AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 1 Agosto  2010

 

La fiesta de todos
G4* www.gaceta.es 1 Agosto 2010

Cataluña tiene una tasa de paro cercana al 20%, una economía que registró un descenso de casi el 5% en 2009, que en 2010 no termina de abandonar la recesión y que lleva varios años de estancamiento.

Cataluña, que fue la región más avanzada de España, no es ni la sombra de lo que fue. Una región y una ciudad –Barcelona– que representaban un soplo de aire fresco en una España gris. Una Cataluña que miraba al mundo y se abría a él cuando el conjunto de nuestro país se encerraba en sí mismo. Una Cataluña que representaba un oasis de apertura, incluso cuando el conjunto de España no había dado todavía el salto hacia la modernidad que supusieron los planes de estabilización y desarrollo de finales de los cincuenta y la década de los sesenta.

Aquella Cataluña ya no existe, porque muchos de los políticos que supuestamente la representan en el Parlamento regional, han decidido mirarse a ellos mismos, creer que el futuro está en las veguerías y no en la internacionalización, en lo particular y no en lo general, en la región y no en el gran país del que siempre han sido una parte fundamental, España.

Esos políticos no permiten que se rotule un comercio en el idioma que mejor parezca, intentan desterrar de las aulas públicas al segundo idioma del mundo, con grave perjuicio para los niños y muchachos más humildes, cuyas familias no pueden costear otra educación, y pretenden que los cines emitan películas en catalán haya o no demanda de los espectadores. Un ataque a la libertad y un torpedo en la línea de flotación de la economía. Y con tanta limitación de la libertad, han decidido que debían profundizar en las prohibiciones. Qué más da que haya 676.100 parados en Cataluña. Lo importante es prohibir los toros. Posiblemente, incentivados por acabar con la Fiesta Nacional, porque esos políticos no soportan que así se llame, al entender que limita sus aspiraciones de barrio de espaldas al mundo.

Se equivocan. En su afán por prohibir, olvidan que la Fiesta Nacional es, además, la fiesta de todos. Porque aficionados a los toros los hay en España, y en el resto del mundo, de cualquier condición, procedencia social u orientación política, tanto en el pasado como en el presente como, a buen seguro, en el futuro. Goya tiene toda una serie de pinturas sobre la tauromaquia, y las corridas goyescas son en su honor. Lorca no sólo dio nombre a la hora lorquiana, sino que defendió, en el mismo Nueva York, ejemplo de universalidad y avance, el toreo, al considerar que este arte era la única cosa seria que quedaba en el mundo, y el único evento que en España encuentra verdadera disciplina y autoridad. Remató la faena, nunca mejor dicho, afirmando que los toros es la fiesta más culta del mundo.

Los toros les gustaban a poetas de izquierdas, como Gerardo Diego, que nos brindó su Elegía a Joselito, y también a Rafael Alberti, que escribió Novillada celeste antes que Marinero en tierra, y que en su exilio no se perdía a Dominguín, torero de derechas, cuando éste toreaba en América. Le gustaban a Hemingway y a la gran Ava Gardner, a José Bergamín, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y a José María Pemán, a Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Bécquer, Juan Ramón Jiménez y a Manuel Machado. Es la fiesta de todos, es la Fiesta Nacional, pero es un evento internacional. Es arte, sentimiento, y también una actividad económica que genera empleo.

Esta prohibición, además de un ataque a la libertad, es un ataque a la cultura, al mundo intelectual, a una costumbre de todo tiempo y de toda condición, es un ataque a lo universal. Una pena y una vergüenza. Lamentable.

* El G4 lo forman: Iván Espinosa de los Monteros, Juan Fernando Robles, José María Rotellar y Juan Ignacio Sanz.

Y ahora, a prohibir la tortilla de patata
Luis Miguez MachoEl Semanal Digital 1 Agosto 2010

El país entero temblaba de expectación por conocer cuál sería la reacción de la "solidaridad catalana" ante la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, anunciada por el famoso editorial unitario. Millones y millones de personas (que a lo mejor eran sólo cincuenta o sesenta mil) acababan de desfilar por las calles de Barcelona para mostrar su enérgico rechazo al pronunciamiento del alto Tribunal.

Ahora por fin ya se ha revelado el misterio. El Parlamento de Cataluña ha adoptado una medida que supone la respuesta más contundente imaginable a la sentencia: prohibir las corridas de toros en esa Comunidad autónoma. Es de imaginar que los magistrados del Tribunal Constitucional estarán a estas horas lamentando amargamente su atrevimiento.

También es difícil imaginar mayor ridículo por parte de una clase política y de unas instituciones públicas que no han sido capaces de encontrar otra manera de demostrar su impotencia a la hora de hacer efectivas unas bravatas tan altisonantes como pueriles. Y que no se nos hable de preocupación por el "bienestar animal", porque entonces tendrían que haber prohibido también otros espectáculos tradicionales bastante más brutales que el toreo.

Al parecer, la oligarquía política catalana se ha quedado anclada en la imagen de lo español de los románticos del siglo XIX, como es propio de su ideología trasnochada, y por eso piensan que, prohibiendo los toros, Cataluña será un poco menos España. Pues yo escribo desde una región, Galicia, donde hay escasa tradición taurina, y a nadie se le ha ocurrido sostener que por ese motivo somos menos españoles que los demás.

Precisamente si han tenido que prohibir las corridas de toros, es porque en Cataluña esa tradición sí existía. Un ejemplo más de cómo se lleva a cabo la "construcción" de una nación que no existe, a base de imposiciones, prohibiciones y multas, única manera de borrar lo que es compartido.

Las corridas de toros se han pretendido prohibir más veces, con escaso éxito. Digamos que esta prohibición, junto con la expulsión de los jesuitas, en un leitmotiv recurrente de nuestra historia. Por eso creo que para separar a Cataluña de España habría que haber buscado algo más original y efectivo.

No es que yo quiera dar ideas a la oligarquía política catalana, que para ocurrencias ya se basta sola, pero si de verdad quisiesen eliminar un elemento común a toda España, auténtico símbolo nacional, exclusivo de nuestro país, lo que deberían prohibir no son las corridas de toros, que no sólo se celebran aquí, sino también en el vecino sur de Francia, en Portugal y en los países hermanos de América, sino la tortilla de patata.

Elecciones muy particulares
Amando de Miguel* www.gaceta.es 1 Agosto 2010

Los líderes de los dos grandes partidos deben oponerse entre sí, pero no deben odiarse.

Para el caso, estamos en campaña electoral; nada de precampaña. No me refiero a las inminentes elecciones regionales o municipales. Ésas me interesan menos. Aquí lo que se ventila es la incertidumbre de las elecciones generales, que están al caer. Se van a adelantar, se quiera o no, por imperativos económicos y políticos más allá de la voluntad o de las previsiones legales. Sencillamente, el Gobierno de Zapatero es el más ineficiente que hemos tenido en España desde Fernando VII, que ya es decir. Eso es algo que sospechan, incluso, los socialistas más preparados. De momento, el PP va delante en las encuestas por unos 10 puntos porcentuales. La verdad es que no es mucha la diferencia. Hay que tener en cuenta que, en este caso, el PP tendría que ganar por mayoría absoluta para poder gobernar. Es decir, la campaña para el PP no es fácil. Su oposición tampoco es que sea muy decidida.

La ocasión se presta a que repasemos las lecciones del pasado. Nada mejor que asomarnos a un libro reciente de mucha enjundia. Es el de José Luis Sanchís, Marcos Magaña y Aleix Sanmartín, Ganar el poder. Apuntes de 86 campañas electorales (Editorial Síntesis, 2010). Las lecciones de las campañas rememoradas por esos tres consultores pasan por analizar las peculiaridades de la pugna política que se nos avecina. No se trata simplemente de vender la imagen de unos u otros candidatos. Para que el PP pueda ganar, tiene que convencer a muchos descreídos para que acudan a votar.

Fundamentalmente, se trata de jóvenes, parados y jubilados. Esos tres grupos son potenciales víctimas de la política seguida por el Gobierno actual. Habrá que convencerlos de que el mal menor por venir es mejor que lo pésimo conocido. Hay que demostrar que ZP no es malo por ser socialista, sino porque no ha sido honradamente socialista. Con independencia del voto genético (= uno vota lo que siempre ha votado), la cuestión es dilucidar qué equipo nos va a sacar de la crisis económica. Se impone un voto racional.

Hay que recordar una tendencia curiosa. La derecha ha llegado al Gobierno después de severas crisis económicas: en 1977 y en 1996. La izquierda ha subido al poder después de algunos episodios de violencia política: en 1982 (después del 23-F) y en 2004 (después del 11-M). Ahora estamos ante la crisis económica más intensa de toda nuestra Historia y después de más de un año sin atentados terroristas en España.

