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Recortes de Prensa    Miércoles 26 Agosto 2009

 

Los vicios de la democracia española (II).
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 26 Agosto 2009

El segundo gran vicio de la democracia española consiste en que la Constitución que la crea es casi imposible de reformar, lo cual es grave por dos razones obvias: por un lado, porque las constituciones, como los edificios, necesitan ser renovadas y puestas al día para poder mantenerse, pues sólo duran las que se reforman. Y, por otro, porque como decían los revolucionarios franceses en la Constitución de 1793, "un pueblo siempre tiene derecho de revisar, reformar y cambiar su Constitución. No puede una generación sujetar a sus leyes a las generaciones futuras".

En suma, para evitar tal dependencia generacional, es por lo que la reforma de las constituciones, además de su conveniencia para acompasar el texto técnicamente a cada momento histórico, significa también la renovación del pacto político que representa siempre la Norma Fundamental, puesto que en cada modificación los ciudadanos jóvenes pueden participar bien directamente, a través del referéndum, bien indirectamente, a través de sus representantes, para renovar así el compromiso de mantener un marco fundamental para la convivencia.

Pues bien, los constituyentes de 1978, en su mayor equivocación, incluyeron en la Constitución dos formas complejas de reforma de la misma: por un lado, la ordinaria, que afecta al Preámbulo, a 135 artículos y a las Disposiciones adicionales y transitorias, y, por otro, la extraordinaria, que corresponde a 34 artículos que tratan de las bases del Estado en el Título preliminar, de los derechos fundamentales "básicos" y de la Monarquía.

El procedimiento ordinario es políticamente difícil, aunque jurídicamente posible (tres quintos de cada Cámara), mientras que el extraordinario es políticamente imposible y jurídicamente inviable (dos tercios de cada Cámara, disolución de las Cortes, dos tercios de cada Cámara de las nuevas Cortes y referendum nacional). Dicho de otro modo, no se podrán reformar jamás 34 artículos, lo que convierte en pétrea la Constitución, aunque el resto, si existe el acuerdo de los dos grandes partidos, sería relativamente posible. Así las cosas, tras los 31 años de vigencia de nuestra Constitución, no ha habido más que una sola reforma de la misma, que fue obligada, y realizada de forma chapucera.

Fue obligada, porque el Tratado de Maastricht exigía que los Estados firmantes reconociesen los derechos de sufragio activo y de sufragio pasivo de los comunitarios residentes en cada país en las elecciones municipales. Y fue una reforma chapucera, por dos razones: primero, porque en lugar de haberse aprovechado para hacer una mención de la integración europea en el Título preliminar, y reconocer después, en el sitio adecuado, el derecho a participar en las elecciones municipales de los comunitarios, se incluyeron estos dos derechos en un artículo que se refiere a los extranjeros en general.

Y, segundo, porque ni siquiera se hizo bien gramaticalmente hablando, al convertir dos derechos independientes (el de sufragio activo y el de sufragio pasivo) en uno solo (se dice “el derecho de sufragio activo y pasivo”), algo que puede tener evidentes consecuencias políticas y jurídicas.

En cualquier caso, se hizo mal esta reforma, pero se modificó al menos la Constitución por el procedimiento establecido en la misma. Sin embargo, ha habido otras reformas encubiertas de la Constitución, a causa de su extrema rigidez. Por ejemplo, la actual bandera de España no es la que señala la Constitución en su artículo 4, porque no se menciona para nada que en ella se incluya un escudo en la franja amarilla, situado en su lado izquierdo.

Esto es, otro de los errores de los constituyentes es que no pensaron seriamente en los símbolos del Estado, por lo que paradójicamente la Constitución se publicó con el escudo franquista. Cuando los constituyentes se dieron cuenta de su "metedura de pata", ya no era posible modificar el artículo 4 de la Constitución, teniendo que aprobarse dos leyes ordinarias de 5 y de 22 de octubre de 1981 intentando corregir el error, a fin de que se incluyese un nuevo escudo en la bandera.

Otro ejemplo lacerante más de una reforma encubierta de la Constitución, es el que ofrece, en espera de la sentencia del Tribunal Constitucional, el Estatut catalán, en el que se dicen cosas que la contradicen abiertamente. Uno de los padres putativos del mismo, ha confesado que al no poderse modificar la Constitución por el procedimiento establecido en ella, se recurrió espureamente así a la vía estatutaria.

