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Recortes de Prensa    Domingo 6 Diciembre  2009

 

La reforma necesaria
César VIDAL La Razón 6 Diciembre 2009

La Constitución ha superado holgadamente las tres décadas de existencia y creo que está más que justificado realizar un balance sobre su futuro. Adelanto ya que no creo que pueda prolongarse su vigencia sin llevar a cabo algunas reformas. En contra de lo que piensan algunos, podemos prescindir totalmente de bobadas como el orden de sucesión de la Corona o cómo manosear más esa cámara totalmente inútil que es el Senado y que podríamos suprimir o recortar como en Alemania. Sin embargo, resulta urgente corregir la administración territorial.

Hace un par de veranos, un amigo catedrático en una universidad de EE UU me señalaba: «Desengáñate, vuestro sistema siempre tuvo una bomba de relojería que es el Título VIII. Conociendo a los nacionalistas, es sabido que la Constitución española tiene los días contados». Tras el estatuto catalán no tengo yo duda alguna de la razón de mi amigo.

La Constitución incluyó un sistema autonómico no porque la mayoría de los españoles lo deseara, sino para intentar, ingenua y noblemente, integrar a ETA y a los pocos nacionalistas vascos –catalanes había todavía menos– en la nueva democracia. De no haber sido así, hubiéramos seguido un saludable modelo jacobino con una prudente y eficaz descentralización y nos hubiéramos ahorrado mucho dinero y no menos disgustos. Al cabo de tres décadas, el nacionalismo ha actuado como un cáncer que ha rebasado el orden constitucional con el estatuto de Cataluña, que se ha extendido por el PSOE –¡quién lo dijera!– y que incluso amenaza con contaminar al PP a través de dislates como la denominada «cláusula Camps».

El resultado es que nuestro actual Estado es inviable económicamente, que la crisis institucional es alarmante y que si se produce una quiebra en torno a 2015 de la que hablan ya algunos expertos, no podemos asegurar que de ella salga incólume nada. Frente a esa situación no es de recibo esconder la cabeza bajo tierra, sino que hay que asumir una enérgica reforma constitucional.

Opciones –si se examina el tema de manera realista– sólo hay dos. La primera sería la francesa. Personalmente, yo me siento atraído hacia ella porque la única nación del mundo, aparte de España, que tiene vascos y catalanes es Francia y, de manera bien reveladora, no sufre ningún problema con ellos. Un sistema como el francés nos ahorraría derroche, inestabilidad e incluso terrorismo porque ETA atenta no en la Francia jacobina sino en la España autonómica y negociadora.

Pero existe también una segunda opción que es la alemana: recortemos el Senado, hagamos que el poder central recupere competencias como educación y sanidad, y que las autonomías disfruten de mínimos poderes de carácter local; devolvamos al poder central la mayoría de los recursos económicos y no permitamos que haya otra voz en la UE que la del poder nacional. Con esa reforma, lograríamos salvar nuestra economía; salvar el actual orden constitucional, salvar la monarquía y salvar la democracia.

Ciertamente, algunos personajes tendrían que buscarse acomodo nuevo, pero esa circunstancia no debería inquietarnos. Primero, porque todo sería por el bien de España y, segundo, porque cuando se conoce su pasado y se sabe cómo procediendo de la Falange o del Opus ahora forman parte de la «izquierda caviar» no puede dudarse de que encontrarán un nuevo y pingüe pesebre.

El funeral de la Constitución
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Diciembre 2009

La fiesta de la Constitución se ha quedado en un funeral donde la única invitada obligada era la propia difunta, la misma Constitución. Lo realmente significativo de que era un funeral ha sido el que han acudido aquellos que nunca lo habían hecho en otras ocasiones, como el Lehendakari de El País Vasco y el Presidente de la Generalidad. En ambos casos, lo que pretenden sus respectivas fuerzas políticas es la independencia y crear su propia Constitución como Cataluña. También ha sido relevante la ausencia del actual Presidente de la Junta de Andalucía, el Sr. Griñán, así como la práctica totalidad de los Presidentes de las Comunidades donde gobierna el PP.

Así que por una vez parece que al Sr. Rajoy le ha tocado realizar el papel de “Don Tancredo” y acogerse a su ya famosa postura de no opinar y decir que allí estaba él. Desde luego, debe ser el único que acepta de buen grado el que se haya liquidado la Constitución y aparentar en el funeral que no pasa nada, acudiendo para certificar su defunción y el entierro. Lo que queda patente con estas ausencias es que en el PP el liderazgo del Sr. Rajoy está más que cuestionado, a pesar del empeño en aparentar lo contrario que hace la Sra. de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría.

Por otra parte, ha sido de auténtico bochorno escuchar las declaraciones de la Presidenta en funciones del Tribunal Constitucional, Dª María Emilia Casas, al decir que “cuando se trabaja intensamente se obtienen frutos”. Es innegable que vistos los nulos frutos a los recursos al Estatuto de Cataluña, que aún esperan sentencia, lo que ha hecho el TC ha sido todo menos trabajar intensamente. Tras más de tres años de deliberaciones, lo que da la sensación es de un nulo interés en dictar una sentencia acorde con la Constitución que deben interpretar y defender. Para su desgracia y descrédito profesional y ético, nadie puede olvidar aquellas imágenes de la monumental bronca que le echó públicamente la Sra. de la Vega.

Lo que es realmente maquiavélico es que sea el Sr. Zapatero, el impulsor del Estatuto de Cataluña que ha liquidado la Constitución de España, el que se presente con sus compañeros federados López y Montilla. Y sobre todo este último que en un alarde de esquizofrenia política es capaz de decir que respeta la Constitución y reclama que no se toque ni una coma del Estatuto, a sabiendas de que es en su espíritu, en su letra y en su desarrollo legislativo totalmente inconstitucional y que viola derechos fundamentales de los españoles que viven en Cataluña bajo el régimen nacional-socialista del tripartito.

Lo que realmente espero es que las ausencias de los líderes del PP sean el principio de una regeneración efectiva en el PP y lleve al partido a practicar una oposición al Gobierno del Sr. Zapatero. Espero que estas ausencias hagan reflexionar al Sr. Rajoy y se decida de una vez a asumir que él no es la alternativa que España necesita, por mucho que sus aduladores se lo digan cada mañana en su feudo de Génova 13. Los que han ganado las elecciones han sido la Sra. Aguirre, Alberto Núñez Feijóo, Pedro Sanz, Ramón Luis Valcárcel, Juan Vicente Herrera, Juan José Vivas y Juan José Imbroda, mientras que el Sr. Rajoy lleva perdidas las dos elecciones a las que se ha presentado. Incluso su aclamación en el Congreso del PP en Valencia careció de las mínimas garantías democráticas y solo fue posible gracias a avalistas de dudosa representatividad.

Así que la soledad de hoy del Sr. Rajoy puede marcar un punto de inflexión en la política del PP. Eso sería algo bueno para España y para la defensa de su Constitución.

6 de diciembre, día de la Constitución
JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA La Opinión 6 Diciembre 2009

Cumple años la Constitución de 1978 dos días después del fallecimiento de Jordi Solé Tura, eurocomunista y catalanista. Constitucionalista y gran conocedor de nuestra historia, contribuyó al consenso constitucional y, de no habérselo impedido la enfermedad, hubiera contribuido también a evitar, con el seny que le granjeó el afecto de sus oponentes políticos, la última deriva estatutaria catalana. Descanse en paz.

Treinta y un años después de aquel referéndum, la Norma Suprema sigue cumpliendo su función pero da signos de agotamiento en algunos de sus títulos y pide reformas no menores que requieren la renovación del gran acuerdo político que la hizo posible. Es bueno el balance del título de derechos y libertades. No es fácil encontrar en el mundo democrático un desarrollo tan amplio y garantizado de los derechos como el alcanzado aquí. Puede que en algunos casos hubiera sido mejor reformar el texto para reconocer expresamente, ayer el matrimonio de personas del mismo sexo, mañana el derecho a disponer de la propia vida sin subterfugios ni eufemismos, en lugar de dejarlo todo en manos del Tribunal Constitucional. Es opinable, pero la vía del TC acaso nos haya evitado turbulencias sociales de esas en las que nos enredamos cuando nos empeñamos en negar la evidencia y optamos por situar todos los problemas en el espacio políticamente imposible de los principios morales y religiosos. Hasta ahora, sus sentencias, muy favorables a la expansión de las libertades, no han provocado conflictos permanentes dignos de mención, resultando una buena aportación a la convivencia pacífica de una sociedad hoy mayoritariamente tolerante.

El funcionamiento de los poderes también salva la prueba pero, comparado con el de las democracias más sólidas, resulta manifiestamente mejorable. Hay exceso de partitocracia y faltan muchos espacios de independencia en la arquitectura constitucional. Es bueno que dos grandes partidos, no más, asuman la responsabilidad de gobierno porque no es deseable incentivar el pluripartidismo, pero hay que bloquear esa inercia que les lleva a ocuparlo todo. Hay que evitar decepciones o escándalos como los del CGPJ o del TC, con reformas en la selección de sus integrantes que aseguren su independencia de criterio; como hay que hacerlas también en la legislación electoral para que el representante rinda cuentas personalmente ante los electores.

Y, evidentemente, hay que reformar la estructura territorial fijando los límites de la descentralización y fortaleciendo la integración. No hay Estado que aguante abierto siempre a la última conveniencia de una mayoría política coyuntural, ni que resista firme si no se concibe como realidad y proyecto común. Si se opta por debilitarlo cada vez más y acordándose de él sólo cuando truena. Este es el reto más complicado porque el asunto lo es y no admite remedios fáciles de tertulianos reñidores y sabelotodos. Recentralizar competencias o avanzar hacia un modelo federal son sólo frases cuyo significado hay que precisar. Esperamos la sentencia del TC sobre el Estatut. Si rechaza sus contenidos más polémicos, la estructura territorial tendrá límites nítidos y lo obligado será, para todos, respetarlos. Si los declara constitucionales con una sentencia interpretativa que reescriba el Estatut para que encaje como sea, seguirá la incertidumbre y será necesario un pacto político que renueve el consenso de 1978 para hacer, más que reformar, una nueva Constitución que fije para mucho tiempo los límites de la simetría o la asimetría federal. Sin ese pacto ni habrá reforma, ni nueva Constitución, sólo enredos continuos y corrupción de las instituciones.

José Antonio Portero Molina Es Catedrático De Derecho Constitucional De La Universidad De A Coruña

La Constitución, en el candelero
La amenaza para la Constitución no viene sólo de quienes siempre fueron reticentes a ella porque consagra la soberanía española, sino también de los que, sin ser nacionalistas, imitan a éstos y amagan con romper la baraja
MANUEL MONTERO El Correo 6 Diciembre 2009

La Constitución ha pasado por días mejores. En los últimos tiempos está en boca de todos, que es lo peor que les puede pasar a las constituciones. Hasta se habla de que ha llegado la hora de cambiarla, como si la Constitución de 1978 fuese la expresión de opresiones insoportables. O de que valen más los intereses de la 'nomenklatura' política catalana -llamada 'dignidad de Cataluña'- que la concordia constitucional.

Los zarandeos a la Constitución no vienen sólo de los grupos que le han sido siempre reticentes, en general debido a que habla de la soberanía del pueblo español. Ahora implica a gente de los partidos de gobierno. No hay trazas de que el pueblo soberano esté a disgusto con nuestro régimen de libertades y sistema político -más bien lo contrario-, pero, excepto en días de celebraciones, a algunos mandos parece sacarles de sus casillas lo que hay, pues quieren mandar más o con más lustre. Además, tanto populares como socialistas han cometido errores de bulto en el tratamiento de esta cuestión fundamental.
Una decisión clave para la estabilidad constitucional se produjo en la Navidad de 1999, ahora hace diez años. Pasó casi inadvertida entonces, pero sus implicaciones pesaron después como una losa. El entonces presidente Aznar decidió que el PP se presentase a las elecciones de 2000 con el lema 'en defensa de la Constitución'.

