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Recortes de Prensa   Sábado 11 Septiembre  2010

 

Hace nueve años
POR FLORENTINO PORTERO ABC 11 Septiembre 2010

AQUEL mediodía de septiembre quedará en la memoria de muchos de nosotros. Fue uno de esos momentos en los que una sociedad comprende cuáles son las claves del tiempo que le toca vivir. Es verdad que aquellos hechos habían sido anunciados por académicos y que informes del Congreso de los Estados Unidos y de la propia comunidad de inteligencia recogían con gran precisión lo que se nos venía encima. Pero cambios tan significativos son difíciles de asumir sólo a través de la razón. Al fin y al cabo no es nuestra capacidad racional sino nuestra dimensión sentimental y moral lo que más nos caracteriza. Recuerdo que aquella noche Urdaci, entonces al frente de los informativos de TVE, me comentó con sorpresa que los telespectadores no parecían cansarse de contemplar, una y otra vez, aquellas terribles e impactantes imágenes. Había que verlo para creerlo, porque la conclusión era evidente: ya nada sería igual. El desplome de las Torres Gemelas enterraba entre sus escombros los restos que pudieran quedar en pie de la Guerra Fría, de la tensión bipolar, de la rivalidad entre las dos grandes superpotencias. De hecho una de ellas se quedó en el camino. Tras las nubes que cubrieron durante horas Manhattan se vislumbraba un nuevo escenario internacional que recordaba las discutidas premoniciones del profesor Huntington sobre el «choque de civilizaciones».

Poco a poco nos fuimos familiarizando con las características del nuevo entorno estratégico. Comprendimos que el fracaso de décadas de gobiernos nacionalistas en estados musulmanes había generado más expectativas que resultados; que las nuevas generaciones se veían abocadas a la emigración o a la revolución ante la falta de trabajo y el escándalo de unas clases políticas corruptas e incompetentes; y que el viejo fundamentalismo islámico, al que dimos en llamar «islamismo», reaparecía como la única alternativa viable a los ojos de muchos musulmanes. El discurso de que la decadencia del Islam se debía a su contaminación por la asunción de valores occidentales y la corrupción de sus gobernantes, meros vasallos de los intereses norteamericanos y europeos, comenzaba a calar en una sociedad que apenas tenía conocimiento de la filosofía liberal. Los radicales habían fracasado al intentar imponer sus posiciones en cada uno de sus estados, lo que les había llevado a plantearse la Yihad en un marco global: humillando a Occidente lograrían ¡por fin! ganar la confianza del hombre de a pie y derribar los gobiernos «corruptos» que impedían el renacer del Islam. Derrotar a las potencias occidentales tenía así una doble finalidad: si por una parte se movilizaba a la Umma —la comunidad de los creyentes— en su favor, por otra se castigaba a quien trataba de someterles y destruirles por contaminación ideológica.

La Administración Bush, que había llegado a la Casa Blanca con un programa de corte aislacionista y que quería concentrar su atención sobre América Latina y el área del Pacífico, se vio obligada a revisar a fondo sus planteamientos y a desarrollar una nueva estrategia nacional, en paralelo con lo que le ocurrió a la administración presidida por Harry Truman en los primeros días de la Guerra Fría. La «Doctrina Bush» se redactó desde una claridad moral irritante para muchos europeos, pero característica de lo que todavía es la sociedad norteamericana. Estados Unidos se encontraba en guerra, el enemigo no era un estado o un grupo, sino una corriente ideológica presente en estados y agrupaciones sitas aquí y allá. El campo de batalla fundamental era la calle, porque allí se dirimiría la batalla entre islamistas y moderados. Una calle presente en Asia, en el Mundo Árabe, pero también en Europa y Estados Unidos. Se combatiría allí donde se presentara batalla, al tiempo que se presionaría a los gobiernos musulmanes para desarrollar sus capacidades y dar respuesta a las legítimas demandas sociales de trabajo, sanidad, educación, justicia y libertad.

La Doctrina Bush produjo un importante debate en Estados Unidos y otro mucho más agrio en Europa. El resultado fue la división de la sociedad norteamericana, la crisis de la Alianza Atlántica y la atonía europea en materia de política exterior, de seguridad y defensa. Las esperanzas despertadas por la llegada de Barack Obama a la Presidencia se han ido desvaneciendo. No ha sido capaz de proponer una alternativa a la Doctrina Bush, limitándose a ofrecer una versión descafeinada, algo más apta para los delicados estómagos de los progresistas norteamericanos y de los europeos en su casi totalidad. Sus promesas de una diplomacia alternativa se han quedado en iniciativas tan bienintencionadas como estériles. Próximo a alcanzar el ecuador de su mandato ha fracasado en casi todos los grandes temas de la acción exterior, lo que unido a la reforma del sistema de salud y a la estrategia económica seguida le puede llevar a algo que nadie en su sano juicio se hubiera atrevido a profetizar hace sólo un año: perder el próximo 2 de noviembre el control de las dos Cámaras del Congreso ante un Partido Republicano renovado desde un compromiso con sus valores tradicionales, aquéllos que dejaron su inequívoca impronta en los documentos de estrategia publicados por la Administración Bush.

Los paralelismos entre Truman y Bush son evidentes: ambos personajes tuvieron que hacer frente a un reto que no esperaban y ambos establecieron las líneas maestras de una estrategia destinada a perdurar durante una larga guerra. Pero también son evidentes la diferencias: si la Guerra Fría unió a europeos y norteamericanos, la guerra contra el islamismo los ha separado. Más aún, ha producido grandes divisiones en el seno de cada país. El problema ya no es tanto de diferencias en el terreno de la estrategia, porque de hecho Obama ha confirmado el legado Bush, como de voluntad ¿Estamos dispuestos a combatir hasta el final en Afganistán? ¿Vamos a emplearnos a fondo para promover cambios en el Mundo Árabe? ¿Vamos a impedir que Irán acceda a la bomba atómica?

En los próximos meses los Estados miembros de la OTAN tendrán que enfrentarse a la aprobación de un nuevo «Concepto Estratégico» y, sobre todo, a la revisión de la estrategia seguida en Afganistán. Estamos muy cerca del momento de la verdad, de la renuncia a la victoria o de la refundación de la Alianza Atlántica ante una amenaza que ya no es tan nueva. El mulá Omar, líder histórico de las fuerzas talibán, tiene razón cuando afirma que pueden estar muy cerca de derrotar a Estados Unidos, como antes lo hicieron con la Unión Soviética. Si a este hecho sumamos en breve el acceso de Irán al club nuclear nos encontraremos en un entorno muy peligroso que, en el mejor de los casos, nos acompañará durante décadas. Será el resultado de nuestra voluntad de ignorar la realidad tal cual es y de nuestra crisis de valores. La guerra no habrá acabado. Afganistán, Pakistán, Irán son frentes de un conflicto de dimensiones mucho mayores, pero la victoria final será mucho más complicada.

Coherencia
Arturo Moreno www.gaceta.es 11 Septiembre 2010

No podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo recurriendo al engaño masivo

No contribuye, precisamente, a la autoestima nacional que la política parezca atrapada entre los partidarios de esperar al óbito político como el desenlace natural e inevitable y los partidarios de continuar suministrándose el gota a gota esperando que algún acontecimiento externo favorable mejore las constantes vitales de un enfermo muy debilitado. Esos acontecimientos externos a considerar se refieren básicamente a dos cuestiones: una recuperación nítida de la economía que tenga repercusiones constatables en el nivel de empleo, lo cual no parece que pueda ocurrir salvo, mejorías estacionales, hasta la primavera de 2011 y la apertura de un proceso creíble de abandono de las armas por parte de ETA. El domingo 5 de septiembre la banda anunció un alto el fuego cuyo objetivo sería una negociación política con el Estado. Parece evidente que no hay negociación política posible con el Estado de Derecho y que sólo procede el abandono definitivo de la violencia y desde luego esto no puede terminar con una penitencia de tres avemarías y un padrenuestro y ¡hala! todos a casa. Cuando ETA se acabe será el triunfo de todos los gobiernos democráticos y no de uno, será el triunfo del Estado de Derecho.

Convendría que el Gobierno evitara utilizar esta circunstancia para “congelar la imagen”, prefabricando un nuevo escenario político virtual con objeto de sortear y tapiar la realidad claramente articulada en base a un calendario político, que parece ya insalvable. Sería un error manipularla con la excusa de este frágil hecho. Se debería abstener de utilizar el argumento, dentro y fuera del PSOE, de que no es responsable, debilitar al Gobierno, en un momento delicado, y menos aún convocar elecciones. Una tentativa política de este estilo, debería ser denunciada. La descreída coartada de un hipotético fin de ETA no puede ser un burladero para nadie, ni utilizarse de salvoconducto universal.

Las cesiones que intente hacer el Gobierno a cambio de apoyos en los presupuestos sólo se podrán frenar por la presión persistente y sin dispersión de la oposición y de la opinión pública. Ellos por el contrario intentarán quitarle todo hierro mediático. Además independientemente de ese factor esencial, lo que se está jugando Zapatero es obtener un textual voto de confianza que le permita visualizar una mayoría política para prolongar su tiempo político.

El PNV enreda porque le interesa un Gobierno débil al que sacarle la hijuela y, al mismo, tiempo desacreditar al lehendakari presentándole como un simple presidente autonómico, equiparable al de cualquier región y no digno por lo tanto de ser el presidente del Gobierno vasco. Esto sería letal para Patxi López. Eso sí necesita un buen envoltorio que le permita blindarse ante un previsible desgaste.

Situadas así las cosas y sabiendo que este tiempo político está inevitablemente concluido y que la prórroga va en contra de los intereses nacionales, los partidos que apoyan estos presupuestos, por lo tanto, serán los responsables de la continuidad del Gobierno. Esto quiere decir que serán culpables de todos los actos que se produzcan como resultado del tiempo añadido. Lo pagarán en las urnas, porque sus electorados que tienen concomitancias sociológicas con el electorado del PP, independientemente de su grado de nacionalismo (PNV) o de regionalismo (UPN, CC) o del diferente grado de bienestar de sus comunidades. España necesita una salida política en serio y el único lujo que no puede permitirse es perder el tiempo recurriendo otra vez al engaño masivo. España hoy se está desangrando en una crisis nacional y multipolar cuyo foco más vulnerable, por sus efectos destructivos, es la crisis social. Una nación no tiene ningún futuro si más del 20% de su población activa no puede trabajar.

En cualquier caso no perece que exista un relato coherente y veraz en el Gobierno de la nación cuyos tumbos y eses jalonan una legislatura desgraciada y fatalmente errónea, desde la negación de la crisis, y marcada por el objetivo de la supervivencia del presidente y su gobierno a cualquier precio (“me cueste lo que me cueste”).

Deberían convencerse el presidente y su Gobierno que el crédito político lo tiene agotado, que lisa y llanamente están en bancarrota política y que no es recuperable, que ya no les hace caso ni Blas.

Durante muchos años, relevantes dirigentes nacionales del PSOE se han llenado la boca de hablar de la cohesión y de la solidaridad nacional y de la unidad de España. Ahora callan y agachan la cabeza. El problema no es el PNV es el PSOE. Este partido ha cruzado repetidamente la línea roja: gobernando con los independentistas en Cataluña o impulsando un Estatut que el Tribunal Constitucional, incluso con generosidad, ha declarado inconstitucional. ¿Sirven así a sus ideas y a sus convicciones?, ¿es coherente con su trayectoria y con su compromiso político?, ¿ya sólo son profesionales del poder?

Las elecciones catalanas deberían marcar el final de esta legislatura tan convulsa, se pongan como se pongan, lo otro es una ensoñación. Existen unos plazos legales a respetar entre elección y elección, pero ya no hay otro camino. Ahora es el momento de dar un paso al frente.

*Arturo Moreno es abogado.

