AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 10 Mayo  2010

 

La democracia siempre es una rebelión contra el poder
Francisco Rubiales. Periodista Digital  10 Mayo 2010

Nadie entiende por qué las calles de España no están llenas de ciudadanos decentes pidiendo la cárcel para los chorizos o la dimisión de un Zapatero que conduce al país hacia el precipicio. El gran problema de España es que está llena de cobardes.

En tiempos de Federico II de Prusia, si un rico violaba a una mujer y era denunciado por el esposo o los amigos de ella, quedaba eximido de toda culpa si entregaba a la víctima la ridícula suma de dos mil augustarios, mientras gritaba: ¡Viva el emperador y gracias a Dios". Desde aquellas leyes absolutistas, dictadas para favorecer a los ricos, algunas cosas han cambiado en Europa, aunque menos de lo que se cree, pero lo que no ha cambiado es la voluntad decidida de los poderosos a utilizar todos los medios a su alcance para dominar e imponer su voluntad.

La democracia nace como resultado de la lucha del pueblo contra los abusos del absolutismo monárquico y los privilegios de la nobleza y el clero. Es un alzamiento del pueblo contra las injusticias, diferencias y privilegios que los poderosos disfrutaron a lo largo de la historia. La democracia, desde el punto de vista histórico, no es otra cosa que la materialización de la lucha de la gente contra los privilegios de los poderosos. Dicho de otro modo: la democracia es el resultado de las luchas por la libertad que han tenido lugar en la Historia. En el presente, la democracia sólo se entiende como un sistema ideado para doblegar el poder del Estado y de las castas que se han enquistado en él, apoderándose de sus recursos y resortes.

La democracia, en estos inicios del siglo XXI, no se entiende ni existe sin una lucha ciudadana contra el establecimiento de cualquier tipo de relación de dominio. La rebelión contra el poder, sobre todo cuando éste es inmoral, corrupto y abusivo, es una condición fundamental de la democracia.

En la España actual, ser demócratas implica oponerse a los privilegios de "la casta" política, a la corrupción y a un gobierno que no se ruboriza cuando legisla y gobierna contra la voluntad de las mayorías, como ha hecho Zapatero con el Estatuto de Cataluña, con la ampliación de la Ley del Aborto, al negar la existencia de la crisis y al subir los impuestos. Si la democracia es rebeldía contra el poder, abuchear y criticar sin piedad a Zapatero y a los partidos corruptos, como hace a diario Voto en Blanco, es practicar la democracia con toda pureza y mérito.

Democracia es destituir a José Bono si no es capaz de justificar su inmensa riqueza o desacreditar a Rajoy y a la cúpula del PP que el caso Gürtel. Aunque esa corrupción no haya servido para financiar al partido, como ellos afirman, sí ha servido para prostituir la democracia y para que altos cargos del partido se enriquezcan ilegalmente, traicionando la confianza y la fe de los ciudadanos. Democracia es salir a las calles para gritarle "Chorizos" a los políticos que han aprendido a convivir con la corrupción y el abuso. Ningún ciudadano que se tenga por demócrata debería asistir a actos públicos presididos por políticos de dudosa ética.

Algunos lectores de este blog y muchos demócratas se formulan, preocupados, la siguiente pregunta: ¿Para qué sirve la crítica al poder?

Yo les digo que la crítica es vital para la democracia y esencial para el ejercicio de la ciudadanía. Es la puerta de entrada a la regeneración y el paso previo necesario para cualquier crecimiento o reforma del sistema. La crítica debilita, primero, al poder; dificulta los abusos y pone en ridículo al corrupto y al canalla. Sólo cuando el poder se siente débil, es capaz de asumir las reformas y cambios necesarios.

Vivimos tiempos totalitarios. La acumulación de capital se ha convertido en el fin último y en el parámetro en función del cual se diseñan las políticas, se dictan las leyes y se organiza el sistema. Cuando esto ocurre, cuando el fin de la política no es el bien común sino el provecho y el beneficio de los poderosos, entonces está justificado hablar de totalitarismo.

No se puede ser demócrata sin, al mismo tiempo, ser rebelde. No es cierto que el poder sea invulnerable e invencible porque es frágil y asustadizo cuando se le hace frente desde la ciudadanía. Existen muchas armas para combatirlo y un demócrata auténtico está obligado a utilizarlas. No basta con leer blogs críticos y difundir ideas críticas. Hay otras muchas formas de oponerse al abuso y a la injusticia, como el boicot y las manifestaciones. Nadie entiende por qué las calles de España no están llenas de ciudadanos decentes pidiendo la cárcel para los chorizos o la dimisión de un Zapatero que conduce al país hacia el precipicio. El gran problema de España es que está llena de cobardes.

