AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 12  Julio  2010

 

Estatuto
Ciencia, ideología y Estatuto de Autonomía
Agapito Maestre Libertad Digital 12 Julio 2010

La ilustración política, la argumentación social y el razonamiento jurídico, cuando en 2006 se aprobó el Estatuto de Cataluña, fueron concluyentes: el texto entero, de principio a fin, era incompatible con la Constitución española. Nadie con un poco de sentido común, independientemente de su sabiduría o especialidad intelectual, ni tampoco ningún experto serio y desideologizado del ámbito de las ciencias sociales y jurídicas, sin entrar en discusiones científicas de escuelas y corrientes, defendió la plausibilidad, la viabilidad o, sencillamente, el alojamiento sensato, racional y sosegado de ese texto en la Constitución española. El análisis científico de ese Estatuto concluía que todo en él era forzado. No había límites políticos ni mesura social en los legisladores. La carencia de sindéresis y resentimiento contra España fueron los estímulos de los redactores de ese texto.

La casta nacionalista e independentista con la colaboración de Zapatero no construyó, pues, un texto sensato para vivir en común, sino un arma de guerra y, de paso, un bunker, para refugiarse cuando reaccionase los adormecidos españoles. El Estatuto era la vía a corto plazo para la secesión de la autonomía de Cataluña de España. El diagnóstico científico sobre ese texto, como diría un jurista cursi, fue inapelable: el Estatuto de Cataluña era absolutamente inconstitucional; o peor, había sido un texto elaborado por socialistas, nacionalistas e independentistas con una voluntad de enfrentamiento contra la Constitución. Era un texto cargado de perversidad, maledicencia y violencia contra todo aquello que simbolizase la permanencia y ampliación del Estado de Derecho, es decir, el Estatuto era un arma de guerra contra cualquier planteamiento político que defendiese la idea de una nación de individuos libres e iguales antes la ley.

El Estatuto sólo pretendía, y así sigue después de la sentencia del Constitucional, una sociedad asimétrica y desigual. Más aún, exige "derechos históricos" (sic) preconstitucionales. Los grandes expertos sociales, científicos políticos y gentes normales en sus respectivas especialidades jurídicas emitieron un juicio inapelable: el Estatuto no tenía defensa ilustrada posible desde la ciencia jurídica. El Estatuto era un texto, desde cualquier punto de vista científico, dirigido a dinamitar la Constitución española. Por lo tanto, sólo cabía una "defensa" ideológica, interesada y falsificadora del engendro por parte de los "políticos" ventajistas, resentidos y traidores (sic) a la propia democracia española, que han conseguido perpetrar un atropello intelectual y jurídico que ya es histórico, entre otras razones, porque han deslegitimado casi por completo a instituciones claves para el desarrollo de la democracia en Cataluña en particular y en España en general; así, por sólo dar dos ejemplos, la Generalidad de Cataluña sale de este asunto bastante peor que entró, y el propio Tribunal Constitucional a la hora de sentenciar la inconstitucionalidad del Estatuto ha caído en contradicciones tan graves que pone en cuestión la viabilidad de la institución.

A lado de los políticos, o mejor, como brazos "ideológicos" del nacionalismo y el socialismo independentista, se sumaron a esa defensa "pseudo-científica" del Estatuto, antes y después de la sentencia, profesores, juristas profesionales y, por supuesto, algunos medios de comunicación, en Cataluña prácticamente todos. Todos ellos han luchado denodadamente por imponer una mentira como si fuera una verdad, una manipulación por una liberación y, en fin, tratan de hacer de la impunidad intelectual y la ideología un arma "científica" y racional. Son estos últimos, sí, los que pasan por "científicos" los más peligrosos, porque terminan por pervertir la esencia última de su oficio. El "científico" disfrazado de "ideólogo" es tan malo como el ideólogo que se presenta avalado por el conocimiento científico. La búsqueda de la verdad es sustituida por un tópico, quizá una sencilla y triste mentira, que se reviste con el manto de "científica". Son los que utilizan su falso saber como poder. Los ideólogos del Estatuto de Cataluña no sólo residen en los medios de comunicación y las universidades de Cataluña, sino también, y quizá sobre todo, en las universidades del resto de España y en los medios de comunicación que se editan en Madrid.

A propósito del fallo del Tribunal Constitucional estamos asistiendo a un espectáculo similar al que ya se produjo, cuando fue aprobado el engendro en el Parlamento, a saber, hacernos pasar por "científico" lo que es una falsificación. Un engaño. Un ejemplo –quizá el más terrible y cruel porque trata de presentar la estupidez, la banalidad y el lugar común por asuntos originales y geniales–, está representado por quienes critican el fallo del constitucional por poco "científico"; los ponentes de la sentencia, según estos falsos y sedicentes racionalistas, han despreciado los descubrimientos, las investigaciones y los resultados de las ciencias sociales y jurídicas de las últimas décadas. Quiere hacer pasar, en efecto, el editorialista de El País un engaño ideológico, y quizá uno de los que más éxitos han tenido en la historia de la humanidad, por una verdad incontrovertible, y así mantiene que la sentencia es, sobre todo, deficiente, porque la "indisoluble unidad de la nación española", que expresa la Constitución española, ya no puede defenderse; es una verdad, dicen estos majaderos, puesta en cuestión por los cambios mundiales y, sobre todo, por el saber que se ha producido sobre esos cambios.

En otras palabras, según estos ideólogos del nacionalismo catalán, el saber, el conocimiento, en fin, la ciencia sobre la nación española determina que la nación tiene que desparecer. Resulta curioso que los "científicos" que mantienen, por un lado, la muerte de España como nación, sean, por otro lado, los más firmes defensores de la nación catalana. ¡Se necesita ser majadero para hacernos comulgar con esas ruedas! Naturalmente, y por si alguien no le había quedado claro la añagaza ideológica, quien defiende semejante perversidad intelectual con mayor énfasis entre los magistrados del constitucional no es otro que Eugeni Gay, el magistrado más nacionalista de los nacionalistas catalanes. Este magistrado es, precisamente, el que eleva el diario El País a modelo intelectual para criticar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Terrible. Nunca pensé que este periódico podía caer en los abismos de la irracionalidad. Tienen que estar desesperados.

Aquí tienen la prueba de mi crítica. Sí, aquí les dejo la defensa cerrada que hace El País del chusco "argumento" ideológico del magistrado más favorable a la desnacionalización total de España o, lo que es lo mismo, quien más apuesta por la muerte de España como nación a la par que da la vida por la "nación catalana". Ahí va la prueba del desatino que propone el periódico de la calle Yuste. Es un fragmento del editorial del sábado sobre la sentencia del Constitucional; representa, sin duda alguna, el texto más relevante, desde la perspectiva ideológica –en el sentido de falsa conciencia–, de todos los publicados hasta hoy sobre el Estatuto, y dice así: "La resolución exhibe una mediocre textura técnica. Por su reiterativa apelación (...) al menos acertado de los artículos constitucionales, el que alude a la ´indisoluble unidad de la nación española (...). Con razón uno de los votos particulares, el único progresista (se refiere al mencionado Gay), tilda de decimonónico el enfoque del tribunal, como si la era de la globalización, las integraciones supranacionales y la transformación de los viejos Estados-nación para nada afectasen a España".

Ese fragmento constituye, en mi opinión, la mejor oportunidad para que los profesores decentes, o sea, normales de las Facultades de Ciencias Políticas y Derecho enseñen a sus alumnos a distinguir entre ciencia e ideología y, sobre todo, muestren de modo práctico hasta qué grado de estulticia intelectual puede apresar a quien se deje llevar por la ideología del nacionalismo catalán, que es defendida en nuestro caso particular, paradójicamente, por un diario, supuestamente, nacional, El País. Esto es una pesadilla intelectual. Vale.

Crisis nacional
Guiones para resolver cinco problemas reales
Pedro de Tena Libertad Digital 12 Julio 2010

Hace seis años largos, antes de las elecciones de marzo de 2004, el día 7 de marzo para ser exactos, aposté, como millones de personas hacen ahora en este Mundial de fútbol, sobre el resultado del gran partido de la Historia de España, el que juega contra sí y en concreto el día mismo desde hace casi dos siglos y que siempre acaba perdiendo. Pero adobé mi apuesta con un guión de considerandos para especificar qué podría significar "ganar" y qué "perder". El resultado de aquel guión, que no sé si alguna vez leyó alguien, es textualmente el que sigue (Ni siquiera he modificado algunas cosas de las que hoy dudo más que antes). Le puse por título "Guiones sobre cinco problemas reales (no meramente electorales) a resolver en los próximos años".

1. Nacionalismo regional y unidad de España

* Convergencia económica y social interna: más peso de Andalucía, Castilla la Mancha,
* Extremadura, Castilla León, etc. en España como contrapeso de nacionalistas.
* Educación: cohesión intelectual(hermenéutica), pacto educadores. Consenso sobre una idea de
 España.

