AGLI

Recortes de Prensa   Viernes 2 Abril  2010

 

Radiografía del pesimismo
Editorial ABC 2 Abril 2010

LA última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela que la preocupación de los españoles por el paro ha llegado a un nivel histórico, al situarlo el 82,9 por ciento de los encuestados como el mayor problema actual de España. Hace un año, la misma encuesta reflejaba que los españoles que consideraban el desempleo de esta manera alcanzaban el 76,1 por ciento. Pero el dato que más radiografía el pesimismo ciudadano sobre la situación, y que más concierne a Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, es que en marzo de 2004, cuando aún gobernaba el PP y ya se habían celebrado las elecciones generales, los encuestados que señalaban el paro como el principal problema eran el 51,7 por ciento. Este balance de los dos mandatos socialistas -y aun cuando falten dos años para los próximos comicios generales- pesa como una losa sobre las expectativas a medio plazo, porque si el 76,8 por ciento de los encuestados piensan que la situación económica es hoy mala o muy mala -en marzo de 2004 sólo el 14,3 por ciento tenía esta opinión -, el 37,4 por ciento cree, frente al 21,1 por ciento, que las cosas irán a peor en los próximos meses.

Este pesimismo se retroalimenta por la desconfianza en la clase política, tercer problema nacional, según los encuestados, por detrás del paro y la crisis económica. El dato es nefasto para una sociedad que necesita ilusión y liderazgo para afrontar los sacrificios que exigirá la recuperación de la economía. Si el sistema de partidos y el Gobierno no inspiran confianza, es imposible que los ciudadanos vean en el horizonte motivos de optimismo. Y lo peor de todo es que la realidad explica esta actitud sombría de los ciudadanos, a la vista de las nuevas previsiones a la baja del Banco de España sobre la evolución del empleo y el crecimiento económico.

La percepción de ineficacia del Gobierno se contagia al sistema político en su conjunto y contamina la regla de la alternancia porque la oposición es vista, injustamente, como coprotagonista de la falta de soluciones a la crisis. Este efecto perverso de la gestión del Ejecutivo -sin ideas, sin ofertas- amenaza con separar a los ciudadanos de sus instituciones. La respuesta puede ser la abstención, por lo que la encuesta también es una advertencia al PP para que su estrategia de oposición se diferencie claramente de la imagen obstruccionista que presenta el Gobierno. El barómetro del CIS retrata a una sociedad que necesita imperiosamente una alternativa política.

Políticos
El problema principal
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Abril 2010

Salvo raras excepciones, los políticos españoles conforman una casta que está acabando con la política y, por supuesto, tiene secuestrado el sistema democrático. Nadie más entusiasta de la política que este cronista, pero pocos serán más críticos que yo con la casta política que tiene secuestradas todas las instituciones. Por fortuna, empiezan a ser reiterativas las encuestas del CIS en un asunto que confirman mi diagnóstico político. El CIS lleva tiempo interpelando a los políticos con los resultados de sus investigaciones, pero la mayoría de ellos no quiere tomarse en serio el asunto, o peor, ocultan con engaños, mentiras y falsificaciones el "espíritu profético" de esta institución. He ahí otra prueba, por si no fueran suficientes los datos aportados por Instituto Oficial sobre la "maldad" que perciben los españoles en los políticos.

Pocos son los profesionales del poder que se sienten concernidos por esos resultados y, por desgracia, abundan los que se ocultan lo obvio con un cínico: "Los políticos son un reflejo de la sociedad". Mentira. La sociedad ha descubierto ya esa mentira como indican estas encuestas que tienen poderes proféticos. En efecto, estoy de acuerdo con Maquiavelo cuando mantiene que todo gran acontecimiento ha sido siempre, de un modo u otro, anunciado. Y si en verdad el espíritu profético es natural al hombre, entonces ninguna encuesta que se precie renunciará jamás a penetrar en el porvenir. El gran acontecimiento de nuestro sistema político es que los políticos tienen bloqueado el sistema democrático.

Las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas son paradigmáticas, e incluso reiterativas, en esa predicción, a saber, la "clase" política es un problema. Es la principal conclusión del último barómetro del CIS. La mayoría de los encuestados consideran que la situación política general de España es mala. Por quinta vez consecutiva, en efecto, los políticos aparecen como uno de los principales problemas de los españoles, según el barómetro de marzo. Y, junto con el "movimiento ocupa", los partidos políticos son estimados, o mejor, desestimados por los encuestados hasta ocupar los últimos lugares en una escala de 0 a 10.

Pero, por favor, nadie se engañe con datos y más datos, quédense con lo fundamental: los políticos son un problema. Ojo que no se trata de que los ciudadanos responsabilicen o culpen a los políticos de muchos de sus problemas, sino de que la casta política es percibida como un problema. He ahí el asunto central de la encuesta, pero la hipócrita casta política tergiversa el asunto. El paro, el terrorismo y los políticos son, repitamos las veces que haga falta, los tres grandes problemas.

