AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 10  Octubre  2010

 

España
La cleptocracia nacional
Transversalidad política, dispersión territorial, transfuguismo e impunidad electoral, claves de la epidemia moral más grave que ha vivido la política española desde que se instauró la democracia
IGNACIO CAMACHO ABC 10 Octubre 2010

El juicio oral de la «Operación Malaya», con su alharaca mediática populista y su circo de personajes de la telebasura, ha devuelto al primer plano de la actualidad española el problema de la corrupción, amplificado con los ribetes cuasi folclóricos de un morboso carrusel de celebridades del cotilleo. Los protagonistas del escándalo marbellí, una vistosa cuerda de presos vinculados a los manejos tardíos del gilismo, representan la cara paroxística, a menudo esperpéntica, de una epidemia moral incubada en los entresijos de nuestra sociedad política, y que afecta de manera transversal a las estructuras locales y regionales de la mayoría —por no decir la totalidad— de los partidos que forman parte del sistema.

El espectáculo malayo adquiere un cierto carácter trivial en la medida que pertenece a una peculiar etapa clausurada con la contundente, aparatosa intervención de la Policía y la Justicia. La corrupción de Marbella durante los penúltimos quince años posee una singularidad que la distingue del resto de episodios delictivos que salpican la geografía política española: fue perpetrada por un grupo de outsiders al margen de la partitocracia convencional. Jesús Gil fundó a principios de los noventa un partido aventurerista que aprovechó el desgaste de los agentes políticos habituales para crear una red institucional basada en el cohecho como método administrativo.

Aunque su ejemplo hizo fortuna, el GIL fue el primer partido creado esencialmente para robar: una fuerza cleptocrática muy bien organizada que durante cuatro mandatos —el último con el fundador ya inhabilitado por sentencia judicial—saqueó a fondo el Ayuntamiento marbellí, puso en marcha una sofisticada maquinaria de cobros de comisiones y sobornos y exaccionó cientos de millones de euros a base de intervenir a fondo en la economía local. Como dato significativo hay que anotar que Jesús Gil llegó a la idea de fundar su propia opción ante la presión que sufría como constructor por parte de intermediarios que actuaban en nombre del Partido Socialista, gobernante en Marbella hasta su arrolladora irrupción en 1991.

Tolerancia institucional
Gil pagó comisiones millonarias a personajes del entorno del PSOE andaluz y de la Junta de Andalucía, y guardó copias de los cheques, que sacó a la luz cuando los delitos habían prescrito. Semejante ardid le garantizó la transigencia de las autoridades andaluzas, que miraron para otro lado cuando en el seno del propio socialismo malagueño surgieron las primeras sospechas y denuncias sobre la masiva corruptela de Marbella. Curiosamente una de las personas más activas en esta oposición al gilismo, Isabel García Marcos, acabaría pasándose al adversario —está gravemente imputada en el sumario de Malaya— acaso deslumbrada por el color del dinero y con seguridad desengañada ante la ineficacia de su resistencia.

Pero la larga hegemonía política del GIL en la ciudad costasoleña, liquidada sólo mediante la intervención de la Justicia, pone de manifiesto una de las constantes sociológicas de la corrupción en la España moderna: la tolerancia ciudadana. No sólo fueron las autoridades regionales las que descuidaron la vigilancia. Las cuatro mayorías obtenidas por el gilismo y sus secuelas se produjeron a pesar de las continuas denuncias que la prensa y la oposición efectuaron casi desde el principio sobre los turbios manejos de la municipalidad y sus tentáculos administrativos, en un clima de conocimiento general sobre las actividades ilícitas de los dirigentes que sin embargo no fue óbice para su reelección continuada.

Así ha sucedido también en numerosos ámbitos, regionales y locales, salpicados por escándalos de deshonestidad pública. Alcaldes y cargos autonómicos procesados por corrupción y con razonables indicios de culpabilidad sobre sus espaldas han sido reelegidos —a menudo más de una vez— sin mayor problema. El crecimiento de la preocupación ciudadana por su clase política —de un 6 por ciento en 2008 a un 21,6 en 2010—se relaciona más con la falta de respuestas a los problemas colectivos que con la apreciación sobre la honradez de su desempeño. En ese sentido, la ausencia de sanciones contundentes y las actitudes exculpatorias con que los partidos se blindan ante las denuncias parece basarse en el conocimiento de la impunidad política que la corrupción mantiene en España debido a su carácter generalizado.

Partidos vacunados
En efecto, de los 730 casos judiciales abiertos hasta noviembre de 2009, más de la mitad (464) corresponden a dirigentes del Partido socialista (264) y del Partido Popular (200), mientras el resto se reparten entre otras fuerzas políticas en equitativa proporción con su implantación electoral. La extensión de la enfermedad moral parece haber inoculado una suerte de vacuna política, de tal modo que los escándalos no castigan a los partidos porque sus simpatizantes tienden a exculpar responsabilidades en la propia extensión del mal. El efecto perverso de esta normalización es, pese a su impunidad electoral, el declive del prestigio de la clase política, considerada sospechosa en su conjunto, y muy especialmente la del ámbito local; las concejalías de urbanismo se han convertido en el epítome simbólico del pantano de corrupción en que se hallan sumergidos los escalones más bajos de la Administración del Estado.

Ésta es, junto a la dispersión geográfica y política, la otra característica esencial de la corrupción contemporánea, minimizada por los partidos pese a la evidencia de su alto contagio: casi un 10 por 100 de los municipios ha registrado alguna denuncia con intervención judicial. Durante el felipismo, los casos de venalidad se desarrollaron de manera muy señalada en la propia cúpula del poder y del Estado: la Guardia Civil, el Banco de España, la alta banca, los contratos de grandes infraestructuras, la Expo 92, el Boletín Oficial y hasta la Cruz Roja se vieron afectadas por una ola de deshonestidad a gran escala que implicaba sustancialmente al Partido Socialista y su entorno. El Partido Popular hizo bandera electoral de la corrupción y durante la época de Aznar, la Administración central sufrió una severa depuración que aún mantiene su crédito de limpieza. Sin embargo, la vigilancia del aznarismo provocó el desplazamiento de las actividades políticas ilegales a las esferas autonómica y municipal, donde la corrupción se ha asentado con fuerza en la última década.

Andalucía, en cabeza
De este modo, Andalucía, bastión de resistencia del socialismo con treinta años de poder unívoco, se convirtió en el campo de operaciones de numerosos desaprensivos que desarrollaban negocios a la sombra de unas administraciones dominadas en toda su extensión —local, provincial y regional—, por el mismo partido. El rosario de casos y su extenso ámbito geográfico ha goteado el mapa andaluz de episodios, a menudo pintorescos, de cohecho, soborno y demás figuras penales de abuso de poder, salpicados en ocasiones con estrafalarias excusas registradas en las grabaciones policiales, y que van desde juergas flamencas a visitas a casas de prostitución. Un mapa pícaro en el que sin embargo han destacado episodios singulares de notable importancia, los dos más recientes en la misma capital autonómica. El escándalo de las facturas falsas cobradas por obras inexistentes con el consentimiento de personas próximas al alcalde de Sevilla y el de las extorsiones en Mercasevilla a cuenta de su expansión inmobiliaria —con escalofriantes cintas grabadas por los extorsionados—han revelado la existencia de prácticas indeseables en la estructura de poder directamente controlada por las autoridades socialistas.

