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Recortes de Prensa    Miércoles 2 Septiembre 2009

 

Manía persecutoria
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR, Catedrático de Historia Contemporánea Universidad de Deusto ABC 2 Septiembre 2009

Había sido un año de largas y duras discusiones, un año de zancadillas y batacazos, de algunos pasos sutiles y muchos ridículamente grotescos. Y el señor Montilla había salido vencedor de las negociaciones del nuevo modelo de financiación de las Comunidades Autónomas: una pugna que ha terminado por hundirnos a todos en el principio nacionalista según el cual la razón, y todo lo que arrastra, no emana de las personas, sino de los territorios. Después de que Montilla dijera que España saldaba ahora una deuda con Cataluña, el periodista preguntó al presidente de la Generalitat qué pensaba de los dirigentes del PSOE que se quejaban de su histrionismo verbal. «Hemos procurado ser sumamente respetuosos», respondió el señor Montilla. «El problema», subrayó a continuación, «es cuando otros hacen uso de actitudes que deberían estar superadas, como la catalanofobia.»

De ninguna manera, en ningún debate nacional que implique a Cataluña, puede faltar esa expresión: «¡eso es catalanofobia!» He leído muchas veces declaraciones parecidas, y nunca deja de asombrarme, y de entristecerme, la perduración invencible de esa inclinación a la madrileñofobia de los dirigentes catalanes. Porque hasta ahora, y desde hace mucho tiempo, la clase política del Principado -una de las más autocomplacientes de Europa y la menos crítica consigo misma de España- ha tenido la sospechosa habilidad de atribuirse el papel de bondadoso dueño de la razón asediado por poderosos y crispados movimientos de rechazo y descalificación. Como si la realidad pudiera reducirse al esquema elemental de una película de vaqueros. Como si el señor Montilla, mártir autoproclamado, perteneciera a esa misteriosa genealogía de personajes míticos, amasados por el prejuicio, que han cruzado los siglos sin envejecer y brillan en nuestros días tan lozanos como cuando aparecieron. Un Shylock, por ejemplo -el prestamista judío que Shakespeare ideó con el propósito de halagar los sentimientos antisemitas de sus contemporáneos- pero creado por Quevedo.

Pero el señor Montilla no es ningún Shylock. Su lamento responde al consabido memorial de agravios, con sus citas escrupulosamente escogidas para conseguir el efecto deseado, con sus hechos históricos debidamente amañados, sus silencios, gorgoritos y suspiros.

Se trata, por supuesto, de una obvia y acusada intención de concebirse según el modelo de los pueblos perseguidos. Nada nuevo, en efecto. Pero para ser eternamente buenos e inocentes, es necesario que haya otros que sean absolutamente malos y culpables. ¿Y qué mejor culpable que la vieja y opresora Castilla; qué mejor generador de abusos y descalificaciones que Madrid, la capital de una España pétrea y dominadora, origen de todos los males de la historia de Cataluña; qué mejor culpable que la España de matriz castellana, hogar de la Inquisición, la sangre caliente, la intolerancia, la predisposición a la guerra civil, a exterminar indios o traficar con esclavos; qué mejor culpable que ese territorio al que, en 1898, el poeta Maragall comparó con un Hamlet desdichado y expirante, necesitado de la transfusión de vida del príncipe Fortinbrás, es decir, de la equilibrada y serena Cataluña?

Siempre me han sonrojado las sospechosas simplificaciones, y aún más la persistencia y la eficacia de los lugares comunes y las peores de las leyendas. Piénsese, por ejemplo, en la imagen de Felipe II, tan bien cargada de infamia por sus detractores que la campaña orquestada por holandeses, ingleses y franceses en el siglo XVI logró en España propagadores hasta entre historiadores y estudiosos de quienes deberíamos esperar un criterio más riguroso y una visión más seria del monarca.

Siempre me han intrigado el olvido y la prisa en aceptar versiones de una vulgar superficialidad. En cierta ocasión, un escritor amigo de las simplificaciones reprochó a Borges estar al lado de los dictadores en lugar de al lado del pueblo, como hiciera Pablo Neruda. Hostil a la necedad insípida del siglo XX, una época de furiosos maniqueísmos, con la mirada puesta en esa vasta nada que acosa a los ciegos, Borges contestó a su interlocutor como un aristócrata irrespetado por un plebeyo del espíritu:

«Neruda nunca estuvo al lado del pueblo. Estuvo al lado de la Unión Soviética, que es otra cosa muy distinta.»

Una respuesta igual de enérgica dio Sánchez Albornoz al pesado coro que en 1919 repetía el mito levantado por el pesimismo del 98: un mito que se duplicaba con su contrario, dibujando una Castilla atrasada, perezosa, absorta en las glorias del pasado imperial de los Habsburgo, y a su lado, una Cataluña emprendedora, cosmopolita, abierta al mundo moderno y alejada de melancolías paralizadoras. Harto de esa mirada desdeñosa que condenaba al centro peninsular a una especie de reserva de negruras, a un papel grotesco de malos de película, Sánchez Albornoz quiso poner las cosas en su sitio y explicar muy cuidadosamente algunos hechos, entre ellos, que Castilla no deshacía España:

«Se habla mucho de la decadencia de España. Se hace responsable de ésta al imperialismo castellano. Las voces de los pesimistas hallan eco en Cataluña, y desde ésta se nos acusa también de haber desbaratado la hacienda paterna, como si los esplendores y las grandezas de los días de prosperidad hubiesen sido heredados, cuando fueron ganados por el esfuerzo, y como si Cataluña no hubiese contribuido en algunos momentos a precipitar la decadencia.»

Los estereotipos asfixian la inteligencia, porque distorsionan y hacen borrosa una realidad que sería mejor aprender a mirar de frente. Son como las peores leyendas: nos privan de lucidez, nos desactualizan, asemejándonos a esos curiosos despistados que, en Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Alemania, siguen preguntándose si nuestro país ha superado sus demonios antiguos -ya se sabe, la fanática tendencia a matarnos los unos a los otros-, y a los que hay que recordar que España es hoy un país tan democrático como cualquiera de los suyos... un país que dejó atrás la dictadura, y lo hizo pacíficamente, a pesar de todos los vaticinios lúgubres que se hacían sobre la transición.

Pero no hay remedio para nuestros socialistas y nacionalistas catalanes, que aún se mueven por añejos estereotipos, y que en su exaltación paranoica de una nación , cercada de seculares enemigos exteriores, reproducen los peores tics del franquismo.

