AGLI

Recortes de Prensa    Viernes 16  Julio  2010

 

Caballo de Troya
El Estatuto es la obra maestra de Zapatero, un monumento a la improvisación y la irresponsabilidad
IGNACIO CAMACHO ABC 16 Julio 2010

EL Estatuto de Cataluña es la obra maestra de Zapatero, el epítome que compendia como un prontuario su deslavazada forma de gobernar y su frívolo estilo político. Un monumento a la improvisación, a la incoherencia y a la irresponsabilidad; un resumen perfecto de su relativismo intelectual, de su engañosa charlatanería, de su deslealtad constitucional y de su difuso concepto de la nación española. También de su desmañada torpeza legislativa, de su tendencia al apaño circunstancial y a la finta táctica, de ese incompetente manejo de las técnicas de gobierno que no sólo crea problemas donde no los hay sino que aumenta los nuevos con una maraña de rectificaciones y enredos. Convertido por su ineptitud en un lío sin final previsible, el Estatuto condiciona la política de alianzas, el modelo de Estado y quizá la duración real del mandato zapaterista.

Por esa posición cenital que ocupa en su ya menguado proyecto, el presidente mencionó la cuestión catalana como primera prioridad en el Debate sobre el estado de la Nación —¿de qué nación?—, por delante de la recesión económica y de la crisis financiera. Lógico: es lo que más le preocupa, habida cuenta de que a punto de perder la hegemonía andaluza es en Cataluña donde aún puede aspirar a una cierta ventaja electoral respecto al PP. En realidad, todo el descalzaperros estatutario obedece desde el principio a un mero cálculo tacticista de su diseño de poder, que se le ha complicado por incapacidad para manejarlo con una mínima coherencia. Ahora su principal afán consiste en recuperar credibilidad como privilegiado cómplice del soberanismo, un rango que ha quedado en solfa tras el alboroto de la sentencia; los nacionalistas se distancian de él por estrategia electoralista y Montilla se le rebela con furia suicida en un desaforado galope hacia el abismo. Para Zapatero, cuya política esencial consiste en hacer todo lo posible, y al precio que sea, para que le quieran, no hay peor drama que contemplar cómo le dejan de querer.

Para evitarlo no le importa subvertir la legalidad que está obligado a defender y respaldar; de hecho es lo que lleva seis años haciendo al propiciar una reforma encubierta de la Constitución que ahora, fracasada la deriva estatutaria, pretende llevar a cabo mediante leyes orgánicas. En cualquier otro hombre de Estado habría resultado sangrante el lamento que dejó caer en la tribuna sobre el recurso del Estatuto y su sentencia; lo que dijo significaba que hubiese preferido que prevaleciese una ley inconstitucional. En él, sin embargo, resulta de una naturalidad desalentadora; él mismo nos ha acostumbrado a verlo como un deconstructor del sistema. Y las escasas instituciones que aún permanecen sin desguazar parecen sombrías casandrastratando de advertir en vano contra el caballo de Troya.

Debate
En la inopia
Florentino Portero Libertad Digital 16 Julio 2010

Mientras los analistas de política interior valoran el Debate sobre el Estado de la Nación, si Rajoy ganó y por cuánto, el español de a pie ve con resignación que todo sigue igual. Ya sabíamos que Zapatero es un irresponsable, un mentiroso, alguien carente del menor pudor intelectual y, por lo tanto, capaz de decir una cosa y la contraria. Ahora, con la ayuda de Rajoy y otros destacados parlamentarios, lo hemos podido corroborar. Bien está. Pero lo importante, lo que realmente nos afecta, que es cómo salir de la gravísima crisis económica en la que nos encontramos y cómo rehacer una Constitución violada por el Gobierno y el Tribunal Constitucional, eso ha quedado fuera del interés de sus señorías.

El tiempo pasa y el Gobierno no es capaz de proponer un Plan de Estabilización que nos permita salir de la situación de insolvencia en la que nos encontramos. Nuestro presidente se limita a adoptar las medidas que le imponen desde el exterior, pero sin la premura ni la coherencia política que la situación exige.

Mientras por estos lares vivimos entre el subidón de autoestima del Mundial y la depresión por un presente con cinco millones de parados y un futuro incierto, en Bruselas y en las grandes capitales europeas se trabaja para perfilar el futuro de la Eurozona. ¿Cómo es posible que nuestros parlamentarios vivan de espaldas a esta realidad, a un proceso político de enorme trascendencia para el proceso de integración europea y, sobre todo, para nuestra economía y ese conjunto de servicios públicos a los que hemos dado en llamar "estado de bienestar"? ¿Qué va a ser de nuestras pensiones? ¿Cómo se va a ver afectada nuestra sanidad? Lo único seguro es que tendremos que enfrentarnos a ajustes drásticos.

Dejamos que los políticos de la Transición configurasen un sistema de partidos que se caracterizan por la falta de democracia interna y ahora padecemos sus resultados. Viven para sus intereses. Uno trata de aguantar y corteja descaradamente a los nacionalistas para lograrlo. El otro intenta desgastar al partido en el Gobierno para asegurarse un vuelco electoral. Pero, ¿quién se ocupa de hacer frente a nuestras crisis constitucional y política?

¡El capitán Zapatero al rescate!
Roberto Blanco Valdés La Voz 16 Julio 2010

El título de esta columna -y también el argumento- podría ser el de una película de aventuras o el de un cómic: Superman, Batman, El capitán Trueno al rescate!

¿Y qué pinta en medio de tal tropa el presidente del Gobierno?, dirán ustedes con razón. La cosa es fácil, aunque increíble: Zapatero ha entrado en el grupo de los rescatadores, no porque pretenda liberar a «la chica» de las garras del truhán o evitar una guerra planetaria robándole al maloso el arma secreta que él solo está dispuesto a devolver a cambio de un pastón. No; Zapatero lo que desea es rescatar los pocos preceptos del Estatuto catalán que han sido declarados inconstitucionales por quien legalmente puede hacerlo.

La cosa daría para una compleja disquisición jurídica con la que no voy a castigarlos, pero da también para un comentario de carácter general que a todos interesa. Porque, no contento con haber metido al país en el follón de una descabellada segunda descentralización que ha puesto patas arriba el estado autonómico español, Zapatero vuelve a mostrarse dispuesto a lo que sea con tal de no perder ni un voto en un caladero electoral -el catalán- del que han dependido sus dos victorias en elecciones generales.

Un presidente serio y responsable hubiera defendido el papel de las instituciones y, entre ellas, el del tribunal que ha apreciado, por cierto de manera harto generosa con la norma estatutaria y quienes la impulsaron, que algunas de sus previsiones son inconstitucionales.

En lugar de eso, el presidente desautoriza de plano al tribunal cuando promete meter por la puerta de atrás lo que aquel ha sacado por la puerta de delante, mientras su segundo, José Blanco, acusa al PP de ser, nada más ni nada menos, que «el mayor enemigo de Cataluña» por haber hecho uso de un derecho que le confiere nuestra ley fundamental (recurrir en inconstitucionalidad) y pese a saber que la sentencia del TC es la mejor prueba de que la presentación de tal recurso estaba justificada plenamente.

Y todo ello bajo la proclama, expresada ayer por Zapatero en el Congreso, de que «no podemos tapar la boca a los que se sienten una nación». ¿Quién les tapa la boca, presidente? ¿Cómo se puede ser tan demagogo e irresponsable cuando acaba de celebrarse en Barcelona una manifestación en la que cientos de miles de personas marcharon tras una pancarta que rezaba «Som una nació»? No, nadie impide a los catalanes que así lo sientan proclamarse una nación. Lo que se les impide, a ellos y a los demás nacionalistas, es lo que se le impide a cualquier particular, aquí y en todas partes: que, para satisfacer sus deseos, actúen como si la Constitución y las leyes no existiesen. De eso se trata, aunque sea una vergüenza tener que recordarlo.

La cuestión nacional
El victimismo nacionalista no es gratis. Ha llegado el momento de hablar de dinero, del reparto del patrimonio
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 16 Julio 2010

SALÍA el miércoles del despacho cuando al cruzar por la embajada de Francia me topé con la celebración de su fiesta nacional. Iba a encontrarme con un colega inglés, de visita en el Instituto de Empresa y especialista mundial en el papel de las instituciones en el desarrollo económico. Hablamos de la economía española, de sus dificultades actuales y de sus problemas para competir con una moneda única. Al final, y como pidiendo perdón por el atrevimiento, me preguntó: «Fernando, ¿tú crees que este país seguirá unido dentro de veinte años?». Y como para justificarse, antes de darme tiempo a responder se confesó: «Yo creo que no, pero el Reino Unido tampoco, porque Escocia ha emprendido un camino irreversible. Es una tragedia. Qué envidia de Francia». No pude apartar de mi cabeza esta conversación mientras escuchaba los argumentos económicos y políticos vertidos en el Debate sobre el estado de la Nación.

El razonamiento económico de Zapatero sigue aferrado a dos tremendas falacias. Primera, la crisis es un fenómeno meteorológico inevitable, un tsunami imprevisible. Segunda, no hay más alternativa que apoyar al gobierno o España se precipitará al desastre. No hay teoría ni evidencia empírica que apoye ninguna de las dos afirmaciones, pero eso es irrelevante para un presidente que defiende con la misma vehemencia el gasto público y el ajuste fiscal, el despilfarro del Plan E y la congelación de pensiones. La crisis española es el resultado de su política de España crecerá más y mejor, y de su salvaje inyección de impulso fiscal ajena a toda racionalidad productiva. Así se crearon los desequilibrios exteriores y los excesos inmobiliarios y de crédito, así se arruinaron ayuntamientos y comunidades autónomas con la promesa de financiación estatal sin límite. Apoyar a un gobierno en esas condiciones no es un acto de responsabilidad sino de terquedad o ignorancia. Pedir ese apoyo, un acto de soberbia. Amenazar con el diluvio, un rapto de nostalgia caudillista.

