AGLI

Recortes de Prensa   Viernes 5 Noviembre  2010

 

En España envidiamos a Obama
Francisco Rubiales Periodista Digital 5 Noviembre 2010

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, tras reconocer en público la lección que el pueblo acaba de darle en las urnas, ha asumido su responsabilidad, ha tendido la mano a la oposición y ha apelado a la defensa colectiva de la nación, argumentando que los Estados Unidos están por encima de los partidos políticos, del Congreso, de la Presidencia y de la misma política. El mundo entero pudo contemplar ayer a un presidente respetable, que asumía, con dolor y entereza, el varapalo que le ha dado la sociedad americana en las urnas.

En España, donde la crisis es todavía más dura y sus efectos más devastadores que en Estados Unidos, con las calles llenas de desempleados y de nuevos pobres, donde la sociedad, destrozada por el mal gobierno y la imbecilidad de los que mandan, tiene muchas más razones que la de Estados Unidos para dar una severa lección a Zapatero y a su gobierno, sentimos envidia de Obama y del pueblo americano, que al menos cuenta en la crisis con un presidente sensato, que es persona, que tiene humildad y entereza suficiente para asumir sus responsabilidades y rectificar.

La realidad es dura y palpable. Estados Unidos y España están en diferentes escalas de democracia y de grandeza. Allí existe un pueblo capaz de reaccionar y de castigar a un presidente tras haber gobernado mal durante sólo dos años, mientras que en España, después de cuatro años de desastres políticos, de arrogancia, errores y mentiras, el pueblo español, obtuso y envilecido, votó de nuevo en 2008 al mequetrefe y le otorgo, protagonizando un lamentable suicidio colectivo, cuatro años más de poder para que el inútil y nefasto Zapatero culminara la sucia tarea de destruir la prosperidad y la grandeza de una nación.

Todavía hoy, tras haber padecido los seis peores años de gobierno de su historia moderna y haber retrocedido en todos los ámbitos, con cinco millones de parados, millones de pobres y gente triste y desesperada deambulando por las calles, existe una manada de cretinos que siguen apoyando el drama de un gobierno que se sostiene sobre la mentira, que no tiene ideas ni grandeza para hacer frente a la crisis, que sigue esparciendo la ponzoña del optimismo falso, a pesar de que la decadencia y la destrucción avanzan, que continúa comprando votos con dinero público, ocultando información a los ciudadanos, mintiendo, despilfarrando, castigando a los ciudadanos con nuevos impuestos, destruyendo el Estado de Bienestar, proyectando desde el poder público un asqueroso ejemplo de corrupción y demostrando en cada instante que no merece gobernar a su pueblo ni un instante más.

Nadie en España ha escuchado jamás a Zapatero asumir, como ha hecho Obama, sus terribles responsabilidades. Nadie en España ha visto como el presidente, ante la enorme fuerza destructiva de la crisis, tiende la mano a la oposición para, juntos, hacer frente al monstruo. Aquí sólo se percibe arrogancia, apego al poder, amor por la mentira y la trifulca, obsesión por acumular privilegios y tozudez a la hora de despilfarrar y de persistir en los errores. Zapatero, desde su soberbia torpe, con las uñas clavadas en su poltrona, se niega a reconocer que el pueblo le dice, a través de las encuestas, que ya no se fía de él (80 por ciento) y que se marche.

La diferencia entre Estados Unidos y España radica en dos elementos claves: la primera es que allí existe un pueblo soberano y educado en democracia, capaz de castigar los errores y fallos de los poderosos, mientras que aquí las manadas de borregos ciegos, sectarios y fanatizados siguen dominando la pradera; la segunda es que allí existe un presidente que es persona, que respeta las reglas de la democracia y que conserva la sensatez y la sensibilidad política, mientras que aquí únicamente tenemos a un mequetrefe arrogante en el poder.

¡Pobre España!
Voto en Blanco

España, estancada
Editoriales ABC 5 Noviembre 2010

Los problemas del Gobierno no le venían por explicar mal lo bien que lo hace contra la crisis, sino porque no hay nada nuevo, ni bueno, que comunicar

EL fin de 2010 se encara sin atisbo de indicios fiables de recuperación económica, con el paro en aumento y la confianza de los ciudadanos en claro retroceso. La reducción del déficit es el único dato al que puede acogerse el Gobierno para rebajar la crítica a su política económica, pero siempre que no se profundice en las causas de esa reducción, limitadas a un incremento de los impuestos y a un cerrojazo en la inversión pública. El Estado no recauda más porque haya más actividad, sino porque saca más dinero a los ciudadanos e inyecta menos fondos en el sistema. El desempleo ha vuelto a crecer en octubre, con una nueva merma de afiliados a la Seguridad Social.

Los informes y análisis procedentes de expertos e instituciones, incluso los que conceden algún beneficio a la gestión del Gobierno en la lucha contra el déficit, coinciden en situar a España en el suelo de la crisis, pero para permanecer en él durante mucho tiempo. La buena noticia no es que la crisis ya no tiene tanta fuerza; tendría que ser que estamos saliendo de ella. El Gobierno se consuela diciendo que en octubre hubo menos desempleados que en octubre de 2009 o de 2008.

Pobre consuelo si se tiene en cuenta que, al estar en un 20 por ciento de tasa de paro, la destrucción de empleo necesariamente tiene que ralentizarse. Es el discurso de la resignación y la impotencia, un discurso que, además, evidencia la operación de maquillaje de la última crisis de Gobierno. La nueva estrategia de comunicación frente a la crisis ha durado lo que ha tardado en publicarse la estadística del paro registrado en el INEM. Pasado el efecto sorpresa, si así pudiera calificarse, de los nuevos nombramientos, la comunicación del Gobierno ha vuelto por donde solía: a los mensajes tópicos que avisan por enésima vez de que ha empezado la recuperación de la economía y de que, otra vez, se atisba el final del «ajuste» en el mercado laboral. Eufemismos pueriles.

