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Recortes de Prensa   Jueves 16 Septiembre  2010

 

War
La agonía de Zapatero
Agapito Maestre Libertad Digital 16 Septiembre 2010

La agonía de Zapatero sería ridícula, casi patética, si estuviera al margen de la descomposición de todos los ámbitos de la vida nacional. El problema rebasa la figura moral del peor político de España en el siglo veinte; la cuestión es que la extrema debilidad de Zapatero arrastra, sin posibilidad de actuar sobre nuestros destinos individuales, a todos y cada uno de los españoles hacia el abismo. ¿Qué cabe hacer? Primero, mantener inhiesta la protesta contra el absoluto desgobierno de Zapatero. En segundo lugar, arremeter dialécticamente contra quienes consideran que la indignación no lleva a ninguna parte; mentira, mentira y mentira, la indignación ciudadana es la base de nuestra dignidad.

Nadie que escuchara las declaraciones majaderas que este hombre perpetró en Oslo, especialmente las referidas a las nociones de empleo y desempleo, pueden dejar a un ciudadano normal tranquilo y sosegado. Nadie con un poco de ganas de ser un genuino ciudadano puede dejar de indignarse ante tamaña memez. Nadie puede dejar de considerar que por el presidente del Gobierno de España, qué duda cabe, nos están juzgando a todos los españoles; es necesario mantener nuestra indignación como mecanismo protector, casi como defensa numantina, para no dejarnos arrastrar hacia el abismo del nihilismo o la miseria moral.

Es indignante lo mantenido por Zapatero en Oslo, es indignante confundir lo real con el vacío, porque incluso un niño de dos años de padre alemán y madre española, en pleno proceso de aprendizaje de los dos idiomas, es capaz de distinguir lo fundamental de lo accesorio en función de a quién se dirija. Este niño, un hijo de dos buenos amigos, me pedía en mi casa a la hora de los postres más melón con la siguiente expresión: "Ich möchte más melón". En efecto, porque el niño quería más melón, lo relevante lo decía en castellano a un hablante español, mientras que el verbo aquí era para él accesorio o secundario ("yo deseo" o ich möchte).

Otro tanto se podría decir sobre el portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, que al igual que su jefe político, lejos de imitar al jovencito hispano-alemán de dos años, trata de mantener la majadería de que el término war en inglés es polisémico –¿conoce alguien un idioma que esa palabra pierda su sinonimia?–. El término guerra tiene un uso tan metafórico como pleno, completo o llano en todas las lenguas... ¿O es que acaso un norteamericano cuando se refiere a Afganistán no sabe lo que significa war? Claro que saber que en Afganistán hay guerra, o sea, muerte. Sí, sí, war contiene toda la tragedia de cientos muertos que han hecho una guerra por su país.

En fin, Zapatero y su gente puede engañarnos de múltiples maneras, pero el que se deje embaucar por sus majaderías "dialécticas" no sólo perderá su capacidad de indignación ciudadana sino quedará inhabilitado por imbécil.

El fin de los sindicatos que hicieron posible la Transición
José Antonio GundínEl Semanal Digital 16 Septiembre 2010

Los trabajadores, empresarios y ciudadanos en general, hartos de una burocracia endogámica, reclaman un nuevo sindicalismo que sea parte de la solución, no del problema.

Durante más de treinta años, los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, han gozado del respeto y consideración de la mayoría de los ciudadanos, no sólo de los trabajadores. Al igual que los partidos que emergieron de la clandestinidad tras la muerte de Franco, el prestigio nimbaba a ambas centrales, la primera por haberse forjado de la nada gracias a los movimientos obreros católicos, y la segunda por haber sobrevivido en la discreta compañía de su hermano político, el PSOE. Pronto se revelaron como instituciones fundamentales para la consolidación de la democracia y para hacer frente a la catástrofe económica que padecía el país. De la mano de dos grandes líderes, Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, navegaron aquellas aguas con acierto, moderación y convicción. Fue, seguramente, la época más brillante y aleccionadora del sindicalismo español. Ni siquiera la fuerza interesada de un presidente socialista como Felipe González logró desviarlos de sus principios.

Pero también para los sindicatos pasa el tiempo, incluso para algunos sindicalistas que se empecinan en negar el cambio de los días. Aquellos dos gigantes, Marcelino y Nicolás, fueron jubilados y su carisma fue sustituido por una burocracia bien instalada, generosamente engrasada por las subvenciones, subsidios y convenios financiados con dinero público. El poder y penetración de los cuadros sindicales en la maraña de las Administraciones y empresas públicas no han cesado de crecer, hasta el punto de que su voto es decisivo en muchas de ellas, empezando por la televisión pública. De hecho, los sindicatos se han erigido como el cuarto poder del Estado, con una enorme capacidad de maniobra en la trastienda de los demás poderes. No sin razón, a Cándido Méndez se le llegó a considerar como un vicepresidente económico en la sombra.

Así se llega al año 2004 y la victoria de Zapatero otorga a los sindicatos un protagonismo sin precedentes. Al calor del presidente socialista, que exhibe con ostentación su carné de sindicalista, UGT y CCOO emprenden un simbiosis con el Gobierno de tal intensidad que más de un observador imparcial la denuncia como una deriva peronista. La bonanza económica, los elevados superávit de las cuentas públicas y de la Seguridad Social y el fuerte nivel de empleo contribuyeron a esa luna de miel, que se tradujo en un desmesurado gasto público, proliferación de subsidios y subvenciones, amén de diferentes sinecuras para los propios sindicatos. La orquesta tocaba en cubierta alegres valses y la pareja Gobierno-sindicatos bailaba ajena a los iceberg.

El choque resultó inevitable. Cegados por los destellos de los fuegos artificiales, ni el Gobierno ni los sindicatos se percataron de que la recesión había agujereado el casco de la economía, o al menos se negaron a admitirlo hasta que el agua les llegaba ya por el cuello a los los españoles. Y lo que siguió a continuación es la consabida crónica de la actualidad: Zapatero toma decisiones drásticas y su pareja de baile pide el divorcio.

La cuestión de fondo, sin embargo, tiene más calado que una simple riña sentimental pasajera. Asistimos a una crisis aguda del modelo sindical, que apenas si ha cambiado en estos treinta años. Mientras la sociedad española, su economía, su estructura y su encaje institucional han variado profundamente, las centrales sindicales han permanecido ancladas en su obrerismo ideológico y de clase, entre bolas de naftalina cuyo aroma les sitúa más cerca del siglo XIX que del XXI. Fruto amargo de esta asimetría es la creciente desafección de los ciudadanos, que tachan a los sindicatos de simples correas de trasmisión política, cuyo interés fundamental es conservar los puestos de trabajo ya existentes, en vez de crear otros nuevos. Como gestores ociosos, se han limitado a administrar la herencia recibida sin prever los riesgos que encerraba el futuro.

