AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 6 Marzo  2010

 

Rosa Díez, síntoma del odio a España
EDITORIAL Libertad Digital 6 Marzo 2010

En opinión del filósofo escocés David Hume, a largo plazo un régimen político sólo puede sobrevivir mediante la aquiescencia de la mayoría de sus ciudadanos. De este modo, un régimen político que cercenara las libertades de los individuos sólo podría implementar sus medidas represivas con la complicidad de una mayoría de esos individuos; en cuyo caso, la cuestión debería ser por qué esa mayoría termina aceptando –e incluso apoyando– que una camarilla de políticos ataque las libertades de sus vecinos, amigos y familiares; por qué una sociedad termina detestando ciertas manifestaciones de la libertad individual aun cuando no perjudiquen directamente a nadie.

Y la respuesta, más allá de casos puntuales y concretos, sólo cabe buscarla en el odio. Si ese sentimiento de repulsa consigue prender entre la mayoría de la sociedad, cualquier medida política que sirva para canalizarlo, con independencia de lo lesiva que sea para las libertades individuales, terminará prosperando. Todos los totalitarismos en algún momento han tenido que promover el odio de clase, de raza, de religión o de nacionalidad para asentarse y justificar sus atropellos.

En ciertas regiones de España, salvando unas distancias cada vez más estrechas, también se ha ido cultivando un odio hacia todo lo que simboliza lo español. La lengua y literatura castellanas o el himno y la bandera nacional se han convertido en ciertas partes del país en anatemas que son sometidos a todo tipo de abucheos, pitadas, censuras o quemas. El nacionalismo ha convertido el odio a España en su estrategia para consolidarse en el poder; pues en la medida en que los partidos no nacionalistas sean vistos como invasores o incluso agresores de las esencias comunitarias, sólo la propia tribu tendrá legitimidad para controlar las instituciones.

De ahí que tanto los partidos estrictamente nacionalistas como los asimilados hayan cultivado con dedicación el odio a España y a los españoles y de ahí que tras 30 años de adoctrinamiento haya aparecido toda una legión de jóvenes radicales que, empleando los métodos típicos del fascismo y del comunismo, exterioricen aquellas ideas y sentimientos que el sistema de educación público les ha imbuido.

En otras palabras, para que en Cataluña se pueda perseguir a quienes rotulan en castellano o para que se pueda impedir a los padres escolarizar a sus hijos en la lengua familiar es necesario que el odio hacia España se encuentre muy extendido entre la sociedad catalana. Así, no es de extrañar que una parte de esa sociedad, la más ideologizada y totalitaria, convierta ese odio en agresiones físicas y trate de impedir que se exprese cualquier persona que ponga en cuestión todo el entramado de intereses creados en torno al nacionalismo.

Rosa Díez ha sido la última que, hasta el momento, ha recibido los frutos de ese modelo de sociedad que ha venido planificando y construyendo el nacionalismo: una sociedad rencorosa y asentada en el odio hacia sus conciudadanos. Como ella misma ha reconocido, "unos echan la leña y otros encienden la hoguera". El nacionalismo catalán –como en sus respectivas regiones, el vasco o el gallego– ha venido echando leña a la hoguera antiespañolista y poco ha costado que algunos hayan encendido ocasionalmente la hoguera.

Se trata de unos síntomas que, además de inadmisibles para un gobierno democrático que merezca tal nombre, deberían hacer reflexionar a la mayoría de los catalanes sobre los extremos a los que los ha conducido el nacionalismo. Una sociedad abierta no puede asentarse sobre un acorralamiento permanente del que discrepa de la verdad oficial, sobre todo cuando esa discrepancia supone defender una ampliación de las libertades.

Lo peor de las agresiones contra Rosa Díez es que muchos en Cataluña (y fuera de Cataluña) las encontrarán justificadas y proporcionales; las verán como una justa respuesta a una provocación anterior, a un ataque previo. Y ese es el drama de Cataluña y en general de todas las sociedades modernas que aceptan la represión estatal como principio rector: que la defensa de la libertad individual es vista como una ofensa. El odio les ciega y les impide ver más allá de los hombres de paja que les han colocado estratégicamente los nacionalistas.

