AGLI

Recortes de Prensa    Sábado 3  Julio  2010

 

La consumación de un golpe de estado (IIÍ): La doctrina Humpty Dumpty
Luis del Pino Libertad Digital 3 Julio 2010

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 3 de julio de 2010

En una escena de "A través del espejo", la continuación de "Alicia en el País de las Maravillas", Humpty Dumpty, uno de los personajes, le dice a la protagonista:

- Cuando yo uso una palabra, ésta significa lo que a mí me dé la gana..., ni más ni menos.
- La cuestión - le respondió Alicia-- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
- No, no - replicó Humpty Dumpty -. Lo importante es saber quién manda.

Esta semana, el Tribunal Constitucional ha terminado por parir, después de cuatro años de gestación, la esperada sentencia sobre el Estatuto de Cataluña. Y el resultado ha satisfecho las previsiones más pesimistas: la Constitución del 78 ha dejado de existir, gracias a una sentencia aberrante que deja prácticamente intacta la letra del Estatuto, aunque, eso sí, pretende salvar la cara diciéndonos que ciertos preceptos deben interpretarse de forma completamente opuesta a su redacción literal.

Después de la sentencia del Constitucional, en el Preámbulo del Estatuto seguirá figurando, por ejemplo, que Cataluña es una Nación, pero el Alto Tribunal sentencia que donde dice Nación no debemos entender Nación, sino nacionalidad. O sea que, a partir de ahora, los españoles no sólo tenemos la obligación de conocer las leyes, para poder cumplirlas, sino que además vamos a tener que estudiarnos las notas terminológicas a pie de página, para poder saber cuál es el significado real de cada término de uso común.

Si donde dice Nación no debería decir Nación, lo lógico hubiera sido anular o enmendar el Preámbulo del Estatuto. Pero en lugar de ello, se nos dice que las palabras significan otra cosa.

Es decir, que María Emilia Casas, la presidenta del Tribunal, ha entendido perfectamente la filosofía de Humpty Dumpty: lo importante no es lo que signifiquen las palabras, sino saber quién es el que manda. Y quien manda aquí, claro está, son los nacionalistas. El Preámbulo del Estatuto no podía tocarse, y por supuesto no se ha tocado.

Lo más gracioso es observar las respuestas de los distintos partidos políticos, que están escenificando al alimón un teatrillo que pretende convencernos de que esa sentencia constituye una derrota del nacionalismo, cuando representa justo lo contrario. El Partido Socialista nos dice que la sentencia demuestra la constitucionalidad del Estatuto; el Partido Popular nos cuenta que esa sentencia aberrante es una victoria y los partidos nacionalistas hacen como que están muy enfadados y amenazan con todo tipo de presiones.

Pero lo cierto es que, a partir de ahora, los nacionalistas catalanes podrán esgrimir el texto del Estatuto en cualquier foro internacional, para reclamar trato de Nación en el ámbito que sea. Y vaya usted a explicar en ese foro internacional que, en realidad, donde dice Nación hay que interpretar otra cosa. Las carcajadas pueden ser monumentales.

No sólo han herido de muerte a la Constitución y han dejado vacía de contenido a la Nación española. Es que encima nos toman por lelos y pretenden convencernos de que han hecho lo contrario.

La ventaja que tienen las palabras de doble uso es que el que manda decide en cada momento cuál de los significados le interesa. Los nacionalistas podrán, por ejemplo, invocar el carácter nacional de Cataluña a la hora de intentar conseguir selecciones deportivas propias. Pero para continuar robándonos a los españoles, no tendrán reparo en seguir aparentando que son una mera nacionalidad o una simple comunidad autónoma.

Y así, pasito a pasito, el nacionalismo catalán seguirá ocupando espacios simbólicos y expulsando al Estado central de Cataluña, mientras usa la presión política para seguir reclamando inversiones, para seguir trasladando sedes de empresas u organismos a Barcelona y para continuar alimentando su régimen cleptocrático con el dinero robado al resto de España.

Y todo ello mientras se siguen conculcando los derechos individuales de los muchos catalanes que no comulgan con las ideas nacionalistas.

Pero la culpa no la tienen, como ya de dicho en muchas ocasiones, los nacionalistas catalanes. La culpa la tienen quienes desde Madrid, desde los partidos nacionales, han permitido y alentado ese proceso.

La culpa la tienen ese Partido Socialista y ese Partido Popular que, gozando de la representación del 90% de los españoles, han secuestrado la voluntad de sus electores y han gobernado de forma sistemática para el otro 10%, ese 10% para el que no existe la Nación española.

A mi, lo que me pide el cuerpo, después de la sentencia del Estatuto, es instar a toda nuestra clase política a que se vaya directamente al guano, qué quieren que les diga.

Aunque me parece que mi petición no iba a servir de nada. Porque la palabra guano significa, por supuesto, lo que ellos quieran que signifique.
Porque para algo son ellos los que mandan.

Estatut
Los nuevos consensos
José María Marco Libertad Digital 3 Julio 2010

Hay quien se ha preguntado cómo es que un magistrado como Manuel Aragón no ha encontrado capacidad para resistir el envite nacionalista que culmina en el texto del Estatuto de Cataluña. Hay varias razones que permitan comprender esto.

Debe de ser difícil soportar las presiones que se han ejercido –por hablar sólo de las que conoce todo el mundo– sobre los jueces del Tribunal, y más en particular sobre Aragón. A diferencia de lo que ocurre con el Tribunal Supremo norteamericano, por ejemplo, las instituciones jurídicas españolas no ponen a sus miembros a salvo de la presión política. Los miembros están nombrados por los partidos, los mandatos también dependen de estos... No hay un muro de separación entre la política y la judicatura. Así las cosas, la capacidad de resistencia moral forzosamente habrá de ser limitada, más aún en respetables empleados públicos como son los miembros del Tribunal Constitucional

Manuel Aragón había sido propuesto para este cargo por el Partido Socialista. A la debilidad institucional del Tribunal, se añade la falta de una tradición intelectual y moral de adhesión al concepto de nación española. Nunca el socialismo español se ha tomado en serio la idea de la nación. Mucho antes que Rodríguez Zapatero dejara esculpido en los anales del Congreso de los Diputados su frase inmortal sobre la idea de nación, "discutida y discutible", el PSOE había descartado siempre la elaboración de un concepto propio de nación.

Para los socialistas, la nación española se ha movido entre la confederación, la federación (a lo Pi y Margall), la mixtificación para engañar al proletariado y la mentira al servicio de los intereses de la burguesía. Rodríguez Zapatero ha añadido a esta tradición un matiz postmoderno, según el cual la realidad no existe: sólo existen convenciones, maneras de ver las cosas que el poder político puede variar a su gusto. En consecuencia, ¿qué es España? Una idea, una perspectiva... no más que lo que nosotros queramos que sea. Como dice Rubalcaba, no ha pasado nada después de aprobada la sentencia. Prueba que la nueva España que funda el Estatuto es sólida, tan sólida al menos como la anterior, que habitaba sólo en los sueños de unos cuantos nostálgicos...

En Aragón se había puesto alguna esperanza porque, más que la tradición socialista, la suya era azañista. Por algo Aragón se había encargado en su tiempo de una reedición de La velada en Benicarló, un texto en el que Azaña lamentaba, por boca de algunos personajes de ficción situados en plena guerra civil, que la idea de nación no tuviese virtud normativa en España, es decir que sirve para poco. Esa esperanza suponía desconocer la auténtica dimensión de la obra de Azaña. Sin duda las frases sobre España, como las que Azaña pronunció en algunos de los discursos de esos años, contienen hermosas y nobles reflexiones acerca de la patria.