Esa desafección quedó nítidamente plasmada con motivo de la huelga salvaje en el Metro de Madrid, en el mes de julio. El enfado general de los madrileños fue de tal calibre que a partir de ahí se explican algunas decisiones, como por ejemplo la anunciada ayer por Esperanza Aguirre de recortar a la mitad a los liberados sindicales de la Administración regional, que con el tiempo han degenerado en una casta parasitaria y caradura. Pero la irritación va más allá, porque se reprocha a los líderes sindicales su complicidad con un Gobierno que primero negó la crisis y luego se ha visto desbordado por los acontecimientos. Lejos de haber ejercido como atentos vigías, la burocracia sindical se durmió en la cofa del poder. Y ahora se niega a compartir los sacrificios del resto de los trabajadores, a los que se les ha bajado el sueldo y se le han recortado derechos.

El sindicalismo español no saldrá indemne de esta coyuntura. Pero sí puede y debe afrontar una transformación profunda que, sin renunciar a los valores de la Transición, le sitúen en el siglo XXI. Los trabajadores, los empresarios y los ciudadanos en general necesitan un sindicalismo que contribuya a resolver los problemas, no a enquistarlos. Es decir, que sean parte de la solución, no del problema, como sucede ahora.

Zapatero y los malvados
Germán Yanke Estrella Digital 16 Septiembre 2010

A un presidente del Gobierno, al margen de las satisfacciones propias del cargo (al que siempre optan voluntariamente), le toca entrevistarse con algunos malvados. Parece que el lunes, en Nueva York, el presidente Rodríguez Zapatero puede entrevistarse con el rey Mohamed VI de Marruecos, que es un sátrapa para el que el respeto a los derechos humanos sólo rige si le viene bien. Y, como se sabe, no le viene nada bien que haya opositores y que las líneas marcadas por la ONU en el asunto del Sahara no sean de su divino agrado. Uno no sabe, de todos modos, si el presidente considera a Mohamed un malvado o los malvados son los inversores de Wall Street, con los que también se va a ver en el periplo americano. A estos, que ahora se llaman –con sus colegas de otros países- “los mercados” ya les ha lanzado el Gobierno algunos zurriagazos con justificaciones que van de la conspiración a la incomprensión de nuestras bondades.

Lo llamativo de nuestras relaciones con Marruecos en los últimos tiempos no es que sean difíciles (cómo no van a serlo con un vecino gobernado de la manera que éste es gobernado), ni que sea imposible controlar sus provocaciones, siempre subrayadas cuando al rey y los suyos les interesa en función de la demagogia interna), ni que se desplieguen desde asuntos políticos a comerciales, todos ellos intensos. Lo sorprendente es que, precisamente con Marruecos y no con otros países o instituciones del mundo, tenga el Gobierno una actitud tan apaciguadora que impide incluso un elemental discurso de principios sobre lo que deben ser las relaciones internacionales. Como utilizamos las palabras sin cuidado se dice ahora que una carta del primer ministro marroquí que es una amenaza al líder de la Oposición por visitar Melilla es algo “normal”. Podría ser frecuente o previsible pero lo normal se ajusta a normas y allí, en Marruecos, prima la arbitrariedad autoritaria. Y como, aunque sea previsible y frecuente, no es normal, hay que reaccionar. No se trata, como dicen los que se sienten más a gusto haciendo una caricatura del adversario, de declarar la guerra o estar todo el día a bofetadas renunciando a la diplomacia, pero sí basar esta en serias exigencias y contrapartidas.

El Gobierno, ante las provocaciones interesadas de Marruecos, no puede limitarse a dar por zanjada las cosas en cuanto se apagan un poco para incendiarse de nuevo. La diplomacia no está reñida con la firmeza y con las reacciones políticas y estas se echan de menos. Ojalá, para seguir en buena sintonía, el presidente Rodríguez Zapatero le deje las cosas claras a Mohamed y establezca cauces que no exijan un silencio arrodillado. Así quizá podamos olvidarnos de remedios impresentables como las “comisarías conjuntas” (¿comisarías conjuntas con una policía que no respeta los derechos ciudadanos?) y ese constante plegarse a las intenciones de Mohamed en contra de las directrices de la ONU (a la ONU van los dos el lunes) en el tema del Sahara, un asunto que no es uno más, sino el asunto territorial en el que tenemos responsabilidades concretas como antigua metrópoli. Así, además, y si se me permite la ironía, quizá los tiburones de Wall Street no le tomen la medida y le asusten con un bufido.

Socialismo catalán
De la Falange a Companys
Cristina Losada Libertad Digital 16 Septiembre 2010

Aun sin haber leído al clásico, hay políticos convencidos de que, como observó Maquiavelo, "los hombres son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que el que engaña encontrará siempre quien se deje engañar". A la búsqueda de esos simples está dedicado, en cuerpo y alma, el socialismo catalán con la premura que imponen la proximidad de las urnas y el descalabro previsto. Así, mientras el favorito Artur Mas se hace acompañar por nutrida escolta de senyeras, el PSC saca a España del trastero a fin de evitar un entierro político en noviembre, mes de difuntos. Montilla, el mismo que ha gobernado con los secesionistas de Esquerra, se confiesa estos días profundamente preocupado por la deriva independentista de Cataluña. Cosas veredes.

Los más viejos de lugar, aquellos cuya memoria supere a la de los peces –que no es de tres segundos, sino de cinco meses– recordarán que el socialismo, en Madrid y en Barcelona, se ha cebado con quienes alertaban de una quiebra del orden constitucional a causa del Estatut y otras aventuras. Cuánto se han burlado y cuánto han descalificado a los que "dicen que España se rompe". Ja, ja. Pues tendrán que aparcar el chiste por una temporada, toda vez que ahora es Montilla –su Montilla– quien toca a rebato. Lo que antes era obsesión de lunáticos centralistas, es hoy el eje de la campaña del PSC. Cuidado, advierte el president, que podemos padecer una "ofensiva" destinada a consumar "la definitiva ruptura emocional y política" con España.

El hombre que tachaba de ofensivo, casposo e innecesario que el Constitucional mentara la "indisoluble unidad de la nación española" en la sentencia sobre el Estatut, ¿erigido en defensor de esa unidad? Increíble, pero cierto. Hay quien barrunta que un PSC desesperado se propone arañar los flancos débiles de la derecha y robarle votos nada menos que a su bête noire, el PP. No resulta excepcional que un partido, tras provocar un conflicto, se presente como el que mejor puede gestionarlo, pero este caso de travestismo político merece entrar en el Guinness. Abarcar el conjunto del espectro político es una fantasía de muchos que sólo unos pocos se atreven a hacer realidad. Entre esos pocos, el PSC, un partido que fabrica discursos para todos los caladeros y tanto corteja a los seguidores de la Falange como a los adoradores de Companys.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Carteras imposibles
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 16 Septiembre 2010

Es increíble que en el PP catalán se planteen todavía la cuestión de su eventual entrada en un gobierno presidido por Artur Mas. CiU es una federación de dos partidos nacionalistas que apoya el actual Estatuto de Cataluña, norma que desde su preámbulo a su última disposición final choca frontalmente con las esencias doctrinales de la formación que preside Alicia Sánchez Camacho.