Al final, los hechos han demostrado que los problemas del Gobierno no le venían por explicar mal lo bien que lo hace, sino porque no hay nada nuevo, ni bueno, que comunicar a los españoles. Economía estancada, Gobierno amortizado. Estos son los elementos de la ecuación que está dejando a España sin expectativas de recuperar los niveles de crecimiento económico, bienestar social y respeto internacional que Rodríguez Zapatero heredó en marzo de 2004.

6-N
Motivos más que suficientes
GEES Libertad Digital 5 Noviembre 2010

En esta segunda ronda de conversaciones con ETA, los socialistas quieren evitar el escándalo en que se vio envuelto Zapatero en la anterior negociación. A tal fin están blindando y protegiendo el proceso hasta la declaración final. A diferencia de 2006, no habrá anuncio público hasta que el pacto esté cerrado y bien cerrado y no existan riesgos de T4 o rebelión cívica. De ahí los continuos rumores sobre inminentes declaraciones, que se retrasan en busca de seguridad para ambas partes; para ETA, de lograr concesiones, y para el gobierno, para que éstas aparezcan al final del proceso, como inevitables y sin marcha atrás. Puesto que parte de la opinión pública considera que sólo habrá pruebas de los pactos cuando el Gobierno los reconozca, éste espera que sea definitivo. No habrá comparecencia de Zapatero para anunciar inicio de diálogo, ni debates parlamentarios. Todo en secreto hasta el final. Cuando eso ocurra no habrá marcha atrás, y por eso el Gobierno confía en mantener bajo control la información pública hasta ese momento.

En segundo lugar, con ETA más debilitada, el Gobierno no quiere dar imagen de 2006, de reconocimiento político de ETA. A tal fin, busca que públicamente los pactos aparezcan como la rendición o pseudorendición de la banda, y los lleva a cabo manteniendo cierta distancia con un Eguiguren otra vez lanzado y utilizando mediadores internacionales, que ETA acepta porque por fin logra internacionalizar el conflicto. El Gobierno quiere escenificar que es ETA la que se rinde, y por esa razón se golpea duramente a los más recalcitrantes etarras, mientras se otorga beneficio de favor a los más proclives a dejarlo, aunque sean tan asesinos como los primeros. Es decir: el Gobierno tratará de escenificar la negociación como si fuese ETA la que acude ante el Ejecutivo, aunque de hecho lleven meses negociando las contraprestaciones.

En tercer lugar, en 2005-2006 ETA y el PSOE llegaron a acuerdos políticos que suponían la voladura constitucional inmediata, desde arriba. Ahora de lo que se trata es de meter al brazo político de ETA en el sistema, para a medio plazo repetir la involución constitucional, pero desde una nueva mayoría izquierdista-nacionalista. No serán la cúpula de ETA y el Gobierno quienes rompan el ordenamiento jurídico, sino el PSOE y el brazo político de la banda, más las escisiones etarras y radicales asimilados (Aralar, NaBai, EA) quienes, desde una mayoría social, lo hagan abiertamente a medio o largo plazo. Los pactos políticos con ETA no serán de arriba abajo, sino de abajo arriba.

En cuarto lugar, el Gobierno es consciente de que la rebelión cívica hizo fracasar su intento anterior. Ha rectificado hábilmente en estos años: ha conseguido romper la alianza de partidos y asociaciones cívicas, dividir a la derecha navarra y unir el destino del PP vasco a Patxi López en un abrazo mortal. Además ha dividido a las víctimas y ha estrangulado movimientos cívicos. En cuanto al PP, se deja engañar, él mismo engaña o ambas cosas a la vez, por motivos muy poco confesables, pero ha sido él y no el Gobierno el que ha cambiado de actitud en esta legislatura. Con la actitud actual, ha dado definitivamente la espalda al legado de Aznar en materia antiterrorista.

Con el proceso controlado en secreto, con una ETA más débil y tentada a negociar a la baja, y unos pactos más sociales que políticos, tienen razón quienes dicen que esta vez sí puede ser la definitiva. En la lucha contra ETA ha habido Gobiernos malos y buenos, pero nunca ETA ha tenido enfrente a un gobierno dispuesto a entregar Navarra o romper la unidad nacional y humillar a víctimas vivas y muertas Con excepciones, la izquierda apoya esta política, lo que no es novedoso, porque ya lo hizo en 2006. Lo novedoso es que la derecha ha aceptado que se esté negociando con ETA sin poner el grito en el cielo.

¿Qué queda? Queda el maltratado pueblo español y la maltrecha nación, que es poco, pero algo. No es que esperemos demasiado de la España de Belén Esteban, Gran Hermano o La Noria. Pero hay una amplia minoría que no se resigna. El Tea Party comenzó en 2009 como un movimiento pequeño y espontáneo, despreciado y objeto de burla por parte del establishment político y mediático americano. Después comenzaron a temerle y acusarle de crispar, las risas dieron paso a los insultos y por fin la revuelta triunfó. Pero los partiers –amas de casa, fontaneros, camioneros y oficinistas–, no querían puestos en el Capitolio o programas de televisión. Salieron a la calle simplemente porque hacían lo correcto, sin importar quién se molestaba: hay principios y valores contra los que ningún partido –ni el propio– puede ir, y comportamientos políticos que no se pueden tolerar, se trate de perfidia o cobardía. Caiga quien caiga y pase apuros electorales quien los pase.

Si eso es cierto con los impuestos, lo es con más razón si hay crímenes de por medio. La negociación con ETA avanza, y etarras y socialistas están cerca del acuerdo. Así que aunque no guste a la clase política española, o justamente por eso, lo correcto es estar en Colón el sábado 6 a las 12.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

ETA
Rodríguez no ha cambiado de política
Pío Moa Libertad Digital 5 Noviembre 2010

La farsa política del PP alcanzó uno de sus máximos al felicitarse de que el Gobierno hubiera cambiado de línea hacia la ETA, tras la ruptura de las "negociaciones" (por iniciativa de la ETA, no de la otra banda), con la detención de numerosos terroristas y frustración de atentados. Superficialmente, parecería que Rodríguez volvía a la línea de Aznar, que, debe recordarse, desarticuló numerosas partidas de asesinos e impidió sus atentados mortales en su último año de Gobierno.