No se busque más, sin embargo. Azaña tampoco elaboró nunca una idea política de la nación. Su especialidad fue la destrucción, la devastación mediante la palabra, instrumento que utilizaba como pocos. Las reflexiones de sus últimos años, como las de La velada en Benicarló, son un último intento para no dejar sólo ruinas de su paso por la política española. No sirven –como en este aspecto no sirve nada de su obra anterior– para construir y continuar la historia de España. La tragedia de Azaña, por así llamarla, sintetiza la naturaleza del republicanismo en España, de índole nihilista. Así que tampoco por este lado Aragón tenía mucho dónde agarrarse.

Menos aún lo tenía si, como tal vez se confirme con el tiempo, la sentencia sobre el Estatuto cierra la etapa de ruptura de los grandes consensos que el Partido Socialista abrió durante la segunda legislatura de Aznar. La sentencia parece inaugurar un nuevo consenso, propuesto por los partidos nacionalistas, promocionado por los socialistas y ahora aceptado por el PP. El Estatuto traza el diseño de la nueva Constitución española, plasmada en los diversos estatutos "de segunda generación", no todos impugnados ante el Tribunal Constitucional.

Ante tamaño giro histórico con el que arranca –con todos los parabienes– la nueva España utópica, socialista y nacionalista al fin, ¿qué iba a decir un magistrado, por muy miembro que fuera del Tribunal Constitucional?

(Ni que decir tiene que para los nacionalistas hay todavía demasiada España).

Supresión de la financiación estatal a partidos, sindicatos ypatronal
Enrique de Diego Semanal Digital 3 Julio 2010

No puede imaginarse un modelo político tan desastroso como el que se ha puesto en práctica en España y que ha llevado a la instalación de una auténtica casta parasitaria, que se dedica a saquear a las clases medias y a hundir en la indigencia a las familias.

Sin la regeneración del sistema no hay posibilidad alguna de supervivencia de la sociedad, porque en los privilegios de los que se ha dotado la casta el incentivo es depredar y hundir a la sociedad.

Es imprescindible proceder a la supresión de la financiación estatal a partidos, sindicatos, patronales y cualquier otra organización social, como indica el punto 4 de las doce soluciones que establecí en mi libro El manifiesto de las clases medias.

Al financiarse los partidos del Presupuesto, y no de sus afiliados, no precisan servir a estos, ni tener democracia interna alguna, salvo la estricta ficción. El poder se concentra en lo que Ramón Peralta ha llamado la cupulocracia y desde ese centro jerárquico se extienden los estímulos por toda la estructura que no son otros que depredar.

Al financiarse de los Presupuestos, los partidos se tornan parasitarios, por supuesto gigantescos: abren sedes en todos los barrios y en todos los pueblos, y reparten sueldos entre todos los cargos de la estructura, haciéndola altamente gravosa para los ciudadanos, lastrando la economía. Devienen en oficinas de colocación de sus militantes y de los familiares de los cargos influyentes, de manera que la influencia se caracteriza por el nivel de nepotismo que puede alcanzarse.

El partido se convierte en una empresa que tiene profesionales, a los que hay que ir colocando continuamente o bien en ascenso o si se pierden las elecciones, en aquellos lugares en los que el partido ha mantenido alguna cuota de poder.

Los intereses de los partidos son directamente contrarios a los de la sociedad, pues sólo puede sobrevivir en la medida en que depredan y expolian a ésta. Todos están interesados en una presión fiscal alta, que es de la que viven. Va de suyo, que también lo estarán en una Administración expansiva, pues de esa forma su botín será más abundante y mejorarán sus expectativas como oficina de colocación.

La cuestión es que se han superado todas las líneas rojas y se ha llegado al último extremo de la reducción al absurdo: los partidos políticos actuales son enemigos de las clases medias, resultan insostenibles y son, junto al conjunto del modelo político, los culpables de la devastadora crisis que corre el riesgo de llevarse por delante a la sociedad abierta española.

Otrosí: La clase política catalana es bastante más corrupta que la siciliana e incluso ha batido todos los récords de la creatividad convirtiendo el Palau de la Música en una auténtica cloaca, de la que todos trincaban. Convergencia i Unió –partido más conocido por Conveniencia- recibía cada año un millón de euros. También el Partido Independentista, de Ángel Colom y Pilar Rahola, recibió un pellizco: 75.000 euros para pagar las deudas. "Firmé el recibo y poco miré lo que decía… ¡Estaba tan contento! Le aseguro que habría firmado cualquier cosa", ha declarado Colom. Este es el nivel de la cloaca catalana.

Qué objetivo
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 3 Julio 2010

Ah, pero ¿había un objetivo? Y si lo había y se ha cumplido, entonces ¿el objetivo era esto? El rompecabezas territorial compuesto con paciencia de orfebre durante tres décadas, descuajaringado; las comunidades autónomas lanzadas a una subasta imposible; media Cataluña cabreada con el resto de España; la aparición como actor político relevante de una opción independentista hasta entonces marginal. ¿Era ese el objetivo que se ha cumplido? Y si no lo era, ¿a qué se refería Zapatero? Los designios del presidente del Gobierno son inescrutables. Sobre todo para él mismo.

Concedámosle, pues, el beneficio de la duda. Lo que no le deja en mejor lugar. Ni él mismo sabía a dónde iba. Había, sí, un objetivo de partida. Prestar cobertura política al candidato Maragall, que no había encontrado mejor discurso para acabar con la hegemonía nacionalista que arrebatarle la antorcha del agravio. Maragall y el PSC habían sido decisivos en la elección de Zapatero como líder del PSOE. Así que nobleza obligaba. La reunión de Santillana del verano de 2003 trató de enfriar el calentón de Maragall; de fijar límites y poner orden en una hipotética revisión territorial. Ni caso. El estrambótico dirigente catalán se llevó a Zapatero atado de su ronzal («Apoyaré cualquier estatuto que apruebe el parlamento catalán»). Después vino todo lo demás.

Pero no había un propósito final, más allá de unas cuantas vaguedades sobre la España plural. Se equivocaban quienes atribuían a Zapatero pérfidos propósitos; la ruptura de España y toda esa cantinela. Ni siquiera eso. El propio presidente presumía de no saber hasta dónde se podía llegar. Se hacía camino al andar. La negociación y la transacción, no como método, sino con fin en sí mismo. Como en tantas otras ocasiones. Lo importante era abrir el melón. Y ha sido el TC quien se lo ha tenido que cerrar. De mala manera. Una víctima más.

Zapatero
Navegando sin rumbo
José T. Raga Libertad Digital 3 Julio 2010

En muchas ocasiones nuestro presidente del Gobierno, que es de tierra adentro, ha utilizado referencias náuticas para expresar su opinión o para afianzar una decisión en el quehacer político. Bien es verdad que como sus decisiones cambian radicalmente de orientación, el timón de su nave está pronto a resquebrajarse y tanto tripulantes como pasajeros están deseando llegar a puerto, sin importar de qué puerto se trate. Sólo se desea poner pie en tierra firme.

