AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 12 Septiembre  2010

 

Rajoy no puede ser el Tancredo de Arriola
Carlos Dávila www.gaceta.es 12 Septiembre 2010

“Llegan meses, en todo caso, de los que el tancredismo sería un suicidio... algunos candidatos populares no se cansan de pedir políticas de zurriagazo contra Zapatero”.

Claro, que si uno se presenta como líder de un partido con unas encuestas que pronostican un triunfo por más de diez puntos sobre el competidor, ¿quién será capaz de ponerte un pero? Mariano Rajoy, que parece haber seguido, por su delgadez, el método del difunto Montignac (ya se sabe, hidratos de carbono a la buhardilla, proteínas a la barriga), debe tener decidido a estas alturas de curso que lo mejor es seguir el consejo que nuestras queridas madres, las mamás conservadoras y protectoras de sus hijos de toda la vida, nos daban cada vez que sacábamos en el colegio los pies de tiesto: “Hijo, mío, no te signifiques”. Para un hombre que, como él, lleva ya ocho años tratando de derrotar a un púgil inferior que en las condiciones normales de un país de acreditada democracia ocu¬paría el puesto de jefe del Departamento de Objetos Perdidos de cualquier diputa¬ción provinciana, el consejo antiguo tiene que resultarle de complicada observación, lo malo es que se repite, que ya no son nuestras madres, la suya para el caso, la que le confiere tan prudente admonición, lo malo ( o lo bueno, lo veremos) es que son sus consejeros más cercanos de la actualidad los que permanente y machaconamente insisten: “Ni una acción mala, ni una obra buena”.

La postura sobre la negociación
Naturalmente que es exagerada la sentencia. A Mariano Rajoy no se le puede presumir la primera, ni inducir a que renuncie a la segunda. Pero todo tiene sus matizaciones. De lo que se trata simplemente es de esquivar el presente y no comprometer el futuro. Por ejemplo, en el caso ETA. Pregunto: ¿alguno de nuestros lectores sabe a ciencia cierta qué ha pactado el Partido Popular con el Gobierno en este menester? El firmante, parte de la consciencia de que entre Rubalcaba y Federico Trillo, los interlocutores habituales para el caso, hay sencillamente un acuerdo de que el Partido Popular no va a molestar en el trance en que nos encontramos. En tiempos pasados, y con lo que se conoce que está pasando (lo expresa sin ambages la menos convencional de todos los dirigentes del PP, Esperanza Aguirre), José María Aznar ya habría advertido que no se cree la inocente réplica del Gobierno al melifluo y extremadamente cursi comunicado de ETA.

En síntesis, hubiera dejado claro ante la opinión pública que no se traga eso “del Gobierno no negocia con ETA”, porque eso no es más que una martingala dialéctica sutil y conocida, es, para que todos los entendamos, similar a la que ha utilizado recientemente el depauperado Moratinos (tan depauperado que puede ser sustituido nada menos que por Leire Pajín, fíjense) para negar la relación comercial del Ejecutivo de Zapatero con los bandoleros de Al Qaeda en el secuestro de los presuntos cooperantes barceloneses: “El Gobierno –dijo– no ha pagado el rescate”. Pues, ¡naturalmente que no lo pagado!, o ¿es que alguien se imagina al diplomático de Presidencia Bernardino León dándole una bolsa con seis millones de euros a un terrorista de Bin Laden?

Dejar hacer
Por Dios, que no todos los españoles son tontos. Hace unos días, Jaime Mayor Oreja, el mejor ministro del Interior que haya habido nunca en este país, el político al que ahora insulta miserablemente su sucesor Rubalcaba, y esconde, como evitando sus reflexiones, su propio partido, alumbraba una frase que es, con certeza, la clave de lo que ha ocurrido desde que, ya en el enero pasado nuestro periódico, La Gaceta, advertía de los primeros escarceos negociadores. Decía: “Estamos en la segunda fase de un proceso protagonizado desde el exterior por el único mediador internacional que no aparece”. Mayor se refería con seguridad al Centro Henry Dunat donde ya se guardan los documentos claves de todas las transacciones que históricamente han existido, porque han existido, entre cualquiera de los Gobiernos de España, incluidos los del franquismo, y la banda asesina ETA. No parece, por las trazas, que la actual dirección del Partido Popular quiere enterarse demasiado de lo que ahora mismo trama Zapatero. Le deja hacer. Quizá piensa que si Rajoy llega a Moncloa libre de ETA, ¡toma, eso que se quita!, lo cual es una estupidez de tomo y lomo. En el programa de Intereconomía El Gato al Agua de Antonio Jiménez, un conocedor de ETA tan acreditado como Eduardo ‘Teo’ Uriarte afirmaba: “La banda se disolverá poco a poco, pero nunca hará un anuncio oficial diciendo: hoy dejo de matar”.

¿Qué tal estáis? ¿cómo ha ido el verano?
Pero, al margen del problema de ETA, cada vez menos percibido (¡que bien, qué bien!) como tal por lo españoles, la estrategia del PP no se inclina ni por el follón diario, ni por la algarada continua en el Parlamento. Algunos críticos del partido la definen directamente como “el no hacer nada, no vaya a ser que se enteren de lo que pensamos”. Realmente es una demasía aunque, bien visto, se ajusta estrictamente a las recomendaciones que, a diario, suministra el permanente asesor del PP, el incombustible Pedro Arriola. La reunión de Toledo fue por todo esto más un ¿qué tal estáis, cómo ha ido el verano?, que un escrutinio crítico y hasta profético de lo que está ocurriendo en España. Cada vez, según sugieren reputados miembros de la Ejecutiva Popular, únicamente dos personas, descontado el citado Arriola, ejercen influencia auténtica sobre el presidente Rajoy: Javier Arenas y el alcalde Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Los demás (¿demasas? diría Zapatero) no es que sean floreros (algunas caras francamente ya no están para eso), es que no ocu¬pan un lugar en el espacio de Mariano Rajoy.

El Tancredismo
Llegan meses, en todo caso, en los que el tancredismo sería un suicidio. Las elecciones catalanas serán el gran susto de Zapatero, pero no parece que vayan a resultar la gran alegría de Rajoy. El mes de noviembre no es el del presidente del PP; su mes será mayo cuando tenga que poner toda la carne en el asador para ir echando del poder al presidente más perjudicial que haya sufrido nunca la España democrática. Alguno de los aspirantes populares a ocupar sillones autonómicos no se cansan de pedir políticas de zurriagazo contra Zapatero. Hablo de los que están a la vera misma de la mayoría absoluta, aspirantes que, como los de Cantabria y Aragón por ejemplo, se han visto desplazados históricamente por auténticos okupas regionales, caso del bufón televisivo Miguel Ángel Revilla.

Estos aspirantes no soportan el “no hagas nada, hijo mío, que se te van a notar las ganas”; necesitan leña política, justo la que el PP no está dispuesto a cortar. Aun par de estos candidatos se les puede pasar el arroz sin tocar poder y entonces acusarán a su partido de haber sido blandito con el zapaterismo e inane en la presentación del alternativas. Esto, al menos, es lo que en estos prolegómenos de elecciones van pregonando por ahí, otra cosa es lo que después se atreven a decir en público. Los que afirman que Rajoy no tiene autoridad son unos pazguatos mal informados, véase si no qué tipo de confrontaciones se producen en los órganos institucionales del PP; ningún enfrentamiento, escaso debate y, por supuesto, ni un solo voto en contra. Rajoy no puede seguir siendo el Tancredo de Arriola, el hombre que desde hace la intemerata explica mejor que nadie, con una suficiencia brillantísima, las claves de las peores derrotas de la derecha española.

Hay que explicar el interés de cada transferencia
JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA La Opinión  12 Septiembre 2010

JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA ES CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA

El TC ha declarado inconstitucional la creación del Consejo de Justicia de Cataluña como órgano de gobierno del Poder Judicial en Cataluña, configurado como órgano desconcentrado del Consejo General del Poder Judicial. El motivo es que el Estatuto no es la norma competente para regular la estructura y funciones del CGPJ, materia que corresponde en exclusiva a la ley Orgánica del Poder Judicial. De esta forma, el TC no excluye que las Cortes, modificando dicha ley orgánica, den cabida a fórmulas de desconcentración del único CGPJ que gobierna el poder judicial, como se sabe, único en todo el Estado. La estructura desconcentrada y las funciones de un Consejo de Justicia, en Cataluña y otras Comunidades, con ese u otro nombre, la establecerán las Cortes en cuanto el gobierno quiera, sin incurrir ya en inconstitucionalidad. La decisión ya está tomada por Zapatero en atención a razones políticas y electorales. En ellas y no en dudas de constitucionalidad está el problema.

Desde el comienzo del desarrollo autonómico, muchas medidas se adoptaron por motivaciones exclusivamente políticas, sin importar poco ni mucho las de eficacia y coste. Se explicaba en estos términos: si la medida no es inconstitucional, adóptese. En realidad el razonamiento debiera ser otro: que sea constitucional una pretensión, una transferencia, es, evidentemente, una condición inexcusable para aceptarla, pero no es un motivo que la haga necesaria o conveniente, positiva. Que haya diecisiete Consejos de Justicia estructurados como órganos desconcentrados del único CGPJ será constitucional, pero no significa que sean necesarios para un mejor funcionamiento de la justicia en España. Esa es la explicación que no se da. La que no da el ministro Caamaño dejando caer que la transferencia de tráfico a Galicia, en el mejor momento de la DGT bajo la dirección de Pere Navarro, se hará si se incluye en el Estatuto. Puro formalismo, pura vacuidad la respuesta del ministro. El planteamiento puede aplicarse a muchos organismos autonómicos que, a imitación de los estatales, y por puro afán de parecer un Estado catalán, gallego, madrileño o cántabro, se han generalizado sin reparar en gastos, en las verdaderas y distintas necesidades de Comunidades grandes o pequeñas, en el aumento absurdo de las dificultades de gestión, en la banalidad o inconsistencia de la función que realizan, en la repetición de trámites y controles que al final no garantizan ni la corrección jurídica de la decisión ni el uso eficiente de los recursos públicos que manejan. El Consejo de Justicia de Cataluña no altera la unidad del poder judicial, ni fragmenta el Código Penal, o las leyes de procedimiento, ni cambia los modos de selección de los jueces y magistrados. Pero encarecerá el gobierno de los jueces, creará nuevos cargos con toda la parafernalia habitual, no vamos a ser menos que los del Estado, provocará conflictos con CGPJ y será pasto de influencias y pagos partidistas a los más leales del lugar. Por si no había bastante con el original, toma diecisiete copias.

La crisis sería un buen momento para adelgazar la estructura institucional de las Comunidades y explicar que, salvo para el nacionalismo, no es indispensable que una autonomía se organice al completo, como un Estado y que los excesos cuestan dinero. Por eso, no es de recibo que algunos responsables autonómicos cuestionen el devolverle al Estado los anticipos recibidos estos dos últimos años. Ni que algunos alcaldes quieran renegociar sus deudas para seguir endeudándose. La crisis habrá venido de América pero aquí la irresponsabilidad de muchos gobernantes autonómicos y locales ha sido tremenda. Y la ceguera ciudadana, interesada. ¡Pagaba el Estado o pagaba Europa!

Los falsos amigos
Eduardo ArroyoEl Semanal Digital 12 Septiembre 2010

El grave problema de los políticos, no sólo en España sino en todo el mundo, al menos en el mundo occidental, es que cuentan mentiras y se quedan tan anchos.

Como el objetivo es conseguir votos, están dispuesto sincluso a hacer tabla rasa de su pasado –o del de su partido- y hacer como si ellos no tuvieran responsabilidad alguna en los problemas actuales. Esto ya lo pensé cuando escuché hacer declaraciones a José María Aznar en una de las últimas manifestaciones contra la ley del aborto o a Dolores de Cospedal acudir a esa misma manifestación sin que estuviera claro en absoluto si estaba o no en contra del aborto.

Ahora sucede algo parecido con la publicidad del PP presentada en forma de encuesta sobre la inmigración para las próximas elecciones catalanas. Se ve que, como los únicos que quieren la inmigración son los políticos –de toda laya-, los periodistas y demás trouppe mediática, y los ultracapitalistas en general, el PP ha decidido ahora parecer con un poco más de sentido común ante un tema en el que nos jugamos, sencillamente, nuestra existencia como pueblo. Quizás sea porque una agrupación política como la Plataforma por Cataluña puede hacerles mucho daño con esta cuestión.

El caso es que nos dicen que "tenemos que adaptar la inmigración a la realidad de nuestro economía y mercado laboral" y deducen que Cataluña y en España "no pueden absorber más inmigrantes de manera ilimitada". Alguien debería explicar a los chicos del PP que la inmigración no es una cuestión económica. Si nuestro mercado pudiera absorber a 40 millones de inmigrantes, puede que económicamente estuviera justificado pero eso significaría nuestra extinción como país. Además, ¿qué modelo económico es ese que "absorbe" inmigrantes? Pues el que saca beneficio de un mercado de mano de obra a la baja y que utiliza esa mano de obra para erosionar poco a poco nuestro sistema económico y social.

El PP nos explica que "tiene que haber mayor control de la inmigración irregular". Quizás por eso su partido, como hizo el PSOE con el ministro Caldera, realizó varias regularizaciones, que afectaron a muchos miles de inmigrantes que estaban en España violando nuestras leyes. La experiencia demuestra que en España los políticos no distinguen entre inmigración "legal" e "ilegal" porque cuando esta ha sido masiva, se han limitado, no a hacer cumplir la ley, sino a "legalizar" a los "ilegales". Por eso, ¿quién podría creerles ahora?

La encuesta quiere "integrar en derechos y en deberes" y hace un llamamiento a que "todos los que vengan tienen que respetar nuestras normas de convivencia" pero lo cierto es que la "integración" se ha producido solo en contadas ocasiones y en todos los países ha conducido preferentemente a la balcanización del país y al guetto. El PP aduce como solución la inmigración preferente de aquellos que comparten con nosotros "cultura y valores", pero sinceramente no se sabe muy bien qué es lo que quiere decir con esto. ¿Cuáles son esos valores? ¿Qué quiere decir "compartirlos"? Si esa "cultura" y esos "valores" conducen a hacer de España un país caribeño, me temo que estaremos en las mismas. La pregunta es ¿qué se entiende por "integración"? ¿Consiste solo en tener un trabajo y no dar problemas? En otras palabras, un musulmán wahabista que vive y trabaja en España ¿está "integrado" a pesar de ser portador de "cultura y valores" totalmente diferentes a los nuestros? ¿Los barrios "latinos",, de apariencia radicalmente diferente a la España que todos hemos conocido, están "integrados"?

