AGLI

Recortes de Prensa   Lunes 5 Abril  2010

 

El Estatuto, el nacionalismo catalán y Rodríguez Zapatero
MIQUEL PORTA PERALES, Crítico y escritor ABC 5 Abril 2010

PARA entender lo que se cuece en Cataluña -desde la discusión, elaboración y aprobación del nuevo Estatuto-, hay que partir de un hecho consumado y un interés electoral. El hecho consumado: el nacionalismo catalán -de derecha e izquierda- ha dado un paso adelante y ya no se pregunta por el «ser», sino por el «estar». De ahí que el nacionalismo catalán impulsara un nuevo Estatuto sin que, propiamente hablando, existiera demanda ciudadana. El interés electoral: el PSOE, para acceder primero al poder y mantenerse luego en el mismo, necesitaba consolidar y aumentar ese granero de votos socialistas que es Cataluña. De ahí que Rodríguez Zapatero prometiera respetar el nuevo Estatuto que surgiera del Parlament -promesa que cumplió a medias- con el doble objetivo de connotar negativamente a un PP que se opondría y captar parte del voto frontera que el PSC comparte con CiU. Vayamos por partes.

Como se sabe, desde mediados del XIX, el nacionalismo catalán se ha obsesionado por la cuestión de la identidad. Por la cuestión del «ser». Inspirándose en la línea teórica que conduce de Ernest Renan a José Stalin, el nacionalismo catalán concluye que Cataluña es una nación al constituir una comunidad diferenciada dotada de voluntad de ser y de identidad, lengua, cultura, carácter e historia propios. El uso de lo «propio» -construido gracias a un proceso de mitificación, imaginación, manipulación, olvido o exclusión de la realidad del otro- es la expresión de una afirmación heráldica que se formula para marcar la diferencia con lo «impropio», es decir, lo español. Pero en la definición del «ser» hay algo más: la creencia -ahí radica el secreto de la obsesión identitaria- de que Cataluña, por el hecho de ser una «nación», tiene derecho a decidir libremente su futuro. Verbigracia: a Cataluña le correspondería, por definición -por ser lo que dicen que es-, un Estado propio. Superada la cuestión del «ser» -el «ser» nacional de Cataluña es dogma de fe para el nacionalismo catalán de derecha e izquierda-, concebida España como lo exterior, el «estar» irrumpe en esta historia.

Que la cuestión del «ser» está resuelta, que la cuestión del «ser» está presente en la vida cotidiana de los catalanes lo quieran o no -el nacionalismo actúa sobre el subconsciente individual-, se constata en la existencia de un «nacionalismo banal» (Michael Billig) que se percibe en los símbolos, la lengua, la terminología oficial, la rotulación callejera, la estructura administrativa, la escuela, la cultura, la información meteorológica, los mapas, el deporte o el ocio. En este sentido, Cataluña transmite una imagen que podríamos calificar de Estado o casi Estado. Con la cuestión del «estar» ocurre algo similar. En Cataluña se advierte ya un nacionalismo banal del «estar» que, como un rizoma, emerge aquí y allá bajo diversas manifestaciones retóricas y prácticas. Manifestaciones retóricas como -dejando a un lado las consabidas de ERC o CiU- las de José Montilla -presidente de una institución del Estado llamada Generalitat de Cataluña- cuando habla de «construir Cataluña» y de «horizonte nacional» al tiempo que -dice- «está preparado para enfrentarse» a una eventual sentencia negativa del Tribunal Constitucional por lo que hace al nuevo Estatuto. «Nada impedirá convertir en hechos nuestra voluntad de autogobierno», concluye. Otro socialista catalán -Ernest Maragall, consejero de Educación de la Generalitat de Cataluña- afirma que «ahora toca decidir qué queremos que sea Cataluña, cómo pensamos conseguirlo, con qué herramientas, con qué amigos, con qué estrategia europea». Y el consejero, que habla del pacto Cataluña-España (!), sostiene que, con independencia del Tribunal Constitucional, sólo hay que atender lo «que nos marque nuestra propia ambición» y, por tanto, «de ninguna manera debemos quedar atados de pies y manos esperando atemorizados lo que una docena de juristas puedan decidir por nosotros». Es cierto que muchos socialistas se desmarcan del soberanismo y que algunas declaraciones rebosan tacticismo electoralista ante las elecciones autonómicas de este otoño. Pero las palabras están ahí.

Lo que también está ahí, como decíamos, son las manifestaciones prácticas del nacionalismo banal del «estar» que se manifiestan en el nuevo Estatuto. Algunos ejemplos: la equiparación de «nación» y «nacionalidad», la incorporación del término «nacional» a los símbolos de Cataluña, la existencia del Consejo de Garantías Estatutarias, algunas funciones del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, la creación de un espacio catalán de relaciones laborales, la bilateralidad, el sistema de financiación y, por supuesto, la deriva monolingüe. Al respecto de la lengua, sirve de poco que se diga que «todas las personas tienen derecho a utilizar las dos lenguas oficiales y los ciudadanos de Cataluña el derecho y el deber de conocerlas», si antes se afirma que «el catalán es la lengua de uso normal y preferente de las Administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, y es también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza». Y hablando de la escuela, ahí tienen ustedes una la Ley de Educación de Cataluña -surgida del nuevo Estatuto- que no observa el currículum escolar común, crea un cuerpo propio de funcionarios que dificulta el traslado entre Comunidades e incumple la tercera hora de castellano ordenada por el Gobierno.

¿Qué ocurre? Que el modelo autonómico está desbordado, que la deriva confederal ha hecho acto de presencia, que los partidos políticos catalanes -excepción hecha del Partido Popular y Ciutadans- están inmersos en la denominada construcción nacional de Cataluña, que Cataluña está en un proceso acelerado de nacionalización y reivindicación nacionalista con el objetivo de alcanzar -de momento- una nueva redistribución del poder según la cual el Estado -residual- sería una suerte de Comunidad Autónoma de Cataluña. ¿Por qué hemos llegado aquí? La respuesta está en Cataluña, y de ello ya hemos hablado. Pero la respuesta también está en un Rodríguez Zapatero que, por oportunismo político -a ello nos hemos referido en el primer párrafo-, ha favorecido que ocurra lo que ocurre. Por eso, a Rodríguez Zapatero le interesa una sentencia favorable del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatuto. Así, podría contar con los apoyos de CiU y ERC en el Congreso y no se dañaría la imagen de un PSC -sigue el granero catalán- que del nuevo Estatuto ha hecho bandera. Pero si la sentencia fuera parcialmente desfavorable, a Rodríguez Zapatero la cosa le saldría razonablemente bien.

En Cataluña, la culpa recaería sobre el PP -que presentó el recurso de inconstitucionalidad- y los socialistas catalanes capitalizarían una parte del voto descontento al tiempo que se haría inviable un posible pacto entre PP y CiU. En el resto de España -poco proclive al nuevo Estatuto-, la sentencia desfavorable sería capitalizada por unos socialistas que acatarían de buen grado el recorte del Tribunal Constitucional. Blancas o negras, Rodríguez Zapatero sale ganando. En definitiva, la astucia de un político con poca ideología y poco sentido de Estado, pero mucho olfato electoral.

Más allá del cálculo electoral, está un nacionalismo catalán que, inasequible al desaliento, sigue su camino sin prisa pero sin pausa. Quiere -afirma- «saltar la pared». Mientras tanto, Rodríguez Zapatero contempla, sonriente, el espectáculo a mayor gloria de sus particulares e intransferibles intereses. ¿Se acabará la diversión? ¿Llegará el Tribunal Constitucional y mandará parar?