La situación es cada día más grave, porque a base de giros de ciento ochenta grados, que se multiplican por momentos, es el propio capitán el que ya no es capaz de saber si está orientado a norte o a sur; si se encuentra mirando a saliente o a poniente. De tal naturaleza es su problema, que ha conseguido volver loca a la mismísima brújula, por lo que también ésta ha dejado de tener alguna utilidad.

Muchos consideran que nuestro presidente está KO. Así se han pronunciado no pocos medios de comunicación. Yo no sé si aceptar tal diagnóstico, es más, aceptarlo tampoco me proporcionaría la mínima tranquilidad. Un KO, no enterrado, puede producir los mayores males, porque en esa situación sus movimientos son incontrolados e incontrolables. Sí, ya sé que me dirán que así son los movimientos del presidente en estos últimos tiempos, pero... dejémoslo así si les parece.

En mi opinión, nuestro presidente está como siempre estuvo. Asumió la presidencia del Gobierno sin tiempo para imaginar que así podía ser la cosa. Es decir, fue investido presidente, sin un proyecto realista de gobierno y, lo que es peor, con un simulacro de proyecto basado en las arengas a una izquierda trasnochada, retrógrada, dogmática y autoritaria, que no podía servir para gobernar en el siglo XXI sino únicamente para emborrachar a las masas desinformadas. El problema fue que hubo un 11-M y, miren por dónde, sin pensarlo lo vemos hecho presidente de la noche a la mañana. Ni siquiera pudo reflexionar en la jornada de reflexión porque se lo impidió su ad latere Pérez Rubalcaba, en esa lluvia de mensajes con la intención de dirigir las voluntades y no permitirles reflexionar.

Aquellas arengas y el clientelismo nacionalista con el que tuvo que pactar, le han tenido esclavizado a él, desde el primer momento, y también desde entonces nos ha estado succionando sangre y tuétanos a todos los españoles de buena fe. Que si en un momento optaba por la decisión blanca, la tenía que corregir segundos después pasando a la negra, porque había que acallar a algún descontento de aquellos que ayudaron a auparle. Ha llevado locos a los ministros que nunca han sabido a qué atenerse, porque nunca han dispuesto de un criterio mínimamente definido. Las contradicciones entre ellos han alcanzado niveles grotescos, hasta el punto de que lo que inicialmente se liquidaba con controversias entre los miembros del Gabinete ha llegado en ocasiones a afectar a las manifestaciones públicas del propio presidente.

La falta de rumbo para gobernar, que siempre ha sido notoria, se ha agravado en los últimos tiempos. ¿Será el cansancio? Cansado estaba ya al principio de su mandato; no se nos puede olvidar el plante con el que obsequió a su homólogo polaco simplemente porque estaba cansado. La imagen ahora es más preocupante. La falta de rumbo, si se da cuando hay presiones externas o internas que originen sensación de premura, se traducen en huida. Y ahí es donde creo que estamos en este momento.

El presidente nunca ha estado muy dispuesto a escuchar, no en balde alguien que estuvo en su equipo ha calificado a los ministros como simples ayudantes del presidente del Gobierno. Hoy, esos oídos sordos ni siquiera quedan reducidos a un problema auditivo sino a un problema de capacidad de atención; es decir, a una cuestión de disposición mental.

Le tiene sin cuidado lo que digan las agencias de rating sobre la deuda pública española; él se encierra en un estribillo que proclama la solvencia. Una solvencia que no se cree nadie y, si me apuran, me cuesta pensar que se la crea él. El problema es que los mercados creen a las agencias y no creen a ZP. ¡Quizá es que sean muy poco patriotas!

Que nuestra deuda tenga que pagar intereses dos puntos porcentuales por encima de la alemana, la holandesa, la francesa o la austriaca, parece ser un pequeño detalle para él sin importancia. Que se haya tenido que insistir al sistema bancario español para poder colocar alguna emisión, es algo que a todos, quizá no al señor presidente, nos tiene muy preocupados, porque si los recursos disponibles para financiar la inversión privada –la que crea empleo de veras y no de ficción– los absorbe el sector público, las empresas privadas seguirán viviendo con dificultad, y eso las que consigan seguir viviendo. Cómo será nuestra falta de crédito en el universo mundo, que el gran gestor de renta fija del mundo, el señor Bill Gross, no está dispuesto a que la deuda española figure entre los 220 mil millones de dólares que gestiona en su fondo de renta fija Pimco Total Return; el mayor fondo de renta fija del mundo.

Por eso, el sentido de acorralamiento del presidente del Gobierno es visible y está alcanzando niveles inaceptables, de los que pueden derivar males importantes a nuestra economía y a nuestra propia nación. ¿O no es por complejo de inferioridad por lo que el presidente se ha permitido pedir al de Telefónica espíritu de diálogo ante la acción de oro esgrimida por el Gobierno portugués, frenando la adquisición de Vivo? Ni siquiera la opinión de la Comisión Europea de una posible ilegalidad en la conducta portuguesa ha permitido a nuestro presidente apoyar a nuestra compañía de telefonía.

Cada día es más real que la economía española sigue viviendo pese a su Gobierno. ¿Será posible más deterioro aún? Les aseguro que sí. El deterioro no tiene límite. Ejemplos elocuentes de ello los tenemos en un buen número de países que fueron grandes y ahora viven en la miseria.

Dios quiera que esto se pare cuanto antes. Esto significa el gobierno.

Aznar y el Estado residual
Editoriales ABC 3 Julio 2010

EL ex presidente del Gobierno José María Aznar inauguró ayer el Campus de Faes con un discurso firme, contenido y directo sobre las responsabilidades políticas del conflicto estatutario en Cataluña, al que puso fin el Tribunal Constitucional con una sentencia aún no publicada, pero de la que se conoce el fallo. Aznar sabe bien de lo que habla cuando denuncia los riesgos de los pactos con los nacionalismos para modificar la estructura del Estado. Por eso, sus análisis y propuestas para el día después de la sentencia del TC aportan a este debate necesario argumentos de alto nivel. No hay que olvidar que el proceso de desfiguración del Estado autonómico comienza en 2003, con el Pacto del Tinell, en el que los socialistas catalanes, con el respaldo sonriente de Rodríguez Zapatero, proponen un estatuto nacional para Cataluña y el aislamiento del PP. Es, en definitiva, un pacto de hierro entre la izquierda española y los nacionalismos más extremistas. En ese momento, como recuerda Aznar, la izquierda rompió los vínculos de Estado que la unía con la derecha desde la Transición. El PSOE cambió de bando para asegurarse el poder político y alterar el pacto constitucional de 1978. El discurso socialista de este cambio histórico de actitud hacia el Estado autonómico lo basó inicialmente Zapatero en una reacción a la política territorial de Aznar, a quien responsabilizaba de haber exacerbado a los nacionalismos y haber empujado al PNV a sus planes soberanistas. Entre líneas se adivinaba un reproche sutil por no propiciar una negociación con ETA.