Ayer, los guardianes del nacional-catolicismo satanizaban a quienes no comulgaban con su doctrina, ya se tratara del cardenal Tarancón, de los monárquicos o de los democristianos: todos eran anti-españoles, junto a comunistas, socialistas o nacionalistas vascos y catalanes. Hoy, no menos molestos con quienes no comparten su visión de las cosas, los dirigentes catalanes se sacuden las críticas a su gestión tildándolas de agresiones a Cataluña. Todo aquel que ponga un reparo a sus ideas es ya un agente de la derecha política y mediática de Madrid, al parecer, un lugar rebosante de prejuicios anti-catalanes desde los lejanos tiempos de los Austrias... Ahí están las causas del desafecto de la mayoría de los catalanes por su clase política, expresado hasta la saciedad en las elecciones mediante una descomunal abstención.

No... No hay remedio. Como dijera Talleyrand de la nobleza francesa que se refugió en Alemania e Inglaterra durante la Revolución francesa y regresó al poder con los Borbones: «Esta gente no ha aprendido nada y no ha olvidado nada».

El Estado autonómico es un Estado constitucional
JOSU DE MIGUEL BÁRCENA INVESTIGADOR POSDOCTORAL EN EL CENTER OF CONSTITUTIONAL STUDIES AND DEMOCRATIC DEVELOPMENT DE LA UNIVERSIDAD DE BOLONIA-JOHNS HOPKINS UNIVERSITY
www.diariovasco.com 2 Septiembre 2009

En 2006 se aprobaba en las Cortes y entraba en vigor el Estatuto de Cataluña, texto legal que estaba llamado a marcar en el futuro la dinámica del Estado autonómico y, por lo que en este momento se atisba, la estabilidad política y parlamentaria de la segunda legislatura del Gobierno socialista. Zapatero y el PSOE apostaron muy fuerte al promover la elaboración de un Estatuto, como el catalán, que llevaba hasta el límite la interpretación descentralizadora de la Constitución territorial de 1978. Y apostaron fuerte, en la previsión varias veces declarada por la vicepresidenta Fernández de la Vega de que el Tribunal Constitucional emitiera un fallo al recurso presentado por el PP dentro de los límites temporales en los que los trabajos de aquél suelen moverse (más o menos diez años). Es decir, la idea probablemente es que nuestro Alto Tribunal emitiese una sentencia cerca del final de la segunda legislatura, con los asuntos más espinosos del Estatuto plenamente desarrollados y con una mayoría de magistrados en la órbita gubernamental si su renovación hubiese seguido los plazos previstos en la Constitución y en la Ley Orgánica del TC.

Al Gobierno y al PSOE se le están torciendo las previsiones por dos razones fundamentales. La primera, que por distintos avatares en los que ahora no vamos a entrar, el TC no ha sido renovado y sigue estando bastante dividido en cuestiones fundamentales relativas a las reformas autonómicas. La propaganda informativa en torno al presunto perfil progresista o conservador de los magistrados y el devenir de la composición del TC (recusaciones y fallecimientos incluidos) hacían imposible pensar que a estas alturas del partido alguno de los magistrados propuestos por el PSOE o por el PP cambiase de opinión. Sin embargo, las últimas noticias periodísticas en torno a las deliberaciones en el seno del TC parecen indicar que existe una mayoría más o menos estable favorable a declarar inconstitucionales aspectos claves del Estatuto de Cataluña: definición de Cataluña como nación, obligatoriedad de conocer el catalán, símbolos, sistema competencial e incluso aspectos relativos a la financiación recientemente acordada.

La segunda de las razones tiene que ver precisamente con que el TC, probablemente debido a la presión de la opinión pública y a la importancia de las materias desplegadas por el Estatuto, parece que va a emitir un fallo tres años después del recurso realizado por el PP en el verano de 2006. Porque en efecto, como han señalado voces autorizadas, España no se rompe, pero parece que en algunos aspectos se fragmenta. Sirvan como ejemplos la actual dificultad para que España cumpla con el Derecho de la Unión Europea como consecuencia de la creciente diferenciación administrativa (no hay más que ver el reciente proyecto de Ley del Comercio Minorista), la toma de decisiones de la Generalitat en ámbitos que invaden aspectos relativos a derechos fundamentales constitucionales o el sistema de financiación autonómica presentado por el Gobierno central este verano, que según diferentes expertos no es sino el traslado de las fórmulas financieras previstas en el Estatuto catalán al resto de las comunidades autónomas de régimen común.

Ninguna de estas situaciones parece causar dilema alguno en el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, que al declarar a principios de agosto que se sentía preocupado por la tardanza del TC en deliberar sobre el Estatuto abría la espita para que los responsables políticos de la Generalitat comenzaran su particular campaña de presión sobre los magistrados del Alto Tribunal y el propio Gobierno central. Que Carod Rovira y otros dirigentes de Esquerra propongan manifestaciones preventivas contra la hipotética sentencia no puede causar sorpresa a nadie; que el presidente Montilla y el consejero Maragall propongan seguir desarrollando el Estatuto, al margen de lo que diga el TC, bajo la vieja consigna foralista de acatar pero no cumplir, simple y llanamente causa perplejidad.

España es un Estado descentralizado pero un Estado constitucional. Ello significa, entre otras cosas, que, una vez aprobado el texto constitucional elaborado por el poder constituyente en 1978, la Constitución pasa a ser suprema, con el objetivo de salvaguardar la obra realizada por el pueblo español como consecuencia del ejercicio del principio democrático. La superación de las construcciones jurídicas liberales avaladas por el positivismo durante el siglo XIX y parte del XX supuso, en el marco del Estado social y democrático de Derecho en el que todavía hoy nos movemos, que bajo la Constitución tanto los ciudadanos como los gobernantes están sometidos al imperio de la ley y del derecho (el gobierno de la ley sustituye al gobierno de los hombres). Por ello, se pensó que la mejor y única manera de solventar los problemas políticos, sobre todo en ámbitos constitucionales de naturaleza federal, era en última instancia someterlos al criterio de los tribunales (en el caso que nos ocupa, el TC). Este argumento se ha reiterado en España hasta la saciedad, con ocasión de las propuestas políticas realizadas por los nacionalistas vascos en sede parlamentaria en la última década.

En el caso vasco, la actuación del TC, particularmente en la sentencia 103/2008 sobre la Ley de referéndum del Parlamento Vasco, tuvo un efecto desmovilizador ante las amenazas del Gobierno de Ibarretxe de llevar a cabo la consulta al margen de lo sentenciado por el TC. El Ejecutivo catalán, con Montilla a la cabeza, insta a rehacer el pacto de Cataluña con España, proponiendo, por ejemplo, que ante una posible sentencia del TC contraria a los aspectos clave del Estatuto, se utilice el art. 150.2 CE, por el que el Estado puede transferir facultades a las comunidades hasta donde sea posible. Operación inaudita (y probablemente ineficaz), en la medida en que se utilizaría la propia Constitución para que los poderes públicos eludiesen el cumplimiento de una sentencia del Tribunal encargado de defender la propia Constitución y dirimir los conflictos entre poderes.

