la más terrible réplica a su alcance.

Esa réplica es la que tiene aterrorizada a esa vaga entidad planetaria que llamamos comunidad internacional, aunque también deberíamos hablar de opinión mundial, pues tal cosa, por encima de Estados y naciones y a pesar de la enorme variedad de sus componentes, ya existe. Comunidad u opinión, ese ser universal de lo que debería asustarse es de sí mismo, de sus injustificados prejuicios, de su incapacidad para una actuación positiva. Lo que acentúa los peligros inherentes a una misión militar como la que nos ocupa es precisamente la probable reacción internacional. Antes de que todo se ponga en marcha, un prejuicio lo hace más probable y una solución previa menos pensable. El contexto en el que se produce el impulso para actuar de los israelíes es la negación del derecho a defenderse con el que se encuentra en una apreciable parte del mundo. Y la cobardía e irresponsabilidad con la que ese mundo contempla la marcha iraní hacia las armas nucleares. Esa excursión le viene saliendo gratis al régimen islámico. Con un rechazo enérgico del resto del mundo, plasmado, entre otras cosas, en sanciones eficaces –y ninguna más que el embargo de la gasolina que no son capaces de producir con el océano de petróleo en el que flotan–, se le podría muy probablemente pararle los pies a los ayatolás. Europa no está interesada y Rusia y China militan, con toda clase de hipocresías, en el bando contrario.

Lo internacional pesa, negativamente, no sólo en los orígenes sino también en las consecuencias. A pesar de los terrores populares es bastante poco lo que pueden hacer los ayatolás. Otro día lo veremos. Lo que es verdaderamente temible es la desatentada reacción internacional. Ya deslegitimó eficazmente el derrocamiento de Saddam, feroz tirano, entusiasta forofo de las armas de destrucción masiva e infractor en serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero la posibilidad de que los israelíes se decidan de nuevo a ocuparse de su supervivencia antes de que sea demasiado tarde no es política ficción ni un cuento de lobos. Que esa necesidad desaparezca no consiste en negarla.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Impunidad para exaltar a los asesinos

EDITORIAL Libertad Digital 27 Julio 2009

Los autos de los jueces de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz e Ismael Moreno autorizando la celebración de diversos homenajes a los presos etarras en localidades del País Vasco, constituyen un agravio a las víctimas del terrorismo, cuyos familiares han tenido que ver de nuevo cómo en las calles de sus ciudades se vuelve a exaltar a los asesinos.

Los argumentos de ambos jueces para autorizar esta defensa del terrorismo, camuflada de homenaje y de fingida protesta contra la cadena perpetua (por cierto, figura penal que nuestra Constitución no contempla), sorprenden por su ingenuidad, impropia de los titulares de una institución judicial creada precisamente para luchar contra esta lacra.

El actual código penal califica como delito la exaltación de los métodos terroristas o de sus autores, así como las conductas que supongan una humillación a las víctimas. Sin embargo, para la Audiencia Nacional, homenajear a presos condenados por delitos de sangre "no puede constituir una conducta especialmente perversa ni ha producido ni puede producir perplejidad e indignación en la sociedad". Apelando al derecho de reunión –Pedraz– y a la inhibición del juzgado para valorar la decisión gubernativa que autoriza estos actos –Moreno–, la Audiencia Nacional ha permitido que los proetarras vuelvan a tomar la plaza pública.

No puede sorprender que, tras la polémica decisión de ambos jueces, el mundo proetarra haya ido más allá de las líneas marcadas por la autorización administrativa y hayan convertido esos actos en un ejercicio claro de apoyo a los métodos terroristas, con manifestaciones pidiendo la libertad de los asesinos encarcelados y la colocación de fotografías de los presos reclamando su excarcelación. Ya está ocurriendo en Ordicia y Villabona, las dos localidades afectadas directamente por las decisiones de Pedraz y Moreno, y lo previsible es que siga ocurriendo a lo largo del verano con motivo de las fiestas que en esta época suelen tener lugar en la mayoría de pueblos y ciudades del País Vasco y Navarra.

