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Recortes de Prensa    Viernes 14 Agosto 2009

 

Monarquía bananera
Daniel Martín Estrella Digital 14 Agosto 2009

A menudo se comparan los modos españoles con las de algunas repúblicas bananeras de los climas tropicales. Ciertamente, hay mucho en nuestra sociedad y nuestras formas de poder que coincide con lo que se puede ver en países del Tercer Mundo. Sin embargo, no podemos olvidar que la Constitución de 1978 configura España como monarquía parlamentaria. Así, somos la única monarquía bananera del planeta. Esto, en cierto modo, nos convierte en una nación (?) donde confluye lo peor de tres continentes.

Comenzando por nuestro Jefe del Estado, Don Juan Carlos I, que constitucionalmente carece de responsabilidades judiciales, de manera semejante a los Castro, Hugo Chávez o los dictadores africanos. Afortunadamente, a nuestro Rey le oímos menos que en Cuba, Venezuela o, por ejemplo, Guinea Ecuatorial. La cuestión es que, para compensar, escuchamos un montón, a veces rodeados de cierto misticismo laudatorio creado por algunos medios españoles de comunicación, a esos presidentes bananeros.

Como en cualquier país bananero que se precie en España existe, en torno a la jefatura del Estado, una oligarquía bien establecida y muy hambrienta de cargos públicos. Lo que nos diferencia es que aquí, donde se nos supone libertad de expresión, nadie se indigna ni, cuando menos, levanta la voz. De la misma manera que en las novelas de Galdós, hoy el ejercicio del poder político consiste en colocar a los propios en distintos cargos que reviertan sustanciosos beneficios. La sinecura y el parlamentario cunero son dos instituciones más de nuestro sistema partitárquico, mucho más eficaces que los poderes judicial y legislativo.

Lo más bananero de nuestros partidos es que, de manera análoga a los dictadores de memorables novelas como Tirano Banderas, El señor Presidente o La fiesta del chivo, aseguran sin descanso actuar pensando en el bien común, cosa que demuestran con cierta actitud paternalista que tiene más que ver con el despotismo y la tiranía que con la auténtica defensa de nuestros intereses. Pero, a la postre, lo único que intentan los partidos españoles es hacerse con el poder para "ganarse" el sueldo y tener una posición desde la que ayudar a los amigos más próximos, tradúzcase como los que mejor correspondan en lo pecuniario. Así, España vive en unos niveles de corrupción pública semejantes a los de países supuestamente menos avanzados. Fijémonos si no en las cuentas de la enorme mayoría de los ayuntamientos españoles.

En torno a estos oligarcas en España proliferan las grandes corporaciones pseudomafiosas: sindicatos, CEOE, cámaras de comercio, SGAE... viven al acecho de lo que sobre de la mesa del banquete político. De la misma manera que muchos grandes hombres de negocios también viven al amparo del poder y al margen de la ley que teóricamente se aplica a todos los residentes en la piel de toro.

Por otro lado, en España las infraestructuras funcionan de manera precaria. A lo largo de este verano he comprobado lo penosamente que funcionan las redes de transporte y comunicaciones en España. La mayoría de nuestras carreteras está en mal estado y las más modernas envejecen más rápido que en el resto del mundo. En algunos lugares de nuestra geografía Internet es una utopía. Y mientras numerosos delincuentes campan a sus anchas, las fuerzas de seguridad se ponen ciegas a multas.

La gran ventaja, no obstante, de vivir en España es que está en Europa. Por eso la sociedad no tiene el miedo de un congoleño, un venezolano o un iraní a que le peguen un tiro si dicen algo inconveniente para con el poder establecido. Los españoles vivimos bien alimentados y, sobre todo, adormecidos por un aparato de ocio que aniquila las neuronas y florece en un clima de escaso o nulo espíritu crítico. Como los dominicanos ante sus grandes figuras del béisbol, la mitad de los españoles se deja embaucar por los encantos de Cristiano Ronaldo o Leo Messi. Y la otra mitad se deja llevar por la podredumbre moral de los programas de Jorge Javier Vázquez o El gran Wyoming.

Esa es la gran diferencia entre nuestro bananerismo y el tercermundista. Aquí vivimos más o menos bien a pesar de la crisis y de que los fondos de cohesión no nos llegan de manera tan constante y sustanciosa como en los 80 y 90. Por eso aún no hay sentimientos de hastío ni de necesidad que nos empujen a buscar en la emigración un beneficioso cambio de aires.

Este artículo tiene un claro espíritu de farsa. Pero eso no quiere decir que nuestra Monarquía bananera -cuyos males perpetúan en su mayoría aquellos que nacieron en el franquismo- no sea algo deleznable digno de cambio y mejora. La partitotarquía se reparte el pastel mientras nuestra economía no puede funcionar en las actuales circunstancias y la más castigada por la crisis es la clase media, la base para que cualquier democracia pueda considerarse como tal. El sistema educativo fabrica borregos en serie y los adultos asistimos ensimismados al pobre y nada edificante espectáculo de pan y circo. Los que seguro no necesitan cambiar de aires son los profesionales que viven del Tesoro Público que, no lo olvidemos, nace y crece a partir de nuestros impuestos.

Pero, que quede bien claro, todo esto de la monarquía bananera corrobora aquello de Spain is different. Hasta límites insospechados.
dmago2003@yahoo.es

ETA
El cazador incompetente
Emilio Campmany Libertad Digital 14 Agosto 2009

Cuentan las crónicas que, llegado el momento de nombrar nuevo director del CNI, José Bono eligió a Alberto Saiz porque era amigo suyo. Bien mirado, la decisión fue la lógica. Si no es para poner a un amigo al frente del CNI ¿para qué demonios quiere nadie, y menos que nadie, Bono, ser ministro de Defensa? En alguna ocasión he mostrado sorpresa porque el Rey no exigiera en aquella ocasión supervisar su nombramiento, como había hecho en otras ocasiones. Después, me he enterado de que sí que lo aprobó, que conocía a Saiz de haber cazado con él alguna vez y que le pareció muy bien que lo pusieran al mando del CNI. Así que don Alberto no tenía un mérito, sino dos, ser amigo de Bono y haber cazado con el Rey. No es poco para esta España color albero.

