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Fracasan la huelga y Zapatero
Editorial www.gaceta.es
30 Septiembre 2010
España no se paraliza; nada que ver con el histórico 14-D de 1988
contra González. Los piquetes han pisoteado un derecho tan
fundamental como el de la información.
“Antídoto contra la resignación”. Así calificó Cándido Méndez la
huelga general de ayer. Y hasta cierto punto tiene razón, pero en un
sentido muy diferente del que él se imagina. Porque lo que ha
demostrado la huelga, con una participación ridícula, es que la
impostura de UGT y CC OO ya no cuela. Los que no se resignan a
seguir tragando mentiras son los ciudadanos. La prueba es que el
país no se ha paralizado, pese a la presión de lo que Méndez y Toxo
llaman “garantes de los derechos”. Sarcástica etiqueta para unos
piquetes que, por su carácter violento e intimidatorio, merecían
otro nombre. Véase la batalla campal de Barcelona.
Pero las cifras son elocuentes. Sectores enteros como la
restauración plantaron cara a las centrales y no echaron el cierre.
Pese a la movilización sindical que ha tratado de colapsar los ejes
neurálgicos de los transportes, la huelga de ayer registró un
seguimiento menor que la que se hizo contra Aznar en 2002. Nada que
ver, en cualquier caso, con la magnitud del histórico 14-D (1988)
contra Felipe González.
Claro que ni Toxo ni Méndez son Nicolás Redondo, ni Zapatero es
González o Aznar. Esta vez se trataba de una calculada
escenificación del Gobierno –que ha comprado el cariño de UGT y CC
OO a golpe de talonario– y de los sindicatos, que se han echado a la
calle, pero con la boca pequeña. Sus destinos estaban entrelazados
en este paripé. Y por esa misma razón, el fracaso de los convocantes
es también el fracaso de Zapatero. El atípico 29-S no era una
movilización contra quien hacía de poli malo, sino un pulso amañado,
a pachas con los sindicatos (significativamente Zapatero jugó ayer a
la ambigüedad al tender una mano, en plena huelga, a las centrales,
apelando al diálogo pendiente). Y no en contra del Ejecutivo, sino
en contra de comunidades del PP, como la madrileña, o de las
verdaderas víctimas del desaguisado: los españoles. Los que no
pueden permitirse el lujo de parar porque están con el agua al
cuello, las víctimas propiciatorias del erratismo del Gobierno al no
ser capaz de hacer frente a la crisis, y de las centrales al
convocar una huelga forzada y surrealista.
Hay otros destrozos mucho más irreparables que los que han hecho los
piquetes. En el balance de pérdidas del 29-S destaca, en primer
lugar, la economía nacional que, como apuntábamos ayer, soportará un
coste de 4.200 millones de euros. En segundo lugar, el derecho de
quienes querían ir a trabajar, porque su precaria situación no les
permite holgar, y no pudieron hacerlo por el colapso de los
transportes. Se incluye aquí un factor –muy poco acorde con una
democracia avanzada–, y es el miedo a las represalias o el temor a
ser señalar con el dedo. que ha aumentado artificialmente el número
de quienes han secundado los paros.
Finalmente, y no por ello menos importante, el 29-S ha pisoteado un
derecho tan fundamental como el de la huelga, y es el derecho a la
información (art. 20 de la Constitución). La presión de los piquetes
hizo que muchos kioscos cerraran y que no se pudieran imprimir total
o parcialmente varios periódicos, por no hablar de canales de
televisión que no hicieron su emisión normal. Parte de la edición
impresa de LA GACETA no pudo llegar a los lectores e Intereconomía
TV se vio sometida a agresiones de los piquetes (cámaras y
periodistas fueron insultados y sufrió daños la entrada a El Plató,
donde se realizan El Gato al Agua o Dando Caña). No soportan las
verdades que el Grupo Intereconomía han sacado a la luz. Tratan de
silenciar una voz libre que ha dejado en evidencia el carácter
escasamente representativo y parasitario de los sindicatos; quieren
neutralizar a quienes hemos denunciado la incoherencia de dirigentes
que preparan la huelga en cruceros de lujo por el Báltico o se
dedican al sindicalismo gourmet en restaurantes de cinco tenedores;
no les gusta, en fin, que hayamos demostrado con cifras y datos que
UGT y CC OO hacen su agosto con la desgracia de quienes están en el
paro.
Pero, a diferencia de las centrales y sus patrullas de la porra que
parecen no haber salido del siglo XIX, LA GACETA utiliza las últimas
tecnologías para no faltar a su cita con los lectores y puso ayer la
edición gratis en PDF, registrando un éxito de audiencia. La mayor
parte de los rotativos nacionales también sortearon la presión de
los piquetes y no hicieron huelga, a excepción de Público, cuya
portada parecía la hojita parroquial del sindicalismo. Lógico: el
periódico de Roures, y órgano oficioso del zapaterismo, encarna la
complicidad de los dos Tartufos de esta gran farsa, Gobierno y
sindicatos. Por eso apoyan la huelga, pero sin pasarse. Una
mascarada más de esta monumental impostura, que el 29-S ha puesto de
manifiesto.
La mafia en la retina
La sociedad despreció su convocatoria y los ignoró. Solo hubo huelga
ayer allí donde la amenaza logró imponerse
HERMANN TERTSCH ABC
30 Septiembre 2010
TENÍAN razón ayer la jefatura suprema de los comandos, los miembros
liberados de la organización, compañeros Cándido Méndez y Juan
Ignacio Fernández Toxo, cuando aparecieron ante la prensa a declarar
muy ufanos que habrá que recordar este 29 de septiembre. ¡No saben
ellos aun hasta que punto es eso cierto! Es probablemente lo único
cierto que dijeron en una comparecencia trufada de ficción política
de tercera categoría y morralla ideológica de taberna antisistema.
Ambos tenían ya el rostro de combatientes abatidos en la jungla, con
caras de «Mono Jojoy». O de tahúres que lo han perdido todo a los
naipes y con angustia infantil intentan animar a una nueva partida.
Cuando saben que no tienen más opciones que una retirada ignominiosa
o una soga en la buhardilla. Vamos a recordar esta fecha pero por
motivos muy diferentes. Ayer España dio un paso definitivo de cara a
liquidar un sistema sindical que ha degenerado en un aparato de
corte mafioso, sostenido por la coacción y la violencia y por su
mecanismo parasitario de financiación. La sociedad despreció su
convocatoria y los ignoró siempre que pudo. Solo hubo huelga ayer
allí donde la amenaza logró imponerse.
Donde las bandas de matones no tenían superioridad abrumadora, la
población en general se enfrentó a ellas. Los corrió literalmente a
gorrazos e, imponiendo su soberana voluntad, se puso a trabajar. Se
acabó el chollo. Ellos que han colaborado tan eficazmente en el
cierre de miles de empresas, están a punto de echar el cierre a su
lucrativa agencia de coacción que millones de españoles ya sólo
identifican con la extorsión, la amenaza y la violencia. Anclados en
sus privilegios, en su primitivismo y en su zafia retórica
decimonónica no han visto la gravedad del insulto que suponía para
toda la sociedad que pretendieran representar a los trabajadores
españoles del siglo XXI. Mientras los obligaban a golpes y amenazas
a plegarse a su voluntad. Se acabó. Todos sabemos como son. Los
hemos visto.
