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Recortes de Prensa   Jueves 14  Octubre  2010

 

El problema político
César VIDAL Libertad Digital 14 Octubre 2010

Estoy convencido de que a muchos no les agradará, pero los hechos, como indicaba Lenin, son testarudos. Tras la situación económica, las estadísticas muestran que el primer problema para los españoles lo constituyen los políticos. Semejante circunstancia reviste una enorme gravedad porque equivale a decir que a los enfermos lo que más les inquieta es la presencia de los médicos o a los vendedores, la cercanía de compradores. En puridad, los políticos no tendrían que ser un problema sino una parte importante de la solución. Desde luego, por eso permitimos, incluso con cierta resignación, que nos vacíen los bolsillos para pagarles cada mes.

La realidad, sin embargo, es que, durante tres décadas largas, los políticos se han ido convirtiendo en un conjunto de castas privilegiadas que constituyen una porción nada desdeñable del berenjenal en que nos hallamos inmersos. Uno echa un vistazo a las cajas en quiebra donde un peluquero puede llegar a miembro del Patronato o un carnicero a presidente y encuentra a miembros de partidos y de sindicatos que sólo han contribuido a vaciarlas en beneficio propio y en perjuicio de los ahorradores. Uno echa un vistazo a la masa que no cobrará una pensión decente salvo milagro especial de la Providencia y no encuentra a los políticos que cobrarán un retiro de oro sin apenas cotizar. Uno echa un vistazo al ejército de cinco millones de parados y descubre que ninguno cobra un desempleo como el de aquellos políticos que no han sido reelegidos y se ven obligados a buscar trabajo. Uno echa un vistazo a los lugares comunes y no encuentra ni por casualidad a los defensores de los trabajadores porque andan en restaurantes de lujo, de crucero por el Báltico u ocupando un ático de protección oficial sin cumplir los requisitos para ello. Uno echa un vistazo a los impuestos que paga y descubre cómo el hermano de Carod-Rovira es embajador de una fantasmal embajada de Cataluña, cómo se entrega dinero al déspota de Rabat o a los gays y lesbianas de Zimbabwe o cómo Tutangallardón se gasta el dinero de manera absurda e inmoral. Es verdad que los nacionalistas y el PSOE han hecho todo lo posible porque estas informaciones no lleguen a los ciudadanos, pero, al fin y a la postre, por eso de que siguen existiendo jirones de prensa libre, llegan y el resultado de saber la verdad está a la vista de todos.

Por supuesto, se pueden citar notables excepciones como el gobierno de Esperanza Aguirre en Madrid. Por supuesto, sujetos como ZP o Tutangallardón sobresalen sobre otros a la hora de dilapidar los caudales de los ciudadanos. Por supuesto, puestos a trabajar poco es difícil superar a los liberados sindicales. Por supuesto, puestos a lograr opacidad en sus ingresos y gastos resulta imposible superar a UGT y CCOO. Sin embargo, no cabe engañarse. La desconfianza de los ciudadanos es generalizada. Buena prueba de ello es que Mariano Rajoy, a pesar de todo lo que está cayendo, no está consiguiendo más votos de los logrados en las últimas elecciones. No avanza. Es que los otros retroceden. O sea que el panorama resulta extraordinario. Por un lado, ZP y el PSOE se desploman. Por otro, el PP ni entusiasma ni crea confianza. Pues a ver como conseguimos mantener el taburete con una pata podrida y otra corta.

Ahora piden respeto, ellos
Si hubiera tanta extrema derecha en España, estos heroicos antifranquistas de la nada habrían huido ya al dorado exilio
HERMANN TERTSCH ABC 14 Octubre 2010

YA están aquí con toda la desvergüenza de que son capaces y la virulencia que añaden los crispados nervios de un Gobierno que se sabe desenmascarado. Nerviosísimos están todos ellos, porque ven ya en el horizonte su fracaso y la expulsión del paraíso del poder al que accedieron en una trágica carambola del destino y en la que se mantuvieron con unas mentiras que han traído la ruina para millones de españoles y la angustia para todos. Ahora ya saben, se lo dicen todas las encuestas incluidas las suyas, que sus mentiras han dejado de surtir efecto, como un antibiótico agotado por tanto abuso continuado. Ahí están, los que en pánico quieren bajarse del barco y los que llaman a aguantar, a la espera de algo, «lo que sea» como dice el jefe, que quiebre el curso implacable de los acontecimientos.

Que lleva a la derrota. Lo que no podrán evitar ya es el desprecio de millones de españoles víctimas de la catástrofe nacional que su ineptitud, su aventurerismo y sus mentiras han causado. Ahí están ahora sacando el rodillo de la intimidación. Si ya no funcionan las mentiras, quizás lo haga el miedo. Ya han desplegado sus baterías para tachar de ultraderechistas a todos los españoles hartos de ellos, los que sufren los efectos de la siembra de miseria por la que será recordado este Gobierno.

Dicen que eran grupos de extrema derecha los que gritaban y silbaban. Si hubiera tanta extrema derecha en España, estos heroicos antifranquistas de la nada habrían huido ya al dorado exilio en sus finquitas y chalecillos por el ancho mundo. Si hasta le tienen miedo a las familias, parejas y demás ciudadanos madrileños en la Castellana. Los han arruinado y ahora los insultan. El Timonel ya no acude a acto abierto alguno salvo con público seleccionado. Por miedo a la verdad y a la gente.

Por eso el martes los madrileños tenían que estar lo más lejos posible de Zapatero, ese hombre, el líder providencial, regalo para los españoles. Si hubieran estado más cerca, habrían expresado su opinión, habrían visto la ceremonia y no habrían gritado a ciegas. Habrían respetado el homenaje a los caídos porque los allí reunidos, muy lejos, tras vallas como si de peligrosos energúmenos se tratara, tienen cien veces más respeto a nuestros caídos que el Gobierno. Respeto piden, quienes traen escondidos y con nocturnidad a soldados españoles muertos en una guerra que dicen no existe. Respeto piden quienes llevan años ciscándose en las creencias religiosas de más de media España. Los socios y cómplices de quienes queman la bandera y aterrorizan a quienes la llevan. Quienes ayudan a perseguir a la lengua española, pisotean las tradiciones e incitan a la violencia contra los discrepantes. Quienes llamaron a asedios a las sedes de otro partido. Piden respeto, quienes difamaron a las víctimas del terrorismo, quienes pactaron con ETA para no ver atentados ni robos de pistolas donde los había y nos mintieron y siguieron negociando con los terroristas con muertos y sin ellos. Esos, nos piden ahora respeto. Y como siempre les ayudan —con esa buena fe tan dispuesta a dejarse convencer por los peores—, quienes caen una y otra vez en las tretas de estos impúdicos trileros de la moralidad. Demasiado tarde. Si quieren un minuto de respeto, sólo a cambio de un instante de patriotismo de su jefe. Para dimitir o convocar elecciones. Es el único favor que podría ya hacer Zapatero a España. No lo esperen.

El dinero público es de todos
POR JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 14 Octubre 2010

ABC ha propuesto a sus lectores «una reflexión sobre la regeneración ética de la sociedad española, víctima de una epidemia de corrupción». ¿Se me permite opinar como lector? Espero que sí, como espero que sean muchos los que lo hagan como requiere el problema: metiendo el bisturí a fondo y sin contemplaciones, única forma de eliminar el tumor.

Lo primero que hay que apuntar al enfrentarse con él es la diferencia entre corrupción y delito. El delito es un hecho concreto, mientras la corrupción es un estado general. El delito lo comete un individuo (aunque puede unirse a otros para cometerlo), mientras la corrupción es una situación extendida. A la luz de las cifras —730 casos judiciales y 4.000 millones de euros saqueados a las arcas públicas— podemos decir que esa lacra se ha instalado en España. Ahora, nos falta averiguar por qué, hasta qué punto y encontrarle remedio, que puede ser lo más difícil.

El origen es bastante claro: la falta de democracia. Lo que se instaló en España tras la muerte de Franco no fue una auténtica democracia, fue una «partitocracia», al dejarse en manos de los partidos los principales resortes del Estado. Mientras en la verdadera democracia, los tres poderes —ejecutivo, legislativo y judicial— se equilibran entre sí, en España tenemos que el partido de gobierno no sólo controla el ejecutivo, sino que le es relativamente fácil controlar el legislativo —comprando alianzas si no tiene la mayoría absoluta— y puede controlar indirectamente la justicia a través de un Consejo General del Poder Judicial elegido en buena parte por las Cámaras, órgano a su vez superior de la magistratura. Si a ello añadimos que la Fiscalía General del Estado depende del ministro de Justicia, tendremos una vía indirecta por la que el Gobierno, y el partido que lo ocupa, puede influir en los procesos. Por si ello fuera poco, quiere darse a los fiscales poderes para abrir causas, hoy en manos de los jueces. Es fácil imaginar qué podría ocurrirnos y los peligros que correríamos. En cualquier caso, tenemos algo muy parecido a una «dictadura de partidos», no mucho peor que la dictadura a secas, pues al llevar ropaje democrático resulta más difícil desenmascararla. Y las dictaduras, como el poder absoluto, ya sabemos lo que generan: corrupción. No es casualidad que los grandes casos de corrupción en España se hayan dado con mayorías absolutas tanto del Gobierno central, como de los autonómicos, como de los ayuntamientos.