Sin embargo hay una diferencia clave, en la que han caído pocos analistas, despistados por la palabrería del PSOE y del PP: no es lo mismo detener a los etarras en la perspectiva de que vayan a cumplir sus condenas, que en la de sacarlos pronto de la cárcel convertidos en "héroes" populares. Y esta es la perspectiva de las actuales redadas, por cierto que conseguidas gracias a la labor policial previa de control e infiltración realizada en tiempos de Aznar.

Otra discusión bizantina gira en torno a si el Gobierno continúa las "negociaciones" (chanchullos, propiamente). Es prácticamente seguro que los contactos no han cesado, y ahora estamos viendo algo de ello. Y esto se entiende porque la visión política de Rodríguez es distinta, opuesta, a la de Aznar-Mayor Oreja. Estos buscaban la completa liquidación de la banda, mientras que Rodríguez ve en su "proceso de paz" el medio para debilitar la democracia (salida del franquismo) y la unidad de España, en las que no cree. El trabajo de los Gobiernos anteriores le dio la gran ocasión de completar la destrucción de la ETA, pero optó por lo que siempre han hecho la izquierda y los separatistas: sacar rentas políticas de la sangre. Porque, tampoco debe olvidarse, Rodríguez y De Juana Chaos o Josu Ternera comparten amplios principios ideológicos.

Por ello, y no por ningún error o autoengaño, el Gobierno proporcionó a la ETA la legalización de sus terminales, dinero público, proyección internacional, complicidad atenuando la acción policial y llegando al chivatazo directo al menos en una ocasión conocida, campañas de desprestigio contra cuantos exigían el cumplimiento de la ley, intentos de silenciar a la AVT (esto terminó lográndolo Rajoy), y el plan de convertir a las Vascongadas en otra "nación" o Estado más o menos asociado, al estilo del estatuto catalán (examinaré este con más detenimiento, ya que muchos creen que "no es para tanto"). Todas estas actividades son delictivas, constituyen la mayor colaboración que la banda armada ETA haya tenido en su historia, y precisamente cuando se encontraba acorralada. El Gobierno no se ha "equivocado" ni la ETA "le ha engañado". Rodríguez parte de una concepción general que orienta su política, con avances y retrocesos como ocurre siempre. El PP no tiene ninguna otra concepción que cuatro trivialidades económicas, para colmo populistas, y el deseo de ocupar poltronas. Así estamos.

Ello aparte, aún si el Gobierno hubiera rectificado su anterior colaboración –lo cual no ocurre de ningún modo–, la cosa no puede quedar ahí, como pretende el PP. Los daños causados a la integridad de España, de la democracia y del Estado derecho son de tal magnitud que sus autores deberían ir a los tribunales, como fueron algunos ministros y altos cargos de Felipe González por delitos mucho menores.

Zapatero quiere erradicar a los Zapatero
EDITORIAL Libertad Digital 5 Noviembre 2010

Quienes todavía no conocen la naturaleza exacta del zapaterismo siguen pensando que el Ejecutivo socialista trata desviar la atención del desastre económico en el que ha sumido a España mediante la adopción de medidas ideologizadas y polémicas. El conato de reforma de la Ley de Libertad Religiosa o la nueva Ley del Aborto son dos casos claros de políticas marcadamente sectarias que, en apariencia, buscaban crear una cortina de humo detrás de la que ocultar las vergüenzas del Ejecutivo.

Sin embargo, la hipótesis de que Zapatero les lanza un hueso a los españoles para que, mientras se pelean entre sí, él pueda concentrarse más tranquilamente en resolver los acuciantes problemas económicos no encaja demasiado bien con la realidad. Primero, porque la economía no ha parado de empeorar durante su mandato. Segundo, porque recientemente suspendió la aprobación de la Ley de Libertad Religiosa. ¿Por qué motivo renunciaría a semejante caramelo envenenado si su intención es mantener distraidos a los españoles en cuitas distintas de la economía?

La explicación es más bien otra: lo accesorio para Zapatero siempre ha sido la economía; y, en cambio, la razón de ser de su Gobierno pasa por impulsar la agenda izquierdista en todos los frentes. Lo que de verdad le sobra no es el Ministerio de Igualidad, sino el de Economía; cuestión distinta es que ahora mismo su debilidad política sea tan grande que se haya visto forzado a esconder las funciones de Aído detrás de una secretaría de Estado del mismo modo en que se ha visto compelido a retirar la Ley de Libertad Religiosa.

Esta agenda izquierdista pasa, como ya hemos explicado en numerosas ocasiones, por subvertir las instituciones tradicionales sobre las que se ha desarrollado y prosperado nuestra sociedad: la familia, la nación, el ejército, la Iglesia, el mercado, la lengua o incluso las costumbres. Nada queda fuera de su proyecto ingenieril de tabla rasa, de sus sueños totalitarios por crear un nuevo hombre socialista.

La última de estas ofensivas contra las instituciones la encontramos en la reforma de la Ley del Registo Civil por la cual, en ausencia de acuerdo entre los padres, se suprime la prevalencia del apellido paterno sobre el materno y se la sustituye por el orden alfabético de los apellidos. Se trata de una medida del todo innecesaria, para la que ni mucho menos existía un "clamor social", y que sólo generará nuevos conflictos allí donde no los había. Al fin y al cabo, la tradición ya había resuelto la problemática sobre el orden de los apellidos dando preferencia al paterno.

Podrá parecernos una solución arbitraria, pero no lo es menos que someterse a la "dictadura del alfabeto" y, sobre todo, la cuestión es que no deberíamos tratar de racionalizar la costumbre con la idea de reconstruir las instituciones desde cero para adaptarlas a nuestra particular visión del mundo. Hayek solía decir que la complejidad de las instituciones sociales es tal que los seres humanos ni pueden comprenderlas en su conjunto ni harían bien en tratar de diseñarlas de nuevo, pues esa es la puerta abierta a la planificación total y al socialismo. Para garantizar la libertad bastaba, en opinión del economista y filósofo austriaco, con que –como también pedía Cicerón– nos sometiéramos a las instituciones y les concediéramos una presunción de funcionalidad, por muy absurdas que nos parecieran.