Además, su política lingüística será idéntica a la del tripartito, es decir, la vulneración permanente de los derechos individuales de los ciudadanos y el aplastamiento de la pluralidad cultural de Cataluña. Su exigencia de un sistema de financiación homologable al concierto económico vasco es absolutamente incompatible con el concepto que el PP tiene del Estado autonómico y de la cohesión nacional. Y, para mayor abundamiento, los dirigentes convergentes no se recatan a la hora de proclamar que su objetivo principal es la independencia de la que califican como su “nación”. Por consiguiente, la candidata popular se ha de centrar en sus propuestas, muy atinadas, por otra parte, para crear en Cataluña un entorno favorable a las empresas, para devolver a la gente sus libertades en los terrenos de la cultura y de la lengua, para introducir austeridad en la gestión pública y para desmontar el engendro intervencionista, clientelar y despilfarrador que han generado tres décadas de nacionalismo asfixiante, fanático y sectario.

Cualquier especulación sobre posibles pactos con el previsible ganador de las elecciones del 28 de noviembre la debilita, la hace aparecer como incoherente y presta alas a sus adversarios para acusarla de estar dispuesta a renunciar a sus principios a cambio de unas poltronas. Después de quince años de contorsiones extrañas, el centro-derecha catalán comprometido con la libertad, el pluralismo y la plena inserción de Cataluña en un gran proyecto español, ha de poner la vista en el horizonte y olvidarse del corto plazo, ha de ser con firmeza lo que es y representar sin ambages lo que representa, con la cabeza alta y sin complejos. No ha de perder el tiempo pensando en carteras imposibles, sino proponerse metas de largo recorrido que movilicen a los muchos catalanes que han desesperado ya de encontrar una fuerza política que les salve del fracaso colectivo al que les arrastra la idolatría identitaria.

Marruecos
¿A qué ser tan amigos de Marruecos?
Emilio Campmany Libertad Digital 16 Septiembre 2010

Que lo que tenemos en España es una democracia infantil, por no decir infantiloide, lo demuestra el que los españoles no sepamos qué política exterior deseamos. Algunas grandes naciones de Occidente se encuentran a veces frente a encrucijadas que hacen que sus ciudadanos se dividan acerca de cuál es el mejor curso a seguir. Pero lo nuestro no llega ni a eso. Desconocemos cuáles son nuestros intereses nacionales y ni siquiera nos ocupamos de averiguarlo. Creemos guiarnos por principios éticos y morales de general aceptación, como es la defensa de los derechos humanos, la paz y la difusión de la democracia, pero no rechistamos cuando en nuestro nombre se apoya a tiranos que no respetan los derechos humanos, constituyen una amenaza para la paz y desde luego impiden la llegada de la democracia a sus países. Cuando, al fin se abre un debate sobre nuestra implicación en una guerra, la discusión no pasa de si es o no una guerra propiamente dicha.

El asunto de nuestras relaciones con Marruecos es paradigmático. En algún códice celosamente guardado en el Palacio de Santa Cruz puede leerse: "Hay que llevarse bien con Marruecos". ¿Por qué? No lo entiendo. Desde luego, hay que procurar tener buenas relaciones con todo el mundo en la medida en que sea compatible con nuestros intereses o con nuestros principios. Pero ocurre que la amistad con Marruecos se opone a ambos.

Es opuesto a nuestros intereses porque Marruecos es el único país del mundo que reclama abiertamente anexionarse territorios de soberanía española. Ya lo hizo con el Sahara Occidental, que era una colonia, y ahora ambiciona hacer lo mismo con Melilla, Ceuta y Canarias, que son España. Se trata de una aspiración no sólo conocida, sino también pública y confesa. Primordial objetivo de nuestra política exterior debería ser tratar de impedir que se dieran las circunstancias que hicieran posible tal anexión. Para eso, lo mejor es propiciar la inestabilidad del país vecino, pues mientras se mantenga inestable, no podrá aprovechar cualquier crisis que España sufriera, y que por desgracia no es improbable, para intentar lograr sus objetivos.

Pero es que además es opuesto a nuestros principios. Marruecos padece una tiranía donde los partidos políticos son meramente tolerados y en la que la voluntad del sultán es ley. Lo que deberíamos hacer, si es que somos realmente fieles a esos valores con los que nos llenamos la boca y por los que nada hacemos, en Marruecos o en Cuba, es alentar cambios democráticos en el país magrebí. Si Marruecos llegara a ser una democracia, sus ansias anexionistas decrecerían y, al menos mientras lo consigue, no estaría en esos afanes. ¿Qué hace nuestro rey, un rey constitucional, tratando como hermano a un dictador? Hasta que Mohamed VI no sea un rey con sólo poderes representativos, no deberíamos permitir que tratara a nuestro soberano de igual a igual si es que es verdad que la moral y la ética es lo que rige nuestro comportamiento en el exterior.

Insisto. ¿A qué ser tan amigos de Marruecos? Aznar se hizo esta misma pregunta y, no hallando respuesta, decidió que no había por qué, sobre todo a partir del episodio de Perejil, un calculado test con el que el sultán probó a ver cuán flexibles tenía los músculos el del bigote. Luego vino el 11-M y volvimos adonde solíamos, a llevarnos bien con Marruecos por más desaires que desde entonces nos han seguido haciendo. Insisto por última vez, ¿por qué?

Informes de expertos antiterroristas, a los que ha accedido LA RAZÓN, alertan de las intenciones de los islamistas
Disponen de dinero suficiente gracias al cobro de rescates
Al Qaida del Magreb planea atentados suicidas en España
Madrid - J. M. Zuloaga La Razón 16 Septiembre 2010

Al Qaida para el Magreb Islámico (AQMI), la banda islamista que mantuvo secuestrados a tres ciudadanos españoles y por cuya liberación obtuvo un importante rescate en metálico, tiene, entre sus planes, ataques suicidas contra nuestro país, según datos llegados a través de la cooperación internacional antiterrorista.
Los expertos españoles trabajan para contrastar, en la media de lo posible (se trata de grupos clandestinos), el alcance de la amenaza y, sobre todo, el lugar y la fecha en la que estaría previsto cometer las acciones criminales.