El eterno retorno
AURELIO ARTETA El Correo 11 Septiembre 2010

CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV-EHU

A lo mejor ETA se extingue algún día de estos, que sea enhorabuena, pero el desafío que nos lanza el nacionalismo vasco no ha hecho más que empezar. Las últimas declaraciones del señor Markel Olano, del PNV, vienen a corroborarlo. Si alguien pudo creer que nuestro conflicto era el que ETA mantenía con la mayoría de la sociedad vasca, se equivocaba. Entérese de que el verdadero conflicto es la «falta de reconocimiento de la existencia del pueblo vasco y su derecho a decidir». O sea, ese conflicto originado por la ideología nacionalista vasca, el que hace cincuenta años dio lugar a ETA, el que a diario avivan los partidos nacionalistas y el que subsistirá mientras perviva ese nacionalismo. En definitiva, es el conflicto que enfrenta al mítico pueblo vasco con la sociedad vasca real. Para ser más exactos, el conflicto que nos enfrenta (y enfrentará) a los vascos mientras algunos sigan empeñados en imponer sus presuntos derechos nacionales sobre los derechos de todos como ciudadanos.

Así, la autodeterminación le parece al diputado general de Guipúzcoa un derecho indiscutible de los pueblos. Lo ha pronunciado en un curso de la Universidad -de verano, desde luego-, pero no esperen encontrar argumentos que apoyen semejante convicción, algún fundamento teórico que le avale siquiera un poco, una cita de autoridad en que ampararse. A los creyentes les basta con su fe. Para él semejante derecho es obvio, eso sí, con tal de que se reivindique por cauces exclusivamente políticos. Porque el esquema mental en este punto del señor Olano resulta sencillo. ETA es mala tan sólo porque mata, amenaza y extorsiona, pero sus ideas son buenas e indiscutibles. Condenables son sus medios violentos, sus fines serían políticamente impecables.

Y para nuestro diputado la democracia es nada más que cálculo de medios, no justificación de fines. La democracia sólo es un régimen político pacífico, el ejercicio no violento del poder, se base en las premisas en que se base y pretenda los objetivos que pretenda. Así se explica que una ideología de raíz contraria a la democrática pueda llamarse 'nacionalismo democrático'. Le cuesta entender que, si un objetivo político es injusto, los medios pacíficos para alcanzarlo no lo hacen más aceptable. Una meta antidemocrática no se vuelve democrática porque se postule por medios no violentos. Tampoco es la democracia el régimen que se limita a sumar voluntades, sino el que exige debatir y aquilatar las razones que justifican esas voluntades. El 'derecho a decidir' no se consagra simplemente porque así lo desee una imaginaria mayoría. Primero habrá que fundar ese presunto derecho en razones universalizables.

Ignorando principios políticos tan cruciales, las propuestas de Markel Olano expresan puros desvaríos reinantes entre los suyos. Así nos dice que ETA debe acabar porque se le está acabando «el oxígeno de la legitimación». O, lo que es igual, porque está menguando el apoyo social que ha recibido durante décadas; en caso de seguir recibiendo tales apoyos, entonces el pragmatismo exigiría que la organización terrorista siguiera en activo. Es una barbaridad que nace de confundir sistemáticamente la legitimación sociológica con la legitimidad moral, una distinción que al parecer no aprendió en la Facultad de Filosofía. El guiño posterior de reconocer a todas las víctimas ya sabemos qué significa: que las víctimas son iguales porque todas tienen madre, que las violencias que las causaron (la de la banda y la del Estado o los tribunales) son equiparables.

De modo que ETA debe desaparecer, pero de ningún modo sus aspiraciones políticas, que en lo esencial son compartidas por todos los nacionalistas vascos. El final del terror etarra no ha de ser «la derrota de un proyecto político», el de la izquierda abertzale. No, señor; ese final será incorporar al sistema democrático «todas las opciones políticas sin exclusión», incluidas por tanto las enemigas del sistema democrático. Esto último es lo que dice textualmente de la izquierda abertzale el Tribunal Europeo de Derechos Humanos: que esos partidos mantienen «un proyecto político incompatible con las normas de la democracia»; o que proponen «un programa político en contradicción con los principios fundamentales de la democracia». Seguramente Olano y sus camaradas no leyeron esa sentencia porque se lo prohibía su religión.

Para ellos democrática es la «aceptación de la pluralidad de una sociedad», así, por las buenas. Y es que han oído campanas sin saber dónde y, en cuanto echan mano de un concepto, lo dejan todo perdido. Pluralidad no es lo mismo que pluralismo; aquélla es una categoría empírica; ésta, jurídica y política. La democracia instituye el pluralismo para reconocer el derecho de las creencias plurales a ser y expresarse, pero también para negar ese derecho a las que entrañen una grave amenaza de los derechos de todos. Por eso la ilegalización de la izquierda abertzale, lejos de ser una 'distorsión democrática', como la califica el señor Olano, representa un resultado del pluralismo y una condición mínima de nuestra democracia. La tolerancia hacia el intolerante es un inmenso absurdo, como sabe cualquier alumno de su correligionario el profesor Larrazábal.

En fin, a nuestra sociedad no le basta con «un blindaje ético» frente a los medios criminales de ETA. Eso sería reducir el papel de la ética pública a reprobar el asesinato o la corrupción y dejar lo demás a esa política en la que todo vale mientras no haya tiros. Pero hace ya mucho que esta sociedad necesita sobre todo un blindaje ético y político para resistir y cuestionar las premisas y las metas de ETA. A poco que él mismo estuviera así de pertrechado, ¿acaso se le ocurriría a nuestro diputado soltar tantos disparates?

Entre la soledad y la ira
El Editorial La Razón 11 Septiembre 2010

El de ayer fue un día especialmente aciago para el presidente del Gobierno, atrapado entre la soledad parlamentaria con que salió adelante su reforma laboral y la hostilidad de veinte mil delegados sindicales que a la misma hora coreaban gritos de «Zapatero, dimisión» en la plaza de Vistalegre de Madrid. Nunca hasta este jueves se había escenificado con tanta crudeza la desafección de los sindicatos hacia quien ha sido durante seis años su mejor aliado y valedor. Y todo apunta a que sólo ha sido el aperitivo de una jornada mucho más demoledora, la de la huelga general, el próximo 29 de septiembre. Al margen de las consecuencias políticas que se puedan derivar de este episodio, que no serán menores ni incruentas para la reorganización de la izquierda, ayer se rompió también la inercia en la legislación laboral con una reforma apreciable, pero que ha tenido la rara cualidad de no contentar a nadie, empezando por el propio Gobierno socialista, que la ha asumido como mal menor y a regañadientes.

Bruselas le había exigido a España una reforma laboral ambiciosa como una de las condiciones para que nuestra economía recuperara la credibilidad perdida y saliera de la depresión. Se abrió así una buena oportunidad para renovar las estructuras laborales, cuyo anquilosamiento frenaba la superación de la crisis, y para sentar las bases de un nuevo modelo de mercado de trabajo con el que impulsar, sin merma de los derechos de los trabajadores, la competitividad y el crecimiento sostenido. No ha sido posible. El Gobierno socialista se encastilló en su tímida propuesta y rechazó llegar a un consenso con el centroderecha que habría permitido una reforma de largo aliento y hondo calado. Se faltaría a la objetividad, sin embargo, si se descalificara en bloque la ley aprobada ayer, porque contiene avances sustanciales, flexibiliza capítulos como el de la contratación y el despido, y aporta más rigor a la política de desempleo.

Pero se queda corta, muy corta, y no resuelve anacronismos tan perniciosos como el abuso de la negociación colectiva, además de mantener deliberadamente la ambigüedad en las causas del despido, lo que multiplicará la conflictividad judicial. Este «quiero y no puedo» es lo que explica que Corbacho se quedara solo ante el Hemiciclo, sin más compañía del Gobierno que la del presidente Zapatero. Pese a las buenas intenciones, la nueva ley no nace con el vigor necesario para impulsar la competitividad laboral, que se hunde en los últimos puestos del ranking mundial. Según los datos del Informe de Competitividad Global publicados ayer, la eficiencia del mercado laboral español se sitúa en el puesto 115 y en cuanto a flexibilidad laboral ocupa el lugar 130 de la clasificación. De ahí que en el cómputo general de competitividad España haya descendido en un solo año nueve puestos (del 33 al 42), situándose por detrás de países como Puerto Rico, Chipre, Tailandia o Chile. Como dato complementario, conviene anotar que desde 2004 España ha descendido 19 puestos (del 23 al 42) en esta clasificación mundial, lo que revela que se ha reaccionado tarde y mal a los desafíos de una economía globalizada y en crisis.

El chollo de los liberados
La opinión de Cefas La Razón 11 Septiembre 2010

Un padre sensato debería recomendar a sus hijos que se hicieran liberados sindicales. Es un auténtico chollo. La convocatoria sindical el jueves en la plaza de Vistalegre muestra la dimensión de la gabela que representa para la economía. Es un auténtico impuesto que pagamos todos los españoles. A esto hay que añadir los centenares de millones que reciben los sindicatos. Los liberados que acudieron al acto, unos 20.000, son una parte del total que pagan las empresas y administraciones públicas. Son intocables, no se les puede criticar porque cuando lo hacemos nos dicen retrógrados. Lo peor es que la mayoría no pega palo al agua. Es cierto que se dedican a su respectivo sindicato, a incordiar a los empresarios y atacar al PP. Están tan ocupados que pueden ir a media mañana a un acto para calentar la huelga. Los padres que aconsejan a sus hijos que estudien duro se equivocan. Lo hacen cuando les incitan a ser funcionarios, porque una buena parte trabajan mucho y bien. Lo mejor es ser liberado sindical.

Mundo en vilo
El 11-S ha tenido infinita mayor repercusión que la llegada del hombre a la Luna
HERMANN TERTSCH ABC 11 Septiembre 2010

Nueve años se cumplen hoy de aquel día, el 11-S en la que todos pudimos intuir que asistíamos en directo por TV a un punto de inflexión en la historia. Somos los primeros seres humanos a los que esto sucede. Algunos señalarán que el primer paso humano sobre la faz de la luna fue ya precedente de un hito en la historia de humanidad al que ya pudimos asistir como público consciente de su trascendencia para la especie. Pero nadie cuestionará el hecho de que las consecuencias del trágico 11-S del 2001 han tenido, hasta ahora al menos, infinita mayor repercusión que aquel instante de gloria del ser humano en el que puso por primera vez pie fuera de nuestro planeta. Todo ha cambiado desde entonces. No llevábamos aun dos años en el nuevo milenio cuando todo el optimismo en el mundo quedó abolido tras un par de horas de TV en directo. Hasta los más sobrios o ufanos debieron comprender que tras lo visto nada volvería a ser como antes. Y que los efectos de aquellas explosiones, de los incendios y las nubes tóxicas barriendo las calles de Manhattan, llegarían hasta los rincones más recónditos del globo; muchos aún no tenían noticia de que entrábamos, y ellos con nosotros, en un nuevo tiempo.

El mundo desarrollado aún tenía vagos referentes del miedo global que se vivió durante las Guerra Mundiales. Como en Europa persistió durante siglos la memoria del miedo que reinó durante las guerras de religiones durante treinta años en el siglo XVII, en los que la seguridad era bien inalcanzable y la muerte sorpresa esperada siempre al acecho. Eran memorias lejanas bajo la convicción de que en nuestro mundo nada parecido era posible. Una década antes había caído el mundo bipolar y todo el globo parecía embarcado en una causa de democracia y seguridad compartida. Hoy sabemos que aquello era un mito y que habremos de vivir con zozobra, con la única certeza de que nuestro bienestar y nuestra seguridad están en vilo.

EE UU despierta al islamismo
Daniel PIPES La Razón 11 Septiembre 2010

La indignación surgida a tenor del centro islámico, bautizado Cordoba House, tiene enormes implicaciones para el futuro del islam en los Estados Unidos y puede que más allá.
El debate es tan inesperado como extraordinario. Habría pensado que el suceso que tocaría la fibra sensible de la institución política estadounidense, haciendo del islam una cuestión nacional, sería un acto de terrorismo. Pero no, algo más simbólico sacude a la institución política.

Lo que empezó siendo una cuestión de ordenación urbana se fue transformando en un debate nacional con potenciales repercusiones en política exterior. Su faceta simbólica encaja en un patrón asentado en otros países. La vestimenta islámica de las mujeres ha desatado repetidos debates nacionales en Francia desde 1989 hasta la fecha. Los suizos prohibieron la construcción de minaretes. El crimen de Theo van Gogh afectó de forma acusada a los Países Bajos, al igual que la publicación de las viñetas de Mahoma en Dinamarca.

