AGLI

Recortes de Prensa    Miércoles 23 Diciembre  2009

 

Zapatero
Maldad
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Diciembre 2009

Los rostros de los políticos españoles son cada vez más feos. Producen pavor. En privado, no se salva ninguno, son feos y estúpidos con avaricia; y en el ámbito público resultan odiosos por su miserable hipocresía. El político es falso e inauténtico. Acaso por eso los españoles temen a sus políticos más que a un nublado. Decir gobernante es decir pillastre. Decir socialista o popular es decir lo mismo. Siempre dan asco y, a veces, miedo, pero siempre aprendemos de sus torvas miradas. Las risas fingidas y las muecas absurdas dominan sus abotargadas caras. Parece que sólo piensan en comer, comer y comer. Pillar y pillar a cualquier hora del día es bueno para esta gente.

Y, sobre todo, los políticos españoles sólo quieren descansar, descansar y descansar. No hacen nada, pero sólo piensan en sestear. Ahora, se van de vacaciones y ya no vuelven hasta febrero. Por mí, naturalmente, pueden quedarse en sus puñeteras casas toda la vida. Eso mismo piensa la mayoría de los españoles. Los políticos son, según una encuesta reciente, el cuarto o tercer problema para los españoles. Se equivocan mis conciudadanos. Los políticos españoles son el primer problema de España. Tienen secuestrada la democracia. Y, sin duda alguna, el primero de los secuestradores se llama Rodríguez Zapatero.

A pesar de todo, dicen que el presidente del Gobierno quiere largarse. Soy escéptico. Pero me entretengo leyendo entre líneas las crónicas políticas sobre una posible retirada de Zapatero del cartel electoral del PSOE. La conjetura no es descabellada. La mayoría de los cronistas ponderan tres asuntos para pronosticar este abandono: primero, dejaría paso a otro compañero, o mejor compañera, de partido ante los resultados de las encuestas, es decir, una exagerada ventaja del PP en los sondeos electorales acentuaría sus miedos y dejaría a otro su puesto; en segundo lugar, Zapatero estaría sufriendo un desgaste psicológico, cercano a la depresión, que le impediría seguir asumiendo su trabajo de destrucción de España como una labor meritoria; y, en tercer lugar, se largaría a su casa, porque ya no sería capaz de soportar la crítica más repetida en estos años: desde la muerte de Fernando VII, repiten sus críticos, Zapatero es el político más nefasto que ha soportado España.

Es curioso que nadie hable de un posible abandono de Zapatero por un prurito democrático. Ningún cronista contempla su abandono como un ejercicio de autolimitación democrática, a saber, dos legislaturas serían más que suficientes para probar la bondad de su designio político y, de paso, para que nadie abuse del poder. La lección democrática de Aznar, que no se presentó a un tercer mandato por higiene política, no ha sido contemplada al hablar de una hipotética salida de Zapatero. He ahí el principal argumento para mantener que no estamos ante un político normal, centrado en resolver los problemas de su país y preocupado por entregar a quien le suceda una nación más grande que la recibida.

Eso a Zapatero no le preocupa absolutamente nada; más aún, desconoce el valor de la palabra Nación. Tampoco le ha importado lo más mínimo el Estado. Jamás se le ha ido la cabeza por cuestiones de Estado. Al contrario, ha utilizado, o mejor, ha destejido todos los grandes vínculos del Estado-nacional para justificar su poder. Y, sin duda alguna, lo ha conseguido con cierto éxito. Por lo tanto, no va a dejar ahora de disfrutar de su obra. Si se va, cosa que dudo, sólo lo hará porque las encuestas le metan el miedo en el cuerpo... ¿Huirá por cobardía? ¿Conseguirá prevalecer ese motivo sobre la facilidad con que le gana al sosegado Rajoy?

Lo peor, lo mismo
GABRIEL ALBIAC ABC 23 Diciembre 2009

HERMANN Rauschning transcribió en 1939 esta personal confidencia de Hitler: «Siempre les digo a los míos que disfruten y se enriquezcan... Haced lo que queráis, pero no os dejéis pillar». Lo llama la corrupción dirigida. «A falta de una revolución», Hitler garantizaba la «vía libre al saqueo». Recordé esas palabras en los años en que los gobiernos de Felipe González diseñaron la más fantástica trama de robo y corrupción que, hasta entonces, habíamos conocido. La conjunción Gal+Filesa acabó mal. Puede que esto a lo cual ahora asistimos logre lo que se le fue de las manos al dicharachero caudillo sevillano: la consolidación de un Régimen sin alternativas.