* Cultura: artistas y pensadores, impulso claro en este sentido. El PP tiene que penetrar la vida cultural activa y potentemente.
* Ética constitucional: filosofía moral básica común escolar. "Minima moralia". No puede ocurrir que familia y escuela dejen de proporcionar esta minima moralia democrática-nacional.
* Aplicación de la constitución en su caso más extremo: Previsión y preparación de alternativas en caso de ataques a la unidad de España.

* Frente internacional: constitucional, jurídico, policial, moral. Insistencia.
* Debate intelectual sistemático sobre verdades y falsedades del nacionalismo: financiación de investigaciones fidedignas, resonación en medios de comunicación...
* Pacto antiterrorista, ampliación y consolidación, si es posible.

* Sociedad civil y democracia: papel civil de la reivindicación de España y lo español.
* El español: clave de la desarticulación del nacionalismo. Lenguaje y poder social.
* Deporte nacional de élite y deporte nacional popular: estructura trenzada, anudada.
* Medios de comunicación nacionales e internet.

2. España ante sí misma, en Europa y en el mundo: hacia el fin de los complejos

* Revisión intelectual de la leyenda negra española.
* Revisión intelectual del papel de izquierdas y derechas en la historia de España: Fundación por la verdad histórica.
* Reconsideración ético-política del papel de España, pros y contras.

* España y el español: consideración económica, política y cultural del fenómeno.
* El papel de la comunicación en la revisión: series, programas...relacionados con la sensibilidad de la juventud.
* El papel de las editoriales

* El papel de la educación
* El concepto de occidente (más grecorromano y universal) y la idea de Europa (más carolingia y francesa): España es occidental y europea (América, África, Asia), participa ampliamente de ambos mundos, su potencial es mayor.
* El orgullo crítico hacia lo propio frente al pesimismo despreciativo de la tradición: Derechos humanos e historia de España (leyes de Indias, Suárez, Vitoria).

* España: el camino hacia la reconstitución de una potencia económica, social y cultural. Reconsideración de la aportación de España al liberalismo y a la democracia de la mano de la Escuela de Salamanca (siglo XVI) y entronque con el siglo XX-XXI.

3. La necesidad del impulso de una nueva izquierda española como sustento complementario de un largo período democrático y próspero

* Revisión de las raíces de la izquierda española: krausismo, marxismo, anarquismo (derivación terrorista)
* Conexión con la historia de España: izquierda y tradición española (desde anclaje cristiano a comuneros, desde Fray Luis de León a escuela de Salamanca, Quevedo y otros). Recuperación de la Ética como fuerza de la izquierda: pública (redistribución e igualdad de oportunidades como justicia con libertades) y privada (ejemplaridad, relación decir-hacer).

* Revisión de la crítica marxista del capitalismo y reconsideración del papel de trabajadores-consumidores en su relación con la empresa.
* Reivindicación del papel de la crítica libre sin vinculaciones económicas o política: comunicación no mediatizada. Apuesta por un grupo privado equidistante.
* Reivindicación de la democracia profunda: participación máxima real, individual, personal, información precisa, sentido nacional no versus sino "con" municipalidad y autonomía.

* Admisión del concepto de persona frente a clase, masa o "pueblo": Cristianismo, anarquismo moderado, liberalismo.
* Impulso de un nuevo partido de izquierda moderada no marxista o, cuando menos, impulso de las corrientes de la izquierda: éticas, españolas y moderadas.

4. La nueva realidad económica: impulso de un nuevo y amplio concepto de capital

* Antes sólo dinero o medios técnicos: ahora dinero, medios tecnológicos y personas que participan realmente en empresas (científicos/tecnólogos/comercializadores/ trabajadores que inventan, perfeccionan, ahorran costes...) reconsideración de las relaciones de propiedad en un proceso gradual.
* Reconsideración ideológica de la riqueza: globalización, competencia y competitividad frente a mala inercia, parálisis, resignación.

* Inclusión en la idea de capital social del capital civil, no económico, sino solidario: reconducción de las ONGs para que sean efectivamente ONGs en su mayoría y control legal y fiscal.
* Papel protagonista del binomio confianza-seguridad bajo el frente civil-social de los consumidores en competencia creciente con la mera representación de "empresarios y trabajadores".

* Reformulación de la idea de "asalariado" como destino fatal (el viejo socialismo soñaba con dos grandes Clases: funcionarios asalariados y casta dirigente del partido-ciencia-luz) y reflexión sobre la idea de diversidad de "ocupados" y "preocupados". Reconsideración del autónomo, de un nuevo cooperativismo emprendedor, de la participación accionarial trabajadora. (En realidad, el socialismo político vigente sólo ofrece al asalariado bien el incremento anual del ipc o bien uno o dos puntos por encima o por debajo, no más).

* La necesidad del capital tecnológico: impulso de la investigación real y concreta, pura y aplicada, relacionada con los negocios reales y prospectivos. Reconsideración del papel de lo público en la investigación.
* La necesidad de ahondar en la idea de capital medioambiental: mejora del medio ambiente como exigencia generalizada, no gestual, sino cultural, legal, moral, política.

La necesidad de ampliar la idea de capital: el capital legal: la predictibilidad de los comportamientos (no corrupción), la neutralidad de las instituciones(separación de poderes reales, horror del caso "albertos", por ejemplo), la defensa de la competencia(contra vientos y mareas), la "ceguera" y rapidez de la justicia...
* La defensa del "autor", del inventor, del ideador, del patentador, como impulso de la actividad económica: radical, contundente, hacer desistir al plagiario, al ladrón de ideas.

* Defensa del valor añadido del "modo español": diseño-marketing.
* Reconsideración del "sindicalismo ideológico" y altamente subvencionado y su progresiva sustitución por un sindicalismo profesional y libre dentro del orden constitucional.

5. Sistema de partidos y medios de comunicación en España

* Necesidad de asegurar la moderación: sustitución de las bisagras actuales(izquierda unida o nacionalismos separatistas) por bisagras nacionales y moderadas y moderadoras (probablemente un partido liberal-social: liberalismo general con un sentido "compasivo" o solidario en el sentido del pragmatismo americano.
* Reconsideración del modelo electoral (que privilegia a los partidos nacionalistas en el conjunto nacional).

* Reconsideración del funcionamiento empobrecedor de los partidos políticos actuales: hiperliderazgos, ausencia de reflexión crítica, inexistencia de puntos de vista alternativos si bien leales, ausencia de debates de altura... sin perder de vista los peligros de la "jaula de grillos" personalista sometida a intereses más o menos decentes (los hombres no son ángeles) a que podría conducir.
* Fortalecimiento del carácter nacional de los partidos (integración de lo local, lo autonómico y lo nacional): órganos de coordinación, de arriba abajo y de abajo arriba.

* Reconsideración del afiliado: del cero a la izquierda al cero a la derecha: ideas y propuestas, valoraciones, informaciones...
* Revitalización y regeneración de lo "político", no sólo al estilo de la filosofía medieval cristiana como más alto servicio a la colectividad sino mediante la nueva visión del "generalismo" absolutamente necesaria: los políticos tienen que elaborar un punto de vista global (fines globales, sentidos globales) y a pesar de sus limitaciones: ser ejemplares en el diálogo interdisciplinar y en la eticidad de las decisiones (intereses globales).

* Reconsideración de la comunicación en la sociedad española: nueva idea de comunicación pública política (calidad, inteligencia, creación. Es falso que el mercado exija basura).
* Reforma de los medios públicos: confianza en los datos oficiales aportados (veracidad) y estructuración de la opinión (gobierno, oposición, personas relevantes, sociedad civil).

* Reconsideración de la necesidad de una operación "hispana" de televisión internacional.
Internet y lo hispano: reflexión a fondo sobre contenidos, portales y nuevas propuestas.
* Defensa de la gran libertad de internet frente a intentos de control gubernamentales, salvo por mandatos legales.
* Consideración de la constitución de una gran productora o de varias con capacidad capaces de impulsar en el mercado cinematográfico y televisivo las nuevas ideas anteriores".

Hasta aquí aquella apuesta incompleta y tal vez ingenua, pero apuesta. Luego vinieron el 11-M y Zapatero. Perdí, claro, pero afortunadamente quedó el papelito que, a pesar de sus carencias, da una idea de lo que pudo ser y no fue y de lo que puede volver a ser aunque no sabemos si será. Lo que ocurre es que el azar, actor muy a menudo principal de la política, me cansa y ya sólo confío en la voluntad de hacer.


OPINIÓN
Los nuevos derechos
Carlos VIDAL* La Razón 12 Julio 2010

El camino que el Tribunal Constitucional inició con su Sentencia 247/2007 (sobre el Estatuto valenciano) se ha visto confirmado en esta Sentencia sobre el Estatuto catalán. Así, por ejemplo, en lo que se refiere a la posibilidad de que los Estatutos contengan una declaración de derechos diferente a la que recoge la Constitución. Ignorando la propia estructura normativa de los preceptos impugnados, típica de normas que proclaman derechos, el Tribunal dice, de nuevo, que no se trata de derechos públicos subjetivos, sino de mandatos a los poderes públicos.

