AGLI

Recortes de Prensa   Viernes 12 Noviembre  2010

 

Los españoles, víctimas de los partidos políticos
Francisco Rubiales Periodista Digital 12 Noviembre 2010

Pocas reformas son tan urgentes en esta España políticamente enferma como la Ley de Partidos Políticos y la Ley Electoral, bodrios antidemocráticos que han convertido a los partidos políticos en el peor enemigo de la auténtica democracia y en maquinarias de poder blindadas al servicio de las élites, que no pueden ser controladas ni por los ciudadanos ni por los militantes ni por el mismo sistema.

Sin embargo, a pesar de que existe un consenso casi pleno entre los demócratas y los pensadores independientes de que los partidos políticos son hoy el gran obstáculo que impide la decencia política en España, ninguno de los grandes partidos españoles ha incluído reformas del sistema en sus plataformas electorales, ni las reivindica en el presente. Desgraciadamente, las castas profesionales que controlan los partidos son ajenas a la verdadera democracia y se sienten plenamente a gusto insertadas en sus oligárquicas y opresivas maquinarias de poder.

Militar en un partido debería ser un acto de responsabilidad sujeto a obligaciones y derechos, pero hoy no es así porque las élites que gobiernan los partidos no sólo desconfian de los políticos adversarios, sino también de los ciudadanos independientes y de sus propios militantes honrados, que quieren participar y opinar con ilusión, hasta el punto de que los marginan y les impiden el acceso al poder, convertido en un coto cerrado en el que sólo penetran ya los que se someten a la dictadura del "jefe" y practican una sumisión que se disfraza de "lealtad".

Los militantes responsables y dignos que denuncian el abuso y la corrupción son laminados de manera sistemática por el aparato. Ha ocurrido cientos de veces en la política española. (recuerden el caso de Alonso Puerta, en Madrid). En Estepona, ciudad de la Costa del Sol envuelta en un oscuro y estremecedor escándalo de corrupción, dos militantes socialistas que denunciaron la corrupción fueron castigados por el PSOE, mientras que y el alcalde socialista, detenido por liderar la impresentable movida corrupta, fue mantenido en su puesto por su partido y repitió como cabeza de lista en las últimas elecciones porque las encuestas revelaban que era "caballo ganador". También ocurre en Benidor, donde un transfuga que fue expulsado del PSOE repetirá en 2011 como candidato socialista.

No es cierto que tangamos los partidos que nos merecemos, ni que el tiempo mejorará esa antidemocracia vomitiva que domina la política española porque lo que ha ocurrido en los 30 años de democracia es que esos partidos se han blindado cada día más contra el cambio honrado y las ideas limpias, reforzando los rasgos que convierten al partido en una maquinaria totalitaria, corrupta y ávida de poder.

Los partidos nacieron para facilitar la participación de los ciudadanos en la democracia, pero han realizado el trabajo opuesto y hoy ya son el mayor obstáculo para la participación ciudadana y para que la sociedad pueda construir una auténtica democracia ciudadana y participativa.

La democracia termina hoy en la puerta de los partidos políticos, en cuyo interior se incrementan a diario el verticalismo y una dictadura de las élites que impide el debate franco y la libertad de expresión, hasta el punto de que la única manera de prosperar es decir ciempre "si" al jefe.

Los partidos políticos son demasiado importantes para dejarlos en manos de los políticos. Con ellos al mando, ya sabemos lo que ocurre: erradican cualquier atisbo de democracia y avanzan a paso de oca hacia la dictadura interna.

Hay que transformarlos con urgencia para posibilitar una democracia de ciudadanos. Son instituciones de carácter público y, como tales, deben ser controladas por el ciudadano. La participación política es un derecho inalienable del ciudadano que éste no puede ejercer porque los actuales partidos se lo impiden.

Una nueva ley electoral y una nueva ley de partidos son imprescindibles para curar las graves enfermedades que padece la democracia española, cada día con menos prestigio en el mundo y más despreciada por sus propios ciudadanos.

Quizás el atentado peor contra la democracia es el que ampara la Ley Electoral española, que impide nada menos que el derecho ciudadano a votar libremente, la esencia de la democracia. En España, quien elege en realidad es el partido, cuyas élites hacen esas listas de candidatos cerradas y bloqueadas ante las que el elector solo puiede decir "sí" y "no". Los partidos, de hecho, han arrebatado al ciudadano su inalienable derecho a elegir a sus representantes.

Pero el verdadero drama no es la maldad antidemocrática del sistema, sino el hecho de que ninguno de los grandes partidos políticos españoles esté interesado hoy en cambiar una situación que les beneficia y les otorga un poder inmenso.

El PSOE hace mucho que se transformó en una maquina de poder sin alma y sin otra ideología que el pragmatismo que conduce al poder, pero en otros partidos, donde las élites imitan la sucia ruta del socialismo, todavía hay esperanzas de cambio. Muchas voces se alzan, dentro del Partido Pupular, para que incorpore reformas que fortalezcan la democracia, pero Rajoy y su guardia pretoriana se cierran a cualquier reforma que limte su poder o que amplie el papel del ciudadano en democracia.

Las nuevas leyes deberían garantizar, en primer lugar, la democracia interna, hoy inexistente. En unas organizaciones donde se opera de manera totalitaria y sumisa, jamás podrán prepararse líderes que gestionen una democracia libre de ciudadanos. Cuando llegan al poder son, necesariamente, mequetrefes arrogantes, cargados de rasgos totalitarios, que se creen con el derecho a imponer su voluntad y sus privilegios a los ciudadanos.

En los partidfos democráticos, los candidatos deben ser elegidos, necesariamente, en primarias, en votaciones secretas, para erradicar las camarillas blindadas que hoy consideran suyos esos partidos y los controlan al margen de la militanci, de la ciudadanía y de los intereses de la nación. El "dedo" que elige y consagra al dirigente y al sucesor debe ser erradicado por ser un comportamiento arbitrario, indecente y claramente totalitario.

Felipe (II), el regreso y la herencia
Javier Orrico Periodista Digital 12 Noviembre 2010

Zapatero ha llamado a los pretorianos no sé muy bien si para que le defiendan o para defenderse de ellos. Hace muchos años que pedí que su guardia acabara con Zetalígula, y ese es, al fin, el resultado práctico del cambio de Gobierno y el ascenso a valido de Rubalcaba: que nos encontramos con un gobierno intervenido por su propia facción y ficción, que a ZP lo han secuestrado en la máquina del tiempo felipista y lo han desembarcado en aquellos años finales del GAL y la corrupción a los que quiso repudiar, entre aquellos veteranos a los que despreció, para que sepa y deguste que sin ellos no es nada, un fantoche que en una situación incomparablemente mejor que la que ellos se encontraron ha conducido a España a la ruina y al PSOE al ridículo.

Creo, entre tantas especulaciones como se han hecho, que las confesiones de Felipe González suponen, mucho más que un descargo de conciencia -asunto que no suele ocuparle más de veintiacuatro horas, la conciencia, digo-, una auténtica descarga de esa soberbia jabalina que ya casi habíamos olvidado, arrojada sobre la cara del tonto de Z, recordándole a qué cosas tuvo él que enfrentarse en estos momentos en que, frente a una ETA rematada, Zapatero no ha hecho otra cosa que recular. A los mismos que el ojitos Z considera ‘hombres de paz’, González estuvo a punto de volarlos. La diferencia, según Felipe, entre un fantasmón y un gobernante. ¡Hemos tenido que volver para que este imbécil no nos hunda a todos!, gritan los carlancones del aquelarre de la cárcel de Guadalajara.

Lo que no perciben es que eso no es tanto el fracaso de Zapatero (que ya era malo y tonto muchos años atrás), sino el de ellos, el del felipismo que controló el PSOE durante veinticinco años, el del PSOE mismo en cuanto maquinaria que ha sido incapaz de renovarse, de sustituir a los viejos leones implacables por otra cosa que no fuera una sarta de incompetentes, iletrados y débiles de espíritu (con la excepción de alguna señora y algún defenestrado), adornados de una ristra de señoritas feministas sin más bagaje que el sexo que les sirvió para acceder a los cargos a través de la parida paritaria. Una sola de las mujeres del felipismo valía más que todas estas juntas.

Agrupación de lumbreras reunida y presidida por la mayor de todas, Rodríguez, exudación perfecta e irreprochablemente psocialista: un muchacho que sólo ha vivido del partido y para el partido, alimentado, promocionado y sostenido por el partido, que jamás hubiera llegado a la cúspide en cualquier otra estructura regida por el mérito, la inteligencia y la autoridad moral.

Deberían preguntarse por qué, qué organización cooptada diseñaron, qué España corrompida por la estupidez y el nepotismo que ellos implantaron –destrucción de la enseñanza, de los cuerpos de funcionarios, ocupación de la universidad, promoción de los adeptos por más idiotas que fueran, infiltración en las empresas, en la judicatura, en la policía, siempre en la misma dirección: la de construir un régimen milenario, la de apropiarse de un país que exigían como compensación a su resentimiento-, es la que ha producido esta conjunción planetaria de tontas y tontos que los siglos nunca vieron. Zapatero es la verdadera herencia de Felipe, es la España socialista, que no se olvide.

Por lo demás, deberían hacerme caso e inhabilitar a Z antes de que el bochorno nos ahogue a todos. Acaba de ir a decirle al mundo, entre el descojono general, que va a crear un millón de empleos verdes. Él, que ha arruinado las energías sostenibles que previamente había impulsado, sólo para favorecer los intereses del capital- nacionalismo catalán dueño de la mayor gasística española. Perdón, del Estado.

Y ya no únicamente por la vergüenza para esta nación que fuera España y que ya no reconocemos. La pena es que también resulta irreconocible para los saharauis, abandonados a las acciones genocidas del tirano amigo, mientras la Ministra de Exteriores, que ni siquiera supo aprobar la oposición al cuerpo diplomático (¿será por cosas así por las que la izquierda odia tanto las oposiciones?), se iba a ver a Evo Morales, que tanto nos odia, y a llevarle un jamón. Pagado con nuestros sueldos y nuestras pensiones. De bellota, por supuesto.

Voto en Blanco
Coloquio con la conciencia
MAITE PAGAZAURTUNDÚA RUIZ El Correo 12 Noviembre 2010

Gitta Sereny viajó a Dusseldorf para asistir a las últimas semanas del juicio en el que se procesaba a Franz Stangl, quien llegó a ser 'kommandant' del campo de exterminio de Treblinka. Lo entrevistó durante horas a lo largo de casi tres meses. Treinta años más tarde reflexionó por escrito sobre aquella experiencia.
Las conversaciones mantenidas con aquel responsable de crímenes horribles la instruyeron más que cualquier otra cosa acerca de la esencia última del proceso de corrupción humano. La mujer ya anciana dejó escrito que si hubiera intuido las secuelas que dejaría en ella aquella experiencia, la habría evitado. Durante horas, Stangl se aplicó a la manipulación y represión de sus propios escrúpulos morales. No estaba en una posición de fuerza y ya no podía inferir miedo a la entrevistadora. Pese a ello, utilizó todas las tretas para procurar la transferencia de responsabilidad, la banalización del mal, el refugio en la propia biografía para anular la memoria del horror causado.

Asomada al abismo del horror y peleando por no caer en las argucias de Stangl, ella apenas pudo dormir durante aquellos meses. Y en los años siguientes, mientras preparaba uno de sus libros, la perseguía de forma implacable una pesadilla en la que alguien hacía daño a su hija, con el tipo de daño que Stangl describió de forma gráfica. Tras un año de pesadillas, un sacerdote le indicó que cuando alguien se expone al diablo, éste puede invadirle. «Ten cuidado, hija», le dijo.