Tampoco el PP supo escapar de las tentaciones en su etapa de poder. Las comunidades de Madrid y Valencia vieron crecer la trama Gürtel, primero en el seno de la organización nacional y luego emigrada a los ámbitos regionales, y el caso Palma Arena salpicó a la casi totalidad de la cúpula del partido —empezando por el ex presidente Matas, seriamente imputado—en Baleares. Una comunidad en la que, durante los noventa, Aznar había entregado la cabeza de otro presidente autonómico por su implicación en las irregularidades de contratación del túnel de Sóller.

La red Gürtel (correa, en alemán, por el nombre del principal implicado) se movió con impunidad en los bastidores de los poderes regionales y municipales controlados por los populares, y su proximidad a destacados dirigentes como el presidente valenciano Francisco Camps o algún consejero de Esperanza Aguirre ha otorgado al escándalo dimensiones nacionales, pese a que siendo considerable el volumen cuantitativo del dinero supuestamente defraudado, no llega con sus 26,5 millones de euros a la escala de otros sumarios relacionados con distintos partidos, como los de Ciempozuelos (40 millones), Pretoria (45) o el célebre de Marbella, con la apoteosis de 2.400 millones irregulares, a los que hay que sumar casi otros tantos en diversas piezas separadas que abrazan el mapa sumarial del saqueo marbellí.

También nacionalistas
También otros gobiernos de autonomías, muy significadamente en Cataluña, Andalucía y Canarias, se han visto envueltos en notables episodios venales, en muchos casos con el concurso de partidos nacionalistas incrustados como bisagras en los mecanismos administrativos o directamente involucrados en el ejercicio hegemónico del poder, como es el caso de Convergencia i Unió. El nacionalismo catalán, salpicado de lleno por la «Operación Pretoria» y el escándalo del Palau de la Música barcelonés, escapó sin embargo de la sorprendente denuncia efectuada en 2004 por el entonces presidente de la Generalitat Pasqual Maragall, que en una sesión parlamentaria acusó a los convergentes de haber cobrado una mordida sistemática del tres por ciento en las contratas. La sociedad catalana echó tierra sobre el asunto evitando una polémica que habría podido poner patas arriba todo el establisment autonómico de las tres últimas décadas.

Bisagras electorales
Partidos como Coalición Canaria, el citado GIL, el Andalucista de los años noventa o el PAL almeriense, entre otros, permanecen vinculados a la sospecha general debido a la alta y numerosa implicación de muchos de sus miembros en casos investigados por la Justicia. El carácter de bisagra electoral de sus representaciones políticas los situó al frente de áreas sensibles en la contratación y el gasto, como el urbanismo, el turismo o las obras públicas. La reciente «Operación Poniente» en Almería ha revelado la existencia de una trama transversal que, articulada a través de un pequeño partido compuesto por tránsfugas del PP en la próspera localidad de El Ejido, tejió durante años lazos irregulares en la Diputación provincial y otros municipios en alianzas simultáneas o sucesivas con el PSOE y el PP. La red Poniente es el primer caso que involucra directamente a los dos grandes partidos, razón que puede explicar el silencio mediático que rodea al escándalo en la opinión pública nacional. Si Malaya representa la gran trama tejida al margen del bipartidismo —aunque muchas de sus operaciones urbanísticas contaron con la anuencia o el visto bueno de la Junta de Andalucía, bajo control socialista—, el caso Poniente constituye el más vistoso ejemplo de implicación dual de militantes representativos de las dos fuerzas esenciales del sistema.

El transfuguismo, unido al control de las competencias de política territorial y urbanismo, se ha revelado como uno de los principales factores propiciadores de la corrupción local, sin que los partidos hayan logrado erradicar esta práctica viciosa que constituye un abuso del privilegio de la representación ciudadana. Los diferentes pactos suscritos han tenido el mismo nulo efecto que las diversas modificaciones legislativas. Continuas mociones de censura apoyadas en tránsfugas que cambian de partido o de voto se producen en los municipios sometidos a mayor tensión urbanística, siendo el de Benidorm —con implicación de la familia de la secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín— el más sonado pero de ninguna manera el único de ellos. Pinto, Sanlúcar —donde un concejal que denunció su intento de soborno aportando al juez el dinero recibido sufrió un largo proceso de casi una década antes de quedar absuelto—, Gibraleón, El Ejido, Denia y otras muchas localidades han visto estos movimientos pendulares vinculados a operaciones recalificatorias o de planificación territorial. La necesidad de dinero de los Ayuntamientos, asfixiados en su estructura financiera, ha provocado el aluvión de intereses cruzados sobre las plusvalías del suelo.

Suelos urbanizables
Abandonados en la escala de financiación de servicios, por detrás de la Administración autonómica y central, los municipios han vivido en la última década y media de los recursos generados por la puesta en mercado de suelos urbanizables, con los consiguientes procesos de recalificación y de creación de plusvalías legales e ilegales. Sin ser el único ámbito de corrupción, sí ha sido el más amplio y abierto, debido a la rapidez y contundencia de los beneficios que generaba hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria. Es también la explicación principal del carácter municipal de la mayoría de los escándalos; una clase política de escasa formación, poco controlada por los medios de comunicación y bastante autónoma en sus organizaciones partidarias, acostumbradas a no injerirse en la financiación local, se desplegó sobre inmensos recursos financieros de rápida transformación con el consiguiente proceso de desclasamiento; las tentaciones resultan universales, pero tienden a rechazarlas mejor quienes poseen mejor preparación intelectual y moral y mayor consciencia de su responsabilidad política.

La estructura cleptocrática de la democracia española presenta, pues, un cuádruple cuadro característico: generalización transversal a todos los partidos; dispersión territorial en comunidades y autonomías; vinculación con el transfuguismo y los grupos bisagra, y centro administrativo en los recursos urbanísticos, principal fuente de financiación de las instituciones locales. Sin embargo, su consecuencia más llamativa es la impunidad política, tanto a cargo de los partidos que tratan con benevolencia a sus miembros corruptos como por parte de una opinión ciudadana que no penaliza electoralmente la venalidad. Se trata, pues, de un mal con pronóstico grave, ya que son los propios enfermos quienes se resisten a aceptar el diagnóstico y a aplicar el correspondiente tratamiento.