Crisis política
La vuelta a la noria
Agapito Maestre Libertad Digital 5 Abril 2010

Nunca como ahora había sido tan insignificante el trabajo del analista político, aunque haya muchos periódicos, ni tampoco los poderes políticos habían sido tan soberbios, tan orgullosos y sordos, tan indiferentes. Nunca habían tenido tan poca importancia los periodistas políticos como en la época de Rodríguez Zapatero y su fiel adversario Rajoy. Ha pasado definitivamente el tiempo que podía un escritor político enfrentarse a un Gobierno o a la oposición institucionalizada con alguna posibilidad de ser oído, de remover actitudes e inercias políticas, conmover al poderoso e incluso provocar algún cambio. La prensa de papel, sobre todo, parece haberse entregado a los poderosos. No le gusta padecer. Enfrentarse. La crítica es cada vez más anodina. Inservible. Antes que padecerla, prefieren estar al lado de los que hacen la "historia".

Tengo la sensación de que el periodista político puede estar a favor o en contra de uno de los dos partidos mayoritarios, también puede apoyar o criticar a los nacionalistas en cualquiera de sus versiones, pero tiene que olvidarse de que su opinión puede influir en la orientación política de los dirigentes. Basta repasar la prensa del domingo de Resurrección para percatarse de que este espíritu de retirada, casi la asunción de que es un destino del periodista vivir al margen, es dominante en todas las columnas y editoriales del domingo. Es como si el columnista político hubiera abandonado su capacidad de influencia en la realidad política. Salvo raras excepciones que no están, o mejor, no estamos dispuestos a tragar con este esquema institucional, el analista político acepta esta situación con resignación reaccionaria. También están los especuladores y, naturalmente, los que hacen mala literatura de la antipolítica de Zapatero para vender más periódicos.

Salidas retóricas, falsas, hay muchas para eludir enfrentarse al hecho histórico-político determinante de la vida pública, a saber, la propia vida política está muerta y la sociedad desarticulada por la perfidia antidemocrática de las elites de los partidos políticos. La mayoría de los "observadores" políticos no quieren enfrentarse a ese desgraciado acontecimiento, en realidad, al fracaso del sistema político español. Se consideran tan poquita cosa, tan seriecitos y correctos, que prefieren sobrevivir parasitando el resto de aliento que le queda al tinglado político. ¿Qué significa vivir del aliento de un sistema político ruinoso? Ocultar, en primer lugar, el desastre; y, en segundo lugar, hacer cabalas sobre si Rodríguez Zapatero adelantará las elecciones generales o, por el contrario completará la legislatura; otros, un poco más ilustrados, imaginan no sé cuántos acuerdos parciales entre el presidente del Gobierno y el jefe de la Oposición, aunque son incapaces de sellar a una posición común para enfrentarse a la crisis económica y del Estado-nación.

En fin, los partidarios de Rajoy, el candidato ideal de los socialistas, esperan con delectación que la crisis arrase a Zapatero, y los de Zapatero creen que aún no todo está perdido, porque el de León ostenta el poder; por cierto que es mucho y lo ejerce sin temor a nada ni a nadie, controla a los jueces para condenar no sólo la corrupción de Mata y el caso Gürtel sino también a quien le venga en gana, y se reserva un golpe de efecto electoral, a saber, el resultado de la negociación con los criminales de ETA. Mientras tanto... la mayoría de los medios siguen ocultando lo fundamental: el tinglado político es inservible. Además, por miedo a la represión que pudiera ejercer sobre ellos la soberbia del poder, no quieren reconocer la mayor de las evidencias: Zapatero ha roto las bases de la convivencia, más o menos pactadas entre los españoles durante la Transición.

Pettit: el gurú de Zapatero que no dio pie con bola
Manuel Cerdán www.gaceta.es 5 Abril 2010

Philip Pettit es uno de los gurús que formó parte del comité de sabios de Zapatero cuando se hizo con las riendas del poder en 2004. Catedrático de la Universidad norteamericana de Princeton es uno de los mayores defensores e ideólogo del republicanismo ciudadano. En 2007 elaboró un panegírico para resaltar las excelencias de la primera legislatura del presidente del Gobierno. El catedrático le puso la nota de sobresaliente a su amigo y, claro, el informe estaba plagado de lisonjas y parabienes. Su estudio sobre los logros de La Moncloa desprendía efluvios de autocomplacencia. En lenguaje llano: un texto poco independiente y muy apaniguado.

En su libro Examen a Zapatero, el profesor Pettit resaltaba los logros políticos, económicos y sociales de la gestión de ZP en un lenguaje que ruborizó hasta a los mismísimos socialistas. Pero ahora, transcurridos tres años, y en medio de la crisis económica, aquel ditirambo intelectual sólo sirve para colocar al presidente en una posición de ridículo. Basta con releer la obra al revés. Desde las antípodas. Resulta un ejercicio muy sencillo: donde pone sí, añadir no. Donde coloca bueno, situar malo. Donde destaca positivo, escribir negativo. Como si se tratara de un comic manga japonés que se lee del final al principio. Como aquella película de Dustin Hoffman Pequeño gran hombre en la que una tribu de los indios cheyennes lo hacía todo al revés. Se bañaba en la arena y se secaba en el río y sus guerreros caminaban hacia atrás, como los cangrejos. Así de estrafalario pero concluyente. Ese es el legado del profesor norteamericano tras un tsunami de mil días.

Me explico. Pettit afirma en su obra, refiriéndose a la labor de Zapatero, que “la infraestructura necesaria para un amplio disfrute de la libertad como no dominación se compone de cinco elementos claves”. Y los enumera, uno a uno. Primero: una economía floreciente. Segundo: un Estado de derecho confiable. Tercero: un sistema incluyente de conocimiento. Cuarto: un buen sistema de sanidad. Y quinto: un medio ambiente sostenible.

El propio Pettit aporta los datos del milagro español de comienzo del siglo XXI. Según sus palabras, la economía española creció durante los gobiernos de Aznar y continuó en alza durante los primeros años de ZP, con un incremento anual del 3%. La tasa de desempleo cayó del 11,5 al 8,5. Y la tasa de inflación se situó en el 2,5%.

Basta repasar la situación actual para verificar que el primer punto del profesor no se cumple: economía en recesión, un paro que afecta al 20% de la población, una deuda histórica y un déficit insostenible. Y lo peor: el espíritu ciudadano por los suelos.

El segundo indicador de Pettit para calibrar el disfrute de la libertad, “un Estado de derecho confiable”, también ha sido arrasado por la ola del tsunami: los políticos como tercera preocupación de la opinión pública, según las encuestas del CIS; un Tribunal Constitucional, sin renovar, que lleva una demora de toda una legislatura para certificar la constitucionalidad del Estatuto catalán; y un alto tribunal que se ve obligado a anular unas grabaciones carcelarias a abogados de la Gürtel por ilegales; entre otras muchas lindezas, como el caso Faisán, que escandalizarían hasta al mismísimo Pettit.

Para adentrase en el tercer indicador sobre la educación basta con acudir a los informes de la Comisión Europea: España incumple todos los objetivos que marcó la UE para el 2010 e, incluso, empeora en lo referente al abandono escolar y el nivel de comprensión lectora. Sólo superamos a Malta y Portugal. Los informes de Bruselas destacan que la inversión de España en educación se ha situado por debajo de la media europea en un punto y se ha mantenido estancado en los últimos años.

Sobre el cuarto supuesto, “un buen sistema de sanidad”, Pettit lanza alabanzas a la aprobación de la Ley de Dependencia, sin embargo se trata de una medida que sigue con esclerosis múltiple tres años después de su aprobación. Sin fondos ni presupuestos, los afectados que hacen colas se quejan de que se trata más de un brindis al sol que de una realidad cotidiana.

Y por último, nos queda el medio ambiente sostenible, otra de las grandes mentiras del Gobierno Zapatero, de la que se quejan los grupos ecologistas. El profesor Pettit afirma que Zapatero ha dado los pasos adecuados para converger con los acuerdos de Kioto, pero parece que no es así. Al menos, los datos de la ONU aseveran que España es el país europeo que más incumple el protocolo de Kioto. Nuestro país ha aumentado las emisiones de gases con efecto invernadero por encima de lo establecido en Japón. Hasta el punto que España se ha visto en la necesidad de comprar a Hungría sus derechos a emitir gases para reducir sus tasas de contaminación. Por lo tanto, el medio ambiente sostenible es otra de las entelequias del legado Pettit.