Personalmente, no tengo ninguna objeción que plantear a que se ubique una institución musulmana verdaderamente moderada en las inmediaciones de la Zona Cero; por el contrario, tengo pegas a que se construya una institución islamista en cualquier parte.
 
Irónicamente, la construcción del centro en tan cercana proximidad a la Zona Cero redundará probablemente en contra de los intereses a largo plazo de los musulmanes en los Estados Unidos. Esta nueva emotividad marca el inicio de una etapa difícil para los islamistas dentro de EE UU. Aunque sus orígenes como fuerza organizada se remontan a la fundación de la Asociación Musulmana Estudiantil en 1963, alcanzaron la madurez política a mediados de la década de los 90. Yo me enfrentaba a los islamistas allá por entonces y las cosas salían mal. Éramos, en términos prácticos, sólo Steven Emerson y yo contra cientos de miles de islamistas. Ni él ni yo podíamos encontrar apoyo intelectual adecuado, dinero, interés de los medios de comunicación o respaldo político. Mi nadir llegó en 1999, cuando un funcionario del servicio exterior estadounidense llamado Richard Curtiss habló en el Capitolio de «el potencial de la comunidad musulmana estadounidense». Predijo abiertamente que, igual que Mahoma terminó triunfando una vez, también los musulmanes estadounidenses iban a triunfar. Aunque Curtiss habló solamente de cambiar la política hacia Israel, sus lemas insinuaban una toma de control más generalizada.

El 11 de Septiembre supuso un toque de atención, poniendo fin a esta sensación de imposibilidad. Los estadounidenses reaccionaron enormemente no sólo a la horrible violencia de esa fecha sino también a la escandalosa insistencia de los islamistas en culpar de los ataques a la política exterior estadounidense, y más tarde la elección de Obama, o su flagrante negativa de que los autores materiales fueran musulmanes o el acusado apoyo musulmán a los atentados.

Académicos, columnistas, blogueros, figuras de los medios y activistas estadounidenses se volvieron conocedores del islam, transformándose en una comunidad, una comunidad que ya se intuye un movimiento. La polémica del centro islámico representa su ascenso como fuerza política, ofreciendo una reacción contundente y airada, inconcebible hace sólo una década. El enérgico tira y afloja de los últimos meses me deja parcialmente fascinado: aquellos que rechazan el islamismo y todas sus manifestaciones constituyen hoy una mayoría y pasan a la ofensiva. Por primera vez en 15 años, pienso que podría ser el equipo ganador. Pero tengo una reserva: el tono cada vez más anti-islámico del colectivo. Engañados por la insistencia de los islamistas en que no existe nada que se pueda llamar «islam moderado», mis aliados a menudo no distinguen entre islam (una creencia) e islamismo (una ideología utópica radical que pretende implantar la ley islámica en su totalidad). Esto se reduce no sólo a un error intelectual sino a un callejón sin salida político. Como destaco a menudo, el islam radical es el problema y el islam moderado la solución. Una vez aprendida esta lección, las nuevas energías permiten ser optimistas con la derrota del islamismo.

El islam ante el espejo
El Editorial La Razón 11 Septiembre 2010

Cuando un fanático temerario como el predicador Terry Jones es capaz de incendiar el mapamundi, de poner en alerta policial a decenas de países y de obligar a intervenir a líderes mundiales, desde Obama hasta Benedicto XVI, eso quiere decir que la convivencia interreligiosa en la comunidad internacional es muy frágil y se mueve al borde del precipicio. El calendario islámico ha hecho coincidir hoy el fin del Ramadán con el noveno aniversario de la masacre del 11-S, lo que añade más inquietud a la efeméride. Es evidente que en estos nueve años apenas si se ha avanzado en la neutralización del fanatismo islamista que perpetró el atentado, ni se ha mejorado la relación entre Occidente y el mundo musulmán, ni se han disipado los prejuicios que alientan los radicales de una y otra parte, sobre todo los islamistas.

Por supuesto, tampoco se ha cauterizado la herida de Manhattan; al contrario, la absurda polémica sobre el emplazamiento de una mezquita en el área de influencia de la Zona Cero ha avivado las ascuas del dolor de la sociedad norteamericana. Y en cuanto a la guerra de Afganistán, destinada a eliminar el santuario de Al Qaida, está lejos de haber cumplido sus objetivos pese al elevado coste de vidas humanas y medios materiales. Al mismo tiempo, el radicalismo islámico ha avanzado en países claves como Turquía y se ha hecho aún más fuerte y peligroso en Irán de la mano de unos clérigos obsesionados con la carrera nuclear. En el lado occidental, los recelos hacia los musulmanes han ido en aumento, desde Suecia y Alemania hasta Francia y Austria. En España, brutalmente golpeada el 11-M, han empezado a surgir ya los primeros conflictos a propósito del burka y del velo, pero también por el integrismo de ciertas comunidades de inmigrantes. No debería echarse en saco roto el dato conocido esta semana, según el cual el 53,6% de los españoles rechaza a los musulmanes. Nuestra sociedad no está especialmente blindada frente a los prejuicios o los excesos, por más que ocho siglos de presencia musulmana la contemplen; precisamente por eso, por la mitificación que hacen de Al Ándalus, es objetivo preferente de los terroristas.

España se enfrenta, como el resto del mundo democrático, al desafío más sobresaliente de este principio de siglo: la integración de los creyentes musulmanes y su incorporación plena a la ciudadanía de acuerdo a las reglas constitucionales. Es de sentido común que la educación de las nuevas generaciones es fundamental para lograr una convivencia sosegada y tolerante.

Pero caeríamos en la típica hipocresía del buenista atolondrado si no pusiéramos a las comunidades islámicas frente a sus deberes y responsabilidades. No se puede disfrutar de las libertades, los avances y el bienestar del modelo occidental y, al mismo tiempo, no defenderlo de los ataques exteriores por parte de quienes esgrimen el Corán e invocan al Profeta. La pasividad, cuando no la latente hostilidad, de amplios sectores musulmanes hacia la sociedad que les ha acogido no hace más que alimentar la desconfianza, agudizar las suspicacias y abonar el terreno en el que medran los demagogos, los sectarios y los violentos.

Israel tiene derecho a defenderse
Antonio Pérez Omister. Minuto Digital 11 Septiembre 2010

El viejo discurso populista de la izquierda, dirigido a los que querían dejar de ser pobres para ser ricos, no para erradicar la pobreza, ha perdurado hasta nuestros días sin aportar nada nuevo. Asimismo, el antijudaísmo endémico heredado del antiguo régimen feudal europeo, también.

Karl Marx quiso eludir la desconfianza de los antijudíos procurando no ser identificado como judío, y él mismo había utilizado la palabra “judío” como epíteto para acusar a sus enemigos. Si los Rothschild eran judíos y banqueros, los banqueros eran los enemigos. O lo que es lo mismo: los judíos eran el enemigo de la clase obrera.

Utilizando un lenguaje alambicado, Marx teorizó en un breve panfleto sobre la necesidad de rechazar de plano todo lo que no fuese obrero y comunista.

En este contexto, tanto la cultura judía como la tradición cristiana debían ser eliminadas. A fin de cuentas, la segunda bebía en las fuentes de la primera. Marx no le reconocía al pueblo judío otra razón de ser que la de haber constituido una especie de gremio medieval dedicado al comercio y a la usura, y la consideraba terriblemente nociva para el desarrollo del proceso mediante el que el comercio dejaría paso a los grandes monopolios del capitalismo de Estado que harían posible una economía globalizada manejada por una élite o comité central, y en la que los obreros se resignarían a su condición de eternos parias. Sólo la pobreza sería socializada, de forma que pudiese extenderse a mayores núcleos de población.

Los comunistas que adoptaron el dogma marxista quisieron aplicar unas medidas económicas concebidas por Marx en una Alemania industrializada, en una Rusia campesina y empobrecida, y fracasaron estrepitosamente.

Sin embargo, después de la primera guerra mundial, la mayoría de los alemanes y de los rusos, seguía culpando a los judíos de ser el origen de todos sus males, los causantes de la contienda, y de ser, al mismo tiempo, banqueros y bolcheviques.

Así pues, a nadie debe sorprenderle que por esa época, la de entreguerras, muchos judíos alemanes y rusos decidiesen emigrar a Palestina, entonces un protectorado británico bajo mandato de la Sociedad de Naciones, y antes, una provincia del imperio otomano conocida como Siria del Sur. Dicho de otro modo: no había allí ningún Estado árabe-palestino libre, soberano e independiente. Nunca lo hubo.

Marx era un economista, ni más ni menos, y despreció sistemáticamente la lucha de los pueblos centroeuropeos por su emancipación. Éstos, incluidos los judíos, debían someterse sin más a la “superior civilización germana” personificada en los imperios alemán y austrohúngaro. Marx renegó de las enseñanzas de su antiguo maestro Moses Hess, uno de los inspiradores del movimiento sionista. Sin embargo, todo fue en vano: sus detractores, encabezados por su encarnizado rival anarquista Bakunin, también judío, siguieron llamándole “el judío” y acusándole de tener un pie en la banca y otro en el movimiento obrero.

El marxismo nació en Europa coincidiendo en el tiempo con un redivivo antijudaísmo que se justificaba a sí mismo con la aparición del movimiento sionista tras el Congreso de Basilea de 1897 presidido por Theodor Hertzl.

La política de pogromos (“devastación”) desarrollada en la Rusia zarista, inspiraría a los Nacional-Socialistas alemanes para poner en marcha la Shoah (holocausto) algunas décadas después. Los pogromos rusos, cuya versión alemana fueron las Kristallnacht y los Novemberpogrome, consistían en el linchamiento, espontáneo o premeditado, de un grupo de judíos.

El zar y el káiser, así como sus siniestros sucesores en Rusia y Alemania respectivamente, bolcheviques y nazis, coincidieron milimétricamente en su judeofobia y, unos y otros, perpetraron todas estas atrocidades al más puro estilo medieval. Los linchamientos venían acompañados de la destrucción o el expolio de los bienes de los desdichados hebreos: casas, tiendas, sinagogas, escuelas, etcétera. Incluso se profanaban las tumbas en los cementerios y se destruían los restos de los difuntos.

Alguien podrá decir que todo eso pertenece al pasado. Que la barbarie nazi y las persecuciones zaristas forman parte de una historia que no volverá a repetirse. Quizás.

Tras las masacres del Once de Septiembre en Nueva York, y tras la brutal matanza del Once de Marzo en Madrid, no fue despreciable el número de palestinos que se echaron a las calles a festejarlo. Entre ellos, no fueron pocos los de la propia Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Después de los terribles atentados de las Torres Gemelas, la gran mayoría de corresponsales extranjeros destacados en Gaza y Cisjordania se abstuvieron de filmar las celebraciones, y los pocos que lo hicieron, incluido un cámara de la Associated Press Television News, fueron amenazados de muerte por milicianos palestinos y policías de la ANP. Después del infierno del World Trade Center, Ahmed Abdel Raman, asesor de Yasser Arafat, advirtió varias veces a los representantes de la Associated Press que “la ANP no podía garantizar la vida del cámara si se difundían las imágenes.”

A pesar de todo, la CNN dedicó unos segundos a las manifestaciones de júbilo de los palestinos. De inmediato, internet, en donde se desarrolla una campaña anti-israelí y pro-islamista paralela a la que se desarrolla en la prensa internacional, se llenó de “noticias” y mensajes que acusaban a esa cadena de manipular la información mediante la emisión de material filmado una década antes, con motivo de la guerra del Golfo (1991). ¿Qué celebraban entonces los palestinos?, ¿la invasión de Kuwait por Sadam Hussein? Los kuwaitíes supervivientes, que también son musulmanes, pueden dar fe de las atrocidades que ejecutaron las tropas iraquíes durante la ocupación de su país.

Lo cierto es que el video que la CNN había transmitido había sido rodado por la agencia Reuters en Jerusalén Este el mismo día 11 de septiembre, como la CNN y la propia Reuters se encargaron de demostrar más tarde.