Luego ha resultado que ninguno de los dos méritos bastó para que su gestión fuera acertada. Los más de cinco años que ha estado al frente del CNI fueron suficientes para que quedara hecho unos zorros, sin apenas olfatear nada de lo que se pudre en las sentinas etarras. Con razón se quejaba Rubalcaba y exigía que le quitaran a este tío de allí. A punto estuvo de lograrlo. El País sacó un mismo día dos portadas, una con el cese de Saiz y otra con su renovación. Al final, el madridista perdió la batalla y el Consejo de Ministros acordó la continuidad del conquense para cinco años más. Siguen relatando las crónicas que el manchego contó en aquella ocasión con el respaldo de la vicepresidenta de la Vega. Poco respaldo me parece cuando a quien se tiene enfrente es a Rubalcaba y el asunto es de seguridad nacional. Me temo que habría más respaldos. Y todo para luego, a las pocas semanas, tener que dimitir. Sic transit gloria mundi.

El caso es que después de haber tenido a los servicios de inteligencia en manos de este incompetente, nuestras fuerzas del orden investigan a tientas en Mallorca. Si todo se redujera a unos cuantos petardos en otros tantos restaurantes y centros comerciales y a unos cientos de cancelaciones hoteleras, la cosa no tendría gracia, pero sería soportable. Lo terrible es que hay dos jóvenes guardias civiles muertos y nuestro Gobierno está in albis de lo que ha pasado. Al día siguiente del atentado dijeron que los etarras seguían en la isla con casi toda seguridad. Y, tras estallar cuatro bombas en el centro de Palma, llegaron a la conclusión de que hacía tiempo que se fueron. De ustedes para mí, no tienen ni idea.

Puede que el mal funcionamiento del CNI no tenga nada que ver con los cinco años de Saiz. Pero tiene toda la pinta de que sí. Es verdad que durante la mayoría de esos cinco años lo que hizo el Gobierno no fue perseguir a la ETA, sino negociar con ella. Y es verdad que, para eso, sobra el CNI y su jefe muy bien pudo pensar, sin demasiado remordimiento, que mejor era dedicarse a la caza y a la pesca. El caso es que la banda sigue matando y nuestro servicio de inteligencia ni es servicio ni tiene inteligencia. Lástima me da pensar en el agosto que estará pasando Félix Sanz recomponiendo el desaguisado dejado por su antecesor para ver si llega a tiempo de evitar el próximo asesinato.

Rubalcaba
Fontanería a mano armada
GEES Libertad Digital 14 Agosto 2009

Ningún ministro del Interior tiene responsabilidad alguna en cualquier atentado o campaña de ETA. Pero esto es tan cierto como que todos los ministros llegan al Ministerio con unas prioridades, unos objetivos y una idea de qué hacer al frente de la cartera, que se transmiten al día a día. Y en esto Rubalcaba no es una excepción. Como todos, llegó en 2006 al Ministerio por algo, para algo y con una agenda determinada.

Fue nombrado en 2006 ministro de Interior para velar por el proceso de negociación de Zapatero con ETA desde un área delicada. Antes ya le había servido fielmente en los tres días de marzo de 2004, pilotando la campaña de agit-prop entre el 11 y el 14. Como ministro, durante los pactos ZP-ETA, fue un fontanero de lujo en las filtraciones, comunicaciones y utilización de las fuerzas de seguridad para apuntalar los apaños con ETA. Los tristemente famosos "informes de verificación" son ejemplo de este proceder, que alcanzó cuotas escandalosas con la legalización de PCTV o ANV, y delictivas con el asunto del bar Faisán, aun pendiente de resolver.

Pero sería injusto reducir su gestión al frente de Interior al pacto con ETA. Hay otros aspectos. En primer lugar, la gestión en el Ministerio está siendo la más conflictiva que se recuerde en muchísimos años, con unas tensiones internas, laborales y profesionales inauditas. Rubalcaba ha reintroducido el mérito político e ideológico en las FCSE, relegando el mérito profesional. Se ha ganado la desconfianza de sindicatos de todo tipo y condición, en Guardia Civil y Policía Nacional. Con Rubalcaba, el Ministerio está patas arriba, entre miedos, envidias, desconfianza y autoritarismo. Es el primer ministro del Interior de los últimos años de los que los agentes desconfían abiertamente.

En cuanto a la política de seguridad, desde la llegada del PSOE al poder en 2004 la delincuencia en España ha ido subiendo progresivamente. Rubalcaba ha sido incapaz de frenar esta tendencia. No sólo eso, sino que ha protagonizado dos escándalos mayúsculos: el primero, el falseamiento y la manipulación de las cifras sobre seguridad para presentarlas como un logro personal, maniobra en la que fue descubierto in fraganti. Y en segundo lugar, las directrices de caza y captura de inmigrantes ilegales –la "Operación Cacería"– maniobra anticonstitucional y antihumanitaria.