Decenas de miles de cámaras de teléfonos móviles han dado testimonio
de las amenazas, de las agresiones y la brutalidad ejercida contra
la ciudadanía que quería trabajar. Las escenas permanecen y son
demoledoras. Así, toda la sociedad española tiene hoy a la mafia en
la retina. La mayoría de los españoles está en contra de las medidas
tomadas por el Gobierno. Por muy diversos motivos. Unos las
consideran excesivas e injustas, otros creen que son insuficientes e
inútiles. Muchos creen que llegan tarde o mal. Pero la repulsión
ante la acción sindical ha despojado de sus últimos restos de
respetabilidad a estos sindicatos. Han sido el somatén del
zapaterismo y ahora, de acuerdo con éste, querían hacerse un lavado
de cara a costa de los trabajadores españoles. No se les ha dejado.
Habrá un nuevo sindicalismo, pero el rufianismo de estos parásitos
antisistema, toca a su fin. Si hicieran otra huelga general, motivos
habrá, serían sus piquetes los que tendrían que ser protegidos por
la policía.
Derrota sindical y del Gobierno
Editoriales ABC
30 Septiembre 2010
LOS sindicatos convocantes de la huelga general estaban dispuestos a
calificarla como «éxito» cualquiera que fuera su seguimiento; y el
Gobierno estaba decidido a on ir más allá en sus valoraciones de
resaltar anodinamente la «normalidad» del paro.
Este guión se cumplió estrictamente porque UGT, Comisiones Obreras y
el Ejecutivo socialista no deseaban romper la cuerda que los sigue
uniendo por intereses recíprocos. Por eso tampoco hubo guerra de
cifras, aunque lo lógico es que un Gobierno las dé en una jornada de
paro nacional. Tampoco resultaron imprescindibles para hacerse una
idea de cómo se desarrollaron los acontecimientos. Es evidente que
la huelga no fue general, en absoluto, sino que se descompuso en
paros sectoriales, más intensos en industria, siderurgia, puertos y,
con matices, transportes; y mucho menos relevante en comercio,
sanidad, servicios o educación. Si los piquetes sindicales violentos
no hubieran sellado cerraduras, intimidado a comerciantes, bloqueado
carreteras, acosado a trabajadores o atacado camiones y autobuses,
la libre actividad de los ciudadanos habría reducido aún más los
efectos de la huelga.
La violencia de los piquetes sindicales estuvo presente en las
grandes ciudades y núcleos industriales, pero el ministro de Trabajo
prefirió elogiar la «responsabilidad» con la que los sindicatos
estaban ejecutando la huelga. Estas palabras, junto a la nueva
oferta de diálogo hecha a las organizaciones sindicales ayer mismo
por el presidente del Gobierno, no son sino expresiones del juego de
imposturas con el que los sindicatos y el Ejecutivo resolvieron no
hacerse daño. No en vano, el Gobierno pactó con los sindicatos unos
irrisorios servicios mínimos que, en algunos casos, tampoco se
cumplieron. En el plano político, a unos y a otro les falló una
pieza de su estrategia, la Comunidad de Madrid, donde los sectores
en los que el Ejecutivo autonómico fijó servicios mínimos por
decreto —transportes, sistema sanitario, colegios— funcionaron por
encima de las previsiones más optimistas. España no paró, y Madrid
menos aún, dejando a los sindicatos y el Gobierno socialista sin
chivo expiatorio; y a los ciudadanos, con argumentos para
preguntarse por qué el Ministerio de Fomento no fue tan exigente en
defender la libertad de movimiento como lo fue el Gobierno
autonómico madrileño.
Pero el principal motivo por el que la huelga de ayer no fue general
es la opinión que la sociedad española ya tiene formada sobre esta
crisis y el papel que el Gobierno y los sindicatos han jugado y
siguen jugando en ella. Los ciudadanos no reconocen a los sindicatos
legitimidad para liderar una protesta general, después de haber sido
acompañantes de cámara del enrocamiento de Zapatero contra la crisis
y, ahora, por organizar una huelga que esconde al Gobierno de sus
verdaderas responsabilidades, diluyéndolas en acusaciones contra la
derecha, el mercado y los empresarios. Este descrédito del Gobierno
y los sindicatos fue la causa de que la convocatoria de huelga
quedara reducida a paros sectoriales y, ante la impotencia sindical,
a altercados de orden público. Especialmente en las grandes
ciudades, la reacción ciudadana fue un indicador del hastío e
indiferencia que siente la sociedad española hacia quienes
consideran principales responsables de la actual falta de
perspectivas laborales y económicas.
Ahora, los sindicatos y el Gobierno comenzarán una táctica de
acuerdos y desacuerdos, con el desarrollo reglamentario de la
reforma laboral y las modificaciones en el sistema de pensiones como
telón de fondo, sabiendo que es más lo que los une que aquello que
los separa. Rodríguez Zapatero inicia en Cataluña dentro de dos
meses una temporada electoral para la que necesita la movilización
de todo su electorado y precisa que las bases sindicales —que no sus
dirigentes— dejen de pedir su dimisión a gritos. Los sindicatos, por
su parte, saben que la debilidad de Zapatero es su mejor baza y que
deben explotarla sin llegar a un punto de no retorno. Pero el
Gobierno tiene un margen muy estrecho para revertir sus decisiones
de recorte de gasto público y de reforma laboral con una previsión
del 20 por ciento de paro para 2011 y todos los mercados y
organismos financieros internacionales pendientes de que no haya una
mínima marcha atrás. En mayo pasado, Bruselas prohibió a Zapatero
que siguiera jugando con dos barajas frente a la crisis. Su Gobierno
sigue tutelado y no podrá contentar a los sindicatos sin granjearse
nuevas desconfianzas en el exterior.
Además, Zapatero tiene pendiente una crisis de Gobierno inmediata,
porque la huelga del 29-S era el término final para el ministro de
Trabajo, Celestino Corbacho, cuyo destino político es la candidatura
de los socialistas de Cataluña en las próximas autonómicas de esta
comunidad. Según utilice esta oportunidad, Zapatero podrá lanzar un
mensaje de cierta renovación interna y de impulso político o, por el
contrario, demostrará la falta de proyectos y el estado de
resignación y supervivencia en el que, a todas luces, se encuentra.
Finalizada la huelga que no fue general del 29-S, la situación no ha
cambiado, salvo en el desgaste aún mayor que han sufrido el Gobierno
y los sindicatos, por haber adulterado sus papeles institucionales
en una situación de crisis. La sociedad se ha dado cuenta y ayer lo
demostró.
Triste empate a nada
POR BENIGNO PENDÁS catedrático de ciencia política ABC
30 Septiembre 2010
JUEGO de suma negativa: nadie gana, pero los ciudadanos pierden. Día
triste para una sociedad incómoda consigo misma. Síntomas de
tristeza cívica: mirar para otro lado; eludir los conflictos; salir
del paso con el menor coste posible. Consejos que suenan a épocas
remotas: «perfil bajo»; evitar riesgos; confundirse con el paisaje.
La gente se explaya con los amigos, y allí dice lo que piensa sobre
la huelga y los sindicatos. Palabras gruesas y gestos a medio camino
entre la indignación y la impotencia. Luego, en la fábrica y en la
oficina, cada uno juega su papel y procura guardar las formas.
Desbordado por la crisis económica, el socialismo posmoderno conduce
a la impostura general. El Gobierno no gobierna, acaso porque no
puede, pero casi seguro porque no sabe. Los sindicatos afines, tras
largos años de complicidad y mansedumbre, despliegan banderas fuera
del tiempo y del lugar. Trampas que no engañan a nadie para
maquillar los datos: amenazas latentes y violencia efectiva;
discurso de fondo contra el PP y los empresarios; retórica
trasnochada y actuaciones irresponsables. Sí, ayer fue un día triste
para el Estado social y democrático de Derecho que proclama —con
orgullo legítimo— la Constitución de todos los españoles.
A corto plazo, empate a nada entre Gobierno y sindicatos. Los
servicios funcionan, la industria se paraliza y la vida sigue.