Volviendo al filme de Dustin Hoffman, el protagonista, en las últimas horas de su vida, convoca a los espíritus para que le concedan una muerte suave. Sorprendentemente, recibe como respuesta una tormenta de agua que lo empapa completamente. El anciano sonríe y masculla: “No siempre la magia funciona”.
Hechicero Pettit, no siempre la brujería actúa. Tres años después, el sabio de La Moncloa ni está ni se le espera.

El coste económico del electoralismo
Roberto Centeno El Confidencial 5 Abril 2010

Aparte la cuestión central, un modelo de Estado infinanciable, incontrolable, e intrínsicamente corrupto, que multiplica por tres el coste de administración de España, con cientos de miles de puestos absolutamente inútiles para colocar a familiares, amigos y correligionarios, e incurriendo en despilfarros e ineficiencias gigantescas, la casta política parasitaria ha tomado innumerables decisiones de los últimos 35 años de partitocracia totalitaria contrarias al interés general, en razón de sus intereses electoralistas y/o personales, que han afectado en forma extraordinaria negativa a la correcta asignación de los recursos económicos y a la productividad de la nación.

Inversiones fantamagóricas desde aeropuertos como Ciudad Real o Lérida, al increíble despilfarro de los fondos estructurales, como en Andalucía, la región de Europa que más fondos ha recibido, y cuyo PIB per cápita hoy, 76,4% de la media nacional, es inferior al de hace 30 años, 79,8%, y además sigue retrocediendo -en 2009 sufriría una caída histórica, algo que el PSOE hace lo imposible por ocultar-; a las líneas AVE, un lujo ruinoso que España no podía permitirse, y donde por solo hablar de la última, el AVE a Galicia, los ingresos de explotación no cubrirán siquiera el coste de mantenimiento de las vías, mientras tenemos el sistema ferroviario de transporte de mercancías más ineficaz y obsoleto de todo el mundo desarrollado; al coste inasumible del sistema eléctrico, un muestrario completo de los desatinos que nuestra clase política irresponsable y venal es capaz de perpetrar, cuando se le presenta la oportunidad adecuada.

Los disparates energéticos del Gobierno socialista
La decisión energética más disparatada de nuestra historia industrial ha sido sin duda la moratoria nuclear en 1984, que cerraría cinco centrales nucleares casi terminadas, lo que implicaría unas pérdidas enormes: 730.000 millones de pesetas de entonces, equivalentes a unos 8.000 millones de euros actuales. Para compensar a las empresas del coste incurrido por esta paralización, el Gobierno aprobó una disposición que permitía a las compañías eléctricas cobrar un porcentaje para recuperar las inversiones perdidas, un concepto denominado precisamente moratoria nuclear, y que casi todo el mundo lo ha considerado siempre el coste de la paralización, algo total y absolutamente falso. En realidad, lo pagado con ese porcentaje es el chocolate del loro comparado con el coste real.

¿Y cuál es ese coste? Su cálculo es sencillo. De haberse concluido, esas centrales estarían produciendo hoy 40.000 millones de kwh/año a un precio del orden de 14 euros por Mwh, y esa energía ha tenido que ser sustituida por un mix, 70% gas-30% eólica, con un coste medio del orden de 85 euros Mwh, lo que significa que el coste la moratoria nuclear equivale a 2.900 millones de euros al año, o el 11% del recibo de la luz. Un incremento de precio que seguiremos pagando nosotros y nuestros hijos, por un tiempo equivalente al de la vida útil de las centrales.

Pero ni siquiera esto fue todo, ya que las obras paralizadas eran solo una parte de un ambicioso programa nuclear en marcha -algo así como la punta del iceberg-, porque de no haberse producido la moratoria las empresas hubieran seguido adelante con sus planes, y había ya otros siete grupos de 1.000 Mw de potencia unitaria listos para iniciar las obras y otros cinco más en preparación. Porque sin la moratoria, todas las centrales en ejecución y en proyecto avanzado se hubieran llevado a efecto.

En concreto, hoy estaríamos generando 195.000 millones de kwh/ año, en lugar de 59.000, el 63% de la generación total, prácticamente el mismo porcentaje que Francia, a un precio de 14 euros Mwh, y eso significaría un ahorro anual de 9.000 millones o el 36% de la tarifa. ¿Se da cuenta alguien de lo que esto habría significado en términos de competitividad de nuestra economía?¿Se da cuenta alguien de lo que esto supondría para un sector industrial no ya en crisis, sino que se está desintegrando -ha pasado del 35% del PIB en 1975 al 15% actual-, y donde la caída, al contrario que en otros sectores, no se está desacelerando, sino justamente lo contrario?

Los disparates energéticos del Gobierno del PP
Sin embargo, no sería menos desastrosa la política energética del PP, donde no solo no dieron una a derechas, es que profundizaron la catástrofe. Desde la delirante negociación de los derechos de contaminación en Bruselas que nos ha llevado a ser el país que más paga y menos contamina per cápita, a la consolidación de los monopolios por Rodrigo Rato a través del Decreto-Ley denominado eufemísticamente de intensificación de la competencia, que cerraría España a la competencia exterior a través del acceso discriminatorio a las redes logísticas y otras trampas similares, un Decreto redactado por las propias empresas monopolísticas, hecho que viví en primera persona y del que doy fe, y que Rato completaría poniendo la CNE al servicio de los monopolios y neutralizando el Servicio de Competencia.

Y las consecuencias no se limitan a perjudicar seriamente a la competitividad de la economía, sino que tienen un efecto más directo y claro sobre los bolsillos de los españoles, Así, mientras el precio del aprovisionamiento de gas ha caído a la mitad, los recibos del gas y de la luz, fuertemente dependiente del gas por los ciclos combinados, no han parado de subir, tanto que tenemos ya el gas y la electricidad más caras de Europa. Es la consecuencia más visible de la consolidación del dominio monopolista por Rodrigo Rato, un expolio inasumible para millones de familias que además no tienen la menor oportunidad de defenderse, ya que el regulador del mercado, la CNE, está al servicio de los expoliadores.

Y el colmo de los colmos, la planificación eléctrica y gasista 2002-2011, una chapuza infumable, sin un solo cálculo económico, que apostaba simultáneamente por las energías más caras del mercado, por el empeoramiento de la eficiencia energética y por la mayor dependencia energética de España respecto al exterior, que ya era entonces el doble de la media europea. Y luego, y eso ya no es una chapuza sino otra cosa, el día después del atentado del 11-M, se aprobó el RD 436/2004, un golpe de mano que convertía las energías renovables en la mayor fuente de corrupción y de enriquecimiento injustificado de toda nuestra historia industrial. ¿Quién tenía tanta prisa por aprobar las subvenciones, que no podía esperar a que fuera al nuevo Gobierno? Un solo papel, autorizando un parque eólico, o un campo fotovoltaico, puede suponer para el que lo consiga un pelotazo de 50, 100 o 200 millones de euros, solo por el papel. Y después viene todo lo demás, 5.000 millones de euros en subvenciones en 2009, absolutamente injustificadas y creciendo. No hay palabras para calificar éste latrocinio.

Porque no nos equivoquemos, Zapatero no tiene política energética alguna, excepto su propuesta de Ley de Economía Sostenible que incrementa las renovables y elevará el coste de la luz en un 65%, según el sector eléctrico. Se ha limitado a repetir hasta la saciedad un discurso marxista-ecologísta, pero que en la práctica no ha sido otra cosa más que la continuidad de la planificación gasista y eléctrica del PP. Y aquí es obligado reconocer en honor a la verdad, que los responsables de la moratoria nuclear, con Felipe González a la cabeza, han reconocido su error, y lo han confesado públicamente, mientras que los responsables de las no menos catastróficas decisiones del PP, no han reconocido nada, están encantados con haberse conocido, y más aún con los puestazos de lujo que han recibido después, algunos/as de los principales responsables en las empresas beneficiarias de sus tropelías, y por supuesto nadie ha investigado por qué se aprobó al RD 436/2004 y a quién ha beneficiado.