En cuanto a la política antiterrorista a partir de 2007, su trabajo al frente del Ministerio se caracteriza por la falta total de iniciativa. No se ha avanzado en la investigación e ilegalización de las formaciones etarras en los ayuntamientos. No ha habido un impulso a los medios tecnológicos en la lucha contra la banda, tanto en información como en operatividad. Tampoco ha habido un esfuerzo en seguir reforzando la seguridad de las instalaciones objetivo de la banda. A nivel internacional no ha habido ningún impulso en materia de acuerdos para la localización, detención y extradición de etarras. Tampoco se ha apoyado la acción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con reformas legislativas. Ninguno de los elementos con los que cuentan Guardia Civil y Policía Nacional para la lucha contra ETA ha sido aportado por Rubalcaba, que se limita a cumplir a desgana lo heredado en 2004 del Partido Popular.

Objetiva y desapasionadamente, no cabe duda: el ministro del Interior no realiza bien su trabajo. De hecho, cada vez que ETA atenta, tarda en reaccionar, se esconde varias horas. Le cuesta dar la cara. Esto contrasta con las actividades bastardas relacionadas con filtraciones, detenciones ilegales, escuchas o escándalos policiales, donde es ágil y eficaz. Los escándalos en los que se ve envuelto su Ministerio en Madrid, Valencia y Baleares muestran lo que queremos decir: iniciativa, rapidez, habilidad. Justo lo que le falta ante ETA. Rubalcaba no es un ministro de Interior, es un fontanero de lujo de Zapatero al frente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que es algo distinto. Ahí están sus objetivos, sus preocupaciones y sus intereses.

Esto se ha puesto de manifiesto dramáticamente en Baleares. Mientras Rubalcaba balbuceaba en relación con ETA cosas como que "está más débil que nunca" o que los terroristas "pueden seguir aquí o haberse ido", la banda hacía explotar más bombas en la isla. Se ha mostrado torpe y lento en reaccionar. Lo cual pasaría desapercibido si no fuese porque casi al mismo tiempo, el ministerio montaba un show con los políticos del PP, esposados y paseados como animales de feria. Si en una parte de las islas los etarras burlaban a Rubalcaba, en la otra el ministro sacaba pecho mediático deteniendo a dos cargos populares. Para explicar esto sí estuvo raudo y eficaz, y se mostró tan habilidoso como en la noche del 13-M o como cuando amenaza a policías y guardias civiles.

Desgraciadamente, la derrota fulminante y total de ETA no está entre las prioridades de Rubalcaba, que está más ocupado en otras cosas. Pocas veces se han visto más a las claras sus carencias, puntos fuertes e intereses que en las últimas semanas en Baleares, donde se ha visto que a España le falta un ministro del Interior y le sobra un fontanero al frente de la Policía y la Guardia Civil.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Los brotes son cardos
Manuel Romero www.lavozlibre.com 14 Agosto 2009

Si la hamaca es lugar de pensamiento durante el verano en España, el periodo estival es la bambalina donde todo se esconde o se enmascara. Comenzó Núñez Feijóo dando a conocer los datos de la encuesta lingüística de la enseñanza en Galicia; siguió la dimisión de Luis Bárcenas, el tesorero del Partido Popular, que ya había advertido que tomaría una decisión en el momento “mediáticamente conveniente”; luego aparecieron los datos turísticos que confirmaban la imparable caída de visitantes y gasto en las costas españolas.

Ya digo que el verano es ese plácido paréntesis en el que las empresas aprovechan para efectuar los reajustes de plantilla –terrible eufemismo del despido-, pero también para que el Gobierno enseñe su patita TDT a los corderitos de Prisa antes de que los lobos de la Sexta entren a comérselos, ahora que son débiles y tiernos.

Por su lado, María Dolores de Cospedal trataba de desencadenar el oleaje informativo de agosto anunciando espionaje y escuchas ilegales a dirigentes de su partido, instigadas desde Moncloa y servidas por policías y jueces serviles. Mariano Rajoy debía recoger la entorcha encendida por su secretaria general, pero, para entonces, la llama languidecía y el sol de agosto no la dejaba ver. Mala suerte, otra vez será.

Parece mentira: un país se ahoga con una economía que hace aguas: el PIB por los suelos, el paro por las nubes, el consumo bajo mínimos, las perspectivas de reactivación, en el horizonte imaginario.

La banda terrorista ETA se pasea tomando cañas por los bares y restaurantes de Palma y dejando sus huellas, la gripe A da sus señales de muerte en cada comunidad autónoma, avisando de la que nos espera cuando llegue el otoño y se abran los colegios; los derechos ciudadanos son pisoteados de la forma más abyecta cuando se multa por rotular tu negocio en la lengua oficial del país… y la oposición aprovecha que Federico Jiménez Losantos está enfrascado en su puesta a punto de esRadio para anunciar escuchas que no se demuestran y no calan.

Yo no sé si Rajoy cabalga sobre la grupa del caballo del triunfo que le llevará en su larga y tortuosa marcha a la Moncloa, pero, desde luego, desde las hamacas de las playas, desde los chiringuitos de las costas, lo que se percibe es desidia en la oposición y hastío en el Gobierno.

Una especie de tal para cual en el que la esperanza del ciudadano se centra en que vuelva septiembre y cambien la dirección del viento y los grandes problemas nacionales se resuelvan con una varita mágica. Porque, lo que es por la acción del Gobierno, naranjas de la China. Y lo que es por la denuncia de la oposición, espérame en el cielo.

Redistribución
El Gobierno, el mejor aliado de la crisis
Jorge Valín Libertad Digital 14 Agosto 2009

Inconmensurable la cita de Celestino Corbacho, ministro de Trabajo:
Llegará un día que cuando el sector del automóvil se recupere y llegue a una cierta normalidad, no será razonable que de los impuestos de los ciudadanos demos una parte a otros ciudadanos para que se compren un coche.

Corbacho hizo referencia a las transferencias de capital forzosas de ciudadanos a empresas para afirmar que el nuevo subsidio de 420 euros a los parados será temporal. A propósito, cuando Keynes definió su estrategia de ingeniería social en su Teoría General, también decía lo mismo una y otra vez. Todas las medidas han de ser temporales. Nunca fue así.