Su segundo foco es la falsa idea que tenemos los españoles de la democracia. Nuestro poco contacto con ella nos ha hecho identificarla con la libertad, y basta. Cuando la democracia tiene una segunda pata, tanto o más importante que la primera, la responsabilidad, pues la libertad sin responsabilidad conduce a la anarquía o a la corrupción, mientras la responsabilidad sin democracia conduce al autoritarismo en sus diversos grados, desagradables todos ellos, pero nunca tanto como la anarquía. «Responsabilidad individual y colectiva», es la mejor definición que he oído de la democracia. Pero en España, dice usted «responsabilidad», y todos salen corriendo. Aquí, nadie se hace responsable de lo que hace ni de los daños que causa, cuya culpa será siempre de los demás. E incluso cuando no hay nadie a quien poder cargársela, siempre habrá una excusa justificativa. Lo que ha ido haciendo penetrar la corrupción en todos los tejidos de la sociedad, en todas las capas sociales y en todos los partidos políticos. Incluso nos hemos inventado una palabreja para rebajarla de grado y hacerla más digerible: «corruptela», la pequeña corrupción, la del que acepta regalos en la cúpula de un partido o la del que ingresa en uno de ellos a ver si coloca al hijo tonto, pues el listo ya se arreglará por su cuenta. Sin pensar nadie que está quitando una plaza a quien la merece o creando una plaza innecesaria, peor todavía, pues se está estafando a todos. Claro que como «el dinero del Estado no es de nadie», según aquella ministra, tampoco es realmente delito. ¿Hay mayor prueba del grado de irresponsabilidad y de corrupción instalado en nuestra sociedad? «La corrupción del Gobierno comienza por la corrupción de los principios», dijo el filósofo. El vulgo lo traduce por «El pescado empieza a pudrirse por la cabeza».

Una vez establecido el origen de la corrupción en nuestro país, nos queda lo más difícil: atajarla. Para la primera fuente de la misma —la partitocracia— el remedio, teóricamente, es fácil: reformar nuestro ordenamiento constitucional, dejando a los partidos en lo que nunca debieron dejar de ser, los canalizadores de la voluntad popular, sin mayores poderes que los demás órganos del Estado, y sometidos, como todos ellos, al control de la ley. En otras palabras: establecer un auténtico balance de poderes entre el Gobierno, las Cámaras y los Tribunales, única forma de evitar los abusos y, caso de que ocurran, castigarlos. Pero eso, a simple vista tan sencillo, es muy difícil en España, al requerir una reforma de la Constitución. Y hay demasiados interesados en dejarla tal como está, empezando por los partidos grandes y pequeños, muy especialmente los nacionalistas, que hasta ahora han sido los que más se han aprovechado de ella. O sea que, de momento, no hay muchas posibilidades de cambio por ese lado.

Aunque más difícil, o por lo menos más largo, es el otro requerimiento para acabar con la corrupción: proscribir los usos instalados en la sociedad que hacen prevalecer el interés particular sobre el colectivo. En España sigue imperando el «yo a lo mío, y el que venga detrás que arree», tanto en las relaciones personales como en las comunales. Aquí, el único colectivismo que se practica es el de la familia, partido o región, y ni siquiera siempre. El «bien común» es un concepto abstracto, en el que muy pocos piensan y casi nadie practica. Es ésta una vieja carencia de España, a la que se ha venido a añadir los nacionalismo disgregadores, que hacen difícil la visión del conjunto y la solidaridad ciudadana. Que los intereses de las partes prevalezcan sobre los de la nación es una patente de corso para que los aprovechados entren a saco en las arcas públicas, como ha ocurrido en muy distintas comunidades. No existe realmente una «sociedad civil», y sin sociedad civil no puede darse una verdadera democracia. La ética ha sido incluso borrada de los planes de estudio, sustituida por ese engendro llamado «educación de la ciudadanía», que no crea ciudadanos, sino zombis de una determinada ideología. Es más, la hemos visto desaparecer de la educación familiar, y ahí tenemos a padres protestando por las malas notas de sus hijos, aunque se las merezcan, o enfrentándose en la piscina con los socorristas que intentan evitar sus gamberradas.

Peor todavía que creernos ricos sin serlo es haber pensado que teníamos plena democracia sin tenerla, ni hacer nada para ganárnosla. Es la causa de que la corrupción se haya extendido por España e incluso se haya metastasificado en sus distintos órganos.

Quiero decir con todo ello que si salir de la crisis económica va a sernos largo y difícil, eliminar la corrupción va a costarnos aún más tiempo y esfuerzos. Pero la alternativa es dramática: o regeneramos nuestra vida privada y pública o nos resignamos a ser comparsas en la escena mundial. Pues corrupción y excelencia son incompatibles por la sencilla razón de ser la primera enemiga a muerte de la segunda.

El cambio
Editorial www.gaceta.es 14 Octubre 2010

Las encuestas dicen una cosa, la sociedad otra y la prensa otra. ¿Cuál de ellas dice la verdad?. Son tres preguntas que merecen una reflexión separada.Las encuestas parecen que están de acuerdo en señalar que si hoy se celebrasen elecciones ganaría el Partido Popular. Ahora bien, unas encuestas anticipan que ganaría por mayoría absoluta y otras rebajan las expectativas hasta una mayoría, pero sin llegar nunca a la mayoría absoluta. De todos modos, aunque no se puede ocultar la verdad, unos sondeos barren más para casa que otros.

Por eso algunos apuntan, con más énfasis que otros, que ésta es la situación actual, pero nada tiene que ver con el futuro. La segunda cuestión es una reflexión sobre lo que piensa la sociedad. Resulta casi imposible conocer esta opinión, puesto que está sesgada por el medio de información que la trasmite.
No obstante, hay medios, y entre ellos incluyo también algunas encuestas, que resaltan ciertas cosas que piensa la sociedad. No hay que ser sociólogo para intuir que la población española está bastante preocupada, incluso, atemorizada, por la situación actual.

Lo están los pensionistas, que temen que un día u otro se anuncie un recorte de sus pensiones; lo están las empresas, que han notado una caída considerable en sus ventas, de hecho se han visto obligadas a cerrar nada menos que el 10%; lo están los comerciantes, que están notando una bajada del consumo; lo están los que buscan empleo, que ven cómo suben las cifras del paro una y otra vez; lo están los que buscan un crédito para zanjar viejas deudas, o quieren hacer inversiones que consideran rentables, porque los bancos no prestan dinero.

Ellos, todos ellos, son muy conscientes de lo que está pasando. Otra cosa distinta es descubrir las causas. ¿Por qué ocurre esto?. Y ahí viene el tercer pilar de mi reflexión: los medios. Difícilmente esto puede cambiar mientras determinados medios señalen que la crisis viene de fuera, o que es algo estructural y nada, o casi nada, tiene que ver en ello el Gobierno actual. Dicen, aunque no se lo crean, que bastante hace con ir afrontando la crisis como puede. Más aún, hay determinados medios que se atreven a decir que menos mal que tenemos un gobierno socialista, porque si hubiera gobernado otro del PP, la situación hubiese sido mucho peor. Es un futurible que nunca se va a poder demostrar.

En esta línea hay que interpretar el que determinados medios no quieran inculpar de todo lo que está pasando al Gobierno. No voy a ser extremista, pero me imagino que algo tiene que ver el señor Zapatero, que controla el BOE, con la situación actual. Algo tendrá que ver si se gasta mucho más de lo que se ingresa, si se suben o se bajan los impuestos, si se tienen buenos o malos ministros, si se gasta el dinero en inversiones productivas o se utiliza para ganarse amigos, si se pretende solucionar problemas o simplemente ganar elecciones.

Si algo hay que pedir a los medios es que informen con objetividad. ¿Por qué ciertos medios invierten más esfuerzos en demostrar que la oposición no está preparada para gobernar que en dar a conocer a los lectores, o a los televidentes, lo que está haciendo este Gobierno?. Si se repasan los éxitos o los fracasos del actual gobierno hay pocos éxitos y muchos fracasos. La mayoría son fracasos. Son un gran fracaso las normas que en su día se aprobaron sobre la emigración, la política de empleo, las inversiones productivas, las relaciones sobre convivencia, la reforma de los estatutos de autonomía, la política municipal, etc.

Cuando algo no funciona hay que cambiarlo. Pensar que los otros, en este caso la oposición, lo van a hacer peor, es un juicio de valor que no tiene la más mínima justificación. Me equivoco, hay dos justificaciones, una ideológica y otra interesada. La ideológica se puede comprender, aunque no se entienda. Que haya gente que piense que cuanto peor estén las cosas es mejor, porque así se puede plantear la revolución, me parece de una gran irresponsabilidad.

Distinta es la visión de los interesados. Por supuesto que hay periódicos interesados, televisiones interesadas e, incluso, partidos políticos interesados. Esto lo deben saber los ciudadanos. Hay gentes interesadas en engañarnos porque del engaño dependen sus intereses. Unos quieren que siga el actual Gobierno, porque así conseguirán mejor sus prebendas; otros lo harán porque gracias al Ejecutivo se seguirán enriqueciendo y financiando. Todos ellos harán lo posible para que la situación no cambie.

Pero unos y otros se equivocan. Se equivocan los partidos porque aunque de momento ellos puedan obtener algún beneficio, se perjudica gravemente a sus electores, y se equivocan los que viven de las prebendas, porque el día que haya un cambio dejarán de cobrar subvenciones y estarán totalmente desacreditados para cambiar su lenguaje. Volviendo a la pregunta del principio, lo lógico es que ganasen los ciudadanos porque ellos son los depositaros de la verdad o, al menos, de los intereses colectivos.

Zapatero, la fiesta del Pilar y el rosario de la aurora
Jesús Cacho. El Confidencial 14 Octubre 2010

Curioso circo el que la izquierda ha montado a propósito del desfile del martes 12 de octubre, Fiesta Nacional -con perdón- española. Me refiero al circo de los abucheos a Rodríguez Zapatero atribuidos a una “extrema derecha” al parecer omnipresente, porque ocupaba las aceras de un Paseo de la Castellana donde caben miles y miles de personas y en cualquiera de cuyas esquinas se oyeron gritos contra el Presidente. ¿Todos de extrema derecha? Y bien, o estamos ante una extrema derecha pobladísima, poderosísima, cuya existencia desconocíamos hasta ayer, o aquí hay gato encerrado. Descorramos enseguida el velo: para abuchear hoy a Zapatero no hace falta ser de extrema derecha. Tampoco de extrema izquierda. Ni siquiera de centro. Basta con estar un poco cabreado con la situación de deterioro en todos los órdenes -no solo económico- que sufre España. Y ahora se cuentan por millones los españoles cabreados, muchos de ellos votantes socialistas, por cierto.