De este modo, pretende modificar la naturaleza de dichas normas. Como ocurre casi siempre que el Tribunal reinterpreta un precepto. El problema es que el texto estatutario permanece sin modificar, y será difícil que jurídicamente pueda «devaluarse» la categoría jurídica de esos preceptos. Seguirán siendo considerados auténticas declaraciones de derechos.

El Tribunal no se detiene mucho en el análisis de preceptos concretos en materia de derechos, amparándose en una (supuesta) insuficiente e imprecisa impugnación de los mismos por parte de los firmantes del recurso. Se echa de menos, no obstante, una mejor fundamentación jurídica.

La cuestión lingüística afecta a numerosos preceptos impugnados. No parece suficiente anular el calificativo «preferente» aplicado al catalán y reinterpretar algunos artículos en el sentido más conforme con la Constitución. Hay cuestiones difícilmente «casables» con el texto constitucional. Por mucho que el Tribunal pretenda distinguir el significado del deber de conocer el catalán proclamado en el Estatuto del deber de conocer el español que se proclama en la Constitución, lo cierto es que en el texto estatutario se establece un deber para los ciudadanos españoles que viven en Cataluña que no se deriva de la Constitución y que no se exige en otros territorios de España: ¿realmente piensa el Tribunal que esto es admisible, sin quebrarse el principio de igualdad entre los españoles? ¿cómo puede aceptarse que una norma inferior a la Constitución la rectifique, imponiendo un deber lingüístico que no está previsto en la Norma Suprema?

Consciente de que su sentencia no resuelve el problema, el Tribunal dice que le corresponderá, en su momento, evaluar el desarrollo normativo de las previsiones estatutarias en materia lingüística, para analizar su constitucionalidad o no. Ya. Pero resulta que, como el Tribunal sólo actúa a instancia de parte, ¿quién va a recurrir esas normas de desarrollo? ¿Ese partido «irresponsable» (Fernández de la Vega dixit) que ya recurrió el Estatuto?
* Profesor Titular de Derecho Constitucional de la UNED.

España
José Carlos Rodríguez Libertad Digital 12 Julio 2010

Hay gente que no sabe que ser español es de lo poco importante que se puede ser en este mundo. Lo sorprendente es que esta ignorancia se da también en nuestro país. Miren los más de 50.000 españoles que se han manifestado contra su propio país en Cataluña. Acuden convocados por el gobierno de Montilla, que protesta por la sentencia del Tribunal Constitucional, así llamado, sobre el Estatuto. Es una sentencia cobarde, que pide perdón por recordar que España es una nación y que los españoles tenemos derecho a hablar en castellano. Y que presta la palabra "nación" a los nacionalistas catalanes, para que jueguen con ella y practiquen sus ritos de patriaherido, pero se le quita relevancia jurídica. Y eso el TC, que es el primero en sumergir en una ciénaga de política las consideraciones jurídicas. Cuando nuestras más altas instituciones tiemblan ante la posibilidad de reconocer a España como lo que es, es que tenemos un problema.

Un problema de ignorancia, como digo. Se habla estos días de cómo el éxito de la selección española de fútbol está insuflando un sentimiento de orgullo nacional, o está permitiendo que lo manifieste allí donde los políticos no llegan con su lista de agravios de unos españoles frente a otros. Recurrimos a la selección de fútbol, a la de baloncesto y a otros españoles extraordinarios. Nos aferramos a los éxitos del último segundo de nuestra historia porque es a lo que llega nuestra conciencia histórica.

Hemos permitido que los escolares terminen el bachillerato bien cargaditos de la ideología inane imperante, y huérfanos de referencias sobre la historia de España. Además, la izquierda se ha aferrado a la pretensión franquista de identificar su régimen con todos los éxitos de España, pero le ha dado la vuelta para colgarle el letrero de franquista a quien se sienta orgulloso de este país nuestro. Por si fuera ello poco, Zapatero está embarcado en un proyecto de destransición y destruccionismo, de ruptura de los lazos de solidaridad que mantiene la sociedad para poder transformar la sociedad a su antojo.

Pero hay un sustrato básico en la sociedad que se resiste al vaciamiento de España, que se indigna con la dejación del reconocimiento de nuestro país, del valor moral que supone la solidaridad en torno a una realidad histórica como la española, refrendada por siglos de continuidad. Se ve en el interés que despiertan los libros de historia en las librerías. Se ve en las conversaciones informales. Y se ve en ocasiones como esta, en la que podemos salir a la calle con la bandera nacional, en que no tememos que nos acusen de nada por decir que es un orgullo ser español. Quizá sea la ocasión que necesitábamos para mirar a nuestro país, su historia, su gente, con una mirada más abierta, comprensiva y orgullosa.

José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

Instrucciones para envolverse en la bandera de la nación que sí existe
Pascual Tamburri El Semanal Digital 12 Julio 2010

Tres décadas de despilfarro autonómico para esto: los españoles de todas las regiones se identifican con los símbolos de la nación y los ostentan incluso donde son políticamente molestos.

¿Saben quién ha ganado de verdad el Mundial? España. No, no, no hablo de fútbol ni de nuestra Selección Nacional: hablo del pueblo español, la nación, la comunidad popular. Porque, goles aparte, el hecho más significativo del verano no va a ser el previsible ridículo de Zapatero en un debate que ha quedado casi tan oculto como la patochada nacionalista de nuestro catalán de Córdoba.

Aquí lo importante es que un país entero se ha echado a la calle con el nombre de la nación y con sus símbolos comunes en las manos. Y esto es, aquí en especial, un cambio. En dirección contraria a la que han recorrido las instituciones, por cierto.

Uno. Este país se llama España. Durante décadas mencionar el nombre de España, y no digamos ya usar los colores de su bandera, era políticamente inviable, o al menos arriesgado. Ahora los políticos de todos los partidos –bueno, de todos los que no son abiertamente partidarios de la destrucción de España vías secesión- se llenan la boca del nombre antes nefando y se envuelven en la bandera antes sospechosa. Una interesante cura de humildad.

Dos. En Navarra, todo peor antes y todo mejor ahora. Navarra, sí. La provincia donde no hace mucho hasta en los actos políticos del centroderecha se controlaba, o directamente se prohibía, el acceso de jóvenes y mayores con banderas de España. Era inapropiado, uy. Tenían miedo, los pobres. En los actos de la izquierda, claro, ni se planteaba. Han hecho falta Puyol, Villa y Casillas, y la masa enfervorizada, para que nuestros políticos se coman sus palabras y sus hechos. Con patatitas. Ahora sería todavía más impresentable convocar un acto público y repartir banderas de la Comunidad cuando lo que la gente quería llevar era banderas de España, ¿verdad? Quiero encontrarme yo un día de estos, con colores rojigualdas en la ropa o en las declaraciones, a alguno de los autores o aplaudidores de la blandenguería cobardona de 2007.

Tres. Lo de las banderas viene de lejos. La Navarra oficial está a punto de celebrar el primer siglo de su milenaria bandera (este 16 de julio). ¿Pero cómo, no era medieval? Pues no señora, ni cadenas, ni esmeralda ni nada de todo eso que los maestros enseñan ahora en las escuelas, era todo una historieta romanticona reelaborada por los napartarras del anterior año diez. ¿Y es que Navarra no tenía bandera antes? Claro que sí, señora: la roja y gualda, la de la Armada de 1785, la que se convirtió en nacional con la guerra de Independencia, la de la División de Navarra. Pero a la Navarra oficial de 1910 le apetecía tener un símbolo vexilológico propio (y compartido con los vecinos anexionistas, además), las cobardías son hereditarias.

Y cuatro. Por mucho dinero y talento que se hayan gastado en este último siglo, la historia de los símbolos subespañoles es la historia de un costoso fracaso, y la historia de la rojigualda la de un triunfo sin esfuerzo. Jamás ningún Gobierno español ha empleado recursos en difundir y popularizar sus símbolos como lo han hecho durante décadas, a veces muchas, las subidentidades regionales y provinciales. No ha hecho falta. Es verdad que la nación no necesita símbolos exitosos para existir, pero ayuda bastante.

Cuando además el triunfo se produce en plenos Sanfermines y uno tiene la oportunidad de ver las caras de ¿estreñimiento o frigidez? que se les quedan a los de siempre, y a algunos de sus supuestos pero bien apesebrados enemigos de opereta, la satisfacción es completa. España es esa pareja de novietes que duermen esta mañana al sol de la Vuelta del Castillo arropados en la bandera. Y al que no le guste que...

