AGLI

Recortes de Prensa   Miércoles 29  Septiembre  2010

 

Huelga a la fuerza
Editorial www.gaceta.es 29 Septiembre 2010

No es cierto que las huelgas sean siempre inútiles. La de hoy va a servir para mucho, porque ya nada será igual después de esta parodia del sindicalismo, de este impúdico autorretrato de la izquierda subvencionada.

Gracias al 29-S, cada vez más españoles entenderán y despreciarán la labor sumisa de Cándido y Toxo, ministros in péctore del Gobierno zapateril, que como tales disfrutan del monopolio de la violencia gubernamental y, por supuesto, de los privilegios de los poderosos: restaurantes caros y cruceros de lujo, las primeras aspiraciones de cualquier nuevo rico.

Gracias al 29-S quedará gráficamente en evidencia quiénes ganan y quiénes pierden en el perverso juego activado por estos parásitos del sistema. Pierden los españoles atrapados en el colapso de los transportes; pierde el derecho al trabajo no frente al derecho de huelga (como, de forma sofista arguyen Méndez y Toxo) sino frente al chantaje de los piquetes, que no es lo mismo; pierde la economía nacional, que soportará un coste de 4.200 millones de euros (cuatro décimas del PIB) como si pudiera permitirse ese lujo. Los únicos que no pierden son los de siempre. Los que, como hoy revela LA GACETA, ganan 3,5 millones de euros anuales con una aseguradora. Los que en lugar de denunciar la pasividad del Gobierno ante la crisis se han lucrado con ella, embolsándose un pico –medio millón de euros– por la gestión del Plan de Pensiones de la Administración; o se han aprovechado directamente de la desgracia de los parados, ingresando 240 millones de euros por la gestión de los ERE.

Los mileuristas, los parados, las pequeñas y medianas empresas que pagan los bogavantes de Méndez y los paseos en yate del comisionista, ya no olvidarán esta burla de quienes con su silencio han mantenido el rumbo del desastre, de los cómplices del desempleo, engordados hasta lo grotesco por ese mamar ansioso de la ubre del presupuesto. Por otro lado, si la huelga consiste en dejar de trabajar, el presidente del Gobierno se ha convertido en el primer activista del paro, porque ha mandado a millones de trabajadores a su casa, meses y años antes de la convocatoria de hoy. Por eso ponen tanto cuidado los convocantes en no zaherir a su bienhechor, que UGT y CC OO hacen negocio con cada ERE, y se multiplican las subvenciones que reciben para “formación”, o para investigar el papel histórico de los sindicatos. Quizá en esa historia hemipléjica es donde han escogido su papel actual de mamporreros del zapaterismo.

La huelga de hoy no está destinada a protestar por la reforma laboral, que es improvisada, defectuosa y tardía, –en el camino se han destruido casi cinco millones de puestos de trabajo–. Tampoco va contra el Gabinete que la ha puesto en práctica ni contra el emperador Obama que la mandó, y mucho menos contra el presidente chino que también dio un telefonazo de atención a La Moncloa. Todos ellos son camaradas y hay que buscar otros culpables, como los empresarios ridiculizados en esos vídeos infames de ugeté y, por supuesto, Esperanza Aguirre, el ogro que necesitan los que viven de alimentar el miedo, y a la que UGT llamó ayer “bruja”, de acuerdo con un guión que ya fue ensayado en la huelga del Metro.

Por todas estas razones se convocó la movilización general con tanta antelación, para diluirla entre las protestas de Europa, como si la responsabilidad del Gobierno Zapatero se pudiera confundir con la crisis global que azota a todo Occidente. Tiempo suficiente para la pedagogía de sus masas. No tienen más que llamar al Chikilicuatre para que les explique a los obreros que ZP sigue siendo de los nuestros.

Pero lo peor de la jornada de hoy será la violencia anunciada, la intimidación repetida, el matonismo proclamado por quienes pretenden que “el derecho a la huelga prevalece sobre el derecho al trabajo”, (¿y también sobre el derecho a la información?), toda una declaración de prepotencia mafiosa, y una amenaza nada velada contra quienes no se dejan manipular por sus autoproclamados representantes. Cada piquete violento demostrará que la fuerza sindical es principalmente la de la impunidad, tanto en materia de seguridad ciudadana como en la de la opacidad de sus cuentas, eterna asignatura pendiente de la democracia y, por eso mismo, chantaje permanente de los que hacen de la pancarta su fuerza política, pasando incluso por encima de los derechos fundamentales de los demás.

Los intentos por colapsar el transporte público, singularmente en Madrid, escaparate mediático de España, son inversamente proporcionales a la escasa autoridad moral y a la nula capacidad de convocatoria de unas organizaciones del jurásico. Por eso tratan de mantener en pie la farsa de la famélica legión con una huelga tan impostada como los Tartufos en que ellos mismos se han convertido. Conscientes de que nadie confía ya en los sindicatos, de que su carácter parasitario les priva del más mínimo prestigio ético, de que su connivencia con el Gobierno Zapatero les ha dejado en evidencia, privados de coartada ideológica o del falso discurso de la ética social, UGT y CC OO recurren a lo único que les queda: la fuerza.

Una huelga incivil y estúpida
En el día de hoy la sociedad española se enfrenta a un fenómeno al que no se atreve a llamar por su nombre, a una grave insumisión completamente injustificada.
José Luis González Quirós. www.gaceta.es 29 Septiembre 2010

La huelga general es un golpe de Estado encubierto, un intento de sustituir la soberanía popular que se expresa en el Parlamento por el diktat de unos iluminados que, en realidad, sólo buscan la manera de seguir gozando de sus privilegios gracias a la irresponsable condescendencia de las fuerzas políticas y a la paciencia infinita de los trabajadores cuya representación pretenden tener en exclusiva. Si existiese una ley de huelga no habría duda de que no cabría hacer huelgas contra la ley democrática, que es lo que estos personajes promueven. Dicen defender los derechos laborales de los trabajadores, pero lo que en realidad defienden es su derecho a estar por encima de la ley común, su patente de corso, el estado de excepción cuando les convenga.

Cándido Méndez y Toxo han visto en peligro su mamandurria, sus cruceros y sus refrigerios, su enorme poder, y han pegado un puñetazo encima de la mesa para que todos bailemos al son que tocan. Su invitación al baile no es, desde luego, galante: recuerda a esas escenas del Far West en que unos pistoleros borrachos obligan al público aterrorizado a bailar mientras los matones se mondan de risa. Todos sabemos que sin la violenta presencia de los piquetes, sin la vergonzosa cesión de sus cuates del Gobierno en unos servicios mínimos a la medida de sus intereses, esta huelga nos permitiría resolver con precisión el misterio de cuántos son los liberados sindicales.

El 14 de diciembre de 1988 los sindicatos promovieron una huelga general contra las medidas económicas del Gobierno de Felipe González, y el país se paralizó porque todo el mundo entendía que aquel Gobierno necesitaba un correctivo que pusiese límites a su arrogancia.

No es el caso de hoy con un Ejecutivo en crisis y que se mantiene en píe únicamente por sus continuos convolutos con las fuerzas interesadas en que España se vaya a pique. El Gobierno está afortunadamente monitorizado por el directorio europeo desde el día de mayo en que Obama le cantó las cuarenta a ZP, que, por primera vez en su vida, se dio cuenta de que las cosas son como son y no como a él le convenga que sean. Lo que este Gobierno está haciendo, mal por supuesto, es aplicar los remedios que le dicta nuestra pertenencia a Europa y nuestra moneda, el euro. Lo que hacen los sindicatos es rebelarse directamente contra Europa y contra nuestra débil Democracia que, les guste o no, aprobó la reforma laboral democráticamente, en el Parlamento.

Los sindicalistas españoles no conocen otra ley que la del embudo. La huelga de hoy está en las antípodas políticas de la del 88 que sirvió para fortalecer, de hecho, la Democracia; si, por el contrario, ésta triunfase, sería el certificado de defunción de la libertad en España. Nuestro sindicalismo es uno de los mayores peligros que acechan a la libertad, a nuestra endeble Democracia. Estos tipos se pasan por salva, sea la parte, la voluntad popular, y los derechos de quien haga falta, para conseguir lo que se proponen, que, desde luego, no tiene nada que ver con lo que dicen, monsergas viejísimas que no engañan ya a nadie, aleluyas para vivir sin hacer nada.

Colaborar con esta huelga es trabajar por el desprestigio, ya muy fuerte, de la Democracia. Es hacer a lo bruto lo que ha hecho el Gobierno de Zapatero con algo más de disimulo: recortar las libertades, arruinar al país, incrementar el paro, hacer el ridículo ante el universo mundo. La huelga significa un chantaje y es una imposición violenta cuando se hace desde arriba, sin que nadie la reclame, sin consultar a nadie, sin tener en cuenta el interés general. Un día de hace unos meses los líderes sindicales se dieron cuenta, algo tarde, desde luego, de que no tenían nada que hacer y su brillante mollera concibió la única salida posible, la “gran putada” de la huelga. Esta confesión de parte tiene su interés, revela que los líderes sindicales estaban encantados con el deterioro de la economía, con el vertiginoso aumento del paro, con el país exánime y que, cuando se dieron cuenta de que el Gobierno iba a dejar de seguir sus indicaciones por fuerza mayor, advirtieron prontamente el riesgo que corrían sus sitiales.

La huelga de hoy trata de evitar que los ciudadanos caigan en la cuenta de la perversa inutilidad de estos sindicatos para gestionar los problemas reales de la economía, para evitar el paro. El público ha comprendido que UGT y CC OO llevan demasiado tiempo vendiendo mercancía averiada a precios abusivos, que constituyen un duopolio que impide la modernización del mercado de trabajo, la invención de una economía capaz de ofrecer oportunidades a todos y no sólo a unos pocos. Los sindicatos quieren ofuscar esa conciencia para que les sigamos pagando sus momios sin rechistar: ese es el objetivo de esta huelga incivil y estúpida.

Huelga general
La fe de los sindicatetos
Francisco Capella Libertad Digital 29 Septiembre 2010

Creen que la huelga no es un envite de los sindicatos contra el Gobierno, sino un envite democrático en el que nos la jugamos todos y todas. Y es que para ellos esto es un juego, seguramente de azar porque la habilidad y la inteligencia no son sus puntos fuertes, y ellos hablan en nombre de todos y todas. Se creen profesores porque el Gobierno y los empresarios van a recibir una lección de democracia.