En nuestros tiempos presentes hay cuatro tipos de ciudadanos: los "gladiadores", inquietos y luchadores, demócratas siempre críticos y en busca del bien común, la justicia y otros valores básicos, los "espectadores", que se limitan a contemplar el espectáculo, siempre dominados por el miedo, al que llaman prudencia, los "ausentes", gente que simplemente pasa de todo, y los "fanáticos", tipos sin ideología ni principios, que se venden al mejor postor y que sólo buscan su propio interés, aunque se vistan de fanatismo y aparenten participar en la Historia.

Este blog, que ha elegido el nombre de "Voto en Blanco" porque ese voto es un símbolo del rechazo a la política degradada y mendaz, pretende ser una escuela de "gladiadores".

Francisco Rubiales
Voto en Blanco

PP
Las derechas invertebradas
José García Domínguez Libertad Digital  10 Mayo 2010

Basta con ojear la célebre lista de los diez libros más vendidos en España para hacerse una idea, siquiera aproximada, del cataclismo sufrido por nuestro sistema de instrucción pública desde la implantación de la LOGSE y la pareja eclosión de la dictadura de los pedagogos en escuelas e institutos. Al punto de que ya han devenido lugar común las jeremiadas a cuenta de los informes Pisa; la miseria léxica y gramática de los jóvenes licenciados; o el definitivo divorcio entre la Universidad, apenas mero apéndice del colegio, y la alta cultura. Tan sabido y manido resulta el asunto que hasta el PSOE viene amagando con un pacto de Estado con tal de desfacer su propio entuerto. Aunque sólo un poquito.

Así, al modo del Príncipe de Lampedusa, ese flamante heredero de aquel olvidado Pettit, les urge ahora que todo cambie a fin de que todo siga igual. También, claro, en la educación. Nada cabría objetar, entonces, al rechazo del partido de las derechas a legitimar ese leve apaño cosmético; nada, salvo la premisa mayor expuesta aquí mismo por Cospedal. Y es que ha dado en apelar la secretaria general de la formación de Alberto Núñez Feijóo, Francisco Camps y Manuel Fraga, entre otros muchos, demasiados, a "la imagen de España invertebrada que luce en el frontispicio del actual Consejo de Ministros"; o sea, al mismo paisaje acotado, parcelado, privatizado, amurallado y subtitulado que, a día de hoy, igual se refleja en las relucientes vidrieras de Génova 13.

Pues que el parche de Gabilondo tampoco garantice el uso del español como lengua docente, lejos de enfrentarlos, es capítulo en el que tanto PSOE como el PP con mando en plaza comparten feliz acuerdo. ¿A qué recordar, por lo demás, que todo cuanto el filósofo madrileño repudiara en su España invertebrada supone precisamente lo que con más afán celebran y cultivan los barones –y, ¡ay!, las baronesas– de las derechas confederadas? Así la celosa endogamia particularista de las distintas facciones enrocadas en sus feudos inexpugnables. Por algo, constata ahí Ortega: "La esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás". Hágame caso, Cospedal, relea el libro con urgencia, pero ante un espejo. Cóncavo, a ser posible.

José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Ecofin
Los especuladores tenían razón: España será rescatada
Juan Ramón Rallo Libertad Digital  10 Mayo 2010

Quizá alguien se pregunte de dónde sale la cifra de 750.000 millones de euros que los ministros de Economía de la Unión Europea acaban de acordar para, según dicen, proteger al euro y combatir a la "manada de lobos" de los especuladores. Algunos pensarán que es una manera de rescatar por completo a Grecia y despejar las dudas sobre el repago de su deuda. Pero no se dejen engañar, porque al menos los números no dejan lugar a dudas.

La deuda total de Grecia se espera que ascienda a finales de este año a 330.000 millones de euros y la de Portugal se cree que llegará a 140.000. La diferencia entre 470.000 millones y 750.000 son 280.000 millones. ¿Les suena de algo esta cifra? Sí, justamente es la cantidad que la semana pasada se rumoreó que España iba a solicitar al FMI para poder refinanciar los vencimientos de la deuda de este año.

Lo cual, al margen de los diversos encajes numéricos posibles, significa dos cosas: una, que Zapatero volvió a mentir como un bellaco cuando dijo que era "absolutamente falso" que nuestro país necesitara y estuviera negociando un préstamo extraordinario; dos, que los especuladores acertaron de lleno. Si alguien quiso meter en la cárcel a quienes difundían rumores falsos, ahora debería estar reclamando el aprisionamiento de la plana mayor del socialismo nacional.

Por supuesto, la excusa oficial para aprobar este megaplan de rescate para Grecia, Portugal y España no ha pasado por reconocer que estos dos últimos países se encuentran realmente en una situación análoga a la helena, sino por denunciar que los especuladores han desestabilizado tanto los mercados que ya no les resulta posible a las economías más débiles encontrar crédito lo suficientemente barato. Ha sido, dicen y repetirán, una "profecía autocumplida": tanto se rumoreó que hacía falta un rescate que al final ha habido que crearlo.

