AGLI

Recortes de Prensa   Viernes 20 Agosto  2010

 

Comienzo de curso
Por mucho voluntarismo que ponga ZP, no debería tener más salida que anunciar elecciones.
Arturo Moreno. www.gaceta.es 20 Agosto 2010

Los acontecimientos más emblemáticos que se vislumbran en el horizonte político más inmediato son: la huelga general del 29 de septiembre, las elecciones primarias en el PSM el 3 de octubre; la presentación de los presupuestos, la negociación política para su aprobación; y las elecciones autonómicas en Cataluña el próximo mes de noviembre.

Estos hechos previsiblemente tendrán lugar en un contexto de persistente deterioro económico; los primeros síntomas claros de crisis aparecieron en agosto del 2007 y han ido minando la capacidad de resistencia, la confianza de los sectores económicos productivos y generando una crisis social de proporciones mayúsculas y duración todavía desconocida. El endeudamiento masivo de la economía en la esfera pública y privada, junto a un paro pertinaz y resistente, debilitan las posibilidades de recuperación del consumo y la inversión y por lo tanto del crecimiento económico. Alemania, salvando las distancias, es un buen espejo donde mirarse, con una economía basada en la exportación y sustentada en la productividad y en la competitividad, que crece a niveles previos a la reunificación. La vertebración de un nuevo proyecto nacional debe tener en la exportación uno de sus ejes principales.

Aunque en España la política gire en torno al cálculo electoral y esté orientada hacia la inmediatez, probablemente cada uno de estos hitos cronológicos producirán consecuencias políticas.

Una resistencia cívica a la huelga general contribuiría a cuestionar los privilegios de las superestructuras sindicales y abriría una reflexión sobre el sinsentido de su tozudo inmovilismo ajeno a la realidad. Además esto podría significar el inicio de una nueva etapa, de un proceso de adaptación del sindicalismo a un mundo en cambio permanente, sujeto a un proceso irreversible de globalización que demanda reformas profundas y no tapones que pretenden estancar el inevitable curso de la Historia.

Por otro lado, y especulando con la hipótesis de que se produjese una derrota de la candidata del presidente del Gobierno y secretaria general del PSOE en el proceso de elecciones primarias abiertas en el PSM, se trataría de la primera y emblemática brecha de contestación política interna al presidente. Esto podría tener efectos multiplicadores incidiendo en el proceso de desautorización política que vive el presidente y remarcaría su aislamiento. Si se produjera ese resultado, podría interpretarse que las bases de ese partido apuestan por la renovación interna pudiendo ésta tener consecuencias insospechadas. No sé si dicha hipótesis puede tener éxito. Depende de otras personas, pero suena bien y podría reducir el margen de actuación del presidente para dar continuidad a la legislatura y mantener su liderazgo.

La búsqueda de apoyos para los presupuestos previsiblemente tendrá lugar con esas dos incógnitas ya resueltas. No sólo la aprobación de los presupuestos significaría la continuidad de la legislatura –lo cual tendría un coste para los grupos que den su apoyo (especialmente PNV o IU)– sino que también el ojo de los observadores políticos estará pendiente del precio pagado por el PSOE como contraprestación al apoyo recibido. Precio pagado con cargo a los bienes comunes de todos los españoles. Existe un riesgo cierto de vaciamiento del núcleo básico del Estado central, que es la garantía de la cohesión nacional. Esto debería hacer sonar las alarmas, no sólo en el primer partido de la oposición, que se enfrenta al riesgo de heredar “un Gobierno sin Estado”, sino en amplios sectores de la opinión pública y del Partido Socialista, especialmente los que representan en el Parlamento a algunas comunidades donde el proceso de desvertebración las conduciría a un abismo insondable.

Frenar el desmantelamiento del Estado debería de ser una tarea nacional prioritaria. Ser demócrata no es “el todo vale” y ser español exige garantizar, como dice la Constitución, que España siga siendo “la patria común indivisible de todos los españoles”.
Por último, las elecciones en Cataluña, que se celebrarán en un clima político degradante y complejo. Creo que una minoría radical en Cataluña ha impuesto su discurso político y ha sido comprado por los llamados nacionalistas moderados, y esa hoja de ruta conduce a una espiral independentista. En mi opinión, no existe en la clase política catalana la más mínima autocrítica sobre su responsabilidad en el declive y aislamiento de Cataluña, ignorando el amplísimo autogobierno del que han gozado. Sólo se envenena el clima político echando la culpa de todo a España. Hace ya muchos años se produjo un desentendimiento de la sociedad civil catalana sobre el destino político de Cataluña, cediendo esa función a su clase política. Ahora, cautiva y dependiente del poder político, se muestra incapaz de recuperar su protagonismo y su sentido crítico. Convendría recordar a Cervantes: “Tú mismo te has forjado tu ventura”. Se tiene lo que se ha sembrado. O a Tarradellas: “Cataluña no puede hacer política contra la mayoría de los españoles”.

Por mucho voluntarismo que tenga el presidente en su particular stress test, si la realidad se va decantando así y los mercados lo van acusando, no debería tener más remedio que anunciar la convocatoria de elecciones.

Para despejar incertidumbres se necesita ya una fecha electoral cercana. Podría decantarse por hacerlas coincidir con las municipales y autonómicas en mayo, con objeto de evitar dos procesos electorales separados por escasos meses, en medio de una gran crisis económica. Así podrían tener tiempo para elegir un nuevo candidato, si finalmente no optase por su nominación. La convocatoria conjunta trataría de movilizar a toda su estructura y buscar el voto cruzado de una parte de la sociedad, que podría votar una cosa en las generales y otra en las municipales o regionales. Además fortalecería el bipartidismo.

Lo que sí parece inaplazable es que después de las generales, el PP y el PSOE, en un nuevo clima político, lleguen a acuerdos nacionales imprescindibles.
*Arturo Moreno es jurista.

