AGLI

Recortes de Prensa   Martes 31 Agosto  2010

 

Zapatero y el cuento chino
Manuel Romero www.lavozlibre.es 31 Agosto 2010

Ya no sé si el presidente del gobierno asume un papel que le queda grande o es que realmente le escriben discursos con la retórica de Obama, creyéndose ungido por el poder divino.

A Zapatero se le puede tomar por lo que es: un Presidente que sembró discordia donde no la había, que encendió debates sobre brasas extinguidas y que abrió heridas donde ya había cicatrizado. Desde negociar con torpeza con una ETA en decadencia, hasta animar y fomentar cambios en los estatutos autonómicos, pasando por redescubrir la Guerra Civil, sus pasos no se han dirigido a calmar tensiones nacionales. Al fin y al cabo, a un hombre que no cree en la nación española, tampoco puede exigírsele ser fiel a sus intereses comunes.

Ahora, el listado de asuntos putrefactos se acrecienta con el paso de los años en esta segunda legislatura de su mandato: presidir un gobierno sin apoyos suficientes en el Congreso y dirigir un PSOE en el que las taifas autonómicas marchan cada cuál por su camino, le coloca en una posición de debilidad que, lejos de ser un peligro, alienta la esperanza de que al menos no tendrá ánimo de iniciar nuevas majaderías recurrentes que dejen a España abierta en canal.

En este estado de cosas, siendo el campeón europeo del paro, sin acabar de apuntillar a ETA, con los nacionalistas crecidos en cada rincón del país, con la dilapidación del caudal público en múltiples proyectos sólo útiles para las ansias disgregadoras de esos grupos locales, con una enseñanza fragmentada por territorios, la que cada niño estudia una Historia diferente; con la persecución y discriminación de ciudadanos, escritores, artistas, comerciantes y empresarios, a los que se multa para forzarles a expresarse en idiomas regionales coactivamente implantados… va Zapatero a Shangai y expresa ante una audiencia extranjera aún impresionada por la victoria de España en el Mundial de Suráfrica: “La Exposición Universal ofrece a mi país una excelente oportunidad para mostrar al mundo lo mejor de nosotros mismos. La riqueza de su cultura, la fecundidad de su lengua, el empuje de nuestras empresas y la capacidad creativa de la España de hoy”.

Con lo de “la fecundidad de su lengua” debe referirse al idioma castellano, o español, capaz de poner en contacto a 500 millones de personas y a ser el que más crece en Internet. Sin duda, debe aludir a la lengua que provoca que los Institutos Cervantes de todo el mundo tengan lista de espera para asistir a sus cursos. Pero también debe ser el idioma que es declarado pomposamente lengua común en la Constitución, pero que en parte de la nación no dispone de centros de enseñanza ni de libros escolares, y que se ha erradicado de la actividad política, cultural y -ahora también- comercial.

Me gustaría que Zapatero bajara de su atril en Shangai y subiera al estrado de un aula en Cataluña para explicar a los estudiantes por qué no pueden estudiar en español y por qué su enseñanza la ha confiado a los ‘realities’ de televisión, con lo que ello significa. Y por qué no abre un Instituto Cervantes en Barcelona, donde sin ninguna duda, más falta hace.

Deciamos ayer
Antonio Pérez Henares. Periodista Digital 31 Agosto 2010

Con medio país, por no decir entero, con un cabreo fino, que ahora con la manía de ponerle nombres raros, se llama síndrome posvacacional, por tener que volver a trabajar, se nos abren las puertas de un septiembre donde solo nos falta Fray Luis de León para decir aquello de “Decíamos ayer”. Porque lo que ayer decíamos sigue valiendo exactamente para hoy. Y si uno se pone realista, que el gobierno tildará de apocalíptico antipatriotismo, un poco peor.

Agosto nos ha dejado en la maraña con Marruecos. “Pasado” sentenció Rubalcaba. Pues ya es presente otra vez. Agosto nos envenenó aún más el “problema catalán”. Montilla, el gran tonto útil al que los nacionalistas esperan , en cuanto lo pasen por las urnas, dejar en tonto a secas, cuenta días y hace cábalas. Pero su suerte parece más que echada y los daños, que en connivencia con Zapatero han causado, y algunos más que aceleran para causar, en los muros maestros de la vertebración de España, se antojan irreversibles y , hace falta querer ser ciego, nos llevan a puntos sin retorno y a situaciones que hace nada parecían impensable. La insensatez de un aprendiz de brujo, y el presidente del Gobierno ha ejercido como tal en este aspecto desde que asumió el poder, empieza a revelarse en sus cada vez mayores y mas nefastos efectos. Para España digo. Que los independentistas están a cada día que pasa más contentos.

De economía ¿para que hablar?. Seguimos en “un pasito palante mi vida, un pasito patras” . Lo que “reflexiona” Blanco, lo desautoriza Salgado, y luego vuelve asomar el “casivicedetodo” y vuelta el borrico al trigo. Que es lo mismo que cuando Corbacho dice A y luego le replican que B y luego será que tal vez ni A ni B pero tampoco C. Eso si, todo con mucho optimismo y con Zapatero haciendo metáforas en China. No se que se traerá. Quizás al menos un refrán como aquel que hizo suyo Felipe González sobre gatos negros o blancos y que lo que importaba era que cazaran ratones. Ya sería mucho.

Alguna crisis de Gobierno deberá haber. Si la Trini gana las primarias, que está por ver, de obligado cumplimiento y doble si como rumorean Moratinos se va a querer ser alcalde de Cordoba, que lo tiene peor que Boabdil en Granada y no debe tener ninguna gana de ir. Habrá cambios aseguran. Bueno ¿y que?. ¿Y para que?.¿ Acaso va a cambiar el gobierno su manera de hacer, porque gobernar ya es mucho pedir.?

En fin, que al cabreo, fino o grueso, ahora llamado síndrome posvacacional, se nos une la sensación pringosa de seguir en el pantano de las declaraciones y en la inanidad de las decisiones. Y las que se toman, o se quieren tomar, vuelvo a Cataluña, lo que nos dejan es aún más sumidos ya no en la perplejidad pero si en la pregunta de hasta donde puede llegar la irresponsabilidad.

Patriotismo o partidismo
Javier G. FERRARI La Razón 31 Agosto 2010

Ése es el dilema con el que se encuentra el presidente del Gobierno al inicio de este curso político. O saca adelante unos Presupuestos que no van a convencer a nadie dinamitando el Gobierno constitucionalista de Euskadi y sacrificando a Patxi López, o convoca elecciones generales para que sean los españoles quienes decidan si quieren un gobierno fuerte que afronte con decisión y sin paños calientes una crisis que no sólo es económica sino de valores.

Todo hace pensar que Zapatero, una vez más, optará por lo primero y ofrecerá al PNV lo que sea con tal de mantenerse en el poder. Un Gobierno abrasado, sin ideas pero con mucha propaganda, lo único que busca es una huida hacia adelante y para ello necesita de los votos de los nacionalistas vascos que esta vez parecen dispuestos a echar un auténtico órdago. A la gente de Urkullu no le importa lo más mínimo los números y el interés general de España. Aunque sus portavoces insistan en que sólo apoyarán unos Presupuestos para salir de la crisis la realidad es que para ellos lo único que importa es sacar tajada en materia de transferencias y autogobierno sobre la base del plan Ibarretxe que han rescatado del baúl de los recuerdos.

Si la opción de ZP es la de mantenerse al precio que sea, va a poner en riesgo muchas cosas, y la primera la estabilidad del actual Gobierno vasco apoyado por un PP que no ha pedido nada a cambio, dando una lección de patriotismo de la que deberían haber aprendido los socialistas. Pero el sentido práctico de la izquierda española no tiene límites y Zapatero sabe que unas elecciones anticipadas le arrojarían, con toda probabilidad, a las tinieblas exteriores. Y el presidente no está por la labor de dejar el poder aun cuando se lo pida una mayoría de los ciudadanos y no pocos barones de su propio partido que conspiran en la sombra para sustituirle en el cartel electoral. Para empezar, al menos la mitad de los socialistas madrileños, los que apoyan a Tomás Gómez, vería con buenos ojos que Zapatero no repitiera como candidato a la presidencia, y no pocos de la vieja guardia han dedicado algunos momentos de sus vacaciones para lanzar la especie de que hay que cambiar de caballo si se quiere ganar la próxima carrera. Pero de momento nadie ha tenido el valor para decir públicamente lo que susurran en privado.

Y en la otra orilla tampoco faltan las críticas hacia Rajoy, a quien consideran demasiado blando y previsible y al que le piden más firmeza y más ideas para conseguir una mayoría cómoda. Con este panorama se abre una temporada llena de incertidumbre y con dos citas electorales de gran trascendencia. La primera, en Cataluña, donde todo hace presagiar el final de casi ocho años de tripartito que no han traído más que conflictos y tensiones. Y la segunda en mayo del próximo año, donde el PP puede conseguir unos resultados impresionantes. Mantener todas las comunidades y ayuntamientos en los que ya gobierna y arrebatarle a los socialistas algunas de sus plazas es el objetivo que se ha marcado la dirección de los populares. Lo primero parece sobre el papel bastante fácil. Lo segundo nos dará la medida de hasta qué punto la mala gestión de Zapatero ha contaminado a alcaldes y presidentes de su partido.

Zapatero se la juega
El Editorial La Razón 31 Agosto 2010

El nuevo curso político que arranca tras las vacaciones aparece como uno de los más complicados que se recuerdan para el futuro de Rodríguez Zapatero, y también de más incierto desenlace. El presidente se la juega en muy distintos frentes y en circunstancias altamente adversas. De su habilidad para maniobrar en terrenos pantanosos y de su capacidad de aguante para no arrojar la toalla dependerá también la suerte del país. Las experiencias no son tranquilizadoras para los intereses generales. En estos últimos años ha habido argumentos y razones más que suficientes para dar la palabra a los ciudadanos en unas elecciones anticipadas. Con un Gobierno desbordado e ineficaz y una situación económica y del empleo muy adversa, Zapatero se ha mantenido a la espera de que la tormenta escampara y de que Europa le hiciera los deberes a tiempo. Pero lo cierto es que los problemas se han amontonado y el desgaste de su figura y el descrédito de la gestión de sus ministros son cada vez mayores. La encuesta de NC Report para LA RAZÓN certifica que una mayoría de españoles (49,7%) cree que, pase lo que pase, el presidente no convocará elecciones generales. O lo que es igual, que piensan que el jefe del Ejecutivo no actúa conforme al bien común.