Mientras el pueblo palestino festejaba las masacres ocurridas en Nueva York por las calles de Gaza y Cisjordania, Miguel Ángel Moratinos, enviado especial de la Unión Europea en Oriente Medio, sugería a Yasser Arafat que hiciese unas declaraciones desvinculándose claramente de los terribles acontecimientos del 11 de septiembre y que mostrase su solidaridad con el pueblo estadounidense.

Para entender cuál es exactamente el vergonzoso papel que la Unión Europea desempeña en el conflicto que nos ocupa, hay que tener en cuenta que el propio Moratinos, en una entrevista concedida a Sol Alameda para el Dominical de El País del 3 de marzo de 2002, reconocía que él y Javier Solana, a la sazón representante de Exteriores de la Unión Europea, habían escrito personalmente el discurso de Arafat. Atento a las recomendaciones de sus amigotes socialistas, Arafat no sólo dio una rueda de prensa, sino que convocó a los medios de comunicación para que lo filmaran donando sangre para las víctimas de la tragedia.

Otra información que se ocultó a los españoles y al mundo fue la celebración a lo palestino de la masacre del 11 de marzo en Madrid por las calles de varias ciudades marroquíes. Nuestros vecinos del sur agradecieron así que el pueblo español se hubiese volcado próvidamente en su ayuda tras el terremoto que asoló Alhucemas el 24 de febrero de 2004, dos semanas antes de que un puñado de marroquíes pusiesen las bombas en los trenes de Atocha para premiar nuestra generosidad.

Como español sólo puedo “disculpar” la actuación de Moratinos ante un ciudadano israelí asegurándole que este individuo se comporta siempre con la misma deslealtad hacia las víctimas del terrorismo, ya sean éstas españolas o israelíes.

Pocos acontecimientos han puesto en evidencia con tan palmaria claridad la parcialidad de la prensa occidental como las masacres del 11 de septiembre. Una parcialidad que rayaba en la hipocresía y que violaba el código deontológico que debe regir en la prensa libre. Al mismo tiempo que todos los países de la Unión Europea cerraban filas en torno a Estados Unidos tras su justa declaración de guerra al terrorismo islámico, ningún Gobierno, ningún partido, ninguno de los medios de comunicación políticamente correctos, estaba dispuesto a aceptar el irrenunciable derecho del Estado de Israel a defenderse de ese mismo enemigo sanguinario que emplea los métodos más monstruosos para extender el terror: el integrismo islámico.

Hace relativamente poco tiempo que el terrorismo islámico ha irrumpido en las vidas de los ciudadanos europeos, pero Israel lleva padeciéndolo desde mucho antes de su moderna refundación.

Si hoy no existe un Estado palestino, es porque todas las naciones árabes que rodeaban a Israel se conjuraron para exterminar a los judíos tan pronto como expirase el mandato británico en Palestina el 14 de mayo de 1948. La consigna era arrojar a los judíos al mar. Exterminarles a todos: hombres, mujeres y niños. ¡Ésa es la vergonzosa verdad que se sigue escamoteando en los libros de historia!

Mientras Moratinos proclama la imposible europeidad de Marruecos y de Turquía, niega la indiscutible europeidad de Israel. Tampoco ha contado nunca que mientras su entrañable amigo Yasser Arafat donaba sangre para las víctimas del 11-S, sus correligionarios no cesaban de vitorear a los terroristas musulmanes por su criminal acción, y que para salvar la cara, el “rais” dio orden de reprimir a los enfervorecidos fans de Ben Laden.

Los resultados no se hicieron esperar. Varios manifestantes, incluidos adolescentes y niños, fueron abatidos por los disparos de la Policía Palestina y la Fuera 17. Al igual que había venido sucediendo durante décadas con los opositores a Arafat, torturados y asesinados clandestinamente, la noticia no mereció ningún titular de la biempensante prensa europea. Cuando un niño palestino es asesinado por palestinos, su muerte no concita el menor interés de los medios de información. Cuando un grupo de soldados israelíes baila por una calle de Hebrón, bromeando como suelen hacerlo los jóvenes, la inocente chirigota se convierte en una ofensa al islam y en una burla a los palestinos según los voceros empleados en los noticieros del santón de la prensa progre políticamente correcta, Iñaki Gabilondo.

¡Hebrón! El nombre no puede tener unas reminiscencias más hebraicas. ¿Han de pedir perdón los israelíes por pasear o bromear en sus propias calles? Cuidado. A ver si nosotros acabamos pidiendo perdón por celebrar las Fiestas de San Isidro en Lavapiés o las Hogueras de San Juan en las playas de la Barceloneta. ¿Qué celebración o motivo de fiesta y alegría hay que no ofenda a los quisquillosos musulmanes? Hasta las simpáticas Cheers Leaders han tenido que variar su indumentaria para no ofender a los musulmanes durante la disputa del campeonato del mundo de baloncesto que se juega en Turquía. País que pretende fraudulentamente hacerse pasar por europeo, al tiempo que ampara al integrismo islámico y organiza flotillas con supuesta “ayuda humanitaria” para los terroristas de Hamás.

¿Se puede pedir perdón en nombre de otros? Sí es así, yo quiero pedir perdón en nombre de todos los políticos eunucos y periodistas cobardes que hay en este país, encantados de haberse conocido, pero que callan y miran hacia otro lado cuando un autobús escolar, con decenas de niños israelíes, salta por los aires hecho pedazos por la metralla. O cuando un grupo de terroristas musulmanes asesinan a unos colonos judíos y rematan a una mujer embarazada en el suelo.

Y es por todo esto por lo que sostengo que Israel tiene derecho a defenderse, y declaro que no comparto la política desleal que el actual gobierno socialista de España mantiene hacia Israel. Es más ¡me avergüenzo de ella!

Shalom / Paz

El Supremo estudiará si Zapatero y De la Vega cometieron falsedad documental
 www.gaceta.es 11 Septiembre 2010

Un juzgado de instrucción de Madrid se inhibe a favor de la Sala Penal por tratarse de aforados. La querella también se extiende contra Salgado, Chaves y Pedro Castro.

Los bandazos políticos del Gobierno de Zapatero en materia económica han provocado unas consecuencias jurídicas que llegarán al Tribunal Supremo. En los próximos días, la Sala Penal del Alto Tribunal recibirá un auto de inhibición del Juzgado de Instrucción Número 1 de Madrid, que instruye una querella que acusa al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y a los vicepresidentes De la Vega, Salgado y Chaves, de un presunto delito de falsedad en documento público. Así se desprende del auto notificado a las partes el pasado 2 de septiembre.

La querella también se extiende a Pedro Castro Vázquez, presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, y a Fernando Pérez Sánchez, director general del Secretariado de Gobierno del Boletín Oficial del Estado (BOE).

El motivo de la querella fue la corrección de errores publicada en el BOE de 25 de mayo, que modificaba la fecha del decreto-ley que prohibía a los ayuntamientos endeudarse a partir del 1 de julio y hasta el 31 de diciembre de 2011.

Sin embargo, la corrección del BOE sustituyó dicha fecha por la siguiente: “A partir del 1 de enero y hasta el 31 de diciembre de 2011”. Según la denuncia que interpuso el Sindicato Manos Limpias, “la rectificación de un elemento sustancial requería hacerse mediante otro decreto ley aprobado en Consejo de Ministros y no se hizo”.

Por este motivo, el juzgado de instrucción madrileño entendió que había indicios delito por lo que abrió el pasado 2 de julio diligencias previas dentro del procedimiento abreviado 3930/2010. Posteriormente, la acusación popular transformó la denuncia en querella y amplió el número de imputados a los miembros del Gobierno.

Esto supone, según el auto del juez, que “corresponde a la Sala Penal del Tribunal Supremo conocer de la instrucción y enjuiciamiento de las causas contra el presidente y los miembros del Gobierno”. En consecuencia, “este juzgado carece de competencia para conocer de las presentes actuaciones”.

Así las cosas, “una vez que el Supremo reciba el auto de inhibición la Sala de admisión, compuesta por cinco magistrados, solicitará al Ministerio Fiscal un informe sobre la competencia de la Sala y el contenido de las diligencias”, apuntan fuentes jurídicas. A continuación la Sala decidirá lo que corresponda. Existen varias posibilidades: “Que el tribunal decrete el archivo de las actuaciones, que admita la competencia, pero remita al juzgado de instrucción la causa para que siga investigando o que acepte la remisión de la querella”, explican las mismas fuentes. Si se da esta situación, entonces la Sala de admisión nombrará a un instructor para que practique las correspondientes diligencias.
Prevaricación

La acusación popular acusa a los miembros del Gobierno de que su conducta “constituye un delito de falsificación de documento público de los artículos 390.3 y 4 del Código Penal, así como prevaricación del artículo 404”. Para la ministra de Economía y vicepresidenta segunda, Elena Salgado, “el delito cometido es un error sin importancia”, apunta la querella.

Pero la acusación va más lejos al afirmar que “los querellados han causado una tremenda sensación en la sociedad de inseguridad jurídica, ya que han transmitido idea de que existen vías alternativas para conseguir un objetivo eludiendo el cumplimiento de las leyes”. Lo cierto es que no se puede justificar la urgente necesidad de un decreto ley retrasando siete meses su entrada en vigor.

El islam marca el 11-S más polémico
La división política de EE.UU., el proyecto de la «Cordoba House» y la campaña para quemar el Corán irrumpen en el noveno aniversario del atentado terrorista de Al Qaida
pedro rodríguez / corresponsal en nueva york ABC 11 Septiembre 2010

Los neoyorquinos se distinguen fácilmente de los turistas. Caminan a buen paso, saben adonde van y evitan elevar la vista en admiración de su formidable escenario urbano. No es fácil interrumpir su decidida trayectoria matutina pero los que se dejan preguntar tienen claro que este aniversario del 11-S —el noveno desde que casi tres mil personas perdieran la vida en uno de los días más sangrientos de la historia de EE.UU.— es bastante diferente.

Las conmemoraciones de la tragedia ocurrida el 11 de septiembre del 2001 estaban enfilando hacia la rutina de las efemérides. Pero esta vez, el luto se mezcla con la polémica y el sentido de unidad solidaria se ha esfumado en un espinoso debate sobre la identidad nacional, libertad religiosa y agravios que abarcan desde la construcción de una nueva mezquita a dos manzanas de la Zona Cero a amenazas de quemar coranes. Ayer el pastor Terry Jones parecía haber desistió en su campaña por hacer una fogata con ejemplares del libro sagrado islámico.

Todo ello dentro de la significativa desconfianza que el islam inspira en la opinión pública americana, con prejuicios que recuerdan a los que en su día también sufrieron católicos y judíos al incorporarse al «casting» del sueño americano. Ahora, un país con 305 millones de habitantes parece tener más dudas que nunca sobre el encaje de sus estimados 2,5 millones de musulmanes y 1.900 mezquitas.

Encuestas inquietantes como la publicada en agosto por la revista «Time» apuntan que al menos un tercio de los estadounidenses considera que los musulmanes americanos no deberían llegar nunca a convertirse en jueces del Tribunal Supremo o sentarse en el Despacho Oval de la Casa Blanca. En el bajo Manhattan está claro que la idea de construir un centro islámico a la vuelta de la esquina de las destruidas Torres Gemelas resulta bastante inaceptable. Un empleado de una de las compañías financieras de la zona, lo explica tajante: «Es una bofetada para todas las víctimas del 11-S, para la ciudad de Nueva York y para el resto de este país».
Otra señora, contable, insiste en que se trata de un «gratuito peligro emocional». Mientras que el conserje de un edificio de oficinas, Kenny, reconoce que existe el derecho a construir el centro islámico «Park51» —tal y como han indicado el presidente Obama y el alcalde Bloomberg— pero también la obligación de «buscar voluntariamente otro lugar». Esta oposición es compartida por casi dos tercios de los neoyorquinos y del resto de EE.UU.