Acaba ahora el año más aciago de cuantos he vivido en democracia. Aciago en lo económico: lo que parecía imposible se ha consumado; la España en expansión del 2004 ha quedado en cenizas; en un vértigo sin transiciones, hemos pasado a tener un pie en la bancarrota; la ruina es tangible en todos los bolsillos; con la única excepción de los políticos; el bolsillo de éstos jamás mengua. Aciago en lo político: piratas que se desternillan ante el veto de usar las armas que pesa sobre el Ejército español; sultán marroquí que aprendió de su padre cómo se debe tratar a ciertos medrosos gobernantes españoles; Al-Qaeda del Magreb, que algo habrá leído acerca de cómo sus colegas en Madrid lograron derribar un Gobierno; referéndums ilegales, convocados por alcaldes que en cualquier país europeo hubieran acabado con sus promotores en humillante presidio... Aciago en lo moral, también: ¿qué sociedad podría mantener su integridad anímica ante la áspera certeza de ser robada y burlada por aquellos que se dan nombre de representantes suyos? Todos aquí han perdido la más ínfima fe en la política, todos saben que el oficio de político es monopolio de una casta sin más criterio que el de sus muy privados intereses, y que nadie va a pagar penalmente por el destrozo realizado.

El enigma es que, en lo más hondo ya de esta podredumbre, ni un estallido de cólera explícita rompa el sosiego de la casta. Nada se desmorona. Muy al contrario: nunca, desde la transición, un Gobierno se ha sabido tan impune; nunca, desde la transición, la resignación y el sálvese quien pueda han corroído tan hondo cualquier residuo de conciencia pública o privada. Es la más dura confirmación de que un Gobierno no precisa inteligencia para consolidarse; sólo una perfecta ausencia de escrúpulos.

Sobre dos puntales se alza hoy la fortaleza del nuevo Régimen: espectáculo y brigadas de choque. Nada que no hayan conocido bien los totalitarismos de entreguerras. Salvo la extraordinaria peculiaridad de que eso funcione tan bien en democracia. Quienes nos hemos reído de la fauna analfabeta de actores y cantautores con ceja subvencionada, no habíamos entendido nada. Confesémoslo: en el tiempo de los televisores, es más eficaz un descerebrado guapo que el mismísimo Einstein redivivo. Hoy, ese club de la SGAE tiene su Ministerio, al frente del cual una tal Sinde. Y Ministerio tienen las brigadas de choque: se llaman sindicatos, porque de alguna manera hay que llamarlas; pero si a cualquiera de los hombres admirables que en el siglo XIX dieron sus vidas por la autoorganización obrera los pusieran delante de esos tipos que viven del erario público y halagan consecuentemente a quien les paga, no sé si lograría vencer su tentación de retorcerles el pescuezo. Tampoco es nuevo ese Ministerio de control obrero: todos los totalitarismos lo tuvieron.
Acaba el año, sí. El más aciago. Lo que viene tiene toda la pinta de que irá a peor. Es decir, a lo mismo.

Un Gobierno irresponsable
José María Rotellar www.gaceta.es 23 Diciembre 2009

El Ejecutivo de Zapatero es uno de los más incompetentes de la Historia de España.


El Gobierno de Zapatero, uno de los más incompetentes de la Historia de España, se desliza ahora por el tobogán de la irresponsabilidad.Su primera irresponsabilidad data de los prósperos años 2004 a 2007. La construcción desaceleraba y el empleo languidecía, pero no acometió ninguna reforma que preparase mejor a la economía para mitigar una eventual crisis.

La segunda irresponsabilidad se produce el 22-8-2007, cuando declara a El País que “España está a salvo de la crisis financiera”. Después, la utilizaría para tapar su mala gestión.