Riesgo elevado
Según informes elaborados por estos expertos, a los que ha tenido acceso LA RAZÓN, dentro de AQMI hay grupos dedicados a la preparación de atentados suicidas. El riesgo general de acciones provenientes de los grupos islamistas se considera «elevado».

Otras de las alertas que han llegado a los servicios antiterroristas afecta a nuestros diplomáticos. En este caso, la amenaza proviene de Al Qaida para Península Arábiga (AQPA), una de las formaciones más activas de la red criminal que dirigen Osama Ben Laden y Ayman Al Zawahiri.

Los expertos, según los referidos informes, subrayan que los planes criminales no se han podido, de momento, constatar en las investigaciones que se realizan sobre los grupos islamistas que se encuentran en nuestro país. Estas células mantienen su actividad logística (recaudación de dinero, elaboración de documentos falsos, captación de militantes, etcétera) y los contactos con el norte de África.

Amenazas repetidas
La idea de repetir atentados contra España, como los perpetrados en Madrid el 11 de marzo de 2004, se ha convertido en una constante en los foros «yihadistas», en especial los controlados por Al Qaida. La presencia de nuestras tropas en la guerra de Afganistán aviva el fanatismo que caracteriza a los islamistas.
Tal y como publicó LA RAZÓN en su edición del pasado 3 de septiembre, en una de estas páginas web se amenazaba con un nuevo 11-M y se advertía de que «los vientres que han parido a esos héroes (los autores de la matanza de Madrid) no se han convertido en estériles».

Algunas de las amenazas van «firmadas», como la que profirió Haman Jalil Abu Mulai Al Balawi, alias Abu Dujana Al Khurasani, terrorista suicida que asesinó, en diciembre del año pasado, a siete agentes de la CIA en la base de Khost, en Afganistán, (en un atentado similar al que costó la vida a dos guardias civiles y un traductor recientemente). Este individuo, como es habitual con los islamistas que se «inmolan», dejó un mensaje grabado en el que, entre otras cosas, decía que la «yihad (la lucha) no sería posible si no fuera por la sangre de los mártires, de sus operaciones y de sus hazañas en Madrid, en Londres y, anteriormente, en Dar el Salam».

Uno de los portavoces actuales de Al Qaida a nivel central, Abu Yahya al Libi, alias Hassan Qaid, ha publicado en internet un texto en el que reclamaba la «yihad» para evitar lo que sucedió con la pérdida de Al Ándalus (la España conquistada por los musulmanes), un asunto que «hoy está en el olvido» (según él) y que requiere «profundizar en la religión y evitar que la juventud sea desviada e incrédula».

Otra de las constantes en las páginas islamistas es la de Ceuta y Melilla. LA RAZÓN publicó el pasado 30 de agosto un escrito, que aparecía en una página web de «Desafío Islámico», en el que animaba a «recuperar por la fuerza» ambas ciudades ya que, según los terroristas, «por la fuerza fueron arrebatadas». «Tesoros pérdidos bajo el imperio de la Cruzada española», se calificaba a ambas poblaciones en dicho escrito.

Delfina Cubero: 'Levanto a mi hija una hora antes para que pueda estudiar en castellano'
Esta madre de Castellón asegura que no parará hasta conseguir que su pequeña pueda estudiar en español en Burriana
 www.lavozlibre.es 16 Septiembre 2010

Madrid.- Delfina Cubero Vidal está atravesando una realidad a la que se enfrentan muchos padres en toda la Comunidad Valenciana. Ella tiene claro su idea para la educación de su hija de cinco años: quiere que le enseñen valenciano, pero reclama que la mayor parte de las clases sea en castellano. Defiende su libertad para elegir la lengua en la que pueda estudiar su hija, pero se está encontrando con muchos obstáculos para conseguirlo.

“Nosotros somos castellanos y el valenciano fuera de Valencia es un idioma que no sirve para nada. Si por lo menos fuera inglés, que sí te lo piden en todos lados…Quiero que lo aprenda porque estamos en Valencia pero es un idioma que no te sirve fuera de la Comunidad”, declara contudente Delfina.

Ella vivía en Villarreal y se mudó a Burriana. Un traslado que lo llevó a cabo hace dos años y es en esta localidad donde empezaron a surgir los problemas: “Llevo dos años intentando pedir plaza en los colegios de modalidad PIP, es decir que las clases sean en castellano y que le introduzcan poco a poco el valenciano. Y resulta que las únicas plazas que me ofrecen son en centros donde todas las clases son exclusivamente en valenciano”.

Ante esta situación, Delfina no se quiere quedar de brazos cruzados. Ha decidido hacer público su caso, está enviando todo tipo de reclamaciones a las administraciones públicas y, como última instancia, no descarta acudir a los tribunales: “Mi queja es esta, que no pueda mi hija estudiar en castellano. Por eso, estoy enviando quejas a la Dirección Territorial de la Consejería en Castellón, a la Comunidad Valenciana, al Ayuntamiento, al consejero de Educación o al presidente de la Generalitat”.

Sabe que para que pueda lograr su empresa, un punto clave puede ser entrar en contacto con todos aquellos padres de la comunidad que vivan una situación similar. Por eso, otra de sus acciones previstas es contactar con ellos: “Me quiero reunir con el presidente de la Plataforma por la Libertad Lingüística para que nos ponga en contacto con otros padres de Burriana que estén en la misma situación, nos dé sus nombre y teléfonos, nos reunamos y juntos podamos llevar la situación a la prensa o a las televisiones. Y si con todo esto nada sigue sin cambiar, iremos a los juzgados”.

Delfina se encuentra en una encrucijada. Ahora mismo solo tiene dos opciones: aceptar que su hija estudie íntegramente en valenciano o tener que realizar todos los días un desplazamiento para llevarla a su antiguo colegio, y esto último es lo que ha elegido. “Todos los días tengo que llevar a mi hija hasta Villarreal, levantarla una hora antes y llevarla por la carretera nacional para que pueda seguir estudiando en castellano”.

En Burriana tan solo existen tres colegios que imparten clases en la modalidad lingüística PIP. “He llevado una reclamación a todos. Da la casualidad que los tres son concertados. Ellos me han contestado, por escrito, que no tienen plaza y que no pueden hacer nada, que eso depende de la Consejería”, relata indignada.

Delfina vuelve a incidir en las ideas que posee para la educación de su hija: “Yo no me niego a que mi hija aprenda el valenciano, pero quiero que le den una hora en valenciano y el resto en castellano. Exactamente, la misma educación que está recibiendo ahora. Mi hija va desde la guardería a un colegio en el que recibía las clases en castellano, si la obligan ahora a estudiar en valenciano no sabría ni escribir”.

Termina recordando que no parará hasta conseguir que su pequeña pueda estudiar en castellano: “Voy a por todas. He solicitado una reunión con Concepción Gómez Ocaña, secretaria autonómica de Educación, y tras explicarle el caso, me ha dado cita. Y, si nada de esto funciona, terminaremos yendo a los juzgados”.