Y aquí podríamos poner punto final a la presente reflexión, porque realmente no hay mucho más que decir. Va en el sueldo del Presidente del Gobierno de la Nación, de cualquier Presidente, de cualquier partido, aguantar los abucheos que los ciudadanos tengan a bien dedicarle -sin mediar lanzamiento de huevos, tomates o cualquier otro comestible al uso- en cualquier circunstancia, sobre todo cuando ese Presidente es un desastre y su gestión una desgracia para el país, aserto que millones de españoles, muchos de ellos votantes socialistas, estarían hoy dispuestos a suscribir. Ocurre que es ya casi un lugar común afirmar que la izquierda es maestra en el complejo arte del agit-prop, y es también una obviedad que esa izquierda no iba a dejar pasar una oportunidad pintiparada como esta -hasta el más lerdo sabía que ZP no iba a ser recibido con flores en la Castellana- para ponerse en el papel de víctima, y más en una situación como la actual, con un Gobierno y un PSOE sumidos en una de las mayores crisis de identidad de sus ciento y pico años de historia.

Por lo demás, basta ver las fotos de los supuestos energúmenos de extrema derecha que pidieron la dimisión de ZP para concluir que, con independencia de la presencia de grupúsculos de esa especie que tal vez buscaban convertir el evento en lo que al final se convirtió, lo que en la Castellana se vio tras las vallas, aunque tal vez sería mejor decir tras las rejas, era gente bastante corriente, gente de a pie carente de cualquier tipo de coordinación, que la emprendió a gritos en un tumulto desordenado, espontáneo y pedestre. Recibido en mi correo electrónico: “Soy un votante socialista que ayer [por el martes] presenció el desfile y que también pidió la dimisión de Zapatero. Soy padre de cuatro hijos, tres de ellos en el paro, y el cuarto autónomo y sin trabajo. A todos trato de ayudar con mi pensión, bastante escasa después de haber cotizado durante 45 años. ¿Qué por qué grité? Porque estoy desesperado, realmente no sé qué hacer por mis hijos, y ayer era el día que yo sabía que iba a tener al Presidente a 200 metros de distancia”.

Lamentable, cierto, que los abucheos no cesaran ni el momento del homenaje a los caídos. Sin que sirva de excusa, cabe, sin embargo, aclarar que debido al acotamiento del acto muy pocos lograron saber qué parte del mismo se estaba desarrollando en la plaza de Cuzco. Con la megafonía convertida en puro ruido, era imposible distinguir cuándo se izaba la bandera, se interpretaba el himno o se hacía el homenaje a los caídos. Reacción, pues, multitudinaria, espontánea y también triste. Sí, triste porque los ciudadanos se ven obligados a aprovechar el día de la Fiesta Nacional para expresar su descontento, cuando no simple desesperación, por la situación de un país cuya gobernación es responsabilidad del Presidente del Gobierno. Triste porque ello conlleva mancillar un acto que debería servir para otras cosas, tal que celebrar la pertenencia a una patria común presidida por la divisa de la libertad. Y triste porque de nuevo se constata el abismo que hoy separa a la gente de la calle, incapaz de ver un rayo de luz en la oscuridad reinante, de eso que se ha dado en llamar la “nación política”.

Silencio, de nuevo, sobre el desplante de Chávez a España
Con estos ingredientes, el agit-prop socialista ha montado un bonito espectáculo circense a cuenta de una “extrema derecha” de fábula, cuyo plato fuerte ha sido una supuesta declaración del propio Juan Carlos I (“El Rey critica la pitada a Zapatero”) siempre dispuesto a dejarse utilizar por el simpático rojerío patrio, convencidos a lo que parece en Zarzuela de que el futuro del edificio dinástico descansa sobre los arbotantes de una izquierda, qué risa tía Felisa, que ahora se rasga las vestiduras mientras se esconde detrás del Monarca para que no la abucheen. Más lejos ha ido la ministra de Defensa, Carme Chacón, quien, lista como es, se ha pasado esta vez de frenada al proponer un “protocolo” para la Fiesta Nacional. Ahí va una idea: celebrar el desfile, sin tanques, claro está, en los jardines de La Zarzuela o en las instalaciones de El Goloso. Más barato. Y más seguro porque, rigurosa invitación mediante, se evitarían así los abucheos a Zapatero de una vez por todas. Ya puestos, doña Carme, habría que hacer otro “protocolo” para evitar la quema de banderas nacionales en Barcelona, por ejemplo, aunque ya sé que eso no les preocupa a ustedes en demasía. Dejémonos, por eso, de protocolos y simplemente hagamos cumplir la Ley. En Madrid y en Barcelona.

Y mientras estábamos entretenidos con el bonito juego de los insultos a ZP y el gesto gravemente ofendido de la claque más cercana al carismático líder, con Rubalcaba a la cabeza, nadie, sin embargo, ha dicho ni pio de un asunto, “el asunto” en realidad, que a mi modesto entender más grave resultó del día de la Fiesta Nacional. Me refiero al desplante, insulto, ofensa gratuita, gesto inamistoso donde los haya de la Venezuela del cabo de vara Chávez hacia España y los españoles, cuya bandera no desfiló el 12 de octubre por La Castellana porque, al parecer, su portaestandarte sufría flojera intestinal esa mañana. Ni el PSOE, ni la Zarzuela, ni el Gobierno, ni por supuesto su ministro de Exteriores ha dicho esta boca es mía. Ni una palabra de queja. Ni un simulacro de protesta. La Venezuela de este aprendiz de tirano nos hace pedorretas, nos chulea, nos vitupera, expropia negocios y haciendas de los 200.000 infortunados españoles censados en aquel país y la España de Zapatero se limita a sonreír y poner la otra mejilla. O a bajarse de nuevo jubón y calzas, dispuestos todos a recibir una nueva ración de más de lo mismo. De vergüenza.

Final de ciclo
Ignacio VILLA Libertad Digital 14 Octubre 2010

Dos días después de la Fiesta Nacional y de la celebración del desfile militar en el Paseo de la Castellana de Madrid seguimos dando vueltas a lo mismo: los abucheos a Rodríguez Zapatero, el cara a cara del presidente con el alcalde de Madrid hablando de la financiación de los ayuntamientos, el reencuentro de Zapatero con los barones críticos de su partido y evidentemente la ausencia de la bandera de Venezuela entre los países iberoamericanos que cumplían el bicentenario de su independencia.

¿Ha sido un año más? ¿Estamos –como dice Zapatero– dentro del guión habitual de los 12 de octubre? Pues sinceramente ¡no! Este año ha sido diferente. Ha sido el ejemplo más claro de que estamos ante lo que en política se llama final de ciclo.

¿Qué es un final de ciclo? La definición es bien sencilla; en política los mandatos están tasados por las legislaturas de cuatro años, pero muchas veces el Gobierno de turno con su presidente al frente se empeña en demostrar que cuatro años son muchos y que los ciclos políticos no coinciden con la duración exacta de esas legislaturas. Zapatero se está empeñando en ello. Lo hace por tierra, mar y aire. Y por ello el pasado martes los abucheos, la petición de dimisión y los gritos de protesta contra el presidente se hicieron patentes durante todo el desfile. ¿Casualidad? ¿Mala educación? ¿Plan premeditado? Simplemente hartazgo. Hartazgo por una manera de hacer política, por una clara incapacidad para hacer frente a la crisis, por negarse a aceptar una realidad lamentable para millones de españoles, por una situación que lejos de arreglarse se complica por momentos.

Hablar ahora de la mala educación, como el motor de lo ocurrido en el desfile de la Fiesta Nacional es confundir y engañar. Detrás de esa protesta hay un sentimiento general de angustia, de imposibilidad para la reacción, de impedimento para hacer frente a la crisis. No es una cuestión de grupos organizados y de reacciones ultras. Estamos ante un estado de ánimo general, de los ciudadanos que no pueden más con un Gobierno que no sabe reaccionar y enderezar con claridad los efectos de la crisis.

Ha dicho el Ministerio de Defensa que había grupos preparados para gritar contra Zapatero. ¿Están también preparados los barones del PSOE que han saltado como muelles ante la posibilidad de perder las elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo gracias a la desaparición del liderazgo de Zapatero?

Los socialistas tienen un problema. Un problema serio y de fondo. ¿Tiene Zapatero capacidad de reacción? ¿Le queda algún atisbo del liderazgo de otros tiempos? ¿Tiene algún sentido prolongar en el tiempo esta agonía? La respuesta es clara: inquietud, preocupación y decepción ante el futuro. Y decir otra cosa es mentir sobre la verdad de las cosas.

Estamos ante un final de ciclo. Evidente y concluyente. Y los socialistas, en lugar de mirarse el ombligo, deberían de buscar una solución de emergencia para una situación de emergencia.

Necesidad de las pitadas
Pío Moa Libertad Digital 14 Octubre 2010

Una parte de la necesaria rebelión cívica contra un gobierno anticonstitucional y delincuente son las pitadas. Donde apareciera un miembro de la chusma política –y con las debidas excepciones-- debía estar un grupo de ciudadanos abucheándole. Insisto, no se trata de una actitud indiscriminada, no se trata de imitar los abucheos, agresiones e intentos de asalto a sedes de un gobierno y un partido (entonces) constitucional, como era el de Aznar, sino de protestar con la mayor energía posible contra un gobierno que pisotea la Constitución y la unidad nacional, y una oposición que en lugar de oponerse colabora con sus desmanes.