Para la izquierda, los tiempos de crisis son épocas de gloria donde la miseria de los ciudadanos da pie a satisfacer a sectores estratégicos para conseguir más votos. 400 millones de euros del pagador de impuestos costará el nuevo subsidio; todo para ganar ¿cuántos votos? En otra parte ya analizamos qué repercusiones económicas conlleva alargar las prestaciones por desempleo (penalización del trabajo, destrucción de capital, parasitismo, más crisis...).

Déjenme anunciarles una cosa. El socialismo como doctrina murió a la hora y media de ponerse en marcha. No es de extrañar, es un absurdo teórico.

En todos los países fue sustituido por la tiranía de las buenas intenciones. Da igual de qué color sea el Gobierno de turno. Como expresa la cita de Corbacho todos reducen su mediocre ideología sentimental a lo mismo: transferencias de capital forzosas de una parte de la sociedad (empresas y clase media) a otra (lobbies económicos y sociales). Bien, no sólo de la sociedad. Con la globalización hemos llegado más lejos. El actual Gobierno español –que desde que se impuso nos hace pagar 355 euros más en el IRPF, y ni qué decir en multas– también considera "razonable" que nosotros, los ciudadanos, transfiramos más de 250 millones de euros, queramos o no, a países extranjeros o paguemos programas internacionales para luchar contra el paro cuando España es líder europeo en crear desempleados alcanzando cotas inauditas en paro juvenil, duplicando el de la UE.

Ministro Corbacho, todos esperamos el día en el que la mayoría de hombres libres no tengan que dejarse robar por la gran Mafia del Estado para contentar los intereses partidistas del Gobierno. Critican el liberalismo por ser la jungla, el caldo de cultivo de terratenientes, lobbies y monopolistas. La ley de la jungla es la tiranía de las buenas intenciones. El Estado del Bienestar es la mejor base para crear monopolios protegidos por leyes, barreras de entrada económicas y transferencias de capital del ciudadano a la oligarquía apolítica y sus amigos, ya quieran llamarse banca, sector del automóvil o ecológico. El Estado del Bienestar, su buenismo y solidaridad a punta de pistola premian al vocero, al parásito, al incompetente, al vividor de rentas gubernamentales, al sindicalista. En definitiva, al lobo vestido con piel de cordero.

Todas las medidas de este Gobierno son tan populares como directamente contraproducentes para el ciudadano. Recibir dinero gratis es bienvenido por su receptor (consumidor de impuestos), pero si castigamos a quien produce para darlo al que no produce lo único que lograremos será suicidarnos económicamente, más aún con la crisis que tenemos encima.
Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

Pensamiento e ideología (Aquí no hay dos Españas sino dos hinchadas)
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 14 Agosto 2009

Procuro intentar el pensamiento y cada vez me distancio más de la ideología. Cada vez estimo más lo primero y menos lo segundo. Incluso empiezo a creer que ambos son, en sí mismos, antagónicos y excluyentes. Al menos como en España se entiende la ideología, así resultan y cada vez de manera más enconada.

Aunque, en realidad, por estos pagos el concepto ideológico, como cuerpo de doctrina, prácticamente no existe. Es más, está severamente contraindicado y resulta una tacha de imposible superación para el ejercicio de la política. Aquí se “es” de izquierdas o de derechas por todo menos por pensamiento y razón. En ese todo entra la pasión, la víscera, la tradición, el sentimiento de pertenencia y acaba todo en el desprecio, la imputación de todo el mal y, en suma, el odio al otro. Y la sigla es la trinchera, el bunker impenetrable en el cual se encierra y se parapeta ante cualquier duda y desde donde se dispara contra cualquier crítica. La sigla es también el salvoconducto. El que permite el tránsito sin el cual a uno siempre le van a parar en la frontera y le van a exigir que lo consiga cuanto antes si no lo tiene. Y si no lo quiere, le lo adjudican a la fuerza.

En España la ideología no tiene que ver con las ideas sino con la pertenencia al bando y el símil mas exacto de acción y reacción idénticas es el de los hinchas del fútbol. Los “míos” y los “otros”. Los míos son los buenos, los otros, el enemigo. Todo claro, todo resuelto, no hay problemas ni complejidades. Y resulta , encima, que como en el fútbol el equipo y los dueños del equipo viven en otro mundo y con alejamiento supino a sus forofos a quienes eso si hay que motivar y excitar cuando así conviene.

La llama que no puede dejar de arder un instante es la de la pasión. Fundamentalmente la pasión contra el rival. Y para ello hay que rebuscar agravios. Da igual donde, en la historia, la intención o la invención. Cualquier cosa vale. Se trata de establecer la diferencia, la raya del odio. Porque , en realidad los españoles, como los aficionados de futbol, se parecen mucho entre si. En lo esencial piensan de manera muy similar - son más las diferencias generacionales que las ideológicas- aunque se sientan en las antípodas y por ello hay que exacerbar la confrontación y las diferencias. Cuanto más cercanía en vida y obra más hay que resaltar la diferencia en el habito y la parafernalia. Por tanto los amos de los clubs, los dueños del escenario y los mantenedores de la farsa han de encontrar desesperadamente la identidad a través del habito para convertir a todos en monjes. Y la mejor seña de identidad sentimental , no hay, duda, es la unidad en el odio al contrario. Mucho más que en el amor a lo propio.