Zapatero regresará a su despacho oficial sin pasar por el tradicional mitin de Rodiezmo, a modo de preámbulo del otoño caliente que le aguarda. La huelga general y los Presupuestos Generales del Estado 2011 serán dos reválidas tempranas que marcarán el futuro del Gobierno y puede que el desenlace precipitado de la Legislatura. El apoyo de los nacionalistas a la Cuentas no será gratis y los daños colaterales de esa negociación no serán menores. La alternativa es que si no es capaz de superar esas pruebas, si le explota la situación de aislamiento y de soledad social y política, no habría salida política legítima que no fuera la cita con las urnas.

En cualquier caso, Zapatero tiene además los frentes abiertos de los enfrentamientos internos en el PSOE de Madrid, las próximas elecciones en Cataluña o la crisis económica, con la subida de impuestos y la reforma de pensiones como debates vulnerables para el Ejecutivo, que a buen seguro no mejorarán su deteriorada imagen pública. Y todo ello con la vista puesta en ETA y la posible candidatura proetarra a las elecciones locales y forales. Un panorama difícilmente más negro, que genera un escenario de incertidumbres inconveniente para un país con demasiadas urgencias.

Desde hace meses hemos insistido editorialmente en que estamos ante un Gobierno cuyo tiempo político se había agotado y en que sólo la alternancia política sería capaz de generar la confianza perdida para emprender, con la autoridad moral y política recobrada, las reformas profundas que el país necesita. El Ejecutivo ha sido víctima de su propio estilo de dirigir el país, a golpe de improvisación y ocurrencias, sin un rumbo determinado. Desbordado por las consecuencias de sus errores, decidió cambiar de dirección parcialmente urgido por Europa. Quedarse a medio camino fue la peor opción. La verdad es que el curso político parece agotado antes incluso de su arranque.

Sin mordaza y sin velos, contra la partitocracia
Ramón Peralta Martínez. Minuto Digital 31 Agosto 2010

Josep Anglada, concejal del Ayuntamiento de Vic y presidente de Plataforma por Cataluña, acaba de publicar un libro, Sin mordazas y sin velos, magníficamente editado por Rambla, en el que expone un ideario político que podemos considerar como “políticamente incorrecto”. Por lo que tiene de crítica y denuncia de un sistema político como el español oportunamente acusado de partitocrático, escasamente democrático por tanto y aquejado de una corrupción generalizada y creciente protagonizada por una clase política instalada en las cúpulas de los partidos políticos establecidos que está degenerando ya en lo que Anglada califica de “casta política podrida”.

El pensamiento político del autor que fundamenta su novedosa fuerza política Plataforma por Cataluña, puede definirse como propio de un conservatismo democrático-patriótico en cuanto que se valoran positivamente las realidades propias y consolidadas de nuestra sociedad que otros quieren destruir en nombre de lo que llaman “progreso”: la familia, la libertad individual, la espiritualidad del hombre en un sentido cristiano, la soberanía del pueblo como nación, el derecho a la vida, a la propiedad y a vivir con seguridad, el reconocimiento de los méritos de cada persona.

Me gustaría destacar, en particular, la crítica a la partitocracia que el libro de Anglada no rehuye, crítica de esa forma degenerada de la democracia, una especie de “democracia basura”, prácticamente limitada a guardar la formalidad ritual de los votos en las urnas, en la que la reducida cúpula de los partidos establecidos o “dinásticos” (“cupulocracia”, realmente, pues desaparece incluso la democracia interna en los partidos) se constituyen en castas corrompidas y expoliadoras de modo que sólo ellas ejercen la libertad política que se reconoce constitucionalmente a todos los ciudadanos, castas apuntaladas sobre un sistema electoral de listas cerradas decididas por el jefe del partido así como sobre una fórmula política parlamentarista que impide la división y control entre los poderes públicos, de manera que el jefe del partido que gana unas elecciones se convierte, en la práctica, en el dueño efectivo de los tres poderes básicos del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial: él es el único soberano en una suerte de neo-absolutismo partitocrático-parlamentarista disfrazado de democracia.

Con esta fórmula política establecida en la Constitución de 1978 acaba por desaparecer la verdadera representación de los ciudadanos en las Cortes, al jefe de Gobierno lo elige el Congreso y no los ciudadanos directamente (en muchas ocasiones esta elección del Congreso recae sobre las minorías separatistas de manera que un con apenas un 2 por ciento de los votos se puede determinar la elección del jefe de Gobierno a cambio de un permanente chantaje “soberanista”) y, además, el poder judicial se encuentra sometido por completo a las cúpulas de los partidos políticos.

La exigencia de una reforma en profundidad de la Constitución vigente es la consecuencia lógica de esta crítica acertada, consistente y democrática al sistema político actual, una reforma que nos permita ser verdaderos ciudadanos: elegir, por un lado, a nuestro diputado de distrito como nuestro auténtico representante; elegir, por otro lado, en consulta distinta, al jefe de Gobierno; tener garantizada la independencia y profesionalidad de jueces y fiscales; replantear el carísimo, irracional y desnacionalizador modelo territorial ultrarregionalizado vigente; elegir directamente al alcalde y por otra parte a los concejales municipales, etc… Anglada introduce una parte importante de estas demandas en el debate político en lo que resulta una apuesta verdaderamente democrática, propuesta que se puede ir mejorando y concretando en un futuro próximo con los consejos oportunos.

La otra parte del discurso político presentado en este libro es la que se refiere a la inmigración y al Islam, y el autor lo hace con absoluta libertad de opinión, con franqueza, sin “correcciones políticas”, que no son otra cosa que formas espurias de control mental y de destrucción sutil de la libertad política ciudadana. Por primera vez de un modo consistente y frontal disponemos de un texto que disecciona un problema que existe en el seno de la sociedad española y que hasta las encuestas públicas y oficiales incluyen ya como una de las principales preocupaciones de los españoles junto a la crisis económica y a la clase política establecida.

Anglada relaciona inmigración ilegal y descontrolada con crisis económica, rebaja de los salarios de los españoles, delincuencia creciente, aumento del tráfico de drogas, mafias criminales, deterioro de la salud y educación públicas, deterioro, en fin, de la convivencia en nuestras ciudades y pueblos. La gravedad de este discurso radica en que a Anglada no le falta razón. Hace sólo 15 años los inmigrantes suponían apenas el 2 por ciento de la población. Ahora son cerca del 15 por ciento contando legales e ilegales. Que ha pasado aquí?. Tanto los gobiernos del Partido Popular como, sobre todo, los del PSOE tienen la respuesta. España no puede asimilar, no puede digerir esta repentina y descontrolada avalancha inmigratoria sin asumir graves costes por ello, máxime cuando una grave crisis económica azota a nuestro pueblo. Anglada califica esta avalancha como una gravísima amenaza para nuestra sociedad por todos los motivos citados anteriormente, amén de suponer el “jaque mate” para nuestro Estado de Bienestar. El análisis del autor es franco, nítido, certero, hipocresías al margen.

La amenaza se multiplica en el caso de la inmigración de musulmanes a nuestro territorio, ya cerca de medio millón establecidos en Cataluña, como destaca el autor, a diferencia de lo que sucede, en general, con la inmigración hispano-americana o europea.. Anglada se define como político “identitario”, esto es, decidido a defender la identidad del pueblo del que forma parte y al que aspira a representar. Se trata de una concepción política profunda fundada sobre el concepto de “arraigo”: las personas somos parte de un pueblo determinado, de una tierra concreta, de una cultura diferenciada, es lo que otorga un sentido pleno a nuestra existencia y nos hace como somos, y todo ello en el marco superior de la espiritualidad cristiana que defiende el autor contra las engañosas propuestas materialistas y “globalizadoras” al servicio de intereses ajenos.

Pues bien, Anglada considera que el Islam es ahora la mayor amenaza a nuestra identidad de hombres libres, cristianos europeos por catalanes y españoles. El autor no entra en el juego interesado del “nacionalismo” catalán y considera correctamente a Cataluña una región de España con sus particularidades. La creciente inmigración de musulmanes a España y a toda Europa en general, promovida culpablemente por la izquierda política, sería una suerte de “diáspora” islámica, de carácter definitivo, que resultaría inasimilable desde los falsos cánones del “multiculturalismo” defendido por la clase político-intelectual dominante por ahora en Europa de índole “socialdemócrata”, estatista, materialista y siempre políticamente correcta, claro está, una élite político-intelectual que a lo largo de las últimas décadas ha acabado por configurar un tipo humano blando, sin criterio propio, telecontrolable, una especie de alfeñique transcultural capaz de tragar con un sistema político que es una forma degenerada de democracia, altamente expoliadora, propia de un despotismo partitocrático sin ciudadanos, y capaz también de tragar con el creciente, decontrolado y amenazante establecimiento masivo de inmigrantes musulmanes dirigidos por abusivos y prepotentes líderes religiosos locales controlados desde teocracias islámicas, que los aleccionan de cómo ir imponiéndose poco a poco en el paisaje de una Europa cada vez más debilitada moralmente, encabezada por una clase política incapaz, cada vez más corrompida y cada vez menos representativa de los pueblos europeos.

Para terminar Anglada nos advierte sobre la falsa distinción entre un Islam moderado o asimilable, según el criterio socialdemócrata dominante, y un Islam radical, destacando la incompatibilidad esencial entre el Islam y el Occidente de fundamento cristiano, incompatibilidad que ya nos enseñó con claridad la Historia de España hace siglos con la Reconquista y su desenlace final.

