AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 20 Junio  2010

 

El desasosiego nacional
Editorial www.gaceta.es 20 Junio 2010

En medio de este clima interiormente enrarecido y exteriormente pleno de desconfianza, el “progresista” ‘The New York Times’ nos presentaba esta semana como “la sombra de Europa”

Madrid ahora es una cena. Han vuelto los refrigerios vespertinos a medida que las gentes se atragantan con almuerzos apresurados y a medida, también, que el desasosiego ha cundido entre amplias capas de la población. Las cenas se convocan a las nueve de la noche, o sea cuando aún el sol pica y cuando en el estómago no suele caber más que una sal de frutas procedente de la comida. Pero las cenas proliferan porque a esas horas parece que ya se puede hablar mal de Zapatero con mayor libertad. La gente cree que, pasadas las ocho, los espías de Rubalcaba y del militar del CNI de Zapatero y Bono se van de fiesta, y no se dedican a su menester, que no es otro que poner la oreja para trincar a todo el que pone mal al Gobierno. De modo que las cenas están de moda con un solo objetivo: hacerse lenguas de lo mal que está todo y de hasta dónde nos puede llevar este insensato.

También se habla, es verdad, del deterioro físico, ojeras en forma de alforjas incluidas, en que ha caído el presidente, de los sudores calientes que cada día corren más profusos por la faz del ex candidato a la Presidencia del Gobierno, José Bono Martínez, del último estirón del bono español respecto al alemán (aquí el que no sabe de bonos, con minúscula, es sencillamente un irresponsable), de las ruinas de los medios informativos socialistas (Prisa, al parecer ha pedido a la Seguridad Social que aplace sus pagos), de cómo los insultos de la izquierda aún mandante son ternezas poéticas mientras los de la derecha abyectas invectivas fascistas, y se habla por fin, entre los espárragos, cada día más tiesos, y la merluza, cada día más garbancera (te la tomes como te la tomes nunca sabe en Madrid a merluza), del último rumor que sitúa a varios personajes de la Villa y Corte con tumores irreversibles de sigma, un cáncer que ofrece grandes esperanzas a los enemigos del enfermo.

El Cacao español
Pero, sobre todo, se habla del cacao español últimamente aderezado por la resurrección de la enemiga externa, un doble término que se inventó Franco o su escritor, el crítico taurino trincón Lozano Sevilla, y que volcaba sobre cualquier país extranjero que osara una crítica, por suave que fuera, al Régimen una sarta de improperios publicados en el Arriba, periódico en el que escribieron muchos socialistas y mediopensionistas de antes y de ahora. José Blanco, al que no se le conocen demasiados viajes, se ha sumado a la pléyade de adictos que defienden a Zapatero y trituran a Europa, sobre todo a Alemania, llamándola ya antiespañola y egoísta, y aquí se ha abierto la veda de la caza del foráneo censor o detractor. A diario, los jefes de Prensa socialistas empiezan su jornada tratando de entender lo que periódicos como el francés Le Figaro o el más complicado Frankfurter Allgemeine Zeitung escriben sobre Zapatero y cuadrilla. Y claro, amanecen como si se hubieran tragado un cocodrilo. El pasado jueves, el Frankfurter alertaba con dos apreciaciones sobre nuestra precariedad: “La desconfianza se mantiene sobre la economía española”, y “El aumento del riesgo es alarmante”. El pasmo exterior es general, acendrado además, por la opinión que un par de bancos americanos han formulado sobre la evolución del desempleo en España: nada menos que para 2011 el 22% del país al paro.

Descrédito nacional
Los españoles ya ni siquiera se creen al gerente del FMI, Strauss-Kahh y sus palabras de templaza. El solo hecho de que el francés haya tenido que venir a Madrid ya supone que la confianza en lo que les dicen desde España es muy pequeñita. Contaba con una enorme puntillosidad, enorme rigor pero, hay que decirlo, con más discreción de la que se puede atribuir a un periodista veterano, nuestro corresponsal político, Miguel Gil, el grado de espanto que se ha traído Mariano Rajoy de su reunión con los líderes continentales. La crónica no tenía desperdicio: de ella, se derivaban dos conclusiones: la primera, el absoluto descrédito que sufre Zapatero entre los gobernantes económicos populares de la Unión Europea; la segunda, el pitorreo, como suena, que alguno de ellos, quizá el propio Berlusconi, se trae con nuestro todavía presidente del Gobierno. Contaba algo más que es preciso reiterar: uno, que la vicepresidenta Salgado se las ve y se las desea para comunicarse con Zapatero y narrarle cómo marchan sus conversaciones, por ejemplo en Bruselas, y, dos, que alguno de los fontaneros que rodean a Zapatero (no quiero pensar que estemos hablando de Bernardino León) se permitió amenazar a uno de los coordinadores de los ministros económicos del Partido Popular Europeo, una vez que éste, finés para más señas, pusiera en solfa todas y cada una de las medidas adoptadas, es un decir, por el presidente español. “Sabemos quién eres”, llegó a decirle al parecer este ufano monaguillo a lo Corleone.

El calendario útil
A lo peor, este vocinglero funcionario no conocía aún la calificación que un periódico nada sospechoso de conservadurismo cavernícola como el The New York Times dedicaba a nuestro país. Nos describía así “España, la sombra de Europa”. Antes, en tiempos de Aznar, éramos el sol, y él, Zapatero, nos iba a llevar al “corazón de Europa”, ahora nos hemos convertido en el problema, en la casquería continental. Los europeos no se acaban de conformar con ese calendario utilitarista (sobre todo para el nacionalismo catalán y algunos empresarios) que se quiere rellenar de aquí, ya casi julio, hasta el próximo mes de enero.

Consta de cuatro etapas: primera, Zapatero pierde clamorosamente el Debate sobre el Estado de la Nación; segunda, se pega en octubre un gran morrazo en las elecciones catalanas; tercera, no hay quien le apruebe los Presupuestos; y cuarta, en definitiva, no le queda otro remedio que convocar elecciones generales anticipadas. Y mientras, ¿qué?, ¿dejamos que el gerente de la catástrofe pilote las reformas? Una invitación al suicidio: tal calendario no arreglará el mercado laboral, no inflará de nuevo la burbuja inmobiliaria, apenas disminuirá el déficit, aminorará sólo unos milloncejos nuestro terrible endeudamiento, seguirá bajo mínimos nuestra productividad y continuaremos sin competir en igualdad de condiciones con nuestros socios europeos, no digamos ya con los americanos y los asiáticos emergentes.

Pero esto es lo que se lleva ahora. Se me olvidaba un aditamento: el cambio de Gobierno. Quinielas, las hay; incluso surge de nuevo el nombre de Miguel Boyer, un veleta que va y viene y que ahora parece que se ha convertido en consejero del mismísimo Zapatero. A la vejez, viruelas. Lo seguro no es más que esto: con este hombre no vamos a parte alguna pero, es más: o se ataca de forma revolucionaria la reforma del macroestado que nos desfalca o continuaremos en la ruina al menos una década. Ahora mismo ya no parece una blasfemia solicitar la deconstrucción del estado parcial de las autonomías. No es que no nos guste, es que no se puede pagar. Hace unos días, una economista de la que lamento no recordar el apellido propugnaba, en una arrebato de acracia controlada, partir de cero, revisar todos los servicios que la propia tecnología ha dejado obsoletos. Proponía por ejemplo los Correos estatales. Era una apuesta brillante y tentadora, pero claro está que los socialistas que intervienen hasta el billete del Metro estarían absolutamente en contra de la idea. Ésa podría ser una estupenda razón para intentarlo.

