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Recortes de Prensa   Lunes 2 Agosto  2010

 

Los nueve problemas acuciantes
JUAN VELARDE FUERTES ABC 2 Agosto 2010

En julio de 2007 ya estaban planteados. Incluso bien descritos por diversos economistas españoles. La responsabilidad de no haber actuado con presteza es grande, porque ahora comenzaríamos a recibir el fruto de nuestra reacción que debió haber sido inmediata. Tres años después siguen pendientes. ¿Cuáles son?

En primer lugar el energético. No se ha resuelto ni el altísimo grado de dependencia exterior, al rehuir toda la nuclear. no hemos acertado en el nivel de intensidad energética de nuestra economía. Al bloquear las tarifas, hemos creado problemas financieros enormes a las empresas y al propio sector público. Ni siquiera está resuelta la cuestión de los enlaces de zonas productoras y receptoras a través de la Red Eléctrica.

La segunda cuestión es la de la rigidez del mercado laboral. Prosigue, al decidirse que la solución se aclarará con una ley que no se sabe bien como quedará redactada, y desde luego esquivando una alteración radical, como ha señalado los profesores Lorences y Rodríguez, del actual mecanismo de convenios colectivos. Así no es posible que no exista una altísima tasa de paro.

Las amenazas que pesan sobre nuestro Estado de Bienestar aumentan y constituyen el tercer problema. Por supuesto en las pensiones, al haberse soslayado las cuestiones básicas que, en 1996, un conjunto de economistas, dirigidos por el profesor Barea, publicó en el Servicio de Estudios del BBVA. Pero es que el encarecimiento de los servicios del Sistema Nacional de Salud, prosigue. ¿Y qué decir de las cifras relacionadas con las obligadas atenciones a los parados? ¿Todo esto puede cohonestarse con las restricciones al gasto público?

El cuarto reto es el del sistema impositivo. Ahí sigue todo relacionado con incrementos del IVA y con amenazas, no se sabe si vía IRPF o vía impuestos sobre el Patrimonio. Pero el ahuyentar inversiones extranjeras e impulsar envíos de capital español al extranjero no es precisamente lo más adecuado. Creer que el equilibrio presupuestario se logra por la vía de aumentar la presión fiscal y no la disminución del gasto, es un sendero equivocado. Pero es que resolver esto obliga a un replanteamiento de las haciendas autonómicas y municipales, y de otros elementos del sector público no directamente relacionado con la Administración central.

La quinta cuestión grave es la del mundo crediticio, muy especialmente en relación con las Cajas de Ahorros, y sobre todo a causa, no ya de lo que plantea Basilea II, sino de lo que se sabe ya de Basilea III. Lo del test del estrés, como apuntó ABC el 24 de julio de 2010, es realmente algo muy parcial, y sería un error considerar que todo está resuelto.

El sexto problema es el autonómico. Las capacidades otorgadas a las autonomías más seccionan el mercado único español que lo unifican. Las consecuencias sobre la productividad son evidentes. Y un complemento: las empresas públicas autonómicas han saltado de 588 en 2003 a 962 en 2009, con el complemento de las relacionadas con la Administración local, que pasan, entre ambas fechas, de 913 a 1.573. Cada empresa pública que ha desaparecido en la Administración central ha generado cerca de quince en los sectores autonómico y local.

El séptimo obstáculo procede del aparato institucional. ¿Cuándo se formularon las denuncias de Carlos Sebastiá? ¿No ha pasado demasiado tiempo de ello? ¿No están ahí los recientes y escalofriantes datos de la reciente publicación del Banco Mundial «Doing Business»?.

¿Quién vigila el gasto?
César Vidal La Razón 2 Agosto 2010

Mis amigos de acá están convencidos de que España resulta económicamente inviable por el gasto salvaje que se arroja sobre cada trabajador productivo. Confieso que su actitud me provoca una cierta ternura porque sólo les he dado unas pinceladas de nuestra situación nacional, pero, en fin, los norteamericanos no podrán comprender jamás que de cada diez españoles uno sea funcionario. Les parece una monstruosidad y, sin duda, tienen sus razones para ello. Naturalmente, desean saber cómo hemos llegado a esa situación. «La clave está en el sistema autonómico», les informo inmediatamente: «En la Transición, se decidió buscar un sistema que fuera federal sin serlo del todo y el resultado ha sido un gasto descomunal». «Pero las Comunidades autónomas tendrán un techo de gasto...», apunta uno incrédulo. «Ninguno», respondo, «gastan lo que quieren y luego piden que el conjunto de la nación tape el agujero». «No puede ser», me interrumpe el economista, «eso no sucede en ninguna parte del mundo. Tiene que haber una fiscalización del gasto y un máximo». «Eso sería lo normal», concedo, «pero no existe tal mecanismo.