Y llegamos a la cuestión nacional. Las palabras de Durán Lleida fueron muy explícitas. Su forma de entender Cataluña no cabe en la Constitución del 78. Está en su derecho, y también a pedir un cambio constitucional. Pero no a negar validez al Tribunal Constitucional, ni a la amenaza. Antes era Aznar el que creaba independentistas, ahora es el Constitucional. Probablemente tiene razón, el Antiguo Régimen se resiste a morir y es incompatible con la Modernidad. Si nos ponemos exquisitos, una visión medieval del mundo anclada en derechos históricos y territoriales es incompatible con el positivismo y la revolución francesa por mucho que el PSC se haya apuntado a ella. Los discursos existencialistas son inútiles y peligrosos, pero que nadie se engañe, si nos adentramos por ese camino, el resultado es incierto. No es evidente que para acomodar a un grupo social, por numeroso que éste sea, el resto de los ciudadanos estén dispuestos a ceder y a renunciar a su manera de entender la España democrática. El victimismo nacionalista no es gratis. Quizás ha llegado el momento, como en los divorcios, de hablar de dinero, del coste de la secesión, del reparto del patrimonio. Como los mercados financieros hablan ya sin tapujos del coste de abandonar el euro. A lo mejor descubrimos que, como los alemanes en la Unión europea, los catalanes han sido y son los principales beneficiarios de la unidad de España.

Guiño nacionalista de Zapatero
Editoriales ABC 16 Julio 2010

Zapatero ha dejado claro que prefiere transigir su debilidad con los nacionalistas. Cualquier cosa antes que ofrecer a la sociedad un acuerdo responsable con el primer partido de la oposición

PARA Rodríguez Zapatero, el Debate sobre el estado de la Nación ha sido la ocasión que necesitaba para escenificar sus necesidades políticas y las soluciones que propone para satisfacerlas. Sabe que tiene un problema de mera supervivencia, que no tiene ya capacidad de convicción ante los ciudadanos y que la evolución de la crisis no le va a dar márgenes de maniobra para una resurrección política milagrosa. Sobre estas bases, Rodríguez Zapatero recuperó en el Congreso la esencia de lo que fue su acceso al poder y volvió a ponerse en manos de los nacionalismos. Esta historia es la de 2004, con la diferencia de que entonces partía con la autoridad de una victoria electoral inesperada frente a un PP convertido en bestia negra de los demás grupos; y ahora es el presidente de Gobierno con el peor balance económico y político de la historia de la democracia. Antes que buscar la novedad de un pacto de Estado con el PP para la recuperación de la economía y las grandes reformas estructurales que se necesitan, Zapatero ha dejado claro que prefiere transigir su debilidad con los nacionalistas. Cualquier cosa antes que ofrecer a la sociedad un acuerdo responsable con el primer partido de la oposición.

Para los nacionalistas, la situación de Rodríguez Zapatero es una oportunidad inmejorable para recolocarse en Cataluña y el País Vasco. Un presidente de Gobierno precarizado es una condición de partida muy propicia para Convergencia i Unió, si acaba gobernando en Cataluña, porque la negociación de los presupuestos generales de 2010 puede tener contrapartidas enjundiosas. Y para los nacionalistas del PNV, las elecciones municipales y forales de 2011 pueden permitirles recuperar parte del poder perdido o consolidar el que conservan si los socialistas acuerdan con ellos, y no con el PP, mayorías de gobierno. Si después del frenazo impuesto por el Tribunal Constitucional al modelo confederal del Estatuto de Cataluña, Zapatero aún se empeña en seguir haciendo exégesis del término nación para complacer a los socialistas catalanes y a CiU, es porque el presidente del Gobierno no ha querido aprender nada de su peligrosa aventura estatutaria. Es muy significativo que las únicas declaraciones comprometidas que realizó durante el debate tuvieran como objeto una encendida defensa del Estatuto catalán y su compromiso de desarrollarlo, dando por hecho, además, que en Cataluña no hay más sentimiento político legítimo que el nacionalista. Zapatero ya gobierna mirando con miedo a Cataluña.

El cadáver que anda
Los dos próximos años serán aún más peligrosos política que económicamente. Que ya es decir
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 16 Julio 2010

¡QUÉ poco nos ha durado la alegría! No se habían apagado los ecos de la fiesta del fútbol, y ya estábamos de nuevo enzarzados en la pelea cainita, diría más feroz que nunca. El último Debate sobre el Estado de la Nación se convirtió muy pronto en debate sobre el estado de las nacioncitas españolas, que quieren ser naciones y que están que trinan porque el Tribunal Constitucional no se lo permite. Durán Lleida se quitó la careta de hombre de Estado español, para arremeter contra Zapatero por haberlo consentido. De lo menos que habló fue de la crisis económica, cargando en cambio contra esa sentencia.

Hoy se ve claro que lo que buscaban era cambiar la Constitución a través del estatut, con la connivencia de Zapatero. Al no conseguirlo, arremeten contra él, aunque dejándole la posibilidad de que lo consiga usando sus poderes ejecutivos. Otro tanto puede decirse de los nacionalistas vascos, con su eterna demanda de nuevas transferencias, sean o no constitucionales o lesivas para el conjunto de la nación. Y lo más grave es que Zapatero sigue dispuesto al diálogo con ellos, dice que les comprende y da a entender que el cerrojo del TC puede abrirse a través de «normas», dictadas por decreto. Concretamente, la pretensión catalana de tener su propia justicia, al margen y a la altura de la española. O sea, su «Estado de Derecho».

Al fondo de todo ello está aquella maldita frase de «os daré lo que me pidáis», que Zapatero pronunció en el Palau Sant Jordi, cuando él no puede dar lo que es anticonstitucional. Entonces engañó a España con los nacionalistas catalanes. El TC le ha obligado a engañar a los nacionalistas catalanes con España. Y ahora se dispone a engañar de nuevo a España con los nacionalistas.

Ayer les decía que Zapatero es, políticamente, un cadáver. Pero les advertía que es un cadáver que anda, lo que le hace doblemente peligroso. Sabe que del PP y de la auténtica izquierda, a la que ha traicionado, no puede esperar ayuda. Sólo le quedan los nacionalistas. Pero los nacionalistas no se contentarán esta vez con promesas. Quieren realidades. Y ya sabemos la última realidad que buscan los nacionalistas: dejar de ser españoles. Con menos que eso no van a contentarse. Es lo que van a exigir a Zapatero para permitirle seguir gobernando.

Y Rajoy, a todo ello, sin enterarse, con su rimbombante discurso de siempre, pidiendo a Zapatero que se vaya. Cuando todos sabemos que ni se va, porque ya no tiene nada que perder, ni los nacionalistas le dejarán irse, porque es el único que puede darles su nación. Quiero decir que los dos próximos años serán aún más peligrosos política que económicamente. Que ya es decir.

El responsable del desastre se nos aparece como gran patriota salvador
Antonio Pérez Henares. Periodista Digital 16 Julio 2010

La crisis ha sido una especie de accidente meteorológico. ZP no tiene nada que ver con ella ni con haberla negado, ni con no haberla querido ni ver, ni con haber tomado las medidas exactamente contrarias a las que debía ni con haber despilfarrado con lo que debía ahorrar. Nada, el Gobierno no tiene responsabilidad alguna en ello. Y cuando desde instancia superiores, porque está poniendo en peligro a Europa entera, se le obliga a hacer lo que el día anterior juraba y perjuraba que jamás haría se trasviste en un santiamén y se presenta como el mártir que va a inmolarse por España haciendo lo que le fuerzan a hacer y va en contra a lo que siente, piensa y predica. Al menos hasta ayer y seguro que predicara mañana según el público y el escenario. El gran patriota que pone los intereses nacionales por encima de los de su partidos y los de el mismo. Y hay gente que se lo cree. Que le creyó lo anterior, a pies juntillas, y lo de ahora, que es exactamente lo contrario.

El gran patriota se envuelve ahora en la bandera de España. ¿Pero no es quien hizo de aprendiz de brujo con el Estatut, quien alentó las ansias soberanistas, quien dio barra libre y quien no tenía claro el concepto de Nación? ¿No fue quien ayer, tras la sentencia del Constitucional, viene a decir que se pueden hacer algunas trampas para que lo inconstitucional cuele de la manera que sea ¿ ¿No es el compañero-jefe de un tal Montilla, presidente socialista de la Generalitat, y eximio ejemplo de “tonto útil” del independentismo catalán cuyo ultimo aporte ha sido la convocatoria y encabezamiento de una manifestación separatista contra España?. Y clama el gran patriota delante de todo ese panorama encima y sacando pecho que ya se ve, que no se rompe España. ¿No?. No es precisamente lo que vemos y desde luego que no será por su labor ya que el problema de desvertebración y de enconamiento de ruptura es mayor.

Y el Debate del Estado de la Nación. Resulta que no es el gobernante quien debe rendir cuentas, resulta que a quien hay que examinar no es al presidente del Gobierno y lo que hace una año dijo y lo que desde entonces aquí ha hecho. No de eso nada. En el debate del Estado de la Nación a quien se enjuicia es a la oposición, responsable como bien se sabe de los males patrios y del desgobierno del país.
Esa es la alucinación que José Luis Rodríguez Zapatero pretende que establezcamos como realidad y hay quienes como tal la propagan y proclaman a los cuatro vientos. La cosa está muy mal, la economía hecha unos zorros y la Nación puesta en solfa, pero de ello quien la lleva gobernando desde hace seis años largos no tiene culpa de nada. . Pero que de nada, nada. La culpa es de la oposición. El incendiario es el bombero, contra ZP la solución es el “otro” Rodríguez Zapatero, contra el siniestro Hide el remedio es el doctor Jeckill. El es nuestro verdadero salvador, el que cueste lo que cueste se inmolará por el bien de todos.

Puede incluso que él mismo se crea su propia mentira, es humano. Pero si quienes nos la creemos somos nosotros es que somos en verdad idiotas.

P.D. Encuestas del debate del Estado de las Nación: El País da vencedor a Rajoy por tres puntos y el Mundo por uno. Es la primera vez que esto sucede en las encuestas posteriores a estos debates.

Pasión por la imposición
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 16 Julio 2010

Pasión por la imposición. Así habría que calificar las reacciones de algunos círculos nacional-socialistas galaicos (más nacionalistas que socialistas, en honor a la verdad) a la sentencia del TC sobre el nuevo Estatuto catalán. Y es que, lejos de reconocer que muchas de sus pretensiones no han sido reconocidas por el TC, tratan de convencernos además, de que su postura es la única legítima. O lo que es lo mismo, tratan de dejar las posiciones que discrepen de la suyas…¡fuera de la Constitución!