Miedo a la democracia
FÉLIX MADERO, ABC 5 Abril 2010

CON frecuencia reparamos en los defectos que un sistema tan anticipado como el de la democracia acusa entre nosotros. Con más frecuencia aún somos capaces de hacer un diagnóstico certero para terminar reconociendo que nada podemos hacer. ¿De verdad lo creen así? No será que no queremos, que admitimos cómodamente que una vez conseguido el poder por esa laboriosa máquina que son los partidos se hace inviable cualquier tipo de reforma. De todos los cambios necesarios para hablar de una democracia auténtica, sin ataduras ni miedos, el de la reforma de la Ley Electoral es el más importante. Lo es por definitivo, porque de no hacerlo quien puede y debe lo harán los ciudadanos, cada vez más instalados en la sospecha de que el sistema está lleno de trampas.

Si no cambiamos esta ley la democracia se vaciará -ya lo está- y sólo servirá para que de vez en cuando metamos un voto en la urna. Un voto que introducimos impulsados por una idea, por lo general de nuestros padres cuando no -penosamente- por la de nuestros abuelos. Un voto que introducimos sin saber a quién votamos. No conocemos a las personas, sólo las siglas. No podemos elegirlas pero podemos votarlas. Nos dicen que ahí está la lista del Senado, pero no, oigan, no nos mientan con tanta afición. Eso no es una lista abierta, más parece una quiniela sin premio. ¿Es esta la democracia que podemos construir? No, no es democracia, es un entretenimiento que algunos califican de fiesta de la libertad. Pero qué fiesta es esta en la que salen elegidos partidos cuya naturaleza es contraria a la propia existencia de España; qué tipo de sistema es este que hace que en las Cortes Españoles se sienten gentes que trabajan por los territorios y no por las personas; qué tipo de democracia es la que hace que los mansos diputados voten leyes sin conocerlas, obedeciendo el dedo del portavoz; qué tipo de sistema es el que permite que el voto de un gallego un vasco o un canario valga más que el de un ciudadano de Toledo, Jaén o Zamora. Y sobre todo, por qué tenemos tanto miedo a la democracia.

Hace un tiempo, el ex presidente de Extremadura Rodríguez Ibarra dijo que, puesto que el Senado es la Cámara de las autonomías, los partidos nacionalistas deberían estar allí y no en el Congreso, que vela por el interés de todos los españoles. Le llamaron de todo menos bonito, y eso que muchos pensamos que sigue teniendo razón. Hace una semana Rosa Díez echaba estas cuentas: al PSOE y al PP un escaño les cuesta 66.000 votos; a IU y a UPyD, 484.000. ¿Una imperfección del sistema? No, mire usted, un escándalo. No les digo cuántos votos les cuesta el escaño a los nacionalistas porque no quiero amargarles el día en que vuelven al trabajo. Pero si, un escándalo, una provocación a la que llaman democracia. Ellos verán. ¿O no lo ven?

De Viena a Córdoba
JUAN MANUEL DE PRADA, ABC 5 Abril 2010

QUIEN todavía sepa un poco de historia no habrá podido evitar un escalofrío al leer que los musulmanes que irrumpieron el pasado miércoles en la catedral de Córdoba procedían de Viena. Varias fueron las ocasiones en que la invasión musulmana trató de conquistar Viena, sometiéndola a sitio; y varias las ocasiones en que fue repelida por la liga de las naciones cristianas, en 1532 comandadas por Carlos V. Desde entonces ha pasado mucha agua debajo de los puentes; y la capital del Sacro Imperio Romano Germánico ha dejado de ser obstáculo (katéjon, que diría San Pablo a los tesalonicenses: tal vez alguna de las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan entienda esta alusión) a la invasión musulmana, para convertirse en puerta franca y expedita. «Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro», escribió en cierta ocasión Will Durant, sintetizando una enseñanza implacable de la historia.

Y a esa misma enseñanza se acoge hoy la invasión musulmana de Europa. En su muy recomendable y vitriólico libro, Islam, visión crítica (Rambla Ediciones, Madrid, 2010), Enrique de Diego recoge una estremecedora cita del dirigente libio Gadafi: «Hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de cincuenta millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas». Esta victoria islámica profetizada por Gadafi se está produciendo ya, señala Enrique de Diego, ante nuestros ojos: mientras Europa se entrega a un arrebato autodestructivo -estancamiento demográfico, extensión de la «cultura de la muerte», disolución de los vínculos familiares, promoción del feminismo radical y de la homosexualidad-, los musulmanes procrean con un vigor inusitado. Y, en medio de este arrebato autodestructivo, nos tropezamos con un fenómeno paradójico: a la vez que promueve la descristianización de Europa, el progresismo europeo -con el socialismo zapateril y su merengosa Alianza de las Civilizaciones a la cabeza- fomenta la expansión islámica. ¿A qué se debe esta actitud suicida? Enrique de Diego lo sintetiza con su habitual y expeditiva clarividencia: se ha establecido una «alianza frente al enemigo común», que no es otro sino el cristianismo y, más específicamente, la Iglesia católica; y a esa alianza táctica de dos fuerzas aparentemente antípodas la sostiene el «odio común a Occidente», añade Diego. O más específicamente, me atrevería a añadir, al sustrato religioso y cultural que hizo posible Occidente.

A nadie en su sano juicio se le escapa que los musulmanes austriacos que irrumpieron en la catedral de Córdoba no pretendían en realidad rezar allí. Ningún seguidor del Corán lo haría en un templo donde se consagran el pan y el vino, pues la mera idea de que Dios se pueda hacer presente en especies comestibles la reputa blasfema; tampoco lo haría en un templo que albergue representaciones iconográficas de Dios, que la fe musulmana tacha de sacrílegas. Para que un musulmán pudiera rezar en un templo católico primero tendría que producirse su execración y vaciamiento, la «abominación de la desolación» de la que hablaba el profeta Daniel; y si estos musulmanes austriacos se atrevieron a ensayar una pantomima de rezo en la catedral de Córdoba, venciendo la repugnancia que les provoca el culto que allí se celebra, es porque quisieron poner a prueba las contradicciones de una civilización debilitada a la que ven destruirse desde dentro, a la que esperan dar el golpe de gracia definitivo en unas pocas décadas. Sin espadas, sin pistolas, sin conquista: mediante la pura y simple pujanza demográfica.
www.juanmanueldeprada.com


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Cortejando a ETA
EDITORIAL www.gaceta.es  5 Abril 2010

Con la banda terrorista ETA teóricamente diezmada, y con las instituciones vascas bajo mando de partidos constitucionalistas, algo malo, muy malo, ocurre en torno al independentismo vasco cuando está más envalentonado, más esperanzado y más unido que nunca. Son varios factores los que aquí confluyen. Empezando por el principio, cabe recordar cómo se criticó a Jaime Mayor Oreja al afirmar éste que el Gobierno y el entorno de ETA estaban negociando. Días después, y al margen de que el propio entorno etarra siempre lo haya reconocido, las declaraciones del antiguo ministro del Interior resultan de una verdad tan evidente que las han avalado gentes tan distantes en el espectro político como el nacionalista Josu Erkoreka y nada menos que un ex director de la Policía, Juan Cotino. Y no es de extrañar la alegría en el independentismo vasco: la negociación, con o sin la farsa de un alto el fuego –nunca se habla de disolución, curiosamente–, resulta de lo más halagüeña para sus intereses. Y para los de la propia ETA.

Así se ha verificado con la ya conocida como Declaración de Bruselas, en la cual, 20 personajes internacionales tampoco piden la disolución de ETA, sino un alto el fuego, al tiempo que aprovechan para alinearse implícitamente con las tesis batasunas, instando al Gobierno a “responder debidamente”. ¿Dónde ha estado el Gobierno en el proceso de redacción de una declaración tan infamante, que pone en pie de igualdad a España con una banda asesina? Habida cuenta de que la declaración cuenta con el apoyo de miembros de la Alianza de Civilizaciones, no hace falta ser muy suspicaz para pensar que el Gobierno, en la práctica, ha alentado tal movimiento. La pasividad voluntaria del Ejecutivo se acentúa al constatar otros dos puntos: ¿cómo es posible que Josu Ternera y su hijo Egoitz sigan en libertad? ¿Ya no le funciona al ministro Rubalcaba su sistema Sitel? ¿O es que Ternera, el asesino de niños, es interlocutor válido y necesario? Por si fuera poco, las autoridades francesas han puesto en libertad a una etarra pese a que la Justicia española cursó una orden europea de detención en su contra.