Creen que el derecho a no hacer huelga no existe y que el interés de la mayoría de los trabajadores siempre está por encima de la voluntad de los grandes y pequeños empresarios. Creen que la mayoría de personas que acuden a trabajar el día de la huelga lo hacen presionadas, amenazadas y coaccionadas por sus jefes con bajadas de sueldo y despidos. Se creen víctimas, pero no creen necesario mostrar más evidencias que sus propias declaraciones, porque ellos nunca mienten ni engañan.

Creen que la lucha de la masa obrera ha servido a lo largo de la historia para mejorar los derechos de los trabajadores. Y van a seguir "mejorándolos", quieran o no: van a luchar, guerrear, batallar, pelear, golpear, gritar y hacer lo que haga falta hasta vencer la resistencia de aquellos a costa de quienes se obtienen esos derechos, que son todos los demás.

Creen en el trabajo de los piquetes disuasivos, porque de verdad disuaden. Creen que los piquetes son la expresión más genuina de la defensa de los derechos democráticos, que se articulan gritando mucho y con lenguaje gestual de amenazas y desaprobación. Creen que todos sus golpes son en legítima defensa, y los de los demás son viles agresiones injustificables.

Creen que las calles y las carreteras son de ellos y por eso pueden cortarlas para impedir el paso a los demás. Creen tener derecho a redecorar la propiedad ajena según su discutible criterio estético y llenarla de pintadas o pegatinas. Creen que si un negocio ha cerrado es porque está de huelga y apoya su causa. Creen que si no haces huelga es porque no sabes lo que haces; o tal vez sí y "tú sabrás lo que haces". Algunos creen que la huelga se hace mejor cubierto, son tímidos y no quieren ser identificados.

Creen que los estridentes pitidos de sus silbatos son música celestial que todos deben apreciar. Creen que todos deben prestar atención a su discurso informativo, y que con más volumen se tiene más razón. Creen que sus consignas de pocas palabras no muy complicadas contienen enormes cantidades de información acerca de la política económica y la filosofía del derecho.

Creen en el rebaño, en la manada, en la masa: siendo muchos siempre se tiene más fuerza y se puede hacer más daño. Al compañero le creen todo, al traidor esquirol nada. Creen que los que se niegan a hacer huelga son indeseables insolidarios a quienes conviene insultar y corregir su conducta con algún destrozo para que aprendan. Se creen éticamente responsables pero no admiten la responsabilidad por los daños que causan: es que les han provocado.

Creen que las pérdidas que causan por sus coacciones a todos aquellos a quienes no permiten trabajar son un coste asumible en la lucha sindical: al fin y al cabo, no son ellos quienes tienen que asumirlas. Creen que los servicios mínimos equivalen a servicios máximos: no tiene usted derecho a trabajar si otros ya han cumplido con el mínimo.

Se creen clase trabajadora, pero no hay mucha evidencia de que produzcan algo de valor a precios que interesen a otros: salvo que sean del gremio de matones, demoliciones, asaltos o destrucciones varias. Tal vez piensan que les está prohibido convertirse en empresarios abandonando a los que ahora presuntamente los explotan; o quizás son incapaces de organizar proyectos productivos exitosos, lo saben y por eso ni lo intentan.

Creen que el trabajo es algo bueno y ellos, generosos, se lo dejan a los demás: salvo el día de huelga, que entonces todos deben disfrutar igualmente de lo de no trabajar.

Francisco Capella es director del área de Ciencia y Ética del Instituto Juan de Mariana, creador del proyecto Inteligencia y Libertad y escribe regularmente en su bitácora.

Huelga autista
Ignacio Camacho. ABC 29 Septiembre 2010

SI usted está leyendo este artículo en papel podrá decirse sin mucha osadía que la huelga general ha fracasado. Habrán abierto los quioscos, funcionado mal que bien los transportes y usted habrá podido comprar el periódico camino de su trabajo en un día de relativa normalidad. Si por el contrario no tiene otro modo de leerlo que en internet puede que los sindicatos hayan tenido un éxito razonable, que el país esté medio paralizado y que la convocatoria haya gozado de un eco significativo. Sucede que tanto en un caso como en otro nada va a cambiar, nada debe cambiar. Y que mañana todo seguirá más o menos como estaba… salvo que Zapatero vuelva a dar una improbable voltereta de su estilo.

Los únicos que se juegan algo serio en esta huelga son sus convocantes, sometidos a un desgaste social que se han ganado a pulso. Primero con su apalancamiento en los privilegios de la concertación social, con su dislate de liberados y sus prebendas de cursos de formación, con sus subvenciones millonarias, con su transformación en una casta blindada al margen de los avatares laborales de sus representados. Después, con su pacto con el Gobierno zapaterista, origen de una política de gasto que situó las finanzas del Estado al borde de la quiebra; cubrieron y respaldaron los errores del poder público en medio de una crisis que devastaba el tejido social sin que ellos levantasen la voz y actuaron como fuerza de protección de un Ejecutivo a la deriva. Por último, cuando Zapatero se vio obligado a rectificar bajo la presión de los socios internacionales que financian nuestra deuda, escenificaron un drama de amantes traicionados que ha desembocado en esta huelga más dirigida a salvar su propia reputación que a rectificar unas medidas imprescindibles para sostener la solvencia española.

La jornada de hoy es un órdago autista en el que los sindicatos sólo se desafían en realidad a sí mismos. La soledad política del zapaterismo encoge el ímpetu sindical porque las centrales temen desanudar los lazos con su único aliado cercano, que a su vez no desea el fracaso de sus más próximos parientes ideológicos. Ésta es una huelga llena de mala conciencia mutua, y esa sensación es tan transparente que ha motivado en las vísperas una patente indolencia ciudadana. No existe riesgo de ruptura; si acaso, de que el Gobierno encuentre un pretexto para aflojar un poco su reciente ímpetu reformista. De todos los grandes paros de la democracia el de hoy es el menos enérgico en sus motivaciones, al margen de cuál sea el resultado; al final, una huelga se decide en los transportes colectivos, y si éstos alcanzan un nivel de colapso importante la gente desiste de ir a trabajar aunque pretenda hacerlo.

Pero mañana, si el presidente cumple su palabra, todo seguirá igual. Y si no la cumple, los sindicatos podrán sacar pecho pero el país deberá contener el aliento porque volveremos al riesgo de bancarrota.

La huelga bastarda
josé maría carrascal ABC 29 Septiembre 2010

GENERALMENTE, las huelgas se hacen contra las empresas. Pero esta huelga se hace contra el Gobierno, lo que la hace especial, por no decir espuria, para no usar el adjetivo de Fernández Toxo, «una putada». Aunque hay en ella un fondo de verdad: en España, el Gobierno, los gobiernos, mejor dicho, pues tenemos de todas clases, son los mayores empresarios en nuestro país. De ellos dependen millones de empleos, aparte de las innumerables subvenciones, subsidios, sinecuras que impiden a nuestra economía tener la flexibilidad y dinamismo que exigen los tiempos modernos y retrasan la recuperación.

La segunda anomalía de esta huelga es que sus protagonistas venían siendo los mejores socios, hasta el punto de compartir objetivos y estrategia. El Gobierno daba a los sindicatos lo que le pedían, y los sindicatos hacían lo que convenía al Gobierno, incluido acosar a la oposición. ¿Recuerdan las manifestaciones abiertamente anti-PP que organizaron? Nada de extraño que el Gobierno «comprenda las razones de los sindicatos» y trate de restablecer el anterior compadreo en cuanto pase el aquelarre de hoy, como ocurre en esas riñas matrimoniales en que ambos cónyuges saben que vendrá la calma tras la tormenta.

¿Por qué, entonces, han armado esta enorme zapatiesta (la palabra me ha salido sin querer)? Pues porque no tenían más remedio que armarla. El Gobierno se ha visto obligado a tomar las medidas de ajuste, no por gusto, sino porque se lo exigían Bruselas y los mercados, poniéndole la pistola en el pecho. Y los sindicatos no han tenido otro remedio que protestar ante los mayores recortes de los derechos de los trabajadores en lo que llevamos de democracia. Es decir, para demostrar que son unos auténticos sindicatos, y no una panda de pancistas que viven al socaire de los presupuestos generales del Estado, o sea, a costa de los demás.

Esa es la tercera anomalía de esta huelga: que sus dos protagonistas, en el fondo, no la quieren, que preferirían no hacerla, que han ido a ella forzados por las circunstancias, porque no les quedaba otra salida. Por lo que están deseando que llegue mañana para ver si reconstruyen su anterior compadreo. Pero las cosas, incluso cuando son falsas, causan efecto, y esta huelga bastarda puede salirles mal a ambos, como ocurre en los duelos a primera sangre o en los partidos amistosos. ¿Quién va a ganar, quién va a perder?, se pregunta todo el mundo. La respuesta es: nadie va a ganar, todos vamos a perder. ¿Cómo puede hacerse una huelga general en la situación en que se encuentra España? Pues precisamente para encontrarse en ella.

29-S
Burla general
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 29 Septiembre 2010

Constatado el fracaso de la huelga por boca de un lacrimógeno Corbacho, quien parecía más un frustrado pirómano que un airoso superviviente de la quema, queda, como reclaman nuestras centrales sindicales, que la convocatoria traiga sus consecuencias. Al cabo, si ni siquiera el corte de las comunicaciones y la decidida actuación de los piquetes antiobreros ha conseguido que más de un 5% de los ultrajados trabajadores patrios secundara la huelga de nuestros sindicatos "mayoritarios" (sic), entonces el restante 95% tendremos que exigir responsabilidades.

Porque ese 5% apenas alcanza para cubrir los afiliados sindicales que no sean liberados más algún que otro empleado de alguna industria –como la del automóvil– con una estructural sobreproducción y a la que no le venía mal parar las máquinas por un día para ahorrarse unos eurillos. Así, tras este espectáculo revolucionario-circense, habrá que pasarles cuentas.

