AGLI

Recortes de Prensa   Lunes 12 Abril  2010

 

¿Cuándo se jodió España?
Roberto Centeno El Confidencial 12 Abril 2010

Aunque la mayoría prefiera las ilusiones falsas a la realidad, España se desliza hacia un desastre económico y social sin precedentes, cuyo momento culminante será la quiebra de las cuentas públicas, a partir de la cual nos espera, en palabras del economista jefe de Bloomberg para Europa, “un largo valle de sombras”, donde van a hacer agua todas las grandes conquistas sociales de los últimos 50 años, desde la clase media, al sistema de pensiones, pasando por sistema nacional de salud y las prestaciones a los parados. Es evidente que la incompetencia oceánica, el sectarismo radical, y la carencia absoluta de sentido del Estado de Jose Luis Rodríguez Zapatero han acelerado el proceso, pero no es el único culpable. Nuestra ruina comenzó mucho antes.

Y entonces, ¿cuándo se jodió España? El origen es claro e inequívoco: el pactismo, la frivolidad y la mediocridad de los padres de la Transición, plasmados en la locura colectiva del ‘café para todos’, que dio paso a un modelo de Estado económica y políticamente inviable, en el que se inventaron 17 autonomías, contrarias en su mayoría a la realidad histórica y objetiva de España; a una partitocracia totalitaria que impide la separación de poderes y somete al Ejecutivo el resto de poderes del Estado; y a un sistema electoral no representativo de listas cerradas, que prima a las minorías nacionalistas, y permite a las oligarquías partidistas, confiscar la soberanía nacional y expoliar a los ciudadanos sin que estos tengan posibilidad de defenderse.

Lo que la Transición heredó y destruyó.
El periodo 1959-1975 fue el de mayor crecimiento económico de nuestra Historia, y con el mejor reparto de la riqueza creada jamás conseguido. En solo unos años, un reducido grupo de economistas, sin más ayuda que su inteligencia, convertirían un país atrasado en un país industrial. La cifra clave para demostrar ésta afirmación es el grado de convergencia con el grupo de nueve países que entonces constituían la CEE. De un 58,3% del PIB per cápita español en porcentaje del PIB medio de estos nueve países en 1959, pasaría al 81,4% en 1975, el mayor nivel de convergencia jamás alcanzado. Y en cuanto al reparto de la riqueza creada, la parte del trabajo alcanzaría el 56% del PIB, frente al 45% hoy, y un cambio social sin precedentes, la clase media pasaría del 19,8% en 1935 al 45,3% en 1975.

Pues bien, el desastre de la Transición, hundiría la convergencia hasta el 70,8% en 1985, y 32 años después, en 2007, el año de máxima convergencia posterior, no había podido superar la cifra de 1975, es decir, sería el 78,6% de los nueve países centrales, y probablemente no lo superará tampoco en los próximos 32 años. Por supuesto hemos crecido en riqueza absoluta, todo el mundo lo ha hecho, pero solo la convergencia, el crecer más que los demás, permite valorar la realidad.

En cifras absolutas, el colapso fue tal que de un crecimiento del 7,5% en el periodo 60-75, pasaríamos al 0,8% en 1975-85; el paro del 6% en 1974 al 36% en 1977; la inflación del 7% al 44% a mediados del 77, y la deuda externa superaría en tres veces las reservas del BdE. En solo dos años colocarían España al borde del colapso, evitado “in extremis” por Fuentes Quintana con los Pactos de la Moncloa, que dimitiría poco después por la irresponsabilidad de Oliart, siempre al servicio del poder, opuesto a racionalizar el sistema eléctrico. Otra cifra representativa: en 1975, España e Irlanda tenían la misma renta per cápita, 10.000 dólares. Hoy incluso con la crisis, la de Irlanda es un 40% superior a la española y la segunda de la UE.

La época de Aznar
No es posible en tan breve espacio mencionar siquiera muchos hechos clave y, para centrar las cuestiones de hoy, tengo que prescindir de Felipe González, una persona llena de luces y sombras, con gran sentido del Estado al contrario que Zapatero, pero que en lo económico cometió errores esenciales, la negociación de entrada en la UE por unas prisas que, aunque comprensibles, fue un desastre para España. Hubiéramos entrado igual sin ceder nada, como también fue un desastre la reconversión industrial, y la utilización de los excedentes de la Seguridad Social para financiar al Estado, 220.000 millones de euros entre 1982-96. En 1996, Solbes, un funcionario sin ideas y poco trabajador, dejaría España sumida en una grave crisis y el Estado casi quebrado.

Fue la hora de Aznar, que se encontraba en el sitio adecuado en el momento adecuado, unos cuantos tijeretazos al gasto, pero sobre todo la venta de las joyas de la corona, la privatización de las grandes empresas públicas, le permiten ordenar las cuentas y entrar en el euro, y a partir de ahí el ciclo alcista de la economía mundial nos llevaría en volandas: crédito ilimitado, bajos tipos de interés, y el inicio del boom inmobiliario garantizarían un crecimiento muy rápido. Por eso, cuando uno oye hoy al PP decir que ellos sacaron a España de una crisis y que lo volverán a hacer, uno no sabe si reírse o llorar, hasta Bibiana Aído hubiera pasado por un genio de las finanzas. Tanto es así que los dos mayores inútiles de nuestra historia económica, Solbes y Zapatero, consiguieron sin despeinarse crecimientos mayores aún en la parte final del ciclo alcista.

¿Supieron Aznar y su equipo gestionar la riqueza y la mayoría absoluta, y tomar las decisiones esenciales para garantizar un crecimiento sostenible y regenerar España? La respuesta es un no rotundo. Los defectos estructurales fueron tapados por la burbuja inmobiliaria, y no sólo no se abordaron, sino que resultaron amplificados y consolidados. El desbarajuste autonómico, en vez de ordenarse y limitarse, creció sin freno, y hasta el cupo vasco, en una negociación errónea y disparatada del ministro Rato, quedó reducido a menos de la mitad de lo que correspondía. Los monopolios públicos con precios regulados pasarían a monopolios privados con precios libres. Ni contención del empleo público, ni reforma del mercado de trabajo, ni reformas estructurales, ni nada de nada. Y en cuanto a regenerar España, ni siquiera lo intentaron, y hoy el PP con un líder sin convicciones, pusilánime e incapaz se encuentran en proceso de degeneración acelerado.

La época de Zapatero
El programa con el que Zapatero ganó las elecciones era correcto. Señalaba los problemas y abogaba por el cambio de un modelo económico insostenible. Pero una vez en el poder, un Solbes abúlico y sin ganas de meterse en problemas, que por otra parte desconocía, veía cómo la economía crecía sin saber por qué, mientras sesteaba y hacia sudokus, pero le daba igual, como el que la desigualdad creciera exponencialmente y el 10% más rico se apropiara del 70% de la riqueza; y no digamos Zapatero, dedicado a tiempo completo a la involución de España, a enfrentar a los españoles, a fomentar la homosexualidad y el aborto, al ataque sin tregua al cristianismo utilizando para ello el islamismo que aspira reconquistar Al-Andalus, a destruir el sistema de enseñanza pública que ha dejado de ser el ascensor social que fue en el pasado, y a la liquidación, en suma, de la nación española, “algo discutido y discutible”.