¿Podemos pagar nuestras deudas?
España ha sido siempre una buena pagadora, en todas las épocas. Pero en aquellos tiempos había Gobierno
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 20 Junio 2010

«SI debes un millón, tienes un problema. Si debes mil millones, el problema es de quien te los prestó», reza la máxima clásica en el mercado crediticio. ¿Cuánto debe España? Sinceramente, no lo sé, pues las cifras bailan como caballitos del tiovivo. «El endeudamiento público y privado supera el 340 por cien de nuestro PIB», o sea que debemos tres veces y medio más de lo que producimos anualmente, apuntaba en estas páginas Lorenzo Bernardo de Quirós, quien estimaba en 600.000 millones de euros lo que España necesita este año para atender a sus obligaciones, aunque no me quedó claro si en ellos se incluyen los 400.000 millones de deuda privada a renovar. En cualquier caso, una barbaridad, que explica el nerviosismo de los extranjeros poseedores de esa deuda y su endose en tromba a las medidas de Zapatero, aunque advirtiendo que el ajuste debe continuar. Nuestro problema ha pasado a ser el suyo.

¿Vamos a poder pagarles? España ha sido siempre una buena pagadora, con todos los regímenes y en todas las épocas. A Stalin se le pagó incluso en oro el material bélico que vendió a la República y Franco echó mano de lo poco que había para pagar a Hitler. Otro tanto ocurrió con la Transición, que resultó mucho más cara de lo que creemos, aunque no hubo que pagarla en sangre, que era lo importante.

El problema es que en aquellos tiempos había Gobierno, había hombres con sentido de Estado independientemente de su ideología, había país, había nación, había, en fin, España. Hoy, en cambio, ese país se ha convertido en una colección de países; esa nación, en 17 nacionalidades y al frente tenemos una pandilla —muchedumbre más bien— que sólo piensa en las próximas elecciones, es decir, en mantenerse en el poder los que lo detentan y en alcanzarlo los que están fuera. Su único horizonte es ese. Así no hay forma de hacer política ni economía ni planes ni nada. Si Zapatero ha hecho un reajuste es porque se lo han impuesto desde fuera y si los nacionalistas catalanes le ayudan a pasarlo no es por el bien de España, como dicen, sino para volver a gobernar en Cataluña (más de lo que ya gobiernan, cabría decir), y tener en Madrid un gobierno totalmente sumiso. Mientras en el resto del Estado, lo que predomina es el viejo «Yo agarro lo que puedo, y el que venga detrás que arree».

Esto es lo que hay, señoras y señores, en un país desactivado, desorientado, desmoralizado y endeudado hasta las cejas, nunca mejor usada la expresión, donde los optimistas se preguntan ¿cómo ha podido ocurrirnos esto?, los pesimistas ¿En qué va a parar esto? y los acreedores, ¿Van a poder pagarnos?

Una gravosa herencia
«¿Por qué la convergencia europea en materia económica y la creación de un ámbito social compartido desde hace treinta años no ha provocado un avance correlativo en la unificación lingüística?»
J. M. RUIZ SOROA El Correo  20 Junio 2010

El proceso político europeo es elitista y se lleva a cabo en unas instituciones que están apartadas de la opinión pública y que el ciudadano no percibe como suyas. Y es un proceso político poco democrático porque sus actores principales son las burocracias nacionales y no la sociedad civil. Éste es el diagnóstico unánime sobre las causas de la incapacidad de Europa para poner en marcha un proceso político común fuerte, proceso que por otra parte se reclama como necesario para sacar a la Unión de su empantanamiento.

Pues bien, lo más curioso de este diagnóstico es que ignora (¿deliberadamente?) las causas estructurales de ese elitismo, lejanía y apartamiento que padecemos los europeos. Porque, ¿cómo no va a sentirse lejano el europeo medio de sus instituciones si no las entiende cuando le hablan? ¿Cómo no va a estar el proceso en manos de una elite cuando sólo unos pocos se entienden entre sí? ¿Cómo puede pretenderse que exista algo así como una opinión pública europea, una 'öffentlichkeit' común, cuando no existe una lengua común para que los ciudadanos deliberen? ¿Se imaginan lo que sería transmitir en directo una sesión del Parlamento europeo? El más rotundo fracaso de audiencia.

«En un país donde no haya un sentimiento de compañerismo ('fellow feeling'), especialmente si se leen y hablan lenguas diferentes, no puede existir la opinión pública unificada que es necesaria para que funcione el gobierno representativo». Esto lo dijo John Stuart Mill hace ya siglo y medio, y se aplica a la perfección al problema de Europa, como subraya Manuel Toscano. Atención, no se trata de caer en el manido y falso tópico nacionalista/comunitarista según el cual una democracia exige el estar fundada en un correlativo 'etnos' (una 'volkgemeinschaft'). No se trata de reclamar un 'pueblo' para Europa, de lo que se trata es de recordar los condicionamientos puramente comunicativos a que está sujeta cualquier democracia, más acá de todo origen étnico o cultural comunes. Y, en este sentido, puede afirmarse que la ausencia de un sistema de comunicación europeo, debida principalmente a la diversidad lingüística, tiene como consecuencia que no exista un público europeo, ni un discurso político europeo que no sea el de los profesionales. Al nivel europeo de la política le falta su público, y ello es esencialmente un problema lingüístico (Dieter Grimm).

Europa celebra en todos sus textos normativos la diversidad lingüística existente en su seno como un patrimonio valiosísimo, como una riqueza incomparable que hay que conservar. Y, desde luego, dedica sus mejores esfuerzos al respeto y promoción de todas las lenguas existentes, sean las nacionales o las minoritarias. Nadie se atreve a señalar, aunque sea tímidamente, que esa riqueza es algo así como una 'damnosa hereditas' que nos limita seriamente en nuestras posibilidades. Nadie a decir que la verdadera riqueza en materia lingüística, para un conjunto de personas que pretenden constituirse y actuar políticamente unidos, sería la de poseer una lengua común. Recordar esta simple y evidente realidad es poco menos que tabú en Europa (y en España), lo políticamente correcto es entonar cantos emocionados y un tanto autistas a nuestra diversidad.

Europa necesita urgentemente de una política lingüística porque sin ella no habrá otra Europa que la limitada intergubernamental y elitista. Y esa política tiene que estar encaminada a sentar las bases para una lengua común o, por lo menos, para un plurilingüismo menos florido y más convergente (Peter A. Kraus).

Es un hecho que la interacción entre hablantes de diversas lenguas obedece a un patrón inmanente y constante: el de que la gente va adquiriendo espontáneamente aquella otra lengua que le garantiza una mayor capacidad de comunicación que la suya, porque posee mayor potencial comunicativo, y va abandonando la suya propia o relegándola a un ámbito inferior (Abram de Swaan). ¿Por qué entonces la convergencia europea en materia económica y la creación de un ámbito social compartido desde hace treinta años no ha provocado un avance correlativo de la unificación lingüística, tal como esos patrones autoguiados de la interrelación lingüística hubieran pronosticado? Respuesta: porque se ha permitido a los etnonacionalismos que empapan todavía hoy a los gobiernos de los Estados y regiones europeos establecer barreras fuertes y rígidas a la espontaneidad de su propia ciudadanía, en forma de políticas lingüísticas fuertemente intervencionistas y coactivas.

Piénsese que la Constitución española declara todavía hoy que el conocimiento del castellano es una obligación de sus ciudadanos, camino impositivo por el que le siguen entusiasmados los estatutos de las autonomías por respecto a su lengua propia. Esta permisividad para con las políticas nacionalistas de las burocracias estatales se acompaña con la ausencia total de una política europea en materia de lengua. No de lenguas, que de eso hay mucho, sino de lengua. Porque sin lengua no hay política democrática digna de ese calificativo, sino sólo ayuntamientos de ocasión y disputas de límites.