Sarah Palin, en acción
Los familiares de las víctimas del 11-S también se están quejando con llamativa amargura de que este aniversario les resulta especialmente doloroso por la creciente politización de su tragedia colectiva, que esta vez el calendario coloca a menos de dos meses de unas elecciones legislativas en las que el Partido Demócrata puede perder importantes cuotas de poder en Washington. Como ha dicho Donna O´Connor, que perdió a su hija en el World Trade Center, «ahora mismo, nos están rompiendo el corazón más que nunca».

Hoy la ex gobernadora Sarah Palin y el propagandista del «Tea Party» Glenn Beck tienen previsto una convocatoria en Alaska de «patriotas que nunca olvidarán» los ataques terroristas del 11-S, con entradas de hasta 200 dólares por cabeza que, en este caso, dan derecho a barra libre. Este montaje está en las antípodas del emocional respeto registrado hace nueve años.

Ahora se recuerda como algo casi increíble cuando en el primer aniversario del 11-S, el entonces gobernador de Nueva York, el republicano George Pataki, renunció a pronunciar un discurso propio por miedo a politizar las conmemoraciones y se limitó a releer las legendarias palabras que el presidente Lincoln pronunció en 1863 al inaugurar el cementerio para los muertos de la batalla de Gettysburgh.

En los anuncios políticos que empiezan a proliferar por televisión de cara a los comicios del 2 de noviembre, las gráficas imágenes del 11-S empiezan a repetirse con fines electorales tras un periodo de gracia agotado. En algunos casos, esa iconografía del terror se llega a utilizar como argumento contra candidatos que han respaldado el proyecto de la mezquita en la Zona Cero en aras de la libertad de culto que ha caracterizado a Estados Unidos desde su génesis.

Como evidencia uniformada de lo diferente que resulta este aniversario, el Departamento de Policía de Nueva York ha anunciado el despliegue de todo «un ejército» de agentes en torno a la Zona Cero. Pero su misión no será tanto evitar posibles atentados de Al Qaida sino separar a los manifestantes y grupos rivales esperados hoy en torno a la abandonada fábrica propuesta como sede de la nueva mezquita «Cordoba House».

ANIVERSARIO DEL 11-S
La interminable «Guerra contra el terror» del billón de dólares
Hoy hace nueve años, el mundo asistía al mayor ataque terrorista de la historia reciente y al inicio de una «Guerra mundial contra el terrorismo», que sólo es superada en gastos por la II Guerra Mundial... y no parece tener un final cercano
ISRAEL VIANA / MADRID ABC 11 Septiembre 2010

Hoy hace justo nueve años que el mundo asistía incrédulo al mayor ataque terrorista de la historia reciente. El corazón financiero de la principal potencia del planeta, el World Trade Center de Nueva York, era reducido a escombros y el Pentágono sufría el primer atentado de su historia. ¿El balance? 2.973 muertos. ¿La consecuencia? Una guerra imprecisa e interminable lanzada por el presidente Bush contra el terrorismo internacional, que le ha costado a Estados Unidos más de un billón de dólares y ha acabado con la vida de más de 100.000 civiles y 6.000 soldados.

Bush convertía aquella cruzada mundial en el eje central de su política, de la que el actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama. ¿Su objetivo? Cambiar la orientación ideológica de la política exterior de un Bush que, tan solo dos días después del 11 de septiembre de 2001, prometía «liderar al mundo en la victoria contra el terrorismo» y «ganar la guerra que ha sido declarada contra Estados Unidos».

Bush bautizó aquella cruzada como «la primera guerra del siglo XXI». «Estados Unidos –aseguró– se enfrentan a una nueva clase de guerra, pero este Gobierno se va a adaptar y va a solicitarla ayuda de otros aliados, para asegurarnos que los responsables de estos actos y la gente que les protege paguen por sus actos». Aquellos aliados fueron finalmente varios miembros de la OTAN, incluida España, y otros estados aliados.

En teoría, en el punto de mira estaban todos los grupos terroristas denominados así por la ONU, así como los estados que supuestamente patrocinaban el terrorismo, pero el objetivo principal fue, principalmente, Al Qaida y su líder, Osama Bin Laden, responsable de los ataques del 11-S.

Invasiones de Irak y Afganistán
Bush actuó rápido: tres semanas después invadía Afganistán y un año y medio después Irak. Aquellos fueron los escenarios principales donde el presidente concentró su estrategia contra el terror, con el respaldo de la «voluntad colectiva del mundo», aseguraba.

El FMI cifró en 64.000 millones de dólares el aumento experimentado en el gasto militar mundial desde principios de 2001 hasta finales de 2002. En este mismo año, los tres grandes fabricantes de armas de Estados Unidos (Lockheed Martin, Boeing y Northrop Grumman) recibieron más de 42.000 millones de dólares en contratos con el Pentágono, lo que representó casi un tercio más que en 2000. Y ya en 2005, el presupuesto militar de I+D alcanzó un record histórico de 75.000 millones de dólares, cuatro veces más que el presupuesto del mismo sector en todos los países de Europa y más de dos tercios del del resto del mundo.

Casi una década después, la «Guerra contra el terror» se ha convertido ya en el segundo conflicto más caro de la historia de Estados Unidos, sólo superado por la Segunda Guerra Mundial, según el informe publicado por el Servicio de Investigación del Congreso, «Coste de las principales guerras estadounidenses». Según éste, desde el 11-S Washington se ha gastado en operaciones antiterroristas en estos dos países y otras partes del mundo 1,15 billones de dólares. Un esfuerzo económico considerable teniendo en cuenta la profunda crisis económica.

La nueva estrategia de Obama
«¿Cambiaría Obama la "Guerra contra el terrorismo" de Bush ante datos como este?», se preguntaban un grupo creciente de pensadores, académicos y expertos en seguridad, que comenzaron a adoptar la posición crítica de que era hora de que Estados unidos declarara la victoria sobre el terrorismo.

En mayo, la Administración Obama publicaba su primera estrategia de seguridad nacional, donde incluía muchos cambios radicales con respecto a los principios adoptados por el presidente Bush tras la ofensiva terrorista del 11-S. El principal, ignorar el polémico concepto de «Guerra contra el terror», pues, insistía, en que el enemigo no es el terrorismo o el terror, ya que el terrorismo no es más que una estrategia cruel y el terror, un estado psicológico.

Además, reflejaba el deseo de encontrar soluciones diplomáticas por encima de las militares, reconocía la precaria situación económica del país e insistía, sobre todo, en buscar respaldo más allá de los aliados tradicionales.

En agostó, el presidente Obama confirmaba la retirada de sus tropas de Irak, asegurando que el país se encontraba entonces «en los niveles más bajos de violencia que se han registrado en varios años». El Gobierno iraquí, sin embargo, le contradecía publicando unas cifras según las cuales julio se convertía en el mes con más muertes de civiles por violencia desde mayo de 2008. La situación no era favorable para la Casa Blanca, siete años después de haber invadido el país.

Tras Irak, refuerzos en Afganistán
Los últimos soldados de combate salían de Irak, pero en el documento reconocía que ignorar al resto del mundo era un lujo que no se podían permitir, considerando, además, que la amenaza de Al Qaida seguía siendo el principal enemigo de Estados Unidos.

La «Guerra contra el terror» al nuevo estilo Obama, que huye de esa definición, centró sus esfuerzos en Afganistán, donde actualmente el Pentágono libra una dura batalla en la que ha tenido que triplicar el número de soldados en la llamada «guerra necesaria» para evitar otro 11-S.

Un mensaje reiterado por el anterior vicepresidente republicano, Dick Cheney, a lo largo de la década («El enemigo que nos golpeó el 11 de septiembre está fracturado y debilitado, pero sigue siendo letal y sigue decidido a golpearnos de nuevo», en julio de 2006) y anunciado por Bush el mismo día que ordenaba el ataque selectivo sobre objetivos talibanes de Afganistán en 2001 («La única forma de buscar la paz es perseguir a aquellos que la amenazan. Nosotros no hemos pedido esta misión, pero la vamos a cumplir»), y que Obama no parece haber desterrado del todo

Los informes de Wikileaks
¿Ha avanzado Estados Unidos desde que Bush diera luz verde a la conquista de Afganistán? Según los documentos militares difundidos recientemente por la organización Wikileaks, que han fomentado el debate sobre la viabilidad de esta guerra, Estados Unidos acumula un balance de 1.200 militares estadounidenses muertos y más de 300.000 millones de dólares gastados. Y por otro lado, los informes presentados ante el Consejo de Seguridad de la ONU insisten en un preocupante retroceso de la seguridad en el país, con un mes de julio que se ha convertido, con 66 militares estadounidenses muertos, en el mes más letal desde la invasión en 2001.

En Irak, con las tropas de combate del ejército estadounidense de vuelta en casa, sigue haciendo estragos una guerra civil sobre la que planean muchas sombras. Pero según anunció Obama en agosto, buena parte de esos 46.000 efectivos de Irak serán enviados a Afganistán para combatir la insurgencia tras unas breves vacaciones. ¿Salir de la sartén para caer en la brasas?

1.942 padres se quejan de la falta de libertad lingüística en Baleares
Han pedido ayuda a Círculo Balear para que sus hijos puedan estudiar en castellano
 www.lavozlibre.es 11 Septiembre 2010

Madrid.- Casi 2.000 padres están descontentos con el proceso de escolarización de sus hijos para el próximo curso en las Islas Baleares. La asociación Círculo Balear ha tenido que asesorar en este ámbito a 1.942 padres por la imposibilidad de que sus hijos puedan estudiar en castellano.

Esta es la situación ante el inminente inicio del curso escolar la próxima semana. Círculo Balear considera que se va a seguir vulnerando uno de los más fundamentales derechos ciudadanos: "no poder elegir libremente la lengua vehicular en la educación, entre las dos oficiales de Baleares”.

Buscando alguna explicación y asesoramiento sobre las acciones que podrían emprender, los más de 1.900 padres acudieron a la organización para que esta les informara sobre los derechos que poseen. El resultado fue la indignación de los padres “ante la clase política que ha creado este problema de espaldas a los ciudadanos, al haber aprobado leyes de normalización lingüistica para imponer la obligatoriedad del Catalán”. Y comunicaron a la asociación que esta materia política influirá bastante en su voto electoral.

Precisamente, aprovechando la cercanía temporal de las próximas elecciones autonómicas, Círculo Balear ha querido mandar un mensaje: “Confiamos que los futuros gobernantes garanticen la igualdad de derechos para los hablantes de ambas lenguas oficiales. A la vez que cumplan con el mandato estatutario que establece la promoción del mallorquín, menorquín e ibicenco. Promoción sustituida por la imposición del catalán”.

Por lo tanto, consideran que el futuro equipo de gobierno entrante deberá poner freno a esta “vulneración de libertados que no sucede en ningún país de la Unión Europea y que incluso ha sido recogida por el Departamento de Estado de EEUU. Además, lo reclama la mayoría de la sociedad balear”. Y ponen como ejemplo la manifestación que la propia organización convocó el año pasado y a la que acudieron unas 20.000 personas. Y también las encuestas realizadas por las empresas Sociométrica y Sigma Dos, que reflejan que el 82,2% de los padres quieren elegir la lengua en la que estudian sus hijos.

Desde el Gobierno se manejan los siguientes datos, “en contra del deseo mayoritario de los ciudadanos": el 90% de los centros públicos de Baleares imparten el 100% de asignaturas en catalán, sin dar opción a elegir; Baleares es líder nacional en abandono y fracaso escolar: 40% en ambos casos; el último informe del Ministerio de Educación revela que Baleares sigue a la cola en calidad educativa.

A modo de conclusión, Círculo Balear anuncia que en los próximos meses intensificará las campañas dirigidas a los partidos políticos para que éstos incluyan en su programa electoral la libre elección de lengua y seguirá reclamando que el sistema educativo precisa una reforma en profundidad que, desde la libertad lingüística, apueste por educar en valores, premiando el esfuerzo y reforzando la autoridad del profesorado.

Protestas en Bélgica contra los alimentos Halal musulmanes
Redacción. Minuto Digital 11 Septiembre 2010

En toda Europa comienzan a sucederse las protestas contra la imposición islámica. Los miedos o las amenazas parecen no hacer mella en bastantes europeos que día tras día se lanzan a la calle para denunciar lo que los políticos europeos callan.

