AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 23  Octubre  2010

 

La apopléjica democracia española
*Eduardo Olier www.gaceta.es 23 Octubre 2010

Es el momento de que fuera de los partidos se tengan cauces de expresión.

Las sociedades son cuerpos vivos. Y como tales, enferman, a veces de forma irreparable. Las causas son múltiples: unas proceden del propio envejecimiento del tejido social, otras de malformaciones hereditarias, y algunas de hábitos insanos que por continuados causan problemas irresolubles.

La apoplejía es una enfermedad terrible en ciertos casos. Más comúnmente conocida como ictus isquémico, se trata de accidentes vasculares que dejan sin riego una parte del cerebro causando discapacidades permanentes y, en casos extremos, la muerte. Se dice que sólo una de cada tres personas que sufre una apoplejía se mantiene con vida. Los síntomas: fuertes jaquecas, mareos, confusión, pérdida del habla o insensibilidades motoras, e incluso la entrada en coma y la muerte.

La sociedad española está enferma. Los síntomas son evidentes. Hay mareos, confusión, pérdida de funcionalidades motoras y mucha insensibilidad en sus miembros. Padece claramente una apoplejía que, sin haberla llevado al coma profundo, la mantiene en un estado grave. La causa fundamental proviene de la degeneración del sistema político, de la propia democracia, en suma. Un sistema que, paulatinamente, ha ido abdicando de sus funciones. Y todo el mundo lo sabe por evidente: los males políticos han ido produciendo durante estos largos años de democracia ictus sistémicos en el cuerpo social. Poco a poco las prácticas políticas han ido infectando ese cuerpo social hasta politizar todos sus estamentos. Primero fue el Tribunal Constitucional. Pensado para dar consistencia a la separación de poderes, ha ocasionado injusticias evidentes y ha sido la puerta de la politización de todo el sistema judicial. Tanto es así que la Fiscalía no deja de ser un ministerio más, dependiente sin ningún rubor del Poder Ejecutivo. Después le llegó el turno al Poder Legislativo. Un poder que no deja de ofrecer un mercadeo de favores, en el que la compra-venta de votos por dinero, con cesiones de todo tipo a espaldas del Parlamento y en oscuras negociaciones, pone en almoneda la salud del cuerpo social sin importar las consecuencias ni presentes ni futuras. Todo por mantener los privilegios de unos políticos con escaso sentido del bien común. Así, se es capaz de entregar las alforjas llenas por seis votos en un caso, y por dos en el otro, para mantener con vida un cadáver político durante año y medio, aunque ello socave más profundamente la crisis actual que padecemos.

Una clase política que no sólo ha producido ictus en el propio sistema que la sostiene, sino que ha pretendido, y a veces con éxito, llevar sus dañinas bacterias a la propia sociedad tratando de conducir las conciencias individuales y de anular su capacidad de decisión en actos que le son propios e indelegables. Así, estos políticos sin derecho para ello, sino por la enfermedad del sistema, se han introducido en la vida familiar para forzar el tipo de educación que hay que dar a los hijos, o en la moral pública decidiendo lo que es o no es matrimonio y, más grave aún, convirtiendo en derecho la matanza de inocentes por medio de una injusta Ley del Aborto. Pues nadie les ha otorgado el derecho para decidir sobre las propias conciencias o sobre cómo organizar la vida familiar. Asuntos que no son delegables en el voto ejercido. Y en la base del problema está la muerte de la sociedad civil, pues todo su espacio vital ha sido ocupado, sin derecho para ello, por las prácticas políticas que han convertido la democracia en una votocracia del peor estilo. Basta votar cada cuatro años en unas elecciones para que, sin atender a lo que decían los programas de los partidos, se actúe como le venga en gana al dirigente de turno, ya sea éste autonómico, municipal o estatal. Sintiéndose con no se sabe qué derecho adquirido para endeudar las arcas municipales por generaciones, para regalar enormes sumas de dineros a vagos y maleantes, o para traficar con la estructura del Estado sin reparar en gastos materiales o inmateriales.

Y el problema, que se agudiza de legislatura en legislatura, tiene su origen en la falta de democracia interna de los propios partidos, convertidos en máquinas al servicio de sus ejecutivas, que vulneran las reglas democráticas más elementales y tratan de anular a la sociedad civil, a la que sólo se le pide participación cada cuatro años en un curioso Juego de la Oca, para que vote, eso sí, programas que nunca se cumplirán. Pues la geometría política es variable y las leyes son elásticas de acuerdo con la conveniencia política de cada caso.

Es la hora de la sociedad civil. Es el momento de que fuera de los partidos se tengan cauces de expresión, de manifestación y de decisión. No basta hacerlo cada cuatro años en una urna. La salud democrática de España no se lo puede permitir. Hay que exigir con firmeza que los políticos, todos los políticos, cumplan su función de servicio a la sociedad y no al revés. De no hacerse, el coma social será irreversible. Y el coma social siempre acaba en dictadura.

*Eduardo Olier es presidente del Grupo Negocios.

Aguantar a toda costa
Luis Miguez Macho El Semanal Digital 23 Octubre 2010

Desde que estalló con toda intensidad la actual crisis económica, José Luis Rodríguez Zapatero sólo tiene una estrategia política: aguantar a toda costa. Como sus prejuicios ideológicos, verdaderas anteojeras que han guiado su actuación hasta el día de hoy, le impiden adoptar medidas eficaces de reforma económica para hacer frente a la crisis, si no se ve constreñido por la presión internacional, la única salida que le queda es esperar a que la situación se arregle más o menos por sí sola.

Ni adelanto electoral, ni sucesión de Zapatero
Por eso es altamente ingenuo pensar en un adelanto electoral. ¿Para qué va a adelantar las elecciones el presidente del Gobierno, si en estos momentos las perdería indudablemente? Hará cualquier cosa para seguir en el poder hasta la última hora del último día de la legislatura, esperando una remontada electoral, y como comentaba yo este verano, por ese motivo el año y poco más que queda para las elecciones generales es extremadamente peligroso; el pacto presupuestario con el PNV ha sido un aperitivo de lo que nos aguarda.

En la misma lógica se incluye la última remodelación ministerial, que sólo se entiende en ese contexto de enrocamiento para resistir lo que queda de legislatura y para preparar unas elecciones que se presentan adversas. Por supuesto, para preparar unas elecciones para la reelección del propio Rodríguez Zapatero; yo no alcanzo a comprender qué clase de ingenuidad lleva a algunos comentaristas políticos a especular con la posibilidad de que este personaje esté pensando, siquiera remotamente, en no presentarse a la reelección. Se presentará, desde luego que lo hará.

La salida del Gobierno de María Teresa Fernández de la Vega y la supresión de los dos ministerios puramente ideológicos y de propaganda, vacíos de competencias, el de Vivienda y el de Igualdad, tienen un sentido bastante claro: en la última etapa que queda de la legislatura, Rodríguez Zapatero aparcará temporalmente su proyecto radical de ingeniería social, adoptando la táctica contraria a la que utilizó para preparar las últimas elecciones generales, porque en la situación actual de gravísima crisis económica el profundizar en esa línea (que, contra lo que se ha dicho tontamente, de maniobra de distracción no tenía nada, sino que era y es el elemento central del actual programa político socialista) podría ser mal acogido incluso por su propio electorado.

Algo parecido ocurre con el relevo de Miguel Ángel Moratinos del ministerio de Asuntos Exteriores y su sustitución por Trinidad Jiménez, que será una fracasada política por sus derrotas en las elecciones al Ayuntamiento de Madrid y en las primarias socialistas madrileñas, pero como gestora pública ha demostrado una capacidad que ni de lejos tiene su calamitoso predecesor en el cargo que ha pasado a ocupar. Ciertamente, no cabe esperar que las orientaciones generales de la política exterior, por llamarle de alguna forma, de Rodríguez Zapatero vayan a modificarse –otra vez las anteojeras ideológicas lo impedirán-, pero los aspectos más grotescos de la misma se atenuarán con el cambio de su brazo ejecutor.

Por último, como han destacado todos los comentaristas políticos, el aspecto más relevante de esta remodelación ministerial es el encumbramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba. Sobre esto poco hay que añadir a lo que cualquiera puede percibir: su profundo control de elementos claves del aparato del Estado lo convierten en el instrumento más adecuado para combatir a la oposición y para perpetrar el nuevo "proceso de paz" con los criminales de ETA que sin duda el PNV habrá exigido como pieza fundamental del reciente pacto presupuestario que le asegura a Rodríguez Zapatero apoyos parlamentarios para concluir la legislatura.