Ahora bien, la rigidez de los procedimientos de modificación de la Constitución es también la causa de que no se haya podido abordar la reforma de algunas cuestiones que están mal reguladas en su articulado, como los temas del Jurado o la elección del Fiscal General del Estado, que ahora lo elige el Gobierno, con todo lo que ello comporta, en lugar de ser elegido por las Cortes.

Por supuesto, esta última cuestión tiene una gran carga política y ningún Gobierno querría deshacerse de la posibilidad de tener a sus órdenes al Ministerio Público, pero mientras no se lleve a cabo esa reforma, la Justicia en España no será neutral. Sin embargo, hay otras muchas cuestiones que son simplemente técnicas y que habría que reformar, como varios artículos del Título VIII que ya han caducado y se hallan vacíos de contenido. Por tanto, mientras que la Constitución sea irreformable, nuestra democracia será una democracia viciada e imperfecta.

De ahí que cada vez sea más necesario convertir a nuestra Constitución petrificada, en una Constitución modificable, y para ello hay una solución: un pacto entre los dos grandes partidos para suprimir, por el procedimiento ordinario del artículo 167, el 168, que regula un procedimiento inservible para la reforma constitucional.

Disparos por elevación
ARCADI ESPADA El Mundo 26 Agosto 2009

ES PROBABLE que haya quien vea nacionalismo en las palabras del obispo Uriarte. El obispo ha inaugurado un seminario guipuzcoano llamado Vacío existencial y sentido de la vida, y puesto en metafísico aseguró que el terrorismo proviene de la frustración que padece la Humanidad. El proceso que describió arranca de la voluntad del hombre de «arreglar el mundo», a través de métodos como «la Ilustración y las revoluciones sociales». El fracaso de los intentos produce decepción. Después viene la frustracion. Y ya, por último, la bomba lapa. Pero no es el nacionalismo. Ni ninguna de sus modalidades, incluidas las criminales. Es la religión, en su concreta modalidad católica. Sólo el punto de vista religioso puede permitir al hombre elevarse a cotas donde la Ilustración y ETA sean igualmente invisibles en su pequeñez.

A ras de tierra la comparación es una muestra de basura intelectual y de miseria ética. Pero las cosas cambian desde las alturas. Cuando una ciudad quiere ser olímpica sus autoridades pasean mucho en helicóptero a los miembros de las comisiones evaluadoras: no se percibe una sola deyección de perro. Si el helicóptero obra semejante milagro qué no hará la metafísica. Desde los hombros de Uriarte no importa morir por la patria vasca o por la libertad: ni se ve la patria ni la libertad ni la muerte; sólo se ve el Resucitado: y puestos a resucitar qué más dará hacerlo de un tiro en la nuca o de una fusilada en el pecho.

Hay que ser intelectualmente generosos con este relativismo porque, a diferencia de los habituales, culmina en el Absoluto. Del mismo modo es religioso y no nacionalista el enfoque de la lucha social. El obispo considera que cualquiera que quiera cambiar el mundo está condenado al fracaso. El mundo es obra de Dios y no puede cambiarse. La única actitud humanamente sensata es el viejo y conocido olor de la resignación. Escuchando al obispo se aprecia muy bien la filiación religiosa de los que relativizan el progreso y hasta qué punto éste es un concepto cardinal para cualquiera que no pretenda ser un Resucitado. En muchas ocasiones una parte de los ciudadanos han criticado la frialdad que algunos curas vascos han manifestado ante el asesinato. Yo también. Pero semejante frialdad, de ahí no me sacan, es obra del cura y no del vasco. Frente a los sesos, páncreas y corazones dispersos un cura como Dios manda sólo ve carne de resurrección. Tienen... cómo lo diría... una visión cientifista del mundo.

Entre las pocas maravillas de morirse como un ateo irredento sobresale, ciertamente, la de no volver a toparse con el ático y bondadoso Uriarte.