Patriotismo tardío y efímero
MANUEL RAMÍREZ (catedrático de derecho político) ABC 20 Agosto 2010

Cuando uno se lanza a exponer, con mayor o menor acierto, alguno de esos temas no habituales y que casi inevitablemente conducen al conflicto o a la discrepancia, tengo para mí que lo más idóneo es buscar antecedentes en quienes con reconocida sabiduría han sentado afirmaciones generalmente dadas por válidas. Por referirnos únicamente a un ejemplo, cuando en estas últimas semanas ha vuelto a la palestra el convencionalmente denominado «problema catalán», resulta de gran osadía decir algo sobre el mismo sin mirar atrás, como si se tratara de asunto de hoy día, fruto de una sentencia y alguna que otra manifestación. Y, naturalmente, ese mirar hacia ya bastantes décadas anteriores requiere la premisa de la objetividad. Me ha llenado de asombro, en este punto, la declaración de un célebre político de Cataluña condenando a Ortega por su afirmación, durante el primer bienio de la Segunda República y en plenas Cortes Constituyentes, de que se estaba ante un problema sin solución que únicamente se podía «conllevar», mientras, acto seguido, se alababa la postura de Azaña por haber logrado la aprobación del primer Estatuto para aquella «Región autónoma» (la Constitución de 1931 no pasó de tal denominación y con no escasas cautelas). Y es que, si así ocurrió al comienzo, no así fue al final: las mayores descalificaciones para el uso de dicha autonomía una vez comenzada la guerra civil las hace el mismo Azaña, llegando a la penosa afirmación, similar a la de Ortega, de que el problema no tendría solución, fuera cual fuese la forma de régimen político que en nuestro país existiera. Hace falta leer un poco más, incluso cuando a uno no le interese lo que otros afirman.

En estas semanas atrás han acaecido dos acontecimientos (lo siento, pero lo de «eventos» no me gusta) que abiertamente me han sorprendido. Dos ocasiones en las que, de pronto, ha salido a flote con fuerza una constante y ruidosa apelación al patriotismo. Al patriotismo español, me refiero. Aunque a mí me apetecería llamarle mejor «españolidad», ya que no me agradan los «ismos» que para todo suelen valer, para lo bueno y para lo menos bueno.

D En primer lugar, «el servicio a la patria» como argumento para que todos se implicaran, con esfuerzo y sacrificio, en la tarea de superar la crisis económica que padecemos. En la llamada se omitía la realidad de que esta situación es, por una parte, un claro reflejo de la condenable globalización capitalista venida de lejos y como consecuencia de excesos anteriores. Y, por otra, que es al actual Gobierno, por la propia naturaleza de serlo, a quien corresponde fundamentalmente la dirección adecuada para salir del caos. Pero, en vez de ello, vino la acusación a los partidos de la oposición de no embarcarse en una empresa «patriótica», sin pensar en más. ¡Y salió la Patria! Este refugio político y de conveniencia viene de muy atrás en nuestra historia política. Cuantas veces han aparecido en nuestro hemiciclo discusiones sobre puntos tales como la religión del Estado o la aceptación del sufragio, la Patria se desempolva. Nada menos que allá en 1868, cuando se elabora la gran Constitución del año siguiente, ya sorprende una intervención eclesiástica que afirma aquello de «me temo que quienes hoy se opongan a la religión, se estén oponiendo también a la Patria». Y viniendo más acá, es la misma CEDA de Gil Robles la que, al aparecer durante nuestra Segunda República, afirma venir a la defensa de la «Patria, la religión católica y… la propiedad privada»: ¡extraño matrimonio difícil de entender!

Quizá ahora lo único original es que esa supuesta apropiación de la Patria era algo que se achacaba siempre a la derecha y, en este caso, es la izquierda o semi-izquierda la que la utiliza como reclamo. ¡La Patria como solución económica! Cuando la realidad viene dando muestras hace decenios de que lo patriótico anda por los suelos y con bastante olvido. Cuando lo de las Autonomías ha dañado, en distintos lugares, a ese sentimiento de unidad nacional que está en la base de lo español. Cuando unos quieren ser nación y ello no espanta. Otros se manifiestan para pregonar la independencia del todo que es la Patria. Cuando se quema la bandera nacional y nadie lo impide. Cuando ya se confiesa en las encuestas que el llamado Estado de las Autonomías se ha desbordado. ¡Cuánto envidio de nuevo a Francia, cuyo presidente se atreve, sin complejo alguno, a declarar delito la quema o destrozo de la bandera de aquel país! Por aquí, graves insultos al Tribunal Constitucional y abucheos a quien es símbolo constitucional de esa unidad patria. Y no pasa nada, claro. ¡Los votos son los votos y en esto ha quedado el espíritu de una Transición, dañado por demás por una llamada Ley de Memoria Histórica que ha venido, con grosería, a todo lo contario!

En segundo lugar, de nuevo la Patria, España, como auténtica tormenta de emociones, al producirse la victoria mundial de la llamada «roja» (la verdad, hubiera preferido la tradicional denominación de «selección nacional», pero ya se sabe) en un campeonato de la mayor importancia. Va de suyo que mi contento estuvo también presente. Sin duda. Pero lo que ha motivado mi nueva extrañeza ha sido la exaltación españolista que adquirió el acontecimiento. ¡Había «ganado España»!

La hemorragia de loas a «lo español» no ha tenido límites. Incluso con gritos y exclamaciones que, si uno hubiera hecho en cualquier otro lugar habría, sin duda, recibido el calificativo de «facha» o «franquista». Y los cánticos no han tenido reparo: «la bendita locura de ser español», «el milagro y orgullo de España», «soy español, español, español», «hemos ganado nosotros, España». En verdad ha faltado bien poco para llegar a lo de «unidad de destino en lo universal» de cuna joseantoniana. Poco menos. Y delirios, homenajes con un país que parecía así resolver todos sus problemas. Y si alguien se atrevía a exponer, con timidez, algún reparo a tanta algarabía, la respuesta estaba preparada: ¡es que esto da mucho dinero! La pregunta: ¿para quién? ¿Para los pobres negros que también viven en Sudáfrica? No, claro. ¿Para nuestros pensionistas? Tampoco, claro. ¿Para nuestros interminables parados? Aún menos. ¿Para nuestros «recortados» y silenciosos funcionarios? Qué cosas tiene uno. Dinero sí y mucho. Para las muchas empresas que anunciaban bebidas y que bien pagarían a los jugadores que a tales anuncios se han prestado. De esto, ni pío. ¡España, España! Y a uno le surgen mil dudas, naturalmente. ¿Cuántos de los que a la sazón así gritaban estarían dispuestos, llegado el caso, de sacrificar algo de ese patriotismo para defender, por ejemplo, la auténtica e indudable hispanidad de mi querida ciudad natal hasta ahora llamada Ceuta? Otra vez, ni pío. ¡Soy español, español!