La primera andanada vino de un diario nacionalista de reciente aparición que, el día 5 de julio publicaba, nada más y nada menos que “A sentenza do ‘Estatut’ pecha a porta a que os pais elixan a lengua do ensino”. Eso sí, en letra pequeña decía algo que no era lo mismo, a saber, “O Constitucional ampara a posibilidade de que as lenguas propias sexan ‘vehiculares’ se así o decide o goberno autonómico”.

Basta una comparación entre el titular y el súbtitulo para darse cuenta de que el citado periódico, una de dos: o no tiene mucho respeto por la lógica, o quiere enviar un mensaje equivocado. La razón es muy clara. El Tribunal Constitucional, en un fundamento jurídico que, por cierto, aún desconocemos, argumenta que no es inconstitucional la posibilidad de establecer una lengua cooficial como lengua “vehicular” según ciertas condiciones. A falta de conocer el fundamento jurídico “interpretativo” se puede sospechar que esas condiciones son las que ya ha establecido en el pasado, a saber, que se garantice también el conocimiento de la otra lengua oficial. Un modelo de imposición vergonzante que no se atreve a definirse como lo que, efectivamente, es. Pero esto, insisto, es una posibilidad. Y una “posibilidad” no es una “obligación”. Lo cual significa que, de ningún modo se cierra la puerta a que los padres elijan la lengua de enseñanza. Esta otra posibilidad, que, por cierto, existe en la Comunidad autónoma vasca, es, según el TC, también constitucional. Y todo ello, sin olvidar, que es, esto sí, inconstitucional, que la lengua cooficial sea preferente. Algo de lo que, por cierto, debe tomar nota la presidenta del parlamento de Galicia, Doña Pilar Rojo, que dijo el 23 de mayo que había que dar “prioridad al gallego”.

La segunda andanada vino el día siguiente con las declaraciones del ministro preferido de ese nuevo periódico de inspiración nacional-socialista galaica. Según él, “a visión aznariana de España non é a visión da Constitución de 1978”. O dicho de otra manera, sólo hay una visión constitucional de España, que es la de la coalición de nacionalistas y sedicentes socialistas.

La sentencia del TC no creo que sea buena. Pero lo que está claro es que no dice lo que los partidarios de la imposición dicen que dice. Lo que ha hecho el TC es, ni más ni menos, que “desconstitucionalizar” varias cosas, entre ellas, la libertad lingüística para dejar al gobierno de turno la decisión de establecer un modelo de imposición vergonzante o un modelo de libre elección. Muchos pensamos que esta desconstitucionalización no es buena porque trae inseguridad jurídica. Pero eso es otra cuestión. Lo que tiene que quedar claro es que si algo no es “constitucionalmente exigible”, no está por elllo “constitucionalmente prohibido”.

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[NOTAS:
1º. Este artículo fue publicado por el ABC en su edición de Galicia, el día 9 de julio de 2010.

2º. El mismo día de la publicación de este artículo, pero después de su redacción, se ha hecho público el texto completo de la sentencia.
Por lo que afecta al tema de este artículo, en la sentencia se dice:

Fundamento Jurídico 13º
El catalán debe ser, por tanto, lengua vehicular y de aprendizaje en la enseñanza, pero no la única que goce de tal condición, predicable con igual título del castellano en tanto que lengua asimismo oficial en Cataluña.

Fundamento Jurídico 23º
Toda lengua oficial es, por tanto —también allí donde comparte esa cualidad con otra lengua española—, lengua de uso normal por y ante el poder público. También, en consecuencia, lo es el castellano por y ante las Administraciones públicas catalanas, que, como el poder público estatal en Cataluña, no pueden tener preferencia por ninguna de las dos lenguas oficiales.

Una España imposible
Zapatero ha agotado la geometría variable en el Parlamento y se ve obligado a pactar con sus propios compañeros, con Montilla
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Julio 2010

Zapatero nos deja una España imposible. Para él mismo, incluso. Tras el Estado de la Nación y el fallo del Estatuto catalán «esto» le resulta ingobernable ya a él desde el punto de vista más elemental. Quiero decir que el Ejecutivo ha agotado todos los recursos que le permitía la geometría variable en el Parlamento e incluso se ve obligado a pactar con sus propios compañeros, con Montilla. Su inmediato viaje a Cataluña tiene como objetivo conseguir la unidad de su propio partido que amenaza con la ruptura. Es en estas condiciones como llega Zapatero al final del proceso que nos anunció al comienzo de su liderazgo y que tenía como fin «el cambio de modelo de Estado» a partir de la Constitución y con las actuales fuerzas políticas. El momento decisivo fue ese anuncio, anterior a la promesa de aprobar en Madrid lo que saliera del Parlamento catalán. Para entonces estaba ya en marcha el endemoniado proyecto del «pluralismo», esto es, del autogobierno catalán como muestra del confederalismo. Y a lo largo de este proceso ZP no ha querido caer en la cuenta de que los protagonistas de este iban a terminar siendo víctimas.

La clase política sigue sin tener conciencia del problema. A la carencia de principios democráticos se suma su falta de imaginación política. Y por si las consecuencias que implicaba el cambio de modelo de Estado no fueran ya insoportables, llegó la crisis económica. Así, las escasas posibilidades que le permitía a ZP la geometría variable se le iban a reducir. Así las cosas cabe decir que las dificultades de gobernación de España van a ir más allá de las próximas elecciones. No sé si Rajoy es consciente de lo que le espera tras un triunfo del PP con mayoría absoluta. Cataluña reclamará el Estatuto como un solo hombre y en el País Vasco se romperá el noviazgo del PSOE y el PP…

Julián Marías soñó con una «España posible». ZP nos va a dejar una imposible. No quiero decir «rota. Aunque lo está.

La legitimidad, dentro de la ley
Joaquín Leguina www.gaceta.es 16 Julio 2010

Nos vamos acostumbrando a esa anomalía catalana consistente en que por aquellas tierras reine no la ley del silencio, sino la de la unanimidad.

Sobre todo en lo tocante al encaje jurídico político de aquella comunidad autónoma dentro del Estado. Por ejemplo, sin que nadie lo hubiera anunciado, resulta que ahora el “pacto constitucional está roto”. Y uno se pregunta: ¿por qué? “Porque España nos ha humillado y ofendido”. Y así, repitiendo machaconamente las mismas sinsorgadas, estos jeremías han acabado por creerse sus propios lamentos.

Pero siendo esto malo, es aún peor el hecho constatable que en buena parte de los medios madrileños que apoyan a Zapatero parece haberse impuesto esa misma omertá y en ellos sólo aparecen opiniones firmadas por políticos y universitarios catalanes que entonan a coro la misma matraca: el Estatuto es intocable… y poco les importan los argumentos que prueban hasta la evidencia que el famoso Estatuto no cabe en la Constitución ni a martillazos y, como la Constitución es flexible pero no tanto, por ello es preciso suprimir y reinterpretar un buen número de artículos del citado Estatuto. Menos artículos, en todo caso, de los que –a juicio de prestigiosos constitucionalistas– no caben en la Constitución. Una Constitución que fue aprobada en Cataluña mediante referéndum con un apoyo mayor del doble que el muy magro apoyo obtenido por este Estatuto.

Pero ésa es otra, los políticos catalanes y sus intelectuales orgánicos nunca argumentan a favor de la constitucionalidad de los artículos eliminados o interpretados por el TC, sino que hacen un pase negro y nos pretenden meter a todos en un jardín prohibido, aquel donde se enfrentan legitimidad y legalidad. Lo cual es un disparate con perfume totalitario. ¿Por qué? Porque en democracia la legalidad puede ser buena o mala –y, por supuesto, es cambiable–, pero siempre es legítima. En otras palabras: no existe ninguna legitimidad que esté por encima de la ley y, menos aún, de la Constitución.

Debate
Zapatero y el mau-mauing catalanista
Cristina Losada Libertad Digital 16 Julio 2010

Cómo ciegan los mitos. No hay más que ver a Zapatero en sus escenas de adulación a los catalanistas durante un debate que se pretendía sobre el estado de la Nación, un término que evitó emplear, por ser ajeno a su cosmología. A las amenazas secesionistas, a los ataques a la sentencia del TC, a los anuncios de desacato, el presidente fue respondiendo con suprema comprensión, con tremenda sensibilidad, con el servilismo de los que se sienten fascinados por quienes pueden cortarles la cabeza. Como si de algo fuera a servir rebajarse ante los que nunca se contentarán y, además, le desprecian. Pero la fascinación le puede. Viene de lejos.

Algunos no se enteran. Un diputado, miembro de la parroquia mentada, reprochó a Zapatero la "larga tradición jacobina" de su partido. ¿Jacobina? Quiá. El PSOE que conocemos desde las postrimerías del franquismo –aunque entonces más bien lo desconocíamos– no ha hecho honor a tal apelativo: todo lo contrario. Los socialistas fueron colonizados por el nacionalismo. Se hicieron devotos de ese dogma según el cual, los auténticos y genuinos representantes de catalanes y vascos ("identidades fuertes") son los partidos nacionalistas o, andando el tiempo, las propias sucursales conversas. Con Zapatero ha culminado ese viaje retro y su partido se encuentra en las mismas antípodas del jacobinismo que De Maistre. El ciudadano español no existe.

La genuflexión del presidente llevaba las trazas patéticas y grotescas que Tom Wolfe descubrió en aquella flor y nata de la intelectualidad que se reunió en casa de Leonard Bernstein para adorar a los Panteras Negras, una pandilla dirigida por gangsters y proxenetas. La fascinación suicida y el mito. Ese mito acunado en conciertos de Raimon y Llach a los que no asistieron. El mito que Zapatero expresaba al proclamar: "yo admiro a la sociedad catalana". ¿Qué admira en ella? ¿Acaso el alto índice de fracaso escolar, la corrupción transversal, la deuda gigantesca, la expulsión de la lengua común de las aulas, las multas lingüísticas, la prensa del Movimiento, la exclusión de los no nacionalistas? Pero no saquemos defectos, proscribamos la crítica, dispensemos sólo alabanzas, incienso y oro y mirra.

