AGLI

Recortes de Prensa    Viernes 23  Julio  2010

 

Los muertos, al hoyo
Luis del Pino Libertad Digital 23 Julio 2010

Si se parte de la premisa de que el PSOE está empeñado en una batalla por confederalizar España y el PP se encuentra en la trinchera contraria, tratando de poner coto a los desmanes nacionalistas, entonces todos los análisis fracasarán sin remedio al confrontarlos con la realidad.

Si se quiere entender lo que está pasando con este régimen colapsado, es preciso reconocer que tanto PSOE como PP comparten unos objetivos comunes desde después de las últimas elecciones generales, tras el famoso periplo mexicano de Rajoy.

Aunque existan reductos en el PP (en la la Comunidad de Madrid, por ejemplo) que aún avalan públicamente los principios que el partido defendió en las dos legislaturas anteriores y con los que concurrió a las elecciones de 2004 y 2008, y aunque la inmensa mayoría de los cuadros medios y militantes sigue compartiendo esos principios, la dirección actual del PP no es en absoluto ajena a la operación de derribo controlado de la Constitución.

Ese derribo no se trata de un empeño personal de Zapatero, ni tampoco de un plan exclusivo del PSOE, sino de una hoja de ruta pactada por los dos partidos mayoritarios con los dos principales partidos nacionalistas, con dos ejes fundamentales: la superación de facto de la Constitución, gracias a la brecha abierta por el Estatuto de Cataluña, y el fin negociado de ETA. Se trata de un paquete, que se entregará completo o no se entregará.

Si alguien tiene dudas sobre la naturaleza pactada de ese entierro constitucional, no tiene más que ver la actitud del PP gallego o del PP valenciano en el tema de la lengua - que no tiene mucho que envidiar a las imposiciones nacionalistas - o las declaraciones de González Pons avalando la política de gestos penitenciarios de Rubalcaba.

O basta también con hacerse un par de preguntas malintencionadas. En el caso de la negociación con ETA, por ejemplo, la presencia de mediadores internacionales en el "proceso de paz" es un hecho, sin que el PP haya alzado hasta el momento la voz para denunciar algo tan simple como que esos mediadores no estarían interviniendo a menos que existiera un aval del Gobierno a las negociaciones.

Y la razón de que el PP no haya alzado hasta el momento la voz es, precisamente, que esa presencia de mediadores internacionales tampoco se explica a menos que el PP haya autorizado su presencia: ¿participaría un mediador internacional en ese proceso si los acuerdos alcanzados corrieran el riesgo de ser incumplidos tras una eventual llegada de Mariano Rajoy al poder? Es evidente que no: los acuerdos necesitan estar blindados y cuentan, por tanto, con el aval del PP. De ahí las respuestas de Rubalcaba, afirmando que el PP está perfectamente informado de las cosas, cada vez que alguien le echa en cara la existencia de negociaciones sumergidas. De ahí, también, la reciente intervención de González Pons en defensa de Rubalcaba.

En el caso de los acercamientos a los nacionalistas, piénsese en cuál es el sentido de la reciente reunión de Urkullu con Rajoy, de la que el lider del PP salió diciendo lo fácil que le resultaba hablar con el dirigente nacionalista. Observe el lector que Rajoy y Urkullu pueden reunirse cuantas veces quieran, y negociar lo que les venga en gana, sin que los simples mortales nos enteremos. En otras palabras: para hablar, negociar o pactar, Rajoy y Urkullu no necesitaban dar tres cuartos al pregonero. Lo cual indica, por supuesto, que se trata de una escenificación buscada: lo que se pretendía no era hablar o pactar, sino transmitir a la opinión pública el mensaje de que PP y PNV hablan y pactan. Y el único sentido que tiene el querer transmitir ahora a la opinión pública ese mensaje es como preparación para la materialización de futuros pactos.

Una vez que se ha comprendido que los objetivos están fijados, y que esos objetivos son compartidos por la dirección de los dos partidos mayoritarios, resulta sencillo entender que el único problema que le queda por solventar a nuestra clase política es cómo vender esa hoja de ruta a la opinión pública. De lo que se trata no es de decidir si la Constitución se destruye o no, porque la Constitución ya está destruida, por lo menos sobre el papel. De lo que se trata es de hacer que la opinión pública acepte esa destrucción.

A partir de ahí, analizar cada gesto, cada declaración o cada actitud resulta sencillo. Basta con peguntarse a qué segmento de la ciudadanía va dirigido cada mensaje y ver qué es lo que se quiere vender con él.

En el caso del Estatuto de Cataluña, por ejemplo, se nos ha impuesto a todos los españoles, con la connivencia de los dos partidos "nacionales", una sentencia que destruye las últimas garantías de los derechos ciudadanos en Cataluña. Pero, al mismo tiempo, y con todo desparpajo, se le hace llegar al electorado de CIU un mensaje victimista (¡nos han tocado el Estatut!) y al electorado del PSC se le manda un mensaje posibilista, en forma de eventuales acuerdos PSC-PSOE para pisotear la Constitución allí donde el Tribunal Constitucional no la ha pisoteado.

La existencia de mensajes contradictorios refleja únicamente que nuestra clase política es perfectamente consciente de que, a la hora de seguir impulsando la hoja de ruta, cada segmento de electores necesita un tratamiento diferenciado.

Partiendo de estas bases de análisis, permítanme que les haga unas cuantas predicciones:

1) la consolidación de la ruptura constitucional requiere que el próximo gobierno central sea de coalición entre PP y PNV y que CIU entre en el próximo gobierno catalán. Así que ya se encargará Rajoy, con o sin la ayuda de nuevas Gürteles, de no ganar por mayoría absoluta.

2) la independencia de facto (peor aún, la condición de metrópoli) que la sentencia del Estatuto otorga a Cataluña) deberá extenderse también al País Vasco, para lo cual resulta altamente conveniente que sea Núñez Feijóo quien abra el fuego, planteando un nuevo estatuto en Galicia.

3) habrá pronto un nuevo comunicado de ETA, con nuevos "gestos". Si todavía existiera resistencia al derribo constitucional, cabría la posibilidad de que se optara por mantener un poco más la presión social del terror. Pero, una vez que el PP se ha incorporado al acuerdo, nada se opone a la implementación de la hoja de ruta original: abandono de las armas a cambio de confederalización.

En resumen: los mil muertos a manos de ETA, al hoyo; y los vivos, al bollo.

¿Hay algo que celebrar?
Editoriales ABC 23 Julio 2010

HACE ya diez años que José Luis Rodríguez Zapatero accedió, contra todo pronóstico, a la secretaría general del PSOE. En plena mayoría absoluta del PP, el nuevo líder introdujo un cambio interno de apariencia tranquila y sosegada, pero que le ha permitido con el paso del tiempo ejercer un control absoluto sobre su partido. En este largo periodo, el actual presidente del Gobierno ha desarrollado una trayectoria marcada por el oportunismo y la búsqueda del interés partidista por encima de la coherencia y el rigor en sus planteamientos políticos. En efecto, el antiguo «Bambi» que hacía gala de buen talante ha dejado paso a un dirigente radical, dispuesto a modificar a su conveniencia el modelo territorial y a desarrollar una ingeniería social al servicio de un sedicente progresismo. En este sentido, la fallida negociación con ETA en la primera legislatura o el impulso a una reforma constitucional encubierta a través del Estatuto catalán, en la actual, son ejemplos de una forma de concebir la política basada en el poder y no en el interés general. No es extraño que los ciudadanos identifiquen al líder socialista con los peores defectos del partidismo, siempre en perjuicio de las instituciones y de la estabilidad del sistema constitucional. Son las consecuencias de dar prioridad a la lucha por el poder frente a la vertebración social y el rigor en la gestión.

En el seno del PSOE, Zapatero ha pasado de ser un elemento de cohesión después de una etapa convulsa a convertirse en un factor de discordia que se refleja, sobre todo, en las difíciles relaciones de Ferraz con el PSC. Después de muchos bandazos, Zapatero venció por la mínima a José Bono, pero los hechos demuestran que las tensiones quedaron soterradas con el disfrute del poder, pero no resueltas. Lo peor de todo es que esas tensiones internas se han trasladado al conjunto de la sociedad española a través, por ejemplo, de su errática política territorial o de la irresponsable ley de la Memoria Histórica, que chocan frontalmente con el espíritu de la Transición. Por lo demás, la torpeza notoria para hacer frente a la crisis económica demuestra que la capacidad de gestión del actual presidente deja mucho que desear, porque, salvo excepciones, no sabe o no quiere rodearse de equipos sólidos y eficaces. Así las cosas, hay muy poco que celebrar en una década que no pasará a la historia como la más afortunada del socialismo español. Rodríguez Zapatero cumple años al frente de un PSOE herido, pero es España la que sufre las consecuencias de su desafortunada gestión.

Pepe Sin Tierra
Alfonso USSÍA La Razón 23 Julio 2010

Pepe Sin Tierra ha visitado a su primo Pepe Luis Sin Tierra, por ahora domiciliado en Madrid. Pepe Sin Tierra nació en la provincia de Córdoba, emigró a Cataluña, y ahora es nacionalista catalán. Pepe Luis es de Valladolid, se hizo un hombrecito en León y ahora nadie sabe lo que es y menos aún lo que pretende ser. Los dos primos están de acuerdo en que Cataluña es una nación y que España es un molesto problema que sólo puede solucionarse fragmentando su Historia y su territorio. Es lo moderno. Los socialistas soportan muy mal la idea de España, de su unidad y de su Constitución. Tan mal, que Pepe Luis ha recibido a Pepe para ponerse a su disposición y chingarse en el Tribunal Constitucional. –Todo lo que tú quieras, Pepe–; –moltes gracias, Pepe Luí–.

Se creen los dos primos, el alto y el bajo, el de Valladolid y el de Córdoba, el domiciliado en Madrid y el afincado en Barcelona, que uno y otro pueden hacer con España y con una parte de España, Cataluña, lo que les salga de las narices en sus charlitas particulares e íntimas. Para ellos las leyes no existen, y menos aún, los tribunales. Todo esto es consecuencia de la osadía de Pepe Luis, que llegó al Gobierno de rebote, gracias a un terrible atentado, impulsado por los graves errores terminales de un Partido Popular que se desnortó y apoyado por un PSOE que lo encumbró para culminar sin gloria su travesía del desierto.
Inesperadamente, unas bombas asesinas y la reacción de una ciudadanía más sensible al momento que a la reflexión, le concedieron el poder. Y en el poder instalado, decidió gobernar de la mano de la vulgaridad, la osadía y el resentimiento.

Necesitado de los votos de los socialistas del PSC –muchos de ellos, con su complejo de charnegos, más nacionalistas e independentistas que las posaderas de Carod-Rovira, independientes la una de la otra–, centró su labor de Gobierno en la mentira y la sumisión ante Cataluña. Sin ellos, no gobierno. Si no gobierno, no soy nada. Con ellos, lo soy todo. Solución: que se fastidie España y se salve Zapatero. Y así estamos. Fue el que alentó el nuevo Estatuto de Autonomía y hoy es el que, siendo Presidente de todos los españoles, busca alcanzar acuerdos trucados para imponer su voluntad por encima de la sentencia del Tribunal Constitucional. En otros idiomas, menos sutiles que el español, a quien se comporta de esta manera se le llama traidor. Aquí se le dice «progresista».

Mientras Pepe Luis y Pepe se creen que España depende exclusivamente de ellos, España asiste al espectáculo deprimida por las consecuencias de la otra gran mentira de Pepe Luis. La economía. Pepe Luis llegó a acusar de traidores a los que le afearon que ocultara en la última campaña electoral la catastrófica situación económica de España. Todo flores, todo promesas, todo sonrisas y muchos tontos le dieron el triunfo. Después se desdijo y pidió perdón, como siempre, y como siempre tarde y mal. La influencia del gran asesor del líder de la Oposición, Mariano Rajoy, Arriola o algo parecido, también ha contribuido a la permanencia del Zapatero gobernante. Es muy difícil hacerlo peor. Rajoy fue elegido a dedo para gobernar, y lo habría hecho muy bien, porque tiene experiencia, es culto, moderado y sabio. Pero no está hecho para dirigir la Oposición. Su educación con estos gamberros de gobernantes resulta excesiva y contraproducente. Arriola o algo así, es el que manda. Y aquí estamos. Pepe y Pepe Luis se tratan como dos mandatarios de dos naciones diferentes y España se desmorona. Un juego para ellos. Una tragedia para los españoles.