Pero, de nuevo, no se crean estos camelos. Un plan de rescate de 750.000 millones de euros no se crea porque a España se le haya encarecido durante unos días la deuda 100 puntos básicos. No, el plan se crea bajo la certidumbre de que la economía española, como le sucedió a la griega y le iba a suceder a la lusa, tendrá serios problemas para encontrar toda la financiación que va a necesitar este año, con o sin especuladores.

Eso sí, habrá que reconocerles a los gobiernos europeos una maquiavélica inteligencia a la hora de filtrar rumores sobre lo que piensan hacer, crear con ello el pánico en los mercados, proclamar que ese pánico se debe a rumores falsos y finalmente hacer lo que pretendían hacer desde un principio pero justificándolo en la necesidad de tranquilizar a unos mercados revueltos por especulaciones sin fundamento.

Pero por maquiavélicos que sean, para Europa este plan de rescate supone el punto final al sueño de la Unión Monetaria. Podrá reconocerse o no, pero si sólo existen dos formas –inflación o rescates costeados por Alemania– de que el euro sobreviva a los políticos griegos y españoles, es que el euro está muerto y que no conviene a las sociedades que se preocupan más de su futuro que de vivir por encima de sus posibilidades a cuenta de los vecinos.

Para España, el rescate supondrá un alivio a corto plazo. Nunca nadie se ha empobrecido de la noche a la mañana por el hecho de que le regalen dinero; aunque no diría lo mismo con respecto al largo plazo: si la UE pretende regalarle tiempo a Zapatero para que continúe gastando impunemente, mal negocio haremos. Si la única consecuencia del plan es que Zapatero podrá endeudarnos todavía más, desde luego habrá sido tremendamente contraproducente incluso para los supuestos beneficiarios del mismo.

Por ello, los españoles no deberían dormirse sobre los inexistentes brotes verdes que pregona el Gobierno. Si no entendemos exactamente qué nos ha pasado, si no somos conscientes de que si España no ha quebrado ha sido por obra y gracia de Bruselas, si no reconocemos que padecemos a un Gobierno populista que está dispuesto a emplear el poder punitivo del Estado en sus campañas propagandísticas, si no asumimos la absoluta incapacidad de este Ejecutivo en todo aquello que no sea mentir, si no comprendemos que esta lamentable situación no es culpa de ningún especulador que no sea José Luis Rodríguez Zapatero y que, en definitiva, no saldremos de ella mientras esta calamidad humana continúe en el poder, entonces ningún rescate presente o futuro podrá salvarnos. Al fin y al cabo, el crédito que nos entreguen Francia y Alemania habrá que devolverlo en algún momento, pero ¿podremos hacerlo con un Gobierno que, si Europa no lo remedia, aprovechará el apoyo de Bruselas para seguir gastando a manos llenas?

Si la irresponsabilidad de los socialistas va acompañada de una mayoría ciudadana que también se siente irresponsable por haber aupado y por mantener en el poder a un Gobierno que la ha llevado a la quiebra, entonces esa parte de la sociedad se merecerá cada una de las miserias futuras que inexorablemente le tocará padecer. Por desgracia, también quienes llevamos años alertando contra este proceso de expolio nacional deberemos pagar entonces los platos rotos. Es lo que tiene el socialismo.

Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores donde trata de analizar paso a paso las causas y las consecuencias de la crisis subprime.

Un país de arrebatacapas
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC  10 Mayo 2010

POR muy desconsolado que esté el ministro Gabilondo por no haber logrado un pacto educativo, mi desconsuelo es mayor. Y es mayor porque teniendo bastante más años que él, conforme avanzo en edad me doy cuenta de que las naciones se forjan en la escuela, en los institutos, en las universidades, y que su futuro depende del nivel educativo de sus ciudadanos. No me refiero sólo al futuro económico, sino también al político, al social, al de convivencia interior y de prestigio exterior. En una palabra: de la educación depende que un país esté en la primera liga de naciones o en la segunda.

Todas las estadísticas arrojan que la educación en España se ha deteriorado hasta extremos vergonzosos. La agenda de todos los gobiernos ha sobrevaluado la política e infravalorado la educación, convirtiéndola en criada de sus intereses, atentos a la cantidad no a la calidad y primando la holgazanería sobre el esfuerzo. Se acusó el régimen de Franco de dejar la educación en manos de la Iglesia. La democracia la ha dejado en manos de cualquiera: los políticos, los padres, los propios alumnos. Así está ella, con las peores notas según el informe Pisa.

Ángel Gabilondo ha hecho un esfuerzo ímprobo para corregirlo, pero, tal vez por su formación teológica, olvidó lo fundamental: que la educación se funda en las matemáticas y la lengua. En el lenguaje de los números y en el lenguaje de las palabras. Un chico o chica que domine números y palabras está preparado para dominar cualquier disciplina y afrontar cualquier tipo de problema. De ahí que el PP acertase al exigir que todo pacto educativo tenía que empezar por restablecer el español como asignatura básica, y el ministro se equivocase al no aceptarlo por razones políticas, pues quiero creer que en su fuero interno coincida con mi tesis y no con las que dicen que «el español ya se aprende en la calle». Lo que nos ha traído generaciones incapaces de expresarse, escribir, aprender e incluso razonar correctamente. Lo peor que puede ocurrir en nuestro mundo del conocimiento.