Lo que hay que esperar del PP
Dos reflexiones más sobre lo que habría que esperar del PP en este escenario. Yo estoy convencido de que las cosas han llegado a un punto tal de deterioro que, haga lo que haga Rodríguez Zapatero, va a perder las próximas elecciones generales, previa debacle en las autonómicas catalanas y en las municipales y autonómicas de primavera. Y esta vez sí puede dar resultado la estrategia del PP de ponerse de perfil y no alarmar a los votantes del adversario, para que la abstención de los electores socialistas que no cambien el voto le otorgue una cómoda victoria.

Pero una cosa es la discreción política y otra el repetir los errores de los años 1996-2004, que los hubo. Si Rodríguez Zapatero ha podido ejecutar contra viento y marea un programa político radical, a veces ni siquiera explícito en el programa electoral del PSOE –recuérdese el caso de la liberalización del aborto-, sería gravísimo que el PP, suponiendo que llegase a disponer de la mayoría suficiente para ello, no fuese capaz de revertir esas medidas a las que, por lo demás, se ha opuesto con su voto en las Cortes y hasta con recursos ante el Tribunal Constitucional.

Está en juego nada menos que la esencia de la democracia parlamentaria, que es la alternancia política. Y la alternancia no es sólo que cambie un partido en el poder por otro como si fueran cromos, sino sobre todo que se lleven a efecto políticas diferentes. Arreglar la economía para el PP será fácil; ya lo consiguió en 1996, en circunstancia sólo un poco menos complicadas que las actuales. Libre de los prejuicios de Rodríguez Zapatero, sabrá dar confianza a los mercados y a los consumidores con medidas reformistas que sacarán rápidamente a la economía española del actual marasmo. Lo difícil es lo otro, pero si el PP no lo hace, una parte de su propia base acabará replanteándose su apoyo al partido y, además, tarde o temprano estallará una crisis social como la que ya viven países de nuestro entorno; el nihilismo tiene su precio.

Otro error que no se puede repetir es la falta de renovación de las estructuras internas del Estado. La posición que ha llegado a ocupar Pérez Rubalcaba es la prueba más clara de algo que se ya puso de manifiesto dramáticamente en los momentos difíciles de la segunda legislatura de José María Aznar como presidente del Gobierno: fue el PSOE quien montó los mecanismos de seguridad del actual régimen democrático en la época de Felipe González y esos mecanismos guardan fidelidades ideológicas ocultas que prevalecen sobre la subordinación al Gobierno de turno democráticamente elegido.

Los gobiernos manirrotos, el riesgo de la Eurozona
EDITORIAL Libertad Digital 23 Octubre 2010

Uno de los requisitos indispensables para que una unión monetaria funcione mínimamente bien es que las distintas administraciones territoriales coordinen sus políticas fiscales. No es la única condición –la flexibilidad interna de precios o la movilidad de factores son otras de enorme importancia– pero sí es una de las indispensables.

En la Eurozona esa coordinación entre políticas fiscales trató de lograrse mediante el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), en el cual, entre otras medidas, se establecía un procedimiento por déficit excesivo destinado a sancionar a aquel país miembro con un déficit persistente por encima del 3% y una deuda pública superior al 60%. Se entendía que tal era el umbral a partir del cual el endeudamiento descontrolado de las distintas administraciones públicas ya colocaba en serios problemas a la moneda única.

Sin embargo, ese PEC nació viciado, pues ninguno de quienes lo suscribieron –y en especial las principales economías de la Eurozona, como eran Francia y Alemania– tenían la mínima intención de cumplirlo. Así, tan pronto como se inició el procedimiento por déficit excesivo contra el eje francoalemán –controlado en aquel entonces por los manirrotos Gerhard Schröder y Jacques Chirac–, el pacto expiró. Ni Francia ni Alemania llegaron a ser multados porque la sanción se retrasó en sucesivas ocasiones hasta que en 2005 se reformó el PEC para flexibilizar los márgenes de endeudamiento. Además, por mucho que se superaran los ya de por sí amplios límites del PEC, el Consejo Europeo se reservaba el derecho de veto a cualquier propuesta de sanción por parte de la Comisión.

La crisis económica actual ha mostrado lo desorientada que estaba toda esta política de flexibilización del endeudamiento público. Se ha comenzado a cuestionar seriamente la unidad monetaria por la indisciplina fiscal de ciertos países como España, Grecia o Portugal; al fin y al cabo, si ellos caen, el euro se desmoronará a menos que sean rescatados por otros países que, como Alemania, están haciendo sus deberes a la hora de ajustar su presupuesto. Pero Alemania no puede convertirse en la red de todos los políticos suicidas como Zapatero, pues ni siquiera la economía más rica de la Eurozona dispone de un capital infinito para rescatar a otros Estados; de ahí que se haya planteado la necesidad de poner en vereda a los países más manirrotos a través de un sistema de sanciones mucho menos manipulable por los políticos afectados.

Alemania, la principal interesada en que los llamados PIIGS comiencen a disciplinarse y a reconducir sus insostenibles déficits, planteó una reforma por la que los países que incumplieran los objetivos del PEC fueran automáticamente castigados no sólo con multas económicas sino también con pérdida de derechos políticos en las instituciones europeas. Sin embargo, los principales Estados incumplidores, como España, se aliaron a última hora con Francia, país siempre dispuesto a abortar políticas ortodoxas y sensatas, para que las sanciones fueran sólo económicas y, sobre todo, para que el Consejo se reservara un derecho de veto por mayoría cualificada para bloquear las multas.

Al final, pues, la reforma se ha descafeinado por completo para dejar las cosas prácticamente igual a como estaban; motivo por el cual el BCE no se ha reprimido a la hora de criticar la vaciedad del texto definitivo: la moneda cuyo valor se encarga de defender se ve constantemente atacada por la creciente insolvencia de los gobiernos. Y eso en nada nos beneficia a los españoles, por mucho que a corto plazo nos libremos de las sanciones: sólo hace falta ver la satisfacción de la manirrota Salgado para comprenderlo.

Espantapájaros de ultraderecha
Enrique de Diego www.gaceta.es 23 Octubre 2010

Considerar que Zapatero es un inútil y un incompetente te sitúa en la extrema derecha.

Las definiciones geométricas en política no sirven de nada más que para confundir y sólo son apropiadas para mentes muy simplistas y muy poco críticas. Izquierda y derecha no son trincheras, sino confusos cenagales. El último ideólogo que pretendió dotarlas de contenido fue el primero fascista y luego socialista Norberto Bobbio y su intento fue patético. Estableció en las primeras páginas de su libro Izquierda y derecha que el valor de la izquierda era la igualdad y el de la derecha el de la libertad. El resto del libro se lo pasó matizándose y desdiciéndose en un auténtico caos.

Aquí y ahora, ser de izquierdas, es básicamente, tratar de vivir a costa del trabajo de los demás, vía impuestos, mediante subterfugios y coartadas pseudomorales: feminismo, ecologismo, pacifismo, orientación sexual, incluso islamismo. Para mantener su estatus parasitario, la izquierda progre, mercantilista y rollera, se ha inventado el espantapájaros de la ultraderecha. Antes usaba más el del fascismo, pero los fascistas siempre fueron de izquierdas (Mussolini era el jefe del ala izquierda del PSI), igual que los nazis (nacionalsocialistas). Hitler y Goebbels siempre se tuvieron por socialistas y, por supuesto, de izquierdas, como Quisling y Pierre Laval.

Silbar a Zapatero es –a tenor de las estupideces evacuadas por los miembros de este Gobierno fracasado y acorralado– de extrema derecha. Considerar que Zapatero es un inútil y un incompetente no te sitúa en el sentido común sino en la extrema derecha. Opinar que los sindicatos no son instituciones sino asociaciones de libre concurrencia también es, al parecer, de extrema derecha.

Defender el derecho a la vida como un bien absoluto o sostener la obviedad de que existe vida desde el mismo momento de la concepción es de extrema derecha. Ser cristiano se identifica de inmediato con la extrema derecha. Amar a la Patria, a España, una e indivisible, venerar la bandera, emocionarse con el himno es, según los socialistas, propio de personas de extrema derecha. Respetar a las Fuerzas Armadas y a los Cuerpos de Seguridad, heroicos en su lucha contra el terrorismo nacionalista, es de extrema derecha. Considerar a Fidel Castro un tirano y a Chávez un botarate impresentable –y a Moratinos un desastre- es, por supuesto, de extrema derecha. Defender a la familia como elemento básico de la sociedad es de extrema derecha. Como lo es propugnar la independencia del Poder Judicial. Ser partidario de bajar los impuestos no digamos.

