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Recortes de Prensa   Jueves 5 Agosto  2010

 

Un pésimo cumpleaños
Editorial www.gaceta.es  5 Agosto 2010

Al cumplir hoy 50 años de edad, José Luis Rodríguez Zapatero se presenta ante los españoles como un presidente en estado de suma debilidad política.

Con serias incertidumbres sobre su futuro en el cargo y –fundamentalmente– con un historial de mal gobierno y sectarismo ideológico que se sustancia en su absoluta pérdida de credibilidad a ojos de la opinión pública. Lamentablemente, el estado de postración de Zapatero guarda una relación de causalidad directa con el momento de crisis económica, política, institucional y moral que padece la propia nación española.

Ni siquiera la mejor de las voluntades puede extraer luces del legado uniformemente sombrío de Zapatero en su 50 aniversario. Baste para ello pensar en el momento en que, frisando los 40 años de edad, Zapatero cobró visibilidad pública como secretario general del PSOE: si por aquel entonces, España atravesaba una etapa de expansión, consolidación, bienestar y optimismo nacional, hoy aquel país que sorprendió al mundo es una de las naciones desarrolladas con peores perspectivas económicas es un Estado vulnerado en su misma cimentación constitucional y con el riesgo cierto de convertir en una ruina la obra colectiva de la Transición.

Si Zapatero buscó posar en un principio como un reformista de la izquierda, e incluso como un moderado con postulados básicos como el diálogo y el talante, la realidad de su ejecutoria muestra que su habilidad mayor ha sido la del engaño y la discordia. En primer lugar, nunca ha querido gobernar para todos los españoles, sino que ha fomentado la división entre la ciudadanía, removiendo heridas del pasado, deslegitimando a los millones de ciudadanos de la derecha española del otro lado de un intolerable cordón sanitario, y dificultando la convivencia con su irresponsabilidad en la gestión del Estado autonómico, notablemente en lo concerniente a su frívolo impulso al nuevo Estatuto catalán.

En segundo lugar, Zapatero ha roto todos los consensos que venían sosteniendo tanto la acción del Gobierno como la dinámica social: si el Ejecutivo zapaterista ha dado giros de 180 grados en temas como la responsabilidad en el gasto público o las relaciones internacionales, el intervencionismo moral del presidente también ha roto acuerdos básicos de la sociedad española en cuestiones de tanta relevancia ética como la institucionalización del aborto libre o el matrimonio homosexual. El cariz liberticida y las injerencias inicuas en la autonomía del individuo han sido una constante del zapaterismo, desde medidas como la prohibición de los toros en Cataluña –tácitamente respaldada por Zapatero– hasta una política educativa empeñada en emponzoñar de progresismo a las jóvenes generaciones, al tiempo que se las suma en la ignorancia y en el desafecto a cualquier idea de España.

Ejemplo señero de los peores vicios de una clase política endogámica, ultrapartidista, sin sentido de Estado, ajena a la meritocracia y sólo atenta a mantenerse en el poder, el Zapatero que llegó al Gobierno con una notabilísima falta de madurez y de formación ha confirmado la vieja suposición de que la vacuidad, la frivolidad y la ignorancia son terrenos sembrados para el mal. No en vano, uno de los impulsos más decididos de la vida política de Zapatero se ha verificado en los distintos procesos de negociación con el terrorismo de ETA, procesos en los que Zapatero no sólo ha roto la continuidad en el éxito del acoso estrictamente legal y policial a la banda armada, sino que ha logrado soliviantar a las víctimas de ETA, patrimonio espiritual de todos los españoles y piedra de legitimidad de nuestro sistema de libertades, tanto con su diálogo con la banda como con las medidas de beneficios penitenciarios tomadas en los últimos tiempos. Sin duda alguna, es en su legado económico donde más visible resulta para la opinión pública la calamitosa gestión de Zapatero, gestión que ha recibido la condena unánime de los mercados internacionales y que ha obligado a tomar cartas a organismos como la Unión Europea.

La propaganda de preocupación social característica de la demagogia socialista encuentra su mayor desmentido en lo que es, precisamente, una catástrofe social sin precedentes: Zapatero ha doblado la tasa de desempleo, que cuenta ya con más de cuatro millones y medio de parados y se sitúa en el entorno del 20% de la población activa. En nuestras cuentas públicas, hemos pasado del superávit al déficit propio de quien gasta el doble de lo que ingresa. El consumo va a la baja, y seguirá así tras la reciente subida indiscriminada del IVA, que además ha de repercutir negativamente en nuestra calidad de vida. En 2010 dejaremos de ser la octava potencia económica del mundo, y seremos la única potencia todavía en recesión. Nuestra renta per cápita vuelve a estar por debajo de aquello que fue un logro de envergadura histórica: igualarla a la media de la Unión Europea. Por otra parte, Zapatero, rehén por largo tiempo de los sindicatos más inmovilistas de Europa, sólo ha rectificado en su política económica cuando ha sido obligado a ello por instancias internacionales, perdiendo la legitimidad de su programa de Gobierno y recorriendo una trayectoria difícil de empeorar, de la demora y la mala ideación de su reforma laboral a las vacuidades de su economía sostenible o los costosísimos equívocos de una política energética puramente propagandística.

El Zapatero que cumple 50 años lleva demasiado tiempo ya en el Gobierno, a cuya Presidencia llegó con la mancha original de la utilización política del atentado más sangriento y menos explicado de la historia de España y de Europa. Al presidente ya no le quedan más tacticismos ni más improvisaciones a las que recurrir: empeñado en agotar su presidencia, los españoles están hartos de un presidente que nunca ha estado a la altura. Así lo reflejan incluso las encuestas del CIS, organismo de férrea obediencia socialista, que sin embargo mostraron ayer mismo cómo Zapatero se ha despeñado en la estima de la opinión pública frente al avance del Partido Popular. La marcha de Zapatero es el único consuelo que hoy por hoy se le ofrece a un país que rara vez recibió tanto mal de una sola persona.

Camino por recorrer…
Francisco Segura Minuto Digital 5 Agosto 2010

Desde antes de la muerte del generalísimo Franco, los que se consideraban perdedores de la guerra civil, mayoritariamente vascos y catalanes, estuvieron haciendo una intrigante labor antiespañola en Europa y América.

Como españoles de provincias que llevaban siendo privilegiadas hacía decenas de años, los catalanes y vascos viajaban y se relacionaban en el extranjero mucho más que la media del resto de españoles.

Estuvieron sembrando o vendiendo la idea apócrifa de que eran pequeñas naciones invadidas y subyugadas por la España de la inquisición. Si coincidías con ellos en el extranjero, te negaban el saludo, se negaban a hablarte en español y escenificaban estar sometidos a España, siempre en presencia de terceras personas del país en cuestión.

La oposición mundial a la dictadura del caudillo Franco y los sucesivos famosos iluminados izquierdistas Kennedy, Billy Bran, Carter, Simón Peres, etc. propiciaron y consolidaron la idea de que en España se torturaba a opositores, y se marginaba y encarcelaba a aquellos catalanes y vascos que se manifestaban como tales.

Esta mercancía averiada sigue siendo comprada por muchos grupos de presión, por muchos colectivos de todas partes, incluido gran número de judíos, que creen firmemente que Cataluña no es una región sino una nación que debe conseguir su independencia.

Creo que en lo relativo a éste último punto podemos hacer bastante más. Los judíos en España se han organizado desde Cataluña, por lo que están contaminados de ese separatismo joven y de diseño.

Pero la herencia judía y la simpatía creciente por Israel y lo judío, está en toda España. Solo hace falta separar mentalmente a lo judío de lo catalán y lo antiespañol. Es de suponer que algo de antiespaña les debe quedar a los judíos. Pienso que si a mis tatara…abuelos los hubiesen expulsado por ser judíos (no por ser asesinos potenciales como otros), a mí me quedaría rencor contra los causantes de la tropelía.

Por tanto, lo primero que debemos hacer es empezar a sumar apoyos internacionales, revertiendo los intereses creados durante años de labor de zapa catalana o vasca. Tenemos a mano un colectivo creciente bastante “virgen” entre los que se sienten o, mejor, nos sentimos descendientes de judíos españoles, sin demasiados indicios para ello, pero que nos atrae la valentía de un pueblo, muy nuestro, perseguido y amenazado, que consigue frenar el avance islamista con sacrificios dolorosos.

Queramos y captemos a nuestros compatriotas judíos o simpatizantes, desenganchándoles de esa peregrina idea de que Cataluña es una nación con derecho a independizarse, en lugar de una región privilegiada y mimada que pretende ser hegemónica y colonizadora del resto de España

Elecciones, confianza y censura
Juan Van-Halen, www.gaceta.es 5 Agosto 2010

Las posibilidades constitucionales de que los españoles salgamos de la situación de agotamiento político son tres, aparte de cargarnos de paciencia:

1) que el presidente disuelva el Parlamento y convoque elecciones generales (art. 115 de la Constitución); 2) que el presidente se someta en el Congreso a una cuestión de confianza (art. 112 de la Constitución); 3) que el jefe de la oposición presente en el Congreso una moción de censura y la gane (art. 113 de la Constitución). Existe aún otra posibilidad: que el propio PSOE fuerce la dimisión de Zapatero y presente otro candidato a inquilino de La Moncloa. Esta última posibilidad es improbable, pero no más que las anteriores.

La convocatoria de elecciones generales sería la más realista. El presidente ha cambiado de políticas, ha retorcido sus compromisos de la campaña electoral de 2008, lleva dos años largos de contradicciones y fracasos, su Gobierno está achicharrado y lo lógico y responsable sería conocer el veredicto de los ciudadanos en las urnas.

Que el presidente se sometiera a una cuestión de confianza es igualmente lógico y realista por los mismos motivos. Todos los grupos parlamentarios sostienen que el presidente y su Gobierno no cuentan con la confianza necesaria ni nacional ni internacional, aunque desde la izquierda y la derecha se barajen porqués distintos. Zapatero se rebela contra eso. Resultaría saludable conocer qué apoyos tiene realmente si el Congreso es requerido a manifestarlos.