Paz, piedad, perdón
El Editorial La Razón 20 Junio 2010

El problema no son los muertos, sino los vivos que han puesto en almoneda ideológica los despojos del pasado

Entre las banderas que la izquierda radical enarbola como seña de identidad y aglutinadora de emociones figura de manera destacada la de la Guerra Civil. No se trata de una mera evocación nostálgica, de una reivindicación ideológica o de una revisión histórica, actitudes todas ellas perfectamente legítimas y sobre las que nada habría que objetar.

Lo censurable de esta mirada hacia atrás con ira es que se nutre de un odio revanchista como no había existido en estos treinta años de democracia, de un bronco deseo de ajustar cuentas y de un cainismo «guerracivilista» que la Transición democrática ya había superado con un gran esfuerzo de generosidad y reconciliación.

Montajes ideológicos como el de Garzón a propósito de las fosas de Lorca y de otros asesinados durante la contienda o el vídeo publicado días atrás por varios artistas en el que dramatizan determinados casos y desprecian la Ley de Aministía de 1977 son dos ejemplos claros de esa corriente vindicativa.

Pero el origen de todo ello ha sido la llamada Ley de Memoria Histórica que ha promulgado el Gobierno socialista con muy poca fortuna, escasa eficacia y ningún sentido de Estado. Nadie en sus cabales puede oponerse a que los descendientes de las víctimas de la Guerra Civil rescaten los restos de sus familiares para darles digna sepultura.

Sorprende que no se haya hecho mucho antes y que los poderes públicos no hayan ayudado a las familias en este doloroso trance. Desde estas mismas páginas hemos criticado la citada ley precisamente porque no prestaba el apoyo necesario a quienes deseaban cerrar sus dolorosas heridas. Pero una cosa es restituir la dignidad de las víctimas y otra bien diferente desenterrar a los muertos para arrojarlos al bando contrario.

Una cosa es reverdecer la memoria de los inocentes y otra bien distinta sacar tajada política de aquel sufrimiento 70 años después. La izquierda radical es muy libre de identificarse con aquella izquierda republicana de checa y paredón que asesinó a decenas de miles de inocentes, pero no tiene ninguna autoridad moral para identificar a la derecha democrática de hoy con los asesinos de Lorca y de las decenas de miles de víctimas igualmente inocentes.

Lo más inquietante, sin embargo, no es el ruido que hacen estos nostálgicos de la trinchera, sino las complicidades con las que cuentan, entre ellas la del Gobierno y la de ciertos sectores del PSOE. Nada bueno para la convivencia puede salir de este baile de muertos, que la inmensa mayoría de los españoles ya dieron por cerrado tras la muerte de Franco en uno de los capítulos más ejemplares y modélicos de la historia de la nación.

Si algún cabo quedó suelto entonces fue el de enterrar con dignidad a los muertos arrumbados en las cunetas del miedo y rendir homenaje a todas las víctimas, fueran del bando que fueran. Los muertos, todos los muertos inocentes, no tienen más dueño ideológico que el de la paz, la piedad y el perdón, como anticipó Azaña.

Todos merecen el homenaje de la España democrática que se ha levantado sobre la memoria de sus huesos y de sus sufrimientos. No, los muertos no son ningún problema para los españoles de hoy: lo son algunos vivos que han puesto en almoneda los despojos del pasado.

Si cae Israel
Luis del Pino Libertad Digital 20 Junio 2010

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 19 de junio de 2010

El pasado jueves, José María Aznar publicaba en el Times de Londres un contundente artículo como respuesta a los bochornosos episodios de manipulación que hemos vivido en las últimas semanas a costa de la supuesta "flotilla humanitaria" que Israel se vio obligada a interceptar en las costas de Gaza.

Defendía Aznar en el artículo el derecho de Israel a existir, de acuerdo con las resoluciones de la ONU. Llamaba la atención sobre los peligros a los que Israel ha tenido que hacer frente desde su nacimiento como estado hace 62 años y que van desde la agresión militar hasta el terrorismo indiscriminado, pasando por la amenaza de un Irán con armas nucleares. Denunciaba asimismo el ex-presidente del gobierno español la actitud de muchos políticos occidentales, que no tienen reparo en alinearse con quienes usan el terror para tratar de borrar a Israel del mapa y que contribuyen de forma entusiasta a una feroz campaña de deslegitimación de la única democracia que existe en Oriente Medio. Finalmente, alertaba Aznar sobre el peligroso error estratégico que Occidente está cometiendo, puesto que Israel es la primera línea de defensa de nuestra democracia frente al islamismo radical.

"Si cae Israel, caeremos todos", concluía el artículo, en el que se anunciaba también la creación de un nuevo grupo de Amigos de Israel, con la colaboración de personalidades tales como David Trimble o Alejandro Toledo, además del propio Aznar.

No puede ser más oportuno este artículo de quien presidió el gobierno español entre 1996 y 2004, porque Europa y los Estados Unidos se están deslizando a velocidad acelerada por una peligrosa pendiente, que no hace otra cosa que dar alas a un islamismo cada vez más radical y que amenaza con subvertir la propia esencia de las democracias occidentales y su régimen de libertades.

O quizá debiéramos decir que quien se desliza por esa peligrosa pendiente no son Europa y Estados Unidos en su conjunto, sino sus clases política y periodística, que hace tiempo que coquetean con posiciones lindantes con el antisemitismo más feroz y que respaldan con entusiasmo siniestras campañas de marketing, como la operación "alianza de civilizaciones", destinadas a aislar diplomáticamente a Israel y a "blanquear" ideológicamente el islamismo radical.

Son, como digo, la clase política y la clase periodística europea las que se dedican, con honrosas excepciones, a ese juego peligroso. Porque la opinión pública, por su parte, se aleja cada vez más - como sucede en tantos otros temas - del pensamiento políticamente correcto y demuestra, con sus actitudes y con su voto, que percibe los peligros con mayor clarividencia que esas elites supuestamente ilustradas.

Así, mientras los mensajes antisemitas de culpabilización de Israel han calado en una parte nada desdeñable de la ciudadanía, también es cierto que otra parte significativa de los ciudadanos europeos ve cada vez con mayor preocupación cómo el mundo islámico, incluida Turquía, abandona progresivamente las posiciones más pro-occidentales y se sumerge en una deriva hacia la teocracia, al mismo tiempo que la creciente inmigración desde países musulmanes traslada el conflicto cultural a nuestras propias calles.

Y la falta de respuesta de la clase política europea a esa creciente preocupación de muchos ciudadanos está teniendo profundas consecuencias en el mapa electoral de algunas naciones.

Ha pasado relativamente desapercibido en nuestro país, por ejemplo, el resultado de las recientes elecciones generales en Holanda, donde un partido anti-islamista - el Partido de la Libertad, dirigido por Geert Wilders - ha obtenido un avance espectacular, convirtiéndose en la tercera fuerza política del país.

En esas elecciones, celebradas a principios de este mes, el partido de Wilders obtuvo 24 escaños, quedando a muy corta distancia de los social-demócratas y de los liberal-conservadores, que cosecharon, respectivamente, 30 y 31 diputados.

Ese ascenso del partido anti-islamista ha estado acompañado, además, de un auténtico hundimiento de dos de los partidos tradicionales de la política holandesa: el cristiano-demócrata y el socialista, que han perdido aproximadamente la mitad de sus diputados.