En la práctica, hay CCAA que gastan como si fueran un estado independiente, pero con la diferencia de que les pagan las cuentas todos los españoles y cuando se cuestionan sus gastos ponen el grito en el cielo acusando al gobierno de “centralista”». «Cuesta trabajo creerlo...», me dice escéptico. «Sí, es difícil de aceptar porque es un disparate», reconozco, «pero es la verdad». «Vamos a ver. Cataluña...», me dice. «Cataluña representa el 26,5 % de la deuda de las CCAA y tiene garantizadas las infraestructuras para siete años mientras se paralizan en toda España. Por cierto, no para de protestar», le digo. «¿Es Cataluña el 26,5% de la población española o aporta ese porcentaje al PIB?», indaga. «Su aporte al PIB no llega al 18% y su población anda por la octava parte de la total española», le informo. «¡Dios santo!, pero entonces les está robando a manos llenas», dice alarmado el economista, «¿y los vascos?». «Ésos», le informo, «tienen un acuerdo privilegiado en virtud del cual pagan los impuestos que quieren y los demás cubrimos sus gastos. Su sanidad cuesta a cada español dos mil euros al año». «¡Dios santo!», exclama aterrado el economista, «pero ¿qué dinero le queda al estado para cubrir sus planes si Cataluña les vacía los bolsillos y los vascos no pagan?». «Poquísimo», respondo, «a decir verdad, no tiene ni siquiera para cubrir las necesidades básicas de la nación». «Al menos habrá disminuido el número de funcionarios...», se atreve a adelantar. «No», contesto, «el nombramiento de funcionarios es uno de los mecanismos de clientelismo político que existen para mantener el poder en las CCAA». «Pero... pero si las CCAA gastan y gastan y nadie controla su gasto, en la práctica son entidades independientes, pero que viven del estado contra el que despotrican...», dice con la frente perlada de sudor. «No seré yo quien lo niegue», le respondo viendo que ha captado a la perfección la situación por la que atraviesa España. «Entonces... bueno, no deseo ser alarmista», señala casi desencajado, «pero el día menos pensado ese sistema autonómico les va a precipitar en una suspensión de pagos». Podría decirle que el 7 de mayo ya entramos en bancarrota, pero ¿para qué le voy a dar el día?

ETA
Terrorismo y prohibición
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Agosto 2010

Sobre el fondo del griterío de la canalla, de la turba empeñada en votar a los izquierdistas y populares, el espectáculo de los traidores empieza a ponerse interesante. Las declaraciones de los gallos del corral nacional son simpáticas. Graciosas. Es la envoltura para que no veamos las miserias de sus respectivas traiciones. Los gallos coinciden en lo fundamental sobre esa envoltura: la prohibición de los toros en Cataluña y las caricias penitencias a los criminales de ETA no tienen apenas importancia. Traidores.

De Cataluña sale un hedor a mierda y muerte. Mientras el gallo de La Moncloa no opina sobre la prohibición de los toros en Cataluña, el gallito de Génova planteará una bobada en el Parlamento para declarar la cosa de "interés cultural y artístico". No se engañen con la movida de los toros en Cataluña. Todo está perdido. Allí no hay sociedad civil; en realidad, nunca la hubo. Fue otro de los inventos nefastos de la izquierda de las décadas de los sesenta y setenta, algunos incluso insisten todavía en esta patraña, para no reconocer que las tradiciones catalanas, o mejor, el catalanismo, como una visión particularista de amor a la tierra y a las costumbres, no tenían viabilidad institucional y política sin España. Jamás tuvo Cataluña tradiciones civiles decentes al margen de España para construir una sociedad abierta y democrática. Libre.

Por eso, una vez que se ha matado España, la libertad, el espacio público político es ocupado por la chusma y el nacionalismo. Cataluña está ya fuera de la civilización nacional. La aldea catalana está abocada a la miseria, el abismo y la nada. El resto es un griterío de lamentos sensibleros sobre la desaparición de España. Estas pobres gentes, imbéciles políticos y culturales, empiezan ahora a enterarse de las consecuencias del proceso de destrucción más importante que se ha llevado a cabo, en las últimas décadas, de una nación en la Europa contemporánea. Pobres. Ya es tarde. Su fuerza no pasará de gemidos populacheros.

También de El País Vasco sale un hedor a muerte y mierda. Una vez que los socialistas y los nacionalistas, y en los últimos tiempos con la aquiescencia de Basagoiti, lograron expulsar de estas provincias todo lo español expulsable, el proceso de paz, es decir, el parte de guerra periódico sigue adelante. El último lo ha redactado Pérez Rubalcaba, pero surge de la negociación entre Zapatero y los criminales de ETA. Zapatero cumple el pacto con los terroristas y manda a los asesinos más crueles de la banda a las cárceles más cercanas a sus lugares de nacimientos. Y, encima el truchimán de La Moncloa, justifica su decisión en nombre de una noción moral: el arrepentimiento. Imagino que las cárceles están llenas de asesinos que también les pesa en su conciencia, que no otra cosa significa arrepentimiento, haber cometido tan graves delitos; pero, por fortuna, eso no es razón suficiente para concederles beneficios penitenciarios.

Zapatero ha roto con el principio de equidad de toda la población reclusa española como si no pasara nada. Y así es, no pasa nada; él se queda tan pancho y feliz, porque conoce bien al gentío que le vota. Él se sabe fuerte, o sea, justo; Zapatero es un político que sólo cree en un tipo de justicia: la que impone el fuerte al débil. Sí, queridos lectores, Zapatero en este caso no es el fuerte sino el débil. La dulcificación de las penas a los criminales no es una creación del Ejecutivo sino una imposición de la banda criminal ETA a Zapatero. No hay nadie en España, y seguramente en el mundo occidental, capaz de defender con tanta pasión como Zapatero la concepción de la justicia sintetizada por Tucídides con estas palabras: "El examen de lo que es justo sólo se realiza cuando hay la misma necesidad por las dos partes. Donde hay uno que es fuerte y otro que es débil, lo posible es ejecutado por el primero y aceptado por el segundo".