Perspectiva a medio plazo, al margen de banderías partidistas. El
«Welfare State» ha sido protagonista indiscutible de la teoría
política a partir de la segunda posguerra. También del pensamiento
económico (keynesianos más o menos ortodoxos), jurídico (derechos
sociales) y sociológico (interacción entre Estado y sociedad). Fue
el punto de encuentro entre la derecha y la izquierda heridas por la
catástrofe de 1939 y sus secuelas. El consenso socialdemócrata
alcanzó a sectores muy amplios, incluidos los gaullistas franceses o
los democristianos alemanes e italianos. Los «treinta años
gloriosos» eran su aval ante liberales dogmáticos o escépticos.
Después, el panorama se complica. Servidumbres del socialismo de
todos los partidos: descontrol del gasto público, crisis fiscal,
hipertrofia sindical y, sobre todo, desempleo, el peor de los males.
El idilio deja paso al catastrofismo, sobre todo cuando la izquierda
convencional muestra su incapacidad para gestionar la crisis. Marx
hablaría del «nuevo lumpen»: los sin casa, sin empleo, sin derechos,
sin papeles, sin afiliación política o sindical… En especial, los
jóvenes sin expectativas, un drama generacional que exige soluciones
urgentes. Se agota la ideología socialista: ya no sirven el
«neocorporatismo», el republicanismo cívico o las «terceras vías»
que se hunden una tras otra. Los partidos que se identifican con el
Estado social no gobiernan ni siquiera en Suecia, viejo paradigma
para nostálgicos. Así las cosas, las maniobras con el único afán de
sobrevivir no sirven para nada. El sentido de la responsabilidad
impone la convocatoria urgente de elecciones anticipadas. Pero
ustedes y yo sabemos que no habrá tal cosa: las Cámaras se
disolverán el último día y en el último minuto.
¿El futuro? Guardián del interés particular de ciertos trabajadores
privilegiados, el «statu quo» sindical pervive por inercia a pesar
de las vulgaridades y groserías en sus campañas de promoción. El
déficit de representación es patente: nadie hace oír la voz de los
parados, de los autónomos o de millones de jóvenes y mayores con
empleos precarios. En términos objetivos, la huelga de ayer ha sido
un rotundo fracaso, pero los promotores salvan el tipo porque el
Gobierno los necesita y todavía aportan una apariencia de
estabilidad al modelo de relaciones laborales. Recuerden, sin
embargo, que vivimos en el siglo XXI. La sociedad del conocimiento
desplaza sin remedio a las viejas centrales, controladas por una
burocracia que actúa en beneficio de sectores poco productivos. El
modelo sindical en toda Europa (también en España, por supuesto)
funciona en forma de oligopolio que excluye a eventuales
competidores y depende del dinero público. El poder político les
garantiza esa posición prevalente a cambio de una estrategia
pactista que contribuye más o menos a la mal llamada «paz social».
Rodríguez Zapatero y sus socios de UGT y CC. OO. saben mucho de ese
acuerdo poco confesable. Pero lo que funciona a trancas y barrancas
en épocas de bonanza no resiste el embate de una situación de
emergencia económica. A ello se añade, por razones de coyuntura, un
agujero en la caja única de la Seguridad Social y la ceguera
consciente acerca del derroche en las administraciones públicas. Hay
soluciones realistas. Por ejemplo, plantear el fin de los grandes
«consensos» con esa foto inútil para la galería, sustituyendo la
retórica del pacto social por una negociación eficaz empresa por
empresa. Vivimos en un contexto peligroso para la sociedad de clases
medias y las instituciones representativas. Un teórico complaciente
con el Estado de bienestar, N. Luhmann, decía en un arranque de
lucidez que el «Welfare State» está desbordado por la política,
incapaz ahora de resolver los problemas que él mismo ha contribuido
a crear. Todos saldremos perdiendo si quiebra el modelo que ha
producido la sociedad menos injusta de la historia. Esa quiebra
—financiera, política y moral— puede ser consecuencia del egoísmo de
unos y la ignorancia de otros. Por eso, frente a la crisis terminal
del Estado social no bastan los lamentos ni las ocurrencias. Hacen
falta rigor en los principios, eficacia en la gestión y espíritu de
sacrificio personal y colectivo.
El mal trago ya pasó. La séptima huelga general de la democracia,
acaso la última huelga con parámetros del siglo XIX, ha costado
mucho dinero y nos deja un pésimo sabor de boca. Una vez más, el
derecho al trabajo sale malparado, en perjuicio de los más
vulnerables. Los piquetes, a lo suyo, y los líderes, a disfrazar la
evidencia hablando de un «éxito» imaginario. La gran mayoría de los
españoles que tienen la fortuna de disfrutar de un puesto de trabajo
acudió por voluntad propia a cumplir con su obligación laboral.
Alivio general, porque acabó una huelga plagada de imposturas. Para
el Gobierno, un buen pretexto que tal vez le permita suavizar
medidas que no le convienen a efectos electorales y hacerse fuerte
ante Bruselas o ante ese enemigo invisible al que llaman «los
mercados». Los sindicatos, terminada la función, vuelven a
distribuir subvenciones desde su oficina blindada. No obstante, el
deterioro de su imagen es irreparable: lo saben, aunque no lo
confiesan. La gente de la calle esconde la rabia y la decepción,
junto con una satisfacción mal disimulada porque la coacción ha sido
un fracaso. A lo lejos, los parados miran con envidia a unos y a
otros: la exclusión social es el gran reto para una sociedad abierta
que no puede jugar impunemente con armas que ya solo existen en los
libros de historia.
Un discurso anacrónico
Méndez y Toxo son los cooperadores necesarios de Rodríguez Zapatero
y su política económica.
Jaime García-Legaz. www.gaceta.es
30 Septiembre 2010
La huelga general convocada ayer constituye un fracaso sin
paliativos para las cúpulas de los sindicatos mayoritarios
españoles, UGT y CC OO.
Resulta evidente que la gran mayoría de los trabajadores españoles
dio la espalda a los sindicatos convocantes, manifestando así su
falta de sintonía con quienes llamaron a paralizar el país. Las
cúpulas sindicales han dejado ya de representar a la gran mayoría de
los trabajadores españoles, esencialmente porque su discurso ha
quedado anclado en una realidad que no existe y en un mundo que hace
tiempo que desapareció.
Más aún, la mayoría de los trabajadores españoles es plenamente
consciente de que las actuales cúpulas de UGT y CC OO son los
autores intelectuales y de la política económica de Zapatero, que ha
llevado a España al abismo económico y social. Méndez y Toxo son los
cooperadores necesarios de Rodríguez Zapatero y su política
económica, que ha exterminado el 10% del tejido productivo español y
conducido al paro a cinco millones de españoles.
La gran mayoría de los trabajadores españoles se ha dado cuenta de
las grandes incoherencias en que han incurrido UGT y CC OO. Y es que
resulta muy difícil que una huelga tenga éxito cuando no queda claro
contra quién se manifiesta uno y por qué se convoca. La huelga
general de 1988 se convocó contra Felipe González, como un conflicto
de poder en el seno de la propia izquierda, y su éxito fue relativo,
a pesar de que por entonces los sindicatos gozaban de una reputación
social manifiestamente superior a la que disfrutan hoy. La huelga
general de 2002 fue una huelga manifiestamente política, contra el
Gobierno de Aznar, que había reducido la tasa de paro del 22% al
13%, casi diez puntos, y fue un fracaso, ya que la reforma laboral
de aquel año no lesionaba los derechos laborales. La mayoría de los
españoles entendió que aquella huelga se convocaba para que Aznar no
se fuera del Gobierno sin su huelga general.
