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Recortes de Prensa    Miércoles 12 Agosto 2009

 

Escuchas ilegales
Pérez Rubalcaba y el Estado de Derecho
Agapito Maestre Libertad Digital 12 Agosto 2009

Aunque existan ámbitos de la existencia muy diferentes y hasta enfrentados radicalmente, nadie podrá negarse a reconocer que, a veces, los asuntos más extraños pueden estar muy relacionados. Así como entre el ladrón y el autor que describe sus robos hay barreras infranqueables, del mismo modo entre el político profesional y el escritor que cuenta sus avatares, por ejemplo, el periodista, también se levantan muros de incomunicación; y es que la vida, vivir la vida, nada tiene que ver con la forma de contarla. Pero sería exagerado, y quizá arbitrario, no reconocer que existen estrechos nexos entre la vida política y su expresión, sobre todo cuando es el propio político, el profesional de la política, quien trata de dar voz, e incluso hace teoría de su vida profesional para el resto de los ciudadanos.

Sin duda alguna, hay políticos capaces de dar luz cuando tratan de argumentar, e incluso crear teorías, sobre sus conductas políticas por terribles que hubieran sido sus consecuencias para un sector de la población; pero, por desgracia, hay otros que sólo nos provocan desprecio nada más verlos farfullar sus elementales razonamientos. Éste es el caso Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, tan incapaz de reconocer su impotencia para detener a los terroristas que han llevado a cabo los últimos atentados como soberbio para no presentar la dimisión de un cargo que le viene grande, que intenta "teorizar" sobre la situación del Estado de Derecho en España sin percatarse de que él no es la persona más indicada para hablar de lo que está lejos de poseer: mirada crítica y riguroso don de búsqueda de la verdad.

Pérez Rubalcaba, en efecto, no puede hablar de lo que está lejos de poseer: decencia democrática. Ni los de su propio partido se la conceden. Es uno de los peores ministros del Interior que ha dado España, en todos los tiempos, pero él mantiene que estamos en una democracia avanzada. ¿Quién puede creerse semejante bodrio? Pocos caerán en la trampa. Pero supongamos que nos creemos su genérica afirmación, sí, entonamos la palinodia del ministro sobre nuestro eficaz Estado de Derecho, ¿cómo la haremos compatible con el reconocimiento por parte del propio ministro de que no se han cumplido las órdenes de su ministerio para que los arrestos de personas vinculadas al PP, por el caso del velódromo de Mallorca, se hicieran con prudencia y mesura?

He ahí una muestra de la torpeza de este hombre. Aunque dicen que es inteligente, muy inteligente, pero sólo es, en mi opinión, un poquito más avispado que sus colegas en el Consejo de Gobierno. Si fuera un político tan sabio y contundente como alardean algunos de sus correligionarios y adversarios, no pasaría, por supuesto, desapercibido por la escena pública, pero serían pocos los que dijesen de él: "Son cosas de Pérez Rubalcaba. Son embustes. Mentiras." El ministro de Defensa de España tiene fama de "maquiavélico", pero sólo es un tipo un poco más desvergonzado que el resto de los políticos a la hora de mentir. Miente, sí, sin límite alguno y sin sentido del ridículo. Es su oficio, sí, creerse sus propias mentiras.

He aquí una de las últimas: porque vivimos en una democracia desarrollada y pacífica, dice Pérez Rubalcaba, no es admisible que el PP diga que el Gobierno ha creado un Estado policial para acabar con la oposición. En modo alguno, puede mantenerse que el Gobierno ha trazado un plan para acabar con la oposición a través de malas artes policiales, judiciales y de calumnias públicas. ¿Quién será el ingenuo que se crea este nominalismo de salón? Por desgracia, sospecho que muchos dirigentes del PP tragarán con esas generalidades, cuando pasen estas borrascas de verano... O sea, si Rajoy no consigue hacer comparecer a Zapatero para que explique con más detenimiento la conexión del Gürtel, los arrestos de dirigentes del PP y las escuchas ilegales, entonces diré que las "teorizaciones" baratas de Pérez Rubalcaba han ganado.

Comunicado y bombas
Pablo Mosquera La Voz 12 Agosto 2009

El terrorismo necesita publicitar el miedo que produce su capacidad para causar atentados. En este caso, una ETA acosada, zaherida por las continuas detenciones de comandos y dirigentes, ha buscado la llegada del verano, con menos noticias, y un lugar emblemático, por ser el de las vacaciones de la familia real y por la condición de isla, que hace más complicada la huida del comando.