Lo he recordado estos días. El hombre reventó a hablar porque su interior era una olla a presión. El político se entrevistó algunos años atrás con un responsable de ETA para negociar, siendo él una víctima potencial de la organización terrorista y habiendo sufrido años de escolta policial y de miedo y de una sociedad que consintió el mal. La víctima potencial -y el político que tejió pieza a pieza en su partido durante diez años los mimbres de aquel encuentro- habló con su eventual verdugo poniendo en peligro su fortaleza emocional, moral y política. La víctima potencial aplicó incorrectamente el principio de empatía para poder negociar y no guardó la precaución de no comer y beber con él, de no intimar con él. Y algún tiempo después se aplicó el castigo de asistir a tanatorios por víctimas de esos hombres con los que llegó a intimar.

«Nos hemos destrozado la vida», le dijo la víctima a su verdugo. A él se la habían dañado con años de persecución ante la complicidad de una sociedad indiferente. A otros los mataron antes y después de esa entrevista. En ese juego de transferencia de responsabilidad intentaba Stangl involucrar a su entrevistadora. Los de ETA despojaron al hombre de su razón como víctima y de su razón por ley democrática. Le exprimieron la conciencia hasta que desechó su derecho a desear justicia. Al hacerlo soñaban los verdugos y todos sus cómplices en convertirlo en la pieza ideal para que los demás no la tengamos. «Admiración, homenajes, asistencia a las víctimas», dijo, pero con perspectiva de impunidad también y un relato legitimador de la historia de los asesinos, en forma de un igualitario «nos hemos destrozado la vida». Asumir ese discurso sí que nos la destrozaría ya sin remedio.

Derecha
¿Un Tea Party nacional?
Florentino Portero Libertad Digital 12 Noviembre 2010

La semana pasada se me ocurrió escribir sobre política nacional, fechoría que cometo muy de vez en cuando, y me he encontrado con la justa penitencia. Los lectores de Libertad Digital no sólo me han leído sino que me han escrito con el estilo claro y directo que los caracteriza. En pocas palabras me han exigido que explique cómo se puede trasladar a España el fenómeno del Tea Party. Asumo mi responsabilidad y trataré de aportar mi grano de arena.

Ni la sociedad española es la norteamericana ni nuestros problemas los suyos. Hay coincidencias, pero también importantes diferencias que aconsejan evitar mimetismos artificiosos. Lo fundamental, aquello por lo que el movimiento del Tea Party nos interesa, es que supone el triunfo de una reacción social que ha logrado alterar un proceso electoral, defendiendo una política basada en valores arraigados en la tradición, frente al cotarro partidista.

La España liberal-conservadora se encuentra con los problemas derivados de la refundación del Partido Popular en el Congreso de Valencia, donde un moribundo Rajoy trató de encontrar su futuro rompiendo con el legado de Aznar, buscando el apoyo de las taifas, manifestando su disposición a entenderse con las formaciones nacionalistas y apostando por un relativismo que considera seña de modernidad. Hoy el Partido Popular es tan parte del problema como el Socialista, tan culpable como aquél del desastre autonómico y del desmedido gasto público. Como recordó Zapatero a Rajoy, ¿con qué cara critica al Gobierno por sus políticas económicas teniendo al lado y protegiendo al político que más deuda ha generado, que no es otro de Ruiz Gallardón? Aquel Congreso se llevó por delante a la figura más digna que tenía la política española, María San Gil, y su ausencia es el recordatorio de que el Partido Popular no es el que fue. ¿A quién le puede extrañar que mantenga al Partido Socialista vasco en el poder a pesar de las declaraciones de Eguigüren?

El Partido Popular es hoy un obstáculo para la necesaria reforma de nuestras instituciones, pero al mismo tiempo es de justicia reconocer que tiene la experiencia y los cuadros necesarios para hacerlo. Como he oído en más de una ocasión el problema es de liderazgo dentro de la derecha, no de apoyo social o de falta de cuadros. Vamos a suponer que esto sea cierto. En este caso lo que correspondería hacer, según mi entender, es apoyar a los medios de comunicación más próximos, participar activamente en asociaciones comprometidas con distintos aspectos del programa liberal-conservador, existentes o por crear y, por último, pedir el voto o la abstención respecto de listas presentadas por el Partido Popular en cada distrito. Para la dirección de este partido la sartén está en su mano, porque o les votamos o seguimos con Zapatero. "O Rajoy o el diluvio" será el lema que de hecho utilizarán en las próximas elecciones generales. Es posible evitarlo y para ello nos vienen ni que pintadas las próximas elecciones autonómicas y locales previstas para el 22 de mayo. Si nos abstenemos masivamente en lugares como, por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid entenderán el mensaje y rectificarán. De lo contrario podríamos volver a abstenernos en las generales, porque Rajoy es una variante del diluvio, es parte consustancial del problema.

El Tea Party actuó en las primarias, apoyando a los candidatos que consideró más leales al ideario tradicional. Nosotros no podemos hacerlo, porque en España los partidos se han revestido de un preservativo que les evita el desagradable contacto con la sociedad. De esta forma siempre pueden chantajearnos con el principio del mal menor. Pero eso no quiere decir que España no sea una democracia. Lo es. La última palabra la tenemos nosotros y tenemos los medios para enviar tanto al jefe del gobierno como al de la oposición al baúl de las pesadillas. Lo único que hace falta es querer.

Sin embargo, yo no comparto el optimismo de aquellos que piensan que el problema de la derecha española es el liderazgo. Creo, por el contrario, que es la propia sociedad, desmovilizada por el efecto de la Guerra Civil y del Franquismo y moldeada por la izquierda ante la dejadez de la derecha. Cuando el Partido Popular tenía dirigentes con valores y sentido de misión no supo entender el papel estratégico de la comunicación, la necesidad de convencer a la sociedad de que sus valores, sus principios y sus proyectos eran superiores. Ahora que no los tiene, busca el poder sin poner en duda el liderazgo intelectual de la izquierda, a la que admira y envidia en muchos aspectos.

Un Tea Party nacional no sólo se encontraría con la dificultad de no poder actuar en primarias. Además podría llevarse un susto al descubrir que Rajoy y el programa aprobado en Valencia tienen más apoyo social del que se imaginan. Rajoy es más representativo de la derecha española de lo que algunos creen. España se merece a Rajoy de la misma manera que a Zapatero. Son las dos caras de la misma moneda. No es casualidad que hayan llegado a la dirección de las dos grandes formaciones políticas y de ahí que España se encuentre en tan grave situación. Como Recarte ha señalado, podemos recuperar el camino del sentido común y del progreso, sabemos cómo hacerlo... pero cosa muy distinta es que queramos.

En Estados Unidos se ha producido el fenómeno del Tea Party porque previamente se había creado una opinión pública consciente de sus derechos y firme en sus convicciones. Las casas se empiezan por los cimientos. Por eso es tan importante el trabajo que han venido haciendo personas como Federico Jiménez Losantos al apostar por una comunicación comprometida con un ideario y radicalmente independiente de partidos y de políticos.

Hay que actuar, aunque sólo sea por dignidad. Sugiero una estrategia que aúne las dos posiciones. En el corto plazo comportémonos como si creyéramos que sólo tenemos un problema de liderazgo. Eso requiere comunicación, movilización y acción, pidiendo el voto o la abstención en cada distrito según la lista que se presente. En el largo plazo tratemos de formar a nuestros conciudadanos desde los valores y desde la razón. Estamos en una guerra de ideas y la causa del relativismo nos está barriendo o, lo que viene a ser lo mismo, está empujando a nuestro pobre país a la descomposición y la decadencia. O entramos de lleno en la batalla o no nos quejemos de lo que nos espera.

Crisis de la izquierda
Europa, por buen camino
GEES Libertad Digital 12 Noviembre 2010

Si el socialismo fuese una especie animal, estaría en peligro de extinción.

La ideología socialista –la colectivización o estatalización de los medios de producción y, en mutación posmoderna, la evolución del llamado estado de bienestar– está pasando un mal momento. No es sólo que queden cinco gobiernos socialistas –Austria, Eslovenia, España, Portugal y Grecia– entre los 27 de la UE por la inutilidad que los ciudadanos han descubierto en ellos para salir de la crisis. Es que las propias medidas que se toman para dejar atrás el desempleo, y las raquíticas tasas de crecimiento ya no pueden ser socialistas. Por dos razones: primera, porque han fallado, y segunda, lugar porque Alemania se ha empeñado en imponer a Europa la ortodoxia económica. Y esta es, por definición, imposible en el socialismo.

La propuesta de reformar los tratados consiste en establecer un mecanismo de ayuda permanente –similar al aplicado a Grecia esta primavera sin respaldo en ellos– y en convertir en automáticas las sanciones por incumplimiento del Tratado de Maastricht, llegando hasta la retirada de los derechos de voto de los incumplidores. La idea, que siendo alemana pero apoyada por Francia tiene visos de convertirse en realidad, es que las quiebras de países, en la Europa de 2013 sean posibles y se hagan civilizadamente, mediante la renegociación de la deuda.

Se dirá que ya existen en los tratados mecanismos para castigar a los dispendiosos y que estaba en ellos prohibido el rescate de países. Cierto. Pero la presión política de los infractores pudo esta primavera con el rigor de los alemanes. Lo que se recomienda ahora es que, a través de la reforma simplificada de los tratados que aprobamos todos en Lisboa, en 2013 no se pueda hacer la vista gorda.

Mientras, en Washington, Obama fingía arrepentimiento por el exceso de gasto ante el electorado, que resultaba contradictorio con la decisión de la Reserva Federal de inundar el mundo de dólares para comprar deuda pública americana. Era el último intento artificial de reflotar su economía; Bernanke, ese auténtico error decisivo de Bush. La respuesta europea no puede haber sido más fría. Como corresponde. El ministro alemán Schäuble declaraba en Spiegel que eso no era solución para nada y que "los Estados Unidos habían vivido de dinero prestado demasiado tiempo". El BCE, cada vez más dirigido por Axel Weber –el sucesor in pectore de Trichet–, no sólo mantenía los tipos, sino que se negaba a comprar bonos, en la mala copia –que Europa se ha visto obligada a aplicar a sus países decadentes– de las heterodoxas medidas del indisciplinado Bernanke. Para culminar la cosa, entre cifras abrumadoras de revalorización del oro, Sarah Palin confirmaba que un dólar fuerte con un respaldo económico real de la moneda, era imprescindible para impedir la inflación como riesgo añadido a la situación actual.

En resumen, la economía liberal le ha dado una "paliza" –ahora sí Barack– a la socialista keynesiana. No es cierto que lo que se ha hecho en los dos últimos años sea keynesianismo, pues ¿dónde están los pantanos, dónde las carreteras y dónde los aeropuertos? Pero en cuanto al socialismo, para cuyo mantenimiento se llegan a justificar los ahorros en gasto público, está en hundimiento libre.

Europa podría ir por peor camino. El think tank de centro izquierda Policy Network ha lanzado un plan para impedir este fin del socialismo, porque ellos solitos han constatado una situación que, dicen, causa vergüenza. La crisis financiera de 2008, lejos de darles la mesiánica razón que esperaban, ha provocado un vacío ideológico y bajos niveles de confianza del electorado en partidos de centro-izquierda y sus ideas de gobierno. Concluyen que la socialdemocracia europea está desesperadamente necesitada de ideas frescas y políticas transformadoras. Así es, y el beneficio colateral de esta debacle ideológica es que la UE podría llegar incluso a funcionar.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Crisis nacional
Lecciones del pasado
Pío Moa Libertad Digital 12 Noviembre 2010

De la Guerra Civil se han hecho interpretaciones variadas, desde la basada en la supuesta lucha de clases entre los privilegiados reaccionarios y los desposeídos proletarios, hasta las de la Cruzada religioso-política, pasando por jeremiadas sobre el carácter cainita de los españoles, que han llegado a hacerse muy populares.