Se justificó que era «para hacer frente a los ataques de un sector del nacionalismo». Cuesta entender esa lógica, pues el nacionalismo no era entonces más fuerte ni más desleal que las dos décadas anteriores. Ciertamente, el nacionalismo vasco se había lanzado a tumba abierta por la vía soberanista, pero su chantaje no hacía peligrar la Constitución, ya que los constitucionalistas no habían caído en la trampa y mantenían una postura unánime, que se llamó frentista.

En 1999 -y antes y después- sí se localizaban peligros para el funcionamiento constitucional, pero por un lado diferente al que se decía. Nuestro sistema de partidos lleva a que los gobiernos sin mayoría absoluta tengan serias dependencias políticas respecto a los nacionalistas. Éstos suelen fijar un alto precio político y económico por su apoyo. Todos lo han venido pagando, populares y socialistas. Pero esto no tenía nada que ver con el llamamiento de 2000.

La propuesta electoral de la defensa constitucional abrió una brecha política seria. Al margen de si tal llamamiento era necesario o no, la defensa de la Constitución se usó como lema partidista. El adversario de referencia era el nacionalismo, pero el PP echó mano de la defensa de la Constitución para enfrentarse a su antagonista directo, el PSOE, como si tal defensa pudiera ser la gesta de una sola parte del sistema constitucionalista de partidos. Venían a sugerir que ellos la defenderían mejor. Era una quiebra en la concordia constitucional, un intento de patrimonializarla.

Puso a la Constitución en la primera línea del combate partidista. Durante unos años populares y socialistas se zumbaron a constitucionalazo limpio. Llovían acusaciones de deslealtad. La Constitución sufrió un desgaste serio. Un lema de Estado se había convertido en partidista.

Diez años después de la llamada electoral a la defensa de la Constitución, la situación es mucho más delicada que entonces. Sin embargo, no puede decirse que los males actuales tengan relación causa-efecto con la decisión de 1999-2000, la sombra de Aznar no es tan alargada. Se abrió una nueva fase, en la que han entrado en liza los conceptos del Gobierno de Zapatero, que también tienen su miga.

A partir de 2004 la defensa de la Constitución salió del debate político, al menos como arma arrojadiza. Fue una buena nueva, pero en el periodo que ha seguido no se ha fortalecido la estabilidad constitucional. Han concurrido dos fenómenos, de origen no interrelacionado, pero que confluyen para gestar el actual ambiente espeso, como si viviésemos una crisis constitucional permanente.

Primero, ha influido la visión laxa que el Gobierno socialista ha mostrado respecto a la Constitución. En su planteamiento todo parece negociable e interpretable, al modo de un zurcido aquí, un remiendo allá, donde dice digo dice diego, con gusto por el regate corto. La Constitución no es esa mole agresiva de rostro antipático que se sugirió en el periodo anterior, pero tampoco un monigote posmoderno en el que todo es relativo, adaptable al gusto del consumidor o de los apoyos gubernamentales.

La otra gran fisura del régimen constitucional atañe a los dos partidos de gobierno. No consiste en las ansías nacionalistas, sino en la costumbre autonómica -de todas las autonomías, las del PP y las del PSOE- de lanzarse en picado sobre el presupuesto, para mejorar su parte del pastel. No son nacionalistas, pero cuando se trata de cerrar filas, reivindicar dineros, exclusividades competenciales, aguas, ríos, lo que sea, no les gana nadie a nacionalistas. De este egoísmo tribal nacen las principales amenazas para el régimen constitucional. Tenemos 17 lehendakaris -ninguno nacionalista- con la tentación de cantarle las cuarenta al Estado, ahondar en sus señas de identidad autonómica y en sus políticas diferenciales. Gusta romper la baraja, o amagar con ello, con poses al modo soberanista. Es muy difícil contrarrestar el anticonstitucionalismo cuando a la menor se imitan sus maneras.

Pluralismo
Sabino MÉNDEZ La Razón 6 Diciembre 2009

Cuando a mis paisanos catalanes les hago ver que, desde los ochenta, las lecciones de libertad, civismo jurídico y pluralidad en Prensa nos llegan de Madrid, se quedan estupefactos. Por el recuerdo del franquismo, han creado un prejuicio fósil e inamovible que relaciona toda posibilidad de gobierno central con fascismo, sin observar sus propias conductas. Así, hace una semana, a alguien se le ocurrió promover que todos los periódicos que recibían subvención del Gobierno autonómico publicaran el mismo editorial. No pensó que ese modelo ya estaba probado por el Pravda de la prensa soviética o el Diario Hablado de la radio nacional franquista.

A día de hoy, en el siglo veintiuno, ejemplos de un país donde el Gobierno mantiene a los periódicos de la zona y todos publican variaciones de las noticias que a los mandamases les conviene, sólo pueden encontrarse en lugares tan exóticos como Singapur, donde mantienen una coqueta dictadura hereditaria desde hace más de treinta años. ¿Quién se va a fiar de las noticias y argumentaciones de unos diarios cuya viabilidad no depende del soporte económico de sus lectores?

El principal efecto ideológico del franquismo del siglo pasado en Cataluña fue el de que cualquier zopenco, por el sólo hecho de estar en contra, se creyera demócrata. Pero serlo de verdad es algo más esforzado. Hay que usar el intelecto y el respeto al otro. Es Voltaire deseando dedicar media vida a rebatir las ideas del contrario y dedicar la otra media a luchar para que éste pueda manifestarlas. Es también enseñar a no querer sólo los argumentos propios ni despreciar los ajenos. De otro modo, decía Nietzsche, se crean los rebaños, los imbéciles. Pronto, aparte del pan con tomate, los catalanes estaremos en posición de reivindicar un curioso invento: el demócrata a la catalana.

La financiación de los partidos políticos (III): gasto, endeudamiento e incumplimiento
Cristina Falkenberg El Confidencial 6 Diciembre 2009

Veníamos siguiendo el trabajo del Gaspar Ariño sobre La Financiación de los Partidos Políticos, editada por el Foro de la Sociedad Civil. Como pone de manifiesto tan solvente autor, “Cualquier reforma de la financiación de los partidos será insuficiente si no se adoptan medidas para limitar los gastos desenfrenados que éstos generan… hay que organizar su acción de manera que no requiera una burocracia masiva, que consume y gasta dinero de manera incontenible.”

Como denuncia Ariño, PSOE y PP vendrían a tener del orden de 4.000 sedes cada uno, con unas 1.500 personas en plantilla, un 30% de su gasto. Sus líderes no escatiman en dispendios y prebendas: hoteles de cinco estrellas, viviendas a su disposición y restaurantes de lujo: todo ello en un tiempo en que la ciudadanía puede estar pasando auténtica necesidad. Sin embargo son los gastos de campaña, incontrolables, donde se observan cifras de vértigo. “…en lugar de presentar y debatir los programas de forma pausada y racional… los partidos se convierten… en máquinas de propaganda, [que] estudian… los temas que a la gente le interesan y qué… quiere oír; una vez detectados, se monta la maquinaria propagandística para su difusión…” La limitación del gasto electoral no ha pasado de las buenas intenciones. Limitar la duración de las campañas no impide las precampañas… Y limitar los medios se podría entender como una discriminación a favor de los partidos en el poder.

El gasto es ciertamente inmenso y requiere tanto acudir al endeudamiento como a la corrupción. “Una vez en el Gobierno todo se podrá pagar, pues es tal la vinculación actual de política y negocios, que el dinero llegará al partido gobernante sin mayores problemas. Y si no se ganan las elecciones, pues se dejan de pagar los préstamos bancarios y se aumenta el endeudamiento, que al final será condonado, total o parcialmente.”
El control del gasto empezaría por la reforma de la ley electoral, modificando las circunscripciones para que sean unipersonales, permitiendo el debate entre el candidato y los electores, a nivel local. No sería necesario tanto espectáculo. Eso, entre otras medidas posibles: pero la actual ley electoral desde luego no ayuda a controlar el gasto… y si éste no se puede controlar habrá que “poner límite a los ingresos [con cargo a los Presupuestos] y coto al endeudamiento”, dice Ariño.

Endeudamiento… e impago
Las cifras no son exactas y tampoco están demasiado claras… ni en lo que respecta a la financiación pública… ni mucho menos en lo tocante a la privada. Sin embargo la información proveniente en su mayoría del Tribunal de Cuentas arroja una serie de datos. El partido más endeudado (entre 60 y 70 millones de euros) ha sido el PSOE. También es el más transparente. La información que presenta el PP “es más escasa e incompleta”, aunque también es considerablemente menor su deuda: en torno a los 18 millones.

En cuanto a los impagos las cifras también son incompletas: el Banco de España ha dado alguna vez la cifra total de 300 millones de euros sólo de principal. Como pone de manifiesto el autor, las entidades de crédito “no renuncian a cobrarla [la deuda], pero tampoco la ejecutan. Las pólizas se aparcan y se dejan dormir durante años sin un compromiso expreso para su perdón, hasta que llega el momento en que borrarla de un plumazo es más fácil de hacer discretamente”. El hecho es que “los bancos… jamás ejecutan judicialmente a los partidos (especialmente a los grandes o a los nacionalistas con fuerte implantación territorial). … Podríamos hacer una larga lista de condonaciones de deudas, principalmente al PSOE… pero no sólo a él”. La Disposición Transitoria Segunda de la nueva Ley de Financiación de los Partidos, como ha venido a subrayar Lucas Murillo de la Cueva, sólo facilita la continuidad de esta práctica que en ningún momento se impide, haciendo de los límites a las donaciones, auténtico papel mojado. Se hacer urgente pues tanto poner freno al endeudamiento como a las prácticas crediticias.

Incumplimiento y falta de control
“La fiscalización de los partidos en España”, escribe Pilar del Castillo, de cuyo trabajo se hace eco el autor, “ha tropezado con numerosos problemas debidos en ocasiones a una insuficiente regulación sobre la contabilidad que deben presentar los partidos; en otros casos porque los partidos han incumplido de forma generalizada y reiterada con la presentación de documentos justificativos de las cuentas presentadas; y finalmente, en otros momentos, por razones de tensión política en el seno del propio Tribunal [de Cuentas].”

Fue la Ley Orgánica del Régimen electoral general de 1985 la que estableció el control de los gastos electorales de los partidos y la Ley Orgánica de Financiación de los partidos políticos de 1987, reguló la supervisión de las finanzas por actividad ordinaria. El control se encomendaba al Tribunal de Cuentas, aunque ni se le dotó de los necesarios poderes, ni está siempre claro que los hubieran querido usar, dice Ariño. La dependencia política de los Consejeros del Tribunal de Cuentas respecto de los partidos que los nombran es absoluta, una vergüenza y un vicio grave de nuestra democracia que se extiende a casi todas las instituciones, dicho sea de paso.

Pero el mayor absurdo es que el Tribunal remite sus informes finalmente a las Cortes Generales para su aprobación definitiva… ¿No es absurdo que controlador y controlado al final sean la misma persona?
La nueva Ley de Financiación de los partidos políticos de 2007 ha tratado de mejorar las cosas… pero no en serio. Porque en organizaciones fuertemente jerarquizadas es ridículo exigir un sistema interno que garantice la intervención y el control si no hay luego una auditoría externa, independiente, obligatoria: y la ley no la exige. Y ni se ha dotado al Tribunal de Cuentas de nuevos poderes de control y sanción reales… ni se ha tocado el sistema de nombramiento de sus Consejeros para que sean verdaderamente independientes, en un Tribunal que es pieza clave de un Estado moderno y por cuyas manos pasa más del 50% del PIB.