Junto a ello, no conviene olvidar que la educación empieza por la formación de un buen profesorado. Que el bachillerato -al coincidir con la adolescencia- es la clave humana y cultural de los niveles educativos. Que la formación profesional es tan importante como cualquiera de los demás. Y que dejar a la educación en manos de los políticos es casi tan destructivo como dejarles la justicia.

Claro que para lograrlo, antes habrá que desterrar algo más dañino del alma española: que para la promoción social vale más la recomendación o la política, el famoso «enchufe», que la formación que se tenga. Mientras eso no llega, la educación será un factor secundario en la vida española, y España, un país de arrebatacapas, en el pelotón de los torpes, nunca mejor dicho, europeo.

El cascabel y el gato
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  10 Mayo 2010

Rajoy nos contaba hace unos días, en la conferencia de prensa del miércoles pasado, que una vez más le había criticado a Zapatero la inmensa irresponsabilidad que venía demostrando a lo largo de la crisis por no atreverse a «gobernar»: «Usted es el jefe de un Gobierno que no gobierna, el presidente de un Ejecutivo que no ejecuta». Obviamente Rajoy había insistido en la inactividad de Zapatero en relación con el déficit. Que es nuestra gran cuestión. No hay día que Montero no repita el discurso. Lógico.

Entonces, ¿cumple con su deber la oposición al hacer este recordatorio diario? Entiendo que no es suficiente. Debe ser más concreta. O simplemente concreta. Se me dirá que eso supondría tanto como «quemarse» sin tener la ventaja de hacerlo desde el Gobierno. No lo sé. En todo caso, la obligación de la oposición es poner los deberes al poder. Que en España es tanto como ponérselos a uno mismo. Porque «aquí», en España, la oposición está en el poder. No en el central pero sí en buena parte de la inmensa red de poderes que permite el Estado compuesto. «Aquí» tienen que «quemarse» todos. Todos están en las cajas, todos en parlamentos como mayorías, todos ponen placas solares... Todos pertenecen a alguno de los ejecutivos, los legislativos y al judicial.

Así que el Gobierno de ZP sería más eficaz en relación con el déficit si el PP le exigiera mandas como las siguientes: congelar los sueldos de los funcionarios; reducir el número de diputados autonómicos y senadores; no multiplicar los defensores del pueblo y tribunales de cuentas; denunciar la creación de embajadas regionales y los viajes de delegaciones encargadas de abrir mercados exteriores a las CC.AA.; poner en marcha un plan energético; eliminar los cargos públicos en las cajas; retrasar la edad de jubilación; definir un nuevo tipo de contrato laboral...

El PP puede y debe poner el cascabel al gato.

Instituciones y utopía
ANTONIO HERNÁNDEZ-GIL ABC  10 Mayo 2010

En Utopía de un hombre que está cansado, Borges nos sitúa en una llanura igual a todas las llanuras, entre Oklahoma, Texas y la Pampa. Allí se le aparece al viajero un hombre que viste de gris y se expresa en latín. Con el pretexto de unas páginas perdidas de la Utopía de Tomás Moro, habla de otro tiempo y otro lugar donde se enseña en las escuelas la duda y el arte del olvido; donde no quedan ni bibliotecas ni museos porque se trata de borrar el ayer y no hay conmemoraciones, ni efigies de hombres muertos. Cada uno debe producir por su cuenta las artes y las ciencias que necesita. El viajero le pregunta al desconocido qué sucedió con los gobiernos. Y responde: «Según la tradición, fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen». La disolución del orden está en otros cuentos de Borges, como La lotería en Babilonia, o en los versos de La rosa profunda. Sólo nos quedaría la individualidad y la incertidumbre del sueño frente a una realidad que no acertamos a interpretar. Borges es un fantástico proveedor de imágenes de lo que hoy llamamos la sociedad líquida, donde ni dejamos ni seguimos huellas y el horizonte es una raya indefinida que cambia de distancia a cada paso.

Viene a cuento de uno de los signos de nuestro aquí y ahora: la hiperbólica desafección institucional que, consciente o inconscientemente, se promueve en un escenario de radicalización y banalización del pensamiento crítico. No hay que perder la ocasión, por nimia que sea, de arremeter contra las raíces de la república: gobierno, oposición, Tribunal Constitucional, Tribunal Supremo, el entramado de la justicia, la escuela y las universidades, el don de una lengua compartida. Siempre en función del juicio personalísimo del que lo hace frente a quién se hace, porque aquí todo depende de las personas, de lo que han sido, de con quién han estado, de lo que han ganado y de lo que esperan ser o ganar. Y mejor si conseguimos penetrar, a base de conjeturas, en el territorio del derecho penal, materia, ya se sabe, de dominio público, igual que la mecánica cuántica. La presunción de inocencia, al fin y al cabo, es algo que se pierde poco a poco a golpe de titular. Da lo mismo que se hable del cambio climático, de la cadena perpetua, de la energía nuclear, de la fiesta de los toros o de una sentencia dictada o por dictar. A favor o en contra, según quién. Blanco o negro. La propia Constitución, fruto de un esfuerzo extraordinario del pueblo español por transigir las diferencias -las heridas- y pactar la convivencia, parece hoy un lastre con el que no sabemos qué hacer, a cuál de las varias mitades de España endosársela.