Quizá alguien debiera mirar a Holanda y tratar de extraer lecciones de lo que allí está sucediendo. Porque Holanda ha sido, durante muchos años, el país europeo con una legislación más abierta en materia de inmigración. Nos preceden, por tanto, en muchos años en lo que se refiere a la experiencia de eso que llaman ahora multiculturalismo. Y allí, en Holanda, han aflorado hace mucho tiempo los problemas que nosotros sólo ahora comenzamos a intuir.

Los problemas no desaparecen porque se los trate de ignorar. Si nuestra clase política insiste en mirar hacia otro lado y en promover artificiales intentos de confluencia entre formas de ver el mundo radicalmente antagónicas, lo único que se conseguirá es que las tensiones sociales y electorales vayan a más.

Porque no existe punto medio entre la democracia y la teocracia, a menos que se esté dispuesto a renunciar a algunas libertades que ha costado mucho trabajo conquistar en las sociedades occidentales.

Y si además de mirar hacia otro lado e ignorar los problemas, Europa se dedica - como Aznar denunciaba - a apoyar activamente a los enemigos de la democracia y de la libertad contra la única democracia que existe en Oriente Medio - es decir, contra Israel - entonces el desastre está servido.

Y el acto final de ese drama no tendrá lugar en las calles de Tel-Aviv, sino en las de Londres, París, Roma, Berlín o Madrid.

Causas
La valerosa denuncia del sectarismo de la izquierda por parte de algunos disidentes socialistas se resiente de una visión maniquea del pasado
jon JUARISTI ABC 20 Junio 2010

ME conmueven las críticas de dos socialistas que estimo —Joaquín Leguina y Cristina Alberdi— a la manipulación sectaria de la guerra civil por la izquierda y sus farándulas. Leguina y Alberdi me hacen pensar —salvando las distancias, por supuesto— en don Julián Besteiro y su aislamiento en el seno del PSOE desde 1934 en adelante. Es curioso que a Besteiro nadie de su partido se haya propuesto reivindicarlo después de las tentativas ya lejanas de Andrés Saborit y Rodolfo Llopis.

Tácitamente, la abundante literatura del exilio inspirada por la musa del arrepentimiento le dio la razón, pero el clima revanchista del zapaterismo ha inmunizado a los socialistas contra cualquier moral de la historia, si no contra la historia misma. A Leguina y a Alberdi, por desgracia, no cabe augurarles mayor influencia que Besteiro en las filas de sus correligionarios.

Con todo, hay algo que me distancia de los socialistas críticos, además del socialismo, y es su necesidad de poner a salvo la esencia democrática de la Segunda República, como si la Segunda República hubiera tenido una esencia que trascendiera a las actuaciones concretas de los españoles de entonces. Reconozco que Cristina Alberdi ha llegado bastante lejos al afirmar, esta semana, que, en vísperas de la sublevación militar, la República tenía ya muy poco de democrática. Y es que, en efecto, si la democracia se mide por la voluntad de integrar al adversario en el sistema político, todos avanzaron en dirección contraria desde el 14 de abril de 1931.

El pasado viernes, Jorge Martínez Reverte, en El País, ha publicado lo que podría considerarse una pieza canónica de la crítica asimétrica. Tras afirmar que no existe diferencia alguna entre las víctimas de Paracuellos y de Badajoz, sostiene que se debe partir de la premisa de que ninguno fue muerto con justicia, «por mucho que de los asesinos… unos fueran golpistas odiosos y otros fueran odiosos defensores (aunque nos pese a algunos) de una causa justa». Ahora bien, ¿a qué «causa justa» se refiere? En ninguno de los bandos se combatió por una sola causa. Los requetés lucharon por el Trono y el Altar; los falangistas, por la Revolución Nacional Sindicalista; los militares franquistas, por la mera supremacía del Ejército; los anarquistas, por el Comunismo Libertario; el POUM, por la Revolución Socialista; los nacionalistas vascos por la Independencia de Euzkadi(que así se escribía entonces) y los nacionalistas catalanes, concedamos que por una República Federal, como cuando se sublevaron contra la República realmente existente en 1934. Los comunistas, desde luego, por los intereses de Stalin, y los socialistas por objetivos diversos, según siguieran a Largo Caballero, a Prieto o a Negrín. Las causas fueron múltiples, y el bando de la «causa justa» de Martínez Reverte emprendió varias guerras civiles intestinas porque no había acuerdo acerca de cuál fuera aquélla. La catástrofe de 1936 fue el resultado lógico del antagonismo
mutuo de las muchas causas desde los orígenes mismos de la Segunda República. Y si alguien —Besteiro, por ejemplo— trató de hacer algo por la integración democrática, se dio de bruces con el hecho de que los suyos no la querían. Como les pasa ahora a Leguina y a Alberdi.

El acoso al castellano: crímenes sólo en catalán
R. Ruiz / C. Gullón La Razón 20 Junio 2010

La Universidad de Barcelona negó a alumnos de Criminología un examen en castellano. «Muchos no entendían las preguntas», se quejan los afectados.

Un grupo de alumnos de la Universidad de Barcelona presentará una queja formal ante el decano de la Facultad de Derecho, Enoch Albertí, después de que en un examen de Criminología celebrado el pasado lunes no se facilitaran exámenes en castellano a ninguno de los 300 alumnos que se presentaban a la prueba.

Según informó uno de los estudiantes que acudieron al examen de Psicología de la Violencia, una asignatura de segundo ciclo del segundo curso (el equivalente a 5º de carrera), «hubo alumnos que solicitaron expresamente la versión en castellano del cuestionario, pero la respuesta por parte del profesor fue que no había». En cualquier caso, ninguno abandonó.


«El examen era tipo test con multirrespuestas, y si no entiendes bien el concepto que desarrolla la pregunta no puedes dar la contestación adecuada, y eso fue lo que ocurrió, que muchas personas no entendían bien algunas preguntas. Incluso alguna de ellas estaba mal redactada hasta en catalán», explicó el portavoz de los alumnos afectados.

A pesar de que los Servicios Lingüísticos de la universidad catalana aseguran en su página web que «los exámenes y trabajos se pueden redactar en cualquiera de las dos lenguas oficiales, catalán y castellano», la experiencia de los alumnos demuestra lo contrario. «Creemos que se ha producido una discriminación lingüística y vamos a reclamar al rector cuando concluya el plazo de revisión de examen, porque había gente que no sabía catalán», añadió el portavoz de los alumnos afectados.

«Yo no sé catalán, no tengo por qué saberlo y he hecho todos los exámenes de la carrera en castellano. Si no nos hubieran dado esa opción, jamás habría ido a estudiar a Cataluña», asegura Sergio Martínez, un alicantino de 24 años licenciado en Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona. El decano de Derecho, Enoch Albertí, mostró su extrañeza por lo ocurrido. «He pedido explicaciones y estoy esperando respuesta pero, por regla general, los alumnos se examinan en el idioma que quieren y hasta ahora no ha habido ninguna queja en la Universidad de Barcelona», señaló Albertí.

«Un golpe de Estado blando»
El acoso al castellano en los centros catalanes no es nuevo, aunque según denuncia la asociación Convivencia Cívica Catalana, «está ascendiendo peldaños en la universidad para conseguir que el español desaparezca». Ya en 1998, la profesora de Lengua Española Josefina Albert fue amenazada de muerte en Tarragona después de entregar un examen en castellano a un alumno que así lo había solicitado. «Si quisieran hacer un golpe de Estado ”blando” en España, éste sería el camino», señala el secretario de la asociación.

La puerta de atrás de ETA
J. M. Zuloaga La Razón 20 Junio 2010

Etarras expulsados se quejan de que no existe el debate en la banda y que las críticas internas «van a la basura». La relajación y no mantenerse en la clandestinidad son objeto de crítica por parte de muchos etarras.