La Normalización con el Mundial de Sudáfrica
Jorge Campos www.lavozlibre.es 12 Julio 2010

Ha tenido que ser el deporte, un Mundial de Fútbol, el que haya normalizado la exteriorización de nuestros sentimientos patrios, de unidad y orgullo nacional.

En los últimos 30 años, poco a poco, una clase política centrada en sus propios intereses, con honrosas excepciones, ha ido manipulando, cuando no ultrajando, nuestros símbolos nacionales para conseguir el poder al precio que fuera mediante pactos, o mal llamados consensos, con aquellas minorías nacionalistas que pretenden acabar con el sistema democrático-constitucional que nos hemos dado todos. Eso sí, minorías nacionalistas que se aprovechan del sistema para vivir y beneficiarse de él.

Estos días, la ciudadanía balear y española ha superado el mensaje interesado de algunos sectores de nuestra sociedad que han pretendido hacer creer que nuestros símbolos eran de una determinada época o ideología. Hemos demostrado que los símbolos nacionales están por encima de las ideologías. Ciudadanos ‘progresistas’ y ‘conservadores’ han dejado a un lado los falsos complejos para unirse en la diversidad.

Ha dado igual que la insulsa y anodina IB3, radio y televisión que pagamos todos, haya intentado obviar lo máximo posible el éxito de España y de su afición balear. Han fracasado: estos días somos testigos de la marea de banderas nacionales inundando calles, casas, bares, coches, camiones, camisetas, vestidos, gorras e incluso mascotas, a lo largo y ancho de toda la geografía balear. Nuestros pueblos y ciudades se han llenado de color con la bandera que nos une a todos. La que representa la libertad que algunos detestan, y la que ondeó por miles tras la victoria ante Alemania que nos ha colocado por primera vez en una final del Mundial.

La brillante actuación de la Selección ha sido un balón de oxígeno para darnos cuenta de que aún somos una nación unida, al margen de los actuales dirigentes que pueden quebrar, con su irresponsabilidad política, la convivencia democrática de la inmensa mayoría que nunca ha solicitado la creación de ‘nacioncillas’ y demás ‘simbolillos nacionales’, que utilizan para transformar nuestra rica diversidad en objeto de diferenciación y ataque al que piensa diferente.

El Mundial de Fútbol, con el excelente juego de la Selección Española, ha sido la excusa perfecta para salir a la calle, probablemente en la mayor manifestación espontánea de sano patriotismo de los últimos tiempos, sorprendiendo a propios y extraños y haciendo callar a esas minorías que mediante subvención pública intentan romper nuestra unidad. La que nos da la fuerza para superar los actuales problemas.

La normalización de nuestros símbolos nacionales no debe acabar con el Mundial o reducirse a los momentos en los que nos deleite la Selección. Ahora que hemos demostrado que la exhibición de la bandera nacional, la sola mención de España o la emoción ante la interpretación de la Marcha Real no son reminiscencias vergonzantes, hagamos un uso normal de los mismos como hacen en todas las democracias modernas del mundo. Luzcamos con orgullo nuestros símbolos. Demostremos a los que nos gobiernan que somos ciudadanos libres que no aceptamos más manipulaciones y engaños. Podemos.

> Jorge Campos es presidente de Círculo Balear.

España no está rota, está muerta.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 12 Julio 2010

Los nacionalistas secesionistas y los que siguen la estela de la mentira y de la manipulación como el PSC y el PSOE, no dejan de decir que “España no se ha roto” como auguraban los del PP. Claro que a estos que así se expresan, se basan en la simple imagen de que España siga intacta aún en la mesa de la morgue esperando la intevención del forense. Pero ocultan la única verdad de que España ha muerto, al menos de forma Constitucional a manos de unos ejecutores, aquellos más cercanos y que tenían la potestad para preservarla de toda amenaza a su seguridad. España ha dejado de existir y solo falta que el forense empiece a extraer los órganos para averiguar las causas.

España no se ha roto, ha dejado de existir como Nación y su legitimidad como tal arrojada a la basura legislativa en una sentencia interpretativa que ha sido cuestionada y no asumida por el Gobierno de Cataluña, empezando por su Presidente el Sr. Montilla del PSC. Una insumisión que rechaza cualquier recorte y apreciación jurídica a lo que aprobó el pueblo catalán en su Parlamento y en Referendum y el Congreso de los Diputados en sesión, con la necesaria complicidad de partidos como IU, PSOE y los secesionistas BNG, ERC, CiU y demás ralea separatista que se sienta en los sillones de ese hemiciclo. Porque lo de la manifestación multitudinaria de ayer es la expresión más palpable de un desafío Institucional de los dirigentes secesionistas catalanes que no dudaron en lanzar a los catalanes a las calles.

Resulta, no por conocido y manido, altamente cínico además querer echar la culpa a quienes actuaron en todo momento en defensa de la Carta Magna y de la igualdad de derechos de todos los españoles, incluidos y principalmente, aquellos que residen en la Comunidad Autónoma de Cataluña, auto proclamada en su Estatuto como Nación. Pero incluso entre ellos aún se siguen estableciendo niveles de radicalización en sus demandas y actitudes independentistas. Ayer el Sr. Montilla sufrió en sus propias carnes el bochorno de ser insultado y tratado como un verdadero “charnego”. Cierto que fueron solo unos pocos exaltados y que gracias a la escolta personal del Presidente nunca llegaron a poner en riesgo su integridad física, aunque sí la de su amor propio.

La verdad es que el TC no lo ha podido hacer peor ni crear un estado mayor de confusión y de rechazo a su sentencia. Ya nadie duda de que, además de su extremada politización y luchas interinas para intentar durante estos cuatro años hacer pasar por el aro de la constitucionalidad un texto aberrante y claramente de tintes inconstitucionales, la sentencia ha terminado por ser una especie de cuartetos esotéricos del tipo de Nostradamus, incomprensibles y amoldables a las realidades que cualquiera decida darles para que casen con su visión cósmica y planetaria. Algo muy en la línea de las manifestaciones de la Sra. Pajin y su defensa incondicional, aunque interesadamente devota, de su líder el Sr. Zapatero. Una visión irreal que por otra parte encierra una buena dosis de cinismo político.

La manifestación de ayer solo puede ser el preámbulo de una serie de manifestaciones de índole independentista en otras zonas como el País Vasco.Un segundo escenario donde plasmar las reivindicaciones de los pueblos a decidir su futuro de forma unilateral. Eso quizás no sea un roto para el PSOE ni sus dirigentes, pero desde luego que es un descosido sin arreglo. España no se ha roto porque aún hay que certificar su muerte y confirmar las causas y los indicios para buscar a sus asesinos. El Sr. Zapatero abrió la Caja de Pandora con el Estatuto de Cataluña y una vez abierta el mal ha sido liberado y se extiende por todo el territorio nacional. Ese mal se llama cáncer independentista y ha sido el PSOE, el Sr. Zapatero y sus federaciones quienes han contribuido, fomentado y radicalizado sus posturas hasta que la situación se ha hecho ingobernable.

Antes se podría tener la esperanza de que los ciudadanos despertaran de su letargo, de la hipnosis manipuladora de los medios de comunicación, pero ya es tarde. A España solo le salvaría un milagro, pero esos escasean y además casi nadie cree en ellos. Al menos tengamos la dignidad de honrar su memoria y que los culpables paguen por su crímen.

La hora de España
El Editorial La Razón 12 Julio 2010

Bienvenida sea la final de un Mundial de fútbol con presencia española por cuanto está superando la trascedencia deportiva para convertirse en una reivindicación alegre, cívica y responsable de España y del hecho de ser español. Son valores que, de un tiempo a esta parte, habían caído en el olvido y, en el peor de los casos, eran estigmatizados por complejos arrastrados desde el pasado reciente de nuestra historia del que muchos no logran desembarazarse.

Pero ha llegado el momento de, sin patrioterismos ligados a cualquier ideología política, sentirse orgulloso de ser español y de ser un patriota que, según el diccionario de la RAE, no es otra cosa que una persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien. Sin pretenderlo –su objetivo sólo es ganar la competición futbolística más exigente en la que participan las mejores selecciones del mundo– la Selección Española nos ha devuelto una serie de principios y convicciones que deberían permanecer inalterables y al margen de cualquier contingencia política, social o económica. Las lícitas rivalidades de futbolistas que juegan en distintos clubes de fútbol se han dejado atrás ante el reto mayúsculo que afrontan.

El mejor patrimonio deportivo de la Selección Española es que juegan como un equipo en el que todos, titulares y suplentes, buscan el bien común. Ni en el terreno de juego ni fuera de él hay discursos paralelos o divergentes que pongan en riesgo el logro a conseguir. La derrota ante Suiza tuvo la mejor de las lecturas: estamos ante una Selección que sabe sufrir y que, lejos de que al menor contratiempo se optase por la improvisación, siguió siendo fiel a sus principios. Estamos, pues, ante un equipo coherente. España sabe a lo que juega, lo que aporta seguridad y firmeza al combinado nacional. Y no cabe obviar el talento y la creatividad para buscar alternativas cuando el desarrollo del partido no es favorable.