BOICOT EN LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA
Violentos independentistas tratan de silenciar a Díez
IMPRESIONES El Mundo 6 Marzo 2010

LA DIPUTADA de UPyD Rosa Díez volvió ayer a ser víctima de los energúmenos que pretenden proscribir la libertad de expresión de la Universidad española. Unos 50 jóvenes, con simbología independentista, trataron de impedir que diera una conferencia en la Autónoma de Barcelona, profiriendo insultos y amenazas, y ejerciendo violencia. Una de las jóvenes dijo con chulería que tenían «órdenes de no dejarla hablar». La diputada ya ha sufrido otros episodios similares. Por desgracia, cada vez son más habituales estos actos de barbarie en nuestras facultades, como ocurrió hace unos días en una charla de Aznar en Galicia. Y todos resultan impunes. Por su naturaleza, en la Universidad debe primar la libertad. Y una sociedad democrática no puede consentir que las autoridades académicas y políticas no sean capaces de garantizarla.

Multas
Pazo y Moseñe
Maite Nolla Libertad Digital 6 Marzo 2010

Afortunadamente, la sentencia que confirma la sanción al señor Nevot por no rotular en catalán suficientemente no crea jurisprudencia. Es más, de la docena larga de juzgados del contencioso-administrativo que hay en Barcelona, es posible que alguno decida que la Constitución aún rige en Cataluña y dicte una sentencia declarando esto ilegal por inconstitucional. Otra de las cosas buenas que tiene esta sentencia es que no entra, en ningún caso, a valorar si que te multen por rotular en castellano es o no legal, aunque parezca un contrasentido. Se limita a reproducir el criterio del Tribunal Constitucional sobre la política lingüística en Cataluña, alegando una sentencia del noventa y cuatro, anterior, por tanto, a la ley actual y que no dijo nada sobre si multar por rotular en castellano es o no constitucional, porque no se planteó.

Contra las sentencias de los juzgados del contencioso-administrativo en materia de sanciones y en cuantía inferior a dieciocho mil euros no cabe recurso. Éste es un elemento clave para entender esta sentencia. Yo no entro a valorar por qué a la señora Moseñe le parece constitucional que se multe a alguien en España por rotular en castellano. No sé si le parece bien, mal, está a favor, le da igual, está "más de acuerdo", como Zapatero, o quiere hacer méritos. Pero que no hubiera dictado esta sentencia de poder ser recurrida, seguro.

La base de la sentencia es la que ya les he mencionado del noventa y cuatro y el resto, con el debido respeto, como dicen los mafiosos, es un lío al más puro estilo Gómez Bermúdez, decorándose con continuas referencias a que esto no es una imposición y que es un error pensarlo y que nada más lejos de la realidad. Esto en la parte en la que se esfuerza en justificar la sanción, que en el planteamiento de la cuestión de inconstitucionalidad se lava las manos directamente.

Y después del jardín jurídico, la señora Moseñe justifica que se imponga una sanción por no rotular en catalán, aunque hubiera un cartel en catalán, porque el cartel que definía la "oferta de servicios" estaba en castellano. Un ejercicio de finura jurídica si tenemos en cuenta que un cartel rezaba "Finques Nevot" y el otro –el delictuoso– "Fincas Nevot Api compra venta pisos solares y rústicas". ¡Ajajá! ¡Aquí te hemos pillao! ¿Aprecian ustedes la sutileza? El señor Nevot se la quería colar a la Administración y a su señoría –jurídicamente, claro–, pero la señora Moseñe ha estado lista viendo la jugada.

Una de las curiosidades de este lance es que el honrado ciudadano que delató a Nevot y que sintió vulnerados sus derechos lingüísticos responde al nombre de Víctor Manuel Pazo Ortiz, como se dice en la sentencia. Y el señor Pazo Ortiz ha recibido el amparo de la señora Moseñe en castellano; porque la sentencia está redactada en castellano, lo que añade a la injusticia, la desidia, ya que los jueces disponen de un servicio de traducción de sentencias y, en general, de toda su producción literaria. Teniendo en cuenta que el señor Pazo te denuncia por menos de eso, a ver quién le dice que su denuncia por no rotular en catalán ha acabado con una sentencia en castellano. Usted misma, señoría.