Hay razones sobradas para la sustitución
JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA La Opinión 10 Octubre 2010

JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA ES CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA Quinientos cincuenta y ocho votos de diferencia en Madrid han provocado que el PSOE muestre en voz alta su inquietud ante la posible pérdida del poder, primero tras las municipales y autonómicas y después en las generales. Un puñado de votos, las malas previsiones para las catalanas y, por supuesto, los catorce puntos de ventaja del PP en varios sondeos han hecho saltar las alarmas. Barreda, el presidente manchego, ha sido el más duro y el más crudo, pero hay muchas voces críticas con Zapatero. Las de tantos profesionales de la política que, con el poder, perderían el puesto de trabajo. Razones varias para esas críticas las hay desde mucho antes de la reforma laboral que no crea empleo y de la mediocre huelga general. Y las sigue habiendo después. Las dos últimas comparecencias de Zapatero han vuelto a poner de manifiesto su inconsistencia. Sobre el error mayúsculo de Madrid sale del paso diciendo que Gómez es el mejor porque ha ganado y celebrando la democracia de los suyos, acreditando así su incapacidad para calibrar el alcance de las heridas abiertas por las primarias que él ha forzado. O peor aun, acredita una soberbia sin límites si cree que con semejante simpleza van sus compañeros socialistas a dar el asunto por zanjado. Quizás las dos cosas. Sobre el cambio de sus políticas económicas su explicación es absurda. Dice que él, como muchas gentes de izquierda, soporta la contradicción al tener, contra sus convicciones, que aplicar las políticas que le impone Bruselas, pero afirma, seguidamente, que estas, las impuestas, son las correctas porque no hay mejoras sociales que hacer cuando el déficit se dispara. ¿Pensaba Zapatero que gobernar era multiplicar los panes y los peces indefinidamente y repartirlos entre los desheredados? Pura incompetencia y coartadas de superviviente.

Que los candidatos socialistas van a comparecer en las locales, autonómicas y catalanas con el lastre de un Secretario general muy cuestionado por sus votantes, parece casi seguro. Para las generales las cosas podrían cambiar aunque con muchas dificultades. Las propias de cualquier sustitución en el liderazgo de un partido. Mi impresión, sólo a eso puede uno atreverse, es que sustituyendo a Zapatero por alguno de los dirigentes solventes que el partido tiene y aportando mucha sinceridad, sencillez y solvencia a su política de comunicación con la ciudadanía, quitando sectarismo a sus relaciones con el PP, podría el PSOE mejorar sus condiciones para 2012.

¡Ah! y aclarando sus pactos con los nacionalistas donde sea razonable mantenerlos. El que acaba de hacer Zapatero con el PNV es de los que no tienen sentido ni para los socialistas vascos ni para millones de votantes del resto de España. Menos aún cuando hemos sabido que en el pacto entraba la exigencia del PNV de participar en la gestión del final de ETA. ¡A santo de qué el PNV, que no ha dejado de poner en la rueda de la lucha contra el terrorismo cuantos palos ha podido, tiene ahora que subir al podium para recibir medalla! Ahora que ETA está a punto, no tiene sentido darle al PNV la ocasión de encabezar la petición de medidas de generosidad para la banda, ninguno de cuyos miembros las merece. Dársela sería una torpeza política suma, y mayúscula si ese final se planifica contra o a espaldas del PP, con cuyo gobierno se aprobó la decisiva ley que excluyó a Batasuna de la política democrática.

Los socialistas lo tienen muy complicado porque han desoído demasiado tiempo las voces que se lo decían, pero razones sobradas para que acometan la sustitución de su máximo dirigente las hay desde hace años. Barreda, además, le ha puesto en bandeja la coartada democrática del límite de los ocho años. Como Obama?y como Aznar.

Zapatero y los 'planes B'
«El 'poszapaterismo' no es el PSOE en el Gobierno sin Zapatero. Es simplemente el PSOE en la oposición»
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 10 Octubre 2010

En España se han puesto de moda los 'planes B'. Pero no como expresión de prudencia sino por la interiorización del fracaso como algo más que una posibilidad.

Por el momento, el debate se concentra en dos de estos planes: uno, por si fallan los Presupuestos Generales del Estado; otro, por si al PSOE le falla Zapatero. El primero lo reclaman, de momento, el gobernador del Banco de España y el Fondo Monetario Internacional. El segundo pretende responder a la fundada preocupación que despierta en el PSOE la aproximación de una sucesión de derrotas electorales que concluirían con el traumático desalojo del Gobierno, como tarde, en la primavera de 2012. A esto último lo llaman 'poszapaterismo', que hasta tiene ya su mito fundacional doméstico en la victoria de Tomás Gómez en las primarias socialistas madrileñas.

Sin restar importancia a lo que ha supuesto el triunfo de Gómez para hacer visibles las grietas en el liderazgo de Zapatero, este hecho en otras circunstancias habría sido un tropiezo presidencial no mucho más grave, por ejemplo, que el estruendoso fracaso de la candidatura del hoy ministro Miguel Sebastián a la alcaldía de Madrid en 2007.

Si el plan B para el pos zapaterismo es algo más que el tema de conversación de unos cuantos barones autonómicos y alcaldes socialistas preocupados ante las elecciones del próximo 22 de mayo es porque este otoño de Presupuestos, huelga general y encuestas parece haberse llevado las esperanzas de reconstruir el relato con el que Rodríguez Zapatero podría presentarse a las próximas elecciones con posibilidades de éxito.

Se trataba, primero, de preservar el icono. Para ello, había que repicar el mensaje de que Zapatero es bueno y de izquierdas aunque tenga que hacer cosas malas y de derechas que, además, le entristecen mucho. A la vista del desplome en la valoración de Zapatero que revelan las encuestas más creíbles, la insistencia en ese mensaje no parece que haya hecho brotar muchas lágrimas de empatía progresista con el presidente.

El arsenal argumentativo para proteger a Zapatero, en otro tiempo repleto de vistosos fuegos de artificio, está lleno de pólvora mojada o, peor aún, de material volátil y peligroso. Hubo un momento en que explicar que las medidas de recorte de gasto nos venían exigidas desde fuera podía contener alguna esperanza de exculpación de Zapatero ante los suyos. Ahora ese argumento no hace más que acentuar su imagen de dirigente menguado y prescindible.

Pero es que incluso estos Presupuestos tan optimistas en sus previsiones de crecimiento y de ingresos públicos señalan el adiós a esa esperanza de que, allá por la segunda mitad de 2011, el Gobierno pudiera dar por superada la crisis y presentarse ante los españoles maltrecho pero victorioso por haber pilotado el barco a través de la tormenta sin colaboración alguna del PP.

El problema para el Gobierno no es sólo que la crisis no remita de manera apreciable sino que cada vez queda más al descubierto la cuota de responsabilidad intransferible que le corresponde en este lúgubre panorama. El resultado no puede ser otro que la perplejidad y la confusión en la que se encuentran instalados el Gobierno y el Partido Socialista. Hace un par de semanas, desde Estados Unidos, el presidente del Gobierno declaraba superada la crisis del euro y al día siguiente volvían las turbulencias con Irlanda y Grecia, la agencia Moody's rebajaba la calificación de solvencia de España y la financiación de nuestra deuda se encarecía hasta los niveles del pasado mes de julio.

