AGLI

Recortes de Prensa    Sábado 20 Febrero  2010

 

La crisis no deja ver la crisis
Ignacio Sánchez Cámara. www.gaceta.es 20 Febrero 2010

Lo que urge es que la crisis (económica) no nos impida ver la otra crisis, la nacional y moral.

La crisis económica, que algunos negaron y luego minimizaron, es hoy tan opaca y densa que no deja ver la otra crisis, la más profunda, de la que acaso aquella depende. Pensaba Ortega y Gasset que la política es un orden superficial y adjetivo de la vida. Creo que la economía también, y aún más. Quienes no aceptamos el materialismo histórico no estamos dispuestos a conceder que la clave de la historia y la ley con arreglo a la cual se mueve, sea de naturaleza económica. Los problemas económicos pueden ser, en ocasiones, los más básicos, los más acuciantes, pero nunca son los más graves y profundos para la vida de las sociedades. La miseria, el hambre y la explotación no son sólo problemas económicos, sino también culturales y morales.

La superficialidad de la crisis económica no es incompatible con su gravedad. Al hablar de superficialidad me refiero a que se trata de un problema que afecta a lo más visible de la realidad social y a que es más síntoma que causa profunda. Pero si esto es así, su posible solución no se encuentra en la superficie, es decir, no es puramente económica, sino cultural y moral. Los remedios económicos, urgentes y necesarios, serán sólo paliativos si no van acompañados de remedios más profundos.

La crisis económica dificulta la visión de la grave crisis política e institucional. El sistema de 1978 se encuentra convaleciente, si es que no agonizante. El partidismo y su causa general, el particularismo, crecen sin parar. La Constitución es zarandeada sin miramientos. Los Estatutos de Autonomía aspiran a ser constituciones particulares. El poder judicial carece de independencia y el Tribunal Constitucional ve cómo su ya menguado prestigio se desangra ante un retraso en la resolución del recurso planteado contra el Estatuto catalán, que es mucho más que un retraso.

La crisis económica dificulta la visión de la grave crisis nacional, pues todo lo anterior es consecuencia y síntoma de una grave crisis nacional, cuya clave se encuentra en la ruptura de la concordia que presidió la Transición, deliberadamente emprendida por este Gobierno, sobre todo durante la primera legislatura, hasta que la crisis económica reclamó su atención.

Pero el proceso sigue. Sorprende, ante tal estado de cosas, la pasividad, más o menos resignada, con la que la opinión pública lo acepta. Y al llegar aquí, se impone la triste tesis de que no es sólo que la economía marche mal, ni sólo la política; es que la sociedad española no goza de buena salud. La crisis es también social.

Y al final desembocamos en la verdadera cuestión. La crisis actual, como todas las crisis genuinas, posee una naturaleza moral. Volviendo a Ortega, su ensayo La rebelión de las masas era un diagnóstico de la crisis moral que padecía Europa y en general, el Occidente todo. Creo que el diagnóstico sigue valiendo en lo fundamental. Y en España, corregido y aumentado. En este sentido, a pesar de que muchos se empeñen en tergiversar lo que es casi obvio, la crisis moral es mucho más importante que la económica. Desde la perspectiva jurídica y política, leyes como la que promueve la legalización del aborto como un derecho de la mujer, o la pretensión de imponer una determinada moral desde el Estado, constituyen síntomas evidentes de esta descomposición.

Pero la raíz acaso se encuentre en la moral personal, en el tipo de hombre dominante, en suma, en la desmoralización general del hombre europeo y, más aún, del español. No se trata de entrar en un debate de teología moral, pero existen males que no son castigo de nuestros pecados y errores morales, sino, más bien, consecuencia directa de ellos. Que Rodríguez Zapatero llegue a perder el poder como consecuencia de la crisis económica sería algo comparable al hecho de que Al Capone fuera detenido y procesado sólo por evasión de impuestos. No es la gestión de la crisis lo peor del Gobierno de Zapatero, (por si acaso, no estoy comparando a los dos personajes). La crisis económica es terrible, pero acaso pueda tener la virtud de servir de posibilidad catártica, de hacer de la ruina virtud.

Incluso quienes sólo perciben la crisis económica y, por tanto, sólo se preocupan de ella, deberían comprender que una crisis que posee raíces que no son económicas tampoco se puede resolver sólo mediante medidas económicas. Ojalá nuestros problemas fueran sólo económicos y financieros. Pero no se vea en lo anterior nada parecido al pesimismo. Reconocer la realidad nunca es ejercicio pesimista. Y, por otra parte, una crisis moral, una vez reconocida y diagnosticada, es mucho más fácil de resolver que un problema económico. Lo difícil es reconocerla y diagnosticarla. El diagnóstico de un problema es la etapa decisiva para su solución. De momento, lo que urge es que la crisis (económica) no nos impida ver la otra crisis, la nacional y moral.

*Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía del Derecho.

La inquietante incoherencia del presidente
EDITORIAL El Mundo 20 Febrero 2010

HAY ALGO que se paga más caro que los errores en el ámbito de la economía: la incoherencia. Y ésta es la palabra que resume la impresión que dio ayer Zapatero en Londres cuando afirmó que el Gobierno reducirá el déficit «cuando la recuperación sea activa».

Este planteamiento supone una grave equivocación porque la reducción del déficit debe abordarse en España como un requisito necesario para que la economía pueda reactivarse. El orden de factores sí altera el producto. La carreta no puede ir por delante de los bueyes. Todos los analistas y expertos coinciden en que la economía española no podrá volver a niveles de crecimiento considerables con un déficit como el del año pasado (11,4% del PIB).

Mantener un elevado déficit supone incrementar el endeudamiento del país a largo plazo y detraer recursos para la inversión productiva. Por eso no tiene sentido que Zapatero ponga ahora condiciones para hacer ese recorte de 50.000 millones de euros en cuatro años que fijaba el programa de estabilidad presentado en Bruselas. Dado que el Banco de España estima que la recuperación se retrasara al 2012, el Gobierno podría no tomarse en serio su compromiso hasta dentro de dos años.