Las expulsiones de ETA de Francisco Javier López Peña, «Thierry», por no evitar, o favorecer, la detención de otros militantes de la banda, entre ellas la de Garikoitz Azpiazu, «Txeroki, de las que ha informado LA RAZÓN esta semana en exclusiva, han puesto al descubierto el funcionamiento de una organización que se rige por el centralismo democrático de los grupos marxistas. En el caso de la letrada francesa Yolanda Molina Ugarte, hasta se prohibió que se citara su nombre.

Existe un documento interno de ETA, al que ha tenido acceso este periódico, que es una buena prueba de ello. Seis pistoleros, que también fueron expulsados, argumentaron que no enviaban sus críticas a la «dirección» porque estaban seguros de que «irían directamente a la basura».

La crisis más grave que ha sufrido ETA fue la que condujo a la expulsión de «Thierry», Igor Suberbiola, Ainhoa Ozaeta y Yolanda Molina. Pero la protagonizada en 2004-2006 por Francisco Múgica Garmendia, «Pakito»; Iñaki Bilbao, «Iñaki de Lemona»; Carlos Almorza, «Pedrito de Andoain»; Ignacio Aracama, «Makario»; Kepa Solana y Koldo Aparicio, fue también muy importante.

Estos individuos habían cuestionado, en un escrito que enviaron a otros presos y que fue filtrado a un medio informativo, la estrategia y oportunidad de la llamada «lucha armada». No suponía un rechazo a las actividades terroristas sino de las condiciones en que se desarrollaba en ese momento, como ha hecho ahora el dirigente de la «izquierda abertzale» Tasio Erquicia.

ETA se dirigió a ellos para que dieran explicaciones y, en vez de contestar uno a uno, lo hicieron conjuntamente. Se reafirmaron en sus tesis. Por ello, fueron expulsados aunque, como ocurre con los que han sido separados ahora, sus nombres siguen figurando en el las listas del Colectivo de Presos Políticos Vascos (EPPK).

Entre los argumentos que utilizaba el «comité ejecutivo» de la banda, el llamado «Zuba», para justificar su decisión, estaba el del carácter meditado y no espontáneo del escrito. «Ha quedado acreditado que había sido estudiado durante meses y, por lo tanto, no puede atribuirse al acaloramiento de un instante».

Las «alegaciones»
A ETA le indignaba que se hubiera mandado a otros presos sin pasar antes por la «dirección» de la banda (para su censura) y que se hubiera filtrado a un medio de comunicación. Los expulsados se defendían: «¿Por qué no hemos enviado el documento sólo a la Organización? Estábamos convencido de que si así lo hacíamos iría al basurero».

La banda les acusaba de utilizar «juego sucio» y tratar de perjudicar a la «Organización», al saltarse todos los procedimientos internos, que no son otros que los que la «Dirección» manda y los demás obedecen sin rechistar.

El acta de expulsión se extendía en consideraciones sobre la poca confianza que tenían los autores del escrito el ETA y en su funcionamiento. No era para menos. Pistoleros tan peligrosos con Múgica, Bilbao o Aracama, con tanta experiencia en la clandestinidad, ponían en solfa un documento que les había enviado ETA en el que les anunciaba que la «Organización se iba a blindar para evitar caídas (detenciones)».

A este respecto, recordaban, con cierta mala idea, los arrestos de Miguel Albizu Iriarte, «Mikel Antza», y Soledad Iparraguirre, «Anboto». «No sabemos a qué blindaje os referíais, pero del modo que arrestaron a Antza (viviendo con Marisol y con su hijo) hubiera sido imposible en nuestros tiempos, ya que no se hubiera aceptado un comportamiento como ése en la clandestinidad». «Si las cosas se hacen así ahora es porque el principio de clandestinidad no funciona y no decirlo, ocultarlo, no va a evitar que el enemigo siga haciendo detenciones». «La Organización está en situación de debilidad operativa y eso es algo evidente. No se puede ocultarlo y hay que ponerlo encima de la mesa», señalaban en su escrito.

Al final ETA, sin atreverse a entrar a discutir lo que planteaban Francisco Múgica y los otros –que era bastante coherente, se ajustaba a la realidad y el paso del tiempo se ha ocupado de confirmar–, decidió expulsarlos porque habían intentado «causar divisiones en la Organización».

Servirse de la debilidad
-Los documentos publicados por LA RAZÓN a lo largo de esta semana ponen de manifiesto la difícil situación interna por la que atraviesa ETA, de la que se han tratado de aprovechar algunos dirigentes de su brazo político para lanzar iniciativas en las que, supuestamente, se cuestionan las actividades terroristas, sin atreverse a romper con la banda
-Se trata de una nueva trampa condicionada a que ETA pueda recuperar algo de su operatividad y vuelva a imponer sus dictados como siempre ha hecho: con muerte y destrucción.

Carmen Caffarel: "El español está aportando un 15% de riqueza al PIB"
Estas han sido las palabras de la directora del Instituto Cervantes en el Día del Español
Álvaro Rubio www.lavozlibre.com 20 Junio 2010

Madrid.- El Día del Español se ha celebrado por todo lo alto en 42 países de los cinco continentes y todo gracias al Instituto Cervantes que estaba de enhorabuena y eso se notaba en cada uno de los 70 centros que posee.

Desde Sidney hasta Madrid, pasando por México e incluso hasta llegar a Pekín y así haciendo una parada en diferentes rincones del mundo que son testigos de la importancia que tiene este idioma en todo el planeta.

En este día la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, ha hecho hincapié en la utilidad del español y ha destacado la capacidad de este idioma para fomentar el desarrollo al ámbito económico. "Todo lo que se genera alrededor del idioma español está aportándonos un 15 por ciento al Producto Interior Bruto y eso se nota incluso en un tipo determinado de turismo, el turismo cultural lingüístico", explica Caffarel orgullosa de la acogida que han tenido durante toda la jornada las diferentes actividades que se han llevado a cabo. (Texto sigue abajo)

En Madrid, una 'Lluvia de palabras' con globos y serpentinas de colores, cada una con un vocablo escrito, para ofrecer la sensación de que llovían letras, ha sido la protagonista de la fachada de la sede central del Instituto Cervantes situado en la calle de Alcalá. Desde ese punto, la celebración se ha trasladado a la Plaza de Vázquez de Mella, donde a lo largo del día se han desarrollado talleres infantiles, actuaciones de folclore de diferentes embajadas hispanoamericanas (Colombia, México, Perú, Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador y República Dominicana), recitales de poesía, degustaciones gastronómicas, etc.

Pero no sólo Madrid ha sido testigo de este día. En Burdeos, las calles de la ciudad se convirtieron en un circuito de rally con el español como principal motivo, en Dublín, los niños disfrutaron con un taller sobre el mundo del cómic y en la ciudad de Damasco se expusieron carteles cinematográficos con los años dorados del séptimo arte mexicano. Estas ciudades son un ejemplo de lo que se ha podido vivir en cada uno de los cinco continentes y es que el Instituto Cervantes ha ofrecido para este evento más de 300 actividades culturales. (Texto sigue abajo)

Este año la gran novedad ha sido la competición colectiva de palabras cruzadas en formato gigante, a pie de calle, conocida como la 'Liga del Juego del español', cuyos vencedores en 30 ciudades de todo el mundo podrán disfrutar de un viaje a Andalucía otorgado por ‘Turismo Andaluz’.

La elección de la palabra favorita no podía faltar. Como cada año los internautas han visitado la 'web' del Instituto Cervantes y han colaborado para elegir su vocablo. La página se ha colapsado por los cinco millones de visitas que ha recibido.