Zapatero
Y no cambia
Cristina Losada Libertad Digital 23 Julio 2010

En Los 39 escalones, gran película de Hitchcock basada en la novela de John Buchan, hay una escena descacharrante. El protagonista, Richard Hannay, se mete, en su huida, en el local donde se celebra un mitin. Ahí le confunden con uno de los oradores esperados y le empujan al escenario para que pronuncie un discurso. Hannay no tiene ni idea de qué va el acto y dice lo primero que se le ocurre, pero su arenga enfervoriza a los congregados. Si no fuera por que la policía le detiene, le hubieran hecho candidato y quizás habría llegado a presidente. Esa hipotética cadena de accidentes puede ocurrir en la vida real y, entonces, deja de tener gracia.

El aniversario de la elección de Zapatero como secretario general del PSOE me ha recordado aquella escena. Un oscuro diputado, que no había gestionado ni un ayuntamiento, del que nada se supo mientras ocupaba su escaño, sin currículo profesional digno de mención, fue encumbrado al liderazgo. Fue y no fue un accidente. El lobby de los socialistas catalanes resultó decisivo. Le eligieron para que no saliera otro. Optaron por el más manejable. Casualidad que, en vísperas de la efeméride, ZP recibiera con honores de estadista (en apuros) a Montilla, el sucesor de quien le colocó en el cargo. Por cierto, cría cuervos.

Cuando un partido prefiere como dirigente a un don nadie, cuando presenta como candidato a presidir el Gobierno a un individuo inexperto, es que falla de raíz casi todo. La Moncloa no es el lugar para aprender el oficio. El riesgo es enorme y el desastre, seguro. Así lo atestiguan las ruinas humeantes de las dos grandes aventuras de Adán Zapatero: la negociación con ETA y el Estatuto. Por no hablar de economía. Pero el atrevimiento de la ignorancia sólo explica parte de la historia. Aunque saludado como un renovador, Zapatero es un producto genuino del PSOE, criado en los clichés y tópicos del rígido universo progre, pero sin el pragmatismo de sus predecesores.

El periplo político de aquel desconocido demuestra que no hace falta disponer de especial capacidad y preparación para ser presidente en España. Más aún, que la carencia de tan básico equipaje es un mérito y no una deficiencia. No extrañe que nuestro hombre prometiera que el poder no iba a cambiarle. Es la resistencia adolescente a la experiencia y la madurez. Lo inquietante es que, en efecto, no ha cambiado.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Tal como era
IGNACIO CAMACHO ABC 23 Julio 2010

ES cierto que el poder no lo ha cambiado. Eso es lo más inquietante: que al cabo de seis años de presidencia y diez de liderazgo partidista José Luis Rodríguez Zapatero sigue siendo exactamente como parecía que era. Un político sin solvencia ni preparación, veleidoso, frívolo, hueco, relativista, cuya propiedad más sólida es un sentido pragmático de la supervivencia a cualquier precio, «cueste lo que cueste». Un líder adaptadizo sin sentido de la responsabilidad de Estado; un dirigente de ideas superficiales que gobierna a base de gestos demagógicos y efectistas; un táctico de visión corta desprovisto de sentido estratégico. Un producto quintaesenciado de la posmodernidad, el pensamiento débil y la sociedad líquida.

Para evaluar con exactitud la década zapaterista no hay que atender los discursos autocomplacientes del aniversario, ni el crispado rechazo que ha generado en los sectores liberales y conservadores; es menester escuchar a esa vieja guardia que lo alzó por miedo a un ajuste de cuentas interno, a los guerristas y a los tardofelipistas que lo avalaron por no acabar de fiarse de las intenciones de Bono. Hay que consultar a esos socialistas ya desencantados que proclaman de forma cada vez menos disimulada su preocupación crítica por la deriva relativista del proyecto socialdemócrata, su desasosiego por el cuestionamiento de la legitimidad constitucional, su zozobra ante la progresiva entrega al chantaje del soberanismo. Y oír el recelo creciente que hasta ahora habían ocultado los seis años de poder y que se manifiesta ya sin tapujos ante la perspectiva de un fracaso que cristalice todos los defectos latentes del zapaterato en una quiebra capaz de arrojar al centenario partido por una escombrera política.

La clave del zapaterismo no son las leyes de ingeniería civil ni las políticas económicas derrotadas por la realidad de la crisis, sino su vacilante concepto nacional, su clamorosa carencia de una idea de España, que ha convertido al PSOE en una difusa confederación de intereses territoriales en continua tensión por las contradicciones de sus precarias alianzas de poder. Hasta ahora la permanencia en el Gobierno ha funcionado como argamasa de esas tensiones, pero la perspectiva de la derrota deja al descubierto las grietas que han ido descomponiendo la unidad del partido y han trasladado la falta de proyecto de su líder a la propia estructura del Estado. Zapatero ha vaciado de cohesión tanto al Gobierno como a la organización que lo sostiene, y su inconsistencia trivial compromete no sólo la estabilidad de la nación sino el futuro mismo de una socialdemocracia sin referencias estables de ideología y de estrategia. Al cabo de diez años, la experiencia más desalentadora de su liderazgo es la comprobación de que, en efecto, aquel político insustancial no ha cambiado. Salvo para volverse mucho más sectario.

Aniversario
Las proclividades de Zapatero
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Julio 2010

Diez años cumple en el poder Zapatero. Por pura casualidad, dicen los pesimistas, hace diez años que fue elegido secretario general del PSOE. Tres de ellos fueron consumidos para llegar al Gobierno de España, aunque algunos consideran que no llegó por sus méritos sino también por casualidad, y los otros casi siete años restantes fueron utilizados para desgobernarla. Zapatero ha desgobernado España con el único objetivo de mantenerse en el poder. El desgobierno de Zapatero es, sin duda alguna, vital, coherente y está proyectado hacia el futuro, por decirlo en los términos del ideólogo José Blanco. Desgobierno fue no querer investigar el 11-M, ese nuevo golpe de Estado postmoderno; y, por supuesto, desgobierno fue negociar políticamente con ETA su manera de integrarla en un régimen socialista; y desgobierno fue aprobar un Estatuto de Cataluña contra el resto de la nación española.

En ese tiempo, que ahora celebran los socialistas, los fracasos de los españoles son más numerosos que los éxitos. Los fracasos del PP, desde luego, han sido sonados; no creo que Rajoy olvide fácilmente las veces que ha sido derrotado por Zapatero. Aunque sólo fuera por eso, estoy convencido de que un futuro historiador del socialismo español nunca dirá que Zapatero fue una anécdota en la historias del PSOE y de España. Nuestro futuro historiador recogerá el legado de los mejores cronistas de estos últimos años para sintetizar: la socialdemocracia en la época de Zapatero sólo fue una palabra para alimentar la vieja retórica de la etapa de González.

Para ese historiador del futuro la conclusión de estos diez años es obvia: la socialdemocracia desapareció y en su lugar volvió a reinstalarse el socialismo excluyente, o sea, cualquier acción es buena para el PSOE, excepto "pactar", consensuar y transigir con el otro "gran" partido de la nación para hacer posible una España de ciudadanos libres e iguales ante la ley. Con Zapatero, por lo tanto, España jamás será viable. Es un imposible. Zapatero excluye, jamás pacta sobre lo decisivo: la nación española.

Ese mismo historiador levantará acta de las acciones reiteradas de Zapatero para hacer del Estado-nación, de España, una burocracia de 17 pequeños estados a las órdenes de una casta política sin otro oficio que vivir de los impuestos de los contribuyentes. Zapatero ha pasado a la historia de este país por haber acelerado ese proceso de descomposición de España contenido en el Título VIII de la Constitución.

No es, reitero, una anécdota Zapatero en la historia reciente de España. Su persistencia por fracturar la unidad de la nación no es normal. La proclividad de Zapatero, es decir, su tendencia al mal será estudiada en las escuelas políticas sobre el futuro de la democracia. Pero, por si alguien todavía sigue pensando que Zapatero es sólo nota a pie de página de la historia reciente de España, le aconsejaría que repasase la bibliografía sobre el personaje. Entre esa abultada bibliografía, que va desde el canto melifluo del líder carismático hasta las críticas más aceradas al hombre que llegó al poder por puro azar, pasando por trabajos que tratan de contar de modo objetivo las fracturas en la sociedad española generadas por Zapatero, destacan más que los tonos críticos hacia el personaje, más que las críticas agrias hacia unas políticas que bordean siempre la normalidad política, los lados más oscuros y tenebrosos de un político nunca dispuesto a utilizar la principal regla de la democracia: la publicidad.

Yo, que tengo propensión a los libros sobre Zapatero –por cierto, propensión nada tiene que ver con proclividad–, reconozco que hay algo en el personaje que va más allá de lo normal. Después de haber leído casi veinte libros sobre su acción política, tengo que reconocer que este individuo ha hecho de la "democracia" algo morboso. Ese morbo, quizá enfermedad, ha sido transmitido a millones de personas. La proclividad de Zapatero, es decir, la tendencia al mal de este hombre ha hecho que Zapatero extienda un virus a la sociedad española: democracia es lo que dice la mayoría. Falso. Democracia es el respeto a la minoría; más aún, sin respetar el derecho de los individuos a enfrentarse al poder no hay democracia. Zapatero, sin embargo, ha hecho creer que sin él, y sin el acompañamiento del PSOE, es imposible la democracia. He ahí la principal maldad de Zapatero para el futuro de España.

Somos ingobernables
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 23 Julio 2010

El sistema de partidos pierde prestigio día a día. Cada vez más es identificado por los ciudadanos como la liturgia utilizada por una casta para detentar el poder, esto es, para ejercer la corrupción gracias a la manipulación de las instituciones. Todo lo cual podría llegar a ser aceptable por la ciudadanía con tal de que funcionasen sus mecanismos. El problema es que estos han comenzado a fallar.

El último ejemplo de sistema que llegó al límite de su capacidad ha sido la última república italiana. Se admitió que las pequeñas formaciones llegaran a tener un poder desproporcionado al apoyar a la DC. La reproducción partidaria exigió una sofisticación tal del discurso político que llegó a tomarse este como una gran prueba de la imaginación italiana cuando la verdad es que la Democracia Cristiana necesitaba convertirse en una autopista de pequeños partidos… corruptos.

Nuestro modelo es otro. Aquí estos nacen del venero de los sentimientos nacionalistas. El vasco ha dado de sí nada menos que el PNV, EA, HB y sus distintas versiones, Aralar, PCTV, etc. Desde el conservadurismo totalitario a la defensa del Terror. Demasiados grupos para una población de dos millones. Cataluña dispone de un sistema más «razonable» gracias a que CiU e IU-ICV son condensaciones de varias clientelas. Pero la fertilidad partidaria va alcanzando otras regiones hasta conseguir el surgimiento de esa patología parlamentaria llamada «geometría variable» y que no es una burla de la representación política. Pero estamos ya en el paso siguiente. De la burla a los imperativos democráticos estamos pasando a la ingobernabilidad. Un ejemplo bien claro es la incapacidad para resolver el fallo del TC. En este caso las contradicciones ideológicas demuestran la ineficacia de la «casta política» y todo por una ley electoral, concebida en su día para satisfacer las siniestras llamadas de «la tierra y de la sangre» y hoy inmodificable.

Nacionalismo
¿Qué naciones componen España?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 23 Julio 2010

No sé quien se inventó eso de España como "nación de naciones": ya fuera Anselmo Carretero, José María Jover, o quien fuese, el hecho es que esa expresión, históricamente falsa y lógicamente contradictoria, con la que muchos han querido congraciarse con los nacionalistas, ni siquiera ha servido para contentarles. Recuerdo unas declaraciones de Jordi Pujol, allá por los años noventa, en las que, tras afirmar que "Cataluña es una nación", negó esa condición a España con el demoledor argumento de que "el todo nunca puede ser igual a la parte".

El "problema" está, naturalmente, en que Cataluña jamás ha sido una nación y que aceptar como correcto semejante delirio político e identitario generaría muchísimos más problemas que los que soluciona, tanto para los ciudadanos catalanes como para el resto de los españoles.

Ya que Artur Mas opina lo contrario sobre la base de esa falsedad de origen de que "España es un Estado que incluye diversas naciones", tanto él como todos los que secundan semejante disparate contra nuestra historia y nuestra Constitución podrían tener, al menos, la gentileza de informarnos del número y del nombre de esas "naciones diversas" que abarca ese Estado denominado España. Sabemos que, según ellos, Cataluña es una de ellas; que el País Vasco y Galicia son otras dos.
Ya llevamos tres.

Mi pregunta es ¿el número y el nombre de las otras naciones que abarca ese Estado –que no nación– llamado España, coinciden con las que ahora reconocemos como comunidades autónomas? Dicho de otro modo, para Artur Mas, ¿Murcia es una de esas "naciones diversas" que hay en España? Y si no lo es, ¿a qué nación de España pertenece? ¿Y Alicante? La Comunidad Valenciana, históricamente conocida como Reino de Valencia, ¿es también una de esas naciones diversas que componen España? ¿O forma parte, a su vez, de la nación catalana?