En Bélgica, el Vlaams Belang ha iniciado una serie de protestas frente a los supermercados ‘Carrefour’ para denunciar que la cadena de mercados se está volcando con el mercado musulmán dando de lado a los propios ciudadanos belgas que precisan de alimentación especial. Estas son las fotografías de la última protesta que contaba con la presencia de Filip de Winter.

TAMBIÉN EN FRANCIA
La actriz Brigitte Bardot eligió el comienzo del Ramadán para criticar la producción de la carne Halal en Francia que consumen los musulmanes. En una entrevista con la emisora Europe 1, Bardot criticó que el Gobierno permita que este tipo de alimentación “haya invadido Francia” porque los animales son sacrificados “con rituales religiosos espantosos”.

El sacrificio del animal se realiza mirado a la Meca y sin aplicarle ningún tipo de descarga eléctrica que neutralice su sistema nervioso y mitigue su sufrimiento. La pieza se deja después colgando hasta que se desangre por completo. Según Bardot, activista por los derechos de los animales, “el 80% de los mataderos en Francia recurren a esta técnica porque es más rápida y asi se puede vender en todos los sitios a los musulmanes”.

ASÍ ES EL SACRIFICIO HALAL
Recomendamos ver este video, sobre todo a los que tanto se manifiestan contra las corridas de toros. Una salvajada más…
http://www.minutodigital.com/noticias/2010/09/10/protestas-en-belgica-contra-los-alimentos-halal-musulmanes/

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Internacionalizar
«ETA busca embarrar el terreno facilitando la 'internacionalización del conflicto', es decir, de su problema. Sería momento adecuado de que el Gobierno previera cualquier equívoco. ¿Mediadores? No, gracias»
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 11 Septiembre 2010

Todos nos hemos felicitado por la unidad que han demostrado los partido políticos ante la declaración de los encapuchados de ETA. El Gobierno ha querido mostrarse en términos particularmente enérgicos. Bien es verdad que el presidente confesó su decepción por lo anunciado -o, más bien, lo no anunciado- por los voceros etarras. No se sabe si Rodríguez Zapatero tenía alguna razón para albergar expectativas muy distintas y, tal vez, la contundencia de su mensaje a Batasuna tenga que ver con alguna esperanza de ésas que ETA siempre defrauda. Mensaje contundente también en el ministro de Interior al negar posibilidad alguna de negociación con la banda.

No hay nada que objetar a que se descarte la negociación con la banda, aunque resulte un tanto extraño que al mismo tiempo se insista desde el Gobierno en reivindicar «el proceso» de la legislatura anterior como un gran acierto estratégico. La duda es si al rechazar la negociación se responde a lo que ETA realmente busca con su declaración. Porque no parece que buscar una negociación sea el objetivo prioritario de esa puesta en escena que ahora tantos encuentran tan fácil ridiculizar. Ni siquiera en sus elucubraciones más paranoides podría creer ETA que hoy sería posible reeditar lo que ocurrió en 2006. El adanismo de Zapatero, con ser mucho, no llegaría a tanto en un estado de debilidad creciente del Gobierno y con una opinión pública que tiene motivos muy fundados para confiar en la Guardia Civil mucho más que en cualquier mesa negociadora para alcanzar el final de ETA.

ETA, sin duda, busca forzar 'tiempo muerto'. En ese intento de recuperación debería prestarse más atención a la llamada 'internacionalización del conflicto' como objetivo más inmediato que ETA querría afianzar. La 'internacionalización' no significa sólo tener a mediadores, presuntos o reales, de un lado para otro; se trata de abrir una vía de presión -posiblemente la única que les queda a ETA y a su brazo político- sobre la opinión pública y las instituciones; permite alimentar una corriente continua de impugnación de los instrumentos del Estado del Derecho; recupera para los terroristas la consideración de interlocutores legítimos y les abre de nuevo la posibilidad de volver a desdoblarse en mesas 'técnicas' y 'políticas'.

Pero sobre todo la internacionalización traslada el problema a un terreno de juego en el que el Estado de Derecho embarranca. De la Ley de Partidos, la deslegitimación social, los tribunales de Justicia, la reparación a las víctimas y el respeto a su memoria se pasa a los 'principios Mitchell', los diálogos incluyentes, la negociaciones multipartitas y la coacción moral sobre las víctimas en nombre de la reconciliación. Difundida la declaración etarra, Gerry Adams -otro de los fijos- pedía al Gobierno español «desoír las voces de los que plantean la solución del conflicto en términos de victoria y derrota». Adams lo escribía en 'The Guardian', y 'Financial Times' no desentonaba propugnando la legalización de Batasuna con esa persistente miopía analítica que presenta como problema lo que ha demostrado ser parte esencial de la solución. Al rebufo británico, ERC pide la derogación de la Ley de Partidos y el brazo político de ETA, auxiliado por el brazo tonto del nacionalismo, hace glosa creativa de la declaración etarra e insta al Estado a moverse, que ésa es la lógica de la reciprocidad que propagan los mediadores internacionales.

Tan cierto como que la izquierda abertzale quiere presentarse a las próximas elecciones es que ETA, todavía, no se ha preocupado demasiado por allanarle el camino con esta declaración que devalúa las expectativas tan aireadas de un control creciente de Batasuna sobre los pistoleros. Posiblemente nos espera la producción literaria etarra conocida en estos trances. Habrá, tal vez, amagos retóricos que no deberían pasar el filtro de la legalidad a pesar de que la derogación de la Ley de Partidos y la legalización de la representación política de ETA sean la exigencia con la que se ha estrenado todo pacificador en esta historia.
Será necesario recordar entonces lo que declaró el Tribunal de Estrasburgo; porque mientras ETA exista resulta inaceptable cualquier proximidad a sus medios o a sus objetivos, por los que ya ha asesinado y que son incompatibles con un régimen democrático de libertades.

En nada ayuda tanta insistencia en lo difícil de anular una posible 'lista blanca' de Batasuna. La lista podrá ser todo lo blanca que quiera, pero no nace espontáneamente. Alguien, en algún momento, decide presentarla, selecciona a los candidatos, fija la estrategia y organiza la representación y los medios de esa candidatura. No sería fácil de entender que, teniendo una capacidad de información como la que demuestran las operaciones contra ETA, la Fiscalía no pueda ofrecer en su momento a los jueces un dosier convincente y fundado sobre la trastienda de esas candidaturas. Y si se incrustan en un partido legal, la respuesta la dio el propio Gobierno en 2007 con su impugnación parcial de las candidaturas de ANV sin afectar a la subsistencia de ese partido.

A la defensiva, ETA busca, de momento, embarrar el terreno facilitando la 'internacionalización del conflicto', es decir, de su problema. Sería éste un momento adecuado para que el Gobierno previniera cualquier equívoco dentro y fuera: esto no va de 'resolución de conflictos' sino de derrota de ETA y Estado de Derecho. ¿Mediadores? No, gracias.

El principio del fin
Enrique de Diego www.gaceta.es 11 Septiembre 2010

El principio del fin del zapaterismo ya tiene fecha: 28 de noviembre, cuando los catalanes acudirán a las urnas, con un más que previsible descalabro del PSC y de ese político profesional de escaso nivel que es Montilla.

Los catalanes tienen sobrados motivos para poner fin a la nefasta etapa del tripartito: paro desbocado, destrucción galopante del rico tejido industrial, inmigración descontrolada, despilfarro desmedido, islamización rampante y suicida. En nada cambia este desolador panorama el desembarco de Celestino Corbacho, el ministro del paro. En Hospitalet, su presunto feudo, el paro supera el 25%, media dantesca que asola todo el Bajo Llobregat, degradado granero de votos socialistas.

Ante el descrédito patente de la clase política, devenida en casta parasitaria, ésta ha iniciado una alocada carrera separatista, con el evidente fin de extender una tupida cortina de humo sobre los problemas reales de la población y también sobre el mismo lastre que representan los políticos nacionalistas con su altamente rentable –para ellos– compulsivo intervencionismo totalitario. En esa línea de tan confusa como decidida huida hacia delante se mueven la presentación de Laporta –no es descartable que termine en los juzgados por lo que se va filtrando y sabiendo– y Carretero.

Esa línea es fuertemente apoyada por los ultrasubvencionados medios catalanes y beneficia, sobre todo, a CiU como refugio y supuesto voto útil. No es preciso recordar el alto nivel de corrupción alcanzado por dicha formación y el hecho evidente de que CiU es la madre o el foco del intrínseco mal nacionalista.

Los catalanes tienen tres ofertas políticas para retornar a la cordura y frenar el desquicie: PP, Plataforma per Catalunya, cuyas tesis sobre la inmigración se están abriendo paso y confirmando con la llegada masiva de gitanos rumanos a Barcelona, y Ciudadanos. El hándicap de partida de las tres es el desmerecido trato, rayando en la conjura de silencio, recibido por los medios ultrasubvencionados de Cataluña. No me parece, sin embargo, que el paseo militar de CiU que se anuncia se vaya a producir. No hay que descartar el voto oculto que, a la hora de la verdad, plasme el rechazo ciudadano a los corrompidos políticos nacionalistas, el mal esencial de una sociedad que fue, hasta ayer, el paradigma de los emprendedores.

Cataluña ha de salir del nacionalismo o no sobrevivirá. Otrosí: Gobierno, PNV y ETA se han conjurado contra Patxi López y el pacto PSE-PP. Si Patxi López muestra coraje y fortaleza, se convertirá en una sugerente alternativa a la incapacidad y la intrínseca maldad de Zapatero.

Tregua, ¡que no cunda el pánico!
Carlos Fonseca. El Confidencial  11 Septiembre 2010

Ha bastado que ETA anuncie que no volverá a matar (“no llevar a cabo acciones ofensivas”) para que lo que es una buena noticia parezca algo perverso. Sin tiempo para la reflexión, que exige pausa, los dirigentes políticos han competido por ser los primeros en calificar de “insuficiente” el comunicado de la banda terrorista e interpretarlo como una argucia para rearmarse y, de paso, facilitar que Batasuna pueda concurrir a las elecciones municipales y forales de la próxima primavera.

Los escépticos tienen sobrados argumentos para desconfiar. ETA ya truncó las expectativas que generó el último proceso de paz con la detonación de un coche-bomba en el aparcamiento de la T4 del aeropuerto de Madrid-Barajas en diciembre de 2006; y en enero de 2000 dinamitó la tregua anunciada en septiembre de 1998 para apoyar el Pacto de Lizarra suscrito entre fuerzas nacionalistas. ¿Por qué no habría de hacer ahora lo mismo? La experiencia, y la prudencia, obligan a desconfiar, pero no hay que despreciar sin más esta nueva oportunidad. Prefiero pecar de ingenuo a oficiar de demagogo.

Me explico. Que ETA anuncie que deja de matar es preferible a que no lo haga, al margen del crédito que merezca su decisión y la interpretación que se haga de ella: si está forzada por su debilidad interna, o la ha adoptado desde el convencimiento de que seguir matando ya no es “rentable políticamente”. ETA no va a renunciar a su historia, ni va a pedir perdón por sus crímenes, ni va a presentar el abandono de la violencia como una rendición. ¿Cómo explicaría a sus militantes, centenares de presos y las familias que hay tras ellos que están todos equivocados, que sus 50 años de historia no han valido para nada? No lo hará, pero eso no es óbice para que interiorice y asuma su derrota, aunque no la presente como tal.

La situación de debilidad de ETA es consecuencia de una suma de factores: la eficacia policial, la colaboración internacional y el rechazo de la sociedad vasca, pero la causa que más va a influir en el abandono de las armas es el desistimiento de su base social, el convencimiento de que la violencia es un obstáculo para sus objetivos políticos. Tengo la impresión de que estamos en ese momento, y por eso no conviene despreciar esta nueva tregua.

