AGLI

Recortes de Prensa   Jueves 19 Agosto  2010

 

¡Ustedes son inviables!
César VIDAL La Razón 19 Agosto 2010

Mi última conversación con mis amigos de acá acerca del Gobierno español los ha dejado profundamente inquietos. Entendámonos. No se trata de que les preocupe España sino de la desazón derivada de pensar en el efecto sobre la Unión Europea de un personaje como ZP. Y es que, en contra de lo que afirman algunos, Estados Unidos tiene un enorme interés en la buena salud de la Unión Europea siquiera porque si se desploma también los arrastrará a ellos. En otras palabras, como vengo sosteniendo desde hace tiempo, ZP ha pasado de ser una desdicha nacional a un grave problema para la UE e incluso una amenaza planetaria.

Hoy, mis amigos quieren, sobre todo, algunos datos concretos. «¿Cuántas personas trabajan en España?», comienza uno de ellos. «18,3 millones», respondo yo, que me conozco el tema. «No está mal...», dice alguno. «Ya...», interviene otro que sabe más de macroeconomía, «pero de esos 18,3 millones, ¿cuántos trabajan en la economía productiva?». Me percato de que nos hemos caído con todo el equipo. «Unos 13,8 millones», respondo. «¿13,8 millones? ¿Y los otros cuatro millones y medio?». «Más bien 4,6 millones», le indico, «son funcionarios». «¿Funcionarios?», dicen al unísono varios con la sorpresa pintada en el rostro. «Pero ¿cuántos habitantes tiene España?», indaga una simpática rubia platino. «Unos 45 o 46 millones», contesto temiéndome lo peor.

«¿Y uno de cada diez españoles es funcionario?», dice con un tono elevadísimo de voz uno de los economistas, «pero... pero ¿cómo es posible esa locura?». No me dejan responder. Alarmado, ha intervenido un tercero de Tennessee: «¿Y cuántos parados tienen?». «Cinco millones», respondo, «4,6 según el Gobierno». «Y, por supuesto, recibirán una prestación...», dice un economista. «Por supuesto», reconozco. «¿Y a cuántos pensionistas mantienen?», continúa cercándome. «8,2 millones», respondo casi con un hilo de voz.

«¿Y las cotizaciones que pagaron en su día se corresponden con las percepciones actuales?». Niego con la cabeza porque, de momento, creo que no podría articular dos frases seguidas. «Es decir, que cada pensionista significa un gasto adicional al Estado sobre la base de lo que han ido pagando durante años...», deduce. Vuelvo a responder con la cabeza, pero esta vez en sentido afirmativo.

«Well... si yo no lo he entendido mal, me dice usted que menos de catorce millones de españoles están manteniendo a casi cinco millones de funcionarios, a unos cinco millones de parados y a más de ocho millones de pensionistas», remacha y a mi me parece que en sus ojillos aparece el mismo brillo maligno que se percibe en el gato que tiene arrinconado al ratón. «Sí, more or less, ésos son los datos», le digo, «pero además mantenemos a trescientos mil liberados de unos sindicatos que no cuentan entre sus afiliados ni con el diez por ciento de los trabajadores, y a una patronal de dudosa eficacia, y a un número impresionante de políticos nacionales, locales y autonómicos y a otros colectivos que sería demasiado prolijo de explicar», reconozco con la cabeza gacha.

«Pero, my friend», dice el economista entre la perplejidad y la alarma, «los que producen son muy pocos para mantener a toda esa gente que no produce...». Guardo silencio. «Pero entonces… entonces ustedes no son viables como Estado», remacha. Tentado estoy de hablarle de las autonomías, pero prefiero callarme. ¿Para qué le voy a dar un mal día?

Me aburren los nacionalistas
CEFAS La Razón 19 Agosto 2010

No se pueden imaginar hasta qué punto. La España de 2010 no se merece unos tipos tan pesados como antiguos. No son del siglo XX sino del XIX. En primer lugar está ese lenguaje patriótico y grandilocuente, como si el mundo estuviera pendiente de la última ocurrencia del Huguet o Anasagasti de turno. Me aburren porque parecen clones. Escuchado uno, escuchados todos. Es la apelación a enemigos imaginarios que les impiden llegar a la tierra prometida, que no es otra que la independencia.

Cataluña se ha ido empobreciendo intelectualmente gracias a tanto licenciado en Filología catalana en su Gobierno y tanto nacionalismo provinciano. Hace unas décadas, los jóvenes querían ser empresarios y ahora quieren ser funcionarios. El despropósito llega al extremo de insultar a los que no comulgan con sus ocurrencias. Huguet ha llamado falangista a Múgica. No merece comentario. Todo por un recurso para impedir que el catalán sea la única lengua de acogida de los inmigrantes, que prefieren el castellano.

Los desleales son ellos
EDITORIAL www.gaceta.es 19 Agosto 2010

A los socialistas les escuece la presencia del gobernante que paró los pies a Marruecos. Rabat volverá a la carga sobre lo que su primer ministro califica como ciudades “ocupadas”.