En definitiva, unión, una confianza basada en hechos y no en probabilidades, sensatez y ser fiel a unas convicciones son las cualidades que adornan a la Selección Española ante la que la inmensa mayoría de los españoles han caído rendidos.

Los de Del Bosque nos están dando una lección que deberíamos aplicarnos todos. Por lo pronto, se han mostrado como un elemento de cohesión de España y del hecho de ser español, más allá de las ideologías políticas e intereses partidistas que suelen caer siempre en el sectarismo. La unión de todos los españoles que se ha vivido estos días en torno a este proyecto futbolístico debería extrapolarse a otras esferas de nuestra realidad. Es mucho mejor multiplicar que dividir, en lo que parece que están interesados algunos, una minoría tan ruidosa como testimonial, que se afana, con vanos resultados, en desmembrarnos y desnaturalizarnos. Ver en balcones y ventanas la bandera de España en lugares como Bilbao, San Sebastián, Barcelona o Gerona con absoluta normalidad no debería ser una excepción que termine tras la euforia del Mundial, sino el principio de una senda en la que estemos convencidos del potencial de España y de todos los españoles, ya que juntos somos capaces de alcanzar cualquier objetivo y de superar las adversidades.

El "tonto útil" del separatismo catalan
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 12 Julio 2010

Una causa necesita de quienes crean en verdad y con sinceridad en ella. En el caso de Cataluña ese germen existe desde hace mucho tiempo. Es innegable. Pero para su desarrollo necesita de otros que, sin participar de esa creencia, acaban por ser los impagables compañeros de viaje y terminan abducidos por la pretensión y la energía de los primeros, y cuyos postulados acaban por ser asumidos y convertidos en el pensamiento hegemónico.

En Cataluña el independentismo, todo nacionalismo lo es la postre, (varían los tiempos) ha tenido unos referentes claros y precisos que cada vez de manera más nítida han convertido su mensaje en un axioma que expulsa a las tinieblas exteriores del descrédito a todo aquel que ose oponerse a el. En Cataluña el tonto útil, cuyos servicios resultan a la luz de los hechos impagables y han sido imprescindibles para acercarse al objetivo, ha sido el PSC y lo fue, cuando tuvo mayores relevancia y poder, el PSUC. La izquierda, vamos. Un partido al que en origen se suponía principios netamente contradictorios con el nacionalismo-independentismo y que atesoraba las bases y las gentes que constituían el más serio valladar ante esas propuestas y fines.

La cúpula del PSC cruzó ya hace mucho a la otra orilla y luego fue llevando del ronzal a sus militantes y votantes. La travesía contó para ello con inestimables colaboradores. Sin duda el “mejor” fue Zapatero que no sólo dio carta blanca sino que insensatamente hizo promesa de algo que en si mismo era una aberración contra el propio sentido de la Nación que gobernaba. Vino a conceder y a aceptar la soberanía con su electoralista proclama de que aceptaría lo que de allá viniera. Retroceder forzadamente de aquello sólo podía tener los efectos que ahora parecemos.

A su entonces mejor aliado Pascual Maragall no puede encuadrársele, sin embargo, en esta categoría de tontos útiles. El es otra cosa. Estuvo siempre en el otro lado, suscribió a pies juntillas los postulados de una Cataluña separada y donde, como el mismo proclamó, España no tenga ( y de hecho aseguró, con bastante motivo y razón, que ya apenas tenía) nada que decir. Pero sin duda el personaje que hoy, tras el impacto de esa masiva manifestación, que más allá de las cifras hinchadas resulta un trascendental referente, merece más que nadie el título de “tonto útil” es José Montilla, genuino representante de la especie y en quien se dan todos los aditamentos, de origen, sumisión y ceguera, para ocupar lo mas alto de ese podio.

El PSC y Montilla han cumplido su misión. Las huestes del PSC ya están al otro lado. Ya no hay dique de contención toda vez que su agua circula ya por la otra orilla. Y ahora, después del día 10, comprenderán muy pronto que ya no son necesarios. De hecho ya lo sufrieron en la propia manifestación y el tener que salir increpado y escarnecido de la misma tras haberla convocado, alentado y presuntamente presidido es la demostración palpable de que el “tonto últil” se queda en tonto a secas. Tan sólo habrá que esperar a que hablen las urnas. Pero habrá que reconocerle que ha trabajado con enorme denuedo para el enemigo.

Como tantos lo han hecho. El independentismo en Cataluña no era apenas más que una levadura. Pujol se guardaba muy mucho de lucirlo. Nunca pensó siquiera en llegar tan pronto y tan lejos. Hoy es diferente. El horizonte de su independencia no es nada descabellado. Personalmente no puedo ser más pesimista al respecto y los hechos, a sus leyes y a la realidad que ya se vive me remito.

Puede, claro, es el final de cualquier argumentario, echarse de todo ello la culpa al PP. Lo hizo la vicepresidenta de la Vega y lo enfatizó, alzando la nariz, Pepe Blanco. “El PP es el enemigo de Cataluña”. Una barbaridad normalizada ya en el lenguaje político pero que si en esta ocasión hubiera añadido un adjetivo “independiente” hubiera sido una verdad como un puño. Porque sí, hoy la única fuerza allí enemiga del independentismo catalán es un PP débil, aislado y sin capacidad apenas de modificar nada.

La respuesta a Blanco, equiparable a su exabrupto, y como él , un brochazo de sal gorda, propaganda de engrudo, pura consigna sin matices no sería otra que “Y “su” PSOE, el de Zapatero y el de usted, son los de España. Esa que dicen que no se rompe pero que hacen por descoser todo lo que se en su mano cabe. Han sido el tonto útil necesario. Y ahora, que se vayan enterando, ya no les hacen falta.

P.D. Relámpagos y truenos sobre la cabaña de madera en El Enebral. Parece que la tormenta viene a celebrar conmigo el triunfo en el mundial. Sólo es futbol sí, pero me voy a ir a dormir esta noche con un pálpito de felicidad. Como todos. Y el que no, siendo español, es que tiene un problema de hacerselo mirar.

Señor Montilla, esa Cataluña no paga a traidores
Pedro de Hoyos. Periodista Digital 12 Julio 2010

Montilla está confundido, lleva años recorriendo por decisión propia el enfangado, y concurridísimo, camino del nacionalismo. Ha escogido la vía del enfrentamiento en vez de la pacificación, sus hermanos de Euzkadi le ofrecen un buen ejemplo de normalización social, de cómo apagar el fuego del enfrentamiento, de cómo fomentar la convivencia. Montilla, quizá buscando hacerse perdonar su defecto de cuna, ha elegido la vía contraria, superar en nacionalismo a los nacionalistas.

Está metido en una ratonera; ayudado por un presidente español que no sólo no supo encauzarle sino que alentó la maragallada (eso es en esencia un estatuto que prácticamente nadie demandaba) ha querido comandar el nacionalismo, ganar a los nacionalistas en su “profesión”, permítaseme, en su profesión de fe. Para ello, repito que con la inestimable ayuda de la estulticia de Zapatero, ha fomentado el victimismo y el enfrentamiento.

Ejerce Montilla la misma torpeza que algunos dirigentes del PP, que piensan más como taifas que como políticos, creyendo que puede situarse por encima de la ley y aplicarla o no, a su conveniencia, en su territorio. Nadie hay por encima de la Constitución, nadie hay por encima de las leyes; cuando el Tribunal Constitucional habla sólo queda acatar. Se puede protestar, se pueden manifestar, pero no se puede enfrentar a un pueblo. Porque ayer sólo una parte del pueblo catalán, muy numerosa, salió a la calle.

¿Por qué nadie cuenta con los que no votaron el referéndum del Estatut? Cierto que en Democracia hay que votar para que cuente tu opinión, cierto que el que calla otorga. Pero que a nadie se le olvide que hay otra Cataluña que calló en aquella ocasión, torpemente a mi entender, y que sigue callada ahora. La Cataluña nacionalista, políticamente impulsora, activa, fecunda, movilizada, politizada y concienciada no debe olvidar que existen otros catalanes a los que hay que respetar, con los que hay que contar, no puede prescindir de ella porque son también catalanes.

Ayer, al final de la manifestación Montilla comprobó que nunca será suficientemente buen catalán, suficientemente buen nacionalista, suficientemente avanzado para algunos de los suyos. Ayer al final de la manifestación se pudo comprobar que en vez de atizar el fuego debería haber jugado la carta de la serenidad y convertirse en Josep I el pacificador. Ayer al final de la manifestación quedó patente que “esa” Cataluña nunca paga a traidores.

Tenemos un lío, tal vez sea el incendio del verano, a ver quién le apaga, a ver quien le aventa. Es muy posible lo que dicen los nacionalistas catalanes: habrá un antes y un después de la manifestación de ayer.