Nuevamente se tiende a ver todo a través del prisma económico y por eso la propaganda del PP no hay verdaderamente por donde cogerla. Un montón de lugares comunes y absurdos, se concentra en apenas un palmo de papel. Nos dicen que "la pluralidad religiosa es un hecho positivo" pero nadie explica por qué y a continuación nos vienen con el asunto del burka para ejercer su papel de "defensores" de los derechos de la mujer. No parecen preguntarse si este es un problema importado precisamente por los que ahora pretenden vendernos soluciones. ¿Se les ocurrió este problema del burka cuando el gobierno de Aznar "regularizó" a miles de inmigrantes musulmanes, exactamente igual que hizo el PSOE? Porque según datos públicos del Instituto Nacional de Estadística, en 1996 había en España 81.468 ciudadanos marroquíes. Ocho años después, tras la "era Aznar", había 388.046 y eso sin contar a los "ilegales" –que por su misma naturaleza no pueden figurar en las estadísticas oficiales- y a los ciudadanos de otros países islámicos. ¿Qué quieren vender entonces? ¿Es que de repente han visto la luz?

El resto del panfleto es pura cháchara política: nos hablan de "convivencia", "respeto", "democracia" y un montón de lugares comunes que han utilizado con la misma falta de pudor desde los liberales hasta la izquierda abertzale. Se trata de un conjunto de tópicos que los españoles de a pié estamos sencillamente hasta las narices de escuchar. Ninguna de estas palabras nos dice nada que no pueda ser entendido en montones de sentidos, muchos mutuamente excluyentes. Sólo pensarlo da una inmensa pereza. En el texto incluso se permiten la cara dura de hablar de "ayudas a las familias" que deben ser compatibles con la "integración". Dicen eso quizás porque saben muy bien que, tanto con el PP como con el PSOE, en España nadie, absolutamente nadie, ha hecho nada por las familias españolas –por las inmigrantes bastante más- y precisamente por eso está todo por hacer.

No, señores, no. Este tipo de retórica, aparentemente enérgica, la esgrimen ahora que se nos vienen encima las consecuencias del problema que ellos, junto con sus colegas de la izquierda, contribuyeron resueltamente a crear. No esperen de la gente sensata ninguna ayuda. Ustedes son el problema y votarles a ustedes, antes que un voto útil, es un voto inútil. Es la garantía cierta de que las cosas empeorarán a corto plazo por la sencilla razón de que ustedes no han hecho nada para resolver el problema migratorio que amenaza a la existencia misma de nuestro país. Mientras tanto España se extingue físicamente y pueblos extraños nos amenazan con una demografía desbordante. Ellos no son los culpables de nada, salvo de una salud a toda prueba y de tener claro que quieren afirmarse. Como dijo alguien, "ser es defenderse" y eso incluye no caer, por ejemplo, en la visión ramplona y economicista que ustedes profesan, ayudar a las familias de verdad y apostar por la vida, y no solo en época electoral. Implica saber que los pueblos son antes que los modelos políticos y económicos y que estos existen en función de aquellos y no al revés.

Quienes, a este paso, mañana heredarán nuestra tierra tienen todo esto muy claro. Y por eso el problema, que ustedes neciamente creen que es un mero problema económico y no existencial, crece y crece. No, señores. Definitivamente ustedes no nos sirven.

Reflexiones del 11-S
Podemos ser tontos, pero tanto como para proporcionar el púlpito para achicharrarnos, no
José María Carrascal ABC 12 Septiembre 2010

«ESTAMOS en guerra con los terroristas, no con el islamismo», ha dicho Obama para justificar su respaldo a una mezquita en las cercanías de la Zona 0 y su rechazo de la quema de Coranes. El problema, sin embargo, es que el Islam radical está en guerra con nosotros. Y da la casualidad de que ese Islam capitanea el islamismo y protagoniza episodios como el 11-S en Nueva York o los atentados en Madrid y Londres, sin que haya indicios de que se disponga a ceder en su guerra santa contra occidente, siempre que pueda y allí donde pueda. Lo que nos obliga a defendernos, a no ser que adoptemos la cristianísima actitud de poner la otra mejilla, que no creemos le detendría.

Ahora bien, la forma de defendernos no es quemando Coranes. Quemando Coranes lo único que se consigue es dar argumentos a los yihadistas y fomentar sus ataques contra nosotros. De ahí que la idea de pastor Terry Jones revele, junto a su cerrazón ideológica, unas entendederas bastante cortas. Menos mal que entre todos le han convencido de que no lo haga, aunque a la hora que escribo esta «postal» aún no es seguro, pues aparte de las razones ideológicas que le animan, está el ansia de celebridad, a lo que se sacrifica hoy todo, de lo que tenemos bastante culpa los periodistas.

En cualquier caso, el problema sigue ahí: ¿cómo combatir al islamismo radical, que nos considera enemigos a muerte? Occidente aún no ha encontrado respuesta a esa pregunta, limitándose a la guerra convencional, que no funciona, o a medidas puramente defensivas, a todas luces insuficientes. Y es que partimos de una base falsa: la de considerar el Islam una religión, como la nuestra. Cuando es mucho más que eso. Es una ideología, un estilo de vida, una escala de valores, que nada tienen que ver con los nuestros y en muchos aspectos chocan con los nuestros. Con los islamistas moderados podemos convivir. Pero los islamistas radicales se sienten amenazados por occidente, al comprobar el éxito material de éste y temer que, por esta vía, pueda atraer a sus fieles. Su respuesta ha sido atacarle en la única guerra que puede librar e incluso ganar, la del terrorismo, pues a diferencia de la convencional, con no perderla, se gana. Pero nosotros tenemos también derecho a defendernos, y lo primero para ello es no dar al islamismo radical ninguna facilidad para extenderse, como ocurre en las mezquitas conducidas por tales imanes. Quiere ello decir que Obama debería haber dicho: «No estamos en guerra contra el Islam. Estamos en guerra contra los islamistas que nos la han declarado». Podemos ser tontos, pero tanto como para proporcionar el púlpito para achicharrarnos, no.

Destacadas personalidades de la cultura, la justicia o la empresa valoran la tregua de ETA
Voces vascas contra la mentira
Madrid - C. S. Macías / P. Romero La Razón 12 Septiembre 2010

El mismo guión, las mismas secuencias, pero tiempos distintos. El comunicado de la banda terrorista ETA llenaba las calles vascas de una mezcla de indiferencia, escepticismo, a veces esperanza... Para todos era el «Dejà Vu», ya estaba vivido y volvía a sobrevolar una pregunta: ¿será la definitiva? Conjugar los tiempos del verbo «creer» en una tierra castigada por el miedo, la extorsión, la kale borroka y el sonido de atronador de las bombas es difícil.

Nadie cree en ETA. Intentar que los vascos hablen sin miedo de ello, también cuesta.
LA RAZÓN ha recogido las opiniones de destacados vascos y navarros del mundo de la cultura, la justicia, la empresa o la Iglesia sobre el último comunicado de la banda.

«Superando mi cansancio y repugnancia a hablar de ETA como si fuera una interlocutora respetable, creo que no hay que hacer el menor caso a un comunicado más, tramposo y delirante como todos los anteriores», afirma el historiador Fernando García de Cortázar. Sabe que el objetivo de ETA es claro: «engañar a los incautos, buenistas y pusilánimes, y debilitar la acción del Estado en la lucha contra el terrorismo, aparentando voluntad de diálogo y esperando que el Gobierno relaje su acción policial y la Justicia la persecución de los delitos, incluidos los de apología del terror».

«A la espera del único comunicado aceptable –la disolución de la banda–, la democracia española tiene que demostrar su fortaleza venciendo cualquier tentación de negociar con el terror mismo o con su brazo político y persiguiendo con la ley en la mano todo delirio independentista antidemocrático y toda subversión del orden constitucional», asegura.
José Manuel Ayesa, fue durante 20 años presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra, una tierra en la que desde hace mucho tiempo los empresarios viven la extorsión.

«Estoy acostumbrado a la presión y la amenaza, pero intento vivir al margen, construyendo esta magnífica región». Para Ayesa, el comunicado de ETA «es más de lo mismo». «Soy escéptico. Además, hay algunas cosas que no mencionan: que el impuesto revolucionario sigue creciendo y la kale borroka también». Cree que «no hay que hacer caso» del contenido del comunicado y «seguir con la posición contra el terrorismo», aunque no ve voluntad. Dice que nada ha cambiado desde que ETA volviera a escenificar su «tregua». «Siguen moviéndose en los mismos parámetros. Me ha sorprendido la intoxicación de la izquierda abertzale y sus planteamientos». Aún así, los empresarios «seguimos preocupados y no nos fiamos».

Iñaki Arteta, guionista, director y productor de cortometrajes, ha narrado en varias ocasiones el problema del terrorismo en el País Vasco con valentía. Destaca que las treguas siempre las ha aprovechado ETA para rearmarse y coger datos de víctimas. «Sólo creeré cuando haya una foto en la que estén todas las armas en un montón y la banda terrorista diciendo que no pide nada a cambio. Lo que no puede ser es que los que han hecho tanto daño pasen de un día para otro al otro lado de la sociedad».

Para Arteta, la única actitud que hay que tener es la de «no negociar» y «no hay que darle ninguna esperanza al entorno de Batasuna en cuanto a su legalización». ¿Que pasará ahora? «Puede que nos perdonen la vida una temporada, pero la amenaza radical es la misma. Ellos actúan igual».

La Iglesia vasca pide que la tregua anunciada sea «definitiva e incondicional» y exigen el fin de ETA. El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, en su homilía exigió a ETA su disolución. «El momento actual hace más imperiosa, si cabe, esta llamada. La creciente esperanza de nuestro pueblo por la paz es ya un proceso imparable, y no tienen sentido alguno las resistencias que lo impiden». También el obispo de Bilbao, Mario Iceta, pidió por su desaparición, al mismo tiempo que destacó que «en una sociedad democrática no hay lugar para el terrorismo, que siempre hiere profundamente la dignidad de las personas y causa muerte y violencia. Que la vida de nuestro pueblo esté presidida por la paz y que el quehacer político y social discurra siempre por los cauces democráticos y el respeto escrupuloso a la dignidad de las personas», dice.

Anuncios insuficientes
Desde el Círculo de Empresarios del País Vasco los anuncios de ETA son «insuficientes». «Tienen que dejar las armas para siempre y abandonar los eufemismos». «Desde hace tiempo ETA no convence a nadie y no valen para nada sus comunicados», destacan.

Ángel García, magistrado del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, afirma que en el entorno de la abogacía el comunicado no ha «merecido ninguna credibilidad». Según indica, a los amenazados lo que les importa es el «anuncio definitivo del cese de la violencia y el abandono de la lucha o la actividad terrorista». García hace hincapié en que el abandono de la violencia de ETA debe hacerse «sin condicionamiento alguno», ya que en un Estado de Derecho no se debe incurrir «en ninguna contraprestación, bien política o de otra naturaleza».
No cree que en el País Vasco haya habido un cambio tras el comunicado. «Este paréntesis en la actuación violenta tampoco merece un aplauso, porque no soluciona nada, aunque aparentemente haya más tranquilidad».

Ángel Gago, secretario general de la Asociación de Hostelería de Vizcaya, asegura que el sector hostelero recibió el comunicado con escepticismo e indiferencia. «Estamos tan acostumbrados a verlo que le hemos dado poca importancia. El comunicado no sirve de nada; hay que coger el coche, presentarse en el lugar y decir que todo se ha terminado». Gago cree que no se deben hacer especulaciones sobre el fin de la banda terrorista, ya que «lo que hay que hacer es asumir las consecuencias de los actos» porque «aunque a uno le gustan las leyes, hay que vivir con ellas». «En la hostelería solemos decir que lo que no perjudica, mejora; por lo que el cese de la violencia siempre es positivo».

MUNDO
La islamofobia quiebra el 11-S
El pulso por la mezquita de la Zona Cero y las amenazas al Corán enturbian el aniversario
MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL | NUEVA YORK. El Correo 12 Septiembre 2010

PASADO Y PRESENTE
2.977 personas perdieron la vida en los ataques perpetrados por 19 secuestradores el 11-S. Según algunas estimaciones, alrededor de 60 víctimas eran musulmanas.
6 rascacielos y un museo se construyen en la Zona Cero. El espacio ocupado por las Torres Gemelas dará paso a dos cascadas conmemorativas.

Las sirenas de la Policía y el estruendo de los helicópteros rompieron ayer el silencio del amanecer en la Gran Manzana. La mayoría de los que despertaron abruptamente con el corazón encogido y la memoria de las Torres Gemelas ardiendo se asomaron a la ventana en busca de esa columna de humo y no se quedaron tranquilos hasta que encendieron los televisores. Nada dramático había ocurrido, pero la tensión se cortaba a cuchillo. El vicepresidente Joe Biden había aterrizado cerca de la Zona Cero, los manifestantes a favor y en contra de la mezquita se apostaban en las inmediaciones, la Policía fuertemente armada custodiaba el área, los perros olfateaban a los pasajeros en el metro.

El noveno aniversario del 11-S parecía destinado a pasar sin pena ni gloria hasta que la islamofobia truncó la memoria de los 3.000 muertos que dejasen los atentados, muchos de ellos convertidos en polvo bajo las ruinas. La expansión de una mezquita moderada, que se ha alojado en el Bajo Manhattan durante décadas, a un edificio a dos manzanas de la Zona Cero prendió la chispa de muchas personas que casi una década después ven a todos los musulmanes como sus enemigos. Por el camino, oportunistas como el reverendo Terry Jones, que hace un año ya vendía camisetas con la leyenda 'El islam es malévolo', encontraron en este río revuelto un pedestal para sus 15 minutos de fama.

Jones afirmó ayer, por fin categóricamente, que nunca cumplirá su amenaza de quemar el Corán. El reverendo de Gainsville (Florida) se comparó con el profeta Abraham al que Dios le pidió «que hiciera algo loco» como sacrificar a su hijo pero detuvo su mano en el último momento. «Nosotros también fuimos obedientes, ahora Dios nos está diciendo que paremos. Esto ha abierto la puerta para hablar con el imán (de la mezquita de la Zona Cero Feisal Abdul Rauf) porque tenemos una base en común: la mayoría de los estadounidenses no quiere una mezquita cerca de la Zona Cero y la mayoría de los musulmanes no quiere que quememos el Corán».