ETA quiere hacerse notar con atentados de los que emergen comunicados en los que reiteradamente, tras el rito de las reivindicaciones de las últimas «hazañas bélicas» que dan ánimo a sus fieles en momentos de pesimismo, por olor a descomposición de lo que antaño era fortaleza en la organización criminal, de inmediato, le responden al Gobierno con toda una sarta de bravuconadas para terminar con el mensaje central con el que están trabajando: «Quieren volver a negociar».

Yo diría más. Necesitan desesperadamente que el Gobierno -sobre todo cuando no hay PNV en el poder que haga de intermediario- les ofrezca una cierta esperanza de salida dialogada, entre otras razones por la propia presión que tienen en las cárceles y por esa futura fractura que está fraguando Otegi, y que tarde o temprano puede convertirse en partido político al estilo de Euskadiko Ezkerra. Por si fuera poco, no soportan que en el Congreso de los Diputados fuerzas nacionalistas se sumaran al comunicado de condena del atentado contra la Guardia Civil, razón por la que en el comunicado de reivindicación son especialmente duros con PNV y Nafarroa Bai. Y es que los pistoleros de ETA siguen instalados en su zulo, y dirigidos por los más paranoicos del MLNV, con el peligro que entraña disponer de armas, dotaciones de explosivos, algún que otro técnico en electrónica y troquelería y los que antaño eran la juventud combativa de la violencia callejera, que hoy han tomado el mando y las armas.

El final de ETA requiere de tres elementos. Perseverancia en la lucha por parte del Estado, sin tentaciones que debiliten la unidad de criterio. Unidad entre los dirigentes políticos que se transmita a la sociedad. Y traslado a los posibilistas batasunos sobre el problema que tienen con esos bárbaros, que solo saben matar, y que deben ir «pensando, a la irlandesa» cómo lo solucionan.

El desprecio no hará mella en la verdad
Regina Otaola Libertad Digital 12 Agosto 2009

Desprecio por las víctimas. O tacticismo. Para el caso, es igual de grave que Juan Jesús Sánchez Manzano haya eludido comparecer ante la Justicia por la querella presentada contra él por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, al margen de lo chusco que resulta que se encuentre “de crucero” alguien acusado de la deliberada y sistemática destrucción de las pruebas que podrían haber conducido a identificar el tipo de explosivo que estalló en los trenes el día de la masacre de Madrid.

Y es grave porque la querella criminal de la Asociación contra Sánchez Manzano acusa al que era comisario jefe de los Tedax en el momento de los atentados de “omisión del deber de perseguir delitos, encubrimiento por ocultación de pruebas y falso testimonio”. Es decir: se imputa a Sánchez Manzano una voluntad de ocultamiento del arma homicida que usaron los terroristas el 11-M, con el agravante de que no era su responsabilidad hacerse cargo de las pesquisas para determinar qué estalló en los trenes. ¿Con qué fin asumió, pues, dicha labor? Esto es precisamente lo que debería contestar el “ausente por vacaciones”.

Ahora habrá que esperar al 15 de septiembre para que Sánchez Manzano explique su actitud y la de algunos subordinados, y no debiera caberle duda alguna de que los que llevan 5 años reclamando la verdad de lo ocurrido el 11-M estarán esperando su testimonio pacientemente. Pero debiera ser consciente de hasta qué punto su renuencia a comparecer demuestra una absoluta falta de respeto no ya por las instituciones democráticas, sino por aquellos que lo único que demandan es que se haga justicia a sus familiares asesinados mediante el esclarecimiento de todos los extremos oscuros de la investigación. Que son muchos y, además, responsabilidad de los que debían, por encima de todo, proteger a los ciudadanos y perseguir a los terroristas.