La libertad de expresión y de reunión es un principio básico que caracteriza a las sociedades libres, salvo que se utilice para cometer delitos como el de exaltar a unos asesinos o defender la violencia terrorista. Ese es el límite que marca la ley y también el objetivo perseguido por el nuevo Ejecutivo vasco, cuyo presidente se comprometió precisamente a eliminar de las calles del País Vasco cualquier símbolo de apoyo a la ETA. Si esperaba contar con la cobertura de la Justicia, los autos de Pedraz y Moreno le habrán convencido de que el camino para conseguirlo no va a ser precisamente fácil.

Con las polémicas decisiones de la Audiencia Nacional, fruto de la particular interpretación de dos de sus particulares jueces, el Estado de Derecho da un paso atrás y los proetarras uno hacia delante. No podía haberse hecho peor ni tampoco en peor momento.

El bilingüismo en el País Vasco
María Belén Piedrafita www.lavozlibre.com 27 Julio 2009

El Boletín Oficial del País Vasco (BOPV) del miércoles 22 de julio publicó la orden de disponer el cumplimiento del auto de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco por el cual se suspendía cautelarmente el Decreto 12/2009, de 20 de enero. En él se establecía el currículum de la Educación Infantil y se implantaban esas enseñanzas en la Comunidad Autónoma del País Vasco.
http://www.lavozlibre.com/userfiles/file/26%20julio%202009/Decreto%2012%20-%202009%20del%2020%20de%20enero.pdf

Este Decreto fue aprobado a finales de la pasada legislatura por el anterior Gobierno vasco. El artículo 13, centrado en el bilingüismo y el plurilingüismo, establecía que “El Departamento de Educación […] adoptará las medidas oportunas tendentes a la consolidación de un sistema educativo bilingüe para conseguir la competencia comunicativa en las lenguas oficiales de la CAPV. A tal fin, los centros incorporarán el euskera y el castellano en la Educación Infantil […] de tal manera que ambas puedan utilizarse como lenguas de relación y uso en todo tipo de ámbitos personales, sociales o académicos”. Posteriormente se determina que “para el logro de los objetivos señalados […] el euskera será la principal lengua vehicular en el ámbito escolar”.

La Plataforma por la Libertad de Elección Lingüística lo denunció porque consideraba que con él el actual sistema de modelos lingüísticos que permite a los padres escoger entre la línea de castellano, la de euskera y la bilingüe quedaba suprimido. El Tribunal Superior de Justicia, con su decisión, parece haberle dado la razón.

El tema es lo suficientemente delicado como para afrontarlo con cautela. El deseo del anterior gobierno de que los niños del País Vasco dominen las dos lenguas oficiales de la región es loable. Según el mapa sociolingüístico del País Vasco, publicado en 2006 y actualizado en 2009, un 37,5% de la población es totalmente bilingüe, mientras que un 17,5% es bilingüe pasiva (entiende el euskera pero no lo habla correctamente), y un 45,2% es castellanohablante monolingüe. Estos porcentajes varían de una provincia a otra. Mientras que en Guipúzcoa un 53,3% de la población es bilingüe, este porcentaje desciende hasta un 31,3% en Vizcaya y hasta un 25% en Álava.
http://www.lavozlibre.com/userfiles/file/26%20julio%202009/Mapa%20Sociolingüístico%20del%20País%20Vasco.pdf

Pese a que el porcentaje de población que puede utilizar indistintamente ambos idiomas ha aumentado considerablemente durante los últimos 25 años, la situación no es todavía la ideal. Es por ello por lo que determinados gobiernos han apostado por una ‘discriminación positiva’ en favor del euskera. Sin embargo, esta decisión ha chocado con el deseo de determinadas asociaciones de que sin descuidar ninguna de las dos lenguas, sean los padres de los alumnos los que escojan cuál será el idioma vehicular de la enseñanza de sus hijos.

Los padres y madres tienen toda la potestad del mundo para decidir cómo educan a sus hijos, pero si yo me encontrara en esa situación desearía que los míos pudieran utilizar indistintamente y con la misma soltura y fluidez ambos idiomas.