En fin, estamos ante un libro de recomendable lectura escrito por alguien que ama vedaderamente a su pueblo y que tiene una decidida vocación política. Podré no estar de acuerdo con todos sus planteamientos pero, en esencia, lo que se analiza y se propone goza de una enorme actualidad y constituye la base de un movimiento político claramente reformador en relación a un régimen anquilosado que da ya muestras inequívocas de degeneración, provocando la crítica y la insatisfacción en un cada vez mayor número de ciudadanos porque es a los ciudadanos españoles y no a una masa servilizada a quien se dirige urgente y directamente este discurso.

Ramón Peralta Martínez.
Profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense

Geometría del primer toque
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo 31 Agosto 2010

Una de las cosas más difíciles en los procesos de toma de decisiones cuando hay varias partes con intereses contrapuestos es saber en qué tejado está la pelota. Entre ETA y los ciudadanos españoles, a través del Estado, representados por un gobierno, existe como siempre ha existido un espacio de toma de decisiones. Algunas veces ese espacio ha discurrido dominado por fuerzas de inercia y otras, muchas, se han tomado decisiones a destiempo o sin reconocer en qué tejado estaba la pelota. A veces, desde el Estado se ha reconocido equivocadamente la posesión de la pelota porque ETA la estaba señalando en nuestro tejado con su dedo de gatillos. El tejado del Estado es nuestro tejado.

Ahora ETA a través de Batasuna nos sugiere, con su perversión habitual, que la pelota está de nuevo en nuestro tejado. Lo está haciendo también con mucha habilidad. Batasuna dice que divisa con claridad una pelota en nuestro tejado que a su vez será chutada por ETA. Es una pelota de futuro, una pelota hipotética. La suposición es que la Batasuna ilegalizada ha adoptado la vía pacífica de la política hacia la independencia y que ETA declarará una suspensión de actividades a modo de pelota de futuro que recalará en el tejado del Estado, que entonces tendrá que decidir... ¿decidir, qué? Pues legalizar a Batasuna y negociar directamente con ETA sobre los presos y la verificación de eso que se ha venido en llamar 'desarme'. Es decir, ETA está marcando su juego. Históricamente nosotros hemos tenido la tentación de hacer el juego de ETA, debido a las naturales ansias de que acabara el terrorismo. Si se permiten comparaciones con el fútbol, es como cuando la selección española no hace su juego de control del balón o de la geometría del primer toque porque ha quedado atrapada por el juego del adversario... cuando esa configuración aparece en el campo, ya sabemos que la selección española perderá el partido. Aunque sólo fuera intuitivamente, sin pensarlo demasiado a nivel consciente, tendríamos que darnos cuenta de que lo que han venido siendo los deseos y secuencias preferidas de ETA han solido corresponderse con pérdidas del lado de la ciudadanía, cuando no con tremendo dolor y muerte. El paradigma determinante del razonamiento en este momento es que lo preferido por ETA, lo vislumbrado por ETA, es generalmente lo malo para nosotros.

Con esa prevención en mente debemos aún hacernos otro lazo recordatorio en el dedo. Siempre que desde la debilidad de ETA hemos cedido ante sus hojas de ruta, hemos perdido, nos han engañado y lo hemos lamentado con más muertos. De esa manera, lo que se nos está vendiendo en este momento necesariamente debería dejar de cumplirse. Batasuna adopta las vías pacíficas, ETA se compromete en un cese de actividades, la nueva marca de Batasuna no es ilegalizada, obtienen escaños en las elecciones y ETA negocia con el Estado sobre presos. Así es más o menos el plan de ETA y por tanto deberíamos hacer lo posible por que no se cumpliera... o, por decirlo en positivo, deberíamos hacer lo posible por que el plan que se cumpliera fuera el nuestro... Porque tenemos plan y es distinto del plan de ETA, ¿verdad?

¿Cuál es nuestro plan? Debería ser tener la posesión del balón, dibujar la geometría del primer toque en el campo y marcar goles sin que se acerquen a nuestra portería. Ya hemos mencionado en esta tribuna que un primer balón que hay que poner en juego es la pelota de los presos, haciendo justo lo contrario de aquello que ETA siempre ha dado por supuesto (mala cosa que los etarras den por supuestos comportamientos estratégicos del Estado): negar que la negociación colectiva sobre los presos de ETA forme parte de ningún tipo de contraprestación apriorística, sean cuales sean las decisiones que adopte ETA. Una vez que los terroristas ahora en activo tengan la presión de una prisión cierta y no condicionada a negociación técnica alguna, continúan quedándonos decisiones por tomar, planes propios que trazar.

Una clave del plan del Estado para desactivar a ETA sin hacer el juego terrorista es cumplir la ley respecto a la eventual ilegalización de la marca alternativa de Batasuna. Una vez se presenten las listas, se estudian las candidaturas y se contrastan con la información que fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia dispongan sobre siglas e individuos y sus relaciones más claras o más oscuras con ETA. Si se encuentran los mismos indicios que en ocasiones anteriores, se ilegaliza sin contemplaciones. ¿Aunque ETA en ese momento se encuentre en 'tregua'? Pues claro, especialmente si ETA ya ha declarado un cese 'como quiera que lo adjetive' de sus actividades. Este comportamiento del Estado acorde a la ley habría que subrayarlo públicamente justo después de que ETA comunicase su tregua, lo que dejaría a Batasuna con la única opción de empotrarse en Eusko Alkartasuna, quedarse sin nada o presentarse con candidatos blancos, sin relevancia, lo que disminuiría su perfil político. Ya tendríamos a ETA sin una de sus piezas y con una tregua encima de la mesa. Lo siguiente es continuar con la actividad policial y con la política penitenciaria individualizada, tal como se viene haciendo, mientras se somete a la ETA supuestamente en tregua a un proceso de verificación.

En esa verificación debería haber muchos etarras que se entregaran, colaborando con la justicia a cambio de alguna atenuación de la acusación penal, como se hace en casos de crimen organizado. No habría negociación técnica como tal, sino sometimiento de cada etarra colaborador individual a la acciónde la justicia. Y con esto, ¿por qué le compensaría a ETA declarar una tregua? Eso es, ¿por qué le compensaría a ETA declarar una tregua?

Montilla caduca
Editoriales ABC 31 Agosto 2010

EL presidente catalán, José Montilla, no ha decidido aún la fecha en la que se celebrarán las elecciones autonómicas, aunque los condicionamientos que tiene su calendario político —con la visita del Papa Benedicto XVI a Cataluña— no le dejan mucho margen de elección. Descartado el 24 de octubre, probablemente los catalanes tendrán que esperar a mediados o finales de noviembre. Pero mientras Montilla sigue deshojando la margarita de las elecciones, el diagnóstico sobre esta legislatura que acaba en Cataluña es cada día más notorio. Acumula síntomas de cambio de ciclo, que, en realidad, sería un retorno de ciclo si las urnas confirman los resultados de las encuestas y dan la victoria a CiU.

Lo que resulta evidente es la sensación de fracaso del tripartito, no sólo por el balance de su gestión, sino también de la idea misma del frente de izquierdas social-nacionalista, montado sobre la mutación del PSC, que ha pasado de ser un partido socialista no nacionalista a unas siglas de ideología amorfa con pulsiones soberanistas. Esta desfiguración del socialismo catalán está en la base del desmoronamiento del PSC en los sondeos, y en la percepción ciudadana de que ya no es capaz de representar un proyecto definido, sea de autogobierno avanzado, casi federal; o de un pro-soberanismo ajeno a su identidad histórico política. La aventura temeraria del Estatuto ha quebrado la política catalana, que se meterá en un callejón sin salida si CiU o el PSC perseveran en el desafío al orden constitucional. Este es el legado de Zapatero a Cataluña, un ciclo de inestabilidad institucional que no ha tenido más motivos que su repelencia ideológica a los pactos de Estado con el PP, a las reglas de concordia de la Transición y a los principios del Estado autonómico.

El derribo de Melilla
EDITORIALES www.gaceta.es 31 Agosto 2010

Melilla ya no es España. Literalmente. Y no en pintadas callejeras, sino en documentos oficiales de Rabat, en los que la ciudad autónoma ya no figura como territorio español.

Como revela hoy LA GACETA, las autoridades alauíes han expedido pasaportes de marroquíes nacidos en esa ciudad en los que ya no pone “Melilla-España”, sino “Melilla” a secas. Y lo peor de todo es que ha sido con la pasividad del Gobierno español. La fachada de la “diplomacia sensata e inteligente” de Zapatero esconde la vergonzante realidad: la claudicación del Gobierno ante Mohamed VI.

Por eso, los “desleales” del PP son los que mejor han definido el papel del Gobierno ante la ofensiva alauí: “puro teatro”. Una semana después del cierre en falso de la crisis de Melilla, 14 activistas españoles fueron golpeados y llevados a Comisaría por manifestarse en El Aaiún por la independencia del Sáhara; lo cual es grave, aunque previsible en un régimen autocrático y con una Gestapo por Policía. Pero más grave aún es que Rabat proceda a echar a España de Melilla, por el sencillo procedimiento de expedir pasaportes donde junto al nombre de la ciudad autónoma ya no aparece el país al que pertenece. La ofensiva comenzó hace meses, cuando las autoridades alauíes expidieron pasaportes a los marroquíes naturales de la ciudad autónoma, en los que ponía “lugar de nacimiento: Melilla-Marruecos”. Enterado el secretario de Estado de Seguridad, el Gobierno logró que Rabat eliminara de los pasaportes la mención a Marruecos, pero no incluyó España y quedó simplemente “Melilla” sin mención a país alguno. Una forma de dejar a la ciudad en una suerte de limbo administrativo.

Lo escandaloso no es tanto la actitud de Marruecos, porque se trata de una dictadura semifeudal y porque, al fin y al cabo, es coherente con su injusta reivindicación de Ceuta y Melilla, ciudades que el premier El Fassi calificó este mismo año de “plazas ocupadas”. Lo auténticamente escandaloso es el papelón del Gobierno español, que renuncia a defender la Constitución, y a luchar por la españolidad de las dos ciudades. Como cuenta LA GACETA, los mandos policiales han pedido a los agentes de la frontera que sean “benévolos” con los pasaportes irregulares.