Así estuvo Zapatero ante el mau-mauing catalanista en el debate: firme en su entrega al soberanismo y nulo en la defensa de la Nación común. Qué sorpresa.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

La nación (el conceto)
Santiago González. El Mundo  16 Julio 2010

Lo dijo ayer el presidente, cuando creíamos que la vida y el cargo le habían enseñado a reconocer tonterías en el pasado, como aquella de que "la nación es un concepto discutido y discutible", El error de la frase no estaba en ella misma, sino en el sujeto. Si cualquiera de los portavoces parlamentarios de CiU, PNV, ERC, un suponer, hubieran dicho: "La nación (española) es un concepto discutido y discutible", no habría motivo para el escándalo.Los nacionalistas periféricos se aproximan al asunto con dos premisas: Todo lo que no es el nacionalismo propio es otro nacionalismo concurrente (vasco, catalán, gallego, etc.) o enfrentado a él, nacionalismo español. De ahí, que sigan tomando el gentilicio (vasco, catalán, gallego, español, etc.) como calificativo y determine que el nacionalismo sea malo o bueno.

A partir de la misma idea, el presidente clasificó las naciones. Hay un concepto de 'nación jurídica', que es lo que dice la Constitución que, como madre, no hay más que una y a tí te encontré en la calle:

«De la nación puede, en efecto, hablarse como una realidad cultural, histórica, lingüística, sociológica y hasta religiosa. Pero la nación que aquí importa es única y exclusivamente la nación en sentido jurídico-constitucional. Y en ese específico sentido la Constitución no conoce otra que la Nación española».

El TC no dice que haya dos clases de naciones, sólo de que la nación es un a realidad que tiene componentes culturales, históricos, lingüísticos, sociológicos y hasta religiosos. En la misma líneapodrían añadirse: gastronómicos, y folclóricos y paisajísticos, etc. Bueno, pues de este párrafo Zapatero deduce que hay dos clases de naciones: la jurídica y, ojo al disparate, la política.

La nación política es forzosamente la nación jurídica. No puede ser una cosa distinta a lo que dicen las leyes. De ahí, José Luis, el sintagma 'Estado de Derecho'. Tal vez esto no lo comprenda Paul Kagame, pero está obligado a entenderlo el presidente del Gobierno de España, salvo que siga hasta el final el hilo de su razonamiento y admita que la nación puede ser también 'político-militar', nación VIII Asamblea, etc.

La dicotomía de Zapatero, contemplada a partir de su pensamiento y de su, llamémosle 'jurisprudencia', sólo admite una conclusión: la nación jurídica son sólo palabras, que, como ya dijo en su día, "han de estar al servicio de la política". "¿Qué es el divorcio?", preguntaba Walter Burns/Cary Grant a su ex-mujer Hildy Johnson/Rosalind Russell, a la que quería atraer de nuevo. "Unas palabras pronunciadas por un juez". Exactamente. Una sentencia.

El día de los cobardes ha llegado a la España de Zapatero
Pascual TamburriEl Semanal Digital 16 Julio 2010

Los enemigos de ETA son postergados y los políticos profesionales se benefician del momento. ¿El mundo al revés? No, un insulto más de los mediocres a los que son mejores que ellos.

El 14 de junio de 2001 ETA asesinó al concejal de UPN en Leiza José Javier Múgica Astibia. Todos los años su partido conmemora su muerte; es una de las víctimas de ETA que sí tiene ese privilegio, porque otras permanecen olvidadas. Durante años los que fueron compañeros suyos de Ayuntamiento y de partido, Silvestre Zubitur y Pello Urquiola, mantuvieron la llama de una presencia política difícil en una parte de Navarra que el nacionalismo hace especialmente difícil. Por diferentes razones y desde diferentes puntos de vista hoy Silvestre y Pello, leales a su amistad y a su patriotismo, parecen ser políticamente molestos hoy.

El 14 de julio Pello Urquiola ha expresado sentimientos encontrados y dolorosos en una carta que Diario de Navarra ha publicado. "Un año más te escribo en este 14 de julio, noveno aniversario de tu asesinato a manos de ETA. En la carta anterior te decía que estaba muy contento por dos razones en particular: la primera porque a tus asesinos les estamos ganando la batalla sin armas y la segunda porque en las Vascongadas se cambió el Gobierno y seguro que este nuevo, no nacionalista, no iba a echar tantos capotes a ETA como lo han venido haciendo los anteriores gobiernos nacionalistas vascos y efectivamente así ha sido" .

Sin embargo, algo está fallando, innecesariamente además. "Ya verás cómo a nosotros, los que hemos luchado por la paz y la libertad dando la vida como fue tu caso nos dejarán ´en segunda´ y ellos, como triunfadores, ´en primera´ (…)". Parece que la firmeza antes aplaudida no es ahora políticamente correcta para algunos: "Ya sabes que, des el año pasado, tengo prohibido cantarte bertsos como venía haciéndolo cada 14 de julio en el mismo lugar". Y sin embargo, es difícil conseguir que quien no se rindió frente a las armas cuando otros callaban o iban escoltados se someta ahora a los dictados de los burócratas d euno u otro partido, atentos sólo a sus intereses materiales, inmediatos y mediocres: "No dejaré de cantar verdades, si no es en público en privado". ¿Y aún me preguntan por qué soy amigo de Pello Urquiola? Porque tengo el privilegio de haber conocido a un español de una pieza, uno de los que puede decir sin sonrojarse a tantos escaladores de todas las siglas "Sic quia tepidus es et nec calidus nec frigidus, incipiam te evomere ex ore meo" (Ap 3, 16).

No hay perdón fácil para quien insulte o defraude a personas así. Ellos han dado mucho y otros han recogido todo o intentan hacerlo ahora, y es verdad que a los tibios, a los que no son ni fríos ni calientes, a lo cobardes y los calculadores en suma, lo más fácil es vomitarlos de la boca. Yo sé que Pello y Silvestre seguirán donde han decidido estar, pero también que alguien deberá compensar lo que han hecho todos estos años. El viernes y el sábado Silvestre Zubitur participará en la Universidad de verano de DENAES en Santander junto a José Antonio Ortega Lara, Francisco José Alcaraz, Salvador Ulayar y mi amigo Óscar Elía Mañú entre otros. Cuando vuelva a Navarra creo que merece un reconocimiento, y ciertamente un cambio de actitud de quienes se han puesto por distintas razones frente a sus posiciones políticas. Sencillamente, al margen de toda otra consideración, merecen algo mejor de quienes se consideren navarros y españoles.

Guerra Civil
Una fecha crucial en la historia de España
Pío Moa Libertad Digital 16 Julio 2010

La noche del 12 al 13 de julio de 1936, Calvo Sotelo, entonces el líder más notorio de la oposición, fue asesinado por el Frente Popular (fuerza pública y milicianos socialistas). Esta es una de las fechas que marcan un antes y un después en la historia de España, porque resultó la gota que colmó el vaso de la indignación y convenció a muchos vacilantes, como el propio Franco, de que sublevarse contra aquel régimen era justo e indispensable. El asesinato constituía una declaración de guerra, y así lo vio la mayoría. Tal declaración continuó en días siguientes, cuando el PSOE encubrió a los asesinos, el gobierno reprimió a tiros manifestaciones de protesta, haciendo muertos y heridos, y la policía se dedicó a hacer razzias contra la derecha, en lugar de perseguir a los criminales (como solía hacer con motivo de cada asesinato anterior).

Fueron una auténtica confesión las palabras de Prieto equiparando el asesinato del dirigente político con el del teniente Castillo, realizado unas horas antes, por terroristas de derecha. Confesión porque demostraba que las fuerzas de orden público y las milicias de izquierda eran y actuaban como grupos terroristas. Por cierto, la misma equiparación hacen hoy los políticos e historiadores de izquierdas, demostrando así qué entienden por democracia.

El dislate de Prieto ponía además en el mismo nivel dos actos de magnitud política absolutamente distinta, lo que ayuda a entender asimismo su implicación en el magnicidio, como ya expliqué en El derrumbe de la república. Muy preocupado por la conspiración militar que el gobierno creía controlada como la de Sanjurjo, Prieto tenía el mayor interés en reventar la conjura antes de que esta madurase, y nada mejor para ello que una provocación brutal: ante ella, o los conspiradores saltaban de una vez o demostrarían no constituir ningún peligro serio. Además, las izquierdas deseaban una guerra civil, en sus propias palabras, seguros de que, disponiendo del poder, aplastarían pronto y definitivamente a sus enemigos.

El asesinato fue una empresa socialista: tanto los asesinos directos como el jefe de la operación, el capitán, Condés, de la Guardia Civil, eran hombres de Prieto, como probablemente lo era Castillo, instructor de las milicias del PSOE en tácticas que solo pueden calificarse de terroristas. Y Condés fue enseguida a dar parte de la acción a su jefe político. Lo explica este, aunque, como de costumbre, desfigura los hechos al pretender que Condés estaba arrepentido y quería suicidarse, versión simplemente grotesca. Lo que buscaba Condés era protección, encubrimiento, y Prieto, desde luego, se las dio. Con toda probabilidad, Prieto y los suyos habían quedado previamente en explotar cualquiera de los atentados derechistas de la época, muy escasos por comparación con los izquierdistas, para dar una réplica al más alto nivel, pues también fueron a por Gil-Robles, que estaba ausente. Otros datos significativos abundan en señalar a Prieto como autor intelectual del crimen.

Lo históricamente decisivo, repito, fue que el crimen obró como declaración de guerra, convenciendo de la necesidad de rebelarse a muchos indecisos. Y, por cierto, las esperanzas de la izquierda estuvieron muy cerca de cumplirse, porque el golpe, organizado por Mola, fracasó en tres días, y de no haber sido por Franco y sus tropas de Marruecos, el Frente Popular habría destrozado definitivamente a los sublevados.

Quienes siguen defendiendo como legítimo, democrático y republicano a aquel gobierno y a sus turbas izquierdistas, debieran reflexionar sobre tres puntos:

1. El Frente Popular ganó, en febrero, en unas elecciones de extrema violencia y enfrentamiento, muchos de cuyos recuentos se hicieron sin autoridades, amén de otras irregularidades reconocidas por Azaña; y cuyas votaciones no se publicaron oficialmente. Si consideran democráticas elecciones semejantes, es bueno que todos lo sepamos.