Las palabras del presidente del Gobierno rozan la esquizofrenia porque durante los últimos 12 días la vicepresidenta Elena Salgado y el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, han dedicado su tiempo a efectuar roads shows por Londres, París, Nueva York y otras capitales para convencer a los inversores de que los esfuerzos por reducir el déficit son serios.

En el colmo de los despropósitos, Zapatero volvió ayer a arremeter contra los mercados, subrayando que el Gobierno «no va a caer en la trampa de actuar en función de los intereses a corto plazo de algunos fondos». Aseguró que le parece «una paradoja» que «los mercados a los que los estados acudieron a salvar, haciendo una inversión pública fuerte, sean ahora los que examinan a los gobiernos y les ponen en dificultades».

Zapatero confunde los mercados con el sistema financiero, al que ciertamente ayudó el Ejecutivo en los momentos peores de la crisis con diversas medidas. Pero resulta que el propio presidente se jactó en su comparecencia en el Congreso de que el Tesoro había ganado más de 1.500 millones de euros con los avales y compras de activos a la banca.

Todo indica que Zapatero disfruta arremetiendo con eso que él llama «los mercados». Pero habría que explicarle que los mercados no son cuatro señores con puros y sombreros de copa que se reúnen en una mesa para fastidiar a países como España sino que son la suma de una multiplicidad de decisiones inconexas entre sí.

Lo peor que se desprende de estas declaraciones es que Zapatero sigue sin tomarse en serio sus propios anuncios de política económica, que al parecer considera puramente propagandísticos y destinados a contentar a la opinión pública y a la oposición. Por eso dice una cosa hoy y mañana, la contraria, como se pudo constatar en el asunto del alargamiento del periodo de cómputo de las pensiones.

El Ejecutivo ha convocado el próximo jueves a todos los partidos para comenzar la negociación del pacto que pidió Zapatero en el Congreso. La vicepresidenta Fernández de la Vega solicitó ayer al PP que «eche una mano». Sería deseable que así lo hiciese si el Gobierno tuviera un mínimo de coherencia. Pero no se le puede pedir a Rajoy que negocie si el propio presidente no se toma en serio los compromisos que anuncia a bombo y platillo.

Las declaraciones de ayer ponen de manifiesto que Zapatero no es consciente de la gravedad de la situación ni se cree el negro panorama que prevé el Banco de España, confiando tal vez en que su buena estrella le salvará en el último momento.

Zapatero y Capone
Alfonso Basallo www.gaceta.es 20 Febrero 2010

Si la crisis fuera sólo económica no habría duda: el PP fue un eficaz administrador.

Que Zapatero pierda el poder como consecuencia de la crisis equivaldría a que Al Capone fuera detenido y procesado sólo por evasión de impuestos. La comparación, relativamente odiosa, es de Ignacio Sánchez Cámara que en las páginas de opinión de LA GACETA señala que la verdadera crisis que atraviesa España no es económica y que ésta, bien mirado, podría tener un efecto de catarsis. Es decir que no hacía falta que Rajoy le ofreciera seis pactos seis... Zapatero ya era un desastre antes de los cuatro millones de parados y la crisis, en todo caso, sólo ha servido para dejar en evidencia su irresponsabilidad y su falta de escrúpulos. El presidente negoció con asesinos, se rió de las víctimas del terrorismo, dividió a los españoles, su fiscal general del Gobierno echó tierra sobre el chivatazo de Faisán, impuso una FEN totalitaria cepillándose por el camino derechos y libertades fundamentales, impulsó la ideología de género (a través del Ministerio de Contracepción y Propaganda, también llamado de Igualdad). Ha dejado el prestigio de España para los suelos y se ha cargado el legado de la Transición, dividiendo a los ciudadanos, jugando al jovencito Frankenstein por el cementerio de 1936 y tratando de reescribir la Historia.

El colapso es efectivamente moral (“un problema de codicia” explica Carlos Salas en el ensayo La crisis explicada a las víctimas). Lo cual tiene una ventaja: una vez diagnosticada es más fácil de resolver que el paro y el déficit. Es obvio que Zapatero no sirve. La pregunta es si hay alternativa. Si el embrollo fuera únicamente económico, no habría duda. El PP fue un eficaz administrador. También demostró sentido de Estado y cierta (cierta) sensatez. Pero ¿servirá para resolver una crisis moral? Uno ve la foto de Aznar, icono de la eficacia económica, perdiendo los papeles ante los pancarteros de la Universidad de Oviedo como si fuera un adolescente e inevitablemente se hace una serie de preguntas incómodas.

A favor de la memoria histórica
FÉLIX DE AZÚA El País 20 Febrero 2010

Tener un amigo que, cuando lo necesitas, te presta 1.000 euros para pagar el alquiler es una bendición, pero hay regalos más duraderos que el dinero, aunque no muchos. Uno de ellos es un libro porque sus efectos sobre nuestra vida pueden ser perdurables. Cuando Jorge Vigil me regaló hace una semana el libro de Tony Judt titulado Sobre el olvidado siglo XX no me libró de un casero ocasional, sino del deudor más peligroso: el desánimo.

Llevaba yo una temporada abatido al constatar el escaso número de escritores, periodistas, profesores, en fin, gente responsable, que compartía conmigo una visión tan poco optimista de la España actual, de su vanidoso gobierno y de sus caprichosas autonomías, cuando de pronto me vi arropado por un profesional cuya opinión se respeta en el mundo civilizado. Un alivio.

Tras leer a Judt me pareció entender que no éramos, mis colegas críticos o yo mismo, un cultivo cizañero al que divierte poner a parir el espectáculo gubernamental, un fruto de secano cubierto de espinas que sigue, como en tiempos de Franco, arrastrando su soledad a la manera de un estandarte. Si un producto de regadío tan bien nutrido como Judt decía exactamente lo mismo, aunque referido a objetos de mayor tamaño, cabía la posibilidad de que no estuviéramos del todo equivocados, los incorrectos de esta provincia.

Aunque sea una colección de artículos, algunos ya con una década sobre el título, la poética del libro de Judt, su claro y distinto pensamiento, puede resumirse sucintamente. El "olvidado siglo XX" (así le llama) ha sido uno de los más atroces de la historia de la humanidad. Sus matanzas no pueden compararse, ni en cantidad ni en calidad, a las añejas barbaridades.