El mundo al revés. Si los españoles quieren calibrar el alcance de la actual ofensiva contra Melilla y Ceuta, enésimo episodio del largo y persistente pulso marroquí contra las dos ciudades norteafricanas, no tienen más que coger las palabras del Gobierno y darles la vuelta. Así, el ministro de Fomento José Blanco dio ayer dos perlas muy significativas: que el conflicto “se va a arreglar de forma inmediata”; y que la visita de José María Aznar a Melilla “es una deslealtad” a España. Ni lo uno ni lo otro es cierto. Si concluyen el bloqueo y las agresiones de un apéndice cívico y más o menos encubierto del reino alauita en el paso fronterizo de Beni-Enzar contra Melilla, (lo cual está por ver), dentro de un tiempo Rabat volverá a la carga con nuevas presiones sobre lo que el mismísimo primer ministro Abbas el Fasi ha calificado de ciudades “ocupadas”. La presión de la llamada Coordinadora de la Sociedad Civil del Norte de Marruecos no es más que el principio. Y Rabat no dudará en intensificar las ofensivas, disfrazadas de movimiento cívico, aprovechándose justamente de la debilidad y el buenismo de un Gobierno que ha hecho bandera de la rendición preventiva.

Y tiene gracia que el Ejecutivo tilde de “desleal” a José María Aznar, cuando fue Zapatero quien, a la sazón secretario general del PSOE, acudió a Marruecos en 2001, en el momento más inoportuno, en contra de las recomendaciones del Gobierno, cuando Rabat había llamado a consultas a su embajador en Madrid. Está claro que a los socialistas les escuece la presencia del gobernante que paró los pies a Marruecos en la crisis de Perejil, en 2002, y al que no le tembló el pulso al defender a España. Porque el ex presidente deja en evidencia a los “desaparecidos” Zapatero y Moratinos. ¿Quiénes son los desleales a España? ¿El Gobierno que plantó cara a Rabat, defendiendo el territorio nacional? ¿O el que se encoge de hombros ante la actual crisis, dejando a su suerte a Melilla, permitiendo el bloqueo o el acoso y agravio a las mujeres policías?

Es importante que lo sepamos porque el pulso marroquí no ha hecho más que empezar. Cierto que la realpolitik y las relaciones de vecindad nos obligan a entendernos con el vecino del sur –y ahí se enmarcan acuerdos como el Tratado de Amistad y Cooperación de 1991–, pero sin olvidar un par de detalles. En primer lugar, que estamos ante una autocracia, que no sabe lo que es el Estado de derecho, con un régimen que no respeta los más elementales derechos humanos, con sus tristemente célebres mazmorras llenas de presos sin las más mínimas garantías, donde se persigue a los cristianos y donde la mujer tiene una consideración medieval, por ejemplo. Nunca ha sido una democracia ni lo ha pretendido. Obvio, ¿verdad? Menos para el Gobierno de Zapatero, que, a juzgar por lo que estamos viendo, sigue subido al guindo.

El segundo detalle, consecuencia del anterior, es que Marruecos nunca ha dejado de presionar a España con dos tipos de armas. Las territoriales, con la reivindicación sobre las dos ciudades autónomas; y las sociales, con la inmigración ilegal. Un día es Perejil, otro el paso de Beni-Enzar, la amenaza de extender el bloqueo a Ceuta o el acoso a las mujeres policías. El caso es reeditar, de variadas formas, nuevas Marchas Verdes tras las cuales están siempre los Gobiernos de Rabat. Nada va a cambiar en este sentido, mal que le pese al ministro Blanco; entre otras razones porque Mohamed VI, como su padre Hassan II, como otros dictadores, utiliza los conflictos internacionales para tapar las vergüenzas y abusos domésticos. Es el viejo adagio de los autócratas: no hay mejor forma de callar a los descontentos y de mantener la cohesión interna que inventarse un enemigo exterior. Sólo hace falta realimentar periódicamente el agravio.

Con el zapaterismo lo tienen mucho más fácil que con Aznar. El régimen alauita le tiene cogida la medida al Gobierno que se estrenó con una retirada (Irak), que sigue teniendo como asesor a un personaje como Cajal, partidario de “devolver” Ceuta y Melilla, y que aplica –a quien amenaza su frontera y lesiona sus intereses– la doctrina Cuba, consistente en regalarle dinero al agresor (en este caso un millón de euros, como acaba de hacer Exteriores). Es consciente del terrible e inexplicable complejo del apóstol de la Alianza de Civilizaciones frente a Marruecos en particular y el mundo islámico en general. Un Gobierno que se muestra contrario al velo, pero que ceba el radicalismo islamista al subvencionar a escuelas salafistas. Un Gobierno que por un lado presume de la igualdad de sexos, pero que, por otro, reacciona con una semana de retraso ante el acoso a las agentes en la frontera de Melilla, con la tardía condena de la ministra Aído. Un Gobierno missing ante la delicada situación que viven las dos ciudades autónomas, pero que endosa la responsabilidad de la tensión al Partido Popular, comenzando por un Rubalcaba que pidió al primer partido de la oposición que no visitara la frontera. Un Gobierno complaciente, incapaz de defender los intereses y el territorio español, rendido de antemano ante las demostraciones de fuerza. Un Gobierno que se enfrenta ante el acoso de un sátrapa con la peor de las estrategias posibles: con una rama de olivo en el pico.