El caso recuerda mucho al de Isabel Aracil, alicantina de la localidad de Biar, que también plantó cara a la administración para que su hijo pudiera estudiar en castellano.

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La proclama del PSC del Once de Septiembre
Jesús Royo Arpón www.lavozlibre.es 18 Septiembre 2010

Los partidos suelen sacar un manifiesto para la Diada y publicarlo en los periódicos. El del PSC de este año es particularmente vergonzoso, para los que lamentamos la rendición total y absoluta del socialismo catalán al nacionalismo. Se trata de un texto de unas 400 palabras, en el que 'Catalunya' sale 14 veces, 'Estatut' 8, 'nación-nacional' 8, 'social' 6, 'catalanismo' 5, 'nuestro-a' 5, 'unidad' 4, 'ciudadanos-as' 4, 'España' 3, 'confianza' 3, 'ambición' 3. En cambio, ay dolor, 'igualdad', el motor y el objetivo primero de todo socialista, no sale ninguna vez. Tampoco aparecen 'trabajo' ni 'trabajadores'. Ni tampoco 'paro', ni 'crisis': 'vade retro Satanás'. Ni 'bienestar', ni 'juventud', ni 'pensionistas'. Tampoco aparece para nada la palabra 'honradez'.

Por si os había consolado que 'social' apareciese seis veces, siento decepcionaros: tres veces aparece en el sintagma 'catalanismo social', una en 'cohesión social' -sintagma que se suele usar para designar la imposición de la lengua catalana-, y dos más en la serie 'económico y social'. O sea, lo de siempre: Ce doble, S simple y menguante.

El manifiesto se estructura en siete puntos. En el primero, "afirmamos, una vez más, que Cataluña es una nación, que el catalán es nuestra lengua y que el Estatut es nuestra ley de leyes. Ningún Tribunal podrá juzgar nuestros sentimientos". Pero la primera lengua materna de los catalanes es el castellano; nuestra nación, en sentido jurídico, es España; y nuestra ley de leyes, la que nos hace ciudadanos libres y soberanos, es la Constitución.

En el segundo, "reivindicamos el catalanismo social", pero no os hagáis ilusiones: se trata del "catalanismo social que suma y cohesiona, [...] transversal, [...] hace país, [...] aglutina terrritorios, [...] integra a los recién venidos, [...] nos hace un solo pueblo". ¡Qué manía con lo de "un solo pueblo"! A mí me suena siempre a "España una" y a "Ein Volk".

En el tercero, se insiste en el catalanismo social "que nos permite vivir [...] la identidad y la cohesión social con plenitud y de manera integradora". Y es que "no hay nación sin sociedad. Queremos un catalanismo que haga posible la justicia social. Esta es también nuestra ambición nacional". Como se ve, del catalanismo vendrá la justicia: lo social se deriva de lo nacional. ¡Ay, que se os ve el plumero!

En el cuarto, "defenderemos el Estatuto, todo el Estatuto", es decir, no vamos a hacer ni caso al TC. En el quinto, "planteamos el federalismo como la única opción posible para España". Es decir, o España federal, o "Adéu Espanya".

En el sexto, se afirma que seguiremos "la gran avenida del autogobierno, [...] ni atajos, ni inventos, ni sorpresas, ni retrocesos". Pero hay un detalle muy significativo: "objetivos que, bajo la apariencia de una mayor ambición, nos pueden empobrecer, debilitar y dividir". Se refiere, sin citarlo, al independentismo, al que se le reconoce "mayor ambición" un maravilloso acto fallido freudiano. Señores, prepárense para un PSC independentista.

En el séptimo, se presenta a Montilla como "sólido, útil, [...] con rigor, firmeza, seriedad y resultados, [...] sabe adónde va". O sea, un masovero eficiente y formal, que sabrá guardar la finca y hacerla de nuevo "rica y plena".

Siete puntos como las siete espadas que atraviesan el corazón de la Dolorosa. Siete puyas que recibimos los viejos socialistas al ver este PSC totalmente transustanciado, vampirizado y abducido. Qué ocasión tan bonita se han dejado escapar para hablar de los problemas de la gente, la crisis, el paro, la precariedad de los empleos basura, las hipotecas que se comen nuestro salario, la igualdad de la mujer, la escuela totalmente desballestada -eso sí, en catalán-, la cultura vigente como un ensueño adormecedor y esencialista. Qué pena.

Cataluña
La paradoja del paro y la identidad
Antonio Robles Libertad Digital 16 Septiembre 2010

Si un extraterrestre hubiera cogido las portadas de todos los periódicos que se editaron en Cataluña el pasado 11 de septiembre de 2010, "Diada nacional de Catalunya", no tendrían ninguna duda: el problema fundamental de esa sociedad sería la identidad nacional. La fecha es significativa, pero serviría igual cualquier portada del resto del año. Parecería que la resolución de los problemas identitarios (¡?) resolvería todos los problemas de Cataluña.

Es tal el empeño en el enredo virtual, que la sensación creada invita a pensar que fuera de él no hay angustia alguna. Sin embargo, es precisamente fuera de él donde la vida brota y los problemas se multiplican. Despidos, quiebras de empresas, imposibilidad de obtener un préstamo para comprar una vivienda, negocios asfixiados por falta de crédito, prestaciones y ayudas sociales finalizadas, obreros desesperados sin perspectivas laborales. Por eso, cuando retiramos la mirada de esas portadas y de la realidad virtual de los políticos que chapotean en ellas, nos damos de bruces con la gente de la calle, la que sufre y padece la intemperie de la crisis, la precariedad laboral y sus consecuencias físicas y psicológicas. Y por eso la última encuesta del Centro de Estudios de Opinión de la Generalidad (CEO) sobre la percepción ciudadana de las políticas públicas ejecutadas por el Gobierno de Cataluña señala que es el paro y la precariedad laboral (54,6%), no la identidad y sus monsergas, la verdadera preocupación de la calle.

Mientras, esos problemas por los que Gobierno y oposición nacionalista derrochan euros para llevar a la gente a manifestaciones contra el Tribunal Constitucional por "la sentencia del Estatuto", sólo preocupan a un 4,7%. Y si hablamos del alimento espiritual con el que todo nacionalista nos da la murga cada mañana, como es "el problema de las relaciones de Cataluña/España" nos encontramos con un ridículo 0,8%, para bajar hasta el 0,2 si preguntamos por "la crisis de la identidad catalana". Pero claro, cuando impulsaron el Estatuto sólo había un 3% preocupado por tal problema. Y miren para lo que da. Menos mal que la encuesta no pregunta por la corrupción, ni se arriesga a preguntar a la gente corriente si prefieren la imposición de un idioma a la libertad de utilizar los dos. El contraste entre la realidad y su ficción identitaria marcaría aún más la impostura.