Con su natural talante totalitario, la ministra Burrianes (en realidad todo el gobierno es Burrianes) ha amenazado con tomar medidas contra las pitadas. Estos canallas piensan que los ciudadanos tienen que, o bien aplaudir sus fechorías o quedarse quietos y callados. Pero no. E insultando la inteligencia, la Trini dice: “no los vi, pero eran grupos organizados”. ¿Y qué, si son grupos organizados? Pues claro que tienen que ser grupos organizados, secundados por la gente. Los ciudadanos deben organizarse frente a la chusma política, o serán llevados al desastre por ella. Y todos coincidiendo en que se trata de la “extrema derecha”. Intentan asustar en vano. Pues la extrema derecha no se comporta así, expresando su indignación cívicamente. Se comporta –o se comportaba—con violencias similares a las de la izquierda, que en España nunca ha dejado de ser extrema, recuérdense las campañas de kale borroka sobre las cuales se encaramó Zapo al poder.

Aun tiene más gracia la cosa cuando se quejan de que se interrumpiera el homenaje a los caídos. ¡Qué mayor insulto a los caídos que ver a esos políticastros traidores a España y a la democracia haciendo la farsa del homenaje!

Se trata de que la oposición de la calle supla a la de un PP lacayo de los Burrianes. Hay una indignación muy amplia, pero soterrada y confusa, a la que nuestros corrompidos políticos intentan privar de cauce. Pero el cauce debe abrirse, y la pitada ha sido un buen ejemplo.

A los progres no les gusta recibir de su propia medicina
Federico Quevedo. El Confidencial 14 Octubre 2010

¡Hay que ver cómo se han puesto! Les ha hervido la sangre, se les han encendido las entrañas, los ojos se les han salido de las órbitas… No pueden soportar recibir una dosis de la misma medicina que ellos recetan para los demás. No pueden porque, en el fondo, de demócratas tienen lo que yo les diga, o sea, nada, y como se creen con derecho de pernada sobre la libertad de los demás y van por la vida de castigadores repartiendo certificados de demócratas solo a aquellos que les bailan el agua -mientras ellos estrechan lazos y abrazos con cuanto asesino político en serie puebla las repúblicas bananeras del mundo mundial-, no aceptan que, por una vez, sean ellos el objeto de la protesta ciudadana.

Ellos, ya saben ustedes a quienes me refiero, sí pueden retorcer, manipular y pervertir una jornada tan clave como la de reflexión antes de unas elecciones enviando a los suyos a las puertas de la sede del PP al grito de “¡Aznar, asesino!”, porque eso es un ejercicio de libertad de expresión al que no hay que poner puertas… Pero si se trata de gente que aprovecha el único acto público en el que se puede ver al presidente Rodríguez -porque ya se ocupa él de evitar ser visto los otros 364 días del año-, para expresar su profundo malestar por la situación el país y pedir su dimisión, entonces estamos hablando de un grupito de fachas a los que hay que callar.

Pero resulta que el grupito de fachas son, en realidad, millones de españoles que están de Rodríguez hasta los bemoles y que manifiestan su desagrado hacia el presidente del Gobierno allá donde buenamente pueden hacerlo. Y si el único lugar y momento en el que pueden dar rienda suelta a su cabreo es en la Fiesta Nacional, pues allá que van a gritarle a Rodríguez que se vaya, y lo hacen en nombre de una inmensa mayoría de ciudadanos hartos de este personaje. Y eso, les guste o no a los progres de turno, a los enemigos de la libertad, es también un ejercicio de democracia.

Por eso tampoco entiendo que el Príncipe heredero y su santa esposa entren en el juego progresista de protestar por la protesta… No, Señor, si es usted la representación institucional de todos los españoles, lo es también de esos que el martes silbaron y abuchearon al presidente Rodríguez en número y tono muy superior al de otros años, y como institución que se supone debe unirnos a todos bajo un mismo paraguas, debería al menos haberse mantenido al margen de la polémica sin expresar opinión alguna al respecto. Y lo digo porque, entre otras muchas cosas, cada gesto de ese tipo que hace esta Monarquía, gesto de condescendencia hacia la izquierda totalitaria y radical, le aleja un poco más del ya escaso número de monárquicos convencidos que habitan este país, y no precisamente en esas filas.

Antidemocrática censura
Pero volviendo al caso que nos ocupa: resulta que nuestra tan democrática izquierda gobernante, en vista de que los pitidos y abucheos a Rodríguez se suceden cada año y que en esta última edición ni siquiera con trampas se ha librado el ínclito de la pitada, ha decidido proponer una reforma de los actos del Día de la Hispanidad para evitar que estos sucesos se repitan. ¿Por qué? Si no hace falta reformar nada, basta con que se vaya Rodríguez, y se acabarán los pitos. Y, además, ¿qué van a hacer? ¿Repartir bozales en los accesos al desfile? ¿Poner multas a quien grite? ¿O, simplemente, impedir el acceso a todo aquel que tenga pinta de facha porque lleve una bandera de España en la mano?

Cualquier cosa puede salir de la calenturienta mente de estos cavernícolas que todavía no han comprendido que ellos pueden llamarnos fachas a los que protestamos, pero que son ellos los que con su antidemocrática censura de las libres expresiones ciudadanas de malestar actúan como vulgares herederos de lo peor del totalitarismo, llámese fascismo, nazismo o estalinismo, que me da exactamente igual.

Más en http://twitter.com/Federicoquevedo y en www.facebook.com

'Intelijencia' y desfile militar
Juan Carlos Olarra Estrella Digital 14 Octubre 2010

¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas! Al igual que nuestro ilustre poeta –aunque a millones de años luz de su talento-, pido poder acertar en la denominación idónea para describir algunos de los sucesos acaecidos en el día en que España se hace Hispanidad y el país se hace patria.

Indigna: La actitud de quienes no supieron respetar uno de los actos más íntimos y más sagrados de la liturgia militar, como es el acto de homenaje a los que dieron su vida por España y fueron capaces de profanar el respetuoso silencio con el que debemos honrar a nuestros caídos, aunque muchas veces este gobierno no lo haga y utilice el silencio de la vergüenza en vez del silencio del reconocimiento.

Falacia: La especie difundida por los abundantes terminales mediáticos del gobierno atribuyendo los abucheos y gritos atronadores pidiendo la dimisión de Zapatero -a diferencia de los minoritarios a los que nos hemos referido en Indigna- a grupos organizados de la extrema derecha. Cualquier persona que viviese en directo en la calle los sucesos de ayer lo puede corroborar. La consigna sobre el boicot ultra es una mendacidad autocomplaciente de dimensiones colosales. Desde luego si la extrema derecha es la que solamente grita “¡Zapatero dimisión!” no parece muy extrema.

Incoherente: la postura de un gobierno que afea por extemporánea la protesta ciudadana contra su presidente y pide respeto institucional en una jornada señalada, cuando el propio presidente cuestionado ahora utilizó en su día (en el año 2003) la misma ocasión para ofender sin reparos a la bandera y al pueblo de los Estados Unidos de América so pretexto de manifestar una protesta contra la política de su gobierno a la sazón.

Oportuestalinista: La sugerencia de la Ministra de Defensa sobre la necesidad de modificar el protocolo del Desfile Nacional a fin de evitar la incomodidad del líder supremo. Tal vez la plasmación de esa reordenación podría consistir en trasladar la citada celebración a la fiesta de la UGT en Rodiezmo, pero hoy por hoy ni siquiera eso garantiza que el presidente se vea libre del reproche ciudadano, que al parecer hay que evitar a toda costa.

Ignominia: La consigna propagada por los difusores orgánicos que compara la actitud de los que pedían la dimisión de ZP a gritos –temporánea o extemporáneamente- con el comportamiento habitual de los batasunos en sus algaradas. He visto muchas manifestaciones proetarras y he sido destinatario de sus diatribas en algunas de ellas y les garantizo que no exigen dimisiones. Sí es cierto que piden cabezas, pero no en sentido figurado… La comparación es insostenible en la racionalidad y repugnante en la conciencia.

Estrambote: La explicación que atribuye a una enfermedad del abanderado la ausencia de la enseña de Venezuela entre las de otras naciones que el 12 de octubre conmemoraban al tiempo el segundo centenario de su independencia de España con su compromiso de hermanamiento cultural e histórico en el concepto de la Hispanidad. Mal está que nuestra política exterior practique el apaciguamiento rayano en la sumisión con el gobierno de Hugo Chávez, pero peor aún que lo asumamos con tal complejo de culpa que temamos ofender al caudillo bolivariano incluso cuando tenemos que disculpar sus ofensas y desplantes.

Sincero: el homenaje que las personas congregadas a ambos lados de la principal arteria madrileña tributaron a través de sus aplausos y vítores a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas con motivo de la Fiesta Nacional.

Nación (española): reunión de todos los españoles de ambos hemisferios, libre e independiente, que no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona, en la cual reside esencialmente la Soberanía y a la que pertenece en exclusiva el derecho de establecer sus leyes fundamentales, obligada a proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de los individuos que la componen (Del art. 1 de la Constitución española de 1812).

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!

... Que mi palabra sea
la cosa misma
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo
y suyo, y mío, de las cosas! "

(Juan Ramon Jiménez, Eternidades, 1918)

Diferencias esenciales
Diego Armario www.gaceta.es 14 Octubre 2010

La izquierda hace tiempo que sustituyó ética por propaganda y renunció a los principios.

Las diferencias entre la derecha y la izquierda política ya no están, como hace años, en la distinta sensibilidad de cada una de estas opciones por los temas sociales, ni en la defensa de las libertades y la apuesta por los derechos humanos y tal vez ni siquiera en el esquema de política económica y fiscal que cada una de ellas tiene cuando gobierna.