En fin, los políticos españoles son la principal carga del sistema democrático. Los ciudadanos no confían, sencillamente, en sus políticos, porque ocupan las instituciones en beneficio propio y están lejos de cualquier proyecto sensato para regenerar el falso tejido democrático.

Tiempos de infamia
ABC 2 Abril 2010

Me preguntó mi amigo que cuánto tiempo le daba yo a la crisis. «¿A qué crisis?», le pregunté a mi vez. «Quiero decir que si te refieres a la moral y no a la económica». «De acuerdo», me dijo. Y comenzamos a echar por la boca todo lo que la actualidad nos va poniendo en la del estómago. El esperaba que yo como periodista le diera alguna clave especial, nueva, distinta. ¿Acaso hay algo más soez que gastarse 350 euros en una escobilla de wáter? Así que comenzamos a despotricar sobre Matas y la Munar y el gobierno de los socialistas con los amiguetes de esta y los posibles implicados del PP en los negocios de Matas y toda esta mierda en la que patean los partidos, el sistema de partidos, el sistema democrático ¿por cuánto tiempo? ¿hasta cuándo?

Otro amigo me habla de la gran conspiración de la que es fruto esta parida a la que dimos luz en la transición y en la que se entienden todos, Bárcenas y Zarrías juntos, Más y Eguiguren, Rajoy y Zapatero. Y en torno a estos y a su tinglado de la «nueva farsa» los militantes que jalean a los suyos, cada cual a los propios, los del PP a los del PP y los del PSOE a los del PSOE....

¿Por cuánto tiempo esta crisis moral, estos inmundos programas de las televisiones, estas escuelas de incivilidad, esta miseria cultural, peor, mucho más grave que la que vivimos en la dictadura, dónde se va a comparar? La abstención que ha habido en las regionales francesas es una buena lección para la clase política. Por supuesto para Sarkozy, en primer lugar. La abstención de los franceses es un hecho novedoso, inesperado. Un aviso. «No os merecéis nuestro voto», le han dicho a su clase política. «Que os vote vuestra madre» ¿Terminará pasando aquí algo parecido? A «ellos» les da igual. Los que pierdan las generales resistirán en los feudos autonómicos y municipales. Nos aburrirán con sus rapiñas. No todos. No generalicemos. Algunos hay honrados e incluso honestos.

Falsas esperanzas
Editorial ABC 2 Abril 2010

Mientras el presidente norteamericano no crea en las sanciones contra Irán, poco se puede esperar desde el ámbito diplomático para detener el programa atómico de los ayatolás. Es más, aún concediendo que Washington llegase a convencer a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU para imponer de verdad unas sanciones decisivas contra Irán -cosa aún por ver- es más que dudoso que a esta altura del desarrollo del programa nuclear, tuvieran un efecto significativo más allá de bálsamo de nuestras conciencias.

Nunca antes un régimen de sanciones ha dado resultado. El embargo en Cuba puede ser un buen ejemplo; la pervivencia del régimen norcoreano, otro. Incluso el Irak de Sadam sólo padeció sus efectos tras una campaña militar en 1991. Hasta ahora, las tres condenas de la ONU han dejado a los dirigentes iraníes indiferentes. Y no hay razones para pensar que una nueva resolución va a ser distinta en sus efectos.

¿Por qué iba a serlo? Desde Teherán esto es lo que se vislumbra: Primero, los europeos están más divididos y débiles que nunca. Su retórica no se verá acompañada de acción alguna; segundo, los rusos vuelven a restablecer sus relaciones y entregarán en breve el material nuclear para la planta de Busher; tercero, mientras que Obama y Clinton hablan de más sanciones, las descafeínan en la ONU y, sobre todo, ponen al Pentágono en el rumbo de la contención y la disuasión, aceptando de hecho lo que dicen es inaceptable; por último, Israel se encuentra maniatado por Washington. Jerusalén podría atreverse con un ataque preventivo incluso con una luz ámbar en el semáforo americano, pero no abiertamente en contra de la Casa Blanca. Nada que temer en este terreno por el momento.

El tiempo de las sanciones de verdad, las que podrían haber hecho pupa al programa atómico, ha pasado. Ahora sólo queda una cosa: prepararse para vivir con la bomba iraní o prepararse para impedirlo por la fuerza. Lo demás son falsas esperanzas.