El problema de considerar a Cataluña o a cualquier otra región española una nación es que se trata de un invento inacabado. El absurdo quedaría aun más de manifiesto si cada vez que oímos decir que "España es un Estado que incluye diversas naciones", dijéramos: ¿Ah, sí? ¿Cuáles?

No sé. A lo mejor Artur Más y compañía consideran que España es, a la vez dos cosas diferentes: Por una parte, el Estado que incluye "naciones diversas", pero también, y al mismo tiempo, una de esas naciones que, junto a Cataluña, País Vasco y Galicia, conforman dicho Estado plurinacional. Vayan ustedes a saber. Lo que parece evidente es que esto último de ser España a la vez conjunto y subconjunto tampoco sería compatible con la lógica, aun sobre premisas falsas, de la que hizo gala Pujol.

El hecho es que estas son cuestiones en las que los nacionalistas, y los que estérilmente los intentan contentar, no terminan de entrar. Concesiones como la de que España es una "nación de naciones", o incluso esa que, contra la historia y contra el lenguaje, se hizo en la Constitución al dividir España en regiones y "nacionalidades", han creado más problemas que los que han solucionado.

Puestos a delirar con que Cataluña es una nación –concesión que el Tribunal Constitucional también ha hecho en parte con la bochornosa excusa de que "no es jurídicamente vinculante"–, que lo hagan al menos sin incurrir en groseras contradicciones. Imaginación y capacidad de inventiva no les ha de faltar.

¿Patriotismo futbolero o patriotismo verdadero?
Luis Miguez MachoEl Semanal Digital 23 Julio 2010

Ahora que ya se ha apagado la euforia más inmediata producida por la brillante victoria de la selección española de fútbol en el Mundial, es un buen momento para plantearse una reflexión, que en no pocos medios y ambientes sociales se ha hecho demasiado en caliente, sobre las posibles repercusiones sociológicas y hasta políticas de este acontecimiento.

Los evidentes límites del patriotismo futbolero
Todo el mundo lo sabe, pero no está de más recordarlo, para futura memoria de las cosas, que, si esto se debate ahora, y no se debatió, por ejemplo, hace dos años cuando la selección ganó la Eurocopa, se debe a la espontánea y masiva proliferación de banderas nacionales que provocó este Mundial, y no sólo en el momento de la victoria, sino desde sus mismos inicios. Después de años de lamentos por el escaso apego de la sociedad española a sus símbolos nacionales, a diferencia de lo que ocurre no ya en los Estados Unidos, sino en cualquiera de los países de nuestro entorno, de repente la gente ha perdido todos los reparos y todas las prevenciones a la hora de enarbolar la bandera.

Escribía un periodista en el suplemento dominical de uno de los grandes diarios nacionales que la bandera nacional estaba secuestrada por la ultraderecha y que este Mundial la había rescatado para toda la población. Solemne disparate. La bandera siempre ha estado ahí para todos, de derechas o de izquierdas, del norte, del sur, del este o del oeste.

Cosa distinta es que una parte mayoritaria de la nación se hubiese apartado durante demasiado tiempo de los símbolos nacionales, que son símbolos de unión e integración, y sólo minorías se atreviesen a exhibirlos. Lo cual, por lo demás, tampoco es del todo cierto. En los mítines del PP siempre se han visto banderas nacionales; también en las grandes movilizaciones populares contra las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque para algunos ya se sabe que todo aquello que no coincide con sus prejuicios es "extrema derecha".

En cualquier caso, casi todos los comentaristas de actualidad que se han acercado al fenómeno del fervor patriótico futbolero coinciden en señalar que sería desacertado extraer del mismo consecuencias o lecciones políticas. Y si con ello se quería decir que, pasada la euforia del triunfo, la vida política nacional volvería a su estado previo al Mundial, basta con ver lo que ya está sucedienco para comprobar la exactitud de tal análisis. Son los evidentes límites del patriotismo futbolero.

Lo que hay detrás de cada bandera
Con todo, yo no liquidaría tan fácilmente el asunto. Algún significado más profundo ha de tener el que siga perviviendo un sentimiento nacional español claramente mayoritario en la sociedad, después de décadas durante las cuales los poderes públicos han renunciado por completo a formar a los niños y a los jóvenes en el más elemental sentido del patriotismo, y se han dedicado, en cambio, a fomentar el particularismo territorial y la diferencia, con empleo de cuantiosos fondos públicos y, en ocasiones, una patente agresividad antiespañola, de tal manera que, de mi generación en adelante (y tengo cuarenta años), ya no hemos conocido otra cosa que la exaltación de lo particular en detrimento de lo común.

Los nacionalistas catalanes, que de un tiempo a esta parte andan desatados, son los que han expresado más abiertamente su desazón, pero también los demás nacionalistas han acusado el golpe. Cuando empezó el Mundial, uno de los principales analistas políticos del diario de mayor difusión de Galicia, profesor universitario, escribió un artículo quejándose de que, al entrar la mañana del día del partido con Suiza en la cafetería universitaria a la que suele ir, se la encontró profusamente decorada con banderas nacionales, en – para él – chocante contraste con la ausencia de cualquier símbolo oficial visible en los edificios de la Universidad.

Y, en efecto, así andamos: los poderes públicos abdican de sus responsabilidades, permitiendo que en los edificios oficiales no se expongan los símbolos del Estado, y son humildes empresarios de restauración los que alzan la bandera... El susodicho articulista, indignado por tales demostraciones patrióticas políticamente incorrectas, y, encima, verdaderamente populares y espontáneas (ninguna administración pública repartió o subvencionó las banderas), terminaba manifestando sus preferencias por la victoria en el Mundial de la selección nacional... portuguesa. Todo un símbolo de lo que es y lo que piensa una cierta elite intelectual de provincias, que, a la vista de estas actitudes, sólo cabe concluir que se nutre del peor resentimiento.

Relato esta anécdota porque es muy ilustrativa de la lección sociológica y política que, a mi modo de ver, se desprende de este Mundial. Treinta o cuarenta años después, la minoría intelectual y social que impugna la realidad nacional española sigue siendo, salvo en lugares muy concretos (que no incluyen, desde luego, a Galicia), una minoría, y si el sentimiento nacional español ha pervivido de esta manera espontánea en la mayoría de población a pesar de todos los embates, es sólo cuestión de tiempo el que aflore y se normalice.

Entonces las aguas volverán a su cauce: en una sociedad democrática pluralista las minorías tienen derecho a expresar sus ideas y a ser respetadas, pero no a imponer sus criterios a la mayoría. Cada bandera colocada en las ventanas de los edificios de nuestras ciudades, cada bandera ondeando en mástiles improvisados en las casitas diseminadas por el rural gallego y de otras regiones, cada joven arropado en la enseña es un recordatorio, ominoso para unos pocos, esperanzador e ilusionante para la mayoría, de que la nación sigue viva.

La confusión de la presidenta del parlamento de Galicia
Carlos Ruiz Migue Periodista Digital 23 Julio 2010

No tenemos suerte en España con los presidentes de las cámaras, nacionales o autonómicas. Esta figura debe ser extremadamente circunspecta, pero de forma habitual vemos que no es así. Hay casos escandalosos, como el de José Bono, pero otros, menos llamativos, no dejan de resultar preocupantes. Me refiero a unas recientes declaraciones de Pilar Rojo, presidenta del Parlamento de Galicia

La figura institucional del presidente del Parlamento proviene del Derecho público anglo-sajón. Allí se la llama “speaker” (el que habla). Con ciertos cambios la figura pasó al Derecho Parlamentario continental europeo y de ahí al Derecho público autonómico. En líneas generales se puede decir que la presidencia del Parlamento tiene una consideración protocolaria y representativa muy importante. Por esa razón las personas que ocupan ese puesto deben ser mucho más cuidadosas que los demás diputados o altos cargos en sus actuaciones y declaraciones.

No tenemos suerte en España, y en particular en Galicia, con esta figura. Es cierto que la presidencia del Parlamento de Galicia no está en manos de alguien como José Bono, lo cual no es poco de agradecer. Pero hemos pasado de tener en la presidencia del Parlamento de Galicia a una persona tan extremadamente sectaria como Dolores Villarino, a tener a una persona cuando menos imprudente.

En un artículo publicado en estas páginas el viernes pasado, manifestaba mi esperanza de que la presidenta del Parlamento gallego, Doña Pilar Rojo, reconsiderara unas declaraciones inaceptables que hizo en mayo, en las que proclamaba el carácter “prioritario” del gallego. Y es que, si no hay una diferencia semántica entre “prioritario” y “preferente”, y el Tribunal Constitucional ha dejado muy claro que el idioma cooficial no puede ser “preferente”, está claro que tampoco puede ser “prioritario”. Ahora, en una entrevista a la edición local del diario global, Doña Pilar Rojo reincide, pero difuminando la responsabilidad de la violación de la Constitución, al decir “Todo el mundo asume que en el Parlamento de Galicia prioritariamente se hable en gallego”. Y es que ella, como presidenta, no puede ser como “todo el mundo” y tiene el deber de garantizar la igualdad de lenguas cooficiales.

Pero la imprudencia de la presidenta va más allá, haciendo desafortunados comentarios sobre la redacción en la pasada legislatura de un nuevo Estatuto. Ya he dicho aquí que aquello fue un error y que el tiempo ha puesto las cosas en su sitio. No insistiré en ello.

Quiero, eso sí, referirme, a su confusión acerca de lo que es la inmunidad parlamentaria. En la citada entrevista decía Pilar Rojo que “Habría que pensar si determinadas expresiones las usaríamos fuera de este recinto (…) la inmunidad que no está para eso”. El Derecho ha perfilado las llamadas “prerrogativas parlamentarias” que son un derecho que protege en primera instancia a los propios diputados, pero que busca en el fondo proteger al Parlamento como tal. Esas prerrogativas son la inviolabilidad, la inmunidad y el fuero. Me temo que Pilar Rojo confunde lo que ella llama “inmunidad” con la “inviolabilidad”. ¿Qué es una y la otra? La “inviolabilidad” es la garantía de no se perseguido por las opiniones vertidas por el parlamentario en el ejercicio del cargo. La “inmunidad”, sin embargo, establece que el parlamentario autonómico sólo puede ser detenido por la policía en caso de delito flagrante.

Pilar Rojo habló de “inmunidad” para referirse a la “inviolabilidad”. Es cierto que ella es arquitecta, y no jurista, pero ¿sería mucho pedir que la persona que preside un Parlamento no confunda instituciones esenciales de la historia del parlamentarismo?

NOTA:
Este artículo fue originalmente publicado en el ABC edición de Galicia, el viernes 16 de julio de 2010

Manifestación
La trascendencia de una mentira
Antonio Robles Libertad Digital 23 Julio 2010

En medio de esta bufonada de absentismo legal que ha protagonizado el nacionalismo parlamentario catalán desde la mani soberanista hasta la resolución parlamentaria contra la sentencia del Constitucional, quiero destacar una chiquillada que mueve a risa si no fuera porque aquí, en Cataluña, lo ridículo has de tomártelo muy en serio porque lo gestionan quienes reparten el presupuesto y escriben la historia. Me refiero al número de participantes reunidos bajo el lema: "Som una nació: Nosaltres decidim", el sábado 10 de julio de 2010 para contarnos el chiste ese de "¡suto o... muete!".

1.500.000 según Òmnium Cultural, 1.100.000, según la guardia urbana y 74.400 según Lynce, empresa especializada en determinar el número de manifestantes de forma empírica, contratada por EFE. Recomiendo ver el enlace de Lynce, y todos los datos y criterios escritos y gráficos que ofrece.

No hay nada más urgente que certificar científicamente el número exacto de los manifestantes del sábado 10 de julio. La dimensión de esa mentira es el reflejo de la naturaleza tramposa del resto de disparates nacionalistas. En su falsedad se sustenta hoy la deriva secesionista utilizada por los catalanistas como justificación de su fuerza para chantajear, con un poder y unanimidad que no tienen, la desafección de Cataluña de España.

Es una cuestión de seguridad de Estado. Que salga a concurso público el proyecto de recuento de manifestantes para que la empresa con mejor método y medios sea becada con el presupuesto necesario para determinar por encima de la opinión, el interés o la manipulación, la verdad en el número de asistentes. Sea la manifestación que sea y beneficie a quien beneficie. Y si no es bastante con una, que haya tres. Contra más contraste, mejor. Pero que ninguna dependa de los propios interesados ni de sus adversarios. Es el mejor dinero que puede gastar el Estado en los días desorientados que corren. No es la anécdota de la exageración, sino su incidencia en la categoría reflejada en la insumisión al Constitucional.