Pero todo esto son suposiciones. La Generalitat, el Gobierno central y los partidos deberían esperar con cierta naturalidad y normalidad democrática las decisiones de los tribunales. Incluso, en el caso de las administraciones citadas, buscar los cauces legales para hacerlas cumplir aunque sean contrarias a sus intereses o expectativas. Si las previsiones periodísticas se cumplen, estaríamos sin duda ante el fracaso de la política cultivada por Zapatero y el PSOE en los últimos cinco años, que ha consistido en intercambiar apoyos parlamentarios de las fuerzas nacionalistas catalanas por políticas constitucionales que afectaban a la estructura misma del Estado. Quizá se abriría una gran ocasión para recuperar el consenso entre las fuerzas políticas, también las nacionalistas, y repensar la descentralización teniendo en cuenta no sólo el reparto de poder entre las elites partidistas y burocráticas, sino los temas que tienen una trascendencia histórica vital para el Estado (español) contemporáneo: la globalización económica, el proceso de integración europea y la viabilidad del Estado social. Seguramente ello implicará, más tarde o más temprano, el uso del instituto de la reforma constitucional, pues los edificios constitucionales sólo pueden consolidarse buscando el mayor acuerdo posible y respetando el principio democrático.

La quiebra del sistema
1. • Una reforma constitucional que no vaya precedida de la renovación del pacto social originario fracasará
JUAN-JOSÉ López Burniol* El Periodico.com 2 Septiembre 2009

1 Un Estado es, por una parte, una estructura de poder jerárquicamente organizada desde su cabeza al último agente, y es, por otra, un plan vinculante de convivencia en la justicia –es decir, un sistema jurídico– articulado en torno al único principio ético de validez universal no metafísico, a saber: que el interés general ha de prevalecer sobre el particular. Así las cosas, el fundamento último de todo Estado se halla en la voluntad social dominante de la inmensa mayoría de sus ciudadanos acerca de la conveniencia y consecuente necesidad de su existencia. De ahí que sea de este pacto social originario de donde emana la legitimidad del monopolio de la violencia que se atribuye al Estado, así como la fuerza vinculante de las normas jurídicas que integran el sistema en que consiste.

2 La defensa del núcleo esencial del sistema –la Constitución, que es una regla de procedimiento y también una regla de fondo– deviene, por tanto, una exigencia básica de la democracia, pues –como escribió Hauriou en 1929– «se siente la necesidad de controlar los parlamentos porque su legislación, movida por las pasiones electorales, se ha convertido en una peligrosa amenaza para las libertades», máxime teniendo en cuenta –como añade FavoreuSEnD que «esta necesidad se ha vuelto imperiosa cuando los regímenes parlamentarios han evolucionado hacia un sistema en el que se ejerce sin límites un poder mayoritario compuesto por la mayoría parlamentaria, soldada a un Gobierno estable y monolítico. (…) La omnipotencia de un poder mayoritario estable y homogéneo hace nacer la necesidad de una justicia constitucional en los regímenes parlamentarios o europeos de tipo continental».

3 Esto no supone que la Constitución sea intangible. La Constitución, como todo sistema, no es una realidad cristalizada e inmutable (postulados más consecuencias lógicas), sino que constituye una realidad dinámica (proposiciones de las que derivan otras proposiciones, según ciertas reglas de inferencia), que adquiere vida propia e independiente de la voluntad inicial del legislador, de modo que autogenera una dialéctica propia de adaptación a las cambiantes circunstancias sociales, de desarrollo de sus principios básicos y de corrección de sus disfunciones.

4 Ahora bien, cualquier modificación –directa o indirecta– de la estructura básica del Estado –la forma de Estado, el diseño básico de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, así como la distribución de competencias y dineros si se trata de un Estado compuesto– no puede acometerse si no es mediante una renovación del pacto social originario en que se fundamenta el Estado, tarea que excede del ámbito jurídico por ser de naturaleza política. Es decir, dejando al margen la reforma directa que exige el acuerdo de los grandes partidos, la reforma indirecta de la Constitución no pueden tampoco acometerla ni la derecha en solitario, ni la izquierda en solitario, ni la derecha con las minorías previa exclusión de la izquierda, ni la izquierda con las minorías previa la exclusión de la derecha. Todos estos supuestos son un caso claro de deslealtad constitucional, solo equiparable a la deslealtad que también implica el rechazo a todo cambio, enrocándose en una defensa numantina de la intangibilidad constitucional, cuando es evidente su necesidad.

5 Cualquier reforma de la Constitución que no vaya precedida de la renovación del pacto social originario acarrea la quiebra del sistema, es decir, la quiebra del Estado, sin que pueda acudirse –para solventar el desafuero– a la jurisdicción del Tribunal Constitucional. Este tiene las competencias que tiene, entre las que no se halla la facultad sanatoria de un cambio constitucional indirecto nacido políticamente muerto. Si tal se hace, se pide al Tribunal Constitucional lo que no puede dar, por lo que es previsible su colapso, en especial si se tiene en cuenta que –como pieza principal del sistema que es– el Constitucional también está afectado por la quiebra de aquel, en forma de pérdida de autoridad moral.

6 La quiebra del sistema no se manifiesta necesariamente de una forma abrupta e inmediata, sino que puede dilatar sus efectos letales durante un largo periodo de tiempo. No en vano la inercia es una de las fuerzas permanentes de la historia. Un Estado puede estar moribundo y seguir funcionando aparentemente como si tal cosa. Pero son detectables los signos de su estado comatoso:

a) La ausencia de un proyecto compartido por la inmensa mayoría de los ciudadanos del Estado.
b) La negativa a aceptar, por parte de las distintas comunidades que integran el Estado, la existencia de algunos intereses generales que prevalezcan por encima de los respectivos intereses particulares.
c) La potenciación de lo que separa y el menoscabo de lo que une. d) El escarnio habitual de los símbolos estatales.

7 Cuando un sistema jurídico –un Estado– quiebra, el derecho deviene ineficaz para regular la vida colectiva y para resolver los conflictos de intereses surgidos entre las partes y los ciudadanos del Estado en situación de desguace. Y, cuando callan las leyes, quedan al desnudo las puras relaciones de poder y fuerza, que solo pueden encauzarse –si cabe– políticamente.