Verdaderos mártires
ÁLVARO VARGAS LLOSA, ABC 2 Abril 2010

HOY en día, la mayoría de quienes mueren por una causa lo hacen por la causa equivocada y para provocar la muerte de personas inocentes. El terrorismo islamista y nacionalista ha convertido la noble idea del martirio en lo contrario de lo que, de niños, nos enseñaron que significaba. Hemos pasado de un Sócrates bebiendo la cicuta con elegancia en nombre de la investigación filosófica a las dos terroristas suicidas que asesinaron a decenas de rusos en Moscú haciendo trizas dos estaciones del metro a inicios de semana.

Pero en un rincón malhadado del hemisferio occidental, como asumiendo el deber de restaurar la antigua tradición del martirio, un grupo de personas ha decidido morir por una buena causa sin dañar a otros. El mundo sigue con angustia el drama de los prisioneros de conciencia cubanos, muchos de ellos negros, que han iniciado una cadena de huelgas de hambre para exigir la liberación de sus compañeros. Orlando Zapata Tamayo, un albañil que fue uno de los 75 activistas y periodistas encarcelados en 2003, expiró a finales de febrero tras no probar alimentos por más de 80 días. Le siguió el psicólogo Guillermo Fariñas, otro cubano que lleva más de un mes sin comer y ha contraído una infección causada por el estafilococo aureus. El ingeniero Félix Bonne Carcassés ha anunciado que si Fariñas muere, lo reemplazará. Otros aguardan, no menos decididos, en fila.

Mientras estos hombres sacrifican su existencia por un principio, un grupo de mujeres vestidas simbólicamente de blanco también arriesgan la suya protestando a diario en las calles contra los hermanos Castro, a quienes consideran los asesinos de Zapata y de quienes sigan. Las Damas de Blanco -madres, esposas y hermanas de los prisioneros políticos encarcelados en la Primavera Negra de 2003- han sido pateadas, golpeadas, acogotadas, arrastradas por el piso, insultadas y detenidas por turbas del Gobierno. Y no se han rendido.

La conmoción internacional es tal, que figuras políticas, cívicas y artísticas que hasta hace poco hacían la vista gorda frente a medio siglo de persecución política en Cuba se han visto obligadas a expresar -entre toses y carraspeos- su malestar. Incluso el Gobierno de España, que neutralizó los esfuerzos de la Unión Europea por defender las libertades en la isla, ha lamentado tardíamente la represión. En La Habana, Silvio Rodríguez, emblema revolucionario de la Nueva Trova, ha empezado a hablar de quitarle la «r» a la palabra «revolución» y sustituirla por «evolución». En Miami, Nueva York y Los Ángeles, bajo la inspiración de cubano-americanos admirables como Gloria Estefan y Andy García, miles de personas han marchado en señal de protesta.

El martirio cubano no es nuevo: allí están los Quijotes que se alzaron en armas, al comienzo, contra la Revolución, los muchos Mandelas que se pudrieron sin fama en la cárcel o las familias que perecieron en el Estrecho de La Florida dotando de significado moral a la palabra «balsa».

Pero presiento que aquí hay algo diferente.El lento nacimiento de una sociedad civil construida sobre los cimientos del derecho y la civilización en medio de la barbarie comunista es precisamente lo que estos hombres y mujeres anuncian al mundo -y a sus compatriotas, impedidos de conocer lo que acontece debido al bloqueo informativo-. Es un punto de inflexión histórico para la isla, comparable al despertar de la sociedad civil centroeuropea que a la larga hizo posible 1989 y la caída del Muro de Berlín.

Recuerdo a mi maestro de griego clásico explicando que el origen helénico de la palabra «mártir» no estaba directamente relacionado con el concepto de muerte. Significaba, simplemente, «testigo». Más tarde, la tradición cristiana del martirio, probablemente inaugurada por San Esteban, le otorgó su nuevo significado; cada religión tiene su propia versión. Cuando menos se esperaba, ha recaído sobre un grupo de valerosos hombres y mujeres de Cuba restituir no sólo una noble tradición mancillada en nuestros días por el terrorismo genocida sino también el significado original de la palabra mártir. Como testigos, dan fe de la verdad: una verdad mortal.
© The Washington Post Writers Group

11-M
Saturno devora a sus hijos
Gabriel Moris Libertad Digital 2 Abril 2010

Acabamos de recibir la noticia de un atentado suicida en el metro de Moscú. Los que tenemos vivencias de atentados terroristas de este u otro tipo, lógicamente vivimos estos crímenes de una forma muy especial. Vaya ante todo mi apoyo, mi cercanía y mi deseo de que los irreparables daños producidos en las víctimas tengan unas consecuencias lo mas leves posibles en las mismas. Nuestro deseo de que la verdad y la justicia puedan abrirse paso, y que la polvareda que todo tipo de informaciones, derivadas de actos de esta naturaleza, contribuya a clarificar los hechos que realmente tuvieron lugar.