Pero como era obvio, todo ha llegado a su fin, acelerado por la crisis mundial y por la delirante reacción de Zapatero ante la misma. Primero negó la crisis, después que estamos a punto de salir de ella, y su estrategia actual entra en el terreno de la demencia: para retomar el crecimiento, la chapuza de Zurbano y el cochecito eléctrico; para arreglar el déficit, acuerdo de austeridad con las CCAA, en 1.975 millones de euros, lo que gastan en cafés; para ocultar la quiebra de bancos y cajas, modificación de la Ley del Suelo; para ocultar la quiebra de las grandes constructoras y el hundimiento de la inversión pública, plan de infraestructuras absurdo, el 70% se invertirá en líneas AVE, una ruina económica y solo unos miles empleos en su construcción, e hipotecando al Estado durante 30 años en condiciones leoninas. ¡Eso sí que es dinero de verdad y no el de los chorizos de medio pelo de Gürtel!

Y así las cosas, los indicadores de oferta, consumo de las familias y mercado laboral del primer trimestre, en lugar de estabilizarse, muestran nuevos retrocesos, y en julio se culminará la mayor subida de impuestos de nuestra historia, cuyo efecto negativo sobre el PIB, como demuestran la evidencia empírica y los modelos teóricos, será tres veces mayor consecuencia del multiplicador -¿sabrá la Sra. Salgado qué es eso?–, lo que nos hundirá de nuevo en una profunda recesión, que ya no podremos arreglar emitiendo más deuda o con menores tipos de interés. En unos meses estaremos como Grecia, pero con el doble de tasa de paro, más del doble de funcionarios por mil habitantes, el sistema financiero quebrado y unas cuentas públicas desbocadas, un 70% fuera del control del gobierno. Da igual lo que digan el gobierno y sus secuaces, o que muchos cierren los ojos esperando un milagro. No habrá milagro alguno. El futuro llegará inexorable, mientras la mayoría silenciosa está más silenciosa que nunca, contemplando cómo destruyen su futuro, el de sus hijos y el de las próximas generaciones.

Blanco
Cebando a la bestia
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 12 Abril 2010

En un reciente artículo Charles Krauthammer contrastaba las estrategias de Reagan y Obama para reducir o ampliar el peso del Estado en una sociedad. El republicano bajaba primero los impuestos, generando un déficit público tan grande que sólo cabía ajustarlo reduciendo el gasto. Los demócratas lo acusaban, con buen olfato, de matar de hambre a la bestia. Obama, por el contrario, ha invertido el orden de las decisiones: primero aumenta el gasto de manera desproporcionada generando el mayor déficit en la historia del país y luego, como si fueran sucesos inconexos, se ve "forzado" a aumentar los impuestos. De ahí que, al contrario que Reagan, esté cebando a la bestia en estos momentos de depresión económica.

Ya lo decía su asesor presidencial, Rahm Emanuel, "nunca has de dejar pasar una crisis sin haberte aprovechado de ella". El socialismo tiene gravada con letras de fuego la lección más importante de la Gran Depresión: la mayor crisis económica de la historia permitió la mayor expansión del Estado de la historia. El keynesianismo, que nace precisamente en aquella época, sólo fue la coartada ideológica, no la política: probablemente sin Keynes, habrían aparecido otros serviles economistas para tratar de justificar ex post los desmanes que desde un primer momento venían cometiendo los mandatarios. Al fin y al cabo, Keynes publica su gran obra, La Teoría General, en 1936, cuando Hoover y Roosevelt ya habían multiplicado por cuatro la presencia del Gobierno en la economía.

En España, el PSOE no se está comportando en este aspecto de manera muy distinta a los demócratas y a la izquierda internacional. La crisis puede haber supuesto una chinita en su camino para lograr la beatificación laica de Zapatero, pero desde luego les ha venido de perlas para lograr acrecentar al Leviatán. De momento, y "rebeliones fiscales" aparte, ya han logrado que los españoles traguemos con una subida del IVA, con un incremento de la tributación de plusvalías, con la eliminación de deducciones como la de adquisición de vivienda o con el reiterado aumento de numerosos timbres.

Y, sin embargo, los ingresos siguen sin ser "suficientes". Lo acaba de advertir el ministro de Fomento, que alguna experiencia tiene en el cargo de vocero: si los ingresos no son suficientes como para "hacer frente a los desafíos que tenemos como país" (léase reducir el déficit), habrá que aumentarlos. ¿Suficientes según qué criterio Don José? Porque habría sido de gaznápiros pensar que con el planeado incremento de la tributación, que apenas alcanzará los 5.000 o 6.000 millones de euros, logrará cerrarse un agujero presupuestario cercano a los 90.000. No creo que entrara en sus previsiones y, pese a ello, han seguido gastando a manos llenas.

Estos días, por ejemplo, conocíamos que el ministerio dirigido por quien nos amenaza con nuevas subidas de impuestos gastará 17.000 millones de euros en mejorar las infraestructuras del país. Gracias a ciertas artimañas contables, Blanco ha conseguido que esos 17.000 millones no computen como gasto... de momento. Será en 2014 cuando habrá que comenzar a sufragar esas partidas: gasto hoy, subo los impuestos mañana cuando ya no queda otra opción.

La preocupante situación presupuestaria de España, nuestro desbocado ritmo de endeudamiento y los fundados temores que existen sobre la solvencia de nuestras Administraciones Públicas, no es fruto de la fatalidad. Ni siquiera es responsabilidad entera de la crisis económica nacional e internacional. En 2007, la Administración Central gozó de unos ingresos tributarios de 165.000 millones de euros, de los cuales gastó 151.000 (es decir, obtuvo un superávit de cerca de 14.000 millones de euros). Dos años después, los ingresos han caído a 111.000 millones y los gastos han aumentado a 198.000 (es decir, un déficit de 87.000 millones de euros).

Suele decirse que las crisis afectan automáticamente al presupuesto por dos vías: menor recaudación y mayores subsidios de desempleo. Si Zapatero sólo hubiese incrementado el gasto desde 2007 de acuerdo con lo que han aumentado los pagos en subsidios de desempleo (15.000 millones), tendríamos un déficit de 55.000 millones, no de 87.000. En otras palabras –y sin entrar a considerar que el Gobierno, como toda familia prudente, debería haber ajustado a la baja sus insostenibles desembolsos de 2007 o que con la pertinente liberalización de los mercados el gasto en subsidios habría sido menor y la recaudación superior–, hay 32.000 millones de euros que gastamos en 2009 de más y que son puro gasto suntuario de ZP y su camarilla.

Es por ese gasto no ya innecesario sino perjudicial por el que ahora nos quiere subir aún más los impuestos. Están cebando a la bestia tanto como pueden. El problema para los ciudadanos es que el estómago del Estado no tiene fondo y sólo deja de comer en el momento en que ya no le queda nada que echarse a la boca. Cuando nos vuelvan a aumentar los tributos, tenga en mente que su única finalidad es la de financiar la cruzada ideológica de Rodríguez y compañía. Lo que Blanco llama "desafíos como país" y que, en realidad, no es más que añadir grasa al Estado a costa del músculo de familias y empresas.
Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores donde trata de analizar paso a paso las causas y las consecuencias de la crisis subprime.