Primero, a los sindicatos. Dado que exigen una rectificación inmediata de la política gubernamental, deberán tenerla: basta ya de privilegios y de subvenciones millonarias. Los sindicatos son un claro ejemplo de grupo de presión autoalimentado: su función social es nula o contraproducente –de ahí que vivan del presupuesto– pero han conseguido crear el mito de que son imprescindibles para el buen funcionamiento del país. Gracias a semejante narrativa ucrónica, han logrado generar una burocracia dependiente de los fondos que coactivamente les transfieren los empresarios y el conjunto de los españoles a través del erario público. Sólo los propios sindicalistas secundan sus huelgas, sólo los propios sindicalistas acuden a sus manifestaciones, sólo los propios sindicalistas reclaman una mayor presencia suya en las instituciones. Es lógico, pues su privilegiado y lujoso modo de vida depende de ello, pero no permisible: la rigidez del mercado laboral español requiere de cambios urgentes y uno de ellos pasa por acabar con el sindicato vertical de la Comisión General de los Trabajadores o de las Uniones Obreras; esto es, pasa por implementar a un modelo de negociación contractual entre las partes y por que los sindicatos se financien sólo con las cuotas de sus afiliados (si es disponen de alguno).

Pero el fracaso de la huelga no sólo debería arrollar a los sindicatos, sino también el Gobierno. Durante tres años de durísima crisis económica, el Ejecutivo socialista abdicó de sus responsabilidades económicas para que los "agentes sociales" negociaran una reforma laboral que sirviera para capear la depresión. Se nos dijo que el Gobierno no podía ignorar a los sindicatos debido a su enorme representatividad social y la bromita nos ha costado casi tres millones de puestos de trabajo. No fue hasta que Merkel estuvo pisándole los talones a Zapatero cuando éste aceptó hacer como que ignoraba a los sindicatos y sacó adelante su propia reforma laboral; un simulacro que, no obstante, ha concluido como sólo podía concluir: en un nuevo pasteleo entre el Gobierno y los sindicatos para no tocar los elementos esenciales de nuestro franquista mercado laboral cuyo acto central ha sido esta burla general.

Si los sindicatos y sus liberados sobran, con más motivo sobra su Gobierno cómplice. Así no. Rectificación ya. Conocemos de sobra cuáles son los réditos de la política económica izquierdista: recesión y paro. Levantemos sus privilegios y dejemos que la economía se ajuste. Del río revuelto de esta crisis sólo están acaparando pescados los grupos de presión que viven del presupuesto público, entre ellos los sindicatos. Despidámonos de ellos y del desvergonzado Gobierno que en época de carestía está dispuesto a seguir comprando su apoyo con nuestros cada vez menores ahorros. A buen seguro, los millones de personas a las que sus ruinosas políticas han condenado al desempleo lo agradecerán. Que la huelga no haya sido en vano.
Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores, galardonado con el Premio Libre Empresa 2010.

Acto homenaje a Sanz-Briz

Carlos Martínez-Cava Minuto Digital 29 Septiembre 2010

En esta noche de España muchos son los que se preguntaran qué hacemos aquí. Muchos son los que, caminando por estas calles, vean nuestras banderas juntas y se pregunten por el sentido de este acto.

Nosotros, todos nosotros, en esta intemperie del Otoño de la capital de España, no hemos venido a un simple acto de memoria histórica. Hemos venido a evocar a un hombre y a un conjunto de compatriotas ejemplares. No para sentirles únicamente como un pasado que allí quedó, y reconocerles cuanto hicieron, sino para emular sus vidas y su ejemplo en estas difíciles horas y sin pulso de nuestra Nación.

Horas en que la Nación Política se disuelve y la Nación Histórica tiene tan pocos valedores. Y aquellos momentos críticos de entonces que hoy vamos a recordar, nos han de servir para la regeneración de España.

Una Nación no se edifica desde la mentira, el olvido o el escarnio; desde el regocijo por la discordida o la envidia. Una Nación, una gran Nación es el esfuerzo de generaciones que legan su herencia y la pasan a la siguiente como corredores que pasan su testigo corriendo por una playa infinita.

Una Nación es un cuerpo de hermanos. Hoy rendimos homenaje a uno de ellos, el más conocido de entre ellos.

Doy las gracias a Yolanda Morín, a quien aprecio sinceramente, y a España y Libertad por proponernos la organización de este Acto. Sin el espíritu que nos animó el pasado mes de Julio a rendir tributo a otro gran español como fue Jose Calvo Sotelo, quizá, el acto de hoy no hubiera sido posible. Pero lo es.

No nos anima enfrentar una historia con otra. Dije entonces y lo digo ahora que es objetivo de AES, en cuanto tengamos representación en el Congreso, solicitar la derogación de esta infame Ley de Memoria Histórica. No nos anima con ello, el olvido, sino la concordia. Es nuestro objetivo buscar un dia en el que en todos los lugares de España se pueda celebrar ese hermanamiento colectivo por encima de toda bandería, de todo interés particular y de todo sectarismo.

Una Nación es la proyección del Amor en el tiempo. Aprendí de mis abuelos maternos esa lección. De aquel abuelo, republicano, que celebró en la Puerta del Sol la llegada de la República un 14 de abril de 1931, y de su mujer, mi abuela, que me recordaba siempre los disparos que segaron la vida de aquel joven poeta llamado Jose Antonio. Los dos, unidos, simbolizaron para mí, la España que deseo y sueño.

Angel Sanz Briz, Eduardo Propper, Jose Ruiz Santaella, Bernardo Rolland, Sebastian de Romero, Miguel Angel Muguiro, Julio Palencia, Jose de Rojas y Jorge Perlasca. Todos ellos, todos y cada uno de ellos, merecerían calles y estatuas en cada ciudad de España.

No hay ningún libro, ninguna película (salvo la italiana de Perlasca) que recoja la epopeya épica, agonal, maravillosa hasta el milagro mismo de estos hombres arriesgándolo todo por salvar una vida tras otra de aquellos judíos perseguidos por un régimen materialista y totalitario (tanto como el comunista y no menos malo que estas democracias relativistas y sin valores, donde se mata en silencio a los niños en el seno de sus madres, sin que apenas unos cuantos hagan algo).

Por eso es obligada esta evocación. Por eso las palabras de Jorge Perlasca han de resonar esta noche aquí: “Fui a la guerra de España porque quemaban Iglesias, y estoy aqui porque destruyen sinagogas. Para mí, es lo mismo”

Y para mí, también. Para todos nosotros, también. Para la Historia de España, la verdadera –no la que nos quieren vender para dividirnos o enfrentarnos-, también.

Es esa misma lucha de defensa de toda dignidad humana, de defensa del sentido de lo sagrado de la existencia humana la que nos empuja a mirar a Angel Sanz Briz con agradecimiento.

Sanz Briz no actuó solo. Su labor humanitaria no fue individual, aislada o ajena. Siguió instrucciones directas de la Jefatura del Estado. De un Estado católico que había vencido al comunismo en el campo de batalla y acogió a todos los españoles para proporcionales hogar, lumbre y pan.

España fue el país que más judíos puso a salvo: Suecia acogió a unos 10.000 y Suiza a unos 22.000 pero negó la entrada a miles de judíos. España superó las 50.000 vidas puestas a salvo.

Aquella disposición legal del General Primo de Rivera de 1923 por la que se concedia la nacionalidad española a los judios sefarditas, resultó providencial en la Segunda Guerra Mundial. Fue el instrumento del Gobierno español para salvar a miles de vidas de la muerte segura. Todos los sefardies que se encontraron en Alemania, Austria, los Balcanes, Grecia, Hungría recibieron acogimiento por nuestras embajadas de forma inmediata.

En noviembre de 1944 el Congreso Mundial Judío celebrado en Atlantic City fue rotundo: “En nombre del Comité ejecutivo del Congreso Mundial Judío, expreso al Gobierno español nuestra profunda gratitud para el refugio que España ha concedido a judíos procedentes de territorios situados bajo la ocupación militar alemana”.

España pudo hacer más, es cierto, pero no nos dejaron. El gobierno español hizo gestiones con los EEUU para que éste instalara campos de acogida en el norte de África a lo que el gobierno americano se negó.

Esta defensa de la dignidad del pueblo judio por parte del Estado nacido de la Guerra Civil habia comenzado ya en el encuentro de Hendaya donde el Jefe del Estado se negó a introducir cambios legislativos que contuvieran medidas antisemitas o que se entregaran a Alemania los refugiados judíos que habían cruzado nuestras fronteras.

Sanz Briz y ése cuerpo diplomático no actuaron solos. Estaban acompañados y dirigidos por una voluntad decidida de salvar aquellas vidas. La del Jefe del Estado Español que lo ordenó expresamente.

Es nuestro deber estar aquí esta noche para sentir orgullo de estos hombres. Para decir, alto y claro, que cuando muchos hicieron seguidismo de un Estado totalitario y racista, y otros le combatieron en el campo de batalla, nosotros, los españoles de entonces, dimos instrucciones directas de protección a aquellas personas desvalidas, perseguidas injustamente.

Eso ha sido siempre España.

En la memoria de estos hombres encontramos la compañía de muchos otros que, por ejemplo, en la división azul, que partió para combatir el comunismo, hicieron lo mismo: proteger a aquellos judios perseguidos (ante la sorpresa o indignación en ocasiones de aquellos orgullosos alemanes).

Es la memoria de una conciencia católica que pervivió a lo largo de siglos. Cuando Bernardo de Galvez reconquista Pensacola en el siglo XVIII lo primero que hace es restaurar la legislación de Isabel la Católica en lo que hacia al trato hacia los negros e indígenas. Aquella legislación, seguía siendo todavía mucho mas favorable que la impuesta por franceses e ingleses, porque defendía la dignidad de la persona como ninguna de estas otras naciones lo hacía. Siglos más tarde, ésa España defendió al pueblo judío perseguido de la misma manera.

Esa es la memoria y la historia de España.

Y todo eso está muy lejos de lo que éste Gobierno separador, incitador a la desigualdad y al odio, nos quiere inculcar.

Que estemos hoy en la calle, es toda una metáfora de cómo están las cosas en nuestra Patria. Si hubiera dignidad, ninguno de nosotros estaríamos hoy aquí, habiendo tenido que viajar centenares de kilómetros, dejando nuestras ocupaciones o quitando tiempo a nuestros hijos.

Pero sentimos que ha llegado esa hora. La de que esta noche, ondeen hermanadas las banderas de España y de Israel, en homenaje a estos hombres buenos y nobles.

Nuestra Historia no se proyectara desde la mentira, la ocultación o la manipulación. La Historia de España es la limpia trayectoria de la búsqueda de la Verdad. Porque sólo desde ahí seremos libres. Y con ello, más españoles.

El 22 de noviembre de 1975, el Gran Rabino de Nueva York hizo una ofrenda por el alma del General que había dado aquellas instrucciones a Sanz Briz y todos sus compañeros.