Lo que la encuesta no sabe ni le interesa averiguar es por qué, si la gente está preocupada por el paro, su clase política y sindical, sus medios de comunicación y su ejército de docentes macerado por el dirigismo cultural subvencionado siguen con la carraca de la identidad. Y no le interesa averiguarlo porque el catalanismo es el secuestro de la sociedad catalana por una clase social funcionarial y de élite que ha sabido camuflarse en todos los partidos y organizaciones sociales en nombre de la recuperación cultural, ahora transmutada en nacional.

Por eso, la evidencia del paro no evitará que en los próximos lustros la hegemonía política se siga dilucidando en el terreno de la identidad. A pesar de las encuestas.
Quizás lo peor no es que todo ese ejército de funcionarios de la construcción nacional viva a costa de nuestros impuestos, lo peor es que al final todos nosotros, los que les apoyan y los que nos oponemos a ser excluidos a costa de su delirio estamos atrapados en su impostura. Si los contradecimos, alimentamos sus discursos virtuales, y si no lo hacemos, su delirio se inflama hasta desbordar definitivamente la cordura. No es fácil la salida del laberinto.

Mientras tanto, nada de esa maldita discusión servirá para solucionar la angustia de Juan Sánchez Coll, a punto de acabar su subsidio de desempleo y con dos niños pequeños a su cargo.

Señores de la cosa nacional, por respeto a los muertos y por un mínimo de decoro ante los vivos, dejen de chapotear en la sangre podrida de los muertos para envenenar la de los vivos. Reparen, si us plau, en los 4 millones de catalanes que sobreviven angustiados ante la precariedad laboral y el paro. Los cementerios no se quejarán.

Catalunya ininteligible
José Antonio Zarzalejos. www.lavanguardia.es 16 Septiembre 2010

Catalunya se contempla como un escenario político ininteligible, es decir, difícil de ser entendido con coherencia

Observada la política preelectoral catalana más allá de las fronteras del Principado y si no se convive con la intrahistoria elitista de su clase dirigente, Catalunya se contempla como un escenario político ininteligible, es decir, difícil de ser entendido con coherencia. Por dos razones. La primera, porque la agenda de los líderes partidarios está repleta de macroconceptos alejados de la comprensión de los ciudadanos. En un momento de grave crisis económica y social, con altos porcentajes de desempleo, dejar que el discurso público lo sigan absorbiendo retóricas tan complejas como la federalización del Estado, la plurinacionalidad e, incluso, la soberanía y la independencia, es tanto como garantizarse un serio distanciamiento de la ciudadanía urgida por problemas muy inmediatos.

La segunda razón de la ininteligibilidad de la política catalana reside en el baile de posiciones –¿de disfraces?– al que asistimos. Mientras el ministro Corbacho apuesta por la sociovergencia –¡a estas alturas!–, el president Montilla advierte de los peligros que él mismo alentó: la "ruptura emocional y política con España". Requiebro dialéctico el de Montilla, más llamativo aún teniendo en cuenta que ha gobernado durante años con ERC que proclama lisa y llanamente la estatalidad para Catalunya. ¿Cómo es posible trabar estos discursos? Por no abundar en la extrañeza de ver a Artur Mas, un político circunspecto, en un programa de las características de La noria en Telecinco. Y ¿qué pensar de los elogios del ex president Maragall al líder de CiU ("Mas es inteligente y preparado, se ha humanizado, sonríe más y eso le va a favorecer") calificados como "guerra sucia" por el PSC?

Tampoco lo arregla demasiado Alicia Sánchez-Camacho cuando supone que Mas será en un futuro próximo "el Ibarretxe catalán", porque el afán de la popular habría de ser mantener sus posiciones conservadoras y españolistas de manera inteligente para poder tocar poder en Catalunya como Basagoiti en el País Vasco, aprovechando, además, las dudas de Montilla –titubeó gravemente en la radio cuando se le preguntó si Zapatero haría campaña con él– que no parece disponer de una estrategia clara para hilar el discurso electoral de PSC.

No diré, lógicamente, que a los catalanes no les interese el incremento de su autogobierno en las formulaciones jurídico-políticas más idóneas y posibles, pero si el catalanismo no se vincula a logros efectivos y no demuestra capacidad de respuesta y de compromiso con los problemas sociales y económicos perderá buena parte de su sentido histórico y actual. Lo mismo ocurrirá si los políticos hacen jeribeques con sus discursos, inclinados a esto o a aquello según la coyuntura y sus circunstancias. En Catalunya el fenómeno de la abstención –véase la secuencia de las autonómicas y la del referéndum del Estatut– requiere de un tratamiento que las élites dirigentes suelen olvidar y que consiste en la empatía y la sintonía con las inquietudes reales de los votantes. Y esas inquietudes no se refieren sólo a la alta política sino, sobre todo, a la dura cotidianidad de una crisis sin precedentes.

ETA
Por primera vez en la historia de las llamadas treguas de la banda terrorista ETA, el Gobierno no ha respondido con cierta receptividad. Las bases de la izquierda radical abertzale parecen desoladas por la insuficiencia de la declaración de la organización y, más aún, por la ausencia de disonancias entre el PSOE y el PP. La detención de la cúpula de Ekin ha golpeado la frágil moral del entorno etarra.

Josep Maria Pou
Un catalán de pro, magnífico actor, director perspicaz y fino sabueso de los mejores guiones teatrales se ha puesto al frente del teatro La Latina de Madrid lanzando a Concha Velasco –La vida por delante– a una interpretación cimera. En la escena capitalina lo catalán abunda en cantidad y en calidad. Y es aplaudido.

Diada
Si el presidente de la Generalitat viene a Madrid a celebrar la Diada, hay que preparar bien el acontecimiento, darle empaque y consistencia. Era una oportunidad para enchufar a Catalunya con España (Corbacho dixit) y son muchos en la capital los deseosos de demostrarlo acudiendo a actos como este. No faltó la ministra de Defensa, Carme Chacón, pero sí muchos que podían o debían estar presentes.