Los toros como excusa del nacionalismo contra España
Federico Quevedo El Confidencial 6 Marzo 2010

¿Toros sí o toros no? El Parlamento catalán debate estos días la supervivencia de la llamada Fiesta Nacional en aquella comunidad autónoma, y como casi todo en este país ese debate se caracteriza por una dosis extra de pasión y tragedia que por otra parte resulta muy propia del asunto en sí. Sudor y lágrimas, sangre y arena, muerte y ruedo forman parte del propio espectáculo taurino, trasladado ahora al fragor de la batalla política. No debería sorprendernos que estas cosas se debatan en un parlamento dado que para eso están las cámaras en las que supuestamente descansa la soberanía popular. Si de verdad ese debate está en la calle, lo lógico en virtud de su obligación de atender a las demandas sociales es que el parlamento, y más que el autonómico el nacional, se haga eco del mismo. Pero no es así. No es este, ni mucho menos, un debate que se esté planteando en la sociedad, ni en la española ni en la catalana, luego ha de haber otra razón para que el Parlament se haya metido en este berenjenal sin venir a cuento con la que está cayendo en este país. Y esa razón no es otra que la de poner un cerco a todo aquello que de una u otra manera represente la idea de España, y en esa ambición el nacionalismo es capaz de llevarse todo por delante y poner coto a la libertad y al sentido común.

Les seré sincero: quien esto escribe no se entusiasma por los toros. Es más, no me gustan, me aburren soberanamente. He intentado en muchas ocasiones que me atraiga la fiesta y la faena, pero reconozco que no consigo que despierte en mi sensación alguna más allá del tedio. Quizá por eso me creo con algo más de autoridad para decir lo que digo: los toros, la fiesta, forman parte de nuestra cultura, de nuestra historia, y han dado páginas gloriosas a todas las formas de expresión artística. La tauromaquia ha llenado versos, inspirado cuadros, cincelado esculturas y forjado historias sin que en ningún caso la ideología haya intervenido ni para ampararla ni para denigrarla. Los enemigos del toreo apostillan a eso que no es argumento suficiente para justificar el sufrimiento del animal, y de ahí la imagen que el pasado jueves traían en sus portadas casi todos los periódicos, la de un Jorge Wagensberg empuñando un estoque al grito de “¿ustedes creen de verdad que esto no duele?”. ¡Claro que duele! También duele el cuchillo con el que se rebana el cuello del cerdo en la matanza, o la descarga de corriente eléctrica que acaba con la vida de una vaca para que su carne sirva de manjar en nuestra mesa. El toro muere, es verdad, pero lo hace en una titánica lucha por la supervivencia con el torero, y al final su carne es igualmente agasajada por la última creación artística a la que contribuye: la culinaria.

Hipocresía abortista
Quienes se ponen detrás de los derechos del toro de lidia –que, por cierto, de no ser por la fiesta nacional no existiría con todo lo que eso conlleva desde todos los puntos de vista- y esgrimen el estoque como si se tratara de un arma peligrosísima de destrucción masiva, no dicen nada, sin embargo, de esa otra tradición típica de Cataluña, los correbous y los bous embolats en la que al toro se le prende fuego en las astas, fuego que le va quemando la piel y la carne mientra se le obliga a correr en un particular encierro de llamas y sufrimiento. ¡Ah! Pero eso queda fuera de la prohibición, porque no es una fiesta española, luego lo que preocupa no es el sufrimiento del toro, sino el origen del divertimento y sus connotaciones. Y es que, en general, el nivel de hipocresía de los abolicionistas de la Fiesta Nacional es de cuidado: la mayoría de ellos, de esos que esgrimen el estoque como arma de sufrimiento, son firmes partidarios del aborto, y cabría decirles lo mismo, o sea, enseñarles unas de esas tenazas que se utilizan para descuartizar niños en el seno materno, o una de esas jeringas cargas de veneno salino para quemarlos vivos y preguntarles “¿ustedes creen de verdad que esto no duele?”.

El ejercicio de hipocresía deja al descubierto el verdadero rostro de la sinrazón nacionalista: se ataca a los toros para atacar a España, al igual que se ataca a la lengua española para hacer cada vez más insignificante la presencia de lo español en aquella tierra. El nacionalismo es como un cáncer que destruye todo cuanto toca, un enemigo de la libertad y de los derechos fundamentales de las personas. Es capaz de abrazar causas absurdas y muchas veces contrarias a sus propios intereses con tal de manifestar su independencia de la realidad nacional, y en ese camino del esperpento llega a identificaciones absurdas como religión y Estado, y de ahí la batalla contra la Iglesia Católica emprendida por el nacionalismo radical al que, sin embargo, no le duele en prendas sumarse a la causa del islamismo que en propiedad es mucho más contrario a la idea romántica del nacionalismo que el cristianismo. El toro de lidia acabará muriendo en Cataluña a manos de unos desaprensivos que ni entienden ni quieren entender el alcance de lo que están proponiendo obcecados como están por una idea destructiva, y que entre libertad y dirigismo optan por lo segundo, haciendo claudicar la democracia y el Estado de Derecho frente al discurso del odio y del resentimiento. Un discurso que, ni de lejos, es el discurso de la calle.

fquevedo@elconfidencial.com
http://twitter.com/Federicoquevedo y también en www.facebook.com

Todo por el Estado
PEDRO G. CUARTANGO El Mundo 6 Marzo 2010

El jurista alemán Carl Schmitt fue el gran teórico del totalitarismo nacionalsocialista.