La gigantesca nube de horror del Novecientos tiene, además, una característica peculiar. A diferencia de los tiempos antiguos, en el siglo XX se expande y domina una fuerza de choque ideológica que desde el caso Dreyfus se denomina "la intelectualidad", la cual se encarga de justificar todas las salvajadas pretendidamente izquierdistas. De ahí el "olvido" y la buena conciencia.

A comienzos de siglo, tras la primera guerra mundial y la revolución rusa, la parte mayor y mejor de esa intelectualidad europea apoyó lo que se solían llamar "posiciones de izquierda". Y entonces lo eran.

El drama es que a medida que el siglo avanzaba, las "posiciones de izquierda" iban dejando de ser de izquierda y se convertían en mero usufructo de intereses de partido, cuando no económicos y de privilegio. La derecha nunca ha tenido necesidad de justificar sus infamias, no trabaja sobre ideas sino sobre prácticas, pero se suponíaque la izquierda era lo opuesto. En la nueva centuria ya no hay diferencia.

Quienes nos hicimos adultos en la segunda mitad del siglo XX y nos creímos parte integrante de esa izquierda que, según nuestro interesado juicio, recogía lo mejor de cada país, no sólo estábamos siendo conservadores y acomodaticios al no movernos de ahí a lo largo de las décadas, sino que fuimos deshonestos. Eso no quiere decir que no hubiera en la izquierda gente honrada y dispuesta a sacrificarse, muchos hubo y algunos murieron en las cárceles de Franco, pero no eran escritores, ni periodistas, no eran, vaya, "intelectuales".

Y lo que es más curioso, aquellos escritores que en verdad eran de izquierdas tuvieron que soportar los feroces ataques de los "intelectuales de izquierdas" oficiales que entonces, como ahora, apoltronados en sus privilegios, eran enemigos feroces de la verdad. Tal fue el caso de Camus, de Orwell, de Serge, de Koestler, de Kolakowski, que se atrevieron a ir en contra de las órdenes del Partido y de la corrección política. Las calumnias que sobre ellos volcó la izquierda aposentada, descritas por Tony Judt, son nauseabundas.

De ellos habla su libro, pero podría haber hablado de otros cien porque cualquiera que osara ir en contra de la confortable izquierda oficial para denunciar las carnicerías que se estaban produciendo en nombre de la izquierda, era inmediatamente masacrado por los tribunos de la plebe.

Tachados de fascistas, de agentes de la CIA, de criptonazis o de delincuentes comunes, hubieron de soportar casi indefensos los embustes de los ganapanes. Luego los calumniadores se tomaban unas vacaciones en Rumania y regresaban entusiasmados con Ceausescu. En las hemerotecas constan nuestros turistas entusiastas. Lo mismo, en Cuba. Fueron muchos.

La deshonestidad no afectó tan sólo a los crímenes estalinistas, maoístas o castristas. En un capítulo emocionante explica Tony Judt las dificultades que tuvo Primo Levi para que la izquierda italiana tomara en consideración sus libros sobre Auschwitz, comenzando por el arrogante Einaudi. Y cómo hasta los años sesenta, más de 20 años después de escritos sus primeros testimonios sobre el Holocausto, no comenzaron a horrorizarse los izquierdistas. ¡Veinte años en la inopia, la progresía!

La impotencia de tres generaciones de izquierdoides para defender la verdad se acompañó del triunfo de los héroes de la mentira, desde el Sartre envilecido de los últimos años, hasta el chiflado Althusser cuyos delirios devorábamos los monaguillos de la revolución maoísta. Todavía hoy un valedor de la dictadura como Badiou fascina a los periodistas con un libro sobre "el amor romántico", cuando es el sentimentalismo tipo Disney justamente lo propio del kitsch estalinista y nazi, su producto supremo.

Sigue siendo uno de los más dañinos errores de la izquierda no aceptar que entre un nazi negacionista y un estalinista actual no hay diferencia moral, por mucho que el segundo pertenezca al círculo de la tradición cristiana (y haya tanto sacristán comunista) y el primero al de la pagana (y por eso ahí abunda el fanático de la Madre Patria).

Ya es un tópico irritante ese quejido sobre el galimatías de la izquierda, su falta de ideas, su desconcierto. ¿Cómo no va a estar desnortada, o aún mejor, pasmada, si todavía es incapaz de admitir honestamente su propia historia? ¿Si sólo entiende la memoria histórica en forma de publicidad comercial sobre la grandeza moral de sus actuales jefes?

Aún hay gente que dice amar la dictadura cubana "por progresismo" y el actual presidente del Gobierno (uno de los más frívolos que ha ocupado el cargo) se ufana de ello. ¿Saben acaso el daño que producen en quienes todavía ponen ilusión, quizás equivocada, pero idealista, en la palabra "izquierda"? ¿Y cómo puede un partido que alardea de progresista pactar hasta fundirse con castas tan obviamente reaccionarias como las que defienden el soberanismo de los ricos?

Dentro de un lustro no quedará nadie por debajo de los 60 años que se crea una sola palabra de un socialismo fundado sobre tamaña deshonestidad. No es que la izquierda ande desnortada o carente de ideas, es que no existe. Su lugar, el hueco dejado por el difunto, ha sido ocupado por una empresa que compró el logo a bajo precio y ahora vende que para ser de izquierdas basta con decir pestes del PP. ¡Notable abnegación la de estos héroes del progreso! ¡Cómo arriesgan su patrimonio! ¡Qué ejemplo para los jóvenes aplastados por la partitocracia farisaica!

El resultado, como se vio en Francia, es el descrédito de los barones, marqueses y princesas del socialismo. Su inevitable expulsión del poder. Y la destructiva ausencia de ideas en un país que ya soporta el analfabetismo funcional mayor de Europa. Una herencia que enlaza con la eterna tradición española de sumisión al poder llevada con gesto chulo por los sirvientes. Esta vez bajo el disfraz del progreso.

