AGLI

Recortes de Prensa    Martes 13  Julio  2010

 

Debate incómodo para Zapatero
Editoriales ABC 13 Julio 2010

La crisis económica centrará, como es lógico, el Debate sobre el estado de la Nación, pero desde luego no agota el cupo de debilidades que presenta el Gobierno

MAÑANA comienza en el Congreso de los Diputados el Debate sobre el estado de la Nación y esta vez será muy distinto para Rodríguez Zapatero. La contienda parlamentaria con Mariano Rajoy se va a producir con una opinión pública claramente orientada en las encuestas hacia un cambio de gobierno, con diferencias que oscilan entre los 8 y los 11 puntos porcentuales a favor del Partido Popular. Tampoco hay margen, como ocurrió en anteriores debates, para sorprender a la oposición y a los ciudadanos con subidas de pensiones, ayudas públicas indiscriminadas, como la deducción de 400 euros, o medidas de corte populista. El grifo de las cuentas públicas está cerrado, lo que obliga a Rodríguez Zapatero a administrar una situación de penuria que nunca creyó que le tocaría vivir, acostumbrado como estaba a tirar de las saneadas cifras que se encontró en 2004. Este Gobierno ha demostrado que no estaba preparado para gestionar una crisis. Además, el Ejecutivo socialista y su presidente tienen el estigma indeleble de la desconfianza ciudadana, que es una forma de inhabilitación política que resulta muy complicado revertir. Con vistas a una rendición de cuentas, como la que tendrá que hacer mañana, este es el peor escenario para un presidente de Gobierno.

Además, la reacción de sus colegas socialistas de Cataluña a la sentencia del Tribunal Constitucional reabre ante Zapatero el debate territorial, nunca cerrado del todo, con una virulencia desconocida, forzándolo a una contradicción inocultable con José Montilla, socialista que encabezó el pasado sábado una manifestación totalmente independentista. Esta fractura interna del socialismo español revela la fragilidad de las bases sobre las que se apoyó Zapatero para acceder al poder, con una red de compromisos con los nacionalistas que, además de ser una apuesta temeraria y fallida, lo ha debilitado. De hecho, en este momento, la tensión territorial con Cataluña —aquella de la que Zapatero culpaba a Aznar— es la más grave desde 1978. En cambio, donde ha conseguido mitigarla, como en el País Vasco, es por un pacto con el Partido Popular.

La crisis económica centrará, como es lógico, el debate de mañana, pero no agota el cupo de debilidades que presenta el Gobierno. La imagen de agotamiento político que transmite el Ejecutivo es cada día más nítida, agravándose sus perfiles por las incógnitas sobre el futuro inmediato que les esperan a los dos frentes de su gestión en situación crítica: la economía y el sistema autonómico.

Una Presidencia sin liderazgo
Juan Iranzo. La Razón 13 Julio 2010

La Presidencia de la Unión Europea ha coincidido con uno de los momentos más difíciles de la economía española. Nuestros problemas financieros, de competitividad, de sobreendeudamiento, inmobiliarios, del sector público y la caída del potencial de crecimiento, han provocado un gran problema de credibilidad, respecto a la posibilidad de refinanciar nuestras deudas en los mercados financieros, lo que se ha traducido en un aumento espectacular de nuestra prima de riesgo y en un aumento del paro que duplica a la media europea. Con esa realidad, nuestropresidente del Gobierno carecía de toda capacidad de liderazgo. Bien al contrario, los 600.000 millones de euros, que debemos a los alemanes y a los franceses provocó que en mayo entrásemos en protectorado económico y que se dotase un Fondo de Apoyo, que en gran medida estaba pensado para España.

Estos «tirones de orejas», nos han hecho reaccionar tímidamente para poder tranquilizar al resto de países. El Gobierno tomó medidas que han sido insuficientes, además de tardías. La bajada del salario de los funcionarios, la congelación de las pensiones, la supresión del famoso, y tan aireado, en su día, «cheque-bebé», son algunas de las medidas que, de la noche a la mañana, se tomaron, sin enmarcarlas en un programa de recorte de gasto público ni de reformas estructurales para reducir el gasto estructural, pensiones, Sanidad, Administraciones Públicas, ect. Así mismo, se debe aplicar medidas de oferta para mejorar el potencial de crecimiento, laboral, energético, justicia o finanzas, entre otras. Sin embargo, sólo se han aprobado pequeños cambios en el mercado laboral que pueden favorecer ligeramente el ajuste de plantillas, pero que reducen la flexibilidad.

Como se ha establecido hay que continuar haciendo reformas estructurales que permitan mejorar la competitividad de nuestra economía, para lo que es necesario mejorar la eficacia del mercado de trabajo e incrementar el crecimiento, siendo éste el gran generador de empleo. Y para conseguir este objetivo, el mercado de trabajo debería gozar de mayor flexibilidad y movilidad de los trabajadores por todo el territorio nacional. Así mismo, las cotizaciones a la Seguridad Social constituyen uno de los elementos que más inciden en la pérdida de competitividad de las empresas españolas, por lo que sería necesaria una rebaja generalizada de las cotizaciones sociales para todo tipo de contratos, ya que las contribuciones de los empresarios españoles son las más altas de toda la UE.

Durante estos meses, nuestra Presidencia tendría que haber servido para procurar que Europa se adaptara con rapidez al nuevo contexto mundial, en el que jugase un papel más activo ante la Globalización, pues ésta intensifica los procesos de integración económica protagonizados por la liberalización del comercio internacional y por la coordinación de las políticas económicas. Los avances tecnológicos, la Globalización y la flexibilización de los mercados, así como la movilidad de la mano de obra, favorecen un crecimiento prolongado sin tensiones inflacionistas, lo que puede significar moderar los ciclos económicos, puesto que las características estructurales son distintas a las del pasado. Y es que un incremento de la demanda de bienes y servicios no se traduce, necesariamente, en mayores tensiones inflacionistas si este va acompañado del aumento de la oferta o es absorbido por la mejora de la productividad, fruto de los avances tecnológicos. De este modo, España debería haber intensificado la capacidad europea en el campo de la innovación, además de responder a los retos tecnológicos que surgen.