2. El programa del Frente Popular hablaba de "republicanizar el Estado", siendo lo contrario de la república del 14 de abril. El gobierno trataba de implantar un régimen similar al del PRI mejicano, reduciendo la oposición a la impotencia; y sus partidos principales querían una revolución de tipo soviético. Se trataba, por tanto, de acabar con cuanto tenía de democrática la II República. Considerar republicano a aquel intento de nuevo régimen ha sido, sigue siendo, uno de los mayores fraudes de la historia reciente de España.

3. Por tanto, el Frente Popular carece de legitimidad de origen. Y a continuación encendió un proceso revolucionario abierto, sangriento y en gran medida caótico. Su ilegitimidad volvió a exhibirse con la negativa del gobierno a cumplir y hacer cumplir la ley republicana, amparando en cambio la revolución, pese a la insistencia de la derecha en que cumpliera su obligación legal. Insistencia que valió a los derechistas amenazas de muerte en las mismas Cortes, cumplidas en Calvo Sotelo. Quien quiera una democracia así, o se sienta sentimental e ideológicamente heredero de ella, como el Gobierno actual, queda a su vez definido.


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Debate
Del vicio al crimen
Agapito Maestre Libertad Digital 16 Julio 2010

El debate del "estado de la nación" ha dejado claro, según el convencionalismo periodístico al uso, que Zapatero es un killer de la política y Rajoy un buen parlamentario. Eso significaría que Zapatero tendría muchas posibilidades de agotar la legislatura, e incluso remontar sus bajísimos niveles de aceptación popular, y Rajoy correría serios peligros antes de alcanzar la presidencia del Gobierno. Puede que así sea; pero mientras todas esas zarandajas de tipo "electoral" pasarán e incluso cambiarán sin remedio, hay algo que nunca deberíamos olvidar de estas tristes jornadas en el Congreso de los Diputados. Las sesiones del 14 y 15 de julio serán históricas, porque se ha institucionalizado un crimen.

No, no me refiero al posible asesinato "político", retórico y formal que, una vez más, perpetró Zapatero contra Rajoy, especialmente al ejercer el turno de las réplicas y las duplicas. Sería más que fácil, extremadamente irónico, comentar el debate parlamentario refiriéndome al enfrentamiento dialéctico entre un killer y un pasmao de la secta política, pero prefiero hablar, más que nada por motivos estéticos y éticos, del crimen que anima ese intercambio de palabras y discursos, que descalifican a sus propios usuarios y desprecian a sus representados. Hablo, en verdad, de crimen y no de un vicio o defecto del que un político depredador o estulto puede lamentarse más o menos sinceramente.

Los socialistas y populares ya no se lamentan de ese vicio que corroe a España, desde la transición hasta hoy; a saber, soportar, pastelear y sufrir con resignación a los nacionalistas y separatistas, sino que se ponen al frente de sus "causas". "Del vicio al crimen" así titularía yo el debate parlamentario de esta semana. La casta política de los dos grandes partidos ha pasado de la queja a la defensa de un crimen, de considerarse chantajeada por los nacionalistas y separatistas, en las últimas décadas, ha transitado a defender con ardor la causa criminal de los nacionalistas contra España. Ésa es, en mi opinión, la esencia, lo que permanecerá de ese debate en el futuro. Con toda razón, decía un titular de El Mundo, ganan todos, "pierde España"; cierto, aunque quizá sería mejor decir "muere, un poco más, España", o mejor, "muerta España, dominan los criminales.

La principal prueba de ese crimen está a las vista de todos: Nadie en las Cortes Española pone en cuestión el Estatut de Cataluña. El Estatut mata a España, sin embargo, nadie, nadie, nadie se queja del crimen. He ahí la fuerza, la virtud interior, del crimen frente al vicio. Mientras que el vicioso se lamenta de su hábito, el criminal se enorgullece de su crimen. Todo crimen, como dijo Santayana, tiene su virtud interior; lo ocultamos celosamente, con un terror que en parte es amor; o, si se descubre y estamos obligados a confesarlo, lo hacemos con cierta vehemencia de orgullo desafiante. Tan verdad es que Rajoy lo oculta con terror como que Zapatero lo impone desafiando, o mejor, traicionado a su propia nación.

Quien dijo que el crimen no tenía moral, en mi opinión, se equivocó, y si no miren el Estatut y el "Estado" de la inexistente unidad de España. Santayana vuelve a tener razón: "La moralidad interior del crimen aparece claramente cuando el criminal no es un individuo aislado, sino una banda o una secta o una nación. Dentro de esa sociedad, el más intrépido criminal es el hombre más virtuoso". Rosa Díez fue la excepción de esa regla terrible que institucionaliza el crimen contra España; sí, fue la única que le dijo la verdad al virtuoso criminal: "Zapatero ha liquidado con este Estatut la unidad política española".

Estatut
España no es un estado de ánimo
Antonio Robles Libertad Digital 16 Julio 2010

Tienen razón los nacionalistas cuando aseguran que "nada será igual que antes". Pero no será por la sentencia, ni tampoco por la manifestación soberanista en Barcelona, sino porque todos los españoles han visto y oído al fin en el Debate del Estado de la Nación el carácter soberanista y rupturista del catalanismo y la torpeza prevaricadora del presidente del Gobierno español dándole apoyo para sostenerse en el poder. No ha dudado en afirmar que los artículos inconstitucionales del estatuto catalán, pese a que han sido declarados fuera de la máxima norma, se pueden desarrollar a través de leyes orgánicas. O sea por la puerta de atrás. Es decir, según el máximo responsable de la seguridad del Estado, lo que el Constitucional no puede admitir en el estatuto (que, por cierto, es una ley orgánica) se podrá imponer por ley orgánica. Y encima hemos de aguantar oírle decir que acata la sentencia. Acatar la sentencia es cumplir lo que la sentencia dicta, no esquivarla para imponer por otro medio lo que expresamente no ha querido legitimar.

El primer paso para solucionar un problema es advertir de su presencia. Durante años lo hemos padecido en Cataluña, ahora lo han visto en toda España. El catalanismo no quiere un encaje con España si el encaje no le garantiza privilegios: pretende un estatus soberanista que le asegure relaciones de bilateralidad con el Estado español dentro del marco europeo.

En la búsqueda de ese camino, no han dudado en destruir el prestigio del Constitucional para destruir su legitimidad democrática. El descaro de estos últimos días ha dejado al descubierto el talante pseudodemocrático de muchos de sus responsables políticos. Nada nuevo entre quienes confunden su ideología política con la patria y la defensa de ésta, con la democracia. Pero es insólito que quienes teniendo el deber de defender la ley porque presiden instituciones del Estado, propaguen su incumplimiento o directamente la conculquen.

Se amontonan los pronunciamientos espirituales: el Ayuntamiento de Port de la Selva se ha declarado "municipio moralmente excluido del ámbito de la Constitución" (la tontería ya ha sido imitada por otros). Montilla había exclamado antes con énfasis teatral: "No hay tribunal que pueda juzgar nuestros sentimientos ni nuestra voluntad. Somos una nación". Era el espíritu de su declaración institucional tras el fallo del Tribunal Constitucional y el principio de una insurrección jurídica. Con el lema de la manifestación del sábado: "Som una nació: nosaltres decidim, pasaban de la retórica al desacato". El consejero Josep Huguet hacía un llamamiento el lunes pasado a la "insumisión legal desde las instituciones" y a la "desobediencia civil por parte de los ciudadanos de Cataluña". El consejero de Educación, Ernest Maragall, declaraba que la sentencia "es inaceptable" y que "no hará falta modificar ni una coma del Estatuto ni de la LEC". El vicepresidete Carod Rovira y el propio presidente Montilla han declarado que no se modificará ley alguna de las aprobadas bajo el Estatuto inconstitucional. El miércoles Carod Rovira lo decía a la salida de la reunión del Gobierno de la Generalitat: "El Gobierno de Cataluña no hará ninguna modificación de estas leyes. Y si nos han de llevar ante los tribunales, que nos lleven, iremos".Preguntado por la prensa si esto lo había dicho Montilla, Carod Rovira respondido que: "La frase no es mía, la frase es de él".

También el miércoles, en el mismísimo Congreso de los Diputados, Joan Ridau, de ERC insultó a los miembros del T.C. y llamó a los catalanes a no acatar la sentencia sin que el presidente de la nación española en su contestación hiciera valer su autoridad para recriminar su conducta insurreccional. ¿Cómo iba a hacerlo si en la contestación a Duran i Lleida le había garantizado saltarse la propia sentencia?

La inseguridad jurídica que apoya y alienta quien debería velar por hacer cumplir la ley está envalentonando a simples alcaldes a la insurrección contra el Estado. Si el entrenador de España hubiera sido Zapatero no tendríamos en común ni el color de la camiseta.

España no es un estado de ánimo. Tampoco un estado de ánimo provocado por el triunfo de la Roja, ni excitado por la exaltación sentimental del soberanismo catalanista, sino una constitución jurídica de ciudadanos libres e iguales sometidos a la ley. ¿Se lo podrá meter en la mollera el adulador de la Moncloa?

La misma Constitución
José Antonio VERA La Razón 16 Julio 2010

Duran y el nacionalismo moderado saben que la Carta Magna es la de siempre: sólo han cambiado ellos y el estatut.

El traje soberanista no le pega nada a Duran Lleida, hombre sensato que por desgracia el otro día en el Congreso cambió de uniforme para anunciarnos un panorama inquietante en el que el independentismo no es ya sólo una referencia en el horizonte.

El problema es que ese papel no lo hace tan bien Duran como el que es de suyo natural: nacionalista catalán moderado con gran sentido del Estado. En el cambio perdemos todos, pero también él, pues seguro que en ese rol nuevo o fingido siempre quedará como una copia poco lograda de Mas o Carod Rovira. Por eso no creo que tenga mucho futuro este presunto giro del portavoz convergente, que en su discurso del miércoles llegó a decir una frase con la que en absoluto puedo estar de acuerdo. Remarcó que «ésta no es la Constitución que pactamos en 1978», para añadir que la sentencia del TC «ha sido el acto más separador de los últimos 35 años».