La idea del antagonismo entre los intereses de burgueses y proletarios nunca funcionó, pues quienes se decían representantes del proletariado nunca trajeron a este más que opresión extrema y pobreza, cosas de interés dudoso para los trabajadores; en cuanto a la Cruzada, hubo algo de eso por cuando los autodesignados jefes obreros y populares encontraron su mayor punto de acuerdo en la matanza del clero y la erradicación de la herencia cristiana; pero vista desde un enfoque político general, el conflicto fue mucho más complicado.

Y las lamentaciones por el pretendido guerracivilismo español, como si España fuera un país excepcional en contiendas internas, son ridículas, como he querido mostrar en Nueva historia de España; pero cada dos por tres oímos esas letanías, junto a invocaciones beatas al abandono de odios y rencores: si el carácter español fuera como dicen, podríamos contar con una nueva guerra civil en cuanto se presentara la ocasión, ya pueden invocar lo que quieran.

Es cierto que bajo la república –y ahora mismo, desde los gobiernos del perturbado Rodríguez– hubo una tenaz incitación al odio y a la guerra civil por parte de la izquierda, especialmente del PSOE, hasta provocar con mil desmanes el odio correspondiente en una derecha que se esforzó casi todo el tiempo en mostrarse conciliadora. Pero ese odio era solo un subproducto de ideologías tipo "lucha de clases", y la guerra no nació propiamente de él, sino de la destrucción de la legalidad republicana. En todas las sociedades existen intereses diversos, centrífugos y hasta antagónicos, y es inútil invocar contra ellos buenos deseos de amor y comprensión. Por eso las sociedades solo pueden funcionar con relativa estabilidad mediante leyes aceptadas y respetadas, pues de otro modo quienes se sienten perjudicados siempre estarán cerca de rebelarse. La derecha, en su gran mayoría, aceptó la Constitución republicana, buscando reformarla por vías legales y pacíficas. Las izquierdas creyeron que "su" Constitución y demás leyes les mantendrían siempre en el poder, y al no ser así, como se vio en 1933, se rebelaron contra su propia legalidad, creando un proceso revolucionario abierto. Ello empujó a la derecha, muy contra su voluntad y con enorme riesgo de ser completamente aplastada, a sublevarse a su vez en julio del 36.

Hoy presenciamos el socavamiento sistemático de la legalidad constitucional proveniente de la transición, a manos de una caterva de políticos irresponsables y corruptos. No quiere decir que derive de ahí necesariamente una nueva guerra civil, pues la historia nunca se repite de modo igual, pero puede haber otros fenómenos, los está habiendo, de descomposición social, "latinoamericanización" de la política y enmafiamiento del poder. Los "aventureros de la política", como los llamó Zugazagoitia, dedicados a "mirar al futuro", debieran echar algún vistazo al pasado, del que pueden aprender lecciones provechosas para evitar viejos errores.

Negociación
Las nueces de la ETA
Humberto Vadillo Libertad Digital 12 Noviembre 2010

El elemento clave en la cuestión terrorista es muy simple. ETA se muere. Sola. La mera acción policial ha bastado para herirla de muerte y la mera acción policial bastaría para acabar con ella. Partiendo de esta certeza podemos sospechar que tanto quienes, con indudable éxito, han enturbiado el aire para que no se aprecie la evidente moribundia de los asesinos, como quienes se afanan junto a su cuerpo hoy exangüe, tal vez tengan objetivos ocultos, planes dentro de otros planes. Tal vez no quieran apresurar su muerte sino asegurarse la herencia.

Y es que no se puede ocultar que la ETA ha jugado un papel fundamental en la actual estructura institucional de España, un papel que a nadie se le escapa pero que sólo Arzallus reconoció cuando se le escapó que el nacionalismo vasco andaba ahitó de nueces caídas del nogal que ETA sacudía. Y lo mismo el nacionalismo catalán y así hasta configurar un club de aficionados a las nueces bobas cuyas cáscaras se recogen por toda la arquitectura política española. Alberto Recarte acaba de presentar un libro titulado El Desmoronamiento de España, que no sé si ha de leerse como un ajustado diagnóstico de la situación española, una autopsia certera o un responso dolorido y que dedica más de un tercio de sus páginas al desmembramiento de España. Escribe Recarte que "la organización del Estado no está firmemente anclada en el texto constitucional sino que descansa en la voluntad de cumplir el espíritu de la Constitución y en el patriotismo de los partidos políticos".

Pues bien, ni aquella ni éste, ni un mínimo decoro histórico han impedido que se ceda continuamente al empuje del nacionalismo hasta llegar a la actual situación de postración nacional. Pero el nacionalismo vasco y catalán obtienen a su vez su impulso inicial de la ETA. Sin la ETA, el nacionalismo vasco sería ocasión de mucha risa al pil pil con aizkolaris, chapelas y alubiadas cada tercer viernes de mes y el catalán la mateixa cosa, por no hablar de los benditos nacionalismos de imitación que desde Breogán hasta Zaragoza vienen por toda la orilla, cha, cha, cha.

La ETA se muere y el nacionalismo le tiende la mano mientras el socialismo se afana con las compresas frías. Una tregua y una negociación ahora asegurarían para siempre el triunfo del nacionalismo, con el que el socialismo se ha llevado siempre tan bien. Garantizando quizá el gobierno perpetuo de los nacionalistas en sus respectivos territorios y del socialismo en lo que quedara de España, que sería poco.

La tregua se firma. Zapalcaba proclama la Paz. Los terroristas vuelven a la aldea y la amachu en loor de multitudes agradecidas convertidos en bravos gudaris. Quienes todos estos años se han opuesto al terrorismo o al nacionalismo acumulan apresuradamente sus pertenencias en la trasera del coche. Ni siquiera hace falta que el Gobierno ceda nada más. España ha dejado de existir. Zapalcaba gobierna.

La ministraza
Alfonso Ussía La Razón 12 Noviembre 2010

Con la excepción de los pantalones que se pone habitualmente, a la ministra de Asuntos Exteriores todo le viene grande. Espero no ser ajusticiado por machista, porque en mi preámbulo no hay opinión, sino evidencia. A la ministra le vienen grandes los cargos, las responsabilidades y las elecciones. No ha ganado ninguna, y gracias a ello ocupa en la actualidad una cartera ministerial fundamental. Es simpática, no lo pongo en duda. Y amiga de Rubalcaba. Y de Zapatero. Méritos culminantes.

La señora ministra doña Trinidad Jiménez, no se ha enterado de lo que ha pasado en el viejo Sahara Español. Resulta curiosa la facilidad de nuestra izquierda para columpiarse en la ética y la estética. Quedó muda cuando su colega marroquí pisoteó la libertad de expresión de la prensa española. Eso lo soporta una tontaina, pero no la ministra de Asuntos Exteriores del Gobierno democrático de un Estado de Derecho. Y ahora, con muertos marroquíes y saharauis durante la revuelta de El Aaiún, solicita prudencia. La señora ministra era muy amiga del Frente Polisario en su reciente juventud. La señora ministra ha defendido siempre la facultad del pueblo saharaui para alcanzar su independencia y su libertad. La señora ministra, al fin, se ha apercibido de que los eslóganes y los lugares comunes de la retroprogresía, chocan frontalmente con los intereses internacionales de España. No somos nadie. Y lo que es peor. No somos nada. Desde el año 2004, España es un cero a la izquierda en la política internacional. Los Castro, Chávez, los palestinos y Marruecos. La ministra está en Bolivia.

La señora ministra, que mantiene en los pasillos de su ministerio a ilustres y competentes diplomáticos por el solo hecho de no ser socialistas –los diplomáticos, como los militares, son ante todo españoles y leales al Gobierno de España–, se ha largado a Bolivia mientras el Sahara estallaba de cólera. Y en Bolivia, encantadora, ha visitado a Evo Morales y le ha regalado un jamón. Allí, a cuatro mil metros de altura, ha inaugurado un complejo de ingeniería en el que nada ha colaborado para abastecer de agua a los aymaras. Es de esperar que con anterioridad a su ascenso a tan considerable altura, se haya desprendido del jamón. Un jamón de Jabugo, a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, pesa más que la melancolía de Manuel Chaves. Ha sido nombrada «Princesa de los aymaras», mientras los marroquíes y saharauis estaban liados a tiros. Por respeto a sus ideas pasadas, podría haber estado algo más pendiente de la situación. Aunque quizá, lo mejor para España, para Marruecos y para los saharauis, sea que reparta jamones por el altiplano de Bolivia. Porque España, por culpa de la desastrosa política internacional llevada a cabo por Moratinos y Zapatero, es un cero a la izquierda en el sentido más traducible. Cero y a la izquierda. Pero una ministra no huye. El Sahara fue nuestro, y los saharauis, aunque no lo merezca el Frente Polisario del último tramo colonial, son los nuestros. Los nuestros de antes. Los de la señora ministra que ha inaugurado su enchufe con jamones en Bolivia. Todo le viene grande.

Su sonrisa, su olvido, su ruina en el criterio, su bancarrota «progre», sus derrotas en las urnas y su regalo ministerial. Más que ministra de Asuntos Exteriores, es la cautiva del cacique, o del sultán almoreví que cantó Jorge Cafrune, allá en Jujuy, mirando a Bolivia, inspirado en un viejo romance español del siglo XVII. Hasta las huidas le vienen grandes. ¡Ministraza!

Las cuentas pendientes
Joaquín MARCO La Razón 12 Noviembre 2010

Una cuenta pendiente no es exactamente una deuda, pero se le parece. España, como potencia ocupante o colonial que fue en el Sahara tiene una deuda pendiente desde 1975. Sin embargo, ésta que en ocasiones se reactiva, no afecta sólo a España y a Marruecos, en teoría el país al que se cedió la administración del Sáhara Occidental. En el conflicto se agitan otros intereses: los argelinos, los franceses (cuyos medios hasta silencian el conflicto), los de la Unión Europea, la ONU, incapaz de hacer cumplir sus propias resoluciones, y los EE.UU., que entienden Marruecos como un cortafuegos de la expansión radical islámica en el Magreb. Y las complicaciones no acaban aquí, porque aquella Marcha Verde, en un agónico franquismo, pretendía la asimilación –como de hecho se produjo– de una población en la que privaba ya un grupo armado, el Frente Polisario.

Los treinta años transcurridos no han logrado alterar una situación que tiende a radicalizarse periódicamente. Marruecos ha llevado a cabo una política de hechos consumados repoblando la zona. España tampoco puede permitirse andar a la greña con su vecino del sur por múltiples razones. No sólo debe defender la españolidad de Ceuta y Melilla, sino también las inversiones que compañías privadas españolas han realizado, realizan y seguirán en ello en los próximos años. Y frenar la emigración a través del Estrecho. Se trata, pues, de colaborar en el milagro marroquí, bajo el imperio de un monarca que utiliza el poder absoluto en lo material y hasta en lo espiritual, pero que ha decidido permitir una tolerada democracia interna, muy medida; seudodemocracia, más libre, pese a todo, que la que se practica en otros países islámicos. Subsiste el Frente Polisario, dispuesto siempre, ya no a una guerra abierta, perdida de antemano con el nuevo país ocupante, sino a una resistencia que hubiera podido transformarse en guerrilla.