"Casi morimos de éxito", comentaba Carmen Caffarel, al tiempo que explicaba que la ‘web’ ha recogido, además, opiniones, dibujos y comentarios de más de 300.000 internautas de 149 países, unidos por un idioma "que nos abre las puertas del futuro" del que forman parte cada vez más personas.

El español, que lo hablan 450 millones de personas, es ya la segunda lengua del mundo por número de habitantes nativos, el segundo idioma de comunicación internacional y el tercero más usado en Internet.

La imposible tarea de ser belga
Jorge Valero La Razón 20 Junio 2010

El secesionista Bart de Wever liderará la sexta reforma del Estado sin un modelo claro.

Pocos como el saliente primer ministro de Bélgica, Yves Leterme, han definido de una manera tan cruda y directa a su país cuando dijo, hace algunos años, que «el Rey, la selección nacional y algunas cervezas» son lo único que comparten los belgas. A nadie se le escapa la complejidad de la existencia de un Estado sin un sentimiento común, llámese nacionalidad o ciudadanía. Y desde que Bélgica se incorporó al mapa europeo en 1831, lo poco que ha caracterizado la identidad belga ha sido, más bien lo que no eran: protestantes y holandeses.

Tras cinco décadas caminando hacia un federalismo que no termina de llegar, los belgas encararán próximamente la sexta reforma del Estado que capitaneará Bart de Wever, el secesionista que se esconde bajo las maneras de un político responsable. Porque aunque la división del país es lo que ha sobrevolado en las elecciones, y es el tema que rumian políticos y ciudadanos, pocos quieren hablar de división.

«Quiero un Estado que funcione, y por lo visto en éste las cosas tampoco van tan bien», sentencia Christo Vanhecke, un empresario flamenco que pasea por el centro de Vilvoorde. Ésta es una comunidad de las 60 que forman Halle Vilvoorde (HV), la falla en torno a Bruselas donde chocan las dos grandes placas lingüísticas: los flamencos del Norte (60%) y los francófonos de Valonia, al Sur (30%). Dos comunidades que viven de espaldas, cada una con sus medios, sus partidos políticos y, sobre todo, con sus prejuicios respecto a sus vecinos.

Los flamencos, cuadriculados e insolidarios, partidarios de la disolución nacional ahora que su economía emprendedora ha dejado atrás a la caduca industria pesada valona. Los francófonos, vagos y despilfarradores, rodeados de un sistema benigno con la corrupción y el nepotismo.

La incapacidad para solucionar la excepcionalidad de Bruselas y sus alrededores (HV), la tercera región de la discordia entre flamencos y valones, donde los francófonos gozan de algunos privilegios, ha sido el casus belli que ha llevado al Estado de nuevo al diván para remover su pasado y, sobre todo, reflexionar sobre su futuro.

Y en esta tarea nadie mejor que un historiador como De Wever, que arrasó entre los flamencos (30% de los votos), lo que le valió para ser la primera fuerza del conjunto del país en la cámara federal. Frente al radicalismo independentista del otro movimiento flamenco, Vlaams Belang, De Wever camufla la desintegración de Bélgica en la creación de una confederación, que sería poco más que un cascarón con escasas competencias comunes, como Exteriores o Defensa. Un camino que quiere recorrer a partir del federalismo sin completar en el que ahora viven los belgas, incapaces durante los últimos tres años de Leterme de terminar de culminar «en aspectos tan esenciales como el empleo», explica el politólogo Pascal Delwit.

«No he votado a De Wever y nunca lo haría», comenta Els Gillijans, una diseñadora flamenca. «Estoy cansada de que lo único que se hable en este país sea de acabar con él», protesta. Sin embargo, un importante número de flamencos manifiesta cierto hartazgo hacia el sur. De hecho, Vlaams Belang, partido de extrema derecha y defensor de la ruptura, fue la segunda fuerza más votada en 2007. Sus frutos los ha recogido De Wever, un político capaz de moderar su lenguaje y sus ambiciones personales hasta el extremo de ceder el cargo de primer ministro al socialista Elio di Rupio, vencedor en Valonia, con el fin de llegar con crédito a la mesa de negociación de la coalición de Gobierno que formarán probablemente hasta cinco partidos: la Nueva Alianza, los socialistas y democristianos de ambas comunidades y los ecologistas francófonos.

La pasada semana, el rey Alberto II le encargó la tarea de «informador» para tantear la coalición de gobierno, que posteriormente culminará el «formador» y probable primer ministro, Di Rupio. Los ejes serán cómo abordar los problemas financieros, –Bélgica tiene una deuda del 100% del PIB–; la reforma del Estado y cómo reforzar la cohesión social.

A pesar de que nadie quiere hablar de división, se palpa cierta sensación de inevitabilidad del vaciamiento de Bélgica, y quizá de lo que una vez fue ser belga. Como dijo el poeta simbolista belga Maurice Maeterlinck «cuando perdemos lo que queremos, nuestras amargas lágrimas serán convocadas por la memoria de las horas cuando no quisimos lo suficiente». Puede que en no mucho tiempo, unos y otros se arrepientan de no haber querido lo suficiente ser belgas.

ANÁLISIS. Un sistema electoral perverso
Por Pedro G. Poyatos La Razón 20 Junio 2010

¿Cómo se vota en Bélgica?
–Bélgica es un país federal donde el voto es obligatorio y no existen partidos nacionales. Está dividido en tres regiones: Flandes, donde se habla neerlandés; Valonia, con el francés oficial; y Bruselas, que es bilingüe. Cada belga vota a los partidos propios de su región. Así, existen socialistas, liberales y democristianos flamencos y francófonos.

¿Qué problema hay en BHV?
–Es el origen del conflicto que divide Bélgica desde hace años. El distrito de Bruselas-HalleVilvoorde engloba a 19 municipios de Bruselas y 35 de la provincia flamenca de Brabante. En seis municipios con alta presencia de francófonos, éstos disfrutan de «facilidades administrativas» especiales que les permiten dirigirse a la Justicia en su propia lengua y votar a partidos francófonos en Bruselas.

¿De qué se quejan los flamencos?
–Rechazan este trato especial. Los flamencos que viven Valonia no disfrutan de las mismas prerrogativas. Por eso, exigen dividir el distrito, lo que facilitaría la delimitación de sus fronteras en una hipotética independencia. La supuesta invasión del idioma galo está siempre presente en el discurso nacionalista.
¿Son imprescindibles las coaliciones para gobernar?

–Sí, porque nadie tiene mayoría en el Parlamento de 150 escaños. La ley obliga a que el Gobierno cuente con partidos procedentes de ambas comunidades. Como los flamencos son el 60%, el primer ministro belga suele proceder de allí. Sin embargo, el socialista francófono Elio Di Ripo puede cambiar esta tradición ante el poco interés del independentista flamenco Bart de Wever de ser «premier» de su odiada Bélgica.


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Legalizar Batasuna, o los árboles no dejan ver las armas
Roberto Blanco Valdés La Voz 20 Junio 2010

Como las precampañas, las acusaciones de corrupción o los anuncios publicitarios de obras públicas, las propuestas para legalizar a Batasuna son ya una clara evidencia de que se acerca una convocatoria electoral.

De hecho, si hubiera que hacer la prueba del nueve sobre el daño que le hace a ETA la ilegalización de Batasuna bastaría con constatar el empeño que el partido de los terroristas pone en presentarse a los comicios cada vez que aquellos tocan. Lo ha intentado siempre, desde que fue ilegalizado, aunque solo lo ha conseguido en varias ocasiones tras la llegada al poder de Zapatero.