El grado de deterioro político al que ha llegado el presidente del Gobierno y la amarga cosecha que todavía le queda por recoger al Partido Socialista exigirían que ese plan B no sólo cambie el candidato sino que rompa la identificación del PSOE con Zapatero. Salvadas las diferencias, parece que algunos aconsejan hacer con Zapatero lo que éste hizo con Maragall, quien pasó de precursor de la victoria socialista de 2004 e innovador intérprete de la 'España plural' a villano en el drama del tripartito y traidor a la doctrina del partido sobre las autonomías. Pero no deber de ser fácil hacer algo así en un partido que ha llegado a tapar sus siglas para ser conocido como 'el partido de ZP'. Tampoco sería justo con el personaje que podría retar con éxito a que levantara la mano el que se haya opuesto, de verdad, a sus decisiones. Zapatero, en suma, es lo que ha hecho el PSOE

Hacer de Zapatero una suerte de víctima propiciatoria es el recurso oportunista del socialismo para escapar a las causas de su declive. Oportunista y, probablemente, tardío.

Las causas de ese declive se encuentran demasiado arraigadas para rectificaciones poco verosímiles.
Un partido agostado por el control sin precedentes que Zapatero ha establecido a través de dirigentes de dudosa consistencia; un hondo vacío ideológico que en estos años se ha llenado con extravagancias sesentayochistas, fabulaciones identitarias y revisionismo histórico; un profundo debilitamiento organizativo y fiscal del Estado y la sonora huida de las clases medias sobre las que ya recae el coste de las políticas gubernamentales, que pagan más, reciben menos y ven en su empobrecimiento el fin de sus aspiraciones de movilidad social. Ante esto, el poszapaterismo parece demasiado poco y demasiado tarde. Un error de concepto. El poszapaterismo no es el PSOE en el Gobierno sin Zapatero. Es simplemente el PSOE en la oposición.

La cuenta atrás
Sin apoyos y sin política, el desplome de Zapatero en los sondeos muestra un estado de opinión terminal
IGNACIO CAMACHO ABC 10 Octubre 2010

EL gran problema actual de Zapatero no consiste tanto en que se esté quedando sin apoyos como en que se ha quedado sin política. La crisis ha desbaratado su proyecto y desnudado su falta de respuestas, dejándolo sin otro discurso coherente que el de la permanencia en el poder. Obligado por Obama y por la UE a un ajuste en el que no creía, ha perdido el respaldo de los suyos y no es capaz de sumar otros nuevos; carece de crédito para proceder a la enésima reinvención de sí mismo. Sus errores ante la recesión han destruido cualquier posibilidad de liderazgo. Primero la negó con una terquedad inverosímil y luego prometió, atado a los sindicatos, una salida socialdemócrata que ha fracasado porque la crisis es mucho más profunda de lo que jamás ha entendido. Su política consistía en aguantar, a base de gasto público, a la espera de un cambio de ciclo, pero al persistir la depresión sólo logró un aumento del déficit y la deuda que situaron al país al borde de la quiebra. En el momento —allá por mayo—en que el Directorio europeo le dobló el brazo y le impuso medidas de recorte forzoso, su autoridad quedó desarbolada ante propios y extraños. Su intento de abrazar la nueva fe liberal como un converso le ha proyectado ante la opinión pública como un dirigente aferrado a la poltrona y ha generado un patente descontento entre su electorado que ataca los nervios de la estructura dirigente del Partido Socialista; sus seguidores han dejado de creer en él y empiezan a verlo como un obstáculo para la supervivencia.

El proyecto zapaterista, líquido y débil, sólo tenía algún sentido en una etapa de prosperidad. Sin preocupaciones económicas podía centrarse en la ingeniería legislativa sobre los derechos civiles y crear marcos conceptuales de intencionalidad ideológica: las reformas estatutarias, la memoria histórica, las leyes de igualdad o el aborto libre. Pero con una catástrofe financiera, un desempleo inasumible y un colapso de productividad las prioridades de la sociedad han cambiado de forma radical y este Gobierno se muestra desbordado en sus capacidades. Para la izquierda ha traicionado sus convicciones y sus promesas; para la derecha jamás ha merecido confianza. El desplome presidencial en los sondeos muestra un estado de opinión terminal en el que la gente sólo espera que la legislatura acabe.

Zapatero carece ya de autoridad para decirles a los ciudadanos que va a levantar el país a base de rectificarse a sí mismo. Los más próximos sólo tolerarían un cambio de política con un cambio de líder, y el resto desea que llegue el momento de pasar página y emprender otro rumbo. Esta legislatura se ha convertido en una cuenta atrás en la que el presidente se ha quedado sin argumentos. La vía socialdemócrata ha fracasado y para hacer políticas de derecha neoliberal no hay nadie mejor que la derecha y los liberales.

Barreda dice lo que muchos callan
EDITORIAL  Libertad Digital 10 Octubre 2010

La arremetida del presidente de Castilla-La Mancha contra José Luis Rodríguez Zapatero ha provocado un terremoto dentro del PSOE, cuyos referentes nacionales se han disputado el primer puesto a la hora de refutar sus declaraciones cada cual con más vehemencia. Esta respuesta contundente del aparato socialista, señala que las críticas de Barreda y la sugerencia a Zapatero de que evite repetir como candidato nacional no es un exabrupto ocasional fruto de la improvisación, sino la expresión de un deseo bastante extendido en amplias capas del PSOE que los actuales dirigentes del partido necesitan anular de forma inmediata.

Como era previsible, el presidente castellano-manchego se ha desdicho rapidamente de sus comentarios para cubrir las apariencias, pero el objetivo de esas declaraciones ya está cumplido.

Tratándose de un político socialista, es difícil admitir que las palabras de Barreda respondan a la honda preocupación de un español responsable acerca de la suerte de su país si sigue en manos de su jefe de filas. Más cerca de la verdad estaremos si situamos esta rebelión de un presidente autonómico en el contexto de la proximidad de una cita electoral en la que tiene todas las papeletas para salir derrotado.

La cercanía al proyecto de Zapatero puede ser la tumba definitiva de las aspiraciones socialistas en feudos tradicionales de ese partido y, ante esa evidencia, Barreda no ha hecho más que lo necesario para su supervivencia al frente de Castilla-La Mancha. Sin embargo, las palabras de Barreda son, ante todo, el reconocimiento del fracaso colectivo del socialismo de Zapatero que, como todas las versiones anteriores, ha demostrado sobradamente su incapacidad para responder a las necesidades de una sociedad moderna y su potencial destructivo cuando el país atraviesa un periodo de crisis.

Esto lo sabe bien José María Barreda, presidente de una comunidad autónoma incapaz de avanzar en cualquier índice de prosperidad después de treinta años de socialismo.

Sí, Zapatero debe irse cuanto antes. Barreda y sus colegas socialistas también. En cuanto toque.