Si el Gobierno Zapatero no emite una queja formal y Rabat no retira esos pasaportes, habrá ciudadanos marroquíes que se pasearán por la UE con documentos en los que, en el mejor de los casos, Melilla ya no es España. Será una victoria más de Rabat, por la vía de los hechos consumados. Tristemente, lleva las de ganar. Sobre todo con un Gobierno que quita hierro a los incidentes de la frontera melillense, llama “diplomacia sensata” a la claudicación y reacciona con 24 horas de retraso ante las brutales agresiones a los 14 activistas en El Aaiún. Un Gobierno que proporciona armas al enemigo con lapsus tan reveladores como el de Alonso al incluir a Melilla en Marruecos. ¿Qué pensará Mohamed VI de un Ejecutivo que ni siquiera tiene claro algo tan elemental desde hace cinco siglos como la españolidad de esa ciudad?

Marruecos quita España de Melilla, pero Zapatero la abandona a su suerte, que es mucho peor. Si el nuestro fuera un Ejecutivo como Dios manda, exigiría a Marruecos que incluya a España en los pasaportes. Mucho nos tememos que no lo hará, a fin de no molestar al sultán. ¿Cómo esperar que dé un puñetazo en la mesa cuando afirma que la relación entre ambos países es “la mejor de la Historia”? La frase no es de Gila, sino de María Teresa Fernández de la Vega.

La batallona cuestión de Marruecos
Si la relación con Marruecos era cordial, la llamada del Rey al sultán carece de sentido.
Amando de Miguel. www.gaceta.es 31 Agosto 2010

Los incidentes de Melilla han sido la serpiente de verano, pero no sólo en el sentido de una cuestión menor, sino de un asunto taimado, envenenado. Ha sido algo así como un ensayo general, una prueba para ver qué pasaba. Lo de las manifestaciones junto a la frontera es materia de poca importancia, lo que se llama una cortina de humo. Lo decisivo ha sido la decisión de bloquear la frontera y de mantener la amenaza de seguir con el boicoteo de Melilla y Ceuta para después del Ramadán. El experimento es muy simple. Si ante el bloqueo de una frontera (con España y con la Unión Europea) no hay respuesta por parte de las autoridades de Madrid o de Bruselas, entonces implícitamente Melilla no es España. El asunto es gravísimo; tendrá continuidad.

Estamos ante una taimada violación del Derecho Internacional. En la Unión Europea no se tolera que un Estado cierre una frontera. Por ejemplo, España no podría hacer una cosa así con Gibraltar o con Portugal. No es un capricho por parte de Marruecos. Ese país es realmente una satrapía oriental y prepóstera, por mucho que muestre alguna apariencia democrática. Un régimen tan especial e inestable necesita ser irredentista, expansionista, como necesitaron serlo las dictaduras de Italia y Alemania en los años treinta. Entonces había que intervenir en Abisinia, Libia, Austria, Checoslovaquia, Danzig. Era la forma de tener entretenida a la población en una época de aguda crisis económica. Ya sabemos cómo acabó el experimento, con la guerra más destructiva de toda la Historia. Ahora Marruecos necesita expandirse en el Sáhara, en el islote de Perejil, en Ceuta y Melilla, después en Canarias y hasta en el Al Ándalus (hasta Pamplona). Para ello se apoya en la propaganda de que España es una sociedad decadente con un Gobierno débil. Marruecos cuenta con el aliado del millón de marroquíes que viven en España y con el espíritu debilitado de muchos españoles, propensos a la ociosidad, el hedonismo, grandes consumidores de droga que procede de Marruecos.

En los años treinta, ante las amenazas expansivas o irredentistas de Hitler, las democracias occidentales (singularmente Reino Unido) insistían en que sus relaciones con Hitler era cordiales, excelentes. No había que hacer mucho caso a las amenazas de los nazis. No era cuestión de “morir por Danzig” (not to die for Danzig). Después de todo, alguna razón tenía Hitler en reivindicar la expansión en los territorios de cultura germánica. La política de Reino Unido se llamó con orgullo appeasement (apaciguamiento), que en castellano diríamos más bien “entreguismo”. El símbolo primero era que, si querían negociar, las democracias tenían que ir a Múnich.

En nuestro caso es algo parecido: los representantes del Gobierno español tienen que ir a Rabat. Pero, sobre todo, el Gobierno español insiste en que las relaciones con Marruecos son cordiales, no hay conflicto. Eso es lo que dice el Gobierno español y es lo que repiten miméticamente los turiferarios del régimen (recuerdo que turiferarios son los que manejan el incensario en las ceremonias litúrgicas; ahora en los medios de comunicación).

La visita de Aznar a Melilla, como hombre influyente que es, ha sido interpretada por el Gobierno español como una deslealtad a España. Enseguida, los turiferarios del régimen acordaron que esa visita resultaba estomagante. Esa reacción tan unánime nos puede dar la pista de que la acción de Aznar ha sido acertada y significativa. La razón es muy sencilla. Ese gesto indica que muchos españoles son contrarios al entreguismo, la claudicación, el “apaciguamiento” del Gobierno. Sencillamente, no se puede admitir el bloqueo de una frontera ni la constante amenaza de “reconquistar” Al Ándalus. Los verdaderos herederos de Al Ándalus son los españoles actuales, no los marroquíes. Melilla o las Canarias formaron parte del reino de Castilla antes que Navarra. Ceuta entró un poco después, pero previamente fue portuguesa. Todavía hoy la bandera de Ceuta es la portuguesa. Estupendo.

Queda por dilucidar el misterio de la llamada del Rey de España a su “primo” el de Marruecos. En primer lugar, ni son homólogos ni primos. El Rey de Marruecos es una especie de sultán medieval y Juan Carlos es un Rey constitucional al que no le corresponde la iniciativa política. Lo peor es que ese papel lo asuma a falta de la adecuada decisión política del Gobierno español.

Por otro lado, si no había problema alguno, si las relaciones con Marruecos eran cordiales, esa llamada misteriosa del Rey al sultán carece de todo sentido. Obsérvese que, en el entretanto, el ministro de Asuntos Exteriores español andaba perdido en algún retiro vacacional. Ni siquiera tiró de teléfono. Claro, no era necesario, puesto que las relaciones con Marruecos se calificaban oficialmente de cordiales. No cabe mayor cinismo. Bueno, sí cabe. Todo es cuestión de esperar y ver.

*Amando de Miguel es catedrático de Sociología.

Dignidad y dignidades
IGNACIO CAMACHO ABC 31 Agosto 2010

EN la España de los cuatro millones y medio de parados, que ya parecen haberse incorporado al paisaje social en la medida en que han desaparecido de la retórica política; en la España de los recortes del gasto público; en la España de la congelación de las pensiones; en la España del millón de negocios cerrados; en la España de la asfixia financiera; en la España de las vísperas de una huelga general, un presidente autonómico ha vuelto de vacaciones para instalarse en un suntuoso palacio de casi 22.000 metros cuadrados y otros 18.000 mil de jardines, restaurado por el módico precio de más de 50 (cincuenta) millones de euros.

El presidente es el de la Junta de Andalucía, José Antonio —llámenle Pepe— Griñán, y el palacio es el de San Telmo, antigua sede de la corte de los Montpensier. San Telmo era el domicilio oficial de la presidencia andaluza desde 1992, previa restauración al efecto, pero llevaba cinco años en obras de nuevas reformas, dirigidas por un arquitecto de renombre. Sólo el contrato de limpieza sale por 60.000 euros al mes, jardinería aparte. Griñán, que llegó al poder en la primavera de 2009, ha tenido más de un año para «reprogramar» la remodelación y dedicar su cuantioso presupuesto a otras necesidades; no le acuciaba el tiempo ni la precariedad porque tenía un muy aceptable despacho en un coqueto palacete de una representativa zona residencial sevillana. Su decisión ha sido, pues, de plena conciencia política: adelante con los faroles —literalmente: sólo las nuevas lámparas cuestan 4.000 euros cada una— para preservar «la dignidad» de las instituciones.

Si la dignidad de una institución se mide por su tamaño simbólico, la Junta de Andalucía debe de ser la más digna de España. Al menos es la Administración más hipertrofiada: la que tiene más funcionarios, más edificios, más parque móvil, más delegaciones provinciales, y la dueña de la mayor sede de poder. Pero acaso la dignidad de un Gobierno tenga que ver con otros parámetros, relacionados tal vez con el éxito de su gestión política, social, cultural o económica. En ese caso, las estadísticas resultan muy elocuentes: Andalucía es la comunidad con más parados (casi un millón, el 27,6 por ciento de la población activa), la penúltima en renta y la primera en fracaso escolar, y su PIB está cuatro puntos por debajo de su porcentaje de población con respecto al total de España.

Al cabo de treinta años de hegemonía política, que han convertido la autonomía en un régimen clientelar e inmóvil, los dirigentes del Partido Socialista andaluz mantienen un concepto solemne y escénico de su propio poder y desean expresarlo mediante la pompa y el esplendor arquitectónico. Confunden la dignidad democrática con las dignidades de la ostentación y viven ensimismados en una cápsula autocomplaciente en cuyo blindado interior han perdido la noción de la desmesura.

El fuero de Navarra
Pablo Zalba La Razón 31 Agosto 2010

En Navarra ha ocurrido lo que en pocas comunidades autónomas con su Estatuto. En Cataluña, los partidos políticos se pusieron de acuerdo para aprobar su nuevo Estatuto, obviando y aislando al segundo partido de España, el Partido Popular. En Castilla-La Mancha, el PSOE retiró a última hora la propuesta de reforma de su Estatuto con excusas muy poco serias.