T. Roosevelt: “Siempre se debe preferir la acción a la crítica”.

La gran confusión
m. martín. ferrand ABC 19 Agosto 2010

UN camello, según un chiste viejo, no es otra cosa que un caballo diseñado por un comité. Lo mismo que le ocurre a nuestro sistema político. La Transición, el brinco que permitió el salto de una dictadura a una democracia, tuvo que hacerse con tantas componendas que el modelo tiene sus rarezas. El problema reside en que esas rarezas —electorales, partitocráticas, autonómicas, demagógicas, sindicales, judiciales…— dan de comer a tanta gente que será difícil que quienes se benefician de ellas las repudien. El sistema electoral es una de las piezas más singulares del muestrario nacional que, hijo de consensos, genera efectos negativos como el poder desmedido de los partidos minoritarios periféricos de los que, de hecho, depende la potencialidad de Gobierno de los grandes partidos que, todavía, se dicen nacionales aunque ya no lo sean plenamente.

A la hora de la verdad, la que sigue al recuento de los votos en unas legislativas, el PNV, CiU, ERC o CC convierten en elefantiásica su representación. Lo mismo ocurre en el plano autonómico y buenos ejemplos son de ello las coaliciones que gobiernan en el País Vasco, Cataluña o Cantabria. Tres modelos de matrimonios de conveniencia que, con distintos resultados, burlan la voluntad mayoritaria expresada por los ciudadanos. El de Cantabria es un caso singular porque, de momento, el PRC de Miguel Ángel Revilla no siente pulsiones nacionalistas e, instalado en el regionalismo, carece, también de momento, de representación en el Congreso. El PRC, junto con el PSOE cántabro, ya lleva dos legislaturas birlándole al PP su mayoría minoritaria y ello, unido al populismo de Revilla, da lugar a confusiones que alcanzan condición escandalosa al hilo de los recortes en las obras públicas que, con gran frivolidad, anuncia, modifica, activa, amortiza y redistribuye el singular José Blanco.

Ramón Pérez-Maura, santanderino fino y periodista grande, quizás por su principal dedicación a lo internacional, se escandaliza con la tipología local. Ayer, en estas páginas, definía a Revilla como «prototipo del pillo de la política». ¿Cómo no habría de serlo si, desde la minoría, tiene anulados, a su favor, al PSOE y, en su contra, al PP? Es un demagogo en estado puro y, como se decía en esta columna el pasado 24 de julio, «maneja las anchoas de Santoña con la misma habilidad que un sheriffdel Far West manejaba el Colt 45». Me reprocha Pérez-Maura haber escrito que Revilla «ha sabido trajinarse a Zapatero» y aceptaría su reproche si en el mismo párrafo, dos líneas más abajo, no hubiera matizado que «pudiera ser que fuera Revilla el trajinado»

La mentira inverosímil
HERMANN TERTSCH ABC 19 Agosto 2010

ESTÁN de los nervios. Y ya no saben más que insultar a los adversarios, desposeídos como están de cualquier argumento en esta realidad tan desagradecida con sus buenas intenciones. E inventarse teorías peregrinas que producen hilaridad. Se trata de un arma arrojadiza que ni siquiera alberga pretensiones de engañar, por lo absurdo de sus postulados. Si nunca existió la veracidad en el discurso socialista ante la crisis —la económica, la institucional, la política y todas las que sufrimos tras seis años de zapaterismo—, ahora llega despojado de toda verosimilitud. Sus soflamas ni son verdad ni pretenden serlo. Quizás el ejemplo más claro de esa impotencia agresiva se dio cuando De la Vega acusó al PP de querer que España perdiera en el Mundial de Fútbol. Todos los españoles saben que tal afirmación es mentira. Y la vicepresidenta sabe que lo saben. Da igual. Porque el titular es el ataque no el argumento.

Ante el deterioro de la situación en todos los frentes del Gobierno, la proximidad de diversas elecciones y el cada vez más probable hundimiento del inmenso chiringuito clientelar socialista —tanto en Madrid como en varias autonomías—, se extiende el pánico de todo un aparato que tiene miedo. Pero no ya al futuro de sus astracanadas ideológicas y su experimentación social, sino al de sus lentejas o su Audi A8, su sueldo y la lealtad de benefactores y beneficiados. ¿Dónde buscarán cobijo cuando se les eche encima la precariedad y la angustia que tanto han ayudado a generar? ¿En la iniciativa privada? Habrán de tener mucha suerte en lo que para la mayoría de los socialistas con cargo, empezando por el presidente, es territorio ignoto.

Ante semejantes perspectivas muchos de los damnificados se muestran dispuestos a todo. Y es casi lógico que los titulares de los boletines de la feligresía socialista también hayan renunciado a la verosimilitud. No les ruborizaba denunciar una conspiración del PP contra la selección o su supuesta satisfacción ante la penuria económica. Ahora intentan presentar la crisis melillense, provocada por el régimen marroquí con el que tan íntimas y excelentes relaciones dicen tener, como resultado de insidias de la oposición. Y presentan las visitas a Melilla de dirigentes del PP como generadoras de la tensión. Saben que es mentira. Saben que todos saben que es mentira. Pero da lo mismo. Sólo la pretensión de presentar a la oposición como fuerza traidora y antiespañola mantiene vivo el ánimo de quienes han fracasado en todos sus objetivos políticos. Algo se le puede criticar al PP. Que no hayan estado ya todos sus dirigentes, Rajoy a la cabeza, en una Melilla que sufre un nuevo ensayo general de sitio. Para compensar la infinita vergüenza de que aún no haya puesto allí pie ningún ministro español. Parecen ya tan exhaustos que no tienen fuerzas ni para su especialidad del engaño.