Habría sido mucho mejor y, sobre todo, menos falaz, dejar a la Patria tranquila (?) en ambos supuestos. Si es que en lo que se ha caído no es en algo bien distinto: patrioterismo, que no es patriotismo, ni mucho menos. La Patria, con mayúsculas, nada tiene que ver con altibajos de la Bolsa o con goles que se obtienen. No me atrevería a concebirla como ya rota. Pero sí creo que, al menos, está agrietada, llena de grietas y graves heridas. Y es sabido que al final de lo que así anda, no puede tener buen fin. Hay que cerrar grietas y, sobre todo, precisar lo que patriotismo comporta. Su definición objetiva no tiene nada de fácil. Diríamos que conjunto de sentimientos (¡aquí el sentimiento ocupa el primer lugar!), tradiciones, vivencias no manipuladas de pasados con éxitos o fracasos, formas de concebir el mundo y de actuar conforme a ellas. Sin duda lo que nos hace diferentes, ni mejores ni peores, de los británicos o los islámicos. Lo que nos gusta o no de la realidad española que en cada momento vivimos. Lo que nos motiva, sin regateo alguno (sí: algo que todos tenían claro al jurar una bandera durante el absurdamente suprimido servicio militar y es que seguimos sin saber reformar, en vez de ello abolimos o destrozamos). El patriotismo se nos transmite por nuestros antepasados, por nuestras familias y, por supuesto, debiera serlo siempre por nuestras escuelas y, en fin, por todos aquellos medios que nos socializan y educan. Una gran empresa común a la que recientemente nuestro Rey ha llamado a todos: políticos, partidos y comunidades autónomas. Sin eso, sin la prioridad de lo común, lo que queda es mero particularismo. ¡Cómo lo sufrió el mismo Unamuno al describir su propia experiencia del difícil vivir que siempre le acompañó! Lo otro nos parece tardío y, por supuesto, efímero, pasajero. Por no utilizar adjetivos peores, naturalmente.

Melilla y la deslealtad
José Antonio VERA La Razón 20 Agosto 2010

Lo que ocurre con Melilla es que los socialistas van siempre al compás de Rabat, algo que no escapa a la atención de los melillenses, desde hace años recelosos de la política poco comprometida de Zapatero. Que el PSOE en la ciudad autónoma tenga una representación residual no es casualidad. Los vecinos de la bella Rusadir están cansados de que los gobiernos socialistas miren para otro lado cuando surgen problemas, hartos de que piensen muchos que la incorporación de Melilla a Marruecos es cuestión de tiempo. No se entiende de otra manera que Zapatero callara cuando se fue a visitar a Mohamed VI y admitiera que éste le pusiera delante de las narices un mapa de Marruecos en el que figuraban como territorios suyos no sólo el Sahara, Ceuta, Melilla, las Chafarinas, los peñones y Perejil, sino hasta Canarias. Eso sí que fue deslealtad. El entonces jefe de la oposición se entrevistó con el rey alauita al margen del presidente Aznar, que siempre rechazó las reivindicaciones del vecino país. Algo que irritó sobremanera a Marruecos y que desembocó a la postre en el intento de usurpación de Perejil. ¿Se imaginan cuál sería hoy la reacción de Zeta ante un hecho semejante? Ya sabemos que la importancia de Perejil es nula, pero también que no se puede admitir que alguien decida apropiárselo porque sí. No veo a nuestro intrépido presidente enviando a la Legión al peñasco para echar de allí a los invasores. Él empezaría diciendo que ese islote no vale nada, que en realidad nunca fue español y que se lo queden si quieren.

El problema no era Perejil, sino lo que significaba. Cometimos el error de entregarles el Sahara sin corresponderles, y desde entonces piensan que todo se puede obtener de la misma manera. Cuestión de presión y tiempo. Y de encontrar el momento. Por ejemplo, cuando el Gobierno de Madrid no sea tan firme como lo fue el de Aznar. Es decir, con un Ejecutivo que, como ahora, es incapaz de salir en defensa de una Melilla acosada premeditadamente desde la frontera. Porque no se trata de romper relaciones ni de declarar la guerra. De lo que se trata es de defender a los tuyos y de no esconderse como Moratinos o Aído. Se ha echado en falta la acción del ministro de Exteriores interrumpiendo sus vacaciones y haciendo los movimientos oportunos para resolver el conflicto. Moratinos tuvo en cierta ocasión el lapsus de llamar a Ceuta y Melilla ciudades marroquíes. Aído no llegó a tanto, pese a sus abundantes meteduras de gamba, aunque ha sido clamoroso su silencio de días ante las ofensas a las policías españolas. No es cuestión de romper relaciones. Es cuestión de defender a los nuestros. No tiene sentido que sea el Rey quien se ponga al frente de la diplomacia, cuando tenemos un presidente de Gobierno, tres vicepresidentes y un responsable de Exteriores.

Los ciudadanos de Melilla llevan años desencantados con el PSOE, a la vista de su pasotismo con la ciudad. Van de error en error desde los tiempos de Dudú. Por eso son hoy allí una fuerza minoritaria. No les interesa Melilla porque no creen en ella. No invierten en modernizarla y tienen parados la mayor parte de sus proyectos de infraestructuras. Están más pendientes del «qué dirá Marruecos». Y eso se nota.

Rendición preventiva
La izquierda y Marruecos
GEES Libertad Digital 20 Agosto 2010

¿Cree la izquierda de nuestro país en la españolidad de Ceuta y Melilla? ¿Se puede confiar en ella en relación con Marruecos? La pregunta no es baladí, ni retórica, puesto que la unidad nacional es cuestión de Estado, y esta sólo es posible desde un acuerdo nacional. Pero hoy, la izquierda española, desde Tele 5 a La Cuatro, desde la SER a Público y desde PSOE a IU –salvo UPyD–, están más dispuestos a ceder ante Marruecos que a enfrentarse a él. Lo más curioso es que lo hace dejándose de paso por el camino valores y principios que la izquierda siempre ha considerado suyos.