¡El terrorismo ejecuta y Zapatero acepta! Fue así, después del 11-M; y sospecho que el fenómeno se repite, después de la larga negociación entre ETA y el Gobierno de Zapatero.

Símbolos contra el nacionalismo
EDITORIAL Libertad Digital 2 Agosto 2010

El nacionalismo sobrevive gracias a los mitos y a los símbolos. Ambos instrumentos le sirven para engordar cualquier mínima diferencia hasta convertirlo en un "hecho diferencial" entre dos "comunidades nacionales". Si los mitos se demuestran falsos y la fuerza de los símbolos se diluye, los nacionalistas aparecen como lo que son: una escuadra de supersticiosos que utilizan el supuesto amor hacia sí mismos para camuflar el intenso e irracional odio hacia los demás.

Por eso el nacionalismo se encarga de retorcer la historia hasta volverla irreconocible y otorga tanta importancia a elementos como la bandera, el himno, la lengua e incluso en algunos casos la raza. Necesita que la identidad de cada individuo quede definida en función de su adscripción al rebaño nacionalista para, de ese modo, poderlo pastorear con mayor facilidad. Así, cualquier símbolo o rasgo de social que no encaje en su artificial concepto de identidad colectiva es visto como una amenaza, como un ataque a las esencias de la nación, y debe ser eliminado en legítima defensa.

El caso de la victoria de la selección española de fútbol en Sudáfrica fue paradigmático. Miles de aficionados catalanes y vascos salieron a la calle para celebrar el éxito deportivo del equipo de "otra nación", lo cual socavaba la legitimidad misma del nacionalismo catalán y vasco. Por eso, durante los días de las celebraciones no fueron excepcionales las agresiones a quienes manifestaban un "exceso de españolidad" y a las pocas semanas incluso se ha intentado iniciar una persecución institucional contra parte de la ciudadanía –en concreto, contra los taxistas barceloneses que osaron exhibir la bandera española.

Lo mismo cabe decir de la prohibición de los toros en Cataluña impulsada por los diputados nacionalistas. Empleando como excusa motivos animalistas –ideología que por otros motivos también supone una grave amenaza contra las libertades individuales–, se ha logrado acabar con las corridas de toros en toda la región catalana a partir de 2012. Dado que los ingenieros nacionalistas construyen su identidad catalana enfrentada a cualquier rasgo que suene remotamente español, las corridas de toros –que no cualesquiera otras formas de "maltrato" animal– debían desaparecer de su "nación".

Sin embargo, el ansia totalizadora del nacionalismo es tal que puede que terminen perdiendo la apuesta. Cada vez se va evidenciando de una manera más descarada que el nacionalismo va de la mano del prohibicionismo y del intervencionismo, lo que equivale a decir que la nación de la que ansían desgajarse, España, va identificándose más con el liberalismo y la libertad.

La extrema dependencia que tiene el nacionalismo de los símbolos podría terminar pasándoles factura si adquieren una bien merecida imagen de censores y represores. Los gritos de 'libertad' en la Monumental son gritos contra el nacionalismo; no porque los aficionados estén inmersos en una campaña ideológica o política, sino porque la bota que les aplasta y contra la que se rebelan es a todas luces la del nacionalismo.

Sólo cabe esperar que este movimiento de destape del colectivismo nacionalista prosiga y se amplíe a todos los ámbitos de la sociedad donde su nefasta intervención ha dejado impronta. Necesitamos más símbolos de resistencia y de lucha contra la verdadare cara del nacionalismo: la opresión.

El presagio de la abolición
JUAN CARLOS VILORIA El Correo 2 Agosto 2010

La abolición de las corridas de toros en Cataluña puede ser un desatino, un atropello a la libertad individual, un desprecio a la cultura común compartida, pero por encima de todo es un síntoma. Si la nueva aristocracia nacionalista ha sido capaz de abducir a un cordobés de nacimiento como Montilla para abrir el camino de la prohibición. Si los señores de la guerra identitaria se han permitido un gesto de provocación como proscribir de su territorio una fiesta y un rito sin el que no se puede entender la historia de España desde 1650. Si menosprecian desde su escaño la simbología del legendario 'uro', el eros y el tanatos del alma ibérica o, según José Bergamín, «ese raro, misterioso espectáculo español bárbaro y cruel cuya extraña belleza traspasa esa crueldad». Si después de serrar las patas del toro metálico de Osborne en algunos altozanos de la meseta no han tenido empacho en borrar la memoria de los trazos taurinos de Goya, Picasso, y Miró, ¿dónde hallarán el límite en su enfermiza cruzada de disolución identitaria?

El pueblo llano tardó siglos en desbancar a la nobleza feudal de su despotismo económico y hegemonía social. Hasta finales del siglo XVIII el pueblo no ocupó su lugar en la lidia y en los tendidos cuando los de 'a caballo' cedieron el lugar a los de 'a pie'. Pero la nueva aristocracia nacionalista catalana omnipotente, desafiante, altiva, soberbia ha puesto en marcha el reloj del tiempo a contrapelo de la historia. Ni siquiera los Papas del Renacimiento llegaron tan lejos porque el mismo Pío V que en 1567 emitió la Bula de Salutis Gregis Domicini prohibiendo «las luchas con toros y otras fieras en espectáculos públicos y privados» esgrimió razones humanistas para preservar la integridad física de los lidiadores, no el animalismo sobrevenido y cínico de diputados carnívoros aficionados a la butifarra.
Un poco de sosiego habría permitido a estos señores de la guerra identitaria evaluar si merece la pena la humillación y el ultraje a tantos aficionados o indiferentes al espectáculo taurino pero vinculados por las emociones plásticas, históricas y culturales a la lidia.