En 1980, fue Marruecos quien aceptó un referéndum en esta parte de desierto ocupado, pero hasta 1991 el Frente Polisario no firmó el alto el fuego a cambio de aquel referéndum no celebrado todavía, pese a estar avalado por la ONU. Los esfuerzos internacionales han sido siempre ignorados o diferidos por Marruecos, como el acuerdo de Houston de 1997 o los planes de Baker I (2001) y Baker II (2003). En la actualidad es Christopher Ross, enviado especial de las Naciones Unidas, el responsable de descubrir, por vía diplomática, la salida a una situación compleja, puesto que son ya los hijos de quienes viven la ocupación marroquí los que se han radicalizado y han resultado violentamente reprimidos hasta en el barrio saharahui de El Aaiún, separado y discriminado del marroquí. A cualquier periodista no marroquí se le ha impedido viajar a la zona, por lo que la naturaleza y resultados de la represión, los muertos de ambos bandos y el número de detenciones realizadas, la destrucción del campamento de Gdeim Izik, a unos quince kilómetros de la capital, que fue arrasado por fuerzas policiales y militares marroquíes y el vuelo rasante de sus helicópteros, con utilización de gases lacrimógenos. Algunas imágenes, sin embargo, han llegado a filtrarse, entre la tupida alfombra con la que el gobierno cubrió la acción. Tal vez tardemos en saber la crueldad de los hechos. Ello ha coincidido con el cambio ministerial en España, porque Trinidad Jiménez, de viaje por sus Américas, ya que ha de hacerse respetar en Venezuela, no puede tampoco restar indiferente sobre los hechos brutales que se han producido en El Aaiún, una violación de derechos humanos.

Las posibilidades, pues, de que el mediador Christopher Ross logre algún tipo de acuerdo entre las partes parece hoy inviable, aunque el Polisario (¿está ya desbordado por sus juventudes?) siga esforzándose por conseguir un acuerdo con el gobierno de Marruecos. Pero las deudas, aunque sean a muy largo plazo, no se extinguen si las partes no lo acuerdan de buen grado. Existe ya un muro material de 2500 kilómetros vigilado por 140.000 soldados marroquíes y un millón de minas, en un desierto en el que cualquier muro parecería de antemano inviable. Allí, en los campamentos de Tinduf, permanecen recluidos civiles bajo el control del Polisario. Pero tampoco deben olvidarse los intereses argelinos y una competencia que desune a los dos vecinos. España necesita mantener relaciones privilegiadas con Marruecos. A nadie conviene, ni a Argelia, de quien depende parte sustancial de nuestra energía gasística, que retornen acciones armadas, de difícil control en un desierto como el Sahara, cuyos habitantes, pobres, nómadas o no, conocen bien. Pero hemos aprendido que los conflictos en el Norte de África o en Oriente Medio pueden ser interminables. La impaciencia occidental no coincide con sus mentalidades. Las denuncias en la Prensa española durarán poco. Volverá a hablarse de los saharahuis al llegar el verano, cuando unas pocas familias acojan durante un mes a niños del campamento que tal vez nunca hayan visto el mar, ni disfrutado el agua. Marruecos les prometió cierta autonomía, aunque queda pendiente el problema del referéndum. Pocos creen ya que en esta zona del Sahara sea viable la existencia de un estado independiente. Los intereses occidentales son tozudos y la política internacional no se rige por la ética, sino por razones geoestratégicas o económicas. Pero España tiene una deuda y mala conciencia por tenerla, un mal sabor de boca.

Bromas con el empleo, no
Editorial www.gaceta.es 12 Noviembre 2010

Zapatero en la reunión del G-20 se atrevió a dar lecciones de cómo crear empleo a las economías más avanzadas del mundo.

Lo menos que se le puede pedir a un gobernante es un mínimo sentido de la prudencia, una virtud que como decía Baltasar Gracián, evita muchos disgustos. Pero los hay, como José Luis Rodríguez Zapatero, que no aprenden. Ayer mismo, el presidente del Gobierno, en una cumbre empresarial organizada en Seúl previa a la reunión del G-20, se atrevió a dar lecciones de cómo crear empleo a las economías más avanzadas del mundo cuando es el máximo responsable de que España ostente el título de campeón del desempleo con una tasa de paro del 20%, la más alta de la zona euro y de la OCDE.

El presidente del Ejecutivo, en un nuevo alarde de irresponsable optimismo, aseguró que el sector de las energías renovables, el transporte, la edificación sostenible y la ecoindustria tienen en España potencial de crecimiento suficiente para crear hasta un millón de puestos de trabajo en los próximos 10 años. Un titular para incautos, pero una broma de muy mal gusto para los 4,6 millones de parados de este país. Zapatero no sólo se mofa de una situación trágica para muchas familias, sino que miente cuando lanza el mensaje a los asistentes a la cumbre de que “la economía verde representa un gran potencial de futuro para la generación de empleo, para el avance tecnológico y para la competitividad de las economías”.

Una burda mentira. En primer lugar, porque las energías renovables son las más caras y tendrían un efecto negativo sobre la competitividad de la economía. En segundo, y no menos importante, porque el impulso a las energías renovables depende, en gran medida, de las subvenciones y ayudas públicas que recibe el sector, sufragadas con el dinero de todos los contribuyentes. En concreto, entre 2000 y 2008, el Gobierno español comprometió un total de 28.671 millones de euros en subsidios públicos al fomento de energías renovables.

Dicho de otra manera, cada empleo verde ha necesitado subvenciones por valor de 571.138 euros y, según el Estudio de los Efectos del Apoyo Público a las Energías Renovables sobre el Empleo, elaborado por la Universidad Rey Juan Carlos en colaboración con el Instituto Juan de Mariana, ha destruido un promedio de 2,2 empleos en el resto de la economía. Así, si prosperase la propuesta del presidente, supondría la destrucción de 2,2 millones de empleos en sectores productivos o 220.000 empleos anuales durante ese periodo.

Todo está inventado, y para crear empleo sólo hace falta –y no es poco– que la economía crezca a un ritmo de entre el 1,5 y el 2%. Y, para que esto ocurra, primero hay que recuperar los niveles de confianza anteriores a la crisis, y esto se hace cogiendo el toro por los cuernos y no con medidas tibias como la reforma laboral. El mayor problema de la economía española es la competitividad y, para que ésta mejore, habría que atacar los costes de producción, y no sólo los laborales, sino los energéticos también, y éstos no se mejoran ni con subvenciones ni con energías renovables, que son las más caras, sino mediante un pacto energético que apueste con firmeza por la energía nuclear.

Otra medida de estímulo sería la reducción del impuesto de sociedades y de los costes sociales –Seguridad Social de la Empresa–, además de nuevas medidas que incentiven la creación de empleo y algunas reformas del mercado laboral aún pendientes. Probablemente, lo menos importante sea el abaratamiento del despido. La tragedia del paro requiere firmeza y decisión, no medias tintas ni, mucho menos, bromas como las que se gasta el irresponsable de Zapatero. Así sólo se consigue, como ya ha ocurrido, volver a la desconfianza con el efecto destructivo y desmoralizador que supone para la deuda, el empleo y la economía en su conjunto.

Cataluña
Sentencias de tócame Roque
Antonio Robles Libertad Digital 12 Noviembre 2010

A la vez que el Tribunal Constitucional admitía a trámite el recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Consumo catalana, la Generalitat ha confirmado las sanciones a los empresarios Xurde Rocamundi y Feliciana Piris por rotular en catalán. Como si no fuera con ellos, como si no hubiera existido nunca la sentencia constitucional que en su fundamento jurídico 22 deja sin efecto aquel artículo 34 descabalgado de la legalidad del Estatuto de Cataluña que conculcaba el derecho de las empresas y consumidores a usar libremente las dos lenguas oficiales. Así decía el texto desautorizado: "Las entidades, las empresas y los establecimientos abiertos al público en Cataluña están sujetos al deber de disponibilidad lingüística en los términos que establece la ley". Y así dice el fundamento jurídico 22 de la sentencia constitucional: "El deber de disponibilidad lingüística de las entidades privadas, empresas o establecimientos abiertos al público no puede significar la imposición a éstas, a su titular o a su personal de obligaciones individuales de uso de cualquiera de las dos lenguas oficiales de modo general, inmediato y directo en las relaciones privadas".

Pues como si nada. Los insumisos de la "Agencia Catalana de Consumo" a lo suyo. Siguen adelante con la sanción a estos peligrosos delincuentes del rótulo en castellano. Aunque en el caso de la señora Feliciana Peris, le han rebajado la sanción de 1.200 euros a 700. El motivo es revelador: la dueña del establecimiento tapó "Textil Hogar y tapicería. Lanas, sastrería y fantasía" y el cartel informativo "Los hilos no se cambian". La limpieza del paisaje lingüístico es más importante que cumplir la ley o respetar los derechos de los ciudadanos. Y tiene premio. No pleno, pero el estímulo va en la dirección.

Y mientras tanto, el señor Montilla, ahora que llegan las elecciones, predicando eso de que el problema se ha de abordar "desde el fomento, no desde la coacción ni el enfrentamiento". Así lo soltó hace unos días, el 16 de octubre concretamente. Y sin corrérsele el rímel. Después de dos legislaturas de sanciones, las dos de Gobiernos socialistas nos vienen con el cuento de la pedagogía no coactiva.

No le ha durado mucho, la Agencia Catalana de Consumo, ni caso. Bueno, ya no le hacen caso ni las encuestas. Y mira que es fácil que te hagan caso las encuestas...

El catalán de Sánchez Camacho
EDITORIAL Libertad Digital 12 Noviembre 2010

En una entrevista al subvencionadísimo Avui publicada este miércoles, la candidata del Partido Popular en las elecciones autonómicas catalanas, Alicia Sánchez Camacho, aseguró que regañaba a su hijo si le hablaba en castellano. Ante el escándalo, declaró a esRadio que se habían sacado de contexto sus palabras y que la realidad era distinta: lo corregía si metía palabras en catalán cuando hablaba en castellano y viceversa. Como única prueba de la veracidad de sus palabras, aseguró que llamaría al periódico para exigir una rectificación. Un día después, Libertad Digital contacta con Avui para comprobar si lo ha hecho y la respuesta es que no. Sin embargo, el jefe de prensa de Sánchez Camacho asegura que sí lo han hecho, que en el diario les han pedido disculpas pero se han negado a rectificar y ellos lo han aceptado.

¿Por qué el escándalo en primer lugar? Al fin y al cabo, la vida privada de Sánchez Camacho es eso, privada, y no debería ser objeto de una crítica política. Sin embargo, desde el momento en que la candidata del PP usó a su hijo para ganarse las simpatías de los lectores del Avui, más que probablemente nacionalistas, lo metió en el debate. Del mismo modo, la intimidad de la familia de Zapatero pasó a ser de interés público cuando el presidente del Gobierno describió con orgullo el sectarismo que demostraban sus hijas, que ya decían aquello de que la izquierda es buena y la derecha mala.

Naturalmente, dado que el PP se presenta como un partido nacional y de derechas, parecería lógico que sus líderes se comportaran como tales. Si Sánchez Camacho defiende sinceramente en público el bilingüismo y no la imposición de ninguna lengua, no se acaba de entender que en privado obligue a su hijo a olvidarse justo del idioma objeto de las iras del nacionalismo catalán, su rival electoral e ideológico. Parece, por tanto, que la candidata del PP está mucho más cerca del nacionalismo catalán que de la defensa de los derechos lingüísticos.