Cuestión relacionada es la actitud de la izquierda ante el régimen alauita. Marruecos es una dictadura incompatible con la democracia y los derechos humanos, sobre todo interpretados en clave progresista. Representa lo peor de la reacción a la ilustración o la modernidad. Y sin embargo, asistimos al espectáculo de la misma izquierda española que se pone en fila para apedrear a un franquismo felizmente pasado o disfruta buscando las cosquillas a democracias asentadas –usualmente Estados Unidos o Israel–, mientras esconde y silencia las gravísimas violaciones de derechos humanos en el Sáhara y en territorio marroquí. Doble rasero: la izquierda española se pone estupenda ante las democracias liberales, pero tolera y justifica dictaduras reales y cercanas como la marroquí, que encarna la negación de los supuestos valores progresistas.

Por otro lado, el carácter radicalmente religioso del régimen marroquí no preocupa a la laicista izquierda de Prisa o Mediapro. Los mismos que se quejan del supuesto protagonismo de la Iglesia Católica en España y Europa nada dicen del carácter teocrático y del régimen marroquí, donde no está claro si reina el primero de los creyentes o si se cree en lo que cree el que reina. En cualquier caso, la izquierda española no soporta que Rouco Varela hable de cuestiones cívicas, pero no tiene problema alguno en que Mohamed VI dirija el destino de los marroquíes. Ha pasado del opio del pueblo al cuius regio, eius religio sin solución de continuidad.

Tampoco en lo relativo a los pueblos oprimidos tiene la izquierda española muchos escrúpulos: decenios lleva Marruecos sometiendo a los saharauis a sangre y fuego. Es el pueblo oprimido geográficamente más cercano a España, pero la izquierda actual está más cerca de los palacios marroquíes que de las tiendas de campaña saharauis. Se indigna con el bloqueo legal a Gaza pero silencia el estado policial en Sahara, sólo porque lo lleva a cabo Marruecos.

En el caso de la paz –otro dogma izquierdista tradicional–, la izquierda de España no tiene problema alguno en mirar hacia otro lado ante una ocupación clamorosamente contraria al derecho internacional, el que tantas veces invoca la izquierda. Respecto a Argelia, pocas veces habla la izquierda de intereses comunes, pese a que España los tiene con este país –enfrentado a Marruecos– en bastante más número que con éste. Y respecto a las relaciones pacíficas con España, El País aún censura a Aznar la recuperación por la fuerza del status quo en Perejil con una severidad que contrasta con su actitud silente y hasta comprensiva ante quien lo rompió conscientemente, Marruecos.

Pesadilla para el laicista, el pacifista, el igualitarista, pero apoyado por la izquierda. Así que respecto a Ceuta y Melilla, islas de libertad, de libertad religiosa, de igualdad en la zona, la pregunta es: ¿cree la izquierda española en su españolidad? Creer de verdad, esto es, estar dispuesta a defender su integridad con la firmeza necesaria ante un vecino que ni ha renunciado ni renunciará a ocuparlas, llegado el caso usando la fuerza como en la verdadera Marcha Verde. No lo parece, dado el esquizofrénico amor de la izquierda ante Marruecos, que le lleva a perdonárselo todo; pero en cualquier caso, debiera ser sincera, porque la cháchara insustancial por la que justifica y afronta las últimas crisis con Marruecos es insostenible, sobre todo desde el punto de vista izquierdista.

Ceuta y Melilla son inviables para España si la izquierda está dispuesta a entregárselas, que es lo que implica no tener claro y no dejar claro que se defenderán por la fuerza si es necesario. De hecho, la reacción en su día y el recuerdo hoy de la izquierda del episodio de Perejil muestra dos cosas: primero, que si está en el poder cederá ante Marruecos con tal de evitar la posibilidad de enfrentamiento. Y segundo, que si está en la oposición se opondrá a cualquier política de firmeza ante ese país Y lo más curioso es que se trata de un país que representa fielmente los valores contrarios a los valores que la izquierda considera suyos: laicismo, igualitarismo, pacifismo.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Aznar en Melilla
Alfonso USSÍA La Razón 20 Agosto 2010

Corría el año 2003. Las tensiones con Marruecos provocaron la eventual retirada de embajadores. El entonces líder de la Oposición, Rodríguez Zapatero, dio la espalda a los intereses de España y voló a Rabat a entrevistarse con el caprichoso Sultán Mohamed VI. Hablaban y sonreían con un gran cartel de fondo en el que las islas Canarias formaban parte del territorio marroquí. Hasta la isla de San Borondón, que es alucinación, sueño y prodigio de entreluces, pertenecía a Marruecos. Aquello sí supuso una grave deslealtad con España. Establecer comparaciones entre el viaje rastrero de Zapatero y el paso por Melilla de Aznar sólo es factible mediante el cinismo.

Aznar ha estado en Melilla, y ha hecho muy bien. Melilla ha sido abandonada por nuestro Gobierno, el ministro de Asuntos Exteriores se ha comportado como un gamberro, Zapatero ha demostrado que le importa un bledo el presente y futuro de la ciudad española y la sensación de desamparo se ha extendido por todos los melillenses. Y Aznar ha viajado a Melilla. No a entrometerse en nada. Lo ha hecho como un español. Es innegable que Aznar no es un ciudadano del montón, y que su condición de ex presidente del Gobierno le concede unos matices diferentes. Para lo bueno y para lo malo. En el presente caso, el primer apartado. La indignación socialista es consecuencia de su humillación ante el Sultán, y cualquier excusa le sirve al Gobierno para disfrazar su inacción, su sometimiento y su política de cuclillas permanentes. Un español no tiene que pedir permiso a nadie para visitar una ciudad española. Y si esa ciudad española está siendo objeto de toda suerte de provocaciones, menos aún.

Aznar ha pisado y paseado las calles que ha rechazado Moratinos. Aznar ha saludado a los españoles a los que Moratinos ha negado el saludo y la cordialidad. Aznar ha recordado que Melilla es España mientras Moratinos no ha movido un dedo de los pies para salir de su escondite veraniego. El compromiso de Aznar ha sido con su presencia, que no con su voz, porque se ha limitado a pronunciar unas pocas palabras que no pueden considerarse aprovechadas o inoportunas. El problema de Melilla es el Gobierno de Zapatero, no Aznar. Y si el Gobierno de Zapatero no hace nada por remediarlo, habría de comprometerse a mantener su humillante silencio y no a reaccionar con celos histéricos por una actuación individual absolutamente normal. Dice Blanco que Aznar no visitó Melilla en sus ocho años de presidente del Gobierno. Y no le falta razón. Pero no ha acudido a rendir pleitesía al Sultán en contra de los intereses de España con unas islas Canarias marroquíes como telón de fondo.