Resulta esclarecedor, sin embargo, que el doble exacto del fanático propio estará en el hooligan del equipo contrario. Y cuanto más extremista, mas idéntico será en su comportamientos. Y será el hincha perfecto, cuando todo raciocinio y pensamiento haya quedado extinguido. Cuando tan sólo exista el total “amor a los colores”, que es tanto como decir , la enemiga absoluta a los contrarios. Y , por supuesto, da igual como actúe los propios y los contrarios. Eso no importa en absoluto. Como en el fondo nada en esto ha tenido que ver el pensamiento, ya que decir de la idea y , a no ser en su acepción más envilecida, ni siquiera de la ideología.

Nada más falso que la vieja cuestión de “las dos Españas” en este siglo XXI. En absoluto es esa la realidad ni sociológica ni vital. Lo que hay son dos hinchadas. Y lo que se pretende cada día es sacar a pasear un agravio y en lo que jamás se descansa es en el fuego declarativo contra el enemigo por parte de los comisarios y los agitadores. Lo que quieren es ponernos a todos y cada uno a cavar en su trinchera. Y lo malo es que lo consiguen –es creciente el número y el enardecimiento de los cavadores de trincheras-y son muy pocos los que se atreven a decirle que caven ellos, o su madre o su abuelo.

TRIBUNA / TEORÍA POLÍTICA
La democracia ausente|
ESUS NEIRA El Mundo 14 Agosto 2009

CON FRECUENCIA los términos políticos sufren graves distorsiones. Tal es el grado del impacto que reciben, que las palabras no responden a su significado original. Ya advertía Orwell que «el lenguaje político sirve para encubrir la verdad, para hacer lo claro oscuro, para hacer respetable el asesinato». Si ésta es la realidad del lenguaje político, no nos puede extrañar lo que ocurre con un término de uso frecuente como es el de democracia. Se le ha sometido a una fuerte polisemia. En el pasado, era un término despreciado por referirse a la democracia directa, la vieja democracia de las polis griegas, que fue su fórmula original. Con el siglo XX, el vocablo fue ascendiendo a la cabeza del éxito, refiriéndose entonces a la democracia moderna, a la democracia representativa.

En España, la voz democracia se ha usado con gran profusión, incluso se le ha sometido a claros abusos, como aquel eslogan de los años 70 que decía que «socialismo es democracia». A la democracia se la ha adjetivado de muy diversas formas: «a la española», «vicaria», «concedida», «de partidos», «de consenso», «vigilada», «de deshecho», «social», «avanzada», «tutelada», «felipista», «socialista», «de futuro», «parlamentaria», «progresista», «reducida», «domesticada», «de compromiso», «improvisada», «instalada», «consolidada», «adulta».

Además se ha querido aplicar el término a realidades muy lejanas de su concepto original. Así, se ha llegado a hablar de las parejas en la democracia, la virtud en ella o, incluso, de las características psicológicas de la democracia. Pero con este uso intenso de la voz democracia no sólo hemos perdido su significado concreto, formal, sino que se emplea para otras realidades que no tienen que ver con ella, e incluso significan opciones incompatibles. Así ocurre con el régimen parlamentario, que es el régimen vigente hoy en España. ¿Por qué no adjetivarlo con la voz democracia? Porque la democracia significa un régimen político con tres precisas características, con una arquitectura de los poderes del Estado que se alza sobre ellas. La primera nota distintiva hace referencia a un régimen representativo. Así, la cámara legislativa está compuesta de personas que han sido elegidas personalmente sin listas de partido, que han sido votadas en competencia abierta en el distrito electoral. Por tanto, cámara en efecto representativa del cuerpo electoral, y no de las cúpulas de los partidos políticos con su respectivo jefe a la cabeza.

En segundo lugar, la democracia, lejos de ser una unidad de poder y distinción de funciones, según la imaginativa fórmula del almirante Carrero Blanco, es un régimen político donde el poder está dividido, siendo esa división el primero y más fornido dique para el control político. Poderes divididos en el Estado. No superpuestos en pirámide, sino surgidos del pueblo mismo en elecciones libres. La democracia sin división de poderes es una burla, una vieja burla, pero una burla. Una irrisión que, como señalase la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, no otorgaba reconocimiento constitucional al régimen que no tuviera división de poderes.

En tercer lugar, sobreviene la última característica de la democracia. Su verdadero ADN inconfundible, original e inequívoco, como es la libertad política. Es decir, la capacidad de un pueblo de elegir a su gobierno. No a través de interpuestos, sino directamente. Sin necesidad de que se tenga que interpretar qué es lo que los electores han querido votar, sin insultos demagógicos. Porque es absurdo, desigual e injusto, que el gobierno sólo pueda ser elegido por una Cámara y que sea de ésta de la que pende, en vez de serlo del pueblo en verdadera posición de soberano, en uso de su libertad política.

Esas tres características son las fundamentales para poder referirnos en verdad a una democracia. Son fácilmente detectables. Se trata de características formales del régimen político.

Para hablar con propiedad de democracia, tiene que existir representación, división del poder y elección del gobierno. España no se da ninguna de las tres características, porque no estamos en una democracia, eso es falso, sino en un régimen parlamentario, como informa la propia Constitución... y la historia de España, que nunca ha conocido la democracia. La Restauración poseía una representación corrompida por el caciquismo. Sí disponía de división de poderes, como correspondía al modelo importado de la monarquía constitucional.

Tampoco la Segunda República deparó una democracia, sino otro régimen parlamentario que había suprimido la figura del monarca, pero sin alcanzar la democracia. Es un abuso político del léxico cuando lo importante no es enmascarar una realidad a través de falsas adjetivaciones, sino sus contenidos característicos. Ya Tocqueville introdujo un gran equívoco con su uso del término democracia. No porque no la distinguiese, sino porque quiso adjetivar a la sociedad en la que progresaba la igualdad como «sociedad democrática», en su expresión específica de «Estado social democrático».