En suma, para que cese el secuestro de la sociedad por las oligarquías de los partidos procede limitar lo que pueden gastar con cargo a los Presupuestos Generales del Estado —esencialmente para cubrir sus gastos electorales—, controlar de quiénes puedan recibir donaciones… y condonaciones, que deberían prohibirse.

La financiación privada cubriría los gastos ordinarios y debería suponer al menos el 50% de los ingresos de los partidos, que se verían obligados a tomar contacto con la sociedad si quieren recibir sus aportaciones económicas. Los mecanismos de fiscalización y control deberían ser realistas y eficaces.

Finalmente, sería imprescindible romper el sistema de caja única, a fin de promover la democracia interna de los partidos, y no el control de los mismos por sus aparatos.

La mitad es partidario de retirar competencias a las autonomías
El 84% de los españoles cree que la Constitución necesita una reforma
La mayoría quiere que regule el uso de las lenguas y del voto a los inmigrantes
Periodista Digital 6 Diciembre 2009

Los favorables a instaurar una hipotética tercera república suben hasta el 25%

Fijar la peeminencia del español, por encima las lenguas cooficiales
Sustituir la Monarquía parlamentaria por un régimen republicano
Regular el derecho al voto a los inmigrantes con papeles y residencia
Blindar las competencias del Estado y retirar transferencias a las autonomías

La Constitución Española cumple hoy 31 años, pero tiene achaques. Así lo consideran ocho de cada 10 españoles (el 84%), para los que la norma fundamental necesita reformas.

La Encuesta de Clima Social de Metroscopia refleja que una amplia mayoría (el 70%) querría incluir en el texto constitucional la regulación del uso del catalán, el euskera y el gallego en las comunidades autónomas en las que son oficiales.

El 61% de los entrevistados la modificaría para dar voto en cualquier elección a los inmigrantes con permiso de trabajo y residencia, mientras que poco más de la mitad (el 51%) eliminaría la mención especial a la Iglesia católica.

Que la inmensa mayoría de los ciudadanos crean que debe ser modificada no significa que la consideren una mala norma jurídica.

Seis de cada 10 (el 62%) la califican de "buena", frente a algo menos de un tercio que la tilda de "regular" y un mínimo 6% que prefiere el adjetivo "mala". Es también un sentimiento mayoritario (apoyado por el 69%) que en la norma no han prevalecido los intereses de ningún partido o corriente política en particular.

Puede que por esa razón, casi 6 de cada 10 entrevistados (58%) sólo son favorables a realizar "pequeñas modificaciones" en la Carta Magna.

La cuarta parte (26%) es favorable a "una reforma a fondo", mientras que el 12% quiere que se quede como está.

En consonancia con la preferencia mayoritaria de aprobar cambios menores, entre las modificaciones no se encontraría la de la forma de Estado.

La Monarquía parlamentaria sigue siendo el régimen favorito de los españoles -la prefiere el 66%-, un porcentaje que, con pequeños altibajos, se ha mantenido estable en los últimos 13 años.

Los favorables a instaurar una hipotética tercera república reflejan, sin embargo, un incremento sostenido en ese mismo periodo.

En los últimos años de la década pasada sus partidarios oscilaban entre el 11% y el 15%. En 2009 se han incrementado en 10 puntos y han dado el salto hasta el 25%, la cuarta parte del país.

La reforma favorita entre los encuestados es la regulación del uso de las lenguas cooficiales, demandada por siete de cada 10 españoles.

Le sigue la de dar derecho al voto a los inmigrantes regularizados en cualquier elección -no sólo municipal o autonómica- con un apoyo del 61%, y la de abolir la pena de muerte también para tiempos de guerra -la actual redacción remite en ese caso a lo que establezcan las leyes penales militares-, preferida por el 56%.

Más discutido (lo apoya el 51%) sería eliminar la referencia especial a la Iglesia contenida en el artículo que regula la libertad religiosa o la de la distinción entre nacionalidades y regiones.

Casi la mitad de los entrevistados (48%) blindaría las competencias del Estado para impedir nuevas transferencias a las comunidades autónomas y sólo el 36% derogaría el papel que la norma fundamental da al Ejército como garante de la unidad de España.

El Instituto Catalán de Industrias Culturales prima la lengua y el territorio frente a la calidad artística de los productos discográficos
Juan Julio Alfaya Periodista Digital 6 Diciembre 2009

Impulso Ciudadano, entidad que defiende la pluralidad lingüística y artística, así como la racionalización de la Administración Pública, considera que:

1.- La resolución CMC/3204/2009, de 9 de noviembre por la que se da publicidad al Acuerdo del Consejo de Administración del Instituto Catalán de Industrias Culturales, por el que se aprueban las bases que han de regir la concesión de subvenciones para proyectos de las empresas discográficas catalanas (DOGC el 19 de noviembre) parte de un concepto distorsionado y fantasioso de la realidad catalana, dibujando un marco que discrimina por omisión la realidad bilingüe de Cataluña y prima la lengua y el territorio frente a la calidad artística en la música cantada.

2.- Impulso Ciudadano denuncia el peculiar criterio territorial de las bases (Base 9.1.d) que favorece la concesión de subvenciones a empresas discográficas catalanas radicadas en los territorios donde es oficial la lengua catalana y considera como “gastos en internacionalización”, los realizados fuera de estos territorios, dando la consideración de espacio extranjero a la mayor parte de España.

3.- Para Impulso Ciudadano, considera delirante la equiparación del interés artístico de los proyectos con la “contribución a crear un espacio sonoro catalán” y a “la recuperación y difusión del patrimonio nacional”. En especial, la construcción de un hipotético “espacio sonoro catalán”, se supone que contrapuesto al español, tal como se ha manifestado reiteradamente por responsables del Departamento de Cultura, es especialmente grotesco.

4.- Igualmente, es discriminador que se valoré más la puntuación de los autores no nacidos y no residentes en Cataluña por el hecho de que utilicen en sus creaciones la lengua catalana y que se considere que ese hecho favorece “la integración lingüística de los inmigrantes”. Una vez más, los criterios reduccionistas se anteponen a la libertad de creación.

5.-Según Impulso Ciudadano, estas subvenciones discriminan a los proyectos artísticos catalanes hechos en español o en otras lenguas (inglés, francés, occitano…) y a los instrumentales potenciando un concepto de creación artística provinciano, radicalmente opuesto a la naturaleza misma del arte, al primar o poner al mismo nivel criterios como la lengua o el lugar de nacimiento, la utilización de la música como propaganda ideológica y el riesgo, originalidad o valor artístico de la propuesta.

Impulso Ciudadano
23 noviembre 2009
http://www.impulsociudadano.es/2009/11/impulso-ciudadano-denuncia-los-criterios-discriminatorios-del-institut-catala-de-les-industries-culturals-contenidos-en-las-bases-para-la-concesion-de-subvenciones-para-proyectos-de-las-empresas-disco/

PARA FORTALECER EL ESTADO
Vidal-Quadras pide a PP y PSOE que sellen un pacto "para reformar la Constitución"
El vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras, ha exigido este domingo al PP y al PSOE que sellen un pacto "para reformar la Constitución para que la nación recupere la cohesión".
efe Libertad Digital 6 Diciembre 2009

El vicepresidente de la Cámara Europea, Alejo Vidal-Quadras, ha exigido este domingo al PP y al PSOE que sellen un pacto "para reformar la Constitución para que la nación recupere la cohesión, el Estado se fortalezca y los nacionalistas sean neutralizados con carácter definitivo".

El también vocal de la Comisión Ejecutiva del PP nacional ha hecho estas declaraciones en un discurso pronunciado con motivo de los actos organizados por el ayuntamiento de la localidad murciana de Yecla con motivo del trigésimo primer aniversario de la Constitución, informan fuentes de ese consistorio en un comunicado.

Para Vidal-Quadras, "mientras los máximos responsables de los dos grandes partidos sigan percibiéndose mutuamente como enemigos irreconciliables, y a los nacionalistas como socios de conveniencia, la arquitectura institucional, jurídica y política nacida del pacto civil de 1978 está abocada al derrumbe".

"En lugar de estar aquí reunidos para festejar un triunfo, nos vemos forzados a reflexionar sobre una derrota, la del espíritu de la transición, que agoniza en estos días herido de muerte por una combinación letal de irresponsabilidad, frivolidad, sectarismo, oportunismo, relativismo e incompetencia", ha añadido.

El editorial de la polémica
A su juicio, "el principal objetivo político del Estado de las Autonomías no se ha cumplido. No se puede dar mayor deslealtad e ingratitud que la mostrada por parte de los que ahora, en un editorial conjunto escrito por encargo, reclaman con un escandaloso cinismo el respeto a un acuerdo que ellos llevan un cuarto de siglo vulnerando", en referencia al texto publicado el pasado día 26 por doce periódicos de esa región en defensa del Estatuto de Cataluña.

Por ello, agrega, "seguir operando en la creencia de que todavía es posible que los nacionalistas desistan de su empecinamiento en liquidar a España como nación y en dinamitar el ordenamiento constitucional vigente es alimentar en vano una quimera". Ha asegurado que "tras la aprobación del Estatuto de Cataluña, que en términos prácticos es una reforma constitucional espuria, ilegítima y tramposa en dirección confederal, ya nada volverá a ser como antes, con independencia de cuál sea la sentencia del Tribunal Constitucional".

Por último, ha defendido que "el Estado necesita una renovación profunda y amplia que corrija las muchas ineficiencias, inconsistencias y disfuncionalidades generadas a lo largo de treinta años de desarrollo autonómico".

"Basta ya de la insistencia enfermiza en exacerbar lo que nos separa y nos divide, de magnificar agravios, reavivar litigios y desempolvar espectrales derechos medievales (...) Se ha cumplido el tiempo de la Constitución de 1978 y para salvar su alma hemos de darle músculo a su cuerpo. Es hora de empezar una nueva etapa de la historia de España".

Con estas propuestas, Vidal-Quadras se alinea con las tesis defendidas el pasado día 1 por el presidente de la Fundación Defensa Nacional Española, Santiago Abascal, también militante del PP.

TRABAJAN, DICE, "INTENSAMENTE" EN EL ESTATUTO
Casas: "Cuando se trabaja, se obtienen frutos"
El tema estrella en el aniversario de la Constitución ha sido, cómo no, el Estatuto y su imposible encaje en la Carta Magna. María Emilia Casas, presente en los actos, se ha limitado a decir que "cuando se trabaja intensamente, se obtienen frutos". Ha hablado con Montilla y Rajoy.
EFE Libertad Digital 6 Diciembre 2009

La presidenta del Tribunal Constitucional no ha despejado así la duda sobre si la sentencia del Estatuto de Cataluña estará antes de finalizar el año. Sobre ello se le ha preguntado en una conversación informal con periodistas durante el cóctel posterior al acto institucional de celebración del XXXI aniversario de la Constitución, que ha tenido lugar en el Congreso.

"Cuando se trabaja intensamente, se obtienen frutos", ha respondido María Emilia Casas, que ha coincidido en la recepción con el presidente de Cataluña, José Montilla, con quien ha intercambiado un breve saludo.

Montilla, preguntado acerca de si había habido algo más que un simple saludo, ha respondido que este domingo no era el día para conversaciones, sino para "saludar a muchas personas" y "hoy no era el momento de hacerlo", por respeto a la presidenta del Constitucional y a la institución que ella representa. Sí ha juzgado oportuno el día, en cambio, para hacer sus reclamaciones en un artículo en El País de nuevo en defensa del contenido íntegro del Estatuto.

También el presidente del PP, Mariano Rajoy, ha intercambiado unas breves palabras con Casas durante la recepción, aunque ha asegurado que no han sido sobre el recurso presentado por su partido contra el Estatut.

Ha sido sobre algo mucho más trivial: el tiempo en Pontevedra, y para que no quedaran dudas, Rajoy ha enseñado a los periodistas -igual que había hecho antes con Casas, según ha dicho él mismo- su móvil, en el que se podía leer la información meteorológica en esta ciudad, que hoy tendrá 16 grados de temperatura máxima.