Alertar sobre el grave peligro de la islamización, promovida por el partido socialista, es de extrema derecha. Resumiendo: todo el que no es del PSOE es de extrema derecha. Todo el que critica a Zapatero y a este Gobierno de inútiles e incompetentes, que ha llevado a la ruina a la sociedad, es de extrema derecha. Si todos cuantos los socialistas tildan de extrema derecha lo fueran de verdad, los socialistas estarían muy asustados. Bueno, lo están porque van a desaparecer, con sus siglas, por el sumidero de la historia. El 28 de noviembre en Cataluña empieza la debacle socialista. Hay que ser fuertes y aguantar. Ya queda menos.

Otrosí: Zapatero le ha dado la puntilla a Montilla. Ningún peso del PSC en el Gobierno con descenso de la cuota catalana, tras la salida de Corbacho, el ya ex ministro del paro.

Eso no puede seguir siendo así, si el PP quiere sobrevivir en el poder y ejecutar con libertad sus propias políticas, y para corregir el problema hará falta adoptar medidas enérgicas, aunque silenciosas. Como es evidente, alcanzar de manera democrática el poder para encontrase a la vuelta de la esquina con un 11-M no puede ser nunca más el destino del PP como partido de gobierno ni de España como nación.

La Plataforma de las Clases Medias es el Tea Party español
Enrique de Diego El Semanal Digital  23 Octubre 2010

El diario Público, bajo el título "El tea party ya está en España", ha perpetrado una mezcolanza política –lo que en análisis político se denomina amalgama- en la que me incluye, en portada, junto a Jaime Mayor Oreja, José María Aznar. Alejo Vidal-Quadras, Esperanza Aguirre, Federico Jiménez Losantos y Antonio Jiménez. Es decir, nos sitúa a los citados como el ala derecha del PP, supongo que a las órdenes o en la órbita de Esperanza Aguirre, la política más en activo de los reseñados. Deduzco que el amplio reportaje puede intentar generar tensiones internas en el PP o incluso realizar alguna crítica hacia Intereconomía, que, en cualquier caso, resulta, en el fondo, extraordinariamente laudatoria.

En realidad, el Tea Party no acaba de llegar a España, sino que lleva mucho tiempo promoviendo, esforzadamente, la rebelión cívica. El Tea Party español es claramente la Plataforma de las Clases Medias, con la pequeña salvedad histórica de que nosotros salimos bastante antes, no imitamos a ningún movimiento foráneo. Aunque nuestra prehistoria es muy anterior, nos legalizamos en 2008 y el 23 de noviembre de ese año convocamos nuestra primera concentración en la Plaza de Colón contra las incautaciones de fondos de los contribuyentes para dárselos a los banqueros. Ahí lanzamos nuestro grito de rebelión: "Con mi dinero, no". Luego vinieron otra concentración en Colón, el 14 de febrero, y manifestaciones ante la sede de UGT, para pedir que dejen de vivir del Prespuesto, la marcha a La Moncloa, para exigir elecciones anticipadas, y todas las que hemos ido celebrando en otros puntos de España: Valencia, Murcia, Zaragoza, Alicante, Almería, Sevilla, Valladolid, Salamanca, Albacete...

Es cierto que, en paralelo, coincidimos básicamente en los planteamientos del Tea Party, coincidimos en lemas como más nación y más sociedad y menos Estado, menos impuestos, menos gasto... Como las condiciones no son las mismas en España que en Estados Unidos, nosotros no tratamos de influir en el PP, parte o facción de la casta parasitaria, sino promover la regeneración del modelo político y de la sociedad española.

Aún respetando a todas las personas con las que se me presenta, es obvio que considero que Aznar, con sus gobiernos, fue una ocasión perdida, que sacó a la Policía Nacional y a la Guardia Civil de Cataluña, lo que dice muy poco de su patriotismo, que ni tan siquiera promovió la independencia del Poder Judicial y que ha inventado el "liberalismo subvencionado", absoluta contradicción en los términos, de modo que debería hacer, de inmediato, que la FAES no fuera financiada por la sangre, sudor y lágrimas de los contribuyentes. En cuanto a Esperanza Aguirre, sin duda la política del PP más cercana a los ciudadanos, la Plataforma de las Clases Medias siempre le dirá lo mismo: las autonomías son insostenibles, hay que cerrar la Comunidad de Madrid.

Hemos avanzado mucho, a pesar de, y desmintiendo la curiosa amalgama de Público, la absoluta falta de apoyo, la completa conjura de silencio de los medios próximos al PP y, desde luego, de los de obediencia estatal popular. Nuestra propuesta de "regeneración" se está abriendo paso y se concretará en una candidatura a la Alcaldía de Madrid y en una próxima convención multitudinaria que celebraremos en Madrid a finales de enero o primeros de febrero.

Sí, la Plataforma de las Clases Medias lleva tiempo en España.

Otrosí: Sucia jugada de Zapatero a Montilla, en vísperas electorales, dejando al mínimo la cuota catalana y con el mensaje de que el PSC no tiene ningún peso en el Gobierno y en el PSOE.

La herencia educativa
Editorial www.gaceta.es 23 Octubre 2010

Con una ética cuyo principio más profundo es el reciclaje de la basura por colores, su objetivo era la nueva nación catalana de tintes caspo-marxistas, la perversión sexual de menores con adoctrinamientos enfermizos y la cutrez.

Cuando en Cataluña, dentro de muy poco, las urnas echen a las tribus que la han esquilmado, nos sorprenderá el saqueo efectivo de las arcas públicas. Pero no nos puede pasar desapercibido el saqueo más trágico de todos: el de las mentes de una generación. Una generación de estudiantes que ha conseguido el récord de menor rendimiento escolar de la UE.

Que ha crecido en una ética de laboratorio de monstruos desde consejerías de Sanidad, Cultura y Enseñanza. Con una ética cuyo principio más profundo es el reciclaje de la basura por colores, su objetivo era la nueva nación catalana de tintes caspo-marxistas, la perversión sexual de menores con adoctrinamientos enfermizos y la cutrez. El resultado no es sólo una generación de estudiantes indocumentados y el funcionariado como máximo objetivo que valga la pena.

Es también la tragedia de una generación de familias arraigadas en la mentalidad soviet. El único criterio que distingue hoy la elección de una escuela de otra (me lo comentaba un educador) es el comedor. No es que la lengua, a golpe de multas, haya hecho un menú oficial. Es que la ideología invadiéndolo todo, la Historia oficial, es un modelo prefabricado, igual para todos.

Durante muchos años (el pujolismo lo inició, el cuatripartito lo culminó) todas las iniciativas de familias y educadores se han topado con la normativa agresiva, los chantajes urbanísticos, la persecución del sistema. En el soviet no cabe la diversidad.

La Consejería de Educación (muy probablemente en manos de Irene Rigau) afrontará el mayor reto educativo desde la Transición. Dejar vía libre a la vida real del hombre, al proyecto de las familias que emprenden, a la libertad, al valor del esfuerzo, que ahora se maldice. Decía Jung que educar es introducir en la realidad. Estamos ahora en manos de que quien llegue con esa responsabilidad esté educado. Que no mire para otro lado en la tierra quemada que le habrá tocado cultivar.

Saturno-Zapatero
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 23 Octubre 2010

Tiene razón Felipe González al asegurar que “cuando está machacado, emerge el mejor Zapatero”. Evidente: cuando Zapatero se desmiente a sí mismo o cuando desiste de sus excentricidades, el presidente del Gobierno que conocemos se esfuma, se evapora, deja políticamente de existir. A menos Zapatero, mejor Zapatero. Efectivamente, González, que es hombre de orientalismos semánticos, acierta. El grave problema es que antes de que Zapatero se encontrase “machacado”, era el país el que le había precedido en el hundimiento.

De tal manera que entre la desaparición del Zapatero embelesado por el “pensamiento Alicia”, abducido por el “optimismo antropológico”, impulsado por “ansias infinitas de paz” y convencido defensor de la ideología de género y de la activación de las minorías y el derrumbe socio-económico de España se da una relación indiscutible de causa-efecto. De aquellas entelequias sedicentemente izquierdistas del republicanismo cívico de Philip Petit, estas consecuencias desastrosas para la sociedad española.