En realidad son ganas de encender el fuego, probablemente por estrategia electoral, porque sabe Duran y todo el nacionalismo moderado que la Constitución es exactamente la misma desde el 78, y que los únicos que han cambiado son ellos y el estatut. Si no hubieran hecho un texto transgresor en puntos esenciales, es evidente que la sentencia habría sido distinta. Pero con lo que había poco se podía hacer, salvo cumplir lo que dice la ley. Es verdad que el TC estuvo torpe haciendo público el fallo el día antes de la manifestación de Barcelona. Pero también lo es que la reacción nacionalista es desmesurada. Porque hay que partir del hecho de que las leyes y las sentencias se tienen que cumplir, y que desde ahí puede haber iniciativas para cambiarlas, incluso si se trata de la Constitución.

La realidad es que se ha llegado a la situación actual por el empeño del tripartito y CiU, con el aplauso de Zapatero, por hacer un estatuto al margen del principal partido de la oposición en España. De contar con el PP seguro que se hubieran consensuado y limado los aspectos más polémicos, con lo que se habría evitado el recurso al TC y el enfrentamiento subsiguiente. Pero cuando se pretende ir por las bravas con una política de exclusión siempre se acaba metiendo uno en embrollos como el actual. Decía Zapatero que la norma catalana no rompía España.

Ciertamente hasta hoy no se ha roto, pero es muy preocupante este escenario de amenazas en el que hasta el «moderado» Montilla se nos ha subido a la parra soberanista encabezando una manifestación en la que se pedía la independencia. Decir que la culpa es de la Constitución o del TC es engañar o querer engañarse.

La única culpa es de quienes dinamitaron los consensos constitucionales elaborando una norma transgresora de la Carta Magna en aspectos esenciales. Poco podía hacer el TC más de lo que ha hecho, teniendo en cuenta que buena parte de los artículos impugnados han sido dejados a la interpretación de las partes.

Si Duran quiere seguir siendo el político serio y admirado que siempre fue tiene la oportunidad de emprender desde Madrid la tarea de retomar los acuerdos necesarios para que el estatut siga siendo una norma de todos. Veo al PP en la mejor disposición para lograrlo.

¡Zapatero for President de la Generalitat!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 16 Julio 2010

Otra vez, muchos ciudadanos que aún creemos en que España puede cambiar y acabar con este negra etapa del Gobierno del incompetente, sectario y demagógico Sr. Zapatero, hemos caído en la trampa de esperar algo de un debate que se intuía como punto de inflexión. Pero lo que ha sucedido ayer y ha terminado hoy, se puede resumir en España fracasa y ganan los chantajes nacionalistas catalanistas. Un espectáculo vergonzoso en el que un acosado Zapatero estuvo pidiendo disculpas por no haber podido controlar mejor al Tribunal Constitucional, deshaciéndose en promesas para legislar contra la sentencia.

Parecía que tras la anodina intervención de Zapatero y el Sr. Rajoy subió a la Tribuna de Oradores, su discurso iba a ser una serie de demoledoras acusaciones y relato de hechos de las legislaturas del Gobierno del Sr. Zapatero y la desesperada situación a la que ha llevado a la economía española y a las familias. Su discurso fue esencialmente correcto pro careció de la dureza verbal y gesticular que deberían haber acompañado a las palabras. Esa monotonía solo se vio alterada por un breve instante en el que, para asombro de muchos y por primera vez, el Sr. Rajoy pidió oficialmente la convocatoria de elecciones generales.

Lo malo fue que en el turno de réplica, el Sr. Zapatero contraatacó y le retó al Sr. Rajoy a presentar una moción de censura y un programa de Gobierno, porque él desde luego que no pensaba abandonar su puesto y convocar elecciones. El tímido "váyase Sr. Zapatero", obtuvo una contundente respuesta de "Seguiré al frente cueste lo que cueste". Lo verdaderamente dramático ha sido contemplar como la estrategia del PP sigue siendo la de "a verlas venir", aunque afirme que España no puede soportar dos años más de gobierno del Sr. Zapatero. Desde luego que ellos no están haciendo nada para impedirlo.

El hecho es que el Sr. Rajoy y el PP este asunto lo dan por perdido, sin haber tenido el valor de presentar la moción de censura, aún a sabiendas de que la perderían. Hoy, ni siquiera se ha molestado en acudir a la segunda sesión del debate donde una Rosa Díez ha hecho valer su único escaño por todos los del PP juntos. Porque es verdad que la Sra. Díez solo tiene un escaño, de lo cual se ha mofado e ironizado un envalentonado Zapatero, pero su discurso sí que representa la opinión de millones de ciudadanos, hartos de contemplar la pasividad y el conformismo de un Rajoy y un PP enrocados en sus posiciones.

Lo que no sé es si el PP va a mantener esa actitud ante la desfachatez que el Sr. Zapatero mostró en su cortejo a las formaciones secesionistas catalanas, a las que prometió que hará todo lo que esté en su mano para "reinterpretar" la sentencia del TC y adecuarla a las pretensiones del Estatuto, con independencia de que sea o no constitucional. Nada de extrañar en quien se jactó de tener un sentimiento hacia Cataluña superior al que tiene por el resto de España. Pues yo le digo que si es así, no dude en dejar la cruz del Gobierno de España y dedicarse a misiones más altas y con entusiasmo en Cataluña.

Espero que a cada nueva Ley que decidan sacar para que la sentencia del TC se quede en nada, el PP esté dispuesto a acudir al TC cuantas veces sea preciso y presente los correspondientes recursos de inconstitucionalidad. Por lo pronto, lo del tema de España como única Nación, y que el español sea una lengua vehicular en Cataluña en igualdad de derechos y deberes que el catalán, no pueden admitir "interpretaciones" y las leyes que la Generalitat ha desarrollado, como la de la "inmersión lingüística" deben quedar inmediatamente anuladas. Ahí tiene el PPC mucho trabajo por delante.

La pregunta es si el PP se va a atrever a oponerse al PSOE , PSC y al Sr. Zapatero y su contubernio con el Sr. Montilla, Mas, ERC y demás fauna secesionista. Me temo que la respuesta, vista la actitud el Sr. Rajoy de ayer y de hoy, plantea serias dudas. ¡Pobre España! ¿En manos de qué desaprensivos está?

España, ¿emociones o intereses?
BENIGNO PENDÁS ABC 16 Julio 2010

La España real disfruta de una resaca feliz. Ejerce así su legítimo derecho, acaso con un punto de inconsciencia colectiva… En todo caso, nadie puede ignorar la lección magistral impartida en la calle por el «dueño» de la soberanía en sentido genuino: la nación española vive con naturalidad en el sentimiento de muchos millones de personas. Abrumados por prejuicios absurdos, nos cuesta asumir la evidencia: somos tan buenos (y tan malos) como cualquiera y mejores que la gran mayoría. Con grandezas y servidumbres, aportamos una historia y una cultura que pocos igualan y tal vez nadie supera. Nuestros héroes del deporte hacen presente y operante esa pasión latente. Cuidado, sin embargo, con equívocos oportunistas: con goles y sin ellos, seguimos en situación de emergencia económica y desbarajuste político. Bien lo saben, para su desgracia, esas buenas gentes machadianas que viven, pasan y sueñan (a veces despiertos, como el otro día en Sudáfrica). La trampa de la euforia es una vieja falacia política, propia de regímenes autoritarios. Contentos, pero angustiados. Orgullosos, pero indignados. Por fortuna, las emociones no se compran ni se venden con ventajas materiales. Pero, ¿y los votos?

Entonces llegó la sentencia, y después la manifestación. Primero, el Tribunal. Desde el punto de vista de la Constitución, los fundamentos jurídicos son mucho más sólidos que el fallo. De acuerdo con nueve de los diez magistrados, no sirve el modelo «Estatuto igual a reforma constitucional encubierta». Por tanto, fracaso en toda regla de Zapatero, del PSC (antes, Maragall; ahora Montilla) y de los nacionalistas de toda suerte y condición. Con los vicios propios de una sentencia interpretativa, las bases están ahí: «unidad indisoluble»; ciudadanía única; sólo una nación, al menos en sentido jurídico-constitucional. La sentencia no es buena, creo, pero acaso sea la menos mala entre las posibles. Fija límites razonables al despliegue estatutario, rechaza la relación bilateral y tumba los privilegios en la financiación. Incluso pone en su sitio al poder judicial disgregado y, con notable timidez, elimina excesos en materia de lenguas. El fallo no está a la altura, y —sin entrar en tecnicismos— acaso vulnera por incongruencia el derecho a la tutela judicial. ¿Por qué esa discrepancia? No lo sé, pero la propaganda gubernamental aprovechó la confusión inicial para hacer un singular recuento de palabras y enviar un mensaje predeterminado. En términos objetivos, ganó sin duda el PP. Lo más importante: gana de verdad la Constitución de todos los españoles, aunque sea, según el símil obligado, en el último minuto de la prórroga…

Manifestación concurrida, falsamente unitaria, con altas dosis de «impostura y oportunismo»: cito aquí al editorial de ABC. En sentido ético y político, rompe las reglas del juego: saltan todas las alarmas cuando el presidente de la Generalitat aparece junto a un lema que tal vez no asume, pero tampoco descarta. «Nosotros decidimos. Somos una nación»: lógica implacable del soberanismo que no se atreve a emplear la palabra mágica pero apela al derecho de autodeterminación, sucedáneo poscolonial del viejo concepto de Bodino consagrado en Westfalia. Son demasiados matices para líderes con escasa o nula formación teórica. Pero las consecuencias están ahí: el que quiere ser nación, pretende ser Estado. En cambio, nacionalidades y regiones son partes constitutivas de la nación única. ¿Y ahora? Leído el Estatuto y asimilada la sentencia, Cataluña es «casi» una nación y sus símbolos son «casi» nacionales, aunque al parecer no dice eso donde cualquiera diría que lo dice. Sin embargo, insisto, los fundamentos jurídicos (y, por supuesto, los votos particulares) dan mucho juego al intérprete no contaminado por compromisos ideológicos o materiales. Lo malo es que la vida real no tiene nada que ver con un seminario académico. Al menos, el Constitucional elude por ahora el peligroso territorio de las instituciones fallidas. Veremos en el futuro, renovación mediante.