Estas elecciones se van a decidir más que nunca en los medios de comunicación (incluyendo las redes sociales). En un ambiente de forzada austeridad, como es el que ahora se impone, el exceso de anuncios pagados puede tener un efecto negativo. Lo más inteligente y barato es la presencia de los candidatos más presentables en los medios. Un ejemplo: Vicente Pujalte, diputado del PP. No sé qué dirá en el Parlamento, pero en la televisión convence. En cambio, pueden restar votos a su partido los turiferarios del PSOE en los medios, excesivamente facundos y escasos de lecturas.

En el supuesto de que ganara el PP, tendría que ser con el compromiso previo de aliarse con el PSOE para reformar la Constitución o, al menos, el sistema electoral. Se trata de eliminar el privilegio electoral que han tenido hasta ahora los partidos nacionalistas. Es un resabio de los primeros momentos de la transición democrática, que ya no tiene sentido. El Gobierno de España debe ser por el PP o por el PSOE, pero con mayoría absoluta y contando con el otro partido nacional para las grandes decisiones. Desde luego, eso, que es tan necesario, no se puede hacer con ZP, que no escucha ni a sus ministros, y que por eso no pasan de secretarios. Así lo eran para Fernando VII. Es una paradoja, pero los líderes de los dos grandes partidos deben oponerse entre sí, pero no deben odiarse. En la política los adversarios no tienen por qué ser enemigos. No estaría mal que, para empezar, los dos grandes partidos acordaran la supresión del Tribunal Constitucional, de la Audiencia Nacional y de las diputaciones.

Es muy posible que ZP no sea el candidato socialista para las próximas elecciones. El mejor colocado es ahora Pepiño Blanco. Es otro apparatchik (=funcionario del partido), pero más habilidoso, no tan doctrinario como su mentor. Ninguno de los dos sabe nada de economía.

Sea quien sea el candidato socialista, su argumento electoral no contiene más que estos dos activos: (1) Llevamos más de un año sin atentados de la ETA en España. (2) Hay en marcha una reforma laboral y una reforma financiera que nos ayudarán a salir de la crisis.

Los contraargumentos del PP son sencillos: (1) La ETA ha conseguido su principal propósito, que es el de ser un sujeto político reconocido. (2) Las reformas en marcha han sido parciales, han venido impuestas y son insuficientes. Es más, la congelación de las pensiones ha supuesto un retroceso monumental en el Estado de bienestar.

*Amando de Miguel es catedrático de Sociología.

El Voto en Blanco será la primera revolución pacífica del siglo XXI
Francisco Rubiales Periodista Digital 1 Agosto 2010

El Voto en Blanco masivo, provocado por el pésimo liderazgo y los abusos de la "casta" política, será, probablemente, la primera gran revolución pacífica del siglo XXI.

A un demócrata español sólo le quedan dos opciones ante las urnas: si cree que debe luchar contra Zapatero para eliminar el mal gobierno y la degradación que acosan a España, que se tape la nariz y vote al PP; pero si cree que su deber es luchar contra la partitocracia y contra el maloliente sistema político español, entonces debe votar en blanco o anular su voto con un reproche contundente, dirigido a la "casta política.

No hay otras opciones aceptables para un demócrata.

El Voto en Blanco crece por todas partes, impulsado por la indignación de los ciudadanos frente a los políticos y por el deseo de regenerar una política podrida y plagada de corruptos e inútiles. En algunos países víctimas del mal gobierno, como México, en los comicios de julio de 2010, el voto en Blanco logró la victoria en algunas ciudades y porcentajes muy altos en algunos estados. En algunas democracias teóricamente avanzadas, como la española, crece sin parar y ha llegado a superar el 10 por ciento de los votos en comunidades autónomas como Cataluña. El fenómeno es mundial y responde tanto al asco que sienten los administrados como al deseo de regenerar la democracia, de recuperar el protagonismo del ciudadano en el sistema y de castigar a la infectada a inútil "casta" política.

El Voto en Blanco sólo cede ante los muchos domócratas españoles que están convencidos de que la prioridad suprema es expulsar cuanto antes a Zapatero del poder para impedir el hundimiento de la patria y la degradación suprema. Sólo entonces, con la nariz tapada, ante un drama de rasgos dramáticos como es la presidencia de Zapatero, un demócrata puede votar al PP sin perder la dignidad, aun sabiendo que así alimenta un sistema podrido y degradado.

Algunos pensadores políticos empiezan a identificar el rechazo a los políticos y el desprecio a la "casta" como un "índice" revelador del deseo de libertad y de regeneración. También es, claramente, un signo de la salud y fortaleza de las sociedades, hasta el punto de que aquellas que reflejan en las encuestas el desprecio y hasta el odio a los políticos, como la española, reflejan en realidad salud democrática y deseo de regeneración.

El voto en blanco es el mejor símbolo de ese rechazo en las urnas a esos políticos que se han vuelto arrogantes, que se han apropiado de la democracia y que, con un descaro intolerable, han expulsado al ciudadano de la política, a pesar de que es el "soberano" del sistema.

La sensación de que los políticos han llegado "demasiado lejos" en su arrogancia y de que sus fracasos no pueden seguir siendo tolerados por la sociedad crece cada día más en el mundo y se conforma como una corriente de rechazo abierto a la "casta".

Todo parece indicar que los ciudadanos sorprenderán a la "casta" política en las próximas elecciones y que el voto en blanco será la gran estrella del movimiento mundial de rechazo a los políticos.

El voto en blanco se impondrá a la abstención por su contundencia y claridad. Mientras que la abstención puede ser calificada de "desinterés" y justificada por los políticos con el sucio argumento de que "los ciudadanos se dedican a sus asuntos y dejan la política a los políticos", el voto en blanco es siempre una bofetada a los pol´tiicos y a sus propuestas, propinada por ciudadanos que, conscientes de su derecho y del valor del voto, acuden a las urnas precisamente para demostrar su desprecio y rechazo a una casta que es la principal culpable de los grandes dramas del mundo actual: caida de los valores, degeneración de la democracia, desigualdad creciente, fracaso del Estado de Bienestar, desempleo masivo, crisis económica y financiera, violencia, hambre, avance de la pobreza y decenas de lacras y dramas, entre los que sobresalen la escasa calidad de la enseñanza´, la corrupción y la utilización arbitraria y mezquina del poder público.

Los políticos, que aspiran a seguir siendo los únicos dueños del poder, pretenden convertir al ser humano en una entidad fatalista, esclava del guión que otros escriben para él, desmotivada y víctima del virus del "no vale la pena hacer nada" y del "no se pueden cambiar las cosas". Sin embargo, existe un reducto rebelde y libre que no acepta ser esclavo ni asume el que "todo el pescado ya esté vendido". Es cierto que la libertad agoniza en una sociedad que los políticos han sembrado de gente acobardada, pero no es menos cierto que cada día somos más los que nos negamos a ser "súbditos" y anhelamos ejercer de "ciudadanos", los que sentimos que las campanas de la libertad vuelven a repicar por todo el orbe, llamando a la rebelión contra la mediocridad, la indecencia, la corrupción y la ineficacia de los poderosos. Cada día somos más los que soñamos con una regeneración que arroje al basurero a los actuales amos del mundo.

El voto en blanco es una manifestación de rebeldía al alcance de todos los ciudadanos y, al mismo tiempo, un primer paso significativo y didáctico en el camino hacia la regeneración de un sistema corrupto e ineficiente, configurado para que beneficie a los poderosos y no al pueblo, al servicio de intereses partidistas, nunca del bien común.

Voto en Blanco
Voto en Blanco descansa durante el mes de agosto
Hemos actualizado a diario el blog Voto en Blanco durante los últimos 11 meses, etapa en la que hemos publicado unas 500 informaciones y análisis, aproximadamente.

Ahora descansaremos durante el mes de agosto.
Si alguien quiere aprovechar el tiempo libre para impregnarse de espíritu crítico, libertad e información veraz, libre de toda censura e interés partidista, que se sumerja en las entrañas de Voto en Blanco y utilice su buscador para encontrar artículos sobre política. sociedad, derecho, cultura y, sobre todo, democracia.

Hemos colocado en portada un artículo especial, sobre la posibilidad de que el Voto en Blanco se convierta en la primera gran revolución pacífica del siglo XXI, para que presida el blog durante todo este mes de vacaciones.

Buen descanso para todos los demócratas que leen este blog.
F. Rubiales

España, sólo para las vacaciones
Editorial www.gaceta.es 1 Agosto 2010

Pese a tanto servilismo y tanto entreguismo, el presidente Rodríguez Zapatero sólo ha conseguido de la actual Administración norteamericana que Michelle Obama pase unos días de vacaciones en la Costa del Sol. Aun cuando desde La Moncloa se filtrara en primera instancia que vendría también Barack Obama, la llegada de la primera dama estadounidense es una buena noticia para nuestra primera industria nacional, el turismo, que vive su peor momento en décadas: a pesar de las sucesivas inyecciones de dinero público, la afluencia de turistas cayó en un 9% en 2009 y, en el primer trimestre de 2010, el índice de descenso de visitas llegaba al 16,3%. Las vacaciones de Michelle Obama son un episodio que, en su peculiaridad, puede ayudar a renovar los vínculos afectivos entre ambas naciones a partir de la excelencia turística que caracteriza a nuestro país.