La verdadera diferencia está en el desparpajo y la ausencia de complejos de la izquierda a la hora de decir una cosa y hacer la contraria y de utilizar cualquier medio a su alcance para mantenerse en el poder. Dicho con otras palabras: la izquierda hace tiempo que sustituyó la ética por la propaganda, renunció a los principios y se aferró a los resultados.

Otro elemento que caracteriza a la izquierda política es la clarividencia que tiene para distinguir entre amigos y enemigos bajo el prisma excluyente del valor intelectual, artístico, literario o político de quien consideran que es de derechas, y por lo tanto incapaz de ser titular de ningún mérito.

No me gusta mucho citar a un actor mediocre que, como Leire Pajín, no es muy aficionado a usar champú, pero lo haré: se trata de Guillermo Toledo que ha descalificado el Premio Nobel de Vargas Llosa porque, según él, es un peligroso derechista. ¡Qué tendrán que ver el culo con las témporas y la calidad literaria con la ideología! Los palmeros de la izquierda, entre los que están no pocos colegas nuestros, son capaces de negar la evidencia, aunque para ello tengan que enfangarse en un lodazal de estupideces.

En la derecha también hay gente a la que habría que echar de comer aparte, pero los valores que defienden los conservadores no son excluyentes y con frecuencia son compartidos por una gran parte de la sociedad, independientemente del sentido de su voto. Si finalmente las urnas le dan la razón a las encuestas, lo que venga después de Zapatero será un Ejecutivo competente, que no practique el sectarismo y que haga más fácil la convivencia. Habrá que estar vigilantes para que nadie haga tonterías, pero la lamentable experiencia de Gobierno que estamos viviendo no hay quien la supere.

Corbacho se va; Zapatero se queda
EDITORIAL Libertad Digital 14 Octubre 2010

Hace escasos días, y ante los micrófonos de RNE, Celestino Corbacho quiso hacer balance de su gestión al frente del Ministerio de Trabajo con una frase con la que, supuestamente, algunos ciudadanos le consuelan: "Qué mala suerte has tenido y vaya marrón que te ha tocado". Es evidente que Corbacho quería eludir con esta frase su parte de responsabilidad en el hecho de que el paro se haya duplicado desde que se hiciera cargo de la cartera de Trabajo.

Este miércoles, durante la sesión del control al Gobierno en el Congreso, la desfachatez del todavía ministro de Trabajo ha ido, sin embargo, incomparablemente más lejos cuando, al hacer de la necesidad virtud, se ha vanagloriado de que España haya alcanzado durante su mandato el "mayor porcentaje de protección social" y de que "el número de desempleados que han atendido los Servicios Públicos de Empleo se ha doblado hasta los tres millones de parados".

Al margen de que la satisfacción de Corbacho es la característica de quien cree que gobernar mejor es gastar más (algo muy típico de los socialistas), los subsidios por desempleo no son sino derechos que los desempleados adquirieron con sus cotizaciones durante sus años de trabajo. La delirante satisfacción que muestra el ministro de Trabajo sólo puede alcanzarse mediante el incremento del número de parados.

Aunque a la vista de su pésima gestión, coronada con declaraciones tan bochornosas como estas, pudiésemos sentir un gran alivio por la inminente marcha de Corbacho, no nos llamemos a engaño: tan desacertado es negar toda responsabilidad al todavía ministro de Trabajo del récord de paro que hemos sufrido, como hacerlo su único responsable. Y es que el principal responsable político de que España tenga la mayor tasa de desempleo en el área de los países de la OCDE, con un nivel de paro que supera con creces el doble de la media que tienen los países de la Unión Europea, no es otro que José Luis Rodríguez Zapatero.

A este respecto conviene no olvidar que los ceses de los anteriores ministros de Trabajo y Economia, Jesús Caldera y Pedro Solbes, con quienes España ya empezaba a volver a conocer los dramáticos datos de paro que tuvo con los gobiernos de González, no supusieron un cambio que no fuera a peor. Y es que el problema no está tanto en la incompetencia de los ministros, que también, cuanto en la de quien los nombra. El problema está en que, aunque Corbacho se vaya, Zapatero se queda... y parece que está dispuesto a aposentarse hasta el final, hasta agotar la legislatura. Y eso, aun a riesgo de quepara entonces el sucesor de Corbacho tenga todavía menos motivos para mostrarse "satisfecho" que su patético antecesor.

Una convocatoria y un artículo
Luis del Pino Libertad Digital 14 Octubre 2010

Voces contra el Terrorismo, Hazte Oir y DENAES han convocado a sus asociados y simpatizantes a la concentración que se celebrará el próximo jueves delante de la Embajada de Venezuela, para exigir del gobierno venezolano y el español que se aclare la presunta colaboración entre ETA y las FARC y la supuesta connivencia del propio gobierno venezolano con dichas organizaciones terroristas. Éste es el vídeo de convocatoria elaborado por Hazte Oir:

http://www.youtube.com/watch?v=K7n0fycOv-I

GEES ha publicado un excelente artículo de análisis sobre AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico, la organización presuntamente responsable del secuestro de los cooperantes españoles), elaborado por el catedrático Carlos Ruiz Miguel. (www.libertadidioma.com/agli.geo/20101006.htm)

Recomiendo encarecidamente la lectura del texto. Es algo complejo de seguir en algunos puntos, debido a la abundancia de detalles, pero merece la pena, porque expone de forma muy clara lo que sabemos sobre esa extraña organización terrorista y analiza en profundidad las dudas acerca de quién está detrás de AQMI.

Además de por el caso concreto de AQMI, el artículo resulta muy recomendable porque es un perfecto ejemplo de las guerras de información y contrainformación que tienen lugar en torno al fenómeno terrorista e ilustra muy bien la influencia que sobre ese fenómeno tienen los intereses de cada estado.

Y, sobre todo, el artículo permite hacerse una idea del lamentable papel que determinados medios y determinados periodistas ejercen como herramientas de intoxicación dentro de esas guerras que libran los distintos servicios de inteligencia.

Impuestos
Los ricos ya pagan más
Albert Esplugas Boter Libertad Digital 14 Octubre 2010

Zapatero quiere que las rentas altas hagan un mayor esfuerzo fiscal en tiempos de crisis. Esto lo arreglamos entre todos, incluyendo los ricos. Así, el Consejo de Ministros ha aprobadopara 2011 una subida del IRPF: los ingresos superiores a 120.000 euros tributarán a un tipo del 44% (antes 43%) y los superiores a 175.000 euros a un tipo del 45% (antes 43%). Pan y circo para complacer a las bases socialistas.

Los que confunden la envidia con el afán de justicia repiten la consigna de que quien gana más debe pagar más. La factura del Estado discrimina según la renta, una práctica virtualmente inexistente en el mercado, donde empresas e instituciones privadas cobran el mismo precio por sus servicios con independencia de raza, religión, orientación sexual y poder adquisitivo. En el caso de los servicios públicos, en cambio, se acepta el principio discriminatorio de que los que obtienen más ingresos deben pagar un precio distinto.

Sin embargo, ni siquiera la discriminación se hace respetando un mínimo de proporcionalidad. Conforme uno obtiene más ingresos no paga una parte alícuota mayor (por los mismos servicios que antes, no lo olvidemos), sino que la excede. Si un individuo incrementa su renta de 20.000 euros al año a 40.000 euros al año, un aumento del 100%, no paga un 100% más de impuestos sino un 230% más. De 2.746 euros anuales pasa a pagar a Hacienda 9.033 euros.

Nuestro sistema fiscal no es proporcional sino "progresivo", eufemismo de "desproporcional". Los que reclaman que los ricos contribuyan "acorde con sus mayores ingresos" o "asuman el coste de la crisis como el resto" parecen no haberse enterado de que ya se les confisca una proporción mucho mayorde sus ingresos que a los demás.

¿Qué han hecho las rentas altas para merecer esta confiscación? ¿Cuál es su fundamento ético? Puesto que el fin no justifica los medios, pasemos por alto la presunta finalidad de la redistribución ("ayudar a los menos favorecidos", "garantizar oportunidades básicas a todos") y centrémonos en los medios: quitar a alguien parte de sus ingresos bajo coacción.

Ricos los hay y los habrá bajo cualquier sistema político, porque los individuos tienen distintas capacidades, ambición y escrúpulos. La diferencia entre un sistema de mercado puro y un sistema socialista puro es que en el primero los ricos son los más productivos, los que obtienen mayores ganancias del hecho de ofrecer servicios que los consumidores valoran, y en el segundo los ricos son los que ostentan el poder, los que detentan el privilegio de dictar a los demás lo que deben hacer.

En un sistema mixto como el que vivimos encontramos, lógicamente, ejemplos de ambos: gente que se ha enriquecido produciendo bienes y servicios útiles para los demás, y gente que se ha enriquecido gracias a las prebendas estatales (subvenciones, restricciones a la competencia, contratos públicos, rescates y socialización de pérdidas, corruptelas varias). También los hay que se han enriquecido de las dos maneras. Reduzcamos el presupuesto y las prerrogativas del Estado a su mínima expresión y las élites y grupos de interés no tendrán de quien conseguir privilegios.

En la medida en que las rentas altas obtienen ingresos de mercado, sin que medie la intervención del Estado, los impuestos desproporcionales penalizan el ingenio y la productividad. Castigan la acción de servir a la sociedad de la forma más eficiente posible, pues solo así es posible generar más beneficios e ingresos en el mercado. ¿No tendría más sentido, aunque fuera igualmente injusto, castigar con un impuesto la vagancia y la baja productividad? ¿Por qué no se penaliza con trabajos comunitarios a parados que rechazan empleos?