*Notario

ETA
El terrorista no se ríe
Cristina Losada Libertad Digital 2 Septiembre 2009

Los errores sin responsables son una figura frecuente en los laberintos de la administración de Justicia y en los jardines del Gobierno. La fuga de una mujer a la que el ministro del Interior se ha referido como "presunta etarra" promete ampliar la nutrida lista de equivocaciones sin equivocados. Ya ha adelantado Rubalcaba que nadie tiene la culpa del fallo. Se ha cometido, sí, pero no por intervención de persona humana. Para empezar, parte de la responsabilidad le atañe a él en razón de su cargo. En lugar de asumirla, ha dedicado elogios al juez que tomó la fatal decisión. Elogios envenenados. Cuando les conviene, hay que ver con qué brío defienden los enterradores de Montesquieu la separación de poderes. ¿Pilatos? Un aprendiz, a su lado.

Junto al lavado de manos del Gobierno, el episodio ha despertado un tipo de reacción crítica igualmente frecuente. Es la que viene a decir que los terroristas "se burlan" del Estado de Derecho. Será, en todo caso, que burlan la ley y la justicia. No otra cosa hacen los delincuentes. Pero "burlarse" resulta más dramático y más hiriente, aunque no para el criminal. A ése se le concede gratuitamente un triunfo psicológico: el de que puede reírse de las instituciones y, a fin de cuentas, de quienes las respetan.

Hay en España cierta tradición de respuesta emocional ante los terroristas de ETA que no se ha dado frente a los de otros grupos de similares prácticas. Algunos tienen por valentía insultarles sin percatarse de que así les dan categoría. Pero la conmoción que han provocado los crímenes de esa banda en la sociedad española, no se ha visto acompañada de una conciencia clara y constante sobre el modo de afrontar el terror. De ahí que, cada tanto, escuche con agrado los cantos de sirena del diálogo y la negociación. Es la cruz de los sentimientos.

Las risas, burlas o llantos de los terroristas nada interesan. Y si bien es cierto que la democracia ha de luchar contra el crimen con una mano atada a la espalda, también lo es que, como señaló un alto magistrado israelí, tiene la sartén por el mango. Si quiere, claro.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Bienvenidos a la colonia
Luis del Pino Libertad Digital 2 Septiembre 2009

Pasan los días, y cada vez queda más claro de qué iba toda la película. Yo no sé si había alguien tan ingenuo como para pensar que la neutralización del PP o de los medios de comunicación críticos tenía por objetivo bajar el nivel de "crispación", para recomponer un cierto consenso constitucional - quizá auspiciado por la Casa Real - entre los dos partidos mayoritarios. Pero, si había alguien todavía aquejado de semejante ingenuidad, supongo que las últimas declaraciones de diversos ministros del Gobierno, presionando públicamente al Tribunal Constitucional para que convalide el Estatuto Catalán, le habrán hecho caerse del guindo.

Primero fue Caamaño, ministro de Justicia, el que salió en defensa de un Estatuto que dinamita la Constitución y violenta los derechos individuales, reclamando con todo desparpajo que el Tribunal Constitucional realice una relectura de nuestra norma suprema. O sea, que proceda a modificar la Constitución por la vía de los hechos consumados.

Hoy, es Rubalcaba el que ha venido a reclamar que el Constitucional apruebe ese Estatuto que deja a la casta política catalana manos libres para seguir detrayendo recursos del resto del Estado, para seguir utilizando la presión política con el fin de absorber empresas del resto del Estado y para seguir condicionando la vida política en el resto del Estado.

El ministro de Interior - el más valorado del gobierno Zapatero, según todas las encuestas - no ha dudado en declarar, para defender el ilegal estatuto, que España "no puede negar la decisión de un parlamento democrático" como el catalán.

Creo que ninguna frase ilustra mejor que ésta en qué posición queda España. Las decisiones del Parlamento catalán son, para el ministro Rubalcaba, intocables. Sin embargo, lo que sí son perfectamente prescindibles son las decisiones del parlamento español (que es quien redactó la actual Constitución) y, sobre todo, las decisiones del pueblo español (que es quien aprobó esa Constitución en referéndum). En otras palabras: que las decisiones del parlamento español y la voluntad del pueblo español quedan subordinadas a lo que la casta política catalana decida aprobar en su parlamento.

Es falso, por tanto, que el nuevo estatuto establezca entre Cataluña y España una relación de bilateralidad. ¡Ojalá fuera simplemente eso! Lo que establece ese Estatuto - con la entusiasta aquiescencia del gobierno de Zapatero y de la izquierda política en pleno, y con el reciente silencio del PP - es una sumisión de España a los intereses de esa casta política que ya ha conseguido consolidar en Cataluña un régimen etnicista, liberticida, cleptocrático y casposo.

Con esas declaraciones de dos de sus ministros, el gobierno de Zapatero se sitúa definitivamente al margen de la legalidad constitucional. Porque queda claro que ha decidido conscientemente ignorar la única fuente de legitimidad en un régimen democrático: la voluntad del pueblo español soberano, plasmada en la Constitución del 78.

Al igual que queda claro también, como decía al principio del artículo, a qué obedecían todos los movimientos de los que hemos sido testigos en los últimos meses. Movimientos que no estaban destinados a recomponer ningún consenso constitucional, sino a garantizar que nadie desde el PP, ni desde los medios de comunicación, pudiera constituir un obstáculo en un proceso - en una hoja de ruta - que ya se le ha complicado demasiado a sus diseñadores.

Terrorismo
¿Pero hubo alguna vez guerras mundiales?
GEES Libertad Digital 2 Septiembre 2009

Decíamos ayer que el homo progresor –cima posmoderna de la visión beatífica de la paz mundial, planetaria, universal y del buen rollito– no puede concebir que la Segunda Guerra Mundial tenga alguna enseñanza para hoy.

En la actualidd todo va bien porque manda en Occidente, de momento y con permiso de los Estados Unidos, ese hombre culmen de la evolución que cree saberlo todo desde su inmensa autocomplacencia. Se cree bondadoso y cauto por seguir religiosamente las consignas de los medios dominantes. Aprende de sus lecturas lo que le digan en bobelia, y aprecia la música, el arte o cualquier forma de cultura con el esnobismo propio del horterismo reinante. Desde su fatal arrogancia, este paleto posmoderno, más bruto que sus antepasados pero también más pagado de sí mismo, se equivoca. Lo peor es que en aquello en lo que se equivoca, nos va la vida.