Así las cosas, no es de extrañar que hasta un colectivo de presos etarras haya manifestado su “ilusión” ante lo que consideran, con su característico lenguaje torticero, la apertura de “un proceso democrático para superar el conflicto político y ejercer el derecho de decisión”. “La acumulación de fuerzas independentistas nos llena de ilusión y fuerza”, afirman los presos etarras. Y es que este Aberri Eguna o Día de la Patria Vasca –nadie sabe por qué lo siguen celebrando el Domingo de Resurrección–, Aralar y Eusko Alkartasuna festejan, junto a la nunca reciclada Batasuna, lo que ya se ha dado en llamar el nuevo “polo soberanista”, bajo la plataforma Independentistak. Todo el mundo sale ganando: con la negociación y el proceso de lavado de cara de ETA, los presos se ven fuera de la cárcel; Batasuna se ve legitimada y con presencia en las instituciones y sus correspondientes fondos públicos; la desaparecida EA vuelve al juego político; el nacionalismo recibe un espaldarazo político de primera, también en el ámbito internacional, y el Gobierno de Zapatero puede vender electoralmente la paz, por injusta que sea, cuando peor le van los sondeos. Lamentablemente, todo cuadra del modo más siniestro. Mientras tanto, con irritante papanatismo, todo el mundo está a la espera de un comunicado de ETA precisamente en torno al Aberri Eguna, señal de más para saber quién tiene la última palabra y a quién se intenta cortejar.

Otra vez Estella
EDITORIAL Libertad Digital

Una parte muy importante de los políticos nacionales, especialmente de izquierdas pero no sólo de izquierdas, llevan 30 años distinguiendo entre un nacionalismo vasco supuestamente moderado con perfecto encaje dentro de nuestro sistema constitucional y otro radical y ultramontano que sería, según este razonamiento, el origen del problema terrorista.

En realidad, la distinción tenía bastante de artificial porque ambas clases de nacionalismo se han realimentado y auxiliado históricamente entre sí. Ambos eran conscientes de estar representando un rol para el que necesitaban al otro: el palo y la zanahoria o, como ya ilustrara Arzalluz, los sacudidores del árbol y los recolectores de nueces.

Difícilmente podía tildarse de moderado a aquella parte del nacionalismo que si bien condenaba los métodos etarras, empleaba el drama del terrorismo como argumento negociador en aras de lograr unos fines que eran comunes a los terroristas y que inspiraban precisamente sus acciones. Sólo políticos interesados en gobernar con el apoyo y los votos del nacionalismo –en el Gobierno central y en los autonómicos– podían seguir tan ciegos como para negar la evidencia.

Pero, desde luego, cualquier duda sobre la estrecha comunicación que existía entre estos dos vasos del nacionalismo vasco debería haberse despejado con el Pacto de Estella, por el que el PNV pasaba a legitimar al llamado "brazo político" de ETA (que como sabemos no era y no es más que otro de los instrumentos que emplea la banda para desarrollar su labor criminal) y a considerar las instituciones y la democracia española obstáculos a derruir en su camino común hacia la independencia.

Desde entonces, la ofensiva política y judicial contra ETA se redobló hasta conseguir desenmascarar e ilegalizar a Batasuna, lo que supuso un durísimo golpe para la banda del que sólo sería capaz de reponerse gracias al aliento político que le ofrecería Zapatero con su nefasta fase de negociación.

Hoy los terroristas vuelven a estar acorralados policial, judicial y políticamente. Incluso Francia les ha declarado abiertamente la guerra. El único resquicio de esperanza del que se pueden alimentar hoy proviene de la expectativa de volver a negociar con el Gobierno –expectativa alimentada por el discurso ambiguo que han mantenido destacados miembros del Ejecutivo y, sobre todo, por su negativa de disolver los ayuntamientos con presencia de Batasuna y a revocar la disposición parlamentaria que les autoriza a negociar– o de que puedan regresar a las instituciones vascas mediante una agrupación pantalla o como parte de un bloque nacionalista más amplio.

La celebración ayer del Aberri Eguna sirvió para constatar no sólo que la distinción entre nacionalismo moderado y radical sigue teniendo hoy tan poco sentido como cuando se recogían con orgullo las nueces que habían lanzado los chicos de la gasolina o cuando se ratificó a tres partes el Pacto de Estella, sino también que los nacionalistas están dispuestos a prestar sus siglas para dar cobijo a Batasuna.

El Gobierno no debería vacilar a la hora de impedir que ETA vuelva a las instituciones por las más variadas estratagemas. Tampoco si son el PNV y EA quienes se prestan a facilitar su regreso. Cuestión distinta es que el PSOE no haya desechado definitivamente su ansia por negociar con ETA y por gobernar en Vitoria o en Madrid con el apoyo del nacionalismo. En cuyo caso, todos estarán ahora mismo representando su papel y ETA volverá a estar presente en los ayuntamientos.

Estrategias nacionalistas
Editorial ABC 5 Abril 2010

EL Partido Nacionalista Vasco celebró ayer el «Aberri Eguna» -o «día de la patria»- con un llamamiento a la unidad de los nacionalistas, sobreentendiendo que el liderazgo de este frente abertzale le correspondería sin discusión. No faltaron tampoco ataques al Gobierno de Patxi López y al apoyo que recibe del Partido Popular, etiquetados uno y otro como meras sucursales de Zapatero y Rajoy. Pese a una aparente moderación de formas, el discurso del presidente del PNV, Iñigo Urkullu, se mantuvo en la línea de deslegitimar la alternativa constitucional formada por socialistas y populares vascos, como si fuera un mero accidente histórico. Mientras el PNV no asuma la pluralidad vasca seguirá siendo una formación anclada en el sectarismo de Sabino Arana y un factor de perturbación de la democracia.

Sin embargo, los destinatarios principales del discurso de Urkullu fueron las diversas familias nacionalistas, a cuya fragmentación culpa de la derrota electoral en las últimas elecciones autonómicas. Por eso, la apuesta del PNV es volver a un coalición como la de Estella, con las actualizaciones oportunas, pero que no discuta su liderazgo, porque éste es el motivo principal de los enfrentamientos entre PNV y ETA, no el terrorismo, sino la competencia que se hacen el uno al otro para encabezar el siempre frustrado frente abertzale. La posibilidad de una coalición electoral entre Eusko Alkartasuna y el entramado batasuno -escenificado ayer en una marcha conjunta de Irún a Hendaya- preocupa al PNV no por razones éticas, sino puramente tácticas, en relación con su objetivo principal: recuperar la hegemonía perdida.

También ETA aprovechó la jornada para lanzar su propio mensaje, en el que culpa a la Policía francesa de haber provocado el tiroteo en el que murió el agente Jean-Serge Nérin, versión desmentida por las autoridades galas y que demuestra la falta de escrúpulos de los etarras para justificar lo injustificable. Por eso, ETA se reafirma en la violencia, legitimándola como «respuesta armada», y la adereza con guiños a las gestiones de los mediadores internacionales que han pululado por los medios en las últimas semanas, propalando las mismas patrañas sobre el fin dialogado de la violencia que precedieron a la tregua de 2006, pactada con el Gobierno socialista. No sería extraño que ETA concrete, antes de las elecciones municipales y forales de 2011, una nueva estrategia de engaño. El Gobierno y el PSOE ya están avisados de que aceptar más treguas sería, más que un error, una vileza.