El prejuicio contra los ricos es una lacra social en una economía de mercado. Solo está justificado en países íntegramente socialistas.
Albert Esplugas Boter es miembro del Instituto Juan de Mariana, autor del libro La comunicación en una sociedad libre y escribe regularmente en su blog.

Hispanidad
Descubrir América
Serafín Fanjul Libertad Digital 14 Octubre 2010

Entre las conmemoraciones que anualmente nos apisonan el ánimo, la del Doce de Octubre es la peor, la que más me aplana. De las otras es fácil librarse: basta con pasar la página del diario, apagar la radio o cambiar de canal, porque prescindir del Día del Pastor Sin Cabras, del irrenunciable recuerdo por los no sé cuántos años de la muerte de John Lennon o de cualquier otra bobería político-comercial, está tirado, como decían los castizos. Pero la llegada inexorable en el almanaque del día de nuestra fiesta nos provoca de nuevo y a las claras sentimientos de frustración e impotencia que, como miembros de una comunidad inepta, vivimos de manera larvada a lo largo del año.

Una vez cayó el decorado de cartón-piedra que erigió el franquismo en torno a la Hispanidad –que, desde luego, no había inventado– y salimos al exterior, como individuos y como grupo humano, descubrimos y hubimos de aceptar, porque no había otra, que los egipcios vivían tan ricamente sin tener ni idea de quiénes fueron Magallanes o Elcano; que numerosos ingleses –oigan, que no exagero–, siempre encantados consigo mismos, están persuadidos de que Colón era inglés pues, no en balde, se llamaba Christopher; que las hazañas de éste o aquel conquistador eran tenidas –y así proclamadas en los lugares donde actuaron– como pura barbarie y latrocinio. Las conclusiones inmediatas y prácticas son evidentes: el ensimismamiento de los árabes en su propia cultura-incultura les limita el conocimiento del exterior, la ignorancia de los anglosajones es enciclopédica, o la autojustificación de las repúblicas independientes hispanoamericanas les exige denostar a los antiguos poderes virreinales, tanto para legitimar su propia existencia como para culpar al pasado de la catástrofe en todos los órdenes que, minuciosamente, organizaron los criollos, una vez dislocado y roto todo el aparato administrativo, político y económico que rigió en las Indias hasta 1824. Todo verdad, pero comprenderlo no resuelve nuestro problema.

Bien es cierto que los criollos salvaron lo mejor: la lengua. Porque los españoles –siempre tan clarividentes y con la permanente interferencia de la Iglesia que impedía la difusión del castellano– no le habían prestado mucha atención hasta el reinado de Carlos III (Cédula de Aranjuez, mayo de 1770): ·...si al principio de la conquista se hubiese puesto todo el empeño en enseñar a los indios el castellano, en menos de medio siglo se hubiera conseguido". Y reconozcámoslo: en América se habla español gracias a aquellos españoles de Indias, ganosos de comerse el pastel local sin repartir con la Península y si nuestro país disfruta de relevancia histórica en el curso de la Humanidad se debe a las acciones de todo tipo que aquellos compatriotas realizaron. El asunto es cómo normalizar y colocar en un sitio digno y útil para todos el recuerdo de lo sucedido a consecuencia de aquel 12 d octubre de 1492.

Pero falta racionalidad. Importan poco en esto ingleses, egipcios o malayos, pero sí importa que una tal Hebe de Bonafini –cuyos padres eran del mismo pueblo que mi madre– afirme que el 12 de octubre no hay nada que celebrar, aunque sus rencores particulares también cuenten; que una muchacha tucumana, con madre argentina normal y corriente y padre de Cáceres (España) asegure muy convencida que su verdadera cultura es la quechua; o que en Cuba, donde hasta los negros son españoles y el caldo gallego plato nacional, se reduzca la hispanidad a declaraciones formularias. Por no aducir más ejemplos. ¿Qué hemos hecho mal o en qué estamos fallando? Dando por bueno que nosotros y nuestra Nación seamos los herederos morales de aquel inmenso fenómeno histórico (los sucesores biológicos y materiales son los actuales hispanoamericanos), la cuestión es cómo, después de dos siglos de independencia, no hemos sido capaces de superar los aspectos negativos del pasado.

Y está todo dicho demasiadas veces: todas las conquistas son cruentas; los indios prehispánicos distaban mucho de morar en el Paraíso (cualquiera puede oír lo contrario, literalmente, por doquier, acá y allá); la Leyenda Negra fue utilizada con eficacia como guerra psicológica por las potencias europeas enemigas de España; América se convirtió en garbanzal feraz para la búsqueda del Buen Salvaje, que habría sido exterminado por los españoles (la realidad histórica no fue así, pero a los mitos no afectan tales exquisiteces eruditas); el descubrimiento, conquista y población de territorios descomunales fue un esfuerzo ciclópeo llevado a cabo con una racionalidad y buen hacer que para nuestra contemporaneidad hispana querríamos; el mundo entero y todas sus sociedades y culturas tuvieron conciencia de sí mismos en el conjunto, de la noción de globalidad gracias a nuestros descubrimientos y exploraciones (también hubo otros, después, pero el mapa de Juan de la Cosa es de ¡1500!); las Indias nunca tuvieron sobre sí el status ni el concepto de colonias (hasta el término es de origen inglés y entra en el XIX).

¿Qué hemos hecho mal? El pasado 9 de octubre presencié una tertulia de TV en que se hablaba

de Hispanidad y etcétera. En ella no faltaba ninguno de los ingredientes habituales en el género: la politiquilla catalanilla que anduvo tonteando con el PP y el PP haciendo el tonto con ella y que para la ocasión se vestía de progre repetidora de los tópicos más baratos de la Leyenda Negra; el currito del PSOE que exhibía su ignorancia cósmica y la disfrazaba con aquello tan novedoso y serio de que chinos y vikingos habían descubierto el continente antes que Colón; mi querido Amando de Miguel, que intentaba poner un poco de lógica en el batiburrillo; Agapito Maestre, con mejor voluntad que realismo, pronunciándose por un utópico renacimiento hispanoamericano bajo la égida de la Hispanidad (¿con qué base económica y técnica y qué capacidad actual de España para coordinar nada, no ya dirigir?); dos invitados de allá que resultaron ser indigenistas (¡bingo para los organizadores!)...

En suma, un aire de cháchara inane, de hablar por hablar, porque toca, según el calendario. Los años pasan y el distanciamiento entre España y América es cada vez mayor. Paradójicamente, nos conocemos menos. Los medios de comunicación inmediata (internet y demás) se están utilizando para cruzar insultos entre ambas orillas, el indigenismo –auténtica lacra y amenaza para la libertad, la unidad y la prosperidad de los estados– medra al socaire de oportunistas impresentables (Chávez, Morales, Correa, Ortega, los Castro, con padre de Lugo), y España sigue maniatada por sus propias contradicciones. Por nuestra parte, mientras podamos, continuaremos disfrutando de los textos de Cieza de León, Miguel Ángel Asturias o Vargas Llosa, de la Habana Vieja o Cartagena de Indias, de los montes de Michoacán o la ciudad extremeña que es El Cuzco, nuestra Hispanidad, la que no queremos perder.

Un Plan A para la economía
Emilio J. González Libertad Digital 14 Octubre 2010

En las últimas semanas están surgiendo voces y más voces que piden un 'Plan B' para la economía. Primero fue el Banco de España y después todo un número creciente de expertos. Lo que se necesita, sin embargo, es un 'Plan A'. ¿Por qué?

La denominación 'Plan B' sugiere que ya se ha puesto en marcha una estrategia de política económica para superar la crisis, lo cual, hoy por hoy, no es el caso. Llevamos tres años sin medidas eficaces para contener la que nos está cayendo encima y para revertir su curso porque Zapatero se empeñó en negar la crisis por razones electorales, porque no sabe lo que hacer y porque, a pesar de todo lo que está sucediendo, a pesar de los cuatro millones y medio de españoles que ya no tienen trabajo, a ZP la economía sigue importándole un pimiento. El presidente del Gobierno decía recientemente que le faltaban recursos para desarrollar por completo su programa político, como si ya no hubiera dilapidado bastantes en ello. Y es que eso es lo que realmente le preocupa, no la realidad de una economía a la que está dejando como un solar a fuer de no hacer nada por ella, excepto tratar de engañar a unos y otros con promesas que no tiene la menor intención de cumplir y con datos y previsiones que ya nadie se cree. Y los tiempos no están, precisamente, como para permanecer de brazos cruzados indefinidamente.

Cuando se inició la crisis, el debate entre los analistas era de si iba a tener forma de ‘V’ o de ‘L’. Hoy todo apunta a que va a tener un perfil de ‘W’. ¿Qué quiere decir esto? Que después de estimular artificialmente el crédito a base de malgastar miles y miles de millones del dinero de los contribuyentes en los países occidentales, España incluida, en lugar de apostar por una política de reformas, ahora viene la realidad golpeando con dureza en forma de desaceleración de la economía internacional, que puede volver a recaer en la recesión. En España, al menos esto es lo que ya está sucediendo y las perspectivas para cuando se supere son de un crecimiento sin pulso. En estas circunstancias, ni se reducirá el paro, sino todo lo contrario; ni se rebajará el déficit, lo cual es del todo punto necesario para que la financiación que absorben los disparates presupuestarios del Gobierno se destine al sector privado para que invierta y consuma. El Ejecutivo, sin embargo, sigue ajeno a esta realidad y el proyecto de presupuestos que ha preparado para 2011 responde más a las prioridades políticas de Zapatero que a la necesidad de proceder a ese ajuste con todas las de la ley que demanda la gravedad de la situación actual. Es más, al dedicarse ZP a tirar el dinero como lo ha venido haciendo desde que llegó al poder, pero sobre todo desde que se desencadenó la crisis, ha dejado al presupuesto sin margen de maniobra para acometer cualquier otra política que no sea la de un ajuste drástico de las cuentas públicas. Si el presidente del Gobierno hubiera optado por bajar impuestos, hoy habría más actividad económica, más empleo, más recaudación tributaria, menos déficit y menos problemas. Sin embargo, el inquilino de La Moncloa prefirió dedicarse a jugar a ser Roosevelt en versión cañí y montar un ‘New Deal’ a la española y en vez de solucionar las cosas, las ha agravado todavía más. Así es que el ‘Plan A’ que necesita la economía española tiene que pasar necesariamente por el saneamiento de las cuentas públicas de una vez por todas.