Tocqueville inauguraba así un tortuoso recorrido por adjetivaciones grandilocuentes y demagógicas, como las llamadas «democracias reales», cuando se trataba de dictaduras comunistas. Algunos autores como Max Weber utilizaron el nombre con profusión para distintos aspectos como democracia de masas», «la democracia de la calle». «democracia plebiscitaria», «democracia de jefes», «democracia de caudillaje», «democracia pura».

A VECES se ha tratado de distinguir a los regímenes políticos con expresiones que han puesto el énfasis en alguna característica concreta. Así hizo Duverger con su expresión de «democracias de pleno ejercicio», en referencia a Francia y a Inglaterra, frente a aquellas otras realidades políticas que denominaba «democracias mediatizadas», donde el pueblo no elige directamente a su gobierno, es decir, un régimen parlamentario. Fue un intento de clasificación confusa, porque Inglaterra es un régimen parlamentario que sí es representativo, como el francés, por su sistema electoral de distrito uninominal.

Como demuestra la historia, llega a premier quien dirige el partido que vence en unas elecciones, no se da en Inglaterra la división de poderes, sino los poderes del Estado en relación piramidal. El caso francés es distinto, porque aunque el pueblo elige directamente al presidente de la República, el primer ministro, que es el jefe del Gobierno, se mantiene con la confianza de la Asamblea Nacional. Por tal motivo, ambos regímenes no son formalmente democracias en sentido estricto. La libertad política no admite «mediatizaciones» que ya rechazaba Montesquieu frontalmente. Existe o no existe, y ése es el elemento decisivo para saber si estamos hablando de una democracia.

Los españoles seguimos a la espera de una verdadera democracia, y sería conveniente no jugar mas con los nombres porque el maquillaje no cambia la realidad de un régimen político. Llamar a las cosas por su nombre es una higiene necesaria, y España es un régimen parlamentario, no una democracia. El parlamentarismo supuso en Inglaterra suspender la evolución natural hacia la democracia. La sustracción al pueblo de la elección del gobierno. Sir Robert Walpole sabía lo que hacía al inaugurar el parlamentarismo en las aguas de la corrupción como sistema, corrompiendo a la Cámara de los Comunes. En opinión de Dorothy Pickles, «la democracia es la mas difícil y compleja forma de gobierno». Así es, en efecto, pero no hasta el extremo de no distinguir sus componentes esenciales. Ya advertía Polibio que es «el nombre más bello de todos libertad y democracia, pero la denominación de la realidad será lo peor, la demagogia».

Jesús Neira es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Camilo José Cela.

El error de imponer una lengua
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 14 Agosto 2009

He estado en comunidades que tienen la inmensa suerte de ser monolingües y les cuesta comprender lo que nos pasa en las regiones bilingües e incluso creen que exageramos, pues nuestros problemas no se dan a nivel de calle, donde reina la cordialidad, sino allí donde la administración puede meter la pezuña (enseñanza, sanidad, administraciones públicas, cajas de ahorro, empresas que dependen del poder político por necesidad o conveniencia, como R o Caixanova, etcétera). Afortunadamente la mentalidad de la gente común y, en especial, de los intelectuales empieza a cambiar como demuestra este artículo publicado en un periódico de Murcia que contiene un análisis a mi modo de ver muy acertado de este absurdo conflicto creado por una clase política a la que, para más INRI, mantenemos con nuestros impuestos.

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El error de imponer una lengua
Un paso más en la enseñanza del catalán en el ámbito de Cataluña supone un ataque a la libertad de las personas en lo más importante de sus vidas, la forma de relacionarse verbalmente. Existen otras consecuencias, como el ataque a la libertad y a la Constitución, art. 3.1, que se han desarrollado abundantemente estos días.

Tengo una experiencia histórica que voy a relatar. El año 1982 tuve ocasión de formar parte de un grupo de economistas que desarrollamos un seminario de una semana en Hungría. El seminario fue promovido por el Gobierno húngaro y nos dio la ocasión de conocer la historia económica del país, que ya la llevábamos estudiada en parte, y la situación en aquellos momentos de una honda crisis y postración. Allí nos encontramos con una capital, Budapest, y otras ciudades con trazados de urbanismo y edificios de un tiempo pasado de gran riqueza y una situación presente de crisis sin salida.

El siglo XIX discurrió con el dominio de una burguesía terrateniente que luego he conocido por la literatura de Sandor Marai, cuando debió de existir una gran desigualdad social que permitió aquella acumulación. En el año 1982, el modelo leninista-estalinista de aplicación del marxismo, estaba llevando a Hungría a la catástrofe. Durante la visita por el interior me sorprendió la gran llanura agraria de suelos riquísimos, lo que nosotros llamaríamos una inmensa huerta, recorrida por un río de verdad, el Danubio.

Ahora bien, la parte importante de este pequeño relato era constatar porqué aquella riqueza se había precipitado: los análisis económicos mostraron lo que puede ocurrir con la planificación central en contra de la libertad de mercado. Pero algo más profundo se podía esperar de aquella situación. Al terminar el seminario tuvimos una reunión en la embajada de España con las personas que nos habían ayudado durante nuestra estancia. Estaban todos los niveles, desde ministros y viceministros a funcionarios. Pero yo tuve ocasión de hacer una pregunta al vicepresidente de la Academia de Ciencias, que me ha dado mucho que pensar. Le pregunté qué había pasado para aquel cambio tan radical en todo, aparte del régimen político. Me contestó: "Aquí el error fue haber impuesto el magyar como lengua obligatoria; esto nos ha apartado del mundo civilizado: sólo unas 5.000 personas de ocho millones de húngaros nos relacionamos con el resto del mundo; los demás viven en una isla".

