AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 13 Noviembre  2010

 

Gafas de sol
El nuevo estribillo es que no somos Irlanda; tras el «no somos Grecia» congelaron las pensiones y bajaron los sueldos
IGNACIO CAMACHO ABC 13 Noviembre 2010

EL Gobierno podrá ganar o perder las elecciones —que más bien parece que las va a perder— pero hace tiempo que ha perdido la confianza. Nadie le cree, ni dentro ni fuera de España. Los mercados han vuelto a apretar la temida tuerca del spread, el diferencial que mide lo (poco) que se fían de nosotros, porque no ven en Zapatero a un gobernante capaz de ajustar los gastos y empiezan a darse cuenta de que las fusiones frías de las cajas de ahorro son un truco para enmascarar su falta de saneamiento. En el interior, la gente se mosquea cuando oye a la vicepresidenta Salgado retomar la cantilena del «no somos Irlanda»; cuando decía que no somos Grecia tuvo que congelar las pensiones y bajar el sueldo de los funcionarios. El zapaterismo es un estilo de gobernar basado en la retórica, pero los tipos que se juegan el dinero financiando nuestra deuda no están para milongas y quieren resultados, medidas, hechos. Y lo que ven es a un presidente parapetado en sus gafas de sol que después de asfixiarse corriendo detrás de Cameron saca pecho para prometer ante el G-20 un ficticio millón de empleos a base de energía verde. El campeón del desempleo quizá sepa que a estas alturas esa clase de faroles mueven a risa a sus conciudadanos pero por lo visto aún espera impresionar a los mandatarios internacionales. Si ya no cuelan ni los encantos de Obama no parece que nadie se vaya a tragar las cuentas de la lechera de su émulo circunflejo.

El asunto de la prima de riesgo se ha complicado con la pretensión alemana de que los tenedores (privados) de la deuda asuman parte del riesgo de rescate: es decir, que se coman una porción de las posibles pérdidas en caso de suspensión de pagos. Con Irlanda al borde del colapso esos tipos nos van a pedir más garantías, y mientras no se las demos se las cobran en la dichosa prima. Para 2011 España va a tener que pagar 27.000 millones en intereses de deuda, y subiendo. El miedo de los germanos no lo disipan ni Salgado con sus estribillos ni Zapatero con sus mantras de empleo sostenible. Quieren recortes de gastos e infraestructuras que muestren voluntad seria de pagar: un Estado más delgado con menos funcionarios, unas autonomías más austeras y unas cajas más solventes. El Gobierno no se atreve a ajustar más antes de las elecciones locales y autonómicas, y después tendrá que recurrir a más subidas de impuestos porque es incapaz de meter la tijera de podar en sus dispendios clientelares. Ésa es la realidad —ésa y el crédito particular cerrado porque si el Estado no se puede financiar en el exterior, los bancos menos— y Zapatero no la va poder camuflar con su estupenda melodía de empleo verde ni amarillo. La imagen del presidente con gafas negras en Seúl es la de un gobernante cegado por la abrasadora evidencia de la desolación financiera.

El tiempo no pasa en balde
J. M. RUIZ SOROA El Correo 13 Noviembre 2010

Cuando se contempla la patente realidad de que en España existen una serie de partidos políticos o agrupaciones electorales que han sido excluidos del juego político democrático en aplicación de la Ley de Partidos de 2002 se puede adoptar uno de estos dos puntos de vista. Uno, el de que la democracia española está incompleta porque le falta un sector político y ciudadano, y que éste es un defecto que debe ser superado cuanto antes, en cuanto el sector filoterrorista lance el más mínimo signo de cambio en su postura. Excluir a algunos de la democracia es una excepción a la regla general, un caso límite que debe ser interpretado restrictivamente ('odiosa sunt restringenda', dice el brocardo). Otro, que la exclusión de quienes defienden una sociedad incompatible con el modelo de una sociedad democrática hace más completa y perfecta la concreta democracia que pone en vigor esa exclusión. Que la democracia defectuosa no es la que excluye al filoterrorista, sino aquélla que lo admitiese en el juego normal. Por ello, antes de readmitir a los excluidos, el Estado de Derecho debe asegurarse de que existe por su parte una voluntad clara y sostenida de renunciar al discurso del odio.

Para los primeros, el problema de la relegalización es un problema de los demócratas, que deberían preocuparse ansiosamente por completar su democracia. Para los segundos, el problema no es de los demócratas sino de los filoterroristas: sobre ellos pesa la necesidad de cambiar.

El tiempo no pasa en balde, y en este caso el tiempo ha hecho que el Estado de Derecho español se haya movido desde la primera a la segunda posición. La Ley de Partidos es la misma que en 2002, pero al mismo tiempo no es ya la misma. Hace una década nos movíamos en un terreno inseguro y pantanoso, en el que era obligado presumir la legitimidad de cualquier partido político mientras no se demostrase con solvencia su implicación en un proyecto antidemocrático. Hoy, por el contrario, el Estado de Derecho actúa desde una posición de tranquila seguridad en sus principios, y puede exigir a los que se presentan como conversos que acrediten la solidez de su voluntad. El tiempo, ese factor insensible que todo lo cambia, ha provocado un desplazamiento en la distribución de la carga de la prueba: no son ya los demócratas los exigidos de demostrar nada, sino que son los excluidos los que deben probar su conversión sobrevenida.

Los motivos por los que el tiempo ha provocado una inversión de cargas probatorias como la que ha sucedido son a mi juicio dos. En primer lugar, la Ley de Partidos de 2002, una norma que nació temerosa y acomplejada (hasta la Iglesia la tachó de inmoral), ha sido convalidada una y otra vez por instancias externas.

Sobre todo, por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en sus sentencias de 30-6-09 que ha dicho, entre otras muchas cosas, algo que no debemos olvidar: que el derecho de participación política no es un derecho individual básico, sino uno de carácter instrumental, subordinado siempre al fin que se persigue con esa participación. Que es el de lograr una democracia que garantice los valores de pluralismo, apertura y tolerancia. Por eso, cuando se valora una Ley como la española de Partidos no debe ponerse el foco crítico en la defensa de una esfera individual frente al poder, sino en el objetivo de promover una determinada forma de ejercer el poder, la que persigue sinceramente aquella democracia sustancial. La cuestión a ponderar no es así la de si algunos están excluidos, sino si la democracia resultante de ello es de mejor calidad: y una democracia que excluya el discurso del odio lo es sin lugar a dudas.

Pero es que, al mismo tiempo, la actitud repetida y persistente del movimiento político excluido al buscar excusas, trampas y artilugios leguleyos para sortear la exclusión sin renunciar a su ideología ha terminado por crear un nuevo contexto de interpretación. Porque no puede ser idéntico el canon de comprensión hacia quien por primera vez es enjuiciado que ante quien reiteradamente lo ha sido por intentar burlar los principios establecidos. Este segundo ha construido con su propia actuación un nuevo canon de interpretación, uno que podríamos caracterizar como el criterio de la duda metódica o de la filosofía de la sospecha: cualquier afirmación que venga de ese mundo debe ser acogida con escepticismo, de manera que la valla de desconfianza que deben superar es cada vez más alta. Y no la hemos alzado nosotros, sino ellos con su conducta.

La inversión hermenéutica que se ha producido tiene consecuencias en la aplicación de la norma a la hora de levantar la exclusión, que es la hora a la que parece nos aproximamos. Porque significa que lo que ayer fue suficiente puede no serlo ya hoy. En concreto, la condena concreta y contextualizada del terrorismo pudo ser ayer un mero indicio, o un contraindicio; hoy en cambio es una condición mínima, pero que incluso puede no ser suficiente: pues podría exigirse a los que reclaman por enésima vez su legalización que condenen también el terrorismo pasado. La democracia actual integra cada vez más la dimensión de la memoria, por lo que no podría accederse a ella siendo todavía portador de una memoria que dignifique el odio y el sufrimiento. Incluso si el terrorismo tira la toalla, puede ser exigible una condena del pasado. Y, por poner otro ejemplo de lo que hoy democráticamente cabe, el canon de la duda puede hacer que se exija una prueba fiable de que la voluntad sobrevenida es persistente y sostenida y no fruto de una conveniencia instantánea. La democracia puede exigir un período de comprobación, puede instalar un lazareto. No afirmo que así deba ser, ni pretendo adelantar juicios que solo a las autoridades corresponden; pero sí creo que el Estado de Derecho está legitimado para aplicar esas medidas si lo cree procedente.

Sostenible
Alfonso USSÍA La Razón 13 Noviembre 2010

Es el vacío mensaje «progre». Se encaja en cualquier esquina. Sostenible. El adjetivo de Zapatero. En Seúl, sin que se le agriete la cara y manteniendo una seriedad solemne ajena al lógico ataque de risa, Zapatero ha anunciado la creación en España de un millón de puestos de trabajo con empleos de la «economía verde sostenible». También se refirió a la edificación sostenible, que no termino de entender lo que es. Toda edificación tiene la obligación de ser sostenible. En caso contrario sería una edificación derrumbable, y no tendría sentido. En los ríos de España se ha impuesto la gestión sostenible de las truchas, y en las sierras y dehesas, de los conejos y los jabalíes. Nos hallamos en la era de la economía sostenible que no se sostiene por ninguna parte.