La tragedia es que el Gobierno de España ha perdido su autoestima. No se tolera a sí mismo. Y esa grieta en la estimación propia la aprovechan los de siempre. No sirve, para esta ocasión, el pase de modelos de la vicepresidenta Fernández de la Vega. A Mohamed VI, los modelos de la vicepresidenta le importan la mitad de un dátil. Él no habla con mujeres, que por algo es más que un aliado de civilizaciones. Mucho y bueno tiene Marruecos. Es el tapón del islamismo sangriento. Y nuestras relaciones, siempre a caballo del amor y del odio, necesitan de una inteligencia diplomática que hoy nos resulta inalcanzable. Zapatero es un torpe y Moratinos un vago. Aznar ha estado en Melilla y su presencia hay que interpretarla con sosiego y normalidad. Un español por España nunca es una provocación. Y más vale tarde que nunca.

La marcha de las verduras
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 20 Agosto 2010

HACE 35 años, Hassán II ordenó una «marcha verde» hacia el Sahara llamado español, que desde entonces forma parte de Marruecos. Hoy, hacia Melilla y posiblemente Ceuta, se ha ordenado una «marcha de las verduras y otros alimentos», aunque a la inversa: impidiendo el abastecimiento de las dos ciudades españolas en el Norte de África.

Si los marroquíes son los primeros en saber que rendirlas por hambre es imposible, al ser fácilmente abastecidas por mar, ¿por qué lo hacen? Pues por reinar las mismas circunstancias que en el otoño de 1975 les empujó a lanzar la «marcha verde»: por saber de la extrema debilidad de España. Entonces, Franco agonizaba y aunque decía haberlo dejado todo atado y bien atado, nadie estaba seguro de cómo iba a ser el futuro. Sólo, que iba a ser diferente, muy diferente, como resultó. En cualquier caso, lo que urgía era concentrarse en la escena nacional, no en un territorio a muchos cientos de kilómetros, que sólo ocupábamos desde 1884. En cuanto a los soldados españoles que lo custodiaban, ¿qué iban a hacer ante aquella invasión pacífica? ¿Ponerse a disparar contra los hombres, mujeres y niños desarmados que llegaban? Así se perdió el Sahara, más para los saharauis que para España.

Lo de Melilla y Ceuta, ciudades españolas desde hace siglos, es distinto en cuanto a derechos, pero no en cuanto a estrategia. Los marroquíes las consideran suyas y harán cuanto esté en su mano para anexionárselas. Si la marcha les dio resultado en el Sahara, nada de extraño que la utilicen de nuevo, ahora en dirección contraria, no con personas, sino con mercancías. Aunque de momento haya quedado suspendida, preparémonos para este tipo de bloqueos, acusaciones, maniobras y alarmas. Su estrategia es ésa. Lo que no está claro es la nuestra, si es que existe alguna.

Pues el mayor paralelismo entre 1975 y 2010 es la extrema debilidad del Gobierno español, que se extiende a España. Pese a todas sus idas, venidas, planes, contraplanes, declaraciones, desmentidos, avances y retrocesos, Zapatero es un cadáver político. Todo le ha salido mal y todo apunta que irá a peor. Ni la remodelación territorial de España, ni la negociación con ETA, ni los remedios anticrisis le están dando resultado y por no controlar, empieza a no controlar su propio partido, como ha puesto en evidencia el enfrentamiento interno desencadenado en Madrid.

Nadie lo sabe mejor que Rabat, consciente de que en igualdad de condiciones, pierde frente a España, pero que en una de sus recurrentes crisis políticas, puede ganarle. Parece creer que se encuentra en una de ellas. Quiero decir que ésta no es una crisis con Marruecos. Es una crisis española.

Enrique Múgica
Martín PRIETO La Razón 20 Agosto 2010

La injuria es un arte y no está al alcance de los patanes. No es lo mismo tachar de analfabeto a Menéndez Pidal que tildar de Casanova a Marcel Proust. Por el recurso ante el Constitucional de una Ley de Acogida de Inmigrantes que alzaprima el catalán, jabalíes de ERC como Huguet y Puigcercós han definido al ex Defensor del Pueblo Enrique Múgica como falangista y aliado del racismo, lo que mueve a risa por el contenido y el contexto, ya que fue Múgica quien pasó por los penales franquistas por ser miembro destacado del Partido Comunista y cesó en el cargo de Defensor del Pueblo justo antes de la presentación del recurso. Cuando estos pitecantropus semierectus aún no habían nacido, el PCE y luego el PSOE fueron los exponentes antidictatoriales,tanto que Felipe González y Alfonso Guerra nunca pisaron Carabanchel.

Se dice que Dios primero confunde a quienes desea perder, y estos restacuartos independentistas realmente deliran. ¿Son racistas o xenófobos? Enrique Múgica Herzog es vasco, español, judío y por línea materna franco-polaco. ETA asesinó a su hermano Fernando, dolor que creo aún no lo ha superado. Hombre bonancible, es complicado acceder a las escaleras, de su casa, porque los libros rebosan los peldaños. Acierto ecuánime del presidente Aznar fue consensuarle como Defensor del Pueblo, y durante sus dos mandatos ha sido imparcial y apartidista. Como los de ERC son analfabetos políticos, estiman que aquellos que no enarbolan las esteladas son émulos de Hitler. Confortémonos con lo que dijo Anatole France: «Cualquiera que sea la manera de pensar y obrar, es mala señal no ser vilipendiado, insultado o amenazado».