Tabla sobre la competencia lingüística en el País Vasco en 2006.

                     Total   Bilingües   Id pasivos  Castellanohablantes monolingües
Arava          289.526   72.248    51.519   165.759
Bizkaia    1.079.458  338.228  196.205   545.025
Gipuzkoa    647.273  345.164  101.967   200.142
CAV        2.016.257 755.640   349.691   910.926

REPORTAJE: CINCUENTA AÑOS DESPUÉS
Medio siglo de terror
El nacimiento de ETA, hace 50 años, ha supuesto una pesadilla amarga. Hoy, debilitada y aislada, sobrevive como un residuo sangriento en Europa. Pese a ello, sigue empeñada en atemorizar en nombre de un pueblo vasco que sólo existe en su imaginación
EMILIO ALFARO El País 27 Julio 2009

Las pesadillas no nacen en un momento preciso; se van espesando en la telaraña de los sueños hasta que cobran forma y amargan los despertares. La pesadilla de ETA ha cumplido cincuenta años, y durante su existencia alucinada y sin freno se ha llevado por delante la vida de casi novecientas personas, ha sumergido en el miedo la existencia de varios miles más, ha narcotizado la conciencia de otras decenas de millares de vascos y, como cierre provisional del balance, ha envenenado la convivencia en Euskadi y en España hasta extremos difíciles de concebir.

Medio siglo después, la criatura engendrada en ese mal sueño se encuentra debilitada, más exhausta y aislada que nunca. Sobrevive ajena al tiempo y al mundo circundantes, como una reliquia sangrienta en la Europa de otra época en la que la disposición a matar o morir por la patria o la revolución estuvo bastante extendida; obstinada en ser el último y paradójico residuo del franquismo en el que surgió. Pero, pese a todo, continúa dispuesta a seguir cumpliendo su determinación de aterrorizar, de perpetuarse causando dolor en nombre de un pueblo vasco que no existe más que en su imaginación, de una sociedad que mayoritariamente se muestra hastiada y aburrida de sus pretendidos liberadores. Y así hasta que alguien, desde su seno, tenga la sensatez de darle fin. De "cerrar la persiana", como propugna desde la cárcel, más interesada que piadosamente, el abogado Txema Matanzas Gorostiaga, otrora mantenedor de la moral y la obediencia debidas entre los reclusos de la organización terrorista.

Matanzas, al igual que gran parte de sus actuales integrantes, no se había asomado al mundo cuando un pequeño grupo de estudiantes nacionalistas crearon a principios de los años cincuenta el grupo EKIN (acometer) y, tras romper en 1958 con sus mayores del PNV, a quienes acusaban de asistir cruzados de brazos a la "destrucción de la patria vasca", constituyeron Euskadi ta Askatasuna (ETA, Euskadi y libertad). El momento exacto del nacimiento sigue en discusión. Se sabe que el nombre se decidió en diciembre de ese año y que se prefirió al de Aberria ta Askatasuna (patria y libertad) porque el buen gusto del futuro escritor y académico José Luis Álvarez Emparanza, Txillardegi, uno de los conjurados, no podía tolerar una denominación abreviada, ATA, que en euskera significa pato. Se conoce también, aunque con brumas, que la reunión constitutiva se celebró el 31 de julio del año siguiente, fecha nada casual por ser la festividad de san Ignacio de Loyola y el día elegido por Sabino Arana para fundar en 1895 el PNV.

Seguramente, sus fundadores no podían imaginar que la organización puesta en marcha para sacudir el viejo nacionalismo y salvar a una Euskadi mitificada de una opresión española que sólo el franquismo hacía verosímil derivaría, apenas dos décadas más tarde, en una "hidra sangrienta" capaz de amenazar la democracia y la libertad apenas recobradas. Con esas dos palabras definió a ETA Dolores González Katarain, Yoyes, en 1985, un año antes de que el monstruo la asesinara en presencia de su hijo, porque no podía consentir que la vuelta a casa de esta dirigente refutara la predicada necesidad de seguir atados a la espiral de la muerte. Una rueda que tardó casi una década en dar ese primer giro, al que conducían fatalmente el activismo mesiánico de aquellos jóvenes y las corrientes de la época -Mayo del 68, movimientos de liberación nacional, crisis de la izquierda histórica-. En una misma fecha, el 7 de junio de 1968, y en la misma secuencia, en el corazón de Guipúzcoa, ETA causó su primera víctima mortal, el guardia civil de tráfico José Pardines, y tuvo su primer mártir en la persona de su asesino, el joven Xabi Etxebarrieta.