Ciertamente, España y Estados Unidos necesitan afianzar esos vínculos culturales y afectivos de conocimiento propio: al fin y al cabo, el antiamericanismo –España es uno de los países más rabiosamente antiamericanos de Europa– ha sido una de las grandes limitaciones de nuestro país desde tiempos de la Guerra de Cuba. Ese antiamericanismo ha sido especialmente crudo en una izquierda del todo ajena a la admirable concepción de las libertades en Estados Unidos, y que miró a París cuando no miró a Moscú, pero también ha afectado a las peores tradiciones de la derecha patria. Desde la Transición, en todo caso, España ha jugado mayoritariamente con inteligencia la carta atlantista, del ingreso en la OTAN a la ayuda contra el terrorismo de la Administración Bush jr.: a partir de entonces, todos los presidentes norteamericanos han visitado España salvo, curiosamente, el más cortejado de todos ellos, Barack Obama. Ciertamente, en términos de importancia política real, fue mucho más grave la cancelación del encuentro planetario entre Obama y Zapatero en la abortada cumbre UE - EE UU que el hecho de que Michelle venga a pasar unos días en uno de los destinos turísticos más excelsos del globo.

Del antiamericanismo más radical al servilismo más ostentoso, de sentarse ante la bandera de EE UU a participar en un nada laicista desayuno de oración, Zapatero se ha revelado como un líder poco fiable para el Gobierno norteamericano, escéptico de un cortejo con el que Zapatero ha querido aprovechar a su favor el carisma de Obama. Sin embargo, si la España de Zapatero es poco fiable en lo político, también lo es en lo económico: a Obama no le interesa España, y Europa entera importa menos que el eje Asia-Pacífico. Por otra parte, el acoso zapaterista a la Administración yanqui –concretado en un par de saludos genuflexos y una foto de triste memoria– ha sido desmentido por todas y cada una de las actuaciones de la política exterior de España: de la huida sin aviso de Kosovo a los palos en la rueda puestos al Gobierno norteamericano en asuntos como los de Cuba, Sahara Occidental y Oriente Medio. Al fin y al cabo, el vicepresidente Biden, de amplísima experiencia internacional, ya enfiló a Moratinos tras otra huida, esta vez la de Irak. Y es que la política internacional de Zapatero, articulada por el francófilo y socialista Moratinos, trufada de improvisaciones, gestos vacuos como la Alianza de Civilizaciones y el afecto hacia regímenes como los de Irán, Cuba o Venezuela, es la antítesis de la responsabilidad que, incluso en tiempos de Obama, caracteriza a EE UU. Por eso España, para él, es poco más que un país de vacaciones.

Somos lo que hicimos
Ana Velasco Vidal-Abarca, EL MUNDO 1 Agosto 2010

Somos lo que hicimos, dice una conocida máxima. Parece que para el Gobierno de España no es así. Parece que para el ministro del Interior los asesinos en serie de ETA no son lo que hicieron. Basta con que declaren de forma calculada e interesada que «no comparten los postulados de la banda» para que magnánimamente se interprete que están arrepentidos. Arrepentidos cuando están en la cárcel y tienen una contrapartida que obtener, pero no después del primer crimen, ni del segundo, ni del tercero, ni del decimoquinto o del vigésimo... No, sólo se arrepienten cuando les esperan 3.000 años de prisión.

Aun así, el Gobierno se apresta a creerlos, a darles un vergonzante trato de favor, una recompensa repugnante como colofón a sus siniestras carreras de matarifes. ¿Por qué? ¿Qué beneficio creen que van a obtener actuando de una forma tan indigna? ¿Merece la pena degradar así la integridad del Estado? ¿El supuesto fin justifica tamaña injusticia?

Es desolador que las familias tengamos que estar continuamente alerta, vigilando las maniobras de los gobiernos para que no traten de engañarnos una y otra vez en lo que más nos importa y que, además, es lo único que puede restituir mínimamente el daño causado: que se haga Justicia. Nos la intentan escatimar utilizándola como un arma de negociación o de presión e ignoran que es un derecho irrenunciable para nosotros.

No importa la cantidad ni la gravedad de los delitos; cada cual debe cumplir su condena, la que le corresponda. Ése es el auténtico y más sincero homenaje a las víctimas: la Justicia. Los solemnes actos institucionales reconfortan y dignifican, pero se quedan vacíos si por detrás se hurta el más elemental de los derechos -vuelvo a repetir: la Justicia.

Lo mismo ocurre con las iniciativas legislativas o con las actuaciones judiciales. ¿De qué sirve la no prescripción de los delitos de terrorismo recientemente aprobada por las Cortes? ¿De qué sirven los juicios si después no se cumplen las sentencias? ¿Es todo acaso una puesta en escena, una farsa que se desmantela al bajar el telón?, ¿Una pantomima para guardar las apariencias? Para acabar con el terrorismo no vale todo.

La Justicia debe ser un eje esencial al margen de planteamientos tácticos y los asesinos han de tener la seguridad absoluta de que pagarán por sus crímenes. Es más, si alguno de ellos estuviese de verdad arrepentido -cosa que dudo-, sería él mismo quién querría cumplir su pena para tratar de expiar el daño causado, porque sería consciente de que, cuando un culpable queda impune, vive preso de la deuda que nunca pagó y no podría soportar el peso de una culpa tan atroz. ¿Es éste el caso, señor Rubalcaba?

Ana Velasco Vidal-Abarca, hija de Jesús Velasco, comandante de Caballería asesinado por ETA en enero de 1980 en Vitoria.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Cuando camuflan una ‘ley mordaza’ por “respeto al pluralismo”
Editorial www.gaceta.es 1 Agosto 2010

La norma que pretenden imponer PSOE y PP para los próximos comicios es una secuela de la Ley Orgánica de 1988. La libertad de información quedará pendiente de un cronómetro sujeto por una junta electoral.

La aritmética de la libertad, así se titulaba el libro que publicó en 1975 Alejandro Muñoz Alonso, en una década en la que España comenzaba a ver la luz en el túnel. El entonces articulista de Cambio 16 y profesor de la Facultad de Ciencias de la Información reivindicaba la democracia y la libertad en España y valoraba la importancia de los medios de comunicación en esa tarea. 35 años después no sólo hemos cambiado el discurso, sino que se ha perdido el rumbo. Los políticos aplican la aritmética democrática con otras intenciones. Los partidos mayoritarios no sólo la han instalado en las deliberaciones parlamentarias, en el Tribunal Constitucional y en el Consejo General del Poder Judicial, sino que ahora pretenden que se refleje en las escaletas de los informativos televisivos.

El PSOE y el PP han pactado la reforma de la Ley Electoral para que las cadenas privadas estén obligadas a la proporcionalidad informativa durante las campañas. ¿Qué supone ese acuerdo al que también se ha sumado el resto de las fuerzas políticas? Pues que los telediarios, debates e informativos de las privadas queden sometidos, como sucede en las televisiones públicas, al control de las juntas electorales y de los partidos políticos.

Por tanto, las escaletas de los noticieros no dependerán de los criterios profesionales de editores y realizadores, sino de la aritmética de los políticos: los socialistas cinco minutos, los populares, cuatro; Izquierda Unida, uno, y los nacionalistas, medio. Todo dependiendo de los votos obtenidos en las últimas elecciones y de los criterios propugnados por Zapatero y Rajoy. La libertad de información pendiente de un cronómetro sujeto por la mano de una junta electoral de la que ya tenemos experiencia de cómo funciona. Un verdadero disparate y un ataque a la libertad e independencia de los medios de comunicación.

O sea que, al amparo de ese criterio, nos podemos encontrar a Leire Pajín en El Gato al Agua de Antonio Jiménez hablando de los encuentros planetarios de José Luis Rodríguez Zapatero sin que la dirección del programa pueda decidir sobre sus contenidos. Y con Los Clones unos días en paro hasta que transcurra el periodo electoral porque, si se les ocurre interpretar una parodia sobre María Teresa Fernández de la Vega, a continuación deberían protagonizar otra sobre Soraya Sáenz de Santamaría o su compañera de partido Esperanza Aguirre. Y, entre tanto, a nuestros representantes parlamentarios se les inflaman los mofletes reivindicando el espíritu de la Constitución de 1978.

La norma que pretenden imponer PSOE y PP para los próximos comicios es una secuela de la Ley Orgánica de 1988, que regulaba la publicidad política en campaña electoral y que en uno de sus artículos hablaba del “respeto al pluralismo y a los valores de igualdad en los programas difundidos durante los periodos electorales”. Pero por qué ahora tanta prisa por regular los principios de una ley de hace 12 años, que permanecía olvidada en un cajón. Tan importantes son esos minutos de televisión. Me huele a celada y engañifa.

Y lo más sorprendente es que el Partido Popular haya picado en el anzuelo: que haya asumido un pacto que se parece más a una ley mordaza berlusconiana que a otra cosa. No sé qué beneficio piensa obtener del acuerdo. En todo caso, quien sale beneficiado es Zapatero, que se presenta a los próximos comicios restañándose de las heridas de los errores cometidos en medio de la crisis económica.