DESESTIMA LAS NUEVAS PRUEBAS SOBRE EL 11-M
El juez yerra al negarse a investigar los explosivos
IMPRESIONES El Mundo  26 Agosto 2009

LA NEGATIVA del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco a practicar nuevas pruebas sobre los explosivos del 11-M es un error. Primero, por no atender una petición sólidamente fundamentada por víctimas de la masacre. No se trata, como argumenta el magistrado, de «practicar siempre la misma prueba» hasta que el resultado satisfaga a los demandantes. De entrada, en la sentencia del 11-M no quedó claro cuál había sido el explosivo utilizado, pero además hay testimonios posteriores que recomiendan esa revisión. Ahí están las fotos aportadas de agentes recogiendo muestras de un foco determinado que nunca llegaron a la mesa de los peritos. Ahí está también el Informe Iglesias, realizado con indiscutible rigor científico, y que desmiente la versión oficial sobre el explosivo empleado. El juez también se equivoca al advertir que hubo otras pruebas periciales previas al juicio del 11-M que hacen innecesarias nuevas investigaciones: es sabido que todos esos análisis fueron oficialmente desestimados. Parece, pues, que Velasco ha optado por no dejar en mal lugar a sus compañeros de la Audiencia.


Paradojas de las 'luchas de liberación nacional'
SHANE O'DOHERTY El Mundo 26 Agosto 2009

A RAÍZ DE los recientes atentados de ETA y de las operaciones policiales contra la banda y su entorno he reflexionado sobre las lecciones de 40 años de lucha violenta en Irlanda, a la que hace unos años pusieron punto final dirigentes de las diversas facciones.

Las denominadas luchas de liberación nacional son un conglomerado de numerosas contradicciones que los combatientes, sobre todo los más jóvenes, son incapaces de ver durante más o menos tiempo; sin embargo el velo se les cae finalmente de los ojos durante esos largos años en prisión -que son la recompensa principal de todo acto violento-, aunque casi nunca se les permita reconocerlo.

La primera contradicción es que los luchadores por la libertad matan a más miembros de su propio ámbito social de los que matan aquéllos que consideran sus enemigos. En Irlanda hemos tenido durante unos cuantos años una Comisión de Desaparecidos que trabajaba en la búsqueda de cadáveres de ciudadanos torturados, asesinados y enterrados clandestinamente por los luchadores por la libertad. Las diversas facciones han negado en repetidas ocasiones dichos asesinatos durante años y años, hasta que al final se han visto obligadas a reconocerlos.

No se confesaba la verdad ni a los militantes ni al sector social propio. Torturas, enterramientos en secreto y mentiras eran instrumentos aceptables en aras de una causa que se suponía que era tan noble.

La segunda contradicción es que, una vez capturados y encarcelados, los luchadores por la libertad pasan a ser expertos en los derechos de los presos y tienen que reconocer que los derechos de éstos tienen su origen en los derechos humanos que ellos mismos han violado con tanta frecuencia pero a los que ahora, una vez dentro de la cárcel, apelan constantemente. Todas y cada una de las mañanas, cada vez que se mira en el espejo del lavabo, un recluso tiene que ver el rostro de alguien que ha violado los derechos humanos y que ha causado más injusticia de la que ha reparado en toda su vida practicando el terrorismo. En la gran mayoría de los casos, eso les lleva poco a poco a un cambio de carácter.

La tercera contradicción es que esos movimientos proclaman que su objetivo es la libertad, pero niegan la libertad de pensamiento y acción tanto a sus militantes como a sus grupos sociales. En Irlanda, esa lucha está sembrada de nombres que fueron muy importantes en sus organizaciones y que cayeron en desgracia porque disintieron en nada más que una coma de la línea oficial del partido. Sus años de servicio quedaron borrados instantáneamente de la versión oficial de la lucha y ellos personalmente se vieron condenados al ostracismo de forma implacable. No sólo se aplica una mordaza de hierro a los pensamientos y manifestaciones de los presos a medida que maduran y cambian con el transcurso de los años, sino también a sus familiares y a todo disidente en potencia dentro del grupo social. Es el miedo, no la libertad, lo que se transforma en el objetivo y el instrumento principal de aquellos que todavía aspiran a que les llamen luchadores por la libertad.