La moción de censura es un objeto de deseo del presidente. No es un secreto que Rajoy hoy no alcanzaría los votos necesarios para sacarla adelante pues hay grupos que entenderían ésa fórmula como un modo de desgastar al mismo tiempo al Gobierno y al principal partido de la oposición. Y los de siempre, o sea los nacionalistas y algunos minoritarios, se relamerían de gusto, porque por esa votación elevarían el precio habitual de sus votos.

Algunos dicen que la moción de censura daría lugar a que se conociese el programa de la alternativa. Pero es una falacia más. La alternativa es bien visible en decenas y decenas de medidas presentadas por el Partido Popular en el Parlamento que han sido votadas en contra por el PSOE y sus aliados coyunturales, y otras veces votadas a favor por el propio PSOE cuando se ha visto en el riesgo de que las iniciativas parlamentarias del Partido Popular salieran adelante sin sus votos pero con otros apoyos.

Una moción de censura perdida visualizaría una imagen políticamente irreal: la ganaría Zapatero y la perdería Rajoy, cuando el hecho es que ahora quien está solo en el Parlamento es el caótico presidente del Gobierno. Una moción de censura sin garantías de salir adelante sería, en definitiva, un balón de oxígeno para un Zapatero políticamente agónico y no aportaría nada a los españoles ni supondría la solución de los problemas de España. Quedó muy claro desde antes de iniciarse la crisis dónde estaba PSOE, qué ha hecho, cómo lo ha hecho, y presionado por quién lo ha hecho, y dónde está el Partido Popular, qué medidas propugna y qué soluciones tiene para la crisis.

Además, hay antecedentes: las políticas realizadas entre 1996 y 2004. El Partido Popular se encontró España en 1996 en creciente déficit, con las arcas vacías, con un paro superior al actual, con la Seguridad Social prácticamente en quiebra, y sin que se cumplieran ninguna de las condiciones para el ingreso en el euro. Esto quiere olvidarse, pero la desmemoria, tan socialista, no va unida a la verdad.

En el último debate del Estado de la nación Zapatero insistió en que Rajoy no se atreve a presentar la moción de censura. Rajoy debería haber pedido inmediatamente a Zapatero que se sometiese a la cuestión de confianza.

¿Cómo se atreve Zapatero a pedir la moción de censura mientras ni menciona la cuestión de confianza? No se somete a ella porque sabe que caería su Gobierno. La mayoría de los grupos, y de mil amores, dejarían caer a Zapatero para que su partido se viese obligado a encontrar un recambio. Él lo sabe y por eso no se somete a una cuestión de confianza. Zapatero es el problema, y también para el PSOE, aunque los palmeros se dejen oír más.

Zapatero es un experto en hacer oposición a la oposición. Examina a los demás pero a quien están examinando los españoles es a él. Su Gobierno está quemado. La ciencia puede mantener un cuerpo en coma profundo cierto tiempo, mucho o poco, hasta que se decide desenchufar la máquina que lo hace posible. La martingala política consigue algo parecido de los cuerpos políticos en coma profundo. La cuestión es saber quién desenchufará la máquina y cuándo lo hará. En todo caso, serán los españoles cuando acudan a las urnas. Lo deseable es que se haga cuanto antes para acortar la agonía.

Con la ONU por montera
A los magistrados les ha importado un comino que la secesión viole la Carta de la ONU y la resolución 1244 del Consejo de Seguridad
ALFONSO ROJO ABC 5 Agosto 2010

Cuántas veces han escuchado a los profetas de la omnisciencia, que se prodigan por tertulias de radio y televisión, bramar que Israel incumple las resoluciones de la ONU? ¿O qué la invasión de Irak no fue aprobada por el Consejo de Seguridad? Si no se acuerdan, se lo digo yo: millares de veces. Lo que probablemente no hayan oído nunca es a alguno de los que participan en el debate encogerse de hombros y exclamar: ¿y qué? Créanme; por muy seria e importante que parezca, a pesar de la fortuna que cuesta al contribuyente, la ONU es pura filfa.

Sirve para resolver problemas menores, como foro internacional de discusión y para dar la oportunidad de discutir a los gerifaltes mundiales, antes de tirarse los trastos a la cabeza, pero de lo realmente importante ni se ocupa ni puede hacerlo. Entre otras razones, porque tiene una estructura que favorece el que criminales de guerra tipo el ruandés Kagame acabe co-presidiendo con Zapatero el Grupo de Impulsores de los Objetivos del Milenio o que representantes de Libia, Siria o Malasia sean miembros del Comité de Derechos Humanos.

No hace ni tres semanas que la Corte Internacional de Justicia dictaminó que la secesión de Kosovo, antigua provincia serbia, no vulnera el derecho internacional. A los magistrados les ha importado un comino que la secesión viole la Carta de la ONU y la resolución 1244 del Consejo de Seguridad. Ignoran que Kosovo ha sido considerado históricamente la cuna del pueblo serbio. Han hecho, además, caso omiso de un detalle: en su marcha hacia la independencia, los albaneses se llevan con ellos a 200.000 serbios empeñados en depender de Belgrado. EEUU y Alemania subrayan que lo ocurrido no es aplicable a otras regiones o países, pero es para echarse las manos a la cabeza, porque mañana pueden decir lo contrario.

El CISCO en el CIRCO.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 5 Agosto 2010

El C.I.S.. un Organismo público cuya imparcialidad debería ser su característica más relevante, sin embargo es usado como el órgano de propaganda y de manipulación más descarada por parte de gobernante de turno. Ya nadie cree en sus encuestas, ni siquiera en el por qué se prodigan con tanta asiduidad. Y es que para tomar la temperatura y el estado de ánimo a la sociedad no se necesitan complicados métodos estadísticos, ni rebuscados cuestionarios, basta con mirar los datos básicos de la economía y la relación de impagados.

Porque no deja de ser una tomadura de pelo a los ciudadanos el que publicación tras publicación se den los resultados de la calificación de los políticos de este País en un podio imaginario donde aparecer como "el político de mes". Tampoco deja de ser irónico el que encuesta tras encuesta sean invariables los problemas que dicen que más preocupan a los ciudadanos, El paro y la crisis económica, siendo la casta política el tercero de los dolores de cabeza del sufrido pueblo español.

Ya lo tremendamente grotesco es que se quiera difuminar este lamentable resultado, publicándolo en una época vacacional donde los medios de comunicación están bajo mínimos y la información puede pasar casi desapercibida para la mayoría, excepto para unos pocos que intentamos mantener la bandera de la crítica y de la objetividad de la información. Y es que resulta sorprendente y torpe el que medios como El País, releguen la noticia a una esquina en su portada y pasen por alto el que más del 80% de los ciudadanos han perdido la confianza en el Sr. Zapatero, muchos de esos, entre los que me incluyo, jamás hemos tenido confianza en este sectario líder.

Aún resulta más ilustrativo ver cómo el PP a pesar de todo, sigue en unos valores de intención de voto que ni siquiera garantiza un buen resultado en unas hipotética elecciones generales. Basta recordar que en la época del Sr. Aznar contra el Sr. González, las encuestas daban una ventaja en la intención de voto sensiblemente mayor y que al final, el resultado real fue que el PP ganó por una mínima diferencia de 300.000 votos. Porque lo que es indudable es que el Sr. Rajoy aún obtiene peor valoración que el Sr. Zapatero y eso, deja muy claro que no es el líder que el PP necesita y que se ha constituido en una auténtica rémora para ganarse la confianza de los ciudadanos.

España necesita líderes y equipos de Gobierno en los que poder confiar. Hoy por hoy ni el PSOE ni el PP están a la altura de ofrecer nada atractivo e ilusionante para los ciudadanos. Muy al contrario, sus luchas por el poder y su falta de sentido histórico para lograr un Gobierno de consenso, condena a España a padecer un vaivén de directrices, dependiendo de quién esté al mando y con qué apoyos cuente. Y en esa situación de río revuelto, los únicos que salen ganando son los siempre dispuestos pescadores nacionalistas, que cobrarán un precio elevado por echar un cable salvador, sin asegurar con ello que no termine ahogándose.

Lo el C.I.S. me resulta grotesco y superfluo. Todos sabemos los problemas que existen en España y no necesitamos que periódicamente vengan a contárnoslo y menos con estos modos tan fulleros y medio a escondidas, para no remover las conciencias ni perturbar la tranquilidad de las vacaciones. Personalmente me importa un bledo la clasificación del cuadro de políticos y preferiría que se destacara más aquellos comportamientos sectarios, populistas y demagógicos como la subvención escandalosa de los Sindicatos, o las ayudas para las organizaciones de víctimas del franquismo, excluyendo a las de la República, y los problemas que sí que tienen los ciudadanos como el de la enseñanza en español en comunidades periféricas.

¿Para qué queremos algo tan inútil y manipulador? Sobran asesores, encuestadores y estrategas políticos y faltan líderes trabajadores dispuestos a sacar España del pozo donde nos ha llevado la ineptitud, incompetencia y soberbia de una casta política corrupta y parasitaria de la sociedad. Lo único claro de esa encuesta es que todos los actuales han suspendido.

Galicia / tal cual
El desastre de las autonomías
pepa antón ABC Galicia 5 Agosto 2010

Ya en 1978 se sabía perfectamente el gravísimo riesgo que se estaba corriendo; pero la irresponsabilidad de unos, el pasteleo de muchos y el sumo interés del partido de turno, siguieron animando y nutriendo las ansias de despilfarro de los diecisiete virreinatos descontrolados, hasta que hoy, treinta y dos años más tarde, se puede constatar la calamidad en que se ha convertido el permanente abierto asunto autonómico.