Cercana ya la convocatoria municipal del año 2011 (pues aquí en España las elecciones se ven cercanas cuando falta un año para que se celebren), el rito ha vuelto a repetirse, esta vez de la mano de quien es ya, por méritos propios, un auténtico profesional de la negociación política con ETA: Jesús Egiguren. El presidente de los socialistas vascos acaba de solicitar de nuevo lo que lleva planteando de un modo u otro mucho tiempo: que se legalice a Batasuna para incentivar así su supuesta deriva a favor de la política y en contra de las armas.

Cabría pensar que Eguiguren es un político omnisciente que posee condiciones especiales para intuir lo que no capta nadie más. La historia demuestra, sin embargo, que Eguiguren, que sin duda posee una información de la que carecemos los que no hablamos ni con Batasuna ni con ETA, es, además de un profesional de la negociación con la banda terrorista, un auténtico maestro del error: hasta la fecha se ha equivocado siempre cada vez que ha afirmado ver signos de que las cosas están cambiando en ETA o Batasuna.

Sucede en realidad que Eguiguren y quienes, como él, ven solo lo que les cuentan, no diré yo que sus amigos, pero sí sus contactos en el mundo terrorista, están ya incapacitados para constatar una evidencia política que a estas alturas resulta absolutamente irrefutable: que nada, como la ilegalización de Batasuna, ha contribuido tanto a arrinconar a ETA, a cortar sus fuentes de financiación y los mecanismos para el reclutamientos de nuevos terroristas. Y que nada, como la legalización de Batasuna, antes de que ETA desaparezca, podría ser peor para la causa de la lucha contra ella.

Para demostrar ambas verdades no se necesita prueba alguna, pero, por si hiciera falta, bastaría con observar el giro de la política antiterrorista del Gobierno, que ha caminado en estos años desde las posiciones que defiende Eguiguren a las que ahora defiende Rubalcaba. Las primeras llevaron al gran fiasco de la negociación con ETA, que sería el mismo en estos momentos que hace años si alguien fuera tan irresponsable como para volver a las andadas.

Otra España romántica
El españolismo vuelve a ser materia para la confrontación en la España arruinada por Zapatero
M. MARTÍN FERRAND ABC 20 Junio 2010

EN el supuesto de que España sea una realidad viviente, y no un conjunto de diecisiete fantasmagorías enhebradas las unas con las otras por el hilo de la Historia, debemos reconocer que su estado de salud es delicado y frágil. El primero de los síntomas es el enfurruñamiento constante, fundado o caprichoso, de los españoles.

Algo nos pasa que no nos deja estar contentos. Algo, por supuesto, de mayor envergadura que José Luis Rodríguez Zapatero y de más grandes raíces que las de las crisis económica y social que nos afligen. El cuado clínico de tan respetable y voluminoso enfermo tiene más componentes del XIX que del XXI y, al margen del folclore y el casticismo —dos juegos peligrosos—, se parece bastante al de la España que retrató Próspero Mérimée que, ya lo decía Azorín, es tan verdadera como la de Francisco de Quevedo y Lope de Vega. Una frase mordaz y destructiva tiene aquí el valor de toda una obra y, con distintas actitudes, todos andamos a la espera de que caiga el telón.

Estoy pensando en María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional y, posiblemente, la española que ve llegar el verano con mayor inquietud y angustia.

Del mismo modo que la muerte de Fernando VII le dio grandeza y brío al Romanticismo español, la de Franco propició otro rebrote del fenómeno. Entonces fue la Carmen de Mérimée el símbolo y la seña del momento y hoy bien podría serlo, dicho sea con todo respeto, la María Emilia del Constitucional. El españolismo, unos a favor y otros en contra, fue la esencia de la España romántica y vuelve a ser materia para la confrontación en la España arruinada por Zapatero.

Para mañana está convocado un nuevo pleno de los diez magistrados del Alto Tribunal que tiene en sus manos el futuro del Estatuto de Cataluña y, por ende, el de un cierto sosiego en esta absurda pugna entre las partes y el todo en la que hemos instalado el centro y pivote de la realidad nacional. La sentencia parece inminente y ojalá lo sea. Por mala que fuere será menos nociva y desintegradora que un Estatut en vigor, generador y sostén de normas inciertas y gran motor de la inestabilidad del Estado. Algo especialmente indeseable en tiempos de tribulación en los que las prioridades debieran ser la transformación razonable de las estructuras administrativas del Estado, el alivio del paro, la reducción del déficit, la corrección del sistema financiero y el establecimiento de dos pilares fundamentales y hoy evanescentes: la educación exigente y rigurosa de los jóvenes y el funcionamiento cabal de la Justicia. Lo que nos queda por saber es si don José subirá al cadalso...

Valores para vencer el naufragio (y II)
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO (RECTOR DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS) ABC 20 Junio 2010

Adelantábamos el pasado domingo las dos primeras medidas necesarias —en el ámbito de los valores y en el constitucional— para asirnos férreamente a nuestra tabla de salvación colectiva y escapar de esta suerte al naufragio. Los españoles no deseamos teatralizar, una vez más, Las aventuras de Robinsón Crusoe de Daniel Defoe. Ni tampoco tenemos la intención, como en las últimas palabras del libro del escritor británico, de relatar nuevas azarosas peripecias de la convivencia nacional —«Todas estas cosas, y algunos otros sorprendentes episodios, con algunas otras aventuras mías, durante diez años más, las relataré quizá más adelante»—, sino de seguir construyendo inteligentemente la mejor Res pública. En esta España constitucional, los Robinsones, Viernes y sus inspiradores personajes de la vida real —el español Pedro Serrano y el escocés Alexander Serkik— no deben ir más allá de su condición de sujetos novelados. Y a tales efectos, reseñamos los últimos tres ámbitos que requieren de medidas firmes y urgentes.

Primero: en el ámbito político. Es insufrible, asimismo, la concepción cainita y schmittina —asentada en la relación amigo / enemigo— que preside la política nacional. La clase política, tanto la que se halla en el Gobierno, como la que se sitúa en la Oposición, ha de demostrar generosidad de actitudes y altura de miras. No pensar siempre rácanamente en políticas de partido, sino de Estado. Dar un paso al frente sin sopesar enfermizamente los comicios electorales, ni el acomplejado coste personal de unas u otras acciones de gobierno. Aquí también los españoles tenemos derecho a disfrutar de políticos de altura, de estadistas de verdad, y no de advenedizos administradores o contingentes arbitristas. Una clase política obligada a suscribir pues políticas de Estado (modelo territorial, educación, política internacional, inmigración…) con mayúsculas.

Unas políticas de Estado, como indica su nombre, absolutamente imprescindibles. De una parte, porque inciden, dada su condición esencial y transversal, en aspectos estructurales de la organización social, política, constitucional y económica del país. Y, de otra, porque exigen de una incuestionable perdurabilidad en el tiempo, más allá de la atropellada singularidad del momento. Ambas circunstancias obligan a que sean respaldadas por el mayor número de fuerzas políticas —lo deseable sería la práctica unanimidad del espectro parlamentario—, pero siempre, y en todos los casos al menos, por las dos grandes fuerzas políticas nacionales.

En un régimen de democracia constitucional quien se halla en el Gobierno volverá antes o después a la Oposición, y quien está en la Oposición alcanzará sin duda el Gobierno, lo que impele a nuestros dos partidos —si no queremos tejer y destejer indefinidamente la estela de Penélope— a formalizar políticas de Estado de mutuo consuno. De no ser así, los inevitables cambios de Ejecutivo y de mayorías en las Cámaras llevarán simultáneamente aparejadas las correlativas modificaciones en política y legislación. Las indefinidas reformas legislativas en materia de inmigración —más de cinco— y de educación —cerca de diez— son el peor ejemplo de los irresponsables bandazos político-legislativos de unos y de otros.