La tercera irresponsabilidad llegó en la campaña electoral de 2008, cuando Solbes le dijo a Pizarro que exageraba y que era un alarmista. Solbes y Zapatero obviaban los problemas que ya señalaba el propio Ministerio de Economía en su síntesis de indicadores económicos. Prometieron pleno empleo y trajeron paro masivo.

La cuarta irresponsabilidad resume el eje pernicioso de toda la política económica de Zapatero: la incoherencia y el gasto público desmedido. Introdujo la deducción de los 400 euros sin criterio y en pocos meses se gastó 6.000 millones de euros en dicha medida y desequilibró las cuentas públicas en seis puntos del PIB.

Y la quinta irresponsabilidad es seguir sin reconocer la gravedad de la situación e incrementar el endeudamiento, cuando habría que reducirlo, a la vista de la tormenta que puede desatar la deuda griega. Nada de austeridad en el gasto. Sólo la Comunidad de Madrid, que preside Esperanza Aguirre, ha presentado un presupuesto equilibrado para 2010. La única. El resto de regiones superan el umbral del 2% de déficit –Cataluña llega al 3,25%– y el Estado camina hacia los dos dígitos mientras empobrece a la Seguridad Social. España necesita un Gobierno reformista, y lo necesita urgentemente, porque el de Zapatero nos lleva a una situación muy vulnerable.

J. M. Rotellar es profesor de Teoría Económica de la Autónoma de Madrid.

Odón Elorza
De la Iglesia vasca
José García Domínguez Libertad Digital

Diríase que la fe del prelado Munilla obedece al más ortodoxo catolicismo hispano, según acaba de denunciar con hastío indisimulado el prestigioso teólogo donostiarra Onán Elorza. Una herejía, al parecer, nunca vista por esas parroquias: el insólito caso del cura que en lugar de rendir culto al dios de la tribu, adora al del Cielo. En fin, ya lo advirtió aquel filósofo anónimo del pueblo: "Hay gente pa to".

Demasiado cobarde para luchar y demasiado gordo para salir corriendo, ese Elorza, el Sancho Panza del Cantábrico que regenta su ínsula Barataria en Donosti, encarna un tipo de zascandil paradójico muy del país: el castizo que no cree en Dios, pero sí en los curas. La suya, pues, es una escatología que empieza y acaba en el fru-fru de las sotanas, que diría Alfonso Guerra. De ahí que le haya faltado tiempo con tal de sumarse a los ayatolás del PNV que exigen explicaciones al Vaticano por lo de Munilla. ¿Quién se debe creer que es el Papa de Roma para poner obispos en la provincia de Guipúzcoa?, barrunta nuestro Voltaire de brasero y sacristía.

Y es que Onán resulta ser un consumado maestro en el difícil arte de estar en misa y repicando, empeño que sólo los muy miserables llegan a consumar con pericia equiparable a la suya. Por algo Elorza, a imagen y semejanza del emérito Setién, ha sabido mantener una exquisita equidistancia moral entre las pistolas y las nucas. Así, como el ilustre tonsurado, primero paseó bajo palio a los matarifes de Batasuna. Y ahora ansía que Benedicto XVI suscriba un concordato con Erkoreka para que a los obispos los consagre Arzallus tomando chiquitos en los batzokis de Bilbao.

"Como se hieren y matan hombres por el servicio de la patria, puédese en sociedad católicamente organizada ajusticiar hombres por infracción del Código divino", garrapateó mosén Sardá y Salvany en El liberalismo es pecado, aquel best-seller de la carcundia carpetovetónica de finales del XIX. La misma que poco después pondría una vela a Cristo y otra a Sabino Arana para predicar "la santa virtud del odio" –Salvany dixit– a los hijos del terruño. Así el espectro del cura Santa Cruz y su nueva partida, la de los cruzados de Uriarte. Pobres diablos.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Los políticos como problema
Germán Yanke Estrella Digital 23 Diciembre 2009

El último Barómetro del CIS revela, confirmando otras encuestas recientes, que el paro en concreto y la situación económica en general son las dos grandísimas preocupaciones de los españoles en este momento. No podía ser de otro modo ya que, en cada familia y en cada empresa, golpean a diario los problemas económicos particulares y las noticias alarmantes sobre el futuro inmediato sin que el Gobierno sepa afrontarlo con eficacia y generando una mínima confianza. Algunas otras cuestiones, como la inmigración o el terrorismo, quedan detrás de esas urgencias sin dejar de ser asuntos candentes de la actualidad.