PD: No hay que dejar de considerar que el PP y otros no recurrieron algunos artículos de otros estatutos similares a algunos del estatuto catalán. Como explicación no vale que un artículo en manos de políticos andaluces no supone lo mismo que en manos de políticos nacionalistas catalanes. La explicación no es suficiente, es infantil y poco adecuada a la realidad de España. Peligrosa, en definitiva.

Los peligros del «Estatuto bis»
Editoriales ABC 12 Julio 2010

La cuestión política principal es saber si esta sentencia da coartadas al Gobierno para poner en marcha un plan B que dé al Ejecutivo de Cataluña lo que esta resolución impide o condiciona

Es cierto que la sentencia sobre el Estatuto catalán que el Tribunal Constitucional dio ayer a conocer representa un golpe a la columna vertebral del texto original y, políticamente, no deja de ser una desautorización a una norma que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no se ha cansado de tildar de «plenamente constitucional»; sin embargo, también lo es que abonará nuevos conflictos, al pretender un equilibrismo ilusorio entre la Constitución y un texto estatutario cuya inconstitucionalidad es mucho mayor que la declarada por el TC. Los magistrados de la mayoría han aprobado una sentencia que realmente ejecuta un mecanismo de sustitución del legislador y no un juicio jurisdiccional. En efecto, el Estatuto vigente en Cataluña ya no es el aprobado y publicado oficialmente, sino el que la mayoría del TC ha reconstruido interpretativamente para rechazar en parte un recurso de inconstitucionalidad que, si no hubiera mediado esa interpretación, habría sido estimado más ampliamente.
Este ejercicio abusivo de la «sentencia interpretativa de rechazo» es lo que ha fracturado internamente al TC, hasta el extremo de ser el objeto de la primera crítica que realizan cuatro magistrados discrepantes —Rodríguez Arribas, Conde Martín de Hijas, Rodríguez Zapata y Delgado Barrio— porque entienden que el Tribunal ha asumido funciones de legislador encubierto. Si la constitucionalidad de una ley depende de la confrontación de su texto con la Constitución, la mayoría del TC ha optado por contrastar el Estatuto con un elenco de interpretaciones propias, elaboradas a partir de una reescritura de los preceptos impugnados. Es más, queriendo salvar artículos cuya formulación era inconstitucional, llegan a cambiar el sentido de las proposiciones, para hacer que un «en todo caso» signifique un «en su caso», o que «la lengua vehicular» quiera decir «una lengua vehicular».

Desde la perspectiva del recurrente, el Partido Popular, esta sentencia es, en buena medida, una emboscada a sus argumentos de impugnación, porque son rechazados por la interpretación sobrevenida que realiza el TC, no porque el Estatuto se ajustara a la Constitución. El resultado de este diabólico método de enjuiciamiento interpretativo es una sentencia contradictoria, que establece límites razonables a los estatutos de autonomía, pero renuncia a extraer todas las consecuencias de su planteamiento, que en este caso habrían sido muchas más declaraciones de inconstitucionalidad que las recogidas en el fallo.

En efecto, la sentencia parte de que no hay más nación que la española y que esta es única e indivisible. Igualmente, declara que «los Estatutos de Autonomía son normas subordinadas a la Constitución» y que la Constitución «no admite igual ni superior». No puede haber, por tanto, competencia a la norma constitucional procedente de una norma estatutaria, ni legitimidad superior o equivalente a la soberanía nacional que reside en el pueblo español. Asimismo, recuerda el TC que los Estatutos de Autonomía son leyes orgánicas y que, en tal condición, están subordinados a la Constitución y deben respetar la reserva de materias a otras leyes orgánicas. Tales principios se expresan con claridad, ciertamente, pero el TC ha optado por intentar la conciliación de normas antagónicas a base de poner en el texto estatutario proposiciones interpretativas que ni son propias de un tribunal de Derecho ni se corresponden con la función protectora que le incumbe. En este momento, el Estatuto de Cataluña es un foco de inseguridad jurídica y una fuente de conflictos.

También es cierto que la sentencia aborda las grandes claves del proyecto soberanista que animaba el Estatuto de 2006 y las reconvierte en buenistas declaraciones de principios que deberán esperar a la concreción que resulte de la aprobación de leyes estatales. Este resultado se consigue no pocas veces desfigurando los preceptos analizados, pero dejándolos incomprensiblemente vigentes. La cuestión política principal a partir de la publicación de la sentencia es saber si da coartadas al Gobierno para poner en marcha un plan B que dé al Ejecutivo de Cataluña lo que esta resolución impide o condiciona.

Si existiera lealtad constitucional, los gobiernos central y catalán sabrían que el Estatuto ha sido reconducido interpretativamente a un estatuto autonómico común, con serias restricciones a cualquier veleidad soberanista. Pero como no va a ser el TC el que se encargue de aplicar su propia doctrina, sino ambos gobiernos, es previsible que estos urdan una réplica interpretativa a la decisión del TC para crear atajos que lleven a un «Estatuto bis». Sin embargo, si la vía va a ser un conjunto de leyes estatales, que es lo que sugiere el TC, entonces la solución acabará con el «hecho diferencial» catalán, porque lo que se reconozca a Cataluña se reconocerá a todas las comunidades autónomas, y el efecto disgregador será generalizado. A pesar de la sentencia —con sus luces y sus sospechosas sombras—, el Estatuto catalán, tal y como fue aprobado, es un juguete roto en manos de gobernantes irresponsables.

Impostura y oportunismo
Editoriales ABC 12 Julio 2010

Los socialistas catalanes van a lo suyo y se incorporan a regañadientes a un planteamiento independentista que no les va a servir para mejorar sus expectativas electorales

LA manifestación de ayer en Barcelona contra la sentencia del TC sobre el Estatuto catalán es fiel reflejo de las maniobras oportunistas de un amplio sector de la clase política en vísperas de las elecciones autonómicas. Es falso, en efecto, que exista una unidad de acción entre los partidos y asociaciones convocantes, como demuestran las graves dificultades para alcanzar un acuerdo sobre símbolos y lemas y la ausencia de un comunicado conjunto. Los mismos líderes que ayer escenificaban una unidad ficticia se van a enfrentar sin tregua durante los próximos meses al servicio de sus intereses particulares y partidistas en unas elecciones que prometen tensión en Cataluña. El PSC ha sido incapaz de tomar una postura coherente: José Montilla encabezaba la marcha, aceptando las proclamas independentistas de otros grupos —que en teoría el PSC no asume— y refugiándose en la bandera regional como símbolo institucional.

Aunque ha desempeñado su papel con escasa convicción, es inaceptable que Montilla asuma el derecho a decidir y el principio de autodeterminación, rechazado nítidamente por la sentencia. A su vez, Rodríguez Zapatero mira para otro lado y el PSOE pretende echar la culpa de todo al supuesto «anticatalanismo» del PP. El caso es que los socialistas catalanes van a lo suyo y se incorporan a regañadientes a un planteamiento independentista que no les va a servir para mejorar sus escasas expectativas electorales.

Es notorio que ayer se sumaron a la manifestación múltiples entidades que configuran la parte del tejido social catalán que vive de subvenciones públicas y paga en especie la deuda contraída con los partidos que controlan las instituciones. Muchos miles de personas respondieron en las calles de Barcelona al llamamiento del tripartito; pero también muchos otros miles han preferido disfrutar del fin de semana y aguardan con ilusión la final del Mundial, dejando al margen a unos líderes partidistas a quienes se reprocha —con razón— que actúan con impostura. Una vez que se ha pronunciado el supremo intérprete de la Constitución, la sentencia debe ser acatada por todos.

Por tanto, no valen los atajos ni las artimañas jurídicas para eludir los principios esenciales confirmados por el TC. El presidente del Gobierno puso en marcha un proceso de reforma constitucional encubierta que ahora deja secuelas en forma de actitudes radicales y deterioro de las instituciones. En todo caso, hay que cumplir las reglas del juego y nada justifica una protesta, por ruidosa que fuera, para reclamar el incumplimiento de una sentencia y deslegitimar al Tribunal Constitucional.

¿Millón y medio o sólo 56.000?
La Razón 12 Julio 2010

A cualquier manifestación le sigue de modo inmediato una guerra de cifras que hace muy difícil saber la cantidad de personas que en realidad acudieron. El sábado, al término de la protesta que recorrió el centro de Barcelona contra la sentencia del Estatuto catalán y contra el Tribunal Constitucional, los organizadores cifraban en un millón y medio el número de asistentes. La Guardia Urbana prefirió no precisar mucho en su estimación y calculó que superaban en millón.