Para nada me gustan esos recortes a la libertad en aras del bien común. Siempre tienen trampa. Nos ocultan la letra pequeña. Algunos, incluso, pretendían convencernos de que un tiro en la nuca a un etarra era bueno para la democracia y el Estado. Todo comienza con una proclama de “respeto al pluralismo” y acaba en la libertad cercenada. La realidad es que muchos políticos se desenvuelven mejor cuando se imponen recortes en las libertades informativas. Es una constante a lo largo de la historia y en la numerosas leyes que se han ido aprobando para limitar el ejercicio del periodismo.

Es cierto que las televisiones privadas dependen de una concesión administrativa del Gobierno, pero nadie cuestiona que su funcionamiento debe ser plenamente independiente. Ya conocemos las maniobras de algunos políticos, sindicalistas y periodistas oficialistas con las paridades y las proporcionalidades en los informativos. Lo que en definitiva se pretende es un control y una censura encubiertos más que ese pomposo enunciado pluralista. ¿Por qué una emisora privada que se constituye con unos fines ideológicos y económicos muy determinados debe ceder más minutos a unos programas electorales que, posiblemente, chocan con sus principios? Una cosa es el interés informativo según el criterio de los periodistas y otra muy distinta la imposición de un discurso. Y lo que supone una aberración es el minutado cronometrado de la información. Por ejemplo, que la COPE, en base a esa engañosa proporcionalidad, estará obligada a dar más minutos en campaña electoral a Bibiana Aído para que defienda la Ley del Aborto que al PP o a CiU, que están en contra. Y sin la presencia en un debate político-electoral de curas y obispos que, aunque son los dueños de la emisora, no están en campaña.

Por ejemplo, que La Sexta se vea obligada a insertar en sus telediarios, al margen del interés informativo, proclamas del PP u otras formaciones conservadoras en contra de la Memoria Histórica que defiende de manera esforzada la tele de Roures, Contreras y Barroso.

Lo sorprendente es que el PP y el PSOE, que en casi nada se ponen de acuerdo, hayan llegado a un consenso exprés en la Comisión Constitucional del Congreso sobre el texto que obliga a las privadas a esa aritmética informativa. Su contenido es igual de sorprendente: “Durante el periodo electoral las emisoras de televisiones privadas deberán respetar los principios de pluralismo e igualdad y los de proporcionalidad y neutralidad de sus informativos en los debates y entrevistas electorales, así como en la información relativa a la campaña electoral de acuerdo a las instrucciones y resoluciones que dicte la junta electoral”.

A partir de la elecciones autonómicas y municipales, si se aplican antes esas medidas, el organigrama de las redacciones de los informativos contará con un nuevo jefe: el juntero electoral.

Afortunadamente, la comisión parlamentaria no se ha doblegado a otras pretensiones de la junta electoral, como que se obligara a las privadas a remitirle antes del comienzo de las campañas un plan cerrado de entrevistas, debates y especiales informativos. Y se quejan de Berlusconi.

Para algunos políticos bregados, como el alemán Hans Dietrich Genscher, ministro de Asuntos Exteriores en los Gobiernos de Willy Brandt y Helmut Schmidt, “la prensa es la artillería de la libertad”. Para nuestros políticos, es una consecuencia cronometrada de la proporcionalidad política, vía consenso partidista o, en su defecto, vía decreto ley.

Sí a los acercamientos, no a las excarcelaciones
Editorial EL MUNDO 1 Agosto 2010

EL MUNDO revela hoy que Instituciones Penitenciarias ha trasladado en los últimos meses a 19 etarras a la cárcel de Nanclares de la Oca (Álava). Todos ellos, según Interior, han firmado cartas pidiendo perdón a las víctimas y han expresado por escrito su decisión de renunciar a la violencia y abandonar la banda terrorista.

La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) hizo público un comunicado hace unos días, en el que acusaba al Gobierno de «traspasar las líneas rojas», solicitando información sobre los etarras que han sido trasladados o excarcelados por Instituciones Penitenciarias. El propio presidente Zapatero respondió el pasado viernes a estos reproches, asegurando que los acercamientos se realizan dentro de la ley y con la finalidad de debilitar a ETA.

En su comunicado, la AVT decía que la política de traslados lo que debilita es la firmeza del Estado de Derecho, pero hay que recordar que Mayor Oreja, siendo ministro del Interior, acercó a las cárceles vascas antes de la tregua de 1998 a decenas de etarras, política que no levantó suspicacias en aquella época.

El rechazo de la AVT a los acercamientos es comprensible, pero creemos que es lícito que un Gobierno pueda trasladar a presos etarras a las cercanías del País Vasco. Y ello siempre que no se altere el contenido sustancial de la pena, que se cumple igual en Almería que en Nanclares. Trasladar no es excarcelar.

Otra cosa es que los traslados se conviertan en el primer paso para obtener beneficios penitenciarios como el tercer grado o la libertad condicional, como ya ha sucedido en el caso de algunos etarras. Ello nos parece intolerable porque no puede bastar una simple declaración de intenciones y una petición de perdón para que personas que han cometido asesinatos puedan obtener acortamientos de la pena. ¿En qué quedaría el cumplimiento íntegro? En esto tienen toda la razón Ana Velasco Vidal-Abarca en el artículo que escribe hoy en EL MUNDO y la AVT, que temen que el arrepentimiento y la petición de perdón se conviertan en una especie de ritual de paso para abreviar las condenas, sobre todo, en casos de delitos de sangre.

La AVT tiene también razón cuando denuncia la falta de transparencia de Interior, que llegó a negar que hubiera etarras presos en Nanclares. Esto no es cierto porque quien ha cometido un crimen en nombre de ETA seguirá siendo para la sociedad, y especialmente para las víctimas, un preso de ETA mientras exista la banda.

Aunque el artículo 100.2 del reglamento penitenciario supone un cheque en blanco para el Gobierno a la hora de conceder los traslados, todo lo que se haga en esta materia debería ser no sólo transparente sino consensuado con la oposición y, a poder ser, con las víctimas. Y ello para evitar cualquier sospecha de utilización de los acercamientos como moneda de cambio de una posible negociación con la banda. En este sentido, el ministro del Interior debería explicar en el Parlamento cuáles han sido los criterios de traslado de esos 19 presos y si realmente existe la constancia de que todos ellos se han arrepentido y han pedido perdón a las víctimas. Otra cosa es su excarcelación, que no se debería plantear mientras ETA no abandone las armas.

El embudo catalán
Pedro J. Ramírez, EL MUNDO  1 Agosto 2010

Cualquiera diría que la evolución de Felipe González desde su ya remota salida del poder parece destinada a refrendar la cínica teoría del brillante ensayista y compulsivo fumador de opio Thomas de Quincey sobre lo imparable de la degradación humana. Según él, quien se ha bañado en el crimen pronto se verá cometiendo pequeños hurtos, de ahí pasará a emborracharse e incumplir sus obligaciones religiosas y, a nada que se descuide, terminará siendo maleducado y perezoso. Entraba pues dentro de lo previsible que el promotor, o almenos consentidor, de los GAL echara ritualmente fuego por la boca, se enredara en los negocios de un magnate transoceánico y entrara con pie firme en los circuitos de la prensa rosa. Con lo único que no contábamos es con que escribiera artículos tan malos como los que periódicamente aparecen en las páginas del diario que tanto le debe.

Y como si se tratara de demostrar que cuatro manos pueden aporrear el piano con más saña que dos, el peor de todos esos artículos es el que firmó el pasado lunes en comandita con la también indefendible ministra de Defensa, Carme Chacón. Sus Apuntes sobre Cataluña y España tuvieron, sin embargo, la doble virtualidad de demostrar que es ya el conjunto del PSOE –quintaesenciado en estas figuras emblemáticas de dos generaciones distintas– el que ha asumido el planteamiento de Zapatero que está cuarteando nuestro Estado constitucional y de poner en evidencia la inanidad intelectual, la simplonería párvula de los cuatro palotes dialécticos que lo sustentan.

Que quien fuera piropeado hace 28 años al llegar al poder por el New York Times como un «joven nacionalista español» y quien tiene encomendada la preservación de la seguridad nacional frente a cualquier amenaza exterior o interior empiecen haciendo suyo el concepto romántico de Cataluña como «uno de los sujetos llamados naciones sin Estado», a mitad de camino entre los palestinos, los kurdos y el Holandés Errante, ya lo dice todo de en qué manos estuvimos y en qué manos estamos.