Diecisiete taifas, diecisiete legislaciones diferentes en materias fundamentales, diecisiete parlamentos, diecisiete sistemas de salud, diecisiete políticas comerciales con horarios, requisitos de etiquetaje... Todo multiplicado por diecisiete. Bueno, todo no, porque nuestros políticos, en un arranque de austeridad, han tenido un pequeño detallito con los contribuyentes limitando el número de televisiones autonómicas a trece; trece corporaciones que nos cuestan más de cinco millones de euros, 847 millones de pesetas, diarios, sí, sí, lo estoy escribiendo bien, 847 millones de pesetas, cada día, al servicio exclusivo del gobierno correspondiente.

Y aún mas, estas diecisiete autonomías han generado una tupida red de empresas, fundaciones, institutos, observatorios y demás entelequias, inventos, ficciones, irrealidades de carácter siempre público, es decir, para entendernos, chiringuitos financieros donde se colocan los correligionarios, clientes políticos, familiares, relaciones sentimentales. Algo así como unas ONG al servicio, siempre, del partido; y al margen, por supuesto, del Derecho público.

Así las cosas, y sin entrar a valorar los gastos innecesarios, tales como la Ciudad de la Cultura, que lleva engullidos más de 330 millones de euros, o residencias presidenciales como la de Montepío, 5.000 millones de pesetas, nos encontramos con que nuestro actual sistema autonómico ha generado más corrupción, más clientelismo, más gasto, más despilfarro y más ineficacia. La ruina.

Una España desbaratada, plagada de asimetrías, duplicidades, ineficiencias y derroches, en la que cada vez se imponen un mayor número de barreras lingüísticas, educativas, legislativas y emocionales. Ante este panorama, solamente veo dos posibles caminos: un gran pacto entre el PP y el PSOE, tras las próximas elecciones generales, para fortalecer al Estado y devolverle a la Nación la cohesión que ha perdido; o la libre competencia entre las diecisiete Comunidades dentro de un estado federal en el que la administración central, con el permiso de las diecisiete autonomías, ejerciera de mero árbitro entre ellas. El camino emprendido por Zapatero ya ha quedado bien claro pero… ¿Cuál es el camino de Rajoy? Yo creo que España está esperando su respuesta.

Concordia y legitimidad
ignacio sánchez cámara. ABC 5 Agosto 2010

LA clave del problema del poder se encuentra en la legitimidad. Y la clave de ésta reside en la creencia generalizada en que el poder, sea más o menos justo o eficaz, es legítimo. Sin concordia básica no es posible la legitimidad. Cuando la convivencia de una sociedad se rompe en dos grupos antagónicos, cuando la concordia deja de existir, la legitimidad es imposible. Tan imposible como cuando el poder legítimo es usurpado.

Y no conviene despreciar la relevancia del poder. Si la tendencia a verlo todo políticamente es un error, también lo es, y no menor, no ocuparse nunca de la política. En realidad, sólo caben tres posibilidades: o vivimos bajo un gobierno legítimo, es decir, que estimamos que, nos guste más o menos, o incluso nada, quien gobierna tiene derecho a mandar; o, en caso contrario, debemos intentar cambiar el gobierno; o, y ésta es la tercera posibilidad, podemos vivir bajo un gobierno ilegítimo y aceptarlo. Esto no es otra cosa que puro envilecimiento.

Pero entonces, la primera gran cuestión política es algo previo a ella, que afecta al fondo de una sociedad: la concordia. Sin ella, no es posible un poder legítimo. Y no hay pecado social y político mayor que el que cometen quienes contribuyen a la destrucción de la concordia. Por cierto, y para los «consensualistas» al uso, por concordia entiendo no el acuerdo político ni el consenso sobre las grandes cuestiones de Estado, sino algo más profundo y previo: la decisión de vivir juntos y bajo instituciones aceptadas por todos (o casi todos, pues la concordia puede no ser total). Lo que significa la concordia y su pérdida fue explicado magistralmente por Cicerón. También puede leerse con provecho el ensayo de Ortega y Gasset sobre el Imperio romano.

Parece que andan empeñados algunos entre nosotros (incluso en el Gobierno) en renegar de la Transición y reivindicar la legitimidad de la Segunda República. Doble y terrible irresponsabilidad. Primero, por romper la concordia y, con ella, destruir las condiciones de posibilidad de la convivencia y de la legitimidad democráticas. Segundo, por sustituir la legitimidad actual por un régimen que nunca llegó a ser legítimo. Lo siento, pero la República nunca llegó a ser un régimen legítimo. Y, suponiendo que lo hubiera sido en la primera hora, desde luego pronto dejó de serlo, como muy tarde en 1934. Y no llegó a ser legítimo porque no pudo o no supo serlo, porque nació bajo la ausencia de la concordia y nunca logró restaurarla. Esto es lo que, entre otros, vio claro muy pronto Ortega y Gasset: que, desde su origen, la República renunció a ser un régimen para todos, y aspiró a ser el de unos, fueran o no mayoría, frente a otros. Pero si el gobierno democrático puede ser cuestión de mayorías (con respeto a las minorías), la concordia es otra cosa.

D Discutir si la guerra civil pudo ser evitada puede ser más o menos ocioso. En realidad, pudo evitarse, pero el camino tomado en 1931 y, sobre todo, en 1934, y más aún en febrero del 36, conducía a ella, a menos que se rectificara el rumbo y se restaurara la concordia. De ahí, que ninguno de los dos posibles bandos vencedores hubiera podido aspirar a la legitimidad. Sin concordia, no hay legitimidad. Y una guerra civil es la más radical y terrible ruptura de la concordia. Por eso se equivocan (o, quizá algunos de ellos, mienten) quienes pretenden que el Gobierno republicano de febrero del 36 era legítimo. Como lo hacen quienes piensan que el nacido del levantamiento de julio fue legítimo. Se trataba de otra cosa. La guerra civil no fue un conflicto entre un Gobierno democrático legítimo y unos golpistas fascistas.

Ignoran quienes esto pretenden lo que fue el Frente Popular y lo que son los principios de legitimidad y su fundamento: la concordia. Para subsanar lo primero, conviene acudir a la Historia, no a la memoria histórica. Para lo segundo, puede resultar útil la lectura de un ya casi viejo libro de Guglielmo Ferrero, publicado en 1942: El Poder. Los Genios invisibles de la ciudad. Europa ha combatido desde 1789 hasta la segunda guerra mundial por dos principios de legitimidad: uno, el aristocrático-monárquico, que ya había perdido su legitimidad, y otro, el electivo-democrático, que, salvo excepciones como Suiza e Inglaterra, aún no lograba alcanzarla. En realidad, fue la lucha entre las dos revoluciones francesas: la liberal y democrática y la propiamente revolucionaria. Como recordaba Talleyrand, sólo el trascurso del tiempo permite que un poder termine convirtiéndose en legítimo. Aunque la legitimidad se nutre más de pasiones que de doctrinas, en nuestro tiempo, al menos en las sociedades occidentales, ha terminado por imponerse la legitimidad democrática. Pero la democracia es, como principio de legitimidad, más frágil que la aristocracia o la monarquía. Además, no deja de afectarle la eficacia. Como afirma Ferrero, «el día en que el pueblo empiece a dudar del poder y de su eficacia para satisfacer sus necesidades, la legitimidad habrá comenzado inexorablemente su cuenta atrás».

La democracia se basa en dos principios: la libertad de sufragio y el derecho de oposición. Y vive bajo una contradicción: la imposibilidad de una comunidad política en la que los que tienen el deber de obedecer sean, a la vez, titulares del derecho de mando. El poder viene siempre de arriba; la legitimidad, de abajo. La democracia no es el gobierno del pueblo, sino el régimen en el que el poder es elegido y, por tanto, delegado. El mayor riesgo para las democracias es la generación de un dualismo destructivo, que conduzca a la ruptura de la concordia y a un gobierno revolucionario o, lo que es lo mismo, totalitario. Por eso, la democracia requiere educación, cultura y un exquisito juego limpio entre el Gobierno y la oposición. Y si negar legitimidad al Gobierno legítimo es pecado de lesa democracia, también lo es negar legitimidad a la oposición, que forma parte de la soberanía popular tanto como el Gobierno.

El ideario de la soberanía popular se sustenta en grandes valores morales y espirituales, en los que deben coincidir Gobierno y oposición. Una vez más, la concordia. «Sin esta coincidencia previa el derecho de oposición terminará convirtiéndose inexorablemente en el campo de batalla de un duelo mortal en el que los partidos, en vez de batirse caballerosamente según unas reglas del código del honor conocidas y respetadas por todos, tratarán de destruirse mutuamente».

En este sentido, el problema del socialismo es que su doctrina del poder le hace incompatible con el principio de legitimidad democrática. De ahí la tentación revolucionaria, es decir, totalitaria, que siempre padece el socialismo y a la que con tanta frecuencia sucumbe. Si todo lo anterior no está equivocado, entonces la mayor irresponsabilidad que puede cometer un Gobierno es contribuir a romper la concordia básica de la sociedad. Y en el pecado lleva la penitencia, pues, al destruir la concordia, destruye, a la vez, el principio de su propia legitimidad.
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ES CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DEL DERECHO

El cordón umbilical
Pedro Conde.  Minuto Digital 8 Agosto 2010

Al querer acabar con el ser de España, con su Historia, pasado y tradiciones, quienes lo intentan desde hace más de un siglo para sustituirla por pedazos informes de ese propio ser, han venido a mostrar su ínfima calidad como personas, como ciudadanos y como políticos, en los últimos treinta y tantos años de esta democracia que les ha permitido su juego destructor.

La amalgama que conforma esa masa-minoría separatista de nativos, oriundos, renegados, chaqueteros, conversos…ha dejado ver su raquítica talla intelectual y su nula ética. Por el contrario, y sustituyendo a estas carencias en la virtud y en los valores, han puesto a la vista sus grandes vicios: espíritus corrompidos y corruptores, nepotismo descarado, alma de traidores, con un solo criterio y objetivo cual es la ambición de poder acompañada de la rapiña y saqueo de la hacienda pública.