En la órbita del homo progresor nadie ha atado los cabos que van desde el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial a las celebraciones –Moratinos incluido– del 40º aniversario de la tiranía libia, coincidentes con la liberación del agente libio que mató a 270 personas en un atentado precedente de las aún mayores atrocidades terroristas que hemos conocido luego.

Al homo progresor le parece bien, tan humanitario es él que el gobierno inglés consideró inconveniente que muriera en prisión el agente de Gadafi porque eso habría suscitado las iras islamistas. Los muy progresor servicios secretos británicos le explicaron al parecer a Gordon Brown que no podían dejar que Megrahi –que así se llama el único asesino que había sido encarcelado– se convirtiera en un shahid, mártir, que fuera usado por Al Qaeda y otros terroristas para justificar futuros ataques. El homo progresor no entiende –porque junto con las demás luces que le adornan es bastante cobardón– que esto es lo que el hombre menos evolucionado que él conoce, desde que hay sol sobre la tierra, como "ceder al chantaje".

Es este ceder al chantaje constantemente y el tolerar uno tras otro los atentados islamistas de los 80 y 90 –desde los secuestros y asesinatos en el Líbano hasta los atentados contra las torres Khobar en Arabia Saudí o el hundimiento del USS Cole, pasando por los sufridos por las embajadas americanas en África– lo que llevó a Ben Laden a pensar que podía salir airoso de un 11 de Septiembre. Está mal que los medios progresor no subrayen que Gadafi sólo abandonó su programa nuclear y sus actividades terroristas una vez que vio pelar, por orden del malvadísimo Bush, las barbas de su vecino Sadam –una de las últimas veces que se ha visto hacer justicia con los terroristas en esta tierra–, pero no está menos mal que se haga caso omiso a las señales que emite el eje del mal. Se siente cada vez más convencido de que el mundo occidental es suficientemente débil como para dejarse hacer cualquier cosa.

Solana decía el otro día que la opción militar contra Irán es cada vez más descabellada, cuando en realidad es la incompetencia de su actividad y la del grupo de países europeos que acompañaba de peregrinación al hoy muy poderoso Larijani –negociador del programa nuclear– lo que hace que prácticamente no quede otra opción que bombardear las centrales nucleares y de armamento iraní. Lo que se externalizará a los israelíes para que el homo progresor pueda pontificar tranquilo su moralidad de salón desde su holgura económica, su mentalidad burocrática y su justicia de contable. Sin saber siquiera que Ahmadineyad está a punto de nombrar ministro de Defensa a Ahmadi Vahidi, responsable buscado por Interpol por el atentado de 1994 contra el centro cultural judío de Buenos Aires, con 85 muertos.

El problema es que el mundo occidental, al mando del cual se sitúa este triste homo progresor, no ha entendido que aunque él, con su cerebro subcontratado a las terminales mediáticas de nuestro tiempo, persiste en negarlo, lo que sucedió el 11 de Septiembre es que nos encontramos lanzados de lleno en una nueva guerra mundial; que, si contamos la Guerra Fría, sería la IV Guerra Mundial; que ésta tiene raíces ideológicas como la que nos enfrentó a los totalitarismos del siglo XX, de los que el islamofascismo es el heredero; que es global en su extensión; que es combatida con una variedad de armas militares, culturales y morales; y que se prolongará durante décadas. Si dejamos que siga ocupándose de ella esta encarnación agnóstica del Altísimo, el homo progresor, perderemos sin remedio, y nadie, de aquí a setenta años, podrá celebrar nuestra resistencia.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

SOBRE LA SENTENCIA DEL ESTATUTO DE CATALUÑA
Rubalcaba presiona al TC: "España no puede negar la decisión de un Parlamento"
Alfredo Pérez Rubalcaba ha defendido el Estatuto catalán y cree que "España no puede" negar la decisión de un parlamento democrático". Sobre el término de nación para Cataluña que aparece en el preámbulo, el titular de Interior cree que es simplemente la "descripción de un hecho".
EUROPA PRESS Libertad Digital 2 Septiembre 2009

El ministro del Interior ha manifestado este miércoles su confianza en que el Estatuto de Cataluña "es constitucional" y añadió que "lo que España no puede hacer es negar la decisión del Parlamento elegido por los catalanes" en relación a la próxima sentencia que sobre este asunto emitirá el Tribunal Constitucional.

"Yo creo en ese Estatuto, creo que es constitucional y creo que recoge un hecho que además es políticamente relevante", dijo el ministro en declaraciones a Punto Radio.

Preguntado acerca de la definición de nación para Cataluña, Pérez Rubalcaba explicó que "en el preámbulo del texto, que no tiene carácter normativo, dice una cosa que es una descripción de un hecho y es que el Parlamento de Cataluña en su momento se definió como nación, cosa que es tan cierta como que lo hizo, lo votó. Eso no significa mas que el reconocimiento de un hecho".

No obstante, el ministro matizó que acataría la decisión del Tribunal Constitucional en caso de que dictaminase que esa definición de nación es inconstitucional.

A partir de ahí el ministro aseguró no estar de acuerdo con la postura de miembros del PSC que advirtieron al Ejecutivo de que mantendría competencias al margen de un posible sentencia desfavorable del TC.

"Es una declaración que no comparto, que no es excesivamente afortunada y esa formación incluye al primer tribunal del país", dijo Rubalcaba quien lamentó "el juego de declaraciones para ver quien declara más fuerte sobre algo que está todavía discutiéndose. ¿No parece más razonable esperar a ver que pasa?"

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Estatut
¿Nos merecemos los españoles a Rubalcaba?
José García Domínguez Libertad Digital 2 Septiembre 2009

Al parecer los españoles no nos merecemos un Gobierno que mienta, pero sí, en cambio, un ministro del Interior que nos tome por idiotas. No otra conclusión se desprende de las declaraciones que acaba de cometer Pérez Rubalcaba a propósito de las inmarcesibles virtudes celestiales del Estatut. "Lo que España no puede hacer es negar la decisión del Parlamento elegido por los catalanes", acaba de barruntar ese ilustre coladero de etarras con balcones a la calle. Efectivamente, Rubalcaba lleva ahí más razón que un santo de palo: España no va a contradecir la voluntad del Parlamento doméstico de los catalanes en materia tan sensible. Y no lo va a hacer por la muy clamorosa evidencia de que ya lo ha hecho.