Estos dos fenómenos, la Globalización y la tecnología, se refuerzan mutuamente, puesto que la primera es consecuencia de la segunda y, a su vez, un mercado global y más competitivo fomenta la innovación tecnológica, factor clave del crecimiento, lo que consolida el proceso globalizador. En este nuevo entorno, la rápida difusión de los productos y las tecnologías permite, indudablemente, suavizar los ciclos económicos; y un crecimiento elevado y sostenible en el tiempo es el elemento fundamental para pasar de una economía industrial a una economía del conocimiento y mejorar, al mismo tiempo, los niveles de vida de la sociedad. Han tenido seis meses para dotarnos de normas que nos permitieran resolver los problemas derivados de las rigideces institucionales. También se debían haber analizado, con racionalidad económica, los problemas medioambientales y haber tratado de dar respuesta a los mismos sin que mermase la capacidad competitiva de las empresas europeas frente a las que tienen las de los países de otros continentes. También se tendrían que haber adaptado los sistemas sociales a los cambios demográficos y haber garantizado la sostenibilidad financiera de cara al futuro. En relación con la energía, se debería haber pensado en solucionar los problemas de abastecimiento y dependencia de la misma. Y en un ámbito más social, la renovación de los sistemas de educación y de formación hubiera sido fundamental, para orientarlos hacia las nuevas necesidades del mercado laboral en permanente transformación por los efectos de la crisis. Esta Presidencia tendría que haber tomado más medidas, dentro y fuera de España, pero se han convertido en seis meses que pasarán a la historia de Europa sin ninguna trascendencia.

Estatuto
Montilla y los cívicos
Cristina Losada Libertad Digital 13 Julio 2010

Del gran acto cívico celebrado en Barcelona, lo único que se sabe con claridad meridiana es que Montilla tuvo que salir por piernas. Tras soportar insultos durante horas, el presidente autonómico tomó las de Villadiego, rodeado de un cinturón de escoltas que a duras penas podía protegerle de la marabunta que le acosaba. En el abecé del agit-prop figura que sólo han de convocarse aquellas manifestaciones que se puedan controlar. Y, desde luego, no sumarse nunca a las que, a buen seguro, serán controladas por otros. O el PSC lleva demasiado tiempo en los despachos o prefiere que Montilla sufra las iras de la plebe antes que disolver su alianza con el secesionismo ultramontano. ¿La solución? Borrar la vergonzante escapada con orwelliana tinta de calamar y de prensa. Todos están muy contentos del civismo demostrado por los energúmenos. A fin de cuentas, no llegaron a pegarle.

La costumbre de los últimos años es que sean los del PP los que acaben recibiendo. Hay que decir que los socialistas hicieron cuanto pudieron para que se repitiera esa rutina. Mira que insistieron en quién tiene la culpa de que los catalanes no disfruten de su Estatuto íntegro. El PSOE concede tanta importancia a la constitucionalidad de las leyes y alberga tal respeto por el Tribunal Constitucional, que entiende que aquel texto sería plenamente constitucional si el PP no hubiera presentado el recurso. Pero la maniobra falló. El socialismo señaló al auténtico enemigo y resultó que para los más entusiastas el verdadero enemigo era Montilla. Previsible. Cría fanáticos, dales alas y luego, echa a correr.

Nada de eso, por supuesto, ha sucedido. Y, como no ha sucedido, Montilla sigue montado en el tigre. Lejos de instruir y de instruirse sobre los fundamentos de la democracia, se ha dedicado a excitar a esos cívicos que tanto le quieren. Ya anuncia que la sentencia del TC le traerá sin cuidado a la hora de aprobar leyes. Y ello por la sencilla razón de que la tal sentencia sólo "toca las narices" con sus reiteradas alusiones a la "indisoluble unidad de España". Qué mal gusto el de los magistrados. En lugar de olvidar ese aspecto esencial de la Constitución, van y lo recuerdan. Aunque si tanto molesta a los socialistas la unidad de la Nación, lo tienen fácil: presenten una reforma constitucional para eliminarla. A ver si hay narices.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Estatuto
Las narices de Montilla
Guillermo Dupuy Libertad Digital 13 Julio 2010

Decía Quevedo de Góngora que era "un hombre a una nariz pegado". Pero para narices superlativas o, por lo menos, enormemente sensibles, las de ese otro cordobés de nacimiento y actual presidente de la Generalidad de Cataluña, José Montilla. Juzguen ustedes: a pesar de que el Tribunal Constitucional apenas ha recortado lo que debería haber sido rechazado de plano por ser esencialmente contrario a nuestra Ley de Leyes, Montilla dice que "la sentencia está llena de ofensas gratuitas que no tienen efecto jurídico, pero sí el efecto de tocar las narices". Y pone ejemplo: "¿Tienen [los ponentes] que reiterar tantas veces la indisoluble unidad de España?".

Convendremos todos que lo de la napia de Montilla no debe ser muy normal si siente que se la manosean unos magistrados que se limitan a recordar algo que, como la unidad de España, forma parte esencial de la Constitución a la luz de la cual se supone que había que juzgar la legalidad del Estatut. Una Constitución y un precepto de unidad de España como nación y como estado de derecho que –dicho sea de paso– fue respaldado por un número de catalanes muchísimo mayor que el que respaldó ese engendro soberanista que proclama a Cataluña como nación.

Pero lo de las narices de Montilla, aunque no sea perceptible a la vista, es algo descomunal. Si tendrá narices, que dice que se las toca la unidad de España al mismo tiempo que asegura no ser un independentista; si tendrá narices, que respalda que la lengua materna de más de la mitad de los catalanes –incluido él mismo– siga erradicada como "vehicular" de la enseñanza en Cataluña, al tiempo que evita a sus hijos la coactiva inmersión en catalán en un colegio alemán.

Hace falta también muchas narices para hablar de "ofensas gratuitas" por parte de unos magistrados cuando él ha llegado a la extrema falta de respeto de negar al Tribunal Constitucional su legitimidad para juzgar las leyes. Organiza y preside manifestaciones contra nuestro fragmentado estado de derecho, pero el ofendido es él. Ahora, tras la sentencia que también niega al parlamento autonómico la capacidad para crear "vegueries" si se alteran los límites provinciales, advierte que "las leyes deben aprobarse; puede que con algunas observaciones del Consell de Garanties Estatutàries, pero no a la luz de lo que diga la sentencia". Vamos, que Montilla no oculta que está claramente dispuesto a pasarse la sentencia y la Constitución por esa parte del cuerpo donde no resulta muy estimulante acercar las narices. Con todo, el ofendido ha sido, es y será él. ¿Cuestión de narices? Más bien de caradura.

La sátira
Emilia Casas Baamonde
Fray Josepho Libertad Digital 13 Julio 2010

¿Pese a todo, no se exilia?
Emilia.

¿Virtudes demuestra escasas?
Casas.

¿Y a su señor corresponde?
Baamonde.

Quisiera yo saber dónde,
después de dictar sentencia,
sepulta, entierra y esconde
los restos de su conciencia
Emilia Casas Baamonde.