Jones, que no tenía cita alguna, decía esto en los estudios de la NBC, donde todavía disfrutaba de la atención pública, satisfecho de haber cumplido su misión divina. «Cuando empezamos esto una de nuestras intenciones era mostrar al mundo que hay elementos del islam que son muy radicales, y creo que definitivamente hemos cumplido esa misión, porque a pesar de que no hemos quemado ni un solo Corán hemos recibido más de cien amenazas de muerte que siempre pesarán sobre nosotros».

No hacía falta provocar la ira de todos los musulmanes para demostrar que en su mundo hay extremistas. Cualquier familiar de las víctimas del 11-S que ayer escuchaba la tradicional lectura de sus nombres en la tumba de las Torres Gemelas podía dar fe de esa brutalidad.

El reverendo había dejado atrás en su Iglesia de la Paloma de Alcance Mundial un nuevo centro de peregrinación al que seguían llegando fanáticos de todo el país con las causas más variopintas, como un ex marine vestido de camuflaje que ondeaba una bandera estadounidense frente a las cámaras mientras demandaba una disculpa de los musulmanes por el atentado de 1983 contra un destacamento en Beirut.

Jones prefirió montarse en un avión a Nueva York con la esperanza de que le recibiera el imán Rauf, pero quien le esperaba a pie de avión era la policía. «Hemos tenido una extensa conversación con él», admitió el comisionado de Policía Ray Kelly. «Le hemos dejado claro que le pisaremos los talones y sabremos dónde está en todo momento».

Guerra contra el terrorismo
Su presencia entre los muchos radicales del país que se concentraron ayer en Nueva York este 11-S era testimonio de que el tiempo, las guerras y el renacer de la extrema derecha, incapaz de aceptar a un presidente negro, han logrado lo que los terroristas no pudieron, enfrentar a los estadounidenses unos contra otros. «Hace nueve años esos atentados nos mostraron la peor cara de nuestros enemigos y la mejor de nuestro país», dijo Laura Bush, evocando la compasión y la unión con la que reaccionó su pueblo. Lo sabía bien, porque ella estaba entonces en la Casa Blanca cuando su marido repitió hasta la saciedad que no estaban en guerra contra el islam sino contra los terroristas.

La ex primera dama salió de su retiro para acompañar a Michelle Obama en un acto conjunto en conmemoración de las 40 víctimas del vuelo 93 de United Airlines que en lugar de la Casa Blanca se estrelló en Shanksville (Pensilvania) gracias a la heroicidad de sus pasajeros.

Barack Obama se quedó en la ceremonia del Pentágono para no exaltar más los ánimos en la Zona Cero, donde le representó el vicepresidente y su esposa. «En este día recordamos nuestros momentos más oscuros y convocamos nuestro sentido de unidad y propósito común», exhortó el presidente en su mensaje radial al país. «Si hay alguna lección que extraer de este aniversario es que somos una sola nación, un solo pueblo, unido no por el duelo sino por los ideales comunes». Esos valores de igualdad y tolerancia que por primera vez desde los atentados peligran en EE UU bajo el péndulo de la islamofobia.

Zapatero dio casi 300.000 euros para manifestaciones palestinas en 2009
 www.gaceta.es 12 Septiembre 2010

Zapatero dio 284.620 euros para manifestaciones palestinas en 2009. La organización subvencionada Nova forma a activistas árabes en prácticas como la desobediencia civil. Actúa en las áreas de Irak, Siria y los Territorios Palestinos.

El Ministerio de Asuntos Exteriores, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), destinó 284.620 euros en 2009 a la organización no gubernamental Nova, Centre per la Innovació Social (NCIS). Según la propia organización, el objetivo del proyecto, titulado Promoviendo la seguridad humana en Oriente Medio: fortaleciendo la alternativa no violenta, es mostrar a los pueblos de Oriente Medio cómo llevar a cabo “una acción resuelta y constante, sin violencia, que se mantiene hasta conseguir un objetivo justo y viable” La organización imparte su formación a jóvenes “dispuestos a dar la vida por su país, por su causa, pero que no saben que dar la vida no es quitarla a otro”.

El proyecto beneficiado con esta cantidad lleva por nombre Promoviendo la seguridad humana en Oriente Medio: fortaleciendo la alternativa no violenta, y fue ejecutado entre agosto y octubre de 2009.

Según detalla la página web de la organización, el objetivo del programa es mostrar a los pueblos de Oriente Medio cómo llevar a cabo “una acción resuelta y constante, sin violencia, que se mantiene hasta conseguir un objetivo justo y viable”.

La formación ofrecida por la ONG se imparte en España, Irak, Israel, Jordania, Líbano, Siria y Palestina, y los alumnos que asisten pertenecen a diversos grupos sociales, entre los que se incluyen “jóvenes que están dispuestos a dar la vida por su país, por su causa, pero que no saben que dar la vida no es quitarla a otro”.

Para que los ciudadanos árabes sean formados en la reivindicación pacífica de sus demandas, NCIS emplea a maestros y a la miríada de organizaciones que conforman la Red de No-Violencia de los Países Árabes.
Dignidad

NCIS señala en la descripción del proyecto que “hay que mostrar que el respeto a la dignidad y al valor como ser humano, así como la protección de los derechos y libertades fundamentales, es compatible con la lucha por una causa justa”.

Sin embargo, cabe destacar que entre las distintas estrategias de la no-violencia propugnadas, las más destacadas son las manifestaciones populares frente a Ejércitos regulares y acometer, sin armas, acciones que favorezcan la causa o los intereses políticos por los que se lucha. El ejemplo más reciente de la puesta en práctica de este tipo de estrategias fue la organización de la flotilla internacional que, de la mano de varias ONG, llevaba ayuda a Gaza.

Al cierre de esta edición, ni la Aecid ni NCIS habían respondido a los reiterados requerimientos de LA GACETA solicitando información acerca de si en las manifestaciones que subvencionan se intenta deslegitimizar al Estado de Israel o si provoca alguna desestabilización en la zona.

Desde que Rodríguez Zapatero llegó a la presidencia del país en el año 2004, España ha incrementado fuertemente sus donaciones a los Territorios Palestinos, tanto a la zona controlada por Al Fatah como a la dirigida por la organización terrorista Hamás.

Así, en el año 2004, el Gobierno entregó la suma de 19.694.974 euros, y en 2008 la cifra anual había sobrepasado los 90 millones de euros. En total, en sólo cuatro años, las ayudas ascendieron a más de 190 millones de euros.

Con estas donaciones, España se ha convertido en el segundo mayor contribuyente dentro de la Unión Europea a favor del pueblo palestino.

Anders Fogh Rasmussen
«La derrota no es una opción. Los talibanes no volverán jamás»
El dirigente de la Alianza Atlántica hace un llamamiento al Gobierno de Zapatero: «A España le pido lo mismo que a todos los aliados, que envíe más recursos para nuestra misión de entrenamiento»
ENRIQUE SERBETO / MADRID ABC 12 Septiembre 2010

Después de siete años como primer ministro danés, el conservador Anders Fogh Rasmussen —53 años— lleva desde hace poco más de un año las riendas de la Alianza Atlántica en un momento crucial de la guerra de Afganistán. El viernes visitó oficialmente España, un país donde sabe perfectamente que el Gobierno y sus representantes insisten en negarse a mencionar la palabra «guerra» para referirse a Afganistán.

En Madrid reiteró el mensaje de que la única salida es llegar a una situación en la que los propios afganos puedan hacerse cargo de su propia seguridad e impedir que el país vuelva a ser una guarida de terroristas. Ante el anuncio de que Estados Unidos quiere empezar a retirar soldados el año que viene, Rasmussen insiste en que son «planes con objetivos, no calendarios»; y que, en todo caso, la OTAN no abandonará el país sin haber cumplido su misión: «La derrota de la Alianza no es una opción. Nosotros venceremos y los talibanes no volverán jamás a tomar el poder por la fuerza en Afganistán».

Sus palabras suenan con un énfasis especial, sobre todo cuando se tiene en cuenta que se pronuncian apenas horas después de que el principal dirigente conocido de los talibanes, el llamado mulá Omar, dijera que están cerca de la victoria y que pronto volverán a convertir a Afganistán. —¿Tan mala es la situación?
—Eso refleja lo desesperados que están ahora. Nosotros hacemos progresos en todo el país, tenemos la estrategia correcta, las fuerzas necesarias, avanzamos sobre el terreno. Al Qaida no tiene ya refugios seguros en todo Afganistán, están siendo presionados en todas partes, especialmente en sus puntos fuertes como la provincia de Helmand y en Kandahar. Es decir, los talibanes pueden poner bombas, asesinar, aterrorizar, pero no pueden ganar.

—¿No cree que ha sido un error anunciar anticipadamente el comienzo de la retirada para el año que viene y que por eso los talibanes están crecidos?
—Esa es exactamente la principal confusión. No nos vamos a retirar de Afganistán el año que viene. Lo que haremos es empezar un proceso gradual para entregar la responsabilidad del mantenimiento de la seguridad a los afganos, cuando las condiciones lo permitan. Eso es lo que empezará el año que viene. Es decir, asumimos los planes del presidente Hamid Karzai para que sean las fuerzas de seguridad afganas las que hayan tomado las riendas en todo el país para finales de 2014. Esa es nuestra hoja de ruta: empezar la transferencia a mediados del año que viene y completarla a finales de 2014. Pero eso es un objetivo, el ritmo de la transición va a depender del progreso sobre el terreno. Es un proceso condicionado, no es un calendario. Por eso quiero dejar claro que no abandonaremos Afganistán hasta que las fuerzas de seguridad afganas sean realmente capaces de tomar esa responsabilidad. No nos iremos hasta que estén listos para asumir esa misión. Es un error creer que los talibanes no tienen más que esperar a que nos vayamos. Hay un famoso dicho según el cual «nosotros tenemos el reloj y ellos tienen el tiempo». Pero no es verdad porque nosotros vamos a entrenar y educar a 300.000 soldados y policías afganos, que viven en Afganistán y que se van a quedar en Afganistán, y que van a encargarse de combatir si es necesario. Así que si los talibanes piensan que solo tienen que esperar a que nos vayamos se están equivocando, porque nuestro objetivo es irnos cuando los afganos sean los que controlen su propia casa.

—Tendría que aceptar cierto escepticismo sobre la capacidad de los afganos para cumplir este objetivo, teniendo en cuenta que la mayoría de los soldados son analfabetos y su lealtad puede ponerse en duda, después de lo que pasó con el asesinato de los dos guardias civiles y el traductor españoles.
—Déjeme que le exprese mis condolencias a las familias de los fallecidos. Es una tragedia, pero afortunadamente se trata de un acontecimiento extremadamente inusual. Tenemos un grado de cooperación excelente con los afganos que se entrenan para formar parte de sus fuerzas de seguridad. Y entre ellos hay buenos combatientes. Pero es cierto que necesitamos avanzar en el entrenamiento, necesitamos mejorar la calidad de las fuerzas de seguridad afganas. Por esa razón estoy pidiendo a todos los aliados que aumenten su contribución en la misión de formación de los soldados y policías afganos.

—¿También le pide a España que aumente esa contribución?
—A España le pido lo mismo que a todos los aliados, que envíe más recursos para nuestra misión de entrenamiento. En particular quisiera decir que la Guardia Civil es un cuerpo con unas excelentes cualidades que puede contribuir, como ya lo está haciendo, a entrenar y educar a la Policía afgana, un campo en el que las necesidades que tenemos son muy acuciantes.

—Por cierto, una misión similar de la OTAN en Irak espera también Guardias Civiles españoles.
—Sí, también necesitamos aumentar la capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes.

—Volviendo a Afganistán, ¿cree que el presidente Hamid Karzai es la persona adecuada para llevar a cabo el proyecto de crear un Afganistán estable con cierto barniz democrático?
—Consideramos a Karzai un buen socio. Es el presidente elegido, tratamos con él y en la conferencia sobre Afganistán de Londres en enero asumió fuertes compromisos, que repitió en la de Kabul, sobre la necesidad de mejorar la lucha contra la corrupción y el tráfico de drogas. Son aspectos muy importantes porque creemos que no hay una solución exclusivamente militar, sino que necesitamos estabilidad y desarrollo para el país. En Afganistán estamos para garantizar nuestra propia seguridad, pero debemos darnos cuenta de que si queremos evitar que se convierta en un nuevo refugio de terroristas debemos mejorar la gobernanza, reforzar las instituciones y en general proporcionar al pueblo afgano una vida mejor.

—Cuando dice que no hay una solución exclusivamente militar ¿significa también negociar con los talibanes, como sugiere Karzai? ¿Cree que eso es bueno para el prestigio de la alianza militar más poderosa del mundo?
—No sacrificaremos los principios esenciales, pero tiene sentido intentar una solución política. Sin embargo, debo decir que los talibanes no aceptarán la oferta de reconciliación a no ser que comprendan que no hay ninguna posibilidad de que ganen militarmente. Es decir, no hay alternativas a la continuación de la actividad militar. Apoyamos al presidente Karzai en sus esfuerzos de encontrar una solución política si esa solución política puede existir bajo ciertas condiciones. Algunas de esas condiciones son que los grupos o los individuos que se acojan a esa política de reconciliación deben dejar las armas y comprometerse a respetar a las autoridades electas, los derechos humanos básicos, incluidos los derechos de las mujeres, y abandonar todo contacto con los terroristas. Con tal de que esas condiciones se den, creo que vale la pena intentarlo; aunque insisto en que no creo que funcione si el Gobierno afgano no puede negociar desde una posición de fuerza.

—La revista «Time» publicó una estremecedora imagen de una chica con la nariz cortada por los talibanes como escarmiento. ¿Puede negociarse con esa gente, aunque digan que respetarán las reglas?
—Esa foto ilustraba perfectamente la brutalidad de nuestro enemigo. Esa foto refleja la necesidad de reforzar la lucha contra esas fuerzas que demuestran tal brutalidad e inhumanidad. Es obvio que debemos seguir comprometidos con Afganistán para seguir con nuestra misión e impedir que los talibanes vuelvan

—¿Cuánto daño ha hecho la revelación masiva de material secreto en internet?
—Publicar documentos confidenciales compromete la seguridad no sólo de nuestras fuerzas en Afganistán, sino también la de muchos ciudadanos afganos que han cooperado con el Gobierno y las fuerzas internacionales.