Una cuarta contradicción es que, mientras muchos militantes eran asesinados por haberse chivado al considerado enemigo acerca de otros luchadores, cada uno de los movimientos que actuaba en Irlanda entablaba negociaciones con los británicos. Llegado el caso, destruía su arsenal armamentístico por sí mismo, pero todos estos contactos y negociaciones en secreto se mantenían vivos durante muchos años mientras los dirigentes de esos mismos movimientos decían a sus luchadores por la libertad que la guerra debía continuar sin ningún género de dudas. Es posible que a los dirigentes de esas organizaciones no les quede más remedio que ocultar la verdad, tanto a sus luchadores por la libertad como a sus grupos sociales, sobre esos contactos secretos con el considerado enemigo. Mentir a los militantes y al grupo social se considera algo puramente táctico; no tiene nada que ver con cuestiones morales o éticas.

Una quinta contradicción de estas organizaciones es que a todos aquellos que se involucran, ya sea en un primer momento por razones políticas o por razones culturales o filosóficas, se les considera inmediatamente comprometidos con el servicio a la lucha armada, con una especie de minicarrera armamentística y con una maquinaria asesina. Por momentos, nada hay más importante que el brazo armado de la organización y su necesidad de inflar las estadísticas de asesinatos. Al cabo de unos 40 años de lucha entre diversas facciones en Irlanda, lo único que había aumentado de verdad eran las estadísticas de las cárceles y de los entierros. No se habían levantado ni escuelas, ni hospitales, ni clínicas, ni comedores populares para los pobres o los menos privilegiados. Los únicos monumentos erigidos a la denominada noble lucha por la libertad eran los índices de asesinato de otros seres humanos y los cientos y cientos de años de sentencias de reclusión. La cultura, la filosofía y la política en su totalidad se habían puesto inicuamente al servicio del asesinato.

¿Queda algún hueco para la esperanza en este catálogo de contradicciones?
Las direcciones de las diversas facciones de Irlanda buscaron entre todas una salida al callejón sin salida de la lucha armada una vez que cayeron en la cuenta de que todo podía conseguirse mediante el proceso político democrático y que podía ponerse punto final al asesinato, la tortura y la cárcel. Este milagro se produjo en varias facciones de Irlanda aproximadamente hacia la misma época. Ex dirigentes de esas facciones han comparecido aquí durante unos cuantos años en programas de televisión para expresar que lamentan tantas décadas de violencia innecesaria. Lo impensable se ha convertido en un lugar común.

En un futuro no demasiado lejano, los vascos rechazarán toda identificación nihilista con la máquina de matar y apoyarán una política democrática sin amenazar con asesinatos o violaciones de derechos humanos. Política, cultura y filosofía se verán al fin liberados del terrorismo autóctono de los denominados luchadores por la libertad.

Shane O'Doherty es el primer terrorista arrepentido del IRA y autor de No más bombas (Ed. Libroslibres).

 

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Estatut
Carod y los lilas de Madrid
José García Domínguez Libertad Digital 26 Agosto 2009

En ese pequeño teatro de guiñol en que ha devenido la política rebajada a espectáculo para el consumo de masas, a Carod Rovira le ha tocado interpretar el papel del hombre del saco, el del malo malísimo que se come crudos a los niños. Algo así como una variante mediterránea del Chupacabras llamada a servir de alcaloide a tanta reencarnación de Roberto Alcázar y Pedrín como prolifera en cierto periodismo patriotero de la Villa y Corte. Ése al que le duele España a la altura de la entrepierna si la Cataluña oficial se sueña soberana, pero que, al tiempo, contempla silente a Javier Arenas travestido de "realidad nacional andaluza", cuando no da en aplaudir eufórico viendo a Camps enfundado en su cláusula ídem. Curioso españolismo asimétrico que, por lo demás, a nadie aquí parece inquietar.