Grecia o la irresponsabilidad del endeudamiento público
EDITORIAL Libertad Digital 12 Abril 2010

Las crisis son períodos traumáticos porque la estructura productiva de una economía debe recomponerse y esto suele ser doloroso. Fruto de una excesiva expansión del crédito por parte de una banca asistida por el banco central, la crisis consiste en un periodo en el que hay que liquidar los malos activos, amortizar el exceso de deuda, trasladar factores productivos de un lado a otro, abandonar proyectos empresariales que hasta la fecha parecían rentables, asumir que una porción de la riqueza que pretendíamos crear se ha destruido definitivamente...

Es comprensible que mucha gente se sienta incómoda perdiendo su empleo o viendo quebrar su empresa, pero sería un error pensar que, una vez acometidas las malas inversiones, no es necesario cambiar nada. Lo único que cabe hacer es, por un lado, poner los medios para que en el futuro no se reproduzcan crisis como la actual –por ejemplo, limitando la magnitud de los descalces de plazos en los que puede incurrir la banca– y, por otro, facilitar todo lo posible el proceso de ajuste de la economía. De lo contrario, el estancamiento y el progresivo empobrecimiento están garantizados.

Sin embargo, los economistas keynesianos tienden a pensar que basta con tirar de la demanda para que una crisis se convierta en un renovado período de crecimiento. Parten de la base de que no existen malas inversiones a nivel agregado y de que todo problema puede solucionarse instantáneamente sólo evitando que la demanda se desplome. Por ello defienden que cuando los agentes económicos empiezan a ahorrar –a no consumir– con tal de reducir su insostenible apalancamiento, debe ser el Estado quien consuma en su lugar. Si las personas no quieren comprar inmuebles o automóviles, debe ser el Estado quien lo haga o lo incentive; si no es rentable contratar a un conjunto de trabajadores debido a sus elevados costes, debe ser el Estado quien los recoloque en proyectos de inversión pública en los que la rentabilidad es lo de menos; si las Administraciones Públicas ven desplomarse sus ingresos ante la depresión económica, deben recurrir sin dudarlo al endeudamiento masivo para no sólo evitar recortar el gasto, sino a ser posible incrementarlo.

Nada de todo esto contribuye a impulsar una pronta y sana recuperación económica, pero al menos permite a los políticos acrecentar sus poderes, comprar voluntades, dirigir la economía y aparentar estar haciendo algo. La posición pasiva de dejar a las empresas readaptarse a las nuevas circunstancias suele serles incómoda a nuestros prohombres públicos, así que optan por arreglarlo todo a golpe de chequera.

Sin embargo, no habría que olvidar que los Estados no son tan distintos del resto de agentes económicos. Por supuesto, tienen una nota muy distintiva, y es que obtienen sus ingresos no de servir a los consumidores, sino de arrebatarles la riqueza a aquellos que les sirven. Pero dejando de lado ese importante matiz, el Estado tiene unas cuentas que cuadrar: posee unos ingresos que no son ni mucho menos infinitos y ha de hacer frente a unos gastos a los que en ocasiones no pueden renunciar. Si los segundos superan a los primeros, se habrá de endeudar. Y la deuda tiene que devolverse en algún momento, para lo cual deberá conseguir que sus ingresos vuelvan a ser superiores a sus gastos como para ir atendiendo a los vencimientos de la deuda.

Si un Estado está muy endeudado a corto plazo y no tiene forma de generar un superávit presupuestario (es decir, no está dispuesto a asumir el coste social de aumentar los impuestos o reducir el gasto lo suficiente), puede pedirles a sus acreedores que le den una prórroga en el pago, cosa que estarán dispuestos a hacer normalmente a tipos de interés cada vez mayores y, sobre todo, siempre que tengan alguna certeza de que en el futuro el Estado volverá a ser solvente. En caso contrario, lo más habitual será que se nieguen a seguirles prestando dinero a los gestores manirrotos.

Esto es básicamente lo que le ha ocurrido a Grecia: en pocas semanas había de hacer frente a unos vencimientos de deuda de más de 10.000 millones de euros y no tenía capacidad alguna ni para obtener los ingresos necesarios ni de refinanciar tanto dinero en el mercado. Sus políticos creyeron en la cómoda copla keynesiana de que bastaba con seguir gastando para que todo se solucionara, y así les ha ido: la única opción que les queda ahora es aceptar los 45.000 millones que al alimón le han ofrecido la zona del euro y el FMI (30.000 la primera, 15.000 el segundo). Y ello podría ser sólo el principio, ya que el préstamo no cubre ni mucho menos los vencimientos de deuda de los próximos años.

Falta ahora que el Gobierno griego acepte el préstamo y las duras condiciones que se impondrán al mismo. Pero en todo caso no hay alternativa y el ajuste deberá hacerse de algún modo. El coste económico será mucho mayor que si las reformas se hubiesen ido implementando poco a poco: Grecia se enfrentará a medio plazo a subidas de impuestos y a reducciones del gasto público enormes que desde luego degradarán aún más la calidad de vida de sus ciudadanos. No se quisieron hacer las cosas a tiempo, se esperaba que la crisis escampara por la mera recurrencia al déficit público, y ahora están al borde de la autarquía social.

En España deberíamos estar muy atentos de lo que está sucediendo con Grecia. Primero porque demuestra que mantener gigantescos déficits públicos no es la respuesta a adoptar frente a una crisis. Y segundo, porque la situación griega podría reproducirse con España: cada día que pasa sin que el Gobierno cuadre sus cuentas, más se dificultará la recuperación y más duro será el ajuste ulterior. No sólo nos estamos endeudando financieramente, sino también económicamente: el problema no serán sólo los altos tipos de interés futuros, sino el enorme coste en términos de bienestar al que tendrán que hacer frente los españoles con impuestos mucho más altos y rentas mucho más bajas. Todo ello por la irresponsabilidad y los prejuicios de Zapatero.

Para ser alternativa
Editorial www.gaceta.es 12 Abril 2010

Aznar sabe que su palabras nunca son ociosas y que se escudriñan para saber si encierran alguna disparidad con la actual cúpula dirigente del PP, comandada por Mariano Rajoy.

Dos rasgos son indudables en José María Aznar: en primer lugar, su enorme acopio de experiencia política a través de largos años en la oposición y en el Gobierno; en segundo lugar, su lealtad inquebrantable al proyecto que representa para España el Partido Popular.

Es precisamente en estas coordenadas en las que deberían encuadrarse y entenderse las opiniones que está trasladando el ex presidente a personas de su confianza a propósito de la situación política actual y, más en concreto, de los retos que afronta su partido.

La recién apuntada suma de experiencia y de lealtad que concurre en el presidente da como fruto un análisis lúcido y bien informado, en el que se verán representados no pocos españoles y una sustanciosa mayoría de militantes y simpatizantes del Partido Popular.

Aznar sabe que su palabras nunca son ociosas y que se escudriñan para saber si encierran alguna disparidad con la actual cúpula dirigente del PP, comandada por Mariano Rajoy.

La dirección de Rajoy busca y debe buscar el ser una continuidad y no una ruptura respecto de las ideas que llevaron al PP a la mayoría absoluta conseguida en el año 2000.

Y ahí la experiencia de Aznar es un valor fundamental, su testimonio es una suma en positivo, y por eso conviene que el ex presidente mida sus mensajes al reclamar que los populares contemplen su pasado con orgullo y que trasladen a la ciudadanía dosis siempre mayores de confianza, seguridad y credibilidad.