La de ayer podría haber sido una huelga con éxito si se hubiera
convocado claramente contra Rodríguez Zapatero, es decir, contra el
Gobierno que la ha quitado el derecho a trabajar a cinco millones de
españoles, que le ha bajado el sueldo a tres millones de
funcionarios y que la ha bajado las pensiones a casi ocho millones
de españoles, pero Méndez y Toxo no han querido plantear una huelga
en esos términos. Han querido dejar claro que la de ayer no era un
huelga contra Zapatero y contra el PSOE. Más bien, con sus actos,
pactando servicios mínimos en los servicios públicos con el Gobierno
y con las comunidades gobernadas por el PSOE y rechazando los
servicios mínimos y provocando el enfrentamiento con los Gobiernos
autonómicos del PP, singularmente el de Madrid, han enviado el
mensaje de que la de ayer era una huelga contra el PP. Es decir,
contra quien no gobierna, contra quien viene denunciando desde hace
tres años que esta política económica diseñada por Méndez y Toxo,
antitética de la política de Aznar, acabaría por producir un
desastre económico y social como el que hoy sufre España.
Cuando se manifiesta públicamente, como hizo ayer el secretario
general de la UGT, que la huelga de ayer es una “gran putada”, no es
razonable acto después pedir un seguimiento masivo de la huelga por
parte de los trabajadores. Los trabajadores han entendido que los
paros se hacían por pura necesidad de supervivencia de los actuales
cúpulas sindicales. ¿Cómo iba Méndez a explicar a los trabajadores
españoles que convocó un huelga contra el Gobierno que creó cinco
millones de empleos y que, sin embargo, es mejor quedarse en casa
cuando un Ejecutivo recorta sueldos de funcionarios y recorta las
pensiones?
El problema de Méndez y Toxo es más profundo. Su discurso es
anacrónico y propio de un mundo que fue derribado en 1989.
Sintonizan con una izquierda que ha sido borrada del mapa político
europeo, como constatan los fracasos de la izquierda en Francia,
Italia, Alemania y Reino Unido.
El keynesianismo “de dientes amarillos”, las subidas de impuestos a
los trabajadores, la defensa de los intereses de los aparatos
sindicales por delante de los intereses de los trabajadores, el
manifiesto carácter político de sus actuaciones, despreciando la
voluntad mayoritaria emanada de las urnas, el insultante número de
liberados sindicales y las sonrojantes subvenciones públicas a los
sindicatos han acabado por convencer a la mayoría de los
trabajadores españoles de que las actuales cúpulas sindicales han
regresado al pasado en el tiempo, en lugar de progresar, y sólo
defienden sus propios intereses.
Después del fracaso de ayer, es evidente a quién le toca rectificar.
*Jaime García-Legaz es diputado del PP y secretario general de FAES.
No es el momento, señor ministro
El Editorial La Razón
30 Septiembre 2010
Ayer era el día en que Pérez Rubalcaba estaba obligado a sobreponer
su condición de ministro de Estado a cualquier otra consideración de
índole personal o partidista. Eso comportaba la adopción de medidas
que podían desagradar a los sindicatos en tanto que limitaban la
capacidad saboteadora de los piquetes y garantizaban el derecho a
trabajar de quienes no deseaban secundar la huelga. Se esperaba del
ministro del Interior que actuara con la competencia y eficiencia de
otras veces, a las que no hemos ahorrado elogios. Sin embargo,
parece que Rubalcaba ha actuado atendiendo al cálculo más
beneficioso para sus aspiraciones políticas en vez de cumplir sus
deberes como ministro, lo que implicaba mantener el orden y defender
los derechos de los trabajadores a trabajar.
No es comprensible, por ejemplo, la ausencia de la Policía en
centros neurálgicos de transportes o la facilidad con la que han
actuado los piquetes, hasta el punto de que la huelga de ayer pasará
a la historia laboral como la más violenta de todas. Nunca como ayer
se había puesto de manifiesto la deriva de ciertos dirigentes
sindicales hacia eso que se ha dado en llamar
«sindicalismo-borroka», síntoma de un deterioro orgánico que afecta
al corazón mismo de las organizaciones obreras. Lo que en pasadas
huelgas generales fueron actos vandálicos aislados de
descontrolados, en la de ayer adquirieron un protagonismo y una
extensión desmesurados. Ningún sindicato respetuoso con el
trabajador puede avalar tales desmanes, pero sorprendentemente así
ha sido en Madrid, ciudad que los sindicalistas se propusieron
infructuosamente paralizar.
En todo caso, el guante blanco con el que el Gobierno en general
trató ayer a los huelguistas no sirvió para que los trabajadores y
los ciudadanos secundaran ampliamente la protesta. Una simple
comparativa con la huelga de 2002 revela que la de ayer quedó a años
luz. La mayoría de los indicadores, desde el consumo energético
hasta las cifras de asistencia al puesto de trabajo en todos los
sectores (Administración, comercio, Sanidad, etc), salvo en el
industrial, son mucho más elevados que los registrados hace ocho
años. Y si entonces fueron más de dos millones los manifestantes en
toda España, ayer apenas si llegaron al millón según los cálculos
más banévolos. La conclusión de la jornada vivida ayer es muy
negativa para una burocracia sindical que ha sido cómplice de una
política económica destructora de empleo. Y marca un antes y un
después en la decadencia de un sindicalismo obsoleto, lastrado por
el sectarismo ideológico y corrompido por un sistema de subvenciones
públicas. Han dilapidado el caudal de prestigio acumulado desde la
Transición y se han convertido en gestoras de sus propios intereses
y privilegios. La ampulosa retórica desplegada por los dirigentes de
UGT y CC OO, proclamando un éxito que sólo han visto ellos, carece
de convicción y credibilidad, pero sobre todo de la fuerza necesaria
para obligar al Gobierno a dar marcha atrás en la reforma laboral.
El paisaje tras la refriega no puede ser más ruinoso en términos
económicos y morales, con un coste inasumible para un país que pugna
por salir de la crisis.
Huelga General: sindicatos gansteriles en
una España injusta
Francisco Rubiales Periodista Digital
30 Septiembre 2010
Los primeros datos sobre la Huelga General de hoy, 29 de septiembre,
indican que, incapaces de respetar la libertad y de permitir que los
que quieran hacer la huelga la hagan y los que quieran trabajar
trabajen, los sindicatos españoles han adoptado un deleznable
comportamiento gansteril para paralizar el país y arrasar el derecho
ciudadano a trabajar.
Carreteras cortadas, autobuses apedreados, contenedores quemados,
amenazas, apaleamientos, violencia física y pasicológica y otras
muchas "fechorías" propia de gansters, anticonstitucionales y
antidemocráticas, han sido el recurso principal de los sindicatos
para lograr que triunfe la huelga y poder hablar de un país
paralizado, a pesar de que la voluntad mayoritaria era trabajar hoy
para evitar más daños a España y a su ya maltrecha economía.
Toda esa violencia se ha perpetrado de manera hipócrita y engañosa,
a través de piquetes que se autodenominan "informativos", cuando en
su mayoría son bandas amedrentadoras de comportamiento violento y
anticiudadano, típicas del antiguo y ya superado sindicalismo
gansteril.
Si a la ciudadanía española le quedaban dudas sobre la naturaleza
antidemocrática de los sindicatos mayoritarios españoles, hoy, con
su comportamientos gansteril, ha quedado demostrado su espíritu
anticívico y su totalitario sentido de la libertad.
El vencedor de la jornada de hoy ha sido Zapatero, maestro del
engaño y de la confusión, que ha tenido la habilidad de escurrir el
bulto y de eludir el impacto de un huelga que nadie sabe si es
contra el gobierno, para apoyar al gobierno, para desprestigiar a la
oposición o para cubrir el expediente.