Y entre tantas emociones, el Debate sobre el estado de la Nación. Táctica previsible del presidente: rehúye la crisis económica, problema real de los españoles, para buscar cobijo una vez más en el conflicto territorial. No es cierto, ya se dijo, que la sentencia respalde «globalmente» al Estatuto. Si así fuera, no cabe justificar la actitud del PSC. De nuevo la confusión permanente a costa de la arquitectura constitucional. Otra vez la tentación de situar al PP en los márgenes del sistema. Política de pura supervivencia. En ese día y hora, elude el trago de la crisis a base de retórica vacía («cueste lo que cueste») y esconde intenciones probables sobre impuestos, jubilaciones y otros «sacrificios». ¿Calendario? Dejar que pase la huelga y plantear alianzas coyunturales mezclando la ley de presupuestos con ciertas medidas inaplazables. La jugada se veía venir. De momento, el verano ejerce su efecto balsámico… A la vuelta, búsqueda de apaños en la reforma laboral, ante unos interlocutores sindicales bien dispuestos, y concesiones territoriales quizá bajo el disfraz de la economía «sostenible». Si Washington y Bruselas se distraen durante un rato, volveremos al punto de partida. Si no, maquillaje ministerial, y luego ya veremos. Zapatero no aprende la lección ni tiene intención de estudiarla.

Rajoy formalizó la exigencia de elecciones generales, un clamor social que debería escuchar cualquier gobernante sensato. Consiguió eludir la enésima trampa a cuenta de Cataluña. Mostró una prudencia imprescindible en materia económica para no arriesgar propuestas concretas que no corresponde plantear en esa instancia. Una vez más, y ya van muchas, fue muy superior en el cara a cara parlamentario. ¿Efectos políticos? Como siempre, menos de los convenientes. Primero, porque el PSOE siembra el campo de minas y no es fácil avanzar cada paso. Segundo, por la incómoda reticencia de algunos sectores afines, dispuestos a sacrificar la eficacia en nombre del puritanismo. Me consta que muchos actúan de buena fe. Como el personaje de Josef Conrad, piensan que «nadie es nunca suficientemente bueno». Otros, ya se sabe, van a lo suyo… Al menos todos reconocen que Rajoy estuvo enérgico en el Congreso. Trampa conceptual: moción de censura «versus» elecciones anticipadas. Cuidado con los sofismas al uso, porque la diferencia es sustancial: en las urnas, los electores deciden sobre nuevos proyectos; en la Cámara, en cambio, impera un juego de equilibrios forjado sobre un programa de investidura literalmente triturado. ¿Alguien explicó a los españoles que Zapatero iba a descoyuntar el sistema de bienestar?

Estado de la nación. Entre el Mundial y la sentencia pretenden tapar la crisis. Maniobras a corto plazo: mano tendida a nuevas fórmulas de mutación constitucional en Cataluña y gestos hacia el PNV con efectos incontrolables sobre el pacto de gobierno en Vitoria, lo único que funciona medio bien. Emociones para la España real. Intereses para la España oficial. Quien se lo pueda permitir, piensa ya en las vacaciones. Así termina la gran novela de Virginia Woolf: «las olas rompían sobre la playa…»
 

El independentismo: un cuento
Román Piña Valls El Mundo 16 Julio 2010

Los movimientos de los independendistas ejecutados días atrás en manifestaciones en Barcelona y Palma, nos deberían obligar a hacer un esfuerzo por entender sus razones. Razones algo más presentables y decentes que el simple odio a lo castellano, todo lo derivado de Castilla (sus leyes, su poder, su lengua) como símbolo de la opresión.

Pongamos el ojo en su argumento de "defensa de una identidad propia". ¿Miles, acaso millones de catalanes creen que su identidad es tan original, tan suya, tan perfilada, que justifica la separación de un estado al que venimos perteneciendo desde hace un par de siglos? ¿Miles, acaso millones de catalanes, y unos cuantos mallorquines, creen que esa identidad se forja en los siglos de resistencia a las intenciones y causas de Castilla, es decir, que su lengua y su personalidad se cuecen desde hace tres siglos y punto?

Complicado lo veo. ¿Quieren entonces fechar la identidad de su tierra en un momento histórico concreto, en la promulgación de los Decretos de Nueva Planta? ¿Se empeñan en escoger como gran afrenta y humillación de su pueblo hechos que buscaban la unidad de los habitantes del territorio ibérico, por lo que suponían de pérdida de personalidad propia? No hablemos de derechos. Hablar de derechos ciudadanos, incluso humanos, hace tres siglos, es una broma de mal gusto.

¿Por qué limitan la historia de su patria, estos independentistas? Pues esta tierra que hoy quieren separada del resto de España, hubo un tiempo en que fue un jaleo de tribus varias armadas hasta los dientes para defensa de cada clan y que hablaban lenguas hoy perdidas. Y luego fueron poblados amigos de Cartago, pueblo a su vez fundado por los fenicios, en una cadena infinita de colonizaciones y aniquilaciones. Y esa franja de poder cartaginés en Iberia, por la que un ampurdanés de la época pertenecía a la misma unidad política que un gaditano, resulta que fue arrasada por Roma, la potencia colonizadora que legó a nuestros independentistas ese bien tan sagrado por el que hoy reclaman una identidad propia y una nación, la lengua. Deberían llamar a su tierra de promisión Hispania Citerior en lugar de Catalunya. Como buenos defensores de la libertad contra la opresión, los catalanes deberían reivindicar el exterminio de toda huella del poder colonizador, empezando por ese latín que llaman catalán y que es la vergonzante herencia de un imperio invasor.

Es una broma, claro. Un intento por mi parte de rechazar todo argumento histórico para apostar por un futuro presuntamente mejor. Porque esos argumentos son siempre parciales y manipulables. El único argumento que me sirve para escoger una configuración política del país en que me ha tocado nacer, es el presente. Me la sopla quién oprimió primero a quien: si los fenicios, los cartagineses, los romanos, los godos, los castellanos, los franceses o los marcianos. La historia del mundo es una sucesión de guerras y abusos y de cambios de fronteras. El único argumento que me vale es que, si puedo opinar, quiero que mi hermano, que vive en Barcelona, siga perteneciendo al mismo país que mi primo, que vive en Madrid. Y que mis suegros, que nacieron en Andalucía, sigan perteneciendo al mismo país que mi mujer, que vive en Mallorca. Ningún argumento me sirve para pisar la solidaridad, la unidad y la igualdad en nombre de un supuesto paraíso de pureza identitaria. El independentismo es miserable por eso, porque antepone una quimera cultural (adoptada arbitrariamente) a la concordia de una ciudadanía que no tiene por qué verse dividida a causa de las obsesiones de unos pocos.Es un cuento que nos cuentan como quieren. Un cuento demasiado obvio y demasiado improvisado, al que le han amputado 3000 años del prólogo.
 

Zapatero flirtea con los nacionalistas en busca de estabilidad
Madrid - Esther L. Palomera La Razón 16 Julio 2010

«No podemos tapar la boca a quienes se sienten una nación», advierte sobre Cataluña

¿Y ahora qué? El final del Debate de la Nación acabó como empezó: con un presidente del Gobierno que ofrece pactos, reformas, cohesión y trabajo y una oposición que ya no le cree. Por lo demás, la jornada sirvió para que el Grupo Mixto atacase al presidente por parecidos flancos por los que le habían atacado otros el día anterior: giro antisocial, modelo de Estado, gestión económica…

Pero sobre todo si algo se adivinó ayer de las respuestas de Zapatero fue la senda por la que se propone transitar los próximos meses, que no es otra más que el acercamiento de los nacionalismos. Una vez descartada la convocatoria anticipada de elecciones, el presidente parece decidido a buscar aliados estables. Y si el miércoles flirteó con descaro con CiU y PNV, ayer se deshizo en elogios para con CC y el BNG.

De los canarios dijo, como el día anterior dijera con otras palabras de catalanes y vascos, que «su actitud constará en la hoja de servicios con España». Y es que el presidente tiene clavada en su retina las siglas de quienes le salvaron el mandato, pero sobre todo contribuyeron a que la estabilidad de España no saltara por los aires, el día que la Cámara Baja votó el trascendental decreto-ley del 12 de mayo para la reducción del déficit, y esos fueron con su abstención CiU y CC.

Pero es que además, ayer Zapatero vino a confesar su fatiga por la llamada geometría variable que le ha llevado a pactar un día con unos y al siguiente con los contrarios desde que comenzó la Legislatura. «La geometría variable no se escoge ni se escogió por el Gobierno; ha sido un dato de la realidad, y además los portavoces de los partidos conocen muy bien las circunstancias a las que me refiero, y conocen muy bien la geografía política que hay detrás de cada circunstancia.

¿Alguien puede dudar de que al Gobierno le hubiera gustado desde el primer día, con 169 escaños (…) tener la garantía y el compromiso de otros 10 o 20 diputados para sumar un acuerdo de más estabilidad? Nos hubiera gustado. En estos dos años hemos tenido que hacer muchísimo esfuerzo de diálogo y de aproximación (…)».

Todo esto lo dijo en respuesta al gallego Francisco Jorquera cuando éste le recriminó sus cambiantes alianzas parlamentarias, pero también para responder a Carlos Salvador (UPN) y Ana Oramas (CC) que le pidieron pactos estables para salir de la crisis.

El día anterior cuando el PNV le ofreció un acuerdo de estabilidad, Zapatero tampoco hizo ascos, tan sólo dijo que el problema con los vascos era que tenía dudas sobre «la profundidad de su amor», algo así como que andaba pensándolo porque tenía más novios. Parece claro que el Gobierno volverá a apoyarse en los nacionalistas vascos y canarios para aprobar los Presupuestos, si estos se votan antes de las elecciones catalanas. Si es después y CiU, como parece, recupera la Generalitat, lo hará con los catalanes, que antes apoyarán la reforma laboral. Lo que parece evidente es que explora varios caminos y todos apuntan a diferentes nacionalismos.

Ayer dio más muestras de ello, pues hubo una última exposición en repuesta al Grupo Mixto, en la que dijo más claro: «Les agradezco el tono del diálogo y por supuesto interiorizo lo que representan sus reflexiones sobre la geometría variable, sobre la necesidad de la estabilidad, porque en esa dirección estoy trabajando y espero poder contar también con su concurso».