Hoy nuestra ofrenda les recuerda a todos, en esta noche. Y damos gracias en la memoria de un Holocausto que nunca deberá repetirse.
Honor y gloria a Ángel Sanz Briz. A todos aquellos valientes.

¡Viva España!
¡Viva Israel!

Islam, puerta a un nuevo Holocausto
Yolanda Morín. Minuto Digital  29 Septiembre 2010 |

Poco más puedo añadir a lo que tan claramente han expuesto las personas que han intervenido antes que yo. Lo que ha quedado claro es que en toda época ha existido un enemigo del que guardarnos, y hoy, otra vez, los judíos, Israel y nosotros mismos nos vemos ante el grave problema de ser víctimas de un nuevo exterminio que vivimos cada día pero que nuestra clase política parece que no acaba de entender.

Hablo de ese islamismo que recorre el mundo. No es un problema de Israel, es un problema de Occidente, pues quieren acabar con nosotros.

La inmigración masiva que ha llegado a Europa ha traído consigo un fortísimo incremento de esta ideología totalitaria y antidemocrática. Lo políticamente correcto, encabezado por la ya famosa Alianza de Civilizaciones de nuestro presidente, José Luís Rodríguez Zapatero, quiere hacernos creer que el Islam es una religión como la católica u otras que están asentadas en Europa desde siempre y con las que no tenemos el más mínimo problema. Lo cierto es que ninguna otra religión representada en Europa se dedica a golpear a las mujeres, a lapidarlas o a asesinar a aquellos que profesan otras creencias religiosas.

El Islam es la religión que, proporcionalmente, más se expande por el crecimiento demográfico. Un total de cincuenta y cuatro millones de musulmanes viven ahora en Europa. La Universidad de San Diego ha calculado que un asombroso 25 por ciento de la población en Europa será musulmana dentro de 12 años a partir de ahora. Se pronostica una mayoría musulmana en Europa para finales de este siglo.

Como decía Geert Wilders, lo que más se conoce de Europa son sus lugares emblemáticos y turísticos, pero muy cerca de ellos hay otro mundo. Un mundo que muy pocos ciudadanos ven y que no aparece en las guías turísticas. Es el mundo paralelo de la sociedad musulmana creada por la inmigración en masa. En toda Europa una nueva realidad va en aumento: los grandes barrios en los que todo es musulmán.

Es el mundo de los velos islámicos, donde las mujeres caminan tres pasos por detrás de sus maridos. Con muchas mezquitas habilitas sin ningún tipo de permiso. Las tiendas tienen signos que vosotros y yo no podemos leer. Son ghettos musulmanes controlados por fanáticos religiosos. Barrios musulmanes que se multiplican en las ciudades de toda Europa y que son los elementos básicos para el control territorial de Europa: calle por calle, barrio por barrio, ciudad por ciudad.

Yo no tengo nada contra los musulmanes, contra la gente… con lo que tengo un problema es con la ideología islámica. Creo que es una ideología totalitarista que no puede ser comparada con otras religiones sino con otras ideologías como el comunismo. En la ideología islámica no existe lugar más que para el Islam. Y es esto a lo que debemos tener miedo.

Según afirmaba el diario británico The Guardian hace unos meses, en el Reino Unido 85 “tribunales” ya aplican la sharia, la ley islámica. Entre las situaciones en las que se recurrió a estos tribunales islámicos estaban la de prohibir a una mujer musulmana poder casarse con un no musulmán a menos que se convirtiera al Islam y la retirada de derechos de propiedad de una mujer en caso de divorcio.

Es decir, que no es tan solo una cuestión de comer carne halal o de buscar la bendición de Dios en el matrimonio. Es un desafío a los derechos y libertades del individuo, de nuestro concepto de un sistema legal basado en la democracia.

El Islam también avanza rápidamente en España ante el temor y la perplejidad de los ciudadanos, y las ayudas indiscriminadas del gobierno socialista.

La guía ‘Musulmanes en España’, afirma que las mezquitas son el epicentro de la vida comunitaria para 1.300.000 seguidores de Mahoma residentes en España (el 2,5% de la población española) y la cifra de mezquitas en España se eleva ya a más de 600, en su mayoría construidas con financiación de países totalitarios y antidemocráticos como Emiratos Árabes, Marruecos o Arabia Saudita.

Seguramente, el caso más espectacular es el de la llamada Mezquita de la M-30, en Madrid, construida a costa de las arcas de Arabia Saudita, país donde portar un crucifijo acarrea la cárcel y todo musulmán que se bautice puede ser condenado a muerte y ejecutado. A la inauguración de ese centro de adoctrinamiento islámico asistieron los Reyes de España, que tienen estrechas relaciones con la Casa de Saud. Arabia Saudita también pagaba las facturas del imán de Fuengirola, condenado por incitar a la violencia contra la mujer.

Tanto avanza el Islam en España que, por ejemplo, el diputado del PSOE en el Parlamento de Cataluña Mohamed Chaib Akhdim ha exigido un cambio en las políticas relacionadas con la inmigración y ha señalado que ‘no es normal que a estas alturas tres o cuatro millones de inmigrantes no tengan derecho al voto’, al tiempo que ha pedido que este colectivo pueda decidir ‘cómo quieren que sean sus ciudades y barrios’. ‘En esto los musulmanes tenemos mucho que decir’ ha afirmado. Es decir, que van a venir de fuera a decirnos como tienen que ser NUESTROS BARRIOS Y NUESTRAS CIUDADES.

Otros que se han apuntado a lo políticamente correcto han sido los socialistas de Melilla, que han criticado que no se adornen con luces las calles de la ciudad con motivo de la celebración del Ramadán. Su crítica la han acompañado de la oportuna comparativa al cuestionar que el área municipal de Festejos de Melilla sí iluminaba las calles en Navidad.

Mientras tanto, los expertos en antiterrorismo afirman que “la actual legislación, satisfactoria para combatir el terrorismo etarra, no es un arma eficaz para luchar contra el terrorismo islamista”.

Nosotros, en España y Libertad, creemos que el Islam es una ideología antidemocrática, y aprovechamos este día para pedir a nuestra clase política que se tomen medidas urgentes contra esta amenaza porque de lo contrario viviremos otra vez aquesllos oscuros tiempos y los campos de concentración se volverán a levantar para encerrar y exterminar a los no musulmanes. No queremos vivir un nuevo Holocausto, y por ello pedimos:

Que se prohíba la construcción de centros de adoctrinamiento islámico, sobre todo aquellos en fase de proyecto que serán gigantescos.

Que se prohíban los minaretes en las mezquitas existentes, porque son símbolos de dominación territorial.

Que no se cedan espacios especiales en los cementerios y se impida la creación de cementerios musulmanes

Que se prohíba la utilización del velo islámico o el burka, sobre todo a las niñas en las escuelas

Sabemos que como aquellos a los que hoy homenajeamos, nos queda una tarea difícil por delante, pero que tengan en cuenta que, como decía Churchill: Lucharemos en las playas,lucharemos en los mares,lucharemos en las cuidades y en los montes.Con la ayuda de Dios,venceremos.Nunca nos rendiremos.

Intervención en el homenaje a Sanz-Briz en Madrid. 28.09.2010

Franco, sus diplomáticos y el Holocausto: protección de vidas durante la II Guerra Mundial. La otra memoria histórica.
Por Francisco Torres* Minuto Digital 29 Septiembre 2010

La posición de España y de Franco durante la II Guerra Mundial aún constituye uno de los debates claves sobre el franquismo. Hoy es moneda habitual entre un sector de la historiografía, básicamente izquierdista, y en la mayor parte de los medios divulgativos difundir la errónea imagen de un general aliado de Alemania que deseaba participar en la guerra pero al que Hitler, a fin de cuentas, no dejó. Una visión tan simplista como falseadora de la realidad.

Entre los episodios que jalonan la posición de Franco durante la II Guerra Mundial y sus relaciones con el Tercer Reich aparece el siempre polémico tema de los judíos y el Holocausto: España protegió a numerosos judíos en el este de Europa, en París, en Berlín y permitió a varias decenas de miles de personas atravesar su país. En este terreno, desde 1944, cuando resultó imposible ocultar lo evidente, los historiadores de izquierdas, pero también la historiografía de corte positivista liberal, intentan hurtar a Francisco Franco todo papel y toda decisión en éste asunto, ante el hecho cierto de que la diplomacia española logró la protección de miles de judíos y su salida de la Europa ocupada.

Para el discurso de lo que hoy se denomina “la memoria histórica” esta acción estaría vinculada a la decisión personal de algunos diplomáticos, personificados en Angel Sanz Briz, y no a una decisión del ejecutivo español y por tanto, en último término, de Francisco Franco. Así Sanz Briz se ha convertido en nuestro particular “Schindler”, aunque la comparación resulte odiosa. La realidad es que no hubo un solo “Schindler” español sino muchos. Hombres que siguiendo instrucciones arriesgaron mucho para proteger a miles de judíos. Ahora bien, la maniobra política que no histórica ha consistido precisamente en tratar de borrar la huella de esos españoles, porque difícilmente se podría sostener que en varios puntos de Europa se procediera igual sin mediar instrucciones del gobierno. Esa acción hubiera sido imposible sin: Ginés Vidal y Saura, Francisco Gómez-Jordana, José Felix de Lequerica, Sebastián Romero Radigales (Atenas), Eduardo Propper de Callejón (París), José Ruíz Santaella (Berlín), Bernardo Roland de Miotta (París), Fascowich, José de Rojas y Moreno (Rumanía), Julio Palencia y Tubau (Sofía), Miguel Ángel Muguiro (Budapest), el italiano Giorgio Perlasca (Budapest), Ángel Sanz Briz (Budapest) y, evidentemente, Francisco Franco.

Pese a las evidencias, algunos historiadores, como Javier Tusell, a pesar de conocer la documentación existente, han llegado a escribir: “La verdad es que no existió, ni mucho menos, una política coordinada de salvación de los judíos por parte del Gobierno español. Otra cosa es que muchos pasaran por el país porque era el camino de huida más obvio, porque no existiera legislación antisemita o porque encontraran actitudes protectoras, aunque estas fueran individuales mucho más que nacidas de un propósito gubernamental”; no considerándolo suficiente, el reputado historiador afirma que “los embajadores de los países anglosajones fueron, en realidad, los que promovieron la protección de esa población judía que acudía a España” y que la “población de las autoridades diplomáticas españolas” llegó “incluso más allá de lo que las instrucciones de Madrid autorizaban”. Para Tusell, “no hay testimonio alguno de la directa intervención de Franco”, sino que fue la “presión exterior y la sensibilidad de algún diplomático lo que justifica que pueda hablarse de una función protectora que, de todos modos, resultó tardía e inferior a las posibilidades de cualquier país que hubiera sido auténticamente neutral”. Más recientemente, ante las evidencias, otros historiadores prefieren argumentar que España hizo muy poco, que salvó a unos pocos miles, pero que podía haber hecho mucho más.