Pero la metamorfosis que hacen de la España de las Autonomías, consagrada en la Constitución del 78, no ya en el modelo federal, históricamente defendido por el PSOE, sino en una rimbombante «Nación de naciones» con toda su herrumbre a cuestas, plantea un dilema que ni este decrépito profesor Higgins ni su cantarina Liza Doolittle con mando en plaza tienen al menos el decoro de resolver. Asumiendo que las trillizas Galeusca y doña Realidad Nacional Andaluza son «naciones» que integran la «Nación», sólo cabría deducir que o bien la «nación» riojana, la «nación» extremeña y la «nación» castellano-manchega también figuran entre las llamadas con igual rango a sentarse en esa tabla redonda o sensu contrario sería España la que, ocupando tan sólo el espacio comprendido entre Despeñaperros y el Ebro, concurriría junto a las mentadas a una confederación superior, pendiente de denominación. Es decir que Pigmalión y su alumna aventajada habrían dado
por fin carta de naturaleza política al inveraz dictamen metereológico-musical de que «the rain in Spain stays mainly in the plain».

Descontemos, para no desviar el tiro, el patético sectarismo que supone diabolizar al PP por haber recurrido el Estatut ante el Constitucional «tras perder la votación en las cámaras y en el referéndum» –lo verdaderamente pintoresco es que lo hubiera recurrido tras ganar esas votaciones– y centrémonos en el corazón argumental de esta mezcla de tomadura de pelo colectiva y ejercicio de mala fe.

Sostienen Carme González y Felipe Chacón que, puesto que «la fuerza de España está en su diversidad», huelga la «obsesión injustificada por la indisoluble unidad de la nación española » plasmada, según ellos, en la sentencia del Constitucional. Al margen de que si eso fuera cierto doña Torcuata, el Dúo Sacapuntas y sus otros tres compañeros de viaje habrían anulado decenas de artículos en vez de blanquearlos mediante la «interpretación conforme» de hacerles decir lo contrario de lo que dicen, lo mínimo que podría exigírseles a quienes establecen esa premisa canónica –lo bueno es la «diversidad», lo execrable la pretensión del PP de imponer «una España uniforme con una sola lengua»– es que la aplicaran por igual a los dos sujetos de la controversia.

Pero hétenos aquí que estos mismos vates de lo plural y heterogéneo se nos vuelven trovadores de lo monolítico y homogéneo cuando proclaman la necesidad de preservar «la inmersión lingüística que cohesiona Cataluña».O sea que la «diversidad» de España debe llegar hasta el extremo de ser el único Estado del mundo –perdón, junto a Dinamarca en su relación con las remotas Islas Feroe– lo suficientemente idiota como para consentir que en una parte importante del territorio no se pueda estudiar en la lengua oficial común a todos los ciudadanos. Y al mismo tiempo la «cohesión» de Cataluña puede adquirir tanta capacidad implosiva como para liquidar las raíces culturales de la mitad de sus habitantes y transformar incluso en extranjeras a las familias transeúntes.

Esta pareja de truchimanes nos dice en resumidas cuentas con fingido aplomo que siendo lo «progresista » defender la «diversidad» de España y la «cohesión» de Cataluña, incurrirían en grave pecado reaccionario quienes osaran abogar por la «cohesión» de España y la «diversidad » de Cataluña. No pretendo darle la vuelta a su tortilla, sino invocar algo tan elemental como que lo que ellos preconizan como bueno para el todo también debería serlo para la parte, o incluso a la viceversa. Que esto va de «diversidad», pues «diversidad » para todos: ¡Viva la Cataluña plural del torero Serafín Martín, el no menos diestro Boadella y los valerosos firmantes del manifiesto de los 2.300! Que esto va de «cohesión », pues «cohesión» para todos: que el Congreso de los Diputados recupere cuanto antes para la Administración central las competencias sobre Enseñanza, Cultura y Medios de Comunicación y ya verían lo rápido que se encauzaba el problema.

Lo inaceptable es que cual nuevos Chirinos y Chanfalla de un, por cierto, españolísimo retablo de maravillas embusteras, este par de tramposos nos obligue a pasar por su asimétrico embudo –tan ancho de entrada, tan estrecho de salida– so pena de quedar identificados, tal que en el texto cervantino como chuetas, marranos o levitas.

Pero esta es la doble vara de medir que viene interiorizando el PSOE al menos desde que Maragall «no actuó lealmente» –son palabras de Rodríguez Ibarra– y se saltó los acuerdos de Santillana del Mar sobre los límites estatutarios para perseguir su quimera soberanista. Los compromisos adquiridos por Zapatero, la antepasada semana hizo 10 años, en el Congreso en el que el PSC le proporcionó el liderazgo socialista, canalizaron el destrozo, dando carta de naturaleza a una sensibilidad política, según la cual a la selección española hay que llamarla La Roja para no ofender a nadie y a los órganos de la Administración central de la España «diversa » trasformarlos en «agencias estatales», de modo que los símbolos y las instituciones «nacionales» queden reservados para una Cataluña «cohesionada» a martillazos.

Diluida ya toda seña de identidad ideológica en el pragmatismo económico del a la fuerza ahorcan –he ahí los primeros efectos, tan alentadores como tardíos, de la reducción del déficit, la reforma laboral y la despolitización de las cajas– al PSOE sólo le queda apalancarse en el poder mediante la asunción del discurso nacionalista y la gestión conjunta de una agenda más desintegradora que separatista. En el «usted ha echado cuentas» de Zapatero a Rajoy se resume el desastroso estado actual de la Nación, puesto que implica que el propio presidente no deja de tenerlas ni un momento en la cabeza: 25 diputados del PSC, 11 de CiU, tres de Esquerra, uno de Iniciativa. En esos 40 escaños que, junto con los escuálidos siete del PP, aporta Cataluña al Congreso de los Diputados –casi un 15% de la cámara– radica la morfología del embudo en el que los socialistas se han zambullido y por cuyo angosto cuello pretenden hacernos pasar ahora a todos los españoles.

Sólo un gran pacto de Estado sobre el modelo territorial podría haber interrumpido esta deriva hacia el desastre. Las promesas de reforma constitucional, previo dictamen del Consejo de Estado, enunciadas por el PSOE y el clima favorable a un nuevo consenso que siguió al trauma del 11-M parecían propiciarlo al comienzo de la pasada legislatura. Sin embargo, Zapatero descartó pronto ese camino y pese a haberse comprometido con Rajoy a afrontar juntos cualquier reforma estatutaria, emprendió con CiU la huida hacia delante de construir el nuevo marco jurídico catalán. Si en algunos momentos en los que se enfrentan parece que Rajoy pone cara de estupor, es porque, cinco años después, aún no se ha recuperado del impacto que le produjo el innovador argumento de Zapatero de que los consensos sobre cuestiones de Estado había que fraguarlos entre los dos principales partidos de cada comunidad. El día que le dijo eso en La Moncloa se evaporó en un instante la confianza y se acabó toda posibilidad de colaboración entre este líder de la oposición y este jefe de Gobierno.

Así las cosas, la superchería de que España ha de ser plural para que Cataluña pueda elevarse monolítica sólo aguantaría medio embate si no llevara aparejada la demonización del único partido que, junto con la UPyD de Rosa Díez, aún merece el calificativo de nacional. Es verdad que hay otros ámbitos en los que el PP parece trabajar a diario para sus adversarios políticos –no puede ser que siga votando contra la política económica que demandó siempre– pero el único reproche que cabe hacerle en este es falta de tesón y brío en lo que no ha dejado de ser una postura impecable de defensa de la igualdad de derechos de todos los españoles.

La fuerza de los hechos va imponiéndose en todo caso de manera inexorable y ni siquiera un trilero redomado como Chaves, curtido en 1.000 engaños y falsificaciones, puede convencer a nadie de que, tras la prohibición de los toros en Cataluña, es el PP quien amenaza la convivencia por querer anular sus efectos mediante una norma estatal. Es de sentido común que ninguna autonomía puede utilizar una competencia cedida por el Estado para liquidar la actividad que se le encomienda regular. Por las mismas Castilla-La Mancha podría prohibir la caza o Castilla y León la pesca, privando a Zapatero de algunas de sus mejores horas de cruel asueto.

Aquí está en juego mucho más que la fiesta de los toros. Por respetable, por respetabilísima o incluso encomiable que fuera la iniciativa popular de los defensores de los animales, su formulación política nada tiene que ver con esa causa y los correbous son –nunca mejor dicho– la prueba de fuego. Sólo la peor ralea del zoon politikon, sólo los especímenes más cínicos de nuestra animal farm –de ahí la comentada portada de EL MUNDO el jueves– pueden pretender que nos creamos que mientras la suerte de banderillas ha de ser expulsada de la legalidad, la ignición y quema del astado, enmedio de otras torturas varias, constituye, en cambio, una tradición a conservar. De nuevo la ley del embudo, sólo que al revés: cuello estrecho para la sangrienta lidia a la española, manga ancha para el gamberrismo sádico a la catalana.

Aunque mi ecuación es la del prohibido prohibir, si para algo habría motivos sería para llegar a un resultado opuesto al del Parlament, pues todos los argumentos contra la corrida se dan en los correbous y, en cambio, resulta imposible redimirlos con el elemento cultural y artístico compensatorio que intelectuales de todas las generaciones e ideologías han encontrado en la lidia. Pero, insisto, el desenlace legislativo de este debate no es sino la última expresión de la forma más mezquina y ruin del nacionalismo, consistente en moldear una identidad colectiva mediante la poda y supresión de cuanto lingüística, comercial o culturalmente se desvíe del patrón establecido por los popes de su iglesia, por los zelotes de un catalanismo excluyente.