Bihar ere, berriro ere, beste bat hilko dute (mañana, de nuevo, matarán a otro), cantó más tarde Imanol en su recuerdo. Se refería el fallecido cantautor vasco a la policía franquista, sin sospechar que su estribillo podría describir con tono exacto el futuro discurrir de una organización que llegaría a expulsarle de su tierra, como a tantos otros. Esa primavera saltó la chispa que activó una dinámica imparable de más muertos por ambas partes, detenciones y abusos policiales, juicio de Burgos, fusilamientos de 1975... Una cadena de conmociones que disolvió en el País Vasco la vigencia social del quinto mandamiento y dio a aquellos jóvenes aguerridos el aura de resistentes a un régimen igualmente violento. La puesta en contacto de una fe absoluta en la capacidad resolutiva de la violencia con unas aspiraciones ultranacionalistas para Euskal Herria sostenidas por encima del principio de realidad y de la propia voluntad de los vascos convirtieron la organización en un mecanismo diabólico, desprovisto de interruptor capaz de desconectarlo, como ha señalado Kepa Aulestia.

Ni la amnistía de 1977 ni la democracia ni la consecución del autogobierno movieron a ETA a revisar su práctica y sus postulados; al contrario, nunca mató tanto como el año en que el País Vasco estrenó su Estatuto de Autonomía (98 asesinatos en 1980). Tampoco lo ha hecho con la entrada de España en la Unión Europea, que comenzó a recortar el crédito exterior arrastrado del franquismo y su hasta entonces confortable retaguardia en el sur de Francia, ni con la caída del muro de Berlín, que la despojó de su barniz socialista, o con la sacudida del 11-S, que ha estigmatizado en todo el mundo la etiqueta del terrorismo. ETA se convirtió hacia 1976 en un fin en sí mismo, en un ente cerrado y autorreferencial alrededor del cual se configuró una sociedad aparte -la cambiante constelación de organizaciones del llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV)-, que sigue, ampara y da culto al tótem. Incluso cuando éste conduce a su expresión política -Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna; la disposición a cambiar de nombre denota su carácter supletorio- al ostracismo de la ilegalidad. A verse expulsada del paraíso de unas instituciones que en el pasado despreció porque podía disfrutarlas. A perder el dominio de las calles de Euskadi, amordazadas hasta anteayer por su imaginería y la intimidación de sus alevines de la kale borroka. A dejar de conmover al nacionalismo vasco institucional, siempre sensible al victimismo y las insidias de sus hijastros. A recibir, a la postre, la contundente bofetada de la última instancia a la que se había encomendado: la disolución de Batasuna era "una necesidad social imperiosa" por su vinculación a una organización terrorista, ha terminado sentenciando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Después de 50 años, 856 asesinatos, 200 víctimas propias, miles de heridos y de presos; después de una insondable contabilidad de dolor y miedo, ETA y su mundo han llegado a la soledad más extrema, a la ausencia total de expectativas. Lo ha hecho a base de desperdiciar ocasiones de poner un fin honorable a su nada gloriosa trayectoria. Quizá, por no parecerse a sus émulos de ETA político-militar, que, tras adelantarse en explorar todos los resortes del terror, se disolvieron en 1981, sin más compensación que la salida de sus presos y el regreso de los refugiados. Pero, sin duda, por la inercia invencible de la lucha armada, que con ETA militar cobró naturaleza fundacional, convirtiéndose en el fin supremo. Esta mutación explica el fracaso de todos los intentos negociados de darle una salida, porque "nunca ha encontrado el punto medio entre sus reivindicaciones y lo que podía ofrecer el Estado", apunta el abogado Txema Montero, que abandonó Herri Batasuna tras la matanza de Hipercor en 1987.