Schmitt creía en la supeditación absoluta del individuo al Estado, entendido como comunidad de «personas esencialmente ligadas».

El gran pecado de este intelectual fue, a mi juicio, la extremada sofisticación jurídica y filosófica de sus argumentos para justificar algo tan repugnante como el nazismo.

Una de las citas célebres de Schmitt es aquella en la que expresa en muy pocas palabras el decisionismo que atraviesa su obra: «Soberano es el que decide sobre el estado de emergencia»

Dicho con otras palabras, el Estado tiene la auctoritas suficiente para hacer lo que le plazca en función de los intereses de la comunidad que representa. Schmitt defendió lo que él llamaba la dialéctica amigo-enemigo, por la cual el Gobierno de Hitler estaba legitimado para asesinar a seis millones de judíos.

Me han dejado pasmado esta semana las revelaciones de las conversaciones en Oslo entre ETA y el Gobierno, en las que el abogado José Manuel Gómez Benítez asume la teoría schmittiana por la que todo está justificado -incluso la transgresión de la legalidad vigente- si se actúa al servicio del Estado.

Según las actas de ETA, Gómez Benítez ofreció trabajar por un tratamiento benévolo a Jarrai y hacer lo posible para que el Partido Comunista de las Tierras Vascas no fuera ilegalizado. O sea que el abogado estaba dispuesto a negociar con una banda terrorista asuntos que eran competencia de los tribunales o, si se quiere, a pagar un precio político por la renuncia a la violencia de ETA.

Gómez Benítez dice que no se arrepiente porque sirvió al Estado. Este era justamente el argumento de todos los dirigentes nacionalsocialistas en el juicio de Nuremberg para eludir sus responsabilidades.

El problema de Gómez Benítez, que pasa por ser un gran jurista, es que no se da cuenta de que la ignominia nunca es justificable, aunque se cometa en nombre del Estado. Schmitt incurrió en el mismo error.

Este decisionismo al que apela Gómez Benítez es el mismo que ha llevado a su amigo Baltasar Garzón a saltarse las leyes cuantas veces ha querido, ya que ello se hacía apuntando a un fin noble y superior. ¡Qué podía importar el acatamiento de las normas si lo que estaba en juego era procesar al franquismo!

Este era el razonamiento de Schmitt contra Kelsen, al que acusaba de refugiarse en el formalismo de la ley en la famosa polémica sobre el guardián de la Constitución de Weimar.

Samuel Johnson decía que el patriotismo era el último refugio de los canallas. Ambrose Bierce le corrigió, precisando que era el primero. Gómez Benítez se escuda ahora en que estaba sirviendo al Estado para justificar su disposición a traicionar sus fundamentos.

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El huevo sigue creciendo
El blog de Santiago González El Mundo 6 Marzo 2010

Varias decenas (El Mundo) medio centenar (El País) un centenar (Público) de estudiantes independentistas impidieron el normal desarrollo de una conferencia de Rosa Díez en la Universidad Autónoma de Barcelona. Hace diez días, una veintena de ellos habían intentado boicotear una conferencia de Ibarretxe. Hace tres años habían sufrido parecidas muestras de intolerancia Arcadi Espada, Jon Juaristi y Fernando Savater.

Si llamaron 'torturador' a Ibarretxe, no ha de sorprender demasiado que insultaran a Rosa Díez como 'fascista' y 'asesina'. A la puerta del Aula Magna tuvo lugar este diálogo entre un agente y un alborotador, alevín de somatén, camada negra:

-No empujéis...
-Los dos tenemos órdenes: tú, de hacer que dé la conferencia; yo, de impedírselo. La diferencia es que yo no cobro.

El decano de la Facultad de Ciencias Políticas, Salvador Cardús intentó hacer como sus homólogos en alguno de los casos citados: suspender la conferencia. La determinación de la diputada solitaria, que había sido invitada por Joaquín Molins, llevó a buscar un aula más pequeña. El decano lo explicó así:

"Nos gustaría garantizar el ejercicio de la libertad de expresión. Este decanato lamenta de forma profunda no poder garantizarlo. Sintiéndolo mucho, pero por razones de seguridad, nos vemos obligados a evacuar la sala".