Es cierto que la lengua en que educamos a nuestros hijos no debería ser objeto de debate político. La administración y, especialmente, la educación pública deberían ofrecer sus servicios en los idiomas naturales de cada territorio; en el caso de Cataluña, el castellano y el catalán. Pero los nacionalistas, incapaces de encontrar otra razón por la que justificar sus respectivos hechos diferenciales, han hecho de la lengua un elemento de división de España y de creación nacional. Con la excusa de que Franco impidió el uso normal de las lenguas regionales, los nacionalismos van a cumplir ya treinta años de imposición lingüística.

Por otro lado, al margen de cómo eduque realmente Sánchez Camacho a su hijo, lo cierto es que sus formas dejan mucho que desear. Por lo que parece, se está limitando a decir a unos y otros lo que quieren oír, deporte que no por ser tan practicado por nuestros políticos resulta menos hipócrita. Para que la democracia funcione es imprescindible saber qué piensan y qué pretenden hacer los políticos a los que votamos. En caso contrario, el sufragio se convierte en una ruleta rusa, un juego en el que participamos ciegamente, o una expresión de adhesión más propia de una hinchada de fútbol que de una ciudadanía informada y consciente de sus derechos y obligaciones.

Claro que posiblemente sea eso lo que quiere este búlgaro PP. De ahí que Sánchez Camacho sea, entre todos los candidatos posibles, la elegida para dirigir el partido en Cataluña.

NUEVO DECRETO DE LA GENERALIDAD
Los directores de colegio pasan a ser comisarios lingüísticos en Cataluña
Como si de policías se tratase, a partir de ahora los directores de los centros escolares en Cataluña deberán vigilar que el catalán sea utilizado en los colegios como lengua vehicular. Así les obliga la Generalidad a través de un decreto publicado este jueves, tal y como recoge El Mundo.
LIBERTAD DIGITAL 12 Noviembre 2010

Un nuevo decreto de la Generalidad de Cataluña convierte a los directores de los colegios en gendarmes del catalán, cuyo cometido será "garantizar que el catalán sea la lengua vehicular de la educación" y la que "normalmente (sea) utilizada en las actividades del centro". De este modo, el tripartito pone colofón en materia lingüística a su más que probable última legislatura.

Igualmente, la Generalidad obvia de manera flagrante la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto y margina totalmente al castellano, al que ni siquiera menciona en su decreto. El consejero de Educación, el socialista Ernest Maragall otorga además potestad sancionadora al director. Lo más grave no es que con este nuevo decreto el director vaya a infringir la sentencia del TC sino que, además, éste debe vigilar que los profesores también la incumplan.

Esta medida ha suscitado numerosas protestas y dos sindicatos de docentes ya han presentado dos recursos ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por el poder absoluto que los directores tendrán atribuido ante los profesores.

Igualmente, la plataforma Impulso Ciudadano, presidida por el ex diputado de Ciudadanos José Domingo, presentará un tercer recurso por el incumplimiento de la sentencia del Constitucional en materia lingüística.

Domingo asegura que el decreto "obvia la sentencia del TC" porque "se olvida una vez más de que hay dos lenguas vehiculares de la enseñanza, obliga al director a vigilar el comportamiento de los profesores en este sentido, introduciendo en la enseñanza la figura de policía lingüística".

Advierte de LOS PELIGROS DEL PAÍS
Aznar: "La pérdida del concepto de Nación constituye una amenaza"
Aznar alerta de que "la confusión y el desorden" que sufre España está afectando al mismísimo concepto de nación, "que nos reúne a todos como ciudadanos". Da la voz de alarma: "Constituye una amenaza de retroceso". Sobre ETA, la cuestión "no es si está derrotada sino impedir que escape a su derrota".
Pablo Montesinos Libertad Digital 12 Noviembre 2010

Crudo diagnóstico de la situación que atraviesa España del que fuera su presidente. José María Aznar ha alertado de que a día de hoy se ponen en cuestión elementos tan básicos de la convivencia como el concepto de nación, por lo que ha hecho un llamamiento a tomar conciencia de la encrucijada en la que nos encontramos.

Aznar, que ha sido investido doctor honoris causa por la Universidad Católica de San Antonio de Murcia, centró, eso sí, su discurso en la lucha contra ETA, marcando el camino de lo que debería de ser la derrota definitiva de la banda terrorista.

Concretamente, el ex jefe del Ejecutivo afirmó que tanto los asesinos como sus “cómplices políticos” están ya derrotados, pero advirtió de que "nadie debe facilitar, por acción o por omisión, ninguna vía" para que "escapen a su derrota".

“Hay que hacer efectiva esa derrota” lo que, a su juicio, significa que "no hay precio alguno que pagar a los terroristas". "No existe el derecho a crear partidos ilegales ni a votarlos. No se puede plebiscitar la dictadura ni someter a votación la democracia", manifestó el presidente de la Fundación FAES, según recoge EFE.

"El final del terrorismo plantea un único riesgo: que perdamos en la victoria", continuó Aznar, para a renglón seguido reseñar que "debemos evitar que la derrota de ETA pueda transformarse en la ocasión para reescribir o borrar nuestra historia como democracia", por lo que "España no puede aceptar en ningún caso soluciones de excepción" para hacer efectiva esa derrota".

A su juicio, "no puede darse la impresión de que dos bandos moralmente equivalentes resuelven sus diferencias", pues si se diera la de que el Estado de derecho "puede quedar en suspenso o ser aplicado a conveniencia, se estaría dañando extraordinariamente a la democracia y se expondría a sus instituciones a la sospecha".

La idea de nación
Sin embargo, el ex presidente también ha hablado de España como nación, y de los riesgos que atraviesa. Y lo hizo de forma profusa ya que “son demasiados los asuntos en los que nuestro país ha sido precipitado hacia la confusión y el desorden, pero en ninguno de ellos esta confusión es más grave que sobre el concepto mismo de nación. La nación que nos reúne a todos los españoles como ciudadanos”; proclamó.

Y es que, según dijo, la pérdida de ese concepto constituye “una amenaza de retroceso de lo que han significado las últimas décadas de nuestra historia”, que son “décadas de progreso de la nación y que sólo así pueden ser entendidas, como un empeño común de los españoles”.

Es por ello por lo que Aznar pide “devolver un cierto buen sentido a las palabras y a las cosas que se refieren a la nación española. Un buen sentido que procure poner orden allí donde ahora reina el desorden, y claridad allí donde se pretende crear confusión”, sentenció.

El objetivo, desmenuzó el dirigente del PP, no es revisar la historia de España, sino alzar la voz y defender “la nación que logró reunirse en la Transición y de cuya existencia hoy se duda”.

ALERTA DE LOS PELIGROS DE ESPAÑA
Discurso íntegro de José María Aznar en Murcia
A continuación reproducimos íntegramente el discurso que José María Aznar ha pronunciado en Murcia:
Libertad Digital 12 Noviembre 2010

"Cuando nos detenemos a contemplar la vida pública de nuestro país es fácil que nos invada una honda preocupación. Preocupación ante la falta de anclajes culturales, intelectuales y morales. Preocupación por el hecho de que esa falta de anclajes no sea percibida como un problema grave. Preocupación también porque los efectos de todo ello sean tan claros y, sin embargo, siga pareciendo tan difícil que se llegue a producir una rectificación.

Vivimos realmente tiempos preocupantes. Tiempos que, creo que muy acertadamente, han sido calificados como de "pensamiento desordenado". Y pensar desordenadamente lleva de modo irremediable a actuar desordenadamente.

Eso es grave siempre, pero aún lo es más cuando se trata de un país que, como el nuestro, necesita que se marque su rumbo con objetivos claros e ideas coherentes.

El desprecio a la realidad, a los hechos y a sus causas, así como la falta de rigor en los conceptos y en las ideas, nos impide elaborar diagnósticos claros y fiables y, en consecuencia, nos impide también encontrar las soluciones a los problemas más acuciantes, y llevarlas a la práctica.

Son demasiados los asuntos en los que nuestro país ha sido precipitado hacia la confusión y el desorden. Pero en ninguno de ellos esta confusión es más grave que sobre el concepto mismo de Nación. La Nación que nos reúne a todos los españoles como ciudadanos.

Creo que si al menos fuéramos capaces de poner remedio a esta confusión que se ha introducido en la sociedad española acerca de su Nación estaríamos prestando un gran servicio a nuestro país.

Porque la pérdida de vigencia social del concepto de Nación española constituye mucho más que un problema. Constituye una amenaza de retroceso de lo que han significado las últimas décadas de nuestra historia, que son décadas de progreso de la Nación y que sólo así pueden ser comprendidas: como un empeño común de los españoles. Progreso económico, pero también progreso en derechos y libertades, en estabilidad institucional, en seguridad jurídica y en cohesión social. Progreso que ahora se encuentra en entredicho.

Por eso, quiero aprovechar la oportunidad única que me brinda esta Universidad para abordar la que, a mi juicio, es una tarea imprescindible y urgente. La tarea de devolver un cierto buen sentido a las palabras y a las cosas que se refieren a la Nación española. Un buen sentido que procure poner orden allí donde ahora reina el desorden, y claridad allí donde se pretende crear confusión.

Éste será mi propósito en los próximos minutos.
España es una de las naciones más antiguas del mundo. La historia de la nación española no comenzó con la Constitución de 1978. La antecede. La Constitución de 1978 no crea la Nación española: se basa en ella y recupera el sujeto político soberano –la nación de ciudadanos libres e iguales- que se constituyó en 1812.

Los españoles compartimos una vasta historia común que, como todas, y no menos que otras, se encuentra llena de momentos brillantes y logros extraordinarios. Y como todas, y no más que otras, tiene también zonas de sombra que no se deben ocultar y de las que hay que saber aprender.

Pero si esas zonas de luces y de sombras existen, es porque España no es una mera idea, sino una realidad histórica. No es sólo la idea de España lo que se cuenta en su historia, y no es sólo un ideal lo que significa ser español. España es una pieza fundamental de la cultura occidental. Sin su proyección cultural y civilizadora, el mundo sería muy distinto y sin duda sería mucho peor.

Ahora que se juega con la historia, ahora que se inventan tradiciones y proliferan falsas naciones cada día, y ahora que padecemos una fiebre pueril de localismos exacerbados, permítanme declarar una vez más que me siento tranquilamente orgulloso de ser español. Estoy seguro de que es un orgullo ampliamente compartido.

Orgullo que no se debe confundir con una visión complaciente de las cosas. Al contrario. De ese orgullo nacen la responsabilidad, el compromiso y el deseo de que, como nación, nos propongamos alcanzar nuevas metas.

Por ello, no es mi intención, ni sería útil que lo hiciera, revisar ahora la historia de España. Quiero hablar de la Nación que logró reunirse en la Transición y de cuya existencia hoy se duda.

Permítanme que formule algunas preguntas:
¿De qué hablamos cuando nos referimos a la Nación española?

¿Qué valores queremos expresar cuando defendemos la Constitución, las leyes y las instituciones que nacen de ella?

¿Qué hizo de la Transición política española un ejemplo reconocido dentro y fuera de nuestro país?

Es fundamental que respondamos con cierta claridad a estas preguntas. Porque con frecuencia nuestras referencias a la Constitución, a la Transición o a la Nación adoptan la forma de un argumento de autoridad cada vez más ignorado.

Corremos el riesgo de enfrentar la voluntad política de personas de hace muchos años a la legítima voluntad política de las personas de hoy. Y ése no es un buen camino; no es de eso de lo que se trata.