Economía ecológica sostenible y un millón de puestos de trabajo. Los asistentes a la cumbre del G20 en Seúl han demostrado una exquisita educación. Nadie se ha reído. Con toda probabilidad porque no lo han entendido. Un problema de la traducción simultánea. Resulta curioso el desenfado de Zapatero cuando se halla a miles de kilómetros de Rodiezmo. Zapatero ha demostrado que no está capacitado para crear puestos de trabajo, y menos aún un millón de ellos, ya sean ecosostenibles verdes o consecuencia de sus auroras boreales, de sus portentosas mentiras. Pero temo que el único que lo cree es él mismo, víctima de su facilísima falsedad. Para mí, que Zapatero confía en la necedad sostenible de la sociedad española, y apura su donaire en el engaño para sostenerse en el poder.

Me pasa con la economía verde, ecológica y sostenible lo mismo que cuando oigo que una persona es muy cultivada. Que me la figuro con las orejas abarrotadas de rábanos, zanahorias y espinacas. Hasta la fecha, la energía llamada blanca, la energía supuestamente limpia, es ruinosa por cara. Y los ecologistas no han mostrado su malestar por la destrucción de los paisajes de España. No hay altozano, ni cumbre, ni cuerda montañosa, ni páramo alto en nuestra tierra que no haya sido violado por esos terroríficos molinos blancos que tantos beneficios dan a unos pocos. Protestan por una valla que impide el paso a un sapo partero y no por el aniquilamiento de nuestros paisajes. Un horror perfectamente sostenible, como la afonía indigna de los ecologistas «sandía».

Pero lo del millón de puestos de trabajo no resulta aceptable ni desde le sentido del humor. A los parados les importa un bledo la economía verde, azul, violeta o naranja. Lo que desean es un puesto de trabajo, después de que los gobiernos de Zapatero hayan destrozado dos millones de ellos. Zapatero es el creador de la angustia sostenible en millones de hogares de España. A este pobre hombre no se le puede tomar en serio. Y menos en Seúl, a miles de kilómetros de Rodiezmo.

Economía sostenible, ecologismo sostenible, gestiones sostenibles, adecuación sostenible de la interacción autonómica, edificación sostenible, impulso sostenible y al final, mentira sostenible. Una mentira perversa camuflada en su proverbial cursilería semántica. Los empresarios que le acompañaban se miraban con estupor mientras oían sus oquedades. Aquí, en Rodiezmo, lo único sostenible es la ruina.

Indigno esperpento
HERMANN TERTSCH ABC 13 Noviembre 2010

Tengo que discrepar hoy del juicio de mi querido y admirado Carlos Herrera. A lo que estamos asistiendo estos días, con la vergonzosa actuación del Gobierno español en la crisis marroquí, no tiene nada que ver con «realpolitik». Es más bien lo contrario, un alarde de dejación en la defensa de los intereses de España.
Es inmoral por la aceptación de la brutalidad marroquí, pero ante todo por el desarme moral, político y de seguridad que supone esta quiebra. Y es un espectáculo grotesco de cobardía e incompetencia. No vamos a enumerar los errores, la falta de criterio y dignidad de todos los responsables de esta traca indecorosa. Sí, la desautorización de la ministra Jiménez quince días después de su nombramiento con la orden directa del presidente a su antecesor para que viajara a Argel, es un disparate.
Pero «Morotrini» se ha desautorizado ella sola en dos semanas con tal rotundidad, rapidez y soltura que su única salida digna es dimitir. Nuestra política exterior ha entrado en el esperpento.
El régimen dictatorial de Marruecos no se ha vuelto loco. No puede asegurarse lo mismo de nuestra democracia. Rabat ha visto que una nueva generación de saharauis cristaliza en una amenaza real. Ha decidido decapitarla. Y goza de una constelación ideal para esta empresa, con EE.UU. y Francia preocupados por cualquier brote radical en el Magreb, y una España dirigida por esta tropa de ineptos. Obsesionados por no perder sus intereses en Marruecos. Suyos, no de España. Renunciaron a utilizar los medios de presión que tiene España. Que son más que los de Marruecos frente a nosotros. Como con otras satrapías, han pretendido una armonía tramposa a cambio de jirones de dignidad española. Rabat les ha cogido la medida. Son incapaces de defender a los periodistas. Excuso hablarles de nuestra soberanía.

¿Y si Israel hubiese atacado El Aaiún?
EDITORIAL Libertad Digital 13 Noviembre 2010

Apenas unas horas después de que el ejército israelí matara en defensa propia a una decena de activistas de la mal llamada Flotilla de la Libertad, el Gobierno español no dudó un momento en llamar al embajador israelí, Rafael Schutz, para exigirle explicaciones por los "graves", "preocupantes" y "desproporcionados" hechos acaecidos. El propio PSOE, por boca de Elena Valenciano, no tardó ni unas horas en "condenar energéticamente (...) este inadmisible ataque". Posteriormente supimos que el Mavi Marmara era un buque organizado por Hamas para provocar precisamente una reacción sangrienta con la que volver a incitar el odio hacia Israel por parte de la comunidad internacional.

No en vano, Hamas sabía que su estrategia no caería en saco roto, pues el ambiente antisemita que se respira en la mayoría de Gobiernos occidentales (no hablemos ya de los no occidentales) propicia que cualquier actuación discutible del Estado de Israel se convierta en una causa general contra todo lo judío.

Mejor le habría ido a Israel de haberse transmutado en Marruecos. Cinco días después de que el ejército marroquí entrara en El Aaiún y asesinara a varios saharauis –incluido uno de origen español–, el Gobierno español sigue sin condenar su actuación. La nueva ministra de Exteriores ha justificado su pusilanimidad en que "hay un flujo de informaciones contradictorias, y no se conoce el recuento". En otras palabras, para el Ejecutivo español la condena de los asesinatos no depende de las circunstancias en que éstos se produzcan –si suponen una iniciación de la violencia o una respuesta legítima a la misma– sino de la cuantía de los cadáveres.

Se podrá pensar que el doble rasero del PSOE, que condena al Estado de Derecho israelí con las mismas prisas con las que disculpa a la dictadura marroquí, se debe a una simple táctica comercial. Zapatero ya lo dejó claro en su momento al firmar que "el Gobierno pone por delante los intereses de España", lo que sólo puede significar o que los intereses de España pasan por promocionar las autocracias o que está dispuesto a vender nuestra dignidad y nuestros principios por 30 monedas de plata.

Sin embargo, esta ingenua interpretación no casa demasiado bien con un Gobierno tan ideologizado y tan despreocupado por la economía como el de Zapatero. En realidad, la explicación a tamaña hipocresía hay que buscarla en otra parte: en la judeofobia, esa actitud tan típicamente occidental de enjuiciar a los judíos con una vara de medir distinta que al resto del mundo.

Para ser antisemita no es necesario militar en un partido neonazi ni hacer apología del odio contra Israel; basta para ello con excusar a los antisemitas activos y con disimular las propias pulsiones antijudias detrás de un doble lenguaje que permite censurar siempre y en todo momento la actuación de los israelíes. Nunca nos cansaremos de denunciar esta sofisticada hipocresía detrás de la que se esconde la secular judeofobia de la izquierda y de la derecha. En momentos como éstos, es imprescindible recordarlo.

Los culpables de la guerra civil fueron el marxismo, el PSOE y Largo
Enrique de DiegoEl Semanal Digital  13 Noviembre 2010

El escudo de los Reyes Católicos del Palacio de los Abarca-Maldonado, situado en Salamanca, sede del Museo Histórico Provincial, viene siendo objeto de continuos ataques con pintura roja, porque lo confunden con un símbolo franquista. La ignorancia es atrevida y tiende a degenerar en vandálica (¿de dónde viene este adjetivo?).

Esos ignorantes socialistas no caerían en tan groseros errores, y serían más educados, además, si escucharan –de 20 a 21 horas- la primera hora de mi programa A Fondo en Radio Inter. (93.5 de FM en Madrid), dedicada a la historia de España y a reforzar nuestro patriotismo. Una hora en la que nos lo pasamos muy bien y mostramos nuestro agradecimiento a nuestros ancestros y nuestro orgullo de ser españoles.

Por ejemplo, la próxima semana la suculenta programación es: lunes: la impronta guerracivilista del PSOE; martes: en el martes legionario, experiencias de legionarios que estuvieron en la entrega a Marruecos del Sahara; miércoles, en héroes de España: Bernardo Gálvez, a quien España debe mucho y Estados Unidos buena parte de su independencia, el héroe de Pensacola; jueves, en grandes batallas de la guerra civil: el 17 de julio en el ejército de África; viernes, en historia de la marina: Lepanto, la mayor ocasión que vieron los siglos.

Ese inútil proteico que nos desgobierna hubiera hecho bien en dejar la guerra civil al margen, como un hecho pasado, como una herida cicatrizada, y no hacer supurarla con ese engendro falsario de la memoria histórica. Porque si de algo no puede presumir el PSOE es de historia. La suya no es otra que la del crimen y la miseria.

Dice el historiador de referencia respecto al siglo XX, Paul Johnson, que los culpables de la guerra civil fueron el PSOE y Largo Caballero. Y lleva más razón que un santo. Hay que añadir el marxismo, la ideología de odio mayor que ha padecido la humanidad, y que en España introdujeron Pablo Iglesias y el PSOE, que eran nuestros bolcheviques (el PCE surgió como escisión dependiente de Moscú y sólo fue relevante a medida que nos adentramos en la guerra fratricida).