En la actual situación de España, que Aznar describe en términos de decadencia, no hay lugar para que el partido de la oposición se vea asaltado por posibles conflictos de hipotéticas vanidades personales.

Sí hay lugar, en cambio, para que Rajoy y los suyos redoblen su apuesta por las ideas y los valores ante una situación de crisis que Aznar, con acierto, no ve sólo como económica sino como institucional y moral. Aznar sabe, como sabe la opinión pública, que Rajoy se encontrará, a su llegada al Gobierno, una situación de devastación aún mayor que la que tuvo que lidiar el ex presidente en 1996.

De ahí que Rajoy, líder conocido por su prudencia y su carácter razonable, no deba dar lugar a ningún malentendido: la firmeza en las posiciones debe ser compatible con la prudencia para que no sea interpretada como tibieza o claudicación.

No es sólo el camino más correcto para doblegar a Zapatero, también es el camino que han seguido las derechas triunfantes en Europa: el discurso de valores que llevó al Elíseo a Sarkozy, el que ha de llevar a Cameron a ser primer ministro en Inglaterra o el que defiende sin complejos –dramatizaciones aparte– el italiano Berlusconi.

Es decir, un discurso de regeneración, profundamente liberal. Y, por supuesto, profundamente inscrito en la urdimbre del centro-derecha español. Entre tantos intereses mediáticos en contra del PP, el tomar la iniciativa, la insistencia en los valores, serviría no sólo para transmitir un mensaje de solidez hacia el electorado propio y ajeno, sino que también disiparía tantas tarascadas como se le presentan a los populares.

Actuar, proponer, tomar la delantera, definirse con claridad: si esas han de ser las líneas del Partido Popular, es porque así se ha de allanar el camino a La Moncloa. De la Ley del Aborto a las propuestas en educación o la actitud ante la próxima desbandada institucional del Estatuto de Cataluña, los españoles necesitan renovar la certeza, indubitable y deseada, de saber que las cosas van a cambiar indudablemente con un Gobierno del Partido Popular.

PSOE
Policía política
Agapito Maestre Libertad Digital 12 Abril 2010

Es imposible analizar el desmontaje del Estado de Derecho llevado a cabo por Zapatero en los últimos seis años sin la colaboración de un sector de la policía. Un futuro historiador de la sedicente democracia española estudiará este desmontaje recurriendo a fuentes diversas, pero jamás podrá dejar de estudiar cuál fue el rol que desempeñó la policía, o mejor, un sector de los Cuerpos y Fuerza de Seguridad del Estado en acontecimientos trágicos, como el del 11-M, u oscuros y atrabiliarios, como el del chivatazo del caso Faisán.

Quizá también ese futuro historiador tenga que recurrir a la lectura de las notas a pie de página surgidas en los grandes casos de corrupción de las últimas décadas, por ejemplo el caso Gürtel, para hacerse cargo de la injusticia que supone verter juicios generales de carácter despectivo sobre la policía, cuando sólo son culpables determinados grupos; naturalmente, el futuro historiador de la muerte de la democracia española tendrá que evaluar las declaraciones contundentes de Francisco Álvarez-Casco sobre ese "grupo de policías-políticos", al servicio de Rodríguez Zapatero, que quisieron implicarle en una trama de la que él estaba bastante lejos; incluso ese futuro investigador de la muerte de la democracia española tendrá que leer columnas del tipo de las de Ignacio Cosidó, en este periódico, sobre la "politización de la policía" –por cierto, no entiendo por qué Cosidó titula así a su columna, pues que de su lectura se deriva de que dentro de la policía hay más que politización, sí, hay una trama corrupta.

En fin, nuestro futuro historiador tendrá que recurrir de vez en cuando a esas fuentes para analizar cómo un sector de la policía ha estado implicado en el desmontaje de la democracia, pero, seguramente, existe un tipo de trabajo histórico ineludible. En efecto, si un futuro historiador de la degradación de la democracia española quiere llevar a cabo su trabajo con decencia, tendrá que recurrir a algunos historiadores de la España contemporánea. Destaca, entre todos ellos, la obra de Pío Moa y, muy especialmente, su último libro Nueva Historia de España. Imposible será, en efecto, comprender el papel de la policía política en el desmontaje del Estado de Derecho sin haber leído su último capítulo. Involución es su título. He aquí una síntesis precisa para entender en qué circunstancia "resurgió" una policía política en España, como la de las peores etapas de la dictadura.

Importante discurso de Netanyahu en AIPAC*, USA
http://espanaisrael.blogspot.com/2010/04/importante-discurso-de-netanyahu-en.html  12 Abril 2010

«Este odio fanático a la civilización occidental es anterior, en más de mil años, a la creación de Israel. El islam militante no odia a Occidente por causa de Israel. Odia a Israel por causa de Occidente. Porque considera a Israel como un puesto de avanzada de la libertad que les impide invadir el Medio Oriente»

Discurso completo de Netanyahu en AIPAC*, USA

Miembros de la Administración Obama,
Senadores,
Miembros del Congreso,
Embajadores,
Líderes de AIPAC,
Damas y Caballeros:

Mientras el mundo enfrenta retos monumentales, sé que Israel y Estados Unidos los enfrentarán juntos. Estamos juntos porque estamos encendidos por los mismos ideales e inspirados por el mismo sueño, el sueño de lograr seguridad, prosperidad y paz. Hace un siglo, este sueño parecía imposible para muchos judíos.

Este mes, mi padre celebró su centésimo cumpleaños. Cuando nació, los zares gobernaban Rusia, el Imperio Británico se extendía por el mundo y los otomanos gobernaban Medio Oriente. Durante su vida, todos estos imperios colapsaron, otros poderes surgieron y cayeron, y el destino judío pasó de la desesperación a una nueva esperanza, el renacimiento del estado judío. Por primera vez en dos mil años, un pueblo judío soberano pudo defenderse contra un ataque.

Antes de eso, fuimos sometidos a incesantes barbaries: las sangrías de la Edad Media, la expulsión de los judíos de Inglaterra, España y Portugal, la masacre al por mayor de los judíos de Ucrania, los pogromos en Rusia, culminando con el mayor mal de todos, el Holocausto. La fundación de Israel no detuvo los ataques contra los judíos. Simplemente, les dio a los judíos el poder para defenderse de estos ataques.

Quiero contarles acerca del día en el que comprendí acabadamente la profundidad de esta transformación. Fue el día en que conocí a Shlomit Vilmosh, hace más de cuarenta años. Serví con su hijo, Haim, en la misma unidad de élite del ejército. Durante una batalla, en 1969, Haim fue muerto por una ráfaga de disparos. En su funeral, descubrí que Haim nació poco después de que su madre y su padre hubieran sido liberados de los campos de exterminio de Europa. Si hubiera nacido dos años antes, este osado joven oficial habría sido arrojado a los hornos, como otro millón de niños judíos. La madre de Haim, Shlomit, me contó que, aunque tenía una gran angustia, estaba orgullosa. Al menos, dijo, mi hijo cayó usando el uniforme de un soldado judío defendiendo al estado judío.

Una y otra vez, el ejército israelí se vio obligado a repeler los ataques de los enemigos, mucho más grandes, decididos a destruirnos. Reconociendo que no podíamos ser derrotados en batalla, Egipto y Jordania, abrazaron el camino de la paz. Sin embargo, hay quienes siguen agrediendo al estado judío y que, abiertamente, llaman a nuestra destrucción. Tratan de lograr este objetivo a través del terrorismo, de ataques con misiles y, más recientemente, tratando de desarrollar armas atómicas.