Todo mi respeto también para el independentismo educado y tolerante, pero tras los modales aseados de algunos dirigentes late el fanatismo insaciable de un puñado nada despreciable de profesionales de lo antiespañol. Forman una minoría pequeña pero compacta, organizada y audaz. No son Cataluña, pero logran a veces suplantar a Cataluña o, al menos, arrastrar a una parte de sus fuerzas vivas. Son el huevo de la serpiente. La típica levadura de todo cataclismo engendrado siempre entre el silencio de los corderos. ¿Cómo hacerles frente? Hay dos alternativas perfectamente reflejadas en las dos últimas estrofas de un lúcido poema de Auden queme enseñó el otro día Carmen Iglesias.

La primera opción es la del apaciguamiento: «¿Qué diablos les hiciste? / ¿Nada? Nada no es la respuesta: / Terminarás pensando –¿y cómo no pensarlo?– / Que algo hiciste, en efecto, que algo has hecho, / Te verás deseando hacerles sonreír, / Buscarás su amistad».

La segunda la de la resistencia churchilliana al totalitarismo: «No habrá tregua / Plántales cara, pues, con todo tu coraje / Y todas las argucias de que seas capaz, / Con la conciencia clara a este respecto; / Su causa, si es que causa tienen, la han olvidado; / Ellos odian tan sólo por el placer de odiar».

pedroj.ramirez@elmundo.es

Vuelta a Ulster
«¿Cómo se puede construir algo conjunto, llámesele nación o sociedad política, si el planteamiento nacionalista exige dividir ese conjunto de referencia en dos comunidades?»
JOSEBA ARREGI El Correo 1 Agosto 2010

Hacía tiempo que los nacionalistas vascos no nos hablaban de Ulster como ejemplo a seguir para la política vasca, en especial en todo lo concerniente a los caminos conducentes al fin del terrorismo de ETA. En uno de los saltos mortales que el nacionalismo vasco en su conjunto ha ejecutado se encuentra el de haber pasado de afirmar la necesidad de seguir el ejemplo norirlandés -reconocimiento del derecho de autodeterminación como condición para el cese del terrorismo- a la afirmación de que el cese del terrorismo de ETA es la condición previa necesaria para conseguir el reconocimiento del derecho de autodeterminación.

Dejando de lado el hecho de que en el caso norirlandés el reconocimiento del derecho de autodeterminación ha estado siempre vinculado al acuerdo de las dos comunidades enfrentadas -con lo que el derecho de autodeterminación iba unido al derecho de veto de una de las partes-, lo cierto es que la política nacionalista ya no tomaba como referente al caso norirlandés.

Pero la portavoz de Aralar en el Parlamento vuelve a dirigir nuestra mirada a ese ejemplo, no para proponernos una vía de finalizar con la violencia, sino para que aprendamos de Ulster la forma correcta de tratar la cuestión espinosa de las víctimas del terrorismo, que en el caso de Ulster son víctimas de los dos terrorismos que allí se han dado.

La portavoz parlamentaria de Aralar quiere que aprendamos algo de la forma en la que los norirlandeses están afrontando el problema de las víctimas. En el fondo son dos las lecciones que quiere que aprendamos: la necesidad del reconocimiento mutuo de los dos grupos de víctimas, lo que implica la voluntad de afrontar juntos la construcción de la paz futura, y la legitimidad del proyecto político de cada grupo de víctimas y de lo que representan.

No hacen falta grandes esfuerzos para ver que el presupuesto de su análisis radica en que en Ulster han existido dos terrorismos, representando cada uno de ellos a una comunidad. Es decir: que en Irlanda del Norte han existido, y todavía existen, dos comunidades enfrentadas hasta el extremo de combatirse mediante una violencia terrorista. El producto de ese enfrentamiento violento intercomunitario es la existencia de dos grupos de víctimas equiparables en todo. Y si en Euskadi tenemos que aprender de cómo están afrontando los norirlandeses el difícil problema de las víctimas, ello significa que el enfrentamiento intercomunitario es, también en el caso de la sociedad vasca, la base de comprensión de todo el problema.

Es este punto el que interesa sobre todo. Vuelve uno a tener la sospecha que albergaba cuando escuchaba a líderes nacionalistas vascos decir que había que aprender de Ulster cómo poner fin a la violencia terrorista: si no se trataba de importar, más que la solución a un problema, el problema mismo. Es decir: aunque la portavoz parlamentaria de Aralar nos hable de aprender cómo tratar el problema complicado de las víctimas, en realidad lo que nos está diciendo es que debemos entender el problema del terrorismo vasco como un problema de comunidades enfrentadas en la sociedad vasca. Y esto es algo inaceptable no porque no le guste a uno u otro, sino porque contradice toda la realidad social e histórica vasca de los últimos treinta años largos. En Euskadi no ha habido, ni hay, dos comunidades enfrentadas que han llegado al extremo de recurrir al terrorismo para dilucidar sus problemas. Lo que ha existido en Euskadi es que un grupo de terroristas no aceptó la voluntad de la gran mayoría de la sociedad expresada en las urnas y que apostaba por la reforma política en lugar de seguir la senda de la ruptura.

En Euskadi es ETA, y quienes han sido incapaces de escapar de su sombra controladora, quien se ha enfrentado a la sociedad vasca, no una comunidad, definida de una u otra manera, la que se ha enfrentado a otra, tampoco definida. Aquí no ha existido un enfrentamiento de comunidades etnorreligiosas como en Ulster, sino el terror que una organización terrorista ha querido imponer sobre el conjunto de la sociedad, en la que vascoparlantes constitucionalistas han convivido con castellanoparlantes nacionalistas. Y mucho menos se ha dado la situación de una comunidad religiosa -como la católica en Irlanda del Norte- desprovista de derechos políticos, sociales y económicos.

De esta diferencia radical se deriva que la otra consecuencia que pretende extraer la portavoz de Aralar, la igual legitimidad de los proyectos políticos de una y otra parte, deba someterse a serias matizaciones. Es posible, aunque no necesariamente cierto, que en el caso de dos comunidades enfrentadas por medio del terrorismo los proyectos políticos de cada comunidad sean igualmente legítimos. O ambos ilegítimos. Pero en el caso de Euskadi el nacionalismo, en su conjunto, se enfrenta a un problema serio del que se quiere escapar: ¿El uso y abuso que el terrorismo de ETA ha hecho de los fines compartidos por el conjunto del nacionalismo ha dejado al proyecto político nacionalista sin contaminación alguna?

Ante la más que previsible derrota de ETA el conjunto del nacionalismo está empeñado en salvar el proyecto de ETA sin ETA. Más de uno en la sociedad vasca se plantea la pregunta de si ese empeño es posible, o si, por el contrario, no hay que exigir al nacionalismo que extraiga las consecuencias del hecho de que su proyecto político ha sido secuestrado y podrido en su núcleo por el terrorismo de ETA.

En cualquier caso, llama la atención cómo desde posiciones nacionalistas radicales se pone de manifiesto la dificultad de pensar la sociedad vasca como conjunto, cómo, de una u otra forma, desde posiciones nacionalistas se pone en cuestión la existencia de un sujeto político conjunto referido a la sociedad vasca, y cómo, en lugar de ello, recurren con total facilidad a hablar de dos comunidades, recurren a la división de la sociedad vasca en unos y otros, en los de aquí y los de allí, en perezosas cigarras y hormigas laboriosas. ¿Cómo se puede construir algo conjunto, llámesele nación o sociedad política, si el planteamiento nacionalista exige dividir ese conjunto de referencia en dos comunidades, en unos y en otros? Es el misterio del nacionalismo vasco, como el de todos los nacionalismos.

Pero ¿qué está pasando aquí?
Carlos Dávila www.gaceta.es 1 Agosto 2010

Winston Churchill escribía mucho. Incluso a veces escribía bien. Y dejaba sentencias para la posteridad. Hace años leí una de ellas. Decía, más o menos, así: “Cuando un hombre público quiere saber si lo está haciendo bien, que mire a su familia”. Estaba claro: si con sus allegados había triunfado, es muy posible que con los lejanos, sus gobernados, estuviera “haciéndolo bien”. Pues para el caso español, que es el que nos ocupa, no miro a nadie; allá cada cual con lo que le toca, pero todo parece indicar que los principales responsables de éste, nuestro alterado país, no son precisamente unos hachas familiares. Eso, según se cuenta en los mentideros, que son algo así como las catacumbas de la información. Tiene una procedencia doméstica, de falta de jerarquía, vaya. Sobre todo, de la que aún no ha salido a la luz.