La prensa digital ayuda a reforzar el castellano en Internet
Así se asegura en el libro 'El español en la Red' de los lingüistas Guillermo Rojo y Mercedes Sánchez
 www.lavozlibre.es 13 Julio 2010

Madrid.- El idioma español y la prensa digital van de la mano. De hecho, el castellano tiene en esta forma de hacer periodismo uno de sus caminos principales para reforzar su presencia en Internet. Esto es lo que defienden los lingüistas Guillermo Rojo y Mercedes Sánchez en su libro 'El español en la Red'.

Guillermo Rojo ha cifrado en 8,4 millones los españoles que leen prensa digital desde sus ordenadores. A esta cifra se han de sumar otros 2,9 millones de personas que acceden a los contenidos de prensa desde sus teléfonos móviles, ya preparados para conectarse a la Red. Dentro de todos ellos, hay diferentes perfiles. Un 20% es considerado lector intensivo de prensa digital. Esto viene a resultar unas tres horas mensuales leyendo noticias. El lector medio suele ser un varón menor de 45 años.

Los escritores también calculan que hay unos 850 diarios digitales que redactan sus noticias en castellano. De ahí que se refuerce este idioma y esté situado como el tercero de Internet con 136 millones de usuarios, tras el inglés y el chino. En los últimos tres años se ha producido “un aumento considerable en la Red de la comunidad hispanohablante”. 681 millones de páginas en español son las que calcula Google que existen, según datos que ofrece el propio buscador. Delante de él, están el chino con 806 millones y encabeza la lista el inglés con 9.890 millones de páginas.

El crecimiento del castellano para los autores tiene una de sus causas en “el aumento registrado en América Latina, que tiene un especial interés”. Internet es un buen termómetro para medir la evolución de la lengua, tan cambiante pos los usos y hábitos juveniles de las jergas. La Red propicia, según Rojo, la causa de nuevos elementos y fenómenos en todos los subsistemas (fónico, gramatical y léxico) que forman una lengua.

El libro se enmarca dentro del proyecto 'El Valor económico del español: una empresa multinacional', de la Fundación Telefónica.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Cabalgando un tigre
La sentencia del Tribunal Constitucional «es más un espaldarazo que un rechazo del nuevo Estatut. Y, sin embargo, un millón de catalanes han salido a la calle a gritar porque se sienten heridos. ¿Cómo explicarlo?»
J. M. RUIZ SOROA El Correo 13 Julio 2010

Pues ya está, los políticos catalanes han tenido por fin su ratito de 'éxtasis de pueblo'. A base de atizar su 'rauça' han logrado que salgan a la calle a protestar más ciudadanos de los que salieron a votar en su momento el texto que ahora consideran mutilado. Incluso los que estaban en contra del texto. Se pone así, de la misma manera estrafalaria que comenzó, el punto y seguido a una de las operaciones políticas más bobas de los últimos años. Pero de una manera cuyas consecuencias será difícil controlar, lo cual bien mirado es el colmo de la ineptitud para un político.

La clase política catalana ha sido la principal responsable de haber llevado las cosas al planteamiento de un 'juego de suma cero' en el que sólo cabe victoria o derrota. Eficazmente ayudados, todo hay que decirlo, por la feliz irresponsabilidad del presidente del Gobierno español y de su partido, que no han dudado por puro interés puntual en embarcarse en un Estatut que sabían perfectamente que chirriaba en el marco de la Constitución. Igual que no han dudado en estropear para un largo período una de las instituciones más valiosas que poseyó en tiempos el sistema democrático: porque al Tribunal Constitucional se le ha exigido que cuadrase el barroco arabesco que unos partidos habían dibujado a golpe de capricho. Demasiado para un órgano tan delicado.

Y lo cierto es que, a pesar de todo, la sentencia final ha sido benevolente para con el Estatut; lo ha salvado casi en su integridad, con una argumentación claramente federalista y abierta al desarrollo del autogobierno (y por una vez comprensible, que no es poco). Lo que ha eliminado o reinterpretado era de una inconstitucionalidad tan obvia que nadie en su sano juicio habría apostado porque podría llegar a superar el trámite. Es más, todos somos conscientes de que todavía hace un año esta sentencia habría sido saludada con alborozo y como un triunfo tanto por el Gobierno de Madrid como por el de Barcelona, pues es más un espaldarazo que un rechazo del nuevo Estatut. Y, sin embargo, un millón de catalanes han salido a la calle a gritar porque se sienten heridos. ¿Cómo explicarlo?

De nuevo por lo mismo: por las necesidades inmediatas y puntuales de una clase política que ha optado por la huida hacia delante, en un proceso alocado de 'a ver quién la dice más gorda'. De los intelectuales catalanes no llegan desde hace tiempo ni reflexión ni argumentos, sólo sentimientos y dolores. Al grito de 'nadie más catalán a mi lado', todos se han lanzado a despertar a la sociedad contándole su aflicción, todos se han puesto a la cabeza del monstruo político ingobernable que han gestado, y todos se encuentran ahora cabalgando a lomos de un tigre, el de la dignidad en carne viva de eso que llamamos un pueblo. Una papeleta de cuidado para unos equilibristas tan torpes.

Causa vértigo pensar que a Ibarretxe le echaron encima la ley, cuando reclamó el derecho a decidir, esos mismos que el sábado decían que es la nación la que decide, que un tribunal no puede ponerse por encima de un pueblo, que la voluntad popular es el único valor en democracia, y demás zarandajas mitineras más propias de una transición predemocrática que de un Estado de Derecho. De nuevo han pillado al Txiki Benegas de turno con la pancarta errónea.

¿Cómo descabalgarse del tigre sin que devore a los aprendices de mago que lo despertaron? Todas las supuestas soluciones son malas: una es el 'conchabeo' politiquero entre Madrid y Barcelona para dar por debajo de la mesa lo que el Tribunal ha dicho que no cabe por arriba. Más desprestigio para la clase política y mayor destrozo para la credibilidad del sistema. Insistir en que la culpa la tienen los populares no tiene mucho recorrido. Otra cosa sería la de contar la verdad a una sociedad sobreexcitada. Pero es imposible cuando se encaran unas elecciones en las que toda racionalidad será juzgada como debilidad. Queda el amenazar con el 'nos vamos' o intentar establecer un futuro a base de referendos: azuzar al tigre. Pero me temo que a los españoles de a pie les importa ya muy poco toda esa algarabía: se han aburrido del Estatut, y las amenazas ni siquiera suscitan ya indignación en ellos.