La reunión de los judíos en Israel no ha disuadido a estos fanáticos. De hecho, sólo ha abierto su apetito. Los gobernantes de Irán dicen que Israel es un país de una bomba. El jefe de Hezbollah dice: "Si todos los judíos se reúnen en Israel, nos ahorrarán la molestia de ir detrás de ellos por todo el mundo".

Estos son hechos desagradables, pero son los hechos. La mayor amenaza para cualquier organismo vivo, o para una nación, no es reconocer el peligro a tiempo. Hace setenta y cinco años, las principales potencias del mundo enterraron sus cabezas en la arena. Incontables millones murieron en la guerra que siguió. Finalmente, dos de los más grandes líderes de la historia ayudaron a cambiar completamente la situación. Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill ayudaron a salvar el mundo. Pero llegaron demasiado tarde para salvar a seis millones de mi propio pueblo. El futuro del estado judío nunca puede depender de la buena voluntad de, incluso, el más grande de los hombres. Israel siempre debe reservarse el derecho a defenderse.

Hoy en día, una amenaza sin precedentes para la humanidad, domina preponderantemente. Un régimen iraní radical, provisto de armas nucleares, podría poner fin a la era de paz nuclear que el mundo ha disfrutado durante los últimos 65 años. Dicho régimen podría proporcionar armas nucleares a los terroristas e, incluso, podría verse tentado a utilizarlas él mismo. Nuestro mundo nunca sería el mismo. El descarado intento de Irán de desarrollar armas nucleares es, primero y principal, una amenaza para Israel, pero también es una grave amenaza para la región y para el mundo. Israel espera que la comunidad internacional actúe rápida y decisivamente para impedir este peligro. Pero siempre nos reservaremos el derecho a defendernos.

También tenemos que defendernos de las mentiras y vilipendios. A lo largo de la historia, las calumnias contra el pueblo judío siempre precedieron a las agresiones físicas contra ellos y fueron usadas para justificarlas. Los judíos fueron llamados envenenadores de pozos contra la humanidad, promotores de inestabilidad, fuente de todo mal bajo el sol. Al igual que las agresiones físicas, estos ataques difamatorios contra el pueblo judío, no terminaron con la creación de Israel. Durante un tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo manifiesto se mantuvo contenido por la vergüenza y el shock del Holocausto. Pero sólo por un tiempo.

En las últimas décadas, el odio a los judíos ha resurgido con fuerza incrementada, pero con un toque insidioso. No está simplemente dirigida contra el pueblo judío sino, cada vez más, contra el estado judío. En su forma más perniciosa, sostiene que si Israel no existiera, muchos de los problemas del mundo desaparecerían.

¿Significa esto que Israel está por encima de la crítica? Por supuesto que no. Israel, como cualquier democracia, tiene imperfecciones, pero nos esforzamos para corregirlas a través del debate abierto y de la vigilancia. Israel tiene tribunales independientes, el imperio de la ley, libertad de prensa y un vigoroso debate parlamentario, créanme, es vigoroso. Sé que los miembros del Congreso se refieren el uno al otro como mi distinguido colega de Wisconsin o el distinguido Senador de California. En Israel, los miembros de la Kneset no hablan de sus distinguidos colegas de Kiryat Shmona y Beer Sheva. Decimos… bueno, no querrían saber lo que decimos. En Israel, la autocrítica es una forma de vida, y aceptamos que la crítica es parte de la conducción de los asuntos internacionales. Sin embargo, Israel debe ser juzgado por los mismos estándares que se aplican a todas las naciones, y las acusaciones contra Israel deben estar basadas en hechos.

He aquí una afirmación de que no lo están. El intento de muchos de describir a los judíos como colonialistas extranjeros en su propia tierra, es una de las grandes mentiras de los tiempos modernos.

En mi oficina, tengo en exhibición un anillo de sello que me fue prestado por el Departamento de Antigüedades de Israel. El anillo fue encontrado junto al muro occidental, pero sus orígenes se remontan a hace unos 2.800 años, doscientos años después de que el Rey David convirtió a Jerusalén en nuestra ciudad capital. El anillo es un sello de un funcionario judío, y tiene inscripto en él, en hebreo, su nombre: Netanyahu.

Se llamaba Netanyahu Ben-Yoash. Mi primer nombre, Benjamin, se remonta a 1.000 años antes, a Benjamín, el hijo de Jacob. Uno de los hermanos de Benjamin fue llamado Shimon, que también pasa a ser el primer nombre de mi buen amigo, Shimon Peres, el presidente de Israel. Hace casi 4.000 años, Benjamin, Shimon y sus diez hermanos recorrían las colinas de Judea.

La conexión entre el pueblo judío y la Tierra de Israel no se puede negar. La conexión entre el pueblo judío y Jerusalem no se puede negar.

El pueblo judío estaba construyendo Jerusalem hace 3.000 años y el pueblo judío de Jerusalén está construyendo Jerusalem en la actualidad. Jerusalem no es un asentamiento. Es nuestra capital.

En Jerusalén, mi gobierno ha mantenido las políticas de todos los gobiernos israelíes desde 1967, incluyendo los dirigidos por Golda Meir, Menachem Begin y Yitzhak Rabin. Hoy en día, casi un cuarto de millón de judíos, casi la mitad de la población judía de las ciudades, viven en barrios que están más allá de la línea de armisticio de 1949. Todos estos barrios se encuentran a cinco minutos de automóvil de la Knesset**. Son una parte integral e inseparable de la moderna Jerusalem. Todo el mundo sabe que estos barrios serán parte de Israel en cualquier acuerdo de paz. Por lo tanto, construirlos, de ninguna manera excluye la posibilidad de una solución de dos estados.

Nada es más raro, en Medio Oriente, que la tolerancia por las creencias de los demás. La soberanía israelí sobre Jerusalem, ha asegurado que los sitios religiosos de todas las religiones estén protegidos. Al mismo tiempo que apreciamos nuestra patria, también reconocemos que los palestinos viven allí. No queremos gobernarlos. No queremos dominarlos. Los queremos como vecinos, viviendo en seguridad, dignidad y paz.

Sin embargo, Israel es injustamente acusado de no querer la paz con los palestinos. Nada podría estar más alejado de la verdad. Mi gobierno ha demostrado, sistemáticamente, su compromiso con la paz, tanto en palabra como en hechos. Desde el primer día, hemos pedido a la Autoridad Palestina comenzar las negociaciones de paz sin demora. Hago ese mismo pedido en la actualidad. Presidente Abbas, venga y negocie la paz. Los líderes que realmente quieren la paz deben estar dispuestos a sentarse cara a cara. Por supuesto, Estados Unidos puede ayudar a las partes a resolver sus problemas, pero no puede resolver los problemas en lugar de las partes. La paz no puede ser impuesta desde afuera. Sólo puede venir a través de negociaciones directas en las que desarrollemos una mutua confianza. El año pasado, hablé de una visión de paz, en la que un estado palestino desmilitarizado reconozca al estado judío. Así como los palestinos esperan que Israel reconozca un estado palestino, esperamos que los palestinos reconozcan al estado judío. En el último año, mi gobierno ha eliminado cientos de bloqueos de carreteras, barreras y puestos de control en la Margen Occidental. Como resultado, hemos ayudado a estimular allí un fantástico auge económico. Finalmente, anunciamos una moratoria, sin precedentes, de construcciones israelíes nuevas en Judea y Samaria.