Esto me llevó a pensar que la imposición de la lengua lleva dentro una enorme perversión. Esas 5.000 personas de élite son las que tienen acceso a educación superior, universidades extranjeras y conocimientos de nivel, una nueva clase social. Lo mismo que ocurrirá en Cataluña y Euskadi: una élite educada en las formas modernas y, el resto, un pueblo aislado con poca relación con el exterior y conocimiento, con una deriva democrática en la que quedará la venta de votos para obtener el poder, la demagogia, el uso monopolizado de los medios de comunicación y el fútbol.

Mal porvenir para sus democracias.
José Egea Ibáñez
La Opinión de Murcia
19/07/2009

Leyes como salchichas
IGNACIO CAMACHO ABC 14 Agosto 2009

CUANDO el maestro Mihura -¿o era Jardiel?- escribió aquello de que un articulista era un señor que se pone a escribir, no se le ocurre nada... y sigue, ni se le pasó por la cabeza que de ese modo se podía también gobernar un país. Zapatero es un presidente que se pone a gobernar -es un decir- sin que se le ocurra nada relevante y continúa gobernando. Luego, lo que resulta aún peor, gobierna con lo primero que se le viene a la cabeza, de tal modo que convierte la gobernanza en una sucesión de ocurrencias. Hace leyes como los malos escritores: poniendo el título antes que el contenido, porque lo único que le importan de la política son los enunciados. El resto es relleno, una morcilla conceptual redactada según el sofisticado procedimiento del «como sea». De cualquier manera, a la remanguillé, a la buena de Dios, que se diría si no fuese un Gobierno tan tenazmente laico.

Cuando el presidente anunció la Ley de Economía Sostenible, piedra angular de su segundo mandato y motor del «modelo económico alternativo», algunos críticos liberales sospecharon con recelo que pretendía imponer un sistema de producción planificada, un retorno a la más desusada ortodoxia socialdemócrata. Ingenuos. Planificar es un verbo desconocido en el lenguaje zapaterista, donde sólo se conjugan derivados de la improvisación. Por un abracadabrante e-mail gubernamental revelado ayer en ABC -enhorabuena, Mariano Calleja- sabemos que la solemne ley de sostenibilidad era, como no podía ser de otro modo, un hueco epígrafe, un mantra de usar y tirar, un kleenex político, un disfraz ideológico comprado en el todo a cien de la esquina. Y que la Presidencia, ya con el tiempo encima, requería de sus ministros ideas urgentes -«propuestas imaginativas», es decir, inventos del tebeo- para trufar a toda prisa su flamante embutido. Con razón decía Bismark que hay dos cosas que la gente nunca debería ver cómo se hacen: las leyes y las salchichas.

Pero esta vez lo hemos visto. Hemos visto que este Gobierno hace las leyes como salchichas, embuchando quincalla política en envases de apariencia comestible. Si al menos pretendiese de veras volver a la planificación económica se trataría de un designio, de un modelo; discutible, quizá pernicioso, aunque un modelo al fin. Pero el planificador que no planifique, mal planificador será. Para planificar se requiere una voluntad de esfuerzo, una convicción asentada, un sesgo doctrinal sólido. Y lo que hace Zapatero es improvisar, acumular repentes alumbrados al calor de un nominalismo vacío, diseños efímeros propios de una insustancial política-relámpago. El presidente ha transformado por su cuenta el sobrevalorado lema de la revolución del 68, y en vez de la imaginación ha trasladado la improvisación al poder. Quizá porque desde el primer momento el suyo no ha sido más que un poder improvisado.

¿A dónde va Irán?
RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 14 Agosto 2009

Dos meses después de las elecciones en Irán cuyo masivo fraude dio la victoria a Mahmud Ahmadineyad, el panorama político en el país está lejos de aclararse. No sólo los manifestantes siguen atreviéndose a salir a la calle a pesar de la brutal represión, sino que las fracturas dentro del régimen se acentúan. Lo que si parece indiscutible es que, de momento, los vencedores de esta situación son los Guardianes de la Revolución quienes, en su celo islámico, están dispuestos a desbancar en el poder a los propios ayatolas. Aunque entre los Guardianes se da el fervor religioso y su cuerpo cuenta con escuelas de teología por las que pasan miles de jóvenes iraníes, entre sus líderes ninguno destaca por su devoción o por su calidad como clérigo. Al fin y al cabo no fueron creados por Jomeini, en 1979, para sembrar su ideología, sino para defenderla de los enemigos internos y externos.

Los Guardianes de la Revolución han ido creciendo en número y en relevancia desde su nacimiento. Y hoy no sólo gestionan buena parte de la riqueza iraní, sino que son los encargados de controlar las aguas del Golfo o, por citar otro caso significativo, desarrollar el programa nuclear así como el misilístico. Hay quien ve en este imparable ascenso de los Guardianes de la Revolución un giro en la república Islámica de Irán hacia rasgos menos religiosos y más militaristas. Pero la legitimidad de los Guardianes se basa en salvar el régimen teocrático sin el cual no tienen ningún sentido.

Ahora bien, lo que sí es evidente es que los Guardianes siempre han sido los más radicales, los más osados y los más predispuestos a asumir riesgos, encontrando en la confrontación con el mundo su mayor regocijo. Su mayor poder, por tanto, promete más tensión, no menos; más engaños, no menos; y, muy especialmente, una apuesta acelerada por el programa nuclear, no una apertura hacia la negociación del mismo.

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Píldoras vascas
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 14 Agosto 2009

Noticias de la cosa vasca que no cruzan la muga, pero conviene que sepáis.