Y también, por lo que trasladan los que, de vez en vez, se hablan con el presidente del Gobierno, porque “éste no tiene la impresión de que lo esté haciendo mal”; es más, en opinión de tales mensajeros, Zapatero cree que va a pasar a la Historia por dos obras cruciales: la definitiva modernización de España y la rendición de ETA. Rubalcaba se ha pasado meses vituperando a los que hemos venido explicando que, de nuevo, el Gobierno se estaba dando el morro con los asesinos. Ahora, después de que se estén conociendo los gestos que el ministro del Interior tiene con la banda, permanece silente, despreciativo, como de costumbre, con los demás, en la certeza de que, nadie sabe por qué, el Partido Popular está colaborando en la indignidad. Que se sepa esto y a ver si alguien en el PP tiene el desahogo de desmentirlo: desde hace aproximadamente quince días, el presidente vasco, Antonio Basagoiti, pregunta y pregunta en la dirección de si, de verdad, existe un pacto, vía Trillo muy posiblemente, o vía Rajoy, más difícil, con el Gobierno para negociar con los terroristas una “solución dialogada a la violencia”, que es como se llama al trueque nefando que exigen los etarras cada vez que se ponen a charlar con el Gobierno.
El hombre providencial

Pero éste es un breve apunte para dejar las cosas en el lugar donde todo el mundo nos entienda. Esta preocupación dominical pretende incidir más en esa otra muestra de la obra tópica de Zapatero: la modernización de España, cuya última pirueta es la prohibición de los toros en Cataluña. Narro dos sucedidos de diverso pelaje. Uno: por razones de Estado, algunos, muy pocos españoles, tienen la obligación de verse semanalmente con el presidente del Gobierno en visitas en las que existe muy poco margen para el debate. Los referidos, hombres que llevan en la vida pública desde que la guerra se hacía con lanza, aún se asombran de que, erre que erre, Zapatero insista una y otra vez en que él está donde está para cambiar la faz de un país que se había quedado, antes de la tragedia de marzo de 2004, definitivamente obsoleto. Guarda Zapatero poca piedad con estos interlocutores que padecen sus soflamas; al fin, son personajes del pasado que no pueden entender su compromiso con el futuro que él inflama. A Zapatero sólo le falta cantar aquella marchota que malentonábamos los chorchis del siglo pasado: “No podemos comprender el bien que se nos hace en este campamento de todos los c…”.

Hace veinte años, segundo episodio, fue nombrado presidente de una enorme compañía estatal un político simpáticamente de segunda. Se daba más importancia que un general en maniobras, y en su perpetua presunción, solía acompañarse de abundantes bobadas. Algunos malvados de la Villa y Corte que se reunían habitualmente en la Taberna del Albardero del sin par cura Lezama cayeron en la cuenta de la mucha bibliografía presentada por el tal fardón, y le otorgaron el Premio al Tonto Contemporáneo, galardón que ahora remedamos a diario en LA GACETA. Si viviera uno de los grandes sarcásticos del XX, el periodista Luis Carandell, recordaría el mal trago que pasó al comunicarle al personaje en cuestión el acuerdo del informal Jurado. Brevemente, tras pavonearse el premiado de que él “aún” no había hecho méritos suficientes para ser reconocido públicamente, Carandell no aguantó más a aquel gallo ufano, y le comunicó el jaez del premio. El afectado, antes de colgar violentamente el teléfono, gritó: “Eso me pasa a mí por querer modernizar España”.
España, para el tinte

Zapatero, más modestamente todavía, está dejando a España irreconocible. Su antepasado Alfonso Guerra prometió que nuestra Nación, tras el primer paso del PSOE por el poder, “no iba a reconocerla ni la madre que la parió”. Zapatero lo está consiguiendo, con la diferencia de que, en contra del juicio de Guerra, para Zapatero, España ya se está quedando sin madre. Hace poco más de un mes, José María Aznar advertía de que de la crisis económica, más fuerte todavía de la que él heredó en 1996, se puede salir, “siempre y cuando se quiera acometer con una gestión adecuada”, pero dudaba mucho, como individuo consciente, de que, tras la catástrofe zapaterista, España vuelva incluso a ser lo que siempre ha sido: la Nación más antigua de Europa. Las instituciones del Estado han quedado ya para el tinte, destrozadas, ayunas del último prestigio que les quedaba. Zapatero, encima, y de forma voluntaria, ha dividido España en dos facciones que resultan ya irreconciliables. Y que nadie se desmadre, ¿eh?, que aquí, ni en otros foros que denunciamos o denuncian la misma y patética situación, no estamos anunciando guerra civil alguna. Hace muy escasas fechas aún releía un librillo, corto de volumen y largo de intención, de un periodista con el que políticamente he mantenido antiguos enfrentamientos: Arcadi Espada. El apéndice se llama “Periodismo práctico” y consta de una pléyade de preguntas que se encabezan siempre con la misma sugestión: “¿Qué hacer con…?”; pues bien, al entrar sardónicamente, digo yo, en el debate sobre nuestra Guerra Civil, escribe Espada: “¿Qué hacer con la Guerra Civil? Basta con que dos hombres discutan en la barra de un bar español para que se anuncie la Guerra Civil. La invocación más o menos explícita de la Guerra Civil, setenta años después, es una ficción muy española. Y muy rentable. La Guerra Civil no tiene ninguna posibilidad de repetirse. Entre otras poderosas razones, porque al nivel de la fantasía comercial o política, la Guerra Civil no ha acabado. Y como se sabe, hay antifranquistas que aún no desesperan y están convencidos de que pueden ganarla”.

De acuerdo en lo esencial: uno de éstos es Zapatero. La cuestión catalana, de la que tanto abjuraron los principales protagonistas de la República que tanto admira nuestro estólido presidente, es, entre otras muchas cosas, la demostración palpable de un vesánico político que se piensa providencialmente llamado a resolver los conflictos históricos irresolutos en nuestro país. Este tipo de individuos, lejos de solventar las deudas, las agravan hasta convertirlas en impagables. Claro está que para ello se ayudan de algunos contables aprovechados. Ahora mismo, nada hubiera podido hacer Zapatero sin la muleta de un pobre diablo como Montilla, atenazado por la furia de los conversos, un independentista sin ambages, Mas, y dos o tres cantantes de opereta bufa entre los cuales destaca, por su enorme estulticia, Carod-Rovira. Estos cuatro o cinco sujetos del hipernacionalismo separatista hablan y no paran de su desafección, incluso elevan el tono y se refieren genéricamente a la “desafección catalana”, hacia lo que ellos denominan, con evidente incultura totalitaria, “del resto del Estado”. ¿Se han preguntado si la tal desafección es de ida y vuelta?, ¿se han preguntado por qué una región tan admirada siempre en España como Cataluña despierta ahora mismo tanta antipatía? ¿O es que prohibir los toros, con argucias animalistas que biológicamente no se sostienen, no es un signo más de su interés por romper definitivamente con la Fiesta, española, nacional?

Pero ¿qué está pasando aquí? Les invito a reflexionar, como coda, sobre este otro principio que, infortunadamente, se suele repetir en España cada cierto tiempo: hay personajes que, después de una malaventurada gestión, trufada de fechorías de toda índole, terminan por presentarse como imprescindibles para la salvación inmediata del país. Zapatero ya lo ha hecho: en el postrer Debate sobre el Estado de la Nación, con desenvoltura sin igual, finalizó por apelar, como siempre, a su referencia preferida: “cueste lo que cueste”, y por avisar de que está dispuesto a inmolarse por el bien de España. Incluso a mí se me erizaron los pelos.

La tigresa

Luis del Pino Libertad Digital 1 Agosto 2010

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 31 de julio de 2010

El 16 de noviembre de 1984 es asesinado en un restaurante de Irún el empresario vasco-francés Joseph Couchot, a quien las revistas Tiempo, Enbata y Punto y Hora habían relacionado poco antes con las actividades de los GAL. El día anterior a su asesinato, la revista Punto y Hora publicaba una réplica del propio Couchot, en la que desmentía su relación con la trama del GAL y responsabilizaba al director de la revista de cuanto pudiera sucederle a sus familiares, a sus negocios o a su persona como consecuencia del artículo publicado por la revista. Una de las participantes en el atentado fue la etarra Idoia López Riaño, en lo que constituiría su primer asesinato.

El 26 de febrero de 1985 es asesinado en San Sebastián, de un tiro en la nuca, el empresario Angel Facal Soto, propietario de una empresa de remolcadores. Una de las participantes en el atentado fue la etarra Idoia López Riaño.

El 12 de mayo de 1985 es asesinado, también en San Sebastián, de tres tiros en la cabeza, el policía nacional Máximo Antonio García. Una de las participantes en el atentado fue la etarra Idoia López Riaño.

El 25 de abril de 1986, a las 7:15 de la mañana, mueren cinco guardias civiles y otros cuatro resultan heridos de gravedad, cuando ETA hace estallar un coche bomba con 20 kilos de Goma2 al paso del Land Rover en el que viajaban, en la esquina de las calles Juan Bravo y Príncipe de Vergara en Madrid. La explosión acabó con la vida de Juan Carlos González Rentero, Juan Mateo Pulido, Juan Catón Vázquez, Javier Domínguez González y Alberto Alonso Gómez. La explosión destrozó la fachada de la maternidad de Nuestra Señora del Rosario, donde estaban ingresadas en ese momento 55 mujeres y 60 niños. Tres horas después de aquel atentado, PNV y Herri Batasuna iniciaban una ronda de conversaciones. Entre los componentes del comando que perpetró el atentado se encontraban Ignacio De Juana Chaos e Idoia López Riaño.