Obama y la retirada de Irak
CEFAS La Razón 20 Agosto 2010

El presidente Obama necesitaba retirar tropas de Irak y acabar con las operaciones militares. Su popularidad aumenta tanto en Europa como retrocede en Estados Unidos. Esto explica por qué le urgía tomar esta decisión. Necesita gestos que le puedan favorecer en las decisivas elecciones de otoño frente a unos republicanos que se han recuperado. La situación en Irak sigue siendo muy compleja porque hace meses que los partidos intentan formar un gobierno tras las elecciones legislativas y su ejército todavía no está preparado para enfrentarse a los terroristas. Nunca he tenido la más mínima duda de que fue una guerra tan acertada como necesaria. Irak está mejor sin un dictador sanguinario como Sadam y Aznar acertó al apoyar la intervención militar. EEUU y sus aliados han pagado un alto precio en vidas humanas, pero con Sadam morían asesinados y torturados cada año miles de iraquíes. El coste económico ha sido muy elevado para la primera potencia, pero ha demostrado, otra vez, su compromiso con la libertad.

Obama se retira de Irak
Editoriales ABC 20 Agosto 2010

EL presidente norteamericano, Barack Obama, ha preferido que los últimos soldados de combate saliesen de Irak de forma tan discreta que ha parecido casi clandestina. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que a la Casa Blanca solo le interesa dar cuanto antes el carpetazo a los dos escenarios bélicos que tiene abiertos, ahora en Irak y, en cuestión de meses, en Afganistán. Atrás quedan más de siete años y 4.415 soldados caídos, en una de las guerras más complejas y polémicas de la historia. En 2003, el entonces presidente, George Bush, invadió el país con el apoyo prácticamente unánime de la sociedad norteamericana y Obama fue elegido en gran medida a causa del agotamiento anímico y moral de los estadounidenses. Desde el punto de vista militar, Estados Unidos y los aliados aplastaron al ejército de Saddam, pero la victoria se jugó en los múltiples errores de los primeros meses de la ocupación, en los que toda la alegría con la que los iraquíes habían recibido a los marines se transformó en amargura, rencor y finalmente desprecio. La gran lección para una potencia militar tan poderosa como Estados Unidos está clara: no basta con aplastar al enemigo; hay que ser capaz de ayudarle eficazmente a levantarse de nuevo.

El debate sobre las armas de destrucción masiva jamás encontradas no puede enturbiar eternamente el auténtico perfil de un conflicto en el que se jugaba mucho más que la caída de un siniestro dictador con ambiciones de imponerse como una potencia regional destinada a desestabilizar a sus vecinos. Saddam Husein era un gobernante que mantenía sometida a la mayoría chií de la población, que gaseaba inmisericordemente a aldeas enteras de kurdos y que castigaba a todos sin distinción, a cuenta de sus estados de ánimo. Que el Irak que conocemos hoy no sea todavía un país estable y seguro no quiere decir que lo fuera en tiempos en que era gobernado por la mano de hierro de Sadam. La diferencia es que ahora el camino hacia la libertad y la prosperidad es posible, aunque todavía lejano. Al final, el balance de la guerra estará en manos de los propios iraquíes. Obama quiere lavarse las manos con la esperanza de que sea lo mejor para la seguridad de Occidente, pero él tampoco sabe si después de esta retirada de las tropas de combate la situación empeorará a causa de los ataques terroristas. Su opción es clara: unos Estados Unidos retraídos sobre sí mismos, con poca voluntad de ejercer ningún papel dominante en el mundo. Otras fuerzas con voluntad global se alegran de ello.

María Luisa Cava de Llano, defensora del Pueblo
"No entiendo que ataquen al TC quienes no comparten su misma legitimidad"
El recurso contra la ley catalana de acogida lo interpone "el Defensor del Pueblo como institución". El TC corrige los "excesos de las leyes", aunque sean democráticos.
Santiago Mata. www.gaceta.es 20 Agosto 2010

Barcelonesa de 1948, María Luisa Cava de Llano y Carrió es abogada y militante del PP balear, circunscripción por la que fue diputada en las legislaturas de 1993, 1996 y 2000. Desde 2005 era adjunta primera al Defensor del Pueblo, cargo que ocupa interinamente desde el 1 de julio, al cesar Enrique Múgica. El pasado día 13, recurrió ante el Tribunal Constitucional la ley catalana de acogida a los inmigrantes, por el uso exclusivo del catalán que propugna en su artículo 9. Defiende el respeto debido al TC como garante de que se puedan corregir los “excesos” de las leyes, por democráticas que éstas sean.

-¿La Defensora del Pueblo toma partido a favor del recurso de la plataforma Impulso Ciudadano contra la ley de acogida o sólo lo tramita?
-El recurso de inconstitucionalidad es del Defensor del Pueblo y expresa los criterios de la institución.

-¿Qué responde al argumento de que las leyes adoptadas democráticamente (Oriol Amorós se refería al apoyo del 90% del Parlamento catalán) son intocables?
-El proceso democrático no impide que las leyes incurran en excesos, y de ahí la existencia de un recurso de inconstitucionalidad, que precisamente está para asegurar la democracia misma y el respeto de todos los poderes públicos al cuadro fundamental de reglas de juego, que es la Constitución.

-Viceversa, ¿es antidemocrático negarse a aceptar las reglas del juego y decir que no harán caso (como han hecho varias autoridades catalanas) de lo que diga el TC?
-La jurisprudencia del Tribunal Constitucional vincula a todos los poderes del Estado. Éste es el sistema que los ciudadanos nos han marcado para resolver los conflictos institucionales. No puedo entender cómo personas con responsabilidades públicas niegan al Tribunal Constitucional y a todo el sistema una legitimidad que también les legitima a ellas.

-¿El Gobierno puede haber minado el prestigio del TC, al argumentar que no podía suspender cautelarmente la Ley del Aborto, por haber sido aprobada en Cortes?
-No me corresponde hacer valoraciones de esta naturaleza. Como he dicho, acepto lo que diga el Tribunal Constitucional y me gustaría que entre todos fuéramos capaces de promover un mayor respeto a la delicada e importante tarea que nuestra Constitución le encomienda.

-En cuanto a los recursos del Defensor del Pueblo, ¿el TC está trabajando razonablemente bien?
-El Tribunal tiene una carga de trabajo impresionante, especialmente por la vía de los recursos de amparo. Me gustaría que los recursos de inconstitucionalidad no se demoraran, pero comprendo que hay que seguir un cierto orden en la resolución, y además ciertas cuestiones sólo se pueden tomar después de un proceso riguroso de análisis y maduración de la decisión.