¿O acaso el Estatut redactado, votado y aprobado por el Congreso de los Diputados resulta ser el mismo texto que en su día se le remitió desde Barcelona para su discusión? ¿Tal vez ya no recuerda Rubalcaba que incluso el PSC, en un memorable ejercicio de esquizofrenia política, promovió en las Cortes nada menos que sesenta y dos enmiendas, ¡sesenta y dos!, al enunciado original que ellos mismos habían elaborado en el hemiciclo del Parque de la Ciudadela? ¿O por ventura nunca acusó recibo de cómo galleaba a cuenta del afeitado final en Madrid el propio presidente de la Comisión Constitucional ? "[El Estatut] lo cepillamos como carpinteros dentro de la Comisión", fanfarroneó por aquel entonces ese triste remedo de Lerroux que responde por Alfonso Guerra. Y por si todo ello aún fuese poco, ¿qué tendría que ver la solemne voluntad del Parlamento catalán con aquel alevoso chalaneo nocturno entre Artur Mas y Zetapé en La Moncloa, el que finalmente desatascó a espaldas de Congreso y Senado ese albañal jurídico?

En fin, se ve que Rubalcaba, a falta de empresa mejor donde ocupar su ocio, ha dado en abrazar la doctrina constitucional alumbrada por el ilustre jurisconsulto José Montilla. La que pretende intocable el Estatut por constituir un "pacto político" entre Cataluña y España. Irrelevante fruslería que, entre otras nimiedades, supone otorgar a esa ley la consideración de tratado internacional concertado entre dos Estados independientes y soberanos, integrantes ambos de una confederación entre iguales denominada (provisionalmente) España... Y Aranalde, de txiquitos.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Conciliación
El Correo 2 Septiembre 2009

La presencia de las dos lenguas oficiales de Euskadi en la enseñanza se ha convertido, imprudentemente, en un elemento crítico tanto para el sistema educativo como para la cohesión social. Erradicar de las aulas el conflicto lingüístico es una exigencia, y más tras el radicalismo militante de los últimos gobiernos nacionalistas. El anuncio realizado ayer por la consejera de que se revisará la situación de los profesores afectados por carecer del perfil exigible en euskera y de que se garantizará la elección de modelo debería ser un paso en esta línea. Conciliar derechos ciudadanos y desarrollo lingüístico es posible.

El joven apolítico
BELÉN ALTUNA El País 2 Septiembre 2009

El domingo pasado se trazaba en este periódico el retrato de Aritz, uno de tantos jóvenes "apolíticos" de nuestra sociedad. Un joven que va de fiesta en fiesta, de txosna en txosna, o de taberna en taberna sin percatarse apenas de estar rodeado por gigantescos carteles con fotos de presos y leyendas que glorifican la lucha terrorista, o sin dedicarle apenas un segundo de pensamiento al hecho de encender el cigarrillo con un mechero que pide amnistía. Un joven que puede afirmar que está en contra "de todas las violencias", que no tiene nada que ver con los extremistas, que ni siquiera tiene especial simpatía por la "izquierda abertzale" y a quien, cómo no, le aburre soberanamente la política.

Los retratos de juventud (encuestas a jóvenes de entre 15 y 29 años realizadas anualmente por el Gobierno vasco) muestran que la apatía política va en aumento especialmente en ese segmento de la población. En el último año, sólo el 4% de esos jóvenes ha reconocido sentir "mucho interés" por la política, mientras que el 18% siente "bastante" interés; las cifras contrarias son mucho más contundentes: el 38% siente "poco" interés y el 40%, decididamente, "nada" de interés. Este tipo de datos nunca deja de sorprender a los que piensan que la vasca es la más politizada de las sociedades. Es verdad que una postura clara frente al terrorismo remite en primer lugar a una posición pre-política, a una postura ética que puede coexistir con el desinterés político. Sin embargo, tomarse en serio el problema terrorista supone, necesariamente, ir más allá. Supone interesarse por entender en qué consiste el nacionalismo y qué es un Estado de derecho, interesarse por cómo ha de funcionar un sistema democrático y reflexionar sobre cuáles deben ser, por ejemplo, los límites de la libertad de expresión.

En lugar de esas cuestiones capitales en torno al bien común, muchos jóvenes -y no tan jóvenes- parecen pensar que la política es un trapicheo inmundo, ajeno por completo a sus intereses particulares. No son pocos los que muestran incluso con orgullo su ignorancia y su pasotismo políticos. Como Aritz, ese joven de 28 años al que se hacía referencia en el reportaje arriba citado (de K. Asry y S. López), quien no tiene opinión sobre si sería conveniente o no un boicoteo a las txosnas y locales que muestran el atrezzo proetarra, y que "vive la retirada de iconos de ETA con indiferencia, de la misma forma que antes los toleraba".

Leo que Telecinco anuncia para su canal digital un nuevo informativo dirigido a "jóvenes de entre 18 y 30 años", donde con "lenguaje ágil y cercano" (por si hiciera falta decirlo) ofrecerán la actualidad informativa desde otro punto de vista. ¿Qué actualidad informativa? La centrada especialmente en Internet, nuevas tecnologías, ocio, redes sociales, etc. Supongo que de política ni hablamos. Que eso debe de ser cosa de adultos.

La Bitácora de Javier Toledano (Tolerancio)
Oberts al català (Abiertos al catalán)
http://tolerancio.blogspot.com 2 Septiembre 2009

El nacionalismo no descansa ni en agosto. Por mucho que apriete el calor allí están sus agentes, al pie del cañón, batiéndose el cobre en la calle. Tolerancio fue testigo de la estrategia nacionalista dirigida contra un sector clave en la vida cotidiana de su barrio. Estamos en Pueblo Seco, donde viven muchos inmigrantes y, por lo tanto, donde abundan los locutorios. Tolerancio es usuario habitual de esos establecimientos pues carece de conexión a internet en su domicilio.

Una señorita traba conversación con el regente del local… -calle Ricart, esquina Olivo-… de origen paquistaní. La chica, una rubita la mar de mona (Tolerancio le mira el trasero disimuladamente), traslada un carrito y dentro del carrito, tal y como se comprobará al cabo de unos minutos, folletos, afiches varios y pegatinas.

Nuestra laboriosa agente… -hasta entonces creía Tolerancio que era un cliente más a punto de contratar internet a razón de 1 € la hora, recargar el móvil o poner una conferencia telefónica con Beluchistán-… habla en español. No tiene más de 25 años. Tolerancio pone la antena pues le choca que la chica departa durante tanto tiempo con el locutorero.