Santuarios americanos
EDITORIAL La Razón 5 Abril 2010

El Gobierno ha defendido, por medio del secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, que el nivel de cooperación de los países iberoamericanos en la lucha contra ETA es «cada vez mejor», pese a que en ocasiones surgen «dificultades puntuales» sobre «asuntos concretos». El discurso oficial del Ejecutivo se mantiene inalterable en torno al más que satisfactorio compromiso de los gobiernos «hermanos». Esas palabras, sin embargo, contrastan con la realidad judicial que emanó, primero, de las resoluciones del juez Eloy Velasco hace unas semanas y que ayer mismo volvió a ponerse de manifiesto en otro auto del juez Grande Marlaska.

El primero, en el auto de procesamiento de los seis terroristas de ETA y otros seis de las FARC luego reclamados, aseguró que en su juzgado «obran diligencias que ponen de manifiesto la cooperación gubernamental venezolana en la ilícita cooperación entre las FARC y ETA». Ayer, el magistrado Grande-Marlaska, que envió a prisión al abogado proetarra Joseba Agudo Mancisidor por servir de correo entre los terroristas «huidos» en el extranjero y la dirección de la banda, denunció de nuevo los vínculos y las actividades de ETA en distintos países, especialmente Venezuela y Cuba, a los que los etarras denominaban en clave «Urano» y «Saturno», respectivamente. En concreto, el juez confirmó que el Gobierno cubano, por ejemplo, pidió al enlace de ETA retrasar un viaje a la isla, lo que da idea del nivel de comunicación entre la tiranía y los terroristas. De la resolución judicial sólo cabe concluir que Venezuela y Cuba, entre otros países, sirven de santuarios y retaguardia a la banda. Ambas investigaciones judiciales abundan en la idea de que los etarras gozan de una situación de privilegio, de libertad de movimientos y de una impunidad que echa por tierra los mensajes que el Gobierno intenta trasladar a la opinión pública española. Si con el auto del juez Velasco el Ejecutivo alimentó la desconfianza hacia el contenido del mismo y aportó confusión a un procedimiento judicial suficientemente grave, ahora debemos preguntarnos cuál será su actitud ante el auto de otro magistrado de la Audiencia Nacional.

Las palabras del secretario de Estado de Seguridad no presagian un cambio en la posición oficial española, que defiende el compromiso de La Habana y de Caracas en la lucha contra el terrorismo. El Gobierno se equivocará de nuevo en este asunto como lo ha hecho en tantos otros si ignora dos procedimientos esclarecedores de dos magistrados tan solventes de la Audiencia Nacional. Que los terroristas puedan hoy disfrutar todavía de retaguardias seguras en función de no sabemos qué oscuros intereses o estrategias nos resulta incomprensible. Y que el Ejecutivo asista impasible a esa circunstancia sólo alimenta la desconfianza, por mucho que el régimen de Hugo Chávez presente a Vladimir Putin como garante de su supuesta determinación contra el terrorismo después de suscribir millonarios acuerdos comerciales y estratégicos.

Los éxitos en la lucha contra ETA son incuestionables y el trabajo de las Fuerzas de Seguridad sobresaliente, pero la derrota del terrorismo pasa por que los santuarios de los terroristas acaben de una vez por todas.

José Luis I, ‘El Pacificador’
Carlos Dávila www.gaceta.es 5 Abril 2010

Estamos volviendo a las andadas. A la negociación con ETA. El Gobierno de Zapatero mintió durante meses no sólo sobre el alcance de la rendición, sino sobre la propia rendición, de modo que, en todo ese tiempo que duró al menos un año, Zapatero, sus epígonos y, todavía más, sus periodistas de cámara, trataron en vano de desacreditar a quienes informábamos sobre el picoteo que se traían entre manos unos y otros: el Gobierno socialista y los repugnantes asesinos de ETA. Según todos los indicios ahora estamos en las mismas. Bien es cierto que, tras las primeras revelaciones que venimos publicando en LA GACETA, se han producido dos reacciones diferentes pero consonantes: las del propio Ejecutivo que ha triturado con la peor descalificación las declaraciones de Jaime Mayor Oreja –nada menos que el mejor ministro del Interior que haya tenido nunca España– y las de quienes, por una u otra causa, se han visto sobrepasados por los acontecimientos y han decolorado el rigor a nuestras informaciones.

De estos últimos, poco que decir: la realidad está aplastado su pobreza intelectual e informativa; naturalmente que, en su deplorable envidia, ni siquiera han torcido su postura cuando hace unos días, de nuevo, la verdad se abría paso. Varios mediadores internacionales de fortuna (la mayoría de ellos cobran por su delicadísimo trabajo) firmaban un manifiesto a favor de la negociación, al tiempo que exigían a ETA que abandonara la armas. Es decir, exactamente lo mismo que nosotros anunciábamos en nuestra primera plana del pasado 28 de febrero. ¿Vamos a pedir a estos botarates del Periodismo que rectifiquen? no, en el pecado sufren y sufrirán la penitencia.

El uso de Eusko Alkartasuna
Nosotros a lo nuestro. El Gobierno está utilizando a la residual formación política que fundó Carlos Garaicoechea cuando ya no pudo soportar más a Xabier Arzalluz y huyó del PNV, como ariete de sus intenciones o, mejor dicho, como colaborador necesario del proyecto multilateral, pero convergente que tiene como único objetivo éste: incorporar a Batasuna a la vida política activa, convirtiéndola en una especie de Esquerra Republicana de Cataluña a la vasca, un partido con el que SÍ (lo escribo literalmente con mayúsculas) se puede colaborar e incluso, llegado el momento, gobernar en comandita.

Eusko Alkartasuna hace tiempo que perdió el rumbo y hasta el oremus. Al fundador le han sucedido una serie de individuos cada vez más erráticos; sólo queda ese extraño político, Rafael Larreina, que se distingue por su talibanismo moral y su estulticia ideológica. Ahora van de acompañantes de esta Batasuna inmoderada que necesita meterse más de coz que de hoz, aunque de todo hay en las instituciones, para llevarse el dinero que le regalan personas que, como Zapatero con Acción Nacionalista Vasca, tienen de la política y de la verdad un sentido puramente instrumental: si conviene, uno se alía con el diablo, si la mentira es precisa, ¡hala! a soltar trolas como elefantes. José García Abad, en su estremecedor libro, le ha fotografiado para la posteridad.

Ahora, las dos cosas comienzan a coincidir: se precisa un colega de izquierdas en el País Vasco porque la ayuda del Partido Popular es francamente enojosa, y hay que disimular la realidad porque en ese momento no es conveniente reconocer que, de nuevo, nos estamos dando el morro con ETA, que no otra cosa –lo ha dicho tajantemente el Tribunal Supremo– es Batasuna, o los diferentes apellidos que tomen en cada ocasión los terroristas. El PNV, por boca de Erkoreka, ya se ha sumado a las voces y palabras de quienes venimos denunciado ese algo que se cuece en la nueva negociación. No es el PNV un partido al que le guste, ni mucho menos, hacer el caldo gordo a Jaime Mayor Oreja; en su tiempo le soportaron, nada más que le soportaron, como ministro del Interior. Y algunos ni eso: hay que recordar las atrocidades zoológicas que largaba, por ejemplo, Eguibar, el peneuvista siempre cercano a la tesis de ETA. Por eso, guarda enorme valor el hecho de que, ahora, sospechen lo mismo que todos nosotros. Incluso llegan más lejos al sugerir, como ya hemos escrito en LALA GACETA, que las famosas conversaciones de Loyola nunca quedaron interrumpidas, sólo aplazadas. Nadie más calificado que el PNV para afirmar tal cosa, puesto que siempre estuvo presente en aquel santo lugar utilizado para negociar con la banda asesina.

Es curioso que el PP esté asistiendo, angélicamente, a la renovada negociación. La pregunta es la siguiente: ¿de quién se fía más Rajoy: de Trillo o de Mayor Oreja y Astarloa? Introduzco este segundo apellido porque, vasco él y ex secretario de Estado de Seguridad, acumula extraordinaria información sobre lo que acontece; otra cosa es que se la soliciten en su partido y todavía más, si llega el caso, la tengan en cuenta. Los citados, y muchos de los que estamos insistiendo en el anuncio de otra tregua-trampa, nos fijamos en algunos síntomas esclarecedores; por ejemplo, en la tozudez con que el Gobierno se niega a derogar aquella infame declaración del Congreso de los Diputados que dio pie a que Zapatero se doblegara, miserablemente en ángulo recto, ante los pistoleros de la banda.