—Esos documentos revelaban que Pakistán no está colaborando como suponen los aliados.
—Recientemente hemos visto actuar a los militares paquistaníes contra los extremistas en la frontera, y eso nos parece bien, porque para resolver los problemas en Afganistán necesitamos un compromiso constructivo en Pakistán. Por eso pedimos al Gobierno y a los militares paquistaníes que continúen con esa determinación contra el terrorismo en la frontera, porque los terroristas la atraviesan —lo sabemos— y constituyen una amenaza para nuestras tropas y para los afganos. Durante mis conversaciones con las autoridades paquistaníes les he pedido que refuercen y que vayan más allá en sus operaciones contra los terroristas.

—¿Cree que debemos decir claramente a los ciudadanos que en Afganistán hay una guerra?
—En Afganistán no estamos para hacer la guerra, sino para proteger a los afganos contra los terroristas y, naturalmente, para protegernos a nosotros mismos. En dos tercios del país no hay prácticamente combates. Es verdad que hay combates en el sur y en el este, pero es inevitable, porque hemos enviado más tropas, lo que significa más combates. Estamos entrando en los feudos de los talibanes y por eso vemos tantos combates ahora, pero eso es parte de nuestra estrategia: limpiar el área para que los afganos puedan tomar el control.

—¿Que pasaría si la OTAN se retira sin asegurar el control de los afganos?
—Eso no pasará. La derrota no es una opción, nosotros venceremos. Los talibanes nunca vencerán ni volverán a tomar el poder por la fuerza. Jamás dejaremos que Al Qaida tenga un refugio en Afganistán. Nos quedaremos el tiempo que haga falta para completar el trabajo.

—No estoy seguro de que la actual administración norteamericana piense lo mismo, más bien lanzan el mensaje de que la prioridad es el repliegue.
—Esta semana tuve una reunión con el presidente Obama y estuvimos de acuerdo en que debemos completar nuestra misión igual que debemos empezar el proceso de transferencia gradual de la responsabilidad a los afganos. Espero que la cumbre de la OTAN en noviembre pueda anunciar el comienzo de este proceso. Pero, como le dije, se han de cumplir las condiciones porque la transferencia de la responsabilidad a los afganos ha de ser irreversible. No podemos ponernos en una situación en la que entreguemos el testigo y tengamos que volver después.

«Nada que ver con las caricaturas de Mahoma»
—¿Qué opinión le merece el incidente que se ha desencadenado por la amenaza de quemar públicamente ejemplares del Corán en Florida?
—Condeno firmemente estos planes insensatos. Es un acto irrespetuoso. Nosotros debemos respetar las creencias de los demás. Me complace que aparentemente se hayan aparcado estos planes, al menos de momento, porque hay un riesgo evidente de que tales actos puedan comprometer la seguridad de nuestras tropas en Afganistán y en general pueden hacer nuestro trabajo en aquel país mucho más complicado. Actos como quemar el Corán o cualquier otro libro sagrado están en contradicción con los valores en los que basamos nuestra sociedades.

—Parece que uno de los asuntos que ha marcado el noveno aniversario del atentado terrorista del 11-S es el debate sobre la conveniencia de construir una mezquita junto a la Zona Cero de Nueva York. ¿A usted que le parece este asunto en particular?
—No puedo interferir en este debate interno estadounidense. Son las autoridades de Estados Unidos y las de la ciudad de Nueva York las que deben decidir. Creo que proteger y preservar la libertad y la tolerancia religiosa es uno de los elementos básicos de nuestras democracias. Dicho eso, prefiero dejar a la sociedad norteamericana que decida la mejor manera de aplicar en la práctica estos principios por lo que se refiere a la construcción de mezquitas o de otros símbolos religiosos. Tienen mucha experiencia y creo que son perfectamente capaces de encontrar una solución.

—¿No le recuerda esto su experiencia como primer ministro danés durante la grave crisis de las caricaturas de Mahoma?
—No, en realidad no veo ninguna similitud. Para nada.

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Una sola salida
EDITORIAL El Correo 12 Septiembre 2010

La única manera de que la izquierda abertzale logre regresar a la legalidad es romper con ETA

La semana que ha transcurrido desde que ETA difundió su comunicado, informando de su decisión de suspender las «acciones armadas ofensivas», ha venido a confirmar hasta qué punto la ciudadanía vasca contempla los quiebros que la banda terrorista realiza para zafarse de un final inexorable de su poder de coacción y chantaje con la certeza de que se trata de un tema amortizado. Algo parecido ocurre en el ámbito de la política. Ni la persistencia de la amenaza terrorista ni las elucubraciones sobre el cuándo y el cómo de su desaparición constituyen factores de especulación partidaria y mucho menos de división entre las formaciones democráticas. La radical negativa a conceder el más mínimo triunfo al terrorismo a cambio del abandono de las armas ha acabado con los perversos efectos que la extorsión moral de la violencia generaba en tantas conciencias y conductas políticas. Pero el paulatino debilitamiento de ETA no está dando lugar a que la izquierda abertzale se libere de sus ataduras, sencillamente porque aún prefiere dejarse llevar por el destino que el Estado de Derecho le depara a la banda que cortar con ella o plantarse ante su obstinación fáctica.

Resulta increíble que todavía a estas alturas la izquierda abertzale continúe sacudiéndose sus responsabilidades con la hipocresía de enarbolar «todos los derechos para todas las personas», tratando de que sean los demás -la sociedad y las instituciones democráticas- los que ofrezcan concesiones suficientes como para contentar a ETA. Mientras tanto, el declive de la banda terrorista va debilitando a una izquierda abertzale fuera de la ley, sin que ésta pueda pretender que el conjunto de las formaciones que se sientan en el Parlamento se apiaden de su infausta suerte. La Audiencia Nacional volvió a demostrar ayer que la única manera que la izquierda abertzale tiene de asegurarse una presencia legal en la vida pública es cumplir estrictamente los requisitos de la Ley de Partidos, por lo que no podrá continuar burlando las reglas de juego de la democracia. Si por sus ataduras con la inercia terrorista los herederos de Batasuna pretenden lanzar un enésimo desafío al Estado de Derecho bajo la sombra del chantaje etarra, ya saben lo que les espera: continuar fuera de la ley y de las elecciones.

El País patrocina una ilegalidad para que ETA vaya a las elecciones.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 12 Septiembre 2010

El País predica en su gran homilía editorial dominical sobre el viejo proceso de santificación de ETA – Batasuna, aunque hoy no habla mucho sobre la beatificación de la ETA a secas. El mensaje es el de siempre, ETA – Batasuna ya no es ETA y podrá concurrir a las elecciones si demuestran ser buenos chicos y para demostrarlo aparece hoy una nueva condición que se añade a las dos explicitadas decenas de veces por Rubalcaba, estas dos son que ETA (Batasuna) deje de ser ETA y abjure de la violencia y que ETA (Batasuna) consiga que ETA deje la violencia. La nueva condición es que ETA (Batasuna) renuncie a sacar ventaja política en las negociaciones con ETA.

En su editorial titulado “La frontera de Batasuna”, ya da por hecho el que Batasuna ha cumplido las dos condiciones Rubalcaba, dice respecto a la tregua paripé de ETA que “.. si bien es una novedad que el anuncio sea consecuencia de la presión de Batasuna” y de forma implícita debe quedar claro que si Batasuna ha conseguido que ETA abandone la violencia será porque la propia Batasuna no ampara la violencia.

El País, ZP y sus mesnaderos saben que el Tribunal Supremo sentenció que Batasuna no es otra cosa que la propia ETA, pero para que nos olvidemos de eso no dudan en llamar simplista al Tribunal Supremo y a todos los que asumimos que Batasuna era, es, y será ETA, y eso lo dice al escribir que “Desde una perspectiva política, el momento exige ir más allá de simplismos como que "ETA controla todo lo que hace Batasuna", o que "todo es ETA"”. Hoy somos simplistas quienes sostenemos que ETA es ETA, mañana seremos crispadores y pasado saboteadores de la paz.

Pero claro, no colaría el que ETA se presentase a las elecciones así, de esta manera tan burda, hay que adornar el asunto, para ello nos quieren dejar claro que la política antiterrorista de ZP ni ha cambiado ni la de Rubalcaba cambiará porque ellos van a por ETA y les es insuficiente la tregua de ETA. No obstante entre tanto frenesí combativo contra la ETA no olvidan hacer algo que en los viejos tiempos ya recomendó Zapatero a ETA, que funden un nuevo partido, con nuevas siglas y nuevos estatutos y adelante.

El País, ZP y sus mesnaderos saben que el artículo 12, apartado b de la Ley Orgánica de Partidos Políticos establece:

“Los actos ejecutados en fraude de ley o con abuso de personalidad jurídica no impedirán la debida aplicación de ésta. Se presumirá fraudulenta y no procederá la creación de un nuevo partido político o la utilización de otro ya inscrito en el Registro que continúe o suceda la actividad de un partido declarado ilegal y disuelto”.

Queda claro que es ilegal de toda ilegalidad el que ETA – Batasuna cree otro partido o intente colarse en las listas de uno existente, pero para El País, para ZP y para sus mesnaderos la ley sirve mientras sirve y cuando deja de servir hay que saltársela y por eso dejan escrita esta llamada a cometer una ilegalidad flagrante:

“Esa renuncia marca la frontera a partir de la cual podría Batasuna (con otras siglas y otros estatutos) recuperar la legalidad.”

En la hoja de ruta de Zapatero al infierno figura en grandes letras que ley jamás será un obstáculo para sus designios y ahí les tienen, proponiendo ilegalidades para favorecer con la boca grande la presencia política de ETA mientras con la boca chica andan alardeando de que van a acabar con la ETA toda.

Un precio excesivo
«Las lentejas saciaron por un momento a Esaú, a cambio de quedar reducido a una subordinación irreversible. Algo parecido puede suceder en Euskadi si Zapatero no mide bien el alcance del respaldo del PNV a los Presupuestos»
ANTONIO ELORZA El Correo 12 Septiembre 2010

CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE

El episodio bíblico es de sobra conocido. Desde su nacimiento, Jacob aspiraba a la primogenitura que correspondía a su hermano gemelo Esaú, hasta que un día, acuciado éste por un desfallecimiento al regresar de la caza, aceptó vendérsela a cambio de un plato de guiso rojo. El orden natural de la herencia quedó así dispuesto para una alteración definitiva, que Jacob logró mediante el engaño al recibir la bendición de su anciano padre y con ello el derecho a ejercer sin disputa el dominio sobre la tierra y sobre su propio hermano.

Al modo de los viejos cuentos, el relato contenido en el Génesis ofrece una enseñanza inequívoca: cualquiera que sea la urgencia a la hora de atender una necesidad, conviene medir las consecuencias de una solución a corto plazo que pueda comprometer seriamente el futuro. Las lentejas saciaron por un momento el hambre de Esaú, a cambio de quedar reducido a una subordinación irreversible.

Algo parecido puede suceder en Euskadi si el presidente Zapatero no mide bien el alcance que para el futuro vasco puede tener el respaldo del PNV para la votación de los Presupuestos, sin medir el precio abonado por ello. De entrada, resulta lógico que los nacionalistas planteen el pago en oro de cada uno de sus votos, habida cuenta de la elevada utilidad marginal de los mismos, no sólo para la aprobación de los Presupuestos, sino para su consecuencia natural, la supervivencia del Gobierno Zapatero. Es un juego donde el PNV intentará maximizar sus ganancias, ya que si el presidente no toma en consideración otros elementos de juicio, se encuentra por entero a su merced. El antecedente de los Presupuestos de 2009 ya fue suficientemente explícito, y sirve para mostrar que las alarmas de hoy no sólo son el producto de la histeria reinante en la madrileña calle Génova. Sobre todo porque el precio pagado entonces, la suspensión por un año de la transferencia de las políticas activas de empleo, por encima de los intereses del Gobierno López, tuvo lugar a espaldas de la opinión, de manera que en la coyuntura actual no sólo es de temer la entidad de las concesiones hechas públicas, sino la adicional de aquéllas que tengan lugar en forma de acuerdos secretos. La forma habitual de hacer política por parte de Zapatero no sirve precisamente para inspirar confianza.

De momento, ya es conocido un éxito indiscutible del PNV: la transferencia de las políticas activas de empleo, bloqueada por su voluntad y signo de su permanente hegemonía en Euskadi, no sólo tendría lugar ahora, sino con una contrapartida económica en un 50% como mínimo superior a la cantidad previamente pactada por el Gobierno López. La coartada de que éste será el encargado de firmarlas -¡no iba a hacerlo el PNV en Sabin Etxea!- sirve sólo para destacar la subalternidad del Gobierno socialista en ejercicio. La baza electoral para 2011 es de peso: nada importa que haya un Gobierno vasco formalmente socialista, entregado a Madrid y dispuesto a vender los intereses vascos con pérdidas que sólo el patriotismo y la eficacia del PNV son capaces de subsanar. Incluso sin ocupar la Lehendakaritza, de la cual fueron desposeídos con «trampas» (Erkoreka dixit), el PNV dirige Euskadi. Los electores tomarán nota de ello.

La prioridad de Zapatero queda de este modo definida en lo esencial, con el PNV como interlocutor preferente, y llevada al extremo supone pasar por encima de sus correligionarios vascos, reducidos al papel de convidados de piedra. De momento, ¿qué pueden hacer sino esperar acontecimientos, lo mismo que los leales populares vascos, hacia quienes el político leonés nunca ha tenido siquiera una palabra de reconocimiento? Como en la letra del 'Beotibar'co zelaya', que sin duda desconoce, Zapatero puede pensar que las aguas volverán a su cauce cuando sea restaurada la alianza tradicional PNV-PSOE dominada por el primero. Cuanto está ocurriendo en Euskadi respecto a normalización de la vida política y social, más allá del tema ETA, debe resultar secundario.

Lo más grave en cuanto a concesiones posibles está por conocer, si bien la posición de fuerza nacionalista y sus exigencias ya manifestadas proporcionan indicios suficientes. Pensemos en el tema de la unidad de caja de la Seguridad Social, blindada por el Tribunal Constitucional, pero Erkoreka ya ha apuntado la vía para saltar la cerradura: socavarla sin una puesta en cuestión frontal, acudiendo a la normativa autonómica vigente. Recordemos que el artículo 18 2.b del Estatuto de 1979 asigna al Gobierno vasco «la gestión del régimen económico de la Seguridad Social». Así que el PNV sólo propone el puro e ingenuo cumplimiento del Estatuto: lo esencial es alcanzar los fines propuestos. Una vía de solución muy del gusto de Zapatero.