Esto es lo que mi gobierno ha hecho para la paz. ¿Qué ha hecho la Autoridad Palestina para la paz? Bien, han puesto condiciones previas para las conversaciones de paz, libraron una implacable campaña internacional para socavar la legitimidad de Israel, y promovieron el famoso Informe Goldstone que acusa falsamente a Israel de crímenes de guerra.

Quiero agradecer al Presidente Obama y al Congreso de Estados Unidos, por sus esfuerzos para frustrar este libelo. La Autoridad Palestina también ha continuado incitando contra Israel. Hace menos de dos semanas, a una plaza pública se le dio el nombre de un terrorista que asesinó a 38 civiles israelíes, entre ellos niños de 13 años. La Autoridad Palestina no lo impidió.

La paz exige reciprocidad. No puede ser una calle de sentido único en la que sólo Israel hace concesiones. Israel está dispuesto a realizar los necesarios compromisos para la paz. Pero esperamos que los dirigentes palestinos también se comprometan. Pero una cosa que nunca comprometeremos es nuestra seguridad.

Si ustedes quieren entender el aprieto de Israel en materia de seguridad, tienen que imaginar a todo Estados Unidos comprimido dentro del tamaño de Nueva Jersey. A continuación, tienen que colocar en la frontera norte de Nueva Jersey a un aliado terrorista iraní llamado Hezbollah, que dispara 6.000 cohetes contra ese pequeño estado. Luego imaginar que este aliado terrorista ha acumulado 60.000 misiles más para disparar contra ustedes. Ahora imagínense en la frontera sur de Nueva Jersey otro aliado terrorista iraní llamado Hamas. También dispara 6.000 cohetes contra vuestro territorio, mientras contrabandean armas aún más letales al territorio de ellos.

¿Ustedes creen que se sentirían un poquito vulnerables? ¿Creen que podrían esperar una cierta comprensión de la comunidad internacional cuando se defienden? Un acuerdo de paz con los palestinos debe incluir medidas efectivas de seguridad sobre el terreno. Israel debe evitar que se repita, en la Margen Occidental, lo que sucedió cuando se retiró de Líbano y Gaza. El principal problema de seguridad de Israel con Líbano no es su frontera con Líbano. Es la porosa frontera de Líbano con Siria, a través de la cual Irán y Siria contrabandean decenas de miles de armas para Hezbollah.

El principal problema de seguridad de Israel con Gaza no es su frontera con Gaza. Lo es la frontera de Gaza con Egipto, bajo la cual se han cavado casi 1.000 túneles para el contrabando de armas. La experiencia ha mostrado que sólo una presencia israelí en el terreno puede impedir el contrabando de armas. Ésta es la razón por la que un acuerdo de paz con los palestinos debe incluir una presencia israelí en la frontera oriental de un futuro estado palestino. A medida que la paz con los palestinos demuestre su durabilidad a lo largo del tiempo, podremos revisar las medidas de seguridad. Estamos dispuestos a asumir riesgos por la paz, pero no seremos imprudentes con la vida de nuestra gente y con la vida del único estado judío.

El pueblo de Israel quiere un futuro donde nuestros hijos no experimenten más los horrores de la guerra. Queremos un futuro en el que Israel realice todo su potencial, como un centro global de tecnología, anclado en sus valores y viviendo en paz y seguridad con todos sus vecinos. Imagino un Israel que dedique sus energías creativas y científicas para ayudar a resolver algunos de los grandes problemas del día, el más importante de los cuales es encontrar un sustituto limpio y asequible para la gasolina. Si podemos ayudar a encontrar una alternativa a la gasolina, vamos a dejar de transferir cientos de miles de millones de dólares al año a los regímenes radicales que apoyan el terrorismo en todo el mundo.

Confío en que, en la búsqueda de estos objetivos, contamos con la duradera amistad de Estados Unidos de América, la nación más grande de la tierra. El pueblo estadounidense siempre ha mostrado su coraje, su generosidad y su decencia. Una y otra vez, Estados Unidos se ha mantenido al lado de Israel contra los enemigos comunes. De un Presidente a otro, de un Congreso al siguiente, el compromiso de Estados Unidos respecto de la seguridad de Israel ha sido inquebrantable. En el último año, el Presidente Obama y el Congreso de USA han dado significado a ese compromiso proporcionando ayuda militar a Israel, permitiendo ejercicios militares conjuntos y trabajando sobre defensa antimisiles conjunta. Así también, Israel ha sido un incondicional y firme aliado de Estados Unidos. Como dijo el Vicepresidente Biden, América no tiene mejor amigo en la comunidad de naciones que Israel.

Durante décadas, Israel sirvió como un baluarte contra el expansionismo soviético. Hoy en día está ayudando a Estados Unidos a detener la marea del islam militante. Israel comparte con Estados Unidos todo lo que sabemos acerca de la lucha contra un nuevo tipo de enemigo. Compartimos inteligencia y cooperamos en otras incontables maneras, que no estoy en libertad de divulgar. Esta cooperación salva vidas estadounidenses.

Nuestros soldados y vuestros soldados luchan contra enemigos fanáticos que detestan nuestros valores comunes. A los ojos de estos fanáticos, ustedes son nosotros y nosotros somos ustedes. Para ellos, la única diferencia es que ustedes son grandes y nosotros somos pequeños, ustedes son el Gran Satán y nosotros somos el Pequeño Satán. Este odio fanático a la civilización occidental es anterior, en más de mil años, a la creación de Israel. El islam militante no odia a Occidente por causa de Israel. Odia a Israel por causa de Occidente. Porque considera a Israel como un puesto de avanzada de la libertad que les impide invadir el Medio Oriente. Cuando Israel se opone a sus enemigos, está oponiéndose a los enemigos de Estados Unidos. El presidente Harry Truman, el primer líder mundial que reconoció a Israel, dijo: "Tengo fe en Israel y creo que tiene un glorioso futuro como otra nación soberana, pero también como una encarnación de los grandes ideales de nuestra civilización".

Amigos míos, nos hemos reunido hoy aquí porque creemos en esos ideales. Y debido a esos ideales, estoy seguro de que Israel y Estados Unidos se mantendrá siempre juntos.
http://www.aipac.org/PC2010/webPlayer/mon_netanyahu10.asp

Cortesía de Grace Marchevsky para Porisrael.org
Traducción para porisrael.org: José Blumenfeld
Dori Lustron
Porisrael Foundation R.A.
8 Hillel St.
P.O.B. 2932, Jerusalem, Israel, zip. 94581
NOTAS:
* AIPAC: American Israel Public Affairs Committee (Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel).
** Knesset: La Knesset (en hebreo, "Asamblea") es el parlamento de Israel.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Negociación
Eguiguren convence a Rajoy
Emilio Campmany Libertad Digital 12 Abril 2010

Jesús Eguiguren fue el Bruto que asesinó a Nicolás Redondo Terreros. No ciñe la corona de lehendakari por haber sido condenado por maltrato, pero, sin esa condena, vestiría hoy la púrpura. Fue además el hombre de confianza de Zapatero en la negociación con ETA durante la pasada legislatura. Pues bien, Eguiguren ha concedido una entrevista al Diario Vasco para rechazar que el Gobierno siga negociando con ETA. Más concretamente ha dicho: "Cuando [Mayor Oreja] habló, no tenía ni puñetera idea de lo que estaba hablando". Al parecer, él sí sabe de lo que está hablando. Sin embargo, el guipuzcoano a preguntas del entrevistador contesta en cuatro ocasiones: "No tengo ni idea", "no lo sé ni si lo sabrá la Policía", "no lo sé" o simplemente "no sé". No está mal para alguien que dice que Mayor Oreja no tiene ni puñetera idea.