Así, el “mejor Zapatero” fue aquel de mayo pasado que, por fuerza que no de grado, formuló ante el Congreso de los Diputados una copernicana aunque tardía rectificación de su política económica después de haber devorado a Pedro Solbes y a la escuela de economistas ortodoxos -Jordi Sevilla y David Vergara entre ellos- que le auparon a la jefatura del Gobierno. Antes de mayo, el presidente se había dedicado a una política económica de descontrolado gasto público acumulando beneficios, ayudas, subsidios y clientelismos que tuvo que suprimir de un plumazo tras reconocer que la crisis -que él se empeñó en denominar “desaceleración” durante casi todo el año 2008- estaba devorando nuestro Estado de bienestar y arruinando nuestro futuro. Evidentemente: el Zapatero rectificador de mayo era “mejor Zapatero” que el anterior. Pero a buenas horas mangas verdes.

Saturno, el dios mitológico que devoraba a sus hijos, se reencarna en Zapatero, que rinde armas a la ortodoxia de los mercados, la UE, el FMI y hasta a Obama

En aquella patética comparecencia de mayo ante el Parlamento, Zapatero se devoró a sí mismo y devoró todas y cada una de sus febles tesis socio-económicas. Pero España -como acaba de informar el Instituto Nacional de Estadística- padece ya una escalofriante tasa de pobreza en 2010: el 20,8% de los hogares españoles están instalados en ella, o sea, uno de cada cinco ciudadanos. El fenómeno no es mundial como suelen aducir los abogados defensores del presidente: el porcentaje de desempleo en España -20%- duplica la media de la Unión Europea, y en cuanto a productividad y competitividad se refiere, nos aproximamos al tercermundismo. De nuevo aparece el gran devorador de sus propias bazas: Zapatero malbarata en apenas unos años los elementos de solidez de la economía española considerada por los anglosajones, que utilizan ahora de nuevo el remoquete de PIGS, como un auténtico “milagro”.

Y llega la primera rendición: ajuste del déficit con congelación de pensiones y recorte salarial a los empleados públicos, supresión de subsidios directos y reforma laboral (insuficiente, por cierto), enfrentamiento con UGT y CCOO –también devorados por el presidente- y un acuerdo presupuestario con el PNV y Coalición Canaria que no garantiza otra cosa que su mantenimiento en el poder. Saturno, el pequeño dios mitológico que devoraba compulsivamente a sus hijos, se reencarnaba en Zapatero que rendía armas a la ortodoxia exigida por los mercados, la UE, el FMI y hasta el mismísimo Obama.

El motín de Esquilache
Pero cuando la estela de la increencia ciudadana en el presidente alcanzaba en las encuestas una desventaja del PSOE de dos dígitos respecto del Partido Popular, cuando Montilla y su PSC le levantaban la voz por su engaño con el Estatuto catalán, cuando los militantes socialistas de Madrid le desafiaban eligiendo en las primarias a Tomás Gómez en vez de a su candidata Trinidad Jiménez, cuando el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha auguraba “una catástrofe electoral” socialista, cuando Bibiana Aído no remontaba de su histrionismo político y Beatriz Corredor resultaba invisible en un fantasmal Ministerio de Vivienda y Elena Espinosa deambulaba, ojerosa, en la nada administrativa y Moratinos se echaba a la mochila Cuba, Venezuela y Marruecos con más voluntad que acierto; en definitiva, cuando no sólo la ciudadanía sino también su propio partido anunciaban un inapelable desastre y hasta un motín como el de Esquilache en la izquierda, entonces Zapatero se rinde por segunda vez, devora a sus féminas gubernamentales -otra vez Saturno- y, como la mujer de Lot, mira atrás y cambia -y le cambian- el Gabinete. De nuevo emerge el “mejor Zapatero”, ese que le gusta a Felipe González.

Todos los titulares periodísticos de estos días remiten a una sensación de abdicación en la persona de Pérez Rubalcaba y a una recolocación de la confianza de Zapatero en todo aquello que antes despreció. Apostó por la juventud frente a madurez; por la inexperiencia frente a trayectoria profesional y política; por la paridad de género, políticamente correcta, frente al mérito y la capacidad; por el balbuceo frente al discurso y por el individualismo autoritario presidencial frente a la colegialidad gubernamental. Ahora la apuesta es por todo lo contrario. El presidente, de nuevo, como en esa imperecedera imagen pintada por Francisco de Goya y Lucientes entre 1819 y 1823, aparece como el Saturno deglutiendo a sus hijos. Y, además, sin síntoma alguno de indigestión.

Una de mis muchas dudas, y ahí la dejo, es si Pérez Rubalcaba será su penúltima víctima o su verdugo político
La crisis de Gobierno no se enfoca a la solución de la recesión que Zapatero cree –al modo que él cree en sus propias afirmaciones-encarrilada con el actual equipo económico y con un ministro de Trabajo de refresco, sino que se produce para salvar al PSOE, quizás a él, si acaso ello fuera posible, y a la propia izquierda que el presidente se ha encargado de banalizar hasta la ridiculización. Zapatero, al insistir obsesivamente en la “capacidad de comunicación” de Pérez Rubalcaba y de Jáuregui y otros ministros -Valeriano Gómez entre ellos-, reclama la elaboración de un relato que ofrezca una consistencia mínimamente coherente de lo que ha hecho, de lo que ha dejado de hacer y de lo que tendrá que hacer en el futuro.

Liquidado por su propio autor, el zapaterismo, necesita un relator que le coloque con alguna dignidad en la historia de la izquierda, del PSOE y de la propia España. Y la encomienda recae en el único socialista capaz de hacerlo: Pérez Rubalcaba. El vicepresidente lo intentará hasta donde pueda. Pero no podrá evitar -ni él ni nadie- que José Luis Rodríguez Zapatero quede para la posteridad como un Saturno devorador de sí mismo, de sus hijos e hijas políticas y, por extensión, de una sociedad española a la que ha hecho perder su autoestima. A la que ha devorado también.

Rubalcaba, ¿víctima o verdugo?
Una de mis muchas dudas -y ahí la dejo- es si Pérez Rubalcaba será su penúltima víctima o su verdugo político. Porque acaso el mejor relato que pueda escribir el vicepresidente primero del Gobierno, portavoz y ministro del Interior sea el del llamado “asesinato político de Zapatero” en expresión del sociólogo José Luis Álvarez. Quien escribió con lucidez el 17 de mayo pasado (El País) las siguientes palabras: “El presidente ha cometido graves errores que lo convierten motu proprio en el candidato sacrificial ideal. Uno fue personalizar a tal extremo la opción socialista, sustituyendo la marca PSOE por la suya propia, y acumular tal poder en su persona que se ha convertido en el objetivo obvio a batir…difícilmente podrá la izquierda asimilar una herida en su autoestima como ésta, sin externalizarla en agresividad hacia un culpable”.

¿Cuál es la misión de Pérez Rubalcaba? ¿Rehabilitar al todavía presidente o declararle culpable de devorar a la izquierda y desvencijar España? Veremos. Mientras tanto, que la derecha española no haga un requiebro despectivo y autosuficiente ante este novelón político que estamos viviendo. El deus ex machina de esta suerte de tragedias -es decir, el personaje que los clásicos griegos sacaban a escena en artefactos coreográficos sofisticados cuando todo era desesperanza y había que rescatar de su sino fatal al protagonista vencido- es el cántabro Pérez Rubalcaba. Y contra los deus ex machina nimbados de poderes esotéricos es complicado pelear, sobre todo cuando el personaje suscita reacciones simétricas de amor y de odio.

Hay partido, para desesperación del PP
Juan Carlos Escudier. El Confidencial 23 Octubre 2010

Influido por unas encuestas favorables y por ese ambiente a suicidio colectivo que se respiraba entre los socialistas, el PP había empezado a creer que la suerte estaba echada y que bastaba con tumbarse a la bartola para que el poder le cayera por la chimenea sin mover una pestaña. Los más optimistas, al estilo de Zapatero pero en versión liberal o democratacristiana, pensaban incluso que el reloj se adelantaría año y medio y que el Gobierno se vería forzado a anticipar las elecciones, ignorantes de aquello que decía Nervo de que la mayor parte de los fracasos suceden por pretender acelerar la hora de los éxitos.

Ello explicaría la sorpresa que ha causado entre los populares la remodelación del Ejecutivo y su airada reacción ante el pacto presupuestario suscrito por el PSOE con Coalición Canaria, su socio en el archipiélago, que no ha hecho nada distinto a lo que había venido practicando en años anteriores, esto es, sacar tajada de los que mandan en Madrid sean tirios o troyanos. Ambas maniobras, unidas a la alianza con el PNV, que sigue a setas y a rolex con independencia de quien controle el BOE, deberían haber sido descontadas por el principal partido de la oposición, del que se espera algo más que pedir al árbitro que pite el final del partido al inicio del segundo tiempo.