Pero los perdedores, sin la menor duda, serán la "casta" profesional
que dirige los sindicatos y sus miles de "liberados" que cobran sin
trabajar, cuya popularidad, ya por los suelos, descenderá todavía
más, adquiriendo perfiles nuevos de violencia, gansterismo y
totalitarismo, que se agregarán a los que ya tienen como vagos,
aprovechados, subvencionados por el gobierno y cómplices de la
nefasta política económica de Zapatero, la que destruye el tejido
productivo, la que ha generado cinco millones de parados, la que
fabrica cientos de miles de nuevos pobres y la que está llevando a
España hasta la ruina.
Sea cual sea el balance final que se ofrezca a la población, la
huelga, objetivamente, será un fracaso porque ha carecido de un
objetivo compartido por la mayoría de los ciudadanos, porque desde
el principio fue rechazada por la mayoría de los trabajadores y
porque allí donde no hubo gansterismo, apenas se notó.
La experiencia de hoy debe obligar a los partidos políticos a
comprometerse a regular el derecho de huelga, evitando que se
imponga siempre, por la fuerza y la violencia, sobre el derecho al
trabajo, igualmente constitucional y básico. Ni el PSOE ni Aznar se
atrevieron a regular ese derecho a la huelga, que cada vez que se
ejerce avergüenza a los españoles y escandaliza a las sociedades
civilizadas del mundo.
La policía ha intervenido para evitar desmanes sindicales, pero lo
ha hecho con menos contundencia y celo del debido y, desde luego,
sin garantizar, como era su deber, el derecho ciudadano a trabajar.
Los sindicatos españoles han demostrado hoy, por la vía de los
hechos, que son grupos infectados por el totalitarismo, incapaces de
entender y respetar las reglas que garantizan la libertad y el
derecho a elegir en democracia. El dinero que reciben del gobierno
para comprar su complicidad y para "formar" a los obreros y
empleados españoles, no lo merecen, ni tampoco la confianza
ciudadana, que hoy han defraudado.
Después de la jornada de hoy, la muerte de "estos" sindicatos, si
llegara a producirse un día, no causará lágrima alguna entre los
demócratas españoles y la gente decente.
Voto en Blanco
Bueno para los vascos
A raíz de la «chapuza bastante considerable» que aprecia en el
acuerdo sobre políticas activas de empleo, el autor asegura que «lo
que predicamos como bueno para Euskadi hoy puede ser fruto de una
miopía histórica»
JOSEBA ARREGI El Correo
30 Septiembre 2010
Es una de las frases que más se han escuchado o leído durante el
tiempo que ha durado el debate sobre la transferencia de las
políticas activas de empleo. Pero es algo más que una frase: es la
norma que juzga casi toda la política vasca en su relación con el
Gobierno central. Lo bueno para los vascos es, en abstracto, el
autogobierno, más autogobierno, transferencia de más competencias
desde la Administración general del Estado. Y lo bueno es, en
concreto, más dinero. Todo lo demás es secundario.
En este sentido es bueno conseguir las políticas activas de empleo
con el dinero de las cuotas que los empresarios dejan de pagar por
firmar algunos contratos. Es bueno porque significa más
autogobierno. Sin preguntar para nada cómo se ha llegado a ello, en
qué condiciones, a qué precio. Sin preguntar, por ejemplo, si el
acuerdo para la transferencia dentro de la negociación de los
Presupuestos Generales es una anomalía en el sistema democrático.
Sin preguntarse, por ejemplo, si el hecho de que se rompa el diálogo
entre instituciones, Gobierno central y Gobierno vasco para este
caso de transferencia de competencias tiene o no consecuencias, que
las tiene porque desinstitucionaliza al sujeto político vasco. Sin
preguntarse si es positivo o no para el sistema democrático en su
conjunto proceder a su desarrollo instalándose en el chantaje
posible a causa de la debilidad extrema del interlocutor, Zapatero,
y no gracias a las razones que esgrime uno.
Es cierto que al PNV todo esto le puede importar más bien poco: si
el Gobierno central admite, cuando necesita de votos para la
aprobación de presupuestos, debatir elementos políticos
estructurales que afectan al sistema en su conjunto, debilitándolo,
no será el nacionalismo vasco el que llore, pues puede no tener el
más mínimo interés en que se consolide el sistema democrático
español. Si el sistema institucional vasco queda dañado, tampoco le
importa mucho, pues si no está ocupado por ellos, no merece la pena
defenderlo. Y que lo conseguido sea fruto del chantaje tampoco es
importante: no hace más que seguir con una larga tradición en la que
el chantaje es el núcleo del sistema.
No es nada extraño que los medios de comunicación, en general,
reaccionen siguiendo las mismas claves: todo es bueno para el
convento, sin preguntarse ni de dónde viene, ni cómo viene, ni cuál
es el precio a pagar. Y si en lugar de 300 millones de euros -la
cifra barajada por el Gobierno vasco para la transferencia en
cuestión- son 475, mejor que mejor. No importa que a esa cifra se
llegue sumando la Inspección de Trabajo y el Instituto Social de la
Marina, con lo que la diferencia entre ambas cantidades es menor. No
importa que se llegue a esa cifra con las cuotas empresariales a la
Seguridad Social por la firma de contratos que le interesan al
Estado, dinero que forma parte de la caja única de la Seguridad
Social, a la que el Gobierno central lo restituía desde los
Presupuestos Generales, y que viene al Gobierno vasco como descuento
del cupo, aunque sea una cantidad no territorializable por
principio, pues nadie sabe cuántos van a ser los contratos que se
van a firmar dónde, y que por todo ello se trata de una chapuza
bastante considerable.
Tenemos más dinero, y como en el dinero está tanto el autogobierno
como la felicidad, no hay nada qué discutir. Y esto vale para casi
todo: que nadie pregunte cómo se calcula el cupo, si el cupo está
bien calculado, si es transparente y democrático, pues como es
dinero, es bueno para los vascos -el Concierto no necesitaba
blindaje, lo que se ha blindado es el desequilibrio a favor de los
impuestos a los beneficios empresariales en contra de las rentas de
trabajo-. Y si el resultado es que el gasto público por habitante en
Euskadi está muy por encima de la media de las comunidades
autónomas, nos ponemos la medalla de saber hacerlo mejor que los
demás, aunque en realidad estemos viviendo, en parte, de aquello que
debiera ser de otros, a quienes despreciamos por ser vagos mientras
que nosotros somos las hormigas trabajadoras.
Que aparte de no pagar todo lo que debiéramos en el cupo, el resto
de españoles nos han ayudado a limpiar nuestras ruinas industriales
para que nosotros pudiéramos tener fábricas de nuevo cuño, más
modernas y con más tecnología: nada que discutir, porque es bueno
para los vascos, aunque no reconozcamos que nos han ayudado quienes
son más pobres que nosotros.
Contamos con un Festival internacional de cine, una Quincena musical
modélica, con la temporada de ópera de la ABAO, contaremos con el
museo Balenciaga, Bilbao está que se sale de obras, nuevas
instalaciones, belleza y hermosura, gracias a las aportaciones no
obligadas del Gobierno central, del resto de los españoles y a la
sociedad pública Bilbao Ría 2000, de cuyo capital el 50% corresponde
a la Administración general del Estado, es decir, a los
contribuyentes del resto de España, que participan en la
financiación de nuestras bilbainadas .