Recuerdo a dos grandes amigos periodistas especializados en la crónica de toros, Joaquín Vidal y Paco Apaolaza, y siempre he pensado, paradójicamente, que su amor por la pureza de la fiesta, su exigente e insobornable pasión por la verdad del toreo habrían hecho más por el ocaso de un espectáculo cada vez más industrializado y comercial que todos los prohibicionistas juntos. Apaolaza y Vidal clamaban por el torero cargando la suerte y el toro íntegro en la arena. Pero también habrían denunciado la hipocresía de los que dan la puntilla a la fiesta y se solazan con toros embolados y ensogados víctimas de topetazos de borrachos, despeñados con arena en los ojos por el adoquín de otras plazas.

Democracia a la catalana
José Carlos Rodríguez Libertad Digital 2 Agosto 2010

Lo ha dicho Joan Puigcercós, amigos. "Una sociedad democrática avanza cuando prohíbe". Extraordinario. Seis palabras le han bastado para definir en una frase, sujeto verbo y predicado, ¡Tantas cosas! Pues, yendo por lo más filosófico, como le gusta a Puigcercós, estamos, así es, en la plena sustitución del ideal liberal, que es la preeminencia de leyes que favorezcan una igual libertad para todos, frente al democrático, que es la tiranía de la mayoría. Ese ideal, el democrático, avanza a medida que va prohibiendo e imponiendo lo que quiere la mayoría. Si la mitad larga lo puede todo, no hay ley, vieja o nueva, justa o injusta, ni hay derecho legítimo que se le ponga por delante. Este hombre es un Kelsen; justo lo que necesita el nacionalismo catalán.

Claro, que un poco más cerca de la tierra, de la tierra catalana, esa frase es testimonio fiel no sólo de la conclusión última del principio democrático sino más bien de una forma particular de entender la democracia. Para los nacionalistas, como para la izquierda, sólo un sector de la población tiene derecho a ejercer el poder, y una vez instalado en él, puede hacer lo que quiera. Y el programa nacionalista pasa por prohibir a mansalva, prohibir a diestro y siniestro, desde la cuna hasta la tumba y desde el trabajo hasta la alcoba. Ciento y poco años de nacionalismo a base de definir el auténtico ser de Cataluña, y resulta que lo que le caracteriza es la prohibición. Es un nacionalismo en parte contradictorio, pues en lugar de abrazar con generosa dilección a toda la sociedad catalana, desprecia a una parte de ella, que considera enferma y prescindible, y le metería el bisturí hasta el fondo. Esa es la identidad de Cataluña; la prohibición. Nos lo ha dicho The Economist, pero los nacionalistas nos lo llevan diciendo décadas, con su política.

Se ha prohibido el toreo en Cataluña. Vanas son las llamadas a la tradición de la lidia en esta región, porque los nacionalistas no la desconocen; sólo la desprecian, por española. Y ante eso no hay razón que valga. Todo el mundo identifica, a veces hasta extremos estereotipados y ridículos, a los toros con España. Ahora también al fútbol, pero eso no lo van a prohibir. Esta estocada en las libertades de los catalanes da la medida exacta de lo que es el Estatuto de Cataluña; una constitución a lo Kelsen, del todo vale desde el poder, mientras venga referido a una norma suprema. Es la manifestación folclórica, vistosa y polémica de mil imposiciones que ampararán las leyes en Cataluña, y marca el futuro de aquella región española. Una degradación consentida, sí, democráticamente. Pero degradación al fin.

José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

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Una nación de quita y pon
Pedro González-Trevijano Rector de la Universidad Rey Juan Carlos. La Voz 2 Agosto 2010

La clase política sigue empeñada en abrirse nuevos frentes. No parece importarles demasiado la severísima crisis económica que atenaza a los ciudadanos españoles. Ella, erre que erre, a lo suyo: el regate corto, los intereses de bandería, la obsesión de los réditos electorales cortoplacistas, la postergación del otro? Yo pensaba que la presente situación obligaría a amplios sectores de la misma a replantearse las cosas, pero, por lo que parece, no es así. Desconozco si es que la situación, aún estando mal, tiene que ponerse todavía peor para, en plena catarsis nacional, descender a la arena, recuperar el pulso de la normalidad y atender a las cuestiones que realmente importan a una ciudadanía apesadumbrada y desencantada. El futuro lo dirá.

Viene esto a raíz de las últimas declaraciones del Gobierno de la nación, su presidente y vicepresidenta primera, tras conocerse el texto de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el malhadado Estatuto de Autonomía de Cataluña y las extemporáneas amenazas recibidas desde la Generalitat . La sentencia, a pesar de sus comprensibles críticas, podría haber sido el punto final de un embrollo que nunca debió, por inútil y artificioso, haberse producido. Hubiera sido el momento oportuno, en suma, para pasar la página a una aventura innecesaria y frentista. Pero, por lo que se constata, no es así.

