AGLI

Recortes de Prensa    Sábado 10  Julio  2010

 

Octopussy
El pulpo, que venga el pulpo a dilucidar a cara o cruz las aburridas disyuntivas de la gobernación de la patria
IGNACIO CAMACHO ABC 10 Julio 2010

EL pulpo Paul en la apertura de los telediarios. Conexión directa con el acuario de Oberhausen para retransmitir en vivo la predicción del oráculo. El presidente del Gobierno, la vicepresidenta y varios ministros entregados a sosas gracias sobre el octópodo; la flor más granada de la socialdemocracia española seducida por una parodia del pensamiento mágico, no muy distinta de los vaticinios mitológicos de las culturas premodernas. Cábalas nacionales en torno a un mejillón dentro de una cajita, probablemente manipulado por los responsables de la broma, acaso los únicos listos de esta simpática superchería, de este peculiar casinillo en versión germánica. ¿La sentencia del Estatuto catalán? Ufff, novecientos farragosos folios. ¿Los votos particulares? Tediosísima prosa leguleya. ¿El decreto de reforma de las cajas de ahorros? Monótona dispositividad para iniciados, que sólo comentan los que no la han leído. El pulpo, que venga el pulpo a dilucidar a cara o cruz las aburridas disyuntivas de la gobernación de la patria. No mucho más criterio muestran los bípedos responsables de aclararlas. Y si se equivoca el molusco, siempre queda la posibilidad de cocinarlo «a feira».

Al menos el pulpo muestra una sintética clarividencia sobre las identidades nacionales que no aparece en la prolija literatura del Tribunal Constitucional, cuyos magistrados discrepan a fondo con extensa argumentación discursiva sobre la simbología y la esencia. A Paul le ponen delante dos mejillones identificados por banderas, y se va derechito al que le parece más apetecible. La cabalística del pronóstico atribuye a cada enseña la propiedad de representar a una nación y a su correspondiente equipo de fútbol, y el animal no entra en disquisiciones identitarias ni se detiene en la efectividad jurídica de los preámbulos. Estatuto mediante, quizá en alguna próxima Copa del Mundo le puedan dar a elegir una cajita envuelta en la cuatribarrada, y las responsabilidades que se las pidan a los cráneos privilegiados que le han dado vía libre a las selecciones catalanas. A ver quién y cómo le explica a Paul el intríngulis de los prefacios, las «nacionalidades» y el Artículo Segundo.

Entregado como está el país entero a esta pasión esotérica y supersticiosa, quizá podría aquilatarse su eficacia sometiendo las candentes cuestiones de Estado al augurio de la hechicería política. Un mejillón representando al Constitucional y otro al Estatuto, y a ver cuál se comía el cefalópodo. ¿Primitivo, irracional, descabellado? Más o menos como la decisión preconcebida de aquilatar una sentencia a los prejuicios del statu quoy a los hechos consumados. Con toda seguridad, el pulpo no tardaría en decidirse cuatro años.

Montilla sale por piernas de su propia manifestación
Juan Bosco Martín Algarra www.gaceta.es 10 Julio 2010

El intento de agresión que ha sufrido Montilla a manos de unos cafres más radicales que él ofrece una perspectiva muy interesante sobre el futuro previsible de una Cataluña mutilada de su entorno político natural: España. El sentimiento independentista, que ha aumentado su presencia en Cataluña durante los últimos treinta años, ha ido paralelo al aumento de la presión y la intimidación sobre quienes, siendo más o menos nacionalistas, no querían ni oír hablar de ese tipo de aventuras. Entre estos incluyo a buena parte de los votantes del PSC e incluso de CiU. Resulta por tanto natural que el líder del gobierno autonómico pruebe un poco de la medicina -más bien droga-, que él mismo que ha suministrado poco a poco a la población durante tres décadas:

Porque obligar a rotular el castellano es un acto de violencia contra la ciudadanía.

Porque impedir que un niño pueda educarse en español es un acto de violencia contra la ciudadanía.

Porque imponer el doblaje de las peliculas extranjeras al catalán es un acto de violencia contra la ciudadanía.

Porque aprovechar cualquier evento deportivo para reivindicar una -solo una- de las muchas visiones ideológicas que existen en Cataluña es un acto de violencia contra la ciudadania.

Omito citar los atentados perpetrados por los terroristas de Terra Lliure porque eso cae por su propio peso, pero, con todo, los actos de terrosimo puro y duro han resultado mucho menos eficaces para la causa independentista que los pasos dados por gente como Montilla y adláteres.

A día de hoy, afirmo sin dudarlo que la causa de la independencia catalana encuentra muchas más simpatías fuera de Cataluña que dentro. Es una de las grandes contradicciones que podemos observar en este tema. Los políticos catalanes han logrado que multitud de españoles ardan en deseos de deshacerse de lo que entienden como un verdadero cáncer. En términos democráticos, sin duda que lo es. Y a ese estado en que se encuentra Cataluña no se puede llegar de manera distinta que bajo la una presión y acoso constantes.

Por tanto, lo que le ha pasado hoy a Montilla, que se ha visto obligado a refugiarse en unas dependencias públicas para evitar el palo de los radicales, es sólo un pequeño anticipo de lo que le ocurrirá, a él y a muchos como él, si persiste en su huida hacia adelante. La revolución termina comiéndose a sus hijos. Y Montilla no pasará de ser más que un pequeño aperitivo.

Lenin en Cataluña
El respeto a los poderes del Estado obliga a todos por igual, y más si se trata una autoridad de ese propio Estado
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 10 Julio 2010

Formulemos la cuestión invirtiendo los términos en los que se ha planteado en los últimos días. ¿Con qué autoridad se puede reprochar a un presidente de comunidad autonóma que se niegue a aplicar una ley aprobada en las Cortes, la de ampliación del aborto, cuando al mismo tiempo se llama a los ciudadanos de la comunidad propia a una suerte de rebelión popular contra una sentencia del Tribunal Constitucional, que es una fuente de legalidad tan legítima como el Parlamento?

El respeto a los poderes del Estado (legislativo en un caso, judicial en el otro) obliga a todos por igual, y más si se trata una autoridad de ese propio Estado.

Hoy el nacionalismo y la izquierda, esa pareja imposible ayuntada por Zapatero para descerrajar el status quo por la puerta de atrás, se echan al monte en Cataluña para llevar a sus feligreses a una confrontación con una institución del Estado, y quizá sea el momento de recordar un episodio que arroja luz sobre el comienzo una aventura que se les ha ido de las manos a quienes creyeron, frívolamente, que se podía poner patas arriba el edificio construido durante treinta años por razones puramente electorales. En vísperas de las autonómicas catalanas de 2003, Pascual Maragall, que es el origen de toda esta historia, admitía en una entrevista con ABC que la reforma del estatuto no constituía una prioridad de los ciudadanos, para asegurar a continuación, puro Lenin, que la obligación de los partidos era situarse por delante de las preocupaciones de las gentes. Y encontró a un advenedizo con vocación de demiurgo que pensaba que la realidad se puede cambiar con las leyes. Los datos dicen que el estatuto sigue sin preocupar a gran parte de los catalanes, a pesar de que un happening como el de hoy siempre encontrará una parroquia propensa a solazarse en la contrariedad.

Manifiesto en defensa del orden constitucional
WEB DE UPyD 10 Julio 2010

La principal diferencia entre la democracia y cualquier otro sistema político es que la primera se funda en un orden constitucional que garantiza a los ciudadanos sus libertades básicas y su igualdad ante las leyes. La Constitución es la clave de bóveda del edificio legislativo que desarrolla y ordena derechos y obligaciones que deben ser iguales para todos. Por eso atacar la Constitución vaciándola de contenido y debilitando su carácter de ley de leyes, es atacar la libertad, la igualdad y la propia democracia.

En estos últimos años los ciudadanos españoles estamos padeciendo una erosión constante de nuestro orden constitucional, y por tanto de nuestras libertades y de nuestra igualdad ante la ley. Nada hay más frágil que la democracia, cuyo mantenimiento y mejora exige de todos una vigilancia constante y comprometida. Resulta intolerable que los propios gobernantes elegidos para defender el orden constitucional sean quienes más empeño ponen en convertirlo en un caos sin sentido.

Hoy nos hemos reunido aquí, ante la sede del Tribunal Constitucional, para expresar nuestra protesta contra la manipulación de las instituciones encargadas de velar por el mantenimiento del orden constitucional, o lo que es lo mismo, de velar por los derechos y obligaciones iguales para todos, y por nuestra libertad personal. Nos hemos reunido aquí, ante la sede del más Alto Tribunal, para proclamar que sin justicia constitucional, no hay democracia.

La unidad de la Nación española que proclama nuestra Constitución no es otra cosa que la igualdad jurídica de todos nosotros tomados de uno en uno, como sujetos libres y miembros conscientes de la misma democracia. Y esta es, ciertamente, la unidad que pone en peligro la negación del orden constitucional a través de leyes y de acciones de gobierno que no nos consideran ciudadanos de la misma Nación sino que, imponiendo obligaciones y deberes diferentes, convirtiendo privilegios en falsos derechos y arbitrariedades en falsas obligaciones, nos dividen en rebaños enfrentados donde lo que importa no es la libertad y la igualdad entre ciudadanos personalmente diferentes, sino la identificación cerril con un pensamiento obligatorio y uniforme que llaman, sin serlo, “identidad cultural”.

Con la excusa de contentar a nacionalistas descontentos por definición, de potenciar disparatados derechos de lenguas y territorios a base de restarlos a las personas, de reparar viejas heridas sentimentales y resucitados agravios históricos, de imponernos por nuestro presunto bien leyes sectarias que casi nadie reclama, los partidos que gobiernan España y numerosas comunidades autónomas protagonizan constantes ataques contra la Constitución. Sus esfuerzos por controlar y manipular la justicia, la hacienda, los medios de comunicación y todas las demás instituciones públicas para ponerlas al servicio de sus intereses particulares, su contumacia en tomar decisiones claramente inconstitucionales, nos han conducido a una gravísima crisis política.

Naturalmente, la Constitución puede cambiarse para mejorar la democracia. Nosotros proponemos una reforma constitucional que mejore nuestro orden político a la luz de las experiencias de todos estos años. No somos partidarios de la inmovilidad o la fosilización de nuestra Constitución, sino de adecuarla a los retos del siglo XXI. Pero cualquier reforma que se proponga debe ser fiel y leal al orden constitucional, seguir los procedimientos establecidos por la propia Constitución para su reforma. Y lo que rechazamos es la práctica viciosa de cambiar la Constitución por la puerta de atrás, mediante reformas de Estatutos de Autonomía o por medio de leyes y decretos que chocan con su letra y su sentido. Como ciudadanos españoles, libres e iguales, exigimos ser consultados por quienes quieren cambiar la Constitución por la vía de los hechos consumados, burlando el “derecho a decidir” básico de la democracia, el de participar en la toma de decisiones sobre lo que nos afecta a todos y no sólo a una parte de nuestro país.

Cuando el orden constitucional está en peligro, también lo está la libertad de todos y cada uno de nosotros. Es el momento de que los ciudadanos conscientes digamos de nuevo basta ya , como muchos miles dijeron no hace tanto frente al terrorismo y al nacionalismo obligatorio en el País Vasco. Es el momento de exigir el cese de todo ataque contra la Constitución, y el fin del desacato de los gobiernos a las leyes y sentencias que no les gustan.

Como ciudadanos que cumplimos las leyes y acatamos las sentencias de los tribunales de justicia, incluso las que no compartimos, exigimos a los gobernantes, comenzando por el Gobierno de la Nación, que también ellos respeten la legalidad y cumplan y hagan cumplir las sentencias de los tribunales, incluyendo la de este Tribunal Constitucional relativa al Estatuto de Cataluña. Porque un país donde los gobernantes se reservan cumplir o no la legalidad a su conveniencia no es un Estado de derecho, sino el reino de la arbitrariedad. Porque sin justicia constitucional, no hay democracia.

No denunciamos ataques abstractos. Mientras hoy nos concentramos ante el Tribunal Constitucional para defender la Constitución y protestar contra quienes la quieren vaciar de contenido, en Barcelona se celebra una manifestación contra la Constitución convocada expresamente por el presidente de la Generalitat; una convocatoria basada en las falacias de que la voluntad del pueblo y la nacionalidad sentimental están por encima del Estado de derecho y de la nación constitucional. Con independencia de la opinión que cada cual tenga de los conflictos políticos y jurídicos creados por la irresponsable gestación de un Estatuto de Autonomía claramente inconstitucional --conflictos artificiales de los que el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, es el máximo responsable--, la manifestación de Barcelona representa un ataque a la Constitución, y es un acto de desacato al orden constitucional que adquiere su máxima gravedad al estar liderado por el Gobierno y las instituciones de Cataluña. Es una manifestación contra la separación de poderes y la autonomía de la justicia, contra la igualdad de los ciudadanos y contra el imperio de las leyes mientras sigan vigentes. En definitiva, es una manifestación contra la democracia.