En 1978 se produjo un reencuentro verdaderamente nacional que nació del arrepentimiento colectivo por distintas situaciones históricas trágicas que España sufrió. Y de la convicción de que convivir en paz en un mismo territorio tiene más valor que una ideología política particular.

La Transiciónfue un acto masivo de reconciliación; también de perdón. Un acto que no fundó una nación sino que sanó a una nación. Porque mediante él la Nación española afirmó solemnemente que su única expresión política aceptable es la que se basa en los principios de la democracia, de la libertad y del respeto a los derechos civiles compartidos. Es decir, la Nación afirmó que su único modo digno de existencia política es el Estado de derecho. Los españoles lo hicimos.

Y precisamente por ello, por adoptar la forma irrevocable de una democracia moderna, la Constitución no es un estigma que deje sentir su peso sobre los españoles de hoy. Se hizo para los españoles de hoy. Y para asegurar que nuestro legado, a los que vengan después, será el de su libertad política.

La Constituciónno estableció un régimen de sumisión a una voluntad política expresada en 1978. Lo que la Constitución estableció es que nuestro Gobierno debía ser en cada momento el producto de nuestra propia voluntad. Eso es lo que se inauguró en 1978 porque la Nación española así lo quiso: no nuestra servidumbre sino nuestra libertad.

Por eso la Nación española y su expresión política no son algo estático, petrificado en una imagen de hace treinta años; no es algo que proyecte su dominio sobre nosotros desde un tiempo lejano. La Nación somos nosotros, cada uno de nosotros, haciéndonos cargo de la herencia que hemos recibido y pensando en el legado que debemos transmitir.

La nación es algo dinámico y vivo. Debe serlo. La Nación española es una voluntad renovada, es una conciencia de unidad, reflexiva y deliberada; es un vínculo social de solidaridad asentado sobre la base de una historia compartida, sobre la responsabilidad entre generaciones, sobre un compromiso ético exigente y sobre un empeño de permanencia y de apertura. No es una convención arbitraria; la Nación española tiene identidad pero no es una nación identitaria o nacionalista; es una nación plural y es incluyente. Lo ha sido, y lo es, en mucha mayor medida que otras naciones europeas. A diferencia de los nacionalismos, lo que reivindica la Nación española no es la imposición identitaria sino la libertad y la igualdad de los ciudadanos.

Por todo esto, la Nación española existe y es bueno que exista.

Y eso confiere legitimidad a nuestra Constitución y a nuestras leyes. Es nuestra voluntad política expresada democráticamente la que asigna y distribuye el poder dentro de ella. Y es nuestra libertad y son nuestros derechos los que se vulneran cuando se quebrantan nuestras normas.

Exaltar la Constitución es exaltar la obra de la Nación, que es la obra de todos.

Por eso, preservar la Constitución de 1978 significa preservar la oportunidad histórica que ganamos con ella: preservar nuestra concordia, nuestra convivencia pacífica, nuestra condición de ciudadanos libres en la ley e iguales ante ella. Y por eso quienes atentan contra la Constitución no atentan contra nuestra memoria, atentan contra nuestra libertad. Esto no es una especulación. Ya sabemos lo que pasa cuando alguien intenta olvidar y eludir todo lo que nuestra Constitución significa.

Quien protege el Estado democrático constitucional español protege una comunidad nacida de la voluntad de concordia, de perdón y de reconciliación; una comunidad basada en la libertad, en la justicia y en el respeto a los derechos de todos, una comunidad que existe realmente y cuyo nombre es España.

Si alguien encuentra en la democracia española un obstáculo a sus propósitos es porque lo que busca no es concordia, ni es reconciliación lo que persigue, ni es generosidad lo que demanda. Porque la democracia española es una expresión excepcional del espíritu de concordia, del deseo de reconciliación y de la generosidad.

La Naciónespañola es mucho más valiosa que lo que intentan quienes encuentran en ella una resistencia a sus proyectos políticos. Lo es por su compromiso con la defensa de los derechos humanos y del pluralismo social y cultural. Lo es por la consideración personal del ser humano, por la limitación y la vigilancia del poder político, por el respeto al Estado de derecho.

Todo esto diferencia lo que la Nación española ha sabido poner en el mundo de lo que cada día pretenden poner en él quienes procuran su desaparición.

De esta superioridad moral verdaderamente radical debemos ser conscientes los españoles, y en ella debemos encontrar ánimo para enfrentar inteligentemente a quienes pretendan dañarnos.

La Naciónespañola no va a dejar de existir como realidad social por el hecho de que se pretenda actuar como si no existiera. Tampoco porque sufra ataques que en ocasiones han sido brutales. Eso puede dañar nuestro progreso y llevarnos al abatimiento. Pero el sufrimiento de alcance nacional -y su superación- son también evidencia de que la nación, ese singular vínculo de solidaridad entre los españoles, existe.

Durante nuestra reciente historia democrática nada ha llevado más sufrimiento a nuestra nación que el terrorismo. Y ahora que he procurado aclarar algunas cosas que considero fundamentales sobre la Nación española creo que resulta más fácil aclarar también algunas cosas fundamentales sobre el terrorismo y su derrota.

ETA está derrotada histórica y socialmente. La derrota de ETA es uno de los grandes éxitos de la Nación española. La hemos derrotado con la limpieza de la ley y la democracia, con el Estado de derecho y la movilización de la sociedad española respaldando a sus fuerzas de seguridad, con el impulso moral y el ejemplo cívico de las víctimas. La hemos derrotado entre todos.

La colaboración internacional acabó con sus santuarios.
La ley de Partidos acabó con su perverso doble juego de votos y bombas contra la democracia.

El cumplimiento efectivo de las penas aseguró que la cárcel es el destino final de la carrera de los terroristas.

Y ahora hay que hacer efectiva esa derrota. Hacer efectiva la derrota significa que no hay precio alguno que pagar a los terroristas. No lo hubo cuando mataban; no lo puede haber ahora. Son los terroristas y sus cómplices los que tienen una deuda que pagar a la nación, a la democracia, a las víctimas.

Es de justicia que los delincuentes paguen por sus crímenes. El Estado de derecho no ha sido un problema; ha sido y es la solución. Debemos rechazar de plano la falsa idea de que aplicar las leyes obstaculiza la derrota del terrorismo y no aplicarlas la facilita. Son las leyes las que han derrotado al terrorismo y sólo las leyes harán efectiva esa derrota.

ETA y sus cómplices políticos están derrotados. Y nadie debe facilitar, por acción o por omisión, ninguna vía para que ETA y sus cómplices políticos escapen a su derrota. No nos dejemos enredar por este juego de unos supuestos terroristas buenos que quieren convencer a otros terroristas malos para que dejen el terrorismo del que todos ellos son responsables. Hay que impedir que este juego sea el último fraude que el terrorismo intente con éxito.

Permítanme que insista. La cuestión hoy no es si ETA está derrotada sino impedir que ETA escape a su derrota.
Quienes hablan de perdón, de reconciliación y de saber mirar al futuro mencionan palabras importantes. Pero nada sirve mejor a esos propósitos que la defensa íntegra de nuestro sistema político cuyos fundamentos son precisamente la reconciliación, el perdón y la generosidad de espíritu para poder mirar al futuro.

La Naciónespañola expresa en su Constitución una voluntad sincera de concordia, y cualquiera que busque concordia encontrará su lugar en nuestra Nación.

Algunos círculos políticos y de opinión han cultivado la idea de que el terrorismo que hemos sufrido era una asignatura pendiente de una Transición mal resuelta o el producto de un supuesto déficit democrático de ese proceso. Ésta ha sido una fabricación nociva que sólo ha servido para legitimar a ETA y que ahora podría volver a hacerse presente.

Podría volver a hacerse presente como excusa para explicar que algo habrá que pagarles, que su historia no es enteramente reprobable, que el crimen hay que contextualizarlo, que sus medios son rechazables pero que parte de sus fines son comprensibles, que los verdugos son víctimas de una circunstancia histórica, que hay que arrimar el hombro por la paz... En definitiva, intentar ahora hacer como si ETA no existiera, casi como si nunca hubiera existido, como excusa para no hacer efectiva su derrota.

Nuestras leyes ya fijan de modo claro el camino a seguir, el que conduce a la derrota efectiva del terrorismo y al triunfo de la libertad. Y fijan también el camino que debe transitar quien sinceramente busque el perdón y lo obtenga de sus víctimas.

La reconciliación, el perdón y la concordia es lo que ETA ha puesto en su diana desde hace décadas. Y pese a todo, siempre los españoles han estado dispuestos a atender el arrepentimiento de los terroristas que dejaron de serlo, y a actuar con generosidad. Ejemplos de ello no faltan. Ésa es también la fortaleza de la Nación española.

Pero no es de eso de lo que se trata ahora sino de algo muy distinto. Lo que los terroristas han pretendido siempre es que aceptemos la legitimidad de sus fines a cambio de que ellos acepten dejar de emplear sus medios. Dejar de matar a cambio de que su proyecto totalitario se acepte como legítimo sigue siendo hoy la misma transacción que los terroristas han pretendido siempre.

Abandonar la violencia no puede ser sólo renunciar a su uso desde ahora, debe ser también el reconocimiento expreso de que nunca debió ser empleada. No se trata de crear unas condiciones nuevas en las que la violencia carezca de sentido para el terrorista, se trata de establecer como idea de plena vigencia social que la violencia nunca ha estado justificada, que España no la merecía, que nada legitima el terrorismo. Que las víctimas son absolutamente inocentes y que los terroristas son absolutamente culpables. Insisto, se trata de rechazar que debamos actuar como si ETA nunca hubiera existido.

Al confirmar la ilegalización de las organizaciones políticas de ETA, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo declaró textualmente que:

"Un partido político cuyos responsables inciten a recurrir a la violencia o auspicien un proyecto político que no respete alguna o algunas de las reglas de la democracia, que aspire a la destrucción de la misma o menoscabe los derechos y libertades que esta última consagra no puede pretender que se le proteja contra las sanciones que se le hayan impuesto por cualquiera de estos motivos". (Fin de la cita)

En definitiva, ETA y sus cómplices políticos son incompatibles con la democracia tanto por sus medios como por sus fines. Insisto, no son aceptables ni sus medios, ni tampoco sus fines. No existe el derecho ni a crear partidos ilegales ni a votarlos. No se puede plebiscitar la dictadura, ni cabe someter a votación la integridad de la democracia. El menoscabo de los derechos individuales y el pluralismo no pueden ser sometidos a transacción política.

Lograr que el totalitarismo sea aceptado como una opinión política aparentemente legítima sería un éxito del terrorismo. Sería el reconocimiento de que el asesinato ha sido útil a sus autores; sería la aceptación de que ha tenido algún sentido; habría servido para la legitimación de la violencia.

La disyuntiva entre legalización o violencia terrorista es falsa. De hecho, la evidencia es la contraria. Quiero recordar que en el Congreso de los Diputados, en el Parlamento Vasco, en las Diputaciones Forales vascas, en los Ayuntamientos, en el Parlamento Foral Navarro y en el Parlamento Europeo hubo representantes de ETA mientras los pistoleros continuaban con su campaña de terror. Que se sepa, la presencia de esos terroristas en las instituciones no sirvió para evitar la muerte de nadie.

La historia del terrorismo en España es demasiado cruel como para que nos permitamos ignorar todo lo que hemos aprendido. Todo lo que las víctimas han sufrido. Todo lo que las víctimas nos han enseñado. ETA jamás ha matado para la libertad: siempre lo ha hecho para la opresión y la dictadura.