El día veinticuatro de marzo se cumplió el 30 aniversario del asesinato del arzobispo de San Salvador, monseñor Romero. Los asesinos, cuya identidad se desconoce al día de hoy, le dispararon en el curso de una celebración religiosa. En mi opinión, ninguna razón podía asistir a sus sicarios para arrebatar la vida a un hombre entregado plenamente a la causa de los más pobres. Ignoro si el pueblo salvadoreño ha podido reestablecer su convivencia y encontrar la paz después de soportar este magnicidio. Es posible que monseñor Romero, ya desde una atalaya privilegiada, haya perdonado a sus asesinos; no obstante, desde una visión meramente humana, creo que los mandatarios salvadoreños siguen en deuda con su pueblo. Mientras no identifiquen, detengan y juzguen a los que perpetraron el salvaje asesinato, no se saldará la deuda que los agresores contrajeron con un pueblo que tenía puesta su esperanza en la acción pastoral de su prelado.

En el año 1995 hubo un intento de asesinato del entonces jefe de la Oposición en el Parlamento español y candidato a la presidencia del Gobierno. Afortunadamente, el Sr. Aznar salió ileso del atentado. Considero que si los asesinos hubieran logrado su objetivo, ello habría cambiado el curso de la vida política española desde la fecha del atentado hasta el año 2004. No quisiera equivocarme al afirmar que, tampoco en este caso, se ha identificado a los culpables del mismo.

Los casos citados anteriormente sólo representan algunos ejemplos de atentados terroristas con los que se pretenden cambiar planteamientos políticos y sociales que están en claro desacuerdo con las malas ideas de los asesinos.

Hace menos de un mes se cumplió el sexto aniversario de un crimen que me atrevo a calificar de "lesa humanidad", el atentado del 11-M. Ningún otro atentado cometido en nuestro país, y me atrevería a decir que en Europa, produjo consecuencias tan negativas sobre la población civil. Parecía diseñado para ello. Para conmocionar a España y al mundo. Y sin duda alcanzó su objetivo. A los que concibieron el atentado y a los que lo ejecutaron no les importó el sufrimiento de una población inerme y sencilla que sólo viajaba en los trenes para cumplir con sus deberes e ilusiones cotidianas, al margen de cualquier consideración partidista o religiosa.

Un atentado de esta envergadura se ha traducido en un cambio drástico de la vida social y política de nuestro país:

Desató un ataque furibundo de una de las fuerzas políticas contendientes contra la que gobernaba el día de la masacre. Lo lógico hubiera sido justo lo contrario, el unificar esfuerzos contra los terroristas, cualesquiera que fueran los actores.

Produjo un vuelco electoral, contra todo pronóstico, en los comicios del 14 de marzo.

Fragmentó el arco parlamentario en dos bloques, socialistas y nacionalistas frente a un PP aislado por lo que calificaron de cordón sanitario y por los Pactos del Tinell.

Las víctimas del terrorismo fueron divididas y por tanto desactivadas frente a toda la manipulación de la investigación policial, así como de la política y de la judicial que siguió hasta el año 2007, fecha en que el Tribunal Supremo ratificó la sentencia del juicio que se celebró en la Casa de Campo.

A partir de entonces se impuso un manto de silencio sobre el atentado, pese a no haber aclarado ni las responsabilidades políticas ni penales del mismo, y a pesar de que de lo único que ha quedado constancia es que la versión oficial de lo sucedido no responde a las razonables preguntas que cualquier ciudadano podría formular: quién, por qué, para qué, cómo, con qué....

Además de los efectos negativos citados anteriormente, no podemos pasar por alto las repercusiones que el 11-M tuvo en toda la vida nacional: Estatutos de Autonomía a medida, separatismos exacerbados, sectarismo gubernamental autoritario, fin de la separación de poderes, negociaciones con los terroristas, fragmentación de la sociedad, resurrección de los fantasmas de la guerra civil, etc., etc., etc. Para colmo de los males, la saneada economía recibida de los gobiernos anteriores al 11-M ha sido mal gestionada, habiéndonos conducido, no al "corazón de Europa", sino a la cola de la misma; eso sí, somos campeones en paro.

Admito la posibilidad de equivocarme en el análisis realizado, pero con mucho gusto reconoceré mi error si algún experto o una mente preclara me convence de ello.

Unos días antes de que mi hijo fuera asesinado en la calle Téllez estuvimos viendo en el Museo de Prado las pinturas negras de Goya. Me impresionó, como siempre, el cuadro que representa el mito de Saturno devorando a su hijo. ¿No estaremos haciendo realidad el mito de Saturno?