¿Nos gusta que nos mientan?
José Luis González Quirós* El Confidencial 19 Agosto 2010

Una de las características que hacen interesantes, y peligrosas, a las personas es nuestra capacidad de disimulo, de mentir. Se trata de una amenaza que pende siempre sobre las relaciones humanas que, a medida que se hacen íntimas, tienden a consagrar un ambiente de confianza, de sinceridad, una atmósfera que, como todos sabemos, resulta arduo mantener. Curiosamente, lo que es válido en la vida común no se puede aplicar inmediatamente a la política, por la sencilla razón de que el poder, por muy democrático que sea, tiende siempre a ocultarse y, con frecuencia, a mentir descaradamente. Revel decía, acaso con un punto de exageración, que la mentira es la primera de las fuerzas que rigen el mundo.

Una vieja canción infantil ensartaba con humor unos embustes increíbles: “Por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará”. Al evocarla, pienso con frecuencia que podía verse como una poetización de la vida política en la que las mentiras se dicen con idéntico desparpajo. La mentira en política es un hecho tan cotidiano que nos obliga a preguntarnos si nos gusta que nos engañen.

Los amantes del cine recordarán el título de una excelente película de Steven Soderbergh, Sex, lies and videotapes; en ella, una memorable Andy McDowell descubría un chantaje emocional y el negocio que sus próximos hacían a costa de su engaño y, pese a estar enamorada, castigaba con el abandono a su pareja. Pues bien, lo notable es que esta conducta tan normal en la vida común no rige en la vida pública, seguramente porque es muy difícil ser independiente y comportarse de manera racional cuando se tiene interés por la política. Algo más fácil es ser indiferente y abstenerse, como lo prueba el alto número de ciudadanos que prescinden de su voto por unas u otras razones.

Este verano está siendo un vivero inagotable de mentiras de primer orden, de aquellas que casi no evitan el parecerlo. Por ejemplo, todo el proceso desencadenado en Madrid para desmontar a un tal Tomás, y no digo más, puede considerarse como un legítimo intento de presentar un rival de fuste a la presidenta Aguirre, pero se ha ofrecido como prueba de vitalidad del socialismo madrileño, como garantía de democracia interna, hasta el punto de que Trinidad Jiménez haya dicho, sin inmutarse, que Zapatero no había tenido nada que ver con todo esto, que su candidatura responde a un largo proceso de maduración y debate en el seno del partido, y nosotros sin enterarnos.

¿Es que de repente la bella Trini se ha vuelto mentirosa? En ningún caso: lleva un largo proceso de aprendizaje, como corresponde a una política que, pese a su juventud, ya ha gastado largos años al servicio de la propaganda. Basta con echar un vistazo a sus servicios en Sanidad. Vacuna Jiménez no ha tenido la más mínima duda en exagerar la importancia de la gripe A con el discutible propósito de hacer más relevante el cargo que desempeña, una cartera prácticamente virtual porque la sanidad está completamente transferida. Un político de su talla no puede conformarse con un marbete sin contenido, de manera que la gigantesca empresa de vacunación que concibió ha sido seguramente la más cara y más necia de las campañas de imagen.

Nos toman por tontos
Si lo pensásemos bien, deberíamos estar profundamente irritados ante tanta evidencia de que los políticos nos toman por tontos, de manera que debe haber una explicación para tanta complacencia boba con mentiras tan de bulto como las de Vacuna Jiménez. Los políticos no mentirían si no les resultase conveniente, si no supiesen que sigue existiendo un número suficiente de personas dispuestas a creerlos. Se trata, pues, de nuestra credulidad, de una candidez interesada y fingida, que funciona aunque esos creyentes sepan, y lo saben con frecuencia, que la verdad es que el rey está desnudo.

La mentira política es una manera de colocarse más allá del bien y del mal, de sustraerse a cualquier control. Son muchos los que piensan que ellos también se benefician de ese privilegio del poder absoluto, aunque solo unos pocos saquen alguna ventaja tangible del embuste. La mentira es un instrumento de discriminación, una manera de reconocer a los fieles, a los incondicionales. La tolerancia de los ciudadanos hace que los políticos tiendan a pensar que todo consiste en salir del paso, y que en política no se cumple aquello de que se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo. Mentir, por si acaso, se convierte en norma de prudencia elemental: no vaya a ser que la gente se entere y lo pasemos mal.

Rubalcaba aumentó su bien merecida fama el día que, en plena jornada de reflexión, aseguró que merecíamos un Gobierno que no mintiese. Rubalcaba no estaba dando una lección de ética, sino que le convenía llamar mentiroso al PP para derrotarle con mayor facilidad, y no hubo más. Como Rubalcaba, los políticos mentirán mientras calculen que la mentira es rentable y que todavía les queda algún crédito para emplearla a fondo. Eso es todo.
*José Luis González Quirós es analista político

Deslealtad con Melilla, deslealtad con España
EDITORIAL Libertad Digital 19 Agosto 2010

El espectáculo de dejadez, cobardía e inoperancia que el Gobierno de Zapatero ha ofrecido estos días ante los intolerables insultos que el régimen marroquí ha dirigido contra la Policía destinada en los puestos fronterizos de Melilla, así como ante el bloqueo que Rabat ha instigado a la entrada de productos en la ciudad española, parecía difícilmente superable. El ministro José Blanco, sin embargo, ha querido hacerlo aún más bochornoso con unas declaraciones en las que acusa nada menos que de "deslealtad a España" al ex presidente del Gobierno, José María Aznar, por el supuesto delito de visitar esa ciudad española y transmitir a sus habitantes su solidaridad ante la situación de "acoso" y de "dejadez" que sufren.