Pero alguien se tendrá que preguntar alguna vez si es bueno para los
vascos no agradecer las ayudas que se reciben, si es bueno para los
vascos contar con más dinero aunque para ello tengan que sufrir las
instituciones y el sistema democrático, si es bueno para los vascos
destacar sobre todos los demás sin reconocer sus aportaciones a
nuestro bienestar, si es bueno para los vascos debilitar el sistema
democrático en el que estamos insertos, si es bueno para los vascos
mirar siempre sólo por nosotros mismos sin ver lo que sucede con los
demás y con el sistema que es común a todos, si es bueno para los
vascos que el Estatuto, su interpretación y el autogobierno sea
propiedad de un partido, aun a costa de las instituciones
estatutarias.
A uno se le antoja que recibir y no aportar, que ser ayudado y no
agradecer, que formar parte de un sistema y no colaborar a su
fortalecimiento, que vender por autogobierno lo que no deja de ser
una lucha feroz por acceder al gobierno perdido no puede ser el
máximo de la bondad. Lo que predicamos como bueno para Euskadi hoy
puede ser fruto de una miopía histórica.
Catalano-fascismo
Javier Nart. www.gaceta.es
30 Septiembre 2010
Sancionan a quien ose rotular en otra lengua que no sea la ‘del
Imperio’.
Hay historias que sublevan el ánimo, que te hacen nacer una sorda
ira, más allá del cívico enfado medido y comedido. De mis años de
juventud recuerdo cuando el castellano era el único idioma oficial,
expulsándose las lenguas “regionales” (definidas entonces como
dialectos) al ámbito familiar y personal. Lo que son las cosas,
algunos “demócratas” de hoy en día me hacen recordar aquellos
tiempos felizmente pasados. Y así, a la oficina del Defensor del
Pueblo llegó la historia que me ha indignado. Una señora mayor,
propietaria de una sencilla mercería en un barrio de Barcelona no
tuvo mejor ocurrencia que poner en el interior de su establecimiento
dos pequeños letreros: “Se prohíbe fumar” y “No se cambian hilos”.
Nefando pecado de lesa patria que provocó que los meapilas de la
gestapo lingüística aparecieran un día por su establecimiento y ante
tamaño delito le abrieran expediente que dio lugar a una sanción de
1.500 euros. Cantidad que ciertamente para el muy progresista y
revolucionario señor Carod-Rovira carecen de toda importancia, desde
el olimpo de sus retribuciones como vicepresidente de la
Generalidad, pero que para esta señora, para la gente de a pie, es
lo que gana (si lo gana) durante todo un mes.
En Cataluña los fundamentalistas de la quintaesencia de la patria,
perfectos neofranquistas, persiguen con saña a quien ose romper el
miserable paisaje lingüístico que exige la rotulación al menos en
catalán. Esto es, únicamente en catalán ya que nadie divide por dos
su impacto visual para ponerlo en ambas lenguas. Y sancionan, en
consecuencia, a quien ose rotular en otra lengua que no sea la del
Imperio (ayer falangista, hoy catalanista). Estos nuevos
escuadristas incluso sancionarían al último presidente de la
República, fusilado por Franco en 1940.
Porque tuvo la intolerable ocurrencia de que en su placa profesional
figurara “Luis (que no Lluis) Companys, Abogado” (que no Advocat).
De buena se libró Companys.
Sahara: Marruecos anuncia un nuevo
enfrentamiento contra la ONU
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital
30 Septiembre 2010
Otro importantísimo artículo de la prensa marroquí que ignora la
prensa española. ¡Y van...! El asunto del Sahara Occidental está en
un momento crítico para Marruecos en la ONU y todo parece indicar
que la ONU va a desautorizar a Marruecos en el conflicto. Hay varios
indicios, pero, sobre el más poderoso es un artículo del diario más
importante hoy día para conocer la política exterior del majzén,
Aujourd'hui le Maroc. Ese artículo contiene un durísimo ataque
contra Christopher Ross, el Enviado Personal del Secretario General
de la ONU para el Sahara Occidental.
I. UN MOMENTO CRÍTICO PARA MARRUECOS.
En este blog he escrito, el día 18 de septiembre, que Marruecos está
en un momento crítico. Reproduzco lo que dije:
El momento es crucial porque el actual Enviado Personal del
Secretario General de la ONU insiste en que la propuesta de solución
marroquí tiene el mismo rango que la propuesta de solución que ha
hecho el Frente Polisario.
El momento, insisto, es crucial.
Decía, en esa ocasión: que nadie se engañe, Mohamed VI no viaja a
Nueva York para hablar con Zapatero. Le verá pero no es ese el
motivo de su viaje. Va allí para hablar, o tratar de hablar, con el
presidente norteamericano, Barack Hussein Obama.
II. MORATINOS: UNA ENTREVISTA "DESAPARECIDA" Y UN DISCURSO CON
"MENSAJE" PARA MARRUECOS
La prensa española anunciaba que el ministro español, Moratinos, se
iba a entrevistar con su homólogo marroquí Fassi-Fihri el viernes 24
de octubre
Después de la peculiar entrevista de Mohamed VI con Rodríguez
Zapatero (aquella de "la foto es lo más importante"): ¿qué ha sido
de la entrevista de Moratinos con Fassi Fihri?
Por más que buscamos en la página web del Ministerio no encontramos
nada.
Tampoco dice nada la prensa marroquí.
Una de dos:
1) o no ha habido entrevista
2) o sí la ha habido.
si 1), ¿por qué se ha cancelado?
si 2) ¿por qué el secreto?
El hecho cierto es que el día 24 el Ministro Moratinos habló en la
Asamblea General de las Naciones Unidas. En su discurso hubo una
breve, muy breve, pero muy significativa alusión al conflicto del
Sahara Occidental (a partir del minuto 25 en la intervención
original en español y a partir del minuto 24 en la intervención
traducida al inglés).
En su intervención, el ministro, aparte de llamar a Christopher Ross
"enviado especial" (25'10) en lugar de "enviado personal" del SG de
las Naciones Unidas para el Sahara Occidental, se destaca una
omisión y una afirmación.
La omisión, muy importante, es la del plan de pseudo-autonomía
presentado por Marruecos. No deja de ser llamativo que el ministro
no sólo no apoyara, es que ni mencionó esta propuesta. Lo cual para
indicar que, efectivamente, está muerta.
La afirmación es que España apoya una solución: que permita la libre
determinación del pueblo saharaui (25'18)
Lo que resulta interesante, MUY interesante, es que en la versión
inglesa del discurso (que, obviamente, fue preparada por el
Ministro), que fue escuchada por más países... incluido USA, se dijo
algo distinto: this country must work towards the full
self-determination of the Saharawi people (24'30)
Se dice que "este país debe trabajar para la plena
audotedeterminación del pueblo saharaui". Se supone que "este país"
es "España". Pero lo más significativo es ese "full". En la versión
inglesa, España "debe trabajar" por la "PLENA" (full)
autodeterminación. Parece una velada desautorización del plan
marroquí.
¿Ha engañado Moratinos a los marroquíes?
¿o ha captado Moratinos que el Enviado Personal de la ONU y el
presidente Obama van "por otro lado" y prepara un cambio de bando?
III. MARRUECOS ANUNCIA UNA CAMPAÑA CONTRA LA ONU Y EL ENVIADO
PERSONAL ROSS.
Y aquí aparece el artículo de Aujourd'hui le Maroc de 24 de
septiembre.
Como ya he dicho en otras ocasiones, este diario es el portavoz
oficioso del ministro de Exteriores marroquí, Taieb Fassi-Fihri.
Voy a reproducir los fragmentos (traducidos) más importantes de este
artículo. Creo que sobran los comentarios. Yo añado los
entrecomillados
Argelia constituye el nudo gordiano que hay que cortar para llegar a
la paz y a la seguridad en la región. Lo sabemos. "Todos" los
protagonistas lo saben.