Estado -generalizado y doblemente preocupante- de corrupción
Federico Quevedo El Confidencial 2 Abril 2010

Algunos lectores de este diario se empeñaron el otro día en no entender mis razonamientos sobre el caso Matas, a pesar del empeño que puse en reiterar que en ningún caso pretendía exculpar su comportamiento que deberá ser objeto de atención judicial. Pero el caso Matas y las circunstancias que le rodean ponen de manifiesto que no se trata de un hecho aislado -ojalá lo fuera-, sino una evidencia más de que nuestra democracia sufre de una grave enfermedad llamada corrupción, corrupción generalizada e insertada en prácticamente todas las esferas de poder del país.

Hay corrupción en la política, sin lugar a dudas, y es probablemente ahí donde se percibe en mayor medida y donde convergen todas las formas de corrupción, desde la económica hasta la sistémica. Hay corrupción en la justicia, donde se vulneran de manera sistemática las reglas de juego del Estado de Derecho y se ha enterrado la división de poderes. Hay corrupción en los medios de comunicación, entregados a causas impropias de su deber para con la sociedad y dedicados a tapar la corrupción de unos para resaltar la del contrario. Hay corrupción institucional, de la cabeza a los pies del sistema, desde la Corona hasta el último ayuntamiento perdido en lo más inhóspito de nuestros parajes.

Hay corrupción pequeña y grande. Hay quien se vende por un plato de lentejas y quien lo hace por ciento y miles de millones de euros, hay quienes abandonan el poder y se dejan seducir por empresas que les utilizan como lobistas de lujo, hay quienes se escudan en su poder institucional para actuar contra los principios y las reglas del juego democráticos, hay quienes se amparan en sus cargos como funcionarios públicos para creerse por encima de la misma ley que dicen aplicar y defender. Hay quienes obvian el mandato de las urnas para hacer lo que les viene en gana, hay quienes desoyen a los parlamentos y a los ciudadanos porque creen que una vez elegidos están ahí por méritos propios y no por delegación de la soberanía nacional, hay quienes retuercen las leyes y las normas para aplicarlas a su antojo, hay quienes piensan que el dinero público no es de nadie y pueden hacer con él lo que quieran...

Todo esto ocurre todos los días a nuestro alrededor, en nuestros ayuntamientos, en nuestros parlamentos, en nuestros gobiernos autonómicos y central, en nuestros juzgados, en nuestra policía, en nuestros altos tribunales, en nuestra función pública, en nuestro sistema financiero, en nuestras empresas, en nuestros organismos de control y de regulación, en nuestros medios de comunicación... Prácticamente no se salva nadie.

Hartazgo ciudadano con el sistema
¿Qué hacemos? Aparentemente esta sociedad aborregada y aletargada parece limitarse a observar y mirar para otro lado ante tanta evidencia de abuso de poder y corrupción, pero en los últimos meses los sondeos de opinión empiezan a reflejar un cierto hartazgo social de nuestra clase política, y creo que los ciudadanos cuando sitúan a los políticos como el tercero de sus problemas, por detrás del paro y la situación económica, lo que están haciendo es personificar en nuestros parlamentarios, ministros, concejales, alcaldes y presidentes de gobiernos su malestar y su desencanto generalizado con el sistema.

Con todo el sistema, desde el Rey hasta el último concejal de nuestro país, desde el sistema parlamentario hasta el judicial, desde la prensa hasta los bancos y las cajas, desde los sindicatos hasta los empresarios, porque todos ellos parecen haberse instalado en una especie de dolce farniente del sistema en el que es muy fácil recibir sin dar nada a cambio, y en ese nada a cambio se incluyen las obligaciones propias de los cargos para los que son elegidos.

El caso Matas es un paradigma de todo esto, no solo en lo que afecta al propio ex presidente del Govern Balear, sino por todo lo que le rodea, desde el juez que instruye el caso, hasta la clase política de las islas, pasando por los medios de comunicación, los empresarios, los mecanismos de control, los partidos políticos... Lo que hagamos para superar esta crisis del sistema democrático va a depender de nosotros mismos, no de los políticos y sus pactos imposibles. No puede atacar la corrupción del sistema quien la ha favorecido y potenciado, de ahí que esa exigencia deba partir de la propia sociedad y de mecanismos alternativos a la política para ponerla en práctica.

http://twitter.com/Federicoquevedo y también en www.facebook.com

Las señales de tráfico en catalán, todo un chollo para burlar las multas
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 2 Abril 2010

«Es todo un chollo». El Ayuntamiento de Barcelona prefiere no cobrar las sanciones de tráfico recurridas por motivos lingüísticos a rotular las señales en castellano.

Hay quien desayuna con el periódico, otros prefieren hojear una revista, y Jofre, un excentrico barcelonés, tiene la costumbre de tomarse el café con leche repasando las normas de circulación.

Fue así en uno de sus escrutinios matinales al vademecum del tráfico cuando descubrió «el chollo» de los artículos 56 y 138 de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial. «Me dediqué a observar todos los carteles de prohibido estacionar de Barcelona y ninguno estaba en castellano. El siguiente paso fue comprobar en persona si tenía efecto mi plan. Y lo tuvo».