No gritamos mueran las instituciones, porque no es época de gritos, pero las estamos matando. Aunque sea cierto que a veces quienes asumen los cargos, en su ejercicio o en la pasividad, ayudan poco, y que muchas de nuestras instituciones son aún demasiado jóvenes, no parece posible tanta desafección, tanta deslealtad, tanta imprudencia y cortedad de miras en esta renuncia colectiva a construir positivamente el futuro. En el desbalance general, hasta el equilibrio se instrumentaliza si es otro quien lo proclama.

El pasado 23 de marzo, celebramos Junta General en el Colegio de Abogados de Madrid. Sin falsa modestia, vamos recuperando el espacio cívico de reflexión y debate de otros tiempos. La asamblea fue ejemplar en el tono de las intervenciones, en las votaciones que se perdieron y en las que se ganaron, da igual por quién.

Durante su curso, este Decano planteó, ante la situación de la justicia, una declaración de respeto institucional que asumieron muchos abogados de entre los presentes y los ausentes. Afortunadamente no todos, para poner en valor la pluralidad y la discrepancia legítima. Alguien dijo entonces, con razón, que era demasiado abstracta. Otros, que tal vez trataba de «compensar» el anuncio que la propia Junta de Gobierno del Colegio había hecho antes de una posible querella por la grabación de las comunicaciones, en prisión, entre abogados y clientes, que abrió la crisis más grave del derecho de defensa en nuestra democracia. Pero esa crisis, hoy superándose gracias a la propia actuación de los tribunales en una resolución impecable dictada pocos días después, no era pacífica el 23 de marzo de 2010. De hacerse ahora aquella declaración, seguramente se le imputaría lo contrario: servir de apoyo a los jueces sólo si dan la razón a la abogacía en su lucha por la defensa, que el respeto tendrán que ganárselo. Y así sucesivamente, según el afán de cada día. Pero la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero, como Antonio Machado ponía en boca de Juan de Mairena para subrayar lo irracional de protestar la verdad según quien la diga.

Por eso hay que insistir y trasladar a la opinión nuestra preocupación, ayer y hoy, «por el cuestionamiento constante y la instrumentalización que se hace de la justicia y de quienes la imparten, que no se corresponde con la calidad y esfuerzo de magistrados y jueces, fiscales, funcionarios de la Administración de Justicia y abogados, con independencia de resoluciones o actuaciones que pueden no compartirse y que son revisables por los procedimientos que el propio ordenamiento jurídico establece». Desde el compromiso de la abogacía, también autocrítico, de «cumplir y reclamar el cumplimiento de los principios y valores constitucionales como expresión de un pacto de convivencia orientado a la realización del Estado social y democrático de derecho», para pedir a los poderes públicos, partidos, medios de comunicación, organizaciones de sociedad civil y ciudadanos, «respeto en la discrepancia, lealtad institucional y confianza en el sistema de la justicia».

Probablemente sólo en un cuento sea imaginable que la sociedad civil llegue a dar completamente la espalda a gobiernos y políticos; o que las instituciones, de tanto desapego, pueden caer en desuso. En 1889, el Código civil español, un instrumento de pedagogía social para salir del ancien régime, como su modelo francés, decía que contra la observancia de las leyes «no prevalecerá el desuso, ni la costumbre o la práctica en contrario». El precepto desapareció en 1974, por superfluo: una ingenuidad cuando estamos volviendo a las oscuridades del pasado. En el siglo XVI, Jerónimo Busleiden, el humanista amigo de Moro, resumió su Utopía como una combinación de «prudencia en los gobernantes, valor en los soldados y en cada uno la sobriedad y la justicia en todos». Sigue siendo pedir demasiado.

La realidad siempre es más compleja que lo imaginado, y el deterioro de lo público no tiene límites, como tampoco los tiene el olvido y el empobrecimiento económico y cultural de los pueblos. Aunque la duda sea también una forma de comprensión, estoy convencido de que todos podemos ser mucho más exigentes con nuestra conducta y la de los demás a través de los mecanismos que democráticamente nos hemos dado. Comenzando por la Constitución, una herramienta de «orden» (en el buen sentido de la palabra) y progreso social que insensatamente menospreciamos cuando no hemos sabido sacarle el partido que lleva dentro, su potencia transformadora. Sólo con los pies asentados en la geografía de las instituciones es posible orientarse en esta sociedad diluida y conducirla a mayores cotas de concordia y fraternidad todavía lejos en el horizonte, justo al sur de la isla de la utopía.

el uso de lenguas cooficiales: remodelación del senado
El Senado políglota, en obras
 La Razón  10 Mayo 2010

La Cámara reformará la zona de taquígrafos y medios de comunicación antes de septiembre. Un parche insuficiente para cubrir el uso de las lenguas cooficiales. Esta remodelación podría costar 547.216 euros, a los que habría que sumar 48.720 de mobiliario.