El anterior proceso de paz fracasó porque Batasuna se plegó en última instancia a la decisión de ETA, que consideró insuficientes los acuerdos alcanzados en el santuario de Loyola entre Arnaldo Otegi, Jesús Eguiguren y Josu Jon Imaz. Desde entonces, la izquierda abertzale ha mantenido un intenso debate interno, con dientes de sierra, entre quienes defienden el fin de la violencia para dar paso a la política bajo el liderazgo de Batasuna, y quienes consideran que la banda es el único interlocutor capaz de forzar un acuerdo satisfactorio con el Gobierno. El pulso se ha decantado del lado de estos últimos, que ya son mayoría en la izquierda abertzale, como reconocen en privado destacados miembros de los gobiernos central y vasco, obligados en sus declaraciones públicas a un discurso de fortaleza sin concesiones.

El nudo gordiano de la cuestión es si ETA ha anunciado esta tregua para ceder definitivamente el testigo a Batasuna, o si se reserva la última palabra en función de los avances que logre la izquierda abertzale. Y si ésta, llegado el caso, será capaz de condenar a la banda terrorista si vuelve a atentar. No tengo claro que ETA haya asumido que estorba, pero confío en que Batasuna se rebele contra ella si por enésima vez le arrebata el liderazgo político.

El presidente Rodríguez Zapatero no tiene margen para embarcarse en un proceso todavía verde en medio de una crisis económica que amenaza con desalojarlo de La Moncloa. Tiene más que perder que ganar en un proceso de paz a corto plazo; otra cosa será si el tiempo y los acontecimientos confirman que la decisión de ETA es irreversible y las generales están a la vuelta de la esquina. De momento, le basta con esperar a que Batasuna siga madurando su apuesta por las vías exclusivamente políticas y democráticas y consiga arrastrar a ETA. ¿Qué riesgo hay en ello?, ¿por qué desdeñar entonces la tregua?

Zapatero tiene más que perder que ganar en un proceso de paz a corto plazo
Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, y Rodolfo Ares, su alter ego del Gobierno vasco, sostienen que una política sin concesiones acelerará el final o la ruptura, y que cualquier gesto como respuesta al alto el fuego tendría el efecto contrario al deseado, ceder a la banda el protagonismo político en detrimento de Batasuna. No lo tengo tan claro. ETA y su entorno no son un bloque monolítico, y puede que la ausencia de gestos, por pequeños que sean, refuerce a quienes desprecian la apuesta de la izquierda abertzale porque están convencidos de que sin muertos en la mesa es imposible conseguir nada del Estado. Ya ocurrió en Irlanda del Norte con el autodenomina IRA Auténtico, que intentó dinamitar el proceso de paz con la detonación de un coche bomba en Omagh que causó veintinueve muertos.

La BBC y la controvertida posición del Financial Times
Otro elemento interesante es que ETA haya elegido a la BBC británica para hacer pública la tregua, garantizándose un impacto informativo más allá de nuestras fronteras. Hasta el sesudo Financial Times, el salmón de los negocios a cuyas opiniones rinden pleitesía políticos y periodistas, ha reclamado la legalización de Batasuna y el acercamiento de los presos al País Vasco. Pero la publicidad gratuita que la banda ha logrado ante la comunidad internacional también le obliga ante ella y hace más difícil la marcha atrás. La ruptura del último proceso de paz ya mereció esa condena, y otro desaire sería definitivo.

La izquierda abertzale quiere estar en los comicios municipales de mayo de 2011, pero tiene asumido que no lo conseguirá. El pacto con EA no da aún para presentar listas conjuntas, que supondrían un riesgo para los primeros, y es previsible que concurra con “listas blancas” o plataformas electorales, convencida de que serán anuladas. Su mirada está puesta en las autonómicas de 2013. Para entonces se habrán despejado las dudas que genera la actual tregua. Batasuna sabe que tiene un suelo electoral en torno al 10% haga lo que haga ETA, que puede duplicarse en un escenario sin violencia, o incluso superar este porcentaje si el “polo soberanista” se convierte en una opción electoral. En las autonómicas de 1998, celebradas tras el anuncio por ETA de una tregua indefinida, Euskal Herritarrok (EH), entonces su marca electoral, logró el 17,91% de los votos y 14 diputados, convirtiéndose en la tercera fuerza política del País Vasco, tras PNV y PP y por encima del PSE. La ruptura de aquella tregua en 2000 provocó su derrumbe en los comicios de 2001: bajó al 10,2% de los votos, su representación se quedó en la mitad (7 diputados) y pasó a ser la cuarta fuerza política.

Sin ETA, y sumando una posible alianza electoral con EA, Aralar y Alternatiba, tiene un techo electoral que puede superar el 20 % del electorado vasco. Significa que en un escenario de paz la opción independentista modificaría el actual equilibrio de fuerzas porque haría inviable el pacto PSE-PP y amenazaría la hegemonía del PNV. Se pueden hacer todo tipo de cábalas: vuelta a los ejecutivos de coalición PSE-PNV, quizá de PNV con la izquierda abertzale si en las filas peneuvistas se imponen los partidarios de una alianza con los radicales en una situación política normalizada, o tal vez el cambio de la ecuación nacionalistas-no nacionalistas por otra izquierda-derecha, donde PSE y lo que entonces fuese Batasuna pudieran ser aliados.

Con ETA no existen certezas, pero es deseable que el escepticismo no cierre la puerta a la esperanza.

El final de ETA y de algunos tópicos
Juan Carlos Escudier. El Confidencial 11 Septiembre 2010

Con todas sus insuficiencias y su enorme caudal de hipocresía, el alto del fuego que ETA asegura haber iniciado hace meses y al que no pone fecha de caducidad debería ser una buena noticia para cualquiera, salvo que uno sea Mayor Oreja y esté capacitado para atisbar una negociación con los terroristas en la cola de una pescadería. Con la excepción del ex ministro y su teoría de la conspiración permanente, existe relativa unanimidad en que ha sido la presión externa, ejercida por la Policía y la cooperación internacional, y la interna, a cargo de sectores de la propia izquierda abertzale a los que la violencia ya no les seduce o, simplemente, no sirve a sus objetivos, lo que permite explicar la tregua que ETA se ha impuesto sin esperanza de contrapartidas.

A cuenta del fenómeno terrorista se mantiene un discurso salpicado de tópicos que, si alguna vez fueron verdad, dejaron de serlo, lo cual no impide que se repitan con cierta machaconería. Uno de ellos es que ETA aprovecha las treguas para rearmarse y fortalecerse, cuando debiera decirse que una cosa es que lo intente y otra muy distinta que lo consiga. Asociada a esta afirmación, comenzó a circular otro axioma según el cual, gracias a la negociación con la banda, el PSOE había dado alas a los terroristas o, peor aún, se había rendido a ellos.

Los datos contradicen ambas afirmaciones. En los seis años y medio que los socialistas llevan en el poder, con el llamado proceso de paz y la declaración de alto el fuego permanente de marzo de 2006 de por medio, ETA ha asesinado a 11 personas en España. Es un balance dramático, pero muy alejado de la cifra de 68 muertos con el que los terroristas sembraron la etapa del PP en el Gobierno, que, como se recordará, también tuvo su tregua, o su tregua-trampa si se prefiere usar la denominación acuñada por Mayor Oreja. En los dos últimos años, los golpes policiales han permitido que la cúpula de la banda quedara descabezada hasta en seis ocasiones. Existe amplio consenso sobre la extrema debilidad de ETA, circunstancia en la que algo habrá tenido que ver el Ministerio del Interior y la nueva política pactada con el PP de impedir que Batasuna resucite en las urnas con otras siglas.

Es en este contexto donde se han ido sucediendo pequeños pasos que han culminado con el comunicado de ETA del pasado domingo y que invitan a un moderado optimismo sobre el futuro. No era el comunicado que se esperaba –dicho sea con otro de los tópicos habituales-, pero todo el mundo esperaba un comunicado. Los terroristas no se rinden, pero enseñan la punta de la bandera blanca. Se saben al final de trayecto, aunque para quienes se han creído durante 50 años la vanguardia del pueblo vasco ha de resultarles difícil contemplarse en el espejo como un anacronismo, sobre todo a esos veinteañeros que componen su avanzadilla y acaban de estrenar la pistola.

Asistimos en los últimos meses a la escenificación por capítulos del abandono de la violencia a cargo de la izquierda abertzale. Quizás la motivación de algunos sea simplemente estratégica y su único objetivo el de burlar la ley de partidos para volver a las instituciones, pero la idea de que el terrorismo ha dejado de tener sentido parece haber calado en una mayoría, a la que hoy se adscriben muchos de los dirigentes históricos de ETA. Por lo tanto, si aceptamos como válida esa otra verdad inmutable de que tan etarra es quien porta las armas como quienes les apoyan, será necesario reconocer que una parte importante de la banda ha comenzado a renegar de los tiros y de las bombas.

Si una nueva marca blanca electoral lo tendría muy complicado para atravesar el cerco legal que Gobierno y PP han establecido sobre Batasuna, la posibilidad de reeditar un proceso de paz como el abortado en 2006 sólo cabe en la imaginación de un loco y en la del eurodiputado Oreja. Por convencimiento propio o para asegurar su propia supervivencia política, la izquierda abertzale está obligada a convencer a ETA de que deje las armas o a romper amarras con ella. Esta situación permite albergar la esperanza de que, arrastrada por su propio entorno, ETA siga avanzando en un camino que, difícilmente, podrá desandar. A buen seguro, los próximos meses serán el escenario de nuevos movimientos de la banda en esta dirección.

Existen, por supuesto, peligros latentes. ¿El principal? Que los partidarios de proseguir con la lucha armada traten de sabotear el proceso o que persistan en reclamar para sí las siglas de ETA con una escisión. Reducida a un grupúsculo de recalcitrantes y asediada internacionalmente, la esperanza de vida de esta nueva organización sería similar a la de los Grapo.

Éste es el desenlace esperado, lo cual no implica que haya de ser rápido. Nunca como ahora hemos estado tan cerca de ver el final de ETA. A medida que nos acerquemos a él habrá que desterrar ese otro tópico de que con los terroristas no se negocia. Los finales negociados ahorran muchos sufrimientos. Será el momento, como alguna vez se ha dicho aquí, de poner en práctica eso que se ha dado en llamar la generosidad de la democracia. Habrá que dar a ETA alguna carta ganadora en lo relativo a los presos con la complicidad de Gobierno y oposición, sean del signo que sean. Un Gobierno de centro-derecha, como el de la UCD, amnistió a los polimilis y hasta les concedió subsidios para que rehicieran su vida si colgaban las capuchas. No se acabó el mundo; tan sólo dejaron de escucharse sus disparos.

Los deportados de Montilla
La Generalitat envía al exilio lingüístico a los mejores escritores de Cataluña. Limpieza étnica
IGNACIO CAMACHO ABC 11 Septiembre 2010

EN los años setenta, el movimiento de la nova cançó anatematizó a Joan Manuel Serrat como culpable de cantar en castellano. Tras el numerito eurovisivo del «La, la, la» el Noi de Poble Sec había decidido abrirse horizontes más amplios que le acabarían convirtiendo en el trovador de varias generaciones de españoles y en el padre putativo, reconocido o no, de la mayoría de los cantautores, pero aunque no dejó de cantar y componer en catalán sufrió el rechazo de sus compañeros más puristas, encerrados voluntariamente en el ámbito de la reivindicación lingüística. Ese ensimismamiento privó a algunos grandes artistas —Raimon, Llach, María del Mar Bonet— de la repercusión que merecían, pero en todo caso se trató de una opción respetable porque conllevaba costes objetivos y entonces aún no existía una Generalitat que derramase subvenciones y repartiese certificados de buena conducta catalanista.

Esa misma Generalitat que hoy ejerce de omnímodo poder territorial, y en la que ni el más orate se atrevería a cuestionar la catalanidad de Serrat, acaba de enviar a las tinieblas del exilio idiomático a los mejores escritores de Cataluña, reos de expresarse en castellano, asimilados a los creadores extranjeros en un portal cultural con vocación de limpieza étnica. El Gobierno autonómico presidido por un socialista cordobés que habla un catalán ortopédico ha expulsado del paraíso nacional a las principales glorias de su literatura, la mayoría de las cuales —Vázquez Montalbán, Marsé, Mendoza, Ruiz Zafón, Matute, Ledesma— profesa o profesaba un inequívoco credo político de izquierdas que no ha sido óbice para su exclusión de esa lista oficial de autores autóctonos, un verdadero índice inquisitorial del nacionalismo impostado y sobrevenido que caracteriza el montillato. El gesto es tan mezquino que sólo descalifica a sus responsables mientras los proscritos gozan de la justa aclamación de la crítica y/o el público, pero revela un acomplejado concepto de cerrazón intelectual que define con precisa claridad el grado de cicatería moral al que ha llegado un cierto delirio político.