La verdad histórica, que no desmerece en modo alguno la actitud de los diplomáticos españoles, que se jugaban la vida, es que todos ellos, desde Sanz Briz a Romero Radigales, actuaron siempre siguiendo las instrucciones de Madrid, decisiones que habían sido discutidas en los Consejos de Ministros, aprobadas directamente por Franco a través del Ministro de Exteriores. Así, uno de los responsables de ese área en la época, Lequerica -al que Tusell acusa abiertamente de antisemita-, enviaba a su embajada en EEUU un largo comunicado en el que refiriéndose a estas actuaciones, con mención expresa a las de Sanz Briz, anotaba: “esta actuación, hecha tras insistentes órdenes por nuestra parte y múltiples reclamaciones diplomáticas han tenido extraordinaria eficacia”. Por otro lado el Consejo Mundial Judío había recibido, en 1944, una extensa nota del Ministerio de Exteriores con párrafos altamente reveladores sobre la decisión del gobierno español, cuya jefatura ostentaba Francisco Franco:

“Desde hace tres años España viene accediendo reiteradamente y con la mejor voluntad, a cuantas peticiones presentaron comunidades judías, directamente o a través de V.E. o del embajador en Londres o de otros jefes de misión en América, habiendo dado ello lugar a enérgicas intervenciones no sólo en Berlín sino en Bucarest, Sofía, Atenas, Budapest, etc, con desgaste evidente de nuestras representaciones diplomáticas y llegándose en algunos momentos a discusiones enérgicas por defender nosotros esos intereses”.

En la misma línea, la mujer de Sanz Briz, en un gesto que le honra, siempre declaró que su marido actuó en conformidad con lo dispuesto por Exteriores. Por si esto no fuera suficiente, para documentar tanto la decisión del gobierno como la decisión del propio Franco, quedan los testimonios de las propias fuentes judías. En noviembre de 1975, en Nueva York, el gran rabino interrumpió su predicación en una sinagoga para pedir por el alma de Francisco Franco porque “tuvo piedad en tiempo de tribulación”. En la misma línea el historiador Haim Avni, el propio Yad Vasim (Instituto para el Holocausto), o Federico Ysart han afirmado que Franco salvó entre 40.000 y 60.000 judíos de un triste y mortal destino en los campos de concentración. Por si fuera poco, bastaría recordar, que Francisco Franco ostenta el título, por su actuación durante la II Guerra Mundial, de “Benefactor de los judíos”; o que H.P. Salomon y Tomás L. Ryan publicaron en 1978, en el “Journal of The Shepahardie Studes Program or Yeshiva Uiversity” un artículo afirmando: “apartando cualquier otra consideración, los Judíos deberían honrar y bendecir la memoria de este gran benefactor del Pueblo Judío… quien ni vio ni obtuvo ningún beneficio en lo que hizo”. Anteriormente, en 1970, Chaim Libschitz, rabino del seminario hebreo de Brooklin, declaró: “Ya va siendo hora de que alguien dé las gracias a Franco… Franco tomó decisiones que nunca agradeceremos bastante. La historia de como Franco obtuvo la salida de los judíos de los campos de concentración, es realmente fabulosa”. Según este mismo autor, Franco pudo haber intervenido directamente para obtener la libertad de 1.242 judíos prisioneros en Bergen-Belsen. Más recientemente el Instituto del Holocausto (Yad Vasim), como cifra mínima, ha estimado en cuarenta y cinco mil el número de judíos que debían su vida a la política española.

Existe disparidad de criterios a la hora de valorar la acción española. Una acción que de no haber sido realizada por Franco y su régimen, para el discurso oficioso prácticamente aliado del Tercer Reich, habría sido encumbrada a límites heroicos, como en un momento dado lo fue el “caso Schindler”. Para algunos la cifra es pequeña, aunque inmensa en comparación con el célebre caso, y recriminan a las autoridades españolas que no hicieran más, olvidando a renglón seguido la política que siguieron muchos países hasta el estallido de la Guerra Mundial primero y hasta la intervención americana después: devolviendo a la inmensa mayoría de quienes llamaban a sus puertas y no tenían ni fama, ni dinero, ni eran cerebros reconocidos. Como muchos autores suelen reprochar al gobierno franquista que no fuera verdaderamente neutral durante la guerra, cabría preguntar por el trato que dieron Suiza (veáse el informe sobre el Oro Nazi publicado) y otros países a los judíos que llamaban en vano a su puerta. Queda como mudo testimonio aquel relato que dio origen a una memorable película y obra de teatro de un barco lleno de judíos que huyen, pero que no son admitidos en ningún puerto teniendo que volver finalmente a Alemania.

Para analizar correctamente la política española en esta materia, que pese a lo que se diga sí existió, es preciso recoger sucintamente los hechos. La primera medida en este tema que Franco y su gobierno toman, no es de 1939 o 1940 sino de 1938, cuando tras “la noche de los cristales rotos” y la puesta en vigor de las Leyes de Nüremberg, numerosos judíos corren a las embajadas españolas. Franco ordenó la “protección a los judíos de origen español”, considerando como tales a quienes tuvieran antecedentes sefarditas. Para ello se valió de una ley del general Primo de Rivera, dictada en 1924, que les permitía considerarse ciudadanos españoles. Aunque los plazos estaban agotados se decidió que pagaran la multa de retraso, con lo que se solucionaba el tema jurídico. Y ello a pesar de la actitud general del movimiento sionista contra la Causa Nacional y del posicionamiento judío general a favor del Frente Popular, dado el marcado carácter católico que revestía la zona nacional. Conviene precisar que si este apoyo judío fue cierto y que incluso en las Brigadas Internacionales existió una unidad judía, no es menos cierto que las importantes comunidades de Madrid y Barcelona se disolvieron ante el furor antirreligioso de los milicianos del Frente Popular, poco dados a hacer distingos entre templos de diferentes confesiones; la otra comunidad importante en España, la sevillana, no sólo no sufrió molestia alguna sino que además contribuyó económicamente a la Causa Nacional. Naturalmente la prensa judía internacional se posicionó a favor de la España del Frente Popular. El lector debería recapacitar, al igual que el historiador, si esto no hubiera sido motivo suficiente para que Franco se hubiera lavado las manos en un asunto de dudoso beneficio y claro perjuicio dentro de la situación de España con respecto a Alemania.

Los efectos de las leyes de Nüremberg y los primeros compases de la guerra llegaron a España casi simultáneamente. La actitud española fue aceptar la gestión de los visados que se solicitaban, lo que en muchos casos implicaba una actuación directa en Berlín. Los refugiados comenzaron a llegar a la frontera de un país destrozado y sin recursos para alimentar a su propia población. España no estaba en condiciones de habilitar grandes espacios de acogida, ni las infraestructuras necesarias para acoger a un número tan elevado de personas, por lo que solamente estaba dispuesta a hacer de puente hacia otros destinos. A tales efectos se constituyó una zona de espera en Miranda de Ebro. Rápidamente comenzaron los temores de que muchos de los que solicitaban refugio pudieran ser izquierdistas dispuestos a operar contra el régimen. Muchos de los que llegaban, judíos o no, no traían más que lo puesto y los informes de las representaciones diplomáticas advertían sobre la salida de cientos de indeseables. La derrota de Francia no hizo sino acrecentar este movimiento, pero pese a todas las restricciones, mínimas si las comparamos con las americanas, lo cierto es que España no devolvió a nadie.

Las autoridades españolas entendían, así mismo, que su deber era defender a los judíos que se acogían a la nacionalidad española por la condición de tener antepasados sefardíes en sus lugares de residencia. La política alemana, hasta la caída de Francia, no era ni el exterminio ni la deportación, se limitaba a la confiscación de bienes, a la discriminación y a medidas como la de llevar la estrella de David sobre la ropa. Las delegaciones españolas, embajadas y consulados, recibieron instrucciones de hacer valer la nacionalidad española de estos judíos y de proteger los bienes que fueran registrados oficialmente frente a las confiscaciones. En Berlín se negoció el tema y los sefardíes acogidos a la nacionalidad española, al menos teóricamente, ni sufrirían confiscaciones ni estarían obligados a llevar la estrella de David al ponerse en marcha esta medida.

Con los alemanes en la frontera, con España recibiendo fuertes presiones para que entrara en la guerra en el invierno del cuarenta al cuarenta y uno, con la posibilidad real de sufrir una invasión a partir de 1942, los motivos para olvidarse del tema judío aumentaron, pero España mantuvo la misma línea de actuación, que podrá ser discutible, pero que no invalida su carácter de ayuda. Las delegaciones continuarían defendiendo a las comunidades acogidas a la bandera española y se tramitarían visados individuales. Lo que el gobierno no estaba dispuesto a realizar eran traslados masivos que lógicamente podrían dar motivos para una intervención alemana en la península. Por otra parte, el gobierno de Franco no dictó ni una sola medida que ni de lejos pudiera hoy ser interpretada como racista, a pesar de la hipersensibilidad actual en el tema, pese a las presiones para que se incorporara al nuevo ordenamiento de las Leyes Raciales que se irán imponiendo en la Europa del Nuevo Orden y a los exabruptos de algunos exaltados. Más allá de algún desahogo formal en la prensa no hubo nada.

Los historiadores críticos a Franco olvidan, a menudo, que en estos años no se tenía conciencia de la posible gravedad de la situación de los judíos y que muchas noticias eran atribuidas a la propaganda. España no compartía las tesis que dieron vida a las Leyes de Nüremberg, pero lo consideraba un asunto interno en concordancia con el sistema jurídico internacional de la época. Los judíos sufrían discriminación y confiscación, con todo lo que ello comportaba, pero esto no constituía algo tan extraño en un mundo donde seguía vigente el espíritu colonial. Tampoco los judíos eran objeto de especial aprecio en una Europa donde las persecuciones habían sido moneda común desde la Edad Media. España, de acuerdo con su orientación, hizo lo que pudo dentro de su delicada posición ante Alemania entre 1940 y 1942. Hizo algo que dada la posición del Tercer Reich podía indisponerle con el propio Hitler o con los sectores más firmemente racistas del NSDAP. Lo que podía provocar, en cualquier momento, un incidente que llevara a España a la guerra, pues, ¿qué hubiera sucedido si Alemania, sin advertencia, no hubiera respetado los acuerdos sobre los judíos sefardíes? Franco estaba, sin embargo, dispuesto, en su habitual política de gestos, a reafirmar su independencia y frente a la extensión de las Leyes Raciales en el Orden Nuevo fundó, cosa que naturalmente se oculta, tanto en Madrid como en Barcelona, el Instituto de Estudios Judío Benito Arias Montoro, que contó con la publicación Diario Sefardita. Como apunta el historiador judío Haim Avni, “la relación de España con la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial no era la de un vasallo sometido a la fidelidad a su señor”.