Y con esos mimbres quieren construir no sé qué nuevas naciones, paridas por el vientre muerto de la madre asesinada. ¿Qué podría nacer ya de ésta que no sean fetos malformados si es que llegan a supervivir a ese parto abortivo? Sí, fetos-nación como no podrían ser otra cosa las presuntas nación vasca, catalana, gallega o cualquier otra. Y a su frente y gobierno unos personajes mediocres, usurpadores, insolventes, demagogos, tramposos, mentecatos, asesinos de la verdad, viles hasta la traición, prevaricadores; individuos sin honor y, finalmente, fugitivos porque nunca se atreverán a encarar la hora de su gigantesca responsabilidad ante la Historia. Ironías del destino, siendo enanos de espíritu, sus acciones les han convertido en gigantescos monstruos de destrucción.

¿Hay motivos para la esperanza de que las cosas no sigan este derrotero hasta la desmembración de España a manos de fulleros metidos a políticos? Cualquier proyecto puede ser digno de respeto si nace de la sana creencia y querencia, si no está manchado por la falsedad y, en este caso, además por la ambición de cabezas de ratón y la rapacidad propia de bucaneros.

En esos días cercanos de fervor patriótico, en los que la bandera ha salido a la calle sin los complejos que durante todos estos años de democracia habían impedido que aquélla flameara en sus propias tierras de España, se ha hecho un hueco a esa esperanza. Y por qué motivo tan simple pero tan entrañable: la selección española de fútbol ha ganado la copa del mundo por primera vez.

Muchedumbres, familias, ancianos, niños, jóvenes, mujeres, hombres…han lucido esa bandera o la camiseta y sus colores con fervor, con pasión de Patria. Esos cánticos de “yo soy español, español” y los otros vibrantes y multitudinarios vivas a España; ese himno, hoy sin letra, tatareado desde el fondo de las gargantas; esas enseñas en balcones, ventanas, bares; o portadas por coches, camiones, autobuses, incluso en carretillas de jardineros como yo mismo he visto durante días desde mi ventana, son el cordón umbilical por donde corre la sangre entre la Patria y su pueblo. He ahí nuestra esperanza. He aquí el recuerdo expectante de otras ocasiones en que España ha estado en peligro y en el mismo límite de la última hora ese pueblo, el español, se ha levantado por su Patria. Cabe la esperanza. Cuando presiento las angustias de esa última hora, me acuerdo siempre de la anécdota que el navarro José Antonio Jáuregui, catedrático y antropólogo, contaba de su viaje a EEUU para ocupar una cátedra. Al embarcar en el aeropuerto de Barajas, le dijo a un guardia civil que le cuidara hasta su vuelta a la sufrida o dolorida o decaída España. A lo que el agente le vino a contestar que no se preocupara, que España había salido siempre de todos los momentos difíciles y la prueba era que aquí seguía.

Ya sé que la celebración de la victoria en el fútbol puede verse como un fervorín patriótico. Y lo es; pero nadie puede negar que en esa relación causa efecto aunque la causa parezca tan nimia, el efecto ha sido impresionante, y por qué no, sorprendente.

Quizá habría que preguntarse también por qué esa eclosión de patriotismo ha saltado por un motivo tan elemental y aleatorio y no lo hace por otros más profundos y trascendentales o dolorosos como el terrorismo; o contra un Estatuto secesionista, o por una economía nacional destruida por la incompetencia y la insensatez. Yo no tengo duda. La respuesta es una clase política dirigente que sabedora de la baja formación y cultura de ese mismo pueblo, de las que ella misma es responsable, manipula, desvirtúa, mercadea con asuntos tan graves como el propio ser de España, en vez de poner los remedios justos, exactos y, en su caso, radicales. En su lugar, se dedica a defender sus intereses de partido y clase privilegiada en vez de hacerlo con los intereses generales de España. Esto el pueblo lo ve y lo sufre; y eso al pueblo le produce hastío, peligrosa indiferencia y asco. Sí, asco de la política.

Precisamente estos días, al ver en las calles a las masas enfervorizadas con sus banderas en las manos se me ocurría no sé si una extravagancia, una prueba o un deseo. ¿Qué hubiera ocurrido en esos momentos si por los altavoces de toda España se hubiera oído al unísono la proclama de aquel alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, en mayo de 1808 contra la invasión napoleónica: “Españoles, la Patria está en peligro, acudid a salvarla”. Ante el rugido del pueblo, los mercachifles y traidores se hubieran arrojado al mar.

El pueblo español quiere tener su Patria y nadie se la puede arrebatar. Sólo depende de un liderazgo sabio, leal, decente y sentido. Como siempre: “Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor”.

Islamismo
Israel y sus enemigos
GEES Libertad Digital 5 Agosto 2010

La vida cotidiana en Israel es una delicia, pero no por la simpatía de los vecinos.

Julio ha terminado con un proyectil lanzado por Hamás desde Gaza a la ciudad costera de Ashkelon. Agosto ha empezado con un par de misiles Grad lanzados contra Eilat, al borde del Mar Rojo, uno de los cuales acabó en la ciudad jordana de Áqaba. El martes, para variar la procedencia y demostrar la inutilidad de la ONU, soldados libaneses han matado a un mando de las fuerzas hebreas. Entretanto Irán, que financia y entrena tanto a Hamás –terroristas suníes escindidos de la Hermandad Musulmana– como a Hezbolá –terroristas chiíes apoyados por Siria y su partido nazi, último gobernante en el mundo tras la deposición de Sadam, para controlar el Líbano y atacar Israel– ha empezado a notar las sanciones para evitar la culminación de su programa atómico.

La prensa dominante, inasequible a la realidad, continúa con su repugnante interpretación. De la violencia es responsable Israel por su intransigencia e insistencia en ocupar territorios que no le pertenecen. El argumento, incluso para la mala voluntad reinante, es cada vez más especioso. Los dos ataques de esta semana proceden, por un lado, del Sur del Líbano, de donde Israel se retiró unilateralmente bajo el gobierno del laborista y hoy ministro de Defensa Ehud Barak, en 2000; y, por otro, de Gaza, de donde se retiró unilateralmente el odiado derechista Ariel Sharon en 2005. Para más inri, se duda de la voluntad negociadora de Israel, cuando el primer ministro Netanyahu, ha declarado una moratoria sobre construcciones en Cisjordania para convencer a la Autoridad Nacional Palestina de integrarse en negociaciones directas, con nulo resultado. Esta ANP es la que sólo domina Judea y Samaria, porque Hamás se ha hecho con el poder en la Gaza de la que el propio Sharon expulsó a 8.000 colonos. Colonos, esta vez cisjordanos, que, suponemos, por caer menos bien a los medios que los terroristas que los han sustituido en Gaza, se han vuelto a convertir, para la prensa, en el único e irresoluble problema de la zona.

Se puede disculpar a los ciudadanos israelíes de no creer en retiradas unilaterales. Se les puede perdonar también por no querer sentirse responsables de Gaza, que era un "campo de concentración" cuando lo controlaban, tras la ocupación de la Guerra de los Seis Días del 67, y que es un "campo de concentración" también hoy cuando ya no lo controlan.

Lo más seguro es que los últimos hostigamientos provengan directamente de Teherán, que, con estas acciones busca provocar a Israel, alimentar la animadversión internacional, y relegitimarse para ganar tiempo en su avanzada carrera nuclear. Mientras tanto evita cualquier ataque contra sus instalaciones, ahora que hasta el jefe del Estado Mayor de Obama ha dicho que es una opción real, y se hace con misiles S300 de defensa frente a ataques exteriores.

Los medios, los presuntos activistas del Mavi Marmara, los jueces "comprometidos", y algunos dirigentes internacionales –convertidos en compañeros de viaje y tontos útiles para la reedición de la Shoah– podrían, en lugar de apoyar a los enemigos de un Estado democrático dedicarse a defenderlo. Harían así inviable el reclutamiento de asesinos por parte de los grupos terroristas –por falta de "causa"– y aislarían a Irán como único régimen monstruoso decidido a la repetición del Holocausto.

Desde su nacimiento Israel ha vivido en zozobra por una permanente guerra de estallidos intermitentes desatados por enemigos en estado de mutación: primero, países árabes, luego, organizaciones terroristas, y ahora, su combinación con la potencia militar del Estado persa.

La paz allí es muy fácil. Basta con dejar vivir a los judíos y abandonar a los que esperan cualquier excusa para la guerra. De paso, compañeros de viaje y tontos útiles se harían un favor a sí mismos. Los que odian a Israel tampoco tienen ningún cariño –en cuanto deje de servirles– por el "progresismo" occidental.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

El castellano se da un homenaje en el Festival de la Eñe en Uruguay
'Será una celebración de la literatura en lengua castellana, una fiesta fundamentalmente pensada para los lectores'
 www.lavozlibre.es 5 Agosto 2010

Madrid.- La lengua castellana se dará todo un homenaje esta semana con la celebración del Festival de la Eñe en Uruguay. Más de un centenar de escritores, músicos, cineastas y dramaturgos se reunirán en Montevideo en un festival que se prolongará hasta el próximo sábado y que busca como principal objetivo erigirse como el evento literario del año en Uruguay.

Múltiples actividades han sido programadas para la celebración de este interesante evento en el país sudamericano. Mesas redondas, talleres, conciertos, exposiciones, firmas de libros, cine y teatro integran el menú de la cita.

En esta ocasión se ha elegido la capital uruguaya como sede de este festival, cogiendo así el testigo de Madrid, donde se realizó el año pasado. Será la segunda edición y se ha elegido trasladarla a Sudamérica para demostrar la importancia del idioma en los dos continentes.

Más concretamente, alguno de los espectáculos que se podrá ver será la proyección este jueves de 'El viaje hacia el mar', película uruguaya. De igual manera, también podrá verse un adelanto del documental 'Jamás leí a Onetti', realizado por Pablo Dotta y que cuenta con colaboraciones y testimonios tan importantes como el de el escritor Eduardo Galeano, también uruguayo y nacido en Montevideo.

En declaraciones a Ansa Latina, la directora del Centro Cultural de España en Montevideo ha declarado que el Festival de la Eñe "será una celebración de la literatura en lengua castellana, una fiesta fundamentalmente pensada para los lectores". Su centro cultural será una de las sedes del evento.