"UNA PRESIÓN INTOLERABLE AL TC"
Unos 200 abogados catalanes rechazan el "infame" editorial
El diario El Mundo informa de nuevas resistencias al "infame" editorial conjunto para presionar al TC de cara a su sentencia para el Estatut. En concreto, un manifiesto de 200 abogados clama por la independencia del Tribunal ante las presiones de los doce periódicos nacionalistas.
LIBERTAD DIGITAL 6 Diciembre 2009

El texto, suscrito por un grupo de juristas de ideología plural, asegura que el editorial publicado la semana pasada, y que se tituló La dignidad de Cataluña, supone "una intolerable presión al TC en sus deliberaciones de la sentencia que debe resolver el recurso de inconstitucionalidad del Estatut del 2006".

El manifiesto, titulado Por la dignidad de la abogacía, manifiesta el "profundo rechazo" que provoca que el colegio de abogados más importante de Cataluña, "y el segundo de España", avale con su adhesión "el ataque contra la independencia de este órgano judicial". En este sentido, los abogados no aceptan que el ICAB se preste a ser "otro mensajero de la amenaza a la justicia constitucional".

Según expone El Mundo, desde el punto de vista jurídico los abogados consideran el editorial conjunto como algo "infame", y el hecho de que el colegio de abogados se posicione a favor del mismo es una "intolerable" presión al TC.

Los promotores de Por la dignidad de la abogacía quieren dejar claro que el manifiesto no censura toda la gestión del ICAB, explica El Mundo, ni que se trate de un posicionamiento en contra del Estatut. Dentro de las 200 firmas que lo avalan hay todo tipo de ideologías. Además de colegiados catalanes también hay firmas de catedráticos en Derecho y letrados de otros colegios. También se han enviado a todas las asociaciones de jueces y magistrados, el Consejo General de la Abogacía, al Constitucional o al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

Según el diario, los firmantes consideran que la Junta del ICAB no debe "adherirse ciegamente" a manifiestos manipuladores "lanzados desde algunas instancias en su afrán de zafarse del control constitucional". Por eso, piden explicaciones y una rectificación "a nivel corporativo" que disculpe el "dislate en el que se ha incurrido".

El decano del ICAB, Pedro L. Yúfera, salió en defensa de su apoyo al editorial ya que hay "necesidad de que se dicte sentencia". El apoyo era de índole jurídico, no político, dice, y subrayó que la Junta aprobó apoyar el editorial, si bien tampoco de forma unánime.

Calviá homenajea a los dos agentes asesinados por ETA
Fernando Cancio La Razón 6 Diciembre 2009

MADRID- Mallorca fue ayer el escenario elegido para rendir homenaje a las víctimas del terrorismo y, en concreto, a los dos guardias civiles asesinados el pasado mes de agosto en Palmanova: Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá. Al acto, que se celebró muy cerca de dónde se produjo el atentado, acudieron más de 1.500 personas que no dudaron en mostrar su apoyo a los familiares de los agentes fallecidos. Un monolito dedicado a la Guardia Civil y a las víctimas de la barbarie terrorista, y dos calles con los nombres de los agentes servirán para que el municipio de Calviá mantenga vivo su recuerdo.

Fue el alcalde de la localidad, Carlos Delgado, el encargado de izar una enorme bandera española de unos 24 metros cuadrados mientras señalaba que «esta bandera es la que recordará a la ciudadanía que dos agentes de la Guardia Civil murieron en defensa de lo que ella simboliza y representa». También fue él quien entregó a los padres de Sáenz de Tejada y Salvá las medallas de oro del municipio a título póstumo.

Delgado concluyó su intervención afirmando convencido que los agentes asesinados son «lo mejor de todos nosotros» y, por ello, prometió que «nunca os olvidaremos». Tras ello gritó un «viva la Guardia Civil» que fue respondido por el millar de asistentes. Acto seguido sonó el himno de España y los familiares de Diego y Carlos depositaron varios ramos de flores en el monolito, que estuvo custodiado en todo momento por unos 70 agentes del Instituto Armado.

Este nuevo homenaje a las víctimas ha sido promovido, entre otros, por la Sociedad Cultural Círculo Balear, que el viernes ya organizó otro acto de recuerdo consistente en una conferencia a la que asistieron representantes de asociaciones de víctimas, miembros de la Guardia Civil y familiares y amigos de los asesinados. Para su presidente, Jorge Campos, ambos actos han sido «muy emotivos y han servido para movilizar a la ciudadanía».

El espíritu del Metropolitan Club
CARTA DEL DIRECTOR, PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 6 Diciembre 2009

Al traspasar las puertas de hierro con elegantes repujados en pan de oro que franquean la entrada del palacete incrustado en la esquina entre la calle 60 y la Quinta Avenida, no es difícil sentir la contante y sonante grandeza de J. P. Morgan, promotor y primer presidente de este Metropolitan Club en el que se agruparon los financieros de su tiempo, hartos de los desdenes con que las viejas familias neoyorquinas les fustigaban en los salones de la Union League. Y basta encarar la legendaria doble escalera de mármol con forma de aspa que domina el imponente vestíbulo para imaginar a los Vanderbilt, los Roosevelt, los Whitney y demás tycoons de comienzos del siglo pasado, acudiendo, con sus fracs de tiros largos, a aquellos cónclaves en los que el poder era el dinero y a la viceversa.

Pero lo verdaderamente fascinante de este lugar es husmear por sus rincones en pos de la huella de su arquitecto, aquel erotómano de inabarcables mostachos llamado Stanford White a quien los banqueros primero encargaron sus casas y luego encargaron su club. Cualquiera diría que entre alguno de los pliegues de las cortinas de terciopelo rojo que unen los frescos y artesonados del techo con el mullido suelo del gran salón, en el que va a tener lugar la presentación de la edición americana de EL MUNDO.es, está a punto de surgir su rostro burlón y lascivo para jactarse de su última conquista. Juego refinado y a la postre fatal el del creador de la atmósfera única del Metropolitan Club, pues habría de llevarle a la tumba con la inestimable colaboración de la casi adolescente Evelyn Nesbitt y de su paranoico marido, el magnate del carbón y los ferrocarriles Harry Kendall Thaw, que le disparó tres tiros a bocajarro en la terraza del Madison Square Garden una noche de primavera de 1906, justo cuando la orquesta y el coro abordaban la canción I could love a million girls.

Con este episodio fue trenzando Doctorow los primeros compases de su monumental novela Ragtime, sin lugar a dudas la mejor crónica jamás escrita del penúltimo cambio de siglo. Y fue al tratar de promocionar la versión cinematográfica de la misma obra -nominada para ocho Oscar- cuando Milos Forman decidió recurrir a las primeras palabras del primer párrafo de la Historia de dos ciudades de Dickens. Helo aquí completo: «Era la mejor de las épocas, era la peor de las épocas; era el tiempo de la sabiduría, era el tiempo de la estupidez; era el momento de las convicciones, era el momento de la incredulidad; era la temporada de la luz, era la temporada de la oscuridad; era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación; lo teníamos todo ante nosotros, no teníamos nada ante nosotros; todos íbamos a ir directamente al Paraíso, todos íbamos a ir justo al otro sitio».

Pues bien, mejor que a aquel inicio de la Revolución francesa o incluso que a aquel cambio de siglo con pespunteado ritmo de algo que aún no había sido bautizado como jazz -era sólo música de ragtime-, todas estas ambivalencias nos cuadran a nosotros, hijos de la globalización, la sociedad de la información y la tragedia de las Torres Gemelas, consumada hace ahora ocho años, dos meses y 21 días en la otra punta de Manhattan.

Porque, no nos engañemos, en ese atentado terrorista está el verdadero origen de este último «cortocircuito de la modernidad» española, inserto en la crisis que atenaza al conjunto del mundo desarrollado. Sánchez Albornoz utilizó esa expresión en su famosa polémica con Américo Castro para referirse a la sobrecarga en la red que fundió los fusibles de la España imperial, en la que Castilla tenía que pechar con todo; pero el concepto ha estado unido desde entonces a cada reedición del supuesto problema de España en los términos planteados por Vicens Vives: nuestra presunta incapacidad de asimilar el liberalismo en lo político -la democracia-, el capitalismo en lo económico -el mercado- y el racionalismo en lo social.

¿Cómo no ceñirme, sin embargo, por elemental pragmatismo, a la comparación concreta de esto que nos sucede ahora con aquella «triple crisis de la democracia española» que hace 15 años desmenucé en sendas conferencias en las universidades de Princeton y Columbia, cuando habían saltado todas las alarmas y cundía la preocupación de que la modélica singladura de la Transición española pudiera zozobrar en los acantilados del desempleo y quedar encallada entre el fango de la corrupción y los detritos del crimen de Estado?

En 1994 teníamos 3.800.000 parados y un déficit público del 7%. Ahora superamos los cuatro millones y el desequilibrio presupuestario se irá por encima del 10%. Sin embargo, no es lo mismo rozar el 20% de tasa de desempleo, como sucederá dentro de unos meses, que alcanzar el 24%, como ocurrió entonces. Tenemos una población activa mucho mayor que la de hace 15 años y, sobre todo, contamos con todos los elementos amortiguadores que implica el pertenecer a la eurozona. Por mal que lo pueda hacer el Gobierno, no nos vamos a caer de esta cubierta a la que estamos amarrados.

Y además no tiene nada que ver hablar de los errores de quienes están en el poder con denunciar sus actos delictivos. Es cierto que en el deber de Zapatero hay equivocaciones tan graves como la aprobación del nefasto Estatuto de Cataluña, que hace depender la viabilidad del Estado constitucional del canto de un duro de una sentencia, pero a la vez debemos celebrar que por primera vez el País Vasco tiene un lehendakari no nacionalista y por primera vez se vislumbra de manera nítida la definitiva derrota policial de ETA. Las cuentas políticas las zanjaremos en todo caso en esas próximas elecciones generales que ya están una semana menos lejos de lo que lo estaban el domingo pasado.

Sin alcanzar el «estado de cabreo» en el que Amando de Miguel resumía el clima de opinión de hace 15 años, el desapego de la España real hacia la España oficial vuelve a ser patente hasta el extremo de que, como expliqué hace unas semanas en presencia del Rey, corremos el riesgo de reabrir la histórica brecha entre la calle y la ley que cerrara Adolfo Suárez. Pero junto a estos motivos de inseguridad en el presente y desconfianza en el futuro, la sociedad española tiene ahora un código de referencias positivas relacionadas con su proyección exterior más consistente que nunca, pues a los éxitos sin precedentes de nuestros deportistas, creadores o científicos hay que sumar la espectacular potencia internacional de nuestras empresas.

Este es, en realidad, el gran elemento diferencial que caracteriza la segunda parte del reinado de Juan Carlos I. Lo que han hecho durante estos años el Santander y el BBVA, Iberdrola y Endesa, ACS, FCC y Ferrovial, Repsol, Zara o, por supuesto, Telefónica cambia nuestra percepción como país hacia fuera y hacia dentro. Y no sólo por el músculo económico que proporciona a todas estas compañías el obtener gran parte de sus beneficios en el exterior -que también- sino, sobre todo, por el factor de emulación que ha desatado ya en un sinfín de medianas empresas que están haciendo de la necesidad virtud y compensan los disgustos domésticos con la búsqueda de oportunidades en el mundo plano de Tom Friedman.

No es exactamente nuestro caso, pero acabo de decir en este salón de los que quitan el hipo que más que un acto de presentación, este lanzamiento de EL MUNDO.es/América, aquí en el corazón de la principal ciudad del continente, pretende ser sobre todo un ejercicio de contagio; y ninguno de nuestros cinco contagiadores de lujo va a decepcionar la expectación de los presentes.