El PSOE, marxista, cuyo programa fue bendecido por Marx y Engels, era un partido genocida y terrorista, que pretendía el exterminio físico de las clases medias (ahora también lo quieren hacer, pero arruinándolas), la llamada burguesía. Tan criminal designio, la izquierda gramática lo oculta bajo palabros que esconden realidades horrendas: acción directa, revolución, dictadura del proletariado, eliminar la burguesía... Haber introducido en la sociedad española ese clima de terrorismo intelectual tenía que terminar en guerra, que es lo que siempre propugnó el PSOE: utilizar la legalidad –posibilismo- para llegar al socialismo –exterminio de los discrepantes, de los trabajadores reales, de las clases medias, de los empresarios...

En propiedad, Pablo Iglesias es uno de los primeros terroristas de nuestra historia. A Maura, en sede parlamentaria: "Tal ha sido la indignación por la política del Gobierno del señor Maura en los elementos proletarios que nosotros hemos llegado al extremo de considerar que antes que su señoría suba al Poder debemos ir hasta el atentado personal" (Diario de sesiones, 7 de julio de 1910).

Asesinar siempre fue el objetivo del PSOE, su programa. Eso es el marxismo. Y el PSOE era el partido marxista español. No es que el PSOE diera un golpe de Estado en 1934, mal conocido como la "revolución de Asturias", es que la guerra, el asesinato y el poder totalitario (eufemismo: sociedad sin clases) siempre fueron sus objetivos.

La obsesión de Largo Caballero, el coreado "Lenin español", por ir a la guerra era una paranoia, coherente con las más caras entrañas del socialismo terrorista y genocida. "La clase obrera debe adueñarse del Poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución". "En las elecciones de abril (1931), los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo. La generosidad no es arma buena. La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia". "Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos". (19 de enero de 1936, acto electoral en Alicante, recogido en El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936). El 23 de noviembre de 1931 Largo Caballero, entonces ministro de Trabajo, ante la posibilidad de que las Cortes se disolviesen por no tener mayoría, amenaza: "Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil". (Acta de sesiones del Parlamento. El Debate, 24-11-1931).

Las citas son innumerables reflejando la mentalidad de un asesino compulsivo, que se cree legitimado por la ideología, que ansía provocar la guerra civil. El PSOE fue un partido de terroristas y de asesinos. El principal culpable del baño de sangre de 1936 a 1939 (se puede salvar, poco, a Indalecio Prieto, por su arrepentimiento y, desde luego, a Julián Besteiro).

El PSOE administró numerosas checas y produjo criminales como Agapito García Atadell. Y como Santiago Carrillo, claro, el mayor genocida de la historia de España.

No se entiende cómo Zapatero abrió eso de la memoria histórica que no beneficia nada al PSOE. Las llamadas izquierdas perdieron la guerra civil porque no sólo se dedicaron a asesinar católicos, monárquicos y gente de derechas, sino que en su furor criminal estuvieron matándose unos a otros continuamente.

Os espero de lunes a viernes en A Fondo, Radio Inter. (93.5 de F.M.). La verdad histórica sin medias tintas. El patriotismo sin complejos.

España merece otro Gobierno
Enrique de Diego www.gaceta.es 13 Noviembre 2010

En medio de la calma chica de los espíritus atenazados, dentro del cúmulo de mentiras que aventan de continuo los Gobiernos depredadores de la casta parasitaria, la crisis planetaria avanza a pasos agigantados y angustiosos. La próxima víctima propiciatoria es Irlanda, cuya quiebra parece inminente. Su prima de riesgo país supera los 650 puntos básicos, el bono irlandés a 10 años está en el 9,15% y sus CDS se elevan a más de 600 puntos. Bruselas dice que está preparada para el rescate. Pero, ¿quién rescatará en el futuro a Bruselas? E incluso: ¿quiénes nos rescatarán de Bruselas?

La enfermedad española está haciendo metástasis a pasos agigantados, sin que el Gobierno haga otra cosa que extender patéticas cortinas de humo: el GAL, Eguiguren con Josu Ternera, disposición a rendirse a ETA. Ni la más mínima medida respecto a una economía que hace aguas por todos lados, con el coste de la deuda en máximos históricos, con las autonomías en bancarrota emitiendo bonos patrióticos, depauperizando a la carrera a las clases medias.

El drama se extiende inmisericorde. Un parado se ha ahorcado en plena calle de Hospitalet de Llobregat porque iba a ser desahuciado de su vivienda de protección oficial. Hospitalet es el feudo de Corbacho, el ex ministro del paro, del Gobierno del paro. El simbolismo es terrible. Nunca ha habido un partido más antisocial que el socialista; nunca, un Gobierno más antisocial que el de Zapatero...ahora, de Rubalcaba.

Ya es manifiesto que el cambio de Gobierno ha sido una mezcla de golpe de mano de la vieja guardia felipista y de operación alicorta de imagen en una dinámica postzapateril: Zapatero ya es un florero mustio. La casta parasitaria socialista continúa instalada en la crueldad del despilfarro; ahí están las ministrillas ahora, sin vergüenza, pero cobrando, de secretarias de Estado.

Esa nulidad mediocre de Rubalcaba no ha llegado con otra idea que favorecer a los terroristas, pero es incapaz de hacer nada coherente que reactive la economía, reduzca el paro y haga descender el déficit galopante. Lo único que han hecho ha sido sacar a González de la sala de estar de la servidumbre de Slim para contar batallitas de otra etapa negra de la historia y la economía españolas.

España se merece otro Gobierno. Éste está muerto.

Otrosí: Se han puesto en marcha, al calor del impacto político-mediático del Tea Party, curiosas –y quizás interesadas– maniobras para generar un movimiento cívico. La cuestión es que ya existe: se llama Plataforma de las Clases Medias. Y su primer acto reivindicativo, por cierto, fue seis meses antes que la salida a la calle de los norteamericanos.

El mono cobarde
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 13 Noviembre 2010

Fue famosa y aún la sigo viendo estatua del mono que se hacía el ciego, el sordo y el mudo. Es la que debiera presidir el despacho de Zapatero en la Moncloa. Sin duda es la mejor representación de la actitud de este Gobierno. Les vale para escenificar lo que ha sido su reacción ante la crisis económica y ahora adquiere su peor dimensión con la postura ante las atrocidades que el sátrapa marroquí esta cometiendo en el Sahara.

Buena parte del mundo adopta la misma posición. Mohamed VI tiene bula para violar cuanto Derecho Humano quiera, porque es el “amigo” de Occidente, el presunto gendarme contra la expansión del terrorismo islámico y el amo que tiene la llave del calabozo de donde se sueltan las pateras. Pero en el caso de España, por nuestro vínculo reciente, por nuestra responsabilidad histórica y de hoy mismo pues el territorio, esto si que con total sarcasmo depende “de iure”, de derecho, de nosotros , esa sordera, esa ceguera y es mudez adquieren ribetes de autentica dejación, de autentica vergüenza de autentica, también esa es la palabra, indignidad y cobardía.

Son la relaciones con Marruecos el crisol de la inaudita manera de entender la política exterior por parte de Zapatero. De considerar, por lo visto, que arrodillarse ante las pretensiones es una forma de dialogo, cuando tan solo es sumisión y solo puede tener como consecuencia el ninguneo y la humillación para el futuro.

Hay que recordar que fue Zapatero y su trouppe de los tiempos opositores, entre la que estaba la ahora ministra de exteriores, Trinidad Jiménez quienes acudieron a rendir pleitesía a Mohamed VI cuando nuestro pais se las tenía tiesas con el. Había ordenado invadir Perejil y España lo puso en su sitio y a sus soldados y sin disparar un tiro desarmados y de nuevo en su territorio. Poco después y en plena tensión, ZP partió a hacerse fotos con el Sultán en una acto de deslealtad que hoy adquiere un todavía mayor y más nauseabundo relieve. Con el posó sonriente ante un mapa, nada casual, que señalaba como soberanía marroquí a Ceuta, Melilla y las Canarias.

Tras aquel acto de indigna, porque fue una indignidad, genuflexión, ¿que podía esperarse?. Pues lo sucedido. El Gobierno, con tapujos y medias verdades como siempre para que no se notara demasiado, cambio la tradicional posición española en la ONU(Suarez, Felipe, Aznar sin distinción de siglas) de defensa del Referendum de Autodeterminación y se paso al lado marroquí que ha conculcado siempre esa resolución. Se suponía que a cambio de lentejas.

Pero en esa posición de entregada debilidad lo que más ha habido han sido bofetadas. La que montaron este verano en Melilla es buena prueba de ello. Y ahora el sátrapa, seguro de su impunidad, ha traspasado todos los limites. Con el mundo ciego, sordo y mudo, sin testigos, expulsando a todo ojo que pueda ver y contar, impidiendo la información y manipulando a su antojo hasta pretender convertir a las victimas masacradas en verdugos, se ha lanzado contra la población saharahui en un acto de barbarie, atroz y criminal como uno no recuerda en muchos en años. Los muertos pueden ser centenares , hay torturas, violaciones, saqueos, persecución étnica. Un infierno desatado, sin testigos, sin que nadie mueva un dedo por los muertos ni por los acosados.

El silencio del Gobierno español es escalofriante. La sensación de indignidad y de confusión queda patente con sus erráticos pasos y confusiones. Jáuregui no sabe por donde se anda, la Trini, que antes tanto gustaba de hablar con Mohamed VI se va a Bolivia y a Ecuador a probarse ponchos y el defenestrado Moratinos reaparece por Argelia enviado por Zapatero. Un disparate tras otro con un elemento de fondo: la cobardía política de no atreverse ni a chistarle a Marruecos, el temor a molestar al sátrapa. Aunque entre los muertos haya ciudadanos españoles, aunque los periodistas a los que se impide informar y se expulsa sean no sólo compatriotas sino de la cuerda de los amigos.