Desde hace treinta años, el catalanismo ha hecho del farol su método para tener a los distintos gobiernos de España psicológicamente sumisos. El peligro ahora, es que el farol está confundiendo también a amplias capas de la sociedad catalana, y lo peor, la falta de rigor del Gobierno de España está transmitiendo a esas capas sociales que todo es posible, incluso incumplir la ley. Hay que ser muy torpe para no ver la flacidez cívica de una sociedad que disfruta de los instintos que la insumisión institucional y mediática les produce pero es incapaz de prever las consecuencias conflictivas que pueden tener en el futuro.

El temor del Gobierno de España y del Congreso de los Diputados no ha de ser si Cataluña ha de ser más o menos soberanista como el catalanismo quiere hacer ver, sino de preocuparse de si unos catalanes van a seguir monopolizando el poder para excluir a todos los que no piensen como ellos. Hablando claro, ha de preocuparse de cómo desenmascarar y desactivar este franquismo estatutario y devolver a Cataluña a la realidad constitucional. No nos dejemos aturdir. El camino no es la conllevancia con la libertad soberanista de Cataluña, sino poner freno a la exclusión de los derechos laborales, culturales, nacionales, lingüísticos, etc. que unos catalanes imponen a otros.

Para estos otros, nuestra Cataluña es la España constitucional, es la Cataluña plural donde los soberanistas tengan los mismos derechos que los que no lo son. Y para eso está la democracia y la ley, sin exabruptos ni malas formas, sin bandos, sin dos Cataluñas como pretendió vender el pasado sábado el programa La Noria de Telecinco. Forzó un guión de dos Cataluñas, la soberanista y la roja enfrentadas en dos manifestaciones multitudinarias. No hubo tal enfrentamiento ni una fue la respuesta mecánica a la otra. Los incidentes de la manifestación soberanista del sábado 10 de julio se circunscribieron al ritual acostumbrado: una bandera española quemada por un grupo reducido y los abucheos a Montilla. Ni uno ni otro incidente tuvieron nada que ver con la jornada de fiesta espontánea de miles de seguidores de la Roja reunidos bajo pantallas gigantes y bares en toda Cataluña. Recorrí todo el centro de Barcelona, el domingo 11 de julio desde las 18:30 hasta las cuatro de la madrugada. Siempre a pie. Desde la Plaza España donde dos pantallas gigantes concentraron a miles de ciudadanos y banderas constitucionales hasta las Ramblas, seducido por la alegría desbordada. Vi los coches, las motos saliendo de no se sabe dónde, miles de transeúntes abrazándose por la calle sin conocerse; vivieron, vivimos, una noche mágica donde las camisetas del Barça se fundían con banderas españolas y nadie recelaba de nadie.

Sólo vi, en aquel mar inmenso de banderas constitucionales, una sola con el aguilucho. Una. Fue la que Telecinco sacó repetidamente empeñada en montar un guión donde los bandos enfrentados lucen su peor agresividad. No fue así, no hubo ni contacto, ni agresiones, ni encuentros entre una manifestación organizada institucionalmente el sábado, y una espontánea surgida de la fiebre africana de la Roja, el domingo.

Los incidentes a altas horas de la madrugada en Plaza España fueron los típicos de cuatro mangantes pasados de cervezas y unas órdenes de carga dadas a los mozos de escuadra que no dan ni contra ocupas agresivos ni contra independentistas agresores. El día anterior esos mismos mozos fueron agredidos literalmente por un grupo de independentistas que quemaban una bandera española y nadie cargó contra ellos, como nadie cargó contra quienes osaron insultar e intentaron agredir nada menos que al presidente de la Generalitat. En esta Cataluña vivimos.

El ocaso de Ciudadanos
Enrique de DiegoEl Semanal Digital 23 Julio 2010

Ciudadanos tuvo un comienzo heroico y ha tenido un desarrollo conflictivo, con lo que se ha quedado por debajo de expectativas. Ahora las encuestas le son desfavorables, aunque la proximidad electoral acrecienta la cocina. Hay, con todo, cierta percepción de tendencia. Ciudadanos tendría difícil permanecer en el Parlamento o podría, como mucho, aspirar a mantener a Albert Rivera en el escaño.

Fue Ciudadanos un aldabonazo en el espejismo del oasis catalán y ha dado con coraje la batalla de la libertad lingüística, casi como la voz que clama en el desierto nacionalista, con algunas intervenciones parlamentarias de altura por parte de Albert Rivera.

Mas, desde el principio, el partido se vio surcado por divisiones internas y sometido a una grave contradicción interna: pretender instalarse en la izquierda con votantes de derechas. Los primeros en salir fueron los liberales, desencantados por el fervor intervencionista de la cúpula. Criterio ése, el del intervencionismo, incoherente con la defensa de la libertad en la escuela y la de rotular en el idioma que le plazca al dueño del comercio, pues tales atropellos surgen precisamente de la intervención coactiva del poder político.

La intrahistoria de Ciudadanos ha estado surcada por querellas intestinas, de modo que de los tres diputados electos sólo uno sigue en el proyecto, lo cual es casi un récord del despropósito. De por medio, para enturbiar más las aguas, se cruzó UPyD que en Cataluña ocupa el deslucido y desmerecido papel del perro del hortelano, que, en este caso, ni crece ni deja crecer. Pugna esterilizante. Ya se sabe que UPyD es un partido antinacionalista que no tiene presencia en las autonomías de conflicto y va camino de ser partido madrileño.

Por lo demás, Ciudadanos no ha conseguido zafarse de cierto aire políticamente correcto izquierdizante, fuera del ámbito de su núcleo fuerte, donde su coherencia es elogiable y sus méritos no son pocos pero, a tenor de las encuestas, no suficientes para ser tenido como necesario por el electorado. La duda enervante reside en si el voto a Ciudadanos no va camino de ser estético y testimonial.

La cuestión es que ese caudal de crítica a una casta política depredadora y autoritaria no puede dilapidarse, ni quedar en un desorientada orfandad.

Otrosí: Zapatero, con razón, ha cogido miedo escénico a la calle y a los actos públicos. Hasta ahora, era a los de ´derechas´. La pitada el pasado 12 de octubre fue multitudinaria y épica y la de este año se augura diez veces mayor. Ahora también le ha cogido pavor a la izquierda: Zapatero no irá a Rodiezmo, a ese festorro de izquierda cañí travestida de minera y obrera.

Es ahora, España
Ignacio de Saavedra www.lavozlibre.es 23 Julio 2010

Hay en España una brisa de nostalgia que recorre los balcones en silencio. Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que los españoles buscamos, soñamos, creímos, dudamos y vivimos como si el ayer no nos hubiese engañado sin cesar, y como si el mañana nos hubiese de traer algo bueno, recordando lo que escribió Edouard Rod. La Copa del Mundo de Sudáfrica no se vivió simplemente como la más importante cita futbolística, sino que traspasó las fronteras imaginables y revolucionó la trastienda de nuestras almas (allá donde muchos se habían visto forzados a estrangular sus anhelos de libertad y a replegar la bandera rojigualda), poniendo del revés lo que hasta entonces era habitual en los telediarios españoles: la insólita venta de camisetas de la selección sustituyó a la crisis económica, las ruedas de prensa de nuestros políticos fueron desbancadas por las de Vicente del Bosque, los disparates nacionalistas quedaron silenciados por los brotes patrióticos y la nación pareció resucitar de un letargo doloroso. Sobre todo por un hecho que algunos tuvimos en mente durante aquella tarde: se cumplían, a esas mismas horas, trece años del secuestro de Miguel Ángel Blanco. Él luchó y soñó para que la bandera española ondease en el País Vasco como aquel día. Seguro que nunca llegó a imaginar lo que contempló desde allá donde esté.

Entre el primer partido contra Suiza y la victoria frente a Holanda, se dieron escenas que parecen extraídas de un pasado lejanísimo, apenas recuperable, como los negativos rasgados de las fotografías de la infancia. Allí, en ese espacio de memoria nostálgica, quedan los torrentes de catalanes inundando la Plaza de España de Barcelona, las Ramblas o la fuente de Canaletas, y los miles de vascos que desempolvaron sus banderas de España (ésas que un día trajeron escondidas bajo la ropa sucia de las maletas, de regreso de algún viaje) para lucirlas sin complejos ni miedos en aquellas tierras castigadas por la cobardía. Ambos casos son muestras inmensamente conmovedoras de la necesidad de libertad que se tiene en aquellos recovecos de nuestra nación, en los que una victoria de la selección española levanta la pasión más enraizada de amor a la patria, y también de exhibición de esa mezcla de devoción y éxtasis, como el que besa a su novia en público o se abraza a un viejo amigo que creía perdido en la distancia. Amor a la patria y exhibición de amor a la patria, sí, porque si duro se hace cuando amas en secreto por miedo a las miradas reprobatorias y a los cuchicheos, la sensación de ahogo te invade cuando escapas del amor por miedo a las amenazas o a la muerte. Y durante aquellas semanas, ese ahogo de años se disipó de golpe, y miles de almas desenterraron sus ilusiones, que las creían exangües bajo las normativas apiladas con membretes de los Gobiernos.

España entera latía con las galopadas de Sergio Ramos, los pases entre filas de Iniesta, las paradas de Casillas, las heridas de Piqué, las pillerías de Navas y los cabezazos de Puyol. Había quienes no compartían aquel latido y tampoco dejaban que los demás lo sintieran, como una especie de ladrones de almas que todo lo quieren conocer y, si es preciso, amputar. Así, hicieron lo propio mediante los mecanismos que les concede el Estado: impidieron que se pusiera una pantalla gigante, a pesar de que las peticiones eran clamorosas, hasta terminar cediendo en la final, como fue el caso de Montilla en Barcelona; prohibieron que los niños pudieran ver la final en los campamentos, como fue el caso, una vez más, de la Generalidad de Cataluña; y amenazaron a las empresas que apoyasen a España en el Mundial con denuncias que, según Catalunya Acció, asociación independentista que recibe subvenciones de la Generalidad de Cataluña, irían destinadas contra aquellos comercios que pudiesen vulnerar alguna de las leyes establecidas por la ley de política lingüística. En suma, se abalanzaron contra aquellos que pudiesen salirse de su camino delimitado por fosos, al más puro estilo de las dictaduras.

Porque son esos mismos liberticidas quienes salieron el sábado a la calle -el sábado anterior a la final del Mundial- para manifestarse a favor de la independencia de Cataluña y en contra de la Sentencia del Tribunal Constitucional. Son ellos, sí, los que portaban pancartas insultantes, los que llamaban a la violencia, los que quemaron en plena calle una bandera de España, los que no respetan las normas y los que quieren imponer su ideología. Son ellos, sí, los mismos que convocan referéndums ilegales por la secesión, los que están adoctrinando a los más pequeños con una Historia inventada, los que obligan a los niños a hablar catalán en los recreos, los que ponen contra las cuerdas a los empresarios de cine con normativas ridículas, los que gastan millones de euros en traducciones simultaneas de un idioma que comprenden y los que, en definitiva, orgullosos de sus reclamos, marchaban en la manifestación con sus hijos, disfrazados los inocentes de carteles en miniatura que reclamaban a la independencia de Cataluña. Son ellos, sin duda, los culpables de que la bandera de España haya tardado tantísimos años en salir a las calles con aromas de rebeldía y afanes infinitos de libertad, pues han sido los artífices de una espiral de miedo semejante a la que se vive en el País Vasco. Nadie sabe hoy en Cataluña qué ocurrirá mañana, si le multarán por rotular en castellano o le quemarán el comercio por lucir la bandera de España, o si tendrá que marcharse o no para darle una enseñanza digna a sus hijos; y cuando eso sucede, ay, cuando eso sucede es que la libertad ha sido, como lo fue Xabi Alonso frente a Holanda, pateada sin disimulo.

Y es ahora, recordando este pasado lejanísimo, apenas recuperable, como los negativos rasgados de las fotografías de la infancia, cuando tenemos que mirarnos todos frente a un espejo y preguntarnos si cuando nos quitemos la camiseta de la selección española, nos estaremos quitando también nuestro sentimiento de pertenencia a España, nuestra nación, o, por el contrario, seremos capaces de continuar amándola, no ya en secreto, como esos amores prohibidos, sino en público, tanto en Madrid como en Cataluña, tanto en Sevilla como en Vitoria, sin ostentación si es que a usted no le gusta, pero también sin complejos, sin ilusiones enterradas bajo normativas, con la cabeza bien alta. Es el momento de no tener que vivir de recuerdos, sino de realidades. Es ahora cuando tenemos que levantarnos y luchar porque los más pequeños puedan estudiar en español, si es que así lo quieren sus padres; llenarnos de valor para rotular los comercios en castellano, si es que así lo quiere cada uno; y tener arrojo para darle un respiro a nuestra bandera nacional y sacarla por fin de debajo de la ropa sucia, allá donde un día viajó hasta las refugios del País Vasco.