Por lo demás, la segunda jornada del Debate sirvió para que todo el mundo criticara la clamorosa ausencia de Mariano Rajoy en el pleno, y para que Zapatero volviera a reiterar su compromiso con la identidad catalana, el Estatut y las reformas legales que puedan reparar lo invalidado por el Constitucional. El asunto salió de nuevo a la palestra tras la intervención de Rosa Díez, UPyD, que llegó a acusar al presidente de «desacato» y de consentir que un miembro de su partido (por Montilla) convocara una manifestación en contra del TC.

«No podemos tapar la boca a los catalanes que se sienten una nación, y de lo que se trata es de acatar jurídicamente esa realidad y el alcance jurídico del preámbulo», le replicó airado el presidente. Su teoría es que, igual que el Constitucional, él cree que la Carta Magna sólo habla de la nación española, «aunque debe reconocerse que haya personas que se sientan una nación». Aclaró, en todo caso, que no se trata de desoír ninguna sentencia y que su intención de abordar por ley orgánica la parte de la Justicia catalana, es precisamente lo que dice el Alto Trubunal. No hubo más. Ahora, atentos a las nuevas alianzas.

La Generalitat desafía al TC y dice que no acatará lo relativo a la lengua
Ciudadanos asegura que más de 50 leyes desde la aprobación del Estatuto deberán ser modificadas
 www.lavozlibre.es 16 Julio 2010

Madrid.- Si en el Debate del estado de la Nación fue Zapatero señaló que la inmersión lingüística escolar no se cambiaría en Cataluña pese a la sentencia del Tribunal Constitucional, en esta ocasión la misma afirmación llega desde la Generalitat. En la misma línea que el presidente está el Gobierno regional, que no piensa modificar nada para promover la conjunción lingüística del castellano y el catalán como dice el TC.

El consejero de Interior de la Generalitat, Joan Saura, ha confirmado que la intención del tripartito es no cambiar nada: “No tenemos previsto modificar ninguna ley en función de la sentencia del Tribunal Constitucional”. Así pues, desde Cataluña también se busca que la sentencia del Alto Tribunal caiga en saco roto.

Esta fue la respuesta oficial que el Gobierno catalán, en boca del presidente de ICV, dio cuando fue interpelado por Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, sobre “cómo, cuándo y de qué forma” piensa acatar y modificar lo necesario como estipula la sentencia del Tribunal Constitucional. Ya que, para Rivera, el Estatuto “en algunos puntos no se adecua al marco constitucional”.

El presidente de Ciudadanos ha enumerado las leyes, más de 50, que se han aprobado con el Estatuto de 2006, y sobre las que el Gobierno debería hacer cambios para ajustarse a la sentencia. Destacan la Ley del Código de Consumo, la Ley de la Corporación de Medios Audiovisuales, la Ley del Síndic de Greuges, la Ley del Consejo de Garantías Estatutarias, la Ley de Consultas, la Ley del Cine, la Ley de Educación...

Para Rivera, el Gobierno “cree tener inmunidad judicial. Actúan como si no pasara nada a pesar del terremoto que ha supuesto la sentencia que permitirá a los ciudadanos de recuperar derechos que el Estatut le negaba”.

Por su parte Saura, ha asegurado que todo el mundo “está indignado y rechaza la sentencia. Es una agresión contra la voluntad popular de Cataluña. Haremos todo lo posible por recuperar lo que nos han recortado”. Por si había alguna duda, su conclusión final no deja ninguna: “De la sentencia no se desprende que tenga que hacer ninguna modificación del modelo lingüístico de Cataluña en relación a la educación. Ninguna”.

El escritor la calificó de 'nazi' por imponer el catalán
Rahola pone punto final a un debate en que Sánchez Dragó se la zampó
El Trasgo/La Gaceta, www.gaceta.es Periodista Digital 16 Julio 2010

Si esperaban ustedes sorpresas después del Debate sobre el Estado de la Nación por parte de la ‘zurda' mediática, iban dados. Como aperitivo les dejó unas cuantas opiniones de la más estricta ortodoxia, por supuesto. Que los platos fuertes ni siquiera tienen que ver con este asunto. Así que vayamos allá.

En El País, Luis R. Aizpeolea, más enamorado de José Luis Rodríguez Zapatero que una ‘fan' de Tokio Hotel, aseguraba que "este presidente se crece en las dificultades". Su compañero de páginas, Javier Casqueiro, se ponía chistoso: "La ‘Muchachada Nui' de Rajoy estará exultante". Menos se entendía este comentario de reproche al líder del Partido Popular: "Dice sin rubor que lo peor de Zapatero es que es capaz de engañar a todos e incluso a sí mismo". ¿Acaso no es cierto?

En la competencia, Público, una perla de su director, Jesús Maraña: "Propone elecciones ya. ¿Para hacer qué?" Pues votar, hombre. ¿Qué se hace en unas elecciones si no? Por cierto, que Maraña ilustraba al personal el jueves por la mañana desde los micrófonos de RNE con que ZP tiene un problema "con parte de su electorado". Si sólo fuera con ellos... Luego, ya en versión ‘hardcore', ‘gore' o ‘scat', como prefieran, estaba el habitual Manuel Saco: "No se me ocurre nada más sucio que cuatro años de Gobierno de Mariano Rajoy". Qué obsesión, la suya, últimamente, por las cosas de la suciedad y la basura.

ETERNA CANTINELA
Por no salir del periódico de Jaume Roures nos quedábamos con la tribuna del catedrático Vicenç Navarro, experto en ‘agit prop' y representante de lo que hace unos meses llamábamos ‘neojóvenes'. Para Navarro, "la derecha nacionalista española es heredera del Estado fascista que dominó España durante cuarenta años". Lo mejor de todo es que la cantinela y el ‘blablabla' remataban con un "ver mi libro" tal. Sí, señor. Que una cosa es ir de ‘rojillo' y otra dejar pasar la oportunidad de publicitarse.

URBANEJA RECIBIENDO
Las historias de los abuelos ‘Cebolleta' de la izquierda pueden ser muy divertidas. O no. Eso depende. El otro día, por ejemplo, se comentaba por aquí cómo cierto vocero de la TVE ‘felipista-guerrista' salía en defensa del Estatut y se olvidaba, por ejemplo, de las declaraciones ‘españolistas' al respecto de Alfonso Guerra, al que tanta pleitesía rindió en aquellos tiempos en que una llamada de ‘Arfonzo' ponía a todo Cristo en posición de saludo en el Ente público.

Pero para divertido el palo que le pegó ayer El País a Fernando González Urbaneja, que maldita la hora en que se metió en el jardín de zarzas de Sara Carbonero.

"Se deduce que Urbaneja no ha conocido nunca a ningún periodista que tuviera trato afectivo con algún protagonista de las noticias que cubrieron", largaba el periódico de Prisa en su sección ‘El Acento', donde también aseguraba que "a Urbaneja, que nunca antes atacó tan cruelmente a un colega, se le ha visto el plumero".

CARRUSEL AÑO CERO
Por seguir con la actualidad, también era interesante el trato dispensado por el diario del difunto camarada Polanco (¡Presente!) a la salida de Pepe Domingo Castaño y el nuevo tándem de ‘Carrusel deportivo', que "se renueva", según podía leerse en el titular de la noticia. "Cambio de ciclo", definía el hermano de papel de la SER, reseñando la designación de Javier Hoyos y Juanma Ortega para tomar "el relevo de Paco González y José Domingo Castaño, que se incorporan a la COPE". Así de escueta era la mención al futuro profesional de los dos ex de la SER. Es lo que pasa cuando se deja una secta.

MAL PERDER
Después de la polémica mantenida con Fernando Sánchez Dragó a raíz de que éste calificara como "nazi" la actitud de la Generalitat de imponer el idioma catalán, Pilar Rahola se puso digna el jueves en La Vanguardia para zanjar el asunto. Con una salvedad: que lo hizo después de que Dragó soltase estopa a mansalva a su primera réplica. "En fin, Dragó, me rindo a tus pies. La verdad es que eres más inteligente y no naces", soltaba displicente y con cierto tonillo de cabreo soterrado la antigua musa del Partit per la Independència. Y no sonaba a tal, la verdad, sino a intento desesperado por huir del berenjenal. Son las cosas que pasan cuando hay que esforzarse para ganar el debate más allá del griterío.

Originalmente publicado en La Gaceta



Indignación en Sada por la presencia de señales exclusivamente en gallego
Una esperpéntica leyenda mezcla gallego y castellano en la misma frase en un cartel
 www.lavozlibre.es 16 Julio 2010

Madrid.- Sada es un municipio gallego situado a 20 kilómetros de La Coruña enclavado en las Rías Altas. En este pueblo costero ha crecido la indignación de algunos políticos locales por la utilización por parte del Ayuntamiento de señales cuyos lemas o mensajes aparecen exclusivamente en gallego, cuando la normativa estipula que deben estar en los dos idiomas oficiales, como por ejemplo sí ocurre con los nuevos semáforos en Vigo.

Son varios los grupos políticos que han mostrado su malestar por la exclusiva presencia del gallego en las nuevas señales que se están colocando en el centro urbano del municipio. Un ejemplo es el lema “Agás garaxes” o “Zona peonil” que se han ubicado junto al Centro de Xuventude y que no son acompañados del mismo mensaje en castellano.

Esto ha sido objeto de crítica por parte del portavoz de la Agrupación Sada Unida, David Brandariz, que en unas declaraciones que recoge 'La Voz de Galicia' ha mostrado su malestar con respecto a la política llevada a cabo por el equipo de gobierno: “El Real Decreto del 2003, por el que se aprueba el Reglamento General de Circulación para la aplicación y desarrollo del texto articulado de la ley sobre tráfico, establece en su artículo 138 que las indicaciones que se incluyan o acompañen a los paneles de señalización de las vías públicas, e inscripciones, figurarán en idioma castellano y, además, en la lengua oficial de la comunidad autónoma. Estas señales son contrarias a la ley y cualquier ciudadano que reciba una multa por este motivo podría recurrirla”.

El colmo del disparate se ha producido con la instalación de una señal que restringe el paso a una zona de obra en una calle. Hasta aquí todo normal, si no fuera porque en la leyenda de la peculiar señal se puede leer la mitad del mensaje en gallego y la otra mitad en castellano. Sobre esta mezcla, el concejal de Obras ha apuntado que se trata “de un error que será solventado rápidamente”.

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