Para complicar más las cosas, cada vez más analistas señalan la posibilidad de que se produzca una segunda oleada de nuestra particular crisis bancaria en forma de nuevos aumentos de la morosidad, cuando todavía el sector sigue sin reestructurarse, en especial en lo concerniente a las cajas de ahorros. Y ese sí que es un problema serio porque con una economía tan debilitada como la nuestra, las entidades crediticias carecen de recursos para afrontarlo porque ya han empleado contra la primera oleada toda la munición de que disponían y ya se han quedado sin ella. Lo cual quiere decir que, en el peor de los casos, se puede originar toda una cadena de quiebras y suspensiones de pagos de entidades financieras y, en el mejor, que el crédito siga sin fluir.

¿Cómo se soluciona esto? Con las medidas necesarias para que las empresas sigan pudiendo funcionar y para que se pueda crear empleo y mantener el existente. De esta forma, todo el mundo podrá seguir pagando sus deudas y la posibilidad de una segunda oleada de la crisis financiera perderá mucha fuerza. Pero para ello es preciso acometer reformas de las que Zapatero no quiere oír ni hablar y proceder a un ajuste presupuestario que ZP no quiere hacer. Lo cual implica poner en marcha un 'Plan A', no un 'Plan B', porque supone dar un giro de ciento ochenta grados a la forma en la que el Gobierno está afrontando la crisis, debido a la cual no existe estrategia alguna para superarla.

Millones de españoles abuchearían a Zapatero, si pudieran
Francisco Rubiales Periodista Digital 14 Octubre 2010

Los que han pitado y abucheado a Zapatero en el desfile militar del 12 de octubre no han sido militantes de extrema derecha, como afirman los socilalistas, ni miembros del PP, sino gente indignada que, al rechazar públicamente al presidente, representaba a millones de españoles que, si pudieran, también le repudiarían en público.

Miles de españoles han pitado y abucheado al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el madrileño paseo de la Castellana, con motivo del desfile militar del día de la Hispanidad, fiesta nacional española. El rey y el príncipe han lamentado esas protestas, que alteraron la celebración y alcanzaron una dimensión mayor que en años anteriores.

En lugar de "lamentar" las protestas ciudadanas, el rey y el príncipe deberían reflexionar sobre lo que está ocurriendo en España y sobre las razones que impulsan a casi 9 de cada 10 españoles a rechazar con todas sus fuerzas a un dirigente político que ya no es querido y al que se le exige a gritos dimisión y convocatoria de elecciones anticipadas. Tal vez el rey y el príncipe deberían ser sensibles a ese sentimiento mayoritario de su pueblo.

Los socialistas españoles se niegan a reconocer que el presidente del gobierno es hoy un ser rechazado y despreciado por la inmensa mayoría de los españoles, un rechazo profundo que le resta legitimidad democrática y que debería obligarle a dimitir. Miente el PSOE cuando achaca los intensos pitidos y abucheos a Zapatero en Madrid a militantes de extrema derecha o a gente alentada por el PP. Los que protestaron contra el presidente fueron algunos españoles que tuvieron la ocasión de expresar su malestar contra el peor líder político de la España moderna, los cuales actuaron en representación y respaldados por millones de españoles, que no tuvieron la fortuna de poder expresar en público su frustración y profundo rechazo a Zapatero.

Las encuestas coinciden al reflejar que más del 75 por ciento de los españoles desaprueban la labor del presidente del gobierno y que más del 80 por ciento no se fían de Zapatero. Esos españoles son los que le pitaron y abuchearon en Madrid, durante le desfile militar conmemorativo de la fiesta nacional española.

Algunas cadenas de televisión preguntaron a los internautas si consideraban justificados los abucheos a Zapatero y la respuesta (Antena 3) fue positiva en más de un 80 por ciento, cifra que demuestra que al menos ocho de cada die españoles pitarían y abuchearían a Zapatero, si pudieran hacerlo, por sus desmanes, abusos de poder, errores, traiciones y por los terribles daños que ha causado a España.

Voto en Blanco

Comienza el acoso y derribo de ZP.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 14 Octubre 2010

El momio peligra, las encuestas, incluso las retocadas a favor, anuncian el apocalipsis del PSOE, las trompetas anuncian que el chollo se va a acabar y eso no se puede consentir, hay que hacer algo. El que se hunde a ojos vistas es Zapatero y está arrastrando a miles de trabajadores del tinglado político que ven que puede acabarse la buena vida y eso no se puede tolerar, que España se hunda no importa que ellos se vayan al garete no es admisible y hay que hacer algo.

En cuanto que comience a calar la idea de que sin ZP tal vez podrían salvarse muchos cargos de la izquierda con valores devaluados la cabeza de Zapatero comenzará a sentir el hacha porque con el pan de los hijos de esas decenas de miles de buenos socialistas no se juega.

Ya comienzan a aparecer argumentos que hagan pensar a ZP en pirarse. Dejando aparte el aldabonazo de Barreda, estos días tenemos algunos originales y llamativos. De ellos me quedo con dos, el primero es cómo conseguir que no vuelvan a abuchear a Zapatero en el desfile militar. Chacón habla de blindar el evento, pero eso no garantiza que se acabe la rechifla, por eso ya comienzan a surgir voces que dicen que la solución es que ZP no asista y para eso lo mejor es que desista y se pire.

El otro argumento aparece hoy en El País y es súper mega maxi híper supra extra maquiavélico,

“lo único seguro es que si decide no presentarse, el PP se quedaría sin su programa (Váyase, señor Zapatero) contra la crisis y el paro.”

No me dirán que el argumento no es de peso, si El País le dice a ZP que si se larga el PP se queda compuesto y sin plan, eso es como decir que sin ZP el PP no tiene nada que hacer y el PSOE podrá de nuevo con la extrema derecha y de ese modo los preocupados compañeros de partido podrían abrigar esperanzas. Desde mi punto de vista a ZP le quedan como mucho ocho encuestas, aunque pensándolo bien no caerá esa breva.

España ha ido perdiendo su conciencia colectiva
Ante una crisis que tiene aspectos intrínsecamente españoles y transnacionales, económicos y filosóficos, las recetas van desde medidas pragmáticas y administrativas a otras de índole moral
ALFONSO ARMADA / madrid ABC 14 Octubre 2010

Albert Boadella (cómico)
«Cambiar una ley electoral que induce al chantaje nacionalista»
1. ¿Cuáles son los principales males que aquejan hoy a España?
Esencialmente, el sistema autonómico que nos ha llevado a una desestructuración social y política de España, la cual ha perdido toda conciencia colectiva. Un Estado como el nuestro, prácticamente sin competencias, no tiene ahora márgenes para establecer ninguna dinámica de acción común ni siquiera para frenar el despilfarro de las regiones en un momento tan delicado como el actual. La desaparición de España como una nación cohesionada parece ya un hecho irreversible.

2. ¿Tiene sentido retomar el discurso regeneracionista?
Es evidente que todo lo humano tiende a la putrefacción, en este sentido, la lucha constante contra la naturaleza degenerativa de las cosas significa también una forma elemental de mantenerse vivo. De no ser así no existiríamos como especie.

3. ¿Qué hacer?
En el caso de España resulta algo tan sencillo como cambiar una ley electoral que induce al chantaje nacionalista y que el Estado retome las competencias de educación. En una sola generación, problema resuelto.

José Jiménez Lozano (escritor)
«Occidente reniega de sí mismo y está disolviéndose, buscando un amo»
1. ¿Cuáles son los principales males que aquejan hoy a España?
Probablemente más de uno, pero ya es suficiente comprobar que nuestra España no parece tener ni idea de su identidad, ni que la importe no tenerla. Vive en una especie de Noche de los Reyes Magos modernísima que la traerán maravillas. Y, cuando se despierte, estará en la calle. Todos estaremos en la calle.

2. ¿Tiene sentido retomar el discurso regeneracionista?
Creo que ninguno. Ahora nada es nada, ni nada significa nada o, en cualquier caso, todo lo simétricamente contrario de lo que significaba y era, y nadie querría pasar por esa antigualla de la regeneración, que es palabra que puede oler hasta a reminiscencias del odiado cristianismo. El gran valor es la anomia moral, jurídica, e intelectual, y el de la autonomía individual sin yo, que es una contradicción en los propios términos.

3. ¿Qué hacer?
No lo sé. Nada podemos esperar de la política que no sea más retórica, más adoctrinamiento, más cargas tributarias y más pobreza; y el mundo de lo religioso y de la cultura, y hasta el de las formas corteses y civilizadas, se da por muerto. No queda más que el espectáculo de las disoluciones en cada ámbito de la vida pública y privada. No creo que se piense ni de lejos que hay que hacer algo. Occidente entero reniega de sí mismo y está disolviéndose a su vez, buscando un amo. Lo tendrá, y ya hay candidatos al puesto. Pero España puede muy bien desaparecer del todo antes que de que nuestro futuro dueño y señor de Europa llegue, si es que no se da mucha prisa.

Santiago Niño Becerra (economista)
«La solución se halla en lo nuevo»
1. ¿Cuáles son los principales males que aquejan hoy a España?
Los mismos que los de todos los países aunque agravados: agotamiento de la capacidad de endeudamiento, exceso de capacidad productiva y desperdicio de recursos, excedente de población activa y, en el caso de la economía española, una muy baja productividad de los «inputs».