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El síndrome de no hablar de ETA
IÑAKI EZKERRA El Correo 12 Agosto 2009

En España pasamos sin transición de la movilización a la apatía, de la manifestación diaria al 'síndrome de no hablar de ETA para no crispar', cuando precisamente la única manera de no caer en el exceso es la constancia en la lucha contra el terrorismo así como, por parte de la ciudadanía y de los medios de comunicación, la demanda serena pero a la vez sistemática del papel que deben jugar en esa lucha todas las instituciones del Estado democrático de Derecho. La crispación viene cuando no hay constancia, sino impulsos emocionales y cuando se observan esos impulsos en jueces y políticos de los que cabe esperarse otra cosa. Un triste ejemplo nos lo brindan las dos recientes y seguidas irrupciones de ETA en los días 29 y 30 de julio, la primera con la bomba en la casa cuartel de Burgos, la segunda con el asesinato de dos guardias civiles en Mallorca. En poco más de veinticuatro horas, y en el espacio que mediaba entre los dos atentados, ciertas personas a las que conozco pasaron de la frivolidad de la indolencia casi exculpatoria de ETA («¡qué bien que no ha habido muertos!») a la otra frivolidad de la inculpación desmedida («¡el responsable es el Gobierno!»).

De repente, sí, ETA asesinaba a dos guardias civiles en Calviá y nos venía con lo de '¡Zapatero dimisión!' quien ayer juzgaba un empacho la insistencia en la ilegalización de Iniciativa Internacionalista para que no se pueda presentar a las municipales o quien, durante la misma víspera de ese doble asesinato, veía un éxito policial en el hecho de que ETA no hubiera logrado asesinar a nadie con esos explosivos que arrancaron la fachada de docenas de viviendas. Y es que a las cosas hay que darles la verdadera gravedad que tienen. Basta ver la incidencia emocional, el trastorno que supone en nuestras existencias una simple caída por unas escaleras, para que reparemos en las dimensiones reales, en el carácter dramático y traumático que debió de tener para docenas de heridos ese 'atentado sin muertos' del pasado día 29. A los inquilinos de la casa cuartel de Burgos la experiencia de esas explosiones no se les borrará en el resto de sus vidas.

Y en vísperas de ese atentado, el juez Pedraz decía que homenajear a los presos de ETA no es delito. Un juez no tiene por qué saber que al día siguiente de soltar una estupidez va a producirse un atentado, pero un juez tiene el deber de actuar en todo momento 'como si supiera que al día siguiente va a producirse un atentado'. Ésa es la clave de la constancia de la que hablo. Porque uno tampoco está nada seguro de que la decisión de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional de 'enmendar' a Pedraz no viniera condicionada por esas mismas bombas, ni de que dicha Sala habría respondido de la misma forma si éstas no hubieran estallado. Si resulta ineficaz una conciencia ciudadana que se mueve sólo a impulsos emocionales y a golpe de noticia luctuosa, semejante fenómeno es todavía más grave en el mundo judicial. Como lo es en un consejero socialista de Interior que ha permitido que las concentraciones y marchas de los familiares de los presos de ETA se sucedieran en todo el territorio de la Comunidad Autónoma Vasca durante los mismos días en los que ETA estaba atentando. Una imagen que no han difundido los medios, pero que es real y significativa del tiempo que vivimos, es la de un joven guardia civil llorando con un cetme en la mano delante de la Delegación del Gobierno en Bilbao mientras era insultado por la parentela de ETA el mismo jueves, 30 de julio, en el que habían caído dos compañeros suyos.

Una cosa es la voluntad de que el 'cambio vasco' salga bien, así como la de neutralizar a todos los enemigos que ciertamente tiene dentro de los dos grandes partidos que lo han propiciado, y otra es callarse ante lo intolerable. El lógico y legítimo miedo a que ese 'cambio' fracase no debe servir para dar por buenas las dejaciones que pueden ponerlo precisamente en riesgo. La obligación de los demócratas está en saber mantener ese difícil equilibrio entre el apoyo a los aciertos y la crítica a los errores. Vivimos un crucial y delicado momento político que exige tanta responsabilidad como el de la Transición española, en el que tan nefasto era encender los ánimos como callarse e ignorar lo que estaba pasando. Y es que en dicho momento confluyen, entrecruzadas, la esperanzadora situación vasca con la desmoralizante situación nacional que puede, además, incidir para mal en la primera: un PNV tentando a Zapatero con un amplio «compromiso por la estabilidad institucional y presupuestaria»; un PSOE en el que más de uno sueña despierto con ese compromiso; un PP que aún no ha resuelto sus batallas internas y unos pescadores mediáticos de río revuelto que mezclan el terrorismo con la crisis, el aborto, la pederastia y las células madre, las churras con las merinas, Roma con Santiago y lo que es del césar con lo que es de Dios para ver si Rajoy se lanza a una oposición estilo 'agitprop' que no se puede permitir en un tiempo de crisis porque pondría peor las cosas.