Al margen de la mentira de Blanco de decir que Aznar "nunca visitó Melilla como presidente" –cosa que sí que hizo en dos ocasiones–, aquí la única deslealtad hacia España es la de un Gobierno que considera desleal que un ex presidente visite un territorio español y se solidarice con sus habitantes, que con fundamento sienten tanto el acoso del país vecino como la dejadez de su propio Gobierno a la hora de defenderlos. Aquí la deslealtad es la de quien, como Miguel Ángel Moratinos, desaparece en plena crisis teniendo que ser el Rey de España el que ejerza de ministro de Exteriores. Aquí la deslealtad es la de un Gobierno que, en lugar de atender las quejas que vienen haciendo las autoridades de la ciudad autónoma de Melilla, les pide que las silencie para "no contribuir a una escalada de la tensión con Marruecos". Aquí la deslealtad es la de un ministro como Rubalcaba que, en lugar de salir en defensa de nuestra policía frente a las calumnias lanzadas por Rabat, guarda un bochornoso silencio, tan desleal, por cierto, como el que durante tanto tiempo ha mantenido la ministra de Igualdad ante los insultos recibidos por las mujeres policía de nuestro país. Aquí la deslealtad es la de un Gobierno que finalmente cede y retira las mujeres policía de las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos, no sin antes haber concedido a Rabat un millón de euros, tal y como denunciaba este miércoles La Razón.

Que hable de "deslealtad a España" el ministro de un Gobierno que ha hecho de esa deslealtad la base de su política hacia Marruecos es el colmo de la impostura. Con todo, puestos a hablar de "deslealtades" de ex presidentes del Gobierno, aun recordamos la que, contra la tradicional posición de España en el Sáhara y en beneficio de Marruecos, perpetró en el debate organizado por Caixaforum el 28 de septiembre del año pasado Felipe González con declaraciones tales como que en el Sáhara Occidental "no hay expoliación de recursos porque no hay ninguna actividad económica" o que el Sáhara Occidental fue parte de Marruecos pues estaba ligado por "derechos especiales" con el sultanato de Marruecos o que Marruecos es "el país con mayor espacio de libertades del mundo árabe".

Aquellas declaraciones de González, quien, dicho sea de paso, jamás visitó Melilla en sus catorce años como presidente, provocaron una justa queja del Observatorio para los Recursos del Sáhara Occidental, mientras que nuestro Gobierno guardó un condescendiente silencio. Y es que González, a diferencia de Aznar, ha brindado a Marruecos tan excelentes servicios como para recibir del propio Mohamed VI el visto bueno a la construcción en Tánger de una mansión valorada en 2,5 millones de euros sobre un terreno de 5.000 metros cuadrados en primera línea de playa. Será por lo muy leal que el ex presidente socialista ha sido con España...

España, espacio de impunidad
CARLOS FERNÁNDEZ DE CASADEVANTE ROMANI  19 Agosto 2010El Correo

CATEDRÁTICO DE DERECHO INTERNACIONAL Y RELACIONES INTERNACIONALES UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS

El pasado mes de junio asistimos a una sucesión de distintos hechos relevantes desde la perspectiva de las víctimas del terrorismo. El día 23 entró en vigor la Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio, de reforma del Código Penal que consagra la imprescriptibilidad de los delitos de terrorismo que hubieren causado la muerte de una persona. Pocos días después, todos los grupos políticos con representación parlamentaria respaldaban la Proposición de Ley de Víctimas del Terrorismo que persigue la igualdad en la reparación económica a las víctimas ocasionadas por todos los grupos terroristas que han operado en España así como a las víctimas españolas en el extranjero, estableciendo a tal efecto unas tablas de mínimos y máximos. Por último, en ejecución del acuerdo adoptado por el Congreso de los Diputados declarando el 27 de junio Día de las Víctimas del Terrorismo, en dicha sede parlamentaria y bajo la presidencia del Rey, ese día se celebraba por primera vez el acto institucional de homenaje a las víctimas del terrorismo.

Sin embargo, y en paralelo con los avances anteriormente señalados en los terrenos legal y social, existe en España una realidad escandalosa que debería incitar a la reflexión. Pero no a una reflexión pasiva sino a una reflexión traducida después en acciones concretas que corrijan lo que a todas luces es un despropósito para una democracia y para un Estado que se proclama de Derecho.

Se trata de una realidad discutible en lo político, inadmisible en lo jurídico e insostenible en lo ético que sufren directamente las víctimas del terrorismo y que concierne al propio Estado. En efecto, de los 858 atentados con víctimas mortales cometidos por ETA a lo largo de su existencia, 300 están todavía sin resolver policialmente. En esa cifra se incluye un centenar de atentados prescritos y 78 autores materiales que pudieron acogerse a la Ley de Amnistía de 1977. El resultado de todo ello es que el 55,71% de los asesinatos de ETA gozan hasta la fecha de una impunidad de facto.