Emilio Botín abre el baile en el salón rococó del Metropolitan Club desde la autoridad de una trayectoria que ha supuesto convertir el más pequeño de aquellos diminutos siete grandes de hace un cuarto de siglo -cuando la escala no va más allá de tus narices cualquier cosa parece grande- en el tercer banco del mundo en beneficios. Y lo hace con una declaración de principios: «América Latina está en nuestro ADN». Y con un ejemplo de impacto: «Pocos podrían imaginar hace no muchos años que una entidad española sacara a cotizar acciones de una filial brasileña en Wall Street y que además esta operación se convirtiera en la mayor oferta pública inicial de capital del sector financiero internacional en 2009. Esto ocurrió el pasado 7 de octubre? Un banco español en Brasil que vale más que bancos tan reconocidos como Deutsche Bank o Morgan Stanley».

Florentino Pérez toma el siguiente relevo en esta carrera de hechos deslumbrantes y recorre la hoja de ruta que ha convertido en dos décadas a la constructora ACS en líder mundial de las infraestructuras del transporte. Pocas imágenes impresionan tanto como la de esa tuneladora española -la primera en horadar jamás la isla de Manhattan- que durante cuatro años excavará el subsuelo de Nueva York hasta unir transversalmente la Segunda Avenida con el barrio de Queens mediante la más moderna línea de metro que alimentará el mito de la ciudad que nunca duerme. Y me fijo en la eterna corbata azul oscuro de este hombre en el que aún anida aquel joven concejal de la UCD, aquel idealista tercer español que apostó por la Operación Reformista, al que hoy todavía le queda tiempo para explicar el rigor del proyecto empresarial del Real Madrid; y me doy cuenta de lo importante que es tener en aquellos cargos en los que se fijan los jóvenes a personas que ni siquiera en las grandes celebraciones perderán la compostura.

Antonio Brufau explica después, con esa consistencia que otorga siempre un plus de credibilidad a todas sus posiciones, la experiencia de Repsol, poniendo el énfasis en el liderazgo tecnológico que se deriva de las condiciones en que tienen lugar la prospección petrolífera y el refino en América Latina: por eso el centro que la compañía ha creado en Houston se ha convertido en foco de admiración mundial del sector. Luis del Rivero -legítimamente orgulloso por el triunfo de Sacyr en la puja por las obras de ampliación del Canal de Panamá- le observa sentado entre el público con esa sonrisa irónica que se desliza siempre bajo su bigote escobillado.

Borja Prado demuestra, por último, que la continuidad generacional en pos de la excelencia está asegurada, desgranando con percepción y tino las cinco reglas que han posibilitado el desarrollo de Endesa en Chile, Perú, Brasil, Colombia y Argentina: simbiosis con cada uno de los proyectos nacionales, localización de la gestión apostando por talento autóctono, genuino intercambio cultural entre los valores de unos y otros, «quien quiera seguridad absoluta que no salga de casa» y «hay que saber aguantar los chaparrones sin echar a correr».

Después de escuchar a la representante del Departamento de Estado y mientras rompe a hablar a modo de clausura nuestro ministro más en la vanguardia, Miguel Sebastián, me doy cuenta de que éste del Metropolitan Club de Nueva York es el más trascendente de los tres grandes actos insertos en el XX aniversario de nuestro periódico. La cena de gala con «el editorialista en jefe de la Nación española» tuvo la enorme elocuencia de aclarar cualquier duda sobre nuestro anclaje y la macrofiesta del Palacio de los Deportes fue la plataforma idónea para las emociones y los compromisos. Pero lo que este miércoles 2 de diciembre ha quedado inyectado en nuestras venas es un horizonte nuevo y un propósito de contribuir al derecho a la información de los ciudadanos con un angular cada vez mayor.

La gorra que yo lancé al público del Palacio de los Deportes como símbolo de que nuestro futuro pertenece a los lectores cayó por casualidad en las idóneas manos del joven político vasco Santiago Abascal y eso ha redoblado mi interés por todo lo que dice y hace. Por ejemplo, la conferencia que -coincidencia sobre coincidencia- impartió en Madrid la víspera de nuestro acto neoyorquino y en la que resumió en cuatro imágenes cargadas de vigor dialéctico los males que hoy aquejan a España: «Un hombre mayor cava una zanja en Sevilla» (el abuelo de Marta del Castillo), «un fiscal camina hacia la Audiencia Nacional» (para pedir el archivo del infame chivatazo a ETA), «un hombre hace cola, tras una mujer mayor y delante de un joven» (es la cola del paro) y «una señora deja un montón de folios en un cajón» (la presidenta del TC que no sabe qué hacer con el Estatut).

Las cuatro cosas son oprobiosamente verdad, pero también lo es la impactante descripción que, con su especial don para la narrativa, acaba de hacer Miguel Sebastián del periplo de un viajero cualquiera desde Nueva York a Londres: «Probablemente no sabrá que utiliza un vuelo cuyo control se realiza con la tecnología de una empresa española. Llegará a un aeropuerto, el de Heathrow, operado por una empresa española. Pasará un control de seguridad diseñado por una empresa española. Cogerá un tren desde Heathrow hasta Paddington construido por una empresa española. Llamará por teléfono, casi seguro, gracias al servicio prestado por una operadora española. Podrá sacar dinero de un cajero que probablemente pertenecerá a un banco español. Y desde su hotel, que podrá ser español, encenderá la luz suministrada probablemente por una empresa española».

Si hemos designado al Pesimismo como Enemigo del Año 2009 es porque aunque somos plenamente conscientes de la envergadura de nuestros problemas -agravados muchas veces por la torpeza de los gobernantes- también nos damos cuenta de que en la sociedad española hay acumuladas capacidades suficientes como para entrar con decisión y confianza en esa nueva Década Prodigiosa hacia la que en algún momento de los próximos meses nos conducirá la ley de los ciclos históricos.

Hasta nuestros más acerbos adversarios reconocen el papel decisivo de EL MUNDO en la superación de aquella triple crisis de hace 15 años. Ojalá seamos capaces de estar de nuevo a la altura de las circunstancias para que al menos no pueda achacársenos esa «pereza abandonista que evita el esfuerzo y la energía de buscar soluciones» que nuestra presidenta Carmen Iglesias ha atribuido con toda justicia a las élites del pasado. Porque, como ella misma añade en su introducción a No siempre lo peor es cierto, se trata de «un pesimismo existencial -ése es nuestro Enemigo del Año- que poco tiene que ver con el necesario pesimismo de la inteligencia o metodológico que puede impulsar la voluntad y la acción para no repetir los errores».

pedroj.ramirez@elmundo.es

España y Libertad afirma que “defender la Constitución ha llegado a ser misión peligrosísima”
Redacción Minuto Digital 6 Diciembre 2009

España y Libertad ha publicado un comunicado en relación a la celebración del Día de la Constitución en el que se afirma que en España “por asombroso que parezca, defender la Constitución ha llegado a ser misión peligrosísima”, recordando lo sucedido al general Mena hace unos años.

UNIDAD DE ESPAÑA
En el escrito también se afirma que en España “ha tenido lugar un fenómeno escandaloso y difícilmente tolerable en cualquier otro país: el Gobierno se ha permitido el lujo de frivolizar con algo tan importante como la estructura del Estado, la soberanía nacional y la propia unidad de la nación. Ante un hecho tan anormal, es preciso salvaguardar la unidad de España y la próspera convivencia que lleva implícita. Ante semejante actitud del Ejecutivo, sólo cabe exigir que se garantice la igualdad de todos los ciudadanos y la solidaridad entre las comunidades de España”

ESPAÑA E ISLAM
La organización liderada por Yolanda Morín afirma que “nos resultan especialmente incomprensibles los insultos que se lanzan a quienes expresamos nuestra oposición a la nada fantasiosa amenaza para las libertades y la democracia que implica el fundamentalismo islámico. No entendemos que formaciones que se dicen democráticas y que sueñan con un imposible multiculturalismo critiquen nuestras posturas cuando alertamos de esa amenaza. ¿Qué esperan de todos los españoles? ¿La complacencia? ¿La indiferencia? ¿Una suerte de ‘laissez faire, laissez passer’ ante un fenómeno que, antes o después, pasará factura a la convivencia y a las arcas del Estado? No; no se trata de racismo ni de xenofobia: la recuperación del mítico Al Andalus es un objetivo del islamismo militante, de la Yihad, y la reacción inmediata es denunciarlo”

INMIGRACIÓN
España y Libertad también recuerda en el Día de la Constitución que “ciertas políticas en materia de inmigración constituyen una ofensa a todos: a los ciudadanos españoles y a quienes son recibidos porque antes se les sedujo con la fantasiosa idea de que esta nación –una nación en crisis— es la tierra prometida donde cae el maná del cielo. Además, nos tememos –y no es una sospecha delirante— que detrás de la política inmigratoria del Gobierno socialista no haya más que la persecución inhumana y a cualquier precio del más sustancioso rédito electoral.”

ADAPTARSE A LA REALIDAD
Para finalizar, España y Libertad afirma que “en circunstancias tan dramáticas como las que atraviesa España, celebrar el Día de la Constitución no tiene nada de festivo; al contrario, es una jornada que revela la carencia de una auténtica voluntad de evitar lo peor, es decir, el quebrantamiento de la paz social”

“Queremos una España democrática, muy popular pero no en el sentido partidista, tan sensible a los problemas de los ciudadanos como inflexible frente a quienes pretenden hacer del oficio de tahúr una ciencia. Queremos una Constitución que garantice el trabajo, la justicia y una España unida y libre de imposiciones. Por eso brindamos hoy, a pesar de que amenace el desastre”, finaliza el comunicado

Once estupideces del editorial de los doce
Ignacio Marina Grimau Minuto Digital 6 Diciembre 2009

Son muchas las majaderías que expresa el reciente editorial de los doce bajo el título antropomórfico de ‘La dignidad de Catalunya’, digno de ser estudiado en las facultades de Periodismo como lo que nunca debe ser un editorial de tan pésimamente redactado como está y por ser expresión unívoca de una prensa pretendidamente plural. He aquí las principales:

1.- El recuerdo de la cita superferolítica de Zapatero según la cual el Tribunal Constitucional es el “corazón de la democracia”. Cierto, pero ay, corazón, corazón, corazón de melón con sal que desestimó en 1985 el recurso de inconstitucionalidad del grupo parlamentario popular sobre la Ley Orgánica del Poder Judicial para bendecir la total parlamentarización o completa politización del CGPJ promovida por el Gobierno de Felipe González. El “rojo y feminista” está muy agradecido, pues, al Tribunal que propició la aniquilación definitiva de la división de poderes de la España democrática al poco de que ésta despuntara. Todo un corazón infartado.

2.- La boba suposición inatribuible de que “hay quien vuelve a soñar con cirugías de hierro”. Pero ¿quién reivindica en este país a Joaquín Costa?

3.- La torpe advertencia de que “está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición”. La muy cursi expresión “dinámica constitucional”, ya que le siguen dos puntos, debería remitir al 28 de octubre de 1978, fecha en que veía la luz la redacción definitiva de la Constitución, aprobada tres días después por el Congreso y el Senado, y no al “espíritu de 1977”, pues la transición se hizo dentro de la legalidad franquista.

4.- La búsqueda conspiranoica de una influencia fantasmática en los jueces del Tribunal Constitucional, al decir: “[…] podría estar madurando una maniobra para transformar la sentencia sobre el Estatut en un verdadero cerrojazo institucional”. ¿Desde cuándo un editorial se fundamenta en suposiciones?

5.- La hipocresía de llamar “cerrojazo institucional” a lo que sería preservar a España de una grave crisis institucional.

6.- La atribución a la Carta Magna, como “virtud máxima, de un “carácter abierto e integrador”. No; ilustres juristas han señalado que, además de deliberadamente ambigua e ideológicamente contradictoria, la Constitución es inacaba e incompleta, no abierta. Y quien tiene una función integradora, además de ser árbitro y moderador de las instituciones, es el Rey, quien, como es sabido, reina pero no gobierna, posee autoridad –autoridad moral y, ¡cuánto mejor sin dejar de ser moral o reduplicando ésta!, militar, por supuesto–, pero no poder.