Y mira que sería sencillo que la izquierda recuperara su capacidad para armar las conciencias, inspirar entusiasmo y ofrecer esperanza en una vida más digna que su actual caricatura. Bastaría con decir la verdad y enfrentarse a las consecuencias. ¡Ah, pero son relativistas culturales! Y por lo tanto para ellos la verdad es un efecto mediático.

Félix de Azúa es escritor.

Crisis
Agotamiento
José María Marco Libertad Digital 20 Febrero 2010

Sea cual sea el diagnóstico sobre la naturaleza de la crisis, el remedio adoptado para salir de ella ha consistido en gastar, gastar dinero público para restablecer la confianza de los mercados o para restablecer el crédito agotado o gastar (además), como en España y en Estados Unidos, para reactivar la demanda y la actividad económica.

El remedio ha tenido éxito... a medias. Se evitó el colapso del sistema financiero, eso sí, pero se ha generado una situación que ha desembocado ya en una nueva crisis: los gastos de los gobiernos son tan altos que impiden la actividad económica capaz de generar los ingresos suficientes para mantenerlos.

En Estados Unidos el aumento de los gastos del Gobierno ha llevado a muchos norteamericanos a retirar su confianza a los demócratas. La perspectiva de un Gobierno socialdemócrata no acaba de convencer allí: al fin y al cabo, los norteamericanos lo son porque sus abuelos salieron huyendo de unos países europeos agobiados por unos gobiernos empeñados en arruinar o en impedir la prosperidad de sus nacionales.

En España, país archieuropeo en esto como en todo, la reacción es menos rápida. Al fin y al cabo, nuestros antepasados se quedaron en este rincón de Europa porque les bastaba con ir tirando, a la espera de que el Gobierno les diera algo más o los contratara. Y si pasaban demasiada hambre, se dedicaban a matarse unos a otros, que para eso han servido las ideologías en las que tan fecunda y generosa se ha mostrado siempre Europa.

Si las cosas no cambian, tal vez volvamos a los buenos tiempos. A la espera de que empecemos a matarnos unos a otros para comprarnos un coche, para que el Gobierno nos pague la pensión o para que la Seguridad Social nos opere de apendicitis, empezamos a ver las consecuencias de las decisiones que se han tomado. En España, de hecho, la ideología socialista ha servido para disimular la crisis y salvarle la cara a un Gobierno que ha hecho retroceder la prosperidad de los españoles a niveles de hace seis años. Eso sí, neonacionalismo, neolaicismo, ideología de género, multiculturalismo, neorrepublicanismo y otros revivals baratos de la contracultura del siglo XX los tenemos a todo trapo. Rodríguez Zapatero es la encarnación de ese enjambre de pesadillas retroactivas.

Han servido de espantajo y de pretexto para gastar más y aumentar el poder de los gobiernos. (Con tantos derechos como tenemos, ya no nos basta con un solo, como no nos basta con un parlamento, ni con un presidente, etc., etc.) Qué no daría un monarca absoluto por disponer aunque sólo fuera de una décima parte del presupuesto de un gobierno moderno, dizque democrático y liberal...

Y aun así, en muy poco tiempo el montaje se ha venido abajo. El pánico del Gobierno socialista deja traslucir la nueva situación. Primero fue el globo sonda de la reforma de las pensiones, luego los llamamientos al pacto, y entre medias una serie de medidas, más o menos disimuladas, para racionalizar y limitar como sea el gasto. Lo que está en crisis no es el modelo económico español, como se suele decir. Lo que está en crisis de verdad es el modelo económico socialista.

Aroma de chantaje
Editorial ABC 20 Febrero 2010

EL Tribunal Constitucional ha acordado la suspensión de dos leyes -la gallega de cajas de ahorro y la valenciana, de reforma del barrio de El Cabañal- por presentación de sendos recursos por parte del Gobierno socialista. Ambas leyes habían sido aprobadas después de amplias polémicas políticas y sociales en Galicia y Valencia. El Ejecutivo ha estado presto a ayudar a los socialistas locales con unos recursos a los que la Constitución privilegia con la suspensión automática de las leyes impugnadas. Si existen o no motivos para estos recursos, es algo que resolverá el TC cuando revise la suspensión cautelar dentro de unos meses, pero llama la atención que el Gobierno haya centrado sus baterías en dos comunidades autónomas gobernadas por el PP, donde el PSOE no está especialmente acertado como oposición. Es cierto que el Gobierno también ha anunciado en las últimas semanas un recurso similar contra la ley catalana sobre registros, pero la entidad política de las leyes impugnadas a Galicia y Valencia es muy superior.

Es oportuno recordar que, al poco tiempo de tomar posesión, en mayo de 2004, el Gobierno renunció a numerosos conflictos de competencia contra leyes autonómicas. Casualmente, la mayoría de las comunidades autónomas beneficiadas estaban gobernadas por los socialistas. Entonces, el jefe del Ejecutivo abogaba por la «paz constitucional». Pero sólo con sus socios nacionalistas y compañeros de partido.

Mientras el Gobierno muestra su celo en la defensa de competencias del Estado, el tripartito catalán sigue desarrollando el Estatuto de 2006 con la cooperación del Ejecutivo, sin diagnósticos similares a los aplicados a Galicia y Valencia y sin preocuparse por la imparable desaparición del Estado en Cataluña. Y también, mientras el Gobierno apela al esfuerzo de todos para salir de la crisis, Zapatero no duda en paralizar la ley gallega que propiciaría una fusión como la reclamada insistentemente por el Banco de España. Además, las cajas gallegas, si no se fusionan a corto plazo, corren el riesgo de no llegar a tiempo para solicitar la ayuda del fondo bancario. Este veto privilegiado en manos del Gobierno es una palanca para doblegar a gobiernos autonómicos, urgidos por la necesidad de cambios políticos o económicos, allí donde los socialistas locales no han podido evitar que se aprobaran las leyes impugnadas. Por eso, estos recursos mezclan la legítima defensa de competencias estatales con un cierto aroma de chantaje.

Zapatero es la ‘X’ del Faisán
Enrique de Diego www.gaceta.es 20 Febrero 2010

Se saltaron la Ley porque se creyeron impunes y cruzaron, alegremente, todas las líneas rojas.