Poco interesa que la sentencia, ya sea en su ratio decidendi, en sus obiter dicta o en su fallo , deje claras las intangibles líneas de constitucionalidad de la Carta Magna de 1978. Esto es, que no hay más nación que la nación española; que el poder constituyente y la soberanía se encuentran en el pueblo español; que los estatutos de autonomía no son constituciones; y que existe el derecho a usar el castellano en cualquier parte del territorio nacional. En fin, lo que cualquier intérprete juicioso habría esgrimido desde un primer momento. Pero está visto que, como en el grabado de Francisco de Goya, el sueño de la razón sigue produciendo monstruos.

Y así, ya que el Tribunal Constitucional no ha santificado la pretensión de la nación catalana -por más que haya sido no dando relevancia jurídica al preámbulo del Estatuto de Autonomía-, se anuncia ahora una reforma de la Constitución para atribuir el carácter de nación a Cataluña. ¡No me negarán que no es genial! Poco les importa a estos avezados padres constituyentes que la conformación de novísimas naciones políticas -con la excepción de la balcanización de la extinta Yugoslavia- sea de otro tiempo; poco los amilana que las nociones doctrinales de Madame de Stäel y Manzini se desarrollaran en otro contexto político, y además en el ya lejano siglo XIX; y poco les incomoda que en la Constitución de 1978 solo quepa una nación política: la nación española. La que, en uso de su soberanía, se dio, precisamente, su norma fundamental de convivencia. Una nación, la española, en la que descansa exclusivamente la soberanía.

¡Aquí todo se relativiza si hay elecciones a la vuelta de la esquina! Que hay que prometer desmantelar las ideas básicas de la Constitución de 1978, no importa. Que hay que poner en discusión los conceptos nucleares del derecho constitucional y la ciencia política, qué más da. Que hay que instar un proceso agravadísimo de revisión de la Constitución, para el que por cierto no se tiene mayoría, tampoco es un reparo. Lo que es significativo es la preservación de las cuotas respectivas de poder. Entretanto, los españoles recordamos los versos del poeta catalán Gabriel Ferrater: «Que es arte difícil ser decente/ y decente quiere decir solitario, lejos de strip-tease fraternarios».

ETA: Plan de jubilaciones
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 2 Agosto 2010

EL último engaño de Zapatero es también uno de sus primeros: el «proceso de paz». ¿Recuerdan cómo en 2006 nos decía que la negociación con ETA traería la paz a Euskadi? ¿Y cómo acabó, con dos muertos en Barajas? Bueno, pues ahora tiene la cara de decirnos que «aquello fue un instrumento para acelerar las condiciones para ganar esa batalla y ver el final de la violencia». Cuando lo ocurrido fue justo lo contrario: que aquello trajo el final de las negociaciones y el comienzo de un acoso a ETA con todas las armas policiales y judiciales, como todos los expertos aconsejaban. Pero ese cambio no fue producto del «plan de paz» de Zapatero. Fue producto de las ansias asesinas de ETA, que, como el escorpión, mata incluso cuando no conviene a sus intereses. Si fuese por Zapatero, estarían todavía negociando y ETA disponiéndose a participar en las próximas elecciones. No olvidemos que ZP llegó a calificar el crimen de Barajas de «accidente», y sólo el revuelo armado le obligo a rectificar.

Que Zapatero mienta, tergiverse, distorsione, no debe extrañar. Lo extraño sería que dijese la verdad. Pero las circunstancias en que viene envuelto este segundo engaño lo agravan: si antes quiso negociar con ETA ofreciéndola beneficios políticos, ahora intenta acabar con ella ofreciendo a sus presos beneficios penitenciarios. Todos esos traslados de etarras condenados por decenas de asesinatos a cárceles en el País Vasco, con permisos diarios de salida para realizar cursos de formación profesional y otros privilegios, forman parte de la nueva estrategia gubernamental para acabar con la banda terrorista «por las buenas». Rubalcaba, que es a Fouche lo que Zapatero es a Maquiavelo en versión del PSOE actual, cree que esa es la forma de lograr la desintegración interna de la banda. Claro que antes creían que la fórmula era llevar a De Juana a San Sebastíán en helicóptero, para que pudiera ducharse tranquilamente con su novia, con la que se le ha perdido el rastro, incluso para asesinar.

Porque todos esos asesinos históricos estaban ya amortizados para la banda, aparte de hallarse a buen recaudo por más años de los que vivan. Pero si los jóvenes abertzales les ven llegar un día a sus herriko tabernas, con las medallas de sus asesinatos en el pecho, tras el simple trámite de firmar una carta circular en la que se arrepienten de sus crímenes, aseguran haber abandonado la banda y prometen pagar una indemnización a sus víctimas, sin que éstas hayan visto ni oído nada de ello, esos jóvenes abertzalespueden verse animados a ingresar en ETA, hasta que les toque licenciarse en tan favorables condiciones.
En realidad, el «plan de paz» de Zapatero es un plan de jubilación para los etarras.

Traición a los muertos
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Agosto 2010

No es difícil imaginar el desplome interior de los etarras en las largas noches de la cárceles. De los que cometieron asesinatos y de los que ayudaron a cometerlos.