El silencio pusilánime de Zapatero, la enmarañada inanición de su gobierno, ese escabullirse miedoso y mentiroso nos llena a todos, a todos los ciudadanos españoles de oprobio y de vergüenza. Porque es vergüenza teñida por la sangre lo esta sucediendo en las arenas del Sahara y ante lo que no puede adoptarse la postura del mono ciego, sordo y mudo. Del mono cobarde.

P.D.Ha muerto el maestro Berlanga. El mejor director español desde Buñuel. Lo admiraba y lo queria. Pero hay un amigo, Antonio Gómez Rufo, con quien le unía la más entrañable de las amistades. Se lo que pará ti significaba y que hoy te sientes huérfano. Un abrazo tocayo. El cine español, la inteligencia, la ironía y el sentido del humor están de luto. Lo recordaré riéndose

Elecciones catalanas
Luis del Pino Libertad Digital 13 Noviembre 2010

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 13/11/2010

El próximo día 28 de noviembre se celebran elecciones autonómicas en Cataluña. Y en las semanas previas al inicio de campaña hemos asistido a una progresiva degradación del discurso, especialmente por parte de los partidos nacionalistas.

Hemos podido ver, por ejemplo, los comentarios de viejo rijoso que Durán Lleida hacía, a cuenta de la ropa interior de una reportera; hemos podido contemplar a Joan Ridao morreando en pantalla con otra periodista y hemos conocido que Joan Laporta ha fichado a una actriz porno para sus mítines electorales.

Casi parece que los partidos nacionalistas estuvieran especialmente empeñados en convertir estas elecciones en un auténtico circo. Y a la vista de la encuesta que ayer hacía pública el Centro de Investigaciones Sociológicas, no me extraña en absoluto.

La "cocina" de los datos que hace el CIS es muy criticada hoy en ciertos medios, dado que otorga al PP unos resultados muy pobres, que no parecen estar en consonancia con los que otras encuestas arrojan.

Pero si prescindimos de esos datos cocinados y nos sumergimos en el análisis de los datos directos de la encuesta, comparándolos con la otra encuesta similar que el CIS hizo hace cuatro años, nos encontramos con algunas cosas realmente interesantes.

1) El Partido Socialista de Cataluña y Esquerra Republicana de Cataluña sufren un auténtico desplome, de entre el 25% y el 30% de los votos. De los miembros del tripartito, el único que se salva es Iniciativa por Cataluña, que recogería a una parte de los electores socialistas descontentos y sube unas décimas en intención directa de voto.

2) Convergencia y Unión no experimenta, en contra de lo que se nos ha intentado vender, ninguna subida. Su voto declarado (intención directa de voto más simpatía) es exactamente el mismo que hace cuatro años. La subida en escaños que le otorgan las encuestas se debe, exclusivamente, a la caída del PSC y de ERC, no a que CIU consiga despertar las ilusiones de ningún nuevo elector.

3) El voto netamente independentista está más fragmentado que nunca, ya que una parte de los electores de ERC ha huido hacia formaciones minoritarias, como Reagrupament y el partido de Joan Laporta, que podrían llegar a entrar en el Parlamento con una representación mínima.

4) El número de electores que declaran que se abstendrán sube del 15 al 20%, mientras que los que declaran que votarán en blanco ascienden del 3,8 al 7,5%, convirtiendo al voto en blanco en el tercer partido de Cataluña. La abstención en las próximas elecciones podría superar el 50%.

5) Por su parte, el Partido Popular sube en voto declarado, al igual que lo hace Ciudadanos, que en el peor de los casos revalidaría sus resultados de hace cuatro años y que, en el mejor de los casos, podría experimentar una importante subida.

¿Qué podemos deducir de todo esto? Pues que existen una desmovilización y un desánimo crecientes en el electorado catalán, pero esa desmovilización afecta, fundamentalmente, a los partidos nacionalistas, PSC incluido.

Hay, de hecho, otro dato bastante llamativo en la encuesta. En los últimos cuatro años, el número de catalanes que se sienten exclusivamente catalanes ha descendido del 17,5 al 14,5% y el número de los que se sienten más catalanes que españoles ha bajado del 27,8% al 22,5%. Por el contrario, el número de los que se sienten más españoles que catalanes ha subido del 5,4 al 6,7% y el número de los que se sienten exclusivamente españoles ha pasado del 6,6 al 9,9%.

Esos datos confirman que está en marcha un profundo cambio de tendencia en la mentalidad de la sociedad catalana, que comienza a alejarse de forma visible de ese nacionalismo que en los últimos treinta años no ha hecho sino empobrecer económica, cultural y socialmente a una Cataluña que antes era la región más avanzada de España.

De hecho, el próximo 28 de noviembre podríamos perfectamente encontrarnos con que la suma de escaños del PP y Ciudadanos sobrepase, por vez primera desde que existe la democracia, la barrera de los veinte diputados no nacionalistas, que hasta ahora parecía infranqueable. Eso le complicaría a CIU enormemente las matemáticas postelectorales.

Cataluña, lejos de lo que algunos sostienen, es perfectamente recuperable. Han llegado tan lejos los delirios nacionalistas que la sociedad comienza a volver la espalda a lo que hasta ahora ha sido la ideología dominante.

No es de extrañar, por tanto, que los partidos nacionalistas traten de convertir la campaña electoral en un circo. Frente a eso, es obligación de todos nosotros mantener la racionalidad del discurso y trasladar a los electores catalanes la importancia que estas elecciones tienen.

Es mucho lo que todos - no sólo los catalanes - nos jugamos en las elecciones autonómicas del próximo 28 de noviembre. Y todos tenemos la obligación de ayudar a que se confirme ese cambio de tendencia al que las encuestas apuntan. Porque, si se confirma, podríamos empezar a vislumbrar, por fin, una solución al problema catalán.

Las predilecciones de Cataluña
La abstención de la mitad del electorado es un síntoma de la miseria política del nacionalismo
Francisco Caja www.gaceta.es 13 Noviembre 2010

La mesa está servida: el próximo día 28 de noviembre los catalanes podrán escoger libremente entre la amplia carta de candidaturas que aspiran a representarlos. Pero la mitad de ellos preferirán quedarse ayunos. ¿Desafectos o desengañados? Como de ordinario, la psicología no es sino una forma de enmascarar la realidad. ¡Como si el voto fuera un signo de amor! No. La previsible abstención de la mitad de catalanes en las próximas elecciones es un síntoma de otra cosa: de la miseria política a la que el nacionalismo ha conducido a la sociedad catalana.

¿Podemos escoger libremente? Sin duda… pero siempre que elijamos la opción correcta. Porque ése es el régimen político catalán. Aquí, en Cataluña, no es suficiente con obedecer; hay que hacerlo, además, voluntariamente, de buen grado. Y eso implica –la cuestión se ha vuelto últimamente de rabiosa actualidad– la confesionalidad de poder político en Cataluña. Uno, en la esfera pública, puede mostrar sus predilecciones… siempre y cuando éstas no sean contrarias a Cataluña, a la iglesia catalana. Una especie de marranismo generalizado paraliza a la mitad de catalanes ante las urnas.

Neomarranismo, el nombre apropiado para un verdadero régimen político en el que las preferencias de los ciudadanos están falsificadas. Verdades privadas, mentiras públicas, que diría Timur Kuran. Porque éste es el verdadero divorcio, la esquizofrenia cotidiana a la que hemos sido condenados los catalanes tras 30 años de nacionalismo. Una Cataluña oficial que nada tiene que ver con la Cataluña real: dos mundos paralelos. Sí, Cataluña es una nación, una nación virtual que nada tiene que ver con la sociedad catalana, que transcurre, que fluye incesantemente de los medios públicos y concertados catalanes. Y eso no hay elección que lo remedie. Dicho con brocha gorda: el hecho es que los catalanes, de una manera singular, “mentimos sobre nuestras preferencias privadas, presionados por la opinión pública mayoritaria, percibida o imaginada”.

Los problemas reales de los catalanes no figuran en la agenda de nuestros políticos. De lo que aquí se trata es de construir Cataluña. La política ha sustituido a lo político. “La política, eso es Cataluña, cretino”, parece constituir el lema que determina la vida política catalana. El ciudadano en Cataluña afronta una situación desesperada: mediante procedimientos formalmente democráticos no logra reflejar sus preferencias. Y todo cálculo, toda actividad racional, es impotente para modificar esa situación. Mal asunto, como diría el castizo. Un círculo vicioso, como afirma Kuran, pues, al final, las preferencias privadas se modifican hasta tal punto que el statu quo se endurece, se fosiliza de tal modo que cualquier posibilidad de cambio se desvanece.