En este caso concreto, la normativa vigente ya concedía un amplio margen a la autonomía de la voluntad, pues los padres podían acordar el orden de los apellidos de su hijo. Además, debería resultar evidente a todo el mundo que la ocurrencia del Ejecutivo, en caso de aplicarse consistentemente, sólo llevará a la extinción de todos aquellos apellidos que, como Zapatero, se encuentran al final del orden alfabético, de modo que según pasen las generaciones los apellidos de toda la ciudadanía exhibirán una tendencia a ir concentrándose en las primeras letras del abecedario hasta el punto de que la función última de los apellidos (distinguir a unas personas de otras) se verá frustrada por entero.

En otras palabras, el Gobierno se ha dirigido a reformar la norma que se aplica por defecto, no para resolver un problema social, sino para crearlo. Pero ésa es precisamente la esencia de Zapatero: la destrucción y reconstrucción de la sociedad sobre sus particulares bases ideológicas; es decir, someter a todos los españoles desde la cuna a la sepultura a sus dogmas socialistas. La economía es sólo un obstáculo en la consecución de su liberticida proyecto político.ç

Mientras Europa duerme
Julio Somoano www.gaceta.es 5 Noviembre 2010

Ya no deciden terroristas con amplio apoyo social, sino un Estado que considera que eso es hacer Justicia.

“Todos los cristianos son objetivos legítimos para los muyahidines”. Los terroristas de Al Qaeda hablan con la misma contundencia con la que actúan. No soportan que varios monasterios egipcios den cobijo a musulmanas convertidas a otra religión. Según su medieval visión de la Justicia, deben morir. Como lo han hecho unos 60 iraquíes por el único pecado de entrar en una iglesia. La amenaza y el asesinato masivo de las últimas horas coinciden con la orden del régimen iraní de ahorcar a una mujer acusada de adulterio. Y ya no deciden terroristas con amplio apoyo social, sino un Estado que considera que eso es hacer Justicia.

Ejemplos como éste o la persecución sistemática de cristianos en un buen puñado de países islámicos dejan sin argumentos a las cínicas élites intelectuales europeas que se niegan a diferenciar entre religiones. Europa no despierta, anestesiada por estos burócratas sofisticados que miran por encima del hombro cualquier movimiento que trasciende la razón –perdóneme Santo Tomás–. Tal vez si dejasen a un lado su ceguera sectaria, esa razón les permitiría distinguir entre las civilizaciones que enriquecen cualquier sociedad plural –es decir, la nuestra, nacida en Atenas– y las que sólo aspiran a constituirse en teocracia.

“Donde mora la libertad, allí está mi patria” dejó escrito el abuelo de los firmantes de la Declaración de Independencia de EEUU. Si hoy Franklin viviera, su patria sería cualquier país de Occidente, pero pocos más. Para seguir disfrutando del valor supremo del hombre, hay que plantar cara a los que lo combaten. El multiculturalismo de salón suena hoy tan chic como el pacifismo en los días en los que Hitler se anexionaba Austria, pero la historia nos ha enseñado que no debemos dar un paso atrás ante cualquier religión que llama a sus fieles a aniquilar a todos los que no creen en ella.

Crisis de la izquierda
Liderazgo
Florentino Portero Libertad Digital 5 Noviembre 2010

Desde hace algún tiempo la evolución de la política española me hace pensar obsesivamente en algunos aspectos de la historia reciente de los Estados Unidos. Recuerdo aquellos días en que la revolución política e ideológica llevada a cabo por Ronald Reagan dejó a los publicistas demócratas en una situación claramente defensiva. Por defecto un demócrata era alguien que no se enteraba de las cosas, un resto de un tiempo felizmente superado. Era el inicio de un ciclo conservador que duraría hasta la llegada del actual inquilino de la Casa Blanca, un largo período de hegemonía intelectual que fue erosionándose poco a poco.

Ronald Reagan protagonizó un cambio de dimensiones históricas, pero que fue posible porque otros habían preparado el terreno, tanto en el ámbito de las ideas como en el político. Cada uno trabajó donde le competía, pero al final y gracias al carácter profundamente democrático de la sociedad y de la política norteamericanos, ambas corrientes convergieron. El Partido Republicano se fue empapando de las nuevas ideas al tiempo que incorporaba a nuevas gentes que llegaban desde el Partido Demócrata o desde las experiencias hippies. El republicanismo tradicional –el representado por Eisenhower, Nixon o Ford– abrió sus puertas al liberalismo clásico y a los huidos de un giro demócrata hacia posiciones radicales. Paleo-conservadores, neo-conservadores, evangélicos y libertarios forjaron un bloque en torno a un programa común que cambió el país y le dotó de formidables energías.

En la España de hoy se dan dos llamativas coincidencias. El socialismo se ha quedado sin programa. Ya no puede continuar aumentando la oferta de servicios del "Estado de Bienestar" por la sencilla razón de que su comportamiento irresponsable lo ha llevado a la quiebra. Tampoco tiene un proyecto ideológico y moral. Todo se ha quedado en un relativismo blando que le aleja poco a poco de la sociedad, que siente cómo la izquierda se ha convertido en un instrumento inútil para resolver sus problemas. Al mismo tiempo sus publicistas han llegado a un grado de mediocridad alarmante. El repaso de las columnas o de las tertulias de medios de izquierda nos enfrenta a una falta de ideas directamente proporcional al peso de las consignas. Son máquinas repetitivas donde la descalificación apenas oculta la falta de ideas. El pensamiento es más libre, más original y más inteligente en el mundo liberal-conservador que en el socialista.

¿Cómo es posible que habiendo fracasado la izquierda y careciendo de publicistas de fuste sigamos viviendo en un entorno cultural socialista? La respuesta es muy sencilla, porque a diferencia de lo que ocurrió en Estados Unidos en los días gloriosos de la presidencia de Ronald Reagan no se ha producido una convergencia entre pensamiento y política. El carácter estanco del Partido Popular le permite sobrevivir a cualquier demanda popular, convencido de que como mal menor será aupado al poder por el desastre de la gestión socialista.