Es de estricta justicia destacar que, si no fuera por el diario LA GACETA, es más que probable que, a día de hoy, ya se hubiera dado carpetazo al chivatazo del caso Faisán. Así lo pretendió, ignominiosamente, la Fiscalía pretendiendo que no había pruebas, cuando el delito ha quedado grabado en vídeo y audio. Salió Xavier Horcajo, desde estas mismas páginas, al quite, poniendo en evidencia la patraña. Con constancia, jueves tras jueves, en mi programa A Fondo, de Radio Intereconomía, contertulios de gran nivel –auténticas referencias de decencia y pasión por la libertad- como Mikel Larrea, Daniel Portero y Rubén Múgica, se han negado a que se diera carpetazo a un delito tan grave como el de colaboración con banda armada, perpetrado en las más altas instancias del Gobierno.

El caso Faisán del chivatazo a ETA muestra toda la falta de moral, la frivolidad y la irresponsabilidad del zapaterismo y afecta política y penalmente al propio Zapatero y a su ministro Alfredo Pérez Rubalcaba. Esa demencial colaboración con banda armada se produjo porque ya se había pactado antes con ETA blindar sus finanzas durante la tregua y porque Zapatero, su Gobierno y la cúpula del Ministerio del Interior decidieron que estaban por encima y al margen de la ley. Y lo dijeron, se pavonearon y llegaron a establecer una doctrina entre estúpida y totalitaria de que los poderes públicos, incluido el Judicial, tenían que hacer una lectura de la ley acomodada a las circunstancias, que la ley debía dejarse en suspenso en aras de una voluntarista y demencial decisión política a la que denominaron proceso de paz. Se saltaron la ley porque se creyeron impunes y cruzaron, alegremente, todas las líneas rojas, tildando de hombres de paz a patentes asesinos como De Juana Chaos y Arnaldo Otegui. No desde las cloacas del Estado, sino desde la misma cúpula de Interior, convertida en un auténtico sumidero, en un lodazal de podredumbre, se perpetró una traición a las víctimas, a la Patria y un tremendo delito. No hay nadie al margen ni por encima de la ley.

Ni Víctor García Hidalgo, ni Antonio Camacho, ni Alfredo Pérez Rubalcaba, ni José Luis Rodríguez Zapatero, la evidente “x” de la trama, tienen inmunidad de ningún tipo. Y habrán de responder de sus actos ante la inexorable Justicia o es que no hay Justicia –ni democracia- en España. Otrosí: Estoy de acuerdo con el líder del PP, Mariano Rajoy en que los socialistas, por patriotismo, por instinto de supervivencia, han de rebelarse contra el presidente del Gobierno o se les exigirán cuentas. Y también con Zapatero en una sola cosa: Rajoy ha de tener el coraje suficiente para presentar una moción de censura, con el único objetivo de dar paso a un Gobierno que convoque elecciones anticipadas.

Los zombies ideológicos
Enrique de Diego Semanal Digital 20 Febrero 2010

El mundo se ha llenado de zombies políticos. Está también lleno de instituciones que para nada sirven y que se dedican a estafar a los ciudadanos. Se nos estafa montando Apocalipsis que nunca sucederán como el calentamiento global, desmentido por todos los datos y todas las evidencias, pero sobre el que se han montado y se montan fortunas. Otro Apocalipsis alucinante ha sido el de la gripe A. Tanto la OMS como los Gobiernos dieron datos delirantes de porcentajes y datos de muertos. Se usó y se abusó del lógico temor humano a la muerte y se han hecho grandes negocios en torno a esa nueva mentira. Hay que apuntar estos datos porque, si salimos de esta crisis, que no es seguro, habrá que exigir responsabilidades y desmontar tantos chiringuitos dedicados a vivir de los demás.

El mundo se ha llenado de zombies políticos dedicados a la estafa en gran escala. Un caso muy notorio es el de los socialistas, que siempre han amado tanto a los pobres que los han creado por millones y en eso están. Debíamos haber erradicado el socialismo, una ideología absolutamente contraria a la naturaleza humana y que pone en riesgo la supervivencia de las sociedades. Los socialistas han seguido con sus quimeras, con falsas ideas como que los políticos pueden arreglarlo todo, con el dinero del contribuyente, o que se puede generar trabajo desde el Estado. No es casualidad que los tres peores enfermos de Europa, España, Grecia y Portugal, están gobernados por socialistas, aunque la enfermedad general proviene de haber mantenido altas cotas de intervención y socialismo en todas las sociedades europeas. Cuanto más socialismo hay en una nación, peor es la crisis, mayor es el riesgo para su supervivencia.

Tenemos otros zombies, que incluso se suicidan, como los islamistas, como los integristas, o los más integristas, porque el islamismo es intolerante, racista, xenófobo e integrista en sí mismo, y no predica otra cosa que el odio y la violencia, el crimen y el genocidio contra los no islamistas.

Hubiera sido sencillo establecer la inmigración relacionada con el contrato de trabajo y primar la iberoamericana para haberse evitado el problema de islamización que hemos de afrontar. Pero la iberoamericana es cristiana y castellanoparlante y no ofrece los efectos de disolución multicultural de la islámica, a la que se ha subvencionada, incluso en su natalidad dinámica.

LOS CIUDADANOS SERÁN "POLICÍAS LINGÜÍSTICOS"
Ciudadanos acusa a Montilla de instaurar una "Gestapo lingüística"
La formación que encabeza Albert Rivera considera que el código que se implantará en Cataluña que "obligará" a los ciudadanos a denunciar a quienes no rotulen en catalán busca crear una "Gestapo lingüística". "Los ciudadanos se convertirán en policías lingüísticos de sus vecinos" asegura.
LIBERTAD DIGITAL 20 Febrero 2010

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, alerta que el gobierno de Montilla "obligará", con el nuevo código de consumo de Cataluña, a todos los ciudadanos a "cooperar en la denuncia" de aquellos comerciantes que no tengan la rotulación en catalán.