Se diría que ese mapa de preocupaciones establece las tareas de los políticos, tanto gobernantes como opositores y, en el terreno de estos últimos, muy especialmente de aquellos que constituyen la única alternativa posible al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, la paradoja es que, en el citado Barómetro como en cualquier conversación, se revela que los políticos, llamados a solucionar las cosas, son considerados un problema, el tercero después de lo que hace referencia a la crisis económica. Mucho se ha hablado del distanciamiento entre los políticos y los ciudadanos, que nace ya del sistema electoral de listas cerradas dominadas por los partidos: si el parlamentario inglés debe viajar con premura a su circunscripción, de cuyos ciudadanos depende su reelección, el diputado español se queda en Madrid porque es en la sede del partido en donde se juega su presente y su futuro. Pero no es sólo eso. Los casos de corrupción suponen una nueva vuelta de tuerca que abona la idea (injusta) de que todos los políticos son iguales, lo que se acompasa con el convencimiento de los dirigentes de que, a la postre, poco afectan en las urnas.

Y, ahora, ante la aparición de graves problemas económicos, la sensación de que los políticos no son capaces de ofrecer ni explicaciones claras, ni soluciones razonables (aunque incluyan un catálogo de sacrificios), ni ideas que generen confianza en un rumbo serio, convierten a los políticos en el tercer problema de los españoles. Todos deberían reflexionar, más allá de sus preocupaciones inmediatas, ya que ésta no parece ser la primera. El Gobierno debe abandonar una retórica de optimismo no justificado y de autosuficiencia para resolver los problemas, bajar al terreno que pisan los contribuyentes, generar los consensos necesario para dar sensación de solidez y ofrecer un camino que hasta ahora no se conoce. Se piensa a veces que la ciudadanía no es capaz de entender y asimilar la gravedad de las situaciones y los dolorosos esfuerzos que puede requerir. Pero la gravedad la viven a diario, los sacrificios son el pan de cada jornada y la simulación produce no ya el despego sino el rechazo a los políticos. La oposición tiene necesariamente que compaginar su labor de control y crítica con la alternativa que propone y una actitud más próxima a los ciudadanos que alejada del Gobierno. De otro modo, la crisis se va a llevar por delante no sólo la confianza en el Gobierno, sino también en las instituciones democráticas y en el papel de los políticos.

Récord en preocupaciones
El CIS recoge un descontento máximo con la situación del paro y de la economía
Editorial La Razon 23 Diciembre 2009

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas que se publicará este año, el correspondiente al mes de noviembre, ofrece una fotografía fija del estado de ánimo de los españoles marcada por el pesimismo y la preocupación, y en la que la clase política no sale bien parada. Por los resultados de la encuesta oficial, los españoles no creen en los mensajes optimistas del Gobierno sobre el futuro ni sienten que lo peor de la crisis haya pasado ya. De hecho, el desempleo ha vuelto a ser considerado como la principal preocupación de los ciudadanos y ha alcanzado un nuevo récord de la década, con un 78,4% en la lista que mensualmente elabora el CIS, con una subida de cinco puntos en las inquietudes de la gente. En línea con ese estado general de descontento, el segundo puesto de las preocupaciones de los españoles es para los problemas económicos en general, en esta ocasión con casi el 46% de respuestas. Las sensaciones de los ciudadanos son las que se derivan de una coyuntura en la que el 73% de los encuestados, dos puntos más que el anterior estudio, considera que la situación económica es «mala» o «muy mala», sin que tampoco se crea en una recuperación el próximo año. Obviamente, los mensajes del Gobierno caminan en sentido inverso al sentir de los españoles, lo que, sin duda, aumenta retroceso del Ejecutivo ante los electores. La tendencia bajista de los últimos sondeos sobre intención de voto describe milimétricamente el avanzado desgaste derivado de una política económica fracasada y, sobre todo, de un discurso oficial prendido a las medias verdades y a los lugares comunes.