La impunidad de la que se beneficia el terrorismo etarra -a pesar de la gravedad que sus crímenes tienen tanto en el orden internacional como en el propio Código Penal español- es doble: de un lado, impunidad de facto como consecuencia de la prescripción de los delitos. De otro, impunidad de iure, legal, como consecuencia de la Ley de Amnistía de 1977 tantas veces invocada selectivamente en relación con los crímenes cometidos en la Guerra Civil española por uno de los bandos pero clamorosamente silenciada respecto de los cometidos por el otro y, en lo que aquí me interesa destacar, también en relación con el terrorismo de ETA. Y esto, a pesar de que los crímenes de esta organización terrorista son crímenes de lesa humanidad y, por tanto, imprescriptibles con independencia de lo que estableciera hasta ahora el Código Penal.

A la impunidad legal derivada de la Ley de Amnistía de 1977 hay que añadir la calificación a todas luces aberrante que la citada Ley hace de los crímenes que la misma amnistía pues los considera «de intencionalidad política». Así, de conformidad con su Artículo primero: «quedan amnistiados: a) Todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, tipificados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día 15 de diciembre de 1976. b) Todos los actos de la misma naturaleza realizados entre el 15 de diciembre de 1976 y el 15 de junio de 1977, cuando en la intencionalidad política se aprecie además un móvil de restablecimiento de las libertades públicas o de reivindicación de autonomías de los pueblos de España».

Uno se queda perplejo al comprobar que la citada Ley admite que en el contexto de una dictadura asesinar civiles (miembros o no de las fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado) y militares son «actos de intencionalidad política». Más todavía, que en esa intencionalidad política pueda apreciarse, además, «un móvil de restablecimiento de las libertades públicas o de reivindicación de autonomías de los pueblos de España».

A esta realidad dramática hay que añadir otra no menos sonrojante acontecida desde la restauración de la democracia en España en 1978: los cerca de 300 atentados de ETA aún sin resolver policialmente y el centenar de asesinatos prescritos. ¿Cómo puede ser esto posible en un Estado que se dice de Derecho y cómo puede ser que ningún órgano del Estado se escandalice? ¿Acaso el Estado considera saldadas sus deudas con las víctimas del terrorismo sobre la base de la reparación económica? De ser así, incurriría en un grave error porque la principal reivindicación de las víctimas del terrorismo -como de toda víctima- es que se haga realidad su derecho efectivo a la justicia. En efecto, los daños que la pasividad y la impunidad ocasionan a las víctimas del terrorismo como consecuencia de las prescripciones propiciadas por la inactividad o por el deficiente funcionamiento de los órganos del Estado, no se reparan con dinero. La única reparación real se deriva de la justicia. De una justicia efectiva. Sin ella, ni existe el Estado de Derecho ni la democracia es tal. Por mucho que a algunos se les llene la boca con tales conceptos.

La Ley de reforma del Código Penal que consagra la imprescriptibilidad de los delitos de terrorismo llega tarde, muy tarde, para los 858 asesinatos ya cometidos por ETA. Por este motivo es todavía más urgente que los poderes ejecutivo y judicial se pongan manos a la obra investigando cómo se encuentra cada uno de los casos aún pendientes evitando su prescripción. No se trata, sólo, de una reivindicación de las víctimas del terrorismo sino, sobre todo, de una exigencia que responde a consideraciones elementales de justicia. Una justicia que es incompatible con la impunidad.

a la ley de acogida
La Defensora del Pueblo defiende el recurso frente a los insultos de ERC
La Defensora del Pueblo en funciones, María Luisa Cava de Llano, ha explicado que recurrió la ley catalana de Acogida de Inmigrantes ante el Tribunal Constitucional por "coherencia" con la sentencia sobre el Estatuto. El recurso fue impulsado por el diputado José Domingo, de Impulso Ciudadano.
Europa Press Libertad Digital 19 Agosto 2010

En declaraciones a COM Radio recogidas por Europa Press, Cava de Llano ha afirmado: "Porque yo acato la sentencia del TC, he creído oportuno presentar el recurso", recordando que, según el fallo, el hecho de que el catalán sea la lengua propia de Cataluña no justifica su uso preferente frente al castellano.

La Defensora ha expresado su sorpresa por la defensa de la ley por parte consejeros del Gobierno catalán como Joaquim Nadal y Carme Capdevila, y ha remarcado que "las sentencias deben ser acatadas". "Estamos hablando ni más ni menos que del Tribunal Constitucional, que merece un respeto por parte de todos", ha proseguido, y ha calificado de "desafortunadas" las críticas del Gobierno catalán y de los partidos catalanes.

Asimismo, ha considerado que las declaraciones del Conseller de Innovación, Universidades y Empresa del Gobierno catalán, Josep Huguet, sobre el anterior Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, "suponen un desconocimiento sobre la figura de Múgica y una ignorancia".

En este sentido, ha recordado que ella ocupa el cargo desde el 30 de junio, y ha remarcado que Múgica no ha tenido nada que ver con el recurso de inconstitucionalidad contra la ley de Acogida de inmigrantes. "Yo asumo plenamente la autoría del recurso interpuesto", ha remachado.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Violencia intencionada
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 19 Agosto 2010

La violencia callejera ha sido utilizada en diversas épocas por ETA y su entorno para cubrir la inactividad, voluntaria o forzosa, de la banda terrorista. El hueco que dejan los atentados que no se cometen se intenta ocupar con los 'cócteles molotov'.