Rubalcaba ha llegado a decir, sin pudor alguno, que los acuerdos parlamentarios terminan cada vez que finaliza una legislatura. Es sorprendente que algunos analistas que, en principio, no parecen comulgar con las ruedas de molino socialista, incidan en el mismo y falaz argumento. Y es que se cae por sí sólo, porque si fuera cierto y tuviera un ápice de vigencia habría que convenir en que, por extensión, ninguna ley aprobada en nuestras cámaras sirve más allá del periodo en que ha sido votada. Una auténtica aberración de la que se ríen muchos juristas y, desde luego, cualquier diputado o periodista que no pertenezca a la cuadra mansa de Rubalcaba.

El ‘Aberri Eguna de hoy’
Hoy es el Aberri Eguna. Los nacionalistas vascos siempre se han venido lamentando hasta la fecha de “tener que celebrarlo separados”. Esta ha sido su quejosa expresión desde que, en la ahora denostada Transición, se volvió a autorizar una romería, no es otra cosa, que únicamente pertenecía a la peculiar liturgia del PNV. En este Domingo de Resurrección en el que es más popular el cordero que los sucesivos discursos de los dirigentes nacionalistas, se va a constatar hasta qué punto está fraguándose, cociéndose poco a poco, el potaje de un gran conglomerado de izquierda en el que también quepa Batasuna. Advierto sobre la cuestión: estamos en sus vísperas y eso, precisamente eso, es lo que ahora se está negociando.

¿Se enterará a tiempo el PP? Allá él: lo avisamos. Falta que ETA se conforme con que sus dos grandes exigencias de Loyola: la incorporación pausada de Navarra a la fantasmal Euskal Herría y la consulta sobre la consulta (es decir: preguntar si se puede hacer un referéndum de independencia) se puedan dilatar un poquito, nada más que un poquito, en el tiempo. Zapatero está en esto. Si lo consigue, se presentará a las próximas elecciones como José Luís I, El pacificador.

Frente a ETA, ni un paso atrás

Abel Veiga Lunes, ABC Galicia 5 Abril 2010

Han sido unas semanas polémicas a raíz de las desafortunadas declaraciones de Mayor Oreja, ahora bien, desafortunadas el comparar al presidente del gobierno con la banda asesina. Este presidente se ha equivocado enormemente, incluso en su estrategia de paz con la banda. Faltó a la verdad, siguió con la negociación después del atentado de Barajas y el asesinato de dos personas a las que llamó, con la doblez del lenguaje y la perversión de las palabras y tal vez arrodillado aún ante ETA, trágico accidente.

Tardó tres días en comparecer, descompuesto y con el gesto adusto que sabe acoplar en los momentos más difíciles. La actuación del gobierno y el ministerio frente a un asesino como De Juana Chaos y el sarcasmo que tuvimos que aguantar de este miserable y las componendas de Interior figurarán en los anales de la vergüenza, qué decir de aquello que Otegi era un hombre de paz, el mismo que teme por la salud psicológica de su hija pequeña pero que no se duele de los asesinatos de la banda, ni de los huérfanos, cientos que a lo largo de cincuenta años, en esta desgraciada orgía de sangre y terror han perpetrado en nombre de la nada, y ante el silencio cómplice de muchos políticos en el País Vasco y de la propia sociedad vasca hasta hace poco más de una década.

La misma en que ETA, Batasuna, sus apéndices sindicales, las herrikotabernas, la kale borroka y todas sus estrategias y cabezas, han perdido la calle y la fuerza del miedo y el chantaje que doblegó a un pueblo entero durante décadas.

Mayor Oreja está de vuelta de la política, probablemente su recorrido político esté concluyendo, pero pocos como él han analizado certeramente el escenario vasco, incluido el mundo radical y abertzale, lo cuál merece cuando menos que se le preste atención, además de respeto.

Eso no impide que la crítica se le deba hacer por los modos, la invectiva y el desprecio hacia el gobierno. El gobierno no quiere el mismo fin que los asesinos. El asesino sólo hace lo que sabe hacer, matar, asesinar, extorsionar mafiosamente como delincuentes y miserables que son, sin condición humana, sin valores, sin identidad, perdidos en el laberinto de la radicalidad, la locura, la irracionalidad, la violencia, el desprecio a la vida, a la libertad de los demás, al pensamiento del otro.

Es aquí donde Jaime Mayor debe retractarse, no en el resto. Todos sabemos que siempre se ha negociado directa o indirectamente con ETA, que los puentes nunca han estado rotos del todo, simplemente bloqueados. Pero este es el momento de mayor debilidad de la banda, está acorralada política, social y, sobre todo judicial y policialmente. El asesinato de París traerá sus consecuencias. No tienen refugio seguro en el país vecino, no lo tenían desde hace unos años, de ahí su traslado también a Óvidos en Portugal. Han perdido el pulso de la calle, el caldo de cultivo de la violencia. El nacionalismo ha sido desalojado democráticamente de las instituciones vascas, y el gobierno del Lehendakari con el apoyo ejemplar de Antonio Basagoiti y los suyos, demuestran la vitalidad y esperanza que, a pesar de todo, puede aún tener el político y el sistema. ETA no sabe siquiera mantener la disciplina entre su colectivo de presos. Saben que todos estos años de terror y muerte no han servido para nada.

Ni un paso atrás frente a los asesinos, frente a los que les protegen y amparan, frente al tejido social que abriga esta locura de mesianismo irredento y falso. No en nombre del pueblo vasco, que no necesita verdugos de sangre ni mártires inocentes.

Atrapados en la violencia, en la espiral del terror. La hidra asesina. Cinco décadas, casi novecientos muertos, miles de heridos, miles de familias rotas, asesinados por la ira, el odio, la venganza, la irracionalidad. La dictadura del terror. La sociedad vasca ya es capaz de desprenderse de la tutela de los asesinos, del miedo, de la amnesia de una larga noche de cobardía, indolencia y silencio. Ya no está narcotizada y amnésica, ya no mira hacia otro lado, el de la indiferencia, el de la vergüenza, la cobardía y una cínica autocomplacencia.

ETA nunca ha sabido analizar los tiempos, y actuar en consecuencia. El último tren, el tren que el gobierno de Zapatero aún no reconociendo a la sociedad las negociaciones ha sido probablemente el punto de inflexión de unos asesinos acorralados policial y judicialmente, política y socialmente.

Se acabó la «socialización del sufrimiento», el chantaje del verdugo, el miedo en las calles a los violentos y a los encapuchados. Se acabó el silencio. Sí, ni un paso atrás, ahora sí se puede derrotar. No en nombre de nuestra democracia, no en nombre de los cientos de víctimas que han pagado un durísimo tributo de sangre y dolor para sus familias. Dejemos a un lado la miseria moral, hartémonos de la tutela de los asesinos y sus esbirros políticos que prolongaban y proyectaban la sombra abertzale.

Es hora de acabar con este anacronismo en plena democracia. Pero cuidado con el triunfalismo mientras las pistolas estén humeantes, o haya aprendices de asesinos dispuestos a enfundarlas o activar un coche bomba.

No nos fracturemos, pues cuanto mayor sea el antagonismo político de los demócratas frente a los asesinos, mayores alas y mayor oxígeno les damos. Tampoco caigamos en la vesania de la vanidad y hablemos demagógicamente como ha hecho el Ministro de Interior, aseverando que jamás la democracia volverá a negociar con ETA.

Cinco décadas de polarización y vergüenza moral. Ese es el legado de los asesinos a una tierra que dicen amar y matan sin embargo a sus hijos. El triste legado de los cementerios, del terror y la tragedia. Jaime Mayor Oreja insinúa que hay negociaciones. Y más que lanzarse a criticarle y atravesarle con invectivase insultos, tomemos la palabra con respeto y prudencia.