Seis años después, aquellos diagnósticos de Zapatero se han revelado como rotundos fracasos. Hoy, los socialistas vascos gobiernan en Vitoria gracias al PP. Cataluña vive su período de mayor agitación soberanista desde 1934. Y la negociación política con ETA, en la que tendrían que haber encajado las nuevas piezas confederales que formarían el Estado a partir del Estatuto catalán, fue una terrible temeridad que ha aplazado la derrota de los terroristas. Por eso Aznar no culpa al TC ni a los nacionalismos del proceso estatutario que ha puesto a España en el límite del «Estado fallido» y del «Estado residual», sino a sus autores intelectuales, los socialistas, con Rodríguez Zapatero a la cabeza, que decidieron hacer un trueque de poder a cambio de desguazar el Estado. De ahí que Aznar, imprimiendo a sus críticas un claro sentido de Estado, reconozca el valor de la sentencia del TC para zanjar la revisión del modelo estatutario. Su propuesta de dar «por concluida esta irresponsable deriva de inestabilidad y deterioro institucional» es la mejor opción para la sociedad española y la cohesión del Estado.

Sacando a pasear la húmeda.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 3 Julio 2010

Nadie puede a estas alturas asombrarse de las declaraciones del Ministro de Fomento, que últimamente parece solo fomentar la descalificación más ruin y el insulto. Y es que va en su formación política de duros años de militancia desde la base hasta haber alcanzado un cargo que ni siquiera podría haber soñado en lograr gracias a sus méritos personales. Pero es que la lengua, o más bien el uso del lenguaje como medio de promoción, parece que sigue surtiendo efecto entre los trepas, los lamelibranquios y demás gentecilla que debe agudizar el ingenio a falta de otros recursos.

Su continuado ataque al PP es explicable solo desde una posición de absoluta desesperación y falta de confianza en las propias fuerzas. Sus frases injuriosas e insultos con expresiones como que “el Sr. Rajoy ha sacado a pasear al Sr. Aznar”, dan una pequeña muestra de ese carácter tan despreciable que esconde un profundo sentimiento de inferioridad. Y es natural que así sea, porque mientras que el Sr. Aznar fue y es un Estadista respetado en todo el mundo, al Sr. Blanco ya ni le respetan en su propio partido.

Su respuesta al Sr. Mas de CiU refleja ese miedo a perder los apoyos en el Congreso y muestra una cobardía política extrema al señalar como “enemigo” al PP advirtiéndole de que el PP quiere “hacer manitas en Cataluña”, olvidando que Zapatero realizó la escena del sofá en la Moncloa cuando promovió el Estatuto de Cataluña, o cuando se unió sin reparos al “cordón sanitario” contra el PP en cuanto a pactos. Pero claro, es natural que se intente defender y poner la venda antes de la herida, culpando a otros de lo que ha sido una manipulación descarada de las Instituciones judiciales.

Lo que obvia este fomentador de la insidia es que es el propio Sr. Zapatero quien quiere regatear la sentencia del TC y forzar mediante leyes consensuadas con su federación catalana, aquellos aspectos que han sido tachados de inconstitucionales o dejados a interpretación. Y ese proceder tiene un solo calificativo, insumisión institucional. Mientras uno amenaza con incumplir la sentencia y promover manifestaciones, el otro promete actuar desde su pedestal promoviendo y aprobando parches legales que dejen la sentencia del TC en papel mojado y sin valor real.

El PSOE del Sr. Blanco está fomentando la insumisión. El PSOE del Sr. Blanco, hace tiempo que ha sacado a pasear la apisonadora parlamentaria captando apoyos bastardos mediante pagos mercenarios a grupos secesionistas. El PSOE del Sr. Blanco, lleva tiempo haciendo algo más que manitas con el mundo etarra, permitiendo que organizaciones ilegalizadas sigan teniendo representación en Ayuntamientos del País Vasco y Navarra. Su estrategia de el palo y la zanahoria con la suelta de presos etarras como de Juana Chaos, y la predisposición a la vuelta a las negociaciones, dan idea de hasta qué punto sigue decidido a romper pactos de gobierno y volver a las andadas del fracasado “proceso de paz”.

Así que ya que no puede fomentar otra cosa que la crispación, el Sr. Blanco reflexione y tome la decisión de tomarse unas largas y merecidas vacaciones, para ir acostumbrándose a su próxima situación de vuelta a la normalidad en la oposición. El tiempo se les ha agotado y el verano pasa rápido

Demencia ideológica
Enrique de Diego www.gaceta.es 3 Julio 2010

Todos los imanes son fervientes partidarios de lapidar a las adúlteras.

Resulta difícil describir la ideología del decadente zapaterismo –si bien lo ha intentado con brillantez Jesús Trillo-Figueroa en torno al confuso concepto de ideología de género. En mi modesta opinión, estamos ante una demencia ideológica que incluye al biotipo del buen salvaje socialdemócrata –nunca corrige errores, siempre considera que no se ha intervenido lo suficiente-, al del saqueador del contribuyente y al coleccionista de tópicos y estrictas estupideces, de modo que en el zapaterismo se ha hecho plena realidad que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Nada ejemplifica mejor esta demencia ideológica que el generoso trato concedido por el partido socialista de grupo mascota a los musulmanes, quienes son lo más alejado de la pretendida ideología de género. Resulta patético contemplar a Leire Pajín o a Bibiana Aído defender el uso del ‘burka’. O a ésta última indicar que se trata de un “debate complejo”, ¿para tan poco da su inteligencia progre? O que, incluso, prohibirlo podría ser contraproducente, criterio que echa por tierra toda la publicidad animando a denunciar los malos tratos o con el que seguiría habiendo esclavitud, que es lo que significa, mucho más simbolizar, el ‘burka’: la esclavitud de la mujer. Véase el caso del musulmán de Coín que ha castigado a su mujer a dormir, con ‘burka’, en el suelo por ir a clases de castellano impartidas por un varón. Hete aquí a los socialistas, instalados en la demencia ideológica, favoreciendo la esclavitud y promoviendo la islamización.

Porque no se quedan en esta retórica insultante, sino que saquean a los contribuyentes infieles para trasvasar fondos a los musulmanes. Según un espléndido informe de Santiago Mata (LA GACETA, 28-6-2010), el Gobierno, a través del Ministerio de Justicia, a través de la Fundación Pluralismo y Convivencia, ha venido subvencionando a la mezquita Al Madina de Alcalá de Henares cuyo imán es partidario de lapidar a las adúlteras. Al Madina ha venido recibiendo una subvención anual de 5.000 euros, que han aportado todos los contribuyentes, incluidas las adúlteras. De hecho, esa Fundación ha dado más dinero a los musulmanes de lo que pedían: el 130%.

En realidad, todos los imanes son fervientes partidarios de lapidar a las adúlteras, y de hacerlo sepultándolas dejando ver sólo la cabeza y con guijarros pequeños para que la muerte sea lenta. De hecho, lo son todos los musulmanes. El Corán habla de cien latigazos, pero la sharía contenida en la Suna preceptúa el terrible suplicio, que, como es obvio, nada tiene que ver con la esotérica ideología de género, ni con el mínimo de humanidad. Promover la orgía adolescente, como hace la Generalitat catalana, y financiar, al tiempo, a quienes propugnan lapidar a las adúlteras supera el nivel de la contradicción para entrar en el de la estricta demencia ideológica, igual que estar promoviendo la homosexualidad y financiando a quienes quieren colgar a los homosexuales de una grúa.

Otrosí: cada vez los socialistas son más conscientes de que están en un proceso de hundimiento que pone en riesgo de supervivencia a las mismas siglas del PSOE.