En 1992, cuando descendió la actividad etarra a causa de la crisis de Bidart, se disparó la violencia callejera para ocupar el vacío forzoso dejado por ETA. En 1998, el hueco fue voluntario por la tregua de Lizarra, pero la kale borroka no se detuvo, sólamente se hizo selectiva y se concentró en los adversarios ideológicos. Ese tipo de ataques crecieron, a pesar del parón del terrorismo, un 82%.

En el alto el fuego de 2006 tampoco se detuvieron los actos violentos del entorno etarra. ETA miró hacia otro lado diciendo que eran «muestras del enfado popular» y los justificó porque a fin de cuentas la Policía también seguía haciendo algunas detenciones. Cuando en las conversaciones con los enviados del Gobierno le pidieron explicaciones sobre esa violencia, los representantes etarras se hicieron los ofendidos como si se les insultara por sospechar de ellos. Batasuna calificó de «muy graves» un par de episodios (un ataque en Barañain y otro en Getxo), pero guardó silencio ante la mayoría de incidentes. La cifra de ataques fue creciendo a medida que se deterioraba el proceso como una forma de presión.

En cualquier caso, en ninguna circunstancia la violencia callejera ha sido un episodio desligado de la estrategia general de ETA y su entorno. Los sabotajes no fueron ni son obra de francotiradores del 'cóctel molotov', de disidentes o de saboteadores. Y mucho menos cuando nos encontramos ante un rosario de incidentes llevados a cabo en localidades separadas, coincidentes en el tiempo y realizados con premeditación.

En este momento no se sabe bien cuál es el objetivo de esta sucesión de incidentes, pero lo que es seguro es que no se trata de violencia gratuita. Tienen un objetivo y, además, de naturaleza política. Puede ser, como otras veces, que quieran ocupar el espacio que deja el silencio forzoso de ETA, puede ser que, una vez que se ha conseguido que EA firme la alianza independentista con Batasuna, ya no necesitan guardar las formas como antes y los alevines de la violencia vuelven por donde solían. Puede que quieran transmitirle un mensaje a alguien. Ya se verá.

Lo que se ha visto es una respuesta raquítica de la izquierda abertzale -léase Batasuna- que, además de no condenar los ataques, ha puesto más intensidad en criticar las reacciones de las demás fuerzas políticas a la violencia que la acción de los encapuchados. Este comportamiento ya se ha dado en el pasado. No es novedoso y, desde luego, no aporta crebilidad alguna a la supuesta opción por las vías políticas.

España
Despertar de la siesta
Bernd Dietz Libertad Digital 19 Agosto 2010

Definitorio el cate, las banderillas negras con reflectante retintín, que propinan las encuestas del CIS al olimpo de los políticos españoles. No sólo suspenden el presidente del Gobierno y el líder de la oposición, sino el cien por cien de los integrantes (e integrantas) del consejo de ministros. La única escala fehaciente deriva de lo repelente a lo abominable, pasando por lo repulsivo. Menuda pitada con recochineo. ¡Con lo módicos que salen de oficio los aprobados en el sistema educativo progresista! Cabe concluir verosímilmente que, según criterio de los compatriotas, de por sí encomendados a la indulgencia plenaria, el rendimiento de quienes rigen el país o podrían llegar a hacerlo sólo sería empeorable con perseverancia devota, aunque si proseguimos ahondando en la degeneración feliz, todo pueda andarse. Porque el ciudadano medio, incluso bajo la ebriedad futbolera y desplegando banderas (limitadas a menesteres deportivos), dice abrigar la convicción de que su vida y la de su país han caído en manos de una panda de incompetentes y farsantes.

¿Es ello remediable? ¿Nos compensaría que lo fuera? ¿Cómo podría un pueblo que, según la demoscopia institucional, se percibe estafado por sus gobernantes, a quienes teme y desprecia sin parar de votarlos, pero ante los que no le caben más narices que aguantarse (toda vez que éstos exudan una hybris de hormigón necrosado y se han erigido, con nuestra aquiescencia, en los avispados operarios que manejan las compuertas del presupuesto y la coerción), comenzar a desembarazarse de tales indeseables, para proveerse a cambio, en aras de la salud colectiva y el futuro de los niños, de un liderazgo más edificante? ¿Cómo podrían los incontables españoles que son decentes a machamartillo, no hablan con lengua de serpiente, detestan (como Marañón) que encima nos preciemos de ser pícaros y jamás codiciarían lo que no les pertenece (aunque resulte alcanzable sin contratiempos), coexistir circundados de menos felonía y zafiedad?

Se ha comentado con elogio (no por parte de quienes suspiran, heridos de amor, por el gorila rojo, la actual viagra revolucionaria de los que antaño piropeaban al camarada Fidel) la composición del nuevo gobierno colombiano formado por el liberal Juan Manuel Santos, señalándose que figuran en él técnicos de alta cualificación, personas de incontestable prestigio moral e incluso recientes adversarios ideológicos del propio presidente que los nombra. En fin, que es comprobable que éste haya compuesto un gabinete reuniendo lo mejor de lo mejor, sin hipotecar el país con sectarismo, fullería o nepotismo, ni reiterar el truco predilecto de nuestros maquiavelos domésticos, consistente en rodearse de pelotas, trepas, pillos, friquis y floreros, al objeto de resaltar por contraste mecánico. ¡Eso es astucia, alta doma politológica y patriotismo! Tal le aclararan a Sonsoles, cualquiera sirve para presidirnos. Algo verificable.