¿Qué queda entonces cuando la política ha abandonado el sentido común? A Dios gracias, y como siempre sucede en este país nuestro, nos quedan importantes elementos a favor: nada menos que el tiempo, el verano y la asentada convicción de los catalanes de que su clase política es autista y bastante corrupta. Finalmente, el tigre lo reconducirá el escepticismo y la desafección de la sociedad civil catalana, que difícilmente se dejará embaucar a largo plazo. Porque una cosa es que esté dolorida, y otra que sea tonta. Perderemos todos en términos de desafección democrática, pero ni la sangre llegará al río ni el país se romperá. España es una realidad a prueba de sus políticos.

La “nación catalana”, constitucional
Partido Nacional Republicano 13 Julio 2010

El Partido Nacional Republicano califica al régimen juancarlista de antinacional, antidemocrático y antisocial: hoy da un paso decisivo en la fragmentación de la Nación española, a la vez que somete a su pueblo trabajador a los planes de ajuste dictados por la UE y el FMI.

El fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut ha fulminado de un trallazo la soberanía del conjunto del pueblo español. Entretanto, este pueblo se entregaba con efusión futbolera a la jarana de la selección “roja”. Soberano no es el pueblo español, sino Zapatero, Artur Mas, el Parlament català y la banda de Montilla. Ellos son quienes, cual constituyente, han decidido proclamar una nueva nación, la catalana, y que el TC, órgano de la partitocracia juancarlista, la cubra de oropeles de legitimidad.

El PNR ha denunciado sistemáticamente el Estatut, desde su gestación hasta su aprobación. La sentencia del TC no nos podía sorprender: el Estatut es la piedra de toque para el despliegue confederal del Estado Autonómico previsto en la Constitución del 78. Es, además, el troquel para otros estatutos, especialmente, para la reforma del Estatuto Vasco en un contexto de “pacificación” para el imaginario “conflicto vasco”.

El Fallo
En el lenguaje de madera propio de los leguleyos, la sentencia afirma que la expresión “Nación catalana” carece de “eficacia jurídica interpretativa”. Pero nadie ignora su enorme carga política y por eso se mantiene en el Preámbulo, así como se mantienen los símbolos “nacionales” catalanes. Estamos ya en la “nación de naciones”: el pastiche del “Estado español” y las naciones étnicas de trasfondo racista, en vías de confederalización. A la vista del deficitario resultado del referendo de ratificación del Estatut de 2006, con la participación de sólo un 49% del censo electoral, el TC ha tenido que echar un capote legitimando el autogobierno de Cataluña con la leyenda de “los derechos históricos del pueblo catalán”. También se mantiene el monolingüismo catalán y la mayor parte de lo relativo a la financiación, a las competencias de Cataluña y a la bilateralidad entre Cataluña y el “Estado”. El propio Gobierno de la Generalidad acaba de admitir que “no ve en peligro cuestiones básicas, como la inmersión lingüística ni el nuevo sistema de financiación”. Cae solamente el articulado relativo a la independencia de un órgano del poder judicial catalán y de un tribunal de justicia de Cataluña como máxima instancia, pero no las atribuciones que le corresponderían. Zapatero ya se ha apresurado a declarar que está dispuesto a “tomar alguna iniciativa para reforzar lo que es el esfuerzo de desarrollo del Estatuto que hemos hecho". Esto es, adecuar la ley a las pretensiones del Estatut.

Otoño, las elecciones catalanas
Quizá, por primera vez en su historia el diario “El País” hace una correcta síntesis de lo que ha pasado: reconoce que “el Constitucional avala el Estatuto, pero que los escuálidos recortes darán abundante munición retórica en un ambiente preelectoral como el que vive Cataluña.”

En efecto, el PSC, al que los sondeos pronostican un descenso y ERC, cuya caída parece muy acusada, se han lanzado a un desaforado victimismo, clamando contra la “humillación de Cataluña” por una sentencia que les parece insuficientemente catalanista. Pero Montilla, que se cree obligado a encabezar marchas de “desagravio”, ha dejado claro que acatará la sentencia, si bien se prepara para entrevistarse con Zapatero con el fin de “restablecer el pacto constitucional”. Es decir, pedir más dinero para la voraz burguesía catalana y sus acólitos políticos.

El PSOE celebra la derrota del recurso del PP que, según Rubalcaba, “pierde 290- 1” . Por su parte, el PP, se ha precipitado a apoyar la sentencia, manifestando por boca de la sin par Soraya que “ahora sí ya tenemos un estatuto catalán constitucional, que representa a todos los catalanes y catalanas”. Rajoy no se ha quedado atrás: “toca mirar al futuro con ánimo de concordia”. Pasa página y arroja al retrete los cuatro millones de firmas contra el Estatuto que hizo recoger a sus militantes para desfogarlos. En su opinión, tras los retoques del TC, el texto ya cumple las reglas de juego. "Es un tema que no nos interesa", afirma de cara a las autonómicas catalanas y a sus posibles componendas con CIU.

En perspectiva
Así, no ha ganado el PSOE ni ha ganado el PP. Ha triunfado el régimen al completo y lo que queda de España se precipita en caída libre. Sólo algunos ilusos pueden seguir hablando de soberanía del pueblo español y de igualdad entre sus ciudadanos. Pero aún podemos descender más peldaños en la disgregación. Máxime cuando la disolución de España es funcional a los designios colonizadores del Euroreich, cuyo palmarés desintegrador es amplio: partición de Checoslovaquia; desarticulación de Yugoslavia, reconocimiento de la independencia de Kosovo… Eurolandia es acicate de todas las tensiones centrífugas que nos asolan. Los intereses del capital financiero centro-europeo exigen la desarticulación de las naciones más frágiles, para volcar más fácilmente el fardo de la crisis sobre sus trabajadores y apoderarse de sus recursos.

De entrada, la sentencia servirá para alentar pasos en otras partes. Camps ha corrido a reafirmar sus cláusulas de arrastre. Andalucía ha reclamado una pronta revisión de su Estatuto. Núñez Feijóo ha asegurado que Galicia también es una nación. Pero, sobre todo, el Estatut aporta marco formal indispensable a las maniobras que se preparan en Vascongadas para el “final dialogado de la violencia”. El lehendakari Patxi López señala satisfecho que el Estatut “cabe en la Constitución ”. Y añade: "hay cosas que el tribunal ve que ahora no son válidas, pero que en el futuro pueden ser posibles".

Si la “Nación Catalana” es constitucional, nos sobra la Constitución española de 1978 y el régimen que la sustenta, con su reyezuelo y toda su corte de partidos y leguleyos.

¡Abajo el Estado de las Autonomías!
¡Abajo la monarquía!
¡República española unitaria!