No es una brillante idea sacar a las víctimas hablando de economía ni haciendo campaña para las europeas ni anunciando relojes o tampax. Las víctimas son un agente político de primer orden que perdería su eficacia, su valor y su alma en el multiuso. No es una gran idea mezclar a las víctimas de la crisis con las del terrorismo para hacer oposición al Gobierno. En realidad tampoco fue una buena idea confundir, durante la pasada legislatura, la batalla ética contra la negociación entre el Gobierno y ETA con la batalla política y con el 'Zapatero, dimisión'. Es preciso hacer autocrítica después del caro precio pagado por culpa no de Zapatero sino de ese mismo error: una ciudadanía y una AVT que han pasado del paroxismo al limbo sin término medio. Al final, esa ofensiva electoral de 2008 tuvo el mismo escaso éxito que la de Aznar con los GAL en 1992 ante una sociedad entre desmoralizada y 'amoralizada' que ni en la denuncia de la guerra sucia ni en la denuncia de la sucia paz halla una motivación suficiente para cambiar el voto.

De la movilización a la apatía; del 'Zapatero, dimisión' al 'síndrome de no hablar de ETA'; del mutismo a ver negociaciones por todas partes... Parece que no es fácil el equilibrio. Como en aquellos días de la Transición y en otros aspectos, el partido del Gobierno está hoy teniendo verdaderos aciertos en la lucha antiterrorista aunque esté también cometiendo errores como el de no proponer al Congreso de los Diputados una moción que cierre suspicacias y aquella puerta a la negociación con ETA que abrió la moción del 17 de mayo de 2005, o como esas marchas y concentraciones de familiares de etarras que parece que no tienen que ver nada con la consejería de Rodolfo Ares.

Otro ejemplo. En Bilbao un edil del PP llamado Carlos García lleva un mes haciendo una verdadera y heroica batalla personal para que la viuda del policía nacional Eduardo Puelles no tenga que ver cómo representa a la Semana Grande Sonia Polo, la hermana y fan de un tipo que asesinó en el San Sebastián de 1993 al guardia civil Emilio Castillo y dejó inválido a otro compañero de éste. A Carlos García le han estigmatizado con carteles en su barrio de Santutxu y el alcalde Azkuna, lejos de solidarizarse con él, lo ha presentado ante los medios de comunicación como un problema a erradicar. Carlos García no va a pedir la dimisión de Zapatero, no cree en los ríos revueltos. No es un pescador sino un concejal que simplemente carece del famoso 'síndrome de no hablar de ETA' y que sabe que permitir eso es reconocer que los etarras que asesinaron el 30 de julio a los guardias civiles Diego Salvá Lezaun y Carlos Sáenz de Tejada en Calviá han hecho méritos para que sus hermanas representen a Bilbao dentro de quince años.

DE LOS CUATRO LOCALES ATACADOS SE DESALOJó UNO
Sólo la suerte evitó que ETA no causara muertos
IMPRESIONES El Mundo 12 Agosto 2009

LOS AVISOS de ETA sobre la colocación de las últimas bombas en Mallorca fueron tan confusos e imprecisos que si no causaron víctimas se debió exclusivamente a la casualidad. De hecho, sólo dio tiempo a desalojar uno de los cuatro locales que fue objetivo de los terroristas antes de que los artefactos explotaran. Si algún cliente hubiera estado en ese momento en los servicios podría haber perecido. Según advirtió ayer el ministro del Interior, las llamadas de los etarras resultaron en algún caso incomprensibles, ya que ni se especificó el número de artefactos ni los lugares donde se producirían las explosiones. Además, telefonearon a organismos fuera de lo habitual y en distintos puntos de la geografía, seguramente con la intención de que no se les pudiera grabar. Lo primero que hay que constatar es un cambio del modus operandi de la banda que complica la labor de la Policía. Con ello, tal vez pretenda responsabilizar cínicamente a los agentes de los posibles estragos de sus acciones. Y lo más importante de esa nueva estrategia es que ETA pone todavía en más riesgo a la población civil.