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Las formas de la barbarie
IÑAKI UNZUETA El Correo 5 Agosto 2010

PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UPV-EHU

El paradigma de la barbarie lo constituye la quiebra civilizatoria de Auschwitz, el 'mal radical' de Hannah Arendt, esto es, la reducción burocrática e industrializada del ser humano a material superfluo y degradado. Precisamente, cuando las esperanzas de la modernidad eran más elevadas, cuando se creía que los procesos de racionalización traerían también progreso cultural y moral, la violencia se desplegó con toda su furia -Hitler, Stalin, Pol Pot, nacionalismo panserbio, Ruanda, etcétera- y llega hasta nuestros días en forma de guerra, tortura, terrorismo, xenofobia o racismo.

Existen dos usos de barbarie, por un lado, como noción descriptiva que se aplica al otro culturalmente diferente, y por otro, como noción ética con una carga valorativa. En la antigua Grecia, en un principio bárbaro era el que no hablaba la propia lengua. La carga cultural despreciativa apareció con las confrontaciones militares entre griegos y persas, de tal suerte que a partir del siglo IV, barbarie expresaba desconocimiento del griego, pero también incultura, crueldad e incivilidad. Estos dos significados se mantuvieron casi intactos hasta que Bartolomé de las Casas con la colonización de América le dio un giro significativo, ya que sostenía que los españoles eran más inhumanos que los indígenas; y además, decía que si se considera bárbaros a los indios porque hablan una lengua extraña, ellos nos juzgan de la misma manera, porque tampoco nos entienden.

Décadas después, Montaigne se hizo eco de esta interpretación para criticar el etnocentrismo y las torturas que tenían lugar en las naciones cristianas de Europa, calificándolas de bárbaras. Lo que Montaigne pone de relieve es la barbarie interna. Es decir, según la barbarie externa, los bárbaros son los otros, los salvajes de los que nos separa la lengua y la cultura. Desde Las Casas y Montaigne, bárbaro puede ser también 'alguno de los nuestros'. La barbarie interna tiene lugar cuando hay una abdicación de la civilidad, cuando alguien olvida y traiciona las premisas normativas de pertenencia a una comunidad. El bárbaro provoca incidentes de negación violenta de las obligaciones civilizacionales básicas y procede a algún tipo de exclusión. «En un mundo donde ya no hay naciones 'salvajes' -dice Offe- aquéllos que practican la exclusión interna cuando declaran extranjeros inútiles a los miembros de la comunidad son los bárbaros modernos».

El reconocimiento de la barbarie interna nos debe llevar a permanecer alertas, a pensar que la barbarie no se puede dar por definitivamente erradicada, pues ninguna cultura está inmunizada contra la misma. La barbarie no corresponde a un periodo histórico ni a un ámbito geográfico determinado y puede brotar en cualquier cultura, momento y lugar. Barbarie y civilización se encuentran enmarañadas. Dice Romain Gary que «ese lado inhumano forma parte de lo humano y mientras no reconozcamos que la inhumanidad es humana seguiremos contándonos mentiras piadosas». Rousseau sabía que el bien y el mal brotan de la misma fuente, de la necesidad de convivir con los demás. Y los primatólogos advierten de que compasión y crueldad están relacionadas con la capacidad de las personas para imaginar el efecto de su actitud en los demás. Por ello dice Todorov que «esta facultad nos motiva a ayudar a aquellos que lo necesitan aun cuando no los conozcamos, a reconocer que los otros tienen la misma dignidad que nosotros aunque sean diferentes. Pero es también la facultad que nos empuja a torturar al otro o a participar en un genocidio».

La barbarie interna sugiere una constelación triangular formada por perpetradores, víctimas y espectadores. Los primeros violan las premisas normativas de pertenencia a una comunidad y declaran extranjeros superfluos a determinadas categorías de la sociedad. Los bárbaros violan la integridad física y simbólica de los clasificados como excluidos. Y junto a ellos, una masa de observadores que justifica sus fechorías. Esto lleva a la necrosis de las normas, al debilitamiento de las fuerzas de prohibición de la cultura, a la pérdida de significado de las nociones de bien y mal, a la desconexión moral que insensibiliza respecto al sufrimiento de las víctimas. Por tanto, no sólo las acciones sino también las omisiones, el olvido, la justificación o la minimización de las agresiones son actos de barbarie de los observadores. Ésta es la situación que ha caracterizado durante décadas al País Vasco, un triángulo letal formado por agresores, víctimas y observadores, una constelación triangular sostenida por casi todo el nacionalismo y que ha perpetuado el terrorismo.

Y cuando creíamos que nos alejábamos del estado de barbarie, un veterano del nacionalismo radical nos dice que «hay más razones que nunca para la lucha armada, pero menos condiciones objetivas y subjetivas». En otras palabras, nos advierte de que si el Estado se debilita, ellos volverán a las andadas. Si se le preguntara por esas razones, repetiría sin espíritu -como una vuvuzela su sonido cavernario-, es el conflicto, es el conflicto� Desde una perspectiva mecanicista cualquier acción se explica buscando unas causas y considerando estas causas como razones: Si hacen A es porque desean B y piensan que haciendo A lograrán B. Esta explicación sólo contempla a seres racionales calculando y persiguiendo determinados intereses, pero ignora la dimensión trágica del ser humano. Por ello, Dupuy defiende la tesis del mal como principio de explicación: «Bajo forma de resentimiento, de envidia, de odio, el mal puede adquirir una potencia enorme y arrasar todo aquello que nos permite vivir juntos». Buscamos razones y encontramos odio, rencor, insensatez y estupidez».

Magnífica triste noticia
Román Cendoya, www.gaceta.es 5 Agosto 2010

Cuando se detiene a un terrorista la buena gente se alegra. Y si además el detenido está vinculado a asesinatos sin esclarecer, se genera una atmósfera de alivio generalizado.

¿Y? Sé por experiencia que es una magnífica triste noticia. Magnífica porque semejante asesino ya no campará a su aire jugando al rugby o haciendo el Camino de Santiago. Triste porque todos aceptaríamos que Gurutz Aguirresarobe siguiera desfogando sus crueles instintos en el rugby a cambio de que con nosotros siguieran viviendo Joseba y Manuel.

Pero no puede ser y es por eso que la esperanza del alivio de la víctima se traslada al juicio. Momento especialmente duro al ver la realidad del asesino. Ahí descubres que detrás del individuo no hay nada más que un vulgar delincuente de quinta que, de forma muy cobarde, descerrajaba tiros para marcar paquete entre los más brutos. O sea, entre los nazionalistas vascos. Así en la Audiencia he constatado que Valentín Lasarte es un cafre bruto que para ser algo se apuntó a asesino y que Txeroki es un macarra genéticamente puro, un delincuente nato. De Gurutz no espero nada diferente. La desazón te invade cuando al terminar el juicio tus seres queridos tampoco regresan. Por eso con los homenajes reivindicas su memoria, a través del recuerdo mantienes la dignidad personal y con la condena se hace justicia. Aprendes a vivir así, aceptando que el asesino con el tiempo de la condena está pagando ante la sociedad. Ahora toda esta ruta del dolor se amplía porque la política del Ministro del Interior es regalar a los asesinos el comodín Rubalcaba. ¿Qué hay detrás del acto político de decir que en la prisión de Nanclares “no hay presos de ETA”? Lo peor. ¿Cuál es el rédito político que espera Rubalcaba de beneficiar a la multiasesina Idoia López Riaño? ¿Cuánta condena y cómo la cumplirá el recién detenido si se acoge al comodín Rubalcaba? Éste es el último éxito político del ministro, provocar a las víctimas un dolor infinito e injusto.

Catalonia is different
Pepe Álvarez de las Asturias ESD 5 Agosto 2010

Vivimos malos tiempos para la libertad. Y peores aún para la españolidad. En Cataluña, dentro de poco, van a prohibir hasta la tortilla de patatas.

Pues vale. Pues ya está. Ya hemos prohibido las corridas de toros en Cataluña y nos hemos quedado más a gusto que un caganer vestido de culé cantando Els Segadors. Y todo en aras de la justicia animal, o sea, de la protección de las pobres bestias de la fauna autóctona frente a esos criminales trogloditas del traje de luces y la espada asesina, y frente a los despiadados espectadores, puro en ristre, de este circo sangriento y salvaje, espectáculo de masas insensibles, fachas y cavernícolas (se llamen Picasso, Heminway, Alberti, Goya, Lorca, Prieto, Jalón, Montilla o Companys, que también iba a los toros el muy facha).

El caso es que, puestos a defender a las bestias del maltrato animal de los humanos, podían seguir estos chicos prohibiendo, por ejemplo, el Zoo, que es un lugar donde los animales que ayer eran libres hoy son esclavos y además no tienen intimidad ninguna, y les tiran cacahuetes y porquerías poco adecuadas a su dieta de animales salvajes (alguien me dijo que un dirigente de ERC es también dirigente del Zoo de Barcelona, pero no recuerdo quién). O podrían prohibir la carne de cerdo y derivados (butifarra incluida), que además de vivir como unos en pésimas condiciones de higiene mueren como unos mártires, desangrados vivos, y profiriendo espeluznantes alaridos de dolor sin oportunidad de lucha ni dignidad ni nada. O también el ganado de carne, esos toracos cebados hasta pesar más de 1200 kilos y que no pueden corretear por la dehesa porque viven enclaustrados y sobre todo porque se les parten las patas en cuanto tratan de levantarse; yo los he visto con estos ojitos y, la verdad, daban más pena que sus primos del campo.