En la Comunidad Foral, aunque haya pasado desapercibido, se ha reformado el llamado Amejoramiento del Fuero navarro, que viene a hacer las veces de Estatuto de Autonomía navarro. Son pocas las materias que se pretenden reformar. Entre otras cosas, modificar el lenguaje del texto para que «no sea sexista»; incluir al Defensor del Pueblo navarro (lo que implica aumentar para siempre el gasto fijo y estructural de Navarra); o regular de forma más completa la participación de Navarra en Europa.

Esta reforma limitada, reducida a poner algunos «parches», ha servido al menos para dejar al descubierto que algunos han dejado atrás viejas reivindicaciones históricas sobre la posible incorporación de Navarra al País Vasco, que prevé tanto el Amejoramiento como la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, algo que hasta ahora era la razón de existir de alguna fuerza política, en concreto, de Unión del Pueblo Navarro (UPN). Parece que ahora a este partido ya no le importa que los vascos pudieran anexionar a los navarros, puesto que de lo contrario habría aprovechado para suscitar el debate sobre la modificación o supresión de la citada disposición y, sin embargo, no lo ha hecho.

La reforma ha sido consensuada por los gobiernos de Navarra y de España. En definitiva, sólo se ha pactado por dos partidos: UPN y PSOE. Aunque no sea el Amejoramiento navarro un Estatuto de Autonomía en sentido estricto, sí se puede afirmar que es la segunda vez en la historia constitucional de España, tras el Estatuto catalán, en la que no se cuenta con el Partido Popular para nada, ni tan siquiera para que pueda dar su humilde opinión acerca de la reforma de un texto de gran importancia para Navarra como éste.

La reforma debe ser sometida a la aprobación no sólo en el Parlamento foral de Navarra, sino también en las Cortes Generales. En el Congreso de los Diputados, los precursores de la reforma sólo cuentan con 170 diputados (169 del PSOE y 1 tan sólo de UPN) y no llegan a la mayoría absoluta de 176 votos que se requiere para su aprobación. Entiendo que PSOE y UPN son conscientes de que la reforma del Fuero navarro no va a contar con el apoyo de los nacionalismos vasco o catalán. Resultaría impensable, pues el nacionalismo vasco siempre ha anhelado que el Fuero de los navarros desaparezca.

Hubiera sido deseable por tanto haber contado desde el inicio de este proceso con el mayor consenso posible entre las fuerzas políticas constitucionalistas, como ya se hizo en su firma original en el año 1982 y en su posterior reforma.

UPN y PSOE, por el contrario, han preferido hacer las cosas a hurtadillas, con una actitud que, en mi opinión, roza el sectarismo, y que sólo ha servido para alimentar las críticas de los nacionalistas vascos en Navarra, que siempre han acusado al Fuero de una falta de legitimidad popular y social, porque no se sometió en su día a referéndum en Navarra. Una acusación, por cierto, completamente absurda, pues elección tras elección ha quedado más que demostrada la clara y firme voluntad de la inmensa mayoría de los navarros de considerarse, a través de su Fuero, navarros y españoles.

Alguno podía pensar que el cambio en la presidencia de UPN, cuando Miguel Sanz pasó el testigo a Yolanda Barcina, iba a cambiar las cosas y, sobre todo, su relación con el PP. Un año después, vemos que este partido regionalista sigue igual que antes, empecinado en aislar al PP en Navarra para satisfacer los intereses políticos del PSOE; no sólo en Navarra, sino también en el resto de España, donde UPN se ha convertido, día tras día, en el triste cooperador necesario de la errática política de Zapatero.

A pesar de todo, cuando la reforma se someta al voto en las Cortes Generales, el PP actuará con altura de miras, posición constructiva e institucional y obrará por el exclusivo interés de los navarros y del resto de los españoles. Hay 153 diputados y 122 senadores del Partido Popular de toda España, cuyos votos son imprescindibles para cualquier reforma que se pretenda sacar adelante sobre el Fuero de Navarra y eso es así, aunque alguno insista en que no lo quiere ver.

Una ley del silencio para el Sahara Occidental
EDITORIAL Libertad Digital 31 Agosto 2010

Supuestamente, la función esencial de todo Estado es la de defender a sus ciudadanos, pues para ello se le ha dotado del monopolio de la violencia. Cabría esperar, por tanto, que el Gobierno español mostrara un poco más de preocupación por la suerte que corren sus ciudadanos más allá de sus fronteras. Cuando en un país que no se caracteriza precisamente por su defensa de los derechos humanos, unos españoles son agredidos por defender asuntos incómodos para el Estado marroquí y además lo son supuestamente por policías vestidos de paisano, todas las alarmas deberían encenderse.

No cabe duda de que el Sahara Occidental es un tema sensible para Marruecos, que pretende consolidar de iure una situación de hecho sin permitir que el pueblo saharaui se pronuncie sobre la ocupación ilegal en referéndum. Cualquier reivindicación política que recuerde el auténtico statu quo del Sahara le resulta terriblemente desagradable. Pero que sepamos cuáles son las razones de las hostilidades de la monarquía no significa que el Reino de España deba vender ni a sus ciudadanos ni tampoco a los saharauis, que al menos hasta hace 35 años eran formalmente ciudadanos españoles.

Sin embargo, el Gobierno de Zapatero lleva seis años de cesión permanente ante las bravuconerías del autócrata marroquí. La última, hace unas semanas con el conflicto de Melilla, el cual obligó a Rubalcaba a improvisar un viaje a Rabat –ni a Ceuta ni a Melilla– para rendir pleitesía al sultán y firmar un documento de colaboración policial idéntico al que habían suscrito dos años atrás. Todo fue puro teatro destinado a convencernos de que existe un clima cordial de cooperación donde sólo hay amenazas por una parte y genuflexiones por la otra.

Y es que los socialistas llegaron al poder con la excusa de restaurar las buenas relaciones con Marruecos y lo único que han conseguido es que éste se envalentone cada vez más y que vaya tensando la cuerda con tal de duplicar sus exigencias hacia el Gobierno español. Ahora, tras la "espontánea" agresión a los ciudadanos españoles, el mensaje parece claro: no queremos a nadie que nos recuerde nuestras obligaciones internacionales. Lo que buscan de España es complicidad a la hora de imponer la mordaza a propios y extraños y lo peor es que de momento la están consiguiendo.

De nada sirven en este caso las excusas aducidas por Zapatero, pues una cosa es que haya que plantear una estrategia diplomática inteligente, guardando las formas en púb

 presionando en privado, y otra que "inteligencia" equivalga a darle a la monarquía absoluta alauí todo lo que pide. Tal como están las cosas, lo peor que podría hacer este Gobierno, y el partido que le da sustento, es dejar en la estacada a los ciudadanos españoles que han sido agredidos de un modo similar al que, en su día, se dejó en la estacada a los saharauis.

No sólo por nuestras responsabilidades históricas con este pueblo, sino porque deberíamos ser conscientes de que el apetito del sultán es insaciable y de que si la colonización del Sahara Occidental tiene un éxito total, más adelante exportará el modelo de la Marcha Verde a Ceuta, Melilla y Canarias. Diplomacia es saber prevenir los conflictos antes de que estallen y para ello nada mejor que dejar las cosas claras desde el comienzo. Llevamos seis años de retraso y cuando prenda la mecha de nada servirán unas fraternales relaciones "tío-sobrino" que tan inútiles se han mostrado ya en todos y cada uno de los encontronazos previos.

El Islam, una religión totalitaria
Pedro Conde. Minuto Digital 31 Agosto 2010

El Islam, esa especie de centón de ideas religiosas que pretende sustituir o compendiar todos los códigos: legislativos, sociales, civiles, penales, hacendísticos, etc., para regular la conducta de los ciudadanos y ahormar la vida total de los pueblos, es la creación de un hombre, Mahoma, que vivió hace mil trescientos ochenta y ocho años y que en nombre de un dios, Alá, ha de imponerse por la buenas o por las malas, a sangre y fuego si es preciso, a todos los habitantes de este planeta y, suponemos, a los de cualquier otro que pudiera aparecer en el futuro. Uno sospecha que cuando una empresa tan ingente, alucinante, totalitaria e inmensa, nace y anida en la cabeza de un ser humano, estamos ante un fanático, un iluminado, un lunático. Pero lo grave no es que esa idea quepa en la cabeza de uno; lo malo, lo gravísimo para la humanidad entera, es que anegue el cerebro de millones de personas que la siguen.

Si la religión no fuera más que un conjunto de creencias, ritos, ceremonias, teologías, interpretaciones del más allá, etc., recogidas en un libro o libros a los que se eleva a la categoría de sagrados, no sería otra cosa que el derecho a la libertad que cada ser humano tiene a creer o no en un Dios o dioses; el derecho a pensar en la transcendencia de esta vida a otra superior o creer en la existencia de un premio o castigo divinos o en una vida inmortal al otro lado de la frontera física.

Si fuera sólo un código de conducta para guía interior de la ética y la moral de cada creyente, representaría el cimiento y complemento básico de las leyes y constituciones de cualquier Estado de Derecho; lo que no impediría, más bien le exigiría, oponerse en su momento a las posibles injusticias de éste.

Si, además, esa religión tuviera un mandato básico en el conjunto de creencias propias que fuera el amor y respeto a los demás, creyentes o no creyentes, sin distinción de sexos, razas, culturas, religiones, pueblos o naciones; si así fuera, la religión compendiaría un decálogo sublime al que ateos y no ateos deberían tener como principio máximo civil de la sociedad en la que viven. La religión sería así, para unos y para otros, el punto de partida o piedra angular de cualquier sociedad pluralista y auténticamente democrática.

Mas si la religión se plasma en un texto, que contiene mandatos que traspasan el espacio espiritual, íntimo y único del individuo al que obliga a invadir el otro espacio espiritual, íntimo y único de las demás, esa es una religión fanática, ilícita, exclusivista y transgresora de los derechos universales del hombre, en cuyo decálogo está impreso, como primero, natural y fundamental, el derecho a la libertad de todo ser humano. ¿Quién es el profeta Mahoma para ir contra los principios del derecho natural? Lo de profeta imputémoselo a su propia arrogación.