Es precisamente la sacralidad de la vida humana arrebatada a las víctimas lo que debe darnos fuerza para continuar la defensa íntegra de la democracia española hasta la erradicación completa del terrorismo. Porque la vida se protege derrotando al crimen.

No es verdad que las víctimas del terrorismo formen sólo parte del pasado. Por desgracia, nadie puede ya revertir la muerte ni el dolor. Pero el sentido de la muerte y el sentido del dolor todavía están por decidir, el sentido del sacrificio y del sufrimiento todavía no ha sido fijado y no lo será hasta la derrota completa e incondicional del terrorismo. Establecer ese sentido es nuestra responsabilidad como nación.

Quienes piden memoria, dignidad y justicia afirman el valor de nuestros principios políticos cuando más difícil es hacerlo. Renuncian a debilitar las bases de nuestra convivencia y de nuestra seguridad, y eligen fortalecerlas con su sacrificio personal. No se trata sólo de tenerlas en la memoria, se trata de reconocer su impagable sacrificio a favor de nuestra libertad. Y para reconocerlo debemos preservar intacta esa libertad.

El mito de la imbatibilidad de ETA cayó hace ya tiempo, incluso para quienes se resistían a ello. Ahora lo que debemos hacer es asegurar que la derrota efectiva de ETA sea la culminación de nuestro pacto constitucional. El éxito completo de nuestro pacto político de convivencia.

Y lo que debemos evitar es que la derrota de ETA pueda transformarse en la ocasión para reescribir o incluso borrar nuestra historia como democracia.

A España como nación el terrorismo no puede hacerle más daño que el que se derive de nuestra propia incapacidad para hacer de su derrota lo que debe ser: el triunfo de una nación que vence al terror en nombre de la vida y de la libertad.

España no puede aceptar soluciones de excepción para hacer efectiva la derrota de ETA en ningún caso. Si se diera la impresión de que el Estado de derecho que defendemos puede quedar en suspenso o ser aplicado a conveniencia se estaría dañando extraordinariamente la democracia española y se expondría a sus instituciones a la sospecha.

No puede darse la impresión de que dos bandos moralmente equivalentes resuelven sus diferencias. La democracia española no debe desviarse del respeto incondicional a los principios del Estado de derecho. Porque sólo así podrá mantener intacta su legitimidad moral y política para derrotar incondicionalmente a los terroristas.

Ésa ha sido siempre mi convicción y mi forma de actuar. También en los peores momentos del ataque del terrorismo. También cuando el terrorismo se propuso acabar con los partidos constitucionalistas en el País Vasco y Navarra mediante el asesinato sistemático de sus militantes y cargos públicos. También cuando entre esas víctimas estaban mis compañeros de partido.

El final del terrorismo plantea un único riesgo: que perdamos en la victoria. Es decir, que pierda la nación de ciudadanos. Que se le niegue su derecho a exigir a los terroristas todas sus responsabilidades. Y, por tanto, hay muchas cosas que están en juego para nuestra convivencia como españoles. Es responsabilidad de todos que la victoria contra el terrorismo sea la de la libertad y la justicia; la de la democracia y el Estado de derecho; la victoria de las víctimas y su memoria sobre el relato infame que enaltece a sus victimarios.

Quien quiera paz que mire la obra de la Nación española de 1978; quien quiera concordia y reconciliación que mire la Transición; quien busque generosidad para construir un futuro de democracia y libertad para todos, que asuma la Constitución. Y quien busque perdón que tenga el valor de mirar a sus víctimas".

La nación española de Aznar (causa primera, la lengua)
Nota del Editor 12 Noviembre 2010

En el boletín del 2009, enumeraba las heridas mortales que se ha  autoinfligido España, en primer lugar y como causa de las siguientes, la potenciación de las lenguas regionales en detrimento del español que ha sido barrido en muchas regiones que lo han declarado impropio, lo mismo que a sus hablantes (cualquier persona que quiera comunicarse en tales regiones, tiene que conocer al menos la lengua regional, a sus hijos les inocularán la lengua regional para "perpetuarla").

Pero ante la ilusión que pueda crear en los lectores la vuelta de Aznar o del PP, recordemos su postura en la causa primera del derrumbamiento, como dice D. Alberto Recarte, de España, repitiendo algunas cosas.

Del Boletín 18, Diciembre 2003

Respuesta del Presidente del Gobierno

PRESIDENCIA DEL GOBIERNO      GABINETE DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Isabel Pita Cañas
SUBDIRECTORA GENERAL
SECRETARÍA DEL GABINETE

Madrid, 23 de abril de 2002
Sr. D. xxx

Estimado señor:
Contesto al escrito que se ha recibido en esta Presidencia del Gobierno.

En cuanto a sus comentarios sobre la utilización de las diferentes lenguas cooficiales, nuestra Constitución establece en su artículo 3 que el castellano es la lengua oficial del Estado, y las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas, de acuerdo con sus Estatutos.

La coexistencia en España de diferentes lenguas, es una manifestación de nuestra pluralidad y riqueza cultural que, lejos de separarnos, contribuye a enriquecernos como pueblo. 

La utilización de las lenguas autonómicas en los respectivos territorios ha sido objeto de regulación a través de las Leyes de Normalización Lingüistica de diferentes Comunidades Autónomas (Cataluña, Valencia, País Vasco, Galicia, etc...) y, sobre este terna, se ha pronunciado en repetidas ocasiones nuestro Tribunal Constitucional, siendo el principio fundamental en esta materia el del reconocimiento a los ciudadanos del derecho a utilizar indistintamente cualquiera de las lenguas oficiales en su territorio, sin que nadie pueda ser discriminado por la lengua que utilice. 

A la vista de lo señalado, puedo asegurarle que existe un marco jurídico adecuado para garantizar el uso constitucional de las distintas lenguas, y desde luego, el Gobierno está permanentemente atento al necesario respeto a los derechos y obligaciones derivados del bilingüismo; agradeciendo para ello, las valiosas aportaciones de los ciudadanos que, como la suya, son de gran utilidad en el ejercicio de nuestra tarea. 

Reciba un cordial saludo.

Réplica a la carta del Presidente de de turno de la UE
xxx,   yyy,   zzz La Coruña

La Coruña, 6 de Mayo de 2002
Sr Presidente de de turno de la Unión Europea
Sr Presidente del Gobierno Español
Palacio de La Moncloa, 28003 Madrid

Sr. Presidente:
El pasado 8 de Abril le envié una carta poniendo de manifiesto el abandono por parte de Estado del cumplimiento de sus obligaciones constitucionales relacionadas con las personas hispanohablantes. 

A pesar de que decía que no pretendía recibir una respuesta de su gabinete español, ésta se ha producido y ante la misma, no me queda mas remedio que presentar mi más enérgica queja dado que constituye una vulneración de las más elementales reglas del respeto debido al sentido común de las personas. 

Califica mi carta y documentos  como comentarios, cuando se trata de una denuncia de casos concretos y generales de incumplimiento del artículo 3 de la Constitución Española. 

Afirmar que " La coexistencia en España de diferentes lenguas, es una manifestación de nuestra pluralidad y riqueza cultural que, lejos de separarnos, contribuye a enriquecernos como pueblo", demuestra una falta de rigor de tal calibre que no quiero calificar. 

Afirmar "siendo el principio fundamental en esta materia el del reconocimiento a los ciudadanos del derecho a utilizar indistintamente cualquiera de las lenguas oficiales en su territorio, sin que nadie pueda ser discriminado por la lengua que utilice.", teniendo conocimiento de la documentación enviada,  es absolutamente inadmisible. 

Afirmar " puedo asegurarle que existe un marco jurídico adecuado para garantizar el uso constitucional de las distintas lenguas," sabiendo lo acontecido con el Comité de Peticiones, y anteriormente con otros organismos españoles, es absolutamente irrespetuoso con el más mínimo sentido de racionalidad. 

Por todo lo cual, Sr. Presidente, le ruego tenga la amabilidad de leer la petición que envié al Comité de Peticiones del Parlamento Europeo, y demás documentación que le envié con la misma y si cree que puede contestar, si puede decir algo cierto, algo que tenga sentido, algo que implique el cumplimiento del espíritu y la letra del Art. 3º de la Constitución Española, le estaré muy agradecido, y a lo mejor algún día podré llegar a ser un ciudadano.

Mientras tanto, reciba un triste saludo de un desesperanzado contribuyente
xxx   DNI    yyy


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Sin consenso
José Antonio VERA La Razón 12 Noviembre 2010

Al margen de lo que diga hoy el CIS, de los últimos sondeos en Cataluña llaman la atención varias cosas: el hundimiento de ERC, que beneficiará previsiblemente a CiU; la no recuperación del PSC de Montilla, lastrado por la economía y por haber hecho durante cuatro años una política contraria a los intereses de sus votantes; el distanciamiento de Convergencia, pero sin ser un despegue total que le permita gobernar sin apoyos; y la subida más que llamativa del PP. Bajo mi punto de vista el voto se va a mover por la cuestión económica, y esa circunstancia beneficiará particularmente a Mas. Pero también se adivina un correctivo a quienes desde el tripartito han promovido durante dos legislaturas una política de imposición, «dedicándose a regular todas nuestras actividades, desde lo que comemos hasta la velocidad a la que circulamos, pasando por lo que reciclamos o la lengua que hablamos».

El entrecomillado pertenece a Xavier Sala i Martín, famoso por sus posiciones independentistas, que sin embargo afirmaba en su artículo «¿Una lengua impuesta?» que «los castigos y las imposiciones generan anticuerpos y antipatías y acaban teniendo el resultado opuesto al deseado». Se refería a la política de persecuciones, multas y sanciones lingüísticas del tripartito de Montilla, trasladada a la Universidad con la pretensión de que se examinen de catalán los profesores que quieran ejercer la docencia en Cataluña. «Obligar a examinarse de catalán –decía– da una imagen de intransigencia y provincianismo (…) Nuestra lengua debe ser fomentada desde el corazón y no de la imposición».

Valgan estos párrafos para exponer una situación real que cada día irrita más a mayor número de ciudadanos, pese a que es habitual que los políticos la soslayen arguyendo que en Cataluña no hay ningún problema lingüístico. No lo hay, en efecto, en la calle y entre la mayoría de los ciudadanos de a pie, que conviven indistintamente y sin problema en una u otra lengua. Pero empieza a haberlo en las instituciones y en las normas que éstas dictan de aplicación obligatoria para comercios, hospitales, colegios, universidades, medios de comunicación, cines y vías públicas. Fundamentalmente porque lo que pretenden no es fomentar el provechoso bilingüismo, sino imponer el catalán como lengua única.

En los populosos barrios del cinturón de Barcelona saben bastante de esta materia, y les empieza a molestar que el partido al que habitualmente votan, el PSC-PSOE, se haya destapado como una formación más integrista incluso que CiU.

Quizás ahí esté también la explicación de por qué Artur Más no acaba de arrasar en las encuestas, así como de la caída estrepitosa de los socialistas y la subida del PP. Escribía no hace mucho Antoni Puigverd que «algunos se empeñaron en avanzar hacia el monolingüismo catalán. No quisieron enterarse de que, en un país como Catalunya, cualquier avance de la lengua propia debe contar con el consenso proactivo de la mayoría castellanohablante. Este consenso existía años atrás. ¿Existe ahora?». Evidentemente, no. No hay consenso cuando lo único que se ve es imposición.