Las fiestas como altavoz del entramado etarra
El Puntazo La Razón 12 Agosto 2009

Como se temía, las fiestas veraniegas del País Vasco están sirviendo como auténtico altavoz de las consignas de ETA. En la Semana Grande de Vitoria, algunas casetas han recaudado fondos para el entramado etarra y ha habido episodios de enaltecimiento del terrorismo. En Bilbao, el alcalde Iñaki Azkuna ha permitido que la txupinera de las fiestas sea Sonia Polo, sin otro mérito que el de ser hermana del terrorista Sergio Polo, condenado a 48 años de cárcel por el asesinato de un guardia civil, y una participante habitual en actos de defensa del colectivo de apoyo a los presos de ETA. La excusa del Ayuntamiento de Bilbao, de que la txupinera es elegida por las comparsas, no se sostiene y es inadmisible. ¿Se hubieran cruzado de brazos si el txupinero fuera un violador? Queda claro que, a pesar de los avances propiciados por el cambio político, hay demasiados espacios de impunidad y actitudes conciliadoras con ese mundo por corregir.

CARTA DEL DIRECTOR
Cabecita loca
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 12 Agosto 2009

Al Rey hay que concederle siempre el beneficio de la duda. Para eso está. Según la Constitución, carece de responsabilidad penal; ¿y si no puede cometer delitos, cómo va a poder meter la pata? Por eso a mí me pareció bien que en 2003 recibiera cordialmente al presidente independentista del Parlamento catalán Ernest Benach con su famoso «hablando se entiende la gente». Como también me pareció bien aquel abrazo que le propinó a Ibarretxe en 2004 en Vitoria, en plena operación secesionista del lehendakari, que enfadó tanto a Rosa Díez. Y como también me pareció bien que respaldara el proceso de paz y las conversaciones con ETA auspiciadas por Zapatero en 2007 con aquella referencia camuflada a cuenta del Ulster: «Hay que intentarlo� y si se consigue, se consigue».

Por eso ha vuelto a parecerme bien, ahora que el viento ha dado un brusco golpe a la veleta, que el sábado de la semana pasada, tras los atentados de Burgos y Mallorca, pronunciara la que sin duda será la frase del verano: «Hay que darles en la cabeza hasta acabar con ellos». Claro que para que, en este caso, me parezca bien, es imprescindible hacer una exégesis de lo que, en mi opinión, quiso decir.

Debemos descartar que el Jefe del Estado estuviera incitando a las fuerzas de seguridad a disparar en el cráneo a los terroristas de ETA; y menos si no es en el contexto de un enfrentamiento armado. Nadie debería atribuirle esa intención, ni siquiera si alguna vez se repitiera un episodio tan lamentable como aquella entrada y registro de la Guardia Civil en 1987 cuando murió la etarra Lucía Urigoitia de un tiro en la cabeza y luego el CESID asaltó subrepticiamente el piso del juez para sustituir las pruebas de balística y exonerar a los agentes de las imputaciones de homicidio. Es de Justicia subrayar que aunque el Jefe del Estado siempre ha respaldado la política antiterrorista de todos sus gobiernos, más allá de alguna que otra equívoca palmadita en la espalda a Barrionuevo, nadie podrá exhibir ni una frase ni un gesto equivalente a los antedichos que en aquellos años denotara complacencia con los crímenes de los GAL o cualquier otra manifestación de la guerra sucia.

Excluida pues la interpretación más literal de la frase, correspondería pasar a su sentido metafórico más obvio que es la invitación a golpear «en la cabeza» de la organización terrorista, es decir a actuar contra su cúpula directiva. Ahí se han quedado la mayoría de los comentaristas y esto es lo políticamente correcto, pero se trata de un enfoque que no termina de hacer justicia a las palabras del Rey o al menos no termina de extraer de ellas todo su potencial. Porque, de hecho, si de algo puede jactarse Rubalcaba es de haber desmantelado más veces y en menos tiempo que nadie el estado mayor etarra. Si hubiera querido decir sólo eso, el Rey se habría quedado corto, pues lo que ahora mismo se ha constatado es que ni la detención de Antza, ni la de Txeroki, ni la de Thierry, ni la de� han bastado para impedir que ETA haya cometido nuevos atentados y, sobre todo, tenga en mente cometer muchos más.

Lo bueno de la Monarquía constitucional, cuando su titular se comporta tan correctamente como en general viene haciéndolo Juan Carlos I, es que es un lienzo sobre el que cualquiera puede pintar y ver su propio retrato o diagnóstico de España. Por eso yo he creído entender; perdón, por eso yo he querido entender que la frase del Rey suponía un llamamiento a combatir lo que los etarras tienen «en la cabeza». Es decir, sus ideas, sus pretensiones, su proyecto. Esa sí que es una convocatoria que merece la pena, que atañe a todos los españoles y muy especialmente a todas las autoridades y que, como argumentaba el editorial de EL MUNDO del lunes, debe ser afrontada «con cabeza».