Normalizar el uso de las lenguas cooficiales en el Senado costaría mucho más de los 120.000 euros de los que hablan los idearios de esta propuesta. Y es que las cuentas, por mucho que uno intente abaratar gastos en tiempos de crisis, no salen. Si tenemos en cuenta que serían necesarios ocho intérpretes (dos por lengua mínimo) y que cada uno de ellos cobra entre 500 y 600 euros por sesión... el total, para no aburrir a propios ni extraños, ascendería a 1.224.000 euros, tirando por lo bajo.

Y eso sólo en lo que afecta a la parte oral, ya que el trabajo no termina aquí. Los 34 senadores que rubricaron con su firma esta propuesta se olvidaron de contar que todas las actas y documentos tendrían que ser traducidos al gallego, euskera, valenciano, catalán y, cómo no, al castellano. Suma y sigue. Habría que contratar más intérpretes, estenotipistas, taquígrafos y pagar sus dietas, el transporte, incluso el alojamiento. Por no hablar del número desorbitado de fotocopias que habría que hacer.

La cifra superaría ya el millón y medio de euros, y entonces se darían cuenta de que, además, hay que hacer obras. Curiosamente, el Senado tiene previsto realizar una costosa reforma en las zonas destinadas a taquígrafos y medios de comunicación. Las obras se realizarían entre julio y agosto para que no afecte a la actividad parlamentaria y su coste será de 547.216 euros, sin contar el mobiliario, que supondría otros 48.720. Eso sí, sea como sea, el 3 de septiembre el trabajo debe estar finalizado.

Cierto es que esta reforma incluye la ampliación del departamento de taquígrafos, pero seguiría siendo insuficiente. Así, no sería de extrañar que en plena actividad parlamentaria, y siempre con la hipótesis de que la propuesta salga adelante, la Cámara se viese inmersa en más obras, con las molestias y el coste adicional que eso supondría. Habría que instalar más cabinas para los intérpretes –que podrían costar hasta 600.000 euros–, dispensar cientos de auriculares, adaptar los sistemas de comunicación... y eso, por el momento, no aparece en ningún proyecto.

Desde el PP, el senador Juan Van Halen tiene claro que en época de crisis la Cámara no puede asumir un coste semejante. Y más, teniendo en cuenta que «el Senado siempre ha estado bajo mínimos». Lo mejor, a su juicio, es que fuera del hemiciclo seguirán hablando en español, como siempre.

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El Ejecutivo promueve la flexibilidad penitenciaria para favorecer la negociación con los terroristas
El Gobierno vuelve a negociar con la banda terrorista ETA
Zapatero flexibiliza la política carcelaria para favorecer la negociación con los terroristas
Raúl González Zorrilla Periodista Digital  10 Mayo 2010

Los acontecimientos de las últimas semanas, desde la liberación de Rafa Díez al acercamiento de Arnaldo Otegi, pasando por la puesta en libertad del terrorista Iñaki de Rentería, refuerzan las evidencias de que el Gobierno está negociando con la banda terrorista ETA... + información

1) Según ha podido saber Euskadi Información Global, la idea del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, a través de instituciones penitenciarias, era trasladar a Arnaldo Otegi, líder encarcelado de la ilegalizada Batasua, a la prisión donostiarra de Loyola. La presión social y mediática es la que ha hecho que, al final, Otegi haya encontrado su lugar en una celda de Logroño, a menos de un centenar de kilómetros de la capital guipuzcoana. Tan convencido estaba Otegi de que se iba a quedar en San Sebastián que, según ha podido saber Euskadi Información Global, el recluso ya se había apuntado a diversas actividades en el recinto carcelario.

2) El presidente del PP en Guipúzcoa, Borja Sémper, ha desvelado que su partido estudia querellarse contra el magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, por decretar la libertad bajo fianza del ex coordinador general del sindicato proetarra LAB, Rafa Díez Usabiaga. Sémper ha criticado esta decisión de Garzón, quien el pasado 26 de abril resolvió dejar en libertad bajo fianza de 30.000 euros a Usabiaga para que pueda cuidar de su madre, que ha solicitado la declaración de dependencia y cuidados personales al Ayuntamiento de Lasarte (Guipúzcoa), localidad en la que reside. En opinión del dirigente del PP, "todos los indicios apuntan a una posible prevaricación o resolución poco motivada" por Garzón, "basada en hechos fraudulentos y poco contrastados" por el juez "en cuanto a la puesta en libertad de Usabiaga". "De hecho – añade el líder popular- parece que desde que se le ha puesto en libertad, Rafael Díaz ni ha aparecido por casa a ver a su madre y esto, unido a que desde el Ayuntamiento se certifica que no hay ninguna resolución entorno a la dependencia de la madre con respecto a Usabiaga, hace todavía más extraña la resolución de Garzón".