Zapatero está muerto, pero es un vivo
Carlos Dávila GCT

Lean, como el presente, espantados: “Puede, quiere y sabe”. Es la sentencia de la inquisidora De la Vega sobre el aún su jefe: José Luis Rodríguez Zapatero. Con su simpatía habitual, no exenta de maneras autocráticas, la todavía vicepresidenta del Gobierno agónico de España contestó así a una enojosa pregunta sobre el futuro político del presidente. Un día después de que los socialistas de Madrid le arrearan un sopapo escandaloso a la enchufada del “yo, lo que me diga el presi”, a esta señorita Trini, que cada vez que se presenta a algo pierde más que el Zaragoza en la Liga BBVA. Eso lo dijo un día después, pero podía haberlo respondido el mismo día en que el Fondo Monetario Internacional (un organismo cutre de chicha y nabo según los socialistas) desmintiera los alocados pronósticos del Gobierno.

Todo eso, decía Fernández, mientras su sostén, el Zapatero con ojeras ya en forma de alforjas y rostro patético, anunciaba trémulamente en Telecinco que aquí de crecer nada, que el año venidero va a ser horroroso y que ya veremos después. Agustín de Foxá –siempre maltratado por los progres de este país, que constituyen una caterva de analfabetos– no tenía, que dijéramos, una buena opinión de la coyunda marital; por eso se refería a ella de este modo: “En el matrimonio, el primer año es malo... y después todos los demás”.
Rubalcaba se la jugó

Pues así pensaba el abajofirmante al escuchar en una radio amiga a Torquemada Fernández alabar el estado anímico y político de Zapatero. Casi es la única que opina de esta forma, aunque José Blanco se une a ella en público, pero en privado es otra cosa según nos cuentan. Blanco empieza a maliciarse que, en la operación señorita Trini, el malvado Rubalcaba se la jugó. Esta misma semana, un periodista afecto a la causa (no hablo de Urbaneja), y de los poquísimos que han tenido la gentileza de expresar un cierto cariño ante la brutalidad del acoso que estamos sufriendo en Intereconomía, me confesaba: “Hace falta ser muy tonto para no darse cuenta de que en esta peripecia Rubalcaba ha jugado a dos barajas; si le salía bien lo de Trini, miel sobre hojuelas; si le salía mal, como le ha salido, siempre puede ir diciendo que Zapatero ya no es quién en el PSOE, que ya no se le hace caso”. Barreda, a punto de perder el sillón que heredó de Bono, ya ha saltado a la yugular de su admirado líder.

Pero dice la vicepresidenta que quiere, puede y sabe. Desde luego, él se lo cree. Desde Franco no hemos escuchado una frase tan altiva, tan desmedida, tan inapropiada, tan de orate como ésta con la que Zapatero obsequió el miércoles a un periodista tan pulcro –siempre en todos los sitios hace lo que puede– como Pedro Piqueras: “Es más importante el futuro del país que el mío personal”. ¡Pues naturalmente que sí!, por tanto no hace falta que se esmere por nosotros, está absolutamente comprobado que España puede vivir sin él; es más, él es un estorbo para España. Ya está caldeado y cubierto con su aura de gobernante providencial y está convencido –eso ya no lo duda nadie– de que o él nos salva o no nos salvará nadie. Hace muchos años oí a un colega tan jocundo y fecundo como Miguel Ángel Aguilar decir lo siguiente: “Es que estos socialistas no se conforman con gobernarnos, es que nos quieren salvar”. Pues eso: Zapatero nos quiere salvar, así que échense todos a temblar.
Sus derrotas fingidas

Y por eso mismo quiere seguir, porque se piensa, en su propia sandez, indispensable. Desde luego es un artista. Ni pensar en marcharse. Hay que ver cómo ha solventado la crisis madrileña. Con mansedumbre franciscana y con un cinismo que ni Calígula presentando a su caballo como el epígono más leal, el que mejor comprendía su universal pensamiento. Ahora está por la labor del “aquí no ha pasado nada”, “los socialistas no se pelean, hacen brillar la democracia interna”. Fíjense lo que le soltó a Piqueras, eso sí, enmarcando sus cejas circunflejas en una actitud facial que cualquier fisonomista calificaría por lo menos de falaz. Dijo el líder: “Entre compañeros de partido las derrotas son otra cosa”. Naturalmente que lo son. Son puñaladas en el quinto espacio intercostal por donde se mueve el corazón.

Él no sabrá nada de Andreotti, el imicutible italiano, tan pequeñito pero tan perverso, tampoco de Churchill, que abandonó el Partido Laborista británico para unirse al Conservador al grito de: “¡No hay quien os soporte, chicos!”. “Miro a mi bancada parlamentaria y no encuentro un solo amigo”, decía el inglés, y: “Gobernar consiste en hacer callar a quien plantea problemas”, afirmaba el entrañable y chepudo democristiano. El primero advertía de la falsedad de los abrazos partidistas; el segundo podría ser para Zapatero un asesor de cabecera. Nadie mejor que Zapatero para dar caña a todo el que se le opone. Es un especialista sólo comparable a su amigo/enemigo del alma: Alfredo Pérez Rubalcaba.

Ahora está en ocultar las heridas, que taparlas es ya imposible. El periodista citado líneas arriba me avisaba enfáticamente: “No le conoces; ¡se hará con Gómez!”. Y la verdad es que hay que empezarlo a creer. Gómez es una réplica un poco menos cursi, pero igual de presuntamente sublime, del propio Zapatero. Ha copiado sus gestos, sus réplicas, sus muecas. Ya está en situación de considerarse un líder, y de ahí a añadir al sustantivo el adjetivo carismático, queda apenas un hilillo métrico. Gómez, como Zapatero, está virgen en derrotas y eso hace crecer la autoestima, pero sería un estúpido (y Carmona me dice que no lo es) si se confiara, si, como me confiesa el colega antedicho, no advirtiera que pueden venir a por él.

Felipe González, que no se queda quieto un minuto, ha hecho saber lo siguiente: “Borrell también ganó las primarias y se pensó imbatible hasta que el aparato le empezó a sacar mierda”. Olvida González que los miembros de su aparato, ayudados eficazmente por Prisa cuando ésta era algo, eran todos hombres suyos, hombres a los que había elegido probablemente para hacer este tipo de faenas. Ahora Zapatero, y por algún tiempo todavía, domina el aparato actual, compuesto por siervos de la gleba que entre todos suman neurona y media. Son más bien cortitos de entendimiento pero feroces en la lucha, de forma que si Zapatero toca el pito, y a Gómez seguro que se lo van a tocar, y ustedes perdonen por el casticismo, destrozan a quien se les ponga por delante.
Un enjambre de intereses

Zapatero está muerto, pero es un vivo. Ha tejido a su alrededor tal enjambre de intereses que quienes se lo deben todo son capaces de utilizar las armas más bochornosas para proseguir en el poder. La Justicia, la Administración, los sindicatos, la Policía... todos en general, con las debidas y respetadas excepciones, se han puesto a trabajar en el trance. Ahora el que se mueve no es que no salga en la foto, es que le pegan con la máquina en el testuz. Cuando notas el aliento pútrido de estos caracolillos furiosos, sientes que o te defiendes o te machacan. Digo lo de siempre: si te pones de rodillas, el puntapié, en vez de propinártelo en los huevos, te lo atizan en la barbilla. No sé qué duele más. Zapatero está muerto, pero es un vivo. Ojo con sus coletazos, que no perdonan ni a los suyos. Aquí, si no se va, que no se va, habrá para todos. No sólo para nosotros, que, desde luego, recibimos estopa por orden suya con rencor.