No es tampoco un síntoma positivo para la democracia, en general, y la clase política, en particular, que los partidos y sus representantes ascendieran del cuarto al tercer lugar de los problemas nacionales para el 16,6% de los entrevistados. Hace un año este asunto sólo sumaba un 7%, lo que refleja indiscutiblemente un poso creciente de desconfianza y desafección en la ciudadanía. Este descrédito paulatino debería haber provocado algún tipo de reflexión y una autocrítica en nuestros políticos. Algo que lamentablemente no se ha dado. Como hemos reiterado, nuestros gobernantes y legisladores tienen como principal misión la de solventar los problemas de la gente. Cuando ellos mismos se convierten en el obstáculo la respuesta no puede ser la indiferencia o la retórica sin una voluntad firme de cambiar las cosas, porque se crea un caldo de cultivo muy dañino. El Estado de Derecho cimenta buena parte de sus principios en la ejemplaridad de quienes dirigen los destinos del país.

Otro elemento de la encuesta que demuestra la desazón de los españoles es que entre octubre y noviembre subió cinco puntos la preocupación por la «corrupción y el fraude», que afecta al 10,4% de los preguntados. Un síntoma más de que la clase política está muy lejos de responder adecuadamente a lo que el ciudadano espera de aquellos a los que dio su apoyo.

La confianza de los electores en los elegidos es un estado de ánimo fundamental en democracia. Sin ella, los países son incapaces de progresar. Si un Gobierno no genera credibilidad y el sistema cae bajo una sombra de sospecha, la vulnerabilidad del Estado de Derecho se acentúa, lo que dispara las incertidumbres y las dudas. El Ejecutivo parece un caso perdido, porque su viaje a ninguna parte en política económica no tiene vuelta atrás. Pese a todo, la clase política está obligada a realizar una lectura autocrítica del estado de opinión de una sociedad sumida en un récord de preocupaciones.

¿Y si se va Zapatero?
Ignacio Escolar Estrella Digital 23 Diciembre 2009

No es novedad que en el PSOE se discuta sobre si José Luis Rodríguez Zapatero repetirá como candidato por tercera vez. El debate es recurrente, entre otras cosas, porque Zapatero nunca lo aclara. Quienes lo conocen dicen que la decisión no llegará hasta el año 2011, y que en ella pesará mucho su mujer, Sonsoles. Pero lo que sí es noticia es que dentro del PSOE haya quien crea que Zapatero puede llegar quemado al cartel del 2012, abrasado por una crisis económica que le ha llevado a su peor momento desde que hace ya casi una década, en el año 2000, se puso al frente del entonces hundido PSOE.

En las últimas semanas, la eterna cuestión sucesoria ha vuelto con algo más de fuerza de lo habitual dentro del entorno socialista. El viernes pasado, en una tribuna en El País, el sociólogo José Luis Álvarez se hacía la pregunta: ¿Y si Zapatero no vuelve a presentarse? La respuesta de Álvarez es que el PSOE tendría muchas más posibilidades de victoria si Zapatero renunciase a un tercer mandato, dando el relevo a un nuevo candidato desde el poder, donde las alternancias son siempre más fáciles que desde el frío invierno de la oposición.

Pero que los relevos desde el poder no garantizan el éxito es algo que se puede explicar con muy pocas palabras. Basta con decir Gordon Brown, John Mayor o incluso Mariano Rajoy para demostrar que las transiciones a dedo no son siempre la mejor manera de mantener el poder. En estas lides, suelen ser más eficaces las revoluciones. De hecho, en Europa son los líderes que matan al padre, como hizo Sarkozy con Chirac, quienes más posibilidades tienen de romper con el maleficio de la inevitable alternancia entre izquierda y derecha. Incluso hay más ejemplos de líderes tocados que ganan elecciones -como Felipe en 1993 o Berlusconi en su eterno retorno- que de transiciones ordenadas que garanticen el éxito de un nuevo liderazgo sólido.