"Con este nuevo código el ciudadano pasará a ser a un vigilante de la Administración, un hecho extremo, sin precedentes, que hará que se instaure la Gestapo lingüística en Cataluña, es decir cuándo se apruebe este código de consumo, "chivatos" como el señor Espot o Omnium Cultural serán considerados ciudadanos ejemplares para colaborar con la Gestapo lingüística del señor Castells", alerta Rivera.

El presidente de la formación considera que "no se puede permitir, en plena democracia, que un gobierno encabezado por el PSC haga que los ciudadanos se conviertan en policías lingüísticos de sus vecinos, una situación propia de regímenes totalitarios. Un presidente que no tiene el nivel C de catalán es el creador de esta persecución en los autónomos, comerciantes y empresarios que no rotulen en catalán. Los complejos políticos del señor Montilla no los podemos pagar todos los catalanes con el recorte de nuestras libertades”.

"Este tipo de normas, impulsadas por el PSC, demuestran cuáles son las verdaderas prioridades del Tripartito. Son incapaces de sacar Cataluña de la crisis pero conseguirán, a golpe de multa, y de "chivatazo" cambiar la rotulación de los comercios y de las empresas privadas", lamenta.

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Retroceso en libertades
Editorial La Razón 20 Febrero 2010

El tripartito catalán ha dado una nueva vuelta de tuerca a su presión lingüística sobre los castellanohablantes. El proyecto de ley del Código de Consumo, que tiene ya la luz verde del Parlamento, es un instrumento al servicio de una normalización abusiva e intervencionista que contempla las multas a los comercios que no rotulen en catalán y obliga a que todos los documentos, contratos tipo, folletos de información y carteles en los establecimientos estén, como mínimo, en esa lengua. Pero hay más. Como informó LA RAZÓN en exclusiva, la norma va mucho más lejos e incluye dos artículos que obligan a los ciudadanos a denunciar a los comercios que no rotulen en catalán. Hasta la fecha, estas comunicaciones, que eran anónimas, eran un derecho, pero la Generalitat se ha encargado de convertir la delación en una obligación. Que desde el poder político se fomente una sociedad de «espías» al servicio de una estrategia de partido es una circunstancia grave. Hasta la fecha, el tripartito había desarrollado su cerco al castellano con iniciativas como la inmersión en el sistema educativo o la Ley del Cine, entre otras muchas, que en todo caso resultaban imposiciones políticas abusivas e injustificadas, pero que no forzaban la complicidad de la gente de la calle. Ahora, la Generalitat impone la delación y pone a cada catalán entre la espada y la pared con la decisión de cumplir o no nada menos que la Ley. Potencialmente, y como el desconocimiento de la norma no exime de su cumplimiento, se podría dar el absurdo de que cientos de miles de ciudadanos, que no perderán un minuto de su tiempo en este disparate, violaran el ordenamiento. Todo ello da idea de hasta qué punto es un despropósito la iniciativa.

Como es habitual en política lingüística, la Generalitat se equivoca lamentablemente con sus injerencias en terrenos que el poder político debería respetar.

Fomentar el chivatazo en una sociedad democrática nos parece inaceptable y un desatino, que vuelve a demostrar lo alejados que algunos políticos están de la sociedad catalana. La convivencia de las dos lenguas oficiales de Cataluña ha sido ejemplar entre los ciudadanos de a pie, que han disfrutado del envidiable patrimonio cultural que suponen y que han entendido que todo se reduce a una cuestión de libertad y tolerancia. Que se cercene un derecho fundamental a golpe de decretazo es un serio paso atrás en una comunidad comprometida con su pluralidad. ¿Qué sentido puede tener en pleno siglo XXI que se castigue o se sancione a una persona por utilizar una lengua y no digamos ya la oficial del territorio? Es una gran equivocación que la protección y el fomento de un idioma se realicen en detrimento de otro. Una parte de la clase política catalana no ha comprendido aún que marginar el español no enriquece a Cataluña, sino que la empobrece y la limita en un mundo donde nuestra lengua es la segunda más hablada y su futuro resulta inmejorable.

El objetivo, por tanto, de un Gobierno responsable no puede ser en modo alguno favorecer el catalán con iniciativas que alimentan tensiones y desencuentros como la que pretende convertir a cada persona de Cataluña en un delator o un espía de su vecino o su conocido. Es una muy mala noticia para la comunidad, para sus gentes y para la libertad y traslada al resto de España y al mundo una imagen falsa de un territorio que es distinto de lo que los miembros del tripartito pretenden hacernos creer.

Magia en papel
El ilusionismo de la izquierda abertzale podrá convencer a los más entusiastas, pero no debe infligir más daño a las víctimas
KEPA AULESTIA El Correo 20 Febrero 2010

Es sorprendente cómo un movimiento que ha girado toda su vida en torno a la coacción sangrienta que ETA viene ejerciendo sobre el resto de la sociedad obtiene sus mejores resultados en el manejo de las palabras con las que consigue enredar, en círculos concéntricos, a la opinión pública. La perpetuación del poder fáctico siempre ha dependido de la sabia administración del verbo con el que, periódicamente, la trama etarra se libera de la presión exterior mediante la generación de un clima de esperanza en la sociedad y en la política democráticas.

Hay indicios que apuntan a un proceso de independización de la izquierda abertzale pública respecto a la de los comandos. Pero todavía se trata de una conjetura, de una especulación y poco más. La lectura del documento 'Zutik Euskal Herria' no permite extraer conclusiones definitivas ni demasiado esperanzadoras, porque su literalidad coincide con un sinfín de pronunciamientos anteriores.

Todos podríamos hacernos los recién llegados a este 'planeta del conflicto', y exclamar que por fin se ve luz al final del túnel. Pero cuando menos debemos preguntarnos a qué distancia se encuentra esa luz; y sobre todo si es estática, o por el contrario se alejaría cada vez que tratásemos de aproximarnos a ella. ¿Acaso no es esto último lo que han demostrado todos los movimientos anteriores en la izquierda abertzale?

El auténtico cambio no se encuentra en dicho texto, sino en la precavida distancia con la que esta vez, y después de tantas decepciones, lo ha leído el conjunto del arco político; con la excepción de Eusko Alkartasuna, cuyo secretario general se ha convertido en el privilegiado relator del nuevo ciclo político al que parece abocada la historia de los vascos.