Los socialistas temen que el divorcio con los sindicatos, la rebelión del poder territorial y las encuestas reflejen una tendencia de fondo
La enésima semana negra de Zapatero pone en jaque al PSOE
No es la primera y, si todo discurre por la misma senda que hasta el momento, no será tampoco la última. Hablamos de una nueva semana negra para Zapatero. ¿Mala racha? ¿Tendencia? A juzgar por las encuestas, propias y ajenas, todo indica que el viento soplará en contra del presidente hasta final de la Legislatura

10 Octubre 10 - Madrid - Esther L. Palomera La Razón 10 Octubre 2010

Mucho tiene que cambiar el panorama económico y el discurso socialista para que los sondeos se den la vuelta y el Ave Fénix del socialismo resurja otra vez de sus cenizas. Pero ¿hay estrategia para cambiar el rumbo? No hay elemento en el horizonte más cercano que invite al optimismo.

El próximo día 23, el presidente se enfrenta al Comité Federal del PSOE, máximo órgano entre congresos, con las aguas territoriales más que revueltas; en noviembre se avecina una más que segura debacle electoral en Cataluña; o mucho cambia la oposición o el fin de año no traerá el consenso para la necesaria reforma del sistema de pensiones; 2011 en lo que concierne al desempleo seguirá por una senda ascendente; la economía seguirá estancada; en mayo, todo pinta hacia un émulo del castigo anticipado que los españoles dieron al PSOE en 1995 apenas un año antes de la derrota de Felipe González… Hay una honda preocupación en el PSOE.

Por partes. Primero, una recapitulación de la enésima «semana horribilis» del presidente. Empezó el pasado 29 de septiembre con la huelga general que puso fin a seis años de idilio entre Gobierno y sindicatos. Al divorcio con los agentes sociales le siguió un nuevo revés para la economía el jueves 30 cuando la agencia Moody’s rebajó a España la calificación de su deuda por la lenta recuperación. Pero con el fin de semana y las primarias de Madrid llegaba quizá la más dura de las dentelladas que nunca antes se le había propinado a Zapatero desde el PSOE: Tomás Gómez, el más nobel e inexperto de los barones socialistas, ganaba a la candidata del «aparato federal», Trinidad Jiménez, las primarias por las que se disputaba el cartel electoral a la Comunidad de Madrid. Duro revés para quien en diez años al frente del PSOE no había tenido la más mínima contestación interna. Gómez aglutinó el descontento de la militancia por las medidas de ajuste del Gobierno y por las formas, sin duda, en que la dirección federal había querido imponer en Madrid a «su candidata».

Ese mismo día un diario nacional, próximo al PSOE, publicaba una encuesta que daba al PP 14 puntos por encima del partido del Gobierno. El lunes 4, el presidente se desayunaba con un pésimo dato, el de los 48.102 nuevos españoles que el pasado septiembre perdieron su empleo. Y mientras el martes 5 intentaba encajar el golpe de las primarias, entonaba el mea culpa y se cuadraba ante un Gómez al que ya creía «el mejor», el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, pedía un plan B al Ejecutivo por si la economía empeora.

El miércoles 6, el otrora todopoderoso del socialismo español, Alfonso Guerra, incluía a Zapatero y a Alfredo Pérez Rubalcaba entre los «perdedores» de las primarias. Las palabras de Guerra aún resuenan en las paredes de Ferraz por lo que contenían de crítica al líder del PSOE y por referirse a su candidata como «señorita Trini». La semana no acabaría sin un nuevo aviso desde el Fondo Monetario Internacional para pedir al Gobierno «más ajustes» en la economía española.

Nada de lo ocurrido desde el 29 de septiembre causaría, sin embargo, tanto revuelo como la voz del presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, para clamar por «un cambio de rumbo», evitar la «catástrofe» electoral e invocar la limitación de mandatos. Barreda hizo temblar con sus palabras los cimientos del PSOE, donde desde el viernes –y con el antecedente de las primarias en Madrid– saltaron todas las alarmas. El manchego abría la veda contra el liderazgo de un Zapatero a quien alcaldes y barones ven hoy más una rémora que un activo para las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011.

En busca de un gesto
Y ante este sombrío panorama, que empieza a dar síntomas de descomposición, huidas hacia delante y tácticos desmarques, en el PSOE hay pocos que conozcan los planes del presidente. Salvo que de inmediato habrá una campaña de explicación sobre los Presupuestos Generales del Estado y una intensa agenda de partido, poco más se sabe. De ahí que los socialistas reclamen con insistencia políticas y gestos con los que dar la vuelta a la pendiente hacia el abismo al que los conducen todas las encuestas. Hay algunos que creen que en el desgaste electoral que anotan los sondeos se percibe el deseo de los votantes socialistas para que se corrija el rumbo, y que sólo así habrá posibilidades de remontar el partido. Pero son los menos, cierto. El derrotismo se ha instalado en las filas socialistas, donde temen que «distanciarse o criticar a Zapatero» empiece a ponerse peligrosamente de moda entre líderes locales y regionales. Sólo unos pocos no ven, como la mayoría, en la victoria de Tomás Gómez en Madrid y en la reacción del manchego Barreda los primeros pasos de la rebelión del poder territorial previa al «postzapaterismo».

Surtan o no efecto las presiones de quienes quieren modificar este calendario, el presidente no tiene fácil la decisión porque, aunque en su ánimo –según confesó a algunos socialistas cuando empezó el segundo mandato– estaba no presentarse a la reelección, la situación económica se lo ha puesto complicado. Y hay un ilustre socialista que lo expresa con idéntica dosis de realismo y crudeza: «Sólo tiene dos opciones: o repetir o irse con la indignidad de quien huye en el peor momento económico del país y en el aún peor del PSOE».

Quien así habla no ve hoy en el PSOE otra posibilidad más que Zapatero, salvo «por causas familiares de extrema gravedad», vuelva a ser candidato. Dos motivos: uno, porque no hay relevo; dos, porque si tiene decidido no volver a presentarse, tiene que irse al día siguiente de anunciarlo, «lo anuncie hoy o lo anuncie el próximo mayo». Y si lo dice en mayo, tras el más que seguro varapalo de las elecciones municipales y autonómicas y con la economía aún en estado crítico, se iría «de la peor manera en la que se puede ir un presidente del Gobierno, por la borda antes de que se hunda el barco». Y como Zapatero, sostiene un ministro, «no es un cobarde» y además es «nuestro mejor activo», será cartel en 2012. Todo esto pasa por la cabeza de los socialistas, pero ¿qué piensa, en realidad, el presidente del Gobierno? Nadie lo sabe.