Cataluña es, pues, una y no puede ser otra. Tal es el dogma. Y el que impugna el dogma deja de ser catalán; se convierte ipso facto en un enemigo de Cataluña. Que es excluido de la vida pública. Sistemáticamente. La broma dura ya más de 30 años. Y el que no se integra es porque no quiere. Porque aquí no se excluye a nadie: el que no se convierte a la religión verdadera del catalanismo es porque no quiere. Y ¿quién no habría de quererlo? Como dijera allá por 1918 Francesc Pujols, filósofo del nacionalismo y uno de los autores más citados por Pujol: “A los catalanes se les llamará los compatriotas de la verdad y todos los extranjeros nos mirarán como si mirasen la sangre de la verdad, y cuando den la mano a un hermano nuestro, además del respeto y la veneración que le profesarán, les parecerá que tocan la verdad con las manos, y como que habrá muchos que se pondrán a llorar de alegría, les habrán de enjugar las lágrimas con su pañuelo y ser catalán equivaldrá a tener los gastos pagados en cualquier sitio donde vaya, porque bastará y sobrará que sea catalán para que la gente los alojen en su casa o les paguen la fonda, que es el mejor obsequio que se puede hacer a los catalanes cuando vamos por el mundo, y, en resumidas cuentas, valdrá más ser catalán que millonario y como las apariencias engañan, a pesar de que sea más ignorante que un asno, cuando los extranjeros vean a un catalán creerán que es un sabio y que les trae la verdad en la mano, y eso hará que Cataluña se vea reina y señora del mundo, tanta será nuestra fama y la admiración que se nos profesará en todas partes, que habrá muchos catalanes que por modestia no se atreverán a decir que lo son y se harán pasar por extranjeros.”

*Francisco Caja es profesor de Filosofía y presidente de Convivencia Cívica Catalana.

Rendición: Al Qaeda se prepara para conquistar Ceuta y Melilla
Sandra Ferrusola Minuto Digital 13 Noviembre 2010

A través de una web en la que los terroristas de Al Qaeda en el Magreb Islámico publican habitualmente sus comunicados, esta vez se reclama que Ceuta y Melillla sean recuperadas «por la fuerza, porque por la fuerza fueron arrebatadas».

El comunicado lleva por título «Ceuta y Melilla, tesoros perdidos», y anuncia que las ciudades de Ceuta y Melilla se encuentran «bajo el imperio de la cruzada española, sin el imperio de Dios». Por lo tanto, deben ser recuperadas para el Islam «por la fuerza, porque por la fuerza fueron arrebatadas», debiendo volver a la «Nación del Islam».

Curiosamente, la reivindicación de Ceuta y Melilla es habitual en Marruecos, que solicita su reintegro a la soberanía de Mohamed VI. Algo rigurosamente falso, pues tanto Ceuta como Melilla se encontraban bajo soberanía española (Ceuta fue traspasada a España en el siglo XVII por Portugal durante su independencia de la Corona Española) mucho antes de que el reino alauita hubiera comenzado a andar en la Historia.

Sin embargo, aquí la reivindicación toma otros tintes, pues no se pide el reintegro a un país concreto, en este caso Marruecos, sino que simple y llanamente sean islamizadas.
Habitual majadería islámica a vueltas con la Leyenda Negra

Como es habitual en los fanáticos del Islam (en la práctica, todo mahometano auténtico es un fanático), ofrecen su propia versión sobre la Península Ibérica islamizada, Al Andalus, que habría sido islamizada sin violencia alguna, sometiéndose, como manda el propio significado del Islam, a la religión musulmana de forma sumisa, abierta y tolerante.

Sin embargo, un malévolo [sic] plan del Vaticano y su intolerancia (propia de la Leyenda Negra antiespañola) acabó con la presencia musulmana en España, una verdadera masacre, la peor de la Humanidad según Al Qaeda. Pura fantasía que convierte a Las Mil y Una Noches en realismo literario. Parece como si el recubrimiento de los reinos cristianos sobre territorio islamizado, que constituye en rigor el origen de España, iniciado ya desde los primeros años de tan «pacífica» ocupación, jamás hubiera tenido lugar. El Islam nunca se ha impuesto por la bondad de su palabra y sí mediante la pura y desnuda violencia, como exigía el profeta Mahoma, el primer Califa: mediante la yihad o guerra santa al infiel.

Fuerza que Al Qaeda está dispuesta a utilizar con asiduidad, a tenor de los cientos de terroristas que aparecen en un video adjuntado al comunicado, todos provistos con material de guerra para seguir matando y secuestrando, todo ello en el nombre de Alá, el Dios más sanguinario y fanático del planeta.

Ché, el otro lado de un ídolo
Sandra Ferrusola Minuto Digital 13 Noviembre 2010

El título no es mío, se trata del último documental realizado por el cineasta cubano Agustín Blázquez, que se estrenó ayer en la Maison de l’Amérique Latine de París, y la semana pasada en varias ciudades estadounidenses, comprendida Miami.

Primero existió un libro, sumamente esclarecedor, titulado La otra cara del Ché. Ernesto Guevara, un sepulcro blanqueado, de Marcos Bravo (Término editorial, 2003), luego otro, también de suma información y enjundioso análisis, titulado La face caché du Ché, de Jacobo Machover (Buchet-Chastel, 2007), publicado en España por Ediciones del Bronce, en 2008, bajo el título: La cara oculta del Ché: Desmitificación de un héroe romántico, y ahora le sigue la película documental que complementa y reitera los testimonios de los estudios anteriores.
“Los mandaron matar”

En Cuba nos hemos pasado todos estos años, desde el 67 (año de la muerte del Ché) hasta la fecha, celebrando la Jornada de homenaje en honor a Camilo Cienfuegos y al Ché Guevara en la primera semana del mes de octubre. A ambos los mandaron a matar los mismísimos Raúl y Fidel Castro.

Al primero lo desapareció en un avión y al segundo lo embarcó para (y en) Bolivia, harto de que los soviéticos le halaran las orejas debido a los desplantes del argentino; para que allí los bolivianos -que no habían pedido guerrilla alguna ni la cabeza de un guanajo- hicieran lo que finalmente hicieron con él, lo chivatearan y lo asesinaran.
Testimonios de víctimas

El documental de Agustín Blázquez cuenta con valiosos testimonios de familiares de víctimas a los que el Ché mató de un tiro en la nuca, y de otros, de cuyos parientes ordenó su fusilamiento sin contemplaciones de ningún tipo. Además, muestra las investigaciones y certificaciones de estudiosos del tema como son Antonio de la Cova, Humberto Fontova, Armando Lago, entre otros.

Uno de los testimonios más terribles es el de la hija y la nieta de Cornelio Rojas, cuyo fusilamiento fue mostrado a través de la televisión cubana. La nieta cuenta lo que le trasmitieron sus padres.

Su madre, la hija de Rojas, también testimonia, que ella estaba embarazada, habían metido a su padre preso, y ellos empezaron a hacer gestiones para que lo liberaran ante el temor de que corriera la suerte de otros, de que fuese fusilado.

El Ché le aseguró que lo liberarían, incluso firmó un documento en que confirmaba la liberación, sin embargo, mientras otro familiar iba en busca del reo, la hija encendió la televisión y vio cómo sacaban a su padre de la celda, lo conducían al paredón, y cuando el hombre levantó un brazo para dirigirse al pelotón de fusilamiento, lo que tuvo tiempo de hacer, fue ejecutado.
No se pierdan la revolución

El video existe, se puede ver su cabeza que explota contra el muro mientras el hombre dirige unas palabras. Esas palabras fueron más o menos: “Muchachos, ahí les dejo la revolución, no la pierdan?” Y la perdieron, por supuesto, en el mismo momento en que le partieron el cráneo a tiro limpio.

La hija de Cornelio Rojas, al ver el fusilamiento de su padre a través de la pequeña pantalla, se puso tan mal que le sobrevino el parto. Y entonces, intentó salir hacia un hospital, pero las hordas castristas no la dejaron, tuvo que llamar a una comadrona, y parió a su primer hijo en la cama de su padre que acababa de morir.

El Ché también le dio el tiro en la nuca a unos cuantos adolescentes, de 14 y 15 años, que habían falsificado la edad para entrar en la policía de la República, como bien señala uno de los testigos, que no era la policía de Batista, y subraya, era la de la República. El argentino acostumbraba a citar a reos a su oficina y ahí mismo les metía el disparo.
De vileza inimaginable

Una señora lo fue a ver para pedirle de favor, que intercediera por su hijo, que estaba visto para ser fusilado un viernes, y que ella ya no podía más. El Ché se viró a su ayudante y le espetó: Adelanten el fusilamiento de este muchacho, para que su madre no tenga que esperar hasta el viernes. Así fue el carnicerito de La Cabaña, como empezó a llamarlo el pueblo: despiadado, cruel, de una vileza inimaginable.

Es la razón por la que todavía muchos nos preguntamos ¿por qué los jóvenes visten camisetas con su imagen, porqué todavía la gente cree que fue un santo que dio su vida por los pobres? No lo fue ni remotamente, el documental de Agustín Blázquez brinda todas las respuestas.

Zoé Valdés

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ETA
De faisanes y terneras
Guillermo Dupuy Libertad Digital 13 Noviembre 2010

Me gustaría poder hacer una encuesta a nivel nacional para conocer el porcentaje de españoles que tienen conocimiento de lo qué es el "caso Faisán" o, como yo prefiero llamarlo, "el chivatazo policial a ETA". A pesar de la escalofriante gravedad de este capítulo de la paz sucia con ETA, sospecho que el conocimiento de los ciudadanos sería muy bajo. Sin embargo, por poco que los medios de comunicación hayan hablado de este asunto, aun lo han hecho menos con otro "delito de Estado", no menos concreto y espeluznante, sólo que más continuado en el tiempo, como es el que se ha perpetrado y seguramente se sigue perpetrando en estos momentos, en beneficio de la impunidad del etarra Josu Ternera.