Nosotros exigimos a la Generalitat de Cataluña que cumpla con su obligación democrática de acatar la sentencia del Tribunal Constitucional; y exigimos al Gobierno de la Nación que haga cumplir la sentencia y promueva la derogación de todas las leyes que se han aprobado en desarrollo de artículos declarados inconstitucionales por el fallo del TC. Exigimos que cualquier solución a las deficiencias de la actual estructura territorial del Estado se discutan con transparencia en el Parlamento Nacional, con argumentos y propuestas políticas, impidiendo que el futuro de España, nuestro futuro, sea objeto de oscuros trapicheos celebrados a nuestras espaldas.

El objetivo de la política democrática no es hacer que unos se sientan más cómodos que otros a base de imponernos a todos sus sentimientos, haciéndolos obligatorios; el objetivo de la democracia no es restañar heridas imaginarias ni ganar retroactivamente guerras del pasado. El objetivo de la Constitución no es dar satisfacción a mitos y emociones que, por muy comprensibles y humanas que sean, van contra los principios de solidaridad, libertad e igualdad sin los cuales no hay democracia ni ciudadanía, sólo tribus enfrentadas y encadenadas a emociones primarias.

La política democrática debe perseguir el perfeccionamiento incesante de las instituciones, trabajar por un gobierno más eficaz y transparente, por un parlamento más representativo y reflexivo, por una justicia más autónoma y justa. La democracia es la consecución de más libertad personal y de más igualdad entre los ciudadanos con independencia de cuál sea su riqueza, su lugar de nacimiento o residencia, su profesión, su lengua materna, su sexualidad, sus creencias y sentimientos de identidad o pertenencia. Libertad e igualdad son los valores supremos que debe preservar y cultivar el orden constitucional de la democracia, y estos son precisamente los valores que están poniendo en grave peligro los ataques contra el orden constitucional de la España democrática que hoy hemos venido a defender.

Ciudadanos, nuestra libertad está amenazada por quienes creen que pueden dividirnos para acabar con la igualdad y la solidaridad entre nosotros, levantando fronteras artificiosas en nombre de mitos y prejuicios que encubren turbios intereses e impiden la regeneración de la política democrática.

Ciudadanos, ¡Basta ya de ataques a la democracia!
Ciudadanos, ¡Viva la Constitución!

Procesos y tiempos sociales

«Si política significa algo, ese algo tiene que ver con la capacidad de unir y no la de separar», dice el autor a propósito de la polémica por la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña
JOSEBA ARREGI El Correo 10 Julio 2010

No sé si quienes hablan del presentismo como una de las características estructurales de la cultura contemporánea -el vivir el momento, el instante, la necesidad de satisfacer inmediatamente los deseos, la inmediatez en la información, en las transacciones financieras- son conscientes de lo que dicha característica significa desde la perspectiva antropológica: la renuncia al retraso de la satisfacción de las necesidades como elemento constitutivo del ser humano en su especificidad frente a la mecánica instintiva de los animales, y en parte todavía de los niños.

Pero lo cierto es que esa idea de que las cosas suceden en el momento, de que la historia ha dejado de existir, porque el pasado ya no es una referencia real y porque el futuro ha sido plenamente colonizado por el presente, de que los procesos sociales deben ser instantáneos, de que lo que existe como proceso social debe poder ser medido en el momento, pues de otra manera no existe, parece que se va imponiendo.

Es lo que ha imperado, y sigue imperando, en los discursos que acompañan al nuevo Estatuto catalán y a la sentencia del Tribunal Constitucional. Mientras algunos esperaban que el nuevo Estatuto catalán, con su mera aprobación en el Parlamento catalán y en el Congreso de los Diputados, iba a producir automáticamente la ruptura de la unidad constitucional, otros se dedicaban a afirmar que España no se rompía y retaban a los primeros a mostrar dónde estaba la ruptura de España.
Tanto para unos como para otros lo que no ocurre en el momento no existe, la ruptura se debía producir en un momento instantáneo, mientras que para otros debiera ser algo que se pudiera ver en el momento. Nunca estaría mejor dicho que unos y otros se comportan como niños sin conciencia del horizonte temporal, si no fuera demasiado irrespetuoso.

Pero en ambas opiniones aparece con claridad el desconocimiento completo de cómo funcionan los procesos sociales, de los tiempos necesarios para que los procesos sociales se originen, maduren y se desarrollen. El propio término proceso parece haberse vuelto inconcebible en las sociedades actuales, pues un proceso significa desarrollo en el tiempo de algo que llega a ser sin haber sido así antes de la maduración del proceso: una obra de arte llega a ser lo que es al final de un proceso de maduración, y llega a ser algo que antes no existía en el mundo.

Ahora, sin embargo, y en referencia al nuevo Estatuto catalán, antes y después de la sentencia, a unos les parece que la presencia de un artículo en el texto posee efectos inmediatos en la realidad social y política, mientras que a otros les parece que no posee ningún efecto si inmediatamente la realidad social y política no cambia.

A pesar de esta forma de considerar la realidad social entre mecánica y mágica, entre atemporal e inmediata, existen procesos sociales cuyas características es conveniente recordar. En contra de lo que piensan muchos políticos, las palabras y los textos poseen eficacia social, entre otras cosas porque son actos sociales. Demasiados políticos se colocan en una posición de omnipotencia cuando actúan como si fueran capaces de dejar sin efecto una palabra que han pronunciado por razones estrictamente tácticas, y la retiran por las mismas razones tácticas, sin darse cuenta de que, una vez pronunciada, esa palabra adquiere vida social propia y sus efectos pueden perdurar más allá de las intenciones de los políticos y de su creencia en su propia omnipotencia -los resultados del Euskobarómetro se lo recuerdan una y otra vez al PSE-.

Lo mismo ocurre con los textos: aunque en el momento de aprobar una bilateralidad en las relaciones de una autonomía con los órganos comunes de un Estado no suceda nada en la práctica inmediata, sí es cierto que puede quedar abierta la puerta a una confederalización del Estado. Estos efectos, sin embargo, no se ven hasta pasado cierto tiempo.

Por otro lado, se equivocan quienes piensan que los procesos sociales se desarrollan según el principio de la causalidad mecánica. Existe más pensamiento mágico que capacidad de raciocinio en la creencia de que los efectos sociales se ajustan a las intenciones de los actores sociales. Todos los historiadores terminarían en el paro si no existiera la necesidad de rastrear las diversas y bien plurales condiciones que van confluyendo en la conformación de determinados acontecimientos históricos: Necker, primer ministro del rey absolutista francés, no le recomendó a su rey la convocatoria de los Estados Generales del reino para abrir la puerta a la Revolución francesa, aunque ése fuera el resultado final.

Es simplista afirmar que una determinada redacción de un Estatuto, por sí solo, rompa una unidad constitucional. Y es simplista afirmar que la razón del crecimiento del sentimiento soberanista en Cataluña -si es que se trata de una evolución consolidada y consecuente- sea producto sólo de determinadas actitudes de los partidos españoles, de la sentencia del TC, o de la caverna mediática mesetaria, como acostumbran a escribir muchos en Cataluña, sin tener en cuenta la narrativa, el discurso que políticos, medios de comunicación y líderes de opinión han ido creando, recurriendo no pocas veces a la invención de España como 'lo otro' rechazable que hace necesaria la autoafirmación catalana, por razones a veces tácticas, otras electorales, no pocas veces simplemente económico-financieras, otras motivadas por la inseguridad que afecta a todos en los procesos de globalización.

Antaño se decía que Dios escribe con renglones torcidos. Hegel hablaba de la trampa de la historia. Hoy algunos se refieren a la acumulación de efectos colaterales de las intenciones de la primera modernidad para tratar de explicar lo que está sucediendo en las sociedades modernas. Todo ello no es más que un toque de atención a los políticos para que no se encierren en sus intenciones o en las de sus adversarios, y atiendan a la complejidad de los procesos y tiempos sociales para actuar con menos pensamiento mágico y más responsabilidad.

Y convendría no olvidar que si política significa algo, ese algo tiene que ver con la capacidad de unir y no la de separar.

Zapatero y el terrorismo
Para los países democráticos occidentales, dos son los principios que guían la lucha contra el terrorismo, tanto a escala nacional como internacional: la conciencia del valor de la nación y sus intereses, y la conciencia de la superioridad del régimen político liberal-parlamentario sobre cualquier otro.
Óscar Elía Mañú. www.gaceta.es 10 Julio 2010

En el caso de España, ambos principios explican en buena medida el éxito de la política antiterrorista de los ocho años de Aznar, tanto en lo relativo a la lucha contra ETA como desde 2001, en primera línea de la lucha contra el terrorismo islamista.

Desde 2004, ni la política antiterrorista en el interior ni la diplomacia española en el exterior tienen claros ambos principios. Rodríguez Zapatero aprovecha no pocas ocasiones para mostrar el carácter relativo y discutible de la nación española. La izquierda que le acompaña en el poder no pierde ocasión de denunciar el carácter reaccionario del patriotismo español: desde este punto de vista, poco merece la pena luchar , pues, por la nación española. Por otra parte, ya no es ningún secreto que los cambios institucionales iniciados en nuestro país en 2004 desembocarán en un régimen político que no será ni liberal ni constitucional, sino una suerte de democracia popular, donde encuentren acomodo grupos e ideologías hoy políticamente antisistema.

Así se explica ideológicamente la incapacidad de Zapatero para luchar contra el terrorismo; simplemente, nada impide a una democracia en la que no cree y a una nación a la que considera discutible, negociar con sus enemigos: se presiona a Mauritania para que suelte a miembros de AlQaeda; se hace la vista gorda ante el rearme de Hezbolá en Líbano; se pagan millones a crueles piratas en Somalia; se exploran con ETA, en fin, cambios estatutarios y constitucionales. Y ello con todo el sentido. ¿Por qué no hacerlo si ni España ni la democracia constitucional son lo suficientemente valiosos como para defenderlos?

Negociación
¿La ETA rota o la derrota de ETA?
Francisco José Alcaraz Libertad Digital  10 Julio 2010

El fin de ETA es algo que la mayoría de los españoles esperamos con ansias, pero ese fin no ha llegado sencillamente porque, entre otros motivos, ETA no ha conseguido los objetivos políticos marcados por la banda de asesinos.

La situación de ETA era extremadamente crítica en los últimos años del Gobierno de D. José María Aznar, pues se descartaba cualquier proceso negociador gracias al Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, además de haber ilegalizado a su brazo político.

Con la llegada de Zapatero al poder, con una ETA debilitada y con las cárceles llenas de históricos jefes de ETA, se abre de nuevo un ciclo de esperanzas para la banda terrorista.

De nuevo se dialoga con asesinos, pero esta vez con el respaldo de una resolución parlamentaria. ETA vuelve a las instituciones, de una forma u otra sigue en ellas durante los seis años de Zapatero.

Lo único con lo que no contaban, ni ETA ni el Gobierno de Zapatero, era con la rebelión cívica que hizo frente al proceso de rendición y tutelaba las cesiones del Gobierno a ETA. De hecho, son ya varios los documentos incautados a ETA que confirman el daño que le hicimos a los objetivos que tenían acordados con el Gobierno de Zapatero.

Por primera vez en la historia, hacer alarde y uso público de un proceso de negociación con asesinos ha dejado de ser políticamente rentable, lo que ha obligado a ETA y al PSOE a ocultar el proceso de negociación y a llevar a cabo una estrategia que pueda permitir a ETA seguir consiguiendo sus objetivos y al Gobierno rentabilizar un supuesto fin de ETA.

El ministro Rubalcaba, haciendo alarde de su capacidad maligna de disuasión, ha consiguido, porque unos son partícipes de su estrategia y a otros les resulta más rentable aceptarla, que finalmente se haya terminado suscribiendo la tesis de una ETA rota.

Los cientos de presos de ETA tienen que estar muy esperanzados y de hecho están consiguiendo, al suscribir y ser partícipes de esta estrategia, el acercamiento, las excarcelaciones y otros privilegios que ni podrían haber imaginado hace seis años. Estos presos, como si de una carrera de relevos se tratase, han sido amortizados por la banda terrorista, y dejan el testigo a una nueva generación que se está preparando para cuando la mayoría de estos presos estén acercados a la CAV y otros muchos en la calle, además de seguir en las instituciones. Es entonces cuando esa supuesta ETA rota seguirá matando para conseguir los objetivos que pudieran quedar sin alcanzar en esta negociación.