Pero ayer, una empresa especializada en medición de concentraciones urbanas rebajó la euforia de los nacionalistas y sitúo la afluencia a la marcha en sólo 56.000 personas. La empresa Lynce obtuvo esta estimación de participación a partir de una densidad media ponderada de ocupación de 0,72 personas por metro cuadrado a las 20:30 horas del sábado.
Según explicó a Efe el director de Lynce, Juan Manuel Gutiérrez, este cálculo corresponde al resultado de las fotografías aéreas tomadas a esa hora, a partir de las cuales se llega a una estimación sistematizada de participación de 56.000 personas repartidas en un espacio de 78.220 metros cuadrados, que era el área ocupada por la manifestación a la hora citada.

La superficie comprendida en el perímetro del recorrido de la manifestación, entre la intersección del Paseo de Gracia con la Avenida Diagonal y la Plaza Tetuán, era de 100.000 metros cuadrados y, en el momento de realizarse las fotografías aéreas con una avioneta a las 20:30 horas, la superficie que ocupaban los participantes en la manifestación era de 78.220 metros cuadrados.

Según esta superficie estimada por la empresa, para que hubiera un millón y medio de personas como calculan los organizadores, en cada metro cuadrado tendría que haber diecinueve personas.

Lynce realizó hasta tres barridos aéreos sobre la manifestación de Barcelona, en los que efectuó 175 fotografías, y eligió para esta estimación sistematizada un total de quince fotografías.

El mejor momento
La elección de esta franja horaria para la estimación de participación obedece, según el director de la compañía, a que era en ese momento cuando se disponía de los mejores datos desde un punto de vista técnico de medición. La densidad de personas por metro cuadrado en la manifestación presenta variaciones según los puntos analizados por Lynce, y en algunas confluencias supera la media ponderada calculada. En este sentido, la densidad media en la confluencia de Gran Vía con Bailén –siempre según las imágenes tomas a las 20,30 horas– arrojaba una cifra de 2,23 personas por metro cuadrado, superior a la media. En la intersección entre Gran Vía y Girona esta densidad era de 0,80, en la de Gran Vía con Pau Claris era de 1,27; en la de Paseo de Gracia con Aragón de 1,75 y en la de Paseo de Gracia con Consell de Cent esta densidad media era de 1,06. Por último, en la intersección comprendida entre el Paseo de Gracia y la Gran Vía, y concretamente en el sector de la fuente ubicada en el cruce de ambas calles, la densidad media era de 0,74 personas por metro cuadrado.

Los datos facilitados por Lynce a la agencia Efe tienen un margen de error al alza del 15 por ciento, un cálculo que podría elevar el número de asistentes a la manifestación hasta las 64.400 personas.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Manifestación
El martirio del Tío Tom
José García Domínguez Libertad Digital 12 Julio 2010

Recordando el tiempo vivido en Barcelona, George Orwell anotaría:

Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. (...) En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido.

Hoy, tres cuartos de siglo más tarde, leo en La Vanguardia, sin duda el rotativo que le ayudó a abrir los ojos a Orwell: "La marcha se desarrolló como una auténtica fiesta cívica". "Cívica, pacífica, amplia, desbordante, entregada a la fantasía liberadora [sic] de la independencia", remacha sin solución de continuidad la gaceta del grande de España. Y se refieren, huelga decirlo, a la apresurada huida a pie que hubo de emprender el presidente de la Generalidad, perseguido por cientos de energúmenos que, entre forcejeos, amenazas e insultos, pretendían agredirlo. Así, la tan ejemplar procesión civil alcanzó el punto álgido cuando Montilla, lívido, descompuesto y temiendo ya por su integridad física, corrió a esconderse en la Consejería de Justicia, distante medio kilómetro del trayecto oficial de la manifestación. Después, como si de un vulgar delincuente se tratara, los escoltas lo sacarían en volandas por el parking mientras la turba patriótica, vociferante, continuaba apostada ante la entrada principal.

Al tiempo, la marcha era oficialmente clausurada sin ni siquiera haber cubierto la mitad del recorrido previsto. Fue la única forma de evitar que la gran lección de civismo concluyese con el Tío Tom internado en las urgencias del Hospital Clínico. Pero, aquí, tal como ordena implacable el Ministeri de la Veritat, el día siempre es noche; lo blanco, negro; y los alguaciles de la censura, laureados periodistas. De ahí que el propio Montilla, aún agarrotado por el pánico, ya aplauda agradecido a sus acosadores, tildando de "cívico, unitario y pacífico" el conato de linchamiento que acaba de sufrir. Había, en fin, mucha gente en ese aquelarre antiespañol, sí. Pero nadie olvide que fuimos muchísimos más los que no participamos en él. Así, la próxima gran exhibición de civismo que ofrezcamos los catalanes tal vez sea ir a la guerra civil. Y si tal día llega, el pobre Tío Tom deberá refugiarse en nuestras trincheras. Por su bien, muy honorable, se lo aconsejo.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

El efecto Montilla
«Cada vez que escucho a Pachi Vázquez se me aparece una espectral figura de aire montillano»
JUAN GRANADOS ABC Galicia 12 Julio 2010

Cada vez que escucho a Pachi Vázquez clamando por la urgente reforma del Estatuto de Galicia, «Nazón de Breogán» en ristre, se me aparece una espectral figura de aire montillano, para recordarme que, desgraciadamente, el cuerpo político camina más errado y distante del electorado que nunca.

En vísperas de la estentórea salida a la calle del President Montilla sustentando eslóganes proto-independentistas en protesta por la sentencia finamente cocinada en los espesos sótanos del Tribunal Constitucional, constatamos que el PSOE no escarmienta de sus errores.

La confluencia de intereses en el tiempo de dos ideologías, la socialista y la nacionalista, que en principio sólo deberían coincidir en su proclividad a la injerencia como sistema, por presunto igualitarismo los unos, por claro uniformismo los otros, han generado entre ambas, parece ya evidente, un trasunto de Leviatán redivivo, que lo más que hace es normativizar con saña de burócrata cumplidor todo cuanto ejercicio de la libertad encuentra a su paso.

El furor del converso que vienen mostrando los socialistas catalanes de la mano de los nacionalistas de la Esquerra Republicana no es ya una excepción, es una apuesta electoral que ha sufrido su clara extrapolación a Galicia.

Y en esas siguen, inasequibles al desaliento y al evidente rechazo de la componenda por parte de la opinión pública. El hongo invasivo nacionalista no tiene remedio, en cuanto prende en el cuerpo social no existe ya ungüento fungicida que pueda con él; tal es la maraña de canonjías, subvenciones y prebendas prebostales que otorga, que casi nadie puede prescindir de la obediente sumisión para vivir de, por ejemplo, trabajar libremente en la vida civil, alejado de la tutela tribal.

No les vendría mal a nuestros apóstoles de la redención vernácula destinar aunque fuese un instante a la reflexión. Puede entenderse que los catalanes, conocedores de sus cifras macroeconómicas, crean que autofinanciándose y manteniendo una relación paritaria con el Estado serán más felices, aunque esto sea sólo en apariencia y a corto plazo.

Pero que los gallegos, en claro seguidismo según el inefable estilo del lobby corporativo Galeuscat, puedan pensar que la autofinanciación y el distingo lingüístico solucionaría algo de su más bien deprimente devenir económico, es una píldora que sólo políticos cegados por sed de eternidad pueden tragarse. Uno no puede menos que preguntarse si Pachi Vázquez, el converso, se ha parado a pensar alguna vez en todo eso. Si el PSOE en general no se ve a sí mismo ridículo mostrándose a cada paso más nacionalista que los propios nacionalistas.

La rendición de cuentas en el hemiciclo lo deja más claro que nunca. Sabíamos que, en esta segunda legislatura, el país iba desnortado, dando dramáticos bandazos con un irresponsable al timón. El Debate sobre el Estado de la Nación ha servido para constatar que al frente del timón no hay nadie. (“Nadie sabe en qué dirección rema”, subrayó Rajoy). Porque el discurso en la tribuna de oradores fue humo, ninguna salida para afrontar la crisis, nada que aportar; porque el presidente consumó su suicidio con unas medidas económicas de corta y pega que se esforzó patéticamente en presentar como novedosas, cuando venían a ser la contrarreforma de su programa electoral; y porque ese vacío de identidad fue llenado por el soberanismo catalanista, del que Zapatero se ha convertido en rehén político, hasta el punto de llegar a ponerse al borde de la traición a la Carta Magna, al decir que aunque acata la sentencia del TC desarrollará el Estatut, en diálogo con la Generalitat, es decir mediante triquiñuelas legales. Pagaba así el peaje a la tenaza socialista-nacionalista que le tiene hipotecado, y preparaba el terreno para la reunión que mantendrá la próxima semana en La Moncloa con José Montilla.