El Código Penal es muy claro al advertir que incurre en delito la autoridad o funcionario que dejare intencionadamente de promover la persecución de los delitos o de sus responsables. No menos claro fue el Tribunal Supremo al dictar las órdenes de búsqueda y captura contra Josu Ternera, al que se le acusa de la masacre de la casa-cuartel de Zaragoza. ¿Alguien, sin embargo, tiene alguna duda de que José Luis Rodríguez Zapatero, faltando a la obligación de su cargo, ha dejado de manera deliberada de promover la persecución de este prófugo delincuente? ¿No es suficiente la confesión televisada de Eguiguren respecto a los mensajes que, a través de él, Zapatero le hacía llegar al etarra? ¿Por qué nadie habla de la X de la "paz sucia", no menos ilegal que los GAL?

El problema está en que los procesos de paz han envilecido tanto a nuestra clase política, mediática y judicial que ya no les permiten ser conscientes de su radical incompatibilidad con un Estado de Derecho que no admita intermitencias. Si el fin de ETA ha de ser dialogado, ¿por qué no el de la violencia de género, el de las mafias, el del GRAPO? ¿La razón es que ETA nos ha matado más?

Profetas
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 13 Noviembre 2010

Ya había ocurrido antes. Con la aprobación de la Ley de Partidos y la ilegalización de Batasuna, por ejemplo. Se nos intimidó con el infierno al que nos arriesgábamos, con el apocalipsis de una contienda civil irresoluble. Hoy, Batasuna, más debilitada que nunca, suplica a ETA que le abra un espacio para presentarse a las elecciones, el plan de Ibarretxe duerme en un cajón el sueño de las extravagancias imposibles y el PNV garantiza el fin de legislatura a un partido que contribuyó de manera determinante a la tramitación de aquella ley.

Los profetas de la catástrofe volvieron con sus funestos augurios cuando ya era una evidencia que el Tribunal Constitucional, en cualquiera de sus alineaciones imaginables, iba a amputar partes esenciales del texto del estatuto catalán: algo se rompería definitivamente en la relación entre España y Cataluña porque el pueblo catalán, humillado en sus aspiraciones nacionales, se plantearía un futuro sin España. No será a corto ni medio plazo, a lo que parece. Y los plazos largos no existen en política. El debate sobre el estatuto se ha esfumado de la campaña electoral por la sencilla razón de que los partidos que pronosticaban males sin cuento hace sólo unas semanas se han rendido finalmente a la evidencia de que a sus votantes les preocupan antes muchas otras cosas.

Les queda un argumento: la desafección. La abstención que prevén las encuestas, próxima al cincuenta por ciento, sería el resultado del alejamiento de los ciudadanos de la política como consecuencia de esa frustración. Pero se trata de un argumento tramposo. Los catalanes ya estaban muy lejos de su partidos cuando, hace cuatro años, sólo una minoría del censo aprobó el estatuto. Como reconocieron en su día los propios grupos que la impulsaron, la reforma del estatuto no obedeció en origen a una demanda social. Y parece que sigue siendo así.

Eguiguren y el fin de la Bestia
Ediorial www.gaceta.es 13 Noviembre 2010

No es cierto que Eguiguren y su mujer estén en peligro.

Dice Rubalcaba que ya no valen treguas, que la palabra quedó sepultada entre las ruinas de la T-4, y que ahora sólo se espera que la banda terrorista “lo deje del todo”, como si se pudiera convertir a los etarras en drogadictos rehabilitados, hacer de Batasuna una especie de metadona de la violencia, legitimarla en las instituciones y pasar gratuitamente la página de la historia.

Tal y como viene informando LA GACETA, el final del terrorismo ocupará gran parte de esta legislatura agotada, en la que el Gobierno ha renunciado a la gestión y pone todas las esperanzas en ETA para presentar algún mérito ante las próximas elecciones. Pero precisamente esta prisa electoralista del Gobierno de Rubalcaba es lo más contraproducente en el proceso de liquidación de la Bestia, y es necesario escuchar al presidente Aznar cuando advierte de que “nadie debe facilitar, por acción o por omisión, ninguna vía para que los terroristas escapen a su derrota”.

Puede que las palabras del ex presidente no gusten a muchos, porque incomodan en la negociación, pero al menos sus opiniones distan mucho del ataque megalómano de González, que ha interferido en el proceso de la peor manera posible, reavivando uno de los mejores argumentos etarras, que en el recuerdo siniestro de los GAL guardan los terroristas una de sus excusas preferidas, ahora amplificada por la soberbia felipista.

También deja esta semana otros gestos y otras palabras sobre el mismo asunto, y es que asistimos al teatro profetizado por Mayor Oreja, y en esa clave hay que entender el rechazo de Otegi a la violencia y, en el mismo escenario, la colaboración de Eguiguren con la defensa del proetarra, algo escandaloso por sí mismo, pero que se torna en repugnante por el menosprecio de su mujer hacia las víctimas, anticipando que parte del proceso puede cimentarse en deslegitimar el dolor de los que perdieron a sus familiares, inmolados todos en el altar sangriento del independentismo vasco.

Hay una gran perversidad en señalar ahora a las víctimas como un obstáculo, en culpabilizarlas por el simple hecho de pretender que la Justicia no sea aparcada para facilitar las negociaciones políticas con lo asesinos. Hay una maldad insoportable en las palabras de la mujer de Eguiguren, Rafaela Romero, en el tono de reproche con el que se dirigió a la presidenta de la AVT para decirle: “El día que nos maten no lloréis”. A la sobrecogedora y acertada respuesta de Ángeles Pedraza (“a nosotros ya nos han matado, y no llorasteis”), habría que añadir una reflexión más fría: ¿quién quiere matar al matrimonio Eguiguren?, ¿quién les amenaza? Si ellos se sientan a la mesa con asesinos de niños como Josu Ternera, si corre Eguiguren a defender a Otegi frente a la Justicia, ¿cómo habría ETA de querer matar tal incondicional aliado? Tampoco puede referirse al GAL la señora Romero, que además de extinguido ya se sabe que fue una criatura socialista, y es imposible pensar que alguna vez resultase una amenaza para el que es presidente de los socialistas vascos.

No, no es cierto que esté el matrimonio Eguiguren en peligro. Lo está más el fotógrafo de LA GACETA al que el guardaespaldas de Eguiguren amenazó con pegarle dos tiros. Tampoco es justo que una mesa de negociación en la que están los etarras, los que apoyan a los etarras, y hasta los que apoyaron al GAL, sea ahora la que decida las condiciones de una paz falsa, y que encima se exija a las víctimas –las únicas víctimas inocentes– que no interfieran en el proceso, como si su dolor y su pérdida tuvieran que pedir perdón en vez de reclamar Justicia.

Fin y medios
Carmen GURRUCHAGA La Razón 13 Noviembre 2010

Otegi aprovechó su último turno de palabra para sacar un conejo de la chistera y ofrecer un impactante titular con el que mitigar su presunta implicación en la comisión de un delito de enaltecimiento del terrorismo. Rechazó el uso de la violencia para imponer un proyecto político y se quejó por la existencia de un muro que impide escuchar sus palabras. El problema no es el muro sino el hecho de que invariablemente sus mensajes son tapados por el ruido de las balas que dispara ETA y por el posterior silencio del propio Otegi. Según su defensa, él trataba de presentar una propuesta de paz para buscar soluciones, pero lo hizo en medio de gritos a favor de ETA, de fotos de etarras y en un acto ilegal protagonizado por una formación ilegalizada. La excusa, que el fin era bueno. En ese caso habría bastado con que ETA hubiera mandado una nota a su periódico de cabecera. La otra coartada, que el partido socialista estaba informado de la propuesta y que la conocía.

Pero quedó deslavazada porque Eguiguren se presentó dispuesto a escaquearse. Un propósito para el que contó con la ayuda del presidente del tribunal que consideró impertinentes todas las preguntas formuladas por Goirizelaia que fueran de índole política. Así que el presidente del PSE saludó a su amigo Otegi y aunque no pudo negar que estaba al tanto de lo que se cocía en Anoeta, le quitó hierro al decir que la conocía media España. No tuvo que explicar su papel de intermediario entre el Gobierno y los acólitos de ETA.

Palabras sin hechos
EDITORIAL El Correo 13 Noviembre 2010

Las frases de Otegi en la Audiencia insisten en la ambigüedad con la que la izquierda abertzale trata de equiparar a ETA y el Estado

El juicio seguido contra Arnaldo Otegi, Joseba Permach y Joseba Álvarez, acusados de «enaltecimiento del terrorismo» por su participación en el acto de Anoeta de noviembre de 2004, quedó ayer visto para sentencia en la Audiencia Nacional después de que el tribunal se esforzara en clarificar las responsabilidades penales a que pudieron dar lugar los hechos, evitando que su enjuiciamiento quedase velado tras las intenciones alegadas por los dirigentes de la izquierda abertzale. A la espera de la sentencia, es evidente que hay una gran distancia entre los propósitos de pacificación que dicen haber albergado Otegi, Permach y Álvarez en el mitin de San Sebastián y el desarrollo de aquel acto y de los acontecimientos posteriores.

Si con la 'Declaración de Anoeta' quienes intervinieron en el mitin trataban de abrir la puerta a un futuro sin violencia en el País Vasco, la tregua anunciada año y medio después y rota con el sangriento atentado de la T-4 demostraría que el objetivo del acto no era tan inequívoco, o los terroristas no se dieron por aludidos ante un mensaje acompañado de las consabidas sombras etarras. Los reiterados intentos de utilizar el juicio para justificar la actuación de los acusados en noviembre de 2004 se convirtieron en la demostración más palpable de las palabras ambiguas, las frases con doble sentido y las medias tintas con las que los dirigentes de la izquierda abertzale acostumbran a escurrir el bulto en cuanto a la responsabilidad que han ido contrayendo en relación a la perpetuación del terrorismo.