3) La Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional acordó hace unos días levantar la "vigilancia permanente" que había impuesto al ex jefe militar de ETA Ignacio Gracia Arregui, 'Iñaki de Rentería', que salió de la cárcel el pasado 28 de abril, al rechazar el recurso que había presentado la Fiscalía para intentar juzgarle por el intento de asesinato del Rey en 1995. En un auto recién dictado, el tribunal levanta las "medidas aseguratorias y de vigilancia" impuestas al terrorista, que estaba siendo controlado en turnos de veinticuatro horas por la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Ertzainza, y anula la prohibición de abandonar el territorio nacional y la fijación de un domicilio fijo que se le habían establecido como medidas cautelares.

4) Los etarras Fernando García Jodrá y Nerea Bengoa Ziarsolo, integrantes del "comando Barcelona" que asesinó al socialista Ernest Lluch, a dos concejales del PP, a un guardia urbano y que intentó matar hasta en ocho ocasiones al periodista Luis del Olmo, han recibido luz verde para someterse a un tratamiento de fecundación "in vitro". El coste económico de la intervención médica -en algunos casos llega a superar a uno de cáncer-, correrá a cuenta del servicio andaluz de salud, al haber sido autorizado por el hospital público Reina Sofía, en Córdoba, provincia en cuya cárcel de Alcolea cumplen condena los dos pistoleros. En concreto, García Jodrá acumula penas que superan los doscientos años de cárcel.

El esfuerzo final
En ausencia de Zapatero, el lehendakari marca la estrategia de la firmeza para disipar sospechas de una negociación con ETA
TONIA ETXARRI El Correo  10 Mayo 2010

La petición del lehendakari Patxi López a la ciudadanía para que muestre su «firmeza ante el esfuerzo final para terminar con ETA», expresada en la Fiesta de la Rosa en Euskadi, ha permitido serenar los ánimos de quienes no ocultan su desazón ante la posibilidad de que la banda terrorista logre volver a 'colarse' en las instituciones en las próximas elecciones locales. Queda tan sólo un año para esa convocatoria. Después de una acertada política de tolerancia cero con los representantes políticos y chambelanes de algunas embajadas terroristas, si nuestros representantes políticos se vieran tentados a dar un mal paso en tiempo de descuento, caeríamos en una involución injustificable.

Ese temor existe, a pesar de que los gestos del lehendakari y las actuaciones del Gobierno han demostrado su voluntad de derrotar a ETA sin atajos. Quizás por esa percepción, el jefe del Ejecutivo autónomo, un día después del homenaje a José Luis López de Lacalle, midió sus palabras con precisión de cirujano. No pidió «ayuda». Pidió «firmeza» para terminar con ETA. Este fin de semana, Euskadi se ha vuelto a implicar en los recuerdos de nuestra historia. Y el recuerdo duele cuando la memoria hurga en el vacío de las ausencias.

En la conmemoración del décimo aniversario del asesinato del articulista López de Lacalle, la sensación del cambio en Euskadi ha sido inevitablemente agridulce. Él no está pero la historia le ha ido dando la razón. Un luchador generoso como él, sin un gramo de rencor ni de revancha, seguramente no habría encajado bien tener que soportar la reapertura de las heridas de la Guerra Civil provocada por el debate de la memoria histórica. Pero en lo demás, su identificación con el cambio que ha supuesto el primer Gobierno constitucionalista de Euskadi habría sido total.

Ésa es la conclusión a la que han llegado quienes, repasando sus artículos, releen su última colaboración publicada cinco días antes de caer asesinado por las balas de ETA. Una columna en la que apostaba por el constitucionalismo y en la que se aventuraba a decir, en plena acomodación nacionalista en el poder, que el PNV era «necesario en la oposición, un magnífico lugar para colaborar y demostrar responsabilidad patriótica». Su voz ya no suena porque a él, como a Gregorio Ordóñez o Fernando Múgica, ETA lo calló por hablar demasiado y a contracorriente. Pero su legado ha cobrado fuerza y presencia con el actual Ejecutivo de Ajuria Enea.

No vio la ilegalización del entorno de ETA. Pero la habría apoyado. Ya no estaba cuando el Partido Socialista y el Partido Popular se atrevieron a pedir por primera vez el voto a las opciones estatutarias en el acto del Kursaal aquel 28 de abril del 2001. En ese acto en el que la derecha y la izquierda se reconocieron, y que fue el germen de la unidad constitucionalista, José Luis se habría sentido cómodo. Ahora que el debate identitario ha quedado orillado porque el Gobierno y el Parlamento se dedican a debatir sobre los problemas más acuciantes de la ciudadanía, los allegados de las víctimas se reafirman en la idea de que la rebeldía de los suyos ante el sometimiento al fanatismo les costó la vida.