Y capta la primera andanada. La rubita culito-respingón felicita a nuestro paquistaní porque tiene a la vista el adhesivo de Prohibido Fumar. Muy bien, concede. Enumera otros requisitos que Tolerancio no sintoniza nítidamente pero, llámenlo intuición, desconfianza, llámenlo x… presagia lo que viene después…

… en efecto, la rubia agente advierte a nuestro hombre que las hojas de reclamación deben figurar, es simplemente una recomendación, en inglés, español, hace una pausa… y catalán. A renglón seguido le espeta si conoce este último idioma, si lo habla o entiende. Acabáramos. Lo anterior era el preámbulo. Lo que sigue es el auténtico busilis de tan gentil visita.

Nuestro paqui, permítanme el coloquial gentilicio, por abreviar, tartamudea y admite que no lo habla, pero que lo entiende un poco. Ni una palabra, ya lo decimos, pues Tolerancio frecuenta su local desde hace más de un año y le consta que a ese buen hombre la lengua de Espriu le suena a chino mandarín. Chamullando cuatro palabras en español… -tampoco es un tribuno de la plebe en la lengua de Cervantes-… larga una trola increíble, tanto que ni él mismo se la cree… y dice que una vecina le enseña a ratos un poco de catalán.

¿Será su vecina una de esas voluntarias que ejercen de parejas lingüísticas, no sabemos si con derecho a roce, para inmigrantes patrocinadas conjuntamente por la archisubvencionada entidad catalanista Ómnium Cultural y por CiU?… que, por cierto, presentó a la prensa, meses atrás, un plan conforme al que pondría en circulación la nadería de 90.000 de esos voluntarios concienciados con la difusión apostólica de la lengua catalana y que habría de reclutar entre militantes y simpatizantes, aunque sospechamos que ni de largo cuentan con la décima parte de esa prodigiosa cantidad de efectivos.

Pero la chica tampoco le cree, esa confesión no la ablanda y anota algo en un cuaderno al tiempo que glosa dicha confesión con un piadoso Eso está muy bien. No puede entretenerse ni intimar con nuestro hombre. Va a tiro hecho, sujeta a un plus de productividad, como a destajo, cual una funcionarial agente del estajanovismo lingüístico. Quedan muchos comercios por visitar si quiere completar la ruta minuciosamente preparada. Claro que no hay cansancio ni sufrimiento sino elevada recompensa espiritual cuando hablamos de la construcción nacional de Cataluña. No importa que se funda el termómetro por la chicharrina en plena canícula estival. Qué minucia es ésa enfrentada a tan noble y altruista empresa.

Tolerancio en el ordenador 5 y una cucaracha enorme en el 4, prima lejana de Gregorio Samsa, únicos clientes del locutorio… -el ortóptero se recrea las antenas consultando una web de chatis en bikini y se frota las patitas delanteras-… asisten a las explicaciones que da la chica para tranquilizar a nuestro atribulado paqui, que traga saliva:

-Yo no pongo multas… de eso se encargan otros…-Y esboza una ligera y cautivadora sonrisa.

Y saca del carrito el kit completo de normalización lingüística en el ámbito comercial, específicamente diseñado para locutorios regentados por extranjeros: una pila de alfombrillas para los ratones de los cibernautas con la leyenda Oberts al català, que es el eslogan de la campaña y que cuenta con el logotipo impreso de la Generalidad y el de la autodenominada Federació Catalana del Comerç (Federación Catalana de Comercio), folletos informativos a tutiplén y adhesivos con el mismo diseño que las alfombrillas.

La chica sugiere que las pegatinas están pensadas para el escaparate del local de tal suerte que los transeúntes lo puedan identificar al entrar o al pasar a su lado por la acera. Nuestro paqui, que no es torpe ni lento de reflejos, se levanta de su asiento como propulsado por un resorte, toma uno de los adhesivos, sale a la calle y en un periquete lo planta en la luna para solaz de la inspectora de paisano, que asiente con un gesto aprobatorio.

A nuestro hombre no le tienen que decir las cosas dos veces. Las caza al vuelo. No habla una palabra de catalán, pero sabe dónde está y con quién se juega los monises, aunque esa chica, una monada... -Tolerancio le mira el trasero con glotonería-... sea la cara amable de la represión lingüística.

El distrito de Pueblo Seco cuenta con mucha población de origen inmigrante. Hay un locutorio en cada esquina del barrio y por esos locales, antes o después, desfila un elevado número de residentes. A la mayoría, en particular a los adultos… -sus hijos son escolarizados en la escuela pública monolingüe-… la adopción del catalán como idioma de relación cotidiana o vecinal les importa un pimiento, o un aguacate, pero esa alfombrilla y ese adhesivo ahí realizan una función de penetración en un universo refractario a la difusión de la lengua propia… de Montilla y de su abuela.

Poco a poco, día tras día, mientras mata marcianitos o saliva como un alce empalmado mirando el último video de Beyoncé en Youtube, el logo y su leyenda, Oberts al català, los ve el internauta y el mensaje se va metiendo en su magín según el mecanismo de la publicidad subliminal. Y si no funciona, qué más da, en algo hay que gastar las partidas presupuestarias en tiempos de crisis. La impresión de todo ese material cuesta una pasta y da trabajo a las empresas del sector, de gente de la cuerda preferiblemente… no fotem. Una suerte de Plan-E a escala local.

A los dos días, antes de marchar de vacaciones… -a Tolerancio le aguardan unos baños sensacionales en las transparentes aguas de la bahía de Alcudia-… entra Tolerancio en otro locutorio en la misma calle, Ricart esquina Paralelo. Éste lo regentan sudamericanos. Por allí, cómo no… -pegatina en el escaparate y alfombrillas para el ratón en las mesas-… también pasó la diligente vanguardia del nacionalismo rotulista y comercial, que no acusa ni el calor ni el frío. Ni la lluvia ni la nieve.

Oberts al català, y por descontado, pues es de lo que se trata en realidad, tancats a l’espanyol (cerrados al español)… si es que no acaban todos los comercios cerrados, pero de verdad, por efecto de la crisis. Esa crisis que ante nosotros pasaría de largo por disfrutar de una de las economías más sólidas del universo mundo.

Como dice el refrán muerto el perro, se acabó la rabia. Pues cerrados los comercios ya no quedarán locales que inspeccionar y rótulos que multar. Por supuesto que exagera Tolerancio, pero reproduce aquí el titular de una crónica periodística del diario El Mundo del 24/05/09. Tiene el recorte delante de sus narices: La crisis obliga a cerrar un centenar de comercios al día en Cataluña. El subtítulo dice: Electrodomésticos, menaje y textil son los sectores más perjudicados. ¿A quién multarán a este paso?