ETA
Rubalcaba perjudicial
GEES Libertad Digital 3 Julio 2010

En relación con la lucha contra ETA, Alfredo Pérez Rubalcaba es sin ninguna duda el peor ministro del Interior de los últimos veinte años. En cuanto a escándalos acumulados en la lucha contra la banda, habría que remontarse a la época de José Luis Corcuera o Juan Alberto Belloch. Y más allá de esto, no se trata ya de Mayor Oreja, Rajoy o Acebes; Rubalcaba tampoco resiste comparación con el socialista Antonio Asunción, y ni siquiera con Jose Antonio Alonso, que mal que bien consiguió evitar los escándalos mayores en los que Rubalcaba sí se ha visto envuelto.

En su libro El Zapaterato, Fernando Jáuregui y Manuel Ángel Menéndez, narran como Rubalcaba fue nombrado por Zapatero para controlar las conversaciones con ETA, y cómo desmentía estos contactos a los responsables del PP –pese a que estaba involucrado en ellos–, porque "mi tarea es jugar al despiste", decía después. Rubalcaba mintió sobre la negociación con ETA: lo hizo con voluntad explícita de hacerlo, porque ocultó, amparó y coordinó los pactos socialistas con ETA, mientras –como ahora– se indignaba ante quienes denunciaban los pactos que ya se producían. Si Rubalcaba "jugaba al despiste" –en román paladino, mentía a los españoles y a la oposición–, ¿por qué íbamos a creerle ahora que los rumores son tan ensordecedores como entonces? ¿Por qué razón creer en un ministro que ha demostrado ser poco de fiar en vez de creer en uno que sí lo ha sido, Mayor Oreja, y de una política íntegra y valiente, María San Gil? ¿Juega ahora también "al despiste"? ¿Lo sabremos cuándo ya sea demasiado tarde?

Esto es lo peor de Rubalcaba: media España no se fía de él porque negoció con ETA a espaldas de España entera mientras decía que no negociaba. Las víctimas –las que resisten y las ya sobornadas–, los policías y guardias civiles, las asociaciones cívicas nunca han confiado en él, ni antes ni ahora. Sólo ETA expresó su alegría cuando fue nombrado ministro Alfredo "el blando". Éste es el problema de Rubalcaba, que debía haber dimitido hace ya tiempo. Con su pasado más reciente en relación con ETA, y se mire como se mire, no está legitimado para dirigir la lucha contra los terroristas y derrotar a la banda. Es un ministro perjudicial para la lucha contra ETA.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El Estatut bien vale cinco millones de parados
EDITORIAL Libertad Digital 3 Julio 2010

Un sector muy importante de la sociedad española tiende a considerar a CiU como una especie de partido responsable depositario del seny catalán. Un nacionalismo "moderado" que, pese a todo, posee una cierta visión de Estado y sabe sacrificarse en nombre del bien común.

Desde luego, los dirigentes de CiU han sabido cultivar esa imagen fuera de Cataluña, pretendiendo ser, como ya lo buscara Cambó, Bismarck en Madrid y Bolívar en Barcelona. La convalidación en el Congreso del tijeretazo de Zapatero, al que todos los otros partidos se opusieron, supuso un nuevo espaldarazo a esta visión de los convergentes como serios estadistas que sabían anteponer los intereses de la nación ante Europa sobre el revanchismo cortoplacista que podía suponer derrocar a Zapatero. Muchos incluso han llegado a proponer al líder de Unió, Josep Antoni Duran i Lleida, como eventual presidente de un gobierno de concentración en la España postzapateril.

Y, sin embargo, al final resulta que esa pose de responsabilidad no era más que un humo que, como siempre han hecho desde tiempos de Pujol, se han encargado de vendernos muy caro.

Lo que no ha facilitado CiU con un Estado al borde de la quiebra, cinco millones de parados y un Zapatero totalmente desacreditado, amenaza ahora con provocarlo porque el presidente del Gobierno no ha mostrado el más secesionista de los discursos posibles al afirmar que la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut "garantiza el máximo autogobierno posible para Cataluña".

Ha advertido Artur Mas, líder de ese partido tan moderado que acudirá a la próxima manifestación contra la legalidad constitucional del próximo 10 de julio, que Zapatero debe "medir" sus palabras, pues en caso contrario "forzará su caída". Pocos deberían dudar ya de cuáles son las prioridades de los "nacionalistas moderados". Si hasta ahora han venido sosteniendo al Gobierno socialista apoyando las reformas decisivas que llevaba a la Cámara Baja, no es porque creyeran en la bondad y necesidad de las mismas, sino porque Zapatero les sigue resultando de utilidad para sus objetivos independentistas.

Zapatero no sólo abrió el melón soberanista concediendo a los nacionalistas ­­–y en especial a Artur Mas– un estatuto que en muchos sentidos convertía al resto de España en una colonia de Cataluña, sino que presionó activamente a los miembros del Tribunal Constitucional para que obviaran los aspectos que de un modo más flagrante contradecían nuestra Carta Magna. Pero tampoco les bastó con eso y Zapatero ya se ha puesto a negociar con Montilla cómo hallar una solución a las pequeñísimas trabas que el Constitucional le ha puesto al desarrollo estatutario.

Mientras Zapatero siga siendo útil para los intereses de la casta nacionalista, parece claro que ésta no propiciará su caída, por mucho que a causa de su nefasta gestión la salud de nuestra economía y el bienestar de los españoles –incluidos los catalanes– sigan deteriorándose a ritmos acelerados. Como siempre, sus privilegios son más importantes que los derechos y la prosperidad de la ciudadanía. Lo cual, por desgracia, no impedirá que los mismos de siempre sigan repitiendo las mismas sandeces sobre la moderación y responsabilidad de CiU a las que ya nos hemos acostumbrado.

Orfandad autonómica
KEPA AULESTIA El Correo 3 Julio 2010

El desarrollo autonómico se ha proyectado durante las últimas tres décadas como un proceso irreversible por el que los órganos del poder central iban transfiriendo competencias a las distintas comunidades, de forma que cualquier reversión de las mismas se hubiese entendido como una involución en términos democráticos. Pero junto a esta imparable tendencia se han producido dos fenómenos en sentido inverso: la permanente sospecha que pesa sobre las autonomías como causantes de un funcionamiento irracional del Estado, y la orfandad que para cada Estatuto representa la división política entre quienes no se sabe si lo secundan y bajo qué interpretación. Todo esto ha vuelto a aflorar tras conocerse el fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut catalán. El cruce de declaraciones respecto al mismo ha reflejado la irreversibilidad de un autogobierno bendecido por el alto tribunal en aquellos aspectos que ha salvado su veredicto, ha realzado los recelos y prejuicios que se desatan ante la deriva autonómica, y ha evidenciado que resulta imposible identificar a los progenitores y tutores de cada criatura autonómica, aunque sea porque quienes así se reivindican tiran de sus extremidades hasta el punto de deformarla.

El presidente Rodríguez Zapatero ha sido capaz de saludar la sentencia del Constitucional como la culminación del proceso de descentralización autonómica y mostrarse, al mismo tiempo, abierto a aquellas reformas legislativas que pudieran parchear los recortes producidos en el texto refrendado por los catalanes. Su predecesor en la Moncloa, José María Aznar, le ha acusado nada menos que de conducir a España al borde de un Estado constitucionalmente fallido. Mientras tanto, nadie parece dispuesto a hacerse cargo del resultado autonómico dictado por el TC para Cataluña y de aplicación general para las demás comunidades. Como nadie parece capaz de engendrar un modelo de autogobierno que vaya más allá de los límites establecidos por la sentencia.