Hasta hace bien poco la magia de las palabras de la izquierda abertzale, que el encarcelado Otegi maneja con la habilidad embaucadora del mejor trilero, acababa atrayendo -o cuando menos desconcertando- a una clase política ávida de soluciones, y de soluciones rentables. Pero las palabras de la izquierda abertzale han perdido ya ese poder de atracción. Ahora su magia se pone a prueba en cuanto a su eficacia para desarmar ideológicamente a unos miles de ciudadanos vascos que, durante años, han permanecido atentos a la próxima convocatoria, fuese cual fuese el carácter de ésta, callejera o electoral. El cambio consiste en que, por primera vez, la izquierda abertzale ha sido emplazada a demostrar que la magia de sus palabras -«el proceso democrático constituye la palanca para el cambio de ciclo, etc.»- es capaz de modificar la realidad de la propia izquierda abertzale; de adormecer, persuadir o confundir a su núcleo más intransigente, y de desarmar como sin querer a la banda terrorista.

Claro que esas palabras no deberían ser utilizadas para atajar el camino de la propia reconversión brindando a esos mismos intransigentes el aura triunfal que por ahora necesitan para convencerse de que lo que los demás proclaman como derrota irreversible del terrorismo de ETA es en realidad la constatación de su ineludible victoria. El ilusionismo de la izquierda abertzale podrá llegar a convencer a los más entusiastas de que hay un senador estadounidense, de apellido Mitchell, que ha ideado una fórmula para desbrozar el conflicto armado que, al parecer, protagonizamos los vascos.

Pero no puede traspasar la línea de la memoria, infligiendo más daño moral a quienes tanto han padecido y padecen a causa de la persecución ideológica y de la extorsión mafiosa. Si hay algún «ciclo agotado» es el del terror. Y mientras la izquierda abertzale se resista a reconocerlo explícitamente, estará justificando los asesinatos cometidos como parte del esfuerzo que habría realizado para conducir a Euskal Herria hasta esta tierra de promisión que representaría la apertura de un nuevo ciclo político como manifestación de su victoria.

Aunque probablemente ni siquiera alcance a pretenderlo. Porque en este ejercicio de permanente transferencia de responsabilidades hacia los demás -hacia la sociedad y sus instituciones- la izquierda abertzale lleva demasiado tiempo eludiendo la verdadera patata caliente de la colosal mentira que encarna: el futuro inmediato de esos presos ante los que se muestra formalmente solidaria y, a la vez, indiferente. La resolución de su debate coral pasa tan de puntillas por delante de la cuestión, que sólo se refiere a «dar pasos en la liberación de presos». Hay en estos momentos en torno a 700 personas en prisión por su vinculación con ETA, de las cuales más de la mitad se encuentra condenada o procesada por causas de asesinato a veces múltiple.

Los líderes del movimiento por mover a la izquierda abertzale han concluido que el nuevo ciclo político, unilateralmente inaugurado por ellos y cuyo diseño han delineado en su particular pizarra, debe ser presentado sin adherencias incómodas. Ya verán, dicen ellos, si se pronuncian y cómo se pronuncian en caso de que ETA perpetre algún atentado. Y la suerte de 'sus' presos no es ya cosa suya, sino del proceso democrático que unilateralmente han dado por inaugurado. Nos aproximamos al final de su historia. Dejemos que la acaben de escribir ellos.

Fermín Guerrero / Comerciante
«Quieren aniquilar el castellano»
Joan Planes La Razón 20 Febrero 2010

Tiene que pagar 1.200 euros por tener carteles de su tienda en español

Barcelona- Fermín Guerrero es un modesto comerciante que junto a su mujer posee la tienda «Blau Marí», en el distrito barcelonés de Nou Barris. Por sólo tres pequeños carteles en castellano, una inspectora de la Agencia Catalana del Consumo los denunció. La multa fue de 1.200, aunque ya han presentado un recurso.

–¿Cuál es la historia de su caso?
–Nuestra tienda está cerrada desde mayo de 2009, pero nos cayó la multa en 2008, antes del verano. Vimos a una chica que estaba tomando fotografías, y nos dijo que era de la Agencia Catalana de Consumo.

–¿Qué hicieron ustedes?
–Le preguntamos qué hacía, y nos dijo que quitáramos los carteles en castellano. Pese a ello, la tienda se llama «Blau Marí», en catalán.

–Y ella los denunció.
–Sí. Nos hizo un parte, en el que ponía que se nos multaba con 1.200 euros y que todo tenía que estar, como mínimo, en catalán.

–¿Lo pagaron?
–No, teníamos muy poco dinero, no podíamos ni pagar la multa ni gastarnos 3.000 euros para cambiar los carteles. No cambiamos nada. Pasó tiempo, y parece que una clienta nos volvió a denunciar.

–¿Qué ponía en castellano?
–Sólo tres. Ponían «los hilos no se cambian», «Prohibido fumar» y «Guantes a un euro».

–¿Qué le parece la política lingüística de la Generalitat?
–Creo que el tripartito parece la Gestapo en este asunto. En nuestro caso, nunca habíamos tenido ningún tipo de conflicto en la tienda. Mi mujer nació en Cataluña y es catalanohablante.

–¿Qué objetivos cree que persigue la política lingüística del tripartito?
–Para mí, quieren aniquilar el castellano, tenemos un grave conflicto lingüístico.

Aumenta el acoso al castellano en Cataluña

Redaccion www.gaceta.es 20 Febrero 2010

El tripartito catalán prepara el proyecto de ley del Código de Consumo, según el cual todos los comercios estarán obligados a rotular en catalán y obliga a los consumidores a actuar como "espías lingüísticos".

El tripartito catalán prepara el proyecto de ley del Código de Consumo, según el cual todos los comercios estarán obligados a rotular en catalán. Si no lo hacen, las multas llegarán hasta los 10.000 euros. La medida además obliga a los consumidores a actuar como "espías lingüísticos" y denunciar a todos los comercios que no cumplan esta normativa.