La España liberal-conservadora está perdiendo una oportunidad histórica para sacudir este país y reorientar su rumbo, abandonando esta deriva decadente a la que nos vemos empujados por tanto prejuicio y mediocridad. Pesan tantos años de pasividad, bajo regímenes predemocráticos, dictatoriales o democráticos. Pero a la postre tendremos lo que nos merecemos. Si dejamos hacer no sólo no podremos quejarnos de los resultados, seremos responsables por no haber defendido nuestros intereses.

El siglo de los genocidios y el próximo totalitarismo
Juan Perea. El Confidencial 5 Noviembre 2010

Es difícil encontrar un período en la historia de la humanidad con una cámara de los horrores tan repleta como la del pasado siglo XX. Con dos guerras de alcance mundial que incluyen la utilización de bombas nucleares, numerosos conflictos bélicos regionales y guerras civiles, la extensión de la miseria y el hambre entre alrededor de mil millones de seres humanos, la proliferación de genocidios (palabra acuñada en 1944 por Raphaël Lemkin) y otros asesinatos en masa, el llamado siglo de los genocidios no parece tener antecedentes comparables. Tan sólo el siglo XIV, con la extensión de la peste negra por Asia y Europa y la interminable ‘Guerra de los Cien Años’ puede ofrecer un parecido en términos relativos de población afectada.

Los voluminosos libros negros de los regímenes totalitarios (de derechas o de izquierdas, fascistas o comunistas) compiten en número de páginas. Los de los sistemas económicos predominantes no les van a la zaga. El capitalismo global ha generado como desecho un gigantesco tercer mundo, eufemismo para el inframundo, y las experiencias socialistas, reducidas a un capitalismo de estado, han resultado en países arruinados y enriquecimiento obsceno de quienes detentaban el poder. Si algo demuestran estos textos, es que tanto la imbecilidad como la barbarie no son patrimonio de ninguna ideología. Todas están abiertas a acogerlas en su seno.

La ingente cantidad de víctimas de unos y otros y la documentación sobre ellas, invita a cerrar los ojos, a mirar hacia otro lado y a olvidarse. Como escribió Tzvetan Todorov, filósofo búlgaro-francés premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, en Los abusos de la memoria “...la memoria estaría amenazada, ya no por la supresión de información sino por su superabundancia”. Esto provocaría que “...con menor brutalidad pero más eficacia, los Estados democráticos conducirían a la población al mismo destino que los regímenes totalitarios, es decir, al reino de la barbarie”.

Una memoria olvidada o reprimida y sin reparación, queda instalada en el inconsciente colectivo y condena, tanto a las víctimas, como a los perpetradores, a comportamientos patológicos. Airear los recuerdos es el primer paso para restablecer la salud de los grupos afectados. Es necesario para que los culpables paguen por lo que hicieron y para que las víctimas no permanezcan indefinidamente instaladas en su papel de tales con continuas e interminables reclamaciones sobre sus derechos y con sus vidas estancadas.

En 1980, Denise Affonço, superviviente de los campos de exterminio camboyanos, llegó a Francia. Sobrevivió a cuatro años (1975-1979) de macabras torturas, hambre y desaparición de seres queridos (marido e hija de ocho años incluidos) a manos del régimen de terror maoísta de los jemeres rojos en la que denominaron Kampuchea Democrática. En París se encontró con que casi nadie quería saber nada del ‘auto-genocidio’ allí cometido que acabó con la vida de dos millones de personas. Había gente que incluso negaba los hechos. Esa era la nota predominante en Occidente aunque ese mismo año The New York Times publicó un escalofriante reportaje utilizado luego para la película Los gritos del silencio (The killing fields).

Una memoria olvidada o reprimida y sin reparación, queda instalada en el inconsciente colectivo y condena, tanto a las víctimas, como a los perpetradores
Entonces, y por miedo a las represalias, Denise Affonço no se decidió a utilizar lo que había escrito como prueba incriminatoria utilizada en el juicio contra los asesinos Pol Pot, Ieng Sary (ambos en rebeldía) y sus secuaces. Por un lado, a muchos les interesaba negar las atrocidades de los maoístas apoyados por China. Por otro, a algunos no les venía bien admitir que el ejercito comunista vietnamita (surgido del Vietcong) derrotase a los jemeres rojos y liberase a Camboya de esa tremenda plaga. A su vez, convenía tapar que la toma del poder por los genocidas era el resultado de los masivos bombardeos a los que fue sometida Camboya por parte de los EE.UU. durante la guerra de Vietnam y el posterior gobierno corrupto, dictatorial y criminal de Lon Nol. Este general proclamó en 1970 la Republica jemer con el apoyo de los EE.UU.

Los escritos de Denise Affonço se publican ahora en España con el título de El infierno de los jemeres rojos. Testimonio de una superviviente. Fue editado en Francia en 2005 para, como ella dice, “combatir las tesis negacionistas de ciertos intelectuales que no pierden oportunidad de afirmar que el régimen de terror de los jemeres rojos no existió y lograr que ese periodo macabro de la historia de Camboya no caiga en el olvido”. En 1990 conocí a una persona que había conseguido entrar al país y salir vivo mientras se producía la masacre. Su relato (de las minúsculas fotos de los asesinados en las paredes de las pagodas donde murieron, la descripción de los niños-criminales etc.) me resultó alucinante. No menos sobrecogedor es el libro citado.

Métodos universales para ideologías opuestas
Los jemeres rojos no utilizaron ninguna técnica novedosa. En 1943 el mariscal alemán Von Rundstedt dijo: “Uno de los grandes errores de 1918 fue el de perdonar la vida civil de los países enemigos, por cuanto es necesario, para nosotros los alemanes, sobrepasar siempre el número de los pueblos de los países contiguos, por lo menos en el doble. Estamos por lo tanto obligados a destruir al menos una tercera parte de sus habitantes. El único medio es la desnutrición organizada, la cual, en este caso, es mejor que las ametralladoras”. Métodos universales utilizados por ideologías opuestas para llegar a la más absoluta degradación del ser humano.