Porque para todo preso el Estado —aun el gobernado por el PSOE y sus fiscales— es un terrible Leviatán. Así que para sustentar a sus presos ETA se ve obligada a emplearse muy a fondo imponiendo su disciplina y, de esta manera, el etarra encarcelado es doblemente preso: por el Estado y por ETA. Uno le niega la libertad y el otro la conciencia. Una situación en la que el Estado tiene todas las de ganar a no ser que renuncie a su poder, esto es, a la aplicación de las condenas que en su día impusieron los jueces. Y esto es lo que, desgraciadamente, está sucediendo en estos momentos. Las cartas de arrepentimiento que están firmando decenas de etarras están llevando al Gobierno a unas concesiones no sólo vergonzosas sino ilegales. Con la disculpa de dividir a los presos de ETA, Prisiones está concediendo a los arrepentidos el traslado a Nanclares de Oca (Alava), la aproximación a los familiares, la cohabitación con la compañera, la salida semanal y ¿por qué no? la concesión del tercer grado y de la libertad provisional. Porque ya se han dado casos de excarcelación.

El acercamiento de etarras al País Vasco es la repetición de la jugada que intentó Jaime Mayor si bien nunca se llegó a hablar de posibles excarcelaciones. No como un modo de debilitar a ETA como dice Zapatero sino como un argumento de distensión. Al emprender esta política el Gobierno lleva a cabo una política no sólo lesiva para las víctimas sino para la propia sociedad; al perpetrar esta agresión contra la voluntad de los Jueces conculca el Estado de Derecho y viene a dar la razón a ETA, es decir, a la organización que mata para destruir el Estado y sustituirlo por el suyo. El relativismo llevado hasta estos extremos por el Gobierno es atentado contra la Nación y traición a los muertos.

ETA
Negociar la reelección
Emilio Campmany Libertad Digital 2 Agosto 2010

José Luis Rodríguez Zapatero ha dicho que el acercamiento de presos etarras al País Vasco también tiene el objetivo de acabar con la banda terrorista. La afirmación parece una memez. Sin embargo, en este caso, no lo es tanto. En cambio, el editorial de El Mundo que acompañaba este domingo la noticia de que 19 etarras han sido trasladados a la prisión de Nanclares de Oca, al mostrarse partidario de los acercamientos y crítico con las excarcelaciones, sí es un poco memo.

Uno de los recursos de los que dispone el Estado para debilitar a una organización terrorista que lo asedie es la política penitenciaria. Por eso, nuestras leyes dejan amplio margen al Ejecutivo en este asunto, que debería estar en manos del Poder Judicial. Sin embargo, la razón de ser de esta confianza que se deposita en el Gobierno presupone que éste la empleará para combatir a la banda. El alejamiento y la dispersión de los presos no es un castigo extra por ser terroristas los condenados. Su finalidad es minar su capacidad de resistencia propiciando su disposición a "arrepentirse", que no ha de implicar propiamente un acto de contrición, sino ofrecerse a colaborar con las fuerzas del orden en perseguir a sus antiguos compañeros. Si el condenado careciera ya de información útil, servirá al menos para sustraerle de la disciplina de la banda. Por último, la petición de perdón, el arrepentimiento público, reales o fingidos, constituirán un golpe para la base de simpatizantes de que disponga la organización terrorista.

Si los acercamientos y las excarcelaciones se llevan a cabo con esta óptica, la táctica puede ser útil y arrojar algunos resultados positivos. Pero esto no es lo que está haciendo el Gobierno. Sobre estos acercamientos pesa la casi certidumbre de que se trata de concesiones que el Gobierno está haciendo como gestos de buena voluntad para hacer que la negociación avance o para ablandar la intransigencia de algunos dirigentes de la banda o ambas cosas a la vez.

Por eso, cuando Zapatero dice que los acercamientos tienen como objetivo acabar con la ETA, no está pensando en debilitarla o destruirla o aniquilarla, sino que sabe que son flecos de una negociación con la que espera conseguir que la ETA voluntariamente se disuelva. Esto no es precisamente lo mismo que "acabar" con ella.

Y es una lástima que El Mundo, que es quien da la noticia, no se fije en esta cuestión y atienda sólo a los principios para decir la memez de acercamientos, sí, excarcelaciones, no. Porque, como se ha visto, las excarcelaciones pueden ser un recurso táctico útil en la lucha antiterrorista, y los acercamientos pueden, como es el caso, ser estúpida moneda de cambio en una insensata negociación con ETA.

En conclusión: están negociando, están cediendo y esperan "acabar con la banda" a base de darles parte de lo que piden. ¿Y cuánto cederán? Me temo que mucho, pues la debilidad de Zapatero es cada vez mayor y en la firma de esa paz con ETA descansa su última esperanza de reelección. La cuestión no es acercamientos, sí, excarcelaciones, no. La cuestión es por qué se acerca y por qué se excarcela. Y se está haciendo por lo que no debe hacerse, porque se está negociando. Esta es la cuestión.