SIGUEN LAS "SUBVENCIONES"
El Gobierno regala 850.000 euros a los sindicatos tras la huelga
Tal y como LD ha denunciado en repetidas ocasiones, los sindicatos continúan cobrando grandes sumas de dinero del Gobierno. Sólo desde el 29-S han recibido 850.000 euros, cifra que hay que sumar a otras muchas partidas "donadas" a temas como Memoria Histórica, moda, videojuegos...
LIBERTAD DIGITAL 10 Octubre 2010

Todo ello pese a una huelga general supuestamente crítica con el Ejecutivo. Zapatero sigue buscando el cariño de los sindicatos, y viceversa. Desde la jornada de paro general convocado por los sindicatos mayoritarios y otras asociaciones vinculadas, se han embolsado nada menos que 850.00 euros. Según La Razón, el mismo día de la huelga el Gobierno hizo balance de sus subvenciones a UGT del Servicio Público de Empleo Estatal entre el 1 de abril y el 30 de junio, y ascendía a otros 1,5 millones adicionales.

Las partidas de esta nueva subvención son variadas. El 30 de septiembre, el BOE publicaba una resolución en la que Medio Ambiente daba una subvención por innovación tecnológica en el medio rural por un millón de euros. La Federación Agroalimentaria de CC OO recibió 90.000 para su página web y la misma federación de UGT consiguió otros 90.000 para una aplicación informática para controlar el seguimiento de la igualdad en las empresas.

La UPA, la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos ligada a UGT, también se hizo con 200.000 euros para una "Red de unidades de dinamización e información en el medio rural", publica La Razón.

Poco después, el 47 de octubre el BOE publicaba una nueva concesión para la Dirección General de Formación Profesional para la educación de personas adultas. De los 30.000 euros de presupuesto, CC OO se hizo con cerca de 6.000 para "adquisición de competencias en comunicación lingüística". UGT logró 3.085 euros.

El BOE volvió a publicar el sábado nuevas subvenciones, en este caso del Ministerio de Educación para desarrollar programas de cualificación profesional durante el curso 2010-2011. UGT de Ceuta se embolsó 250.000 euros en cinco partidas distintas. CC OO con 210.000 a través de la Fundación Formación y Empleo Miguel Escalera.

Tal y como recuerda La Razón, todo esto se añade a otras partidas concedidas a Memoria Histórica, estudios sobre moda, videojuegos...


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La ETA bolivariana
Martín Prieto La Razón 10 Octubre 2010

Chávez suelta frases como quien lanza fuegos artificiales para tapar lo ensencial: que su régimen se acerca a su ocaso como todas las izquierdas populistas que ha dado Suramérica.

No recuerdo si en alguna oportunidad he contado alguna vez que estando en Montevideo solía elegir «La Trainera», un restaurante etarra en el barrio donde está nuestra embajada, y que por mi acento «maketo» me servían frías las cocochas. Los Tupamaros reciclados creían que ETA era uno de los suyos, hasta la iniciativa que inició Mayor Oreja de distribuir internacionalmente los videos con las barbaridades cometidas por la banda. No fue suficiente.

Ahora aparece Hebe de Bonafini como protectora de los etarras en Argentina. A Hebe le desaparecieron durante la última dictadura militar y, como suele suceder, adoptó la ideología de los desaparecidos-asesinados. Fue la fundadora de las míticas «Madres de la Plaza de Mayo», que se dividieron y entraron en conflicto con «las Abuelas», dando lugar a la sucesivas subdivisiones. Hebe acabó mucho más en la política que en la actividad justiciera inicial y no es de extrañar que confunda a los montoneros con los etarras. A la postre ambos se aficionaron a las bombas.

La reciente historia de la insurgencia armada en Iberoamérica sirve de balneario para el universo etarra. El caudillo venezolano-bolivariano, Hugo Chávez, llegó a decir en sus maratones televisivas que Venezuela no limitaba al oeste con Colombia, sino con las FARC.

Es un chinchorrero empeñado en molestar a alguien cada vez que habla y sube el pan. Su embajador en Madrid, Isaías Rodríguez, ha acusado a nuestra Guardia Civil de interrogar bajo tortura. Se ha pedido su expulsión, pero ése no es el método. Es un hombre de hierro de Chávez y su pasado es tenebroso como Fiscal General. El error fue nuestro al otorgarle el plácet. En Caracas, un conspicuo etarra trabaja para el Gobierno venezolano, expropiando tierras a tiempo parcial y luego da clases de terrorismo. Está casado con una venezolana: la jefa de prensa del Ministerio de Agricultura. A ver cómo podemos extraditar a este pajarraco.

En Venezuela estamos cogidos por el dinero y esa extraña simpatía de Zapatero por las políticas extravagantes. Venezuela es la tercera provincia canaria y ya han comenzando a robar las haciendas a los españoles. Nuestras primeras empresas tienen allí invertidos miles de millones de euros, aunque Chávez ya se ha quitado de encima al solvente Banco de Santander. Al chocarrero le vendemos armas ofensivas como aviones y destructores, con el consiguiente enojo de los EE UU, que les obliga a despojarlos de la tecnología de punta que no disponemos y nos impide traspasar a Caracas. El gusto por las frases de Hugo Chávez, efectistas, nos hace hablar de que un nuevo eje del mal está en estertores. Pierde votos pese a una oposición amedrentada.

Rafael Correa –presidente de Ecuador– ha regresado de la muerte y Ecuador trastabilla; en Argentina, el matrimonio Kirchner, no puede ganar las próximas elecciones, ninguno de los dos. La Dinastía Castro despide a medio millón de funcionarios en aras de la revolución y hasta el Comandante Ortega en Nicaragua se ha convertido al catolicismo, para amigarse con la Iglesia Católica.

Bolívar murió como una rata abominando de su hazaña contra la madre patria y afirmó: «En América sólo cabe exiliarse o morir». Y el general San Martín acabó ofreciendo su espada a Fernando VII, como Coronel de Caballería. El «chavismo» tiene el mismo futuro que el esperanto.

ECONOMÍA PARA TODOS
Me pasea a mi perra Blondy una amiga de 82 años que vive sola, de alquiler, con una pensión de 325 euros mensuales. Sospecho que rebusca en los contenedores de basura de supermercados y restaurantes. El Gobierno esto no lo visualiza, porque la macroeconomía no duele. En un diálogo de sordos los políticos no se acuerdan de las pensiones, es seguro que las cobraremos más tarde y con buena merma. El Fondo Monetario Internacional, junto al Banco de España nos pronostican un infierno mientras la ministra Salgado toca a arrebato con unos crecimientos espectaculares. Lo mío ya lo sé: acabaré paseando perros por el Retiro.