Hay en España una brisa de nostalgia que recorre los balcones en silencio. Las banderas se desanudan y las terrazas se desnudan, como antes, para pasar inadvertidas sobre el tráfico de la rutina. Atrás quedan los recuerdos de una nación que pareció resucitar de un letargo doloroso. Quiero imaginar que algún día volverá a ocurrir, como afloran siempre los amores prohibidos, como se rebelan siempre las pasiones abrumadas, como soñó siempre Miguel Ángel Blanco desde su refugio de Ermua.

Contra la comunidad internacional
Nadie en la OTAN se movilizó por aquel entonces en aras de un Kosovo independiente
RAFAEL L. BARDAJÍ ABC 23 Julio 2010

Durante décadas, la comunidad internacional ha basculado sobre el principio de la inviolabilidad de las fronteras. No era una cuestión gratuita, sino el deseo de no volver a caer en los horrores de haber querido jugar con ellas al antojo de las pasiones nacionalistas. El dictamen de la Corte Internacional de Justicia dice que, teniendo en cuenta el contexto y la situación, las instituciones interinas de Kosovo no violaron el derecho internacional con su declaración unilateral de independencia de febrero de 2008. Por mucho razonamiento jurídico con que se quiera disfrazar, no deja de ser un auténtico disparate político.

Yo estaba en el Ministerio de Defensa cuando aquella guerra y doy fe de que nadie en la OTAN se movilizó por aquel entonces en aras de un Kosovo independiente. Si se llegó a bombardear a los serbios fue para detener su supuesta limpieza étnica sobre la minoría albano-kosovar.

La Corte se justifica en las condiciones «sui generis» y «específicas» del caso kosovar, en un intento de zanjar probables utilizaciones de otras fuerzas independentistas como un ejemplo a seguir. Pero eso son tan buenas como irrisorias intenciones. Está claro que los nacionalismos de todo tipo explotarán el caso de Kosovo en su favor, de Osetia del Sur a Cataluña, pasando por Palestina. Y es que cuando uno rompe una regla, acaba con el principio de la coherencia y legitima la pregunta de por qué unos sí y otros no.

Lo que los jueces deberían tener claro es que la independencia de Kosovo no es un asunto legal, sino político y estratégico. Aplicar fríamente su interpretación de la ley, sin tenerlo en cuenta, es la mejor receta para el desastre. La comunidad internacional no reconoció en su día a Kosovo y no debería hacerlo porque ellos lo dicten ahora.

Dando pábulo a la fragmentación sólo se alimenta el desgobierno y el caos.

Kosovo, la república independiente de IKEA
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 23 Julio 2010

El derecho internacional vuelve a los tiempos en que las grandes potencias troceaban pequeños países.

Europa se va por el desagüe. ¡Más paisitos del tamaño de la provincia de Soria! ¡Más pobres! ¡Más funcionarios! ¡Más corrupción! ¡Más banderitas! ¡Más policías! ¡Más subvenciones! ¡Y más misiones de la UE! Donde antes había un solo país, Yugoslavia, ahora hay siete (Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro, Macedonia y Kosovo).

El Tribunal de La Haya ha reconocido la legalidad de la secesión de Kosovo respecto de Serbia por decisión unilateral de sus propias autoridades. De esta manera, las grandes potencias se cargan la inviolabilidad de las fronteras, enunciada como principio en la Carta de la ONU y el Acta de Helsinki. Como escribió Luis Sanzo con motivo de la declaración de indepndencia de 2008:

Por primera vez desde la creación de la ONU, se pretende que ésta impulse la ruptura de un Estado no colonial.

A partir de ahora es posible que cualquier pequeño o mediano país pueda seguir la suerte de la desdichada Polonia, víctima de cinco repartos territoriales entre la grandes potencias:
-Tres en el siglo XVIII entre Rusia, Prusia y Austria.
-Uno en 1939 entre Alemania y la URSS.
-El último en 1945 entre la URSS y el Reino Unido.

[mapa Yugoslavia]

Además, vuelven a ser posibles en Europa las guerras por territorios, que se habían evitado desde el final de la Segunda Guerra Mundial y en concreto a partir del derrumbe del bloque socialista en 1989.

¿A quiénes les interesa que Europa se convierta en una tarecea de Estados inviables que viven de la caridad internacional (o sea, de tus impuestos) y de las transferencias de fondos a cambio de arrendar bases militares o de construir oleoductos? Pues a Estados Unidos el primero.
Todos los presidentes de Estados Unidos han seguido la misma línea estratégica desde 1991: Bush padre, Bill Clinton, Bush hijo y ahora Obama. Estados unidos consigue que en un país musulmán ondeen sus banderas y no lsa quemen.

Luego están Alemania, Reino Unido, Arabia Saudí...

¡Y los ciudadanos ideales, los que no quieren saber nada de política, diciendo que esto no importa, que qué bonia es la foto de Contador y el otro.

Este verano y en otoño próximo, los nazionalistas expañoles dejarán la vía de Puerto Rico, de Escocia, de Baviera, de Lituania y pasarán a viajar a Kosovo para aprender algo.

Kosovo
En busca del átomo político
GEES Libertad Digital 23 Julio 2010

El Tribunal Internacional de Justicia ha considerado ajustada a Derecho la unilateral declaración de independencia de Kosovo de febrero de 2008. Un órgano jurisdiccional dependiente de las Naciones Unidas reconoce así derechos "nacionales" o "colectivos". Da primacía a unos derechos ficticios, y dependientes de la fuerza de autoridades de hecho y no de derecho, sobre los únicos existentes, los de las personas individualmente consideradas. Por fin, aunque se habla de diferenciación étnica por ser los kosovares albanos y no serbios, la distinción supone la admisión a la soberanía de una minoría religiosa previa, la musulmana, en lugar de la exigencia de la igualdad de los ciudadanos ante la ley, con independencia de sus creencias. ¿Qué se hace ahora con la minoría serbia en el nuevo Kosovo?

La insistencia absurda del Tribunal por el carácter excepcional del invento no impide convertir la decisión en un incentivo para cualquier político que se sienta con ganas de declarar unilateralmente el sentimiento de nación de la colectividad que domine o, en su caso, tiranice.

La justificación última de la sentencia, sin embargo, no es jurídica sino histórica. Está en la violencia desatada contra los albano-kosovares por el infame Milósevic. Este, juzgado en La Haya por otro tribunal, murió de muerte natural antes de poder ser castigado. Extraña manera de compensar la de quitarle la razón después de muerto, sin haberlo podido condenar en vida. Bravo por la eficacia de la justicia internacional.

En 1989 Milósevic inició la guerra de Yugoslavia mediante el recuerdo a la batalla de Kosovo de 1389 contra los otomanos como acontecimiento nacional definitorio para Serbia, entonces dominante en la Yugoslavia comunista. La revocación de los derechos de autonomía de la región fue acompañada de la espeluznante crueldad de ejércitos dictatoriales y de la limpieza étnica. La matanza de unos ocho mil bosnio-musulmanes en Srebrenica por las fuerzas serbias en 1995 destacó por su monstruosidad.

La razón pues de la independencia de Kosovo, no muy distinta a la que sustentó la independencia de Bosnia, es la preferencia por construir sociedades étnicamente puras en lugar de estados de derecho viables con respeto por las minorías, reconociendo la primacía de la pertenencia a la comunidad sobre la condición de ciudadano.Junto a ello, habiendo intervenido los americanos para detener las tres atroces guerras balcánicas, Croacia (1991-1992), Bosnia-Herzegovina (1992-1995), y Kosovo (1999), y estando más que hartos de la situación, apoyaron cualquier solución por pragmática que fuera que permitiera dar por concluida la horrible década con la que cerró Yugoslavia la aventura comunista.

Si el Papa Juan Pablo II calificó ese nacionalismo exacerbado como el paganismo de nuestro tiempo, el resultado final supone haber premiado a todos los nacionalismos de la zona. Sea como fuere cabe preguntarse, a la luz de los acontecimientos que sobrevienen en estos últimos tiempos en Occidente, si el respeto al Derecho y a la seguridad jurídica ha desaparecido por completo del panorama. El Tribunal quizá crea haber hecho justicia, pero habrá sido a costa de inaplicar la ley. La decisión es, además, una derrota que añadir a la política exterior española, que, por una vez, defendía la posición jurídicamente apropiada, la improcedencia de la independencia.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

La hipocresía de EEUU en Kosovo
Ricard Gonzalez El Mundo  23 Julio 2010

Tanto el portavoz del Departamento de Estado, P. J. Crowley, como su máximo asesor legal, el reputado jurista Harold Hongjiu Koh, no se han cansado de repetir hoy ante las insistentes preguntas de los periodistas extranjeros que la resolución del Tribunal Internacional de La Haya es específica sobre Kosovo, y que no es en absoluto extrapolable a otros casos.

Sin embargo, es difícil argumentar en qué es tan diferente el caso de Kosovo de, por ejemplo, los de Abjazia, o Osetia del Sur. Cuando el Tribunal interpreta de forma general que la integridad del Estado recogida en la Carta de la ONU hace referencia a posibles invasiones de otros Estados, y no a procesos de independencia internos, ¿se puede circunscribir la interpretación sólo a Kosovo?

Ya me perdonará el experimentadísimo Hongjiu Koh, pero su posición es, desde un punto de vista legal, de muy dudosa validez. ¿Desde cuándo las interpretaciones de las constituciones se circunscriben a casos concretos en un Estado de Derecho? Esto sería como si, tras interpretar en una sentencia el Tribunal Supremo de EEUU que la segunda enmienda de la Constitución garantiza el derecho a portar armas, la administración Obama nos hiciera creer que esa interpretación se debe restringir a ese caso concreto, ya que quizás en otro pleito, se puede interpretar de forma contraria, como un derecho de los estados a poseer una milicia.

Más allá de la propaganda de Crowley y Hongjiu, la realidad es que el posicionamiento de EEUU respecto a Kosovo se debe a consideraciones únicamente geopolíticas, y no legales, aunque así las venda al mundo entero. Allí dónde a Washington le conviene según sus intereses, reconoce las secesión de naciones sin Estado.

En cambio, en aquellos casos donde la independencia puede favorecer a algún adversario, como sucede con Abjazia o Osetia del Sur, patrocinadas por Rusia, se opone vehementemente. Claro está que esta hipocresía no se limita a EEUU, si no a la mayoría de Estados del mundo, cuya principal lógica de actuación es el interés nacional, muy por delante de la legislación internacional.

Por mucho que algunos se desgañiten indignados por la resolución, y otros la hayan acogido con un brindis, la verdad es que pocas cosas cambiarán a partir de ahora. El Tribunal tiene toda la razón al considerar que una declaración de independencia es una acto político, y por eso no puede vulnerar la legalidad.

Con este argumento, la Corte simplemente se limita a reconocer una realidad, y es que los procesos de independencia triunfan o fracasan en función de los intereses de los miembros más poderosos de la llamada comunidad internacional, y no en base al Derecho. Y por eso, ahí tenemos una Lituania con un asiento en la ONU y aceptada plenamente como Estado soberano, mientras a Taiwan apenas lo reconocen una veintena de pequeños Estados.
CODA: ¿Por qué no se aplica esat fuerza -que no ley- para hacer cumplir el derecho de autodeterminación de los saharauis oprimidos por Marruecos?

Mayor Oreja: “El proceso entre el Gobierno y ETA se lleva a la práctica cada semana”
Redacción Minuto Digital 23 Julio 2010

Mayor Oreja ha valorado la política penitenciaria en el contexto de una “negociación” abierta con ETA de forma simultánea.

”Estoy convencido de que ya estamos en un proyecto de resolución de conflictos en fase avanzada y en ese contexto hace falta una serie de gestos del ministro del Interior, del Ministerio del Interior y el Gobierno”, ha argumentado, para a continuación precisar que una de esas expresiones queda patente en la política penitenciaria.

Según declaraciones en la COPEE, en su opinión, la gestión de Instituciones Penitenciarias no busca “dividir” a la banda terrorista sino “dar satisfacción” a los mediadores internacionales que guían al Gobierno en este momento. “No se hace para dividir a la organización sino para demostrar que el Gobierno se atreve a decir o hacer cosas que en otro momentos no se atreve”, ha remachado.

A su entender, las palabras del titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, afirmando que en el centro de Nanclares de Oca no hay ningún preso de ETA, son una manera de decir que el Gobierno “está dispuesto a tomar luego medidas mucho más importantes en política penitenciaria”.