2. ¿Tiene sentido retomar el discurso regeneracionista?
Si por «regeneracionismo» se entiende potenciar el papel de los técnicos de cara a aplicar soluciones que regeneren una situación agotada y superada, sí, pero si se entiende la vuelta a posturas políticas y económicas ancladas en el pasado a modo de «cualquier tiempo pasado fue mejor», evidentemente no.

3. ¿Qué hacer?
La solución se halla en lo nuevo, ni en lo viejo ni en lo readaptado porque esta es una crisis sistémica. Cada país, cada economía, por su lado no superará esta crisis, ésta ha de ser una tarea conjunta, global, coordinada. Pienso que deben fomentarse la formación de clusters de actividad transregional y transnacional, que Europa debe ordenar su casa homogeneizando políticas, que la política monetaria debe estructurarse a nivel mundial (lo que implica que absolutamente todos los activos devaluados que acumulan las entidades financieras deben salir a la luz), que debe coordinarse la extracción y el consumo de «commodities» primando la eficiencia, que deben establecerse políticas de distribución geográfica de la población, es decir, que debe trabajarse a fin de resolver los problemas apuntados en la primera pregunta.

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Libertad vigilada
Maria Luisa García-Franco www.gaceta.es 14 Octubre 2010

Nada ha podido acabar con la ley del silencio que ha sido impuesta a la sociedad vasca.

No llamar la atención es una consigna en el mundo de las personas amenazadas por ETA. Por eso, la carta del ex secretario general de la Asociación de Empresarios de Guipúzcoa, José María Ruiz Urchegi, en la que renuncia públicamente a su escolta, resulta algo extraordinario. Hubo otros empresarios que se negaron, también públicamente, a pagar lo que durante mucho tiempo todo el mundo llamó impuesto revolucionario, pero son casos aislados en un paisaje donde, ni la debilidad de ETA, ni la batalla legal contra el entorno que hace posible su supervivencia han podido acabar con la ley del silencio que ha sido impuesta durante décadas, a base de balas, bombas y campañas de acoso, a la sociedad vasca.

Los que decidieron irse, por no poder soportar el miedo cotidiano o la vida en régimen de libertad vigilada, lo hicieron en silencio. La carta pública de quien fuera secretario general de la patronal guipuzcoana debe ser interpretada como un grito de hartazgo, más que como una decisión racional, a la que podría haber llegado calculando las probabilidades de sufrir un atentado en estos momentos de decadencia de ETA. Si tras el paso de hacer pública su carta no hubiera estado la rebeldía del que ha sufrido durante demasiado tiempo en silencio, Ruiz Urchegi habría renunciado a la escolta sin publicidad. Pero se ha plantado y ha dicho a ETA que, si vuelve a atentar, ahí le tiene a él, que va a vivir en libertad, mientras no decidan matarle.

José María Ruiz Urchegi, a quien ETA colocó una bomba lapa en los bajos de su coche en 1996, dejando sin piernas a su primo Santiago Lezeta, nos recuerda que las víctimas del terrorismo etarra no han sido sólo las personas asesinadas y sus familias, sino también los miles de ciudadanos que viven sin libertad, sin que nadie ponga sus fotos en las plazas de los pueblos vascos, como ponen las de los asesinos que están en las cárceles por sus crímenes. Ahora, el Gobierno de López ha decidido retirar esas fotos, pero han estado ahí durante años, como homenaje a quienes no podían pasear por las calles. La falta de libertad de los amenazados, sin embargo, no parece haberle importado demasiado a nadie, o al menos a nadie que se atreviera a reclamarla en los pueblos del País Vasco.

Cataluña gasta un millón de euros en "transcribir" sesiones del Parlament
 www.gaceta.es 14 Octubre 2010

La Generalitat adjudica el contrato a una empresa privada especializada en traducciones. El periodo de vigencia del servicio se prolonga hasta el año 2013.

Nunca antes la cooficialidad de lenguas en el seno del Parlamento catalán había salido tan cara en plena recesión económica. El Gobierno tripartito (PSE-ERC-ICV) que preside el socialista José Montilla ha acometido, en lo que es ya la recta final de su mandato, la adjudicación de un contrato por valor de casi un millón de euros para la prestación de un servicio de “transcripción” de las sesiones y actos institucionales que se celebren en dicha cámara autonómica.

En concreto, este contrato, que se eleva a los 929.250 euros acaba de ser concedido provisionalmente a una empresa privada, con sede social en Barcelona, especializada en “traducciones de diferentes idiomas y en distintos sectores técnicos”, como reza en la página web de la entidad.

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Cataluña
El PP recurre ante el TC la ley del cine y el Código de Consumo
Sánchez-Camacho critica la «radicalidad» del tripartito en materia lingüística
MARÍA JESÚS CAÑIZARES / BARCELONA ABC Cataluña 14 Octubre 2010

El Gobierno tripartito afronta, esta vez en precampaña electoral, un nuevo conflicto constitucional, en esta ocasión en relación a la ley del cine y el Código de Consumo. La presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, anunció ayer que su partido presentará en los próximos días un recurso ante el Tribunal Constitucional (TC) contra ambas normativas, que tienen en común la imposición de sanciones lingüísticas, en un caso por incumplimiento de las cuotas de doblaje en catalán y, en el otro, a los comerciantes que no rotulan en catalán.

«Esta es una decisión meditada y la única posible ante la posición radical del tripartito a la hora de redactar diversas leyes derivadas del Estatut al margen del Estatut», dijo la candidata a la presidencia de la Generalitat, quien recordó que los populares catalanes han instado en repetidas ocasiones al Gobierno autonómico a no impulsar leyes «que no respetan el marco común de convivencia de la Constitución y no garantizan la igualdad de ambas lenguas oficiales».

Prohibiciones
Sánchez-Camacho añadió que «Cataluña siempre ha sido tierra de libertad y no puede convertirse en la comunidad de la prohibición, de la sanción por cuestiones lingüísticas y de la imposición como ha pretendido el tripartito». Asimismo, se comprometió a modificar ambas leyes si, tras las elecciones del 28-N, el PPC se convierte en una fuerza decisiva y garantizará que las futuras normativas que salgan del Parlament se ajusten a la Constitución. Según la dirigente popular, el PPC es «el único partido constitucionalista que tiene capacidad de decidir el próximo Gobierno catalán», en clara alusión a Ciutadans, cuyo presidente, Albert Rivera, quien también ha anunciado que instará al Defensor del Pueblo a recurrir la ley del cine.

La iniciativa del PPC se une al recurso que, hace unos meses, presentó ante el TC la Defensora del Pueblo en funciones, María Luisa Cava de Llano, contra la ley catalana de acogida de los inmigrantes. En este caso, esta institución invocó la sentencia de este Alto Tribunal sobre el Estatut, en la que se establece que el catalán no puede ser considerada lengua preminente en detrimento del castellano, para impugnar la citada normativa, en la que se exige a los extranjeros que acrediten el conocimiento de la lengua catalana para lograr el certificado de arraigo. El recurso de Cava de Llano —promovido por la asociación Impulso Ciudadano, presidida por el diputado del grupo mixto, José Domingo— fue admitido a trámite la semana pasada.

Por estos mismos motivos, el PP cree que son impugnables las multas lingüísticas que establecen la ley del cine —que dio lugar a una huelga en el sector de exhibidores— y el nuevo Código de Consumo, que entró en vigor el pasado mes de agosto y que eleva de 3.000 a 10.000 euros las multas por no rotular los comercios en catalán.

Ahora Montilla quiere usar el español para debatir con Mas
El líder de CiU sigue reticente a hacer el cara a cara en castellano
 www.lavozlibre.es 14 Octubre 2010

Madrid.- El cara a cara entre José Montilla y Artur Mas está en el aire. Las diferencias lingüísticas son la causa de que el debate sea, a día de hoy, una posibilidad dudosa. El PSC propuso, de inicio, la celebración de dos debates: uno en castellano, en una cadena de televisión nacional, y otro en catalán.

Artur Mas, inicialmente, aceptó el cara a cara y aseguró que no iba a poner condiciones. Había un principio de acuerdo que ya no existe. La situación se ha enquistado hasta el punto de que los equipos de cada partido políticos que se están encargando de las negociaciones, han estado a punto de romper relaciones.

De hecho, el líder de CiU ha asegurado que utilizar el castellano en uno de los debates “no es consecuente, porque en el Parlament se utiliza el catalán y éstas son unas elecciones al Parlament”. Mas recordó que el castellano en las sesiones tan sólo es utilizado por el PP y por Ciudadanos.

Que el acuerdo está lejos de producirse lo demuestra las acusaciones cruzadas que ambas formaciones se han lanzado en los últimos días. “Hacer un debate en castellano es un insulto a la inteligencia de los electores”, afirmó Felip Puig, número 2 del partido nacionalista, y que fue el primero en abrir las hostilidades. “CiU no tiene ninguna voluntad de llevar a cabo el debate”, fue la respuesta del PSC, a través de un comunicado.

Mas intentó apaciguar los ánimos reprochando públicamente las palabras, “poco oportunas”, de Felip Puig, pero se niega a aceptar públicamente la posibilidad de un debate en castellano.

Montilla, en cambio, pretende desligarse del problema: “No tengo problemas en el tema de los idiomas. El segundo debate sería en castellano y en una cadena nacional para poder llegar a más gente”. Y ahonda en sus razones para preferir el español: “No tengo ningún interés en negar o ignorar que una parte importantísima de la sociedad catalana ve la televisión en castellano. De ahí a que sólo quiera hacer el debate en castellano, va un abismo”, declaró el Presidente de la Generalitat de Cataluña.
 

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