Es muy pronto para juzgar al nuevo Gobierno, aunque desde el propio PP ya se han filtrado, gracias a la indiscreción de los micrófonos, valoraciones muy positivas, lo que induce a pensar que su estrategia de inmovilismo habrá de ser sometida a una profunda revisión. Resulta cuando menos insólito que el consejo que sus asesores han dado a Rajoy sea que procure pasar desapercibido, ya que, al parecer, el líder del PP gana mucho cuando no sale del despacho, y se presume que está más guapo callado o dormido, que viene a ser lo mismo.

Pese a los antecedentes de todos conocidos, la derecha mantiene una testaruda inclinación a considerar que Zapatero es un tonto de capirote, de ahí que suela tener la guardia bajada cuando el “bobo solemne”, que diría Rajoy, mete sus ganchos a la mandíbula. Su última estratagema al presentar a Rubalcaba como un presidente bis o como un ministro plenipotenciario con marchamo de sucesor es un uppercut de libro, y coloca a los populares en una tesitura muy complicada. En este nuevo escenario, el presidente renuncia a que la recuperación electoral del PSOE derive de una mejora de la situación económica y confía el milagro al juego de la política, donde el Fouché de los socialistas es cinturón negro octavo dan.

La derecha mantiene una testaruda inclinación a considerar que Zapatero es un tonto de capirote, de ahí que suela tener la guardia bajada
A diferencia de De la Vega, que como este humilde juntaletras adelantó en el mes de agosto se encamina hacia una beca perpetua en el Consejo de Estado, la misión de Rubalcaba como vicepresidente no será apagar fuegos sino crear incendios pavorosos en las filas de sus adversarios, algo para lo que cuenta con aptitudes más que notables y con suficientes reservas de gasolina. Lo decía esta semana privadamente el director de comunicación de una conocida multinacional española: no existen antecedentes en ninguna democracia del mundo de que un ministro del Interior sea, a la vez, el vocero del Gobierno. ¿Acaso no temblarían los republicanos si el director de la CIA ejerciera de portavoz de la Casa Blanca?

El riesgo sería mínimo si a estas alturas de la película supiéramos cuál es la posición del PP en los grandes debates nacionales, fundamentalmente económicos, pero la discreción de los populares en estos asuntos es proverbial. ¿Alguien conoce en realidad cuáles son las reformas estructurales que haría Rajoy, qué gastos superfluos suprimiría o qué cambios introduciría en el sistema de pensiones, por citar sólo algunos ejemplos? Como en algún otro lugar he citado, si por algo se ha distinguido Rajoy es por limitarse a ser un alumno aventajado del Instituto Pierre Menard, la novela de Roberto Moretti ambientada en un colegio en el que se enseñaba a decir que no a más de mil propuestas, algunas de ellas irresistibles. Nada se espera de él, salvo su rechazo tajante.

De lo anterior no cabe deducir que los socialistas hayan ni de lejos equilibrado la partida, que sigue como esos viejos problemas de ajedrez que anunciaban el mate en tres jugadas. Pero han movido ficha, para desconcierto de sus contrincantes, que ya celebraban su victoria con champán francés, y lo habrían hecho con cava si sus escarceos con CiU se hubieran concretado ya en desenfrenado ayuntamiento carnal.

La irrupción de Rubalcaba como hombre fuerte del Ejecutivo y potencial delfín tiene otras derivadas para el PP, que contaba con que el rival electoral de Rajoy sería un Zapatero, desacreditado ante la opinión pública y antes sus potenciales votantes. La sola posibilidad de que sea otro el candidato, una incógnita que ahora sí tiene sentido no despejar, podría servir para movilizar a parte del electorado que ha dado la espalda al PSOE y del que se nutre la distancia que los populares mantienen en las encuestas. Súmese a esto los réditos que ofrecería un eventual final del terrorismo de ETA, del que cada día se está más cerca, y una leve mejoría de la situación económica, especialmente del desempleo, y se confirmaría que, para desesperación del PP, aún hay partido por disputar.

El PSOE tiene ante sí pruebas durísimas tanto en las elecciones catalanas de noviembre como en las municipales y autonómicas de mayo, donde las previsiones apuntan a un varapalo histórico. Lo que ha cambiado desde este pasado miércoles, cuando se conoció el nuevo Gobierno, es su actitud. Ahí residen sus esperanzas, que serían muy escasas si el PP dejará de limitarse a recoger el descontento y, sin que sirva de precedente, tratará de encantar con sus alternativas. Ni Zapatero está muerto ni es de esperar que el PP haga el canelo cuando tiene todo a su favor, aunque ninguna de las dos cosas son descartables, tal es el nivel de esta política nuestra de cada día.

Catalanes en Madrid
Xavier Pericay ABC  23 Octubre 2010

Entre los muchos divertimentos a que se entregan las cabezas pensantes catalanas cada vez que a un presidente del Gobierno le da por cambiar de equipo —o, si lo prefieren, por provocar lo que en los años treinta se llamaba, sin veladura alguna, una crisis—, está el de contar los ministros según su lugar de origen. Tantos andaluces, tantos gallegos, tantos vascos, tantos madrileños y, por supuesto, tantos catalanes. De semejante recuento se sacan luego conclusiones. Se dice, por ejemplo, que el País Vasco no había estado nunca tan bien representado. O que Andalucía mantiene su cuota. Y se dice, claro —y ahí duele—, que Cataluña ha perdido peso, en la medida en que ha pasado de tener dos ministros a tener uno solo.

Por supuesto, esa clase de análisis, en el que rivalizan los partidos políticos y los medios de comunicación, es propio del (o)caso español. En ningún país mínimamente serio se analiza una crisis de gobierno en función del lugar de origen de los ministros entrantes y salientes. ¿Se imaginan algo parecido en Alemania? ¿O en el Reino Unido? ¿O en los mismísimos Estados Unidos de América? ¿Verdad que no? Entre otras razones, porque estos países —cada uno según sus características— ya disponen de órganos de representación territorial, y es en estos órganos, y no en el Gobierno de la Nación, donde se supone que deben tratarse cuantos asuntos afecten a una parte —la que sea— del todo. El Gobierno de la Nación está para otros menesteres. De ahí que quienes integran cada gabinete hayan sido elegidos por sus obras y no por el gentilicio. Y de ahí también que a nadie se le ocurra interpretar la presencia de tal o cual individuo en un determinado ministerio como la prueba evidente del peso de una región en el conjunto del Estado.

En España, sí. En España el Estado se asemeja cada vez más a una sombra. La división territorial y el constante desguace de la Nación —esto es, el interminable proceso de transferencia de competencias a las Comunidades Autónomas— llevan a la propia clase política y a los analistas de turno a evaluar los cambios de gobierno en clave territorial. Cuanto mayor sea el número de andaluces, madrileños, vascos o catalanes presentes en el Gobierno, mayor será la influencia que la correspondiente región podrá llegar a alcanzar en la política futura. Que esos nuevos ministros valgan o no para lo que han sido nombrados a nadie parece importarle.

Y es que en nuestro Estado de las Autonomías ya sólo cuenta lo estrictamente particular. O sea, las Autonomías, así tomadas de una en una.

Bertín Osborne se suma a Sergio Ramos y pide que no le pregunten en catalán
'¡Josep, macho, háblame que me entere', respondió entre risas el cantante a la pregunta de Josep Cuní
 www.lavozlibre.es 23 Octubre 2010

Madrid.- Bertín Osborne y Sergio Ramos ya tienen algo más en común aparte de su apego a Andalucía. Pero, desde esta semana, algo más los une. Ambos han mostrado públicamente sus discrepancias cuando han escuchado a un periodista formular una pregunta en catalán.

Ocurrió durante una entrevista al cantante en el programa ‘Els Matins’ de TV3. Para que la entrevista pudiera salir adelante, Bertín pidió realizarla en castellano. Así se hizo y el programa transcurría con la mayor normalidad posible, cuando llegó el momento del comentario.

Estaban hablando sobre la situación de Venezuela, de donde es la mujer de Bertín, cuando el periodista Josep Cuní recibió el turno de palabra y realizó una pregunta en catalán. A lo que el cantante respondió: ¡Josep, macho, háblame que me entere”, respondió mientras sonreía. “¿Qué has dicho?”, le preguntó para que le respondiera.

Entonces, Cuní le respondió: “Cuando vivías en Andalucía lo entendías todo, te fuiste a Madrid y ya no entiendes nada”. El resto de la entrevista ya fue en castellano. Se ha de reconocer que, en todo momento, hubo un ambiente distendido en el plató.