No se entiende bien cuánto les gustaría garantizar el ejercicio de la libertad de expresión y por qué no llamó al departamento de Interior para que cumpliera con su deber de garantizarla. La conferenciante y la institución llegaron antes que las crías del tripartito al aula en la que finalmente impartió la conferencia: Díez ya estaba dentro con una reducida muestra de público cuando acudieron ellas, y las puertas estaban guardadas por agentes de seguridad.

A la salida, más de lo mismo: gritos, pintura roja que alcanzó al decano tal como se ve en la foto, piedras, salivazos, papeles e insultos y zarandeo del coche hasta que se marchó. En Cataluña se está incubando pacientemente el huevo de la serpiente que en Euskadi ha llegado a alcanzar el tamaño que conocemos, gracias al fanatismo de los principales responsables, a la dejación de responsabilidad de otros y a una actitud más dificílmente explicable de terceros. El diario Público, en el mismo día en que su director hasta hace 24 horas era nombrado secretario de Estado de Comunicación por el Consejo de Ministros y Ministras, mantuvo en la portada de su página web el siguiente titular:

Increible pero cierto
Lázaro Conde Monge Minuto Digital 6 Marzo 2010
Nunca fuera caballero de damas tan bien servido (cap. II de El Quijote)

La degradación de la situación a la que ha llevado a España una política caracterizada por el sectarismo, inherente al progresismo de izquierdas del que alardea el Presidente del Gobierno, no se le debe achacar exclusivamente a él. No sería justo. Se impone la más seria reflexión colectiva para recuperar el impulso democrático que caracterizó los primeros años de la transición, lograda con el eficaz arbitraje de quien había sido designado por el anterior Jefe del Estado para sucederle con el título de Rey. Tal vez como resultado de esa reflexión, el pueblo soberano se percate de que en toda auténtica democracia somos los ciudadanos los que elegimos a nuestros representantes y por tanto del acierto o del fracaso de su gestión todos somosresponsables. Por encima de las preferencias políticas de cada uno, seamos consecuentes al evaluar objetivamente ese resultado. Ha llegado el momento de abordar seriamente la posible solución a los múltiples y graves problemas con los que actualmente se enfrenta la sociedad española. No valen subterfugios, ni medias verdades.

El deterioro de la situación es de tal magnitud, que es imprescindible dejar constancia de los alarmantes efectos de la gestión del actual Presidente del Gobierno, desde su acceso al poder en las terribles circunstancias por todos conocidas. La prepotencia y la pulsión totalitaria con la que, sin ningún rubor, trata de eliminar antidemocráticamente al único adversario político de entidad similar a la suya, quien se titula progresista de izquierdas, se traduce en el desprecio absoluto a cualquier opinión que ponga en evidencia su forma de gobernar. Su falta de escrúpulos con el fin de seguir al frente del Gobierno, le lleva a rechazar cualquier acuerdo con ese adversario y a aceptar el apoyo de grupos políticos abiertamente separatistas, previas determinadas concesiones, con la finalidad de mantener una mayoría parlamentaria suficiente.

Aunque parezca increíble en estas circunstancias, hay que recalcar la escasa eficacia del mencionado adversario, tanto en su función de control, como en la de Oposición al Gobierno. Ambas funciones son indispensables en toda democracia acreditada, a semejanza de lo que ocurre en E.E.U.U. entre republicanos y demócratas o en Gran Bretaña entre conservadores y laboristas y en general en la totalidad de los Gobiernos democráticos, que cuentan con opciones denominadas de derechas e izquierdas, conforme a principios previamente establecidos. La indispensable necesidad del cambio en esta situación de grave crisis nacional, requiere respuestas políticas contundentes.

En esta tesitura es obligado dar respuesta a una pregunta elemental: ¿Qué ha ocurrido en España, para que el éxito de una transición que había situado a la nación a nivel semejante al de las democracias consolidadas, se encuentre actualmente en los últimos puestos que ocupa entre las europeas, al cumplirseseis años de Gobierno progresista?