Si, además, esa religión plasmada en ese libro, el Corán, creada por un hombre al que unos tienen pleno derecho a creer y otros, el mismo, a no creer profeta, contiene mandatos, las llamadas “suras”, que a media humanidad la consideran por razón del sexo con la mitad del valor que la del otro medio, esa religión es inaceptable, rechazable y perseguible por la Justicia Universal en cuanto tales mandatos pasen del mero enunciado y teoría a su aplicación práctica.

¿Por qué el testimonio de una hembra ha de valer la mitad que el de un varón antes los tribunales? ¿Por qué el adulterio ha de castigarse en la mujer con la lapidación hasta la muerte y en el hombre con sólo unos latigazos? Es más, ¿qué autoridad moral tiene ningún ser humano para juzgar y entrometerse en una decisión y conducta individual? Si se considera con ella, con esa autoridad, que tire la primera piedra ¿Por qué en algunos lugares en nombre de esa religión a la mujer se la ablaciona el clítoris, negándole el placer sexual que está en la base de la naturaleza humana y es consustancial a la procreación? ¿Por qué una niña de nueve años puede ser entregada en matrimonio a cambio de media docena de cabras, más o menos, o de una par de asnos, a un viejo posiblemente ya baboso? ¿Es que además de un estupro no es esto una crueldad y una canallada? ¿Se puede obligar a una mujer a ir tapada de pies a cabeza con el burka o con otros pañuelos, la cara, que, además de atentar contra la salud de quien lo lleva, va contra la dignidad de esa mujer que es obligada por mandato? ¿Podemos dudar que ni una sola hembra se los pondría si no fuera por esa norma coercitiva cuyo incumplimiento le puede costar la vida? Si hubiera libertad de uso, seguro que tal prenda quedaría acotada para los tiempos de carnaval. Que esos pañuelos atentan contra la salud, además de contra la comodidad de la mujer, qué sofocos en verano, no tengo duda porque las miasmas que lanzamos con la expiración quedan muchas atrapadas en esos pañuelos a través de los cuales vuelven a inspirar el aire del exterior que las revertirá otra vez a los pulmones. No sé si es una teoría sólo mía; en todo caso la considero irrefutable salvo informe en contrario. ¿Qué nos parecería a los hombres si las mujeres nos obligaran a llevar gafas de un color que impidiera mirarlas con el gusto que lo hacemos? Lo inaceptable no estaría ni en las gafas ni en el color sino en la imposición. Que alguno lo hacía voluntariamente, ya sabemos todos lo que se perdía. Allá él

Podríamos seguir haciendo preguntas como, por ejemplo, por qué Mahoma escogió a una niña de nueve años como esposa. Y de otro perfil y rango como es el de la relación madre e hijo. ¿Consentiríamos los que pertenecemos a otra civilización, en terminología monclovita-zapateril, que nuestra madre estuviera sometida a ese régimen y trato que se mueve entre el concepto de mercado ganadero y poligamia de serrallo?

Tengamos una esperanza por la tranquilidad y paz de la única civilización que debe existir, la humana, y es que las mujeres mahometanas se rebelen contra la tiranía machista, explicación y clave de tanta aberración; porque para rebelarse es eso de que en el cielo al buen musulmán le esperan como premio setenta huríes, setenta bellezas perfectas. Y a la buena musulmana ¿no le espera nadie? Que nos lo explique Alá y su profeta.

Desde el origen, las tres religiones monoteístas, las religiones del Libro, están transidas de esa enfeudación machista; tanto que las mujeres apenas tienen relevancia en la concepción original ni en el desarrollo ritual de las mismas, si no es como plañideras y paridoras. Sin embargo, el cristianismo vino a marcar una enorme diferencia con el islamismo, seiscientos años antes de la existencia de éste, con aquel hecho que narra el Evangelio sobre la mujer adúltera. “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, dijo Jesucristo; aunque algunos Santos Padres de la Patrística cristiana siguieron siendo tributarios de esa enraizada misoginia. Vayan sólo dos ejemplos. San Juan Crisóstomo, que significa precisamente “boca de oro” en griego: “Las mujeres están creadas esencialmente para satisfacer la lujuria de los hombres”. San Ambrosio: “La mujer es sólo fuerte en el vicio”. En la religión de Mahoma, parece ser que la mitad de la humanidad, los machos, casi está libre de pecado; la otra mitad, las mujeres, son el pecado inmanente. De una manera genérica, la mujer, en estas religiones patriarcales, ha sido la “ancilla domini”, la esclava del señor. Desde su origen bíblico, la hembra ha representado una costilla, ni siquiera todas; podía haberse añadido el esternón, pues ni eso, solamente una costilla del macho, con un papel secundario en ese largo drama humano que empezó en el paraíso junto a un manzano y con una embaucadora serpiente.

De putas y santas
HERMANN TERTSCH ABC 31 Agosto 2010

DICE el régimen islamista iraní que la primera dama de Francia, Carla Bruni, es una puta. Como también lo son, según los ayatolás, otras mujeres que se han unido a la mujer del presidente Sarkozy en la campaña de solidaridad con Sakineh Mohammadi Ashtiani. Esa mujer iraní de 43 años fue condenada a la lapidación y lleva ya cinco años pudriéndose en la prisión de Tabriz, al oeste de Irán, a la espera de que se ejecute la sentencia. Ashtiani está acusada de mantener una relación extramatrimonial y de haber conspirado para dar muerte a su marido. Ella siempre ha negado estos cargos hasta que hace unas semanas y después de tres días de torturas continuadas y amenazas de muerte contra su familia, asumió la culpabilidad en una farsa de entrevista televisada. Esta confesión pública, a la que ha sido forzada con los métodos más bárbaros, ha espoleado aún más si cabe la indignación de todos los que se han movilizado para salvar la vida a esta mujer iraní.

Carla Bruni se ha puesto, con el filósofo Bernard Henry Levy, a la cabeza del movimiento internacional de solidaridad con esta mujer iraní. Y ahora los medios iraníes, la voz de su amo, la llaman puta. Aquí la vamos a defender ahora, no sin antes dejar claro que nada tenemos contra la prostitución. Y que Carla Bruni nos resulta muchas veces antipática, especialmente cuando insiste en cantar, grabar y difundir esas insufribles canciones que perpetra. Y cuando nos vence con su tramposa pretensión de candidez y posa con elegancia sobrenatural, moviendo con diabólico embrujo esos pies inalcanzables vestidos con bailarinas. Sabemos que la niña angelical es un bichito. Pero bichitos —y bicharracos— hay muchos y pocos tan seductores y deliciosos. Si encarna muchas de las frivolidades y defectos de Occidente es porque ha utilizado para ello la libertad a manos llenas, en la única sociedad que lo hace posible. Bruni tiene la inmensa suerte de ser dueña de su vida. En todos los sentidos. La pobre Ashtiani nunca ha sido dueña de nada en su triste vida y solo por aspirar a algo se le quiere dar muerte, por puta.

Si para los ayatolás son putas Bruni y Ashtiani, todas las mujeres y los hombres del mundo libre nos deberíamos declarar tales. Benditas todas las putas que sientan compasión y la expresan, que quieren libertad y dignidad y luchan por ellas. Benditas todas las mujeres que sean tachadas de putas por esa jauría de fanáticos que son los ayatolás, el presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad y todo el movimiento islamista que intenta que cuaje en nuestras sociedades libres ese oscuro credo de odio e imposición, pesadilla para tantos pueblos sometidos. Pero no se aflijan. Donde somos tantas las putas debe haber santas. Y santas deben ser para los ayatolás de Teherán todas las ministras socialistas españolas, tan feministas ellas, que aún no han abierto la boca ni para darse por enteradas de que el drama humano de Ashtiani existe. Santas todas ellas para los torturadores y para ellas mismas, tristes santas que no sienten ni vergüenza.

Una guerra de veinte años
POR RAMÓN PÉREZ-MAURA ABC 31 Agosto 2010

Hoy podemos dar por concluida una guerra que ha durado veinte años y un mes. Y por culpa de los buenistas estamos en posición de afirmar que ha durado —al menos— diecinueve años más de lo que hubiera sido necesario. El 2 de agosto de 1990 Sadam Husein invadió Kuwait. ¿Recuerdan aquel verano? No eran pocos los que negaban la necesidad de replicar. Nos decían que Kuwait no era más que un pozo de petróleo con un mástil abanderado en una loma. Un lupanar de pérfida riqueza mejor integrado dentro de Irak que consentido a su libre albedrío.

La comunidad internacional fue movilizada por el presidente Bush y su muy efectivo secretario de Estado, James Baker. Se creó una coalición internacional de proporciones no igualadas desde la Segunda Guerra Mundial. Se consiguió neutralizar los esfuerzos soviéticos adelantados por Yevgueni Primakov —más tarde jefe de los servicios secretos y primer ministro de Rusia— para impedir que la liberación del Emirato pusiera de manifiesto la paupérrima calidad de la tecnología bélica del ocaso comunista.

Pero no se entendió nada de lo que allí estaba en juego.
Aquella guerra fue librada por devolver a Kuwait su soberanía. Pero por lo que de verdad había que combatir allí no era por eso. Eran Sadam, su régimen y las fuerzas del radicalismo árabe que él encarnaba y encabezaba los que debían haber estado en el punto de mira. Esa batalla de 1990-1991, que muchos han presentado como un éxito, sirvió para dejar en el poder —casi impune— a Sadam; permitió el exterminio con armas de destrucción masiva de decenas de miles de kurdos en el norte de Irak y de chiíes en el sur; dio pie a un —fallido— intento de asesinato del ya entonces ex presidente Bush; creó un régimen de sanciones que casi mata de hambre a los iraquíes, mas en nada perjudicó a los integrantes del régimen; forzó la creación de sendas zonas de exclusión aérea que costaron al contribuyente norteamericano aproximadamente un millardo de dólares anuales; provocó la evacuación de los inspectores de Naciones Unidas y consintió la recompensa en dólares contantes y sonantes —no todo lo americano es odiado— a las familias de los terroristas suicidas palestinos.