En otro libro de reciente aparición, Peor que la guerra. Genocidio, eliminacionismo y la continua agresión contra la humanidad, Daniel Goldhagen repasa múltiples casos de exterminio masivo y nos advierte sobre la dificultad de prevenir los asesinatos masivos. El autor se pregunta: ¿Por qué ocurren los genocidios? ¿Cómo los justifican las creencias culturales? ¿Por qué el mundo se ha mostrado tan ineficaz para detenerlos?

En mi opinión, para prevenirlos son necesarios algunos requisitos básicos: Construir y mantener, considerándolos como grandes logros colectivos, sistemas democráticos de ‘alta calidad’, con una separación de poderes efectiva y mecanismos de vigilancia entre ellos. Mantener la apertura al exterior, evitar el aislamiento internacional. Respetar a las minorías siempre que estas acaten la legalidad democrática vigente y facilitar el diálogo entre éstas y la mayoría. Construir una sociedad civil sólida y animar a la ciudadanía para que sea activa en el ejercicio de sus derechos, eludiendo el ‘hastío democrático’. Y, primordialmente, fomentar una educación humanista, con valores centrados en el ser humano por encima del cientificismo preponderante. No podemos permitirnos repetir el oscuro siglo XX, el siglo del cambalache.

Visita
Benedicto XVI y los delirios nacionalistas
Guillermo Dupuy Libertad Digital 5 Noviembre 2010

Decía Artur Mas hace pocos días, y "como cristiano", que "el Papa tiene que ser consciente de que viene a una nación, que es Cataluña, y no a una región mediterránea sin mucha personalidad". Pues menos mal que el presidente de CiU ha hecho estas declaraciones "como cristiano", que si llega a hacerlas como dirigente nacionalista nos lo vemos exigiendo al Santo Padre que use barretina y que baile sardanas.

No sé si el dirigente nacionalista hace con lo de la "región mediterránea sin mucha personalidad" una denigrante referencia a la Comunidad Valenciana, a la que Benedicto XVI visitó en julio de 2006; pero, desde luego, hay que ser, no cristiano, sino cateto, muy cateto, para pretender que el Sumo Pontífice de una Iglesia que se autoproclama universal haga suyos los delirios identitarios de quienes atribuyen "personalidad", no a los individuos, sino a los territorios.

A mí me parecería muy bien que el Papa intercalase el catalán y el castellano en su visita a la ciudad condal, entre otras cosas porque lo vería como una muestra de respeto a esa diversidad y a esa libertad lingüística que los nacionalistas tratan de erradicar de Cataluña. Pero no es a ese bilingüismo en libertad, lógicamente, a lo que se refieren quienes están obsesionados por la construcción nacional de Cataluña ni quienes, como el abad de Montserrat, Josep María Soler, manifiestan que "el viaje del Papa debe tener una dimensión catalana".

Se supone que la visita del vicario de Cristo a Barcelona lo que debe tener es una "dimensión" cristiana, pero ya sabemos que nadie está a salvo –tampoco la Iglesia Católica– de ese nacionalismo que el Papa Juan Pablo II calificó de "gangrena".

Benedicto XVI también ha sido muy crítico con los nacionalismos, tal y como ya demostró en numerosas obras antes de convertirse en el sucesor de San Pedro. Cuando creo que todavía no había sido ordenado siquiera cardenal, Ratzinger escribió un ensayo, ¿Por qué pertenezco en la Iglesia?, en el que no eludía razones para dejar de pertenecer a ella. Una de ellas era, precisamente, observar como "en medio de un mundo que tiende a la unidad, la Iglesia se dispersa en resentimientos nacionalistas, en la exaltación de lo propio y en la denigración de lo ajeno".

No estaría mal que el Papa lo recordara ahora y que reiterara, tal y como hiciera en una obra posterior, que el mensaje evangélico y la Iglesia Católica debe alcanzar de nuevo lo que afirmaba el griego Aelius Arístides, en el siglo II después de Cristo, en su panegírico de Roma: "Todo es aquí para todos. Nadie es extraño en parte alguna".

El libro de Thilo Sarrazin que critica el Islam es el segundo más vendido de la década en Alemania
Redacción. Minuto Digital 5 Noviembre 2010

El libro “Alemania se desintegra”, del ex directivo del Bundesbank Thilo Sarrazin, que critica duramente a los musulmanes, se ha convertido en el segundo libro de no ficción de contenido político más vendido de la década en Alemania, detrás de “Stupid White Men”, de Michael Moore.

Así lo informó la organización “Media control”, tras una revisión especial de las cifras de libros más vendidos de los últimos diez años.

“Media control” no ha comunicado las cifras exactas de ventas pero indica que el libro de Sarrazin, aparecido en agosto pasado, ya se ha vendido más que el best-seller “Ausser Dienst” del ex-canciller alemán Helmut Schmidt.

En su libro, que lleva el subtítulo “Como ponemos nuestro país en juego”, Sarrazin -que durante su etapa como senador de Finanzas de Berlín había levantado ampollas- dibuja un escenario en el que pronostica una islamización de Alemania en el curso de las próximas décadas.

“No quiero que el país de mis nietos y biznietos sea un país mayoritariamente musulmán, en el que se hable árabe y turco predominantemente, en el que las mujeres lleven el pañuelo islámico y en el que la vida cotidiana esté marcada por la llamada a oración del muecín”, escribe Sarrazin, del Partido Socialdemócrata (SPD).

Cerca de tres millones de personas de origen turco viven en Alemania y su índice de natalidad es dos veces mayor que el del resto de población.

Sarrazin niega que “los trabajadores turcos y marroquíes” hayan hecho un aporte al bienestar de Alemania, lo que en cambio, dice, sí se puede afirmar sobre los portugueses, los españoles y los italianos.