Si ETA es capaz de asesinar, ¿qué problema tiene una parte de ella en realizar una declaración condenando la violencia si esto le sirve para subsistir políticamente? No me cabe la menor duda que ETA seguirá en las instituciones, cometiendo el "pecado venial" de mentir con una condena a la violencia.

Después de 40 años resistiendo esta lacra, las víctimas del terrorismo –que hemos confiado en un estado de derecho con la esperanza de ver la derrota de ETA–, no podemos ni debemos hacer el juego al Gobierno de Zapatero.

La unidad es para derrotar a ETA, no para legitimar un proceso que sería una traición a las víctimas del terrorismo y a los españoles.

Mientra unos avanzan con la estrategia de la ETA rota, otros seguiremos rebelándonos contra esa estrategia y seguiremos trabajando para la verdadera derrota, con vencedores y vencidos.
Francisco José Alcaraz Martos es víctima del terrorismo.

De heroísmo y miserias
Jamás olvidaremos la gesta heroica de Orlando Zapata, muerto después de 86 días de huelga de hambre
HERMANN TERTSCH ABC 10 Julio 2010

Muchos se habrán olvidado, otros no quieren acordarse desde el mismo día de su muerte. Pero son millones en todo el mundo los que jamás olvidaremos la gesta heroica de Orlando Zapata, muerto el 23 de febrero después de 86 días de huelga de hambre. Han sido su fuerza y su lucha las que han salvado in extremis la vida a quien decidió emularlo, Guillermo Fariñas, que ha concluido su propia huelga de hambre de 130 días.

Juntos, estos dos cubanos, uno medio vivo, el otro ya muerto, han arrancado a la dictadura un gesto al que ésta no estaba dispuesta hace semanas. La decisión de Fariñas de seguir a Zapata por la senda de la muerte en caso de que no se sacara de la cárcel a los presos políticos más enfermos era irrevocable. Al final lo entendieron los hermanos Castro. Su muerte habría supuesto un endurecimiento del trato tanto a Cuba de Estados Unidos y de Europa. Así las cosas, la Iglesia Católica cubana, y tras ella el Vaticano, le hicieron saber al régimen comunista que podían buscar juntos una fórmula para evitar la muerte de Fariñas. Y la Iglesia logró convencer a la mafia político- militar cubana de que le interesaba soltar a un número indeterminado de estos presos, todos en prisión tras ridículos juicios farsa.

De no haber estado la Iglesia en esta mediación, el régimen no habría actuado como lo ha hecho. Porque no podía permitir al agonizante Fariñas, como el gran hombre de principios y valor que es, erigirse en triunfador sobre un régimen mentiroso, corrupto y cruel. La muerte de Fariñas se habría convertido en una pesadilla para los Castro. Por la presión exterior. Y porque saben como respiran los cubanos. Había miedo a cien Fariñas y Zapatas.

Triste es que las mentiras del castrismo, tras un proceso de asueto para limpiarlas de la sal gruesa ideológica, gocen hoy de mayor credibilidad en las democracias occidentales que en Cuba. Allí todos saben de qué va la vaina. Es feliz el hecho de que decenas de presos salgan de las infames cárceles castristas. Pero quede claro que no se otorga la libertad a nadie. Serán deportados al exterior. El régimen no ha cambiado en nada. Comercia con seres humanos inocentes para buscar ventajas o evitar daños. Nada cambia en su naturaleza dictatorial ni en sus leyes. Pronto, si cree necesaria una ración de terror añadido al miedo cotidiano, puede volver a llenar las cárceles.

La presencia del ministro Moratinos, más activo como canciller de la dictadura cubana que en el cargo que le pagamos, es una muestra más de la felonía de quienes se sienten aliados de la satrapía castrista. Llega a La Habana cuando la deportación está acordada para presentarla como éxito propio. Vuelve a humillar a los disidentes y en especial a Fariñas a quien se niega a ver. Y en pleno delirio prepotente conmina a las democracias europeas a premiar al régimen por su «generosidad». Dicen que el exceso de celo de Moratinos como defensor de la dictadura despierta ya sospechas entre disidentes y políticos europeos. Aquí, la falta de dignidad, el oportunismo y el desprecio a los demócratas cubanos produce náuseas.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
El Constitucional como cooperador necesario
EDITORIAL Libertad Digital 10 Julio 2010

Las constituciones en un principio se redactaron para reconocer los derechos de los individuos y miembros de una comunidad política. En el siglo XIX la mayoría de ellas ni siquiera suponían obligaciones jurídicas vinculantes para los poderes públicos porque se asumía que, escritos o no, los derechos de los individuos sólo podían ser respetados en un estado de derecho.

Sin embargo, la creciente intromisión de los poderes públicos y las cada vez más variadas artimañas destinadas a violentar esos derechos hicieron recomendable no sólo dejar constancia expresa e indubitada de cuáles eran esos derechos ciudadanos, sino, en algunas partes, encargar su protección y vigilancia a un tribunal especialmente constituido para ello. La función de un tribunal constitucional debería ser, por consiguiente, conceder amparo ante la violación de esos derechos, ya sea de hecho o de derecho, por parte de los poderes públicos.

En España, sin embargo, hace demasiado tiempo que nuestro Tribunal Constitucional ha hecho dejación de sus funciones. No es de extrañar: un órgano que debía proteger a los ciudadanos de los políticos ha sido copado por cargos electos por los políticos. Se ha pervertido una institución jurídica y se ha terminado transformando en un apéndice político que, como consecuencia, genera sentencias igualmente políticas.

El caso del Estatut no es el primero, pero sí probablemente el más grave por su dilatado proceso de "deliberación" y, sobre todo, por lo escandaloso de la resolución jurídica y lo desastrosas de sus consecuencias futuras. El Constitucional tardó cuatro años en aprobar una sentencia sobre una ley que a todas luces resultaba incompatible con nuestra Carta Magna. Sólo por este simple hecho, ya cabía anticipar que se estaba cocinando una sentencia de tipo político, en la que las amenazas de la De la Vega a la presidenta del tribunal sirvieran para anular las poderosas razones de tipo jurídico que constataban esta incompatibilidad.

Al final, una vez desvelada la sentencia, el resultado ha sido todavía más escandaloso de lo que cabía prever. Como bien han apuntado los magistrados del Constitucional, Vicente Conde y Jorge Rodríguez Zapata, la sentencia sólo es capaz de aceptar la constitucionalidad del Estatut mutando el significado y el espíritu de ese Estatut. Es decir, la sentencia reconoce y argumenta por qué el Estatut es inconstitucional, pero como políticamente se ve obligado a buscarle un encaje en nuestro ordenamiento, modifica el significado de su articulado hasta hacerle decir lo contrario de lo que realmente dice.

Por ejemplo, el artículo 6.2 del Estatut contiene el "deber de conocer el catalán"; el Constitucional interpreta que se trata de un "deber individualizado y exigible", pero sólo "en el ámbito específico de la educación y de las relaciones de sujeción especial a la Administración catalana con sus funcionarios", si bien al mismo tiempo considera que "el castellano no puede dejar de ser también lengua vehicular y de aprendizaje en la enseñanza". El deber, pues, queda diluido e irreconocible. ¿Por qué razón, entonces, el Constitucional no ha anulado simple y llanamente ese precepto? La respuesta debería resultar evidente a todo el mundo: por hipotecas políticas.

Pero la función del Constitucional no es ni puede ser la de redactar estatutos u otras leyes orgánicas, sino juzgar si éstas, tal cual han sido publicadas en los respectivos boletines oficiales, contradicen o no la Constitución. Como dice Vicente Conde:

Salvar la constitucionalidad de una Ley recurrida, negando lo que la misma dice, sobre la base de hacerla decir lo que no dice, más que un error, supone, a mi juicio, simultáneamente un modo de abdicación de la estricta función jurisdiccional y de ejercicio de una potestad constitucional que al Tribunal no le corresponde.

Pero no se trata, sólo, de que el Constitucional se extralimite en sus competencias por conveniencias e intereses meramente políticos (salvar a Zapatero de un descrédito todavía mayor). El problema de fondo es que con esta técnica se subvierte la propia Constitución, pues ésta se vuelve en la práctica incapaz de lograr su cometido: que prevalezcan los derechos de los individuos frente a las injerencias de los poderes públicos.

La defensa efectiva de los ciudadanos catalanes (y españoles) estará subordinada al más que previsible colapso que sufrirá el Constitucional ante la avalancha de peticiones de nuevas interpretaciones de leyes y de situaciones de desprotección que se sucederán a esta sentencia política. Pero además, esta enmarañada sentencia difuminará los límites de actuación de la casta política catalana; habituada a vulnerar leyes y sentencias con un mensaje mucho más taxativo, qué no hará con una sentencia "interpretativa" que llega al extremo de trastocar la lógica misma del lenguaje.

A la postre, pues, los políticos consiguen lo que querían: una Constitución y un Estatuto que no suponga un freno a sus ataques a las libertades individuales. Aquí, el politizado Constitucional ha cumplido perfectamente su papel de cooperador necesario en la demolición del estado de derecho.

Orgía interpretativa, donde dice higo debe leerse siego.
Antonio Javier Vicente Gil. Periodista Digital 10 Julio 2010

Me he estado leyendo, no demasiado exhaustivamente, la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña y ciertamente es toda una gran orgía interpretativa. La cosa de la interpretación y sus variantes interpretativas aparecen en el texto de la sentencia 744 veces. Me pregunto yo en cuánto se tasará el esfuerzo interpretativo que deberá hacer el pueblo español, incluidos los ciudadanos españoles avecindados en Cataluña, para interpretar correctamente las interpretaciones realizadas por el Tribunal Constitucional sobre el estatuto.

Al leer la sentencia se me ha quedado cara de alelado por descubrir que soy un ignaro de tomo y lomo que no es capaz de leer “contracción del esternocleidomastoideo” donde aparecen las letras “tornasol”, porque debería ser lo bastante despierto como para saber que si uno torna al sol la cabeza lo que realmente hace es contraer el esternocleidomastoideo y si uno no lee lo que realmente dice donde dice tornasol y de todas todas dice contracción del esternocleidomastoideo, es que carece de las mínimas facultades de comprensión lectora e interpretativa. Y eso he descubierto sobre mí leyendo la sentencia, mea culpa interpretativa.

Quiero exponer tres ejemplos de la incapacidad interpretativa que atesoro y que la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña ha dejado al descubierto, y menos mal que gracias a las habilidades interpretacionales del Tribunal Constitucional puedo en parte compensarla y por eso se lo agradezco.

Donde dice el estatuto “derecho inalienable de Cataluña al autogobierno” no dice eso, lo que dice y bien claro es “derecho, alienable a la Constitución Española, de Cataluña al autogobierno”, y dice eso porque lo dice y no se hable más y el que lea otra cosa es que es tonto de remate. Cuando yo leí el estatuto debí haber leído eso último y si no lo leí como lo decía es porque soy un burro de la subespecie del pollino, porque ahora sí queda claro que la palabra inalienable debe leerse como alienable porque no puede leerse de ninguna otra manera. No me dirán que no es toda una hazaña interpretativa. A cada página de la sentencia que he ido leyendo se me hacía más claro que el Tribunal Constitucional nos estaba diciendo que el estatuto se había escrito en algo parecido al zapaterés, jerga sin par en la que también inalienable debe leerse alienable y donde accidente debe leerse como atentado terrorista. (Pag. 463 de la sentencia)

Donde el estatuto pone “los poderes de la Generalitat emanan del pueblo de Cataluña” no pone eso que se empeña usted en leer y en lo que yo me he empecinado, porque si uno se fija detenidamente dice realmente que “los poderes de la Generalidad emanan del conjunto de los ciudadanos españoles que han de ser destinatarios de las normas, disposiciones y actos en que se traduzca el ejercicio del poder público constituido en Generalitat de Cataluña”. Aquí debo dar un tirón de orejas al Tribunal porque donde ellos dicen “conjunto de los ciudadanos españoles” deberían haber escrito “subconjunto de los ciudadanos españoles”, aunque su fallo es disculpable ya que lo de la teoría de conjuntos se nos atragantó a más de uno. Aunque si lo pienso mejor, queda bien que hablen de conjunto aunque más de un político nacionalista dirá que dice conjunto disjunto. (Pag. 464 de la sentencia)

Donde dice el estatuto “las relaciones de la Generalitat con el Estado se fundamentan en el principio de la lealtad institucional mutua y se rigen por el principio general según el cual la Generalitat es Estado, por el principio de autonomía, por el de bilateralidad y también por el de multilateralidad” cualquiera leería tal cual está escrito, pero ¡tate!, que no dice eso que ha leído, que es que estamos burriciegos, ahí pone realmente que “las relaciones entre los órganos de la Generalidad y los órganos del estado se fundamentan en el principio general de cooperación implícito en nuestra organización territorial del Estado” y por eso lo que dice el estatuto está muy bien dicho y es lo más constitucional que nunca se ha escrito. Me da que pensar porqué se me escapó eso de los órganos y mira que era fácil. (Pag. 471 de la sentencia)

En resumen, que para mí que el Tribunal Constitucional ha interpretado tanto y tan bien que sus miembros se han hecho merecedores todos, ex aequo, al Premio Nacional de Teatro.