Ya lleva varias multas recurridas apelando a estos artículos y todas, sin excepción, han sido anuladas por las autoridades municipales.

«Primero se lo expliqué a mis hermanos y después a otros amigos, aunque no quería que lo supiera mucha gente para que no se me acabara el chollo».

Esquivar una multa en Cataluña resulta relativamente sencillo, sobre todo si el motivo de la sanción es un mal estacionamiento. Superado el «shock» de ver estampado el papelito amarillo en el parabrisas, sólo hay que levantar la vista y comprobar si la señal de prohibido aparcar está escrita exclusivamente en catalán. Si es así (cosa que ocurre en el 100% de los casos), la batalla está ganada. Lo demás, es coser y cantar.

El único tramite a realizar es recurrir la penalización arguyendo el incumplimiento de los artículos 56 y 138 de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, relativos al idioma de las señales. Ambos apartados normativos obligan a que «las indicaciones escritas de las señales de tráfico se expresen al menos en el idioma oficial del Estado» -Artículo 56-.

Establecen, asimismo, que esa señalización en las vía pública «figure en idioma castellano, y además, en la lengua oficial de la Comunidad Autónoma cuando la señal esté ubicada en el ámbito territorial de dicha Comunidad» -Artículo 138-.El Ayuntamiento incumple conscientemente esta normativa estatal en pro de la causa lingüística y prefiere renunciar a cobrar las multas recurridas por este concepto a rotular en castellano las señales. Según fuentes municipales «se tiene perfectamente asumido que cuando las causas son linguïsticas, la multa se desactiva automáticamente. Es la consigna».

Joan es uno de los muchos barceloneses que desde hace tiempo recurre a esta picaresca para soslayar las sanciones. «Me he convertido en todo un experto».

De hecho, en pocos meses ha logrado esquivar la penalización en tres ocasiones. Las dos primeras por estacionar el vehículo en zona azul -en la que la señalización estaba únicamente en catalán-, y la tercera por aparcar en una zona de prohición excepcional de estacionamiento a causa de la celebración de un evento deportivo. «Reconozco que se está convirtiendo en una diversión. Cuando voy deprisa, me dedico a observar las señales y, si están rotuladas sólo en catalán, aparco tranquilo. Ya estoy inmunizado a ver la multa sobre el parabrisas».

Ni Joan ni todos los que como él utilizan este atajo para burlar la temida papeleta amarilla entienden cómo no hace nada el Ayuntamiento: «Es algo incomprensible porque saben perfectamente que mucha gente recurre a esta vía alternativa para esquivar la penalización y, aún así, mantienen la señalización exclusiva en catalán», apunta el barcelonés. «Hobby aparte», reconoce que se aprovecha de esta circunstancia también como «acto de rebeldía».

http://www.abc.es/20091207/nacional-nacional/senales-trafico-catalan-baza-20091207.html

La España que pudo ser
Luis Alejandre La Razón 2 Abril 2010

Tenía escrita esta reflexión el pasado 11 de marzo, día en que se cumplían seis años de la tragedia de los trenes de Atocha. No quise, sin embargo, inferir en el recuerdo doloroso de tantos heridos supervivientes, de tantas familias y amigos de quienes murieron víctimas inocentes de aquel desborde de incalificable odio. Por circunstancias que no vienen al caso, he tenido que profundizar en la documentación relacionada con el atentado: sentencia de la Audiencia Nacional, prensa del momento, libros críticos, comparecencias políticas, grabaciones de televisiones, informativos etc. etc.

Destaco como primera impresión el heroico trabajo de tantos médicos, psicólogos, enfermeros, conductores de ambulancias, policías, miembros de Protección Civil y voluntarios anónimos. Nunca se había hecho un esfuerzo solidario tan intenso y tan generoso. Hace poco salió a la luz lo que hizo el capitán del Ejército José Antonio Garrido, un hombre extremadamente querido en el pequeño mundo de los paracaidistas de Alcalá, hoy reasentados en Paracuellos casi a pie de pista de la base aérea de Torrejón. ¡Cuántos Garridos hubo aquel día! Y se fijó en mi mente la insistente idea de preguntarme lo que hubiera sido de nosotros con una diferente reacción de nuestra clase dirigente. Intento buscar consuelo pensando que quizás los errores cometidos nos habrán servido de vacuna, como pudo suceder tras un descerebrado 23 F. Pero tengo mis dudas, viendo el discurrir de nuestra vida política. Temo que tropezaríamos con la misma piedra, si ocurriese –Dios no lo quiera– una tragedia similar.