La frase con la que Otegi quiso poner punto final a su testimonio -«rechazamos el uso de la violencia para imponer un proyecto político»- podría desgranarla cualquier apologista del terrorismo puntualizando, por ejemplo, que no es ETA la que pretende imponer un proyecto político, sino que trata de promover una vía democrática y de diálogo para resolver el conflicto que atenaza a Euskal Herria en relación a los Estados español y francés. Detrás de las palabras biensonantes con las que los portavoces de la izquierda abertzale tratan de sorprender a la opinión pública se oculta la doble intención y, sobre todo, la incapacidad o la negativa para expresar claramente lo que la inmensa mayoría de la sociedad les reclama.

Contrastes
Irene VILLA La Razón 13 Noviembre 2010

La multitudinaria protesta de hace una semana de las víctimas del terrorismo apoyadas por la sociedad, para denunciar posibles irregularidades en la política penitenciaria del Gobierno respecto a los presos etarras y en protesta por la «tregua trampa», no ha caído en saco roto. La renovada rebelión cívica vuelve dispuesta a evitar que los asesinos de ETA sean premiados por dejar de matar, y sobre todo a recuperar el valor de la legalidad, la justicia y el estado de derecho que vemos en ocasiones infravalorar gravemente. La sociedad reclama que no se vuelva a negociar con asesinos y que nunca consigan colarse en las elecciones.

Muchos nos preguntamos a cuento de qué el ex presidente González dice ahora que podía haber acabado con la cúpula de ETA y no quiso hacerlo, y lamenta que los fiscales pidieran recibos y justificantes de los fondos reservados. ¿Es que no era esa su obligación? Quizás no sea tan arbitrario hablar justo ahora de tretas ilegales para vencer el terrorismo. Y de paso, mientras se habla de los GAL, no se mencionan otras cosas, como posibles beneficios penitenciarios, políticos y fiscales a los terroristas. Para que nadie vuelva a sufrir el zarpazo de la violencia, los comprometidos promotores andaluces de Escuela Cultura de Paz han llevado al Parlamento Europeo 150 jóvenes con proyectos para la paz. Gracias a estos contrastes, no perdemos nunca la ilusión.

El caudillo que no pudo ser

XAVIER PERICAY ABC 13 Noviembre 2010

EL 10 de septiembre de 2009, coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento de Francesc Macià, el Parlamento catalán acogió un homenaje a su figura. Que el homenaje tuviera lugar en aquella fecha y no once días más tarde —que es cuando se cumplía en verdad el siglo y medio conmemorado— obedecía, por supuesto, a la voluntad de entreverar la efeméride en los fastos de la Diada. La Cataluña política llevaba ya entonces tres largos años sin vivir en sí, atenta al menor suspiro del Tribunal Constitucional, por lo que reforzar los actos del día de la patria catalana con la evocación de quien fuera primer presidente de la Generalitat republicana e impulsor del primer Estatuto de Autonomía de la era moderna —y de todas las eras imaginables— no solo permitía conjuntar pasado y presente, sino también, y muy especialmente, seguir calentando motores. De ahí que el presidente del Parlamento, Ernest Benach, reuniera para la ocasión a los sucesores vivientes del homenajeado, o sea, a Jordi Pujol, Pasqual Maragall y José Montilla, y les invitara a hablar. Como es natural, quien más, quien menos, todos hablaron del «abuelo» Macià y de su ejemplo. Y todos enlazaron el —a su juicio— glorioso ayer republicano con el sombrío presente de hace poco más de un año. El Estatuto y sus miserias, claro. Pero también la necesidad de contar con un Macià redivivo, con alguien que acaudillara, llegada la hora, un movimiento unitario de respuesta a una sentencia adversa del Constitucional, que cada vez se presumía más probable.

Ese hombre, ese nuevo caudillo catalán, no podía ser otro —legalidad obliga— que José Montilla. Así lo indicaron, así lo reclamaron entonces públicamente, tanto Pujol como Maragall. Y así lo asumió el propio afectado: «Estaré al frente de la respuesta institucional que haga falta». Quizá por ello, cuando hizo falta —esto es, diez meses más tarde, tras conocerse el fallo y el consiguiente alcance de la tijera y de la lima—, el presidente de la Generalitat se puso, resuelto, al frente del movimiento. Y convocó una manifestación. Pero —lo recordarán, sin duda— las cosas se torcieron y en vez de terminar la marcha en loor de multitud, como hubiera sido su deseo y como habría cabido esperar de un guía supremo, conductor de su pueblo, tuvo que abandonarla fuertemente escoltado, entre el griterío y los insultos de los manifestantes, para refugiarse en la sede del Departamento de Justicia.

Ignoro, por supuesto, qué le pasó por la cabeza aquel infausto 10 de julio de 2010 mientras aguardaba allí dentro a que la marabunta escampara. Pero no me extrañaría lo más mínimo que pensara ya entonces en pisar el freno. Y, si no entonces, al cabo de poco. No era solo aquel fin de fiesta inesperado, aquel caudillaje que no pudo ser. Estaban también las encuestas. Desde mediados de marzo dibujaban un panorama francamente distinto al de meses anteriores: el tripartito ya no sumaba lo necesario, y, aunque el principal batacazo se lo llevaban los independentistas de ERC, los socialistas también recibían lo suyo. Total, que, en los pronósticos demoscópicos, CIU se hallaba muy cerca de esa mitad más uno del Parlamento autonómico que permite no tener que gobernar en comandita. Por otro lado, el número dos del Gobierno y máximo representante del ala nacionalista del PSC, el consejero de Economía Antoni Castells, había empezado a expresar por lo bajín a quien quisiera oírle que con él ya no contaran. Así las cosas, el fracaso del todavía presidente de la Generalitat era un hecho. Ni había podido erigirse en el caudillo de todos los catalanes, ni había sido capaz de conservar la mayoría parlamentaria surgida de las urnas y de los pactos a tres ni había logrado, en fin, que el sector catalanista de su partido, al que se había entregado en cuerpo y alma, siguiera secundándole. En lo sucesivo, ya slo le quedaba cambiar de rumbo.

Pero para eso, claro, necesitaba tiempo. Mucho más del que tenía por delante. De ahí que empezara creándolo. Y como no podía estirar el calendario añadiéndole algún mes más, apuró hasta límites insospechados el margen de que disponía para fijar la fecha de las elecciones. Al fin y al cabo, no pesan igual cien días de campaña que sesenta. Porque lo que Montilla emprendió nada más volver de vacaciones fue una verdadera campaña. Eso sí, harto singular. Y no tanto por su duración exagerada como por su insólita naturaleza. Lejos de basarse en una suma de propuestas, más o menos razonadas, sobre lo que los socialistas catalanes piensan hacer en la próxima legislatura autonómica como prolongación de sus siete años de gobierno de presunto progreso, la campaña ha consistido hasta la fecha en un goteo incesante de renuncias. En soltar lastre, vaya. Y en nada más.

Bien es cierto que ese desprendimiento doctrinal no ha sido en modo alguno aleatorio. Al contrario. Ya sea por boca del presidente de la Generalitat en alguno de sus esforzados discursos; ya sea a través de las declaraciones de algún palafrenero; ya sea mediante vídeos o comunicados; ya sea, en fin, porque el programa electoral así lo recoge, el partido se ha ido desasiendo poco a poco de muchos de los oropeles identitarios con que había adornado en los últimos años su discurso y sus obras. Sobre todo en el frente lingüístico. Tras apoyar durante el septenio tripartito cuantas medidas coactivas iba tomando el Gobierno de la Generalitat, y ello tanto si correspondían a un departamento propio como si concernían a uno de ERC, los dirigentes socialistas se han destapado ahora como unos firmes partidarios del bilingüismo y de una política para la lengua catalana basada en el estímulo, el convencimiento y el imprescindible consenso. Ver para creer.

¿Significa ello que Montilla y los suyos han llegado a la conclusión de que la vía identitaria no conduce a ninguna parte? O, en otras palabras, ¿puede inferirse de ese cambio de rumbo que las famosas dos almas del PSC, la españolista y la catalanista, van a quedar reducidas en el futuro a una sola, y no precisamente la segunda? En absoluto. Si algo han evidenciado esos siete años de tripartito es el carácter meramente instrumental —y, en consecuencia, oportunista— de la bipolaridad socialista. Por más que los rectores del partido hayan insistido, una y otra vez, en la transversalidad del PSC en tanto que supremo garante de la cohesión social en Cataluña, los hechos han demostrado, con parecida insistencia, que en esta parte de España no existe otra transversalidad —es decir, otra instancia de poder político y social— que la constituida por el nacionalismo catalán. Así fue con Pujol y Maragall, así ha sido con Montilla, y así será, presumiblemente, con Artur Mas. Si ahora el partido opta por esconder su cara más autonomista en vísperas de unas elecciones autonómicas es tan solo porque está convencido de que las va a perder. Y porque considera que, ya puestos, más vale perder por poco tratando de recuperar unos votos, los del cinturón de Barcelona, que en otro tiempo fueron suyos, que hacerlo por goleada. Al fin y al cabo, aquel caudillo que no pudo ser aspira a seguir viviendo, mejor o peor, del cuento. Y, con él, toda la tropa.