Eguiguren sostiene que el problema es interno del "mundo" abertzale. Según él, son ellos quienes tienen que decidir quién manda, si la ETA, que quiere continuar atentando, o Batasuna, que quiere dejar de hacerlo. Esta manera de ver las cosas ignora que en ese "mundo", como les gusta a los socialistas vascos llamar a los terroristas, siempre han mandado los de las pistolas. Entre otras cosas, porque los que no las empuñan no son diferentes, sólo carecen del valor para disparar y porque la organización terrorista necesita un brazo político que infiltrar en las instituciones políticas vascas. Y la cabeza no puede estar subordinada al brazo. Más bien será el brazo el que esté subordinado a la cabeza. Ahora, es posible que Eguiguren no esté mintiendo y sea sincero cuando afirma creerse esa patraña de que los batasunos quieren dejar las armas y los etarras no, y hay que esperar a ver quién gana.

Lo que no se cree ni él es lo que dice de los mediadores internacionales: "Hay que aclarar que no son mediadores, sino abogados de parte, asesores de Batasuna para ver de qué forma pueden iniciar otro proceso o volver a la legalidad. No pueden exigir contrapartidas al Gobierno. Tienen que exigírselas a su parte". O sea, que es Batasuna quien paga los salarios de esos mediadores. A otro perro con ese hueso. Puede que fuera ETA quien exigió la presencia de los mediadores y puede asimismo que fuera ella quien los eligiera. Lo que es seguro es que quienes los pagan, somos nosotros, los españoles, a través de nuestro Gobierno. Y si siguen dando la tabarra con que hay que sentarse a dialogar, es porque siguen cobrando. ¿Por qué siguen haciéndolo si se supone que ya no hay interés en negociar? Que nos lo explique Eguiguren, pero se le agradecería la caridad de que lo hiciera sin recurrir al "toco mocho" de que los negociadores internacionales son un apéndice de Batasuna.

Rajoy, sin embargo, le cree. El gallego dice ahora estar convencido de que el Gobierno no negocia con ETA. Para mí que le han prometido, a cambio de su discreción durante el proceso, compartir los laureles de la paz, si es que la paz llega. Y no se da cuenta de que no serán laureles lo que habrá para compartir, sino el agrio sabor de la claudicación ante una banda terrorista. Es triste ver a un hombre que, frente a un Chamberlain, pudo ser un Churchill y prefiere ser un Daladier.

El cultivo de la diferencia
RICARDO GARCÍA CÁRCEL, Catedrático de Historia Moderna Universidad Autónoma de Barcelona ABC 12 Abril 2010

Siempre me ha impresionado la obsesión del nacionalismo catalán, más que por fijar sus propias señas de identidad, por establecer históricamente la frontera diferencial respecto a Castilla y, desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX, respecto a España. Toda la memoria histórica catalana se ha construido desde la óptica de la diferencia, nunca de la similitud. El concepto más repetido en todas las historias de Cataluña es el de «hecho diferencial». Y las diferencias pretendidas se han establecido en muy distintos planos. Desde la óptica etnicista, Valentí Almirall, Pompeu Gener, Rossell Vilar, el doctor Robert y tantos otros, a fines del siglo XIX se dedicaron a marcar la confrontación entre «el grupo centro-meridional», semita con todas sus cualidades («morosidad, mala administración, desprecio del tiempo y de la vida, caciquismo, hipérbole, afición al lujo, ampulosidad, autoritarismo») y el «grupo pirenaico» («positivista, analista, nada formalista, basado en la variedad»). Los unos militares e incivilizados, «sólo capaces de crear a un héroe estéril, como Don Quijote»; los otros, comerciantes. Juan Valera ironizó sarcásticamente sobre las atribuciones que a los castellanos otorgaba Gener: «Gener nos da por perdidos. Somos monos, somos presemitas descendientes de una gentuza infecta o plebeya... ¿Qué le hemos de hacer? ¿Cómo impregnar nuestro ambiente del ozono y del helio del que carece, según el señor Gener? Para nuestra circulación mental no hay vacuna que valga...».

A lo largo de la historia, se han ido estableciendo contraposiciones arquetípicas entre Castilla y Cataluña. Los prehistoriadores, con Bosch Gimpera a la cabeza, diseñaron una cultura pirenaica diferente (y superior) a las del interior peninsular. Para la Cataluña medieval, se ha confrontado la Cataluña europea frente a la Castilla introvertida. Los historiadores modernistas han recurrido al dualismo absolutismo castellano versus constitucionalismo catalán. Los contemporaneístas han sublimado el nacimiento de la burguesía catalana frente a la imposible revolución burguesa castellana.

Vizcaínos y navarros fueron también pueblos fronterizos pero jugaron decididamente la carta castellana. Nunca, por lo menos hasta Sabino Arana, se vieron como diferentes sino como excepcionales, los mejores españoles, instalados en sus privilegiados estereotipos de nobleza y pureza de sangre. En cambio, la sombra de los grandes conflictos, de 1640-52 con la separación de Cataluña de la Monarquía española y de 1700-14 con la rebeldía catalana a la asunción de Felipe V como Rey de España, ha estado siempre presente en la memoria de la inserción de Cataluña en el Estado, con la construcción de un muro de desconfianza.

Los argumentos del conflicto Castilla-Cataluña han ido oscilando. En el siglo XVII el reproche castellano principal era la insolidaridad fiscal catalana, su escasa aportación financiera al Estado, y actualmente las quejas catalanas inciden en que se aporta demasiado a la hacienda global. Hoy, más que nunca, se vierte desde Cataluña un discurso victimista que tiene como eje ideológico permanente la presunta catalanofobia que emana ahora del mítico Madrid. Se citan repetidamente las viejas acusaciones contra Cataluña, desde los juicios despectivos de Quevedo, como prueba irrefutable de la hostilidad estructural que históricamente ha suscitado Cataluña en España. Nadie, hoy, en Cataluña se acuerda de los múltiples testimonios catalanes de castellanofobia (cuando no, hispanofobia) que podrían citarse, desde Gaspar Sala en el siglo XVII, los textos vitriólicos contra Castilla en la guerra de Sucesión o los ya citados de Gener o Almirall en el siglo XIX.

Es fácil, efectivamente, seleccionar textos descalificadores, desde una u otra orilla del Ebro, para poner en evidencia el cruce de agravios mutuos que catalanes y castellanos han desplegado a lo largo del tiempo. Pero esa memoria vindicativa, agresiva, conflictiva, no reflejaría sino una parte de la realidad. La dialéctica Castilla-Cataluña como la de Cataluña-España no puede reducirse al marco de un conflicto fatal producto de la fuerza de un sino: la diferencia irreconciliable.