A lo largo de su trayectoria, Bertín Osborne se ha mostrado crítico en varias ocasiones con la política lingüísitica en Cataluña, así como con la prohibición de las corridas de toros.

 

 
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Acertijo de Otegui y Rubalcaba
TOMÁS CUESTA ABC 23 Octubre 2010

DICE el presidente del Gobierno de España que «los pasos de la izquierda abertzale no van a ser en balde». Él sabrá de lo que habla, suponiendo que, a estas alturas del partido tal y como está el patio, al señor Zapatero le importe lo más mínimo lo que significan las palabras. Con que resuenen, vale. De ahí que en la párvula retórica que caracteriza al personaje, aquel «enigma histórico» que Sánchez-Albornoz puso sobre el tapete hace cincuenta y tantos años, haya acabado siendo un acertijo tenebroso, una grosera adivinanza. ¿Qué fue antes? ¿El huevo o la gallina? ¿Otegui o Rubalcaba?

Pasos de danza, en todo caso. Un «Pas à deux» que escenifica hasta qué punto nos toman por idiotas y se ríen en nuestras barbas. El domingo pasado, un diario madrileño nos despertaba con gran entrevista río a Arnaldo Otegui en la cárcel. Ningún juez dice haberla autorizado. Pero, ¿para qué necesitamos a los jueces, si tenemos al inefable Rubalcaba? El de Batasuna aclaraba allí lo esencial de su viraje: si ETA vuelve a matar, tendrá que oírnos. Y uno se imagina a los de la artillería tiritando de miedo: ¡hay que ver qué cosas más tremendas se le ocurren al camarada Otegui! El miércoles Zapatero cambiaba su gobierno. Para trocarlo en un Gabinete de Guerra sin cuartel contra el mayor enemigo de una salida «justa y honorable» al drama personal del abertzalismo vasco. O sea, contra el PP, en primera instancia, y contra cualquiera que le plante cara. Al frente de ese Gabinete, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien ese mismo día disponía la puesta en libertad —o casi— del más conspicuo ideólogo de ETA en los dos o tres últimos decenios: Luis Álvarez Santacristina, alias «Txelis».

Demasiadas coincidencias, claro. O, mejor dicho, oscuro, puesto que en la política no hay casualidades sino causalidades: las sólidas determinaciones políticas que exigen que sea el inquietante ministro del Interior y ahora vicepresidente primero quien tome el timón de las negociaciones. Rubalcaba es el hombre adecuado para llegar a un acuerdo político con ETA, por la misma razón por la cual lo era, en los años de sangre del felipismo, el luego presidiario Rafael Vera: ambos conocían las no siempre luminosas claves de un combate hecho de iguales ferocidades. Vera y Txomin eran, en Argel, dos fuera de la ley pergeñando acuerdos con las pistolas encima de la mesa. Vera y quien sea que haya de hacer de Txomin ahora, serán la constancia final de que, llegado un cierto punto, a todos interesa hacer punto y aparte.

¿Zapatero? No hay principio que interfiera el actuar del presidente. Traicionó a los aliados en Irak, porque juzgó electoralmente rentable aquel gesto. Transubstanciará ahora a los criminales en combatientes, a los mafiosos en guerreros, si juzga que tal cosa le ayuda a evitar —aunque sólo fuera en parte— el más clamoroso desmoronamiento electoral de un gobernante español en democracia. Legitimar el horror, cambiarlo en patriótico honor de combatientes —aun si errados— por la patria vasca, no es un precio excesivo. La paz da sentido a aquel espanto, que dejará de llamarse asesinato para ser retrospectivamente llamado guerra.

Y, sí, algo confirma todo este juego de ficciones entre ridículas y crueles: Mayor Oreja —que anticipó toda esta historia— está loco. Con aquella locura con la cual Apolo castigó a Casandra: conocer el futuro y no poder hacer nada para evitarlo. A eso llamaban los griegos tragedia.

Estrategia inequívoca
Sorprende el doble lenguaje del Gobierno frente a ETA y la izquierda abertzale
EDITORIAL El Correo 23 Octubre 2010

La profunda remodelación a la que Zapatero ha sometido a su Gobierno ha ido acompañada de una declaración del presidente excesivamente aventurada y magnánima con la evolución que parece experimentar la izquierda abertzale, señalando que sus pasos «no van a ser en balde». Unas palabras cuyos efectos quiso corregir ayer el vicepresidente y titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, advirtiendo de que la política antiterrorista no cambiará un ápice, horas después de que la Policía Nacional desmantelara la dirección de Segi. Rubalcaba reiteró que la izquierda abertzale solo tiene dos opciones para concurrir a próximos comicios: o convence a ETA de que abandone las armas o rompe con la banda. Es posible que, como ocurrió incluso después del atentado de la T-4, tengamos que asistir a nuevos episodios de doble lenguaje entre el presidente, tan proclive a mostrarse optimista también respecto al futuro inmediato de la izquierda abertzale, y el mensaje de Rubalcaba, más exigente.

La primera obligación del Gobierno es dirigirse a la ciudadanía con mensajes inequívocos, evitando situaciones que puedan desconcertar a la opinión pública. Si, como ayer manifestó el vicepresidente Rubalcaba, el cometido principal del nuevo equipo es mejorar la comunicación de lo que pretende el Ejecutivo debería comenzar por este delicado problema. Si nos remitimos a los hechos, parece evidente que, desde la sangrienta ruptura de la última tregua de ETA, la actuación del Gobierno, contando con la anuencia general del arco parlamentario, trata de empujar a la banda terrorista a su pronta disolución, y a la izquierda abertzale a comprometerse activamente con el desarme etarra. La democracia brinda un marco de expresión y representación suficientemente amplio como para que el Ejecutivo se enrede con esfuerzos extraordinarios para convencer a quienes no acaban de asumir los principios del pluralismo, la tolerancia y la Ley, hasta el punto de que siguen negándose a condenar el terror. Al Gobierno, como poder ejecutivo del Estado de Derecho, corresponde impedir la vulneración de las normas de convivencia.

Sobre la sociedad civil, la casta política y otras hierbas
Eduardo ArroyoEl Semanal Digital 23 Octubre 2010

¿Qué es la sociedad civil? Entre los dogmas liberales y los "progresistas" no hay quien encuentre respuesta. Y es que la polémica está más que servida con las tesis al respecto.

Un grupo de amigos debaten sobre un interesante artículo de Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona, publicado hace ya algún tiempo –el 14 de enero último- bajo el título La verdadera sociedad civil, en La Vanguardia. El artículo da qué pensar porque a mi entender es fundamentalmente falso acerca de un tema que forma parte del universo ideológico de moda. Me refiero a la "sociedad civil" y a su relación dialéctica con el Estado. El asunto constituye una de las temáticas centrales de numerosos intelectuales, especialmente, de la ideología liberal. Así, De Carreras contrapone a la definición aristotélica y ciceroniana de "sociedad civil", la más actual y, en su opinión, certera de Jürgen Habermas.

Mientras que para los clásicos, la sociedad civil era el conjunto de los ciudadanos que participaban de la gestión de los asuntos públicos, para Habermas, la sociedad civil "está compuesta por todas aquellas organizaciones y grupos sociales que pueden configurar la opinión pública libre y que sin ejercer poder jurídico alguno tienen capacidad para crear consensos sociales que influyan y condicionen las decisiones de los poderes públicos". Por otro lado, la sociedad política "está compuesta por el conjunto de poderes públicos, es decir, aquellas instituciones con capacidad de tomar decisiones jurídicas y, por tanto, coactivas y vinculantes".

La tesis central de De Carreras es que, la sociedad política, con el "intervencionismo" a base de subvenciones o simples prestaciones –como por ejemplo, el "Estado de Bienestar"- condiciona de manera creciente la autonomía de la sociedad civil, de modo que ésta acaba adoptando como propios los intereses de la esfera política. Para De Carreras, "el Estado social, el actual Estado de bienestar, es un poder público cada vez más intervencionista, lo cual comporta que las instituciones, asociaciones y empresas que componen la sociedad civil estén cada vez más reguladas, sus actividades cada vez más sometidas a autorizaciones y condicionadas por las subvenciones que reciben". De Carreras aduce el ejemplo de la carta amenazante, en tono mafioso siciliano, enviada por José Montilla a sus funcionarios de la Generalitat para que mostraran su disconformidad con la sentencia del Estatut.

Con casos como el de Montilla, De Carreras apuntala su argumento de que la sociedad civil "está en otra parte" y esa parte, concretamente, "está en el hombre de la calle, aquel que no depende de las administraciones, que no necesita ni una subvención ni una autorización por parte de estas. Pero me temo que estos ciudadanos tienen escasos cauces de expresión que les permitan influir, sólo les queda el voto en las elecciones".