--Cambios en la Ertzaintza:
Los 'generales' pierden el mando de la Ertzaintza
El Gobierno vasco reacomoda a los altos cargos de Interior de la época de Balza en puestos menores

El ex responsable de la lucha antiterrorista dirige ahora la unidad de guías caninos

--¡No puede ser! Los bravos ertzainas, avalados por los batzokis, se comportan como sargentos Arencivias:

El Tribunal Superior culpa al jefe de Seguridad Ciudadana de acoso moral a una pareja de ertzainas
La Administración vasca deberá indemnizarles con 40.000 euros por el «sufrimiento espiritual y emocional» padecido en la comisaría de Gernika

Los hechos a los que se refiere la novedosa sentencia, que es firme, transcurrieron entre 2000 y 2004 en la comisaría de Gernika, al frente de la cual estaban Gorka Azarloza, como nagusi (jefe máximo), y Luis Fernando Ruiz, responsable de centro de Seguridad Ciudadana. Azarloza es, en la actualidad, uno de los cinco mandos que conforman la cúpula de la Ertzaintza nombrada recientemente por el consejero de Interior, Rodolfo Ares.

Un caso claro de heterofobia.
--CorruPNV. Para esto sirve el Concierto, que permite que las diputaciones vascas tengan sus propios inspectores, al margen de la Agencia Tributaria.

La denuncia presentada por la Fiscalía contra el ex director de Hacienda, Víctor Bravo, y otras cinco personas más por su presunta participación en cinco delitos contra la Hacienda pública, dos de cohecho, uno de prevaricación y otro de omisión del deber de perseguir delitos, podría superar con creces las consecuencias del presunto fraude cometido en la oficina de Irun, cuyo principal encausado era su hermano, José María Bravo. En el caso del ex senador por el PNV, la puesta en marcha de una investigación sobre operaciones con billetes de 500 euros ayudó a descubrir sus delitos.

Frase de Arzallus:
Somos más ordenados, más trabajadores; sabemos hacer las cosas mejor y con menos dinero. No necesitamos a Madrid para nada.

Sobre todo para robar.
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Gora el terror si hace bonito
El empeño del Gobierno vasco por eliminar de las calles las pintadas y carteles en favor de ETA se enfrenta al rechazo popular en los feudos radicales

Los seres humanos más despreciables que aprecen en este espléndido reportaje son los dos extremeños:

«De política no queremos saber nada», se presentan. Son extremeños y residen aquí desde hace 45 años. «Estamos muy bien porque no nos metemos con nadie y nadie se mete con nosotros, ni de un bando ni de otro», informa la mujer, nerviosa. Él señala con el dedo la casa de al lado y añade en voz baja, «aquí no se puede decir nada. Las paredes oyen». Se da la vuelta y, a modo de despedida, grita un «¡hace mucho calor hoy!». La pareja entrelaza sus dedos ásperos y sigue caminando.

Seguro que hasta han votado al PNV.

Hay veces que Sabino Arana tenía razón en su desprecio a los maketos. Por ejemplo, con esta pareja extremeña y con el juez Pedraz.

El Gobierno vasco quiere expulsar a ETA de las calles
Editorial La Razón 14 Agosto 2009

El Gobierno vasco ha prohibido la manifestación convocada por los proetarras para el próximo 21 de agosto en Bilbao, fecha de la celebración del Día Grande de la Aste Nagusia. Esta decisión se suma a la del juez Garzón contra las marchas que habían convocado para esta misma semana en San Sebastián. La Consejería de Interior anunció que quiere evitar que los violentos aprovechen el Día Grande «para defender o reivindicar postulados de organizaciones ilegalizadas», que se produzcan altercados y que se cometa apología del terrorismo. Los argumentos del Ejecutivo vasco son claros y no dejan resquicio por el que colarse a los proetarras.

El Gobierno de Patxi López está decidido a hacer respetar la legalidad. Al igual que ha expulsado a los batasunos de la televisión vasca –a la que tenían acceso y utilizaban durante el gobierno del PNV– o retira los carteles de presos etarras de la calles, ahora está decidido a echar a los que los jalean y devolver a los ciudadanos un espacio que les corresponde. Se acabó la patente de corso de los que hacen apología del terrorismo, incluidos los que se esconden en esos bares similares a los que han sido cerrados. El imperio de la ley debe regir la convivencia en el País Vasco y los violentos ser expulsados de las calles.

El BNG denunciará ante la Unesco la política lingüística de la Xunta
"El PP quiere aniquilar el gallego", afirma el partido nacionalista
EP www.lavozlibre.com 14 Agosto 2009

Santiago de Compostela.- El BNG está dispuesto a dar una dimensión internacional al conflicto lingüístico de Galicia y ha anunciado que una delegación del partido asistirá en octubre a la asamblea general de la Unesco, donde presentarán un informe denuncia "para que sepan en la ONU que efectivamente hay un gobierno del PP que intenta aniquilar el idioma" y "al servicio de una estrategia diseñada desde Madrid".

El panorama político gallego se ha encrispado tras la consulta lingüística a los padres que llevó a cabo la Xunta hace unas semanas, y las declaraciones de nacionalistas y socialistas han subido de tono.

El parlamentario del BNG Bieito Lobeira tachó de "intención absolutamente antidemocrática" que "los señores del PP" eliminen "la lengua gallega de la enseñanza" al tratarse de "un derecho democrático elemental del pueblo gallego".

"La política de austeridad del gobierno del Partido Popular le vale para todo excepto para la lengua gallega. Si hay que invertir dinero duplicando centros de enseñanza y aulas parece que no es un gran problema", afirmó Lobeira.

Por su parte, el portavoz de lengua del PSdeG, Francisco Cerviño, se mostró "preocupado" por la "barbaridad" de que la consejería de Educación se plantee la separación de los alumnos gallegos en función de su lengua.

En rueda de prensa, Cerviño recordó que numerosos pedagogos y profesores se manifestaron "en contra" de la separación de alumnos, ya que se corre "el riesgo de crear dos comunidades" -en gallego y castellano- en un contexto en el conviven "dos lenguas tan próximas".

 

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