7.-La estúpida advertencia de que con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el ‘Estatut’ “están en juego los pactos profundos que han hecho posible los treinta años más virtuosos de la historia de España”. No se sabe a qué pactos ni a qué profundidad se refieren los autores, y si creen que las tres últimas décadas son las que más resplandecen en virtud de toda la historia de nuestra nación es, sin duda, porque han olvidado que hubo un tiempo en que España fue potencia mundial. Evidentemente, prefieren obliterar de su memoria que de esos seis virtuosos lustros más de la tercera parte fueron de corrupción desatada, socialista, por supuesto; que ésta afecta hoy a muy notables ex colaboradores del ‘molt honorable’ Jordi Pujol y que, para nuestra desgracia, sigue aumentando el paro.

Olvidan también los ágrafos y muy indignos redactores que la española es una sociedad donde la desconfianza de los ciudadanos hacia la casta política es cada vez mayor y que, en medio de la más triste de las anomias, tal actitud se da también cada vez más entre los individuos. Algo por cierto muy natural cuando éstos se ven abocados a esa situación lamentable resumida en la más pesimista de las definiciones antropológicas: la que recuerda que “el hombre es un lobo para el hombre”, siempre característica de tiempos de crisis y que, en el feliz caso español, reverdece a la sombra del sonriente optimista antropológico.

Por supuesto, hay que añadir que si tan virtuosos les parecen los últimos treinta años, no se sabe a cuento de qué tanto descontento hacia la Constitución que, entre otras cuestiones, reconoce a Cataluña su condición de nacionalidad (¡ah, qué desgraciada la introducción del término ‘nacionalidades’ en el artículo segundo de la Carta Magna, cuando, como ha señalado algún jurista, tal concepto no respondía a división administrativa ni a realidad geopolítica alguna! Y es que la aprobada en 1978 es, en algunos aspectos, una Constitución hecha con los pies).

Dejando a un lado tanta virtud, digna no ya de la investigación histórica sino de la exaltación hagiográfica, incluida aquella referida a Sant Jordi alanceando al dragón, no sin antes recordar que el más excelso de los pornógrafos –y el más aburrido, como todos los cultivadores del género– añadió al nombre de la inocente pero luego cachonda protagonista de una de sus más estimulantes novelas la disyuntiva “o los peligros de la virtud”, las que siguen son otras de las tonterías del editorial, aunque todo él sea una solemne pero peligrosísima bobada:

8.- “Y llegados a este punto [es decir, al de los pactos profundos y los treinta años de gloria] es imprescindible recordar uno de los principios vertebrales de nuestro sistema jurídico, de raíz romana: ‘Pacta sunt servanda’. Lo pactado obliga.” Cierto, certísimo que lo pactado obliga; lo que ocurre es que tal principio es propio del derecho civil –de manera específica el relacionado con los contratos– y del derecho internacional, es decir, a los pactos y convenios entre naciones y, que se sepa, aquí sólo hay una nación –muy quebrantada, sí, hasta el punto de rozar el Estado federal–, cuya unidad es indisoluble y que es “patria común e indivisible de todos los españoles”. Además, si ese pacto niega la norma superior de convivencia nacional –y la antiquísima realidad de España, anterior a todos los ordenamientos jurídicos habidos y por haber– es que tal pacto es aberrante, a pesar de haber sido sometido a un referéndum en el que, todo hay que decirlo, se abstuvo la mitad de los votantes llamados a consulta.

9.- “Hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad.” A lo que sólo cabe responder: hay preocupación en España y es preciso que Cataluña lo sepa. Hay algo más que preocupación: hay un persistente desasosiego por el hecho de que se vea quebrada la unidad de la nación, hay una extendida inquietud respecto a una posible crisis institucional y hay un hartazgo por el hecho de soportar un día sí y otro también las reivindicaciones megalómanas de los nacionalismos periféricos. En cuanto a esa percepción deformada de la identidad catalana como “defecto de fabricación” y a esa “soñada e imposible uniformidad” de España, hay que señalar que ningún español en su sano juicio cree las culturas vasca, catalana o gallega sean errores sino factores enriquecedores de una nación diversa que jamás ha aspirado a una uniformidad castradora que conturbaría su propia esencia. Decir lo que dice el editorial son ganas de posar de mártir.

10.- La analfabeta y escandalosa afirmación de que “la virtud jurídica por excelencia es la prudencia”. Pero, hombre, ¡qué barbaridad! Al parecer, los redactores del pésimo editorial nacionalista, a pesar de haber citado con anterioridad el principio de ‘pacta sunt servanda’, no ha leído jamás la clásica definición de la justicia dada por Ulpiano en su ‘Digesto’: “constans et perpetua voluntas ius suum quique tribuere”, esto es, “la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo”. ¿No les gusta el Derecho Romano? Pues que aprendan. La prudencia es la máxima virtud del gobernante, o sea, del político que llega al poder; pero a los redactores del editorial catalanista les traiciona el subconsciente y mezclan política y justicia. Es de esperar que la justicia frene las ambiciones de politiquillos y politicastros.

11.- La última estupidez es la que dice: “No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces”. Si no presuponen tal desenlace –que no sería “negativo” sino positiva afirmación de la justicia por parte del intérprete supremo de la norma suprema–, ¿para qué publican un editorial en doce periódicos? ¿Y por qué hacen juicios de valor dando a entender que los miembros del TC no serán probos si declaran inconstitucional el ‘Estatut’? En lo que no se puede confiar es en la probidad de quienes redactaron el editorial de marras y en los doce mamporreros del poder que lo han publicado. Desgraciadamente, en este caso, entre los doce no ha habido ni un solo traidor. Al nacionalismo catalán, claro, porque a la nación española todos la han traicionado sin escrúpulos.

El naufragio del Gobierno
GERMÁN YANKE ABC 6 Diciembre 2009

Zapatero ha perdido la capacidad, indudable en su primera legislatura, de colocarse sobre la ola o incluso delante y sortear con habilidad las dificultades. Incluso negando la crisis económica en contra de toda evidencia salió bien parado hasta que se fue viniendo abajo el castillo de naipes sin que se pudieran sostener en pie ni las cartas de menos importancia.

Si antes, para distraer a la opinión pública, hacía de prestidigitador y colocaba el debate en otro lugar, ahora los remedios se le convierten en problemas, incluso mal planteados, como el acuerdo parlamentario para suprimir los crucifijos de los centros escolares que el propio presidente tiene que decir después que no está en su agenda. Si a lo largo de años ha sabido granjearse el apoyo de sectores influyentes para compensar la pérdida de aliento en otros más amplios, ahora se vuelven estas operaciones en su contra: lo que tenía que ser un empeño por proteger la propiedad intelectual se convierte, lamentablemente planteado por la ministra de Cultura, en una rebelión de usuarios de internet. El presidente, entre agotado y desconcertado, tiene que volver a hacer de bombero prometiendo vagamente aclarar lo que haya que aclarar.

Los fuegos artificiales son ya causa de incendios colaterales. La debilidad del Gobierno se nota asimismo en la frecuencia con que deja de lado el papel del lehendakari López en el País Vasco, tan esforzado como importante, por mantener acuerdos con los que ganar un poco de tiempo. El fondo de las desgracias es la economía pero no puede olvidarse el funcionamiento de las instituciones, cuestión en la que es especialmente grave el Tribunal Constitucional y las posibles reacciones políticas a su sentencia sobre el Estatuto de Cataluña por parte de algunos de los socios del Gobierno, incluidos los socialistas catalanes. Frente a la crisis, ni se contiene la sangría del desempleo ni se vislumbra un cambio de tendencia -mucho menos una modificación del sistema productivo porque lo diga el BOE- para cuando, por fin, como si fuese un consuelo, se toque fondo. La vicepresidenta económica, contagiada del optimismo antropológico o de la retórica imperante, dice confiar en que los efectos de la Ley de Economía Sostenible reduzcan el nivel de crecimiento necesario para crear empleo. Suena a explicación tan forzada que, más que tranquilizar, aumenta el pavor.

El desastre y sus riesgos consecuentes pueden verse desde la oposición de dos maneras. Una de ellas, que responde a intereses electorales estratégicos, parece hacerse un lugar en algunos dirigentes del PP como si observaran el descalabro con una sonrisa. Un Gobierno a la deriva y un PSOE incapaz de crítica constructiva o apoyo sólido ante la opinión pública hace que, por primera vez en mucho tiempo, el PP esté no sólo por delante en los sondeos, sino como estimación directa de voto y como preferencia de los votantes más jóvenes. Se diría que basta con ponerse de perfil, subrayar los fallos, y esperar las próximas elecciones para conseguir lo que hace tan poco parecía imposible. Pero hay otra perspectiva, que es la de los ciudadanos, según la cual la gravedad de lo que ocurre exige soluciones alternativas o negociadas que las encuestas no satisfacen. El PP, además, no es sólo una parte de la oposición, una opción minoritaria. Es la única alternancia posible y su responsabilidad incluso, a la postre, la verdadera causa de su éxito electoral es ofrecer soluciones concretas y planes alternativos que generen certidumbre.

El bien público y la ameba soberana
Gustavo Morales Minuto Digital 6 Diciembre 2009

La política como expresión del bien público
El concepto de política está devaluado, lo recogen muchas expresiones del idioma, como la del mismo perro con distinto collar. Los políticos no son valorados positivamente por sus compatriotas. Ahí están las encuestas y el decir de la calle. Esto produce un alejamiento constante de la política de muchas personas que se vuelven a su entorno desentendiéndose del común, de la res publica. Sin embargo, la política es más que importante, es inevitable. Participemos o no sufriremos la acción del Gobierno al frente del Estado. Por ello, es necesaria una reivindicación de la política, de la participación en la definición de bien común y de su aplicación. “Si el problema fundamental de la sociedad es que las demandas son infinitas y los recursos limitados, la ciencia de las ciencias es la política y no la economía” 1. El Estado totalitario murió en el siglo XX, intentaba crear una sociedad nueva sin conflictos.

La política es una actividad humana porque es específica del homo sapiens. Personal porque responde a la persona, no al individuo, es decir, al hombre en relación con su entorno social del que no puede desligarse sino para caer en el racionalismo estéril o el mito de Robinson Crusoe. Quizás quien mejor comprenda esta diferencia es el Derecho, encargado de hacer normativa de las relaciones humanas. “El único habitante de una isla no es titular de ningún derecho ni sujeto de ninguna jurídica obligación. Su actividad sólo estará limitada por el alcance de sus propias fuerzas. Cuando más, si acaso, por el sentido moral de que disponga. Pero en cuanto al derecho, no es ni siquiera imaginable en situación así (…) La personalidad, pues, no se determina desde dentro, por ser agregado de células, sino desde fuera, por ser portador de relaciones.” 2 Es decir, “mi identidad, sin embargo, es algo tanto individual como social. Es individual porque es únicamente mía, pero en realidad está compuesta por una serie de reconocimientos mutuos con otras personas en un contexto social”. 3

La vida política es inevitable, un imperativo de la polis al que no podemos sustraernos porque es nuestro medio de desarrollo y convivencia. Libre porque la libertad legitima de forma más sólida el proceso de elección de gobierno y la crítica a su actuación.

La participación de todos y el gobierno de pocos están justificados en cuanto su objetivo es el bien común, de otro modo es oligarquía cuando menos.

Para santo Tomás el bien público es la finalidad última del Estado, el fin social. Es sabido que justifica el tiranicidio. Sin duda, ha sido a través de los caminos de Roma como se extendió el cristianismo en Europa. El humanismo cristiano y el Derecho romano sustentan el moderno Estado demócrata. El cristianismo difunde la idea de la igualdad ante Dios, de la libertad para elegir entre el bien y el mal, de la fraternidad entre prójimos.