La conclusión final es que "la verdadera sociedad civil se abstiene y el poder político está en manos de una coalición entre la sociedad política y la falsa sociedad civil". El resultado es un "problema para la democracia".

Sin quitarle a De Carreras su parte de razón –básicamente, que la casta política se conduce como un montón de bandoleros chantajistas-, es bien poco lo que hay que reconocerle. El problema de artículos como éste es que son tan discutibles en sus premisas que la conclusión acaba siendo severamente parcial o escasa.

El error central de De Carreras está en aceptar sin crítica apenas la idea de Habermas acerca de la sociedad civil. Concretamente, en creer que ésta se compone de aquellos que "sin ejercer poder jurídico alguno tienen capacidad para crear consensos sociales que influyan y condicionen las decisiones de los poderes públicos". Me pregunto si en esa "sociedad civil" están o no los bancos, los think tanks y las grandes corporaciones que propician situaciones que acaban, no solo condicionando, sino doblegando al poder jurídico. El dogma liberal dice que solo se produce influencia y restricción de la autonomía –"intervencionismo"- desde el Estado sobre la sociedad civil (sociedad civil según su peculiar manera de entenderla). En ningún momento se discute si hay o no influencia contraria: por ejemplo, cuando un partido político –que puede acabar gobernando el Estado- es deudor de todo su patrimonio a los dueños del dinero que le han financiado su campaña electoral, ¿hasta que punto un gobierno salido de ahí es libre de ejercer una cierta crítica sobre el poder económico? O bien, cuando las grandes empresas transnacionales "deslocalizan" su producción a países "emergentes" y provocan en Occidente miles de despidos, generando miles de dramas que acabamos pagando todos, ¿quién influye sobre quién? Como caso más paradigmático aún, ¿quiere alguien explicarme de qué Estado ha nacido los trascendentales cambios operados en la moral sexual, la concepción de la familia o la normalización social del aborto? Desde la Escuela de Frankfurt a la Rockefeller Foundation, los Estados se han limitado a apoyar o imponer ideas y revoluciones que se han gestado al margen de su influencia.

La definición de sociedad civil que De Carreras da por buena no distingue entre esas personas que, no son miembros de la sociedad política pero que, merced a la economíaa o a la subversión ideológica, acaban ejerciendo un poder que desafía al Estado. Por eso es falso afirmar que "el conjunto de ambas esferas sociales, la civil y la política, expresan los deseos y las aspiraciones del conjunto de la sociedad". De hecho, existe un brutal choque de intereses entre aquellos cuya finalidad principal es el lucro económico o la hegemonía ideológica y el pueblo mismo junto con aquellos cuya finalidad principal debería ser servir al pueblo.

En esto los liberales no distinguen entre la subversión del Estado y el fin natural del Estado. Para ellos el Estado es intrínsecamente perverso y para combatirlo a veces no se distinguen esencialmente del radicalismo anarquista. Toda acción del Estado es sospechosa de "intervencionismo" y por eso están dispuestos a vaciarle de poder y a entregarlo en manos de instancias que existen solo para sí mismos y cuyo interés en el bienestar del pueblo es meramente coyuntural. De Carreras parece adivinar algo de esto cuando explica que "una cosa es el Estado" y "otra cosa es la sociedad organizada, es decir, aquellas instituciones, grupos sociales y asociaciones de naturaleza privada, especialmente las de relevancia económica y cultural, con capacidad de influencia en los poderes públicos".

No obstante no entra a fondo en la crítica y tampoco se pregunta en qué consiste eso de la "sociedad organizada", quién la organiza o para qué. De hecho, no sé hasta que punto todas esas entidades pueden reclamar ser "la sociedad". Más aún en el caso de las "asociaciones de naturaleza privada, especialmente las de relevancia económica y cultural", que suelen ser de carácter notablemente restringido. Hablar en estos términos de "el conjunto de la sociedad" resulta, cuando menos, algo grosero.

Por todo ello, aducir a estas alturas que la sociedad civil está en "el hombre de la calle" porque "no necesita una subvención" es aportar bien poco. Sería más importante señalar, en primer lugar, que el Estado tiene por único fin y por exclusiva razón existencial perpetuar el bienestar y la existencia del pueblo al que sirve. Que haya dejado de ser lo que es –es decir, un mero instrumento técnico- y que se haya subvertido en sus fines es otra historia.

En segundo lugar, es importante subrayar que existen fuerzas de carácter privado que manipulan a los Estados y condicionan las opiniones, que imponen y ensalzan unas ideologías y cercenan y aplastan otras. Por último, contraponer de manera inapelable "Estado" y "pueblo" –"ciudadanos", en el lenguaje liberal- es un radical absurdo que, paradójicamente, conduce primero a la indefensión del pueblo y luego a la esclavitud del mismo, a manos de instancias de poder de carácter privado que los liberales rara vez critican.

En España, la radical revolución en las costumbres y en los modos de entender el mundo no han sido más que apoyadas desde el Estado, pero no han nacido precisamente allí. Mucho antes, los grandes cambios se han operado en las conciencias. No queremos decir que un Estado subvertido no tenga papel en lo que está ocurriendo. Pero creemos que es más útil centrarse en dirimir la tremenda lucha por las ideas y por la concepción del mundo que, en el Estado o fuera de él, se está librando ahora. De su resultado depende nuestra misma existencia como pueblo e incluso como personas.

Galaxia abertzale
El polo soberanista se ha diluido porque la izquierda abertzale, Aralar y EA necesitan de la compañía del PNV para recuperar su particular identidad
KEPA AULESTIA El Correo 23 Octubre 2010

El logro de la paz continúa siendo un factor de especulación política, incluso ahora que el problema del terrorismo puede darse por amortizado. Una frase pronunciada por un Zapatero eufórico tras la remodelación de su gobierno -«los pasos de la izquierda abertzale no van a ser en balde»- ha sido suficiente para reabrir la polémica sobre si nos encontramos ante un cambio de estrategia, o si el presidente se dejó llevar por su 'buenismo'. Lo cierto es que los socialistas han dejado de lado el mensaje de que «todo es ETA» para dispensar un trato diferenciado a lo que representa Rufi Etxeberria respecto a la banda terrorista. El único riesgo que corren con esta variación de rumbo es que se adelanten demasiado a los acontecimientos. Pero para eso está la modificación de la legislación electoral, estrechando la puerta de acceso por la que la izquierda abertzale tendría que recuperar la legalidad.

La pregunta crucial no es si el Estado de Derecho va a flexibilizar sus criterios para permitir que la izquierda abertzale concurra a las elecciones locales y forales. La cuestión es si lo que queda de ETA está tan mellado como para permitir que la izquierda abertzale se someta a la Ley. En otras palabras, si ETA está tan debilitada que no se siente con fuerzas para disputar a los dirigentes de la izquierda abertzale el liderazgo sobre su mundo. En caso contrario, tratará de impedir que la izquierda abertzale vuelva a la legalidad, que sería tanto como concederle la dirección del MLNV. Si el Gobierno de Zapatero y Rubalcaba quisiera realmente incorporar a la izquierda abertzale a los comicios del próximo mes de mayo, mejor haría en mantener el listón de sus exigencias tan alto que obligue a los herederos de Batasuna a esforzarse en soltar amarras respecto al pasado etarra. Si no, sólo conseguirá el envalentonamiento de sus bases, dispuestas a renunciar a los cargos públicos con tal de no pasar por el aro de la legalidad.

Las cosas se mueven, claro que sí. Pero no necesariamente hacia adelante. Más bien describen movimientos circulares. La izquierda abertzale necesita compañeros de viaje para acabar con la inercia etarra sin romper con ETA. Son los que le sirvieron de excusa en el reciente Acuerdo de Gernika para demandar ventajas penitenciarias para los presos -tema tabú hasta entonces- y tratar así de contener la vía de agua provocada por Rubalcaba con su listado de beneficiarios. Etxeberria necesita contar con masa crítica entre los presos para hacerse valer en ETA, y para ello está obligado a ofrecer expectativas personales más dignas que la del entreguismo a los señuelos de Instituciones Penitenciarias.