Secretaría General del Partido Nacional Republicano
Julio de 2010

La Confederación Catañola y el fútbol (II)
Javier Orrico. Periodista Digital 13 Julio 2010

Si hay algo que revele esa escisión sentimental y política en que vive la Cataluña moderna desde la Renaixença (el inicio cultural de lo que luego daría en separatismo político), esa esquizofrenia que los ha destruido a ellos y a nosotros, es el fútbol, su conversión en símbolo y ejército de la frustración nazional que ha caracterizado la trayectoria histórica de Cataluña. La selección nazional catalana ha sido siempre el F.C. Barcelona, de ahí el “mès que un club” (“El FC Barcelona es 'més que un club' en Catalunya, porque es la institución deportiva más representativa del país”, es lo que dice la página web del Barça sobre sí mismo) , y no la selección española, un equipo impuesto, según sus desvaríos míticos, reflejo de la colonización a que España ha sometido históricamente a la nación catalana y al que se ha obligado a acudir a los jugadores catalanes contra su voluntad. Por eso, nada más dañino para esa utilización del fútbol como arma sentimental del separatismo que los triunfos de la selección española, de la España cuyo nombre han sustituido, con la ayuda de nuestra sedicente izquierda, por el color de su uniforme para no ahondar en la llaga de ver a un equipo integrado mayoritariamente por catalanes representando al odiado opresor.

Ese conflicto interior, esa grieta por la que se desangra una región que siempre fue España y bilingüe (al menos desde la llegada de la dinastía Trastámara a la Corona de Aragón), pero que dejó de aceptarse a sí misma con las secuelas del Romanticismo, estallaba el pasado miércoles cuando el equipo de España vencía en las semifinales de la Copa del Mundo a la poderosa Alemania. Esa mayoría de catalanes que no existe en la visualización del Régimen, ajena a los cargos públicos y a la representación oficial, que no vota en las elecciones autonómicas, que vive, piensa y siente como los españoles de cualquier otra región, salió a la calle a cantar “yo soy español, español, español” para escándalo de la casta, pues ese grito supone la voladura de las bases ideológicas sobre las que la clase política del cuatripartito (la izquierda gobernante y CiU) ha construido su camuflada dictadura.

España no tiene, pues, un problema en Cataluña. Si los catalanes fueran mayoritariamente separatistas, se habrían ido ya y adiós. El problema es de Cataluña, de una comunidad que sin ser separatista vive formalmente como si lo fuera. El problema es que en Cataluña la democracia es un inmenso embuste que no sólo no representa su pluralismo interno, sino que en nombre de la España plural del falsario PSOE de hoy, ha aplastado, ocultado y perseguido a la auténtica Cataluña plural, hasta que unos muchachos de ‘rodalíes’ (el modo en que los nazis nombran con desprecio a la gente de las afueras) salen a la calle a gritar ¡Viva España!, a agitar la bandera rojigualda, a celebrar el triunfo de un equipo de todos que es una bofetada para los nazionalistas. Su desgarro es que ni siquiera la mayoría de los catalanistas mismos quieren lo que su corazón les dicta y su discurso dice, porque saben que no les conviene.

Esa esquizofrenia ha vuelto a encarnarla mejor que nadie, tras la etapa de claridad de Laporta, el nuevo Barça del astuto Sandro Rosell. Unos días después de presentarse en Extremadura a desagraviar a su principal sucursal barcelonista en España –recordemos que Laporta había llamado imbécil a su presidente, Fernández Vara, por quejarse de un Barcelona nazionalista, cuando nunca fue otra cosa, y allá Fernández Vara si no se entera-, el fino Rosell se afiliaba a Òmnium Cultural, la principal entidad civil del separatismo, organizadora de la manifestación del sábado, y ponía al club “al servicio del país” y de sus instituciones, confirmando que una alta representación del Barça estaría presente en la manifestación.

Un acto abierto de reclamación de soberanía y privilegios, de rechazo y odio a España, encabezado por un socialista cordobés y con el lema “Somos una nación. Nosotros decidimos”. Lo que quiere decir que los demás españoles no decidimos nada, y a crujírnosla, con perdón de la mesa, como fue siempre. Eso sí, no engañan a nadie, puesto que el texto del Estatut les reconoce la nación, y el Gobierno de ZP la decisión, en la medida en que van a usar las leyes para traicionar a la Ley y darle a la Generalitat la parte de soberanía judicial, casi completa en lo demás, que el TC le ha recortado.

Y todo un día antes de que España, el equipo nacional español, ganara la Copa del Mundo y un turbión de catalanes saliera a las calles a expresar su contento. A explotar frente a tanta estupidez y a la inexistencia a que se les ha condenado durante treinta años. Lo decía muy bien, con intención sarcástica, claro, una web catalanista refiriéndose a la celebración en Canaletas (¡horror, en el lugar simbólico del barcelonismo!) de las victorias españolas: “El patriotisme espanyol surt de l’armari (El patriotismo español sale del armario)”.

En la misma página, E-noticies, aparecían también unos jóvenes de Esquerra cantando el “I puta Espanya…” mientras veían el partido con Alemania, o el delator Santiago Espot, presidente de una asociación que se dedica a denunciar comercios que no rotulan en catalán, pregonando su apoyo a Holanda. Por su parte, en El Punt-Avui la información sobre aquel partido aparecía en la sección Europa-El Món, o sea, en internacional. Es suficiente. A los que han llenado estos días Barcelona y toda Cataluña con banderas de España los llaman “colonos”. Pues colonos todos. Lo que ya empieza a fatigar a muchos españoles es tener que convivir con esa Cataluña frustrada que ni siquiera sabe vivir consigo misma

Estatut
En calzones y a la carrera
Clemente Polo Libertad Digital 13 Julio 2010

Tras conocerse el fallo del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatut que declara inconstitucionales 14 de sus artículos y reinterpreta a la baja otros 27, el Gobierno catalán y los líderes de los partidos nacionalistas catalanes (CiU, PSC, ERC e ICV-EUiA) se apresuraron a escenificar ante los medios de comunicación su rechazo a un auto que todavía no era publico y que con independencia de sus fundamentos jurídicos prejuzgaban una afrenta y humillación a Cataluña. La revuelta contra España se escenificó con todo lujo de banderas el 10 de julio en una manifestación convocada por la Generalitat y los partidos nacionalistas catalanes, agazapados bajo el parasol de Òmnium Cultural, una de esas instituciones bien engrasada con subvenciones públicas para difundir los mitos de uno de los nacionalismos más rancios de Europa. En el lema elegido para encabezar la manifestación, "Somos una nación. Nosotros decidimos", eché en falta los adjetivos "grande y libre" que tan bien describen los ideales étnico-lingüísticos totalitarios de sus convocantes y las políticas represivas empleadas por el Gobierno catalán para imponerlos en las últimas décadas.