¿Y qué pasa si Cataluña fuera una nación?
Pedro de Hoyos Periodista Digital 10 Julio 2010

A mí no me preocupa si Cataluña es una nación y España una “nación de naciones”, siempre y cuando para Castilla y los castellanos se acepte idéntica denominación. A mí no me importa si España se convierte en una federación o en una confederación. No me preocupa mientras siga existiendo España y se respeten los derechos de las minorías en todas las partes. Y me da exactamente igual que el catalán sea idioma nacional o no de Cataluña, siempre y cuando a mí me atiendan en castellano, me den clases en castellano y no oculten mi idioma como si fuese una peste. Y esto último vale para cualquiera de los dos idiomas.

Y donde pongo castellano pongan catalán, que me da exactamente igual. Nadie puede obligarme a estudiar o a hablar o a escuchar un solo idioma. El problema se resuelve con algo que se llama convivencia y que algunos políticos se han empeñado en despreciar. Cierto que algunos ciudadanos particulares también con su intransigencia, pero su responsabilidad es individual y no comparable a la de los responsables políticos. Si yo tuviera un comercio en Cataluña lo rotularía en los dos idiomas, pues ambos son oficiales, mis clientes hablarían potencialmente los dos idiomas y a todos tendría que atender en su propia lengua. Los problemas empiezan por quienes se niegan a reconocer que existe un segundo idioma, sean políticos o sean empresarios.

Franco quiso unificar a toda España castellanizándola, aunque a cambio Castilla fue dispersada entre Suiza, Alemania, el País Vasco y Cataluña. Salvo Carlos V nadie hizo más daño a Castilla que el Caudillo. (Y la extinta UCD, que favoreció su partición en cinco comunidades de la señorita Pepis para contentar a los nacionalistas) El problema de algunos políticos catalanes es que pretenden nacionalizar a todos los catalanes, son unos caudillos en potencia. Y la consecuencia del problema es que muchos catalanes están callados y acobardados por la presión mediática, política y social. Sólo los éxitos deportivos del Barnaspaña parecen dejar asomar, si bien levemente por muy poco tiempo, esa otra sociedad catalana que habitualmente calla y otorga.

La labor del PSC es muy diferente a la de los dirigentes socialistas vascos, atizando el enfrentamiento en vez de suavizarlo y metiendo en un berenjenal a su propio president, al PSOE y a España. O al Estado si se prefiere ser nacionalistamente cínico y negar la evidencia. Que se niegue la posibilidad de estudiar en cualquiera de los dos idiomas, que se ningunee la bandera de España, mostrándola como símbolo fascista, de imposición e intolerancia, que se nieguen las pantallas gigantes de televisión para ver a la selección española, como miles de ciudadanos demandan, es muestra de la cerrazón del PSC. Quizá Montilla tiene un pecado original, un pecado de nacimiento, que hacerse borrar.

El Tribunal Constitucional nace de la Constitución que aprobaron también los catalanes y no hay referéndum que se salte lo que digan los tribunales ni lo que diga esa Constitución, no hay Parlament ni Ajuntament ni grupo humano alguno que esté por encima las sentencias judiciales. En algunos pueblos los machotes del lugar se han puesto de acuerdo para asaltar y quemar las casas de algunos presuntos delincuentes y eso no hizo ninguna gracia a los encargados de defender la Ley. Por muchos y muy importantes que fueran los que acordaron el asalto.

Mañana van a desfilar por Barcelona decenas de miles de catalanes en un acto democrático y legítimo, reclamando lo que consideran propio. En él miles de senyeras asomarán sobre las cabezas, miles de voces en un solo idioma clamarán contra el Tribunal Constitucional (hace falta ser poco delicado para publicar hoy la sentencia). Pero existen otros miles de catalanes que no marcharán, existen otras banderas que no se verán y existe otro idioma que no se escuchará. Por cierto, Franco se apropió de la bandera de España y la hizo suya y de los suyos. La senyera no es sólo de los que van a desfilar mañana, es de todos los catalanes, aunque prefieran irse a la playa a soportar mejor el calor que manifestarse. O que ir a votar en un referéndum por un Estatut que nadie, salvo Maragall y cuatro maragallianos, reclamaban entonces.

Si Cataluña es una nación, díganme, ¿entonces qué es esta Castilla mía, que fue más años independiente que los que lleva unida al resto de España? Por cierto, este español, orgulloso de serlo, no escribe en español, sino en castellano.

Señores, el blog es suyo, pónganme a escurrir.

La Roja consigue irritar al nacionalismo radical
Federico Quevedo El Confidencial 10 Julio 2010

Hay dos reflexiones que me gustaría hacer después de ver el partido del pasado miércoles contra Alemania. La primera es futbolística, a pesar de que en absoluto soy un entendido en la materia, si alguna vez alguien me preguntara qué es el fútbol, le diría que viera el video de ese partido. Eso es fútbol. Esfuerzo. Precisión. Ambición. Compañerismo. Prudencia. Podríamos seguir y todas esas virtudes las encontramos el otro día en el juego de España bajo la batuta de un seleccionador que se ha consagrado como uno de los mejores del mundo. Es cierto que Aragonés llevó a España a su segunda gran final y la ganó y hoy la selección es campeona de Europa, pero el fútbol tenía una deuda pendiente con España en un Mundial, y esa deuda por fin se ha saldado, independientemente de lo que ocurra el domingo en la final, aunque si España gana entonces ya se habrá logrado la gloria. Pero esa deuda lo es con jugadores como Di Stefano, Butragueño, Parra, Míchel, Guardiola y tantos otros excelentes jugadores que, por mala suerte la mayoría de las veces, se quedaron siempre a las puertas de un Mundial pese a ser jugadores de primer nivel y, muchos de ellos, a la altura de los mejores del mundo. El domingo estaremos todos, pero todos, apoyando a Puyol, Casillas, Villa, Pedro, Iniesta, Ramos –ya nos sabemos la alineación al completo-… y los haremos orgullosos de ser españoles y de que ese variopinto grupo de jugadores nos represente.

¿He dicho todos? Pues no, es verdad. Y esta es la segunda reflexión que quería hacer, de contenido más político si me lo permiten. Estos días, como he dicho antes, la inmensa mayoría de los españoles nos sentimos orgullosos de serlo, y esta es una de esas pocas veces en las que hemos conseguido deshacernos de nuestros complejos y portar con orgullo los emblemas nacionales, sobre todo la bandera. Vayamos por donde vayamos vemos balcones engalanados con la enseña patria, coches cuyas antenas llevan la bandera ondeando al viento, y a todo el mundo le parece bien, nadie señala al que lo hace con el apelativo de facha en la punta de la lengua. Por fin nos hemos dado cuenta de que el himno, el escudo y la bandera nos pertenecen a todos, seamos de izquierdas o de derechas, y eso es un gran paso adelante en la tarea de construcción de un país moderno y democrático. Es más, aunque parezca que no tiene nada que ver, el hecho de que todos juntos sintamos ese orgullo seguro que ha servido para volver a cicatrizar las heridas que estúpidas políticas de recuperación de la Memoria Histórica habían reabierto. Sin embargo, ha quienes ni por esas se dan cuenta de que su cerrilismo, su aldeanismo, tiene más de tiempos en los que hombre vivía en las cavernas y se sienten agredidos por estas muestras de orgullo patrio.

A los nacionalistas les irrita que los integrantes de su tribu se olviden de que sus señas de identidad son las más importantes del mundo

Son los nacionalistas, esos pequeños neandertales con boina anclados en la sociedad tribal. A los nacionalistas les irrita que los integrantes de su tribu, que los miembros de su aldea, arrastrados por el entusiasmo general, se olviden de que sus señas de identidad son las más importantes del mundo y dejen fluir el verdadero sentido patriótico que nace de las emociones que producen las victorias de nuestra selección, y entonces manden a la mierda, con perdón, los símbolos tribales y cuelguen de los balcones banderas de España para que ondeen al viento en todo su esplendor. O sea, que se sientan españoles y no se avergüencen de serlo. Y justo ahora, cuando además el nacionalismo está más exacerbado por culpa de la sentencia del Estatut que al final ha dejado el soberanismo en bragas. No pueden soportar, por ejemplo, que un partido de La Roja triplique, cuadruplique en incluso quintuplique la audiencia de un debate apasionante en la TV3 sobre la sentencia del TC, cuando realmente es eso lo que debería importar a todos los catalanes. Entonces, los nacionalistas más radicales se ponen como locos y animan a Alemania –y el domingo a Holanda-, y aseguran que quieren ver perder a la selección española, y envían sms del tipo de: “España y Alemania van a empatar en la prórroga y en la tanda de penaltis será un jugador catalán el que falle para que pierda España”. Pues os jodéis, fue un jugador catalán el que le dio la victoria a España, y de eso es de lo que más nos alegramos.

Luego están los nacionalistas moderados, que son los que dicen que ellos van con el mejor y que ese es el que debe ganar… ¡Pero no me seas gili, Urkullu! Si en el fondo, aunque no lo dices, estás deseando que gane España y serás el primero que se siente el domingo a ver el partido y gritar cada vez que un jugador español encañone la portería de Holanda… Como si no lo supiéramos. Todo esto es una pose, en parte, porque el problema es que se la acaban creyendo y nos montan líos como el del Estatut, aunque ellos mismos son conscientes de que fuera del regazo de la madre patria no van a ningún lado y estarían más perdidos que el pulpo Paul en un garaje. Lo cierto es que la gran actuación de La Roja está poniendo en evidencia las miserias de estos pobres aldeanos con una visión más corta que la boquilla de un Celtas, y destapa hasta que punto de cretinismo pueden llegar nuestros nacionalistas patrios, a los que no les importa nada cobrar su sueldo de nuestros impuestos y eso no lo consideran mancharse las manos de nacionalismo español, pero sin embargo si se dedican a provocar a sus compatriotas con el desprecio hacia algo de lo que, como digo, hoy nos sentimos orgullosos todos los españoles: nuestra selección. Pues allá ellos, que se muerdan la lengua y se envenenen.

Más en http://twitter.com/Federicoquevedo y en www.facebook.com

Estatut
Del barco de Chanquete
Maite Nolla Libertad Digital 10 Julio 2010

Realmente, lo grave de la manifestación del sábado es lo de Montilla. Que los demás se pongan a desfilar es normal y yo diría que casi obligatorio. Entiéndanme, cuando te dan una subvención la ley te obliga a que dediques el dinero a la finalidad de la ayuda. Es más, hasta pueden revocar la subvención si se demuestra que el dinero se destina a otros fines. Así que las asociaciones, fundaciones y demás entidades presuntamente culturales si no trabajan en estos eventos, ya me dirán cuándo van a poder justificar su existencia. Y lo mismo se puede decir del resto de insumisos de coche oficial. Desde luego, es muy subjetivo agraviarse o no por una sentencia que en lo esencial y en lo que no es esencial considera que el estatuto es, como dice la señora Chacón, muy mayoritariamente constitucional. Es más complicado relacionar la dignidad de todo un pueblo con la sentencia, por el detalle sin importancia de que cuando se refieren a "pueblo", incluyen al cincuenta por ciento del censo que no fue a votar, a las personas que votaron "no" y a los que, como Chacón, votaron "sí", pero que ya les está bien la sentencia. Y eso sin entrar en la discusión de que es posible que los que tienen dignidad sean los humanos y no el pueblo entero, que en este caso es parcial o, mejor dicho rebajado. De todas formas, me parece muy bien que se manifiesten si no tienen otra cosa que hacer, aunque me da que han escogido mal día.