La Iglesia perdió poder temporal pero una idea cristiana tomó su relevo: el libre albedrío, justificado en la relación directa con el Creador, sin intermediarios: “Sólo a través de mi se llega al Padre”. Democracia y filosofía son dos fenómenos que no se producen en territorios con otras religiones mayoritarias. La idea es de Gustavo Bueno.

El Estado egoísta
Tras la edad de las catedrales, cuando los hombres escribían en piedra dice Víctor Hugo, llegó la de los comerciantes cuyos intereses afianzaron la presencia de Europa en ultramar. El Renacimiento fue un puente para el homocentrismo. Una nueva ideología, el liberalismo, se expande en el siglo XIX, combate en el XX y entra victoriosa en el siglo XXI. La nueva hegemonía proclama el dogma del egoísmo individual, antaño el pecado de avaricia, al que transmutan de vicio privado en virtud pública. Con la caída de la Unión Soviética y hasta la extensión del integrismo islámico las instituciones del liberalismo celebraban el fin de la Historia.

“Nace el Estado liberal cuando triunfaba en Europa la cultura . Una Constitución es ante todo un producto racional, que se nutre de ese peculiar optimismo que caracteriza a todo racionalista: el estar seguro de la eficacia y el dominio sobre toda realidad posible, de los productos de su mente”4. Es una muestra más de la soberbia racionalista. Desde la Revolución Francesa el hombre al nacer se supone realiza un presunto contrato social para aceptar los límites a su libertad a cambio de las ventajas del Estado. Las constituciones liberales son la expresión escrita del contrato social.

Esta idea falla en tanto no es la suma de los egoísmos individuales la que construye el bien público. El trabajador es libre de no aceptar las condiciones laborales. El emigrante es libre de quedarse en su país. El tendero es libre de no fiarles comida. La entidad financiera es libre de invertir y prestar a quien quiera. Pero el ejercicio de esas libertades tiene consecuencias: paro, miseria, carestía y fuga de capitales. El liberalismo ondea la bandera de la libertad para ocultar los intereses más egoístas, las apetencias más mezquinas. El nuevo marco mundial tras la derrota del fascismo en Europa hizo prioritario para el liberalismo dirigir la voluntad de los trabajadores-consumidores-votantes desde la segunda mitad del siglo XX, como venía haciéndose desde finales del siglo XIX en Estados Unidos. Los intervencionistas norteamericanos desde el presidente Wilson defendían la idea de evangelizar el mundo con un sistema político tan justo y perfecto como el suyo. Para eso crearon Naciones Unidas. El bien público lo define desde entonces, en cada momento, la opinión pública, a la postre, la opinión publicada.

Un hecho, una crítica y casi una alternativa:
El sistema liberal no redistribuye. Quinientas personas del mundo tienen más dinero que 400 millones de occidentales. Sin incluir a 400 millones de indios con menos de medio dólar diario, tantos africanos, más asiáticos y algo menos de hispanos.

Las mayorías no deciden sobre la verdad y la mentira ni pueden cambiar el bien por el mal con leyes y comisiones. La democracia no es la exigencia de que todos comulguemos con las mismas ruedas de molino. “De ninguna manera debemos aceptar que para ser un buen demócrata haya que ser relativista en lo religioso y en lo moral”5. Las creencias no están a merced de los votos. El Gobierno no puede pedir a las entidades sociales que se circunscriban al ámbito de lo privado cuando sus leyes son ofensivas para una parte importante de la población.

Utopía: El bien común facilita a cada persona su búsqueda de la felicidad en un ambiente tolerable al promocionar el bien y proscribir el mal. Un Estado administra ese bien público, da servicio a todos, de forma más acusada a quienes más lo necesitan.

En cambio, la vida parlamentaria con sus servidumbres en listas cerradas y disciplina de voto, teje continuos ataques de facción, alianzas postelectorales y el endiosamiento de la ley cada vez más ajena a la justicia. Los diputados están al servicio de parte. No reciben más los necesitados sino quienes disponen de fuerza parlamentaria para pactar, poderosos a la postre. La ley de este Estado defiende menos a los más de los comunes que a los menos comunes. Cede ante la razón de la fuerza de secesionistas interiores y reductores exteriores. Los votos se sientan con las pistolas en la mesa de negociaciones. Olvidan que el Estado de Derecho es respetable cuando esa ley expresa la justicia, no cuando la ofende. “La violencia y el terror necesarios para conseguir la unanimidad no son más humanos cuando se aplican en nombre de la democracia que cuando el objetivo es la pureza racial o la igualdad económica”6.

Persona
La persona trasciende al individuo aislado cuando se encarna en la humanidad y dentro de una cultura con la que no hay contrato social previo sino armonía o conflicto. Es obvio que nadie elige nacer en un entorno concreto, no se negocia. Sí en cambio es posible una participación personal en el gobierno del común. En palabras de Maurras, “la sociedad es, pues, un «agregado natural», que se rige por las leyes de jerarquía, selección, continuidad y herencia. Su desarrollo consiste en la elevación del grado de sociabilidad desde la familia hasta la nación”7. En cada uno de esos segmentos, de vida y tarea, participa la persona. Es la vertebración que Ortega añoraba en España. El Derecho que ya vimos regula esas relaciones humanas, no es inocuo. Se construye para alcanzar objetivos. “El Derecho es, ante todo, un modo de querer, es decir, una disciplina de medios en relación a fines, ya que todo ingrediente psicológico de la voluntad es ajeno al concepto lógico del Derecho (…) Sus normas, además, se imponen a la conducta humana con la aquiscencia o contra la aquiscencia de los sujetos a quienes se refieren; es decir: que el Derecho es autárquico” 8.

Decimos que la aceptación de la relación entre persona y sociedad marca la integración en la Historia humana. La rebelión contra esa relación con éxito hace la Historia. Son revoluciones que aceleran un proceso incluso cuando fracasan, como le ocurrió al comunismo que impuso un supuesto bien público en nombre de una sola clase internacional.

En resumen, la vida política es ineludible como seres humanos, en ella estamos cuando menos de financieros vía impuestos y receptores de la acción del Estado, distributiva y represiva. La vida política debe mantener como polar un imperativo moral, tanto para representantes como representados, a favor del bien público alejando banderías. Los gobiernos que reciben la confianza política de la mayoría deben administrar y distribuir conforme al interés común de la nación, no de una parte u otra de ella geográfica o sectorial.

Minorías combativas han conseguido mediante una acción continuada la conquista de parcelas de poder político y mediático muy superiores a su proporción en la población. La ley de matrimonios del mismo género, la ley del aborto, las leyes de protección de los políticos, etc. no responden a exigencias de la sociedad, a un clamor popular expresado en acciones multitudinarias, sino a la acción decidida de minorías activas en una sociedad inerte y desarmada ideológicamente. Cuantos anteponen el bien común a la ventaja de la facción, tienen que desarrollar una acción sin apocarse ante el guirigay de los medios de comunicación de costumbre. Se produce lo que Joaquín Estefanía califica de “efecto Queipo de Llano”, los partidarios de las ideas predominantes al expresarse con fuerza y seguridad desde los medios de masas producen la sensación de ser abrumadoramente mayoritarios frente a las personas que apenas se atreven a expresarse públicamente y que transmiten la sensación de representar opiniones menos valiosas y extendidas. Se sienten minoritarios y evitan expresiones públicas por temor a la marginación social. Es sabido que la libertad de prensa “se convierte en privilegio (…) ya que su ejercicio queda reservado a quienes cuentan con los cuantiosos medios materiales que se necesitan para disponer de uno de esos medios de comunicación”9. La influencia de esos medios genera público fiel para vender a los anunciantes y a los gobernantes y/o aspirantes a serlo. Alexis de Tocqueville habla del despotismo democrático: “Ausencia de gradaciones en la sociedad (…) un pueblo compuesto de individuos muy semejantes (…) esa masa informe que es reconocida como el único soberano legítimo ha sido cuidadosamente despojada de toda facultad que pueda permitirle dirigir, o por lo menos supervisar, el gobierno.”10 Es la ameba soberana.

A los rebeldes, la defensa de su identidad requiere saber que “la transformación social que propugnamos busca precisamente la organización y la solidaridad de los españoles.”11 Ese es el bien público. Tenemos derecho a nuestras creencias y a movilizarnos por ellas.


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La Constitución, bajo la espada de Damocles del 'Estatut'
EDITORIAL El Mundo 6 Diciembre 2009

TRAS LA CELEBRACIÓN popular organizada por José Bono el pasado viernes con motivo del XXXI Aniversario de la Constitución, hoy tiene lugar en el Congreso el tradicional acto institucional que este año cuenta con una novedad de gran trascendencia, ya que por primera vez desde 1978 asistirá un lehendakari, el socialista Patxi López. Se trata de un gesto más de la normalidad política que está siendo recuperada en el País Vasco merced al pacto de gobierno suscrito por el PSOE y el PP. Sin embargo, frente a este motivo de celebración, sigue pendiendo sobre la Carta Magna la misma espada de Damocles que hace tres años: la esperada sentencia del Tribunal Constitucional que tendrá que establecer si el Estatuto de Cataluña desborda o no el marco constitucional.

La cuestión no es algo que afecte sólo a la norma catalana. Del fallo del Tribunal depende la propia subsistencia del actual régimen constitucional que los españoles aprobamos en 1978. Porque, en definitiva, lo que el Alto Tribunal tiene que establecer es si en España hay dos Naciones y dos sujetos de soberanía; si en Cataluña la lengua oficial es el catalán, quedando el español como idioma secundario; si las relaciones con el Estado son en régimen de bilateralidad, como si se tratase de dos entes homólogos; si hay una Justicia catalana, separada de la española; si hay cuerpos de enseñantes diferentes del resto de los nacionales y si las competencias que se reconocen en el Estatut son intocables. En definitiva, la sentencia del TC tiene que establecer si la Constitución seguirá vigente en Cataluña, o ya no regirá más que para algunas cosas, a la espera de alcanzarse la soberanía nacional.

Nuestra Constitución, a pesar de que no definía de forma nítida el modelo de Estado, puso las bases para que -mal que bien- funcionase el Estado de las Autonomías, y así fue hasta el año 2005, cuando el Parlamento catalán aprobó un nuevo Estatuto que rompía con ese modelo. El Rey ha dicho que el mayor valor de nuestra Constitución radica en el consenso con el que se hizo y con el que debería reformarse. Pues bien, la aprobación por las Cortes del Estatut ha significado de hecho una grave mutación constitucional, realizada por la puerta falsa de la reforma estatutaria e imponiéndola a la mitad de España, que no la aprobó, al votar el PP en contra de esa norma que después recurrió.

La Constitución, por supuesto, ha rendido un gran servicio al país para nuestra convivencia, y con ciertos retoques en algunos puntos concretos podría seguir siendo una magnífica Norma Fundamental. Pero mientras no se aclare el modelo de Estado, mediante un pacto de los grandes partidos, estaremos pendientes de que un Tribunal Constitucional muy diezmado y presionado nos señale si la Constitución sigue vigente en su plenitud o no. Si el Tribunal Constitucional no declarase inconstitucionales las líneas maestras del Estatut, la Constitución de 1978 dejaría de ser la primera norma de toda España. Pasaríamos del Estado de las Autonomías a las Autonomías sin Estado, ya que éste se quedaría tan hueco como una nuez vacía.