Así las cosas, con pulcra, meritoria profesionalidad, y escoltado para la ocasión por los hermanos Maragall –alucinado el uno, alucinante el otro–, Carod se ha prestado a representar de nuevo la comedia bufa que tiene por oficio. Pues, igual que los célebres desnudos de María José Cantudo durante la Transición, lo suyo lo exige el guión. De hecho, el hombre viene obligado a espantar con pautada periodicidad el gallinero hispano gracias a sus muy medidas atrocidades retóricas. Calculadas espoletas semánticas que, luego, ya en el fragor de réplicas, aspavientos y miasmas, harán pasar por procedentes las secuelas no menos macarras que nos tengan reservadas sus iguales del PSC, que es de lo que en verdad se trata.
Ésas son las reglas del juego, y como nunca faltará algún tonto en Madrid que embista furioso al primer trapo, ésas seguirán siendo mientras dure la broma. De ahí que, tras las últimas baladronadas de Carod & Cía, nadie haya reparado en el llamamiento expreso a la desobediencia institucional que ha protagonizado la portavoz socialista en el Parlament de Cataluña, cierta Carme Figueras. El uso preceptivo del catalán no será modificado "diga lo que diga" el Tribunal Constitucional, ha sentenciado por su cuenta y riesgo la interfecta. Precisa, expresa, clara amenaza de insubordinación golpista que ni Montilla, ni su segundo, Pepe Zaragoza, que por cierto resulta ser marido de la doña, han querido desautorizar. Es sabido: unos cardan la lana...
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

ETA y mafia
PELLO SALABURU El Correo 26 Agosto 2009

En estos últimos años se han publicado varios libros que abordan, desde distintos ángulos y de forma muy detallada, el fenómeno de la mafia. Muchos de nosotros tenemos referencias lejanas de esa cruda realidad, sobre la que se han rodado magníficos filmes, no exentos de cierto romanticismo. Ello hace que en demasiadas ocasiones acabemos pensando que todo eso de la mafia pertenece más bien al género de la ficción, por mucho que los medios den cuenta de vez en cuando de diferentes asesinatos y detenciones de capos y delincuentes. Y algunas protestas, también, aunque no demasiadas.

El caso es que, en lo que respecta a las ediciones en español, en tres años han aparecido tres libros, en los que se narra, por un lado, el nacimiento y el funcionamiento de la mafia siciliana (John Dickie, 2006, 'Cosa Nostra'); la fuerza de la Camorra napolitana (Roberto Saviano, 2007, 'Gomorra'); y la de esa mafia calabresa de nombre complicado: 'Ndrangheta (Francesco Forgione, 2008, 'Ndrangheta'). Este último libro es, en realidad, el primer informe sobre la mafia más desconocida entre nosotros, realizado por la Comisión Parlamentaria Antimafia en Italia y aprobado por unanimidad de sus miembros, aunque venga firmado por una sola persona (la verdad, los límites entre el trabajo de la comisión y el trabajo del firmante quedan tan oscuros como los de la propia actividad de la mafia). La llegada de Berlusconi al poder interrumpió los trabajos de la comisión, centrado, como estaba él, en su laboriosa y fatigosa actividad en Cerdeña.

Tienen los tres libros varias cosas en común: están bien escritos y se leen con facilidad. Los tres autores están, además, amenazados y viven desde entonces con escoltas. Saviano, el más conocido, anda cambiando de domicilio cada día, y su libro dio origen a una, en mi opinión, película bastante floja. Tienen, también, otra cosa en común: la mafia aparece como lo que es, una inmensa actividad criminal extendida por todo el mundo, y desprovista de ese romanticismo que algunos novelistas tienen en tan alta estima. Eso, por ejemplo, de que hunde su origen en sociedades populares que habrían surgido de forma natural para protegerse ante invasores extranjeros siglos atrás, no es más que una mentira urdida por los propios mafiosos. La mafia ha sido siempre una actividad criminal basada en la extorsión, el secuestro y el asesinato. Ahora se dedica al blanqueo del dinero, inversiones inmobiliarias, negocios hoteleros, restaurantes diversos, tráfico de estupefacientes, prostitución, secuestro de personas, a la usura, etcétera, mezclando actividades ilegales y actividades con barniz legal.