Imagine, querido lector, que ocurrida fatalmente la tragedia de Atocha, en el Congreso de los Diputados y bajo su amparo hubiesen comparecido todos los líderes que acudían con sus formaciones políticas a la cita electoral del domingo 14 de marzo optando a la presidencia del Gobierno y hubiesen transmitido al país un mensaje que poco más o menos dijese:

«Nosotros, los candidatos electorales dispuestos a asumir la gran responsabilidad de gobernar , consternados por el atentado terrorista ocurrido en los trenes de Cercanías que se dirigían a la estación de Atocha, desconociendo con certeza en estos momentos la autoría intelectual y material del crimen y sus motivaciones, manifestamos que:

- Apoyamos y damos prioridad absoluta al cuidado de los heridos y al trato con el mayor respeto de los fallecidos, a las familias y amigos de todos.
- Igualmente priorizamos y apoyamos las labores policiales que puedan conducir a detener a los autores inductores y ejecutores del atentado terrorista. Somos conscientes de que, cualquier declaración de tipo político, infiere en el trabajo de la Policía, que entendemos crucial en estos primeros momentos. Rogamos a los medios de comunicación social que colaboren en este sentido.

Ustedes tienen una cita electoral inmediata. Voten en libertad y en conciencia.
Pero queremos que sepan –y a esto nos comprometemos los comparecientes– que, gane quien gane, contará con el absoluto respaldo de los restantes candidatos, hasta la detención y enjuiciamiento de los culpables». Palacio de las Cortes, 11 de Marzo de 2004.

¿Sería otra la imagen de España en este Jueves Santo? ¿No se hubiera iniciado una línea de imprescindible consenso para temas de Estado que faltó en la anterior Legislatura y sigue faltando en ésta? ¿Qué nos pasa que, ante tragedias de este tipo, reacciona bien el pueblo que la sufre –estos médicos, enfermeros, policías y voluntarios a pie de calle– y no reacciona o reacciona mal, nuestra clase dirigente? ¿Es que no va a surgir un movimiento intelectual como el consecuente de la generación del 98 tras nuestra última guerra colonial o como el surgido tras las guerras de África? ¿Debemos seguir viviendo en el clima de divorcio entre los, cada vez más desanimados votantes y nuestra clase dirigente, anclados en la crítica sistemática y en una sustancial pérdida de valores?

Días de descanso y espiritualidad en la Semana Santa española. Por doquier, brotan los signos de una cultura fuertemente arraigada en el cristianismo. También deberían ser días de reflexión y de reacción ante nuestra crónica situación de debilidad como pueblo, que sólo puede curarse con un buen diagnóstico, la confianza en unos buenos médicos y las cirugías o medicamentos apropiados, extraídos éstos de la esencia de valores que no caducan, tales como el sacrificio, el trabajo o la honestidad. Por supuesto que hay sacrificados, trabajadores y honestos en nuestra sociedad, pero no destacan, ni se valora su ejemplo y estímulo. Al contrario, se ensalza la estupidez, la caradura, la zafiedad, el mensaje manipulado que nos trata como a imbéciles, cuando a la vez se extienden manchas de una corrupción política imparable. Y se hacen insultantes alardes de riqueza ante gran parte de una sociedad, cada día mas angustiada y quebrada económicamente.

Se que es fácil decir las cosas ahora, a los seis años de la tragedia. Se que no están los tiempos para utopías. Pero ello no obsta a que tratemos de reflexionar y a la vez suspirar, por la España que pudo ser.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Lenguas y barreras
José Antonio VERA La Razón 2 Abril 2010

Parece mentira que en los tiempos globales que corren aún se empeñen algunos en levantar muros lingüísticos. De manera que vemos cómo ciertas academias se dedican a justificar los sueldos de sus miembros poniendo pegas a la entrada de términos de otras lenguas en el idioma propio. O incorporando variaciones ridículas sobre esas palabras. Siempre he sostenido, oponiéndome incluso a la corriente dominante de especialistas hispanos que pretenden enclaustrar a la lengua castellana, que el español debe incorporar cuantos términos extranjeros sean de uso corriente entre nosotros, incluso sin españolizarlos, sino directamente incorporándolos tal cual son en origen. Tema delicado, pues hay quien considera pecaminoso el uso de anglicismos como «e-book», «e-reader», «blog», «web» o «pendrive», proponiendo su sustitución por los correspondientes españoles. Ciertamente es bueno y natural que cada una de estas palabras tenga su equivalente castellano, pero no veo mayor problema en utilizar «lifting» para referirnos a un «estiramiento» o «stocks» para subrayar la existencia de reservas de mercancías almacenadas. El mundo de internet (palabra inglesa que afortunadamente no hemos españolizado como «internete» o similar) incorpora el uso de expresiones comunes para millones de personas. Como consecuencia del carácter universal del inglés, son más los anglicismos que se cuelan, pero también hay españolas que penetran en el idioma de Shakespeare gracias al spanglish. El resultado es que cada vez son más las palabras comunes y, por tanto, nos entendemos mejor entre todos, que es de lo que se trata.