En estas circunstancias, la espada de Damocles que supone el Estatut pende de un hilo finísimo, que es la dignidad intelectual de un puñado de magistrados del Alto Tribunal, que tienen que decidir en medio de un ambiente exterior sumamente favorable a un fallo que no rebaje el contenido soberanista del texto recurrido. Por una parte, el Gobierno, que defiende la constitucionalidad del Estatut; por otra, el PP, cuyos máximos dirigentes aseguran que acatarán la sentencia, aunque sin referirse al fondo del asunto, ya que están deseando pactar con CiU después de las elecciones. Ello, sumado a las insistentes presiones del tripartito, de 12 periódicos de Cataluña y de todos los que han suscrito el polémico editorial. Si bien la opinión de los catalanes dista de ser uniforme, ya que 200 abogados de Barcelona han protestado contra su decano por suscribir el artículo de opinión. Aunque todo conduce a los magistrados a una sentencia complaciente con los poderes públicos, estos hombres han de actuar en conciencia para que la espada de Damocles no caiga haciendo añicos la Carta Magna.

El equilibrio constitucional del diseño autonómico
Xosé Luis Meilán La Voz 6 Diciembre 2009

El editorial común de periódicos catalanes en prevención de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut constituye un síntoma de hasta qué punto se ha deteriorado el difícil equilibrio logrado en la Constitución. De ello puedo dar fe porque intervine directamente en los preceptos fundamentales sobre la configuración del Estado de las autonomías. Por eso me preocupa que se desvirtúe el consenso constituyente sobre un problema ante el cual las posiciones de los partidos eran muy divergentes.

La cuestión catalana, relevante en la Constitución de 1931, encauzada en la de 1978 con el asentimiento al término nacionalidades por el grupo nacionalista catalán que en las reuniones en diferentes despachos profesionales como el mío representaba al vasco, ha sido tratada de un modo irresponsable.

La tensión latente ha tomado cuerpo y se ha agudizado hasta la radicalización bajo el mandato de Rodríguez Zapatero. Resulta innecesario recordar la ligereza de su compromiso en aceptar el proyecto de Estatuto catalán que aprobase el Parlamento autonómico. Es innecesario insistir en que esa decisión se adoptó al servicio del interés por mantenerse en la Moncloa, arropada en un revisionismo del pacto constituyente.

La lectura del editorial ofrece indicios razonables para no descartar que haya sido una pieza más en la estrategia elaborada para mantener el vivero de votos en Cataluña.

Apoya esa convicción la mención al Partido Popular como causante de que pueda menoscabarse la dignidad de Cataluña si la sentencia modifica el Estatuto. Es cierto que la recogida de firmas impulsada por el PP en la pasada legislatura no es el mejor respaldo para justificar la pureza patriótica del recurso. Pero el enfrentamiento, tal como se presenta, de una parte los ciudadanos de Cataluña que votaron el Estatuto en referendo y las Cortes generales que lo aprobaron y, de otra, el Tribunal Constitucional, tiene como responsable al presidente del Gobierno. Una situación inédita, se dice ­-y añadiría: peligrosa-, porque se excita los sentimientos de un pueblo con apelaciones a su dignidad, identidad o soberanía, amenazados por la actitud irreductible de unos miembros del Tribunal Constitucional

Era fácil prever el actual conflicto, ya que el proyecto del Parlamento catalán había sido modificado en las Cortes Generales con la anuencia de Rodríguez Zapatero. Hubiera bastado que el presidente del Gobierno hubiese hecho caso a la sugerencia del Consejo de Estado, del que formé parte, para que pudiera interponerse el recurso antes de que se sometiese a referendo un estatuto, como ahora empiezan a considerar parlamentarios socialistas.

No se ha querido evitar el conflicto. Se procura incluso sacarle un rédito. Se asedia la independencia del tribunal a las claras y en la sombra del poder para que un magistrado se pliegue al interés de quién lo nombró. El prestigio del garante de la Constitución se desmorona y el equilibrio constitucional del diseño autonómico se tambalea

Educación en gallego en Argentina
La Xunta financia un colegio en Buenos Aires que imparte materias en la lengua propia de Galicia
En Argentina no hay ningún decreto que regule la enseñanza del gallego en las aulas, pero a los alumnos del Santiago Apóstol de Buenos Aires no les hace falta. Cuando terminan la educación obligatoria lo hacen hablando un gallego normativo perfecto. En este centro, financiado por el Gobierno de la Xunta, son tres las materias que se imparten en este idioma. La primera promoción de jóvenes argentinos instruidos en gallego ya está en la calle y el presidente autonómico, Alberto Núñez Feijóo, celebró ayer con ellos su ceremonia de promoción. Para Feijóo son un ejemplo de "multilingüismo frente a una educación del siglo pasado"
PAULA PÉREZ | BUENOS AIRES La Opinión 6 Diciembre 2009

Hablan gallego normativo con acento argentino y la mayoría ni siquiera ha pisado Galicia en su vida. Constituyen la primera promoción de alumnos del colegio Santiago Apóstol de Buenos Aires, un centro, financiado por el Gobierno autonómico de la Xunta, donde se compaginan asignaturas impartidas en castellano con la enseñanza de hasta tres materias en lengua gallega.

A este centro no llega el conflicto lingüístico que se ha colado en las aulas de la comunidad autónoma y ninguno de estos alumnos argentinos se plantea si es idóneo o no estudiar en gallego, ni siquiera Gabriela Kin, una coreana que se expresa en el idioma de Castelao con la misma soltura que discute con su madre en la lengua de sus ancestros.

Esta joven es uno de los 18 estudiantes que ayer recibieron su diploma tras completar sus estudios secundarios en el colegio Santiago Apóstol de Buenos Aires, un centro donde estudian sobre todo descendientes de emigrantes. Ésta fue, por lo tanto, una parada obligada para el presidente, Alberto Núñez Feijóo, en su gira por Suramérica, donde se mostró orgulloso de que la Xunta financie un centro que permite a sus estudiantes aprender gallego. Pero, en Galicia, la discusión está en si son demasiadas las asignaturas que se imparten en lengua autóctona y se ultima un nuevo decreto en busca de una fórmula "equilibrada" entre el gallego y el castellano.

Para el presidente Alberto Núñez Feijóo, el colegio Santiago Apóstol es ejemplo de ese bilingüismo armónico que propugna. De hecho, recordó que cuando se firmó el convenio para abrir este colegio se hizo bajo la premisa de impartir "una educación bicultural modélica". "Estos jóvenes son ejemplo de que se puede conocer la lengua gallega sin renunciar al castellano o al inglés", defendió. "Este multilingüismo nos reafirma en que no podemos darle a los ciudadanos una educación del siglo pasado", añadió el jefe del Ejecutivo autónomo

Para el presidente del Gobierno gallego llegar a Buenos Aires y encontrarse con 18 jóvenes descendientes de emigrantes hablando en gallego es "un milagro". "El milagro de la galleguidad", enfatizó. Los estudiantes del Santiago Apóstol, sin embargo, se lo toman con más naturalidad. Hacen gala de su labia argentina pero usando palabras gallegas. "Estou aquí dende fai 11 anos. Agora teño que empezar a preparar a miña nova vida", comenta Xoán, que aunque sólo tiene 18 años, habla con el aplomo propio de una persona de más edad. Aunque nieto de gallegos lleva la huella argentina en su carácter y se nota en el entusiasmo con el que habla de la lengua gallega. "É espectacular. É un privilexio poder estudiala", dijo.

Son tres las asignaturas que se imparten en elidioma propio de Galicia: una de ellas es Geografía e Historia de Galicia, la otra Lengua y finalmente Literatura. Los jóvenes de este centro acudieron, de hecho, a un certamen internacional de teatro, con una obra original de Álvaro Cunqueiro.

Muchos de los alumnos del colegio Santiago Apóstol nunca hablaron la lengua de sus progenitores hasta que llegaron a este colegio a pesar de que sus abuelos o bisabuelos eran originarios de Galicia.

Otras como la coreana Gabriela Kin hasta desconocía la existencia de este idioma. "Yo pensé que no existía el gallego y después vi que sí, y me resultó muy interesante", explica.

Cuando terminó sus estudios de Primaria, Gabriela no encontraba un colegio donde continuar Secundaria. "Al final, encontré éste, me gustó y me matriculé. Con lo de las clases en gallego, al principio estaba nerviosa, pero luego vi que no era difícil", confesó.

Para Núñez Feijóo ayer fue un día dedicado a los jóvenes. A pesar de que en los actos de la emigración acostumbran a tener más presencia los mayores, el presidente de la Xunta quiso demostrar ayer que "la galleguidad no es una reliquia que se adore sin utilizarla". Después de la entrega de diplomas a los estudiantes el presidente clausuró un congreso de descendientes de gallegos de Argentina e Uruguay, a quienes instó a no asociar Galicia al pasado.

Una fotografía con varios oficiales de la Guardia Civil y el Ejército fue hallada en la última operación
Las juventudes proetarras de Segi se financian con apuestas deportivas
La documentación que se ha incautado en la operación contra Segi permitirá nuevas detenciones y registros.
J. M. Zuloaga La Razón 6 Diciembre 2009

MADRID- Segi utiliza las apuestas de los partidos de pelota vasca y los de fútbol como una de las vías de financiación, según reveló a la Policía uno de los detenidos en la operación que, dirigida por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska, se ha desarrollado contra la organización juvenil de ETA.

Las ventas de camisetas, llaveros, bonos, etcétera, eran fórmulas ya conocidas, a las que hay que añadir ahora la de las apuestas, que tanto dinero mueven dentro del mundo del deporte.

En uno de los registros efectuados por la Policía fue encontrada la portada de la revista de la Asociación Nacional de Guardias Civiles Marqués de las Amarillas, correspondiente al mes de octubre de 2008. Cinco oficiales de la Benemérita y un teniente coronel aparecen en un acto celebrado en una iglesia de Laredo (Cantabria) tras haber recogido unos diplomas.

Los arrestados en la citada operación explicaron el sistema de formación que siguen los que quieren entrar en Segi. Consiste en unas charlas en las que les explican «la evolución del movimiento juvenil, desde la desmilitarización e insumisión de los años 80, hasta la formación de Jarrai, su historia, la creación de Haika y después el nacimiento de Segi». Asimismo, se explican las campañas de protesta que se van a desarrollar, en especial contra el Tren de Alta Velocidad.

Por lo que respecta a la seguridad, se les indica que «no deben hablar de asuntos de Segi delante de personas que no estén vinculadas al grupo; queda prohibido acudir a las reuniones portando el teléfono móvil; deben destruir todo aquel documento que haga alusión a las sesiones de Segi cuando se finaliza la reunión; y fijar en la misma la fecha de la siguiente convocatoria para evitar el teléfono o internet».

Consecuencias operativas
Los debates que en la opinión pública se han suscitado sobre el empleo del sistema Sitel y, en general, sobre una supuesta generalización de las escuchas telefónicas y el seguimiento de las personas gracias al uso del móvil han servido, entre otras cosas, para alertar a las organizaciones del entramado proetarra que adoptan todo tipo de medias con el fin de dificultar la acción de las Fuerzas de Seguridad.

La operación contra Segi permitió la detención del «artista» que confeccionaba los carteles de la organización que se utilizaban para publicitar protestas o realizar convocatorias.

Se trata de un estudiante de arquitectura al que, al principio, le hacían los encargos en un bar (confeccionó el cartel para el treinta aniversario de Jarrai) aunque, con posterioridad, recibía las instrucciones a través de una cuenta de correo electrónico –«porrupatatak»– y enviaba los carteles ya confeccionados a otra cuenta –«pegata90»–, desde donde eran remitidos a la imprenta, en Francia. Este individuo no trabajaba gratis y, hasta su arresto, había percibido dos entregas de dinero, de 460 y 500 euros.

En los registros se han encontrado centenares de documentos, algunos con instrucciones para realizar sabotajes y otros actos delictivos, como el que se reproduce en estas mismas páginas, que están siendo analizados por los expertos de las Fuerzas de Seguridad.

Los titulares y contenido son un exponente de la ideología y trasfondo violento de los militantes de Segi: «Por encima de los juicios, joven y rebelde»; y «somos porque fueron, porque somos, serán, la lucha es el único camino».

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