La Xunta se gasta en la 'normalización' lingüística de Galicia casi un millón de euros
La cantidad ha sido publicada en una resolución y una orden publicadas en el Diario Oficial de la comunidad autónoma
 www.lavozlibre.es 10 Octubre 2010

Madrid.- El proceso de 'normalización' lingüística le cuesta al Gobierno gallego inversiones aproximadas de 800.000 euros. Esto es lo que se desprende de una resolución y una orden que han sido publicadas en las últimas fechas en el Diario Oficial Galicia. Es decir, las publicaciones institucionales confirman que la 'normalización' lingüística cuesta casi un millón de euros.

Casi 300.000 euros de las arcas del Gobierno regional van destinados al conocido como ‘libro gallego’. Así, una resolución de la Consejería de Cultura confirma que fue aprobada una partida por importe de 299.993,67 euros, destinados a las ayudas a las editoriales para la promoción y edición del 'libro gallego'.

El otro millón de euros se desglosa de una orden emitida por la Consejería de Educación. Esta, publicada recientemente, confirma la concesión de subvenciones que tiene como objetivo final la edición en lengua gallega de recursos didácticos curriculares para niveles no universitarios, por un importe próximo a los 500.000 euros.

Por lo tanto, en este contexto de crisis económica, el Gobierno gallego no duda a la hora de invertir cantidades tan altas, como un millón de euros, para llevar a cabo su proceso de 'normalización' lingüística.

frenar el alto grado de ausencias al trabajo
El Gobierno vasco luchará con multas contra el fuerte absentismo de los funcionarios
Ultima un plan de choque que incluye descuentos de hasta 700 euros al mes por el uso fraudulento de las bajas de enfermedad
JOSÉ LUIS GALENDE JOSÉ LUIS GALENDE j.l.galende@diario-elcorreo.com | BILBAO. El Correo 10 Octubre 2010

LAS CIFRAS
62.536
plazas son las dotadas presupuestariamente en el Gobierno vasco y los órganos que dependen de él para este año. De ellas, a la Administración general corresponden 34.952 (6.824 a Lakua y delegaciones, 18.202 a docentes no universitarios, 1.926 a personal de Justicia y 8.000 a la Ertzaintza); 609 a los organismos autónomos administrativos, y 26.975 a entes públicos de derecho privado y sociedades públicas (23.803 a Osakidetza y 3.172 a sociedades públicas).
14.000 personas más trabajan cubriendo bajas y por acumulación de tareas.
1.592 horas es la jornada anual de los trabajadores del sector público, equivalentes a 35 horas semanales.
5,80% es el índice de absentismo sólo por enfermedad, accidente y maternidad.

Se acabaron los abusos de los funcionarios que cogen bajas de enfermedad fraudulentas y han situado en niveles «alarmantes» el absentismo laboral en el Gobierno vasco. El Ejecutivo de Patxi López ultima un plan de choque para frenar el alto grado de ausencias al trabajo existente entre los casi 90.000 empleados que dependen de él. El proyecto pretende acabar con la «impunidad» de un grupo minoritario de asalariados y, en paralelo, ahorrar los millones de euros al año que se gastan en contratar a las personas que cubren de forma temporal los puestos vacantes por ese motivo.

El viceconsejero de Función Pública, Juan Carlos Ramos, advierte de que el absentismo superior al 10% que se da en el sector, por distintos conceptos, es «impensable» en la empresa privada. A su juicio, no tiene justificación en una actividad con unas condiciones laborales tan favorables como las que se dan en la Administración. No obstante, subraya la calidad «razonablemente buena» y la «competitividad» de la mayoría de los empleados, que «con carácter general cumplen con su trabajo». El objetivo es «controlar a aquellos que no se lo toman en serio».

El primer problema al que se enfrenta el Departamento de Justicia y Administración Pública, que dirige Idoia Mendia, es conocer cuál es el absentismo real en las diversas áreas, porque en cada una se mide de forma diferente. En cambio, sí es más fácil de evaluar el que se produce por enfermedad, accidentes y bajas maternales, que es del 6,6%, lo que supone que unos 4.000 empleados públicos no acuden cada día a su puesto de trabajo por estas causas. Si se excluye del cálculo a Osakidetza, el índice se sitúa en el 5,8%.

En la nómina
El viceconsejero es consciente de que todas estas bajas de enfermedad y accidente tienen apariencia de legalidad, dado que están suscritas por los médicos de cabecera, pero cree que en este ámbito se esconden muchos abusos que se propone penalizar. Por ello prepara un plan para descontar de la nómina parte de la retribución «en los casos en que se demuestre, con los medios del departamento, que se trata de absentismo injustificado».

Aunque es consciente de que cualquier tipo de sanción de este tipo será recurrible ante los tribunales laborales, Ramos defiende esta fórmula para incentivar la asistencia al trabajo. En ella utilizará los complementos que el Ejecutivo paga a los trabajadores en caso de baja temporal. Así, si se tiene en cuenta que corren a su cargo los tres primeros días, el 40% del salario entre el cuarto y el vigésimo día y el 25% a partir de ese plazo, el recorte en una nómina media -en torno a los 25.000 euros al año- puede alcanzar los 700 euros al mes.

La colaboración de la Inspección Médica será fundamental para atajar un problema que el responsable de Administración Pública decidió encarar desde que llegó al cargo, procedente de la empresa privada. Una de las primeras iniciativas, precisó el viceconsejero a EL CORREO, será enviar a ese órgano el caso de una veintena larga de trabajadores que llevan acumulando bajas, prácticamente enlazadas con diferente pronóstico, que suman «varios años» sin que se hayan iniciado procesos de invalidez.

Ramos, que tiene experiencia en el sector del metal, donde las condiciones de trabajo son más penosas y por tanto favorecen que se produzcan más bajas laborales, no tiene ninguna duda de que se están cometiendo «abusos» y quiere poner orden en la Administración. Como ejemplo, explica que «casualmente» las bajas por enfermedad, salvo en Osakidetza, se redujeron en 0,73 puntos desde junio a septiembre, lo que atribuye al hecho de que muchos trabajadores cogen el alta para irse de vacaciones.

Estímulos y sanciones
Para reducir el absentismo, el Gobierno vasco adoptará vías diferentes. Por un lado, actuará sobre las bajas de enfermedad, accidentes, ausencias injustificadas o no retribuidas con medidas de estímulo y coercitivas. Por otro, en el absentismo «no gestionable», que es fruto de derechos laborales recogidos en el Estatuto de los Trabajadores y en los convenios colectivos, intentará llegar a un acuerdo con los sindicatos, a los que también pide su colaboración en la primera vía.

A diferencia de otros modelos colectivos, el mecanismo de control que pondrá en marcha el Ejecutivo será «individualizado», «persona a persona», por medio de un sistema informático que será gestionado por las direcciones de servicios de cada departamento.

Además de colaborar con la Inspección Médica, otra medida será mejorar los canales de comunicación e información entre ella, los servicios de prevención del Gobierno y el Instituto Nacional de la Seguridad Social.

Hasta ahora no existían estos canales normalizados para que los casos más flagrantes fueran controlados, «y si han existido no han dado resultado», precisa Ramos.


 

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