A finales del cuarenta y dos comenzaron a llegar informes, vía Carrero Blanco, sobre la situación de los judíos, las deportaciones y el odio existente contra ellos. A principios del cuarenta y tres los campos de concentración ya eran una realidad, aunque fueron relacionados con las necesidades de las fábricas de armamentos. Recordemos que la espiral antisemita del Tercer Reich hacia la “solución final” se aceleró en el año cuarenta y dos. La famosa Conferencia de Wansee, considerada hoy como el arranque de una política de exterminio por la mención a la “solución final”, es del invierno del cuarenta y uno.

La nueva situación que se configura a lo largo del cuarenta y dos, creó un nuevo problema para España, al ser informadas las autoridades de que los seis o siete mil judíos acogidos a la protección española también estaban dentro de la lista de las deportaciones y confiscaciones. Adolf Eichman, máximo responsable de la nueva política germana, no quería exclusiones. Madrid estaba dispuesto a hacer valer sus derechos y su soberanía. Su situación, aunque peligrosa, había mejorado. En el cuarenta y tres Alemania estaba interesada en mantener buenas relaciones, pues las negociaciones sobre la compra de vitales materiales para la industria de armamentos eran continuas. El choque entre los diversos poderes existentes en el seno del Tercer Reich jugaba, esta vez, relativamente a favor de España.

El Ministro de Exteriores, que nunca actuaba sin la aprobación de Franco, ordenó al embajador en Berlín, Ginés Vidal y Saura, que tratara directamente con Eichman la defensa de las comunidades judías protegidas. Una tras otra las comunidades se fueron convirtiendo en objetivo de Eichman, comenzado por la de Salónica. Las negociaciones con Eichman no eran fáciles. Lo único que se conseguían eran plazos para que España evacuara a los protegidos antes de que se consumaran las deportaciones, mientras seguirían gozando de su situación “privilegiada”. Pero España, y esto era algo con lo que contaba el dirigente nazi, no tenía medios suficientes para la evacuación. Tusell afirma que todo esto fue impulsado por la presión de las embajadas aliadas sobre Madrid, pero oculta que España chocó primero con la negativa de los aliados a construir un gran campo de refugiados en el Norte de África (sólo obtuvo declaraciones de apoyo moral de Churchill y de Eisenhower), y después con la reiterada negativa a que se facilitaran barcos de la Cruz Roja para la evacuación. España estaba sola en este asunto.

Para reforzar a sus diplomáticos y esquivar cualquier acusación de actuar sin permiso, lo que podría arrostrar gravísimas consecuencias personales, Francisco Franco firmó una orden a todas las representaciones en el Reich en la que se podía leer: “con el mayor tacto posible, se hiciera ver a las autoridades antisemitas que en España las leyes no hacían acepción de personas por su credo o raza. Por ello todos los judíos residentes deberán ser protegidos como cualquier otro ciudadano”. La respuesta fue un ultimátum: España debería repatriar a los judíos antes del 31 de julio de 1943. España buscó ayuda para la evacuación y no la encontró, pero finalmente se obtuvo una prórroga. El cuatro de agosto es el propio Consejo de Ministros el que aprueba sacar a los judíos de Salónica con cualquier medio, pero no existen medios para traerlos a través de todo el Reich. Los judíos fueron entonces transportados al campo de Bergen-Belsen, pero España libró una dura batalla diplomática consiguiendo sacar a varias centenas en dos expediciones en febrero del cuarenta y cuatro. Después el campo sería liberado por los aliados. El conde de Jordana indicaba al embajador americano: “las dificultades de la lucha que se está manteniendo a fin de salvar a estos desgraciados de la amenaza que sobre sus cabezas pesa. Justamente, el Embajador de España en Berlín está realizando una laboriosa gestión ante aquel Gobierno a fin de salvarlos de ser trasladados a Polonia según resolución adoptada por las autoridades alemanas. Estas calamidades, que no pueden por menos de afectar hondamente los tradicionales sentimientos humanitarios de España, estimulan al Gobierno a intervenir para remediarlas hasta el límite de sus posibilidades”.

En el Este, las legaciones españolas, se jugaron mucho para proteger a los judíos españoles alquilando edificios y haciendo trampas en las listas de protegidos con la amenaza constante de que se violara la territorialidad y todos acabaran en un campo de concentración. En París, en Berlín, en Sofía, en Budapest, en Atenas, en Rumania la diplomacia española actuó de la misma forma. Y queda como prueba, de que fue una decisión del gobierno, la nota sobre la entrevista mantenida el jueves nueve de diciembre de 1943 entre el Ministro de Exteriores español, conde Jordana, y el embajador de los EEUU en España:

“en ningún momento se ha pensado adoptar medida alguna que implique el propósito de desarticular familias. El considerar los hechos tal como en la referida carta se hace, implica suponer que la salida de los sefarditas que se hallan en territorio español, en tránsito para Argel, sea en calidad de expulsados, haciendo aparecer, de tal manera, al Gobierno y Autoridades españolas como inhumanos equiparándolos a organismos semejantes de otro país que se distinguen por sus procedimientos de implacable persecución contra la raza hebrea. Y esto es tanto más injusto cuanto que de lo que en realidad se trata, es de lo contrario, porque lo que se pretende es que, merced a las laboriosísimas y muy penosas gestiones, que aún no han tenido en su totalidad completo éxito, es liberar a esos desgraciados de las garras de sus perseguidores, que los quieren someter a inadmisibles procedimientos de crueldad. Con tal propósito y en colaboración con el American Joint Comité, se intenta ir sacando a esos hebreos, en tandas, del peligro en que se hallan para irlos mandando a otros países donde se hallen a salvo de la incesante persecución de que son objeto; y en pago de esto, con gran sorpresa, se encontraron dificultades por parte de los EEUU para permitir su traslado al Norte de África”.

Poco más se pude decir.

Francisco Torres García, Licenciado en Letras, especializado en Historia Moderna y Contemporánea, profesor de Educación Secundaria. Secretario General adjunto de Alternativa Española

Ganando tiempo
Luis del Pino Libertad Digital 29 Septiembre 2010

Publica hoy El Mundo una información de Manuel Marraco referente a las últimas actuaciones judiciales de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, en el marco de la querella interpuesta contra el comisario Sánchez Manzano y su jefa de laboratorio, por los presuntos delitos de manipulación por ocultación de pruebas, falso testimonio y omisión del deber de perseguir delitos.

El estado actual de la cuestión es el siguiente. La Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M solicitó hace ya meses a la juez que instruye la causa que recabe la siguiente información:

* la normativa que regula la actividad de los tedax, en la parte que afecta a la recogida y custodia de las muestras
* los oficios dirigidos por el comisario de los tedax a la Policía Científica en ocasiones anteriores al 11-M, solicitando análisis químicos de restos de explosivos
* el listado de tedax que participaron en las labores de recogida de muestras durante el 11-M

La juez ha pedido reiteradamente esos datos al Ministerio de Interior, sin que hasta el momento se haya dignado el señor Rubalcaba a aportar la información solicitada.

De las tres cuestiones, la más problemática es la tercera, porque la información sobre los otros dos aspectos puede ser recabada por otras vías.

Con respecto a la normativa de actuación de los tedax, y aunque el Ministerio de Interior se ha escudado en la Ley de Secretos Oficiales para no aportarla, lo cierto es que las partes relevantes de la normativa han sido publicadas incluso en Internet, por lo que no representa un obstáculo para proseguir con la causa.

En lo referente a los oficios de remisión de muestras de explosivos a la Policía Científica, la juez ha solicitado ya esa información al juzgado que instruyó la querella de Sánchez Manzano contra el diario El Mundo, donde al parecer constan esos oficios.

Es la tercera de las cuestiones la que requiere, sí o sí, una contestación del Ministerio de Interior. Y esa es la razón de que el abogado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, José María de Pablo, haya pedido a la juez que vuelva a solicitar la información, pero esta vez con la advertencia de que, de no entregarse los datos correspondientes, el Ministerio de Interior podría estar incurriendo en un delito de desobediencia.

Está claro que la actual estrategia del Ministerio de Interior (ese ministerio dirigido por quien el 13-M decía que "España se merece un gobierno que diga toda la verdad, un gobierno que no mienta") consiste sencillamente en ganar tiempo, en ir dejando pasar los meses para que las víctimas del 11-M se cansen.

Y hay que reconocer que no es una mala estrategia, especialmente cuando han fallado todos los intentos anteriores de ridiculizar o ningunear las dudas sobre el 11-M.

Ante ese bloqueo premeditado de la labor judicial, ¿qué puede hacerse? Pues la verdad es que poco. Es la juez que instruye el caso la que tiene en su mano obligar a quienes obstaculizan la labor judicial a entregar los datos que en tantas ocasiones ha solicitado.

No tardaremos mucho en saber qué ha decidido la juez.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Huelga general
Desactivar la bomba sindical
GEES Libertad Digital 29 Septiembre 2010

La huelga convocada por los sindicatos de izquierdas presenta un carácter contradictorio. Por un lado, la respuesta ciudadana a su llamada ha sido nula, y la normalidad o la búsqueda de normalidad de los españoles es una derrota inapelable e histórica. Por otro lado, los sindicatos han tenido la capacidad de violentar el orden público en puntos estratégicos, principalmente los relativos al transporte público, exhibiendo una violencia atroz que sólo en Madrid ha dañado medio centenar de autobuses. En conclusión, la huelga ha mostrado unos sindicatos socialmente cada vez más aislados, pero con una determinación y voluntarismo rabioso que les ha llevado a ejercer la violencia contra el resto de trabajadores.