En agosto de 1990 Sadam apostó a que Arabia Saudí no se atrevería a abrir la puerta a los norteamericanos. Pero la Casa de Saud temió —con razón— por su propia integridad. La opinión pública mundial «compró» aquella guerra con facilidad. Tras semanas de bombardeos desde el aire, la ofensiva terrestre duró cien horas. «Estábamos a 150 millas de Bagdad. Y no había nada entre nosotros y Bagdad», explicaría el general Norman Schwarzkpof. Pero no era cierto. Lo que hubo fue un factor invisible, mas poderosísimo: hubo ceguera política. Bush padre —el que dicen que era un verdadero estadista por comparación con su hijo— pidió a los iraquíes que resolvieran por sí mismos sus problemas.

Catorce de las dieciocho provincias iraquíes se rebelaron contra Sadam y escaparon durante periodos variables de tiempo a su control. Pero a Sadam le habían dejado una buena parte de su Ejército y helicópteros bien pertrechados. Y a ellos no se les impidió masacrar a la población. Quienes creyeron la palabra de Bush padre se sintieron traicionados. Cuando en 2003 el presidente Bush hijo libró la batalla definitiva, el recuerdo de aquella traición perduraba vivísimo entre muchos iraquíes.

En la década de 1990 el patrullaje de los cielos iraquíes se libró desde el vecino Reino saudí y, lloviendo sobre mojado, dio pie a la rebelión de un pérfido niño rico de nombre Osama bin Laden. Ahí se trazó la autopista hacia el 11-S. Stricto sensuSadam no lanzó aquellos ataques contra el Pentágono y el World Trade Center.

Pero la guerra de 1990-1991, la que primero le derrotó y después le vigorizó, está en la génesis de la hecatombe de septiembre de 2001. Se juzgó una respuesta oportuna derribar primero el Gobierno afgano que amparaba a Osama bin Laden. Pero era igualmente necesario —y por ello un acierto del presidente Bush hijo— acabar lo que su padre empezó. Dirigir el esfuerzo mayor a Irak, el origen de todo. Y donde tras el 11-S seguía en el poder Sadam Husein, un gallito que cacareaba cada mañana el poder de sus —inexistentes— armas de destrucción masiva. Y se acabó, en todo caso, con otras armas de destrucción masiva: los integrantes de un régimen despótico que durante décadas masacró a su propio pueblo y lo llevó a sucesivas guerras injustificadas y, todas ellas, perdidas.

Ahora, siete años después de derrocado Sadam, el empeño del presidente Obama por retirar sus tropas precipitadamente y declarar hoy concluida la guerra pone en riesgo lo alcanzado a lo largo de los últimos siete años. Como ha declarado el teniente general Babakir Zebari, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas iraquíes, «si me preguntaran sobre la retirada, diría a los políticos que el Ejército norteamericano debe quedarse hasta que el Ejército iraquí esté plenamente preparado en 2020».

Salvaguardar el futuro de uno de los más importantes objetivos estratégicos de Estados Unidos no parece una prioridad para el presidente Obama. Ya sabemos que él se vanaglorió de haber sido uno de los pocos políticos de su país que se opuso al derrocamiento de Sadam Husein. No le fue mal con ello en las presidenciales de 2008 y quizá crea que esta retirada del verano de 2010 pueda ayudar a su partido en las legislativas del próximo noviembre. Pero le convendría recordar que en la primavera de 2003, Estados Unidos —por medio de su presidente— dijo a sus aliados iraquíes que sus tropas permanecerían en el país hasta que hubiera una democracia asentada y las Fuerzas Armadas iraquíes pudieran actuar autónomamente. Después de gastar 700 millardos de dólares y sacrificar la vida de 4.419 combatientes norteamericanos —mercenarios no incluidos— ambos objetivos están muy cerca. Pero ninguno de los dos está alcanzado. El recuerdo de lo vivido en Irak en el año 1992 asuela la mente de muchos iraquíes.

Nuestros periódicos están llenos de crónicas que cuentan el desastre en que sigue inmerso Irak. Y es verdad. Pero conviene contextualizar ese desastre en las condiciones de vida de otros países de la región, en las circunstancias de la vida cotidiana de Irak en 2003 y en un contexto político muy diferente hoy. Es fácil recordar que casi medio año después de las elecciones legislativas el Parlamento no ha sido capaz de configurar una nueva mayoría. Pero conviene recordar que en cualquier otro país árabe eso se resuelve por el dedo del dictador, y en Irak, hoy, como si fuera Bélgica —con perdón—, siguen negociando en los pasillos del Parlamento.

Esta Guerra de los Veinte Años que se da en el día de hoy por concluida ha durado tanto porque Bush padre no tuvo el valor de terminarla de verdad cuando pudo haberlo hecho con no excesivo esfuerzo. Y en no menor medida porque durante la Administración de Bill Clinton se puso cara de que en Irak no pasaba casi nada. Quizá por ello hubiera sido conveniente que la Administración Obama se mostrara dispuesta a llevar la presencia norteamericana al cumplimiento de sus objetivos claramente establecidos en 2003. Por el contrario, esta retirada consumada hoy, 31 de agosto de 2010, festividad de San Ramón Nonato, podría hacer de la incipiente democracia iraquí otra democracia nonata.

Un directivo del Bundesbank pronostica la islamización de Alemania en pocas décadas
 www.gaceta.es 31 Agosto 2010

Thilo Sarrazin, miembro del Consejo Directivo del Bundesbank, ha desatado la polémica en Alemania con su libro titulado "Alemania se desintegra", en el que comenta que no quiere que su país sea un país mayoritaramente musulmán, en el que se hable árabe y turco predominantemente y en el que las mujeres lleven el pañuelo islámico".

El libro de Thilo Sarrazin "Alemania se desintegra" -presentado hoy en Berlín- es para, sus detractores, una provocación que rebasa los límites de las buenas costumbres y cae en el racismo y la islamofobia, mientras que sus defensores lo ven como un aporte a la discusión sobre los problemas de la integración de los extranjeros en Alemania.

En todo caso, el libro de Sarrazin, ex-titular de Finanzas de Berlín y miembro del Consejo Directivo del Bundesbank, es el libro más polémico de momento en el mercado de Alemania, donde ha desatado una fuerte polémica a la que se han sumado políticos y representantes religiosos, no solo islámicos, sino también judíos.

Ha habido críticos, como la canciller Angela Merkel que acusa a Sarrazin de no respetar lo que han hecho los inmigrantes en Alemania, y también apologistas, como Udo Voigt, presidente del Partido Nacional Demócrata Alemán (NPD), considerado neonazi.

"El señor Sarrazin ha expresado con claridad que no quiere convertirse en un extranjero en su propio país y con ello ha confirmado la política que pregona el NPD desde hace 40 años", dijo Voigt en declaraciones al programa de televisión "Report Mainz".

En su libro, que lleva el subtítulo "Como ponemos nuestro país en juego", Sarrazin -que ya en su tiempo de senador de Finanzas de Berlín había levantado ampollas con frecuentes afirmaciones escandalosas- dibuja un escenario apocalíptico en el que pronostica una islamización de Alemania en el curso de las próximas décadas.

"No quiero que el país de mis nietos y biznietos sea un país mayoritaramente musulmán, en el que se hable árabe y turco predominantemente, en el que las mujeres lleven el pañuelo islámico y en el que la vida cotidiana está marcada por la llamada a oración del muecín", escribe Sarrazin.

Sin embargo, eso es precisamente lo que teme el autor en vista de los cerca de tres millones de personas de origen turco que viven en Alemania cuyo índice de natalidad es dos veces mayor que el del resto de la población y está en continuo crecimiento.

Sarrazin niega además que "los trabajadores turcos y marroquíes" hayan hecho un aporte al bienestar de Alemania, lo que en cambio, dice, si se puede afirmar sobre los portugueses, los españoles y los italianos.

"En todos los países europeos los inmigrantes musulmanes le cuestan a la sociedad más de lo que aportan debido a su escasa actividad laboral y a los beneficios sociales que reciben", dice el libro.

"Desde el punto de vista cultural y civilizador, las concepciones sociales y los valores que representan son un retroceso.

Demográficamente, la fertilidad de los inmigrantes musulmanes es una amenaza para el equilibrio cultural de una Europa en proceso de envejeimiento", agrega.

Las críticas contra el libro se iniciaron aún antes de que éste estuviese en las librerías. Dentro del Partido Socialdemócrata (SPD), al que pertenece Sarrazin, son cada vez más las voces que piden que abandone la agrupación o que se inicie un proceso para expulsarlo.

También se ha pedido que Sarrazin abandone su puesto en el Consejo Directivo del Bundesbank y el presidente del mismo, Axel Weber, ha anunciado una declaración sobre la polvareda que ha levantado el libro.

El sindicato de servicios públicos Ver.di, el más grande del país ha organizado hoy una manifestación contra Sarrazin en la que se le acusa de estar pregonando una visión racista de la sociedad, una especie de darwinismo social.

En su intento por responder a los críticos, Sarrazin ha terminado por agravar más las cosas al sugerir que el problema es genético y decir que "los judíos tienen sus genes, los árabes tienen sus genes y los vascos tienen sus genes".

Después ha tratado de matizar al aclarar que se trataba sólo de una hipótesis, lo que ha llevado a que incluso algunos que lo habían defendido se distancien de él.

En Alemania, ya habían aparecido otros libros sobre la presunta amenaza del Islam como "SOS Occidente. La sutil islamización de Europa" de Udo Ulfkotte o "Hurra, capitulamos" de Henryk M. Broder.

Sin embargo, ninguno de los dos han generado una polémica de las dimensiones de la que ha provocado el libro de Sarrazin. EFE

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La Generalitat quiere imponer el catalán a los profesores de universidad
Barcelona - Ana Domingo Rakosnik La Razón 31 Agosto 2010

Los rectores se plantaron en 2008 ante una medida similar, que el Gobierno de Montilla se empeña en sacar adelante

Tras el descanso estival, la Generalitat de Cataluña vuelve a la carga. Concretamente, el consejero de Innovación, Universidades y Empresa, Josep Huguet, quien pretende imponer a aquellos que deseen acceder a la universidad como profesores que acrediten, mediante exámenes oficiales, el «nivel C» de catalán. Así lo aseguró ayer, ante las cámaras de la televisión autonómica catalana, el consejero republicano.