¿Quién mató a mi hermano, Señor Zapatero?
TERESA JIMÉNEZ BECERRIL ABC

Según Rubalcaba, los terroristas que cumplen condena en Nanclares de Oca por pertenencia a banda armada no son de ETA. O este hombre se cree que los españoles somos tontos de baba o tiene una poca vergüenza que traspasa todos los límites. Presos que responden al nombre de Andoni o al apellido de Astarloa no pueden ser terroristas que matan inocentes en nombre del dios del Islam, y si están en la cárcel por delitos terroristas, me puede usted, señor ministro, explicar a mí y a media España por qué de la noche a la mañana, gracias a su benevolencia, estos asesinos etarras han dejado de serlo y, por consiguiente, salen a estudiar o trabajar, según les plazca, saltándose el tercer grado y disfrutando de la vida en libertad de la que no pueden gozar aquellos a los que ellos mataron cuando quizás fueran de ETA. Me imagino que no se atreverá usted a decirle en la cara a las víctimas de estos etarras (yo sí les llamo etarras, ayer, hoy y mañana) que quienes acabaron con los sueños de sus maridos, hijos y hermanos no lo hicieron en nombre de ETA y de esa tierra prometida que tantos españoles han defendido con su sangre.

Deberíamos saber la identidad de estos siete etarras privilegiados y también conocer la de sus víctimas. Aunque la mala conciencia prefiera el anonimato, es muy importante ponerle cara al dolor de las víctimas que no prescribe y que se consuela al calor de la justicia, desesperándose cuando, como ahora, ésta se pliega a los intereses de gobernantes que pretenden que un vergonzoso e injusto pacto con la ETA les ayude a recuperar la confianza de su pueblo. No es abriendo las cárceles para que salgan los etarras disfrazados de laboriosos ciudadanos de bien como usted va a salir reelegido, señor Zapatero, por mucho que sus ministros, fiscales y jueces afines le ayuden en esa ingrata y repugnante tarea. A usted ya no puede ayudarle ni una ETA colaboradora ni nadie, porque ha perdido el crédito mínimo que un gobernante necesita para afrontar un nuevo ciclo de poder, así que váyase con gloria y no se arrastre de nuevo ante esas alimañas que tanto daño le han hecho a su nación, porque España es, a su pesar, su única nación.

No tengo ni idea de cuál es la nueva estrategia antiterrorista del Gobierno, pero lo que veo es que dista mucho de esa proclamada derrota de la que tanto presume Zapatero. ¿Acaso se derrota a ETA permitiendo que los terroristas abandonen la cárcel y vivan como usted y yo, que no hemos matado ni a una mosca? ¿Cree Rubalcaba que la intención de pagar las indemnizaciones a sus víctimas es suficiente aval para librarse de una condena que debería ser cumplida íntegramente y sin beneficios? Todo este baile de etarras que juegan a buenos y malos es una humillación constante, no sólo a las víctimas, sino a todos los españoles. Nadie se salva en España de la confusión, nada es lo que parece, no lo fue la crisis, que se ocultó bajo el eufemismo de desaceleración, no lo es el camino hacia la independencia a la que se llama nación política y no lo son los crímenes de ETA, los que dejan de serlo simplemente porque sus asesinos pidan un perdón que al parecer solo sabe el señor ministro, porque sus víctimas declaran que a ellos nadie les ha pedido perdón. Esta es nuestra España de hoy, donde se detiene a etarras para luego soltarlos.

No me negarán que las víctimas tienen todo el derecho del mundo a estar indignadas y a seguir reclamando justicia en la calle o donde quiera que alguien las escuche. Porque si se callan, como quieren quienes desean apagar las luces mientras hacen el golpe de magia de librar a los etarras de sus culpas, dentro de poco no quedara un terrorista preso y bastarán un par de líneas con un falso «cuanto lo siento» para que se les abran las puertas de la libertad y de la respetabilidad. Es como si los nazis que gasearon a millones de judíos dejaran de serlo por el simple hecho de haberse arrepentido de sus actos. No sabía que el arrepentimiento fuese un atenuante tan potente. ¡Cómo se enteren los reclusos no va a quedar nadie dentro! Me pongo en la piel de las víctimas de estos etarras de Nanclares de Oca y pienso en el día que Rubalcaba o el de turno tengan el valor de decir que quienes dispararon por la espalda a mi hermano y a su mujer no son de ETA. Reconozco que mi paciencia tiene un límite y este Gobierno sin valores, sin decencia y sin vergüenza la esta agotando. Y no solo la mía, sino la de todos los españoles de bien que como yo ansían un mañana sin ETA y sin terroristas que asesinan, pero ese escenario vendrá cuando los asesinos sepan con seguridad que no aparecerá ningún ministro ni nadie a abrirles las puertas de sus celdas en las que cumplirán íntegras las condenas que el juez les impuso en su día y lo harán sin gozar del más pequeño de los beneficios.

Una fiesta nacional
José María MARCO La Razón 2 Agosto 2010

Muchos observadores de la vida catalana dicen, y no hay razón para no creerlos, que las corridas de toros estaban extinguiéndose en aquel país. Así lo confirma el aforo, apenas terciado, de la reciente corrida reivindicativa celebrada en La Monumental. Aceptada esta hipótesis, cabe preguntarse por qué los nacionalistas han forzado un proceso que estaba llegando, por sí solo, a su final.

Hay una primera explicación, y es un brote súbito e irresistible de sensibilidad. La empatía hacia los pobres toros era tal que a no más tardar había que darle la puntilla –es la última metáfora que me permitiré– a un festejo tan cruel. Esta hipótesis queda descartada porque los catalanes siguen practicando la tortura animal, en formas aún más bárbaras que las corridas, sin que el «Parlament» haya intervenido para impedirlas. De haber ido todo en el mismo paquete, los «correbous», las corridas y cualquier otra forma de violencia contra los animales, la polémica habría quedado desactivada sin apelación posible.