La prueba de que mi interpretación es mejor que las demás es que es la única que permitiría que el enunciado produjera el desenlace deseado. O sea que el «darles en la cabeza» sirviera para «acabar con ellos», toda vez que disponemos ya de suficientes elementos empíricos como para haber comprobado que ni la liquidación física de unos pocos o unos muchos terroristas, ni la tenaz captura de sus cúpulas directivas han permitido alcanzar tan anhelado objetivo. Sólo cortándoles las alas de la esperanza, haciéndoles ver la absoluta esterilidad del dolor que causan -y a veces también padecen-, demostrándoles por la vía de los hechos que jamás obtendrán sus pretensiones soberanistas y secesionistas, estaremos dándoles de verdad «en la cabeza». O para ser más exactos en el coco, donde más duele, justo debajo de la línea de flotación de la boina, en la funda mental.

Se trata de un ariete intelectual que hay que construir día a día, con lo grande pero también con lo pequeño porque todas las piezas son necesarias para hacerlo compacto y sin fisuras. O sea intimidador y creíble. Por eso me gustó que Don Juan Carlos fuera tan cordial en la audiencia del jueves con el alcalde de Calviá, Carlos Delgado, que ha estado a la altura de la ocasión, defendiendo los símbolos nacionales con su habitual falta de complejos. Y en cambio fue una lástima que no convocara para darle un tirón de orejas, de esos que él sabe administrar con campechanía como nadie, a la alcaldesa de Palma, la simpática y pizpireta Aina Calvo, por una iniciativa, consumada el propio lunes, que ha debido pintar la sonrisa en la comisura de los labios a los miembros del comando etarra, si es que continúan en la isla y leen los periódicos.

Me refiero al cambio de nombre de la Calle Mirador de Bahía en la zona residencial de La Bonanova, colgada sobre el puerto de Palma, que ha pasado a llamarse Carrer de Jean Batten. Y sobre todo a la justificación de la propia regidora, recogida por la agencia Efe, de que el problema era que el antiguo nombre «estaba en castellano». De hecho, el que los vecinos se enteraran apenas 72 horas antes y protestaran en vano, alegando que el cambio les va a costar a cada uno entre 800 y 1.500 euros en papeleo administrativo, no son sino agravantes específicos de la aplicación de un rodillo no ya municipal sino autonómico llamado Ley de Normalización Lingüística de Baleares.

¿Y quién era esa Jean Batten? Pues una aviadora neozelandesa que, después de haber realizado vuelos de mucho mérito, pasó los últimos años de su vida como anónima jubilada en Mallorca y murió olvidada por todos de resultas de la mordedura de un perro. Por eso cabe calificar de extraordinariamente oportuna la presencia del embajador de España en Auckland, don Marcos Gómez, en el acto de cambio de placa de la calle, pues es indiscutible que el sentido de identidad nacional y el orgullo patrio saldrán de este lance muy reforzados en Nueva Zelanda. ¿Qué sería de Nueva Zelanda si no fuera por los kiwis, los All Blacks y el Carrer de Jean Batten?

En Baleares, como en Cataluña -y en Galicia y en País Vasco hasta las últimas elecciones- se le llama «normalización lingüística» a la extirpación del espacio público de todas las expresiones de la lengua oficial del Estado y común a todos los españoles. Afecta hasta a las máquinas de café y en los principales municipios encuentra su complemento perfecto en la Ley de la Memoria Histórica. En el caso de Palma la corporación municipal presidida por Aina Calvo tiene previsto cambiar el nombre hasta a 130 calles por sus supuestas connotaciones franquistas. Los taxistas están de los nervios cambiando todo el día el GPS, pero el mensaje subliminal no puede estar más claro: esto de España y el español son reminiscencias de un pasado feixista con el que se debe ir rompiendo poco a poco.