Después de varios intentos fallidos para sacar adelante una sentencia que "constitucionalizara" el Estatut, el Gobierno catalán inició hace un año una campaña sistemática dirigida a deslegitimar al TC ante la opinión pública. Durante los últimos meses, el president Montilla i Aguilera no ha dejado de repetir que el Estatut es un "pacto político" sobre cuya contenido el Tribunal no podía pronunciarse y ha amenazado con las siete plagas de la desafección de Cataluña si los magistrados osaban tocar una coma de un texto que, por cierto, respaldaron únicamente el 36% de los ciudadanos. Fracasado el intento de amedrentar a los magistrados, el Gobierno catalán y el Parlament dirigieron hace unas semanas dos recursos al propio Tribunal Constitucional exigiéndole que, contraviniendo el artículo 161 de la Constitución, se declarase incompetente para ver los recursos presentados contra el Estatut hace cuatro años por el PP, varias comunidades autónomas y el defensor del Pueblo. El esperpento culminó cuando el president Montilla, tras conocerse las líneas maestras de la primera sentencia, acusó al TC de irresponsabilidad, llamó a los catalanes a manifestarse masivamente y demandó al presidente del Gobierno español que iniciara de inmediato una negociación con el Gobierno catalán para "recuperar" los artículos declarados inconstitucionales.

La actuación del Sr. Montilla durante todos estos meses ha puesto de manifiesto su completo desprecio por la división de poderes, la base sobre la que se sustenta cualquier Estado democrático, y su deslealtad a los procedimientos e instituciones que la encarnan en España. Por eso me pareció muy apropiado que la Sra. Cospedal le recordara hace unos días que llamar a los catalanes a manifestarse contra el del TC es propio de los regímenes antidemocráticos y fascistas; y encontré fuera de lugar y ridícula la réplica del Senyor de Girona que la acusó de faltar al "respeto institucional debido" al president de la Generalitat de Cataluña. No es, Sr. Nadal, la Sra. Cospedal, al fin y al cabo secretaria de organización de un partido de la oposición, quien ha faltado al respeto al president sino el Gobierno y el Parlament de Cataluña los que con deslealtad e irresponsabilidad pretenden situarse por encima de la Constitución española y el Tribunal encargado de interpretarla. La Constitución que votó el pueblo español reconoce la existencia de comunidades autónomas cuyos gobiernos y asambleas o parlamentos están sujetos a la propia Constitución y a las leyes conformes con aquélla. No tengo ninguna duda de que bastantes catalanes –no creo que pasen del medio millón– quieren un Estado propio, pero esa aspiración no cabe en la Constitución actual, ni por lo tanto en ningún estatuto, y hay que agradecer al TC que lo haya clarificado de una vez por todas.

Por cierto, que para falta de respeto institucional hacia el president Montilla la de sus socios de manifestación, CDC, que exhiben en sus sedes unos pasquines donde bajo una imagen del President de la Generalitat en calcetines y calzón corto puede leerse: "Montilla: no hipoteques Cataluña". Hace falta ser bastante bobo y candoroso para aceptar ponerse al frente de la manifestación independentista de la mano del Sr. Mas y acabar teniendo que salir por piernas para evitar que algunos de los jóvenes leones convocados acabaran rompiéndole la crisma. Me refería hace unos días al PSC como el convidado de piedra a la interminable y constitucionalmente imposible marcha del nacionalismo catalán hacia la independencia, pero el pasquín de CDC y el intento de agresión que sufrió Montilla durante la manifestación me hacen pensar que fui muy generoso con ellos: para el Honorable Pujol, Mas y su banda de comisionistas, por mucho que Montilla defienda el Estatut nunca pasará de ser el Mal Ladrón que les ha usurpado la Masía Gran (Generalitat) durante los últimos cuatro años estropeándoles un negocio de décadas.
Clemente Polo es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Barcelona. Escribe regularmente en su blog.

 

Adiós España, sí, pero la legalidad ya no existe
Núcleos de Oposición Antinacionalista. Comunicado 41.  13 Julio 2010

Ya está, el alto Tribunal Anticonstitucional se ha destapado en forma y tiempo conveniente a las estrategias de las distintas facciones de la casta política, produciendo una sentencia que, como no podía ser de otra manera, resulta claramente anticonstitucional (no hace falta ser un leguleyo para darse cuenta). Esos jueces-delincuentes zarandeados por los manejos de los políticos, presionados e incluso amenazados, no podían caer más bajo. No hay infamia que les repugne. 

La Constitución ya venía siendo vulnerada y desbordada a troche y moche, tanto por los sucesivos gobiernos, en su actitud genuflexa ante los nazionalistas a quienes, además, frecuentemente han alentado y encubierto, como por los gobiernos autonómicos. Nunca la Constitución ha sido la norma de referencia, sinó la norma a batir. No es nuevo. 

Hemos visto como todas las instituciones del aparato del Estado han operado constantemente en pos de la destrucción de España y sus instituciones, democracia incluida. 

Ahora es el “reino” de los jueces quien nos ha confirmado que también está podrido hasta la médula –lo que ya sospechábamos- desde el mínimo de los juececillos hasta la más alta magistratura. 

Analistas y comentaristas se han abalanzado sobre el fallo. Para unos los retoques han sido mínimos y el texto “ya es constitucional” frase mágica, ¡respirad!, para otros se ha desactivado su peligrosidad, etc.… y todos mienten. El estatuto de los nazionalistas es expresamente anti-constitucional y anti-español, y no ha sido desactivado ni en lo más mínimo: se reconoce la autodenominación de nación para esa región y se dice que “sin eficacia jurídica” ¿cómo se le ha quitado tal eficacia, si persiste, y en el lugar más importante del documento?, ¿si se refieren a ella en numerosísimos puntos del documento, y de las leyes y reglamentos ”autonómicos” que se han ido emitiendo?. Se permite el fraccionamiento de la soberanía “indivisible” del “pueblo español”, admitiendo un origen distinto y extraconstitucional al “derecho a decidir” de una fracción sobre el resto y queda consagrado. Se  establece la “bilateralidad” en las relaciones de esa nazión con un estado que hay por ahí al lado (que como dijo en su día P.Maragall, tendrán que inventarse un nombre para “eso”) y que ya sólo puede reconocerse, momentáneamente, como el país de BotellónPuteríoyPorro, hasta que el resto de “pueblos” dolientes, secuestrados por aquel gran mal absoluto que era España, establezcan sus “estatutos-constitución” análogos, logren liberarse, y despertar de la pesadilla a una mañana radiante y esplendorosa en que podrán, ¡por fin!, entregarse a sus respectivas expansiones territoriales. 