Sin embargo el PSOE hace bien en plantearse desde ya qué hacer si José Luis Rodríguez Zapatero no es el candidato; no es algo seguro pero sí posible por dos razones. La primera, que Zapatero llegue tan tocado al 2012 que lo más sensato sea cambiarlo. Su segunda legislatura está marcada por un pecado original: esa obcecada discusión semántica sobre la palabra crisis; un absurdo traspiés que casó su destino a la recuperación del PIB y del empleo. Si la economía no revive a tiempo para que el repunte reduzca la cola del paro, la crisis arrasará a Zapatero entre la compartida opinión -tal vez injusta- de que fue él, al no reconocer la realidad, quien provocó el desastre. De hecho, el último semestre ha sido muy duro para la imagen de Zapatero, que según todas las encuestas está perdiendo gran parte de su famosa suerte.

La segunda opción es más simple: puede que Zapatero no quiera seguir, independientemente de que su imagen se recupere para el 2012. Dentro del PSOE recuerdan experiencias similares: Felipe intentó tirar la toalla en dos ocasiones y fue la propia presión del PSOE la que paró el relevo. Si Zapatero quiere irse contra la voluntad del partido, las presiones volverán, pero la decisión seguirá siendo suya.

En cualquiera de los dos casos, su hipotética salida dependerá también de un tercer factor, el más importante de todos: quién será su sucesor? o sucesora. Se ha especulado siempre con la posibilidad de que el presidente que más ha peleado por la bandera de la igualdad, el único con gobiernos paritarios, deje su sillón a una mujer. Y en su gabinete no faltan chicas con buena valoración en las encuestas: desde la vicepresidenta De La Vega hasta la titular de Defensa, Carme Chacón, quien parece contar con más posibilidades. En el último año, Chacón ha cometido algunos errores -el más grave, su inoportuno anuncio de la retirada de Kosovo- que han deteriorado su posición; pero aún queda al menos otro año más hasta un hipotético relevo.

De los hombres, el mejor colocado es José Blanco, que para eso es el vicesecretario general del partido. Y si su salud se lo permitiese, Alfredo Pérez Rubalcaba podría ser un buen cartel, pues siempre aparece entre los ministros mejor valorados. En cualquier caso, en el PSOE nadie quiere hacer apuestas a un año vista porque la tradición es que estas apuestas siempre se pierden. ¿Quién habría apostado por Zapatero apenas unos mese antes de que se sentase en el sillón de Pablo Iglesias?

Navarra y las Vascongadas (III)
P. Pegenaute y J. Gallego www.gaceta.es 23 Diciembre 2009

Hemos escrito en un artículo anterior que, según los nacionalistas vascos, la razón del pueblo vasco “es la historia” y, concretamente, los “fueros”, que, en su versión, “son un pacto del pueblo vasco con el rey de Castilla”. Y explicamos ahí que fueros, sí, pero para cada uno el suyo. Hay que decir que difícilmente el llamado “pueblo vasco” pudo pactar con el rey de Castilla, dado que cada una de las tres provincias y el reino de Navarra se incorporaron a la Corona de Castilla en momentos distintos: Guipúzcoa en 1200, bajo Alfonso VIII; Álava en 1332, bajo Alfonso XI; Vizcaya en 1379, bajo Juan I, y Navarra en 1512, bajo Fernando El Católico. El momento de la incorporación de Vizcaya debió ser muy anterior, pero no está documentado. Veremos qué ocurrió en 1379. Vamos ahora a lo del pacto.

Guipúzcoa
Por lo pronto, es falso afirmar, por lo que se refiere a Guipúzcoa, que su fuero constituyera un pacto con el monarca; porque las noticias sobre el proceso de incorporación a Castilla en 1200 resultan imprecisas. En 1660 se exhumó un documento del que tampoco se desprendía el pacto; aunque sí se afirmaba en él que los ciudadanos acudieron voluntariamente a Alfonso VIII de Castilla en 1200, ante la amenaza de someterse al rey de Navarra, y que el rey Alfonso los acogió confirmando sus fueros. ¿Los confirmó por compromiso o por buena voluntad? Es igual. En el mismo 1660, la Junta, reunida en Cestona, rechazó el documento por falso. Sencillamente, no se sabe cómo fue la incorporación del año 1200.

Vizcaya
Algo semejante sucede con Vizcaya. Si no está demostrado que tuviera fuero territorial hasta 1452, difícilmente puede hablarse de que lo pactaran los vizcaínos con Juan I cuando se incorporaron formalmente a la Corona de Castilla en 1379, más de 70 años antes. Por otro lado, en 1379 se incorporó definitivamente. Pero ya lo estuvo antes, no se sabe desde cuándo ni cómo.