Christopher Ross es "el único" que finge aún ignorar esta
"realidad".
Ahora bien, lo que hoy los marroquíes desean con todo discernimiento
y toda responsabilidad es que el representante personal del SG de la
oNU forme parte de la solución y no se transforme (movido por su
"tropismo profesional argelino") en factor de complicación de un
problema ya bastante embrollado.
(...)
Necesitamos hoy un representante personal honesto intelectualmente y
valiente. Le bastará decir las cosas por su nombre para que haga
surgir las soluciones. Si no retoma el trabajo allí donde Van Walsum
lo dejó, esto querrá decir que el Sr. Ross está dispuesto a
"sacrificar" años de "trabajo" y a a dar un curso "regresivo" a los
acontecimientos.
"Nadie" está dispuesto hoy a volver al plan Baker I o Baker II.
Hemos llegado "juntos" a formular una oferta de paz construida sobre
una proposición de "autonomía" "seria y creíble" que en opinión de
"todos" es un "auténtico avance".
¿Qué interés tienen las Naciones Unidas o el Sr. Ross en "aniquilar"
años de "esfuerzos" y retomar soluciones que la Historia ha
"revocado" y que la realidad sobre el terreno ha "invalidado" por
causa de su "irrealidismo" o su "incongruencia"?
(...)
El fondo del asunto sigue siendo el hecho ineludible de saber si el
Sr. Ross es capaz de proyectar con inteligencia este conflicto en
una dinámica de paz teniendo en cuenta los "logros" recientes
conseguidos por sus predecesores.
Lo demás ya lo conocemos de memoria y sabremos hacerlo frente con
convicción y firmeza.
Nunca en ningún conflicto hemos visto a los protagonistas hacer tan
poco caso de una oferta de paz "tan seria".
Sobre este punto histórico, estamos a la espera del Sr. Christopher
Ross.
******************* Sección "bilingüe"
***********************
Sindicatos criminales
Román Cendoya www.gaceta.es
30 Septiembre 2010
Bajo las siglas UGT y CC OO se esconde una práctica mafiosa que
actúa desde la coacción.
La huelga como tal ha sido un fracaso. Aunque sí ha servido para
demostrar la falta de representatividad de los sindicatos y su
catadura democrática, ética y civil. Ayer pudimos comprobar que los
supuestos defensores de los trabajadores son una panda de macarras,
tipo latin king, que utilizan los privilegios de la subvención para
ejercer el matonismo callejero. Bajo las siglas UGT y CC OO se
esconde una práctica mafiosa que actúa desde la amenaza y la
coacción siguiendo las órdenes de sus líderes, Méndez y Toxo. Dos
tipos que, como los capos de las bandas urbanas, disfrutan de
restaurantes de lujo y cruceros cutrelux mientras ayer sus
seguidores robaban el jornal de muchos trabajadores con el fin de
salvar el bienestar de su culo y el de sus jefes. De la misma manera
que los etarras se autodenominan gudaris, los violentos del
sindicalismo, los delincuentes liberados, los asalta obreros, se
autodenominan piquetes convencitivos. La capacidad intelectual de
los salvajes del convenio se fundamenta sobre la pedrada al autobús,
la silicona en las puertas y la amenaza mafiosa.
Los sindicatos renuncian a su reconocimiento constitucional cuando,
lejos de tener comportamientos democráticos, actúan con violencia
intentando secuestrar el constitucional derecho al trabajo.
Lo que todo trabajador, víctima de las brigadas salvajes de UGT y/o
CC OO, debería hacer, si le han impedido trabajar, es acudir a una
comisaría o juzgado y denunciar las amenazas y las coacciones
exigiendo la pena correspondiente y la compensación económica por el
salario usurpado más los daños morales y económicos generados. Como
probablemente no conozcan la identidad de los convencitivos, lo que
sabemos es que Cándido Méndez e Ignacio Fdez. Toxo son los jefes de
las bandas de violencia callejera de ayer y, por lo tanto,
responsables civiles subsidiarios. Dos cobardes –“La culpa es de los
servicios mínimos abusivos”– que para hoy ya tendrían que haber
dimitido.
lucha antiterrorista
Cae un comando de ETA que preparaba una
ofensiva hace siete meses
La Guardia Civil detiene a tres personas en Guipúzcoa y se incauta
de cien kilos de material para fabricar explosivos
ÓSCAR B. DE OTÁLORA | BILBAO. El Correo
30 Septiembre 2010
LOS DATOS
LONJA
Los terroristas disponían de un coche robado en 2001 con el que
pretendían atentar
FRACASO
El talde desmantelado fue la última baza de la banda antes de la
detención de 'Ata', jefe militar de ETA
ACTIVISTA CONOCIDO
Atristain huyó a Francia en febrero, se entregó, fue extraditado y
más tarde quedó en libertad
LA OPERACIÓN POLICIAL
Tras meses de vigilancia, la Guardia Civil decidió realizar las
detenciones ante el riesgo de fuga
La Guardia Civil detuvo ayer en Guipúzcoa a tres personas y
desmanteló los restos del denominado 'comando Imanol', un grupo con
el que ETA pretendía poner en marcha hace siete meses -el pasado mes
de febrero- una gran ofensiva terrorista. El grupo disponía en una
lonja de Villabona de un coche robado y de cien kilos de material
para fabricar explosivos. Nunca llegaron a ser utilizados. Fuentes
de la lucha antiterrorista consideran que la errática trayectoria de
este 'talde' evidencia la situación en la que se encuentra la banda
y la agónica debilidad que le ha llevado a declarar el actual «cese
de las acciones ofensivas armadas».
La Guardia Civil tenía constancia de la existencia de este comando
legal desde el pasado febrero, cuando detuvo al jefe de la célula,
Ibai Beobide. Las investigaciones sobre este terrorista permitieron
conocer que ya había creado tres grupos bajo su mando y que disponía
de explosivos para comenzar a atentar. Las órdenes se las había dado
directamente el jefe militar de la banda, Mikel Karrera, 'Ata'.
Beobide reclutó, entre otras, a las tres personas que ayer fueron
arrestadas: los hermanos Juan Carlos y Jesús María Besance Zugasti,
vecinos de Villabona, y a Javier Atristain Gorosabel, nacido en San
Sebastián hace 40 años. Su apodo es 'Golfo', por su afición a jugar
al golf.
Los comandos de Beobide eran el último cartucho de la banda. En
enero, sus intentos de instalar en Portugal una base para fabricar
coches bomba habían sido desbaratados. Ese mismo mes, el Cuerpo
Nacional de Policía detuvo en Port Bou a un etarra que viajaba de
Francia a España con la orden de crear una fábrica de explosivos en
Cataluña.
En enero y febrero, las fuerzas de seguridad detuvieron a una
treintena de etarras -uno cada dos días-, se incautaron de dos
toneladas de explosivos y neutralizaron en Francia a algunos de los
jefes más significados de ETA, como Ibon Gogeaskoetxea. El 1 de
marzo, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba aseguró:
«ETA lleva los dos peores meses de su historia». Todos sus planes
para cometer atentados durante la presidencia española de la Unión
Europea habían fracasado.
Agotado mentalmente
Para entonces, el ayer detenido Javier Atristain ya estaba escondido
en Francia, tras haber huido de la redada de la Guardia Civil en la
que cayó parte de su comando. El 6 de marzo se entregó en la
comisaría que la Policía francesa tiene en el aeropuerto de
Biarritz. Según señalaron las fuerzas de seguridad galas, se
encontraba agotado «física y mentalmente». Su estado evidenciaba el
declinar de la organización terrorista.