De este modo, ha considerado que el Ejecutivo perseguiría obtener de ETA una respuesta “en la otra dirección y que haya una apariencia de final” aunque ha advertido de que la banda terrorista “no desaparecerá” y “tutelará siempre el proceso que deje”. Tildó el proceso como una “gran teatralización” consistente en una “escenificación permanente” que exige una serie de gestos.

“Se sustituye la mesa tradicional de negociación por un papel relevante de los mediadores internacionales”, ha indicado el eurodiputado del Partido Popular, quien ha avisado de que la mentira es una nota predominante en este proyecto, por lo que ha reclamado “recuperar el valor de la verdad”. Para él, el Gobierno pretende “hacer de la mentira la principal virtud” en la lucha antiterrorista y, en este sentido, “no decir” a los españoles las actuaciones que está llevando a cabo.

Mayor ha asegurado que ya ha manifestado sus impresiones en el seno de su partido, al que ahora corresponde “administrar esta situación”. Mientras el líder del PP, Mariano Rajoy, ha manifestado que ha puesto el acento en que las elecciones municipales son un punto decisivo para saber si ETA “es parte del proceso”, ha añadido que él ha optado por hacer un diagnóstico del terreno.

Por último, ha abogado por explicar a los ciudadanos que este proyecto se basa en una negociación con la banda terrorista que, en estos momentos, está “muy avanzada”.


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Zapatero, la década ominosa
Editorial www.gaceta.es 23 Julio 2010

Al cumplirse el décimo aniversario de la elección de Zapatero como secretario general del PSOE es inevitable comparar estos diez años de su liderazgo, con la década ominosa, cuando tras el trienio liberal en los que rigió la Constitución de Cádiz, llegó a España la pesadilla de Fernando VII.

No es una exageración nuestra: es vox populi en la calle; lo dicen casi cinco millones de españoles que están a la intemperie por su culpa; lo dicen los mercados de valores –termómetros ciegos nada sospechosos porque no entienden de ideología–; lo dicen las encuestas, donde ya se insta a un adelanto electoral para evitar más catástrofes; y lo dicen quienes tienen perspectiva para juzgar: historiadores como el hispanista Stanley G. Payne que hoy en LA GACETA denuncia el nihilismo ideológico de quien no tiene otro objetivo que “deconstruir instituciones”.

Muchas expectativas despertó Zapatero en el Congreso Federal de 2000 cuando los renovadores del PSOE propiciaron su victoria, y se presentó como una suerte de tercera vía. Pero el espejismo del Tony Blair hispano se deshizo después del 11-M y su imagen fue rápidamente sustituida por una caricatura más ajustada a la realidad: Pinocho. ZP ha culminado sus diez años de liderazgo de la izquierda española llevando a España a una situación tan negativa que es difícil encontrar precedentes para el caso, lo que es especialmente grave si se piensa que heredó una economía en crecimiento. Desde 1996, bajo los Gobiernos del PP, España había alcanzado tales cotas de bienestar que a muchos parecía que hubiésemos entrado en una nueva etapa de nuestra historia. Todo eso comenzó a truncarse en 2004: tras unos días de terror y de espanto, en los que el PSOE dio buena muestra de lo que entiende por solidarizarse con la política antiterrorista del Gobierno cuando él está en la oposición.

El dirigente del talante y el diálogo dio pronto muestras de lo que iba a ser una de las constantes de su gestión: la política de gestos. Como para confirmar la buena impresión que de él se tenía tras no haberse levantado a saludar la bandera americana en el desfile de las Fuerzas Armadas, retiró a toda prisa nuestras tropas de apoyo a la pacificación del Irak sin importarle ni poco ni mucho los costes del desaire a nuestros aliados. Es necesario reconocer que en esto no ha cambiado: el Maquiavelo de León se muere por una imagen, por una cita, por un retruécano. Como dicen quienes le conocen bien, no hará nunca un mal gesto ni una buena acción.

Durante su primera legislatura, Zapatero ha podido creerse, como la mosca posada en la cabeza de un elefante, que controlaba la situación. Una economía lanzada, pero necesitada de ajustes y medidas de prevención, le permitió iniciar una alocada carrera de gasto para comprar adhesiones y sugerir a los electores que todas las carencias y los problemas eran, únicamente, consecuencia de la tacañería y la avaricia de la derecha. Al tiempo que vaciaba la despensa, convencido de que alguien volvería a llenarla a tiempo, dedicó todos sus esfuerzos a diseñar una España en la que la derecha no pudiese gobernar jamás, reescribió la Transición y destruyó su legado, al jugar a dividir a los españoles. El Pacto del Tinell fue el anuncio de esa política sectaria y diametralmente opuesta a las bases de nuestro sistema constitucional. Sus dos grandes realizaciones fueron el mal llamado proceso de paz con ETA, que ahora está conociendo una segunda oportunidad, y el Estatuto de Cataluña. El primero acabó con la voladura de la T4, crimen que Zapatero consideró como mero accidente. La farsa del Estatut está dando estos días sus últimos coletazos, pero no hay que descartar que un presidente tan obstinado trate de convertir el palmetazo que le ha propinado el Tribunal Constitucional en una nueva fuente de dádivas para quienes llevan la batuta, los nacionalistas.

Carente de otro proyecto que los experimentos de ingeniería social dictados por corrientes como la ideología de género, lanzado a guiños a las minorías subsidiadas, ha tratado de ocultar su falta de solvencia con demagogia sexual y fuegos de artificio. Y en la segunda legislatura se ha topado con la mayor crisis de nuestra historia.

Pero, demostrando lo que daba de sí, negó persistentemente la existencia del problema, eludió su responsabilidad, e intentó venderse como el autor de las medidas que los mandatarios internacionales decidieron poner en práctica, mientras nuestro poeta seguía gastando el dinero que no tiene en reparar los bordillos en inútiles esquinas. Sólo la insólita intervención de Obama y de Merkel ha conseguido que sea capaz de enfrentarse, tarde y mal, a la espantosa situación de crisis y de deuda que ha generado su frivolidad.

Zapatero no sólo ha conseguido destruir una situación económica muy sólida, sino que ha vaciado de contenido político al Partido Socialista, hasta el punto de que muchos de sus conmilitones no saben qué hacer con él (sotto voce, claro, porque no se juega con las cosas de comer). Y se ha granjeado la enemiga de parte de la izquierda –como reflejan los sondeos–, debido en parte al haraquiri ideológico que implican sus contramedidas comenzando por el pensionazo y el funcionariazo.

Además ha condenado al PSC a ser una caricatura nacionalista de lo que siempre ha sido. Aunque sus acciones parezcan apuntar diversos objetivos, la permanencia en el poder es y será su única estrella. Ahora trata de oficiar de líder que se inmola por la salud de todos: es únicamente la penúltima careta de un líder astuto, cínico, vacío y peligroso.

Diez años de desesperación.¡Ya es demasiado!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 23 Julio 2010

El Presidente del Gobierno, el Sr. Zapatero, que lleva seis largos y desastrosos años al mando de España, aún tiene el inmenso cinismo de hacerse un acto de exaltación conmemorando entre sus fieles y agradecidos camaradas, aquél nefasto día para España en que fue nombrado Secretario General del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno. Un entonces joven político cuyo único currículum era el de haber sido por un tiempo limitado profesor asociado a una cátedra de derecho constitucional (lo cual no deja de tener una cierta ironía) y DIputado y Secretario General Regional del PSOE por Castilla y león. Un joven "avispado" que se supo librar de hacer el servicio militar tras interminables prórrogas y salir elegido diputado por Castilla y León.

En su biografía aparece que, tras haber perdido el PSOE en el año 2000 las elecciones generales, el Sr. Zapatero impulsa una nueva corriente llamada "Nueva Vía" en cuyo programa parece que hizo estas declaraciones de principios:

1) Construir una sociedad que acepte a todos los inmigrantes.
2) Dar prioridad a la educación y crear empleo estable.
3) Dar a los padres más tiempo para pasar con sus hijos y cuidar a los ancianos.
4) Promover la cultura.
5) Convertir a España en un país admirado por ayudar a los más necesitados.
6) Ayudar a estos con iniciativas de calidad.
7) Fomentar la democracia, adecentar la política y promover los valores por encima de los intereses coyunturales.

Parece que su propuesta tuvo éxito, pues salió elegido ese fatídico 22 de julio del 2000 por una diferencia raquítica de 9 votos sobre su adversario el Sr. Bono y con la inestimable ayuda de la federación del PSC de Maragall.Su futuro con el Estatut estaba predestinado.

Su política de "oposición tranquila" parece que fue mal entendida, pues durante sus cuatro años de oposición no paró en hacer duras críticas al Gobierno sobre temas como el de las vacas locas, Gibraltar, y el colmo de su viaje a Rabat, en plena crisis diplomática con Marruecos, dejándose fotografiar con el fondo de un mapa en el que se veían como territorio marroquí a Las Canarias, Ceuta, Melilla y las islas españolas. Ese "Talante" del que tanto se vanagloria, se vio refrendado en las trágicas jornadas tras los atentados en Madrid del 11M del 2004, donde permitió que se vulnerase la Ley con la aparición del Sr. Rubalcaba acusando al Gobierno de mentir y no condenó los actos de andalismo "espontáneo" contra la sede del PP en Madrid y otras ciudades de España.

No hay quien pueda dudar que empeño ha puesto y mucho en cumplir con su programa. Ha logrado que la sociedad "acepte" a todos lo inmigrantes con aquél "papeles para todos" y la política "Caldera" y su efecto llamada. No hay duda que lo del empleo estable le ha salido mal y en su lugar ha logrado alcanzar el poco honroso record de parados en España. Eso sí, ha contribuido de modo especial a las relaciones familiares, dejando en libertad a etarras como de Juana Chaos o Díez Usabiaga, el uno para estar con su pareja sentimental y el otro para cuidar de su madre. En cuanto a promover la cultura, es indudable que su Ley de Memoria Histórica y la ampliación de la Ley de Aborto han abierto un debate en la sociedad sin parangón. Desde luego que ha convertido a España en un país que causa asombro y perplejidad por pasar de ser de la champions league, a ser uno de los más necesitados de ayuda exterior para no caer en bancarrota. Su afán de ayudar a los necesitados ha sido la de dar prioridad a las relaciones con las dictaduras de Venezuela, Cuba y fomentar la utópica "alianza de civilizaciones". En cuanto a fomentar la democracia y adecentar la política, basta como ejemplo el tema del transfuguismo de Benidorm, su manipulación descarada del Tribunal Constitucional o sus subvenciones y "cariños" con los sindicatos.

Diez años desde que el POSE encumbró a este personaje embaucador, mendaz, sectario y orgulloso que desprecia a la oposición, a su lider al que ningunea reiteradamente y a los más de diez millones de ciudadanos que el PP representa. Seis años en casi dos legislaturas en las que ha dilapidado las reservas, ha vendido parte sustancial del oro, ha derrochado el capital del Estado en dádivas populistas y en comprar apoyos, sindicalistas y parlamentarios y ha negado la crisis económica hasta que esta le ha arrollado como un mercancías.

No sé de qué se sienten orgullosos los que ayer le aplaudieron. Lo que deben es temer que aún "siga en su camino" y que logre sus objetivos cueste lo que cueste y el "como sea" aunque ahí se incluya saltarse la Ley retorciéndola si le conviene a su jugada. España no puede permitirse este excesivo coste que le lleva a su completa destrucción.

Desgobierno
Once tesis sobre Zapatero
Humberto Vadillo Libertad Digital 23 Julio 2010

1. Zapatero es responsable de la mayor crisis institucional de la historia reciente de España. Zapatero es responsable directo de la aprobación del Estatut. Cuando la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña apenas si era una "maragallada" más, Zapatero alentó su desarrollo al decir "aprobaré cualquier cosa que salga del parlamento catalán". Cuando el Estatutyacía moribundo ante el desinterés de CiU Zapatero le insufló nueva vida reunidocon Artur Más en Moncloa. Zapatero es responsable directo del Estatut y de la ola de reformas sucesivas que han destripado el armazón constitucional español, la estructura del Estado y amenaza con romper aun la unidad de mercado.

2. Zapatero es responsable del descrédito absoluto del Tribunal Constitucional, un tribunal que tras la sentencia del Estatut ha perdido cualquier vestigio de credibilidad que pudiera quedarle.

3. Zapatero es responsable de la derogación a efectos prácticos de la Constitución Española. Tras la aprobación del Estatut, tras la sentencia del Tribunal Constitucional y tras las leyes que al amparo del Estatut se han aprobado en Cataluña la Constituciónha dejado de estar vigente como norma fundamental en una buena porción de España, porción que a buen seguro irá creciendo en los próximos años.