Se quiera o no, se diga como se diga, se utilicen todos los eufemismos que se quiera, y se recurra a toda clase de tecnicismos burocráticos: si esa región es una nación, España no, lo contrario es imposible, si la población en esa regioncilla tiene soberanía, el resto de la población española no, lo contrario es imposible, y si esa administración trata en plan de igualdad al Estado vecino, es tan Estado como él (no hace falta proclamar de nuevo el “Estat Català”, ya lo es de hecho), por lo que sobre ese territorio no hay ni puede haber ya ningún poder definido por encima del que se han arrogado ellos mismos, lo contrario es imposible.Y todo eso mediante un referéndum en el que participó menos de un 50% de la población y que sólo arrojó un 70% de votos favorables, es decir, menos del 30% de la población, y que ha estado aplicándose sin sentencia favorable del tribunal Anticonstitucional, y también, se quiera o no, el voto de la población, sea el que sea, no implica la legalidad de lo votado ni lo convierte en legal

La manifestación-protesta decretada por los Nazis catalanes por una parte está orientada al servicio de las estrategias electorales particulares de la partitocracia, que nos importan un bledo, pero sobre todo es una escenificación de su recientemente proclamado poder exclusivo. No es irrelevante, es un aviso. Las llamadas a su carácter pacífico pretenden ocultar su verdadera naturaleza: es una amenaza. 

En consecuencia lo que los “magistrados-delincuentes-complacientes” (y da igual quién ha votado qué) han determinado es que el estatuto está por encima de la Constitución y la sobresee de hecho; el resto de legislación del anterior estado, que ha de someterse al nuevo estatuto, debe ser modificada para ajustarla a él. Mediante ese artificio se pasa de la antigua  “legalidad” a la nueva “legalidad” pero naturalmente cometiendo una felonía por el camino, “alguien” carente de escrúpulos ha vendido su alma al diablo. 

Si quienes debían defender la Constitución la apuñalan de esta manera, derogándola de matute, han liquidado la legalidad. La legalidad ya no existe. 

La situación consecuente es sólo una caricatura de legalidad que hay que mantener ante el mundo para que el actual sistema partitocrático (partidos y personajes) pueda seguir invocando su legitimidad frente a posibles, imprevistas, y desagradables evoluciones, mientras se nos impone, de nuevo, a la fuerza, un hecho consumado, ilegal, fraudulento y abominable. 

Así culmina este largo, astuto, y paciente proceso emprendido por los Nazionalistas, de compra de voluntades, corrupciones, amenazas y chantajes mezclados con victimismo y asesinatos de cuando en cuando (si omitimos el pequeño detalle del 11-M, producto del ya evidente complot entre los nazionalistas, el psoe y Marruecos, y tal vez algún otro amigo, y que curiosamente, ningún partido quiere aclarar). A eso se le llamaba “hacer pedagogía”, eran los tiempos en que se aceptaba que el nacionalismo era caro, si bien el traidor español resultaba bastante baratito.

 En conjunto, dicho proceso, y en especial su fase final, constituye un verdadero Golpe de Estado. 

Por otra parte la casta política que parasita todas las estructuras del poder en los múltiples y macrocefálicos parlamentos, que arruinan el país, donde encuentran cobijo una infinidad de personajillos infectos, mantiene la mascarada democrática mientras la ha vaciado de contenido degenerándola en un régimen partitocrático-cleptocrático compuesto por sinvergüenzas corruptos y saqueadores. 

No solamente eso, sinó que ninguno de los partidos del sistema han vacilado en pactar con los secesionistas para alcanzar sus fines particulares, y ya sabemos que el precio de esos pactos siempre ha sido descoser España. Han estimulado el secesionismo, han mirado hacia otro lado ante los excesos de sus socios, y han preferido pagar a cualquier precio el apoyo de los mismos antes que unirse frente a las mayores amenazas a la Nación española, ahora ya, gracias a ellos, extinta.  

A grandes rasgos, y muy simplificadamente, la causa de este disparate no debe achacarse al “fracaso de las elites”, como se dice, sinó a su defección en la lealtad debida a la Nación española y a la participación en su destrucción activa o pasivamente. En realidad hablamos de la inexistencia de verdaderas “elites” (en el sentido positivo del término), se trata simplemente de las minorías dirigentes que tenemos, de bajísimo nivel. Simples oportunistas. 

Dicho de otro modo, las minorías dirigentes no han manifestado ninguna voluntad de defensa de la Nación, de la Constitución (aunque sea infecta), del Estado que debían gestionar y no han intentado derogar la ley electoral que les pone en manos de las exigüas fuerzas nazionalistas, estrictamente antidemocráticas antiespañolas y golpistas, a las que otorga un poder descomunal y anula el principio democrático que da igual valor a todos los votos. 

Por el contrario, de una forma prácticamente explicíta y creciente, se ha fomentado entre la población el desprestigio de la Nación española e incluso se ha negado su existencia; se ha impulsado fuertemente el antiespañolismo promovido anteriormente por la “oposición” al régimen franquista al que, interesadamente, se identificó con la Nación histórica que es España, como consecuencia de la abducción de la llamada izquierda por los nacionalismos.  

Actualmente la autodenominada izquierda, con el psoe a la cabeza, que no tiene que ver con la izquierda histórica de la que son sólo detritus residuales compuestos por progres radicales destructivos antiespañoles y saqueadores, y las “derechas” (encabezadas genéricamente por el pp) históricamente indiferentes cuando no hostiles a la Nación española, y también saqueadores, la han deslegitimado frente a unas delirantes naciones inventadas. Poco ha importado que España como país y como nación emerja fruto de un proceso histórico muy temprano, milenariamente anterior a la denominación de esas nuevas naciones, e incluso a la propia ideología nacionalista –de origen germánico Herder, Fitche etc.- que las ha inspirado, a la que en consecuencia la Nación española nada debe y por lo tanto no necesitó gestar, para ser, un nacionalismo español como el de éstos advenedizos que nunca fueron. 

Visceralidad, odio irracional, cobardía y falta de convicciones se mezclan en esta actividad destructiva casi  frenética. Disgregar, liquidar el país, requiere previamente el fraccionamiento de una sociedad históricamente consolidada y a ello se han entregado intensamente los nazionalistas mediante sus inventados “hechos diferenciales” y al uso político, con finalidad excluyente, de las lenguas cuando han estado disponibles (en otros casos se inventan). 