Es ya indiscutible que los sindicatos actuales, sus privilegios, su sobredimensionada influencia y su estructura y maneras constituyen un lastre para la economía española y el bienestar de los trabajadores. En 1978, la transición no llegó a ellos, que se convirtieron en una esquizofrénica mezcla de sindicalismo vertical y sindicalismo de clase, transformando el mercado laboral en un peso muerto para la economía española y condenando a los trabajadores a la pobreza tutelada. Los sindicatos son una de las principales causas de la falta de competitividad de la economía de nuestro país, que hará que la crisis sea más profunda y que tardemos más en salir de ella. Pero además de ser un lastre para la economía española, los asaltos de madrugada, la planificación minuciosa de ataques y las amenazas explícitas y agresiones a la ciudadanía suponen un paso adelante preocupante, y más en la delicada situación económica e institucional de nuestro país.

Ambas características –el creciente aislamiento social y laboral y el uso brutal de la violencia para paliarlo– confirman un progresivo proceso de batasunización del sindicalismo en Madrid, en los últimos años, con un aumento creciente de la agresividad y la violencia contra las instituciones, con la organización de algaradas y la presión directa contra los ciudadanos madrileños. La fortaleza del proyecto de Esperanza Aguirre en Madrid, y la incapacidad de la izquierda política para articular un discurso alternativo al liberal-conservador de ésta, ha dejado a las fuerzas sindicales con un margen de maniobra tan escaso que para hacerse presente en el día a día deben kaleborrokizarse, organizar actos violentos para lograr por la vía de los hechos una presencia de la que socialmente carecen.

Actos que en Madrid el Gobierno podría y debía haber evitado fácilmente. Los objetivos atacados por piqueteros –apenas una decena– eran pocos y previsibles y los sindicalistas –alrededor de medio centenar, que fueron rotando de un lugar a otro a partir de las 04.00 de la mañana– no fueron demasiados. Un sencillo dispositivo policial, como los desplegados habitualmente en otras ocasiones, de seguimiento, filtro y protección, hubiese permitido que los autobuses saliesen a la calle sin problemas. Pero la delegación del Gobierno envió a la policía en un número menor al necesario, reforzado sólo varias horas más tarde. De igual manera, la impunidad con que los violentos colapsaron el centro de Madrid, organizando manifestaciones ilegales, ocupando la Gran Vía por la fuerza y atacando comercios ante la presencia policial, apunta directamente a la grave responsabilidad del Ministerio del Interior y de Rubalcaba.

En ninguno de los casos las rutas, intenciones y objetivos de los piquetes violentos eran sorpresivos. Y no encontramos motivos para ser ingenuos respecto a la causa: la actitud del Gobierno y de Zapatero –desde los servicios mínimos a la dejación de los datos de la huelga en manos de los sindicatos–, apunta a una unidad de fondo con los sindicatos en un único punto: el rechazo a las medidas liberalizadoras que representan Esperanza Aguirre y el Gobierno de Madrid, hacia quienes se han dirigido durante el mismo día tanto la agresividad verbal del Gobierno en el Congreso como la física de los sindicatos en la calle y la pasividad policial.

Este reparto de papeles constituye el verdadero problema: la huelga contra Esperanza Aguirre muestra que los sindicatos, por minoritarios que sean, ni están ni estarán en absoluto dispuestos a aceptar la puesta en práctica en España de medidas liberalizadoras, que hoy deben ser más profundas que en 1996. Las mayorías parlamentarias y sociales madrileñas no les son un obstáculo, y no lo serán en el futuro en toda España. Lo que constituye un aviso para quienes están ya tomando las medidas a la moqueta de La Moncloa: a partir de 2012, estos sindicatos deslegitimados, perdidos sin rumbo en la economía del siglo XXI, pero aficionados a la violencia del siglo XIX y cada vez más batasunizados serán un problema para un posible proyecto regeneracionista liberal. No permitirán a ningún gobierno, por amable y simpático que parezca, gestionar la ruinosa economía española con mínimas garantías, y no lo permitirán usando su único patrimonio: la violencia piquetera. Para lo cual contarán con la complicidad del PSOE.

Si no quiere tener disgustos, la derecha política debe comenzar a plantearse ya lo que debía haber hecho en 2002: reconducir a los sindicatos a un modelo verdaderamente democrático y moderno, lo que pasa en primer lugar por la eliminación de los liberados sindicales y de todos sus privilegios. Todos tenemos claro que es una asignatura pendiente heredada inexplicablemente del pasado, pero la lección de la huelga del 29-S es que es también una alerta hacia el futuro que hay que abordar con urgencia. O se desactiva cuanto antes, o la bomba sindical traerá muchos problemas en el futuro, especialmente si la derecha llega al poder.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Conspiración contra España
Ernesto Ladrón de Guevara. Minuto Digital 29 Septiembre 2010

“Si a esta nación latina [España] la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas, como agobia y aflige al ánimo del naufrago el no divisar en el horizonte ni costa ni embarcación, el que España prosperara y se engrandeciera” (“De su alma y de su pluma” SABINO ARANA, edición de 1932).

Así resumía el fundador del PNV su proyecto político, al cual no se ha renunciado explícitamente por los actuales miembros del partido separatista. Es más: vengo defendiendo reiterativamente en distintos artículos que el PNV es el único partido que mantiene el fundamento fundacional incólume y es el único que ha seguido de forma coherente y pertinaz con los objetivos que le dieron naturaleza. Es también el único que a lo largo del tiempo, paso a paso y sin retroceder nunca, ha conseguido poco a poco acercarse a su fines máximos.

El PNV no ha desaprovechado a lo largo de su historia ningún resquicio para demoler los cimientos de la nación española y destrozarla a fin de lograr el objetivo de la independencia de la Euskeria concebida por Sabino Arana, o Euskadi, o Euskalherria, según las diferentes versiones de la nación inventada vasca, inexistente hasta que esa mente enferma la concibiera a finales del siglo XIX.

Un partido característicamente de derechas como el PNV, ultracatólico, exacerbadamente radical en sus postulados, racista en sus orígenes, nada republicano en su idea matriz, se alió con el conglomerado de la izquierda sovietizante en 1936. Sin embargo, traicionó reiteradamente a sus socios de guerra aparentando combatir cuando en realidad estaba pactando una solución a sus propios intereses como quedó demostrado en la rendición acordada con los italianos en Santoña. Probablemente la traición de los nacionalistas al bando republicano, sospechada por Indalecio Prieto y Negrín, propició la caída del frente del Norte y el desenlace desfavorable de la Guerra para el frente republicano. Ya hay datos y referencias bibliográficas sobradas para hacer esta afirmación.

Posteriormente, en el pacto constitucional, el PNV no cejó hasta conseguir una verdadera chapuza en el diseño autonómico que estamos pagando caro. Expresión de esta notable imperfección de nuestra Carta Magna es la Adicional Primera, que preserva los derechos históricos de los territorios forales, verdadera piedra angular de la desigualdad entre los españoles. Es absurdo considerar que unos territorios tienen derechos históricos enraizados en el Antiguo Régimen, mientras que se niega la historicidad de otros territorios que igualmente tuvieron sus fueros.

Posteriormente, tanto respecto al terrorismo como en todo momento que ha tenido ocasión el PNV no ha desaprovechado hilo para hilvanar la descomposición española, cumpliendo el testamento vital de Sabino Arana que en su última etapa mal llamada españolista concibió la estrategia de distribuir entre todos los territorios españoles el virus de la descomposición.

Hoy nos encontramos ante una nueva traición de Zapatero a los españoles y a la unidad y cohesión entre todas las tierras españolas. El acuerdo alcanzado con el PNV para salvar los presupuestos del próximo ejercicio y así lograr permanecer en el poder hasta el final de la legislatura es una villanía que rompe la unidad del mercado laboral y demuele lo poco que nos quedaba de los instrumentos para que entre los españoles haya igualdad en sus derechos sociales como es el derecho al trabajo y el derecho a recibir prestaciones en condiciones similares. Es una falsedad que lo acordado de los traspasos de las políticas activas de empleo no rompa la unidad de caja de la Seguridad Social, ya que el País Vasco podrá retener, gracias al Cupo, el 6,45 % de lo recaudado para dichas políticas mientras que el porcentaje relativo de paro es sensiblemente menor que en el resto de las Comunidades autónomas. Es decir, que el Estado ingresará casi medio billón de euros menos y tendrá que atender a más desempleados que los que correspondería con esa minoración de la recaudación. Quien diga que eso no repercute en la Caja de la Seguridad Social engaña con alevosía.

Si esa transferencia fuera hecha a otra Comunidad cualquiera –como de hecho las hay- no tendría repercusión, pues es el Estado el que recauda y devuelve a la Comunidad el montante relativo a la masa laboral gestionada, pero al tener la Comunidad Autónoma Vasca, en virtud de la Adicional 1ª de la Constitución, el Concierto económico, es ésta la que recauda, y por tanto la que se queda directamente con el dinero, sea cual sea la tasa de desempleo actuante. Eso es una trampa mortal para la unidad de la Seguridad Social y tendrá efectos muy nocivos para el conjunto de España.

Con esta trampa mortal puesta por los nacionalistas, Zapatero rinde una vez más la cohesión territorial y la igualdad de los españoles al servicio de sus intereses personales y de partido, sin considerar los riesgos para el futuro de la Nación que dice representar y con claro desprecio al mandato constitucional que preserva la unidad de España por encima de otras consideraciones.

De nuevo el PNV hace de la necesidad virtud y se aprovecha inteligentemente de la debilidad de los mandatarios españoles que están muy por debajo de la dignidad que se exige a la encomienda que tienen atribuida. Desgraciadamente nunca un gobierno ha hecho tanto daño a los españoles en tan poco tiempo.

'Bietan jarrai'
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo 29 Septiembre 2010

Recientemente Iñaki Anasagasti subrayaba para este periódico el doble registro político y violento de ETA. Nunca han engañado los etarras en ese sentido, aunque a veces al resto de quienes mirábamos nos interesara coyunturalmente engañarnos a nosotros mismos. Reconozco que leí con gusto a Anasagasti en ese artículo ('Observando de cerca la fotografía de los encapuchados', EL CORREO 21-9-10), donde nos recordaba que el lema inscrito bajo la serpiente etarra de la astucia o la manipulación es 'bietan jarrai'. «Continuidad en las dos», en la política y en la violencia, es el frontispicio etarra, inscrito en su ADN y motivador del nacimiento de Batasuna, de la arquitectura de Ekin o de los últimos comunicados etarras.