La autarquía del pasado nos llevó a llamarle «güisqui» al whisky, amén de otras adaptaciones pintorescas. Pareciéndome correcta la coexistencia de ambas palabras, creo mucho más práctico que personas del mundo entero empleen un término idéntico para referirse a un producto por todos conocido. Porque de lo contrario haremos como los portugueses, que le llaman «uisque» al whisky, «álcool» al alcohol y «casetete» al «cassette». Es verdad que así tales palabras pueden parecer más portuguesas, aunque particularmente creo que lo que son en realidad es más esperpénticas. En el colmo de este absurdo llegan nuestros nacionalistas autonómicos con sus aportaciones, consistentes en decir «aeroportua» y «Saragossa». Eso sí, que a nadie de fuera se le ocurra emplear Gerona en vez de Girona.

Ellos pueden cambiarle el nombre al Rey para llamarle Joan Carles, pero mucho cuidado con confundir José Luis con Josep Lluís. Así que cuando, leyendo en catalán las «Memóries» de Pujol, me tropiezo con la dura reprimenda del honorable a los presentadores de TV3 por emplear la palabra castellana «gilipollas» en lugar de la catalana «xitxarel.lo», no puedo más que asombrarme de lo ilimitada que es la estolidez humana. Es más importante que los Mossos hablen catalán que el hecho de que sean buenos policías. Y los gallegos se dedican a buscar distinciones no sólo con el español, sino incluso con el portugués. En español y portugués se emplea la misma palabra para nombrar a «José», pero el galleguismo de aldea se ha inventado «Xosé». Hasta que llegue el día en que no nos entendamos ni entre los ciudadanos que vivimos en el mismo país. Tal es el afán de la politiquería por levantar barreras.

Eta y el Aberri Eguna
Germán Yanke Estrella Digital 2 Abril 2010

Lo del sudafricano Currin y sus veinte importantes amigos es de traca. Quizá Currin haya sido "mediador" en su país, pero en España, en la cuestión del terrorismo de ETA, es un habilidoso agente de Batasuna que, para mantener la actividad profesional, quiere ahora ver si es posible que, a cambio de promesas (suyas) y de hipotéticos futuribles, se retome el viejo sistema del "alto el fuego permanente" para ver si es posible que sus amigos saquen alguna tajada. Lo lógico sería que él y sus amigos, todos tan pacíficos y pacifistas, exigieran sencillamente a una banda terrorista que se disuelva, pero Currin añade al documento suscrito lo que a su juicio, el de empleado de la cosa, debería hacer el Gobierno: legalización de Batasuna, diálogo político, etc. Es todo demasiado burdo para movilizar a premios Nobel, académicos en busca de prácticas e irlandeses que creen que el mundo es como su casa.

Lo interesante del documento, los viajes y las propuestas de Currin es que demuestran dos cosas. Una, la desesperación de sus mandatarios que, a estas alturas y a la vista tanto de su fracaso como de su futuro imposible, aceptan al menos que la única salida es el disimulo y la hipocresía. Incluso los privadamente harto del terrorismo de la banda reconocen con esta maniobras que en ETA no hay recursos internos (ni morales ni estratégicos) para renunciar a una violencia y buscan el subterfugio y la amistosa presión de los paradójicos apoyos que el viajero Currin ha logrado. Porque ellos, dominados y subyugados por lo pistoleros, no se atreven a decirlo.

Sin embargo, la segunda consecuencia es la más importante. Como se ha visto en las reacciones en el País Vasco, tanto de las organizaciones sociales como de los partidos (PSOE, PP, PNV...), el consenso sobre la imposibilidad de una salida negociada es amplísimo, a diferencia de ingenuas posiciones del pasado. Ni salida negociada ni confianza ni esperanza en otro ensayo hipócrita de "alto el fuego" vaya o no acompañado de supervisión del tipo que sea. Y mucho menos un seguimiento de este con cualquier tipo de cesión. Por citar no a los representantes del constitucionalismo vasco, que han sido claros, sino al presidente del partido mayoritario del nacionalismo, si ETA quiere decir algo coincidiendo con el Aberri Eguna ya no se puede aceptar otra cosa que el fin del terrorismo, que ciertamente no espera.

La única presión eficaz en toda esta maraña de tergiversaciones e hipocresías es la de una política de tolerancia cero y la de la persecución policial para que los criminales y sus secuaces sean puestos a disposición de los tribunales. Ya nadie habla de "empate infinito" y "fin imposible". Y como se les está venciendo y es posible vencerles del todo nada mejor que seguir con lo que se está haciendo por mucho que algunos pataleen, otros cacareen y los de más allá quieran sacar tajada.

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