La Constitución, ni tocarla
Editorial e-Noticies 2 Septiembre 2009

La consejera de Justicia, Montserrat Tura, habitualmente mesurada en sus declaraciones, se ha añadido este lunes al sector partidario de la reforma de la Constitución. “A mí -ha afirmado en declaraciones a ComRàdio- no me hace ningún reparo hablar de que, 30 años después de la aprobación y aplicación de la Constitución, pueda ser revisada y reformada en algunos aspectos”.

Tura se añade así a otras voces dentro o fuera del Govern que propugnan la reforma de la Constitución española del 1979. Quizás el que más se ha mostrado a favor en las últimas semanas, en pleno culebrón de verano sobre la sentencia del Estatuto y la manifestación, ha sido el consejero de Universidades, Josep Huguet.

Jueves pasado, en declaraciones a la misma emisora, afirmaba que “como que la Constitución está mal escrita, una de las partes interpreta que no hay pacto”. Huguet incluso consideraba que, si hay un recorte del Estatuto, la Generalitat “tiene el derecho y la obligación” de intentar una reforma constitucional.

Un sector del catalanismo -encabezado por el ex presidente Pasqual Maragall- siempre ha soñado con una reforma de la Constitución y la posibilidad de que el Tribunal Constitucional recorte el Estatuto ha reavivado estas aspiraciones. Pero, con todos sus defectos -incluido el famoso artículo octavo que atribuye a las fuerzas armadas la integridad "territorial"-, la Constitución más vale no tocarla.

Si impulsamos una reforma constitucional desde Catalunya saldremos escaldados y ya hemos salido basta escaldados con el Estatuto. Catalunya, en efecto, ha sido la locomotora con una oleada de nuevos estatutos y un nuevo sistema de financiación del que se beneficiarán todas las autonomías, pero a cambio de un enorme desgaste.

La reforma de la Constitución puede tener efectos contraproducentes porque hay sectores mediáticos y políticos españoles, con una prensa poderosa en última instancia, que piensan que se ha ido demasiado lejos en esto del Estado de las Autonomías. En estos momentos, el catalanismo sólo puede hacerse el pícaro: los mismos que son partidarios de la reforma de la Constitución -como Josep Huguet, por cierto- se aferran en cambio la política del pájaro en mano a través del artículo 150.2 que permite la delegación de competencias.

Incluso la posibilidad de una reforma de la ley electoral porque los partidos nacionalistas necesiten llegar al 5% de los votos en unas elecciones generales para tener presencia al Congreso es un run-run que defienden periódicamente desde políticos como Rosa Díez a periodistas como Pedro J. Ramírez. La enmienda, no hace falta decirlo, dejaría no sólo a Esquerra, sino también a CiU y PNV fuera de la Cámara Baja.

La reforma de la Constitución, pues, sólo serviría para que PSOE y PP se pusieran de acuerdo para recortar el poder de los partidos nacionalistas. De todos los partidos nacionalistas.
 

Gloria Lago: "Feijóo prometió que los padres podrían elegir el idioma y se lo vamos a pedir"
“Espero que las personas sensatas que quieren educar a sus hijos en gallego se unan a nuestras propuestas"
 www.lavozlibre.com 2 Septiembre 2009

Gloria Lago: "Feijóo prometió que los padres podrían elegir el idioma y se lo vamos a pedir" Gloria Lago: "Feijóo prometió que los padres podrían elegir el idioma y se lo vamos a pedir"

Santiago de Compostela.- Gloria Lago, presidenta de Galicia Bilingüe, ha realizado unas declaraciones a la COPE con motivo del inicio del nuevo curso escolar. A pocos días de que los niños regresen a los colegios, la Xunta de Galicia todavía no ha desvelado cuál será el contenido del nuevo decreto de educación. Éste sustituirá al anterior, aprobado por el Gobierno bipartito (PSdeG-BNG) y derogado por el Partido Popular tras su llegada al poder, con el fin de regular el uso del castellano y del gallego en las aulas.

Sin embargo y pese a que Núñez Feijóo se comprometió en campaña electoral a aprobarlo inmediatamente después de alzarse con la presidencia de la Xunta, a día de hoy no sólo no se conoce, sino que en ningún caso se aplicará este curso. Galicia Bilingüe critica este retraso y reclama a Núñez Feijóo que cumpla con sus promesas.

Gloria Lago denuncia que el próximo curso se presenta de forma similar o incluso peor al curso anterior. “Hay padres que nos comentan que en el listado de libros aparece un incremento en el número de libros en gallego para asignaturas troncales", afirma Lago.

“Sabemos que a finales de septiembre se presentará el borrador del nuevo decreto sobre la educación que, esperemos, recogerá la promesa del señor Núñez Feijóo para que los padres puedan elegir el idioma en el que quieren que sean educados sus hijos, como se hace en todo el mundo", añadió la presidenta de Galicia Bilingüe.

"El problema que tenemos es que una vez que se firme este decreto, no hay marcha atrás, por lo que tenemos que conseguir que se haga bien". Para la presidenta de la asociación gallega, el argumento de las dificultades económicas esgrimido por la Xunta para aplicar este nuevo modelo educativo “no puede ser una excusa, porque en muchos centros es muy fácil aplicar la libre elección del idioma".

"Sabemos que somos un colectivo incómodo para el poder, pero al presidente de la Xunta le vamos a seguir reclamando lo que prometió en campaña. No prometió un sistema como el que hay en Europa, pero prometió que los padres podrían elegir el idioma en las asignaturas troncales y es lo que le vamos a pedir", declaró Gloria Lago.

“La Xunta tendrá que entender que este 'café para todos' no va a contentar tampoco a las personas que hasta ahora querían imponer el idioma porque, con todo el derecho del mundo, quieren educar a sus hijos en gallego. No van a poder contentar a todo el mundo y van a tener un problema que se les va a enquistar”, declaró Lago. “Espero que las personas sensatas que quieren educar a sus hijos en gallego se unan a nuestras propuestas y pidan lo mismo, porque es la única forma de respetar el derecho de todos y de que los niños estudien en el idioma en el que mejor aprenden”, concluyó.

En unos días, Galicia Bilingüe organizará unas jornadas en Pontevedra a las que ha invitado a representantes de diferentes modelos educativos bilingües de toda Europa. Expertos de Finlandia, Eslovenia y Suecia se darán cita en estas jornadas en las que el colectivo quiere demostrar la normalidad con la que en el resto de Europa se aplican los modelos educativos bilingües.

El pasado mes de abril, 'La Voz Libre' realizó una entrevista a Gloria Lago en la cual la presidenta de Galicia Bilingüe ofrecía las previsiones y puntos de vista de la asociación cívica de cara al nuevo periodo de gobierno de la Xunta.
 

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