Txusito
IGNACIO CAMACHO ABC 12 Noviembre 2010

ALEGRE, espontáneo y dicharachero, Jesús Eguiguren se ha autoinculpado de al menos dos delitos al admitir sus idas y venidas con Josu Ternera, ese mocetón tan simpático y jatorra que tiene el defectillo —«nadie es perfecto», decía Joe E.Brown en «Con faldas y a lo loco»— de ser o haber sido uno de los jefes de la ETA. Uno de lo delitos es el muy obvio de reunirse con terroristas y el otro podría ser, dada la condición de prófugo de Ternera, el de denegación de auxilio a la justicia. Por ello, en puridad jurídica, cuando Eguiguren comparezca hoy como testigo de la defensa en el juicio contra Arnaldo Otegi —otro chico estupendo algo descaminado—, el fiscal o el juez deberían pedir que se le dedujera aparte testimonio de sus confesas andanzas, con advertencia expresa de la posibilidad de resultar imputado. Por tomarse un café con el citado Otegi acabaron empapelados el actual lendakari Patxi López y su antecesor Ibarretxe, ahora memorialista de su propio delirio. Ninguno de los dos llegó a proclamar su «afecto» por el procesado, un etarra en comisión de servicio como presunto activista político.

Aunque sus compañeros socialistas lo desautorizan con la boca chica y lo consideran un verso suelto imposible de rimar con la estrategia del partido, Eguiguren hace tiempo que va y viene cruzando, como Cyrano de Bergerac, las líneas del enemigo para llevar mensajes de no se sabe quién a no se sabe dónde. También cruza a menudo, cargado de buena intención según quienes le conocen, las líneas rojas que la dignidad y el sentido común han impuesto en la resistencia contra el terrorismo, y en el vaivén pisotea alguna que otra hoja suelta sin notar el crujido de la memoria de las víctimas de sus amigotes. Da gusto entenderse, ha declarado en la tele, con Josu Ternera, un vasco jovial amante del vino y la buena mesa con el que fluye la charla de modo natural y, literalmente, cómplice. Hasta tal punto ha persistido en su trajín de chácharas que algún documento etarra alude a la «vía Txusito» como línea de diálogo nunca interrumpida. Cuando todos los caminos se cierran y la Guardia Civil siempre aparece al fondo de la encrucijada, queda la «vía Txusito» para continuar manteniendo la esperanza. El Estado aprieta pero Txusito no ahoga.

Si fuese por Txusito, el conflicto vasco llevaría años resuelto. Él mismo lo dice: el entendimiento es fácil si se prescinde de los muertos, que son 860 muerto arriba, muerto abajo. Nos olvidamos de ellos y ya está, a vivir que son dos días y en Euskadi son «cuatro gatos» (sic) y acaban cogiéndose afecto. No pocos de esos muertos eran compañeros de filas de Eguiguren aunque los muchachotes del otro lado no les dieron tiempo a tomarles estima. Pero como ya es inevitable qué se le va a hacer, pelillos a la mar brava de Bermeo y a tomarse unos potes con la peña. Que son buenos chicos y han cambiado. Palabra de Txusito.

Arnaldo Otegi, prendido en sus esposas
Roberto Blanco Valdés La Voz 12 Noviembre 2010

Ver entrar en la Audiencia Nacional, esposado, a Arnaldo Otegi, para ser juzgado por un delito de enaltecimiento del terrorismo es un sencillo pero indispensable acto de reparación de la memoria de quienes morían asesinados por ETA mientras, año tras año, él se paseaba, defendiendo a los terroristas, como Pedro por su casa. Pues son las esposas y las salas de justicia, y no la libertad y las salas de prensa, lo que los delincuentes deben tener reservado en los Estados de derecho. Y Otegi ha sido siempre y solo un delincuente.

De hecho, la idea de que quienes hacían apología de los crímenes de ETA eran, en realidad, ciudadanos que ejercían la libertad de expresión para dejar constancia de un supuesto conflicto entre España y el País Vasco y no los amigos, cuando no los directos cómplices, de la banda terrorista fue una de las perversiones políticas y morales más abyectas de una situación en que la abyección era el pan de cada día. Porque una cosa es defender la independencia, lo que cualquiera puede hacer en una democracia pluralista, y otra muy distinta proteger, amparar y jalear a los que dicen defender esa independencia a través del terrorismo y se consideran con derecho a llevarse por delante a quien no comparte sus desvaríos criminales.

Hoy, cuando ETA está en las horas más bajas de su historia, hemos conseguido que parezca una evidencia que quienes defienden públicamente, del modo que sea, los métodos terroristas, no pueden formar parte, como si tal cosa, de la comunidad de ciudadanos y muchos menos pueden pretender representar en las instituciones democráticas a quienes piensan como ellos.

Pero hubo un tiempo, no tan lejano como ahora nos parece, en que el mundo etarra había dividido funcionalmente su trabajo entre quienes pegaban tiros, ponían bombas, secuestraban y hacían todo lo necesario para que la máquina criminal siguiese operativa y los que tenían por tarea defender a los violentos, justificando sus acciones como la mera expresión de un conflicto no resuelto del que las propias víctimas eran en última instancia responsables.

Esa basura, adobada por el matonismo facineroso de unos pocos y la cobardía culpable de una parte nada despreciable de la sociedad vasca, pasó durante años por ser una teoría respetable, que defendían también algunos escritores y cineastas incapaces de distinguir el bien del mal.

La imagen de Otegi esposado a las puertas de un tribunal de justicia avergüenza, por eso, no solo a esa exigua tropa que todavía hoy le sigue dando apoyo, sino también a todos aquellos que lo consideraron un hombre de paz y un mensajero del final de un conflicto que no es otra cosa que el delirio de quienes quieren imponer sus ideas a punta de pistola.

Vergüenza y coherencia
Mal está mentir, pero peor es insultar la memoria de las víctimas de ETA.
C. Sánchez-Vicente www.gaceta.es 12 Noviembre 2010

Otegi, ese hombre de paz, ¡qué imaginación le echó ayer!, así que cuando envió en el mitin proetarra de Anoeta un recuerdo a “los compañeros que han quedado en el camino”, no se refería a ningún miembro de ETA, si no a los “cargos electos e institucionales” batasunos y afines, ¿eh?.

Mal está mentir, pero peor es insultar la memoria de las víctimas de ETA, y eso hizo, en mi opinión, cuando, al explicar por qué quiso rendir allí “homenaje su labor militante”, añadió que es que ninguno de los miembros de Batasuna y demás listas blancas “se ha llevado nunca dinero público”, lo que “es de destacar en los tiempos que corren”, concluyó. Tal cual lo escribo.

Vale que los políticos demócratas que se lucran del dinero público, los “sobrecogedores”, son unos ladrones, no seré yo quien le quite hierro a esto. Pero es que ETA, además, amenaza con matar si no pagas. Más de una vez han pasado de la amenaza al hecho. Y, no según yo, ni usted, según sentencia firme del Tribunal Supremo, la Batasuna a la que ahora dice que quería homenajear Otegi resulta, ¡qué le vamos a hacer!, que es ETA. No que ayuda ni que anima ni que no condena a ETA: que “es” ETA.

La zorra denunciando a las gallinas, los recaudadores y/o usufructuarios del chantaje y la extorsión etarra, el mal llamado impuesto revolucionario, dando lecciones de moral. No, no se le cayó ayer a Otegi la cara de vergüenza. Tampoco es que yo lo esperara, ni creo que nadie; me sorprendió su desparpajo, simplemente. De los etarras no hay que esperar ética alguna ni hay lugar con ellos para la decepción moral.

Pero a los demócratas sí cabe exigirles ambas cosas, vergüenza y coherencia. Al presidente de los socialistas vascos, Eguiguren: ¡testigo de la defensa de Otegi, por Dios!, sí. Al lehendakari Patxi López, metido a defensor del empecinamiento de su jefe de filas en ver hombres de paz donde solo hay, hubo y habrá terroristas hasta la derrota de ETA, también.

"¿Por qué murió papá?"
Fernando Baeta El Mundo 12 Noviembre 2010

Esta es la única pregunta que Laura Martín, viuda de Juan Carlos García Goena, no ha sabido responder a ninguna de sus tres hijas -a la tercera ni tan siquiera la llegó a conocer su padre- desde que hace 23 años los GAL asesinaran a su marido en Hendaya. Primero vivieron el drama de una muerte brutal, después la tragedia de no encontrarle una explicación lógica y finalmente la persistente angustia de tener que seguir adelante inmersos en la ignorancia, sin saber por qué habían perdido lo que más querían. Al margen de cualquier otra lectura, las declaraciones del ex presidente del Gobierno Felipe González han debido ser para Laura como otra bomba-lapa incrustada en sus entrañas, una vuelta de tuerca más en su amargura personal, un paso atrás en su deseo de olvidar lo inolvidable, un puñetazo en los sentidos pare recordarle una vez más que todavía no puede contestar una pregunta tan sencilla: “¿Por qué murió papá?”

El objetor y antibelicista Juan Carlos García Goena huyó de España en 1980 porque no quería hacer la mili. Simplemente. Jamás tuvo ni tan siquiera contactos con grupos abertzales y mucho menos con etarras. Pero voló por los aires el 24 de julio de 1987, en el último atentado reivindicado por los parapoliciales Grupos Antiterroristas de Liberación. No es de extrañar la rabia de Laura, su enfurecimiento y su impotencia recordando gracias a González estos años de luto y silencio, de noches de insomnio, de lágrimas solitarias, de ver crecer a sus hijas sin padre y sin poder explicarles el por qué. Ahora reclama Justicia -la lleva pidiendo desde aquél trágico verano- pero rechaza la venganza porque sabe mejor que nadie que no se puede vivir odiando eternamente. Pero también con la absoluta seguridad de que para mirar el futuro hay que saber lo que nos han arrebatado el pasado

Montilla convierte a los directores de colegios en 'policías' del catalán
Un nuevo decreto aprobado por la Generalitat obliga a estos profesionales a garantizar que este idioma sea la lengua vehicular en los centros de enseñanza
El Mundo 12 Noviembre 2010

Madrid.- Los directores de los colegios en Cataluña se convierten en 'policías' del catalán con el nuevo decreto aprobado por el Ejecutivo de José Montilla, en el que se regula que este grupo de profesionales tiene que “garantizar que el catalán sea lengua vehicular de la educación, administrativa y de comunicación utilizada normalmente en las actividades del centro”.

Así lo especifica el artículo 6 de este decreto de dirección de centros. En él no se hace ninguna mención al castellano, que según el Tribunal Constitucional tiene que ser la lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña, junto con el catalán. Según recoge la sentencia del TC, “no puede ponerse en duda la legitimidad constitucional de una enseñanza en la que el vehículo de comunicación sea la lengua propia de la Comunidad Autónoma y lengua cooficial en su territorio, junto al castellano”,

Si este decreto (el tercero del consejero de Educación de la Generalitat, Ernest Maragall, para desplegar la Ley de Educación de Cataluña) se lleva a cabo, desde los colegios catalanes se estaría incumpliendo la sentencia y los directores de las escuelas serían los encargados de vigilar que los profesores tampoco la respeten.

Ante esta situación, la plataforma Impulso Ciudadano, presidida por José Domingo, ha recurrido este decreto por el incumplimiento de la sentencia del Constitucional en la cuestión lingüística. Para José Domingo, el decreto “se olvida una vez más de que hay dos lenguas vehiculares de la enseñanza, obliga al director a vigilar el comportamiento de los profesores en este sentido y además le da la posibilidad de remoción del profesorado”, lo que significa que puede echar a los docentes de su puesto de trabajo si no dan las clases en catalán.
 

Recortes de Prensa   Página Inicial