Pero como les decía lo que es grave es lo de Montilla. Finalmente ha decidido llevar a la calle el discurso de hace unos meses en el Senado. De aquel día se recordará el absurdo de la traducción entre andaluces, pero los que escucharon a Montilla y lograron entenderle recordarán que centró su discurso en una amenaza al Estado y en un aviso de insumisión en toda regla. Supongo que es un tópico decir que en Estados Unidos el Montilla de allí que hiciera lo que el de aquí, vestiría un bonito mono naranja y hubiera tenido que comparecer ante doce o trece grandes y pequeños jurados que le hubieran puesto de vuelta y media. El problema es hasta cuándo en España se va a tolerar que una autoridad del Estado no cumpla las leyes que nos obligan a cumplir a los demás y que estas cuestiones se queden en el limbo del debate político.

Yo creo que los que se manifestarán el sábado tendrían que pedir responsabilidades a los que no les avisaron de que el Constitucional tenía todo el derecho del mundo a decidir sobre el estatuto, por más que lo hubieran votado y revotado. De verdad, compatriotas, os engañaron. Ahora Montilla dice eso de que es la primera vez que el Tribunal Constitucional desprestigiado anula una ley aprobada en referéndum –desprestigiado y cubierto de mierda, le ha faltado decir, como la frase de Camilo José Cela referida al Cervantes–, pero todo se sabía desde el principio. Así son los políticos en Cataluña: crean el problema, lo agravan y lo mantienen vivo porque no saben hacer otra cosa.

Estatut
¿Irá María Emilia a la manifa de Montilla?
Pablo Molina Libertad Digital 10 Julio 2010

El texto final de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estatuto de Cataluña, lejos de aclarar las ambigüedades que contenía el auto preliminar, incide en ellas de forma asombrosa hasta convertirlo en un engendro ininteligible, cuya única finalidad es actuar como atenuante de las ilegalidades que el documento estatutario consagra de manera palmaria. La deposición del TC sobre el estatuto de Cataluña es exactamente igual que esas otras sentencias que periódicamente producen algunos jueces, rebajando la sanción a un agresor sexual por el hecho de que la víctima del acoso suele ir muy descocada. Sí, el nuevo estatuto es inconstitucional, pero es que la constitución española viste como una golfa y es normal que una región se sobrepase con ella en un momento de calentura jurídico-política.

Que estamos ante un enjuague político de muy bajo nivel disfrazado de acto jurídico es evidente para cualquiera que lea la sentencia y la compare con la constitución, en cuyo espíritu tiene el alto tribunal el deber de interpretar cualquier norma legal sujeta a discrepancia. El estatuto de Cataluña dinamita los principios básicos del orden constitucional otorgando carta de naturaleza a la existencia de una nueva nación, que actuará en plano de igualdad con la única que la carta magna reconoce expresamente en su artículo segundo. Esa evidencia hace innecesaria cualquier otra consideración sobre la nulidad del texto sometido a examen, pero lejos de actuar con lealtad a la función que tiene encomendada, los miembros del TC han preferido acomodarse a las necesidades políticas del presidente del gobierno, cuyo puesto en La Moncloa depende directamente del voto de los partidos impulsores del estatuto.

Si la presidenta del Tribunal Constitucional pretendía con este mejunje hacerse merecedora del agradecimiento eterno del nacionalismo nororiental, ya está viendo que los sentimientos de sus dirigentes van en sentido contrario, heridos por la incomprensión de la esposa de un jurista que, a diferencia de ella, sí es partidario "de la fuerza normativa de los hechos".

Puesto que la popularidad de María Emilia Casas entre el resto de los españoles no va a recuperarse jamás después de esta tropelía, la única opción que le queda para acabar airosa su mandato es redimirse este sábado, participando en la manifestación convocada por el Francesc Maciá de Iznájar en contra de la tibieza del tribunal que preside. Que le ayude a portar la pancarta. Prometemos no extraer de esa imagen ninguna "eficacia jurídica interpretativa".

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

La realidad catalana y Mafalda
La identidad de los catalanes resulta bastante molesta a los defensores de la identidad de Cataluña. Sencillamente, la realidad estorba
félix ovejero (profesor de la universidad de barcelona) ABC 10 Julio 2010

El presidente de la Generalitat, al justificar su decisión de expresarse en catalán en su reciente comparecencia en el Senado, apeló a la necesidad de reconocer la realidad. Nada más importante en política, como todo en la vida, que el principio de realidad. Y para conocer la realidad no hay mejor instrumento que los padrones municipales. Con muy buen juicio, el propio Gobierno catalán se lo recordó recientemente al Ayuntamiento de Vic cuando declaró su intención de informar a la Delegación del Gobierno sobre los inmigrantes irregulares. En su comunicado, después de precisar que el padrón municipal «no está pensado para controlar la situación administrativa de las personas», subrayó que, sobre todo, es «una herramienta excelente para conocer la población real» y, por ende, para aplicar políticas basadas en las necesidades reales de las gentes. Realismo del bueno.

Las metas políticas contienen inevitables dosis de irrealismo. Intervenir en el mundo, y de eso va la política, equivale, casi siempre, a convertir en realidad algo que todavía no lo es. Algo que empieza como un simple proyecto, en los papeles. Sucede en la arquitectura y la ingeniería y está en la naturaleza misma de la acción de gobierno, cuando se lucha contra el desempleo o se aspira a mejorar la educación. A un vuelo más rasante, nos levanta cada mañana, en las decisiones más modestas, cuando planeamos unas vacaciones, y en las más hondas, cuando gestionamos los entornos de nuestra felicidad. Eso sí, ese elemental irrealismo de los fines ha de empezar, para no ser insensato, por el mayor realismo, por conocer cómo está el patio. El aventurero más audaz antes de iniciar la travesía comienza por averiguar el terreno por donde andará y por inventariar sus provisiones y aparejos. Lo primero, el mapa. El Gobierno deberá conocer la economía y el estado de la educación, y nosotros, el dinero disponible y las compañías inconvenientes. Esa verdad de cajón se convierte en obligación moral en aquellas ocasiones en las que la política, en lugar de modificar la realidad, quiere preservarla. Quien quiere mantener un ecosistema ha de conocer los organismos que lo pueblan y su biotopo.

Cuando hay que conservar el mapa es el camino y la meta. Realismo máximo, del medio y de los fines. Una política de preservación que ignorara la realidad sería tan delirante como un empeño sin propósito, como si alguien dijera «quiero llegar pronto, aunque no sé adónde».

El Gobierno catalán, como cualquier otro, tiene sus metas. La defensa de la identidad no es la menos importante. Rige buena parte de sus acciones en educación, deporte, cinematografía, restauración, comercio, teatro y, por supuesto, en los medios de comunicación públicos. No se oculta. Hace unos días nos enteramos de que, en el borrador del libro de estilo llamado a regular el funcionamiento de las televisiones y radios catalanas, la Corporación Catalana de Mitjans de Comunicación se planteaba como objetivo «preservar la identidad nacional catalana». En sentido estricto, la preservación de la identidad, nacional o cualquier otra, es un absurdo. En realidad, como objetivo, un imposible. No por trabajoso, sino por inevitable. Es la cosa más sencilla del mundo, al alcance de cualquiera. No hay manera de fracasar. Basta con cruzarse de brazos. Y si no nos cruzamos, también se logra. Por definición, uno siempre es idéntico a sí mismo. Haga lo que haga. Lo decía Borges a cuenta de estos negocios: «No hay que preocuparse de buscar lo nacional. Lo que estamos haciendo nosotros ahora será lo nacional más adelante».

Si queremos dotar de alguna inteligibilidad a ese objetivo que tan caro nos resulta, quizá hay que pensar que la «defensa de la identidad nacional» consiste en hacer lo posible para que las cosas sean como son, una suerte de «virgencita, virgencita, que me quede como estoy». Entendida de ese modo, la defensa de la identidad formaría parte de las políticas de preservación, aquellas en las que el mapa es la meta, aquellas que reclaman el máximo realismo. Si uno quiere preservar su peso, lo primero es averiguarlo. Deberíamos pensar que el Gobierno catalán conoce bien en qué consiste la identidad nacional que quiere preservar. Pero no es seguro.

Cuando preguntamos sobre el asunto, por lo general, después de algunas vacilaciones, la respuesta consiste en algo parecido a «la identidad nacional es la identidad cultural». Una respuesta que tampoco aclara mucho: el subrayado de originalidad asociado a «nacional» se lleva mal con una evidencia empírica que muestra que, desde casi todos los indicadores culturales relevantes, los catalanes no somos originales. La «identidad cultural» nos dibuja vulgarmente españoles. Si conseguimos que la conversación se mantenga un poco sin que nadie se ponga nervioso, más temprano que tarde, aparece la lengua. Al tener otra lengua se ven las cosas de otro modo, se viene a decir. La lengua es muy útil porque permite arrojarse con bastante alegría por la pendiente romántica de las concepciones del mundo. La realidad diferente que no asoma en los estudios empíricos se sostiene a pulso en un modo diferente de nombrar la realidad, que daría pie a un modo diferente de ver y de sentir. Llegado este punto, uno pensaría que la Generalitat, interesada en conocer la identidad y que nos dice que el mejor mapa es el censo, tendrá como primer objetivo la cartografía lingüística. Pero se ve que no. El mismo día que nos enterábamos de que TV3 tenía como primer objetivo defender la identidad nacional los votos del tripartito y CiU en el Parlament impidieron que prosperase una moción que, con la intención de conocer la realidad lingüística, proponía incluir en el cuestionario del censo una pregunta sobre «las lenguas de identificación y el conocimiento de lenguas de la población de Cataluña».

Algún alma de cántaro quizá se pregunte cómo es posible que no se quiera conocer la realidad que se quiere preservar y que además es la almendra de la acción política. Descartadas conjeturas psiquiátricas, solo se me ocurre una respuesta: la identidad de los catalanes resulta bastante molesta a los defensores de la identidad de Cataluña. Sencillamente, la realidad estorba. La barcelonesa, sin ir más lejos. Según la encuesta más reciente, un 31,9 por ciento de los barceloneses del área metropolitana tienen el catalán como lengua materna, y un 61,5 por ciento el castellano. Casi el doble. El castellano es la lengua mayoritaria y común de los barceloneses. Esa es nuestra realidad, más o menos bilingüe, y, por ende, nuestra identidad. Pero no es esa la que se invoca y la que se recrea. La que se finge. La pasada Navidad la iluminación callejera nos felicitaba en todas las lenguas de mundo, incluidas algunas que dudo yo que tengan muy elaborado el concepto de «niño Dios», menos en la común, reservada a un par de calles, las justas para abastecer las coartadas fotográficas de la prensa local. La televisión de Barcelona, BTV, informa sobre la ciudad en veinte lenguas, entre las que no incluye la de la mayoría de los barceloneses. Y de los emigrantes, por cierto, esos mismos a los que apela para justificar esa Babel.

Con sus preguntas incómodas, que no dan tiempo a componer el gesto, Vic se ha convertido en la ciudad de los retratos. El de la izquierda catalana, con la salvedad ocasional de IC, la refleja en la exacta medida de sus hipocresías. Se quiere preservar una identidad que no se quiere conocer. Una tarea de titanes. A los políticos catalanes parece sucederles lo mismo que al bueno de Felipe en una de las memorables tiras de Quino. Cuando Mafalda le preguntaba: «¿Qué te parece esta frase, Felipe? Conócete a tí mismo», después de un instante de entusiasmo (¡Me parece excelente! ¡No voy a parar hasta llegar a conocerme a mí mismo y saber cómo soy yo realmente!), se sintió asaltado por una inquietante desazón: «¡Dios mío!… ¿Y si no me gusto?». Pues eso, no les gustamos y no quieren saberlo. Como Felipe. Eso sí, sin complejos ni inseguridades.

Un ciclo de rauxa
Una gran parte de la sociedad catalana está deseando descansar de tantas fatigas inútiles
Francesc de Carreras La Vanguardia.es 10 Julio 2010

Ojalá que la manifestación de hoy culmine un ciclo de la política catalana que no se debe volver a repetir. Me refiero, naturalmente, a los últimos ocho o diez años en que los objetivos políticos dominantes se han reducido a elaborar un nuevo Estatut que, a la postre, y definitivamente tras la sentencia publicada ayer, se demostrado inútil y perjudicial.

Todo empezó como un juego para ganar las elecciones autonómicas del 2003. Pensaban que en Madrid seguiría gobernando el PP y el proyecto de Estatut se aprobaría en Catalunya y se atascaría en Madrid. Pero perdió el PP y Zapatero, como otras veces, no supo calcular la jugada. Ahí comenzó el drama que ayer acabó con una sentencia mucho más severa de lo esperado.