Pero no es la primera vez que el Govern pone encima de la mesa de las universidades esta obligación. En junio de 2008, la entonces comisionada de Universidades, Blanca Palmada, intentó llevar a buen puerto la imposición lingüística. Pero las universidades se opusieron con firmeza, entendiendo que obligar a los docentes a dominar el catalán va en detrimento de la calidad educativa y limita las expectativas de los centros catalanes de posicionarse a nivel mundial, entre otros motivos. Y así lo recordó ayer la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho: «Es una medida corta de miras, que va en contra de la excelencia y del modelo educativo y de competititvidad económica». De hecho, cada universidad, en virtud de su autonomía de gobierno, es la que decide y aplica sus políticas lingüísticas.

Ahora, y según fuentes de la consejería de Innovación, Universidades y Empresa, lo que se pretende es «garantizar un equilibrio entre el castellano y el catalán y aplicar la ley».

Pero ¿ qué ha cambiado en dos años? Al parecer, el Govern cuenta con el apoyo de los rectores ahora que las elecciones autonómicas están a la vuelta de la esquina. Las mismas fuentes aseguraron que «se ha estado trabajando» para que las universidades entendieran que existen «excepciones y letra pequeña». Es decir, como apuntó Huguet, la imposición no tendrá carácter retroactivo. A los profesores se les dará un tiempo «prudencial» para aprender el catalán y no se obligará a un docente «invitado» a que acredite su nivel. La propuesta pasará ahora a manos del Consejo Ejecutivo, para ser aprobada como decreto. El PP no descarta recurrirla.

Cataluña
ERC saca pecho y avanza que obligará por ley a los docentes a saber catalán
E. ARMORA / M. J. CAÑIZARES / BARCELONA ABC Cataluña 31 Agosto 2010

Todavía no hay fecha para las elecciones autonómicas —el presidente catalán, José Montilla, se ha limitado a decir que no serán el 24 de octubre, tal como se especulaba, ni el 7 de noviembre, fecha en la que está prevista la visita del Papa a Barcelona—, pero ERC saca pecho y aprieta el acelerador para aprobar «in extremis» algunos de sus decretos más polémicos.

Esta misma semana, el Consejo Ejecutivo catalán podría dar el visto bueno a una normativa que obliga a todos los profesores universitarios que se contraten, así como a aquellos que ya estén en activo y decidan acceder a una nueva plaza, a acreditar en un plazo determinado —la Generalitat rehuyó avanzarlo ayer, pero algunos sectores universitarios consultados por ABC apuntan que será de dos años— su conocimiento del catalán. La medida, que será obligatoria en centros públicos y privados, no tendrá carácter retroactivo. Hasta ahora las universidades decidían voluntariamente si pedían el título a los profesores; ahora el nuevo decreto lo convierte en una exigencia.

Dos años de plazo
Sea cual sea su procedencia (del resto de España o extranjeros) y especialidad, todos los docentes que aspiren a una plaza fija en Cataluña deberán acreditar a través de un título —el del nivel C— que dominan a la perfección la lengua autonómica. Eso sí, tal como avanzó ABC en su edición del 13 de noviembre de 2009, no se les pedirá en el momento de la contratación, sino que se les dará un plazo que fuentes universitarias avanzaron que será de dos años. La Generalitat no quiso confirmar este extremo.

En unas declaraciones en la televisión pública catalana que volvieron a encender los ánimos entre los partidos y asociaciones contrarias al imperalismo lingúistico del tripartito, el consejero de Innovación, Universidades y Empresa, Josep Huguet, defendió ayer la necesidad de imponer la medida. «Los profesores de las universidades catalanas deberán tener el nivel C de catalán, aunque sean docentes del resto de España. Es simplemente para garantizar el equilibrio lingüístico», afirmó Huguet. Añadió que estarán exentos de la imposición los profesores visitantes y los eméritos. Portavoces de la consejería de Universidades apuntaron a este diario que el decreto pasará en breve por el Consejo Ejecutivo. Las mismas fuentes precisaron que solo se trata de «formalizar» un acuerdo que alcanzó el Consejo Interuniversitario de Cataluña (CIC) en noviembre de 2009. Apuntaron que el decreto sienta las bases de lo que las universidades aplican desde hace seis meses, aunque voluntariamente. Huguet lleva dos años batallando con las universidades para aprobar esta exigencia. En 2008, el Govern impulsó una normativa para que los profesores acreditaran el nivel C, pero la mayoría de las universidades lo rechazaron. El consejero tuvo que echar marcha atrás en noviembre de 2009 y pactó con los centros «darles un plazo».

El portavoz de C's, Jordi Cañas, acusó a Huguet de condenar a la universidad catalana al «provincianismo». Cañas aseguró que el Govern prefiere construir una universidad «de tercera» al servicio de la construcción nacional. Criticó que es un «ataque a la libertad», además de una nueva insumisión al Tribunal Constitucional.
Una insumisión que practica ERC, pero azuza el propio Montilla en esta precampaña, que se prevé larga, pues todo parece indicar que el presidente socialista pretende agotar la legislatura con la esperanza de remontar en las encuestas y, con un poco de suerte, que se reactive la economía y surjan novedades judiciales sobre el desfalco del Palau de la Música que puedan sapilcar a CiU. Por contra, nacionalistas y populares instan al dirigente del PSC a «no prolongar más la agonía del tripartito», según palabras de la presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho. Incluso los republicanos desean que el mandato no se prolongue hasta finales de noviembre, como se especula, para aprovechar así el posible tirón de las todavía recientes consultas populares sobre la independencia e impedir que el nuevo partido de Joan Laporta, su rival ideológico, gane adeptos. Mientras tanto, Montilla dispara contra el PP para, indirectamente, cuestionar sin demasiado furor a sus socios del tripartito, al asegurar que la «derecha casposa» favorece el secesionismo.

El Papa utilizará el gallego durante la eucaristía que presidirá en el Obradoiro
Se suspenderán todas las misas que se celebran en Santiago el 6 de noviembre a la misma hora. El Arzobispado descarta cobrar algún tipo de entrada para ver al Pontífice
CARMEN VILLAR | SANTIAGO La Opinión 31 Agosto 2010

Además de los idiomas que maneja con soltura -el alemán, el italiano, el francés, el inglés y, por supuesto el latín-, y de ser capaz también de mantener una conversación en español, Benedicto XVI extraerá de su visita a España algunos rudimentos de dos de las lenguas cooficiales, el gallego y el catalán, que le servirán para incrementar su formación políglota. Si su agenda de Barcelona incluye el uso de la lengua catalana durante la celebración de la consagración del templo de la Sagrada Familia, los fieles que se acerquen hasta el Obradoiro podrán escucharle también empleando la lengua con la que Rosalía cantaba a su "negra sombra". Aunque el Arzobispado todavía desconoce con exactitud cómo y cuándo utilizará el gallego, ya que se trata de una decisión que se toma en la Santa Sede, dan "por supuesto" el uso de este idioma, junto al castellano y al latín.

Aunque no se ha dado a conocer aún ningún detalle más de los horarios de la visita del Sumo Pontífice a la capital gallega, que transcurrirá compactada a lo largo de ocho horas el día 6 de noviembre, el Arzobispado de Santiago también ha confirmado que a la hora en que Benedicto XVI presidirá la eucaristía en la Praza do Obradoiro, en la que solo tendrán cabida entre 8.000 y diez mil fieles, no se celebrará ninguna misa en toda la ciudad de Santiago. En una próxima reunión del Consejo Episcopal -del arzobispo y sus vicarios- se decidirá si, al igual en Barcelona, se suspenden todas las celebraciones litúrgicas de la jornada o solamente las que coincidan con la del Papa.

Lo que sí está claro ya, y siempre lo estuvo, afirman desde el Arzobispado, es que nadie tendrá que pagar por ver al Sumo Pontífice en Santiago. La Santa Sede afirma que la decisión de cobrar o no depende de las diócesis que organizan la visita y el Arzobispado de Santiago descarta que los fieles se encuentren con sorpresas desagradables, como ocurre con la visita del Papa a Gran Bretaña, en donde se solicita una polémica "contribución" a los que deseen acudir a las misas.

En el caso de la eucaristía de la Praza do Obradoiro, "quien quiera y quepa", podrá asistir, señalan. No obstante, a media mañana, para poder estar en la catedral, donde el Papa abrazará al Apóstol tras realizar el ritual de la Porta Santa para ganar el jubileo y dirigirá unas palabras a los congregados, será necesaria una invitación del Arzobispado o del Cabildo, que estará dirigida a religiosos, niños, ancianos y enfermos.

Firmas de bienvenida
Al igual que los grupos de Facebook que protestan por la visita papal a Santiago, sigue sumando adeptos y ya supera los diez mil, la iniciativa Bienvenido Benedicto XVI, que reúne firmas en internet para "dar las gracias" al Papa por volver a España "coincidiendo con los difíciles momentos de crisis económica y social, que hunden sus raíces en una profunda crisis moral", ya ha logrado rebasar las 30.000.

Desde Galicia, han incluido su firma el propio presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, junto a dos de sus predecesores, Gerardo Fernández Albor y Manuel Fraga; y los rectores de las universidades de Santiago y A Coruña. Otros nombres que incluye la lista son Indurain, Nadal o Butragueño; toreros como El Juli o Cayetano Rivera, y políticos como Jaime Mayor Oreja y Duran i Lleida.

Papanatas
Nota del Editor 31 Agosto 2010

Parece que no han aprendido. Tanto utilizar la biblia como fuente de inspiración, y se han olvidado de la torre de Babel, o quizás no, pues la iglesia siempre se ha disfrazado de lengua regional para llegar a los menos viajados.

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