En cualquier caso, para ciertos temas esenciales, como los recursos de inconstitucionalidad frente a Estatutos, creo que deberíamos reflexionar sobre la reimplantación del llamado recurso previo de inconstitucionalidad.

-¿Cómo se podrían resolver asuntos estancados –o retrasados– que le afectan, como los de la renovación del TC, o el propio nombramiento del próximo Defensor del Pueblo?
-Lo ideal es que la renovación de los cargos institucionales, y muy especialmente de cargos de la importancia de los señalados en la pregunta, no se eternice. Las instituciones tienen que funcionar con normalidad; esto es algo que desde el Defensor del Pueblo nos preocupa mucho y nos lo aplicamos con todo rigor: los ciudadanos no tienen por qué padecer las consecuencias de una situación de interinidad y tienen derecho a que nos dediquemos a sus problemas con todo el catálogo de medidas que la Constitución y las leyes ponen a nuestra disposición. Así se lo transmití a mi equipo. Hay que trabajar igual que siempre, dure lo que dure esta situación.

Por otra parte, lo esencial a la hora de cubrir estos puestos es elegir bien más que elegir rápido.

-¿Qué asuntos le parecen más urgentes entre los que está tramitando?
-Diariamente en la casa entran muchos asuntos. Todos ellos tienen a personas detrás y todos ellos plantean problemas acuciantes para la gente que acude a nosotros. Hay de todo y es difícil hacer una gradación; desde problemas urbanísticos, sanitarios, acceso a prestaciones en unos momentos de crisis como éstos, retrasos judiciales, asuntos de extranjería (como expulsiones o la protección de los derechos de los hijos españoles de padres en situación irregular).

Además de todo esto, piense en que desarrollamos un amplísimo programa de visitas a centros de privación de libertad (cárceles, centros de internamiento, comisarías, etc.) o a centros administrativos tanto para la investigación de quejas como para el desarrollo de nuestras funciones como Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura. Como puede ver, no es precisamente trabajo lo que nos falta, y bien ilusionante por cierto.

HEREU, DE PERFIL
La Audiencia Nacional prohíbe el homenaje a la etarra Laura Riera
El Semanal Digital 20 Agosto 2010

El juez Pablo Ruz ha prohibido el acto de exaltación a la terrorista de ETA que pretendían llevar a cabo grupos antisistema ante la inacción más absoluta del Ayuntamiento de Barcelona.

El juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ha prohibido el homenaje a la colaboradora etarra Laura Riera convocado este sábado en el barrio barcelónes de Gràcia, al considerar que su celebración supondría la "exaltación del currículo delictivo" de personas "vinculadas a la organización terrorista ETA". La decisión llega después de que el Ayuntamiento de Barcelona se hubiera puesto de perfil al asegurar que no tenía entre sus atribuciones desautorizar el acto.

Así consta en un auto dictado este viernes en el que el magistrado ordena a la Consejería de Interior de la Generalitat de Cataluña y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que "adopten las medidas necesarias" para evitar la celebración del acto, que conllevaría la comisión de un delito de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas.

Ruz, que sustituye temporalmente a Baltasar Garzón al frente del Juzgado Central de Instrucción número 5, ha adoptado esta decisión a instancias de la asociación Dignidad y Justicia (DyJ) y de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, que le reclamó el jueves que impidiera la celebración del acto al entender que su única finalidad es "la justificación de las acciones delictivas desarrolladas en nombre de ETA y la adulación pública de quienes las cometen, animando a su mantenimiento".

Los informes policiales solicitados por el juez instructor ponen de manifiesto que Riera fue condenada en mayo de 2004 a nueve años de cárcel por colaborar con el Comando Barcelona, que actuó en Cataluña entre 2000 y 2001 llevando a cabo atentados como el que costó la vida del ex ministro socialista Ernest Lluch.

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Homenaje a Riera
La sombra de ETA
Antonio Robles Libertad Digital 20 Agosto 2010

Ha tenido que ser la Fiscalía de la Audiencia Nacional quien intervenga y pida la prohibición de la marcha en honor de la colaborada de ETA en Cataluña, Laura Riera, que saldrá de prisión el 21 de agosto después de pasar 9 años en la cárcel por colaborar con ETA. El Ayuntamiento y el consejero del Interior del Gobierno catalán, Joan Saura, nada habían hecho por prohibir la marcha con antorchas que tenían previsto llevar a cabo en medio de las fiestas de Gracia tanto la Asamblea de Joves de Gràcia como la Comisión de Fiestas Populares anunciadas en sus respectivas páginas web.

¿Qué es lo que querían celebrar? ¿Su puesta en libertad? ¿Por qué? ¿Acaso están orgullosos de lo que hizo y consideran una hazaña meritoria colaborar con ETA para matar? ¿O es que quizás su ideología independentista les lleve a rechazar el universo moral de los tribunales que la condenaron y quieran resarcirla y apoyarla con su presencia para insistir en los métodos que la condenaron? ¿Qué es lo que pretenden ofrecerle con el homenaje? ¿Acaso no ven nuestras autoridades municipales y autonómicas que ni uno de los que la agasajarán habrán sentido el dolor de sus víctimas? ¿Tan débil es la raya entre el bien y el mal para el Consistorio barcelonés o para el responsable de Interior, Joan Saura, cuando se trata de prohibir manifestaciones o manifestantes con estética e ideologías nacionalistas de "casa nostra"?

Es un síntoma inquietante que el presidente del grupo parlamentario autonómico de ICV-EUiA Jaume Bosch se haya situado en la equidistancia entre los manifestantes pro etarras y los grupos políticos que denunciaron la marcha de apoyo a la colaboradora de ETA cuando, refiriéndose a las denuncias de Populares y Ciudadanos hizo un llamamiento para "no caer en provocaciones ni de un lado ni del otro", tanto por parte de los que organizan actos de este tipo, como por parte de los que los critican con mala fe en busca de réditos electorales. Esa miserable deducción nos debería hacer reflexionar. Parece que, para algunos nacionalistas, ciertas formas de lucha cercanas a sus propios fines ideológicos, aunque no compartan sus métodos literalmente, atemperan la gravedad de sus actos hasta confundirlos con los métodos políticos. Así, en 2007, según reveló El Mundo, un documento interno emitido por el Departamento de Justicia de la Generalidad calificaba de "presos políticos" a Laura Riera y a su pareja, Diego Sánchez Burria, también condenado por colaborar con ETA.