Los comercios catalanes sufrirán aún más los efectos de la crisis con la nueva medida sancionadora del tripartito catalán. La Generalitat endurecerá la política lingüística de 1998 con un nuevo proyecto de la Ley del Código de Consumo.

Según este, todos los comercios estarán obligados a disponer de carteles, folletos y todo tipo de documentos en catalán. Si no lo hacen, la multa podría llegar a los 10.000 euros. Hasta ahora, esta ley permitía multar a los comercios con 3.000 euros.

En la nueva medida, los camareros estarán obligados a hablar a sus clientes en la lengua que éstos prefieran. Y esto es sólo un ejemplo. Porque el acoso a los castellanoparlantes no termina aquí. El nuevo código de consumo obliga a todo consumidor a delatar a los comerciantes con denuncias. Y así lo dice el uno de sus artículos: "el medio principal de cooperación es la denuncia". El antiguo código no obligaba a denunciar cualquier infracción de esta ley, ahora será necesario. Ya son muchos los comerciantes irritados por haber sido multados con 1.200 euros por la única razón de no tener folletos de información en catalán o por tener carteles en castellano. El Gobierno central no sólo no interviene para evitar esta medida sancionadora sino que además la apoya y la respeta. El ministro de Industria, Miguel Sebastián elude las decenas de multas anuales que tienen que sufrir los comerciantes porque dice, no quiere invadir las competencias de la Generalitat.

El nuevo Código de Consumo del tripartito endurece el acoso a los castellanohablantes
Cataluña obliga a delatar a quien no rotule en catalán
Joan Planes La Razón 20 Febrero 2010

Hasta ahora, las denuncias por no rotular en catalán eran un derecho. Ahora serán una obligación.

Barcelona - El tripartito catalán está ultimando el proyecto de Ley del Código de Consumo. Tiene la luz verde del Parlamento y contiene numerosos artículos y cláusulas que permiten las multas a los comercios que no rotulen en catalán. Todos los documentos, incluyendo contratos tipo, folletos de información y carteles en las tiendas, tienen que estar, como mínimo, en este idioma.

LA RAZÓN ha informado puntualmente sobre esta normativa, pero este diario supo ayer de la existencia de dos artículos que obligan a los ciudadanos a denunciar a los comercios que no rotulen en catalán.

«Espías lingüísticos»
Concretamente, el artículo 311.5 de esta normativa, titulado «Cooperación de las personas consumidoras», estipula que éstas «tienen el derecho y el deber de cooperar, de forma individual o mediante las organizaciones que las representan, con las administraciones públicas encargadas de velar por el cumplimiento de la legislación vigente en materia de protección de las personas consumidoras».

El segundo punto de este artículo lo deja muy claro. Indica que «el medio principal de cooperación es la denuncia». Hasta hace poco, todas las delaciones eran anónimas e iban a parar a la Agencia Catalana de Consumo, dependiente de la Consejería de Economía. No obstante, el presidente de la entidad independentista Catalunya Acció, Santiago Espot, presumió de haber interpuesto 3.000 denuncias por asuntos lingüísticos. Este «espía lingüístico» se vanaglorió de estar amparado por la ley.

El artículo 311.6 del nuevo Código de Consumo de Cataluña establece que «las personas consumidoras, de forma individual o mediante las organizaciones que las representan tienen el derecho de formular y presentar denuncias a los organismos administrativos competentes en materia de consumo».

En definitiva, la Generalitat está endureciendo su política lingüística. El anterior y aún vigente Código de Consumo catalán no establece que se deba denunciar cualquier infracción de la Ley de Política Lingüística catalana. Ahora denunciar no será únicamente un deber, sino una obligación.

Según las diferentes normativas aprobadas por la Generalitat, cada vez resulta más caro para los comerciantes no rotular en catalán. El problema es que la Agencia Catalana de Consumo tiene como objetivo, casi en exclusiva, a las pequeñas y medianas empresas, sobre todo a las primeras. Ya son muchos los comerciantes irritados por haber sido multados con 1.200 euros por el simple motivo de no tener folletos de información en catalán o por tener carteles en sus tiendas con la leyenda «todo a 10 euros», por poner un ejemplo.

El origen de la Ley de Política Lingüística data de 1998. Con mayoría absoluta, CiU la aprobó sin problemas. Con la llegada del tripartito no sólo no cambió nada, sino que se endureció todo. La citada normativa no se aplicó hasta 2002, año en el que hubo dos sanciones. Según datos facilitados por el Parlamento catalán, en 2008 se impusieron 209 multas. Un incremento récord en sólo seis años. El diputado del Grupo Mixto José Domingo avanzó ayer a este diario que el próximo miércoles preguntará al tripartito cuántas sanciones hubo en 2009. Podrían ser más de 300.

El Grupo Mixto y el PP presentaron una enmienda a la totalidad contra el nuevo Código de Consumo, pero la normativa cuenta con el apoyo del tripartito y CiU.

Este endurecimiento de la política lingüística ha provocado que, por primera vez, asociaciones cívicas y partidos formen una plataforma a favor del bilingüismo. Se llama «Coordinadora por la libertad en Cataluña» y hace unas semanas hicieron una manifestación contra las multas lingüísticas.

Las dos normativas polémicas
- La primera ley de la discordia se aprobó en 1998. Está aún vigente y se llama Ley de Política Lingüística. Fue aprobada por CiU y seguida sin complejos por el tripartito, especialmente por ERC, que controla los ámbitos lingüísticos de la Generalitat.

- Hasta ahora, esta ley permitía multar a los comercios con 3.000 euros las infracciones leves, que son no tener carteles en catalán o no tener folletos de información o contratos tipo en este idioma.

- No obstante, el tripartito ultima ahora la Ley del Código de Consumo de Cataluña, que permitirá multar con hasta 10.000 euros las mismas infracciones leves.

- Esta nueva normativa blinda para los consumidores el uso del catalán e incluso del aranés, pero en todo su articulado no aparecen las palabras «castellano» o «español».

- Establece que los camareros deben atender a los clientes en el idioma que éstos quieran.

- Finalmente, incluye, por primera vez en Cataluña, el «deber» de denunciar a los comercios que incumplan todas estas normativas.

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