Hispanoamérica lleva siglos enalteciendo la lengua española (que desde nuestra pusilanimidad preferimos llamar castellana). Ya con clara superioridad, desde que los escritores del famoso boom, medio siglo atrás, demostraran que la patéticamente provinciana era la metrópoli matricial, mientras que el cosmopolitismo exuberante se ubicaba en la periferia. ¿Cómo iban a competir Cela con Borges, Delibes con Vargas Llosa, los Goytisolo en trinidad con un solo Lezama Lima? Pues calculemos ahora, cuando acaparan las bellas letras esos hipostasiados plumíferos desenmascarados, un día sí y otro también, por lectores y fieras literarias sin anteojeras ni pelos en la lengua. Si los españoles no tenemos ganas de enmendarnos, habrán de ser los sudacas quienes, en el ámbito hispanoparlante, rescaten la meritocracia y la aristocracia del espíritu (verbigracia, un Nicolás Gómez Dávila, colombiano también), como han preservado la cortesía o la vocación de excelencia, y podrían llegar a reivindicar, con los franceses, nuestros toros (a los que nunca faltará un abertzale, pues Jon Idígoras vistió profesionalmente de luces), ceremonia cuya significación civilizatoria acaba de subrayar Gustavo Bueno.

Que nadie se trabuque. Es mejor desperezarse, extraer consecuencias prácticas, honrar la acción noble y determinada. Recuperemos algo de sensatez y vergüenza, o lo tendremos aún peor. La cosa no va de picaresca espabilada, no. Eso está requetevisto. Norteamérica superó a Gran Bretaña hace bastantes décadas (y no hay más que ver la combatividad de una y otra en la lucha antifascista para distribuir los agradecimientos). Pero a los carpetovetónicos nos sigue faltando un hervor de modestia, de honestidad o de grandeza para admitir que, sin virtud ni honradez (esto es, sin desactivar nuestras martingalas), no hay éxito homologable. Los partidos no se ganan comprando al portero rival. Nuestras hijas no han de recibir cátedras si nuestros esbirros les pergeñan la bibliografía y los evaluadores transigen por caridad, asegurándose un anticipo antes de arribar al cielo. El Plan E no es para que mi partido me construya una rampa de acceso a casa. Esos bajonazos abyectos nos afrentan a todos. Los listillos se salen del parchís. Las justificaciones hieden.

Más vale confiar en que nos saquen las castañas del fuego aquellos bravos hermanos de América que todavía evocan la posibilidad de que afloren intelectuales y políticos de categoría. Pues con paso sosegado llegan los chinos, sonrientes y cumplidores, para aplicarnos, saludablemente, el correctivo de eficacia económica, respeto a los ancestros, culto al saber y pragmatismo inteligente que toca recibir.
Bernd Dietz es catedrático de Filología Inglesa y escritor.

Nuevo ataque proetarra con la quema de dos contenedores en Vitoria
Batasuna dice que no le conviene ahora el terrorismo callejero, y no lo condena
Madrid - J. M. Zuloaga La Razón 19 Agosto 2010

La llamada «Izquierda Abertzale» (IA), el brazo político de ETA, protagonizó ayer un nuevo capítulo del proceso de engaños que se ha marcado para que sus listas estén presentes en las elecciones municipales y forales del año que viene.

Forzada por la presión de Eusko Alkartasuna, el único partido que (por interés propio) se ha avenido a colaborar en su proyecto, hizo público un comunicado con el que hace ver que los actos de terrorismo callejero que se han producido en los últimos días no convienen a sus planes actuales. No los condena, como tampoco repudia la extorsión que siguen sufriendo los empresarios ni, por supuesto, formula ninguna exigencia a la banda para que cese en sus actividades criminales.

En el comunicado reitera su «apuesta inequívoca» por «la utilización de vías exclusivamente políticas y democráticas»; por ello, considera que «cualquier acto que rompe esta estrategia se sitúa fuera de la misma».

Para los proetarras, los ataques de «kale borroka» se han producido «en un contexto en el que la dinámica de reivindicación de los derechos que le son conculcados a Euskal Herria y a los presos políticos vascos se ha convertido en el eje del verano», lo que les induce a pensar que tras estos actos se esconde la «intencionalidad política de romper la dinámica reivindicativa». Es decir, que se presentan como víctimas del vandalismo callejero, protagonizado por organizaciones que, como ellos, pertenecen al entramado de la banda. En un reparto de papeles, Batasuna es la buena y hay que darle lo que pida, frente a los malos, que son los que incendian contenedores y camiones.

El comunicado se hizo público tras la quema, en la noche del martes al miércoles, de dos contenedores en una calle de Vitoria, en lo que constituía el sexto acto de «kale borroka» en diez días. El presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, subrayó que todo esto se debe a que Batasuna «se engorda con los Currin, EAs y expectativas en las cárceles».

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