Podrían prohibir las granjas de pollos, donde miles de gallinas viven hacinadas cada día y cada hora de su miserable existencia, soportando temperaturas extremas y aplastamientos que a menudo son mortales; o los acuarios y peceras, donde los pececillos viven encerrados en un espacio deprimente en lugar de vagar por esos mares de Dios; y no digamos los delfines de los parques acuáticos, obligados encima a hacerse los simpáticos con los crueles niños que pagan por verlos hacer monerías; y ya puestos, los hamsters, los canarios, los galápagos, los conejitos y demás mascotitas de celda de castigo hogareña; o los caballos, que probablemente preferirían galopar con el viento por las verdes praderas pirenaicas en lugar de vivir en una cuadra mínima y dar saltitos en el Polo de Barcelona porque a su amo le ha dado por ahí; o las vacas de leche, devorando pienso en su cubículo noche y día, exprimidas como limones y amputadas las ubres cuando su número no coinciden con los tubitos de la exprimidora. O sea, como condenadas a galeras hasta su muerte en la silla eléctrica.

No sé por qué me da que a todas estas bestias, si les dieras a elegir, estoy casi seguro de que elegirían la suerte del toro bravo: vivir unos años en pleno campo, libres y felices correteando por la dehesa, para luego morir luchando con bravura, en una batalla de no más de 15 minutos, frente a un enemigo que te admira y te respeta. Pero esto, me dirán, no es más que pura demagogia. Puede.

Pero la cosa va de bravura, honor, respeto. Valores que se pierden porque ya no están de moda en la moderna Cataluña del prohibicionismo y el cerebro de barretina. Porque aquí lo que se lleva es la cobardía, el olvido, el mirar hacia otro lado cuando una minoría es la que ordena y manda, la que prohíbe y castiga, la que obliga y condena. Uno está harto de que la excusa sea siempre la misma: que son cosas de los políticos catalanes, que son los que quieren la independencia y la inmersión lingüística y quitar los toros y prohibir las muñecas flamencas y la celebración del Mundial, y las banderas de España y la camiseta roja y, dentro de nada, la tortilla de patatas, el gazpacho y la paella. Uno está harto de escuchar en la tele al ciudadano indignado por las indignidades de estos tipejos, pero a la hora de la verdad, que son las elecciones, vuelven a salir los de siempre, o sea, los errecianos.

Y claro, uno está ya un poco hasta los cuyons del eterno victimismo de la ciudadanía catalana, porque son ellos los que provocan sus propios males y, de paso, los nuestros. Los mismos que callan y otorgan con la mamandurria del Liceo; los mismos que se ocultaron, en vergonzoso silencio, bajo los escombros del Carmel; los mismos que permiten a un personaje como Carod Rovira gastarse millones de euros catalanes en abrir utópicas embajadas catalanas en los rincones más coquetos, y más caros, del globo; los mismos que se quedan en casita durante las pseudo jornadas electorales de los referendums independentistas, ésos que votan el 20% de la ciudadanía y salen el 99% de síes (¿se imaginan que todos los que están contra la independencia hubieran salido a votar y hubieran votado "no?"); los mismos que hipotecan el futuro de sus hijos, condenándolos al monolingüismo y al pensamiento único; los mismos que permiten a sus políticos alejar de sus tierras la prosperidad, expulsando con su proverbial estupidez millones en inversiones extranjeras; los mismos, en fin, que mantienen en la poltrona a los que les mangonean, les abofetean y les torean, les torean, sí, con tercio de varas, de banderillas, de muerte, con estocada y puntilla, y sonando una rumba de Peret, antes de que la prohíban por su sospechoso origen andaluz. Como el Montilla o así.

Corrupción soberanista
La corrupción de los políticos no suscita mayores irritaciones. Está en la costumbre y en la tradición
M. MARTÍN FERRAND ABC 5 Agosto 2010

HACE cinco años, cuando era presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall se lo dijo a Artur Mas, a la sazón jefe de la oposición en el Parlament: «Ustedes tienen un problema y ese problema se llama 3 por ciento». Maragall se quedó corto. Según la Agencia Tributaria y el juez que investiga el desfalco en el Palau de la Música, el problema en lo que a Convergencia Democrática de Cataluña respecta es del 4 por ciento. Otra cosa es lo que los intermediarios, indispensables en el tráfico mercantil lícito e ilícito, se hayan quedado por el camino. Félix Mollet y Jordi Montull, los administradores del Palau y protagonistas del escándalo en curso, sirvieron de intermediaros entre el Gobierno de CiU y Ferrovial para que la compañía fundada por Rafael del Pino recibiera el encargo para la construcción de la línea 9 del Metro barcelonés y —simbólicamente, supongo— la Ciudad de la Justicia.

Nuestra corta experiencia democrática es larga en escándalos de corrupción. El crecimiento económico de los últimos 30 años, que ha sido parejo a la merma de los servicios de intervención y control del Estado, ha favorecido, junto con la laxitud moral imperante, un generalizado desprecio por los fondos públicos, el dinero de todos, que, a decir de la que fue ministra de Cultura, Carmen Calvo, «no es de nadie». Pero un caso tan flagrante como el de las relaciones entre una empresa constructora y un Gobierno autonómico, con conocimiento de los intermediarios y el monto de la operación, es algo nuevo que, eso sí, tendrán que sentenciar los tribunales; pero que, con lo ya puesto en evidencia, es motivo suficiente para el escándalo. No es un problema de cuantía, que la moral no tiene calculadora; sino de actitudes y modos de proceder.

En casos como éste, demasiado frecuentes, no se sabe qué ver con peores ojos. La corrupción de los políticos, aun siendo la mayoría —supongo— de acrisolada honradez, no suscita mayores irritaciones. Está en la costumbre y, con diversas cuantías y procedimientos, también en la tradición. Que se lo pregunten al Duque de Lerma. Otra cosa es la seriedad y el rigor de las empresas. Especialmente de las que cotizan en Bolsa y, por ello, tienen una propiedad dispersa y colectiva. ¿Cuentan sus rectores con el visto bueno de sus accionistas para entregarse a prácticas tan indignas y reprobables? En el caso de Ferrovial, ¿podrá esa compañía firmar nuevos contratos con cargo al Presupuesto de las Administraciones públicas? La frecuencia de la corrupción instala la sospecha permanente y es urgente erradicar del juego a los tramposos, públicos o privados.

Nuestro amable asesino
Es la sociedad enferma de nacionalismo la que debe reinsertarse en la comunidad civilizada de la libertad
HERMANN TERTSCH ABC 5 Agosto 2010

SIEMPRE es motivo de alegría la detención de un etarra, y mucho más cuando está acusado de crímenes de sangre. Pero perdonarán que algunos sintamos una alegría especial al ver esposado y escoltado por la Erztaintza a ese tal Gurutz Aguirresarobe, aún presunto asesino de Joseba Pagazaurtundúa y probablemente también de Manuel Giménez Abad. En los siete años desde el asesinato de Pagaza en Andoaín no se habían tenido noticias sobre sus verdugos, y muchos eran los temores de que este caso entrara finalmente en ese saco de los crímenes no resueltos de ETA. Que no son pocos e inducen siempre al desasosiego por la certeza de que los asesinos andan sueltos. En el caso de Pagaza concurren otros elementos que hicieron especialmente trágico y repugnante el crimen. Por un lado, la convicción de la víctima —expresada una y mil veces a amigos y autoridades— de que le iban a matar. Por otro, la miseria moral de los entonces responsables de Interior en el Gobierno vasco, pero también de notables de su partido, el socialista, que hicieron oídos sordos a sus llamadas de auxilio. Háganse un favor todos y compren el libro «Vidas rotas» (Espasa), que recoge la historia personal de las 857 víctimas mortales de ETA en medio siglo. Es un monumento a las víctimas. Pero también un acta de acusación. Contra los terroristas, pero también contra la sociedad vasca —y la española en general— y contra tantos políticos que han sabido convivir con el terrorismo cuando no aprovecharlo en beneficio propio. El capítulo sobre Joseba es desgarrador. Revela el grado de soledad e indefensión en que vivió los últimos años y meses de su vida, en los que llamó a mil puertas. Pidiendo por su vida. Inútilmente.

Ahora tenemos al miserable que lo mató. Y su identificación crea interrogantes que podrían resultar incómodos a más de uno. ¿Quién es? Buen comedor, trabajador, jugador de rugby, educado y amable, poco bebedor, sanote y pronto papá. Un jatorra que diríamos allí. Perfectamente socializado. Si el objetivo máximo de la cárcel es la reinserción, se la pueden ahorrar al mocetón. Está mucho más integrado de lo que nunca estuvo Joseba, ignorado, difamado y asesinado. En Hernani gobiernan —gracias al fiscal general del Estado y al presidente del Gobierno— los etarras de ANV. Lograron casi el 50 por ciento de los votos, defendiendo el asesinato de Joseba. Puede la Policía pedirle ahora mismo al asesino amable que firme esa cartita con la que el ministro Rubalcaba justifica beneficios a otros asesinos etarras. ¿A que la firma? Queda así en evidencia todo el discurso tramposo del ministro. Porque los asesinos están insertados. Es la sociedad enferma de nacionalismo la que debe reinsertarse en la comunidad civilizada de la libertad y la compasión. Para lo que debe abolirse la impunidad vigente. Significa que el asesino sociable, todos los asesinos etarras, han de cumplir todas sus penas hasta el final. Quien mate debe saber que acaba con dos vidas, la de la víctima y la propia.