Un discurso no clausurado

GORKA MANEIRO LABAYEN. PARLAMENTARIO DE UPYD. VITORIA-GASTEIZ. 16 Septiembre 2010|

Escribía Ruiz-Soroa un estupendo artículo, 'El discurso clausurado' (EL CORREO, 4-9-10), donde recogía ideas que a nosotros nos interesan mucho: llamaba la atención sobre la necesidad de formular en Euskadi «un discurso alternativo al nacionalista». Denunciaba esta carencia discursiva que obedece «a una especie de clausura argumental insuperable en todo cuanto se refiera al autogobierno vasco: la de que cuanto más autogobierno, mejor». Animaba a atreverse a «proclamar con argumentos que no es cierto que la única misión de los políticos o gobernantes vascos sea la de mejorar la posición de Euskadi en España, y que no es cierto que la única finalidad del autogobierno sea la de atrapar más y más recursos para el País Vasco». Que debemos defender el interés del conjunto de los ciudadanos españoles en un Estado realmente federalizado. Y que aunque es naturalmente difícil «sostener el discurso de la ciudadanía en una sociedad acostumbrada durante siglos al privilegio derivado del fuero o del Concierto Económico», debe hacerse. Pues bien, todo aquel que siga con cierto interés la política vasca sabe que éste es un discurso clausurado en todos los 'grandes' partidos supuestamente nacionales. Basta con mirar a diestra y siniestra. Sin embargo, y con toda humildad, no es un discurso abandonado por todos y de cuyo rastro no tengamos noticias. Hay quienes, muy gustosamente, lo defendemos.

PIFYA: Pueblitos Ibéricos Federales y Autónomos (PIFIA)
Nota del Editor 16 Septiembre 2010

"Que debemos defender el interés del conjunto de los ciudadanos españoles en un Estado realmente federalizado....  Hay quienes, muy gustosamente, lo defendemos.".  Como parece que no tenemos problemas suficientes con el sistema autonómico, ahora hay despistados que pretender transformarnos en una federación de pueblitos, y esperan así poder morder una parcelita de poder, porque eso sí, aunque seamos más pobres que las ratas, los políticos siempre son un poco menos, algunos muchísimo menos, nadan en la abundancia y no les importa la desgracia ajena.

pifia. (De pifiar).
1. f. Golpe en falso que se da con el taco en la bola de billar o de trucos.
2. f. coloq. Error, descuido, paso o dicho desacertado.
3. f. Bol., Chile y Ec. escarnio.
4. f. Perú. rechifla.

Alto el juego
PATXO UNZUETA El País 16 Septiembre 2010

A los jefes de ETA lo que más les gustó siempre del proceso de paz irlandés es su larga duración. Doce años transcurrieron entre la declaración de Downing Street, en 1993, y la orden del IRA a sus miembros, en 2005, de "depositar las armas". La expectativa de más de una década de negociaciones debe resultar estimulante para los dirigentes de un grupo armado al que casi todo el mundo pronostica poco futuro. Sobre todo, si se considera que el cese de las "acciones ofensivas" es compatible con la continuidad de la extorsión.

La declaración de los encapuchados ha sido interpretada por Batasuna como un primer paso al que deberían seguir otros en aplicación de la estrategia de si mueves, muevo: a la decisión del brazo armado de no realizar "acciones ofensivas" tendría que seguir la disposición del Gobierno a autorizar la participación electoral del brazo político. Y luego, el resto de las "condiciones mínimas para el desarrollo del proceso democrático", recogidas en el documento conjunto de EA y la izquierda abertzale difundido la víspera de la emisión del vídeo de ETA por la BBC.

Ese documento conjunto dice estar inspirado en los llamados Principios Mitchell, en referencia al senador norteamericano George Mitchell que presidió la comisión internacional sobre el conflicto irlandés. El paralelismo con el País Vasco resulta algo forzado porque esos principios tenían que ver con la existencia en el Ulster de organizaciones terroristas en los dos bandos enfrentados. Se trataba de establecer las condiciones de participación en el diálogo acordado entre Londres y Dublín de los partidos asociados a grupos paramilitares. El primer principio era el compromiso de utilizar solo medios pacíficos, y el segundo, exigir a sus paramilitares un desarme verificado por una comisión independiente. El Sinn Fein se oponía a esto último alegando que la más eficaz entrega de las armas era el compromiso de no usarlas. Londres replicaba diciendo que una vez que los partidos habían abandonado la justificación de la violencia, no había ninguna necesidad de armas paramilitares.

El mimetismo irlandés lleva a la izquierda abertzale (y EA) a emplear expresiones como "alto el fuego verificable"; pero, en el caso de Euskadi, para verificar que se mantiene el alto el fuego (incluyendo el cese de la extorsión) basta con leer los periodicos; la verificación de Mitchell tenía que ver con la entrega de las armas, requisito que ETA, de acuerdo con su intención de hacer durar la cosa, está interesada en demorar todo lo posible.

Renunciar a la violencia significa renunciar a obtener ventajas políticas de su cese (mediante la negociación). Y a esto ni ETA ni Batasuna han renunciado. En un comunicado conjunto de EA y la izquierda abertzale difundido hace 12 días se aclaraba que sus condiciones mínimas para un proceso de negociación basadas en los principios Mitchel, conocidas la víspera, eran un desarrollo de su acuerdo para "conseguir un Estado vasco independiente mediante la acumulación de fuerzas".

El PNV ha venido desmarcándose de esos planteamientos, pero ha creado alguna inquietud su anuncio de que "tomará alguna iniciativa" propia ante el alto el fuego. Sin duda, para no quedarse al margen, aislado entre el polo soberanista y los partidos constitucionalistas. Es posible que ese anuncio sea el resultado del difícil equilibrio interno entre las posiciones de Urkullu y Egibar; pero un desmarque del PNV ahora (rompiendo el consenso en la respuesta al anuncio de los encapuchados) sería un refuerzo evidente para las pretensiones de estos últimos, que suelen medir el éxito de sus iniciativas por los movimientos que provocan en el nacionalismo mayoritario.

Esto ocurre cuando el Gobierno de Zapatero negocia el apoyo del PNV a sus Presupuestos. Si se admite que es legítimo exigir competencias a cambio de ese apoyo, sería lógico que Zapatero reclamara a su vez , como parte del acuerdo, lealtad del PNV a la política antiterrorista de los Gobiernos español y vasco: especialmente, el rechazo a cualquier planteamiento que implique una negociación política como condición para la retirada de ETA.

Retirada de ETA significa su desaparición, sin que quepa esquivar ese destino jugando con las palabras: "No quiero oír nada acerca de un alto el fuego de seis meses o de seis años: nada de temporal, indefinido o condicional; nada de [violencia] defensiva o en venganza contra alguien; solo que se ha acabado. Y punto. Si no, me retiro (...) y ellos, el IRA, se pueden volver a otros 25 años de asesinar y de ser asesinados. [Pero] ¿para qué? Porque después de esos 25 años volverán justo donde están ahora, sin nada en absoluto excepto más miles de personas muertas". (Palabras del primer ministro de la República de Irlanda, Albert Reynolds, recogidas en un libro sobre los inicios del proceso de paz por su jefe de prensa, Seán Duignan, y citadas por Rogelio Alonso en Irlanda del Norte. Una historia de guerra y la búsqueda de la paz. Madrid. 2001).