Su lectura en diagonal nos lleva a la conclusión de que buena parte de los preceptos interpretativos son nulidades de hecho, tal es el grado de vaciamiento de su sentido originario. Además, el tribunal fundamenta la mayoría de sus decisiones en jurisprudencia anterior o en razonamientos obvios, de mero sentido común, algo que hubieran debido calcular los autores del Estatut. En este sentido, la sentencia, en sus líneas generales, era perfectamente previsible. Los responsables del desaguisado no son los magistrados del TC sino quienes elaboraron un texto con aspectos disparatados. Un texto sin seny y arrauxat, falto de sensatez y desbordado por el arrebato.

Esta tarde miles de ciudadanos se manifestarán por el centro de Barcelona. Es normal que los ciudadanos se manifiesten. Lo anormal es que la marcha esté encabezada por el presidente de la Generalitat, el mismo que anteayer hizo un llamamiento diciendo que "si hay una agresión hay que salir a la calle", es decir, tachando de "agresión" la sentencia de un Alto Tribunal. Cuando la primera autoridad de un país declara algo que atenta tan gravemente contra un Estado de derecho, hay motivos para preocuparse.

Por ello decía al principio que esperemos estar al final de un ciclo, de un ciclo de rauxa. La política catalana debe optar entre la pancarta y a ver quién la dice más gorda o el seny, la prudencia y la razón. Bajar el tono de voz, aparcar durante un rato los sentimientos, meditar la sentencia en lugar de descalificarla. Es lo propio de un país civilizado. En esta necesaria fase de apaciguamiento es imprescindible la colaboración de la llamada sociedad civil, hasta ahora tan servicial con el poder. Que deje oír su voz, que diga en público lo que sostiene en privado, que no sea cómplice de la rauxa sino que contribuya a enterrarla.

Una gran parte de la sociedad catalana, incluso algunos que hoy irán a la manifestación, está deseando descansar de tantas fatigas inútiles. En ellos recae la principal responsabilidad para superar este difícil momento e iniciar un nuevo ciclo de vida política y de vida civil.

Manifestaciones
Toda movilización tiene algo de escapismo por parte de sus promotores
KEPA AULESTIA El Correo 10 Julio 2010

Las dos manifestaciones convocadas para esta tarde, una en Barcelona y la otra en San Sebastián, se convertirán en tres o cuatro en cada caso. La intención de los organizadores de ofrecer una imagen monolítica choca con la diversidad de motivaciones que se congregarán para marchar. Máxime cuando, como en el caso catalán, se ha generado toda una marea de adhesiones a la iniciativa. Nada más difícil que extraer una conclusión unívoca de la afluencia de gente, al margen de la constatación de que Cataluña quiere lo que tiene y más, y de que sigue habiendo vascos a los que eso les resulta insuficiente. Siempre será más fácil identificar a quienes no podrán capitalizar el éxito de la marcha.

Barcelona contará hoy con tres protagonistas principales: el presidente Montilla y su partido, la aspirante Convergencia y el magma que interpretará el acontecimiento en clave netamente soberanista. De los tres es el primero -el que se adelantó con su llamada a la movilización ciudadana, para ceder el protagonismo de la convocatoria primero y recabarlo para la Generalitat después- quien lo tendrá más complicado para obtener algo a su favor de la multitud que se espera esta tarde. El esfuerzo realizado para garantizar la unidad formal de la manifestación ha dado lugar a un protocolo de lemas, senyera y personalidades que ha ofrecido una imagen penosa, pero real, no solo del pulso partidista que se libra tras la convocatoria sino de las dudas que han atenazado a sus promotores, comenzando por el propio Montilla.

Está claro que la cita de Barcelona va contra la sentencia que ayer vio por fin la luz. Pero la fotografía que recoja la concentración empequeñecerá tanto a los participantes que les será imposible verse en ella con una mínima nitidez. La manifestación será inabarcable y recordará hitos que jalonaron el postfranquismo y la transición en ese mismo escenario. Pero aunque a su término los organizadores y los observadores recurran al tópico del «habrá un antes y un después», e incluso insistan en que la manifestación de hoy da inicio a una nueva etapa histórica para Cataluña, lo más probable es que solo sirva para confirmar las tendencias pronosticadas respecto al comportamiento electoral, y para reafirmar que el futuro de los catalanes discurre por la vía lenta pero segura del «marco definido por las instituciones y la sociedad civil», como adelantaron en su llamamiento Pujol y Maragall. El independentismo creerá que la multitud se inclina hacia su lado. Pero la masiva afluencia a la manifestación anunciará, como mucho, el regreso de los convergentes al gobierno de la Generalitat.

Todas las manifestaciones, en mayor o menor grado, evocan el éxodo. La gente acude a caminar en busca de la tierra de promisión que les describan o les sugieran los convocantes. Cuanto más largo sea el trayecto a recorrer mayor trascendencia adquiere la vivencia de cada manifestante. Pero en democracia cuando se disuelve la concentración cada cual vuelve a casa para encontrarse con una realidad que el éxodo no habrá cambiado en lo sustancial. Cabe preguntarse si el «orgullo», la «autoestima» y la «dignidad» pueden adquirir una dimensión colectiva sin incurrir en una concepción exclusivista y unidireccional de la identidad. Y hasta qué punto sirven en realidad para que los responsables políticos escurran el bulto de haber planteado un problema sin contar previamente con su solución. Es poco probable que convergentes y socialistas sepan administrar en el terreno de la política realizable los lemas de 'Somos una nación' y 'Nosotros decidimos', que los primeros han defendido y los segundos han tenido que aceptar.

Por su parte la convocatoria de San Sebastián llevará a la calle a quienes el pasado 20 de junio suscribieron en el Euskalduna de Bilbao un «acuerdo estratégico entre independentistas», la izquierda abertzale y EA. Pero aquella retórica puesta en escena cobrará una nueva dimensión cuando los manifestantes se miren unos a otros preguntándose si han acudido por su afinidad con alguna de esas dos formaciones, o porque se apuntan a todo gesto unitario que se da en el seno del nacionalismo. Es posible que alguien entre los organizadores quiera enviar el mensaje a ETA de que existe vida fuera de su estricto control. Pero resulta dudoso que la banda terrorista se dé por enterada ante tan tímido toque de atención, si no es para hacer suyo el «clamor» de las calles donostiarras. Es lo que tiene recurrir en Euskadi a un lema como 'Somos una nación, Autodeterminación' para erigirse en el referente inequívocamente soberanista frente al posibilismo jeltzale mientras no acabe el terrorismo.

Al fin y al cabo una movilización ha de pedir algo y a alguien; y la manifestación de San Sebastián tiende más bien a arrugarse ante el auténtico desafío que la democracia plantea a la izquierda abertzale: acabar con la violencia física y con la coacción latente. Es lo que invita a pensar que toda movilización tiene algo de escapismo por parte de sus promotores. Resulta significativo que en el caso catalán la indignación, tantas veces impostada durante los últimos días, haya acallado la más mínima autocrítica respecto a las responsabilidades iniciales de la 'parte catalana'. Salvando las distancias, también la izquierda abertzale soslaya todo compromiso cuando, ayudada por EA, sigue optando por el éxodo permanente a la espera de que alguien le salga al camino para secundarla en tan exasperante evolución.

Constitucional 'no conoce otra nación que la española'
El preámbulo queda desprovisto 'de alcance jurídico interpretativo'
 www.lavozlibre.es 10 Julio 2010

Madrid.- El Tribunal Constitucional (TC) ha establecido que los símbolos nacionales de Cataluña, proclamados en el artículo 8 del Estatut, sólo pueden ser entendidos como referentes a una "nacionalidad integrada en la indisoluble unidad de la nación española" y recuerda que la Carta Magna "no conoce otra nación que la española". La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, que este órgano acaba de colgar en su página web, tiene 881 páginas.

El TC establece que este preámbulo queda desprovisto "de alcance jurídico interpretativo" y vuelve a recordar "la indisoluble unidad de la nación española".

Así lo estipula la sentencia del TC sobre Estatuto de Cataluña que ha sido hecha pública este viernes y que somete a interpretación el artículo 8 del texto legal, cuyo apartado primero señala que "Cataluña, definida como nacionalidad en el artículo primero, tiene como símbolos nacionales la bandera, la fiesta y el himno".

Los magistrados del Alto Tribunal establecen en su sentencia que este precepto sólo es válido si se interpreta que los símbolos se refieren a una "nacionalidad" y no a una "nación".

"Cabe interpretar, de acuerdo con la Constitución, que con la calificación como nacionales de los símbolos de Cataluña se predica únicamente su condición de símbolos de una nacionalidad constituida como comunidad autónoma", dice la sentencia, cuyo fallo fue adelantado el pasado 28 de junio.

La argumentación jurídica referida al artículo 8, uno de los 27 preceptos que el Constitucional decidió someter a interpretación, señala que el Estatut no puede "desconocer" la "indisoluble unidad de la nación española" proclamada en la Constitución.

La sentencia, realizada en base a la ponencia elaborada por la presidenta del TC, María Emilia Casas, también hace referencia al preámbulo del Estatuto de Cataluña en el que se asegura que "el Parlamento de Cataluña recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación". El TC establece que este preámbulo queda desprovisto "de alcance jurídico interpretativo" y vuelve a recordar "la indisoluble unidad de la nación española".

A pesar de todas estas apreciaciones, la resolución indica que "la autorepresentación de una colectividad como una realidad nacional en sentido ideológico, histórico o cultural" tiene "plena cabida en el ordenamiento democrático como expresión de una idea perfectamente legítima".

Además, recuerda que en España "caben cuantas ideas quieran defenderse" pero señala que para que Cataluña pueda ser definida como nación debe mediar "una oportuna e inexcusable reforma de la Constitución" para traducir "ese entendimiento en una realidad Jurídica".

"LA CONSTITUCIÓN NO CONOCE OTRA QUE LA NACIÓN ESPAÑOLA"
El TC cierra la puerta a la soberanía de Cataluña
A. Mendoza. El Confidencial 10 Julio 2010

El Tribunal Constitucional ha cerrado la puerta a una Cataluña soberana, capaz de tratar en igualdad de condiciones con el Estado español, y de constituirse como una nación al margen de España.

Tampoco reconoce la existencia de una ciudadanía catalana que no derive de la española, ni la posibilidad de que la Generalitat se comunique exclusivamente en catalán.

La sentencia, de 881 folios, anula 14 artículos y reinterpreta otros 27 preceptos del Estatut, enmarcando el texto en los límites de la Constitución con mayor contundencia de lo que auguraba el fallo, pero salvando la mayor parte del articulado.

Tras cuatro años de debate en el Alto Tribunal, el contenido del fallo se conoció sólo 24 horas antes de la manifestación que bajo el lema “Somos una nación. Nosotros decidimos” recorrerá este sábado las calles de Barcelona. Precisamente un punto que los magistrados han negado de forma tajante: Cataluña no puede ser una nación en sentido jurídico, puesto que “la Constitución no conoce otra que la Nación española”.

Así, Cataluña podrá ser considerada una nación en el preámbulo del Estatuto, pero sin eficacia jurídica, y siempre teniendo en cuenta que la Carta Magna reconoce las pluralidad de la “nacionalidades y regiones” que integran España, y su derecho al autogobierno. Los símbolos nacionales se mantienen enmarcados en esta interpretación, sin chocar con los propios de la nación española.

La difusión de la sentencia sirvió a los nacionalistas para atizar el sentimiento de agravio entre los catalanes, y convocar a la marcha de protesta. El president José Montilla aprovechó ayer para reclamar una España federal, mientras que el líder de CiU, Artur Mas, tachó de "provocación en toda regla" el día elegido por el Alto Tribunal para dar a conocer los fundamentos del fallo.

Una reacción que obligó a Alicia Sánchez Campaño, presidenta del PP de Cataluña, a distanciarse de sus posibles socios nacionalistas. "Con CiU no tengo nada que pactar si ésta es su verdadera cara", advirtió. Por su parte, el líder de ERC, Joan Puigcercós, pidió que la manifestación contra los recortes del Estatut se convierta en el primer paso hacia la "independencia".

El castellano también debe ser lengua vehicular en la enseñanza
Lo cierto es que el Alto Tribunal ha reinterpretado elementos fundamentales para el catalanismo, como el uso de la lengua. “Las administraciones públicas catalanas no pueden tener preferencia por ninguna de las dos lenguas oficiales”, asegura la sentencia, garantizando la convivencia del castellano y del catalán. Asimismo, los magistrados recuerdan que el deber de conocer el catalán no puede estar a la altura del deber de conocer el castellano.