Y está la pretensión de que no haya más 'trampas': en las elecciones de 2011 las presidencias y las alcaldías deberán ir, según el PNV, a la lista más votada, con lo cual los nacionalistas se llevan la parte del león y evitan pérdidas casi seguras. Nada importa que la legislación vigente autorice las alianzas poselectorales, como es habitual en las democracias pluralistas, y que sin duda el PSOE esté dispuesto a utilizarlas, si ello es posible, para desplazar legítimamente al PP de administraciones tales como el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Y tal compromiso puede quedar muy bien en la sombra hasta que llegue el momento de su puesta en práctica.

Lo que está en juego con el contenido del pacto ZP-PNV no es, pues, únicamente la aprobación de los Presupuestos, sino el futuro de una democracia vasca que, con todas las limitaciones de la gestión actual, iba consolidándose tras los años de plomo etarras y el monopolio político ejercido de forma patrimonial por el PNV. Vale la pena que el presidente Zapatero piense en lo que supondría la ruina de la actual experiencia política en Euskadi, y no sólo en su supervivencia, eso sin olvidar que la misma responde asimismo al interés del PNV.

Una Diada a la expectativa
Editorial www.gaceta.es 12 Septiembre 2010

La celebración de la Diada ha sido un anuncio de que ya nada volverá a ser como antes.

La celebración de la Diada catalana es siempre uno de los acontecimientos que condicionan el inicio del curso político en España. Este año, la fiesta ha transcurrido con una cierta calma, lejos de los espectáculos agresivos de otros momentos. Todas las fuerzas políticas catalanas están velando las armas para unas elecciones próximas y, como si quisieran una larga jornada de reflexión, han alejado a los espectadores del centro de la celebración, seguramente para evitar que los aplausos y vítores a los políticos que mandan en Cataluña impidieran la necesaria serenidad y reflexión en una fecha tan memorable. La ausencia de PP y de Ciudadanos ha ayudado a conservar la calma de los exaltados, pero también pudiera ser que Montilla hubiese calculado que resultaba esencial evitar que el riesgo de ser vapuleado por los abucheos de los descontentos le pusiera en un brete.

En resumen, una Diada tranquila, con las espadas en alto, y sin esos sobresaltos que desgraciadamente son más corrientes de lo que debieran en las tierras catalanas, y muy especialmente en Barcelona. La crisis económica ha estado menos presente que en la celebración de 2009, aunque los líderes sindicales han aprovechado la ocasión para hacer propaganda de la extravagante huelga general del 29 de septiembre. Cada uno ha ido a lo suyo: el tripartito ha pensado que habría que conformarse con no salir en los periódicos a causa de algún desbordamiento. Y, sin embargo, el carácter especial de esta Diada de 2010, una celebración que siempre tiene una trascendencia que sobrepasa a lo puramente catalán, viene a poner de manifiesto que la situación política está en plena descomposición, no sólo en Cataluña.

La convocatoria de elecciones ha abierto la carrera hacia el poder de los aspirantes, y el intento desesperado e incoherente de los del tripartito por encontrar alguna fórmula mágica que les permitiese mantenerse en el Gobierno. El tripartito ha sido todo un ejemplo de desgobierno y ha conseguido transmitir su desunión y su desconcierto al elemento más sólido de esa coalición oportunista y de circunstancias: el PSC, antes una roca, está sufriendo las consecuencias de su ambigüedad y se debate entre corrientes que no está claro puedan subsistir unidas. Las ausencias de Castells y Maragall, dos conspicuos representantes del socialismo más catalanista, permiten preguntarse si van a intentar alguna clase de aventura por su cuenta, lo que no habría que descartar, porque si algo abunda en el panorama catalán es una variopinta diversidad de iniciativas, especialmente en el sector más proclive al independentismo.

Montilla parece querer seguir con las dos velas encendidas, al dios catalán y al diablo españolista, pero en un tono menos catalanista que el empleado en estos últimos meses. La vuelta de Corbacho parece un signo dirigido a los electores menos entusiasmados con el catalanismo impostado de los socialistas, pero los hábitos acaban creando una segunda naturaleza, y al propio Corbacho se le ha escapado alguna que otra expresión más apropiada en un independentista que en un socialista catalán que es miembro del Gobierno español. La mezcla equívoca y oportunista de un político españolista los lunes, miércoles y viernes, y más catalanista que nadie el resto de la semana parece haber agotado todas sus oportunidades tras el aquelarre posterior a la aprobación del Estatuto y, más aún, tras la sentencia del Tribunal Constitucional. Nadie prevé una victoria del PSC, pero los gladiadores del partido están empeñados en disminuir cuanto se pueda el descalabro. Para complicarle más las cosas a los atribulados socialistas catalanes, no está clara la disposición de Zapatero a echarles una mano en condiciones. Zapatero está ahora intentando seducir al PNV, pero a partir del 28 de octubre tal vez tenga que entenderse con Mas, y no va a estar jeringándole, de manera que, del mismo modo que ha dicho de las primarias de Madrid, estará tentado a pensar que no se juega nada en Cataluña.

Tampoco Mas está en condiciones de hacer grandes alharacas ni de continuar con las bravatas que ha ido prodigando en estos años de oposición al tripartito. Su mayoría absoluta no está garantizada, y pueden empezar a agobiarle los recuerdos de su desprecio al PP, un partido con el que tendrá seguramente que contar si no quiere practicar un peligroso funambulismo que pudiere acabar con su carrera política en un plazo relativamente corto. CiU se nutre con votos conservadores, muy hartos de Montilla y de ERC, que no le perdonarían una pinza con la izquierda, pero también recibe votos que van al PP en las generales, y que podrían no asistirle si se descuida. Mas trata de parecer más cercano al PP, un acercamiento por interés, que son los más efectivos, pero esa estrategia es de una dificultad supina para él, aunque también para el PP.

Los líderes socialistas tienden a presentarse como garantes de la cohesión, la solidaridad y la unidad de España, aunque lo hacen, preferentemente, cuando sus electores no cuestionan esas ideas. Es claro que en Cataluña han destrozado todas las cautelas que debiera guardar un partido de Gobierno; al aliarse con independentistas, y al impulsar un Estatuto que el Tribunal Constitucional –incluso sometido a presiones tan insoportables como vergonzosas– no ha podido declarar conforme a la Constitución, se han puesto a sí mismos en una situación insostenible, en una posición política inexplicable, salvo si se piensa en que lo único que les importa es el mantenimiento en el poder. Puede que muchos electores sean más dogmáticos que sensibles a esas contradicciones, pero no hay duda de que otros les harán pagar un precio muy alto, en Cataluña y en toda España. Esto es lo que preocupa a Zapatero, que Cataluña, que fue su pértiga para ascender a La Moncloa, sea ahora la losa que lo entregue al olvido. Las elecciones catalanas marcarán el final de una etapa tan singular como inconsistente para Cataluña y para España y la Diada ha sido un anuncio de que ya nada volverá a ser como antes.

¿Un comunicado insuficiente?
Por la farsa de Batasuna, la política antiterrorista va a seguir siendo la misma, y reforzada
GERMÁN YANKE ABC 12 Septiembre 2010

Si el lenguaje no es neutral, que no lo es aunque a veces sea involuntario, llama la atención que la palabra con la que más frecuentemente se ha reaccionado al último comunicado de ETA haya sido «insuficiente». De Patxi López abajo, nos han repetido que es insuficiente y que no es lo que se esperaba. ¿Qué se esperaba entonces? O, más claramente, ¿es que se esperaba algo distinto a que nos enfrentamos a unos terroristas que quieren seguir siéndolo? No se trata de ser quisquilloso pero sorprende que sea el calificativo más repetido, incluso por las más altas magistraturas.

En el indignante comunicado, la banda justifica su larga historia de terror, considera que no vivimos en una democracia (pretende que un cínico diálogo nos lleve a unos «mínimos democráticos») y, tras la hipócrita y desvergonzada alusión a que hace meses decidió suspender las «acciones armadas ofensivas», sigue llamando a continuar «la lucha». Si esto es «insuficiente» la consecuencia es que el lenguaje se puede deslizar peligrosamente hacia la ruina moral porque no se resulta fácil averiguar qué pueda ser lo inaceptable y en qué ficción se basa la confianza absurda en que el fin del terrorismo depende de la banda, de que sean ETA y sus secuaces los que den pasos hacia lo que pueda ir pareciéndose a «suficiente».

Sorprendente es también que se insista en que el comunicado no da respuesta a las demandas de Batasuna como si, de pronto, la llamada izquierda abertzale (denominación contra la que deberían rebelarse los que se dicen de izquierda o abertzales) fuera algo distinto pero de algún modo atenazado, una organización ajena a la que, desgraciadamente, los terroristas no hacen caso. Sin embargo, no solamente la constatación del pasado sino lo ocurrido inmediatamente antes y después del insultante comunicado, subraya que Batasuna es un elemento de la banda que juega un indignante papel a su dictado. Si hay un debate interno sobre qué hacer con la violencia –porque otra cosa sería sencillamente abandonarla y condenarla- no es entre Batasuna y ETA sino entre personas concretas de ese entramado conjunto. Sobre el fin de sus objetivos totalitarios no hay, desde luego, ni atisbo de leve y lejana reflexión.

Más lógico habría sido que la reacción más común y repetida al inaceptable comunicado y a la farsa de Batasuna hubiera reiterado que, precisamente por ellos, la política antiterrorista va a seguir siendo, reforzada, la misma. Lo demás, hasta el desacertado lenguaje, es insuficiente.

Paradojas falsarias de Rubalcaba
Niega los contactos con ETA. Pilotó el ‘proceso de paz’ en 2006 cuando se produjo el chivatazo y asumió las decisiones de Zapatero sobre el ayuno de De Juana Chaos. Ahora niega con dureza cualquier tipo de negociación.
Alberto Lardiés. www.gaceta.es 12 Septiembre 2010

Las palabras del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, acerca de las negociaciones con ETA no son del todo fiables. Los hechos así lo atestiguan. El mejor ejemplo sucedió el 3 de enero de 2007. Aquel día, tres jornadas después de que la banda asesina reventase la Terminal 4 de Barajas con 300 kilos de dinamita, Rubalcaba, que había llegado en abril de 2006 al ministerio para pilotar la negociación, aseveró: “No hay diálogo, evidentemente el proceso de paz se ha roto, está acabado y está liquidado”. Pese a aquella afirmación solemne, el Gobierno siguió negociando con los criminales al menos hasta mayo de 2007 (o quizás más tiempo).
O bombas o votos
Hoy, como siempre, este químico de profesión se afana por demostrar lo indemostrable y salvar del naufragio las verdades que hacen aguas, como si jugase con probetas y líquidos inflamables.

Ahora niega con ferocidad que exista cualquier tipo de negociación, diálogo, contacto o puente entre el Ejecutivo del que forma parte y la banda terrorista. ¿Por qué en este caso, cuando la manida razón de Estado le asiste, iba a estar diciendo la verdad? Sin ir más lejos, el diario Gara, que, por motivos obvios, cuenta con las mejores fuentes posibles en ETA, publicó esta semana que Rubalcaba “mentía” cuando durante los últimos meses alertaba de atentados a sabiendas de que la banda asesina había decidido ya no atacar. Este mensaje de Rubalcaba a los llamados posibilistas de ETA-Batasuna es ya una costumbre. Sin ningún reparo, el ministro del Interior promete a la rama política de los terroristas, autodenominada como izquierda abertzale, que volverá a estar en las urnas –el gran deseo de los batasunos– si se desliga de ETA (extremo harto improbable) o si “convence a ETA de que lo deje”. Después de un comunicado ambiguo y tildado de “insuficiente” por muchos, todo apunta a que la banda apostará por otros manifiestos en los que aclarará su postura. ¿Le parecerá entonces suficiente al ministro?

No es casual que Zapatero confiase en Rubalcaba para su fallido proceso de paz. Para negociar con los terroristas hacía falta un hombre capaz de enredar y seducir al ciudadano para convencerle de un argumento y del contrario, en función de la necesidad del momento. Y Rubalcaba sabía batallar frente a la realidad defendiendo lo indefendible.

Ya lo había hecho en los noventa, cuando defendió como portavoz a un Ejecutivo, el último de Felipe González, rejoneado de muerte por la corrupción y los crímenes de Estado de los GAL. Y aún lo hace hoy, cuando se pone la capa y la espada en sede parlamentaria para negar su implicación en el repudiable chivatazo a ETA del bar Faisán, ocurrido en mayo de 2006, cuando él apenas llevaba unos días al mando de la Policía y la Guardia Civil.
“Salvar la vida”

El caso del chivatazo es uno de los bochornos con que Rubalcaba, antiguo secretario de Estado de Educación y forofo del Real Madrid, ha tenido que lidiar ante la opinión pública debido a la negociación con la banda asesina. Pero no es el único. Otro de los frentes más complicados de afrontar fue el chantaje al Estado del sanguinario etarra José Ignacio de Juana Chaos, con varias huelgas de hambre. Rubalcaba negó que hubiera “trato de favor” para el asesino. Y tuvo que asumir públicamente la decisión (que en el fondo era de Zapatero) de trasladar a un hospital de San Sebastián al reo. Con rictus más serio que nunca, salió ante los medios para abogar por salvar la vida a un asesino múltiple.

Algunas fuentes sostienen que, en el fondo, Rubalcaba no es partidario de negociar con los etarras. Pero donde manda patrón no manda marinero. Y Zapatero decidió que el camino para llegar a la paz era el diálogo. Si, como dicen esas fuentes que aseguran conocerle bien, Rubalcaba apuesta en realidad por la derrota de ETA, podría haber abandonado aquella pantomima negociadora. Hoy, algunos no descartan que el titular de Interior quizás no esté al tanto de todas las maniobras del PSE guipuzcoano que comanda Jesús Eguiguren, muñidor del proceso de paz. Las fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por LA GACETA sostienen que Rubalcaba conoce todos los detalles, aunque pueda no estar de acuerdo –como se ha visto públicamente– con algunas tesis del presidente del PSE.

No obstante, tras el anuncio de tregua por parte de ETA la pasada semana el escenario ha cambiado. Rubalcaba repite machaconamente que la política antiterrorista es la misma y desmiente que el anuncio de los asesinos sea fruto de una negociación previa. Ante la posibilidad de un “proceso democrático” auspiciado por los terroristas, apoyado por los mediadiores internacionales y similar a la pacificación en Irlanda del Norte, una de las principales claves está en las cárceles. Y ahí, el ministro lleva tiempo maniobrando.
Política de presos

“En la cárcel de Nanclares de Oca ya no hay etarras, todos los que están han pedido perdón a las víctimas”. Esta frase de Rubalcaba es una de las más sonadas que ha pronunciado últimamente. Y es que ya hace dos años que el ministro del Interior, prestidigitador abonado a tejemanejes y conspiraciones, puso en marcha una estrategia de premios y castigos a los reclusos de ETA y su entorno. Los etarras consiguen traslados a las cárceles colindantes o próximas al País Vasco. El precio que deben pagar es mostrar su alejamiento de los postulados de la banda asesina.