Desde los medios de comunicación se difunde últimamente que en el Ministerio de Interior o bien se desconocen las intenciones de ETA, o bien lo que se conoce es que no está dispuesta a abandonar la violencia. Si tratamos de observar por encima de lo publicado, reconocemos cuatro posibilidades: 1) Batasuna no existe fuera de ETA y todo el teatro de los presuntos debates internos, opción por la vía política y comunicados no es más que una operación diseñada para avanzar en el independentismo recuperando la infiltración de ETA en las instituciones, a través de un polo soberanista además; 2) Que Batasuna y ETA son dos dimensiones sinérgicas y complementarias de un movimiento, la izquierda abertzale, que en los últimos tiempos ha producido disensiones internas en donde los 'políticos' tratan de hacer ver a los 'violentos' que su momento ya ha pasado; 3) Que ETA vive en una fantasía de realidad en donde asume la creencia de que puede manejar a los políticos de Batasuna, tutelando el proceso a la independencia, pero sin que esa realidad exista más allá de la fantasía, puesto que Batasuna se ha hecho mayor y puede volar sola dejando atrás a los etarras; y finalmente 4) ETA es la que no existe fuera de Batasuna, es decir, no es que Batasuna siempre haya sido ETA, sino que en realidad ETA siempre ha sido Batasuna. No se pierdan este último enfoque, porque nos ayudaría a descifrar mejor la naturaleza de esta fase del proceso en la historia de ETA... o de Batasuna� o de la izquierda abertzale (IA).

ETA nos ha confirmado en la última entrevista elaborada por sus operativos de comunicación que el 'bietan jarrai' no tiene fecha final. Los atentados ofensivos pueden haber finalizado, pero no así la violencia como recurso de apoyo a la política� porque de eso se trata si estamos pensando en la opción 4: la dirección de Batasuna sobre ETA o de la política sobre la violencia, o de la violencia como instrumento de avance hacia una condición política, el independentismo. «¿Hay alguien que quiera que haya fecha final? Nosotros no», confirma ETA con rotundidad para quien no se haya percatado del alcance de la operación� ¿o lo estaba confirmando Batasuna?

En los análisis de la falsa dicotomía que conforman ETA y Batasuna, lo más habitual siempre ha sido ver a ETA como directora del proceso y a Batasuna como subordinada; lo ocasional ha sido entender que realmente no existen dos entes diferenciados y que todo es ETA; y lo más complicado ha sido (y es) vislumbrar la historia etarra desde el enfoque de la política, es decir, aceptando que ETA siempre ha sido un directorio político antidemocrático, en unos casos denominado HB, en otros EH, en otros Batasuna, que ha intentado aplicar todos los medios ('bietan jarrai') para conseguir el objetivo de la independencia bajo su dictadura. Lo que vivimos actualmente no es más que otro de esos momentos, muy derivado del acierto de las políticas antiterroristas en la última década, en donde los denominados atentados ofensivos de ETA cesan fundamentalmente porque perjudican al proceso general de la IA. Lo cual no quiere decir, en un marco interpretativo amplio y a conveniencia, que asesinar a un guardia civil en determinadas situaciones pueda considerarse o no ofensivo por parte de ETA. O que la kale borroka pueda ser activada por� ¿por quién?... ¿la IA activa la violencia callejera?

Una de las inquietudes de analistas y estrategas interesados en el proceso es valorar hasta qué punto es ETA o es Batasuna la que está liderando el proceso. En eso, de momento, hemos caído perfectamente en la red extendida por la IA. Si los 'políticos' de la IA apelan a ETA en Gernika para que consolide las condiciones para un abandono definitivo de la violencia, parece que una Batasuna deseando liderar el proceso va más deprisa que los etarras que quieren tutelarlo; si en cambio aparecen los encapuchados en un texto con formato de entrevista poniendo puntos sobre íes, recuperamos la desconfianza y nos parece que la desactivación de ETA a manos de Batasuna no tiene un pulso tan firme como habíamos pensado. ¿Y si ambos escenarios los contempláramos como uno solo? ¿Y si cambiáramos el enfoque y aceptáramos a Batasuna y a ETA como parte de una mesa de mezclas en donde se proyectan sonidos agudos o graves en función de las coyunturas? Es decir, que el comunicado de ETA y los comunicados de Batasuna son ambos un gran comunicado de la IA, dividido en varios actos, que en conjunto significan 'bietan jarrai'.

La enésima desarticulación de Ekin o de KAS no ha roto la IA porque continuamos esperando que una de las piezas que vemos como separadas (Batasuna) se imponga a otra (ETA) en un tablero que no acabamos de ver del todo como una arquitectura unitaria de vasos comunicantes en equilibrio. Este desenfoque que ha durado décadas y que instrumentalmente el Estado fue capaz de corregir con una política integral contra el terrorismo etarra desde 1998 tiene dos resultados posibles para la democracia, uno positivo y otro no tanto. El positivo es que no permitamos que la IA vuelva a infiltrar las instituciones hasta que ETA nos haga ver que haya desaparecido (en realidad, que el 'bietan jarrai' se haya convertido nada más que en 'jarrai'). El no tan positivo es que aceptemos cualquier interlocución que suponga una cesión, cuando en realidad el cese ofensivo de ETA ha llegado sin que hayamos hecho ninguna.

lucha antiterrorista
Hallados en Villabona 100 kilos de explosivos y un coche robado en una lonja de ETA
Interior cree frustrado con los tres etarras detenidos un nuevo intento de reorganizar el 'complejo Donosti'
EFE | MADRID El Correo 29 Septiembre 2010

Agentes de la Guardia Civil retiran un coche durante el registro en una lonja de Villabona. / Ignacio Pérez | Vídeo: Atlas
La Guardia Civil ha localizado en la localidad guipuzcoana de Villabona una lonja en la que el "comando Imanol" de ETA ocultaba 101 kilos de explosivos y un coche robado, según informaron fuentes de la investigación. El material explosivo estaba repartido en 85 kilos de nitrato amónico, 15 de polvo de alumino y un kilo de pentrita. También se ha encontrado un cordón detonante, diez detonadores, dispositivos de iniciación y cámaras de vídeo, así como una pistola con cargadores y munición.

El local, relacionado con los tres detenidos esta mañana acusados de ser miembros de un comando 'legal' (no fichado) de ETA, tenía un armario en el que se escondían las sustancias explosivas y el material para la fabricación de artefactos. Los agentes del instituto armado están efectuando la retirada del material y levantando acta. Además, la lonja tenía un vehículo modelo Renault 19 que había sido robado en el año 2001 en la localidad guipuzcoana de Amezketa.
Desde pasadas las 10.00 horas de esta mañana, la Guardia Civil ha registrado el domicilio de los dos hermanos, en la calle Oriamendi de Villabona, y también la residencia de Atristain, en el número 30 de la céntrica calle San Martín de San Sebastián. Pasadas las 14:25 horas ha finalizado el dispositivo montado en la vivienda de la capital donostiarra, de la que los guardias civiles han extraído material en varias cajas de cartón.

El registro se ha efectuado en presencia de Atristain, quien ha salido del edificio, situado frente a la catedral del Buen Pastor de la capital guipuzcoana, custodiado por numerosos agentes del Instituto Armado, que había desplazado al lugar cinco todoterrenos y una furgoneta. Al otro lado de la calle se ha congregado medio centenar de simpatizantes de la izquierda abertzale, quienes han proferido gritos contra la tortura, la Guardia Civil y el Gobierno, que han arreciado en el momento en el que los agentes trasladaban al detenido. A primera hora de esta tarde ha concluido asimismo en Villabona el registro de la vivienda de los otros dos arrestados, que también se ha efectuado en su presencia.

'Complejo Donosti'
El Ministerio del Interior considera que tras la detención hoy en Guipúzcoa de tres presuntos miembros del 'comando Imanol' de ETA, la Guardia Civil ha conseguido frustrar un nuevo intento de reconstituir el llamado 'complejo Donosti' de la banda terrorista.

En un comunicado, Interior asegura que esta última operación supone un "duro golpe" para la infraestructura legal de ETA en Guipúzcoa y, junto a la operación realizada el pasado mes de febrero, permite la total desarticulación del 'complejo Donosti' "evitando que la banda terrorista pueda reimplantarse y reorganizarse en este territorio". El grupo de 'legales' estaba liderado por Javier Atristain Gorosabel, de 40 años, con domicilio en San Sebastián y que ha sido arrestado en la localidad guipuzcoana de Usurbil. Los otros dos detenidos son los hermanos Juan Carlos y Jesús María Besance Zugasti, de 40 y 35 años respectivamente, ambos con residencia en Villabona, localidad en la que han sido arrestados.

Control de carreteras
Esta operación es continuación de la desarrollada el pasado mes de febrero tras la detención del presunto miembro 'liberado' de ETA Ibai Beobide Arza, interceptado en un control de carreteras entre las localidades guipuzcoanas de Asteasu y Villabona. Las investigaciones permitieron en aquel momento desarticular una red compleja de colaboradores que, a las órdenes de Beobide, pretendían reconstruir el 'comando Donosti' de ETA.

Entre esos colaboradores se encontraba Javier Atristain Gorosabel que consiguió huir, entregándose posteriormente a la Policía francesa en el aeropuerto galo de Biarritz el pasado 6 de marzo y que a continuación fue extraditado a España en virtud de una Euroorden, siendo puesto en libertad condicional 15 días después. No obstante, las investigaciones permitieron determinar que Atristain, junto a otras personas en ese momento desconocidas, formaban parte de un comando legal denominado 'Imanol'.

Recientemente la Guardia Civil consiguió identificar al resto de los miembros del 'comando' y aparecieron indicios de que el grupo disponía de un vehículo de ETA y de material explosivo en un garaje de una localidad guipuzcoana, que la Guardia Civil trata ahora de localizar.

Riesgo de fuga
El acentuado riesgo de fuga, así como la necesidad de localizar el depósito de explosivos de ETA ante el riesgo que supone para la población, ha precipitado la operación y la detención de los tres presuntos miembros del comando de ETA.

En el dispositivo están participado alrededor de 200 efectivos de la Comandancia de la Guardia Civil de Guipúzcoa, con el apoyo de efectivos del GAR y de Unidades Centrales del Servicio de Información del instituto armado.La operación, que sigue abierta y en la que no se descartan nuevas intervenciones, está dirigida por el titular del Juzgado Central de Instrucción número 2, Ismael Moreno, y la Fiscalía de la Audiencia Nacional.

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