La mafia ha penetrado con fuerza en la construcción, en el control de aparcamientos y concesionarios de automóviles, en la actividad portuaria, en bares y panaderías, salas de videojuegos, empresas de transportes y gasolineras, eliminación de residuos, grandes centros comerciales... y tiene ya una actividad planetaria, como indican estos libros con abundancia y profusión de datos. Se calcula, según el informe parlamentario, que la facturación de las mafias en Italia oscila entre 100.000 y 150.000 millones de euros al año (más de 10 veces el presupuesto de nuestra comunidad, para hacernos una idea), del que un máximo del 40% se reinvierte en actividades directamente criminales. El resto acaba en circuitos económicos 'normales', gracias, en parte, a que los bancos, entidades financieras y políticos miran a otro lado. Con este sistema, unos asesinos se convierten en personas honorables, al tiempo que siguen con su actividad criminal.
Éste es sólo un aspecto de la organización mafiosa. Sin embargo, la mafia no podría existir sin otro rasgo que afecta a su propia esencia: el profundo enraizamiento en el entorno. Sólo algunos matan, otros muchos presionan, pero sectores sociales compactos los apoyan, y se acaban constituyendo grupos sociales en los que la norma común no rige y es un estorbo. Tienen sus propias normas, sus propios ritos, y los desacuerdos se deben olvidar. Así se generan sociedades paralelas.

Es, en el fondo, el mismo esquema que sigue ETA entre nosotros: no se trata sólo de los pistoleros, sino de la creación de entornos sin cuyo cobijo aquéllos no podrían existir. Así se generan actitudes que, siendo completamente patológicas, se perciben sin embargo como normales en determinados grupos sociales. Se acaba aceptando algo tan monstruoso como el asesinato de personas que piensen de forma distinta y los asesinos son elevados a la categoría de héroes. Ensalzados en altares con recibimientos y cánticos, sus fotos cuelgan en los bares al lado de la Coca-Cola y de las chicas Pirelli. Cuando les explota una bomba, se convierten en sus santos particulares, a quienes se les rinden honores.

Los culpables del desaguisado acaban siendo los que votan en el Parlamento. Así se cae en contradicciones que serían difíciles de soportar en una mentalidad no patológica: quienes defienden, sin convicción, eso sí, las virtudes del socialismo, y abogan por la excelencia del servicio público son los mismos que atacan con furor cualquier bien público que se precie; vociferan con furor que la gente se divierta, pero procuran reventar las fiestas: 'Te amo con locura, por eso te mato'. Se trata de algo muy interiorizado, en donde la pertenencia eternamente adolescente al grupo impera sobre la pertenencia a la sociedad. Lo natural, lo bueno, lo admisible es lo que piensa el grupo, supeditado siempre al pistolero: son los mandamases del grupo quienes deciden, con criterios cambiantes (desde aquel 'Aquí no se negocia' al 'Negoziazioa!', cuán flaca es la memoria) qué es la democracia y en qué consiste la libertad de expresión. Básicamente, en dejarles que hagan lo que quieran.

Aunque los órdenes de magnitud sean distintos, los mafiosos son también quienes deciden lo que es bueno en cada momento. Y al igual que sucede con nosotros, lo hacen porque sectores enteros los apoyan, y porque la sociedad, todavía hoy, mira para otro lado en demasiadas ocasiones. Nadie ve nada, nadie oye, nadie sabe. Y todos con su código del honor bien alto, que para eso estamos dispuestos a caer.

A los autores de los libros no se les han pasado por alto las relaciones entre ETA y la mafia. Saviano (p. 198) indica que, según investigaciones de la Fiscalía de Nápoles, en 2003, los etarras José Miguel Arreta (sic) y Gracia Morillo Torres se alojaron en un hotel de Milán a cuenta de la mafia. ¿Objetivo? ETA recibiría armas (fruslerías como kalashnikovs y lanzamisiles) y a cambio sus militantes entregarían cocaína a los mafiosos. Forgione, por su lado, señala (p. 238) que «están ampliamente documentados los intereses comunes y los nexos entre los narcos colombianos y ETA» y añade que los narcos del cartel de Cali recurrieron a nuestra banda internacional «para obtener el pago de una partida de droga adquirida por un cliente calabrés». Los militantes de ETA sacaron la foto de la empresa del calabrés para enviarla a los narcos colombianos como prueba de que podían intervenir cuando quisieran. Es una buena muestra de esa doble moral que sólo cabe en mentes enfermas: muchos presuntos narcotraficantes han caído en nuestras calles a manos de ETA.


 

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