El Ejecutivo afirma querer “dividir y debilitar” a la banda utilizando a los reos. La lógica rubalcabiana apunta a que las deserciones de terroristas dañan al entramado y consiguen un efecto repetición, de forma que cada vez más etarras se desvinculan del terror.

La victoria en Afganistán
Editoriales ABC 12 Septiembre 2010
La determinación del secretario general de la OTAN al garantizar un resultado positivo de la misión afgana contrasta con la cicatería de algunos gobiernos aliados

LA guerra de Afganistán comenzó hace ahora nueve años en Nueva York y Washington, con un ataque terrorista dirigido contra los principios esenciales de la civilización occidental. Entonces, y por primera vez, la OTAN invocó el artículo 5 de su carta fundacional, al declarar que el ataque contra territorio norteamericano era un ataque contra todos los aliados, lo que puso en marcha su mayor operación militar en un territorio remoto y extremadamente complejo. Conviene recordar el origen de la misión militar de Afganistán, en la que también combaten soldados españoles —casi un centenar de ellos lo han pagado con su vida—, para comprender mejor las razones por las que sigue siendo necesario llevarla a cabo y poner todos los medios necesarios para garantizar que sea un éxito. Como bien afirma el secretario general de la OTAN en la entrevista que ABC publica hoy, «la derrota no es una opción». En efecto, la posibilidad de que la organización militar más poderosa de todos los tiempos no sea capaz de alcanzar sus objetivos en un país que figura entre los más pobres del mundo sería catastrófica para su reputación y tendría consecuencias incalculables.

Hasta ahora, el sacrificio de soldados de la OTAN y países aliados que combaten en Afganistán no ha sido inútil, puesto que los terroristas y extremistas islámicos no han podido seguir utilizando su territorio para preparar nuevos ataques contra las sociedades occidentales. Sin embargo, resulta lógico que los ciudadanos de los países democráticos se interroguen sobre las dificultades —aparentemente insalvables— de una guerra cuya salida no se vislumbra a corto plazo. La determinación del secretario general de la OTAN al garantizar un resultado positivo de la misión contrasta con la cicatería de algunos gobiernos aliados que, como el español, se niegan siquiera a llamar a una guerra por su nombre, o que retrasan o evitan aportar los medios que requiere el mando aliado, porque piensan más en los criterios de política interna a corto plazo que en sus obligaciones e intereses estratégicos. Los dirigentes aliados, impulsados por la actual administración norteamericana, anunciarán en la cumbre del próximo noviembre la puesta en marcha del plan para transferir a las fuerzas afganas la responsabilidad de la seguridad en su país. En efecto, la OTAN no tiene ambiciones de permanecer indefinidamente en Afganistán, pero todos los países implicados en esa guerra deben hacer un esfuerzo para garantizar que esa transferencia sea segura e irreversible.

Tercera
Vencer en Afganistán
«En el teatro afgano paquistaní hay un gran riesgo de que si no se gana la guerra se conviertan en estados fallidos gobernados por el poder talibán, afín al terrorismo global, y que acontecimientos luctuosos como los que hemos vivido en el pasado se repitan»
RICARDO MARTÍNEZ ISIDORO (GENERAL DE DIVISIÓN) ABC 12 Septiembre 2010

EN el recuerdo de los hechos luctuosos que nos han arrebatado a tres de los mejores hombres destacados en misión expedicionaria, es importante afirmar que su sacrificio, y el de tantos otros, no debe ser inútil, que ellos no estarían contentos si se renunciara a la presencia de las Fuerzas Armadas y de Seguridad del Estado en ese martirizado país, y que es posible, y debemos, vencer en Afganistán.

Asistimos a un peligroso juego en los países occidentales, y especialmente en España, sobre el criterio político de los conflictos en que participan las fuerzas expedicionarias españolas. Bien están los debates constructivos reglamentarios sobre política de defensa, en que cada partido representante de una parte de la población española expresa sus anhelos para mayor perfeccionamiento de la defensa de España, y sobre todo para reforzarla, pero no para debilitarla.

Nos encontramos inmersos en un nuevo tipo de guerra, muy diferente de la que ha predominado en los periodos anteriores, una guerra en la que el enemigo, ese que es capaz de asestarnos un golpe certero y producirnos cerca de 200 bajas e innumerables heridos (11-M), nos conoce perfectamente, sabe de nuestras contradicciones y diferencias sustanciales sobre las misiones de las Fuerzas Armadas en el exterior y lucha tanto para conseguir sus fines en la zona de operaciones como en las retaguardias de los países de la coalición internacional.

En este renovado modo de combatir, ahora llamado guerras asimétricas, guerras híbridas, guerras del débil contra el fuerte, etcétera, el enemigo no lucha por un terreno determinado, no pretende derrotar a las fuerzas convencionales que les oponemos, ni siquiera son objetivos fundamentales los éxitos tácticos coyunturales; el enemigo que tenemos enfrente está empeñado en una lucha por las percepciones, tanto de la población local, en Afganistán en este caso para separarla de su Gobierno, como en las sociedades occidentales, cuyas diferencias políticas irreconciliables al respecto son un campo abonado para la estrategia de la insurgencia, que trata de desmovilizar, vía opinión pública, el apoyo social y político a las operaciones militares. Pero aún hay más, estas discrepancias y la volatilidad de la percepción de la población propia ante atentados a gran escala pueden incluso cambiar gobiernos, por otros menos decididos a continuar la lucha sin restricciones de pensamiento político, aprovechando el litigio sobre cuestiones que no deben llevarse a la calle sino ser acordadas por el bien de la Defensa Nacional.

Sí, nuestros soldados están en una guerra, con ese nombre es conocida en los más prestigiosos ejércitos aliados la situación de las operaciones en Afganistán; el general McChrystal, y su sucesor en el mando de ISAF, el general Petraeus, no tienen el menor rubor en reconocerlo, aunque el mandato de Naciones Unidas para esta fuerza internacional corresponda a una operación de apoyo a la paz; como es obvio, esta organización internacional en su Carta no cita la palabra guerra ya que toda su actuación, incluso la más coercitiva, tiene como finalidad el restablecimiento de la paz y la seguridad internacionales; pero el enemigo, la insurgencia, practica una guerra sutil, encarnizada en sus fines y total en sus resultados.

Lo que sucede es que estamos en presencia de una guerra de contrainsurgencia, siendo esta una actividad compleja en la que se integran, bajo una dirección única, esfuerzos militares, políticos, económicos, sociales y otros, para hacer ineficaces las acciones de la insurgencia, que tratan de conseguir que la población de Afganistán sea afín a su lucha, para sustituir el gobierno elegido por otro de corte talibán favorable a que ese país sea un santuario a favor del terrorismo global yihadista, y esa guerra, distinta pero profunda y peligrosa en consecuencias, se está librando en muchas partes del mundo, algunas muy cercanas a los espacios estratégicos de España, como es el Sahel.

El mundo de la insurgencia, al que nos enfrentamos no solo en Afganistán, está leyendo el mensaje que a través de medios tecnológicos de última generación, como Internet; trasmite el centro de inspiración religioso intelectual radical que en este momento ocupa Al Qaeda, que posee por sí mismo una inestimable potencia de desestabilización, que no disminuirá si no se eliminan sus bases en estados fallidos o en espacios ingobernables, como lo puede ser otra vez Afganistán, o en Pakistán, donde la actitud oficial de hacer frente al islamismo radical es cuando menos ambigua; pero ya no es necesaria la presencia numerosa y combatiente de la cúpula de esta multinacional del terror en un teatro determinado, la contaminación ideológica ha prendido profundamente en las diferentes capas en que se ha desarrollado el germen del islamismo radical.

Por ello, hay que contemplar al enemigo en toda su dimensión de actuación horizontal, en sus franquicias en otros territorios sin gobierno, a través de algún líder yihadista trasladado a la zona, o a través de acuerdos específicos con grupos autóctonos que adquieren la marca de la siniestra central en teatros importantes; tal sería el caso de Al Qaeda de Irak, sensiblemente debilitada por su errada actuación y la acción norteamericana, y Al Qaeda del Magreb Islámico, con la que se acaba de producir un trueque cuyas consecuencias probablemente se pagarán en el futuro.

En otro nivel de vinculación ideológica se sitúan otro tipo de organizaciones que se encuentran incrustadas en el tejido poblacional de ciertos países, pero que tienen con Al Qaeda una gran afinidad, al estar bajo la égida del Frente Islámico para la Yihad contra Judíos y Cruzados, condición que reunirían con un mero juramento de fidelidad a Osama bin Laden; Tehrik e Taliban en Pakistán, Fatah al Islam en Líbano y los propios talibanes en Afganistán, por lo que pueden afectar a nuestras tropas, son ejemplos de estos grupos que extienden la capacidad operativa terrorista.

Especialmente en los países occidentales e independientes del núcleo central de Al Qaeda existen células y grupos autóctonos que comparten ideología radical islamista en torno a la yihad y que en un momento dado pueden activarse en una dirección operativa determinada, sobre todo si un enviado de la central lo requiere. Los atentados del 11-M en Madrid podrían tener esa «etiología».

Por lo tanto se puede admitir, según esta simulación del poder del terrorismo global, que la ocupación del terreno del enemigo al que nos referimos es prácticamente total, que la insurgencia a la que se está haciendo frente no tiene fisuras sino vinculaciones y objetivos compartidos, que «su inteligencia» posee las claves del funcionamiento de los países occidentales, que conocen las dificultades que tiene Occidente para expedir tropas en las zonas donde se libran las acciones definitivas, y que saben cómo aprovechar, con oportunidad y acciones terroristas adecuadas, nuestras sorprendentes diferencias al respecto, como sucede en torno a cuestiones sin importancia, como es el reconocimiento semántico de la palabra guerra.

En el teatro afgano paquistaní hay un gran riesgo de que si no se gana la guerra se conviertan en estados fallidos gobernados por el poder talibán, afín al terrorismo global, y que acontecimientos luctuosos como los que hemos vivido en el pasado en un gran número de países, especialmente occidentales y en España en particular, se repitan, por eso es necesario, a toda costa, vencer en Afganistán.

EN el recuerdo de los hechos luctuosos que nos han arrebatado a tres de los mejores hombres destacados en misión expedicionaria, es importante afirmar que su sacrificio, y el de tantos otros, no debe ser inútil, que ellos no estarían contentos si se renunciara a la presencia de las Fuerzas Armadas y de Seguridad del Estado en ese martirizado país, y que es posible, y debemos, vencer en Afganistán.

Asistimos a un peligroso juego en los países occidentales, y especialmente en España, sobre el criterio político de los conflictos en que participan las fuerzas expedicionarias españolas. Bien están los debates constructivos reglamentarios sobre política de defensa, en que cada partido representante de una parte de la población española expresa sus anhelos para mayor perfeccionamiento de la defensa de España, y sobre todo para reforzarla, pero no para debilitarla.

Nos encontramos inmersos en un nuevo tipo de guerra, muy diferente de la que ha predominado en los periodos anteriores, una guerra en la que el enemigo, ese que es capaz de asestarnos un golpe certero y producirnos cerca de 200 bajas e innumerables heridos (11-M), nos conoce perfectamente, sabe de nuestras contradicciones y diferencias sustanciales sobre las misiones de las Fuerzas Armadas en el exterior y lucha tanto para conseguir sus fines en la zona de operaciones como en las retaguardias de los países de la coalición internacional.

En este renovado modo de combatir, ahora llamado guerras asimétricas, guerras híbridas, guerras del débil contra el fuerte, etcétera, el enemigo no lucha por un terreno determinado, no pretende derrotar a las fuerzas convencionales que les oponemos, ni siquiera son objetivos fundamentales los éxitos tácticos coyunturales; el enemigo que tenemos enfrente está empeñado en una lucha por las percepciones, tanto de la población local, en Afganistán en este caso para separarla de su Gobierno, como en las sociedades occidentales, cuyas diferencias políticas irreconciliables al respecto son un campo abonado para la estrategia de la insurgencia, que trata de desmovilizar, vía opinión pública, el apoyo social y político a las operaciones militares. Pero aún hay más, estas discrepancias y la volatilidad de la percepción de la población propia ante atentados a gran escala pueden incluso cambiar gobiernos, por otros menos decididos a continuar la lucha sin restricciones de pensamiento político, aprovechando el litigio sobre cuestiones que no deben llevarse a la calle sino ser acordadas por el bien de la Defensa Nacional.

Sí, nuestros soldados están en una guerra, con ese nombre es conocida en los más prestigiosos ejércitos aliados la situación de las operaciones en Afganistán; el general McChrystal, y su sucesor en el mando de ISAF, el general Petraeus, no tienen el menor rubor en reconocerlo, aunque el mandato de Naciones Unidas para esta fuerza internacional corresponda a una operación de apoyo a la paz; como es obvio, esta organización internacional en su Carta no cita la palabra guerra ya que toda su actuación, incluso la más coercitiva, tiene como finalidad el restablecimiento de la paz y la seguridad internacionales; pero el enemigo, la insurgencia, practica una guerra sutil, encarnizada en sus fines y total en sus resultados.

Lo que sucede es que estamos en presencia de una guerra de contrainsurgencia, siendo esta una actividad compleja en la que se integran, bajo una dirección única, esfuerzos militares, políticos, económicos, sociales y otros, para hacer ineficaces las acciones de la insurgencia, que tratan de conseguir que la población de Afganistán sea afín a su lucha, para sustituir el gobierno elegido por otro de corte talibán favorable a que ese país sea un santuario a favor del terrorismo global yihadista, y esa guerra, distinta pero profunda y peligrosa en consecuencias, se está librando en muchas partes del mundo, algunas muy cercanas a los espacios estratégicos de España, como es el Sahel.

El mundo de la insurgencia, al que nos enfrentamos no solo en Afganistán, está leyendo el mensaje que a través de medios tecnológicos de última generación, como Internet; trasmite el centro de inspiración religioso intelectual radical que en este momento ocupa Al Qaeda, que posee por sí mismo una inestimable potencia de desestabilización, que no disminuirá si no se eliminan sus bases en estados fallidos o en espacios ingobernables, como lo puede ser otra vez Afganistán, o en Pakistán, donde la actitud oficial de hacer frente al islamismo radical es cuando menos ambigua; pero ya no es necesaria la presencia numerosa y combatiente de la cúpula de esta multinacional del terror en un teatro determinado, la contaminación ideológica ha prendido profundamente en las diferentes capas en que se ha desarrollado el germen del islamismo radical.