La respuesta es complicada. Para entenderla, hay que comenzar reconociendo que el término progresista embauca a un gran porcentaje de ciudadanos de diversa condición y tendencia, deslumbrados por las posibilidades que ofrece ese enunciado aplicado a la política. El complemento de izquierdas, añade a esa tendenciaun carácter especial por estimular la desaparición de creencias y de principios morales, con la implantación de una laicidad agresiva que elimina la enseñanza religiosa y recurre a todo tipo de prohibiciones, con la intención de hacer desaparecer el símbolo de la cruz como representación básica de la civilización cristiana, en la que se fraguó la unidad nacional en la lucha contra el Islam durante ocho siglos. El desplazamiento hacia la extrema izquierda del socialismo español requería una respuesta firme del partido tradicionalmente situado a la derecha. Sorprendentemente, en contra de lo esperado, este partido se ha deslizado hacia el centro político, eliminando la denominación de derecha y concediendo la iniciativa al partido situado en origen en la banda opuesta.

Quien emite libremente, una vez más, su opinión, como español orgulloso de su estirpe y de la gloriosa Historia de su nación, reconoce que en España, como consecuencia del alto nivel de desarrollo alcanzado merced al trabajo y al esfuerzo de todos, no existe alternativa a la democracia que se rige por la Constitución de 1978, elaborada con la aportación del Rey que la avaló como jefe del Estado.

Es oportuno destacar el contenido de su artículo 8 que encomienda a las Fuerzas Armadas la misión de garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. La impecable aceptación de la democracia por este estamento básico del Estado, merecía esta encomienda a quienes dedican sus vidas al servicio de su Patria.

La oportunidad de destacar esta explícita garantía constitucional, está especialmente justificada en estos momentos de desconcierto y confusión generalizada, cuando se aproxima a cuatro años la demora del Tribunal Constitucional en la publicación de la sentencia sobre el recurrido Estatuto de Cataluña.

Dada la precariedad de la situación nacional y la manifiesta ineptitud de sus dirigentes políticos, encabezados por el incosciente y mentiroso Presidente del Gobierno, magistralmente retratado en su absoluta inconsistencia y nimiedad, por el profesor Gustavo Bueno, en su antológico libro “Zapatero y el pensamiento Alicia” y recientemente por José García Abad en el titulado “El Maquiavelo de Leon”, el comentarista firmante se abstiene, de momento, de referirse a otros aspectos de extrema gravedad, generados por la disparatada gestión de un Gobierno desnortado, presidido por un iluminado personaje. Increíble pero cierto.

No obstante como defensor del derecho a la vida en todas sus etapas, no puedo dejar de referirme al nauseabundo espectáculo protagonizado recientemente en el Congreso de los Diputados por tres mujeres progresistas con su comportamiento vergonzoso al festejar obscenamente, con regocijo exultante, impropio del lugar, del momento y de la causa, la aprobación de una ley del Aborto que considera un derecho de la mujer la liquidación de seres humanos desde el momento de su concepción.

Expuesto el motivo de su histérico e indecente arrebato de alegría y satisfacción, del que queda constancia visual, no sería justo dejar de resaltar la identidad y los méritos de tan siniestras protagonistas progresistas, para su escarnio y vergüenza. Son estas:

-Bibiana Aido: Titular del innecesario Ministerio de Igualdad. Obsesa sexual que emplea una parte sustancial de su presupuesto en estudios con esa referencia, tales como el programado sobre la excitación sexual del clítoris. Poco más.

-Trinidad Jiménez: Ministra de Sanidad. Partidaria de experimentar todas las posibles variedades para encontrar la mayor satisfacción en las experiencias sexuales. Respecto al cometido propio de su ministerio, destaca el innecesario gasto de millones de euros en la adquisición de una vacuna que no ha podido ser utilizada.

-Leire Pajín: Secretaria de Organización del PSOE. Tercera mujer progresista, cuyo anuncio profético sobre determinado acontecimiento planetario la sitúa en vanguardia de un progresismo ridículo y acentúa la sospecha sobre la verdadera razón de la cuantiosa retribución que, por diferentes conceptos acumulables, recibe mensualmente del presupuesto asignado a su partido como destacada socialista obrera.

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Grave y trascendental
El diputado general de Guipúzcoa, al revés que Sabino Arana, no distingue entre sentimiento privado y legitimidad política
JOSEBA ARREGI El Correo 6 Marzo 2010

Este título está tomado del que se usa en un artículo publicado en los primeros años del desarrollo del nacionalismo vasco, sin firma, pero atribuido desde el principio a Sabino Arana. Quien se denominaba a sí mismo apóstol del nacionalismo y que recogió sus escritos en un libro titulado 'Ereintza-Siembra', Kizkitza o Engracio de Aranzadi, defiende al fundador del nacionalismo de todos aquellos que le criticaban por el contenido de ese artículo.
Algunos historiadores se refieren a ese escrito llamándolo el giro españolista de Sabino Arana. En ese escrito, el fundador del nacionalismo aconseja a sus seguidores y al partido que él fundó que adoptaran como programa político la defensa de la autonomía vasca en una España federal, afirmando que él mismo, en su esfera privada, seguiría manteniendo la fe nacionalista en toda su radicalidad.