Según distintas fuentes, para entonces ETA ya no estaba en
disposición de acoger a nuevos huidos. Ese no era el único signo de
debilidad de los terroristas. Beobide, el jefe de Atristain, había
tenido que recurrir a antiguos zulos para intentar poner en marcha
su actividad criminal. Algunos de ellos, en los que almacenaba 75
kilos de material para fabricar bombas, habían sido abandonados por
otro talde a finales de 2008.
En ese contexto de fracaso militar, la izquierda abertzale
intensificaba sus movimientos para buscar una estrategia en la que
primase la actividad política. Se estaba fraguando la denominada
'Declaración de Bruselas', en la que personalidades internacionales
alaban los «compromisos de la izquierda abertzale por las vías
exclusivamente políticas» y piden a ETA que declare un alto el
fuego. En Semana Santa, EA y la ilegalizada Batasuna celebraron un
Aberri Eguna conjunto. ETA, en un comunicado, rechazaba el
compromiso con las vías políticas aunque la sucesión de
declaraciones del partido ilegalizado le hacían ser prudente.
Mientras todo eso sucedía, Atristain fue entregado a España en abril
y, tras pasar por la Audiencia Nacional, quedó en libertad por falta
de pruebas. La Guardia Civil, sin embargo no dejó de vigilarle. Las
pesquisas ya habían determinado quiénes eran sus dos presuntos
compañeros de comando: Juan Carlos y Jesús María Besance. En ese
momento se sabía que en algún lugar de Guipúzcoa escondían una
abundante cantidad de explosivos. Durante semanas se realizaron
vigilancias para intentar encontrar el local donde guardaban los
productos para fabricar bombas. Sin resultado.
En mayo se produjo una de las operaciones más importantes contra
ETA. La Policía gala detuvo a Mikel Karrera Sarobe, el jefe militar
de la banda. El terrorista se había trasladado a Bayona con la
intención de celebrar una reunión con sus lugartenientes. Según los
expertos, para entonces, la rama que controla los comandos se
encontraba prácticamente desmantelada.
Karrera había participado ya en el asesinato del policía francés
Jean Serge Nérin en un tiroteo, atentado que no condenó la izquierda
radical. En un comunicado, además, los terroristas ya habían
respondido a la Declaración de Bruselas y habían asegurado que un
alto el fuego no asegura el fin del conflicto. Según los expertos,
en ese momento, la máxima debilidad de ETA estaba dejando el terreno
de juego libre para los defensores de buscar una salida política. Si
los sectores más violentos de la banda hubiesen tenido la capacidad
operativa de cometer un atentado no habrían dudado en llevarlo a
cabo para poner fin al debate en Batasuna.
En junio, dirigentes radicales abertzales y EA firmaron el acuerdo
del Palacio Euskalduna de Bilbao, en el que se comprometían con las
vías políticas. Los rumores de tregua comenzaron a extenderse ante
la convicción de que la coalición proscrita estaba presionando a la
banda. La Guardia Civil seguía trabajando. La vigilancia sobre
'Golfo' y sus dos cómplices de comando no cesaba. La lonja con
explosivos seguía sin aparecer.
Finalmente, el 5 de septiembre, ETA hizo público su comunicado en el
que, sin hacer caso a las exigencias de un alto el fuego, decretaba
el cese de las acciones ofensivas. La banda, de esa forma, hacía un
gesto que le permitía aliviarse de la presión de Batasuna pero sin
conceder una tregua.
En los últimos días, la Guardia Civil ha decidido detener a 'Golfo'
y a sus dos presuntos cómplices ante el riesgo de fuga, según el
Ministerio del Interior, y ante la necesidad de localizar cuanto
antes los explosivos perdidos.
Doscientos agentes
Ayer, de madrugada, más de doscientos agentes pertenecientes a los
servicios de información del instituto armado y a los Grupos
Antiterroristas Rurales (GAR) iniciaron la operación para acabar con
los restos del comando. Atristain fue detenido en Usurbil, mientras
que a los hermanos Besance se les arrestó en la calle Oriamendi, de
Villabona. Posteriormente, realizaron ocho registros.
Los explosivos aparecieron en un garaje de Villabona. En el local se
encontró una pistola con dos cargadores y munición, 85 kilos de
nitrato amónico, quince kilos de polvo de aluminio y un kilo de
pentrita. Además, se localizaron ocho detonadores, cordón detonante,
una microcámara y una cámara de vídeo. Asimismo, guardaban un
'Renault 19' robado en 2001 en Amezketa.
Este arsenal debería haber protagonizado la campaña de ETA de
febrero. Al no hacerlo, permitió el debate político que condujo a la
actual situación de cese de acciones ofensivas. Su amenaza quedó
ayer neutralizada.
Montilla veta el castellano en el certamen
universitario 'Premio Juventud'
'Los trabajos tienen que ser originales, inéditos, en catalán y no
premiados en otros concursos', rezan sus bases
www.lavozlibre.es
30 Septiembre 2010
Madrid.- La Generalitat ha vuelto a demostrar que no es muy
partícipe de que el castellano sea una lengua que tenga vida y se
utilice en la universidad. Primero fue la decisión de obligar a
todos los catedráticos a acreditar su nivel de catalán, por medio de
un examen para poder impartir clases en las facultades. Y ahora
vetan el castellano en un premio para tesis universitarias, según ha
publicado ‘La Voz de Barcelona’.
Se trata del Premio Juventud, que por tercera edición convoca la
Agencia Catalana de la Juventud. El premio final es una cantidad de
4.000 euros para el “trabajo o estudio dentro del ámbito de las
ciencias sociales y humanidades que analice temas sobre la realidad
juvenil actual de Cataluña, preferentemente sobre jóvenes de 16 a 29
años”.
A la hora de explicar la forma de presentar los trabajos es donde
aparece nítidamente la exclusión del castellano en el Premio: “Los
trabajos tienen que ser originales, inéditos, en catalán y no
premiados en otros concursos”. Con lo cual, no puede presentarse un
estudio de la realidad juvenil de Cataluña en español.
Se trata de una marginación clara de una de las lenguas oficiales de
la Comunidad Autónoma y que, además, recientemente recibió el
respaldo de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el
Estatuto, al tipificar que no se puede establecer la preferencia de
ninguna de las dos lenguas sobre la otra.
El director General de la Agencia Catalana de la Juventud, Julià
Fernàndez Olivares, cita entre sus objetivos a conseguir “acercar
las políticas de juventud a los jóvenes de toda Cataluña,
adaptándolas a las propias realidades locales y ayudar a construir
una sociedad más justa y más libre”.
A la cabeza de esta decisión está Eugeni Villalbí Godes. Es director
de la Secretaría de Juventud de la Generalitat, de quien depende la
Agencia Catalana de la Juventud. Entre 2003 y 2005 fue presidente
del Consejo Nacional de la Juventudes de ERC, a las que, desde su
cargo actual, subvencionó cuantiosamente con más de la mitad de las
subvenciones concendidas por su organismo. También otorgó una
cantidad al sindicato Intersindical-CSC, de carácter independentista
y al que estuvo afiliado.
Tanto Villalbí como su institución fueron actualidad durante el
verano por prohibir que los niños pudieran ver la final de
Campeonato del Mundo entre España y Holanda en los campamentos de la
Generalitat.
Este caso se suma a la discriminación del castellano en las
relaciones de los ciudadanos con la Generalitat. O en el de las
becas de investigación. Por ejemplo, las Becas Canigó. Estas ofrecen
a los catalanes la posibilidad de realizar prácticas en el
extranjero. Pero tan sólo pueden beneficiarse de ella los que
acrediten el nivel C de catalán, el segundo de mayor dificultad.
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