El Tribunal Superior de Xustiza desestima la suspensión cautelar del decreto del gallego

El Alto Tribunal gallego descarta que no tener competencias en un idioma sea una "lesión" para el estudiante si así lo eligen los padres. El fallo definitivo sobre esta normativa puede demorarse hasta dos años
PAULA PÉREZ | SANTIAGO La Opinión 16 Septiembre 2010

El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) mantiene en vigor el decreto del plurilingüismo que empezó a aplicarse este curso escolar. Aunque en agosto había admitido a trámite el recurso presentado por A Mesa pola Normalización contra esta normativa, el Alto Tribunal Gallego no considera necesaria la suspensión cautelar del decreto, tal y como había reclamado esta plataforma lingüística, ya que, según argumenta, no existen "pruebas" de que se pueda producir "un daño irreparable" para los alumnos mientras no se dicte la sentencia definitiva.

El fallo se podría demorar unos dos años y, por esta razón, A Mesa quería evitar que en ese intervalo de tiempo se aplicase el decreto del plurilingüismo aprobado por la Xunta. Para solicitar la suspensión cautelar de la normativa, esta plataforma apelaba básicamente al "perjuicio irreparable" que se produciría para la lengua gallega y para los estudiantes. "La norma es contraria a derecho, perjudica los intereses generales, no beneficia a nadie y para el esperado supuesto de sentencia estimatoria, se tendría consumado otra más que considerable herida en la ya inalcanzable normalización de la lengua gallega", exponía A Mesa.

Su principal argumento, sin embargo, fue desestimado por el auto dictado por el juez el 13 de septiembre y del que ayer por la tarde informó la Xunta. Según explica el TSXG, tanto las "graves perturbaciones psicológicas" para el alumnado como las amenazas de sanción a los profesores que se expresen en lengua gallega están "carentes de prueba".

A Mesa también advertía de que existía el riesgo de que por la elección de los padres pudiese ocurrir que un alumno no adquiriese competencias en uno de los dos idiomas oficiales, en este caso el gallego. Ésta es precisamente una de las novedades que incorpora el decreto del plurilingüismo, que da opción a que las familias puedan elegir el idioma en el que estudian sus hijos en Educación Infantil.

Sin embargo, para el Tribunal de Xustiza el riesgo que expone A Mesa no podría dar lugar a una "lesión" para el estudiante, puesto que ha sido "voluntad de los padres del alumno".

En opinión del Alto Tribunal gallego, no se concretan los "daños y pérdidas de imposible reparación" que podría causar el decreto y advierte que no se pueden contar como tales los gastos que puedan hacer los padres para comprar los nuevos libros de texto adaptados al decreto del plurilingüismo.

En el auto, el juez cuestiona incluso los informes presentados por A Mesa para avalar su demanda de suspensión cautelar. Esta plataforma había recopilado los documentos del Consello da Cultura Galega, la Real Academia, el Consello Consultivo y las tres universidades en relación al decreto del plurilingüismo para justificar la necesidad de paralizar la norma.

El Tribunal de Xustiza advierte que no se puede "adelantar un juicio valorativo sobre el alcance de las consideraciones que se contienen en tales informes sin juzgar la cuestión de fondo", es decir, antes de que dicte sentencia.

En todo caso, el juez recrimina a A Mesa que "dé a entender que el Consello Consultivo cuestionó la legalidad" de varios de los artículos del decreto, cuando, según el auto judicial, "esto no es así".

Aunque sí es cierto que este órgano consultivo cuestiona la participación de los padres en la asignación de materias troncales, el TSXG recuerda que este apartado fue retirado finalmente del decreto de la Xunta, que ya sólo mantiene la consulta para Infantil. "La tacha de legalidad que observaba ya fue eliminada", advierte.

Otra de las razones esgrimidas por A Mesa para paralizar el decreto era el hecho de que confiaba en una sentencia favorable a su recurso. Sin embargo, el Alto Tribunal considera que esto es "un acto de valentía" ya que, según explica, no se puede aventurar cual va a ser el fallo "en una situación tan prematura del procedimiento".

En resumen, el Tribunal de Xustiza considera que "unas consideraciones tan genéricas nunca pueden servir de base para adoptar una medida como la solicitada" y que el interés público no se ve afectado por la vigencia del decreto.

La Consellería de Educación entiende que con este fallo "una vez más vuelve a quedar demostrada que la normativa responde a las peticiones de la sociedad y mantiene en vigor el decreto".

Por su parte, A Mesa recurrirá el auto del TSXG y critica además que la Consellería de Educación "juegue al despiste" al enviar ayer un comunicado en el que "se dice que el Tribunal de Xustiza mantiene la vigencia del decreto del plurilingüismo". "Eso no está cerrado, sólo se ha rechazado una medida cautelar, pero todavía no hay una sentencia firme", apuntó ayer el presidente de A Mesa, Carlos Callón.

Este colectivo no fue el único que presentó un recurso en contra de la normativa aprobada por la Xunta. Los sindicatos -CCOO, CIG, UGT y STEG-, la plataforma Queremos Galego y la Real Academia Galega también recurrieron el decreto del plurilingüismo, que sustituye al impulsado por el Gobierno bipartito en el que se fijaba que "al menos" un 50% de las clases se deben impartir en lengua gallega.

La normativa aprobada fija un equilibrio del 50% entre gallego y castellano. Los puntos que han suscitado más rechazo han sido el de la posibilidad de que los padres elijan el idioma en el que estudien sus hijos y que la Xunta fije la distribución de las materias reservando Matemáticas, Física y Química y Tecnología para el castellano.

Equilibrio liberticida
Nota del Editor 16 Septiembre 2010

"La normativa aprobada fija un equilibrio del 50% entre gallego y castellano": utilizar la palabra equilibrio es un insulto, pues de lo que se trata es de que los padres no tienen derecho a elegir la lengua española para la educación de sus hijos, por lo que desde su más tierna infancia se ven despojados de su derecho a utilizar su lenguia materna española y quedan marginados de por vida a una imposible educación bilingüe para permitir que algunos incumplan el deber constitucional de conocer el español. Hay que estar muy despistados para contar con Galicia para algo. Hay que tener un idioma de referencia y luego adquirir conocimiento de otros idiomas de uso extensivo según los intereses de los padres y alumnos.

Para aprender de mod bilingüe cualquier materia hacen falta entes con tres cabezas, una para cada idioma y la tercera para sincronizar las dos anteriores, tanto por parte del alumno como del profesor. En los modernos aviones de combate, el comportamiento del avión en vuelo es tan complicado que el piloto es incapaz de volar sin la ayuda de un computador que interpreta sus órdenes al avión y genera las sensaciones en el mando del piloto (fly by wire), y claro, si el computador falla, hay que saltar y se perdería al menos el avión, por eso hay dos computadores, pero por si están en desacuerdo, se instala un tercero que hace de árbitro, aunque para más seguridad puede haber cinco.

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