La paradoja a la que ha llegado ETA es que tiene voluntad y capacidad para seguir matando, pero ninguna esperanza en alcanzar sus metas o dar una utilidad política a su trayectoria criminal. El último tren para un fin dialogado lo perdió hace dos años con el atentado contra la T-4 de Barajas, al volar el proceso de paz abierto con el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Como siempre, porque no se le concedió lo imposible, esa Euskal Herria autodeterminada según lo que ella ha determinado previamente; pero, en el fondo, por la inercia del mecanismo. Antes había dejado pasar el expreso de Argel (1988-1989) y el rápido de Lizarra (1998), donde la obcecación de ETA quedó en evidencia ante el espejo siempre buscado de Irlanda del Norte. Sin embargo, el principio de su fin comenzó a escribirse a mediados de los noventa, cuando sus estrategas decidieron dar el salto de "socializar el sufrimiento" más allá de sus objetivos tradicionales -guardias civiles, policías y militares-, y comenzó a asesinar a dirigentes políticos, concejales, jueces, periodistas, y a amenazar, en general, a quien viera como un obstáculo para sus designios.

La crueldad inconcebible del secuestro del concejal Miguel Ángel Blanco, al igual que el atroz cautiverio de Ortega Lara y el trabajo esbirro de Herri Batasuna en las contramanifestaciones donde gritaba: "Aldaia, paga y calla", en respuesta a la reclamación de libertad para el empresario secuestrado, activó una intensa repulsa ciudadana, que dio alas a la respuesta judicial, impulsada por el juez Garzón, contra todas las organizaciones tuteladas por ETA. Dar el salto a un terrorismo de limpieza ideológica que ponía en riesgo los propios cimientos de la democracia en el País Vasco fue, quizá, la consecuencia lógica de aquella deriva. Sin embargo, constituyó el mayor error estratégico de la organización, por cuanto obligó al Estado a poner en juego todos los instrumentos a su alcance, sin caer en el error criminal que en los ochenta significaron los GAL, que tanto alimentaron el victimismo de la banda. La firmeza constante aplicada en todos los ámbitos de la lucha antiterrorista y la colaboración internacional han achicado al máximo el campo de maniobra de ETA y su mundo, y han conducido a que hasta los más irreductibles admitan la evidencia de que la derrota policial es más que posible. Lo indica la secuencia acelerada de sustitución de las cúpulas de sus aparatos, a causa de la presión policial, y las crecientes dificultades para llevar a la práctica las ofensivas diseñadas sobre el papel. Pero, más que cualquier otra cosa, lo demuestra la hastiada indiferencia de la mayoría de la sociedad vasca a las propuestas, lamentos y penas de quienes todavía ven compatible política y pistolas, y la presencia protagonista de las víctimas. La visibilidad actual de éstas, cuando la conmoción causada por un asesinato se multiplica por su espaciamiento en el tiempo, representa un tardío resarcimiento por su ocultación pasada, cuando los terroristas mataban por decenas y sus biografías interesaban más que las de sus víctimas.

Sin embargo, casi nadie de los que conocen la teología de ETA, como el periodista Florencio Domínguez, confía en que alguien, desde dentro, tenga la suficiente clarividencia y capacidad para trabar los engranajes de la violencia, de la lucha armada convertida en único principio y razón de la criatura. Al igual que Txema Montero, Domínguez valora como más factible un acabamiento por implosión, en un tiempo impreciso, antes que un final "por reflexión", similar al que protagonizaron los polimilis o el IRA. Los ejemplos de ex jefes como Txelis (José Luis Álvarez Santacristina), Pakito (Francisco Arakama Mendia), ahora de Txema Matanzas, parecen indicar que únicamente cuando el activismo remansa en la cárcel se descubre la inviabilidad de la empresa criminal en la que estuvieron embarcados. La naturaleza amarga de la pesadilla que han mantenido y alimentado.

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