A ello se suma la dejación que se ha hecho de la enseñanza, entendida certeramente por la antiespaña como un bastión fundamental en la labor destructora, y que fue rápidamente colonizada tanto por los nazionalistas como por una progresía infantilode que la han degradado intensamente hasta convertirla en meros centros de indoctrinación. 

Y para completar el acoso se han lanzado intensas campañas de destrucción colaterales de todos los valores que habían sido el acerbo moral e histórico de la sociedad española: ataques a la religión católica en favor de confesiones foráneas y extrañas a nuestra cultura, banalización de la sexualidad y el desenfreno hasta prácticamente promover la perversión de menores, el debilitamiento y práctica ilegitimación de la familia, así como la negación del individuo y la desvalorización de la vida humana mediante la trivialización del aborto, de hecho irrestricto, y la introducción de la eutanasia, ¿para cuándo la eugenesia? 

El resultado de todas estas acciones conbinadas es el decaimiento, el hundimiento moral de  la sociedad española. El último obstáculo ha sido removido. 

Así pues tanto desde el “gobierno” como desde la “oposición” éste régimen partitocrático es subversivo respecto a sí mismo, respecto a las propias instituciones y la legalidad en que se fundaban, a la que debían ajustarse y preservar. Consecuentemente es ilegítimo. 

El sistema político puesto en marcha a partir de la transición, ha llegado a su término, se ha agotado la dinámica que ciegamente lanzó y que ha desembocado en esto. Se inicia ahora una nueva fase, independiente de su origen, con características nuevas, en la que el retorno a cualquier momento anterior ya no es posible. 

La liquidación de la legalidad y la ilegitimidad del sistema político actual hacen lícito y necesario su derrocamiento para: refundar el Estado, restituir la legalidad, restituir la democracia, recomponer la sociedad y erradicar a los nazionalismos. 

Si, en general, el progreso y bienestar de una sociedad requiere, entre otras cosas, un cierto grado de lealtad y colaboración entre todos los sectores, una reacción capaz de alterar el curso dramático de los acontecimientos, como es el caso, exige la existencia de una conciencia ciudadana. 

Pero mal puede hablarse de ciudadanía, que implica un cierto nivel de responsabilidad, cualificación moral y valores que la fundamenten cuando en buena proporción somos una población que carece de todo ello, en parte a causa de la manipulación y en parte debido a nuestra propia irresponsabilidad y abandono al hedonismo egoista e insolente emergido de un período de bonanza económica (sin mérito propio en ello)  henchidos de nuevorriquismo y de éste individualismo de masas que distorsiona todas las percepciones. No somos víctimas inocentes sinó más bien culpables de habernos convertido en una grey de población vacuna (pedazos de carne con ojos, de mirada obtusa) pasmarotes cobardes, grotescos, deformes, zafios y envilecidos a quienes se puede ofender, escupir e incluso ir matando impunemente. 

Para muchos lo único importante es el paro y la profunda crisis que no ceja, es perfectamente entendible; para los “liberales” lo importante es que los negocios continúen funcionando con normalidad. Por razones distintas, para ambos, “lo demás” es accesorio. Pues bien, ese “accesorio” prescindible y molesto, la destrucción del país de la que todos parecen desentenderse pero que está en el origen de la crisis y la hace intratable, nos producirá más de aquello que ya tenemos: paro y penuria. 

Si como indivíduos hemos fallado, otro tanto cabe decir de los numerosos grupos activos (algunos grandes): narcisistas, ombliguistas, desdeñosos de los demás, infatuados de sí mismos, lamelibranquios incapaces de unirse para plantar cara al enemigo común y a la amenaza concreta que se ha cernido sobre nuestro país. Un enfrentamiento que ninguno por sí solo podía abordar. Nadie ha estado dispuesto a abandonar sus particularidades domésticas, “derechas”, “izquierdas”, “liberalismo”, “república”… y tantas otras etiquetas ridículas para la magnitud del envite. 

Ante la unidad de acción y la organización unitaria imprescindible ha faltado grandeza y voluntad. 

Cada uno ha permanecido encerrado en su pequeño cascarón de autosatisfacción. Y son más culpables quienes han tenido, y tienen, más medios y capacidad. 

Aquí cabe mencionar proyectos cuyo sectarismo en un caso y la falta de definición en el otro, les ha impedido aglutinar y canalizar la esperanza de muchos. Sólo nos referiremos a los dos que se han hecho más visibles: UpyD y Ciudadanos. Pero no son únicos. 

A UpyD España se la suda; y como España ya no existe, suponemos que sus sudores se deben haber terminado y ya habrán alcanzado el Nirvana acariciando su confeso “federalismo” (o confederalismo, ahora ya no se sabe donde están, es un enigma). Incapaces de afrontar el problema real de la liquidación de las Autonomías, único camino posible, se recrean y debaten acerca de un regeneracionismo blando e imposible, pero eso sí pergeñado de matices y cautelas. 

En cuanto a Ciudadanos, el caso es más trágico. Despertó la ilusión de muchos, decepcionó a casi todos. Iban de “no nacionalistas” y rechazaban todas las banderas…excepto las de los nacionalistas, para que no les llamaran no se qué (y se lo llamaron igualmente), su mimetización resultó un fiasco. No querían ser el “partido de la lengua”, había otras cosas importantes de las que ocuparse. Y efectivamente, no lo fueron, y al no querer ocuparse obstinadamente y machaconamente, del único problema para el que estaban allí (puesto que para los demás no hacían ninguna falta), al no querer mencionar a la bicha, no han sido nada. Se convirtió rápidamente en un amasijo de arribistas, de oportunistas bien conocidos, e incluso de criptonacionalistas. Nada. 

Finalmente como tras la liquidación de España, lo que queda es un magma confuso, no bien definido, pronto tendrán que emerger las restantes, estas sí, indiscutidas e indiscutibles naciones que suponemos abocadas al choque y al conflicto, pues motivos no les faltarán (anexiones terrritoriales, cuencas hidrográficas etc…). 

Todos hemos sido culpables y tenemos lo que nos merecemos.  

Pero la lucha continúa, como continuó el 2 de mayo de 1808, como continuó en la época cartaginesa y romana, como contra el imperialismo británico. Jamás nos rendiremos. 

Pero hace falta poner los medios. 

La organización unitaria, la resistencia. La conciencia de todos, la meta única y obsesiva. La Nación y el Pueblo. Esos somos. Reflexionad.

Núcleos de Oposición Antinacionalista
www.nucleosoa.org

Recortes de Prensa   Página Inicial