No se puede ser nacionalista y socialista
Jesús Royo Arpón www.lavozlibre.es 5 Agosto 2010

Porque el resultado es: nacionalsocialista. Hitler ya lo probó en Alemania,con el éxito de todos conocido. Y lo mismo Fidel Castro, que con las soflamas nacionalistas intenta justificar la miseria –miseria igualitaria, faltaría más –del pueblo cubano. Eso, y el miedo, todo hay que decirlo. El socialismo se rige por el principio igualitario: todos debemos contribuir con nuestro trabajo a la prosperidad colectiva, y ésta debe repartirse equitativamente según las necesidades de cada uno. En cambio, el nacionalismo nace del principio jerárquico y aristocrático: nosotros somos mejores que los demás, y por eso nos corresponde el mando y la parte del león. "Si parla en català, Déu li don glòria", "Les français d'abord", "Primer de tot, Catalunya", "Soy andaluz, casi ná", "España, lo único importante": todo son variantes de lo mismo, la distinción entre propios y extraños, que corresponde a la distinción entre buenos y malos, aptos e ineptos. Distinción que al final se resuelve en la reclamación de un privilegio, una prioridad, un chanchullo para mí o para mi familia. El derecho a no ser como los demás, a no hacer cola, vaya. El caso Millet es el paradigma, el fruto necesario del árbol venenoso del nacionalismo. Millet no es un caso excepcional, la oveja negra que hay en todas las familias. Es algo más: es la plasmación patética de que por la patria todo está permitido, que un lladre no es lo mismo que un ladrón, igual que un ocell no es lo mismo que un pájaro. El catalán tiene derecho a ir por el mundo con todo pagado, por el solo hecho de serlo. Millet roba, pero en catalán: luego no es tan grave. No roba tanto.

Eso lo teníamos clarísimo cuando éramos PSOE. Cuando el Estatut de Nuria, año 31 (que fue aprobado el 32, andanada militar de Sanjurjo mediante), el PSOE de Cataluña se plantó públicamente contra la transferencia de la enseñanza a la Generalitat: toda la enseñanza debía ser igual en toda España, y toda en castellano. Traducido, significa que ni hablar de fraccionar a la clase obrera: en su unidad radica su fuerza. A la burguesía catalana le podía interesar el sesgo regionalista en la educación de sus obreros (no de sus hijos, claro), porque así serían más controlables. Lo que obtuvo la Generalitat en cuanto a educación fue ridículo: la escuela catalana desde el 32 al 39 continuó siendo en castellano. Nadie se opuso. Y Franco, que cambioó tantas cosas en la escuela, no cambió casi nada, en cuanto a la lengua de las aulas. En algunas escuelas se daban unas cuantas horas de catalán, a veces en catalán, en horario de tarde. Las pocas escuelas de la Generalitat (entre ellas, el mítico "Institut-escola" de Marta Mata) eran bilingües. Los padres de entonces lo tenían claro: "el català ja el parlem a casa. A l'escola han d'aprendre el castellà". Curiosamente, el mismo argumento que usan los apologistas de la inmersión de ahora: los niños deben aprender en catalán, porque el castellano ya lo aprenden en casa y en la tele; además, con el catalán se llega no más lejos, pero sí más alto... Con el catalán, no tienes que hacer cola.

¿Qué ha cambiado para que hoy el PSOE en Cataluña, o sea el PSC, sea descaradamente nacionalista, a veces tanto como sus competidores de CIU y ERC? ¿Y qué ha cambiado para que el PSOE de España haya bajado la guardia, y dé por bueno lo que antes era inimaginable? ¿Por dónde se nos ha colado este aroma de nacionalismo, quizá dulzón, pero decididamente letal para la causa socialista? Bueno, es verano y no vamos a castigar a nuestras neuronas, pobrecitas. Lo dejamos para la semana próxima.

Cuando el más valorado es un nacionalista
Antonio Gázquez Periodista Digital 5 Agosto 2010

Periódicamente el CIS y diarios nacionales o canales de TV emiten sus barómetros o encuestas y sus valoraciones sobre los líderes políticos, que curiosamente casi siempre suspenden, unos más que otros.

Lo de "curiosamente" es solo una expresión, pues tenemos la peor clase política de la democracia. En general, tienen un nivel intelectual que deja mucho que desear.
Pero ante estas encuestas todos los politólogos las analizan y las reanalizan y les da para unos días de columnas. Y encuanto a los políticos depende de cómo les va, así se expresan. Pero todo esto es lo normal y todo esto solo sirve para entretener a unos cuantos, porque a la mayoría de los mortales las encuestas le trae al pairo.

Pero posiblemente la única reflexión, que se me ocurre ante el último barómetro del CIS, es que Durán Lleida sea el más valorado, cuando todo el mundo sabe que cuando rema siempre lo hace a su favor y cada pensamiento que expone está en clave nacionalista, por ello no creo que un señor de Alicante o de Badajoz o de Almeria estime que sea el mejor político que tenemos o por lo menos el que se preocupa para que nuestra política nacional se haga para aumentar el nivel de cada uno de los españolitos de a pie. A no ser que las encuestas del CIS se haga solo en Barcelona o en Madrid y se extrapole al resto de España. Del CIS me puedo creer todo.

Lo demás solo son tendencia que no hace falta perder el tiempo en encuestas y barómetros, pues con salir a la calle uno puede respirar el hartazgo que tenemos una gran mayoría de los españoles de este Gobierno inconpetente.

"Rúa borroka" y nacionalismo: complicidades y cinismo
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 5 Agosto 2010

Aunque los medios de comunicación, especialmente nacionales, no se hagan eco de ello, en Galicia existe un terrorismo bastante activo. Y no sólo en su vertiente de colocación de bombas contra bienes y personas, sino también en su variante de terrorismo callejero. Pero si los medios nacionales silencian la existencia de este problema, más preocupante es que haya medios nacionalistas gallegos que traten de ocultar la responsabilidad de los galleguistas violentos en estos actos.

Otra vez terrorismo callejero en la contra-celebración de la fiesta del patrón de España. El galleguismo trata de transmutar el día de Santiago, patrón de España, en el día “nacional” o de la “patria” gallega. Esta “contra-celebración” se desarrolla en varios escenarios, pero hay uno que resulta especialmente preocupante: las calles de Santiago de Compostela durante la madrugada del día 25 de julio. Desde hace ya demasiados años, Santiago vive esa madrugada con una activa presencia de terrorismo callejero galleguista a pesar de la importante presencia policial. Los aventajados alumnos gallegos del terrorismo callejero vasco se han graduado “cum laude” en la “Rúa borroka”.

El problema de la “rúa borroka” es grave por una sencilla razón: nadie recuerda ninguna condena a nadie por estos actos: ¿ha habido una sola condena alguna vez por ellos? ¿Hay una sola sentencia de la Audiencia Nacional sobre esto? Pero el problema va más allá porque, siendo importante, no se trata sólo de perseguir judicialmente a los autores de estos actos.

Se trata, primordialmente, de denunciar y condenar socialmente a sus autores.
¿Se hace? Veamos el relato de los graves sucesos que hicieron dos medios galleguistas.

“Varios jóvenes resultaron heridos en otras actuaciones policiales a lo largo de la noche en Santiago. Dos contenedores fueron quemados y un coche de la Compañía de Radio Televisión de Galicia fue volcado cerca de la catedral”

(El País-Galicia).
Curiosa redacción en la que queda claro que unos actos “fueron hechos”, sin que se diga sin quien quemó los contenedores y volcó el coche.

Más escandaloso es este texto:
“A zona vella do casco compostelán estaba ateigada de peregrinos, turistas (…) E mentres uns gozaban, aos outros tocáballes traballar porque a madrugada deste día grande de Galicia saldouse cun coche envorcado e dous colectores queimados. Así, os bombeiros tiveron que desprazarse ata a Pescadería Vella preto das seis da mañá, debido a que un Citröen envorcou perdendo o gasóleo do seu depósito”
(Xornal de Galicia).

Aquí el coche no “fue” volcado”, sino que “volcó”: ¿”Envorcou” el coche él solito sin “ayuda” de nadie?
Parece claro que estas terminales mediáticas del galleguismo, no sólo no denuncian y condenan estos hechos, sino que evitan denunciar a los responsables.

Pero más grave aún es tratar cínicamente de hacerse las víctimas. Al día siguiente de esta “celebración”, un grupo terrorista galleguista atentó contra la vivienda particular de uno de los pocos jueces que tratan de condenar la “rúa borroka”. Por cierto, aún no he visto ningún comunicado del CGPJ o de Dívar defendiendo al juez Míguez. ¿Pero, quién era la víctima según los nacionalistas? Según un pródigo articulista este atentado produce un “dano psicolóxico” “ na democracia coa que se conduce o pobo galego”. Es más, resulta que los atentados terroristas galleguistas benefician “aos elementos contrarios ao autogoberno e á pacífica convivencia dos que cremos na Nación galega e no seu dereito inalienábel a se autogobernar”.

Curioso “razonamiento” del cual se deduce que si los atentados hubiesen sido responsabilidad de un grupo de extrema derecha anti-autonomista se produciría un “beneficio” ¡¡para los elementos “favorables” al “autogoberno” y a la pacífica convivencia de los que creen en la “nación” gallega y en su “inalienable” derecho a “autogobernarse”!

[NOTAS
1º. Este artículo fue publicado el día 30 de julio en el diario ABC, edición de Galicia.
2º. El mismo día en que se publicó este artículo el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Superior de Justicia emitieron sendos comunicados de apoyo al juez Míguez.
3º. Pensaba que la expresión "rúa borroka" se me había ocurrido a mí, pero compruebo, después de publicado el artículo, que un maestro del idioma, Amando de Miguel, se me adelantó hace más de un año.
No importa que no haya sido el primero; lo importante es que no iba mal encaminado]

La oposición del pesebre
alfredo aycart ABC Galicia 5 Agosto 2010

Anda algo revuelta últimamente la cultureta gallega con la Xunta, agobiada quizás por la inevitable disminución de las canonjías múltiples que mecían en los tiempos del bipartito su creciente apatía intelectual. Critican sus más preclaros representantes la osadía el Gobierno de Alberto Núñez Feijoo, empeñado en repercutir en sus acomodadas espaldas la parte alícuota que les corresponde pagar de la crisis. Porque una cosa es la reducción de los sueldos de los funcionarios, o la congelación de las pensiones, medidas dolorosas, pero imprescindibles del siempre buen amigo Zapatero, y otra muy diversa es trasladar los efectos de la recesión sobre los artistas, en el sentido más peyorativo del término. No respeta Feijóo ni siquiera al colectivo de la ceja, mueca macabra para ocultar la crisis a los contribuyentes que ahora padecen el engaño en forma de quiebras empresariales en cascada y oleadas de nuevos parados en las oficinas del INEM.