La izquierda abertzale necesita socios que le faciliten el despegue. En verano esos socios parecían conformar un polo soberanista conjurado para disputar al PNV la hegemonía del nacionalismo. Pero en otoño las cosas han cambiado. Tras el Acuerdo de Gernika y la exhibición de EH Adierazi en la manifestación del pasado 2 de octubre, los integrantes del citado polo y Aralar requieren la participación del PNV en el 'proceso', vocablo con el que cada cual trata de confundir sus intenciones. Precisan mayor fuerza para avanzar, aunque no sepan hacia dónde. Pero, sobre todo, la izquierda abertzale, Aralar y Eusko Alkartasuna sienten la angustia de encontrarse solos y sin la cómoda compañía jeltzale. Porque la exclusión del PNV en nombre de un soberanismo pretendidamente auténtico les obligaría a unirse, dejando de lado sus diferencias de origen e integrándose en un magma al servicio de los seguidores de Rufi Etxeberria.

Paradójicamente, la compañía del PNV, aunque sea puntual y condicionada, permite a cada cual remarcar su presencia en ese todo difuso del 'proceso'. Bajo la sombra de Egibar, a Zabaleta se le hace más llevadero soslayar el debate sobre si, en buena lógica, Aralar debiera integrarse en una izquierda abertzale desarmada para la que nació. Bajo esa misma sombra, a Pello Urizar le resulta más fácil escabullirse de los compromisos contraídos para garantizar la presencia de la izquierda abertzale en los comicios de mayo. Y qué decir de la propia izquierda abertzale ante el momento decisivo de registrarse como partido nuevo, con estatutos semejantes a las formaciones parlamentarias, y con candidaturas que pudieran atravesar el múltiple filtro de la legalidad. La compañía del PNV, aunque sea puntual, le liberaría del compromiso de tener que acordar algo con EA y le permitiría cuestionar abiertamente la razón de ser de Aralar.

Claro que el astro dominante, el PNV, tiene algo que decir. Se mostró indignado ante su exclusión del polo soberanista. Pero está sabiendo contener su enojo con la esperanza de que le rente más la unidad de inacción en la que se convertiría el reencuentro de toda la galaxia abertzale. Al margen de las apariencias, hoy ni el PNV, ni EA, ni Aralar están interesados en que la izquierda abertzale vuelva a ser legal de cara a las próximas elecciones locales y forales. Es lo que deja en nada el ofrecimiento de Urkullu a Zapatero para mediar ante la izquierda abertzale o ante ETA. Ni la una ni la otra necesitan del PNV para hablar con el Gobierno. Si acaso necesitan del PNV para librarse de la pegajosa compañía de Eusko Alkartasuna y de Aralar que, por otra parte, también precisan desentenderse de la suerte que el Estado de Derecho le depare a la izquierda abertzale.

Cataluña / EL OASIS CATALÁN
El fútbol como metáfora
MIQUEL PORTA PERALES ABC Cataluña 23 Octubre 2010

Otro contratiempo en el llamado oasis catalán. En síntesis: el ex presidente del Barça podía haber incurrido en presuntas irregularidades contables y en presunto derroche de recursos. Quizá se trate de una disputa contable. O quizá no. En cualquier caso, resulta sorprendente el dinero gastado en detectives, viajes, regalos o refrigerios. Resulta sorprendente la compra de terrenos a sobreprecio. Resulta sorprendente el precio pagado y cobrado por la compraventa de jugadores que entran y salen del club. Resulta sorprendente, en fin, el hiato existente entre los ingresos y los gastos. Veremos cómo acaba la cosa.

Más allá del resultado de la auditoria y la demanda civil interpuesta, el «caso Laporta» —me tomo la licencia de utilizar el fútbol como metáfora de la política— desvela algunas características de la política catalana. Dos, por ejemplo. En primer lugar, el exceso de gasto. En segundo lugar, el victimismo. Al parecer —a la vista de la auditoria—, la política del ex presidente barcelonista, además de por los excelentes resultados deportivos, se ha caracterizado por su coste desmesurado. Se ha gastado mucho más de lo ingresado. Y eso, en una época de crisis galopante, resulta difícilmente aceptable. Si del Barça pasamos a la Generalitat, ¿les suena esa falta de austeridad? El dato del Banco de España, correspondiente al primer semestre de 2010, habla por sí mismo: Cataluña, con 29.503 millones de euros, es la Comunidad Autónoma más endeudada de España. Y la analogía entre el Barça y la política continúa. Veamos. ¿Por qué el presidente Sandro Rosell impulsa —aunque se lave las manos en la asamblea de compromisorios: ¡menuda incoherencia!— la demanda civil? Porque, si firma las cuentas de Joan Laporta, si finalmente la auditoria que señala que hay un déficit de ochenta millones de euros responde a la realidad, será Sandro Rosell quien responda personalmente de dicha deuda. Volvamos otra vez a la Generalitat. ¿Una preocupación de Artur Mas? La herencia de una deuda tripartita —aumentada ahora por los bonos de la Generalitat— que su gobierno —si finalmente CiU llega al Govern— deberá afrontar, gestionar y pagar.

Del exceso de gasto al victimismo. ¿Cuál es la reacción del ex presidente del Barça ante la demanda civil interpuesta? Todo un clásico en Cataluña: victimización y teoría de la conspiración. No hace falta ser un lince para llegar a la conclusión de que la victimización y la teoría de la conspiración es también una moneda de circulación corriente en el mercado de la política catalana. Si a Joan Laporta, ex presidente del Barça le hostigarían por independentista, a los políticos catalanes —a Cataluña, dicen— les acosarían —sigue el victimismo— por mil y una razones a gusto del consumidor. Para bien y para mal, parece que el Barça sigue siendo más que un club.

Y ahora, ¿qué? Nada más y nada menos que la normalidad democrática. El ex presidente Joan Laporta —si es requerido a ello— debe dar las explicaciones pertinentes. Y el nuevo presidente del club, Sandro Rosell debe corregir los excesos —si finalmente los hay, cosa que parece probable— de su predecesor. Algo semejante debería hacer el Govern saliente de la Generalitat con sus cuentas. Y, por supuesto, el Govern entrante de la Generalitat —sea cual sea su color— debería impulsar una política caracterizada por su austeridad. ¿O es que los catalanes hemos perdido el seny?

CEIP Bonavista de Tarragona: circulares en catalán y árabe, pero no en español.
Queja formal ante los servicios territoriales de la Consejería de Educación de la Generalitat
Europa Press  www.lavozlibre.es 23 Octubre 2010

Tarragona.- Una circular en catalán y árabe dirigida a los padres del tercer curso de Primaria del colegio público CEIP Bonavista de Tarragona ha provocado quejas de algunos progenitores de alumnos. Esos mismos padres ha tratado de ser atendidos en español a lo largo de años, pero jamás lo han conseguido. Nunca las cartas les han llegado en castellano.

En Cataluña, la legislacióin de la enseñanza no permite que los centros escolares usen el castellano como lenguia de nseñanza, ni siquiera de contacto con los padres. Cuando los profesores han de dirigirse a los padres en castellano, porque estos no entienden catalán, los hijos no pueden estar presentes para que esa 'excepción' no se extienda a ellos y sigan viendo a su profesopr como monolingüe catalán. Son numerosas las quejas de los padres, aunque desde la Generalitat tratan de desactivarlas diciendo que son 'casos únicos'. La persecución y la discriminación lingüística en Cataluña es un hecho tan extendido que casi toda la población lo ha asumido como algo normal. En ningún lugar del mundo la lengua oficial, conocida por el cien por cien del la población (el español), no es usada en la enseñanza.

La misiva, que no está escrita en castellano, ha levantado incluso la queja formal ante los servicios territoriales de la Consejería de Educación de la Generalitat, que han declinado valorar el incidente.

La directora del centro educativo, Josefina Garriga, ha explicado que fue un "hecho excepcional", y que habitualmente las comunicaciones a los padres se realizan en catalán. "A los tutores les pareció una buena idea la traducción al árabe para fomentar la participación de las madres de origen magrebí, aunque sé que algunas madres se molestaron", ha dicho.

"Se les explicó en la reunión convocada por esa circular el porqué del texto en árabe, pero algunas familias no acudieron y prefirieron quejarse directamente", ha añadido. Garriga ha destacado que ni la asociación de padres ni el consejo escolar, a los que se les explicó el espíritu de esta iniciativa, le han dado mayor relevancia.

Este año se han matriculado en el CEIP Bonavista -situado en un barrio del sur de Tarragona- casi un centenar de alumnos marroquíes, sobre un total de 478 alumnos. Los porcentajes de inmigrantes varían según los cursos y las clases y oscilan entre un 20% y un 40%. En Bonavista, alrededor del 60% de los habitantes del barrio son de ascendencia andaluza, familias llegadas con la primera inmigración, y cíclicamente se han reproducido algunas tensiones sociales por el uso del catalán, por ejemplo, en el callejero.
 

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