“En todos los países europeos los inmigrantes musulmanes le cuestan a la sociedad más de lo que aportan debido a su escasa actividad laboral y a los beneficios sociales que reciben”, apunta en el libro.

“Desde el punto de vista cultural y civilizador, las concepciones sociales y los valores que representan son un retroceso. Demográficamente, la fertilidad de los inmigrantes musulmanes es una amenaza para el equilibrio cultural de una Europa en proceso de envejecimiento”, agrega.

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Política con los terroristas
Román Cendoya www.gaceta.es 5 Noviembre 2010

Los mismos que nos mintieron una vez a los españoles lo están haciendo otra vez.

Nada de lo que diga y haga el Gobierno respecto a ETA, Batasuna o la izquierda abertzale, que son la misma cosa, tiene ninguna credibilidad. Da igual que calienten o enfríen el debate. Los protagonistas de todos los movimientos son los que nos mintieron una vez, sin que nadie haya asumido ninguna responsabilidad política.

¿Por qué vamos a creer a Zapatero o Rubalcaba después de lo que dijeron e hicieron tras el vil atentado de la T-4? ¿Qué garantía tenemos de que ETA-Batasuna, o como le llaman ahora “la izquierda abertzale”, no va a estar en las instituciones después de las concesiones políticas que el Gobierno de Zapatero llegó a asumir en las Conversaciones de Loyola?

¿Por qué tienen suelto a Usabiaga, no detienen a Josu Ternera, etc., etc., etc.? ¿Cómo hay que interpretar que el presidente del Partido Socialista en Euskadi acuda a declarar a favor del terrorista Otegi? ¿Alguien se imagina qué pasaría si algún líder del PP fuera a declarar a favor de alguno de los presos por corrupción?

La corrupción es un delito repugnante pero no se puede comparar con el dolor y el daño que ETA, de la que es dirigente Arnaldo Otegi y al que ampara Egiguren, ha ocasionado con los mil asesinatos, las decenas de miles de extorsionados y los más de doscientos mil exiliados.

Los mismos que nos mintieron una vez a los españoles son los que están protagonizando, otra vez, un proceso similar. El Gobierno sigue haciendo política con los terroristas y el terrorismo. Ellos son los que han vuelto a traer a las portadas y al discurso político al terrorismo nazionalista vasco.

El Gobierno de Zapatero sigue utilizando la falsa alternativa en un Estado de derecho de “o bombas o votos”. ¿Cómo se puede otorgar rango de decisión política a los terroristas? Sólo es posible cuando se está haciendo política con ellos. Por todo esto hay motivos más que suficientes para estar el sábado a las 12.00, en la plaza de Colón de Madrid, y decirle al Gobierno NO a su política con los terroristas.

Oportunidad perdida
José Antonio VERA La Razón 5 Noviembre 2010

He tenido ocasión de conversar largamente durante dos días en Vitoria con diferentes personas a propósito de los presuntos efectos beneficiosos del pacto PP-PSOE en el País Vasco. La palabra más repetida en todas las conversaciones fue siempre la de «normalidad», en referencia clara al actual ambiente que se ha instalado en la sociedad vasca, similar al existente en cualquier otra comunidad española. La gente habla del paro y la economía, de la sanidad y la educación, de infraestructuras y política internacional, sin el componente de distorsión que supone el debate permanente sobre Eta o la autodeterminación. Lo que quiere decir que algunos problemas existen como tales en la medida en que la clase política los sustenta o no tiene interés alguno en resolverlos.

Por fortuna el acuerdo de Gobierno entre Basagoiti y Patxi López en Euskadi ha servido para eliminar de la agenda política asuntos que no son preferentes para los ciudadanos, tales como el Plan Ibarreche o la independencia. Hasta aquí todo bien. El pacto funciona y se nota en los comentarios de unos y otros. Pero también se percibe últimamente cierta inquietud a cuenta del apoyo del PNV a Zapatero en Cortes. Cada día que pasa se conocen aspectos nuevos de ese arreglo reciente, que parece va mucho más allá de la mera transferencia de competencias. El convenio afecta a insospechados aspectos de la vida política vasca, incluyendo por supuesto la negociación con Eta y el blanqueamiento de Batasuna, la permisividad para que gobierne la lista más votada al menos en Ayuntamientos y Diputaciones, y cuestiones domésticas insospechadas como la TV vasca (EITB) o incluso la reglamentación sobre el vino. Popularmente algunos denominan a la alianza Zapatero-Urkullu «el pacto del txakolí», debido a que los peneuvistas han logrado de Madrid determinados privilegios para el famoso caldo fermentado en relación con otros vinos de regiones limítrofes. Asunto al que no es seguramente ajeno el hecho de que el Consejo Regulador del Txakolí lo presida Asier Arzallus, hijo del que fuera durante años máximo dirigente del Euskadi Buru Batzar.

La cuestión que se suscita, sin embargo, es hasta qué punto Zetapé no está sacrificando algo que funciona bien por mantenerse un año más en el poder. Hay quien dice que el entendimiento con el PP en Euskadi es lo único que ha hecho razonablemente Zapatero durante su ya largo mandato de dos legislaturas. Dinamitarlo de manera tan pueril parece una grave irresponsabilidad, pero a nadie se le escapa que Zeta es capaz de ello si es necesario para su supervivencia política.

Cuestión distinta es el juicio que uno puede tener sobre el papel jugado por Patxi López durante esta crisis. En mi opinión, el «lehendakari» está perdiendo una magnífica oportunidad para hacerse visible ante todos los vascos como un presidente con carácter que no se deja vapulear ni puentear. Así lo hicieron siempre personajes como José Bono o Francisco Vázquez con el resultado conocido de que arrollaban sistemáticamente en sus desafíos electorales, pese a que concurrían en unas circunscripciones teóricamente de derechas, como son Galicia y Castilla-La Mancha. López debería hacer lo mismo, a mi modesto entender. Eso le consolidaría ante los ciudadanos de Euskadi como un presidente fuerte, que no se deja arrinconar. No lo ha hecho y su imagen se empieza a resentir. Lo cual es una pena.