La lectura ortodoxa en el PNV de este texto afirma que se debe a su condición de preso cuando lo redactara y a la persecución que sufría su partido por parte de las autoridades estatales. Sea como fuere, en ese escrito aparece lo que podía haber sido la conversión a la modernidad del fundador del nacionalismo, quien sí puso en marcha prácticas modernas instrumentales -partido de masas, medios de comunicación, recurso a los sentimientos por medio de la poesía y el canto-, pero que estaban al servicio de un proyecto aferrado al Antiguo Régimen. La conversión a la modernidad viene de la mano de la diferencia que plantea entre lo que pertenece a la esfera privada, las propias creencias de cada uno, aunque sean convicciones políticas, y el programa político destinado al espacio público.

La forma de actuar de la Diputación Foral de Guipúzcoa y de su diputado general en la cuestión del cumplimiento de la sentencia que obliga a colocar la enseña de España en el palacio foral puede tildarse también de grave y transcendental tomando prestado el título del artículo de Sabino Arana, pero en paralelo de contenido con el mismo. Es grave que un órgano institucional juegue con el cumplimiento de una sentencia, que reclama simplemente el cumplimiento de la ley, como lo ha hecho la Diputación y su diputado general. Y es transcendental lo que han hecho porque es inadmisible en democracia, ya que el cumplimiento de la ley debiera darse por supuesto.

Por su forma de actuar, parece que el diputado general de Guipúzcoa vuelve a los tiempos en los que los gobernantes y los mandatarios no lo eran por la legitimidad de los procesos electorales democráticos, sino por la Gracia de Dios. El diputado general ejerce el poder en y con la legitimidad del entramado institucional en el que está enmarcada la Diputación Foral. El diputado general ejerce su poder gracias a un proceso electoral que a su vez está legitimado por ser pieza de un entramado de leyes cuya legitimidad deriva de la Constitución y el Estatuto. No posee ninguna legitimidad fuera de esos marcos y de esos contextos. En ninguna democracia existe legitimidad de poder fuera del marco constitucional -y en nuestro caso estatutario- y de las leyes positivas que de él se derivan.

La excusa de poseer otra legitimación porque la Constitución española no obtuvo la mayoría de los votos en Guipúzcoa no se sostiene. Primero porque el Estatuto de Gernika, que deriva su legitimidad de la Constitución, sí la obtuvo. Y en segundo lugar porque también en Guipúzcoa los votos afirmativos fueron más que los votos negativos. Y si quiere apoderarse del número de abstencionistas debiera, aparte de recordar la frase atribuida a Juan de Ajuriaguerra de que 'el que calla, calla', y nada más, hacer bien los cálculos: debe restar del número de abstencionistas en Guipúzcoa la media de abstencionistas en el conjunto de España, y a lo que resulte de la resta aplicar la tendencia a que en Euskadi la abstención siempre es en algo superior al resto. Sólo entonces podrá hablar del valor político de la abstención en el referéndum de la Constitución que de ninguna manera permite extraer las conclusiones que al señor Olano le gustarían.

Es llamativo, en cualquier caso, que decisiones políticas del calado de la que ha adoptado la Diputación Foral de Guipúzcoa se apoyen en la abstención: indica la tendencia de un determinado nacionalismo de ejercer el poder, y gozar de las prebendas del poder, en un limbo sin legitimidad, como si la única legitimidad que necesitara el señor Olano para ejercer el poder fuera la de que el nacionalismo, su nacionalismo, es el único con derecho a ejercer el poder, se encuadre o no en un marco de legitimidad.

Pero el paralelo con las reflexiones de Sabino Arana va más allá. En su artículo 'Grave y transcendental' vislumbra uno de los pilares de la política democrática, la diferenciación de la esfera privada del ámbito público en el que sucede la política, un pilar fundamental para entender el significado de la libertad de conciencia y de la aconfesionalidad del Estado. El cumplimiento de la ley al que obliga la sentencia del Supremo significa que la bandera de España es la constitucional, lo que, a su vez, significa que no puede estar sola, sino acompañada de las banderas de las autonomías, en nuestro caso de la ikurriña, reconociendo así el sentimiento diferenciado de muchos vascos.