4. Zapatero es responsable de la mayor crisis económica que ha sufrido España en los últimos 50 años. La evidente crisis financiera internacional fue negada por Zapatero con tanta terquedad como mendacidad para no perjudicar sus perspectivas electorales en2008 y vuelta a negar después de las elecciones en la esperanza de que se produjera una reanimación global que no llegó. Zapatero sólo ha reconocido la gravedad de la crisis cuando se vió forzado a ello por la inminencia de la quiebra y las llamadas acuciantes de otros jefes de gobierno asustados ante una segunda Grecia, mayor que Grecia.

5. Zapatero es responsable de la conversión de España en un protectorado económico internacional que ha perdido su soberanía en materia de decisiones económicas. Tras la famosa llamada telefónica de Obama, son éste y la "fracasada" Angela Merkel quienes tienen poder de visar y de vetar la política económica española.

6. Zapatero es responsable del descontrol del déficit público español, un déficit que lastrará durante años las posibilidades de crecimiento de España y que Zapatero ha aumentado con políticas tan expansivas como perjudiciales cuyo único fin era garantizar su propia reelección: cheque bebé, sucesivos planes E, devolución de 400 euros. Las subidas de impuestos aprobadas (IVA) o anunciadas (IRPF) por Zapatero sólo lastrarán todavía más la economía de los españoles.

7. Zapatero es responsable de que haya en España cerca de cinco millones de parados. Zapatero es responsable de que España se encuentre al borde de un largo periodo de estancamiento económico. Al negarse a hacer las reformas económicas que España necesita para no perder el apoyo de sindicatos y grupos de presión, Zapatero condena a los españoles más pobres a un futuro de desempleo, subsidio y desesperación.

8. Zapatero negoció con la banda asesina ETA, Zapatero mintió al Congreso y a los españoles sobre sus negociaciones con la ETA. Todo indica que Zapatero se prepara para volver a negociar y volver a mentir si es que no lo está haciendo ya. La única finalidad de tales negociaciones es mejorar las perspectivas electorales de Zapatero.

9. Zapatero es responsable de haber reabierto las heridas de la Guerra Civil española impulsando leyes como la llamada de "memoria histórica" y generalmente propiciando la reaparición de las dos Españas y destruyendo la labor reconciliadora de la Transición. El objetivo último de Zapatero es, una vez más, meramente electoral. Zapatero ha malvendido la Transición en beneficio electoral propio.

10. Zapatero se ha rodeado en sucesivos gobiernos de colaboradores si cabe todavía menos capaces que él mismo. Tarea exigente que nos ha llevado a una sucesión de ministros seriamente capitidisminuidos en lo intelectual, en lo moral y aun en lo vital.

11. Zapatero es plenamente consciente de que para mantenerse en el poder necesita además de a los votantes "habituales" del PSOE los votos de la izquierda que ha desesperado de IU y de los votos de un importante sector del electorado catalán que, sin ser originalmente nacionalista, ha asumido y hecho propios todos los postulados del nacionalismo catalán. Todas las actuaciones, legislativas o no, todos los gestos y declaraciones de Zapatero y su Gobierno tienen su explicación en el deseo de mantener y extender su crédito entre ambos sectores. No existen límites a lo que Zapatero está dispuesto a hacer para asegurar su reelección.

Coda: La Nación española se encuentra ante una enorme crisis económica, financiera, política, institucional y de modelo de Estado. Para salir de ella serán necesarias ideas claras, reformas profundas e importantes sacrificios. Llevará tiempo reparar los desmanes cometidos por Zapatero. No hay, sin embargo, salida posible mientras Zapatero siga siendo presidente del Gobierno. La desaparición política de Zapatero es condición inexcusable para el inicio de la recuperación.

Encuentro estatutario
El Editorial La Razón 23 Julio 2010

Se esperaba con expectación la primera entrevista entre José Luis Rodríguez Zapatero y José Montilla después de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Tras el encuentro, pocas novedades y varias incertidumbres. El presidente de la Generalitat pretende impulsar una acción política que recupere íntegramente la norma estatutaria, tal como reclaman el tripartito y CiU. En el actual clima preelectoral que existe en Cataluña estas formaciones defienden que el fallo del Tribunal Constitucional no puede estar por encima de la voluntad de pacto expresada por los catalanes cuando refrendaron el Estatut y de las Cortes Generales que lo aprobaron. No repetiremos de nuevo el escaso porcentaje de ciudadanos que avalaron el proyecto, pero debemos insistir en que tienen que aceptar las reglas de juego marcada por la Constitución. Por ello, el presidente del Gobierno y Montilla, el máximo representante del Estado en Cataluña, deberían desarrollar el Estatut dentro del marco constitucional. Es un grave error buscar atajos para no cumplir la sentencia impulsados por una coyuntura electoral que parece, según las encuestas, desfavorable para los socialistas catalanes.

El episodio de ayer en La Moncloa aportó cierta confusión sobre un futuro que se atisba complejo. El presidente del Gobierno se mostró conciliador y se comprometió a explorar «todas las líneas de trabajo», jurídicas, políticas y de cooperación institucional que permitan desarrollar al máximo el Estatut dentro de los márgenes trazados por la sentencia del Tribunal Constitucional. Ese diagnóstico, aunque vago, debería interpretarse como un cierto ejercicio de responsabilidad. El problema es que el marco constitucional no es suficiente para los nacionalistas y que el PSC actúa impulsado por un tacticismo de consecuencias imprevisibles. La sociedad catalana, no la minoría soberanista, rechaza los radicalismos y quiere el cumplimiento del Estatuto. La política no debería ser un instrumento para buscar problemas sino para encontrar soluciones. La gran preocupación de los catalanes, como le sucede al conjunto de españoles, es la crisis económica. Por ello, todas las administraciones deberían dedicar sus esfuerzos a hacer frente a este grave problema y dejar de lado las estériles luchas partidistas. Zapatero es el presidente del Gobierno de España y su responsabilidad es cumplir y hacer cumplir las leyes.

En este sentido sería fundamental que se recuperara el pacto constitucional que tan extraordinarios frutos ha dado desde 1978 hasta nuestros días. Un pacto que ha permitido un desarrollo económico, social y político que era inimaginable cuando se aprobó la Constitución. Por su parte, Montilla debería preocuparse de los problemas reales de los catalanes y no olvidar que la fuerza del socialismo en Cataluña nunca ha sido ejercer de nacionalistas. Una elección tras otra perdieron frente a Pujol porque se alejaron del sentir de la mayoría de sus votantes en las elecciones generales. La Sentencia del Estatut establece un marco suficiente para continuar con el desarrollo de la autonomía catalana dentro del marco constitucional y sin provocar conflictos tan artificiales como absurdos.

El circo de la Moncloa
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 23 Julio 2010

SI los españoles, con nuestras instituciones al frente, no reaccionamos ante el espectáculo de la Moncloa entre Zapatero y Montilla es que hemos renunciado a ser una sociedad civil para convertirnos en grey sin ley, en la que vale todo y nada importa sino el interés particular.

Que el presidente del Gobierno reciba al presidente de una comunidad autónoma como a un jefe de Estado extranjero y acuerde con él devolver al estatuto de dicha comunidad las prerrogativas que le ha negado el Tribunal Constitucional sólo puede darse en una nación que ha dejado de creer en sí misma. ¿De qué han servido los cuatro años de debate en ese tribunal para sacar la sentencia, si al final se queda en papel mojado? ¿Por qué no se aprobó de entrada el nuevo estatut por decreto-ley, ahorrándonos el espectáculo? ¿Para qué va a examinar el TC los recursos que faltan, si sabe que no servirá para nada? Pero si la desfachatez de los nacionalistas catalanes, con un socialista al frente, es mucha, al tachar dicha sentencia de ataque a su dignidad —cuando fueron ellos quienes atacaron la dignidad de España al no respetar la Constitución con su estatuto—, la de Zapatero es aún mayor, al aceptar sus tesis. Y la insolencia se torna cinismo cuando se echa al PP la culpa, pues, de no haber sido por su recurso, tendríamos ahora un Estatutanticonstitucional. Claro, me dirán ustedes, que lo vamos a tener de todas formas.

Hemos sobrepasado las fronteras de la lógica y del descaro. Zapatero desafía no sólo el principio de la contradicción —una cosa y la contraria no pueden ser ciertas al mismo tiempo—, sino también el de la decencia, con los nacionalistas vascos y catalanes turnándose para mantenerle en el Gobierno, por saber que con ningún otro gobernante español obtendrán tantos beneficios. Eso sí, descalificándole para contentar a su feligresía, mientras van sacándole lo que buscan. Al votarse el techo del gasto público, le ha tocado a CiU el turno de salvarle. Al votarse los presupuestos, le tocará al PNV. Contra pago al contado, naturalmente. Con Montilla a la cabeza de la manifestación. Lo que nos faltaba.

El único consuelo (flaco) es que Zapatero haya engañado a Montilla, como ha engañado a cuantos recibió en la Moncloa. Esto es, que no cumpla su promesa de circunvalar la sentencia del Constitucional. Puede ocurrir si la protesta es muy alta. Pero eso, en vez de solucionar la situación, la empeoraría. A estas alturas, nadie cree y todos recelan de quien, agotados sus trucos, ensaya dobles, triples, cuádruples saltos mortales. Mortales para nosotros, no para él, leve como una pluma y errático como una cometa.

Construcción nacional
Franquistas y catalanistas
Jorge Vilches Libertad Digital 23 Julio 2010

El aumento paulatino de las competencias desde 1977 por parte de la élite política catalana no ha satisfecho sus expectativas, ni disminuido las reivindicaciones independentistas. Todo lo contrario. La regla matemática parece sencilla: a mayor autonomía, mayor ansia soberanista. Podría pensarse que antes, es decir, durante el franquismo, la represión de las manifestaciones de la identidad catalana impedía que se percibiera dicho deseo, pero sería engañarnos. Este nacionalismo construido desde arriba tiene otra naturaleza. Al igual que el franquismo quiso difundir una visión nacionalista española restringida a unas características estrechas y sectarias, que manipulaban la Historia para lograr un anclaje al régimen, una justificación, la élite política que asumió el poder en la Cataluña autonómica ha hecho lo mismo con un éxito parecido.

Es de gran utilidad, en consecuencia, exponer algunas analogías entre la construcción política de un tipo de nacionalismo español durante la época de Franco, y la que han llevado a cabo los políticos catalanistas desde 1977 para la elaboración del nacionalismo catalán.

Para empezar, la simbiosis entre el poder nacionalista y los medios de comunicación catalanes, sometidos a la Generalitat voluntaria pero no gratuitamente, ha sido cada vez más estrecha. Este empeño culminó con el editorial conjunto de doce periódicos catalanes, que conjugaba perfectamente con el dictado de su clase política. Se puede alegar que los doce no son iguales, pero las diferencias informativas o de opinión entre dichos medios son similares a las que atesoraban los diarios pertenecientes al Movimiento Nacional franquista; esto es, distintas sensibilidades para las distintas familias del régimen.

Si todo nacionalista eficaz sabe que es preciso el control de los medios de comunicación, no es menos importante el de la enseñanza. La transmisión de los valores y símbolos de la identidad catalana, y el deseo de uniformizar la pluralidad social, son principios transversales que surcan la educación, incluida la universitaria. Porque las instituciones educativas, al igual que en otras instancias de la sociedad civil, han sido tomadas por gente comprometida con la causa nacionalista que cree que tienen que cumplir una "función social" antes que profesional. Desde la Ilustración, la educación se ha considerado un instrumento de cambio y concienciación puesto al servicio del poder. La similitud entre el propósito franquista de antaño y el catalanista de hoy es claro.

Otro parecido razonable, y sospechoso, son las manifestaciones de los líderes políticos de que sólo existe un pueblo y, por tanto, una voluntad nacional. En consecuencia, es lógico que no existan diferencias significativas entre los partidos que representan la sociedad, y el que las tenga se convierte simplemente en un traidor o en un agente extranjero. El franquismo quiso desmarcarse de los regímenes del fascismo y del nazismo en 1944 diciendo que era un "régimen típica y naturalmente español", con lo que exigía respeto internacional a la pluralidad de planteamientos políticos; una petición de respeto que negaba para las opiniones dentro de nuestras fronteras. El catalanismo exige la pluralidad para España, al tiempo que la entorpece en Cataluña.

Es fácil que el ciudadano de otros lugares caiga en generalizaciones, pero es preciso recordar que la victoria del nacionalista estará en que se confunda catalanistas con catalanes, cuando son dos realidades distintas. Del mismo modo que durante el régimen anterior se quiso confundir franquista con español.