Lo peor que podría haberle ocurrido al proceso autonómico era precisamente esto: la confusión generada por su utilización partidaria sin que ninguna formación sea capaz o se atreva a ofrecer como alternativa un dibujo terminado del 'Estado de las autonomías'. Se trata de una confusión que se retroalimenta en una dialéctica de prevenciones y agravios sin fin dominada por los prejuicios. Porque por un lado continúa prevaleciendo el reflejo jacobino que identifica la racionalidad con el centralismo, y por el otro persiste la idea de que el máximo de autogobierno es sinónimo del óptimo de progreso y bienestar.

Paralelamente a todo eso la discusión autonómica se ha convertido en una cuestión propia de las elites políticas que manejan el bloqueo o el traspaso de atribuciones y competencias con criterios de poder que en muchas ocasiones ni siquiera podrían calificarse como ideológicos. La Administración central no ha adelgazado lo que hubiese debido en función de las transferencias cedidas a favor de las autonomías. De lo contrario, no acumularía casi todo el déficit público que soporta el Estado español. Por su parte, las comunidades autónomas han hecho dejación del papel que debían asumir a la hora de perfeccionar las funciones del Estado social mediante iniciativas que adecuaran coberturas y servicios ante los cambios y los desafíos inducidos por la globalización. La descentralización generalizada de las competencias sobre educación, sanidad y servicios sociales no ha dado lugar a una fuente múltiple de reformas. Más bien los Ejecutivos autonómicos han mostrado una imagen gregaria a la espera de lo que indicara el Gobierno central de turno.

A pesar de que todas las miradas se fijen hoy en el guirigay catalán, Euskadi es el paradigma perfecto de la orfandad autonómica. Contamos con un Estatuto que, a base de ser de todos, ha acabado no siendo de nadie. La versión soberanista del nacionalismo sometió en años anteriores al autogobierno a una dinámica del todo o nada que acabó empantanándolo. El texto estatutario ha pasado de ser una ley orgánica cuyo cumplimiento íntegro demandaba periódicamente el nacionalismo gobernante a convertirse en una referencia prescindible en la guerra de posiciones que parecen protagonizar socialistas y jeltzales. Mientras la sociedad valora la autonomía «realmente existente», las formaciones políticas no saben qué hacer con el marco jurídico que consagra el Estatuto. Ni se empeñan seriamente en completar sus previsiones, ni se deciden a dejar las cosas como están, ni se atreven a reformarlo; y tampoco el soberanismo se ve con fuerzas como para aventurarse a desbordarlo. Aunque la ciudadanía se muestre proclive a un autogobierno en moderada expansión, tanto las fórmulas jurídicas posibles como, sobre todo, la mutua neutralización de los vectores partidarios tienden a una suma cero de las perspectivas de ampliación del techo autonómico. Además, la vía de los hechos que el nacionalismo vasco había explorado insistentemente para ensanchar las fronteras de su poder político acaba de ser limitado en el terreno del Derecho por la sentencia sobre el Estatut. El único cauce que permanece abierto es el del desarrollo interno del autogobierno vasco. Pero el pulso de poder que mantienen nacionalistas y socialistas, bajo la sombra que ejercen el nuevo bloque independentista, por un lado, y las aspiraciones de los populares, por el otro, contribuye a mantener el potencial autonómico en estado de hibernación.

La tregua basura (II)
«No hay que hacer nada ante las propuestas de Batasuna. Nada de nada. La mayor garantía de éxito es que el Estado mantenga su estrategia de desmantelar a ETA poco a poco»
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo 3 Julio 2010

Igual Zapatero no se come el turrón electoral de ETA. Es difícil saberlo todavía. Lo que era conocido es que ETA y Batasuna son más o menos lo mismo. Es decir, distintas dimensiones, o dimensiones complementarias, de la misma cosa. Lo han dicho los tribunales y, no lo olvidemos, por eso está Batasuna ilegalizada y Otegi en prisión. Aunque parece una obviedad, es saludable no perder este axioma de vista en momentos de transición.

La ahora denominada izquierda abertzale antes llamada Batasuna tiene una hoja de ruta hacia su reinserción institucional. Si la tiene Batasuna no es nada ocioso suponer que la tiene ETA. Florencio Domínguez describía muy sintéticamente bien en este espacio hace poco la manera en que ETA había articulado la nueva estrategia hacia el independentismo. También llevamos tiempo advirtiendo de que la estrategia de Batasuna no puede ser ajena a ETA, porque no sólo son vasos comunicantes sino conductos del mismo alambique. Incluso ya subrayábamos (EL CORREO, 16-4-10) que la nueva tregua, caso de producirse, no sería sino una tregua tóxica, una tregua basura que intentar colocar en el mercado de la esperanza para inocular activos políticos 'subprime', de nuevo, en las instituciones públicas vascas... y españolas.

El tiempo está materializando esos análisis. Eusko Alkartasuna y Batasuna ('Euskobatasuna' la bautizábamos, EL CORREO, 11-1-10) no están proponiendo nada nuevo, en realidad. Nada que no viéramos en Lizarra y nada que por supervivencia de ambos, atrapados entre el PNV y Aralar, no sea sensato proponer. La creación de un buque independentista vasco que trascienda el nacionalismo para abrir una década de trabajo en pos de una ruptura constitucional. ETA ya había establecido que la transición de la violencia tendría que desembocar, como condición necesaria, hacia ese rumbo. Batasuna está leyendo esas cartas de navegación para marcarlo.

Respecto de Eusko Alkartasuna, no es que esté actuando con conciencia plena de que ETA sea la diseñadora de las cartas... lo que ocurre es que se ha persuadido a sí misma de que, aunque ETA domine esta fase, al final la historia puede recordar a EA como quienes en un momento complicado dieron un paso al frente y lograron convencer a ETA -seduciéndola a través de Batasuna con el horizonte independentista- de que la violencia ya había dejado de ser rentable. Es una autoconvicción necesaria para EA en este momento, pero completamente infantil. ETA es la primera en tener claridad de que la violencia ha dejado de ser rentable a futuro pero, sobre todo, es la primera en tener conciencia de que hay que rentabilizar la violencia del pasado.

De nuevo nos estamos haciendo las preguntas equivocadas. La cuestión no es si ETA declarará o no una tregua (que lo hará) o si Batasuna condenará un atentado (si lo hubiese, ya está diseñado el texto de ingeniería semántica para calificarlo como un obstáculo hacia el independentismo), sino cuánto estamos dispuestos a pagar por la desactivación de ETA.

El precio ya está fijado. De Eguiguren podemos pensar que estaba afectado por una bajada de tensión cuando realizó sus últimas declaraciones... o bien el hombre nos estaba aportando una pista. Hablaba de reubicar a Batasuna en la política y también de presos. Estaba fijando la lista de precios aunque, por supuesto, sin enseñar la letra pequeña que, como todo el mundo que ha comprado algo en lo que le estaban engañando sabe, no se muestra hasta el final.