XAVIER PERICAY ES ESCRITOR

Palau
Se estrecha el cerco a CDC
Clemente Polo Libertad Digital 13 Noviembre 2010

Cada día que pasa se aclara un poco más el asunto del Palau y la investigación judicial va confirmando la hipótesis que expuse unos meses después de destaparse el escándalo: dos bobos, balbuceante uno (Millet) y amnésico el otro (Montull), no pudieron sustraer 35,6 millones de euros de las arcas del Consorcio del Palau y de la Fundación Orfeó Catalá-Palau de la Música sin la activa colaboración del partido con mando en plaza: Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), la formación de Jordi Pujol, Artur Mas, Xavier Trias, Felip Puig, Oriol Pujol, Francesc Homs, Carles Torrent, Àngel Colom, Daniel Osàcar, Jordi Turull, etc.

En una Cataluña donde ninguna comisión se pagaba sin conocimiento del Honorable Pujol –me limito a sacar la conclusión lógica de las declaraciones que hizo en un programa de televisión tras destaparse el caso Palau en las que advertía a sus adversarios que "si entramos aquí, nos haremos mucho daño porque entonces... podría decir... éste le dio tanto a tanto, éste le dio tanto a tanto y éstos dieron tanto a tanto... [y] todos apestaríamos un poco"– nadie puede dar pábulo a la versión de los hechos puesta en circulación por CDC que intenta presentar a Pujol, Mas y su banda de presuntos comisionistas como una troupe de ingenuos despistados cuya confianza traicionaron los desalmados Millet y Montull.

Felizmente, la verdad parece que va abriéndose paso y el pasado 2 de noviembre el fiscal Sánchez Ulled solicitó al juez Solaz que abra una causa separada para investigar las presuntas comisiones recibidas por CDC a través de los dos "desalmados". El escrito del fiscal indica que se han encontrado evidencias documentales de que una parte del dinero que salía del Palau de manera opaca e iba a parar a las arcas de CDC (o a las cuentas de sus acreedores) corresponde a comisiones ilícitas pagadas por empresas favorecidas con concesiones de obras públicas. Aunque los pagos a veces se fraccionaron en varios años para dificultar su detección, se ha comprobado que las cuantías totales desembolsadas corresponden a una comisión del 4% sobre el importe de la obra que se repartía entre los amos de la Casa Gran del catalanismo, CDC (2,5%), y los amos del Palau, Millet y Montull S.L., (1,5 %).

El fiscal pide además que se impute a Àngel Colom, secretario de inmigración de CDC, y a Daniel Osàcar, miembro de la dirección de CDC desde 2005. Al parecer, el Sr. Colom recibió al menos 75.126,51 euros del Palau para liquidar las deudas del ya disuelto Partit per la Independencia. Por su parte, el Sr. Osàcar, apoderado de la empresa Natur System S.L., a la que Millet encargó las obras de rehabilitación de las partes nobles del Palau de la Música, se convirtió en secretario personal de Artur Mas en el año 2000 y en 2005 ascendió a secretario de finanzas de CDCy administrador la Fundación Trías Fargas (rebautizada como CatDem), sustituyendo en los cargos al fallecido Carles Torrent. Ambos aparecen en la agenda roja de Millet como receptores de comisiones de algunas empresas beneficiadas con adjudicaciones de obras por los gobiernos de Jordi Pujol.

Poco se hizo esperar la respuesta de CDC tras conocerse la petición del fiscal de imputar al Sr. Osàcar, uno de los colaboradores más próximos del Sr. Mas desde los años 90. El líder nacionalista volvió a enfundarse la "senyera" y manifestó que "no es la primera vez que la Fiscalía entra en campaña semanas antes de unas elecciones con el único objetivo de desacreditar a una oposición que facilitaría el cambio que está más cerca que nunca". De nada sirvió que la Fiscalía negara tajantemente cualquier intencionalidad política en su actuación y el Sr. Turull, diputado y portavoz de CDC en la comisión que investigó el caso Palau en el Parlament de Cataluña, afirmó que había presiones políticas para que "el tema apareciera en campaña" y se pusiera "en duda el nombre de CDC". Y el Sr. Trias i Vidal de Llobateras, líder de CDC en el Ayuntamiento de Barcelona, manifestó que el Sr. Osàcar, coordinador de su comité electoral, es una "de las mejores personas" que ha conocido en su vida. ¡Da miedo imaginar cómo deben ser el resto de los conocidos del aspirante de CDC a la alcaldía barcelonesa!

Sólo se me ocurre, para animar la previsible campaña electoral que se inició el 12 de noviembre, que un grupo de simpáticos "Papa Noeles" caracterizados como lideres convergentes recorran Cataluña (o al menos el área metropolitana de Barcelona) estas dos semanas anunciando en sus voluminosos sacos, no el luminoso cambio prometido por CDC, sino el regreso a la Generalitat de los presuntos saqueadores del Palau.
Clemente Polo es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Barcelona. Escribe regularmente en su blog.

El balance de siete años de experimento | Desde la barrera
El regreso al pajar
Aleix Vidal-Quadras http://www.elperiodico.com/  13 Noviembre 2010

Catalunya, que antes fue el motor de España y hoy es su lastre, vive un declive difícilmente reversible

A la vista de todos los sondeos, está cantado que el extraño experimento iniciado por Pasqual Maragall hace siete años llegará a su fin el próximo 28 de noviembre. La insólita alianza de un partido de ámbito nacional supuestamente comprometido con la Constitución de 1978 y una fuerza independentista que se dedica a la quema de banderas españolas y al ultraje sistemático de la Corona es un invento que solo podía caber en la imprevisible cabeza del exalcalde olímpico. También es verdad que semejante aberración política ha sido posible porque en la Moncloa habita un curioso personaje que considera el disparate una forma perfectamente normal de gestión.

Catalunya, aunque muy debilitada por 30 años de nacionalismo introvertido, es una sociedad con una larga tradición de dinamismo empresarial, de respeto a los valores familiares, de valoración del esfuerzo individual y de creatividad artística. Por consiguiente, un Gobierno autonómico construido sobre tres pilares de izquierda radical y un programa colectivista, intervencionista, rabiosamente feminista y tácitamente separatista encaja con la realidad catalana como servir café con leche para acompañar una butifarra con judías. La cosa pudo nacer y ha durado lo que ha durado debido a la fatiga provocada por algo más de dos décadas de liderazgo paternalista y sofocante, que, a pesar de los deseos de su longevo protagonista, gozaba del don de la ubicuidad, pero no del de la eternidad. Otro factor a tener en cuenta es la ausencia por una decisión estratégica equivocada de Aznar en 1996 de un proyecto genuinamente catalán inserto en una visión española y situado sin complejos en el espacio liberal-conservador con capacidad de dar la batalla al particularismo hegemónico en el campo de las ideas. Tampoco se puede olvidar que los catalanes son en su mayoría gente civilizada y sensata, por lo que aguantar un Gobierno en el que se afirma que los okupas representan un estilo de vida digno de respeto, en el que se paga un millón de euros por una lanza amazónica, en el que los naturales de la provincia de Córdoba se transmutan en émulos de Companys y en el que el departamento de Salut fomenta imaginativas fórmulas sexuales desde su página web es un ejercicio condenado a sobrevivir un tiempo limitado.

La campaña electoral muestra a las claras que el Principado ha vivido inmerso en un absurdo permanente y ahora sus protagonistas intentan que la gente olvide los excesos pasados. El pobre Montilla, cuyo mayor mérito parece que consiste en ser un hombre normal, se dedica a renegar de todo lo que ha venido practicando desde que llegó a la plaza de Sant Jaume y denuncia como atropellos sus actuaciones de ayer. Los energúmenos secesionistas se preparan a recibir un castigo monumental después de haber malgastado en extremismos delirantes el capital que las urnas les dieron en el 2004 y haberse despedazado entre sí. El ecosocialismo arcoíris no se librará a su vez de pagar el precio de sus coqueteos con la chusma vandálica y de sus reiteradas demostraciones de incompetencia. Ante un cuadro tan desolador, los votantes se disponen a lanzarse en brazos de los herederos de Pujol, que, por lo menos, no se ponen del lado de los delincuentes frente a las fuerzas de seguridad y todavía saben que los empleos y la riqueza los crean los empresarios, los profesionales y los autónomos y no el poder público, por lo que conviene crear un entorno fiscal, normativo, laboral y ético que facilite la actividad de los emprendedores en lugar de machacarlos como han venido haciendo los preclaros integrantes del tridesastre.

La incógnita que queda por resolver y que el tiempo despejará es si Artur Mas y su cohorte de yuppies nacionalistas optarán por la huida hacia adelante exigiendo la autodeterminación o se conformarán con mandar en Catalunya y depredar en Madrid. La primera senda es la que conduce al fracaso, y los acontecimientos históricos del último siglo en Catalunya lo han dejado bien sentado; la segunda es la que mejor refleja el legado del patriarca, que siempre fue perfectamente consciente de las ventajas del excitante equilibrio de ser Bolívar en Catalunya y Bismarck en España. El hecho innegable es que Catalunya está en franca decadencia en los terrenos económico, social y cultural, que las multinacionales huyen de su territorio, que la Comunidad de Madrid la ha sobrepasado en PIB y que las personas más válidas o no vienen o se van, ahogadas por el provincianismo hortera que transpiran las gentecillas que han invadido los centros de decisión y los distintos estratos de la Administración envueltos en un progresismo cuatribarrado de ínfimo nivel. A final de este mes los ciudadanos de la que fuera motor de España y ahora se ha convertido en su lastre regresarán cariacontecidos al pal de paller para intentar salvarse de la ruina a su sombra protectora. Vana ilusión, el daño es ya demasiado profundo, el declive difícilmente reversible.

Vicepresidente del Parlamento Europeo.

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