Cataluña
El expolio fiscal
Antonio Robles Libertad Digital 5 Noviembre 2010

Joan Laporta dice sin inmutarse: "Son los vigilantes del gueto, los vigilantes del expolio fiscal por el cual el Gobierno español nos quita 22.000 millones de euros al año, el 10% del PIB de Cataluña". Y a continuación nos retrata una Cataluña paradisíaca. A veces pienso si todo esto es real o he quedado atrapado en una obra de Valle Inclán.

Esta murga del expolio fiscal comienza a ser trasversal. El soberanismo independentista le llama así, "expolio fiscal", y cuando se ponen literarios, o se exceden en el análisis intelectual, añaden eso de "España nos roba".

El soberanismo intermitente de CiU es más sutil, le llama "concierto económico" o "pacto fiscal". Artur Mas lo ha dicho con cifras: "En España deben entender que si ellos no pueden renunciar a 1,5 puntos de su riqueza, los catalanes no pueden renunciar cada año a 7 puntos de la suya".

¿Tiene derecho Artur Mas o cualquier Laporta de turno a pedir que los impuestos que se generan en un territorio necesariamente han de quedarse en ese territorio? Poder pueden, pero han de asumir las consecuencias de pensamientos tan retrógrados. Y no lo asumen.

Partamos de una constatación: los territorios no pagan impuestos, los pagan los ciudadanos. No es verdad que un ciudadano catalán pague más que un madrileño o un extremeño. Quien gana 35.000 euros en Barcelona paga los mismos impuestos que quien los gana en Badajoz. Es evidente que allí donde hay más personas con mayor renta, el conjunto de sus cotizaciones es mayor que allí donde hay menos. En el ejemplo anterior, es evidente que en Barcelona la cotización al Fisco es mayor que en Badajoz. Una evidencia puramente estadística de la que no se puede extraer jerarquía o tratamiento ventajoso per se.

La progresividad fiscal y la redistribución de la recaudación del Tesoro público son las formas civilizadas que tienen las Estados sociales y democráticos de derecho de construir sociedades justas sin necesidad de hacer revoluciones sangrientas.

Sería profundamente injusto e inviable para la igualdad de oportunidades y la cohesión social en un Estado moderno, que los impuestos que se generan en un territorio determinado se invirtieran íntegramente en él. Así sería imposible tener una red de carreteras, sanidad y educación universal para todos, por ejemplo.

Si el criterio de que quien paga más debe recibir más, o la totalidad de la cantidad recaudada, como sostienen los soberanistas, Barcelona querría controlar sus aportaciones al Fisco frente a Lérida. En Barcelona habría buenos servicios, pero no en cientos de pueblos de la Cataluña interior. Claro que si fuese así, el barrio de Pedralbes (con renta per cápita muy elevada) exigiría gestionar sus impuestos, todos sus impuestos. Es posible que ese atajo de soberanía fiscal logrado por Pedralbes le permitiese tener aceras de mármol de Carrara pero en Nou Barris no tendrían ni alcantarillado público. Pero puestos así, el más rico de Pedralbes se acogería al expolio fiscal y a su estatus de colonia y exigiría gestionar sus impuestos; es decir, no pagaría un euro.

Este argumento llevado al límite, desenmascara la impostura del soberanismo fiscal. Y es que lo que no pueden disfrutar todos los ciudadanos no es un derecho, sino un privilegio.

Los 2.060 millones de más que se reserva el cupo vasco o los 640 que no devuelve el concierto de Navarra al Estado han de ser destinados a todos los ciudadanos, y no sólo a los que viven en esas comunidades. Sólo UPyD se ha atrevido a cuestionarlo.

Es evidente que el sistema que impera en ambas comunidades no se puede extender al conjunto de España. El propio Más lo reconoce en las mismas declaraciones donde exige 1,5% más de las aportaciones de Cataluña al Fisco: "Sé que es incompatible con la multiplicación del modelo por 17, pero es preciso que España se plantee si el café para todos tiene futuro". Es decir, que en el reparto pretende quedarse con dos tabletas de chocolate cuando al resto sólo le corresponde una. Muy edificante.

Aún así, el Sr. Más tiene derecho a reivindicar ese 1,5%, o el Sr. Joan Laporta la totalidad de los impuestos. Sin hacer trampas ni cubrirse las vergüenzas con la bandera. Un modelo tan reaccionario no puede pasar por la solución de nada.

El Estado asignará a la Real Academia Galega un millón de euros
Se equipara su presupuesto al de otras instituciones similares, como la del País Vasco o Cataluña.
EFE www.lavozlibre.es 5 Noviembre 2010

La Real Academia Galega recibirá una dotación de un millón de euros para 2011 con el fin de impulsar este idioma, su estudio e investigación y equiparar su presupuesto al de otras instituciones similares, como la del País Vasco o Cataluña.

Así lo contemplarán los presupuestos generales del Estado para el próximo año después de que el PSOE pactara una enmienda con el BNG e incrementara su dotación en 800.000 euros hasta llegar al millón de euros.

El portavoz del BNG en el Congreso, Francisco Jorquera, valoró hoy durante la comisión de Presupuestos que debate y vota las enmiendas al articulado a las cuentas del 2011 esta dotación que «corrige una discriminación histórica».

Defendió que la Real Academia Galega es una institución de «extraordinario arraigo y prestigio» que desarrolla actividades multidisciplinares, no sólo en el campo del idioma, sino también en el de su investigación.

Jorquera lamentó la «precaria» situación económica que atraviesa el organismo y que hasta la fecha el Estado dotara con un presupuesto menor a esta academia con respecto a otros organismos similares autonómicos.

«La Real Academia Galega no contaba con partidas presupuestarias fijas a diferencia de otras instituciones homólogas y esta enmienda es de justicia», aseveró. El Parlamento de Galicia había pedido por unanimidad que su pusiera remedio a esta situación.

En un principio la enmienda del PSOE dotaba a esta academia con un presupuesto de 200.000 euros, que finalmente elevó hasta el millón.

http://www.lavozdegalicia.es/ocioycultura/2010/11/04/00031288865527941863876.htm

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