Este tipo de lenguaje y este relativismo moral en función de los fines compartidos desvelan la miserable pasividad del Ayuntamiento de Barcelona y de las autoridades del orden público del Gobierno de la Generalitat. Aunque en esta ocasión, el fiscal haya puesto las cosas en su sitio.

¿Se le ocurriría a Jaume Bosch hablar de equidistancia ante el secuestro, violación, tortura y crimen de las tres adolescentes del aquel horrendo crimen de 1992 conocido bajo el nombre de crimen de Alcácer? ¿Se atrevería este sujeto político a hablar de equidistancia para criticar a los grupos políticos que se opusieran a un reconocimiento público de los posibles asesinos?

Piensen por qué en este caso se atreve éste, o se inhiben otros.

Nacionalismo
El huevo deseado
Eva Miquel Subías Libertad Digital 20 Agosto 2010

Annie Hall es uno de mis largometrajes preferidos. Me transporta a la época gloriosa y de esplendor de Woody Allen y con eso me basta. En una de estas noches de desvelo, por motivos que no vienen a cuento y entre el sonido metálico de las chicharras, me acordé de esa magnífica secuencia en la que Alvy Singer, tras el reencuentro con una espléndida Diane Keaton, recuerda un viejo chiste donde un tipo le cuenta al psiquiatra que su hermano está loco, al creerse una gallina; y a la pregunta del doctor de por qué no lo lleva a un manicomio, le contesta: lo haría pero... es que, verá, necesito los huevos.

Así es cómo Allen dice entender las relaciones humanas: irracionales, absurdas, pero que mantenemos porque deseamos esos huevos.

En una de esas horas después de haber amanecido en la que me entregué al surfing radiofónico gracias a nuestra querida tecnología que me permite llevar en el iPhone numerosas emisoras esté donde esté, cacé al vuelo la entrevista al Conseller d´Innovació, Universitats i Empreses donde llamaba a la insumisión y al no cumplimiento de "sentencias de este tipo", refiriéndose al recurso interpuesto por la actual Directora de la Oficina del Defensor del Pueblo ante el Tribunal Constitucional por la Ley de Acogida de Inmigrantes donde en su artículo 9 establece un sistema de preferencia lingüística del catalán sobre el castellano en cuanto a la formación, información y prestación del servicio de primera acogida para inmigrantes.

Josep Huguet, uno de los consejeros de la Generalitat de ERC a quien le tocó su particular y ansiado trozo de tarta en el reparto del gobierno tripartito y tras tildar al cesado Mújica de fascista en clara sintonía con el gráfico dicho español "cree el ladrón que son todos de su condición", suelta lo siguiente: "Las Instituciones de Estado que deberían ser neutras y arbitrar, tales como el Defensor del Pueblo, se utilizan como instrumento para aplicar un modelo de preeminencia de una lengua sobre otras".

Recuerdo en mi etapa escolar a mi entonces profesora de lengua y literatura catalanas, que entre lecturas de Narcís Oller nos intentaba explicar la diferencia entre bilingüismo y diglosia poniendo como ejemplo la época en la que la lengua catalana se había sentido en inferioridad de condiciones. ¡Cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo! Pues sí, no hace tanto, así que nadie se ponga a contar, que una servidora cursaba BUP en las Escuelas Pías de Barcelona en los años ochenta. Entiendo que por preeminencia de una lengua sobre otra sabrá el Consejero a qué se refiere ya que éste es un ferviente partidario de las sanciones económicas de la Generalitat a los comercios que rotulen en castellano. No es el caso de un rótulo en serbo-croata, cap problema, doncs.

Otra perla del muchacho cuya gran aportación a Cataluña ha sido la de ir sustituyendo progresivamente souvenirs de marcado carácter español por figuritas de castellers, ya que aquellas están hechas y vienen de "fuera" (por mi madre que mis orejillas lo escucharon) ha sido la siguiente: "Nos quieren atar de pies y manos para que no podamos abordar un fenómeno tan complejo como la inmigración desde nuestras responsabilidades".

Habló de responsabilidades uno de tantos que bramaba contra la Delegación de Gobierno de Cataluña en época de José María Aznar paseándose ante las iglesias para dar apoyo a los numerosos inmigrantes sin papeles que se hacinaron en ellas manifestándose por la negación, en algunos casos, de la documentación requerida para circular de manera regular en nuestro país.

Por cierto, de aquellos polvos estos lodos, pero hoy no toca que me estoy acelerando. No tienen el más mínimo pudor a la hora de soltar por esa boquita tales barbaridades. No tienen, y lo siento porque saben que intento cuidar el envoltorio con el que suelo contarles las cosas, vergüenza. Ni la tienen, ni la conocen y además, seguro que duermen a pierna suelta.

Acabo. Me hizo ilusión leer el otro día la entrevista en Yo Dona a Rosa Esteva, la fundadora y propietaria del Grupo Tragaluz. Les diré de antemano que soy clienta habitual de sus establecimientos desde el original Mordisco, donde siendo muy jovencitas nos dirigíamos al Paseo de Gracia con Rosellón a tomarnos unas refrescantes ensaladas junto a Carmen y Laura con unos rollitos de sándwich tostado original y apetitoso. Allí, nuestras penurias y alegrías amorosas se digerían mucho mejor. Y si te tocaba en la mesa de al lado a Jaume Figueras, estupendo pues. Siempre tenía alguna película en mente por la que preguntar a uno de los mejores críticos de cine de este país.

Decía que acababa y acabo. Esta empresaria catalana, emprendedora, visionaria y con arrojo, que ha sabido transmitir lo mejor del espíritu barcelonés a través de la estética, calidad gastronómica y funcionalidad de sus locales, se siente decepcionada y advierte de la defunción de la Ciudad Condal gracias a la inigualable labor del nefasto tripartito. Y lo dice, por fortuna –como otros muchos en privado– una clara representante de la sociedad civil de Barcelona y de la tradicional burguesía catalana. Pero cada vez más, aunque intento mantener mi insensato optimismo, creo que mis paisanos necesitan esos huevos.

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