Por ello, hay que contemplar al enemigo en toda su dimensión de actuación horizontal, en sus franquicias en otros territorios sin gobierno, a través de algún líder yihadista trasladado a la zona, o a través de acuerdos específicos con grupos autóctonos que adquieren la marca de la siniestra central en teatros importantes; tal sería el caso de Al Qaeda de Irak, sensiblemente debilitada por su errada actuación y la acción norteamericana, y Al Qaeda del Magreb Islámico, con la que se acaba de producir un trueque cuyas consecuencias probablemente se pagarán en el futuro.

En otro nivel de vinculación ideológica se sitúan otro tipo de organizaciones que se encuentran incrustadas en el tejido poblacional de ciertos países, pero que tienen con Al Qaeda una gran afinidad, al estar bajo la égida del Frente Islámico para la Yihad contra Judíos y Cruzados, condición que reunirían con un mero juramento de fidelidad a Osama bin Laden; Tehrik e Taliban en Pakistán, Fatah al Islam en Líbano y los propios talibanes en Afganistán, por lo que pueden afectar a nuestras tropas, son ejemplos de estos grupos que extienden la capacidad operativa terrorista.

Especialmente en los países occidentales e independientes del núcleo central de Al Qaeda existen células y grupos autóctonos que comparten ideología radical islamista en torno a la yihad y que en un momento dado pueden activarse en una dirección operativa determinada, sobre todo si un enviado de la central lo requiere. Los atentados del 11-M en Madrid podrían tener esa «etiología».

Por lo tanto se puede admitir, según esta simulación del poder del terrorismo global, que la ocupación del terreno del enemigo al que nos referimos es prácticamente total, que la insurgencia a la que se está haciendo frente no tiene fisuras sino vinculaciones y objetivos compartidos, que «su inteligencia» posee las claves del funcionamiento de los países occidentales, que conocen las dificultades que tiene Occidente para expedir tropas en las zonas donde se libran las acciones definitivas, y que saben cómo aprovechar, con oportunidad y acciones terroristas adecuadas, nuestras sorprendentes diferencias al respecto, como sucede en torno a cuestiones sin importancia, como es el reconocimiento semántico de la palabra guerra.

En el teatro afgano paquistaní hay un gran riesgo de que si no se gana la guerra se conviertan en estados fallidos gobernados por el poder talibán, afín al terrorismo global, y que acontecimientos luctuosos como los que hemos vivido en el pasado en un gran número de países, especialmente occidentales y en España en particular, se repitan, por eso es necesario, a toda costa, vencer en Afganistán.

El saludo de los funcionarios: instrucciones de empleo
Roberto Blanco Valdés La Voz 12 Septiembre 2010

El mal entendimiento (o la recalcitrante voluntad de no aceptar) lo que significa en nuestras regiones bilingües la cooficialidad lingüística ha generado en las que se encuentran en esa situación la adopción de medidas que, justificadas en la defensa de los supuestos derechos de las lenguas, violan en realidad flagrantemente los de los únicos que pueden tenerlos de verdad: los ciudadanos.

El ejemplo más claro, por ser el más excesivo, de tal tipo de medidas era la disposición contenida en el Estatuto catalán que obligaba a los particulares que tuviesen un comercio o prestasen un servicio, a atender oralmente o por escrito a sus clientes en la lengua que aquellos eligiesen. Ese denominado derecho de disponibilidad lingüística, que convertía lo que suele ser una norma de cortesía en una obligación legal, fue interpretado por el Tribunal Constitucional de una forma que, como no podía ser de otra manera, lo priva de todo contenido. Por pura cobardía el TCE no se atrevió a anularlo de derecho, pero lo hizo de hecho, sentando una doctrina inobjetable: que el derecho a ser atendido en cualquiera de las dos lenguas cooficiales, «solo puede ser exigible en las relaciones entre los poderes públicos y los ciudadanos».

¿Por qué razón? Es evidente: porque una lengua oficial no es otra cosa, a la postre, que la que utilizan los poderes públicos. Por ello es coherente con la Constitución (aunque pueda ser muy caro y muy complejo de gestionar) que la cooficialidad se traduzca en una Administración que habla las lenguas cooficiales para poder así respetar el derecho de quienes tengan (o elijan) una u otra como medio de expresión.

Pero eso es una cosa y otra muy distinta el insólito pacto al que llegaron el miércoles de esta semana los tres grupos presentes en el parlamento de Galicia: el consistente en establecer que el llamado «saludo inicial» de los funcionarios de la Xunta (aquel con el que se inicia una conversación) debe ser obligatoriamente en gallego.

Tal pretensión, si llegara a aprobarse, entraría no solo en abierta contradicción con la cooficialidad lingüística, sino, lo que es más importante, con la libertad personal, que no puede ser constreñida de una forma tan abusiva y arbitraria.

Por lo demás, resultaría verdaderamente llamativo que pudiera establecerse una obligación de tal naturaleza en un territorio donde muchos entes públicos no tienen impresos en castellano a disposición del usuario. Como resulta, no ya extraño, sino escandaloso, que los mismos nacionalistas que promueven tal obligación apoyen sin fisuras -mediante una peculiar ley del embudo- a los profesores que han anunciado su voluntad de incumplir la nueva normativa en materia de lengua en la enseñanza.

Inconsistencia o incontinencia constitucional
Nota del Editor 12 Septiembre 2010

Si un ciudadano de una región donde hay una lengua regional reconocida por la Constitución Española se dirige a cualquier servicio de la la administración pública en tal lengua regional, aparecen varias situaciones:

1) el tal ciudadano incumple el deber constitucional de conocer el idioma español

2) el incumplimiento de tal deber supone un despilfarro de recursos públicos (antes nuestro dinero) diícilmente asumible por cualquier ente razonable

3) si en el servicio de la administración hay alguien que entiende la lengua regional, aparecen dos situaciones

3.a) inicia el procedimiento en la lengua regional y por tanto impide el conocimiento del asunto a quienes no la conozcan (puede tratarse de un procedimiento administrativo que le afecte, de un funcionario que deba procesar partes del expediente o de un médico especialista que deba tratarle urgentemente).

3.b) traduce la solicitud en lengua regional a español y la tramita en español, teniendo en cuenta el deer de conocer del solicitante.

4) si en el servicio de la administración no hay alguien que entiende la lengua regional, solicita la traducción de la solicitud a un departamento nacional de traducciones para gente que quiere complicarse la vida incumpliendo parcialmente su deber de concer el español y sigue el proceso del punto 3.b

5) pretender excluir a los ciudadanos que no conocen la lengua regional de las posibilidades de ser un ciudadano normal en una de estas regiones es una pretensión inasumible desde cualquier punto de vista del derecho constitucional o humano.

RECONOCE CONTACTOS CON RUFI ETXEBERRÍA
Eguiguren habla de negociar con ETA "presos, víctimas, reconciliación..."
El presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, ha vuelto a reconocer contactos con el entorno de ETA. Cree que Batasuna irá a las elecciones y pide que se negocien "presos, víctimas y reconciliación" con ETA. En su opinión 2013 será el final de ETA.
Agencias Libertad Digital 12 Septiembre 2010

No es la primera vez que lo hace. El presidente del PSE, Jesús Eguiguren, ya reconocía en junio contactos con el entorno de la banda terrorista ETA y eso que desde el Gobierno se insistía en negar que existiese una negociación, tal y como había denunciado ya Jaime Mayor Oreja. Una denuncia, que le valió un sinfín de descalificativos y duros ataques por parte de miembros del PSOE y del Gobierno.

Bien, Eguiguren lo ha vuelto a hacer. Este domingo El Correo y El País publican sendas entrevistas con el dirigente de los socialistas vascos, quien da su punto de vista sobre el comunicado de ETA de la semana pasada. El representante del Gobierno en el proceso de rendición ante la banda criminal de la pasada legislatura, se muestra entusiasmado con el nuevo comunicado (que el Gobierno ha tachado de "insuficiente").

Para el líder socialista, el nuevo comunicado "tiene un montón de novedades". Destaca que el anuncio de ETA de no llevar a cabo "acciones armadas ofensivas" es importante porque, según dice, "es unilateral y nadie lo ha negociado con ellos" sino que "lo ha exigido Batasuna y eso tiene mucho significado" porque, en su opinión, el entorno de la banda "ha impuesto su tesis" frente a la banda terrorista. Como es habitual, hace la distinción entre etarras buenos y malos.

En El Correo llega a afirmar que "el final de ETA se juega a partir de ahora" y que López debe "desde el País Vasco, dirigir el timón de la pacificación". Según dice, aunque puede haber "coletazos" (suponemos que se refiere a atentados terroristas), "el proceso de pacificación es irreversible" y pide "valentía" a Patxi López que será "quien va a pasar a la historia como el hombre que trajo la paz". Una idea que repite en ambas entrevistas.

En El País, reconoce (como hiciera en junio) contactos con el entorno de la banda terrorista y llega a decir que Rufi Etxeberría "me dijo que quería un partido que condene la violencia". Estas declaraciones coinciden con la exclusiva que ofrece hoy el diario El Mundo y que apunta a que la banda terrorista supervisaba desde junio los estatutos de un nuevo partido con listas blancas para concurrir a las elecciones.

Negociación, no derrota
Para Eguiguren el camino hacia el final de ETA, pasa porque el Gobierno se siente con los asesinos y negocie sobre "los presos, las víctimas, la reconciliación...". Según dice "me parece bien lo que hace el Gobierno con los presos disidentes de ETA. Pero más adelante, si el compromiso de ETA con el fin de la violencia se confirma, tendría que completarlo con los presos que quieren que esto acabe sin romper con ETA. El Gobierno central no puede meterse en esto, pero los socialistas vascos podemos responsabilizarnos y lograr el apoyo de los partidos, incluido el PP".

Precisamente, este discurso ha sido una de las principales piedras de toque de Eguiguren en estas entrevistas, donde insiste en que "el PP debe dejar de ser un partido marginal en Euskadi" o al pedir valentía tanto a López como al presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, ya que, en su opinión, ambos dirigentes tienen "un poder inmenso".

"El PP y el PSE tienen la oportunidad de contribuir a lograr la paz. En vez de poner pegas a todo, los populares deberían ponerse con los socialistas a hacer cosas valientes. A Patxi y Antonio no se atreverían a decirles nada en España", resume durante la entrevista.

Preguntado si su partido debería hablar con Batasuna, Eguiguren reconoce que "ahora no", sino que habrá que hacerlo "cuando esto avance".

En este sentido considera que López "debe intentar labrar una especie de consenso como Ardanza con el Pacto de Ajuria Enea. No tanto un frente anti HB, sino con espíritu de que pudiera entrar Batasuna".

Mesas de partidos
"No digo montar ya mesas de partidos, pero habrá que hacerlo", insiste Eguiguren que considera que Batasuna también tiene que ser "valiente y tirar para adelante", ya que tanto los proetarras como ETA no pueden pretender que "sean otros los que tomen decisiones".

"Si ETA anuncia un proceso de desmantelamiento y Batasuna cumple la ley, se les puede legalizar", defiende el dirigente socialista, quien considera que Batasuna "querrá formar un partido político legal incluso antes de las municipales". Esto es lo que en El País reconoce que le ha dicho Rufi Etxeberría.

"Si no están en las municipales aprenderán y harán los deberes para las autonómicas" dice Eguiguren que estima que la fecha clave para la paz en el País Vasco es por ello el 2012 e insiste en que "este proceso no va a salir adelante si la izquierda abertzale no es legal".

En las páginas de El País, Eguiguren considera que en este momento "estamos ante uno de los acontecimientos más importantes desde la transición" y considera que el Gobierno vasco "debería elaborar un texto sobre lo que deben hacer Batasuna y ETA y lo que estarían dispuestos a hacer las instituciones desde aquí.

TURISMO EN EUSKADI
Alto el miedo
CARLOS BENITO c.benito@diario-elcorreo.com | BILBAO. El Correo 12 Septiembre 2010

Cada vez más turistas se sacuden el recelo de venir a Euskadi
«Se ve menos kale borroka por la tele y eso ayuda. Sin terrorismo, esto se va a llenar, habrá que pagar entrada», dice una visitante

EL ÁLBUM DE LAS VACACIONES
EL MEJOR AÑO
Las cifras. Entre enero y julio, Euskadi ha recibido a 1.238.794 turistas, según los datos del Eustat. Es el mejor arranque de año de la historia y equivale casi al total de visitantes llegados en 2001. Julio, con 241.165 turistas, marcó un nuevo récord de llegadas en un solo mes.
Las procedencias. De los visitantes llegados de fuera de Euskadi, el 63% procede de otras comunidades autónomas españolas (las que aportan más turistas, con mucha diferencia, son Madrid y Cataluña, que en 2009 sumaron medio millón de personas) y el 37% viene del extranjero (con un dominio claro de los franceses, que el año pasado rondaron las 150.000 personas).

Hay sitios y momentos en los que ETA parece aún más alejada de la realidad que de costumbre. En Chillida-Leku, con la sombra de las nubes paseándose sobre el césped y jugando con los ángulos de las esculturas; en La Zurriola, donde los bañistas celebran que ha asomado el amigable sol de septiembre; delante del Guggenheim, entre niños que corretean alrededor de 'Puppy' y adultos con sonrisa de vacación... En estos lugares de felicidad, la idea de unos tipos encapuchados, con ese aire entre tenebrista y grotesco, y el recuerdo de sus brutales actividades se presentan más que nunca como una incongruencia, un sinsentido, una intolerable ruptura del orden natural de las cosas. Uno no puede evitar preguntarse qué pensarán ellos cuando, con la capucha en la lavadora pero con el velo de sus rencores todavía puesto, se mezclan con la gente y contemplan estos paisajes. Y uno también se plantea cómo influirá esa otra realidad, siniestra y dolorosa, en la percepción de Euskadi que tienen quienes nos visitan.