Más allá de su apariencia frágil y aniñada, la alcaldesa Calvo -protegida de María Teresa Fernández de la Vega y con una razonable experiencia en la Administración central- pasa por ser persona de calidad. Por lo que me cuentan, ella justifica en privado algunas de estas iniciativas como concesiones al pacto municipal que ha dejado en manos de los independentistas del PSM la concejalía de Cultura y Toponimia. Por eso el ayuntamiento ha registrado el dominio Palma.cat, por eso el municipio subvenciona colonias de verano para que por 35 euros a la semana los castellanoparlantes solucionen su problema con chicos que les hablarán en catalán y por eso las propias formas lingüísticas mallorquinas están siendo eliminadas para dar paso al catalán canónico o normalizado.

Esto de los pactos y las mayorías es lo mismo que Montilla o el propio Zapatero alegan en relación a Esquerra Republicana que también forma parte del hexágono balear que lidera Antich. ¿Qué tienen en común todos los partidos, grupos y movimientos independentistas que, por las malas, por las buenas o por las regulares quieren desgarrar España? Pues que todos ellos convierten la supuesta lengua propia única en cimiento, o más bien coartada, del mito identitario sobre el que pretenden levantar un Estado. Piensan que cuando en Euskadi sólo se hable euskara y en Cataluña y Baleares sólo se hable catalán, la secesión será ya sólo cuestión de tiempo.

Es cierto que en la era de la globalización y la ósmosis permanente ese empeño es una quimera, pero cada vez que desde los poderes públicos se coacciona a las personas en beneficio de dichas lenguas propias -como si el español fuera algo postizo e impropio-, en lugar de poner todas las lenguas al servicio instrumental de las personas, se está alimentando el fuego sagrado de que hay una asignatura pendiente, un sueño que colmar, un desmán histórico que deshacer. Tan lógico es entonces que la gran mayoría de los creyentes en esa fe pretendan conquistar el paraíso por medios pacíficos, como que una minoría decida tomar el atajo de las armas. Sin tetas no hay paraíso, dice el más filosófico título jamás otorgado a una serie de televisión. Comprendo que lo llamativo sean las tetas, pero el busilis está en el paraíso.

Hace un año el Manifiesto por la Lengua Común a favor del bilingüismo y la libertad de elección de padres o comerciantes, firmado por académicos, empresarios, futbolistas, sindicalistas, toreros, cantantes o pintores de muy diversas ideologías pretendió pinchar el globo del soberanismo monolingüe que de manera tan artificial como implacable tratan de imponer los nacionalistas. El impacto en la sociedad fue enorme y en la mala conciencia de Zapatero, también. Pero en sus actos no tuvo consecuencia alguna porque él no quiere pactar nada con el PP y las cuentas siguen sin salirle a su PSOE si en ayuntamientos, autonomías o el propio Congreso de los Diputados no paga ese peaje a los separatistas.

Podrá alegarse que buscar el ADN del reguero de sangre que tantos días de luto ha proporcionado a España durante cinco décadas en el cambio de nombre de una calle suburbial remitida a las antípodas, es como mínimo un ejercicio intelectual arriesgado. Pero es que se empieza borrando de las placas de las esquinas las expresiones en español, se continúa eliminándolo de los carteles de información turística y las notificaciones administrativas y se termina proscribiendo su empleo como lengua vehicular en la enseñanza�

A este paso cualquier día vamos a ver al Gobierno de Zapatero respaldando un Estatuto de Autonomía en el que se atribuya el rango de nación a una parte de España, se consagre la bilateralidad en sus relaciones con el Estado y se establezca la primacía de su legislación sobre la de las Cortes Generales. Y a este paso cualquier comienzo de curso podemos encontrarnos con que los Reyes tengan que inaugurar las clases en un centro escolar en el que sea imposible estudiar en español.

¿Cómo? ¿Qué todo eso ha sucedido ya? No, no es posible. Sólo en el delirio de Jovellanos -«España� la Junta Central� nación sin cabeza�»- cabría imaginar un desaguisado así. Será el eco de las piedras del castillo de Bellver que rebota sus lamentos, dos siglos después de atenazar su libertad.