La letra pequeña del final de ETA es rentabilizar los años de violencia sin que parezca que haya habido violencia, como ha analizado con eficacia en estas páginas Joseba Arregi. El éxito de los dos actores principales en este tercer acto de la representación vendrá de elegir y ejecutar la mejor estrategia en un juego de suma cero. Traduciendo: lo que ETA gane será porque el Estado lo ceda. Batasuna está haciendo su recorrido inicial del lado de EA y del sindicalismo abertzale poniendo el acento sobre el independentismo sin violencia, así en genérico, sin condenar ni recriminar a ETA porque no se pueden objetar cuatro décadas de entrega a la violencia en las que unos y otros han participado. Hacer que Batasuna condene a ETA es hacerle pedir perdón por haber sido ella misma, lo cual sería lo más honesto pero desde luego lo más improbable. De esta forma, la cuadratura estratégica para Batasuna sería cómo incorporar a ETA al proceso rentabilizando los años de violencia, que para la izquierda abertzale son una enseña identitaria de militancia antiespañola, pero sin mencionarlos... y además haciendo a la banda terrorista partícipe del proyecto independentista pero dejando claro que su mera existencia es, a estas alturas, un obstáculo.

Del lado del Estado, la cuadratura estratégica sería conseguir la disolución sin ceder nada, ni en presos ni en política. Hay entendidos que postulan que algo debe cederse porque el objetivo lo merece, sobre todo en este momento. Están equivocados, siempre hemos estado equivocados. En toda negociación con ETA se llegaba a un callejón sin salida, precisamente porque se negociaba. Ahora hay que conservar el control del campo estratégico que, por una vez en la historia del pretendido conflicto, lleva el Estado. Es decir, no hay que hacer nada ante las propuestas de Batasuna. Nada de nada. La mayor garantía de éxito es que el Estado continúe manteniendo la que ha sido su estrategia exitosa... continuar desmantelando ETA poco a poco, negarle espacio político y social a cualquiera de sus expresiones y no aceptar posicionamientos en escenarios de ningún tipo. Si ETA declara una tregua, que lo haga, pero que no influya en el comportamiento del Estado. Si la denominada izquierda abertzale presenta listas, que las presente, se las investiga y anula siguiendo los procedimientos habituales si no cumplen con la ley.

Así planteada, la estrategia del Estado es una garantía que sólo se encontrará con el escollo de EA. Batasuna será legalizada porque será 'EuskoBatasuna'... no habrá nada entonces que ilegalizar porque no podrá aplicarse el bisturí. Y 'EuskoBatasuna' será la bolsa de votos de la izquierda abertzale y EA habrá recuperado, incluso hallado definitivamente, su granero de votos. Ya veremos si ése es el camino, al menos, de silenciamiento de ETA mientras vamos desarticulándola.

Sant Jordi, y tiembla Espanya!
TOMÁS CUESTA ABC 3 Julio 2010

BODRIO jurídico, dislate conceptual, enjuague temerario... A la sentencia del Estatut, en líneas generales, la han llamado de todo menos guapa. Algo tendrá el agua cuando la maldicen, por mucho que a Rajoy le parezca potable. Y algo querrá decir, también, que Zapatero se encuentre tan a gusto chapuzando en el charco. Lo que resulta obvio, en cualquier caso, es que, detrás de la atorrante algarabía que el fallo del Constitucional ha puesto en danza rebufan la impostura a palo seco y el oportunismo a saco. El pobre José Montilla, pobre de pedir árnica, se ha envuelto a la carrera en el sudario de Companys a fin de completar una licenciatura en fantasmadas. El señor Mas, qué menos, se apresta a defender la dignidad de Catalunya con denodados bríos, caballeresco empuje e indesmayable brazo. Ahí es nada, monada. El rey Artur cabalga con rumbo a Camelot, paraíso del trile y de las camelancias, llevando en las alforjas el Grial de la patria. ¡Sant Jordi, y tiembla Espanya! Mientras, Duran i Lleida, que es más hombre de Salves que de salvas, se coaliga con el abad de Monserrat y, apuntando al cielo, advierte: «Hasta aquí hemos llegado». No obstante, habrá que esperar a octubre, cuando las urnas hablen, para saber a dónde llega, a corto plazo, el gatuperio estatutario. Sobre adónde nos lleva, huelga el interrogante: «de iure» y, también, de facto», vamos en derechura hacia ninguna parte.

Nada en política sucede sin que responda a un cálculo de rentabilidades. Así pues, no es extraño que lo que parece un deliquio irresponsable pueda ser una bomba de relojería perfectamente armada. La hilarante farsa del Estatut (reír por no llorar, ya saben) no es sólo una pantomima cafre en la que naufragan los políticos y los magistrados. Es algo más perverso, ya que no más grave. Forma parte de un plan que, si alcanzara a concretarse, imposibilitaría al PP salir de su aislamiento y defenestrar a Zapatero por la vía del pacto. El despliegue de la estrategia es meridiano. Montilla, al escudarse en el bies de la «senyera» como los bandoleros de otro tiempo se acogían a sagrado, ha hecho que la parroquia cierre filas —prietas las filas, recias, marciales— como en la pujolandia de los mejores años. El tic del sacamantecas español ha vuelto a dispararse. Quizá el honorabilísimo bachiller de Iznajar no lograra pasar por filtros académicos ni cedazos intelectuales; tal vez Carl Schmitt le suene a lateral del Bayern, pero la «teoría del enemigo» se ajusta igual que un guante a su perfil de aparatchiki inveterado.

«El enemigo político no necesita ser moralmente malo, ni estéticamente feo», escribía Schmitt en 1932. «Simplemente es el otro, el extraño», aquel cuya existencia misma me amenaza y frente al cual yo puedo desencadenar la identidad defensiva de los míos. La nación se construye en esa reacción frente a la amenaza. Y quien sabe inventar un enemigo, puede aunar a cuantos se sienten amenazados. La dramatización del vampiro castellano que hunde sus colmillos en una Cataluña exangüe, funciona admirablemente, siempre ha funcionado. Y la lógica de lo peor regresa al escenario. Sólo un pacto del PP con CiU y con el PNV abriría el horizonte a la alternancia y, antes de eso ocurra, urge avivar la hoguera de las identidades.

Al cabo, que la derecha no lea a Carl Schmitt no es cosa que pasme. Lo imperdonable es que haya olvidado a Gila, que fue un maestro de la divulgación política y un teórico admirable: «¿Está el enemigo? Que se ponga...» (Y don Mariano que se ponga el casco).

Estatut
Mucho cura de paisano
Maite Nolla Libertad Digital 3 Julio 2010

Para determinar el verdadero alcance de la sentencia del Constitucional sobre el estatuto, sólo hay que reflexionar un minutito de nada sobre si la misma obliga a los nacionalistas a desandar un paso del camino que Pujol hizo durante veintitrés años y que el tripartit ha hecho durante siete, que desde luego parecen doscientos. En total, treinta años de imposición irreversible por la vía de los hechos en la mayoría de ocasiones, con alguna norma entre medio para disimular. Es posible que el Constitucional les impida ir más allá en algunas cuestiones y darle otra vuelta de tuerca a lo que ya tenían, pero ni la educación, ni la lengua, ni la financiación, ni las embajadas, ni el deporte, sufren el más mínimo menoscabo respecto a su situación actual. Por eso el Gobierno está tan contento. La sentencia no comporta ninguna carga, ni obliga a enfrentarse al gobierno autonómico. Y en el peor de los casos, el Constitucional deja en manos del Gobierno y del gobierno de la Generalitat decidir cómo se ejecuta la sentencia y si interpretan bien lo que sus señorías han declarado interpretable.