Segundo: en el ámbito institucional. Es también un escándalo, ¡y lo expreso sin tapujos!, el zarandeo burdo y agresivo de las instituciones. Una indecencia moral y un suicidio colectivo. Si no sabemos preservar las instituciones, asistiremos al desmoronamiento del Estado, al desarraigo de la democracia constitucional y al final de nuestra mismísima organización política. Primero se pone en entredicho la laboriosidad de las Cámaras parlamentarias, después se pone en solfa la independencia del Poder Judicial —como los ataques injustificables al Tribunal Supremo—, más tarde se ningunea al Tribunal Constitucional —al que se quiere negar la legitimidad para resolver la constitucionalidad del Estatuto de Autonomía de Cataluña—, etcétera. Aunque tales instituciones han de saber granjearse concurrentemente, con su ejemplo diario, el respeto de sus ciudadanos. Las Cámaras no pueden transmitir la sensación de reproducir mayoritariamente los endogámicos deseos más propios, los órganos jurisdiccionales no pueden actuar al socaire de la partitocracia —nada más perverso que la distinción maniquea entre jueces conservadores y progresistas— y el Tribunal Constitucional —que debió renovarse hace años— no puede alargar la decisión sobre el Estatut casi cuatro años. Es decir, las instituciones, además de disfrutar de la legitimidad de origen, han de ganarse coetáneamente la legitimidad de ejercicio. La potestas de las instituciones ha de ir de la mano por tanto de una ganada auctoritas.

Tercero: en el ámbito económico. La última crisis, pero en la actualidad importantísima crisis económica, nos obliga a sentar unas bases nuevas en las relaciones laborales y de producción, pero también un adelgazamiento del sector público y una reconsideración del papel de los sindicatos y de las asociaciones empresariales.

Hay que asumir que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que no somos un país rico, que hay que trabajar más, que hay que mejorar las bajas tasas de ahorro, que hemos de poner coto al desmesurado déficit público, que estamos obligados a mejorar en profesionalidad y competitividad. Sólo estas medidas permitirán el no desmantelamiento de un Estado del bienestar correctamente entendido y económicamente posible. No hay razones, si hacemos bien los deberes, para no salir, y además fortalecidos, de la crisis económica. Ya lo hicimos a finales de los años setenta. Ahí está el ejemplo de los Pactos de la Moncloa. Pero para ello, como expresaba Thomas Carlyle en su Discurso electoral en Edimburgoun 2 de abril de 1886, se demanda esfuerzo: «El trabajo es el gran remedio de las enfermedades y miserias».

Las crisis son consustanciales a la historia y a la condición humana. Pero son también, si se goza de fortaleza de ánimo y de grandeza de objetivos, una oportunidad para mejorar. Señalaba Honoré de Balzac en La Maison du chat-qui-pelote, «que en estas grandes crisis, el corazón se rompe o se curte». En nuestras manos como ciudadanos, y en las de nuestra clase política, está el desenlace. O que se nos rompa el corazón, o que se nos curta. Yo me sitúo inequívocamente, como en la Transición Política, con la mayoría de españoles que desea echar una mano para seguir viviendo los mejores años de nuestra historia moderna. De nosotros depende.

Los independentistas catalanes vuelven hoy a la carga con las consultas
Al igual que en las 'consultas' precedentes, se espera que las pantomimas apenas arrastren un número significativo de votantes
Efe www.lavozlibre.com 20 Junio 2010

Cataluña consulta por cuarta vez la volutad soberanista de los ciudadanos Los independentistas catalanes vuelven hoy a la carga con las consultas

Barcelona.- Vuelven las pantomimas de referéndums indetpendentistas. La cuarta oleada de consultas sobre la independencia de Cataluña se ha iniciado a las 9 horas con la apertura de los 'colegios electorales' en los 44 municipios donde han sido convocados estos referendos extra oficiales, y en los que en total pueden votar casi 500.000 personas hasta las 20 horas. Estas consultas están organizadas unilateralmente por grupos independentistas y raramente han contado con el apoyo superior al 20% del electorado -pese a no contar con control contrastado-, y pese a haber sido objeto de numerosos reportajes de seguimiento por parte de TV3, televisión autonómica catalana, y ser presentadas por algunos medios de esa comunidad autónoma como referéndums serios

Esta cuarta jornada de consultas está muy centrada en ciudades del área metropolitana de Barcelona como Mataró, Cornellà, Sant Feliu de Llobregat, Sant Boi de Llobregat, Olesa de Montserrat y Cerdanyola del Vallès.

En los 44 municipios donde hoy hay consulta han sido habilitados 140 'colegios electorales', con un total de 315 urnas, y colaboran en los trabajos de organización y escrutinio unos 5.000 voluntarios.

La ciudad más poblada de las que celebran consulta es Mataró, con 101.576 personas con derecho al voto, lo que incluye a los ciudadanos mayores de 16 años y también a los inmigrantes censados en el municipio, irregularidades incompatibles con el sistema electoral español, que busca una mayor afluencia de votantes.

En el Baix Llobregat, Cornellà es la ciudad con más habitantes con derecho al voto -73.057-, seguida de Sant Boi -69.243-, Esplugues -40.083-, Sant Feliu de Llobregat -35.574- y Olesa de Montserrat -con 18.901 personas-.

En la comarca del Garraf hay consulta en Sitges -con 23.098 habitantes con derecho al voto-, mientras que en el Vallès Occidental hay referendos en Cerdanyola -49.203 habitantes- y Palau-solità i Plegamans -11.351-, en el Vallès Oriental en Martorelles -4.187-, Figaró -874- y Vallromanes -1.734-, en l'Anoia en La Pobla de Claramunt -1.858- y en Osona en el minúsculo pueblo de Sobremunt, con sólo 77 habitantes.

En las Tierras del Ebro, por primera vez se puede votar en la comarca de la Ribera d'Ebre, y más en concreto, en los municipios de Móra la Nova -2.683 personas-, Ginestar -940- y Garcia -541-.

En las comarcas tarraconenses, también han convocado consultas Falset -con 2.409 habitantes- y Mont-roig del Camp -10.036-, mientras que en las de Girona son Calonge -8.920-, Santa Cristina d'Aro -4.071-, Navata -912- y Guils de Cerdanya -418- las más numerosas.

En las comarcas de Lérida, son Almenar -3.170-, Bellver de Cerdanya -1.929-, Térmens -1.343-, L'Albagés -417- y Baix Pallars -360- los municipios con más población.

Una vez haya concluido la jornada de hoy, habrán sido 508 los municipios catalanes en los que habrán tenido lugar referendos, y ya no se prevé ninguna oleada más de consultas hasta el 10 de abril del 2011, que es la fecha elegida para que se celebre en la ciudad de Barcelona y, posiblemente, también en otras ciudades y pueblos.

La Coordinadora 'Nacional' de las consultas realiza el seguimiento de la jornada de votaciones de hoy desde Sant Feliu de Llobregat mientras que, en paralelo, la organización que agrupa a los concejales y alcaldes soberanistas, Decidim.cat, supervisará y valorará los resultados desde Mataró.

Al igual que en las consultas precedentes, hay supuestos 'observadores internacionales', pero menos que en otras ocasiones, aunque por primera vez entre ellos estará un ciudadano español que reside en Madrid, el actor Javier Gutiérrez, conocido por su participación en la serie de televisión "Los Serrano", y también el ciudadano de EEUU de origen galés Mikel Dalger.

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