Álava
El Privilegio de Contrato alavés tampoco es un pacto: fueron los hidalgos, reunidos en cofradía, los que en 1332 pidieron al rey de Castilla “que les diese fuero escrito por do fuesen juzgados y pusiese allí sus oficiales que hiciesen allí la justicia”. Lo que pidieron no fue el respeto a sus antiguos derechos, sino que el rey de pusiese jueces y les impusiera leyes. No fueron sino las leyes que Alfonso XI iba introduciendo en Castilla: algo tan castellano como el Fuero Real, que había elaborado Alfonso X mediado el siglo XIII. ¿Por qué pidieron algo así los hidalgos? Por sentido común: estaban a la greña entre ellos, no conseguían ponerse de acuerdo y optaron por acudir a un árbitro. Y quién mejor que el que era su rey.

Navarra
Tampoco el amor a la tierra permite apresurarse a hacer afirmaciones pactistas sobre Navarra. Fernando de Aragón se tituló rey en 1512 por derecho de conquista. Y confirmó sus fueros; aunque además la ciudad de Pamplona defendiera enseguida su cumplimiento con gallardía. Sucedió, sin embargo, que el monarca fue a más y logró que en las Cortes de Castilla se aceptara la incorporación de Navarra como reino eque principalis; una fórmula escueta (se puede traducir por “estatuto jurídico de equiparación al reino principal, Castilla”). Y eso y la confirmación de sus fueros se entendió (con toda lógica) como un compromiso adquirido por el rey, aunque lo hubiese hecho porque quiso. ¿Por qué lo quiso? Fernando El Católico sabía que era la forma de tener la fiesta en paz y conseguir la aquiescencia de los navarros; su nieto Carlos V no tenía tan claro que la intervención militar de su abuelo hubiese sido justa. Y quizá por eso (es una hipótesis), hizo una cosa más: abandonar la Baja Navarra y permitir que la dinastía expulsada del trono por su abuelo pudiera seguir titulándose como la del rey de Navarra al mismo tiempo que él. Y los navarros lo aceptaron por abrumadora mayoría, aunque muchos lo hicieran encogiéndose de hombros.

Pedro Pegenaute Garde y José Andrés Gallego son historiadores.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Feijóo dice que no hay que «pedir permiso» al BNG para hablar gallego
ANA MARTÍNEZ, SANTIAGO ABC 23 Diciembre 2009

El presidente de la Xunta calló en el penúltimo debate plenario del año las sentencias que han surgido al calor de la polémica que rodea al futuro decreto del gallego. Alberto Núñez Feijóo ratificó en el Pazo del Hórreo la necesidad de una norma que pivote sobre tres pilares: carácter multilingüe, libertad y derechos. El nacionalista Carlos Aymerich incomodó al líder de los populares cuando lo acusó de confundir la cordialidad, con «el desprecio absoluto» al idioma propio. «Galicia no tiene que pedirle permiso al BNG para hablar en gallego o en castellano», le replicó el político de Os Peares.

En la sesión de control, el jefe del ejecutivo autónomo repitió que la presentación será en los próximos días, y recordó que a diferencia de lo que había ocurrido con el bipartito de Touriño y Quintana, el borrador sí se consulta, en este caso, con la Real Academia Galega y con el Consello da Cultura. Durante su alocución en el hemiciclo, acusó a los frentistas -el diputado Bieito Lobeira soltó más de una carcajada- de «alentar sorprendentes protestas preventivas» contra el gobierno del PP en San Caetano, una incluso antes de que el mismo tomase posesión, y otra el pasado 18 de octubre, también sin que se publicitase la normativa que crea la polémica.

«La más importante es, no obstante, la manifestación masiva, democrática y silenciosa de las urnas; y esa sí que no se puede esconder, ¡esa no!», reflexionó el máximo mandatario autonómico, para, acto seguido, rememorar que «los gallegos rechazaron en las urnas el decreto nacionalista que estuvo apoyado por los socialistas», apostilló.
 

Recortes de Prensa   Página Inicial