Luego están las reacciones de los políticos. Podemos distinguir cinco grupos. Primero están los nacionalistas, indignadísimos y dispuestos a salir a la calle, cuando acaben de hacer cálculos electorales y determinar, aproximadamente, si unas elecciones marcadas por el nacionalismo y no por la crisis hacen subir a ERC e igual permiten repetir el tripartit o no. Por otro lado, el Gobierno satisfecho, como les he dicho. En tercer lugar, el PP, aliviado, que asume como propio este estatuto y así puede hablar sólo de los problemas reales de la gente, es decir, del fútbol. En cuarto lugar está Cospedal que no se entera de nada, para variar, y, finalmente, estamos los que no somos nacionalistas, divididos entre los que vemos esto como más de lo mismo, y los que lo ven como un freno, aunque estemos todos de acuerdo en que las instituciones y la oposición han desertado de sus obligaciones.

Pero lo que plantea un problema de primer orden es lo siguiente: los nacionalistas van a salir a la calle a defender la dignidad del pueblo de Cataluña, PSC incluido.

Por otro lado, está Carmen Chacón que como líder del PSC logró un resultado increíble, con casi un millón setecientos mil votos, un millón más de lo que habitualmente saca el PSC en las autonómicas. Carmen Chacón no sólo considera esta sentencia como buena, sino que pasa de ir a la manifestación nacional. Lo que les quiero decir es, ¿qué les hace pensar a los señores del PSC que poniéndose ultra nacionalistas representan más a sus votantes que cuando no lo hacen? En democracia la representatividad se cuenta en votos; incluso en Cataluña, aunque aquí cualquiera se arrogue legitimidades que electoralmente no va a tener en la vida.

Y a falta de prueba en contrario, los indicios nos dicen que los que pueden votar en Cataluña están más cerca de lo que piensa Chacón que de lo que piensa Montilla. Es como el tipo éste de la Diputación de Lérida que retira la bandera española, aunque gobierna con sólo tres diputados por la vergonzosa deserción del PSC local. Vamos, que no se me ofenda nadie, pero si no representan ni a sus votantes, me da que les falta un poquito para representar a todo un pueblo. Mucho cura de paisano.

Volvemos a Perpiñán
M. MARTÍN FERRAND ABC 3 Julio 2010

ALGUNOS, por razones generacionales y caprichos dictatoriales, perdimos una parte de nuestra juventud en viajes a Perpiñán, la vieja capital del Rosellón, para ver películas y comprar libros prohibidos en la España de la época. Es posible que El último tango en París, la peor de las películas de Bernardo Bertolucci, y los libros de Jesús Ynfante sobre el Opus Dei, editados por Ruedo Ibérico, le produjeran a ese lugar del sudeste francés, en los sesenta y setenta, más ingresos que cualquiera de los muchos atractivos turísticos del lugar. Toda prohibición política, tanto más cuanto menor sea su fundamento, da paso a una industria derivada de su no observancia y así fue entonces como, lamentablemente, volverá a ser ahora. Los efectos de los nacionalismos son siempre empobrecedores.

La nueva Ley del Cine en catalán, ya aprobada por el Parlament, obliga a las distribuidoras cinematográficas a doblar, también en catalán, las películas dobladas al castellano que quieran exhibirse en Cataluña. Eso tiene un coste que difícilmente puede absorber la recaudación de las taquillas y, en consecuencia, las grandes películas internacionales, Hollywood incluido, se proyectarán en los cines de Cataluña en su idioma original. Quién quiera, además de verlas, oírlas en castellano tendrán que repetir la ceremonia impuesta por el franquismo: acercarse a Perpiñán y, después de dar una vuelta y admirar la catedral de San Juan Bautista o la Lonja —igualita que la de Valencia—, meterse en un cine para ver, en un idioma cinematográficamente proscrito en las cuatro provincias catalanas, Piratas del Caribe IIIo cosa parecida.

La Unión Europea sostiene la libre circulación de las personas y los capitales. Un dentista de Frankfurt puede establecerse en Andújar y un topógrafo siciliano irse a trabajar, con su teodolito bajo el brazo, a Copenhague; pero lo que resulta inadmisible para la defensa de la identidad catalana, y así lo entienden el Parlament y el Govern, es ver a Clint Eastwood en Sabadell con la voz prestada por Constantino Romero. Concuerda un despropósito de esa naturaleza con la realidad que, contra el sentir general de la sociedad catalana, tratan de inventar e instalar unos partidos nacionalistas que, sin la cobertura del «hecho diferencial», se quedarían en algo menos que nada. Lo único sorprendente es la falta de reacción social ante semejantes memeces y el disimulo electorero con que se enfrentan a la situación los partidos, especialmente el PP y la franquicia catalana del PSOE, que se dicen nacionales. Tanta Transición y tanta historia para terminar volviendo a Perpiñán a ver películas.

coste de más de 700.000 euros
El Gobierno vasco compra 22 coches oficiales para los consejeros, directores e Ibarretxe
Los ex lehendakaris tienen derecho cuando abandonan el cargo a disponer de una oficina, una secretaria y un automóvil con conductor
VASCO PRESS | VITORIA El Correo 3 Julio 2010

El Gobierno vasco ha adquirido durante su primer año de mandato un total de 22 coches para el uso de sus consejeros, los directores de los distintos departamentos y el ex lehendakari Juan José Ibarretxe. Los ex lehendakaris tienen derecho cuando abandonan el cargo a disponer de una oficina, una secretaria y un coche con conductor. El coste de esta compra asciende a más de 700.000 euros, aunque el pago de los vehículos de más alta gama se realiza en un plazo de cuatro años a través de un sistema de renting.

El Departamento de Justicia y Administración Pública ofrece estos datos en respuesta a una pregunta parlamentaria de EA. El ya ex parlamentario Jesús María Larrazabal preguntaba el número de turismos comprados en esta legislatura para el uso de Ibarretxe, consejeros, viceconsejeros o directores en sus desplazamientos oficiales, y pedía marca, modelo y el coste de la compra.

Y la respuesta se ajusta perfectamente a estos detalles. El Gobierno vasco ha comprado hasta ahora 7 coches de gama alta destinados al servicio de los diez consejeros y del ex lehendakari Juan José Ibarretxe: 3 Audi A6 2.7 TDI provistos de tracción a las cuatro ruedas y con una potencia de 180 CV, 1 BMW 525 de 197 CV, 1 Volvo S80 con tracción integral de 205 CV y 2 Peugeot 607 2.7 HDI de 204 CV.

Rota entre todos
El Gobierno vasco compró estos siete coches, que no están asignados de forma personal y rotan entre todos, en régimen de renting a cuatro años por un importe mensual de 1.472,5 euros por vehículo, lo que arroja una cifra al cabo de los cuatro años de 494.760 euros.

Asimismo, ha adquirido en régimen de compra para el servicio de los directores otros 15 coches de marcas generalistas y categoría inferior. Se trata concretamente de 10 Citroen C4 HDI de 110 CV, que se pagaron a 14.124 euros por unidad (141.240 euros en total), y 5 Ford Focus de 125 CV, que se pagaron a razón de 14.830 euros (74.150 euros en total).

La cifra resultante de todas las operaciones, incluidos los pagos diferidos que los primeros 7 coches de gama alta, asciende a un total de 710.150 euros.
 

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