Es el gobierno quien debe decir alto y claro las cosas. Es hora de la unión política, antes de un nuevo asesinato. Hora de cerrar todo camino político a la hidra asesina, sanguinaria y sangrienta. Hora de saber donde está cada uno y con quién. No, no demos un paso atrás.

Es hora de acabar con esta locura irracional. No hagamos campañas electorales con esto ni caldeemos irresponsablemente el ambiente político, como también se puede achacar a aquellas declaraciones, en su parte desafortunada, la de la comparación, no la de la prevención.
Profesor en el ICADE

BAJO LA MARCA INDEPENDENTISTAK
Batasunos y EA, juntos en "una nueva fase de acumulación de fuerzas"
EA y el entorno etarra han dado hoy un nuevo paso en común con la participación de destacados líderes de ambas corrientes políticas en la celebración del Aberri Eguna (día de la patria vasca) bajo una misma marca, Independentistak.
AGENCIAS Libertad Digital 5 Abril 2010

El evento ha consistido en un acto político que ha tenido lugar en el aparcamiento de la Feria de la Costa Vasca (FICOBA), después de que dos manifestaciones procedentes de Hendaya y de Irún respectivamente se encontraran sobre el puente internacional de Santiago, en la frontera entre España y Francia.

Al acto han acudido dirigentes de EA como Peio Urizar, Maiorga Ramírez e Ikerne Badiola, y miembros del entorno etarra como Tasio Erkizia, Iñigo Iruin, Xabier Mikel Errekondo, Rufi Etxeberria y Floren Aoiz, entre otros.

Esta convocatoria, sustituye a la celebración -calcada en cuanto a su desarrollo- organizada en los tres últimos años por el Foro de Debate Nacional.

Desde el entorno etarra, la dirigente Miren Legorburu ha señalado que con esta celebración conjunta comienza "una nueva fase" de "acumulación de fuerzas independentistas" que dicen que el pueblo vasco "necesita un Estado propio".

Tras felicitarse por lo que ha considerado un "éxito" de "convocatoria" y empleando el lenguaje que adopta habitualmente la banda terrorista ETA en sus comunicados, Legorburu ha dicho lamentar que España y Francia continúen con "su política represiva".

Por su parte, el presidente de EA, Peio Urizar, ha comentado que este acto "deja claro que utilizando únicamente las vías exclusivamente políticas, democráticas y pacíficas" hay "capacidad para ilusionar a una parte importante de la sociedad vasca" y "demostrar que la independencia es un objetivo que se puede conseguir" por este camino.

Tras confluir en torno a una gran ikurriña en el puente de Santiago, donde los manifestantes han proferido gritos en favor de la independencia y de los presos de ETA, los congregados se han dirigido al aparcamiento de FICOBA, donde ha tenido lugar un acto en el que han tomado parte varios oradores.

El discurso central lo ha pronunciado el miembro del sindicato LAB Txutxi Ariznabarreta, quien ha asegurado que con la celebración de este Aberri Eguna se da comienzo "entre miles y miles de personas a la creación de una ola imparable por la independencia"
 

Borrokas en ‘lista de espera’ para ingresar en ETA
Redacción Minuto Digital 5 Abril 2010

Varios de los últimos 14 huidos de Segi a Francia no han pasado a engrosar las filas de ETA, sino la ‘lista de espera’ de aspirantes a terroristas que conforman aquellos que no son acogidos por la dirección de la banda en Francia, bien por falta de infraestructura o sencillamente porque son rechazados por sus características, según han informado fuentes de la lucha antiterrorista.

Estos 14 integrantes de la cantera de ETA lograron huir después de la macroperación desplegada contra Segi por la Policía y la Guardia Civil en el País Vasco y Navarra el pasado mes de noviembre. Fueron detenidas una treintena de personas y se dio por descabezada la organización juvenil ilegalizada. Sin embargo, en muchas ocasiones como en este caso, cruzar la frontera ya no es garantía de integrar algún ‘comando’ activo.

Según diversas fuentes, esa sería la situación en la que se encuentran ahora varios de estos terroristas. Se hallan escondidos en el sur de Francia a la espera de una llamada que puede tardar semanas o meses en producirse. Incluso en el caso de que sean rechazados, el regreso a España aumenta considerablemente el riesgo de una detención. Por ello, mientras aguardan en territorio galo, en la mayoría de los casos son las propias familias las que consiguen enviarles dinero para subsistir en la clandestinidad.

PERFIL
El perfil de los huidos es el habitual dentro de la banda terrorista. Con edades comprendidas entre los 26 y los 32 años, atesoran experiencia en la ‘kale borroka’ y desde hace años integran organizaciones de la órbita del MNLV del que es vanguardia ETA. Todos ellos ya se encuentran desde este mes entre las listas de los más buscados por las Fuerzas de Seguridad.

Se trataría de Iker Santamaría Alvarez, Javier Agirre Ibáñez, Eneko Aguirregabiria Olagoy, Asier Coloma Ugartemendia, Jon Etxeberria Oiarbide, Zuriñe Gogenola Goitia, Iñaki Imaz Munduate, Olatz Izagirre Sarasti, Eneko Raúl Aduna Vallinas, Gaizka Likona Anakabe, Fermín Martínez Lakunza, Oier Oa Pujol, Artzai Santesteban Arizkuren y Carlos Renedo Lara.

En concreto, a partir de las investigaciones llevadas a cabo por la Policía Nacional, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska, situaba a varios de ellos como Gaizka Likona Anakabe, Carlos Renedo Lara y Olatz Izagirre Sarasti en el “máximo órgano directivo” de Segi.

En aquel órgano de dirección las fuerzas de seguridad y la Audiencia Nacional también aparecía Jon Tellería, otro de los que logró huir de aquella macroperación, pero que, sin embargo, no fue incluido entre la lista de los 14 jóvenes. Eso a pesar de su contrastada implicación en actividades relacionadas con la banda terrorista.
El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón citó a Jon Tellería en el auto en el que acusa a cinco dirigentes de la izquierda abertzale, entre ellos a Arnaldo Otegi, Usabiaga y Arkaitz Rodríguez, de intentar recomponer la cúpula de la ilegalizada Batasuna bajo una comisión de coordinación denominada ‘Bateragune’ siguiendo órdenes directas de ETA.

Por otra parte, en una rueda de prensa celebrada en febrero de 2009, Jon Tellería y Ainara Bakedano, portavoces de Gazte Independentistak (Jóvenes Independentistas), reconocieron su militancia a Segi así como el relevo generacional de los dirigentes de esa organización condenados por el Tribunal Supremo en 2007. En concreto, Tellería era el portavoz de la organización juvenil en Guipúzcoa.

Un mes más tarde, el 17 de marzo, convocaron la ‘Gazte Mraxa 09', un acto tradicionalmente organizado por ésta organización juvenil y que tuvo lugar entre Francia y España bajo gritos de ‘Viva Segi y Gora ETA’, según el auto de Grande-Marlaska de octubre de 2009 en el que prohibía un acto por el treinta aniversario de Jarrai.

DESMARCARSE DE ETA
El consejero vasco de Interior, Rodolfo Ares, ha emplazado a los radicales abertzales “a desmarcarse de manera definitiva de ETA” después de que la banda no haya mostrado “ninguna voluntad de abandonar la actividad terrorista”. Ares se ha referido al último comunicado de ETA, en el cual la banda responsabiliza a la policía francesa del tiroteo del pasado 16 de marzo en el que falleció un policía galo.

El líider socialista ha opinado que este comunicado, supone “una magnífica oportunidad” para “aquellos radicales abertzales que dicen apostar por hacer política y sólo política, para pedir a los terroristas que desaparezcan o para desmarcarse definitivamente de la violencia”.

El consejero vasco de Interior ha criticado que la banda haya vuelto a “dar la espalda, una vez más, al deseo expresado por la inmensa mayoría de la sociedad vasca” y ha recordado que “el trabajo de la Ertzaintza y del resto de las policías, la actividad judicial y la colaboración internacional garantizan que el único destino que les quede a los terroristas sea acabar en la cárcel”.
 

Recortes de Prensa   Página Inicial