La utilización de consignas y símbolos nacionales, así como el abuso enfermizo de las banderas, es tan obvio que no merece más explicación. Sólo cabe reseñar la descarada tergiversación histórica basada en la existencia inmemorial de su nación, con las mismas características biológicas y psicológicas hace mil años que hoy, y que esa élite política dice representar y honrar. La mitificación de personajes y acontecimientos, sin ningún rigor histórico, fue obligada para el franquismo tanto como para el catalanismo, ya que permite ejemplificar las supuestas virtudes nacionales, mostrar el victimismo y la opresión extranjera, o una supuesta "Edad de Oro" que la élite política dice que quiere recuperar.

En definitiva, esa construcción desde arriba de un tipo de nacionalismo acerca tanto a franquismo y catalanismo que podrían compartir sin reparo alguno la consigna falangista de "una unidad de destino en lo universal".

Laporta y la centrifugadora catalana
Roberto Blanco Valdés La Voz 23 Julio 2010

Ver a Joan Laporta llamando a la unidad nacionalista para proclamar por las bravas la secesión de Cataluña convierte al ex presidente del Barça en un personaje a medio camino entre Gila y Homer Simpson. La imagen del Laporta independentista constituye, sin duda, un esperpento, pero nada sería más estúpido que tomarse a broma lo que de broma no tiene más que la apariencia.

Porque, aunque cabe, si finalmente decide presentarse, que Laporta se estrelle y, tras ir a por la lana de los votos descontentos de CiU y ERC, salga trasquilado, lo cierto es que la mera posibilidad de que pueda concurrir a los comicios -no digamos ya que acabe por hacerlo- radicalizaría aún más de lo que lo está un panorama catalán al borde del infarto.

La regla es fácil de explicar: la apuesta independentista de Laporta obligaría a ERC a subir la suya para poder competir con él y no perder voto radical, lo que llevaría a CiU a hacer otro tanto para competir con ERC y no perder su voto más nacionalista, lo que se traduciría en que el PSC se corriese, aún más de lo que por desgracia ya lo está, hacia el nacionalismo, para competir con CiU y evitar la fuga de su voto más catalanista.

De este modo, frente a lo que ocurre en la mayoría de las democracias asentadas, en las que los partidos pujan por acercarse al centro -donde se concentra la mayor parte del cuerpo electoral-, en Cataluña ha venido a suceder, a fuerza de empeñarse en ello, todo lo contrario: la competencia partidista no es allí centrípeta, sino centrífuga, lo que ha tenido un efecto que, tras muchos años de lo mismo, es ya perfectamente constatable: poco a poco va aumentando en Cataluña el porcentaje de población que está a favor de la independencia.

Según la teoría oficial dominante del progresismo de salón (hoy socialpopulismo), esta peligrosísima deriva sería culpa del nacionalismo español, que habría radicalizado a los nacionalistas catalanes. Tal espejismo, que tiene mucho de farsa y mucho de delirio, exime de toda culpa a la insaciable voracidad nacionalista y, desde luego, al PSC, cuya deriva nacionalista tendría por finalidad ¡frenar el avance de los nacionalismos!

La realidad ha sido, sin embargo, la contraria: que nadie como el actual Partido Socialista ha hecho tanto por dar verosimilitud a las exigencias de los nacionalistas y por meter en el discurso político una cuestión que hasta el irresponsable viraje del PSOE solo preocupaba a un pequeño porcentaje de la población. Ver a Montilla -que hizo su carrera en el PSC como líder de su sector españolista- manifestándose de la mano de los independentistas en contra del Tribunal Constitucional es la mejor prueba de hasta dónde han llegado estos socialistas en su afán por seguir en el machito.

Galicia Bilingüe reclama que se aplique el bilingüismo en la Administración
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 23 Julio 2010

Galicia Bilingüe solicitó hoy al presidente de la Xunta, Alberto Núñez, que cumpla los términos de la reciente sentencia dictada por el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto puesto en marcha en la comunidad autónoma de Cataluña y que, en consecuencia, aplique el bilingüismo en su Administración

Vigo (19-07-2010). Galicia Bilingüe solicitó hoy al presidente de la Xunta, Alberto Núñez, que cumpla los términos de la reciente sentencia dictada por el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto puesto en marcha en la comunidad autónoma de Cataluña y que, en consecuencia, aplique el bilingüismo en su Administración.

Un año y medio después de la llegada de Feijoo a la Presidencia, las comunicaciones e impresos dependientes de la Administración autonómica siguen facilitándose casi exclusivamente en gallego. Para recibirlos en español, el interesado ha de solicitarlo por escrito, contraviniendo lo indicado en la esperada resolución del Constitucional.

La asociación que preside Gloria Lago hace hincapié en que la resolución del TC concreta que “sólo los particulares, en tanto que titulares del derecho de opción lingüística, ... , pueden preferir otra o ambas lenguas en sus relaciones con el poder público radicado en Cataluña. Y hacerlo, además, en perfecta igualdad de condiciones, por cuanto hace a las formalidades y requisitos de su ejercicio, lo que excluye que, ... , quienes prefieran que su idioma de comunicación con la Administración sea el castellano, hayan de pedirlo expresamente”. Por lo tanto, la Xunta de Galicia incumple claramente esta disposición.

Asimismo, la señalización de los edificios oficiales está únicamente en gallego y casi todas las consejerías facilitan toda su información sólo en esta lengua, algo que sólo sucede en Galicia y en Cataluña, y que se puede comprobar fácilmente a través de las correspondientes páginas web.

En País Vasco, Comunidad Valenciana o Baleares, sí se ofrecen las webs en los dos idiomas, mientras que aquí sólo se hace en el caso de la Consejería de Sanidad. Presidencia, Educación, Hacienda, Medioambiente, Cultura, Trabajo, Medio Rural y Mar sólo informan en gallego.

Galicia Bilingüe sostiene que la coexistencia de las dos lenguas oficiales en organismos de la Administración, en escritos, comunicaciones y páginas web, en nada perjudicaría a la conservación del idioma gallego y sí sería una prueba tangible del “bilingüismo cordial” que Núñez Feijoo tanto propugna. Además, homologaría a Galicia en ese aspecto con los demás territorios europeos con más de una lengua oficial, donde la Administración nunca es monolingüe.

Es más, la sentencia sobre el Estatuto puntualiza, en este sentido, que “siempre que se arbitren los mecanismos pertinentes para que el derecho de los ciudadanos a recibir tales comunicaciones en castellano pueda hacerse efectivo sin formalidades ni condiciones que redunden para ellos en una carga u obligación que les constituya en la posición de sujeto activo en sus relaciones con la Administración pública”.

La asociación defiende, y así lo ha sostenido públicamente en muchas ocasiones, que ese derecho a disponer de cualquier comunicación o impreso oficial en cualquiera de los dos idiomas sin necesidad de reclamarlo afecta también, obviamente, a la comunidad educativa, ámbito en el que en Galicia, no obstante, se relega en general al castellano a una situación residual. Los tribunales se han manifestado repetidamente contrarios a la patente discriminación que supone ese uso exclusivo del idioma gallego, y el Constitucional, en la misma línea, distingue claramente los aspectos puramente docentes de los administrativos.

Y en relación a la enseñanza en si misma, la resolución sobre el Estatuto de Cataluña se remite a las sentencias anteriores ya conocidas, es decir, la de 1986 que establece como constitucional la educación sólo en euskera siempre y cuando exista el mismo derecho para que los que quieran estudiar en castellano, y la de 1994 que avala el sistema de conjunción lingüística.

El Tribunal, como desde este año, sostiene que no existe el derecho constitucional de elección de lengua, pero sin rechazar ni limitar que pueda ser reconocido por los poderes públicos con amplio margen de opciones.

Fuente:
http://www.galiciabilingue.es/index.php?option=com_content&task=view&id=473&Itemid=105

LENGUA La Real Academia Galega recurre ante la justicia el decreto del gallego
La RAG critica que el decreto «no se sustenta en una mejor organización del proceso pedagógico, sino únicamente en promesas electorales de dudosa legalidad».
EFE La Voz 23 Julio 2010

La Real Academia Galega ha anunciado hoy que ha presentado un recurso contencioso administrativo contra el decreto del plurilingüismo de la Xunta, que regula, entre otras cuestiones, la presencia del gallego en la enseñanza obligatoria. Según apunta la RAG en un comunicado, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, ha sido informado previamente de esta decisión «por motivos de transparencia y de lealtad institucional».

El recurso presentado se fundamenta en el informe elaborado por varios académicos en enero, en el que se alertaba del retroceso que podría producir la aplicación de la nueva normativa en el proceso de normalización de la lengua gallega «El recurso está inspirado en la filosofía del documento que presentamos cuando se dio a conocer el anteproyecto», ha explicado a Efe en secretario de la RAG, Xosé Luis Axeitos.

En su dictamen, la RAG criticaba que el decreto «no se sustenta en una mejor organización del proceso pedagógico, sino únicamente en promesas electorales de dudosa legalidad y que, por esta razón, no parecen validables por las urnas».

Asimismo, informaba de que «infringe la legislación vigente y la jurisprudencia emitida por los altos tribunales».

Axeitos ha criticado, además, que la Xunta no ha tenido en cuenta a la Academia durante el proceso de redacción de la nueva normativa.

El decreto, aprobado el pasado mes de mayo, estará en vigor el próximo curso y prevé la consulta a los padres en la etapa de educación Infantil, tras el dictamen del Consello Consultivo que «veía falta de cobertura legal» en la consulta a los padres en las etapas de educación Primaria y Secundaria.

El decreto garantiza, según el Gobierno gallego, el «equilibrio» entre gallego y castellano, introduce la enseñanza «progresiva» de una lengua extranjera y «garantiza la libertad de profesores y alumnos», así como la participación «máxima posible» de las familias en la educación de sus hijos.

Este decreto derogó el anterior, aprobado en 2007 por el Ejecutivo de coalición entre el BNG y el PSdeG y que preveía la enseñanza en gallego en un mínimo del 50% de asignaturas.

El sindicato de la policía en Cataluña alerta de un aumento del islamismo radical
Redacción Minuto Digital 23 Julio 2010

El Comité Regional de la Confederación Española de la Policía (CEP) en Cataluña ya avisó en el año 2004 de la tendencia a la radicalización del islam. Ahora, seis años más tarde, el sindicato de la policía en Cataluña ve confirmadas sus sospechas con manifestaciones como las realizadas hace una semana por el imán de Lleida, donde hacía un llamamiento a aprovecharse de los independentistas para acabar implantando el islam. Ante estas evidencias sin embargo, el Ministerio del Interior desmiente el aumento del islamismo radical y sigue negándose a hacer una regulación al respecto.

El sindicato asegura que tanto la mezquita de la calle del Norte de Lleida, la mayor de la ciudad, así como la mezquita de Reus están dominadas por el sector salafista. El Salafismo es una corriente que busca volver a las tradiciones y las raíces primeras del Islam, y a aquello que la religión autoriza o prohíbe. En versiones más radicales, incluye también una vertiente social y política y tienen el objetivo de islamizar a la sociedad. Según el sindicato se trataría de una vertiente radical proveniente del Arabia Saudita que se les denomina Policía Religiosa y que tienen como misión hacer cumplir estrictamente la ley islámica.

La CEP considera que es necesario incrementar las plantillas policiales dedicadas al control de los grupos radicales islámicos. Y cree también, que, como han hecho ya a otros países europeos, habría que reformar la ley a fin de que si una persona quiere ejercer como Imam tenga que pasar previamente los estudios reglados en España.

Manuel Rosales, secretario de relaciones del sindicato en Cataluña, acusa al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de no querer regular este ámbito por miedo a ser tachados de ‘racistas’ y de perder los votos de aquellos inmigrantes que se han nacionalizado españoles. Además, Rosales señala la contradicción que supone la existencia de un Ministerio de Igualdad con el rechazo a la prohibición del uso del burka o el niqab, una medida a la que solo se opone el gobierno.

El Imán de Lleida hace un llamamiento para aprovecharse de los independentistas

En una nota de prensa, enviada a los medios, el CEP-Catalunya recoge una noticia reciente sobre el Imán de Lleida, la Ibn Hazn, que durante una de sus charlas de oración pidió a los asistentes que se aprovecharan de los independentistas.

Según explicó una mujer musulmana que asistió, las palabras del Imán fueron ‘Es preciso aprovecharse de los independentistas porque ellos nos apoyan para conseguir votos, pero lo que ellos no saben es que, cuando nos dejen votar, todos votaremos a los partidos islámicos. Nosotros no pensamos en izquierdas y derechas. Eso nos hará ganar alcaldías y, a partir de aquí, con las grandes competencias de las autonomías, empezará a implantarse el Islam’.
 

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