Otra posibilidad es que la corrida haya sido elegida por el nacionalismo como forma de movilizar y aunar voluntades. El nacionalismo requiere, al menos de tiempo en tiempo, algún enemigo exterior. España, la verdad, ya no es lo que fue, y ni el Tribunal Constitucional, ni siquiera el PP sirven como reencarnación de Espartero, que bombardeó Barcelona, o del pobre Azaña, que, recordando a su progresista antecesor, se permitió decir que era una ley de la historia de España que había que bombardear Barcelona cada cincuenta años. Hoy en día la gente no da tanta importancia a lo que ocurra en Cataluña, o sea que había que escoger un símbolo que pudiera suscitar reacciones, a ser posible viscerales. Ninguno mejor que los toros, la «fiesta nacional».

Aunque las respuestas han resultado sumamente pausadas y elaboradas, ha bastado con ellas para unir al nacionalismo contra «Madrit»… en lo que ha sido una fiesta nacional auténtica. Y como el nacionalismo parece estar cada vez más fragmentado y las perspectivas electorales de parte del nacionalismo no son demasiado halagüeñas, los toros eran la coartada perfecta, sumamente mediática además, para escenificar la unidad y los valores de la nación catalana y los de quienes dicen representarla en exclusiva, que son los nacionalistas. (–¿Cuáles? –Hombre, los que están contra los toros –¿Sabía usted que Ernest Renan, un gran escritor francés del siglo XIX, aconsejaba no investigar demasiado en el origen de las naciones porque siempre se encuentra sangre, demasiada sangre? –Ya, la de los «correbous», la nuestra.)

La última hipótesis es la más obvia: el «Parlament» ha acabado con un símbolo nacional español. (España no es una nación, pero tiene símbolos nacionales. Es curioso.) Lo interesante en este caso son las consecuencias, y aquí todo el mundo las entiende. Según la votación del «Parlament», los catalanes no son españoles. Todo un desafío para esa nueva España, la nación de naciones o la España postnacional con la que sueñan en el PSOE. El PSOE de Rodríguez Zapatero y de Felipe González. De ambos.

Alumnos procedentes de Japón y Estados Unidos se formarán en lengua española en la UIMP
Llegarán estudiantes de las universidades de Seisen (Denver) y Kanagawa (Tokio)
 Ep www.lavozlibre.es 2 Agosto 2010

Madrid.- El Campus de Las Llamas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) recibe esta semana a un total de 205 nuevos alumnos que, durante el mes de agosto, se formarán en 'Lengua y cultura española'. Del 2 al 8 de agosto también se impartirán dos nuevos cursos de formación de profesores de español y finalizará el Máster de Enseñanza del Español como Lengua Extranjera (ELE). Los alumnos que cursarán del 2 al 27 de agosto el intensivo de 'Lengua y cultura española', procedentes de la Universidad de Seisen, en Denver (Estados Unidos), y de Kanagawa, de la Universidad de Tokio, entre otros países, tendrán durante su estancia lecciones de gramática, español de los negocios, economía española, cine y política y traducción.

Asimismo, contarán con viajes y salidas académicas a distintos puntos de la región, así como con talleres de danza española, cocina, doblaje, cortometraje y un laboratorio de palabras e ideas. Además, con el objetivo de mejorar las destrezas comunicativas de estos estudiantes extranjeros y de fomentar su relación con otros chicos españoles, la UIMP acogerá el jueves en su Campus de las Llamas una nueva cita del intercambio lingüístico 'Hablamos'. El encuentro, organizado en colaboración con la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) de Santander, tendrá lugar a partir de las 19 horas.

Del 2 al 13 de agosto se desarrollará en la sede de Las Llamas el seminario de Formación para Profesores de Español y Lenguas Extranjeras (FPELE) 'Curso de actualización para profesorado de español de la UE: El uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la clase de español', organizado en colaboración con la Consejería de Educación de la Embajada de España en el Reino Unido e Irlanda y perteneciente al Programa Comenius, que tiene por objeto reforzar la dimensión europea en el campo de la educación infantil, primaria y secundaria, promoviendo la movilidad y la cooperación entre centros educativos.

Los 33 profesores matriculados en el curso recibirán clases teóricas y podrán realizar actividades fuera del aula, como una visita guiada por Santander, una excursión a Puente Viesgo y a la Vega de Pas o un paseo en goleta por la bahía. Además, el jueves a partir de las 17.00 horas tendrá lugar un 'Encuentro Internacional de Profesores' en el Palacio de La Magdalena, en el que se unirán maestros de Cantabria y del extranjero.En colaboración con el Instituto Cervantes tendrá lugar los días 6 y 7 de agosto el curso 'La web 2.0 en el aula de ELE', cuya finalidad es calibrar la utilidad de los distintos recursos que ofrece la herramienta 2.0 en función de las necesidades particulares de cada situación de enseñanza y aprendizaje y familiarizarse con los principales portales y foros sobre ELE que posibilitan una formación continua gratuita y de calidad.

Finalmente, el Máster en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera (ELE), que dirige la profesora titular de la Universidad Pompeu Fabra Lourdes Díaz, concluirá el viernes. De esta forma, los alumnos del segundo año darán por terminado el Postgrado mientras que los alumnos del primer curso volverán el próximo verano para terminar su formación.

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