El contraste es tanto más doloroso cuanto que la austeridad impuesta por el Gobierno gallego contrasta con los aún próximos tiempos del bipartito de los multitudinarios viajes a Cuba gratis total; de la época dorada del despilfarro en sesudos estudios sobre la Ciudad de la Cultura para culminar con la revelación del cambio de nombre; de la era de las millonarias subvenciones a plataformas, mesas, sindicatos y agrupaciones de la cuerda; de las dedificadas concesiones y contrataciones a los afines, y de la autoritaria exclusión del castellano de las aulas, pilar fundamental de la arquitectura cultural nacionalista.

Una vez demostrada la oceánica incapacidad de la dirigencia de PSOE y BNG para plantear una oposición coherente, los prebostes de la cultureta, estómagos agradecidos al fin y al cabo, han tomado el relevo, dolidos por la eliminación de la dictadura de la lengua. No cuentan con mucho crédito sin embargo cineastas que consiguen menos recaudación en taquilla que en subvenciones, autores que venden más libros a la administración autonómica que en las librerías, actores que llenan los teatros de butacas vacías y cantantes que ya no pueden cobrar en las pachangas municipales la mordida de un caché inversamente proporcional a sus ventas de discos.

La absurda y onerosa apelación a la vía judicial contra el decreto del plurilingüismo de la Real Academia Gallega que dirige Xosé Luis Méndez Ferrín, haciendo un uso más que dudoso de las subvenciones que recibe de la administración a la que demanda, evidencia el alcance de la impostura. Los académicos que dirige Ferrín temen, y no sin fundamento, que los padres puedan elegir en qué idioma quieren que se eduque a sus hijos: la decisión podría acabar con su sistema de privilegios. En el fondo, se trata de lo de siempre, del miedo a la libertad, que comparten, como no podía ser de otra manera, con la Mesa por la Normalización Lingüística, una entidad fantasmal integrada por un grupo de talibanes de la lengua, dictadores empeñados en erradicar el castellano, como todo lo que huela a español, de la sociedad gallega, soportados con el colchón de las millonarias subvenciones recibidas del bipartito para fines inexplicados.

La Generalitat diferencia entre Cataluña y España en sus formularios preuniversitarios
Estas consultas a los alumnos dependen del consejero de ERC Josep Higuet
 www.lavozlibre.es 5 Agosto 2010

Madrid.- La Generalitat formuló una curiosa pregunta a los alumnos que realizaban la preinscripción universitaria. Según ha publicado 'La Voz de Barcelona', los estudiantes que habían cursado segundo de Bachillerato, a la hora de presentar su candidatura para estudiar un curso superior, se encontraban con una casilla en la que tenían que marcar si ese curso lo habían realizado en "Cataluña o España", como si la comunidad autónoma no formara parte del país.

Se trata de un ejemplo más de la actitud de los representantes políticos del Gobierno catalán de su empeño por presentar a Cataluña y España como dos realidades diferentes sin ningún nexo en común. Ignoraron por ejemplo, al margen de la realidad legal, la estrecha relación familiar de muchos de sus habitantes con el resto del país. Esta actitud ya ha sido tachada de "obsesiva" por Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.

Todos los asuntos educativos relacionados con los alumnos dependen del Departamento de Educación que gestiona Ernest Maragal, del PSC. Sin embargo, el trámite preuniversitario es asunto de la Consejería de Innovación, Universidades y Empresa, dirigida por Josep Higuet, de ERC.

Estos formularios sirven para realizar las preinscripciones en las universidades catalanas y se realizan a través de la web https://accesnet.gencat.cat. En este se solicitan datos personales del alumno, lingüísticos y educativos. Ahí es donde los alumnos tenían que marcar en una de sus casillas si el último año académico lo habían cursado en ‘Cataluña’, ‘España’ u ‘Otros’. Solo podían escoger una opción.

Junto a esa respuesta también solicitaron información sobre el centro en el que se había estudiado el Bachillerato, el modelo de instituto (privado, público o concertado), el año de finalización y el lugar donde se había cursado segundo de Bachillerato. Estas cuestiones las han contestado los casi 50.000 universitarios que Cataluña tendrá durante el curso 2010/11, la cifra más alta de la última década.
 

 

Galicia
Los sindicatos de la TVG cuestan al ente 460.000 euros más que todo el consejo
F. CRIADO / SANTIAGO ABC Galicia 5 Agosto 2010

Mantener a los sindicatos cuesta al ente público Corporación de Radio Televisión de Galicia más que sufragar el coste de su consejo de administración. El coste del comité de empresa, es decir, lo que le supone a la CRTVG pagar al personal que forma parte del comité y sustituirlo por otros profesionales cuando piden sus horas sindicales, es de 1.400.000 euros anuales (el comité se conforma de 38 personas, de las cuales 10 están totalmente liberadas). Los doce integrantes del consejo, responsables de la marcha de la corporación, suponen un total de 940.000 euros a las arcas públicas, 460.000 euros menos. «Se puede decir que los consejeros son solo 12 personas, y el comité 38, pero al menos tienen una responsabilidad que ejercen», asegura una fuente de la CRTVG.

La existencia de casos singulares entre los miembros del comité de empresa no puede pasarse por encima. Una delegada del sindicato Comisiones Obreras, por ejemplo, «lleva al menos 20 años liberada en la empresa» y sin ejercer su profesión. «Como apreciación personal, posiblemente no ha vuelto a saber desde entonces cuál es su puesto de trabajo», observan desde la CRTVG.

También citan las mismas fuentes a un delegado sindical de UGT, con categoría de redactor y adscrito a la Compañía, «no a la TVG ni a la radio», «que cobra dos pluses uno de responsabilidad y otro de flexibilidad» a pesar de no desarrollar estos trabajos. «En total, un 65% de plus, pero está liberado. Ya cobraba estos pluses antes de estar liberado, pero no ejercía tareas de responsabilidad, así que cuando menos ese plus no deberían pagárselo», observan.

Contrataciones
Otro de los reproches que realizan a las labores sindicales dentro del ente es la crítica a los procesos de contratación con iguales o mayores garantías que los concursos u oposiciones a través de los que los miembros de las centrales ingresaron en la CRTVG. Estos procesos, denuncian, en realidad beneficiaron precisamente a muchos de los ahora sindicalistas denunciantes. «Algunos figuran en las listas, como se puede comprobar. Y ahora alegan que aquello ocurrió cuando se creó la compañía, y que con seis meses de experiencia fue suficiente».

También observan que en la etapa del tripartito, cuando el gobierno de la Xunta estaba presidido por Fernando González Laxe, entre los años 1987 y 1991, «se hicieron algunas concesiones ad hoc». «Hubo oposiciones a dedo, sólo para una persona en concreto y para un puesto en concreto, de manera que sólo podía aprobar esa persona», explican. Y citan a dos delegados sindicales de UGT, actualmente dentro de la corporación.

Las mismas fuentes acusan además a los sindicatos de filtar a personal afín los exámenes de la oposición de 1992
Además, mencionan el caso del actual presidente del comité de la CRTVG, Santiago Alvite, que ingresó por dos ocasiones en la disciplina de la empresa. «La primera vez, gracias a un concurso de méritos con fecha 26 de febrero de 1987. Tuvo un problema personal por el que se le abrió un expediente en la empresa. A pesar de ello, volvió a entrar en la empresa en un concurso oposición posterior en 1992. ¡Qué casualidad! ¿Verdad?», comentan con ironía a este periódico.

Filtraciones
Las mismas fuentes acusan además a los sindicatos de filtar a personal afín los exámenes de la única oposición oficial realizada en la CRTVG, que tuvo lugar en el año 1992. «Muchos compañeros recibieron el examen la noche antes de manos de personas que estaban en los sindicatos y próximos a personas relevantes del PSOE», arrancan. Y prosiguen: «La anécdota es que hubo gente que hasta se puso nerviosa delante de otros que no tenían el examen, diciendo “es el mismo, es el mismo”».

Entonces, con Fraga recién llegado a la Xunta, se convocaron 306 plazas (43 en la Compañía, 24 en la Radio Galega y 234 en TVG). La CRTVG asumía entonces a poco más de 300 contratados, con una experiencia media de dos anualidades. «En esa OEP se les contó toda la experiencia, los dos años, y quedaron una treintena sin plaza. El resto pasó de ser contratada a fija. Los que no obtuvieron su plaza fija no lo consiguieron porque no se les pasó el examen la noche anterior, sólo los protegidos por el comité de empresa de entonces. Cualquier compañero de esa OEP puede confesar cómo fue el proceso y cualquiera puede explicar quiénes filtraron los exámenes, en dónde lo hicieron y a quiénes se los dieron. Es vox populien la casa. La empresa, entonces, consolidó prácticamente a toda su masa de contratación temporal. En aquella época sí valió. Ahora no les vale. ¿Por qué? Ahora están molestos con lo de no estar en los tribunales de la oposición, pero todo el mundo sabe la desconfianza que eso supone. El pasado habla», prosigue la misma fuente.

Regularizaciones
Los trabajadores se quejan además de que la Xunta ha realizado oposiciones «para regularizar a sus contratados», que no se barajan en el caso del ente de radiodifusión. «En el bipartito se puede hablar de las que sacó para Educación, o las del personal de la Xunta firmado en mayo de 2008. Recientemente, se consolidó a agentes forestales por un concurso de méritos. También se hizo fijos por antigüedad a personal del Sergas: en la época de Feijóo (como conselleiro) en la anterior Xunta se dieron cuenta de que los médicos que llevaban años haciendo cirugía se iban a ir de baja mientras se ponían a preparar oposiciones y evitaron eso con un concurso». Asimismo, traen a colación un caso muy reciente: «Quintana quiso hacer oposiciones para las “galescolas” a gente que llevaba sólo un año en las escuelas, para no dejar a “su” gente tirada. Luego perdieron las elecciones y eso se paró. Ahora el BNG le niega ese derecho a gente con más de cinco años de antigüedad y hasta 20 años…», denuncia.
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