Pero el diputado general quiere que la ikurriña esté sola, que en la institución foral impere sólo uno de los distintos sentimientos que conforman la sociedad guipuzcoana: impone en el espacio público su sentimiento privado, que no deja de ser privado y particular por mucho que sea el de muchos. Justo lo contrario de lo que Sabino Arana, en un momento de dificultades y sufrimientos personales, fue capaz de vislumbrar y que le acercó a las puertas de la modernidad.

Habrá muchos que opinen que estas cuestiones no tienen mayor importancia, y que es mejor dejarlas reposar. Pero creo que se equivocan: no es cuestión de rebajar el valor de los símbolos diciendo que a uno no le importan, ni le deben importar, aunque, eso sí, sea necesario reconocer que detrás de los símbolos hay personas. Hay mucho más: con los símbolos democráticos no se juega porque esos símbolos encarnan las instituciones que garantizan las libertades y los derechos individuales de todos.

En los símbolos democráticos están las instituciones democráticas, y en éstas nuestra libertad y nuestro derecho ciudadano. Eso es lo que rechazan el diputado general de Guipúzcoa y la propia Diputación que preside.

Feijóo garantiza al comercio la libertad para rotular en gallego o en castellano
El bipartito había diseñado un borrador que quería acabar con la «imposición histórica» del español en los más de 43.000 locales
ANA MARTÍNEZ | SANTIAGO ABC 6 Marzo 2010

La renovada Ley de Comercio del equipo de Núñez Feijóo pondrá fin al intento de obligar a la industria a emplear esencialmente el gallego en las tiendas o dependencias, disyuntiva insinuada expresamente en una propuesta que planteó el ejecutivo de Touriño, ahora relevada. La actual norma da libertad absoluta a los dueños de los negocios para colocar sus letreros en cualquiera de las lenguas oficiales que consideren oportuna, conforme a la «libertad de empresa y establecimiento».

El consejero de Economía de Galicia, Javier Guerra, comentó que la iniciativa pretende «vertebrar y proteger al sector, y garantizar los derechos básicos de comerciantes y consumidores».

El proyecto que pretendía instaurar la coalición de PSOE y BNG cuando gobernaba no sólo se metía en las relaciones con los clientes, sino también en las inscripciones interiores y exteriores. El frentista Bieito Lobeira llegó a decir que su idea estaba llamada a dar la vuelta a la «ecuación perversa» que sufría el idioma de Rosalía. Los carteles e información debían estar disponibles, al menos, en gallego. El diputado del BNG subrayó que el problema en Galicia es diferente al de Cataluña, «porque aquí la Administración debe abrir caminos para la normalización y velar por el cumplimiento de los derechos lingüísticos de una sociedad que en su mayoría habla gallego, pero que no puede ejercer su derecho a hablarlo en las las relaciones comerciales», manifestaba.
La galleguización

Mucho más claro se había mostrado con la «oferta positiva en gallego» (así bautizó este ingenio) que aconsejaba inculcar en los locales que la atención al público fuese de partida en la lengua propia autonómica; que la Xunta promoviese «campañas específicas de galleguización en las grandes áreas comerciales» donde se hubiesen registrado «casos de discriminación lingüística» hacia el gallego únicamente; y que la inclusión del gallego fuese valorada como «mérito» a la hora de recibir ayudas públicas en las convocatorias oficiales. De hecho, existe una subvención desde hace tiempo por rotular en la lengua gallega.

Con estas y otras decisiones, el BNG quería revocar la normalización del castellano en un sector que da empleo a 114.000 personas y mueve un 13% del PIB en Galicia. Según Lobeira, esa práctica habitual de empleo del castellano remitía a una «imposición histórica» del idioma. «Es increíble que hoy existan prejuicios, o rebajas, hacia el gallego, pues algunas personas siguen identificando el castellano con la modernidad, el dinero y la innovación; cuando lo cierto es lo contrario, vender en gallego no empobrece, enriquece», razonaba Lobeira.

La visión de esta acción política no ha cambiado. La Mesa del Gallego, afín al nacionalismo, llegó a ser denunciada por comerciantes que hablaban de unas supuestas cartas enviadas a sus oficinas, en las que se les hacía saber que no estaban actuando en consonancia con el mensaje dado (por rotular en castellano), y que si no cumplían con las recomendaciones ofrecidas, podrían ser sancionados.

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