Por tanto, considera constitucional este artículo, pero con el matiz de que esta obligatoriedad debe circunscribirse al ámbito educativo y al de los funcionarios de la Administración, “obligados a dar satisfacción al derecho de opción lingüística”. En la escuela, la doctrina del Constitucional avala que las lenguas cooficiales operen como idioma vehicular, pero los magistrados recuerdan que han descartado “desde un principio toda exclusividad de una de las lenguas oficiales en materia de enseñanza”. “Es obligado que las dos lenguas cooficiales sean reconocidas por los poderes públicos competentes como vehiculares”, precisa el Alto Tribunal.

El Constitucional deja claro que el Estatut no puede servir de base para imponer a las empresas y comercios, ni a su titular o su personal, "obligaciones individuales" de utilizar una de las dos lenguas oficiales, "de modo general, inmediato y directo en las relaciones privadas".

Los magistrados advierten que el derecho de los ciudadanos a ser atendido en cualquiera de las dos lenguas sólo es exigible en las relaciones con los poderes públicos, de manera que no se puede imponer directamente una obligación a las relaciones del sector privado. Se acabaría, por tanto, con las sanciones por rotular en castellano.

Superioridad del Estado
La sentencia también define los límites de la bilateralidad. Los magistrados subrayan que “el Estado siempre ostenta una posición de superioridad respecto de las Comunidades Autónomas”. De este modo, se rebaja el concepto de “bilateralidad” que recoge el Estatut a una mera “manifestación del principio general de cooperación, implícito en nuestra organización territorial del Estado”.

Con esta reinterpretación, se tolera el principio de bilateralidad, pero siempre que no sea “excluyente de la multilateralidad” y no se entienda como una relación entre entes políticos en situación de igualdad, capaces de negociar entre sí en tal condición.

Inversiones en infraestructuras
Por otra parte, el Alto Tribunal ha valorado como “una medida adecuada y no desproporcionada” el requerimiento para paliar lo que el Estatut tilda de déficit histórico de inversiones en infraestructuras. Este precepto señala que la inversión del Estado en infraestructuras, excluido el Fondo de Compensación Interterritorial, se equiparará a la participación relativa del PIB de Cataluña con relación al PIB del Estado para un periodo de siete años y que dichas inversiones podrán también utilizarse para la liberación de peajes o construcción de autovías alternativas.

"La disposición adicional tercera del Estatuto también sería perfectamente constitucional", destaca la sentencia, que acepta el hecho de que se "prevea paliar una situación concreta de déficit histórico de inversión en infraestructuras, reconocido y documentado objetivamente" y que "se ha acumulado en Cataluña por causa de diversas disfunciones del sistema". Según el fallo, "la utilización del PIB como índice objetivo a tener en cuenta para fijar la inversión del Estado en Cataluña por un periodo de tiempo concreto sería perfectamente coherente con el sistema de financiación en su conjunto".

No obstante, los magistrados han dejado claro que "sólo corresponde" al Estado determinar cuál debe ser el esfuerzo fiscal que debe realizar Cataluña y el resto de autonomías, puesto que es el único garante de la solidaridad. De este modo, se elimina del texto estatutario el punto en que se condicionaba la aportación catalana a que el resto de comunidades realizaran un esfuerzo fiscal similar. Será, pues, el Estado, quien seguirá determinando el grado de solidaridad de cada autonomía y el nivel de de prestación de los servicios públicos fundamentales.

Lea aquí la sentencia del Estatuto de Cataluña (881 páginas)

Los catalanes desautorizan a la clase política en la marcha por el Estatut
Los dirigentes políticos abandonaron la manifestación ante la imposibilidad de poder avanzar entre más de un millón de personas
Luz Sanchis, Barcelona.El Semanal Digital 10 Julio 2010

Los ciudadanos catalanes pusieron este viernes a los políticos en su sitio. A la cola. Con lo difícil que fue negociar cómo sería la cabecera de la protesta y los lemas que llevaría, el resultado fue que los políticos nunca fueron en primera fila. Una marea de personas anónimas se les puso delante. La entidad convocante, Òmnium Cultural, concluyó que habían participado un millón y medio de personas. La Guardia Urbana no rebajó demasiado la cifra. La dejó en un millón cien mil.

La marcha de protesta por la sentencia del Estatut hizo realidad las peores pesadillas de José Montilla. La afluencia masiva hizo imposible que los políticos avanzasen y tuvieron que abandonar a mitad del recorrido. Por las redes sociales y por sms también se propagó la consigna de que los políticos se quedasen atrás. El grito más repetido, el de “independencia”. La bandera más ondeada, la estelada. El comentario más extendido, el de que el día era “histórico” y “Visca Catalunya lliure”. Otro que tuvo bastante éxito fue: “Somos una nación. Montilla dimisión”.

La manifestación se convirtió en una concentración nada más empezar. Y diversas organizaciones independentistas, como Reagrupament, fueron en cabeza con un animador que mostraba su satisfacción porque había más banderas independentistas que senyeras. Hubo gritos contra “el tribunal del bando nacional”; dibujos del pulpo Paul escogiendo la bandera española y despreciando la catalana; pancartas que rezaban “Vuestro odio excita nuestra independencia” y exigencias de que el catalán sea la lengua preferente.

La estampa fue de lo más variada. Lamas budistas, inmigrantes paquistaníes o del Magreb, ancianos en sillas de ruedas y numerosos cochecitos de bebés convivían con algunos vascos que ondeaban la ikurriña y hasta con unas cuantas banderas holandesas. Uno de los momentos de éxtasis colectivo fue el canto de “L’Estaca”. La canción de Lluís Llach volvió a recobrar su significado de que la unión hace la fuerza. Esta vez se trataba de que el TC “no tumbe la voluntad del pueblo catalán”.

Todos dejaron claro que ahora es el turno de que los políticos catalanes defiendan “la dignidad” de Cataluña. Sobre el cómo hacerlo hay discrepancias y se recrudecerán a partir de este domingo.

España / MANIFESTACIÓN DEL «ESTATUT»
Montilla lidera una masiva marcha independentista
El líder socialista es recibido con gritos de «Independencia» y despedido con silbidos. La Guardia Urbana cifra la asistencia en más de un millón de personas
I. AnguerA | M. ROVIRA / BARCELONA ABC 10 Julio 2010

La desorganización ha sido una de las notas dominantes de la multitudinaria marcha que ha recorrido el centro de Barcelona. Las autoridades, con Montilla al frente, disolvieron la manifestación antes de tiempo ante el hecho irrefutable de que el grupo que iba delante de la gran bandera catalana se negaba a avanzar. Según algunos de los presentes, se trataba de militantes de Reagrupament, la fuerza independentista que pretende liderar el ex presidente del Barça Laporta, que se negaban a responder a las órdenes que desde megafonía les instaban a emprender la marcha. Ellos decidían, como el lema de la marcha y al parecer querían que la manifestación fuera una concentración.

Ante la imposibilidad de llegar al punto final del recorrido, en la plaza Tetuán, Montilla dio por acaba la manifestación una hora y media después, sin haber cubierto ni la mitad del recorrido. En ese momento, un joven trató de agredirle. La consigna de "Independencia", que marcó la marcha, se había impuesto desde el comienzo del acto y algunos exaltados trataron de emprenderla contra algunos políticos. El democristiano Duran también fue molestado por alguno de los asistentes, pero según la Guardia Urbano no se han registrado incidentes de mayor gravedad.

Ni en el lema ni en los gritos de la marcha de Barcelona apareció la palabra «Estatut»
La misma fuente, la policía local de Barcelona, trató de poner el broche a la teórica fiesta en defensa del Estatut (ni una sola consigna aludía al texto recortado por el Tribunal Constitucional) con la estimación de que un millón cien mil personas habían secundado a la organización cultural-nacionalista "Omnium" y al president Montilla. Los organizadores hablaban incluso de un millón y medio de personas, casi la audiencia de un partido de la selección en Cataluña.

La manifestación pro-Estatut celebrada este sábado en Barcelona ha concentrado a 1.100.000 personas, según ha informado la Guardia Urbana. La marcha comenzó pasadas las 18.00 horas en el Paseo de Gracia con Diagonal y ha avanzado muy lentamente por la gran afluencia de gente que ha acudido a la marcha. Banderas catalanas, "estelades" (banderas independentistas) y varias pancartas han copado el centro de la Ciudad Condal en señal de protesta por el recorte del Estatut tras la sentencia del Tribunal Constitucional.

El PP de Cataluña y Ciutadans han coincidido en subrayar el sesgo radical de José Montilla y le han instado a reconocer que se ha puesto al frente de una manifestación independentista. Según la presidenta de los populares de Cataluña, Alicia Sánchez Camacho, el presidente de la Generalitat encabeza una marcha en la que no se defiende el Estatuto "de todos", sino la ruptura con España y la independencia.

Por su parte, el líder de Ciutadans, Albert Rivera, ha insistido en que la Generalitat debería acatar la sentencia y procurar una aplicación del Estatut conforme a la Constitución en lugar de liderar manifestaciones que dividen a los catalanes.

Silbidos, abucheos e insultos contra el presidente catalán, que tuvo que refugiarse en la Consejería de Justicia
Montilla huye en su coche oficial de la manifestación en Barcelona contra el Constitucional bajo gritos de "charnego" y "traidor"
Más de un millón de personas protestan contra la sentencia del Estatut
Europa Press. Periodista Digital 10 Julio 2010

El presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla, ha salido sobre las 20.10 horas, a toda prisa y con su coche oficial, de la Consejería de Justicia, en la que había refugiado minutos antes al verse fuertemente increpado por un grupo de manifestantes, e incluso un joven ha intentado empujarle.

El grupo le había empezado a perseguir al disolverse la cabecera de la marcha, y un cordón de seguridad ha tenido que escoltar al presidente autonómico desde la confluencia del Paseo de Gracia con la Gran Vía.

Entonces giró a la calle siguiente, Casp, y unos 100 metros después ha entrado en la sede de la Consejería, ante la cual le esperaban los manifestantes hasta que salió, momento en el que había un dispositivo de los Mossos d'Esquadra.

El grupo de jóvenes que ha increpado a Montilla portaba 'estelades' (banderas independentistas) y le gritaban 'Traïdor', 'Botifler' y 'Volem un altre president' (Queremos otros presidente).

UN MILLÓN DE PERSONAS
Más de un millón de personas, según la Guardia Urbana, con banderas catalanas e independentistas participaron en la manifestación convocada por Montilla contra el Tribunal Constitucional a causa del Estatuto.

Tras una senyera de 250 metros cuadrados portada por ciudadanos anónimos, encabezan la protesta el presidente catalán, José Montilla, el presidente del Parlamento, Ernest Benach, y los ex presidentes Jordi Pujol, Pasqual Maragall, Joan Rigol y Heribert Barrera, éste último, octogenario, ayudado por una muleta.

Detrás de las máximas autoridades se ha situado la pancarta con el lema de la protesta ("Somos una nación. Nosotros decidimos"), portada por los líderes de los partidos políticos, como Artur Mas (CiU), Manuela de Madre (PSC), Joan Puigcercós (ERC) y Joan Herrera (ICV), además de consejeros del Gobierno catalán y alcaldes.

La protesta colapsó el centro de Barcelona y sus arterias en una jornada muy calurosa. La imagen con la multitud en la calle en defensa del autogobierno ha llevado a muchos políticos a compararla con la que Cataluña vivió en la Transiciónen 1977, en donde se gritó "Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía".

Hoy los lemas más coreados han sido el de "Independencia" y "No queremos la sentencia, queremos la independencia". En una gran pancarta se puede leer: "Nos roban 60 euros al día. Independencia = Necesidad". También hay pancartas que dice "TC, tribunal franquista" o "Catalonia, next state Europe".

Predominó entre los manifestantes la simbología independentista, con banderas "estelades" y pegatinas que ERC ha repartido con los lemas "Adéu Espanya" (Adiós España) y "Jo no acato" (Yo no acato), en alusión al fallo del TC. Pero también hay un gran número de banderas catalanas, algunas con crespones.

El PSC repartió adhesivos con el lema "Sigo creyendo en el Estatuto", con la cara del presidente catalán, José Montilla, mientras que CiU ha repartido banderas catalanas y europeas, en una protesta en la que su eslogan es el de la organización: "Somos una nación. Nosotros decidimos".

La manifestación terminó con la interpretación del cántico de Els Segadors -el himno de Cataluña- a cargo del Orfeó Català, tras el cual se han escuchado entre la multitud gritos de "independencia". En este acto todavía no estaban presentes los políticos catalanes, que se detuvieron en la confluencia del Paseo de Gracia y Gran Vía.