Desde la Presidencia de Maragall, que con la complicidad de Zapatero decidió jugar al soberanismo pijo con los votos de la Cataluña inmigrante y se alió con los talibanes independentistas, el socialismo catalán se ha lanzado por una pendiente autodestructiva que ha tratado de conservar el poder mediante una prolongada impostura identitaria. El resultado de ese proceso artificial se va a ver en las próximas elecciones de noviembre, donde se prevé una barrida del montillismoa manos de un nacionalismo auténtico que puede ser tan excluyente o más que su remedo charnego pero en el que al menos no rechinan las actitudes de los conversos. Entre la realidad y su copia, lo lógico es que la gente se quede con el original por muchas deportaciones simbólicas con que los imitadores pretendan revestir su presunta impureza.

EA desempolva a sus líderes más radicales para cubrir a Batasuna y convocar una nueva manifestación que no se desmarca de ETA
Raúl González Zorrilla Periodista Digital 11 Septiembre 2010

Euskadi Información Global. Redacción. Vitoria. Tras la anulación por parte del juez Ismael Moreno de la manifestación convocada por organizaciones nacionalistas y del entorno proetarra para este sábado en Bilbao, el miembro de la Ejecutiva de Eusko Alkartasuna, Sabin Intxaurraga, junto con otra persona, han solicitado permiso para celebrar una nueva marcha (con recorrido y lemas diferentes) con la que sustituir a la iniciativa organizada por Adierazi EH y prohibida por el magistrado.

De esta forma, se pone de manifiesto de qué modo la entente EA-Batasuna, apoyada desde fuera por Aralar, va tomando cada vez más consistencia, hasta el punto de que Eusko Alkartasuna ha desempolvado a sus líderes más caducos y radicales para impulsar el nuevo llamamiento. Así, mientras Sabin Intxaurraga, consejero de Justicia y Trabajo en la primera legislatura de Juan José Ibarretxe, hacía los trámites legales para salvar la iniciativa de la ilegal Batasuna de movilizar a la sociedad vasca en apoyo al movimiento soberanista avalado por la banda terrorista ETA, Rafael Larreina, otro miembro de la Ejecutiva de EA actuó como portavoz de la convocatoria. (En la imagen, en el centro)

Comentario: "El integrismo ultranacionalista vuelve a la carga"
Raúl González Zorrilla. Euskadi Información Global. "Asqueroso", "miserable", "sinvergüenza". Con estos calificativos, hace once años, recibían varias víctimas del terrorismo a Rafael Larreina en un juicio que se celebraba en Madrid contra varios etarras. Con su presencia en aquella causa, el miembro de la Ejecutivo de Eusko Alkartasuna quería dar su apoyo a dos miembros de la banda terrorista acusados de participar activamente en la comisión de varios crímenes. Y es que Rafael Larreina, con sus formas suaves, su hablar sereno y su tono eclesial, es una persona afable y cercana entregada a una visión integrista del País Vasco. En su análisis de la situación, en Euskadi no hay posturas ideológicas o posicionamientos políticos buenos o malos, sino dos extremos enfrentados, representados por "el Estado" y ETA, que deben alcanzar acuerdos para consolidar la arcadia feliz que será Euskadi cuando la banda terrorista y los vascos no nacionalistas abandonen el país. Cómo se conjuga en la práctica este pensamiento: denunciando a los etarras, condenando sus crímenes y, al mismo tiempo, otorgando a éstos protección, justificación y apoyo cuando se encuentran en situaciones comprometidas. Como ahora.

Sabin Intxaurraga, por su parte, al que se recuerda, sobre todo, como consejero de Justicia en el primer Gobierno de Juan José Ibarretxe (1999-2001), es uno de los políticos más radicales e incendiarios que ha ocupado un cargo en el Gobierno vasco desde la Transición. Durante su mandato, Intxaurraga criticó las detenciones de etarras, se fotografió públicamente con familiares de presos de la organización criminal, subvencionó groseramente todo tipo de iniciativas pertenecientes al entorno criminal, insultó en repetidas ocasiones a las víctimas vascas del terrorismo que en aquellos años comenzaban a agruparse alrededor de COVITE, diseñó iniciativas políticas tan extremistas que tuvieron que ser cortadas de raíz por el propio Ibarretxe y, en fin, desde la Consejería de Justicia diseño un reguero innumerable de tropelías políticas comprensivas con los terroristas que, por su carga de corrosión del sistema democrático, aún son tristemente recordadas por muchos vascos no nacionalistas.

La máquina soberanista EA-Batasuna, con el apoyo cada vez más cercano de Aralar, comienza a funcionar a plena marcha. Y para igualar la radicalidad de los proetarras, Eusko Alkartasuna ha exhumado a sus líderes más fanatizados. No ha tenido que buscar muy lejos. Hace ya unos años, el fundador y hoy líder honorífico de EA, Carlos Garaikoetxea, me confesaba en una entrevista, lo siguiente: "Es necesario poner límites a las personas que pueden votar en Euskadi. No es lógico, por ejemplo, que funcionarios, miembros de las fuerzas de seguridad o emigrantes, que quizás vuelvan otra vez a su lugar de origen, puedan definir el color del Gobierno vasco". Y me lanzó una sonrisa satisfecha.

DÍA NACIONAL DE CATALUÑA
Diada de dos 'velocidades': PP y Ciudadanos se alejan de las tradiciones nacionalistas
Antonio Fernández. Barcelona. El Confidencial 11 Septiembre 2010

Cataluña llega hoy a la Diada Nacional con un discurso a dos velocidades. A menos de tres meses para las elecciones autonómicas, que serán el 28 de noviembre, hay apuestas por mensajes identitarios y otras que apuntan a todo lo contrario. Las encuestas sociológicas son claras: a poca gente le interesa la independencia o los malabarismos soberanistas. Y tampoco hay mucho partidario de rebanar autogobierno. En realidad, lo que hay son muchos escéptico. Los ciudadanos, los sindicatos y los empresarios están preocupados por la deriva de la economía. Pero los partidos políticos -algunos más que otros- insisten solamente en sus posturas identitarias.

Por un lado, Ciudadanos ha querido calentar la Diada con un vídeo que lleva el sugerente lema de Las mentiras del nacionalismo. Históricamente, es un relato coherente. El 11 de septiembre, dice el relator, “es un mito según el cual los catalanes perdieron sus libertades de ahora, es decir, aquéllas que no existían en 1714, porque todavía no se había inventado la democracia”. Y no le falta razón: las libertades de aquel año que se reivindica como el de la independencia de Cataluña son, históricamente, falsas. Además, acusan a los catalanistas de decir que “llegó un rey español, que en realidad era francés, a invadir Cataluña para prohibir a una sociedad analfabeta aprender en catalán en una escuela que no existía”.

Lo mismo que el patriotismo de Rafael Casanova, a quien todos los partidos rinden homenaje en este día. Por eso, el vídeo denuncia que “los políticos hacen ofrendas florales a un héroe que ni murió ese día ni murió en combate, ya que murió de viejo”. Eso sí, después de rendir Barcelona y convertirse en funcionario público de la administración madrileña. Por eso, el relator añade que se había “pasado al bando que, los que le rinden homenaje, consideran enemigo”. “Así se resume el nacionalismo: se inventan un cuento y lo hacen pasar por historia. Ya lo decía Samuel Johnson: 'El patriotismo es el último refugio de los canallas'”.

En esta línea, la formación que lidera Albert Ribera barre para su casa y critica al Partido Popular (PP) por participar en la ofrenda floral que todos los partidos e instituciones rinden a primera hora de la mañana a Casanova, el ex funcionario de Felipe V. “¿Será para pactar con CiU?”, dice el orador del vídeo mientras la frase sale sobreimpresa en las imágenes de la cúpula popular ante la estatua.

El PP se desmarca
Pero el PP ya comunicó que, en esta ocasión, no participará en este desfile, donde todo el que presuma de respetar a Cataluña acude año tras año y donde varias decenas de exaltados -en su gran mayoría jóvenes- se dedican a insultar a todas las instituciones, formaciones o entidades que pasen por el lugar. Eso sí, tras una valla que delimita el pasillo desde el área segura hasta la estatua de piedra.

Pero lo cierto es que, por sensibilidad “de país”, casi todos los partidos e instituciones realizan su ofrenda floral. Casanova es un mito en el mundo nacionalista y desde la instauración de la democracia se le ha rendido homenaje. El propio Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) celebra su principal acto mañana en la localidad de Sant Boi, donde está la tumba del pretendido héroe y su localidad natal. Ahí fue donde, recién muerto Francisco Franco, se realizó el primer gran acto unitario de todos los partidos catalanes, incluyendo entonces a los que eran una simple sucursal de los partidos españoles. Un acto al que la mayoría de los políticos de hoy no acudieron, sencillamente porque no estaban por la labor en aquel entonces o porque eran muy jóvenes.

Por su parte, los nacionalistas tienen sus propios mitos a los que rendir homenaje. Ayer por la noche, por ejemplo, CiU, ERC y los independentistas extraparlamentarios, realizaron el acto tradicional en el Fossar de les Moreres, una plaza adyacente a la iglesia de Santa María del Mar donde se recuerda a los caídos por Cataluña durante el sitio de 1714. Es éste el lugar preferido por el independentismo radical para celebrar la Diada. Y donde incluso los dirigentes de CiU y ERC son abucheados por “españolistas”. Pero, al margen de ese limitado segmento que está contra todo y contra todos, que insulta y -si puede- agrede a quien ose ser representante de alguna institución, Cataluña se debate hoy por entre dos velocidades: hay quien apuesta por mantener las tradiciones y por seguir con los homenajes -casi todos los partidos e instituciones- y quien rehúsa las ofrendas florales y apuesta por actos alternativos: Ciudadanos, por ejemplo, convocó para hoy una manifestación paralela lejos del centro de la ciudad para reivindicar que el 11-S sea un día festivo y no reivindicativo.

A la Xunta le cuesta 600.000 euros promocionar el gallego en la región
A las localidades que ya lo recibían, se han añadido otras 43 nuevas y 23 concellos que pasarán a percibir las ayudas
 www.lavozlibre.es 11 Septiembre 2010

Madrid.- Extender y promocionar el gallego por todos los rincones conlleva una importante inversión para las arcas de la Xunta de Galicia. Llevar a cabo la política de 'normalización lingüística' que pretende hacer el Gobierno autonómico supone un gran gasto.

Así lo refleja la orden del 2 de septiembre de la Consejería de Educación de la Xunta de Galicia “para la promoción del uso de la lengua gallega al amparo de la convocatoria de 16 de Abril de 2010”. De esta medida se benefician hasta 106 concejos que reciben las ayudas y subvenciones económicas de la Xunta para promover y difundir el uso del gallego en el ámbito local.

A las localidades que ya lo recibían, se han añadido otras 43 nuevas y 23 concellos que pasarán a percibir las ayudas de la Xunta que ascienden a 602.668 euros. Una cantidad que choca con las quejas que desde el propio Gobierno se deslizan ante la prensa por el fuerte recorte presupuestario al que han tenido que hacer frente para devolver los anticipos recibidos del Gobierno Central. A pesar de ellos, invierten 100 millones de las antiguas pesetas en promocionar el gallego.

A este tema se suma la última polémica existente en Galicia sobre el proyecto presentado por la Comisión Promotora de la asociación 'Galiza co galego', que pretende promover la creación de una red privada y "popular" de escuelas infantiles que impartan su educación en gallego de forma exclusiva -las "nuevas galescolas"- y que podría iniciar su andanza en el curso 2011-2012. Escuelas exclusivas en gallego que dejarían al castellano un papel residual han llamado mucho la atención a la asociación Galicia Bilingüe.
 

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