El arranque del debate centrado en el Estatut y no en la grave situación económica, lo que daría pie a la gruesa munición nacionalista –o mejor dicho electoralista– lanzada por Duran i Lleida contra la sentencia del TC, demuestra gráficamente que Zapatero carece de proyecto de Estado, y que son otros quienes dictan el rumbo, moviendo al líder socialista como una marioneta. Si en la primera legislatura quien marcaba el norte era el soberanismo vasco, lo que explica la tregua trampa con ETA; en la segunda ha sido el Estatut, la peligrosa mecha encendida por Zapatero, que ha devenido en incendio que amenaza chamuscar a los socialistas en las elecciones catalanas. Eso explica que Zapatero comenzara su comparecencia prometiendo el desarrollo del Estatut, desfigurando el verdadero sentido del Debate sobre el Estado de la Nación.

Porque después se acabó. Ni una sola idea, y sí mucha cara dura. Enarbolar el Plan E era una forma de burlarse de los 4’6 millones de parados; esgrimir el Plan de Estabilidad como la panacea es un insulto a la inteligencia de sus señorías, sobre todo porque ese proyecto ni siquiera se ha aprobado; echar la culpa de la crisis al contexto internacional, una forma de eludir la responsabilidad por su falta de previsión; asegurar que la economía nacional está ahora coordinada con la Unión Europa, un patético eufemismo para no reconocer que España es un protectorado, intervenido para que contagie su virus al resto.

Respecto a algunas de las medidas que esgrimió como la reforma laboral o el decretazo, implican una especie de autonegación que dio pie a un irónico trabalenguas de Rajoy: “Zapatero condena la conducta de Zapatero y se dispone a salvarnos de Zapatero”. En este sentido, el líder de la oposición, le emplazó a presentar un plan y un calendario para afrontar la situación, y no un simple “goteo de ocurrencias”. Zapatero no convenció a nadie, a ningún grupo parlamentario, ni a la derecha ni a la izquierda. Y cada vez convence menos a los ciudadanos. El propio líder socialista se vio obligado a admitir que había perdido confianza en los sondeos, aunque espetó a Rajoy “ni que usted estuviera para tirar cohetes en las encuestas”. Lo que la tendencia demoscópica refleja es que el PSOE se desploma y el PP le supera en intención de voto, como apuntaba la publicada por LA GACETA el pasado domingo. Una tendencia que se va a acentuar con el agravamiento de la crisis o la soledad parlamentaria del Gobierno ante el decisivo trámite de los Presupuestos.

Decía Stanley Baldwin, premier británico en los años treinta, que el secreto de ciertos políticos es su capacidad para flotar sin hundirse bajo el peso de los principios. La metáfora parece pensada a propósito para Zapatero, un auténtico superviviente, capaz de mantenerse en el poder sin ideas, sin proyecto, siendo un maestro de la seducción, a base de vender la nada, como subrayó en estas mismas páginas Gustavo Bueno. El problema es que este ejercicio circense ha llevado a casi cinco millones de españoles a la calle, a las empresas a la ruina y al país entero a perder el crédito en la escena internacional. Y ha envenenado la convivencia, dividiendo a los españoles y provocando una peligrosa crisis institucional, con su obra maestra de improvisación e irresponsabilidad: el incendio del Estatut.

Quien ha causado el problema no puede ser la solución, como viene diciendo hace tiempo el PP. Rajoy lo explicó ayer con meridiana claridad: sin confianza es imposible gobernar. “Se puede mandar, se puede imponer la voluntad, pero no basta con tener el poder, es precisa también la reputación”. Zapatero la ha dilapidado; y carece de autoridad moral para exigir sacrificios a los españoles.

RESACA TRAS LA MANIFESTACIÓN
Las matemáticas rebajan la euforia mientras Montilla y CiU sacan pecho
El Semanal Digital 12 Julio 2010

La Guardia Urbana y la organización hincharon las cifras con la complicidad de la prensa catalana, que este domingo cargaba contra el PP. Rajoy llama a los españoles a un "proyecto común".

El día de la resaca de la manifestación contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña fue también el día de la guerra de cifras. El éxito de una marcha como la de este sábado en Barcelona depende de la afluencia de público, y por ello la Generalitat, los organizadores y hasta la prensa catalana no escatimaron esfuerzos en hinchar los números hasta resultar sospechosos.

La Guardia Urbana habló de 1,1 millones de ciudadanos llegados de todos los puntos de la región en defensa de su norma autonómica. Los convocantes, Òmnium Cultural, fueron más allá y elevaron la cifra hasta los 1,5 millones, con la complicidad de los principales medios de comunicación catalanes, que dieron por buena esa versión.

Sin embargo, la empresa Lynce, especializada en medir multitudes, dio una realidad muy distinta. Sus cálculos hablan de una participación de 56.000 personas, a partir de una densidad media ponderada de ocupación de 0,72 personas por metro cuadrado a las 20.30 horas. Según explicó este domingo su propio director, Juan Manuel Gutiérrez, a Efe, la medición corresponde al resultado de las fotografías aéreas tomadas a esa hora, a partir de las cuales se llega a una estimación sistematizada de participación de 56.000 personas repartidas en un espacio de 78.220 metros cuadrados.

La diferencia es, por tanto, no de unos cuantos miles de personas, sino abismal: casi 20 veces menos que las cifras de la Guardia Urbana y casi 27 menos que las de los organizadores. ¿A quién creer entonces? "Nosotros no hacemos ideología", señaló Gutiérrez.

Con el permiso del fútbol, la manifestación inundó las páginas de todos los rotativos catalanes -también del resto de España, aunque en menor medida- este domingo. El más leído, La Vanguardia, apostaba por el titular Catalunya sentencia a cinco columnas y una fotografía que ocupaba el resto de la portada. Dentro, su director, José Antich, escribía: "Una Catalunya tremendamente fatigada por lo que le está sucediendo salió masivamente a la calle a dictar su propia sentencia mientras oye en la lejanía cómo otros disfrutan con su hartazgo. Hay un desgarro evidente, y ciego será el que no quiera verlo. Sólo hacía falta estar allí para pulsarlo. Ver familias enteras, gentes de todos los rincones de Catalunya, mucha clase media. Todos, en defensa de su país".

Por su parte, el otro gran diario impreso en Cataluña, El Periódico, aprovechó su editorial -titulado Una gran marcha que plantea un gran reto- para cargar las tintas contra el PP: "En la marcha de ayer cristalizó la profunda indignación no solo ni principalmente con el TC, sino con todos aquellos que, más allá del Ebro, se han dedicado en los últimos años a propalar mentiras sobre los catalanes y sembrar cizaña de forma absolutamente irresponsable. Y en este capítulo ha tenido un protagonismo principal el PP, que no ha dudado en anteponer la captación de votos mediante el anticatalanismo al mantenimiento de la convivencia".

Entretanto, durante toda la jornada de resaca se sucedieron las reacciones políticas. Empezando por la del presidente catalán, José Montilla, que agradeció a los ciudadanos su participación y aseguró que defender el autogobierno no era una abstracción. "Defender el autogobierno es, entre otras cosas, defender las herramientas, los instrumentos y los recursos que la ciudadanía necesita y merece", señaló durante la inauguración de un tramo de Metro. Montilla definió la manifestación como "unitaria, cívica y democrática" y no quiso entrar ni en los abucheos ni en el supuesto intento de agresión de los que fue objeto por parte de, según él, "minorías radicalizadas y totalitarias".

Desde el principal partido de la oposición en Cataluña, CiU, Josep Antoni Duran i Lleida pidió "unidad de las fuerzas políticas catalanas" para hacer frente en el Congreso y en el Parlamento autonómico a la sentencia sobre el Estatuto, y advirtió al resto de España de que "se equivocarán si menosprecian" la manifestación del sábado. "Ayer se expresó la voluntad de ser del pueblo catalán, de continuar siendo catalanes y de serlo en plenitud", escribió en su blog.

Por contra, Mariano Rajoy aprovechó la clausura del Campus FAES para hacer un llamamiento al respeto, a la prudencia, a la unidad y a compartir un proyecto común. En su discurso, el líder de los populares evitó referirse de forma expresa a la manifestación y se centró en lanzar un mensaje de optimismo. "En el futuro hay que hacer un esfuerzo para entenderse en lo fundamental, habrá que actuar con mucha prudencia y mucho sentido del estado y este partido va a convocar a todos los españoles a un proyecto común que rechace la división y el enfrentamiento, que respete a todos, que sume voluntades y que abrigue la fuerza de la unidad", señaló.

Rajoy arremetió, no obstante, contra José Luis Rodríguez Zapatero por haber actuado "con una frivolidad sin límites y con total falta de sentido de estado" durante toda la tramitación y aprobación del Estatuto de Cataluña. Denunció que "ha engañado a todos los ciudadanos" de Cataluña y del resto de España actuando como un "aprendiz de brujo" y criticó que ahora "está escondido al ver las consecuencias de la frivolidad de sus actuaciones".

La resaca de la marcha del Estatut deriva en una guerra de cifras / Los organizadores hablan de más de un millón de asistentes y una empresa especializada los rebaja en 26 veces
 

Recortes de Prensa   Página Inicial