Son muchos los testimonios que pueden citarse de relación casi idílica, en el marco del neoforalismo de la Monarquía de Carlos II, a fines del siglo XVII, con Narcís Feliu de la Penya como testimonio, en el contexto político de fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, con Capmany como referencia, en el escenario de la Restauración con intelectuales catalanes participando en el gobierno español (de Víctor Balaguer a Cambó); en el agitado mundo de los años veinte y treinta, con viajes de intelectuales castellanos de distintas ideologías a Cataluña (Azorín, Azaña, Gómez de la Serna, Bergamín, Salinas, Marañón, Pérez de Ayala, Ortega, Giménez Caballero, Ramiro Ledesma, Sánchez Albornoz...), desde 1924 a 1930, fascinados ante una Cataluña, presunto faro iluminador del destino español; y en los años cincuenta y sesenta, en pleno franquismo, por parte también de intelectuales de los dos lados buscando la superación de viejos complejos de superioridad o inferioridad.

Curiosamente, el primer hagiógrafo de Companys, en su Vida y sacrificio de Companys (publicado en Argentina en 1943) fue el maurista madrileño Ángel Ossorio y Gallardo, abogado defensor del político catalán en 1934 y que, desde luego, decía expresivamente que «presumir que Cataluña vive sin la menor inoculación de sustancia española es mera ilusión de ensueño».

La presunta desafección, término hoy tan utilizado políticamente, nunca ha sido estructural sino coyuntural y desde luego no unidireccional, sino que ha fluido en ambas direcciones, cuando ha existido. La voluntad de concordia e integración la han reflejado políticos e intelectuales catalanes como Cambó en el mismo grado que políticos e intelectuales castellanos como Azaña, que en su discurso de Sitges, en 1930, cuando visitó Cataluña, al lado de los mejores intelectuales castellanos del momento, decía: «La libertad de Cataluña y España son la misma cosa... Es natural que en tiempos de lucha establezcamos el inventario cuidadoso de lo que nos separa, pero será también bueno que un día nos pongamos a reflexionar sobre lo que verdaderamente nos une».

El sentimental, a su pesar, Azaña podría haberse evitado el calvario de la decepción que con respecto a Cataluña vivió si hubiera seguido las recomendaciones más frías y objetivas de Ortega respecto a la necesidad de la «conllevancia». Azaña, de ser el «amigo de Cataluña» a lo largo de la década de los veinte y los treinta, el político que más apoyó el Estatut de Cataluña, con juicios siempre apasionados a favor de los catalanes, desde 1936 se deslizó hacia una indignación absoluta hacia la política de Companys y la insolidaridad catalana hacia la República. Y acabó diciendo: «Es más fácil hacer una ley, aunque sea el Estatuto, capaz de satisfacer las aspiraciones de Cataluña que arrancar la raíz de ese sentimiento deprimente del pueblo incomprendido y vejado que ostentan algunos de ustedes» (refiriéndose a los catalanes).

El victimismo es un mar de sentimientos insondables. Un saco sin fondo. El tantas veces glosado «oasis catalán», como hecho diferencial, hoy es difícilmente sostenible. El oasis, más que un testimonio de estoicismo moral, refleja el pacto de silencio orgánicamente atado por la clase política catalana y los media domésticos.
En conclusión, las diferencias objetivables no pueden interpretarse en términos de foso de separación que aísla a Cataluña de las demás comunidades españolas. Hay muchas Cataluñas con numerosas fronteras diferenciales dentro de la propia comunidad. En una realidad tan plural como la que vivimos, las tan repetidas diferencias castellano-catalanas se acaban diluyendo en el bosque de la diversidad de los cuarenta millones de hechos diferenciales que constituyen la ciudadanía española.

"El PP nunca renunciará al gallego, pero tampoco a otra lengua como el castellano"
José Manuel Barreiro, presidente del Partido Popular en Lugo, defiende la libertad lingüística en el primer aniversario de la victoria electoral
Efewww.lavozlibre.com 12 Abril 2010

Madrid.- José Manuel Barreiro, presidente del PP de Lugo, felicitó a Núñez Feijóo porque "está cumpliendo con Galicia, con el partido y con lo que prometió" durante la campaña electoral, y además porque "está regenerando la función política" y contribuyendo a "que se vuelva a creer en los políticos a pesar de lo que algunos dicen".

Lo dijo en su intervención en la fiesta del PPdeG para conmemorar el primer aniversario de su victoria electoral, donde se refirió también al conflicto lingüístico que vive la comunidad de Galicia. Barreiro defendió "no tenemos que renunciar a nada", como por ejemplo a "aspirar a hablar en inglés", y recalcó que "somos tan gallegos como los que más".

"El PP nunca renunciará al gallego como principal seña de identidad, pero tampoco a hablar otra lengua como el castellano, que nos une con miles de personas en el mundo y que nos ayuda a participar en ese gran proyecto de país que es España", explicó el presidente del PP en Lugo.

El resto de presidentes provinciales del PP valoraron la labor de Alberto Núñez Feijóo en contraposición con la etapa del bipartito, que Baltar Blanco resumió como "43 meses de sectarismo y de propaganda".

Se congratuló de que en los últimos comicios autonómicos "cambiamos una Galicia en blanco en negro por otra en color, una Galicia partida por otra orgullosa de ser popular".

"Dijimos sí al futuro, a la unidad, a una imagen prestigiosa de Galicia", cuyo pueblo, indicó, "es equilibrado y no merecía ser gobernado por equilibristas".

El presidente del PP de A Coruña, Carlos Negreira, se preguntó "¿qué pasaría si el bipartito siguiera hoy?", y contestó: "seguirían las trifulcas, la imposición lingüística se habría acentuado mucho más, la educación de los niños estaría sujeta a experimentos ideológicos, la política social rendida a la propaganda...", enumeró.

"Menos mal", sostuvo, "que eso no sucede porque Feijóo -actual presidente de la Xunta- renuncia a los personalismos ideológicos en favor del sentido común y de intentar acabar con los problemas, de buscar espacios de consenso y de participación".

Negreira pidió la ayuda de la base del PP "para explicar en cada municipio nuestro modelo de convivencia lingüística en una Galicia global, un plan de austeridad en momentos de crisis y que queremos una caja grande, fuerte, sin vencedores ni vencidos".

Todo, con el propósito de hacer frente a "los inmovilistas que no quieren cambiar nada, que se decían progresistas pero que no quieren perder sus privilegios", en alusión al PSdeG y al BNG.

Rafael Louzán, líder del PP en Pontevedra, dedicó sus primeras palabras a Manuel Fraga, que está "fantásticamente bien como siempre", así como a sus homólogos provinciales, entre ellos a Baltar Blanco, y al nuevo tesorero del PP, José Manuel Romay Beccaría, porque se estrenan en sus cargos.

También dedicó elogios a Núñez Feijóo porque "tenemos un gobierno, no dos gobiernos", dijo en referencia al bipartito, y a diferencia de éste "nosotros atenderemos a todos" y no sólo a los alcaldes y responsables del partido.

"Hoy Galicia es libre, podemos hablar en libertad", agregó antes de reiterar sus felicitaciones a Basagoiti por su "valentía" dado el complicado trabajo que desarrolla en el País Vasco.

Louzán pidió compromiso y trabajo para contar con un presidente gallego al frente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, y acabar así con "el despilfarro, la crisis económica y sacar al país de la bancarrota", además de para ganar las próximas municipales.

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