He estado en el Carrer de Jean Batten. Es un callejón sin salida desde el que se sigue mirando extraordinariamente bien la bahía y en el que casi la mitad de las viviendas tenían ya carteles -no, no es un recado a la aviadora- advirtiendo a sus potenciales asaltantes que deben tener «cuidado con el perro». Nada hay tan humano como el sálvese quien pueda. Pero no dramaticemos. A lo nuestro de ahora le puso música hace ya unos cuantos años Conchita Bautista: «Ca-becita loca, ca-becita loca, vas alborotando todo lo que tocas». ¡Ay esta alcaldesita de Palma, con lo buena chica que parecía!

pedroj.ramirez@elmundo.es

El veraneo de ETA
FERNANDO SAVATER El País 12 Agosto 2009

No recuerdo ahora si esta anécdota se la he contado ya a los lectores (puede ser la amnesia producida por fumar porros, imagínense a estas alturas, tantos años...). Trata de un amigo que dio una charla en Buenos Aires, el tema es lo de menos. Después del acto, una atildada señora porteña de mediana edad se le acercó, la mar de efusiva. Que si la alegría de recibir a alguien que venía de la Madre Patria, que cuantas ganas tenía de volver allá. "Porque yo soy etarra, ¿sabe usted?". Mi amigo se sobresaltó un poco: así que etarra... Y la señora, tan ufana: "¡De pura cepa! Y mi marido es etarra también". Caramba, también el marido, se inquietó mi amigo. "Claro, etarra por los cuatro costados... ¡Como sus padres y abuelos!". Una prosapia terrorista tan antigua ya no parecía de recibo. Poco después, mi amigo comprendió que para la buena señora "etarra" era una antonomasia pintoresca que equivalía a "vasco".

Afortunadamente, hace ya mucho que entre nosotros "etarra" no equivale a "vasco", ni mucho menos a "buen vasco". Y últimamente hasta vamos consiguiendo que "vasco" no sea sinónimo de "justificador de etarras o contemporizador con ellos". Yo espero ver el día en que hasta los nacionalistas vascos más acendrados pierdan cualquier ambigüedad o componenda al respecto. Sin embargo, aún quedan otros malentendidos semejantes circulando, no diré que tan grotescos como el de la dama argentina antes mencionada pero también bastante dañinos, incluso más peligrosos porque son menos evidentes. Los recientes atentados de la campaña veraniega de ETA han vuelto a sacarlos a la luz.

Uno de ellos, y grave, es el de la proclamada "debilidad" de la banda terrorista. Que ETA es hoy muchísimo más débil políticamente que hace 15 ó 20 años es algo felizmente indudable. Incluso me atrevo a suponer que ya nunca volverá a tener el peso político que antaño usurpó y que llegó a ser de primer rango en el País Vasco, cuando logró ejercer la segunda dictadura militar que padecimos después de la franquista. La larga lucha de los movimientos cívicos y los políticos constitucionalistas más consecuentes, jalonada por tantas víctimas y tanta incomprensión oportunista, no ha sido en vano. Hoy ya pocos dudan de que impedir que en el Parlamento o en los ayuntamientos se sienten juntos quienes se atienen a los procedimientos democráticos y los que pretenden utilizarlos para reforzar la lucha armada no es ilegalizar ideas sino negarse a institucionalizar la complicidad por hipocresía o estupidez. En Europa, la sentencia de Estrasburgo a este respecto ha corregido afortunadamente la confusión nefasta que se produjo en el Parlamento de la Unión tras una iniciativa del Gobierno español que más vale olvidar. Hay motivos para confiar en que la actual alternativa de cambio en Euskadi remachará los clavos del ataúd político de ETA.

Pero que la banda asesina esté políticamente débil no quiere decir ni mucho menos que haya perdido su capacidad destructiva, extorsionadora y criminal. Por ello resulta equívoco mencionar su "debilidad" cuando comete un atentado, porque puede llamar a engaño a la ciudadanía sobre la "debilidad" a que nos referimos, como en el asombroso titular que pudimos leer en este mismo diario: "Una ETA más debilitada que nunca asesina al inspector Puelles". ¡Hombre, por favor! Parece una broma, como decir que encontramos a Mike Tyson debilucho porque flojea cuando se le hacen preguntas sobre Kant. Con su medio siglo recién cumplido, ETA aún conserva recursos operativos más que temibles, gracias a la Viagra que le procuran quienes pagan impunemente su impuesto de terror y que le permiten adquirir lo último en tecnología punta del exterminio. Y también por su habilidad para aprovechar cualquier fallo en la seguridad de los amenazados y de quienes tienen el honroso deber de protegerlos. ETA no ahorra en gastos para matar, como en cambio a veces otros regatean en el alto precio de la seguridad, que vale tanto para cualquier ciudadano como para la Guardia Civil y demás defensores profesionales del orden democrático.

 

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