La viuda de Fernando Múgica ha encendido la alarma estos días al percatarse de algunos movimientos carcelarios de difícil explicación. Mapi de las Heras ha alertado de la peligrosidad de algunos traslados recordando que su marido, el socialista Fernando Múgica, promovió la dispersión de los presos y que, quizás por eso, ETA lo mató. Son los capítulos negros de nuestra historia que, inevitablemente, vuelven a la memoria cuando la sombra de la duda sobre la posibilidad de que la pesadilla vuelva a tomar cuerpo electoral se proyecta en las inquietudes de buena parte de la ciudadanía.

Los responsables de Interior insisten en separar el traslado de algunos presos a cárceles de Euskadi del 'caso Usabiaga'. Bien. Separemos. Y la inquietud se torna en indignación al conocer que el juez Baltasar Garzón primero decidió excarcelar al líder sindicalista, imputado como representante político de ETA, y después investiga los detalles del estado de salud de la madre del preso, una semana después de haberlo puesto en libertad. Una chapuza de instrucción y un despropósito según los colectivos de víctimas del terrorismo, que han visto atacada su dignidad e insultada su inteligencia.

De Justicia se hablará hoy por todo lo alto en Euskadi porque toma posesión el nuevo presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV), Juan Luis Ibarra. Un magistrado impecable, íntegro y riguroso. Su nombramiento, seguramente, a José Luis López de Lacalle, también le habría gustado.

Los proetarras utilizan niños para hacer apología de la banda criminal
En Pamplona, pequeños de diez años llevaban pegatinas de los presos etarras
El lendakari pide un «esfuerzo final» para derrotar a ETA
D. MARTINEZ/ J. PAGOLA | MADRID La Razón  10 Mayo 2010

La «izquierda abertzale» está utilizando a niños para enaltecer a los presos de ETA, entre ellos, a Joseba Fernández Aspurz, «el Guindi», terrorista que integraba el «comando» autor del asesinato del policía francés Jean Serge Nérin, y que fue detenido en el tiroteo. El último caso conocido tuvo lugar en el barrio de La Chantrea, en Pamplona, durante las recientes fiestas de los Calderetes. Niños de no más de diez años exhibieron en sus trajes de «dantzaris» pegatinas con fotografías de presos etarras al tiempo que pasaban al lado de pancartas en las que se jaleaba al pistolero Joseba Fernández. En medios políticos de Navarra preocupa, no sólo que se instrumentalice a los pequeños como vehículo para exhibir las imágenes de quienes están en la cárcel por sus crímenes, sino que además se vean expuestos durante varios días a un escenario en el que se hace enaltecimiento del terrorismo.

Resulta significativo que estos actos de apoyo a los presos de ETA se estén desarrollando ahora con cierta impunidad en la Comunidad Foral de Navarra precisamente cuando en el País Vasco, con la llegada de Rodolfo Ares a la Consejería de Interior, la Ertzaintza está aplicando la política de «tolerancia cero» contra cualquier manifestación de apología del terrorismo.

Los medios consultados creen que el Ejecutivo navarro o la Delegación del Gobierno en esta Comunidad deberían acabar con esta impunidad. Los pasos dados en este sentido por el Ayuntamiento de Pamplona , que preside Yolanda Barcina, cuentan con el permanente obstáculo de los representantes municipales de Nafarroa Bai, que presionan para que estos actos se puedan celebrar, aún sabiendo que lo que se presenta como una actividad lúdica vecinal termina convirtiéndose en una exaltación de ETA.

La oposición de NaBai
Para denunciar estos hechos, UPN presentó el jueves una moción en el Ayuntamiento de Pamplona, que fue apoyada por el PSN, para rechazar la instrumentalización de «todos los actos organizados por la Comisión de Fiestas de la Chantrea, convirtiéndolos en acciones de apoyo a los presos de ETA sin deparar tan siquiera en la utilización de menores». Una vez más, el concejal de NaBai Aritz Romeo arremetió contra Barcina «por poner en peligro unas fiestas vecinales creando un conflicto donde no lo hay».

La «izquierda abertzale» ha utilizado tradicionalmente estos actos como campo de adoctrinamiento y captación. El Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), cuya vanguardia es ETA, en su ambición para extenderse y controlar el conjunto de la sociedad, ha incluido un «frente infantil» para captar, al más puro estilo de una secta, a los más pequeños. Durante un tiempo esa estrategia la desarrolló la organización «Kimuak», que llegaba a organizar campamentos de verano y actividades deportivas, a veces subvencionadas por las instituciones vascas entonces controladas por el PNV.

Un reciente estudio de la Fundación de Víctimas del Terrorismo explica la «hoja de ruta» que sigue ETA para captar jóvenes. Tiene tres fases: la primera abarca entre los 8 y los 14 años; la segunda entre los 14 y los 18, y la tercera va de los 19 en adelante. El MLNV usa como reclamo campeonatos de fútbol, excursiones y campamentos.

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