En un ambiente de solemnidad y silencio, que contrastó con el ruido de los cánticos y silbatos durante el desarrollo de la marcha, los manifestantes aplaudieron al finalizar la interpretación del himno de Cataluña.

Tras las últimas notas de Els Segadors, entre la marea humana, salpicada de banderas catalanas e independentistas, se escucharon consignas a favor de la independencia sin que estuvieran presentes los representantes políticos, que aún avanzaban a la altura de la confluencia entre Paseo de Gracia y la Plaza Tetuán.

Previamente a la interpretación del himno, los actores Txe Arana y Lluís Soler leyeron un mensaje en nombre del comité organizador de la manifestación en el que han expresado su rechazo a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto.

Txe Arana ha dado las gracias a las más de 1.500 entidades que se han sumado a la movilización, que ha calificado de "histórica", y ha dicho que la sentencia del TC supone "un ataque a la soberanía del pueblo de Cataluña y a la democracia". Arana ha expresado el "derecho inalienable" de Cataluña a "decidir libremente su futuro y a aspirar, si quiere, a su plena soberanía".

El actor Lluís Soler ha afirmado, entre aplausos, "somos una nación", y ha añadido que la de hoy es una "respuesta masiva que agrupa a los que tenemos visiones diferentes sobre el autogobierno y el Estatuto, pero que nos hemos unido ante una demanda legítima y compartida: nuestro derecho a decidir como pueblo".

ESTATUT | Un día después de la sentencia
Masiva manifestación en Barcelona en apoyo al Estatut y contra el Constitucional
Eva Belmonte | Barcelona El Mundo 10 Julio 2010

Los ciudadanos (1.100.000 según la Guardia Urbana y 1.500.000 según Òmnium Cultural, la sentidad organizadora) han tomado la manifestación en defensa del Estatut y han dejado a los políticos en un segundo plano. José Montilla, quien tendría que haber encabezado la protesta tras una gran 'senyera', ha marchado varias calles por detrás de miles de ciudadanos que, ante la gran afluencia de gente, han optado por marchar por delante de la cabecera oficial. El grupo de representantes políticos, de hecho, no ha podido finalizar el recorrido previsto.

A las 20.00 horas se ha dado por desconvocada la marcha y, minutos antes, el presidente de la Generalitat, José Montilla, ha sido increpado y ha tenido que ser escoltado hasta refugiarse en la conselleria de Justícia. Hasta una hora después de ser desconvocada la manifestación, que se celebra un día después de que se hiciera pública la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatut, miles de ciudadanos continuaban marchando por paseo de Gràcia.

Otro de los incidentes que se ha producido una vez desconvocada la marcha (pasadas las nueve de la noche) ha sido la quema de una bandera española por parte de algunos miembros de las CUP (Candidatures d'Unitat Popular). Los hechos se han producido en el cruce entre Aragón y paseo de Gràcia. Poco después, delante de la Bolsa de Barcelona (unos metros más abajo), se ha producido un enfrentamiento entre este mismo grupo y un hombre que ha sacado una bandera española, informa Pau Farràs.

Un arranque en medio del caos
Desde las 17.00 horas, una hora antes del arranque oficial de la protesta, el cruce entre paseo de Gràcia y la avenida Diagonal estaba ya completamente atestado de ciudadanos armados con 'esteladas', 'senyeras', pancartas y barretinas. De hecho, la gran afluencia de gente ha hecho que, pese a los continuos intentos de la organización y las fuerzas de seguridad, la cabecera oficial no ha podido abrirse paso para colocarse en primera fila en ningún momento. Ante el desconcierto inicial, la pregunta más repetida entre los asistentes era "¿dónde está la cabecera?".

Acompañando la gran 'senyera' de 250 metros cuadrados se situaron el presidente de la Generalitat, José Montilla y el presidente del Parlament, Ernest Benach, flanqueado por sus antecesores en la asamblea catalana Heribert Barrera y Joan Rigol, y por los ex presidentes de la Generalitat Pascual Maragall y Jordi Pujol. A los lados de la bandera se leía, en dos pequeñísimas pancartas, el lema de la convocatoria dividido en dos.

Recibidos al grito de "Independencia", el más repetido durante la manifestación y el más leído en los globos naranjas que coronaban la marcha, los políticos catalanes se colocaron como se había decidido, divididos por el lema, unidos en la protesta.

Justo después de esa primera fila de autoridades, detrás de la pancarta donde se lee el lema completo: 'Som una nació. Nosaltres decidim', han marchado la presidenta de Òmnium Cultura, Muriel Casals; el presidente de UGT Catalunya, Josep María Alvárez; el de CCOO, Joan Carles Gallego; los líderes de CiU, Artur Mas y Josep Antoni Duran Lleida; el diputado del PSC Isidre Molas; el presidente de ERC, Joan Puigcercós; y Joan Herrera, de ICV, entre otros.

También se han querido unir a la cabecera el líder de CiU en Barcelona, Xavier Trias, el ejecutivo catalán casi al completo y el diputado de IU, Gaspar Llamazares.

Banderas a tutiplén y el pulpo Paul
Pero los 250 metros de 'senyera' no ha sido la única bandera que se ha visto. En la protesta, han abundado las 'esteladas' y las banderas de la Unión Europea. Incluso se puede leer en una pancarta 'Cataluña, el siguiente estado de Europa', escrito en inglés. Pese a los intentos de internacionalización, numerosos turistas caminaban en contradirección y se relajaban en las terrazas del paseo de Gràcia con cara de entender bien poco esta marcha.

Tampoco ha faltado algún ingenioso que ha tirado de 'pulpo' para exigir sus 'derecho a decidir'. 'El pulpo Paul ya ha decidido, ahora nos toca a nosotros', se podía leer en alguna pancarta en la que el famoso pulpo se colocaba encima de la urna del 'Sí', en referencia a las consultas populares por la independencia de Cataluña. En otra, el cefalópodo elegía entre la bandera española y la catalana. Se ha decantado, claro, por la segunda.

En plaza Tetuán, donde ha estado instalado el escenario final, los actores Lluis Soler y Txe Arana han leído un pequeño comunicado a la llegada de los primeros manifestantes. Ambos han tachado la sentencia del Tribunal Constitucional de ataque a la soberanía de la democracia y han pedido respeto por la voluntad del pueblo catalán expresada en referéndum.

La lectura del comunicado, que se ha repetido hasta en tres ocasiones, ha terminado con el 'El cant del Segadors', a cargo del Coro del Orfeó catalán. Más tarde, eran los propios ciudadanos quienes entonaban la tradicional canción protesta de manera espontánea, muchos de ellos con el puño en alto. Dos horas después de desconvocarse, y pese a abrirse al tráfico algunas de las calles afectadas, el caos circulatorio se ha adueñado, durante media hora, del centro de la ciudad.

Un lema dividido, un debate estéril
La cabecera de la manifestación, que divide el lema 'Som una nació. Nosaltres decidim' en dos pancartas e incluye la gran 'senyera' en el centro, ha sido motivo de disputa entre el PSC -que defendía la bandera- y los convocantes -que se enrocaban en encabezar con el lema- durante los días previos.

La decisión salomónica de presidir con una gran bandera y el lema en un segundo término acabó por convencer, aunque a regañadientes, a todos. La marcha, al final, ha dejado este debate en segundo plano.

Más de un millar de entidades han participado en la marcha, además de ciudadanos de toda Cataluña, algunos de los cuales han llegado en los autobuses fletados por Òmnium Cultural. En total, había 350 periodistas acreditados.

En paralelo a la manfiestación de Barcelona, seis ciudades han acogido concentraciones en contra de la sentencia: Buenos Aires, Londres, Nueva York, Caracas, Dublín y Berlín.

POR LA SENTENCIA SOBRE EL ESTATUTO
Montilla sale huyendo de la manifestación tras un intento de agresión
La manifestación contra el Constitucional no tuvo un buen final para Montilla. El president tuvo que salir a toda prisa y en su coche oficial de la Consejería de Justicia, en la que había refugiado al verse increpado por un grupo de manifestantes, e incluso un joven intentó empujarle.
AGENCIAS Libertad Digital 10 Julio 2010

El grupo le había empezado a perseguir al disolverse la cabecera de la marcha, y un cordón de seguridad ha tenido que escoltar al presidente autonómico desde la confluencia del Paseo de Gracia con la Gran Vía. Entonces giró a la calle siguiente, Casp, y unos 100 metros después ha entrado en la sede de la Consejería, ante la cual le esperaban los manifestantes hasta que salió, momento en el que había un dispositivo de los Mossos d'Esquadra. El grupo de jóvenes que ha increpado a Montilla portaba 'estelades' (banderas independentistas) y le abuchearon, le silbaron y le gritaron "charnego", "españolista", "traïdor' y "queremos otro presidente". Según pudo saber Libertad Digital, Duran i Lleida también tuvo un incidente con un manifestante que vestía la camiseta de la selección holandesa.

Más de un millón de personas, según la Guardia Urbana, con banderas catalanas e independentistas participaron en la manifestación convocada por Montilla contra el Tribunal Constitucional a causa del Estatuto. Tras una "senyera" de 250 metros cuadrados portada por ciudadanos anónimos, encabezan la protesta el presidente catalán, José Montilla, el presidente del Parlamento, Ernest Benach, y los ex presidentes Jordi Pujol, Pasqual Maragall, Joan Rigol y Heribert Barrera, éste último, octogenario, ayudado por una muleta.

Detrás de las máximas autoridades se ha situado la pancarta con el lema de la protesta ("Somos una nación. Nosotros decidimos"), portada por los líderes de los partidos políticos, como Artur Mas (CiU), Manuela de Madre (PSC), Joan Puigcercós (ERC) y Joan Herrera (ICV), además de consejeros del Gobierno catalán y alcaldes.

La protesta colapsó el centro de Barcelona y sus arterias en una jornada muy calurosa. La imagen con la multitud en la calle en defensa del autogobierno ha llevado a muchos políticos a compararla con la que Cataluña vivió en la Transiciónen 1977, en donde se gritó "Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía".

Hoy los lemas más coreados han sido el de "Independencia" y "No queremos la sentencia, queremos la independencia". En una gran pancarta se puede leer: "Nos roban 60 euros al día. Independencia = Necesidad". También hay pancartas que dice "TC, tribunal franquista" o "Catalonia, next state Europe".

Predominó entre los manifestantes la simbología independentista, con banderas "estelades" y pegatinas que ERC ha repartido con los lemas "Adéu Espanya" (Adiós España) y "Jo no acato" (Yo no acato), en alusión al fallo del TC. Pero también hay un gran número de banderas catalanas, algunas con crespones.

El PSC repartió adhesivos con el lema "Sigo creyendo en el Estatuto", con la cara del presidente catalán, José Montilla, mientras que CiU ha repartido banderas catalanas y europeas, en una protesta en la que su eslogan es el de la organización: "Somos una nación. Nosotros decidimos".

La manifestación terminó con la interpretación del cántico de Els Segadors -el himno de Cataluña- a cargo del Orfeó Català, tras el cual se han escuchado entre la multitud gritos de "independencia". En este acto todavía no estaban presentes los políticos catalanes, que se detuvieron en la confluencia del Paseo de Gracia y Gran Vía.

En un ambiente de solemnidad y silencio, que contrastó con el ruido de los cánticos y silbatos durante el desarrollo de la marcha, los manifestantes aplaudieron al finalizar la interpretación del himno de Cataluña.

Tras las últimas notas de Els Segadors, entre la marea humana, salpicada de banderas catalanas e independentistas, se escucharon consignas a favor de la independencia sin que estuvieran presentes los representantes políticos, que aún avanzaban a la altura de la confluencia entre Paseo de Gracia y la Plaza Tetuán.

Previamente a la interpretación del himno, los actores Txe Arana y Lluís Soler leyeron un mensaje en nombre del comité organizador de la manifestación en el que han expresado su rechazo a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto.

Txe Arana ha dado las gracias a las más de 1.500 entidades que se han sumado a la movilización, que ha calificado de "histórica", y ha dicho que la sentencia del TC supone "un ataque a la soberanía del pueblo de Cataluña y a la democracia". Arana ha expresado el "derecho inalienable" de Cataluña a "decidir libremente su futuro y a aspirar, si quiere, a su plena soberanía".

Por su parte, el actor Lluís Soler ha afirmado, entre aplausos, "somos una nación", y ha añadido que la de hoy es una "respuesta masiva que agrupa a los que tenemos visiones diferentes sobre el autogobierno y el Estatuto, pero que nos hemos unido ante una demanda legítima y compartida: nuestro derecho a decidir como pueblo".
 

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