El 17 de junio de 1986, un comando terrorista compuesto por dos hombres y una mujer ametralla en su coche al comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas, al teniente coronel Carlos Vesteiro y al soldado-conductor Francisco Casillas, cinco días antes de las elecciones generales. Según uno de los testigos presenciales, "uno de los terroristas metió la metralleta por la ventanilla del coche para rematar a Ynestrillas". Se da la circunstancia de que, cuatro días antes del atentado, la revista Cambio 16 publicaba un artículo acusando al comandante Sáenz de Ynestrillas de formar parte de una trama golpista de extrema derecha. Entre los componentes del comando que perpetró el atentado se encontraban Ignacio De Juana Chaos e Idoia López Riaño.

Un mes después, el 14 de julio de 1986, ETA hacía estallar una furgoneta cargada con explosivos y con cinco ollas a presión llenas de tornillería al paso de un autobús de la Guardia Civil, en la plaza de la República Dominicana de Madrid. En el autobús viajaban 54 agentes en prácticas de la Agrupación de Tráfico, de entre 25 y 19 años de edad. Doce guardias civiles fueron asesinados en aquella masacre: Jesús María Freixes, Santiago Iglesias Rodino, Carmelo Álamo, Miguel Cornejo Ros, José Calvo Gutiérrez, Andrés José Fernández Pertierra, Antonio Lancharro Reyes, José Joaquín García Ruiz, Jesús Gimeno Gimeno, Juan Ignacio Calvo Guerrero, Javier Esteban y Ángel de la Higuera López. Entre los componentes del comando que perpetró el atentado se encontraban Ignacio De Juana Chaos e Idoia López Riaño.

Veintitrés asesinatos cuenta, por tanto, en su haber Idoia López Riaño, apodada "La tigresa", una de las etarras con más sangriento historial de una banda terrorista plagada de asesinos sangrientos.

Y a esta terrorista es a la que el ministro Rubalcaba ha decidido acercar al País Vasco, alegando que la buena mujer se ha desmarcado por carta de la estrategia de ETA y que esos beneficios penitenciarios contribuyen a fomentar las divisiones en la banda terrorista. Por supuesto, el ministro no se ha dignado a pedir su opinión a los familiares de esos veintitrés asesinados.

Si estuviéramos ante otro Gobierno, tal vez los españoles podríamos tratar de valorar seriamente esas explicaciones del ministro.

Pero estamos ante un Gobierno que ha protagonizado el intento de imponer a la sociedad española una auténtica rendición ante ETA; un Gobierno cuyo presidente no ha tenido reparos en calificar de "trágico accidente" la voladura de una terminal del aeropuerto de Barajas, con dos muertos incluidos; un Gobierno cuyo presidente se ha atrevido a jactarse, hace apenas una semana, de que su mejor decisión ha sido ese proceso de negociación con ETA; un Gobierno que ha reintegrado al brazo político de ETA a las instituciones; un Gobierno que continúa manteniendo en cuarenta alcaldías a ese brazo político de la banda etarra; un Gobierno que ha tenido la desvergüenza de calificar de "hombre de paz" al jefe de ese brazo político; un Gobierno que ha llevado al Parlamento Europeo una moción de apoyo a las negociaciones con ETA; un Gobierno que ha hecho lo posible y lo imposible por controlar y desactivar a las asociaciones de víctimas y movimientos cívicos opuestos a la negociación; un Gobierno que continúa negándose a derogar la moción parlamentaria que autoriza a negociar con ETA...

Estamos, en suma, ante un Gobierno que ha hecho todo cuanto estaba en su mano por alcanzar un acuerdo con ETA, con lo que esa banda terrorista está hoy más cerca que nunca de conseguir los objetivos por los que lleva ya asesinados a casi mil españoles.

Así que sólo cabe deducir que el acercamiento de la etarra Idoia López Riaño es sólo un paso más, un gesto más, una cesión más, dentro de ese proceso de negociación que se acerca imparable a su consumación definitiva.

Con la particularidad de que, esta vez, el gesto no puede ser más siniestro.

Porque tenemos un Gobierno que no es que se esté manchando la toga con el polvo del camino - según la gráfica expresión que en su día utilizara el Fiscal General del Estado -, sino que está directamente chapoteando, con sus zapatos de Armani, en el inmenso charco de sangre que ETA ha ido dejando en ese camino.

ERC ha intentado aniquilar desde la Generalitat lo que remite a España
Dos legislaturas contra todo lo español

Barcelona - S. Doménech La Razón 1 Agosto 2010

El segundo tripartito ha sido prolífico para ERC, aunque sus seguidores creen que se podía haber hecho más.

ERC está en caída libre en las encuestas. Muchos independentistas catalanes no les perdonan haber pactado –por segunda vez consecutiva– con el PSC, al fin y al cabo, partido nacional cuyos diputados en Madrid actúan al dictado de Ferraz. Tampoco entienden que la formación no quiera plantear un referéndum secesionista hasta la próxima legislatura y consideran que lo hecho hasta ahora apenas son migajas. El resultado es que poco aplauden las iniciativas de los 21 diputados de la presente legislatura, que podrían bajar un tercio en la siguiente, aunque lo cierto es que ERC ha practicado una política de aniquilación de «todo lo que suene a español», sobre todo en el segundo tripartito.

Las cuatro consejerías que logró ERC cuando Carod-Rovira y Montilla pactaron han sido la clave. El republicano estaba quemado como «conseller en cap» en el primer tripartito –además esa figura representaba el nacionalismo de CiU porque fue el cargo con el que Pujol pasó el relevo a Artur Mas– y su trozo de poder pasó a llamarse Vicepresidencia.

La cartera incluye apartados nada sutiles, como la representación exterior, el deporte y la política lingüística, más allá de la religión. Ni siquiera la crisis ha frenado los objetivos de ERC. Esta misma semana, el vicepresidente de la Generalitat daba una conferencia de balance del plan de política lingüística. Una verdadera lluvia de millones –roza los 200– desde 2004 a 2010 para promover el catalán a todos los niveles. A los extranjeros, por supuesto, hay que enseñarles catalán desde que pisan Cataluña.

Las «embajadas» catalanas también han sido una obsesión de Carod. París, Londres, Nueva York... en definitiva, tejer una red internacional para «promocionar la lengua y la cultura catalanas por el mundo». De la misma manera, se ha empeñado en potenciar las selecciones deportivas propias, mientras el Parlamento catalán ha rechazado rendir homenaje a la selección nacional tras conseguir el Mundial de fútbol y pese a que había siete jugadores catalanes.

Medios de comunicación
ERC dio a un hombre de universidad especialista en comunicación, Joan Manuel Tresserras, la Consejería de Cultura. Su principal cometido era crear una ley para «despolitizar» los medios públicos catalanes. Hizo la ley, pero el propio tripartito tuvo que hacer un decreto cuando, por sorpresa, el presidente de la Corporación Catalana de Medios Audiosivuales (CCMA) se fue a la empresa privada, y no lograban los suficientes apoyos para nombrar a su sustituto con la mayoría prevista en la ley.

En TV3 nunca se habla de España como «nación» –eso queda reservado para la «nación catalana»–, porque se incluye en el propio libro de estilo. Y sonada fue también la emisión –dos veces, la segunda por una huelga de la televisión autonómica– del documental «Adéu, Espanya», que ilustraba el camino a seguir hasta la independencia.

En otro de los pilares del consumo cultural, el cine, ERC ha logrado lo que en su día no se atrevió CiU por las amenazas de las «majors», como es obligar a doblar al catalán la mitad de copias de las películas que se exhiben. Esta consejería también ha reordenado el sistema de ayudas a los festivales musicales con unas cuotas de contratación que favorecen a los grupos que cantan en catalán. Mientras, el consejero ha tenido tiempo de promover que los «castellers» acaben algún día siendo Patrimonio de la Humanidad.

La Consejería de Innovación, Universidades y Empresa, que dirige Josep Huguet, quiere acabar con los toros y las flamencas en las tiendas de souvenirs. Ya ha abierto en el centro de Barcelona una tienda de los recuerdos que se deben llevar los turistas, 228 productos que simbolizan la «auténtica huella» de la cultura y paisajes catalanes. La guerra se libra ahora en las tiendas de las Ramblas o la Sagrada Familia. Por su parte, la consejera de Acción Social y Ciudadanía, Carme Capdevila, también encontró una manera de imponer la cultura catalana.

Fue a través de la ley de acogida de inmigrantes, que prevé un carné de catalanidad con el que recomiendan al Gobierno dar la nacionalidad por arraigo.

Recortes de Prensa   Página Inicial