Pero eso sí podemos saberlo. En el paseo por estos rincones, uno se topa principalmente con dos tipos de turistas: los que ignoran a ETA y los que ignoran todo de ETA. El miedo, o ese recelo molesto e inevitable que se presupone en quien contempla el lío vasco desde fuera, parece haber entrado en tregua hace bastante tiempo, igual que los tiros y las bombas. Esa es, según los expertos, una de las claves para que este año se estén registrando los mejores resultados turísticos de la historia. «¿Miedo? Noooo... Nos interesan mucho las personas y la cultura del País Vasco y, de hecho, en nuestro pueblo hemos hecho intercambios con gente de aquí. El anuncio del alto el fuego no nos ha afectado a la hora de venir: ya lo teníamos previsto. Como mucho, te quedas un poco más tranquilo, es un minipuntito a favor, pero habríamos venido igual», explica Joan Fañé a la sombra del 'Arco de la libertad', una de las obras de Chillida. Joan y su novia, Bárbara Ardanuy, vienen de Gerona -él, de La Bisbal; ella, de Blanes- y han sido capaces de encontrar el camino hasta Chillida-Leku, lo que por sí solo ya supone un grado entre los visitantes.

De hecho, entre el público del museo de Hernani abundan los turistas reincidentes, que hablan del País Vasco con cariño y conocimiento de causa. Para Alberto Palacio y Matilde Sesé, un matrimonio de Zaragoza, el gran cambio en su relación con Euskadi no ha tenido nada que ver con la política: «Con la autopista, venimos volando. Antes era una aventura pasar de Pamplona hasta aquí». Pero también han apreciado una evolución positiva en la imagen que la comunidad transmite al exterior: «Aparece menos kale borroka por televisión y eso viene muy bien. Sin terrorismo ni manifestaciones, el País Vasco es una maravilla. Se llenará, habrá que pagar entrada para venir -analiza Matilde-. Yo estuve en agosto, con mi madre, y ya se percibía la tranquilidad». Quizá los responsables de turismo deberían contratarles, porque mantienen conversaciones como ésta:

-Hay buen nivel de vida, paisajes maravillosos y comida cojonuda. Esto es el paraíso terrenal. No conozco ningún sitio mejor.
-En España, desde luego, no.
-¡Ni tampoco fuera!

¿Y nunca han sentido la punzada de la desconfianza? «No cabe duda de que en algunos sitios, a veces, sientes que te miran, pero a lo mejor son complejos nuestros. La verdad es que nunca hemos tenido ningún incidente, ni idiomático ni de formas, y la gente ha sido siempre muy amable», responde él. Alberto y Matilde están ya de retirada hacia casa, tras pasar unos días en la comunidad. ¿Los hitos de su viaje? Les ha encantado Oñati, «bonito y muy humano», y han celebrado su 42º aniversario en el Saltxipi donostiarra, con champán. Y lo que les queda: «Ahora aprovecharemos la vuelta para parar en Lekunberri y comer en el Epeleta», se relame por anticipado Alberto. ¡Eso es vida!

Frente a estos eruditos del turismo en Euskadi, en la capital guipuzcoana resulta muy común cruzarse con forasteros fugaces, que pasan a velocidad de meteoros y contemplan la ciudad como una extensión curiosa de su estancia en Francia. Para muchos de ellos, el alto el fuego no significa nada, ETA no significa nada, incluso eso del País Vasco no significa nada. Isa, Lena, Petra, Alex y Jens son alemanes y están aprendiendo a surfear en Francia, pero han venido a pasar el día en San Sebastián. Después de tomarse un helado para comer, dejan pasar el tiempo en la parte trasera del Kursaal, sentados en un murete, entregados al placer supremo del sol y la brisa. Ante las preguntas, todos ponen cara de póquer menos Isa. ¿Qué saben del País Vasco? «Conozco el pañuelo rojo y el traje blanco». ¿Y de ETA? «Quieren que el País Vasco se separe de España». Sus compañeros otean el horizonte en busca de alguna respuesta. Los resultados son similares en el Bulevar, con una excursión de universitarios de Maguncia. Menos mal que, cuando la fe en Alemania empieza a flaquear, aparece Jeanette Dressel con su marido, Ralf, y sus hijos Keno, Laurin y Kira.

Bombas y cultura
Jeanette viene de Munich y sí sabe. Habla con soltura de la «lengua propia», incluso de los «deportes autóctonos», y tiene presente que los terroristas «quieren separarse de España y Francia y llevan décadas cometiendo atentados». Si no está al tanto de la noticia del alto el fuego, será seguramente porque en los quince días que llevan de vacaciones por Francia han dejado de leer periódicos.

De todas formas, la crispación política no le inspira ningún temor, igual que tampoco lo hizo en su primera visita: «Yo estuve una vez en San Sebastián, hará treinta años ya -sonríe, con un destello en los ojos-. Hoy lo estoy viendo todo más moderno, como si hubiese entrado en una nueva era, aunque el 'feeling' en la Parte Vieja es el mismo de entonces». En su caso, el interés por la cultura vasca podría con cualquier prevención: aprovecha la oportunidad para plantear un rápido interrogatorio sobre el euskera, se lleva muy contenta una hoja de libreta con algunas expresiones útiles y logra pronunciar a la perfección la palabra 'garagardo', que para algo es de Baviera. «Cuando paran las bombas, la cultura de los lugares se vuelve más atractiva. Ocurre así», reflexiona.

Ciertamente, algunos rasgos de la cultura vasca fascinan incluso a quienes se los han encontrado por sorpresa. Junto al Victoria Eugenia, apurado por las prisas de subir al autocar que llevará a su grupo hasta Madrid, un costarricense muestra una servilleta de bar. «¿Qué pone aquí?», inquiere, con un pie ya en la escalera del vehículo. Es, en euskera, 'No a la violencia contra las mujeres'. «¿Y qué palabra es 'mujer'?». Seguramente, su señora estará harta a estas alturas de que lleve medio viaje llamándola 'emakume'.

Claro que la gran baza turística de la cultura vasca sigue siendo, sin duda, la gastronomía, un reclamo que llega hasta lugares como Los Ángeles: en A Fuego Negro, el moderno bar de la calle 31 de Agosto, Dave Li y Muoy Tea se han zampado una admirable selección de pintxos. «No sé mucho de los vascos, sólo que tienen una cultura propia y una comida muy buena -admite él-. En realidad, nosotros hemos venido a comer. Anthony Bourdain, un chef muy popular en Estados Unidos que tiene un programa en televisión, vino a San Sebastián y dijo que era un lugar guay. Y tenía razón: todo está riquísimo». Resulta un poco embarazoso mencionar a ETA en mitad de tanto apetito, pero no importa, porque a Dave ni siquiera le suena: sí sabe, en cambio, decir 'zurito' y 'txakoli'.

Seguramente, al voraz Dave no le importaría sumarse al grupo que se saca fotos ante 'Puppy', el cachorro del Guggenheim. Vienen de Cuenca, aunque llevan a un argentino «en acogida», y su plan resulta incluso cruel para quien lo escucha: ruta en moto con las reservas hechas en Arzak, Mugaritz y el Elkano de Getaria. «Partimos del hecho de que a ETA no nos la creemos en absoluto, pero además ya hemos estado aquí antes y sabemos que no hay ningún problema», empieza Eduardo. «El recelo es desconocimiento», añade Marta. «Al que no viene por miedo, seguramente no le vas a convencer nunca. Aquí nos hemos encontrado a la gente más encantadora», completa Sergio.

A unos metros, la familia Sánchez Díaz llama la atención con sus camisetas a juego, blancas y rosas, que explican el parentesco de cada uno con la musa de los carnavales de su pueblo, Águilas, en Murcia. La musa en cuestión es la hija, Encarni, que lleva con resignación tanto protagonismo. Antes de nada, todos se chivan de que a la madre no le ha gustado mucho el Guggenheim.

-Dice que es feo.
-Es feo, pero me gusta. ¡Hombre, no es la catedral de Burgos!
Los Sánchez Díaz son gente muy viajada, siempre salen de vacaciones con alguna camiseta especial que enriquezca su recuerdo de la experiencia, pero es la primera vez que ponen el pie en Euskadi. ¿Ha tenido algo que ver la violencia? La madre hace el gesto de que, aunque de manera explícita no, a lo mejor un poco sí. «Anteriormente había más desconfianza. Ahora han mejorado las cosas», apunta el hijo, Juan Francisco. Y el padre confirma: «Ves esas cosas en las noticias, pero, una vez aquí, no vas pensando en ello. Hombre, la verdad es que sí se me ha ocurrido que, como llevamos estas camisetas, a lo mejor por la calle nos confundían con alguna manifestación».

Rosalía bajo el sequoia
La escritora se lamenta del sectarismo ambiente en Galicia y escribe a su marido que «ni por tres, ni por seis, ni por nueve mil reales volveré a escribir en nuestro dialecto»
ALFONSO DE LA VEGA ABC 12 Septiembre 2010

Aunque los nacionalistas que tanto la calumniaron en vida ahora la reivindiquen para sus fines, la verdad es que Rosalía era muy crítica con los de su época, ya que sin duda los conocía bien por haberlos padecido.

Cuenta Murguía las confidencias de su mujer en los últimos tiempos, con la muerte ya cercana: «Deja pasar todo; no somos más que sombras de sombras. Dentro de poco ni mi nombre recordarán. Mas ¿esto qué importa a los que hemos pasado ciertos límites?». Si apenas sospechamos cuáles pudieran ser esos ciertos límites, sabemos que Rosalía había pasado el umbral del hermoso Jardín botánico de Padrón, el que como dice don Camilo, el del Premio, «está poblado de ánimas de poetas». Y allí vemos su «sombra», su frágil feminidad, sentada en un humilde banquito, al pie del sequoia sempervivens, un majestuoso, longevo y exótico monolito natural de acupuntura de conexión entre lo telúrico y lo celeste, que le acompañaba en sus meditaciones sobre la peripecia de su vida, y al que abrazaba cuando sentía lejos a la insensible y atropellada muchachada que la llamaba: «a tola».

Y en silencio: «Eu so non digo nada, eu so nunca sospiro, qu’o meu corpo de terra y o meu cansado esprito, adondequer qu’eu vaya van conmigo».

Bajo sus ramas protectoras, Rosalía veía pasar su vida, el discurrir de su amada Galicia, tan lejos de Dios pero tan cerca de los nacionalistas. Y el de la poesía como guía de su alma en el laberinto de la comedia que desea ser divina.

Las plantas son símbolos metafísicos, además de espléndidas o mustias realidades biológicas. Si la acacia amarilla representa su amor secreto, o el tulipán amarillo el amor sin esperanza, el adonis nos trae los recuerdos tristes. Otras veces el significado resulta equívoco: «mayo longo, mayo longo, todo cuberto de rosas, para algúns, telas de morte, para outros, telas de bodas».

Como equívoco, sino equivocado, fue llamar Follas Novas al «ramallo de toxos e silvas sos, hirtas como miñas penas, feras com’a miña dor». O como la palma, símbolo de virtud, doncellez y triunfo. ¡La que se armó! Nunca pensó que su relato sobre el domingo de ramos iba a provocar tantos sinsabores e incomprensiones. Nunca habría querido menospreciar a la doncellez gallega. Precisamente ella.

Rosalía se lamenta del sectarismo ambiente en Galicia y escribe a su marido: «Me extraña que insistas todavía en que escriba un nuevo tomo de versos en dialecto gallego. No siendo porque lo apurado de las circunstancias me obligara imperiosamente a ello, dado caso que el editor aceptase las condiciones que te dije, ni por tres, ni por seis, ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto, ni acaso ocuparme de nada a que nuestro país concierna. Con lo cual no perderá nada, pero yo perderé menos todavía».

Su pensamiento discurre, pues, entre caléndulas, begonias, dalias, o espliego: dolor, pensamientos oscuros e inestables o desconfianza, mientras aguarda al invierno definitivo: «Mientras el hielo las cubre, con sus hilos brillantes de plata, todas las plantas están ateridas, ateridas como mi alma. Esos hielos para ellas, son promesas de flores tempranas, son para mí silenciosos obreros que están tejiéndome la mortaja».

Y para culminar el hilozoísmo, parecido al de Bécquer, de su concepción poética: «Tan solo dudas y terrores siento, divino Cristo, si de Ti me aparto, más cuando hacia la Cruz vuelvo tus ojos, me resigno a seguir con mi calvario».

Y, en efecto, no lejos, al otro lado del amado Jardín de Padrón está una de sus joyas, la Corona de Cristo formada con un magnífico ejemplar de Cercis siliquastrum, cuyo nombre español es árbol del amor. Capaz de acoger bajo su anillo redentor todo el sufrimiento del mundo, junto a la «sombra» melancólica, triste y lúcida de Rosalía.

Cataluña entona el «Adiós España» de Joan Maragall
Barcelona - M. Espanyol La Razón 12 Septiembre 2010

El himno nacional de Cataluña ha cerrado una ceremonia que ha transcurrido sin incidentes y que ha terminado con gritos a favor de la independencia por una parte del público asistente.

La desafección política que tanto temen los candidatos a la Presidencia de la Generalitat se coló ayer como invitada en la fiesta de la Diada. Muchos barceloneses aprovecharon que hacía buen tiempo para despedirse del verano, lejos de la ciudad. Y las 15.000 personas que, según la Generalitat de Cataluña, participaron en el acto institucional de la Diada se contagiaron del carácter sobrio y contenido del presidente, José Montilla. Entre el público, se vieron menos «esteladas» que otros años y apenas se lanzaron proclamas nacionalistas. Sólo al final, un grupo de soberanistas despidieron el acto con gritos de independencia y con la clásica cantinela «No queremos ser una nación de España, no queremos ser un país ocupado. Queremos la independencia».

Sobre el escenario, la nota reivindicativa la puso el director de la ceremonia, Joan Ollé, que para rememorar el 150 aniversario del poeta Joan Maragall –abuelo de Pasqual–, eligió la «Oda a Espanya», una de las piezas del conjunto «Los tres cantos de Guerra», escritos entre 1896 y 1899, que acusa a España de vivir de glorias pasadas e insta a Cataluña a romper la cuerda que le une con ella.

El cantautor Xavier Ribalta dio voz al texto que acaba con un «¡Adiós España!» y empieza con un «Escucha, España, la voz de un hijo que te habla en lengua no castellana». Esta apertura rendía homenaje al catalán, el hilo vertebrador del acto, por el que también desfilaron «sardanas flamencas» y jotas de estilo catalán, balear y valenciano, que vieron Montilla, sus consejeros y autoridades invitadas como Carme Chacón y Jorge Fernández.

La Diada dio comienzo oficialmente a la carrera electoral. Los partidos desoyeron a Montilla, que la víspera del 11 de septiembre recetó unidad para superar las desavenencias con España frente a la «pulsión separadora» que mueve a sus adversarios. CiU y ERC tacharon su discurso de partidista. Y desde el PP, Alicia Sánchez-Camacho reclamó que no se convierta la Diada en una acto de reivindicación soberanista.

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